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sunníes se retiran de gabinete


[Tina Susman y Saif Hameed] La decisión, tomada para protestar contra la investigación del ministro de cultura, es un revés para aprobar proyectos de ley claves.
Bagdad, Iraq. Las posibilidades de que el primer ministro Nouri Maliki forje alguna cooperación entre el gobierno chií que dirige y sus adversarios sunníes sufrió otro revés el viernes cuando el principal bloque sunní renunció al gabinete en protesta por la investigación criminal de uno de sus ministros.
El anuncio se produce luego de la decisión del bloque hace una semana de boicotear las sesiones parlamentarias por otro motivo: el intento de destituir al presidente del parlamento, un sunní, por grosero.
A medida que la situación política de Iraq se atasca cada vez más en acusaciones sectarias, las fuerzas armadas norteamericanas informaron sobre otro mortífero ataque. Cinco soldados murieron y siete resultaron heridos el jueves al sur de Bagdad cuando los insurgentes hicieron detonar una bomba improvisada, dispararon con armas de fuego y lanzaron granadas contra el convoy atacado, dijeron fuentes militares.
Oficiales norteamericanos dijeron el viernes que el refuerzo de tropas continuaba haciendo progreso. El general de división Joseph Fil Jr., comandante de las tropas norteamericanas en Bagdad, dijo que casi la mitad de los 474 barrios de la capital estaban bajo completo control americano. A principios de mes controlaban sólo un tercio.
Fil habló con periodistas en el Pentágono en una teleconferencia desde su cuartel en Iraq.
El presidente Bush envió 28.500 soldados adicionales a Iraq para tratar de sofocar la violencia, con la esperanza de que un ambiente más estable facilitará que el gobierno de Maliki pueda aprobar algunos proyectos de ley. La última riña política puede intensificar la frustración entre los críticos de la guerra en el Congreso, que han estado exigiendo un calendario para la retirada de las tropas estadounidenses.
Líderes del Frente Iraquí de la Concordia, que tiene seis puestos de gabinete y 44 de los 275 escaños del parlamento, dijeron que sus ministros renunciarían indefinidamente. El portavoz del bloque, Salim Abdullah Jabouri, dijo que había exigido que se brindaran excusas al ministro de Cultura, el blanco de la investigación, y reparación por los daños supuestamente sufridos por su casa durante el allanamiento policial esta semana.
"También llamamos a los ministros de los otros bloques a mostrar su solidaridad con nosotros", dijo Jabouri.
El ministro, Asad Kamal Hashimi, sigue en la clandestinidad después del allanamiento del martes. Se sospecha que Hashimi tuvo alguna participación en el intento de asesinato en febrero de 2005, de otro diputado sunní, Mithal Alusi, que perdió dos hijos en el atentado, Amal y Gamal.
El laico Alusi ha tenido a menudo conflictos con otros legisladores sunníes.
En comentarios el viernes en la televisión estatal Al Arabiya, Alusi dijo que testigos del atentado de 2005 había identificado a "los criminales y asesinos", que dijo que se estaban ocultando en la Zona Verde, la zona de alta seguridad de la capital.
Alusi también dijo que no responsabilizaba al Frente Iraquí de la Concordia. "Son buenas personas y miembros del parlamento", dijo.
La renuncia deja al gabinete con 25 ministros, incluyendo a Maliki, de sus originales 37. En abril, el clérigo chií Muqtada Sáder ordenó a seis ministros leales a renunciar en protesta por el rechazo de Maliki a apoyar un calendario de retirada de las tropas norteamericanas. Hace dos semanas, Sáder también llamó a un boicot indefinido a los 33 miembros de su bloque para protestar por el atentado con bomba contra un importante santuario chií en Samarra, al norte de Bagdad.
Entretanto, el bloque sunní empezó su boicot esta semana después de que los legisladores votaran para destituir al presidente de la Cámara, Mahmoud Mashadani, por su conducta grosera y agresiva para con los legisladores. Mashadani se negó a dimitir.
Nada de esto presagia nada bueno para las posibilidades de aprobación de las leyes que quiere Estados Unidos como evidencia de progreso político. Los legisladores iraquíes deben empezar el largo receso a fines de julio, y la Casa Blanca ha expresado su anhelo de que para entonces se haya aprobado al menos el proyecto sobre la distribución de los ingresos por el petróleo del país.
Las últimas bajas norteamericanas llevaron el número total de bajas este mes a cien y a 3.577 desde el inicio de la guerra en marzo de 2003, de acuerdo icasualties.org
La declaración del viernes de las fuerzas armadas norteamericanas entregó pocos detalles sobre el ataque, pero el alcance de explosión indicó que fue causada por una potentísima bomba improvisada, que oficiales estadounidenses dicen que son introducidas clandestinamente al país desde el vecino Irán. Irán rechaza la acusación.
También el viernes Sáder canceló los planes de realizar una marcha sobre Samarra, una ciudad fundamentalmente sunní, para protestar por el atentado con bomba del 13 de junio contra la Mezquita Dorada. La cancelación de la manifestación planificada para el jueves, fue anunciada durante las oraciones del viernes en la sureña ciudad de Kufa.
El jeque Asaad Nassiri, ayudante de Sáder, dijo que la decisión de cancelar se tomó debido a que el gobierno "no es capaz" de defender a los manifestantes.
Sáder, conocido por su vehemente retórica anti-norteamericana y que cuenta con cientos de miles de partidarios, había dicho que la marcha, programada para el cumpleaños de un personaje religioso clave, tenía por intención de unir a sunníes y chiíes después del atentado, el segundo contra la mezquita en dieciséis meses. El primer atentado, en febrero de 2006, destruyó la cúpula dorada de la mezquita y desencadenó un sangriento conflicto que continúa hasta el día de hoy.
Líderes políticos han advertido que la marcha podría provocar más violencia.
La decisión de Sáder parece ser una concesión al gobierno de Maliki, que había desalentado la manifestación diciendo que la ruta hacia Samarra, 97 kilómetros al norte de Bagdad, no podía ser completamente protegida. Pero la razón adelantada por Sáder, a saber la incapacidad del gobierno para proteger a los peregrinos, es otro indicio de la tensión existente entre los dos líderes.

tina.susman@latimes.com

Peter Spiegel en Washington y Saad Fakhrildeen en Najaf contribuyeron a este reportaje.

2 de julio de 2007
30 de junio de 2007
©los angeles times
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militares acusados de homicidio


Dos militares norteamericanos en Iraq son acusados de homicidio.
Bagdad, Iraq. Militares norteamericanos informaron el sábado que habían formalizado a dos soldados del ejército estadounidenses por el ‘homicidio premeditado' de tres iraquíes.
Los asesinatos ocurrieron en incidentes separados en la ciudad mixta de Iskandariya, al sur de Bagdad, entre abril y junio de 2007, dijeron en una declaración las fuerzas armadas norteamericanas.
El sargento primero Michael Hensley fue acusado de tres cargos de homicidio premeditado, obstrucción a la justicia y de plantar armas junto a los cuerpos en un intento de encubrir los crímenes.
El especialista Jorge Sandoval fue acusado de un cargo de homicidio premeditado y de plantar un arma junto al cuerpo.
Ambos soldados pertenecen al Balattón No. 1, del Regimiento de Infantería 591, de Fort Richardson, en Alaska. Se encuentran detenidos en Kuwait a la espera del juicio, anunciaron los militares.

