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vida en un orfelinato en bagdad


[Zeena Kareem y Tina Susman] Encuentran huérfanos maltratados en Bagdad. Ministro de gobierno dice que las fotos de niños famélicos rescatados por tropas norteamericanas, son propaganda.
Bagdad, Iraq. Una fotografía muestra a un niño prácticamente en los huesos, tendido en un suelo descubierto, amarrado con una correa, como si fuese un perro, a los barrotes rosados de una camita de niño. Otra foto muestra a unos niños acurrucados en el suelo, desnudos, uno de ellos manchado con excrementos.
Las escenas son espantosas. Pero casi tan discordante fue la respuesta de un ministro del gobierno iraquí que fue llamado el miércoles a explicar como un orfelinato estatal en la capital podía mantener a esas dos docenas de niños en esas condiciones.
Demostrando que ni los huérfanos se salvan de los ataques políticos que impregnan la vida aquí, el ministro de trabajo y bienestar social acusó a las tropas norteamericanas y a la prensa de exagerar la situación y distribuir las fotografías para obtener ventajas políticas.
"¿Están realmente interesados en lo bien que se trata a esos niños en ese refugio, o es solamente propaganda de su supuesta humanidad?", dijo a los periodistas Mahmoud Mohammed Jawad Radi después de que los militares estadounidenses liberaran esas fotos.
Una declaración de los militares dice que las fotos fueron tomadas el 10 de junio después de que soldados norteamericanos e iraquíes fueran dateados sobre las condiciones de vida en el orfelinato en la comuna de Fajr al oeste de Bagdad.
Hallaron a veinticuatro niños, de tres a quince años. La mayoría de ellos se veían demacrados y débiles, y excrementos humanos cubrían el suelo, dice la declaración. En un cuarto del orfelinato, estanterías llenas de alimentos y ropa limpia yacían intactos, para ser recogidos y vendidos por los empleados adultos, dijeron los militares.
De acuerdo a la declaración, los empleados dijeron que los niños no llevaban más de un mes en el lugar, ya que habían sido trasladados desde un orfelinato mixto en las cercanías cuando se decidió que niños y niñas debían vivir separados.
Radi dijo que las tropas norteamericanas habían brutalizado a los niños al allanar el edificio en mitad de la noche.
"Por supuesto, el refugio no está como debiese, porque está recién abierto y todavía carece de un montón de servicios", dijo cuando se le preguntó por la falta de ventiladores o de aire acondicionado en los cuartos donde duermen los niños. No explicó por qué estaba los niños tendidos en el suelo y no en las camitas con colchones junto a la pared.
Parado junto a Radi, el director del orfelinato, Diyaa Abdul Amir, negó que los niños fueran maltratados. Dijo que las fotografías dadas a conocer por los militares se concentraban en dos niños que sufrían de infecciones a la piel, pero que el resto de los niños estaban sanos.
Para los que trabajan con las crecientes legiones de huérfanos y niños abandonados en Iraq, cualquiera sea la verdad sobre las fotografías el caso ilustra la fragmentación de las familias y vínculos sociales a medida que la guerra afecta económicamente a las familias y las deja incapaces de cuidar de familiares adicionales.
No existen cifras verificables sobre niños huérfanos o abandonados en Iraq, pero Claire Hajaj, del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, o UNICEF, dijo que las tendencias mostradas por las bajas indican que en Iraq el problema, junto con la violencia, se ha disparado. Informes recientes de Naciones Unidas sobre las bajas calculan que la violencia se reclama la vida de cien iraquíes al día, y que el noventa por ciento de ellos son hombres.
Basándose en esos cálculos, "en 2006, debido a la violencia tendremos decenas de miles de niños sin alguno de sus padres", dijo Hajaj. A medida que aumentan las muertes, dijo, la capacidad de ocuparse de los niños huérfanos disminuye a nivel nacional.
Husham Dahabi lo sabe bien. Dirige un hogar privado en Bagdad llamado Dar al Bait al Amin, donde se encarga de tres docenas de niños y adolescentes. Muchos de ellos han huido de las instituciones estatales donde habían sido colocados después de perder a sus padres en la guerra.
El sectarismo y las sospechas que permean Iraq, también afecta a los niños. Un niño de siete llamado Omar cambió su nombre a Ammar para ocultar el hecho de que es un árabe sunní, dijo Dahabi. El hogar está en un barrio musulmán chií.
Dahabi y sus voluntarios conocen los escondites de los niños abandonados y salen a recogerlos en los cafés donde hacen trabajitos, o en las calles donde, entre la basura, buscan latas de refrescos para venderlas en las fábricas.
"No vienen hacia mí", dijo. "Yo voy hacia ellos. Es difícil ganarse su confianza".
Un residente del hogar es un niño de dos años, Mosa, cuya madre murió de leucemia y el padre murió en un atentado con bomba el año pasado. Los tíos de Mosa dijeron que ellos no podían ocuparse de él. Otro, Saïf, fue llevado a Dahabi hace algunos meses por un tutor provisional que lo había encontrado llorando y sangrando en el lugar donde la explosión de un coche bomba había matado a sus padres.
Algunos se esfuerzan por adaptarse a la vida en un sitio protegido, después de haber vivido en la calle. Cuando vuelve por la noche, dice Dahabi, los encuentra a menudo con sus camisetas estiradas hasta abajo para cubrir sus cuerpos, un hábito de los niños de la calle que tratan de protegerse de los elementos.
"En el inconsciente de sus mentes, no pueden olvidar su vida en la calle", dijo.
En cuanto a los niños encontrados en la institución allanada recientemente, los miembros del Consejo Asesor del Vecindario han logrado que algunos de ellos vuelvan de momento al orfelinato mixto. Radi dijo que algunos habían huido, no porque hubiesen hecho nada malo, sino por miedo a los soldados norteamericanos.

tina.susman@latimes.com

Saad Khalaf contribuyó a este reportaje.

22 de junio de 2007
21 de junio de 2007
©los angeles times
©traducción mQh

rss

choques en la insurgencia sunní


[Ned Parker, Said Rifai y Saif Hameed] Los nacionalistas combaten contra al Qaeda en una comuna de la capital que está harta del extremismo y del derramamiento de sangre indiscriminado.
Bagdad, Iraq. Combatientes aliados de al Qaeda se enfrentaron esta semana a civiles iraquíes y un grupo rebelde nacionalista en la comuna de Amariya al oeste de Bagdad en lo que es un reciente indicio de la creciente lucha interna en la agitada comunidad árabe sunní de Iraq.
Los enfrentamientos en el suburbio, ocupado durante el régimen de Saddam Hussein por una elite de funcionarios civiles y oficiales militares, parecen ser una prolongación de la lucha contra al Qaeda en Iraq en la vecina provincia de Al Anbar y en el suburbio de Abu Ghraib al oeste de Bagdad.
En los últimos meses, líderes tribales árabes sunníes se han vuelto contra el grupo fanático, expresando indignación por el enorme número de bajas civiles a manos de los extremistas.
El derramamiento de sangre empezó el miércoles, supuestamente por una prohibición impuesta por al Qaeda sobre el tráfico que impidió que los niños hicieran sus exámenes. La policía dijo que intervinieron fuerzas norteamericanas e iraquíes, con tropas terrestres y helicópteros de guerra.
Por temor a nuevos enfrentamientos el vecino Abu Mohammed, 36, dijo que se había quedado en casa el viernes, utilizando una de las calles secundarias para ir a la panadería. Su viaje encubierto le tomó tres horas y la violación del toque de queda. "Hoy ya no están peleando, no hemos oído ni un solo tiro. Las tropas americanas están en toda Amariya".
El distrito se ha convertido en un bastión de al Qaeda en Iraq desde fines de 2004, cuando los militantes que huían de la ofensiva norteamericana en Faluya convirtieron la comuna en su enclave.
Durante su reinado, la vida se ha hecho insoportable, dijo Abu Mohammed. Los barberos cerraron sus tiendas, por temor a ser asesinados por cortar el pelo a la americana. La gente tenía terror de terminar como uno de esos cadáveres que quedan en las calles durante días, y que terminan siendo comidos por los perros.
Las tensiones han aumentado desde octubre, cuando combatientes asociados a al Qaeda unieron sus fuerzas en un grupo paraguas llamado el Estado Islámico de Iraq en un intento de reunir a toda la insurgencia sunní.
Abu Ibrahim, 40, comandante del grupo nacionalista conocido como Ejército Islámico, dijo que los combatientes de al Qaeda habían empezado a asesinar a ex oficiales iraquíes. Abu Ibrahim acusó a extremistas sunníes de estar a la paga de Irán y de matar por ellos a ex oficiales.
"Pensamos que lo hacen por orden de los iraníes y continuar así recibiendo fondos y armas mientras implementan su propio programa", dijo.
"Yo diría confidencialmente que les llevamos la delantera porque la mayoría de la gente aquí se quiere deshacer de al Qaeda", dijo Abu Ibrahim. "Siempre ha habido tensiones entre nuestra organización y al Qaeda. Nunca estuvimos de acuerdo con sus métodos, con el asesinato de civiles y de llevar a cabo operaciones sin considerar los posibles daños colaterales".
Abu Ibrahim dijo que los enfrentamientos empezaron el miércoles cuando al Qaeda mató a un enviado del Ejército Islámico, que pidió al grupo que abandonara la zona.
Al menos dos transeúntes murieron en los enfrentamientos en la Calle de la Miel de Amariya, que conecta las dos principales arterias de la comuna, dijo Abu Ibrahim. Un camarógrafo del canal de noticias en árabe financiado por Estados Unidos Al Hurra murió durante la batalla el jueves.
Un representante del Consejo de Salvación de Anbar, la organización de los líderes tribales que lucha contra al Qaeda al oeste de Iraq, dijo que tenía activistas en Amariya que alentaban a la gente a hacer frente a los extremistas musulmanes.
Al Qaeda y grupos insurgentes rivales parecen nerviosos sobre el emergente cisma, temerosos que de los norteamericanos y la mayoría musulmana chií de Iraq lo exploten.