1 de julio de 2007
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ministro sospechoso de terrorismo


[Ned Parker y Saif Hameed] El ministro de Cultura no estaba en casa cuando llegó la policía para arrestarlo. Está acusado de homicidio.
Bagdad, Iraq. Comandos iraquíes premunidos de una orden de detención allanaron el martes la casa del ministro de Cultura de Iraq en relación con el asesinato en 2005 de dos hijos de un político musulmán sunní independiente.
La orden de detención y el allanamiento provocaron la indignación de los ministros del bloque árabe sunní, que amenazaron con complicar el difícil intento legislativo, entre ellos un proyecto de ley sobre la repartición de los ingresos por petróleo, que quiere implementar el gobierno de Bush.
Hace unos días un tribunal iraquí preparó la orden contra Asad Kamal Hashimi después de que dos hombres arrestados el mes pasado dijeran a las autoridades que Hashimi les había ordenado matar a Mithal Alusi, un diputado independiente sunní, dijo el portavoz del gobierno, Ali Dabbagh al canal de televisión Al Arabiya.
Los dos hijos de Alusi, Amal y Gamal, fueron asesinados el 8 de febrero de 2005, cuando hombres armados, aparentemente en un intento de matar al político, abrieron fuego contra su casa al oeste de Bagdad.
Hashimi no estaba en casa en la mañana del martes cuando los comandos policiales efectuaron el allanamiento, pero varios de sus guardaespaldas fueron detenidos, dijo el Frente Nacional de la Concordia, el bloque político al que pertenece el ministro de Cultura.
Alusi dijo que Hashimi se estaba escondiendo en la Zona Verde, la sección cercada donde sitan la sede de la embajada norteamericana, el gobierno iraquí y miles de civiles iraquíes.
"Tenemos que respetar y aceptar la justicia", dijo Alusi, advirtiendo que el gobierno no debería llegar a ningún acuerdo para aliviar las tensiones sobre la posible detención de un ministro sunní del gabinete.
Alusi dijo que Hashimi era imán de una mezquita cerca de su casa en el barrio de Qughad en la época de los asesinatos. Hashimi, dijo, pronunciaba sermones pidiendo la muerte de los participantes en las elecciones de enero de 2005 en Iraq, que fueron boicoteadas por la mayoría de los sunníes.
Alusi es conocido por su espíritu contrario. Tras volver del exilio en Alemania, encabezó un comité que purgó a miles de iraquíes de sus posiciones en la administración debido a que habían sido miembros del derrocado partido gobernante de Iraq.
Se unió a la mayoría musulmana chií de Iraq, el grupo más poderoso en el Iraq de después de Saddam Hussein, y criticó el creciente radicalismo de su propia comunidad sunní.
Alusi dijo que dos testigos del asesinato de sus hijos fueron matados y un tercero seriamente herido el lunes en ataques separados por hombres armados. El hombre herido identificó más tarde a uno de los atacantes como guardaespaldas de Hashimi.
El caso del ministro de Cultura ha llegado a encarnar el ponzoñoso ambiente en el parlamento de Iraq y en el gobierno de unidad nacional, en el que políticos sunníes y chiíes se acusan regularmente de homicidio.
El bloc de Hashimi, conocido como Tawafiq, acusó al ministerio del Interior chií de saquear la casa de Hashimi durante el allanamiento el martes. El bloque dijo en una declaración que las autoridades habían torturado y abusado sexualmente de dos sospechosos en el caso para extraer confesiones sobre la participación de Hashimi.
Tawafiq dijo que el primer ministro Nouri Maliki había accedido a su petición de que un comité independiente investigara los cargos contra el ministro de Cultura y había dejado en libertad a los guardaespaldas detenidos durante el allanamiento del martes.
Dabbagh, portavoz del gobierno, dijo que el ministro de Cultura sería llevado a tribunales para que responsa a la acusación de asesinato.
Hashimi dijo que la orden de detención era una decisión discriminatoria del gobierno chií.
"Cuando quieren deshacerse de alguien, el modo más fácil es acusarlo de actividades terroristas", dijo Hashimi, por teléfono, a un periodista del canal de televisión Al Yazira, informó la Associated Press. "Tienen la acusación preparada de antemano, y la usan contra nosotros para expulsarnos del país".
Hashimi es miembro del Congreso General del Pueblo de Iraq, uno de los tres partidos que conforman el grupo Tawafiq, un poderoso bloque sunní que controla 44 de los 275 escaños del parlamento.
El partido se ha visto acosado por cargos de ayudar en el desplazamiento de chiíes. Se ha emitido una orden de detención contra dos hijos de Adnan Dulaimi, un prominente miembro del partido y alto personero de Tawafiq, en relación con las expulsiones de chiíes del barrio de Adil, al oeste de Bagdad, dijo Sami Askari, legislador chií y asesor de Maliki.
Una página web iraquí citó a Dulaimi diciendo en la Radio Sawa, que es financiada por Estados Unidos, que se había llegado a un acuerdo con el ministro de Cultura para que este dejara el país y luego renunciara. La versión no pudo ser confirmada inmediatamente.
Iraquíes y observadores políticos aquí se veían agobiados el martes por los efectos que podría tener el caso de Hashimi en el paralizado parlamento, que no ha logrado aprobar medidas de fomento de la reconciliación nacional. El gobierno de Bush ha determinado que la aprobación de esos proyectos de ley serán los criterios con los que se juzgará el progreso de la misión estadounidense en Iraq.
"Obviamente, esto no es nada de oportuno", dijo el diputado kurdo, Mahmoud Othman.
El gabinete de Maliki está determinado a presentar dos proyectos legislativos claves al parlamento, dijo Othman. Los proyectos tienen que ver con la repartición de la riqueza petrolera del país y con la derogación de las restricciones para los empleos en la administración y la aprobación de pensiones para los antiguos miembros del Partido Baaz de Hussein.
"Para empezar, no se ha hecho casi nada sobre la reconciliación, y no se ha avanzado casi nada en otros temas claves", dijo Joost Hilterman, del laboratorio ideológico Grupo de Crisis Internacional. "Así que cada pequeña cosa va a ser un clavo más en el ataúd del plan de seguridad y sus objetivos políticos".
La violencia sectaria continuó el martes. Un jeque tribal sunní fue asesinado en un ataque desde un coche al sudoeste de Bagdad, dijo la policía.
También el martes un grupo asociado con al Qaeda reclamó responsabilidad por el atentado con bomba contra un hotel en Bagdad, en el que murieron al menos cinco jeques que habían apoyado los esfuerzos para armar a las tribus sunníes en la provincia de Al Anbar, al oeste del país, para luchar contra el grupo al Qaeda en Iraq, según informó la agencia Reuters.
En la ciudad de Diwaniya, a unos ciento cincuenta kilómetros al sur de Bagdad, se produjeron choques entre milicianos chiíes y tropas norteamericanas, dijeron funcionarios del ayuntamiento y testigos.
Un marine norteamericano murió el martes en operaciones de combate en Al Anbar, dijeron las fuerzas armadas norteamericanas. Al menos 3.566 soldados americanos han muerto en la guerra de Iraq desde la invasión norteamericana de marzo de 2003, de acuerdo a la página web icasualties.org

ned.parker@latimes.com

Raheem Salman y Wail Alhafith contribuyeron a este reportaje.

30 de junio de 2007
27 de junio de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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acabar con al qaeda antes de marcharse


[Julian Barnes] A la espera de lo que se fije un pronto calendario de retirada, los militares se concentran en al Qaeda de Iraq.
Bagdad, Iraq. Comandantes norteamericanos preparan una campaña ofensiva acelerada contra al Qaeda en Iraq mientras definen una estrategia sobre la base de su expectativa de que el Congreso fijará pronto un calendario de retirada de las tropas norteamericanas allá.
El énfasis en al Qaeda, comentado en entrevistas por los comandantes aquí esta semana, marca un cambio y deja de concentrarse en las milicias musulmanas y escuadrones de la muerte chiíes en Bagdad. Refleja la creencia de algunos altos oficiales en Iraq de que las milicias probablemente reducirán sus ataques una vez que quede claro que la retirada norteamericana está en progreso. En contraste, cree que al Qaeda en Iraq podría envalentonarse con el plan de retirada y el grupo debe ser reducido antes de que se formule este plan.
Cuando el gobierno de Bush empezó a enviar tropas adicionales a Iraq, los comandantes estadounidenses mencionaron frecuentemente la amenaza que representaba la milicia de Al Mahdi, y emitieron veladas amenazas contra su líder, el clérigo radical chií Muqtada Sáder. Aunque los jefes militares dicen que la milicia sigue siendo una prioridad, Sáder ha colaborado tácitamente con la concentración de tropas norteamericanas, pidiendo a sus partidarios que eviten confrontaciones con ellas. También es un partidario clave del gobierno del primer ministro iraquí Nouri Maliki, que respalda Estados Unidos.
Ahora que han llegado a Iraq las últimas tropas de la campaña norteamericana, los militares están concentrando su potencia de fuego en el lado musulmán sunní de la guerra civil iraquí, especialmente en al Qaeda en Iraq.
"Estas operaciones van dirigidas contra al Qaeda porque... ellos son los que están usando camiones bomba y coches bomba... que están afectando a la población", dijo el teniente coronel del ejército Raymond T. Odierno, jefe de las operaciones, en una entrevista esta semana. "Así que atacaremos los refugios que les han permitido hacer estas cosas sin demasiada interferencia".
Al Qaeda en Iraq es uno de los varios grupos árabes-sunníes de la resistencia ante las tropas norteamericanas e iraquíes. Se cree que entre sus combatientes se encuentran un número significativo de extranjeros. Pese a su nombre, no está clara la profundidad de los vínculos del grupo con Osama bin Laden.
Oficiales norteamericanos, advertidos por reclamos de progreso previos que salieron mal, sólo ofrecen las previsiones más cautelosas sobre las ofensivas actuales.
"Nos enfrentamos a un enemigo muy diabólico. Nunca vi algo así", dijo en una entrevista el jefe de las tropas militares aquí, el general de ejército David H. Petraeus.
"Es de lejos la situación más compleja en la que he estado en toda mi vida como militar", dijo. "He pasado por otros dos períodos aquí, y este es de lejos el más complejo".
El objetivo de la misión actual, dijo David Kilcullen, el principal asesor en contrainsurgencia de Petraeus, no es ayudar a Iraq a pasar la página que permitiría que Estados Unidos pudiera dejar el país en una situación de paz. En lugar de eso, los estrategas estadounidenses esperan golpear lo suficiente a los grupos militantes para dar al gobierno chií de Iraq una posibilidad de alcanzar algún grado de estabilidad.
"No sé cuántas veces altos personeros de Estados Unidos han dicho que hemos llegado a un punto crucial en Iraq. Hemos pasado la página tantas veces que tenemos vértigo", dijo Kilcullen, ex oficial en el ejército australiano.
"No hemos revertido la marea. No hemos pasado la página, y no hay luz al final del túnel. Pero lo que hemos hecho es tomar una empresa fracasada y le hemos dado una sólida base de largo plazo".
Agregó que las fuerzas norteamericanas serán reducidas. "Nos reduciremos. Absolutamente", dijo. "Pero lo que estamos tratando de hacer es poner la operación sobre fundamentos sólidos que los iraquíes puedan manejar, y que dejemos un país suficientemente estable".
La campaña contra al Qaeda en Iraq, incluyendo la ofensiva de las últimas dos semanas en Baqubah al norte de Bagdad, ofrece varias ventajas potenciales para las tropas norteamericanas.
La campaña utilizará operaciones de alta intensidad que juegan a favor de las tropas estadounidenses. Coloca a las tropas contra un rival que la opinión pública norteamericana considera enemigo, y proporciona una ‘métrica' clara de medición de los triunfos.
Después de haber evitado durante largo tiempo llevar la cuenta de las bajas de insurgentes en Iraq, oficiales norteamericanos han empezado hace poco a informar sobre el número de militantes caídos en operaciones contra al Qaeda.
Más allá de estas ventajas inmediatas, la estrategia se basa en la creencia de altos oficiales de que este verano podrán acabar con las actividades de al Qaeda antes de que se fije un calendario de retirada.
Los ataques de al Qaeda contra sitios chiíes civiles y religiosos, puso en problemas a las milicias chiíes el año pasado, dijo Petraeus. La reducción de la amenaza de al Qaeda reducirá la amenaza de las milicias, agregó.
"Al Qaeda les da una excusa. Al Qaeda es su razón de ser", dijo Petraeus. "Así que realmente tenemos que reducir la capacidad de al Qaeda de realizar ataques a gran escala".
Si Estados Unidos pudiera mostrar progresos definitivos contra al Qaeda, otros piezas del puzzle iraquíes caerán en sus casilleros, dijo Petraeus. Por ejemplo, Petraeus predijo que reducir a al Qaeda en lo que considera el desarrollo más promisorio de los últimos meses, ayudará a la decisión de algunos líderes tribales sunníes de volverse contra los militantes de al Qaeda.
"Estamos tratando de capitalizar este desarrollo", dijo Petraues. Los jeques, agregó, "se dan cuenta ahora de que ellos se están jugando un montón más en el nuevo estado iraquí. Se dan cuenta de que no van a gobernar Iraq, pero quieren lo que les corresponde. Quieren participar, contribuir verdaderamente, y sin embargo el gran desarrollo es que reconocen que al Qaeda representa la violencia bárbara".
Esa estrategia fue sacudida el lunes cuando explotó un bomba en un hotel en el centro de Bagdad, matando a cinco jeques aliados de Estados Unidos, que se estaban reuniendo ahí.
Con las operaciones contra al Qaeda desarrollándose en toda la periferia de la capital, lo que los oficiales llaman los Cinturones de Bagdad, Odierno dijo que las tropas norteamericanas estaban empezando a ver progresos en la reducción de los atentados suicidas con camiones y coches.
"Y queremos que continúe así", dijo. "Queremos que siga bajando".
Ahora los generales dicen que por primera vez tienen fuerzas suficientes para erradicar a los combatientes de al Qaeda, entrando en territorios donde las tropas estadounidenses no habían estado en años.
Esta semana, Odierno visitó una de esos sitios -Salman Pak, un pueblo sunní en la ribera sur del río Tigris en Bagdad. Habló con los soldados cuando entraban en barrios dominados por sunníes donde las tropas estadounidenses e iraquíes no se habían aventurado en dos años.
En una patrulla en las afueras de la ciudad, el teniente coronel Ken Adgie, comandante del Batallón No.1, Regimiento de Infantería 30, Tercera División de Infantería, dijo que los combatientes extranjeros de al Qaeda habían reclutado a matones de la localidad proporcionándoles fondos y adiestramiento.
"Los de al Qaeda llegaron y dijeron: ‘Aquí hay dinero', así que se pasaron a al Qaeda, pero todavía son la misma banda de matones de antes", dijo Adgie.
Adgie y sus soldados están tratando de ganarse la confianza de los vecinos, para convencerles de que Estados Unidos y sus aliados iraquíes no entregarán la zona a los militantes.
Pero para asegurarse de que el ejército iraquí pueda controlar la zona, dijo Adgie, las tropas estadounidenses deben aplastar completamente tanto las fuerzas nacionales como extranjeras de al Qaeda.
"Se han pasado al lado oscuro. Son de al Qaeda", dijo. "Ahora los vamos a matar".

julian.barnes@latimes.com

29 de junio de 2007
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conservando la calma en bagdad


[John Ward Anderson] Familia desafía a la guerra, los bochornos del verano y los cortes de electricidad retirándose al tejado.
Bagdad, Iraq. Sentado junto a la piscina debajo de un toldo verde y transparente, en pantalones cortos y camiseta, comiendo fruta fresca y dulces, el vendedor de alfombras, Amir Rahim, trata de mantener a raya la guerra de Iraq.
No presta más atención a los helicópteros que rugen arriba que a los camiones que pasan, excepto que la calle frente a su casa está bloqueada por barreras de cemento. El ratatá de los AK-47 es tan frecuente que es posible no oírlo. Y la nueva piscina en el tejado ha aliviado el agobio, brindando un refrescante substituto de las visitas que ya no hacen a parques, clubes, mercados y casas de amigos.
Pero hay un producto secundario de la guerra de cuatro años que es tan penetrante, que es imposible ignorarlo. Mientras el horno de combustión del verano produjo días de 46 grados Celsius, enormes áreas de Bagdad -incluyendo el barrio de Rahim- todavía tienen a veces apenas una hora de electricidad al día, dejando que los seis millones de habitantes de la capital suden y se achicharren.
"Tenemos una hora cada cuatro días, y no tenemos agua fría ni nevera, así que estamos comprando hielo en el mercado", dijo Rahim, 32, que vive en el barrio de Karada. En el mercado donde tiene su tienda de moquetas de pared a pared, "hay una pelea o riña cada cinco minutos, debido al calor", dijo. "Ayer se empezaron a pelear, con puñetazos y patadas, por un pedazo de albaricoque".
Los militares se pueden concentrar en un nuevo plan de seguridad, los políticos iraquíes y norteamericanos preocuparse de reformas políticas y calendarios y reconciliación, pero en las calles y casas de Bagdad, las demandas son más elementales: pulsar un interruptor y que se enciendan las lámparas, abrir un grifo y que fluya agua. La falta de estas necesidades básicas engendran descontento, y las encumbradas chácharas sobre más elecciones y reformas constitucionales parecen una broma malintencionada de parte de un gobierno que no puede caminar, y menos correr.
"Vosotros habláis de compartir los ingresos por el petróleo y las reformas constitucionales, ¿pero por qué debiésemos preocuparnos si no sacamos beneficio de ello?", preguntó Zainab S. Shakir, un funcionario iraquí del Instituto de la Paz norteamericano en Bagdad. La prestación de servicios básicos, dijo, está relacionada directamente con el mejoramiento de la seguridad en Iraq.
"Si queremos electricidad, necesitamos un generador, y necesitamos combustible y dinero. Y si no tienes trabajo, vienen los insurgentes y le pagan a tus niños para que trabajen para ellos".
Los generadores particulares esforzándose por responder a la demanda rugen en todas las cuadras, y los postes cargan con caóticas y enmarañadas redes de cables de colores; algunos recurren a generadores comunitarios, otros improvisan para robar electricidad de las conexiones de los vecinos.
La progenie de Rahim -una de las tres pequeñas familias que viven en la casa del padre- utiliza las dos estrategias. Desde el inicio de la guerra, ha tenido generadores a unos 450 dólares cada uno. En el verano, gasta todo su salario -de unos 950 dólares al mes- en reparaciones y para hacer funcionar los generadores y mantener la casa de su familia con energía durante catorce horas al día- y eso es sin aire acondicionado. Las restantes diez horas simplemente no tienen electricidad.
Con el ingreso mensual en Iraq en un promedio de unos doscientos dólares, la mayoría de la gente aquí tiene mucho menos electricidad.
Por supuesto, no todo el mundo tiene piscina. De hecho, casi nadie, especialmente en el tejado. Pero el calor es insoportable, así que en medio de los diarios coches bomba, los atentados suicidas y los ataques con proyectiles de mortero -y la incertidumbre que acompaña a los bagdadíes que van al trabajo o al mercado-, Rahim se juró hacer todo lo posible para brindar a su mujer Abeer, y sus dos hijos, una vida decente.
Debido a las obligaciones familiares -llevar el negocio de las maquetas, sostener a su familia extendida de once miembros-, escapar de Iraq era imposible.
"Ya no salgo a la calle -la gente en la calle ya no es la gente que yo conocía- y no hay clubes, no hay piscinas, ni parques, ni gimnasios, así que nos convencimos de que teníamos que adaptarnos a esta situación", dijo su esposa.
Subieron la lona verde (400 dólares) y la piscina de un metro de profundidad y cinco de largo, y circular (300 dólares). Rahim y su esposa se escabullen arriba de noche, para una zambullida en privado después de que los niños se han dormido. Incluso ahora, de vez en vez duermen en el tejado para eludir el calor, pese a los helicópteros y el peligro de la metralla.
Rahim mostró una esquirla puntiaguda, de una pulgada de largo, que había encontrado hace poco junto a la piscina. "Llegas a un nivel en que cuando lo estás pasando mal abajo, decides subir pese a que corres el riesgo de morir", dijo.
Cuando se va la electricidad, todo se posterga, dijo su esposa. Un día hace poco, cuando la electricidad llegó repentinamente para durar casi una hora, logró lavar seis cargas de ropa sucia, planchar pilas de ropa limpia y limpiar la casa.
"Amir estaba tan impresionado que quería filmarme. Estaba trabajando a gran velocidad", dijo.
Sus dos generadores producen suficiente energía para mantener dos neveras, dos o tres termoventiladores (máquinas que producen aire a través de un filtro empapado en agua) y una parabólica.
Comprar combustible es otra historia. Aunque Iraq posee la tercera reserva de petróleo del mundo, aquí hay una grave escasez de combustible. Así que antes que esperar en la cola hasta ocho horas y pagar un dólar 15 por galón, la mayoría de los iraquíes lo compran en el mercado negro por casi tres dólares 30 el galón.
"Te morirías si hicieras la cola con este calor", dijo Rahim, contando que un amigo que había ido hace poco a llenar su bidón de gasolina, había salido a las cinco de la mañana y recién había llegado a la bomba a las dos y media de la tarde.
Una hoja informativa de la embajada norteamericana del 31 de mayo sobre la situación de la electricidad en Iraq afirmaba que Bagdad recibe un promedio de ocho horas de electricidad al día. Un portavoz del ministerio de la Electricidad dijo que los bagdadíes recibían seis horas de electricidad al día.
Pero nadie sabe quién la recibe. En un sondeo informal de nueve barrios importantes de Bagdad -desde Ciudad Sáder en el nordeste hasta el barrio Khadra sunní al oeste, y las zonas mixtas sunní-chií entre estos-, los vecinos de ocho barrios dijeron que recibían electricidad durante dos horas al día. En el noveno, el barrio chií de Kadhimiyah, los vecinos dijeron que tenían electricidad seis horas al día.
Una excepción la constituye la gente que vive cerca de ministerios del gobierno y hospitales, que dijeron que a menudo tenían electricidad durante toda la jornada laboral.
Un estudio del 12 de junio de la Red de Seguridad Nacional, un grupo de activistas particular, constató que mientras Estados Unidos ha gastado 3.1 billones de dólares en el mejoramiento del servicio de electricidad en Iraq, la energía producida en mayo fue de seis por ciento menor que los niveles de preguerra. "En las últimas tres semanas, Bagdad ha sufrido serios cortes de energía y escasez de agua de hasta 23 horas al día", dice el estudio.
Para Abeer Rahim, la situación es particularmente irritante porque después de la Guerra del Golfo Pérsico en 1991, el gobierno de Saddam Hussein restauró la electricidad en cuarenta días, dijo, aunque Estados Unidos había dañado seriamente el tendido eléctrico del país.
"Salen en la televisión para decir que han gastado billones en proyectos de electricidad y agua en Bagdad, ¿pero dónde está ese dinero?", se preguntó.
Pocos creen que la única superpotencia del mundo no pueda arreglar los problemas de energía de Iraq, cuando sí puede llevar a un hombre a la luna, dijo el general de brigada Vincent K. Brooks, subcomandante de apoyo para Bagdad. "La idea de que esperaban algo que prometimos y que todavía no somos capaces de cumplir, es la causa de un montón de problemas", dijo en una declaración de este mes.
Vecinos de zonas sunníes de la ciudad se quejan de que ellos reciben menos electricidad. Dicen que la falta de electricidad -y de agua, de escuelas y de servicios de recolección de la basura y otros servicios básicos- se provoca para obligarlos a marcharse, una forma de limpieza étnica ‘blanda' dirigida por el gobierno chií.
Brooks dijo que la entrega de electricidad era responsabilidad del gobierno y que Estados Unidos tenía que asegurarse de que los líderes de gobierno "no fueran sectarios ni tuviesen prejuicios en la prestación de servicios básicos a todo el mundo".
Funcionarios del gobierno norteamericano dicen que sus esfuerzos se han visto obstaculizados por problemas de mantención, corrupción, contrabando, escasez de combustible y una demanda totalmente disparada-, explicaciones que repite Rahim, que atribuye gran parte de los problemas de Iraq al gobierno inepto y corrupto.
"¿Cómo podrías tener buenos servicios con un gobierno corrupto y manchado como este?", preguntó.
"Olvida la reconstrucción -lo que estamos esperando es que cambie todo el estado", dijo. "Simplemente quiero una persona sincera y honorable para que dirija Iraq. Si gobierna, tendremos esperanza, aunque tengamos que esperar cinco o seis años más. Pero con gente como la que tenemos ahora, aunque construyan cien plantas de electricidad más, no se habrá solucionado nada".

Saad al-Izzi en Bagdad contribuyó a este reportaje.

28 de junio de 2007
24 de junio de 2007
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secuelas permanentes de la guerra


[Sudarsan Raghavan] Juventud iraquí quedará con cicatrices permanentes de la guerra. Terrible impacto psicológico en los niños.
Bagdad, Iraq. Marwa Hussein miró cuando un grupo de hombres armados irrumpieron en su casa y ejecutaron a sus padres. Después de eso, su tío la llevó al orfelinato de Alwiya, un recinto cercado por altas murallas en el centro de Bagdad, con un patio de cemento. Eso ocurrió haces más de dos años, y para Marwa, 13, tímida y delgada, con ojos color nuez y largo cabello castaño, el recuerdo de los últimos momentos de sus padres no la abandona nunca.
"Los mataron", dijo, su voz apagándose, sentada en su estrecha cama de mantas rosadas. Por sus mejillas empezaron a caer las lágrimas. Mientras la asistente social, Maysoon Tahsin, la consolaba, otras huérfanas en la habitación, donde duermen doce niñas, miraban con expresiones de gravedad.
La guerra de Iraq se está cobrando un enorme y en gran parte ignorado precio psicológico en niños y jóvenes, que tendrá consecuencias a largo plazo, dijeron asistentes sociales, psiquiatras, maestros y socorristas en entrevistas en todo Bagdad y en la vecina Jordania.
"Con los recursos limitados que tenemos, el impacto en la sociedad va a ser muy negativo", dijo Haider Abdul Muhsin, uno de los escasos psiquiatras infantiles. "Esta generación será una generación muy violenta, mucho peor que durante el régimen de Saddam Hussein".
Desde la invasión norteamericana de 2003, cuatro millones de iraquíes, la mitad de ellos niños, han abandonado sus casas, de acuerdo al Fondo de Naciones Unidas para la Infancia. Muchos estos siendo asesinados en esos santuarios -en los patios, en las canchas de fútbol y en las escuelas. A medida que el caos se prolonga, bandas de delincuentes secuestran frecuentemente a niños para pedir rescate. La violencia ha dejado decenas de miles de huérfanos.
Marwa enfrenta su situación cuidando de sus hermanas, Aiyah, 9, y Sura, 7, dijo Tahsin. Marwa las ayuda en sus deberes y en el baño. En el patio de recreo, las custodia.
"Está tratando de asumir el papel de su madre", dijo Tahsin, que ha trabajado como asistente social en los últimos quince años. "Pero aunque trata de llenar esa laguna, tiene una profunda necesidad de apoyo emocional".

Testigos de la Guerra
Chico y flaco con la mandíbula cuadrada, Abdul Muhsin empezó a trabajar con niños solamente el año pasado. Como muchos otros de la sesentena de psiquiatras que todavía viven en Iraq, antes de la invasión sólo trataba a adultos. Entonces, dijo, los niños con problemas psicológicos eran una rareza.
En su austera oficina en el Hospital Psiquiátrico Ibn Rushed, donde guardias armados cachean a los pacientes a la entrada, hojeó un gordo libro de pacientes. En los últimos seis meses, ha tratado 280 niños y adolescentes con problemas psicológicos, la mayoría de ellos entre seis y dieciséis años. En su clínica privada, el año pasado vio a más de 650 pacientes.
El año pasado, en una encuesta de la Organización Mundial de la Salud de seiscientos niños de entre tres y diez años en Bagdad, el 47 por ciento dijo que habían sufrido un acontecimiento traumático en los últimos dos años. De este grupo, el 14 por ciento presentaba síntomas de trastorno de estrés post-traumático. En un segundo estudio de 1090 adolescentes en la norteña ciudad de Mosul, el 30 por ciento mostraba síntomas de ese trastorno.
Hoy, las armas de juguete son los artículos que más se venden en los mercados locales, y, en la calle, los niños juegan entre vehículos blindados donde camiones cargados de hombres armados enmascarados son una vista común. Un día hace poco, un grupo de niños estaba jugando cerca de un blindado iraquí pintado de camuflaje aparcado en el elegante barrio de Karrada. Un niño cogió un grueso palo y lo colocó sobre su hombro derecho, como si estuviera manejando un lanzagranadas. Apuntó a los coches que pasaban, pretendiendo que los hacía explotar. Dos soldados apuntaron a los niños y se echaron a reír.
Muchos de los niños que son pacientes de Absul Muhsin han presenciado asesinatos. Tienen problemas de ansiedad y sufren de depresión. Algunos tienen pesadillas recurrentes y mojan la cama. Otros tienen problemas de aprendizaje, en la escuela. Los niños iraquíes, dijo, muestran síntomas parecidos a los de niños en otras zonas bélicas, como el Líbano, Sudán y los territorios palestinos.
Esta mañana, Muhammad Amar, 4, tenía una expresión ausente en su suave y redonda cara enmarcada por bucles de pelo negro. Cuando hace siete meses cayeran sobre su casa proyectiles de mortero, el miedo le impidió gritar. "Se quedó inerte, en shock. Se paralizó", dijo su padre, Amar Jabur, parado en el soleado patio de Ibn Rushed. Muhammad está mostrando signos de epilepsia y tuvo un ataque leve la noche anterior.
Abdul Muhsin dijo que cree que puede haber un vínculo entre las explosiones y el ataque, y recomendó un escáner del cerebro para desechar otras causas. La violencia, como mínimo ha empeorado la condición del niño.
Después de la visita, Jabur mira a su taciturno hijo. "Es posible, por el miedo", dijo. "Nosotros los adultos tenemos miedo de lo que está pasando en Iraq. ¿Crees que no afectaría a los niños?"
Hace tres meses, Abdul Muhsin trató su caso más terrible. Una niña de trece había sido secuestrada en el barrio Mansour de Bagdad, y retenida durante una semana en una casa con otras quince niñas. Algunas fueron violadas frente a ella, otra fue matada a tiros. La niña fue liberada después de que sus padres pagaran seis mil dólares de rescate. Pero todavía está ensimismada en la experiencia.
"Estaba en un estado terrible", dijo Abdul Mushin. "Gritaba. Atacaba a sus padres, verbal y físicamente".
Él y otros especialistas en niños dicen que casi el ochenta por ciento de los niños traumatizados no son tratados nunca debido al estigma que envuelve esas afecciones.
"Nuestra sociedad se niega a asistir al psiquiatra", dijo Abdul Sattar Sahib, pediatra en el Hospital General Sáder en Ciudad Sáder.
Muchos niños viven en zonas remotas o peligrosas, cercenada de Bagdad por los insurgentes, atentados y puestos de control. "Algunos padres sólo me llaman por teléfono y yo trato de asesorarles", dijo Abdul Muhsin.
En el Hospital General Sáder, llegan para tratamiento unos 250 niños al día, casi el doble que el año pasado. "Sólo tratamos a los primeros veinte niños, y además se nos acaban los medicamentos", dijo Sahib. El hospital no cuenta con un psicólogo infantil.

Padres Perdidos
En el orfelinato, Dina Shadi duerme a unos metros de Marwa Hussein. Dina, 12, recibió hace dos llamadas telefónicas de familiares. Se enteró de que su hermano de diecisiete había muerto y que su tía había sido secuestrada y ejecutada.
"Se derrumbó completamente", contó Tahsin.
"Ese día no me pude controlar. Lloré", dijo Tahsin, con la voz quebrada. "Hay mucha tristeza aquí. Hagas lo que hagas por esos niños, nunca podrás remplazar la ternura de sus padres".
"Ahora Dina teme que la vuelvan a llamar para darle malas noticias. Tiene una imagen muy negra del futuro. Le teme más y más al futuro".
Funcionarios de Naciones Unidas calculan que decenas de miles de niños han perdido a uno o sus dos padres en la guerra el año pasado. Si esta tendencia continúa, las cifras aumentarán este año, dijo Claire Hajaj, portavoz de UNICEF en Amán, Jordania.
Mientras muchos niños en el orfelinato han perdido a uno o a los dos padres, otros han sido abandonados y enviados aquí porque sus padres ya no pueden ocuparse de ellos.
"La tragedia es que hay un aumento en el número de niños que están perdiendo a sus padres, y una reducción en la capacidad del gobierno, la comunidad e incluso la familia, de hacerse cargo de los niños separados y huérfanos, debido a la violencia, la inseguridad, las limpiezas sectarias, el estrés y las penurias económicas", dijo Hajaj. "Estos niños son definitivamente los más vulnerables".
Han explotado bombas cerca de Alwiya, y el sonido de las balaceras es frecuente. Siempre existe la posibilidad de un ataque. En enero, cayeron proyectiles de mortero en una escuela de Bagdad, matando a cinco niñas.
Tahsin todavía tenía otra tarea que terminar este día. Tenía que informar a dos hermanas sin hijos que su padre, un camionero sunní, no vendría a verlas. Había sido secuestrado por milicianos chiíes en un puesto de control falso, y ejecutado.

Aprendiendo a Odiar
En una escuela básica en el barrio de Zayuna de Bagdad, tres maestros estaban en la oficina del director quejándose de que la guerra sectaria había afectado sus clases. Un cuarto de sus estudiantes se habían marchado a zonas más seguras. Algunos padres tenían demasiado miedo de algún ataque como para enviar a sus hijos a la escuela.
"Ahora, cuando entran a la escuela, los alumnos se preguntan si son sunníes o chiíes", dijo Nagher Ziad Salih, 37, directora de la escuela.
"Ayer, salí a dar un paseo con mi nieto de seis. Me preguntó: "¿Esta es una calle sunní o chií?", contó Um Amil, que pidió que no publicáramos su nombre completo por miedo a convertirse en un blanco. "Le dije: ‘Todos somos musulmanes'. Pero insistía en que quería saber si la calle era sunní o chií".
"¿Cómo será este niño, cuando crezca?", se preguntó.
Salih dijo que los niños que riñen en el patio ahora invocan los nombres de grupos armados. "Un niño dirá: ‘Voy a buscar al Ejército Mahdi, para que se venguen'", dijo. "El otro niño dirá: ‘Mi tío es la resistencia sunní y él se encargará de ti'".
La tercera maestra, Um Hanim, quiso decir algo.
"¿Qué irá a pasar con un niño cuyo padre haya sido matado por un chií o sunní?", dijo, insistiendo igualmente en no usar su nombre completo. "Va a sentir rencor".
Los psiquiatras infantiles están observando que la división sectaria ha empezado a afectar a sus jóvenes pacientes. Mohammed Quraeshi, doctor en el Ibn Rushed, recordó el día en que trató a dos niños -uno de seis, otro de nueve- que sufrían de ansiedad.
"Los otros niños de la escuela los molestaban. Querían saber si eran sunníes o chiíes", dijo Quraeshi. "Es demasiado terrible pensar que les pueda pasar eso a su edad".

Oscuro Deseo de Venganza
Yasser Laith, 20, pequeño, con una delgada perilla y de fría mirada, no puede dormir por la noche. Cuando un proyectil se incrustó en la casa de la familia en el barrio de mayoría sunní de Adhamiya, en noviembre, se arrastró hasta la cocina y se acurrucó de miedo.
"Siempre que oigo una explosión, me pongo a temblar", masculló Laith, mientras esperaba en el hospital Ibn Rushed una entrega de medicamentos anti-psicóticos para diez días.
Otro día estalló una intensa batalla en su calle, y helicópteros de combate norteamericanos empezaron a sobrevolar la zona. Laith cogió su rifle de asalto AK-47, corrió a su tejado y empezó a disparar en el aire.
"Mi padre se avergonzó de mí. Yo quería demostrar que yo era tan bueno como cualquier otro", dijo Laith con una sonrisa lunática. "Después de eso me sentí bien".
Hoy, toma pastillas que lo ayudan a controlar su violencia, para que deje de golpear a sus hermanas más jóvenes o maltratar a sus padres. Varios de sus amigos, dijo, se habían incorporado a la resistencia sunní. También le tentó la idea, especialmente después de saber que uno de sus amigos había sido asesinado por el Ejército Mahdi.
"Tenía ganas de vengarme", dijo Laith, volviendo a reír.
Cuando Laith salió del cuarto para ir a los servicios, su madre Sahira Asadallah, 57, dijo que tenía miedo de que su hijo cometiera un crimen o se metiera a un grupo rebelde. Se preguntaba cuánto tiempo tendría Laith que estar medicado, para responderse ella misma: "Sólo terminará cuando termine la guerra".

28 de junio de 2007
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sobrevivir en bagdad


[Joshua Partlow] En Bagdad, la supervivencia depende de cosas simples.
Bagdad, Iraq. Ahora ya se han acostumbrado a los todoterrenos que atascan las calles y las vallas antibombas bloqueando los callejones. Algunos apenas si respingan cuando explotan los camiones o los proyectiles de mortero impactan en el pavimento. Pero cuando los puentes empiezan a caerse en el agua, los resueltos viajeros están obligados a improvisar.
Es por eso que el vendedor de zapatos, 50, está subiendo cuidadosamente a un desgastado bote de madera que se balancea en el río Tigris, quizás el único lugar en Bagdad donde uno no tiene que preocuparse de que explote algo debajo de tus pies. "En el agua no hay bombas", dijo.
Para los que están acostumbrados a la yerma y parda extensión del Tigris, en los últimos años sobretodo el dominio de cadáveres flotando y patrullas que pasan a toda velocidad, las decenas de barcas que ahora cruzan el río ofrecen una vista sorprendente. De unos cinco metros de largo e impulsadas por motores fuera de borda, las barcas son una solución más, aunque primitiva, que los iraquíes han ideado para sobrevivir sus rondas diarias en Bagdad.
"Cuando caminas por la calle, no sabes si la persona que camina a tu lado lleva un cinturón de explosivos o si hay una bomba en el coche que está por pasar", dijo el vendedor, el que, por temor, sólo dio su apodo, Abu Zaid Hamdani. "Me siento más cómodo en el agua. Me siento psicológicamente seguro".
Desde los niños que venden gasolina en el mercado negro hasta las carretas tiradas por burros, los teatros abandonados, los restaurantes y tiendas de licores, desde los alcantarillados desbordados a las menguantes raciones de alimentos, Bagdad perdió su lugar como el pináculo de la modernidad en Oriente Medio.
"La gente de Bagdad estaba viviendo con electricidad y tecnología, y ahora nos hemos estancado", dijo Um Mohammed, madre de tres hijos que estaba recorriendo el mercado en el barrio de Kadhimiyah a la búsqueda de un horno tradicional llamado tanoor. "En lugar de avanzar, estamos volviendo a la Edad de Piedra".
Um Mohammed, que pidió que sólo publicáramos su apodo, no había usado nunca un tanoor, una calabaza de barro más de un metro de alto para hacer pan entre las brasas ardientes de madera de palmas. El pan le llegaba de una panadería. Pero después de gastar setenta dólares al mes para su familia, una carga económica que empeoró con los crecientes precios del gas de cocina, decidió aprender.
"Probablemente me voy a quemar las manos", dijo. "Esta viviendo en Bagdad, la capital de Iraq, de la prosperidad. ¿Dónde está la prosperidad?"
Los iraquíes recuerdan a otro Tigris cuando piensan en los tiempos de antes de la guerra, cuando lanchones enfiestados de dos pisos pasaban frente a los rascacielos de hoteles en las cálidas tardes. Durante un tiempo, el ministerio de Transporte hizo navegar transbordadores a lo largo del río, entre los pescadores que izaban de las cenagosas aguas, gordas carpas.
Entonces, los hombres en las barcas de madera también recorrían el río, pero ahora se han convertido en necesarias, y no solamente por convenencia o diversión. Un popular barrio comercial a lo largo de la ribera oriental -el mercado de Shorja y las calles de Rashid y Jumhuriyah- prohíbe ahora la entrada de vehículos por temor a las bombas. El mes pasado, tres de los trece puentes que se extienden por el Tigris, han sido atacados con bombas. El ataque más grave ocurrió el 12 de abril, cuando un camión bomba explotó en el ojo del puente de Sarafiya, hundiendo en el agua la estructura de acero y a varios conductores.
El Tigris, que serpentea de norte a sur a través de Bagdad, es ahora tanto una barrera sectaria como física, separando a los barrios predominantemente sunníes al oeste de los chiíes al este. Para los que todavía tengan que cruzar, está Muhammed Abdul Kareem.
Contable de oficio, Abdul Kareem, 35, no ha encontrado nada en su campo en la economía de tiempos de guerra, así que gastó dos mil trescientos dólares en la compra de un bote, cobra 75 céntimos por un viaje y vive con los nueve dólares diarios que gana como botero.
"Ahora hay muchos botes más en el río", dijo, mientras conducía su nave por un tramo de trescientos metros hacia el lado oeste, con su hijo Abbas, de tres, acunado entre sus rodillas. "La principal razón es que ahora el tráfico está imposible".
La llegada de miles de soldados estadounidenses e iraquíes en los últimos dos meses, con sus nuevos puestos de control, carreteras bloqueadas y revisiones de vehículos, ha convertido conducir en Bagdad a algo parecido a nadar en una poza de lodo.
Los semáforos no funcionan; no se respetan las vías. Ha surgido toda una economía de gente que vende servilletas, chiles, balones, cigarrillos, sombras para parabrisas, perfumes y diarios a los conductores atascados en el tráfico. No es raro ver a coches cambiar de mediana y entrar despreocupadamente en sentido contrario, obligando a los automovilistas sin ganas de chocar de frente, maniobrar para eludirlos. Puede haber leyes, pero, definitivamente, no hay normas.
Finalmente, el tapón empujó a Ibrahim Muhammed hacia la ribera. "Están cerradas todas las calles, los puentes están destruidos", dijo. "¿Qué podemos hacer?"
Muhammed, 27, es dueño de una boutique en Mansour, al oeste del río, pero compra sus artículos al por mayor en tiendas cerca de la Calle de Najar, en el lado este. Así que se subió a un bote para ir al mercado, compró cajas de chandales y bolsas de zapatos, y los cargó en el bote para volver a casa. Otros transportan muebles y comestibles, y juguetes de niños. Cuando en la tarde terminan su jornada los empleados de gobierno, los que quieren cruzar forman colas a lo largo de la ribera.
Pero esta no es una travesía en bote entre los nenúfares. Hay balas perdidas que se hunden en el agua y, a veces, se alojan en los botes. Los transbordadores pasan a veces junto a un cuerpo hinchado y con los ojos vendados. Después de la explosión en el puente de Sarafiya, unos soldados iraquíes dispararon al agua cerca de los taxis acuáticos para mantenerlos alejados de los puentes, dijeron varios.
"Tienen miedo de que subamos a colocar bombas", dijo Mohammed Mohammed, 23, botero que vive en la orilla oeste del Tigris.
En las peores batallas de Bagdad, los transbordadores pararon completamente, pero ahora la demanda es tan alta que correrán cualquier riesgo, dijo Dawoud Salim, 28, botero. Y hay otros beneficios en este oficio, especialmente en esta ciudad cerrada.
"Es rico estar fuera, en el río, simplemente respirando", dijo.

Saad al-Izzi y Naseer Mehdawi contribuyeron a este reportaje.

25 de junio de 2007
2 de mayo de 2007
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que si son de fiar las tribus sunníes


[Alexandra Zavis] Estados Unidos se ha asociado a clanes sunníes para combatir contra al Qaeda, una táctica que espera repetir en otros lugares. Pero algunos dicen que puede ser contraproducente.
Bagdad, Iraq. Cuando el jeque musulmán sunní envió a sus representantes a la populosa barriada de Bagdad controlada por una milicia musulmana chií, muchos pensaron que estaba coqueteando con el desastre. Los sunníes murmullan siniestramente que los únicos miembros de su secta que entran a Ciudad Sáder son los entran metidos en los maleteros de los coches.
Pero en esta ocasión, el jefe de una familia chií se irguió y recitó un poema titulado ‘Abdul Sattar Rishawi', "un jeque bueno, honesto, decente, que no se humillaría agachando la cabeza". Los representantes del jeque estaban tan complacidos, que le pidieron que lo volviera a leer.
Este tipo de temerarias movidas ha convencido al comando norteamericano de respaldar a líderes tribales como Rishawi como un modo de romper la impasse del gobierno en Bagdad. Rishawi ha formado una alianza de tribus árabes sunníes para pelear contra los insurgentes asociados a al Qaeda en la provincia de Al Anbar. Jefes militares que han proporcionado armas y otros materiales a algunos grupos tribales aquí, esperan que la iniciativa de Rishawi se pueda duplicar en otras provincias.
Pero algunos funcionarios occidentales ponen en duda la cordura de estimular el tribalismo en Iraq, donde esas lealtades han contribuido a paralizar el desarrollo y a provocar conflictos en otras partes del mundo. El gobierno de mayoría chií tampoco se siente bien con las alianzas, sobre las que el primer ministro Nouri Maliki advierte que podrían terminar creando más milicias si las armas caen en manos equivocadas.
El viernes, Maliki dijo que funcionarios de inteligencia tenían informaciones de que "el enemigo está tratando de infiltrar este proceso para que sirva a sus propios intereses". En una declaración, anunció que había formado un comité para supervisar la dotación de armas a las tribus, diciendo que "todas esas actividades deberían ser supervisadas por el gobierno".
Aunque las tribus pueden ofrecer un liderazgo efectivo a nivel de base, sus variables lealtades y frecuentes riñas entre sí, representan riesgos a nivel nacional.
"Cuando se trata con líderes tribales hay que tener mucho cuidado, porque trabajan con el que ofrezca más", dijo un diplomático, que habló a condición de conservar el anonimato.
Aunque las tribus han demostrado ser una potente fuerza contra al Qaeda en Iraq, otros se preocupan de que todo poder y armas que se les dé ahora, no se las podrán retirar fácilmente cuando pase el peligro. Si asumen demasiada autoridad, como temen algunos en el gobierno, el país puede empezar a verse incómodamente como Afganistán o el noroeste de Pakistán.
"Tribus quiere decir leyes informales, que son contradictorias con los principios... del estado", dijo un ayudante del gabinete iraquí. "Cuando te acercas a las tribus, quiere decir que estás en una posición muy, muy débil".

Una Alternativa para Bagdad
Pero la frustración con el gobierno de Maliki está aumentando en Washington, porque no ha logrado hacer aprobar las reformas legislativas que los funcionarios norteamericanos creen que ayudarán a ganarse la voluntad de la minoría sunní que se ha sentido impotente desde el derrocamiento de Saddam Hussein y está ahora guiando la resistencia. Entre las reformas se incluye más empleo para los ex miembros del Partido Baaz de Hussein, y una repartición equitativa de la riqueza petrolera de Iraq.
El segundo comandante norteamericano en Iraq, el teniente general del ejército, Raymond T. Odierno, dijo hace poco a periodistas que estaba estimulando a los comandantes a llegar a acuerdos con los líderes tribales y religiosos y con grupos insurgentes locales que pudieran contribuir a la reconciliación desde abajo.
"Colaborar con las organizaciones tribales y otras ha hecho una enorme diferencia", dijo. Con su apoyo, el reclutamiento para las fuerzas de seguridad de Al Anbar se han elevado a más de doce mil en lo que va de año, en comparación con los mil de todo 2006, dijo. Y los ataques en lo que era previamente una de las regiones más peligrosas en las afueras de Bagdad, han bajado a algo más de cuatrocientos el mes pasado, de 811 en mayo de 2006.
Odierno reconoció que el éxito en Al Anbar, que es una provincia preponderantemente árabe sunní, puede ser difícil de repetir en otras regiones que son volátiles mezclas de sunníes, chiíes y kurdos étnicos. Pero oficiales norteamericanos dicen que los líderes tribales poseen un conocimiento sin rival de lo que pasa en sus zonas, y pueden constituir una fuerza efectiva a la hora de controlarlas. También pueden ser un conducto inicial para la ayuda para el desarrollo.
El plan de Maliki de poner al gobierno a cargo del proceso de armamento podría, en efecto, estancar los acuerdos a nivel de base que los militares están cerrando y que los líderes tribales dicen que deberían haber ocurrido mucho antes.
"En todas partes, sin el pueblo no haces nada, y el pueblo de Iraq es tribal", dijo Faleh Dulaimi, asesor de medios de comunicación de Rishawi, que encabeza a la tribu de Abu Risha.
Los analistas calculan que al menos tres cuartos de los iraquíes son miembros de alguna de las treinta confederaciones tribales del país que agrupan a cientos de tribus, clanes y familias extendidas. En el curso de los siglos, esta compleja red ha proporcionado la base sobre la cual estuvo organizada la sociedad en gran parte feudal de Iraq.
El Partido Baaz de Hussein rechazaba oficialmente el sistema por considerarlo primitivo, prohibiendo el uso de nombres tribales en los documentos oficiales, y fomentando el nacionalismo árabe. Pero las posiciones eran ocupadas por miembros del clan de Hussein, que dominaba la elite. Más tarde, Hussein estimuló abiertamente el tribalismo durante su desastrosa guerra contra Irán en los años ochenta, y la Guerra del Golfo Pérsico de 1991.
Cuando las autoridades estadounidenses prohibieron al Partido Baaz y desmantelaron a las fuerzas armadas iraquíes en 2003, terminaron con uno de los pocos grupos unificantes que existían en Iraq. Las formaciones políticas que conforman el gobierno actual se basan en su mayor parte en la etnia y la religión.
Rishawi se burla de los políticos iraquíes, muchos de los cuales pasaron años en el exilio y que, dice, continúan obedeciendo órdenes de sus patrocinadores extranjeros.
"Tienen un programa traído de fuera, y no entienden a la gente", dijo en una entrevista hace poco. "Cuando hablo con ellos, simplemente me dan un largo discurso sobre el islam, como si fueran actores".

Aspiraciones Nacionales
Las ambiciones de Rishawi se extienden más allá de su base en Ramadi, capital de Al Anbar. Ha formado un partido político nacional llamado Conferencia del Despertar Iraquí, que dice que fomenta la reconciliación entre sectas y etnias. Los jeques se están acercando a otros grupos mediante reuniones como la de Ciudad Sáder, y quieren presentar candidatos a las elecciones provinciales que se supone se convocarán para fines de año.
"El sectarismo no nos ha traído más que destrucción", dijo. "¿Qué importa si una persona reza las oraciones de este u otro modo? Todos estamos orando a Dios".
Como para subrayar su argumento, estalla una balacera en un mercado al otro lado del río del otrora imponente Hotel Bagdad, donde Rishawi concede audiencias desde hace poco, recibiendo a todo un desfile de visitantes. Policías, soldados y hombres armados corren por el puente hacia el lugar. Se acordonan las calles, los helicópteros sobrevuelan zumbando, y se oyen en la distancia ocasionales ráfagas de ametralladoras.
Pero dentro del hotel, reina la calma. Llega un camarero para apuntar un pedido para la siguiente ronda de té. Se acerca un guardia, manipulando distraídamente su rifle de asalto, y dispara accidentalmente, agujereando el piso de mármol. El balazo resuena en el alto vestíbulo, provocando un nube de polvo que envuelve brevemente la escena.
Rishawi, regio en una dishdasha blanca nueva, un manto de bordes dorados y un anillo incrustado de diamantes, no se detiene para hablar o mirar al desventurado guardia que es sacado del lugar de manera nada ceremoniosa.
Interrogado sobre sus objetivos políticos, Rishawi no responde directamente.
"Ahora, mi principal objetivo es reunificar a la sociedad y derrotar al terrorismo", dijo. Pero, intercala Dulaimi, "después de alcanzar esos objetivos, las masas preferirán a los nuevos líderes que hicieron algo".
Rishawi asiente.
Los analistas creen que Rishawi está tratando de posicionarse a sí mismo como el legítimo representante de los árabes sunníes y un interlocutor fiable.
A los lados kurdo y chií, hay líderes como el clérigo radical chií Muqtada Sadér, que tienen influencia en el parlamento y también dirigen poderosas milicias, dijo Vali Náser, un experto en Oriente Medio en la Escuela Naval de Posgrado en Monterey. Pero no hay políticos sunníes que controlen a la resistencia, dijo.
"Es por eso que estos líderes tribales son vistos por todos como una promesa", dijo. "Se supone que ellos representan un pedazo del territorio, un pedazo de la gente".
Los líderes tribales chiíes han observado el repentino auge de Rishawi y lo ven como un aliado potencial en la lucha contra los militantes sunníes. El éxito de Rishawi con lograr influir en el financiamiento y entrega de armas al Consejo de Salvación de Anbar y fuentes iraquíes no ha pasado desapercibido.
Sin embargo, para Estados Unidos, trabajar con las tribus tiene sus riesgos.
El sistema tribal iraquí es complejo, con diferentes líderes, o jeques, en todos los niveles.
"Debido a la enorme cantidad de jeques, encontrar a uno con un grado importante de autoridad puede ser todo un reto para los invasores norteamericanos", escribió Sharon Ottrman en un ensayo de 2003 para el Consejo de Relaciones Exteriores.
Aunque los líderes tribales tradicionalmente han sido capaces de unirse en tiempos de crisis, las relaciones son fluidas y frecuentemente hoscas.
"El liderazgo tribal es extremadamente cuidadosa de no parecer que está sometiéndose a alguna prerrogativa o autoridad de otra tribu", dijo el general de brigada de la armada John Allen.
Las tensiones ya empezaron a surgir. Rishawi encabeza una de las ramas más pequeñas de la poderosa confederación tribal Dulaimi. Otras familias en el grupo han lanzado recientemente el Consejo de Jeques Tribales de Al Anbar rival.
La nueva cara pública de la alianza es Ali Hathem Suleiman, cuyo padre fue uno de los líderes más influyentes de la provincia, aunque todavía tiene que demostrar lo que vale. Suleiman dice que apoyó al Consejo de Salvación de Anbar cuando su propósito era combatir a Al Qaeda, pero dice que se ha convertido en un vehículo político para Rishawi.
"Abu Risha quiere ser el jeque de Al Anbar", se quejó, usando el apodo de Rishawi.
Suleiman acusó de corrupción y otros abusos a los miembros del Consejo de Salvación de Anbar.
También advirtió que la política de Estados Unidos de equipar a los miembros de tribus que se incorporen a la policía y unidades auxiliares estaba de hecho armando a las milicias tribales que algún día podrían volver sus armas contra sus benefactores, rivales chiíes o contra ellos mismos.
"Terminaremos con el problema de Al Qaeda", dijo. "Pero entonces tendremos el de las milicias, y Al Anbar estará sentada en un barril de pólvora".

zavis@latimes.com
Tina Susman, Ned Parker, Raheem Salman y Wail Alhafith contribuyeron a este reportaje.

25 de junio de 2007
©los angeles times
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