Un grupo militante sunní llamado la Brigada de la Revolución de 1920 emitió una declaración en internet el viernes condenando los choques en Amariya después de que algunos vecinos dijeran que el grupo armado se había unido a la lucha contra al Qaeda. El comandante de la Brigada de la Revolución de 1920 fue asesinado en marzo por militantes de al Qaeda.
"Hemos recibido informaciones y nos apenan las luchas internas entre hermanos en Amariya. No se supone que deban pasar estas cosas en tiempos tan convulsionados. Nuestros rifles deben apuntar contra la ocupación y las milicias sectarias", dice la declaración.
El grupo dijo que había sufrido "luchas internas" en el pasado, pero que había aprendido de los errores cometidos.
El teniente general del ejército, Raymong T. Odierno, dijo el jueves a periodistas que los jefes militares norteamericanos esperaban llegar a acuerdos con grupos insurgentes a nivel local en un intento de estabilizar Iraq.
El experto en contraterrorismo Bruce Hoffman, de la Universidad de Georgetown, especuló que la muerte del fundador de al Qaeda en Iraq, Abu Musab Zarqawi hace un año, había allanado el camino de la revuelta contra el dominio del grupo de la insurgencia sunní.
"Me pregunto si habrían sido tan osados con Zarqawi vivo", dijo Hoffman.
Los militares norteamericanos informaron sobre la muerte de tres soldados estadounidenses en los últimos tres días en la región de Bagdad. Las bajas llevaron el número de militares norteamericanos muertos en la guerra de Iraq a 3.478, de acuerdo a la página web icasualties.org
El viernes murieron tres niños cuando un tanque estadounidense abrió fuego contra tres hombres de los que sospechaban que estaban colocando bombas en una autopista al sudeste de Faluya, dijeron los militares en una declaración.
En otros desarrollos, Abdelaziz Hakim, jefe del Consejo Supremo Islámico Iraquí, volvió a Bagdad después de completar su primer tratamiento contra un cáncer de pulmón en Irán, informó la página web de su partido el viernes.
Hakim, que encabeza el bloque chií en el parlamento, fue diagnosticado el mes pasado en un centro médico de Houston y se dirigió a Teherán para una primera ronda quimioterapia. Hakim, un aliado clave de Estados Unidos que tiene reputación de halcón en temas como la reconciliación con los que sirvieron durante el régimen baazista de Hussein, es fundamental en cualquier plan norteamericano de estabilización de Iraq.
El viernes no hubo noticias sobre el destino de los cinco británicos que fueron secuestrados el jueves en el edificio del ministerio de Economía. Se piensa que están retenidos por una milicia chií en Ciudad Sáder, en Bagdad.
La policía iraquí dijo que un allanamiento militar norteamericano-iraquí al alba en Ciudad Sáder terminó con un chofer de ambulancia muerto y su hija de siete años herida. Los militares norteamericanos dijeron que no tenían información sobre el incidente.
Se encontraron quince cuerpos en los alrededores de la norteña ciudad petrolera de Kirkuk, que se ha visto asolada por tensiones étnicas, dijo la policía. Un político turcomano fue matado a balazos el viernes noche en las afueras de la ciudad, informó la policía.
En un incidente no relacionado, cinco guardias de seguridad fueron secuestrados en un crucial empalme de un oleoducto a unos 65 kilómetros al sur de Kirkuk, dijo la policía.
Dos personas murieron en un atentado con bomba en los alrededores de Bagdad, y se encontraron en la ciudad otros quince cadáveres. Diez iraquíes murieron y otros treinta resultaron heridos en un ataque de morteros contra el barrio mixto sunní-chií de Umm al Maalif, al sudeste de Bagdad.

ned.parker@latimes.com

Mohammed Rasheed, Suhail Ahmad y Raheem Salman contribuyeron a este reportaje.

17 de junio de 2007
2 de junio de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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refugiadas iraquíes en siria


[Katherine Zoepf] Refugiadas iraquíes y el comercio sexual en Siria.
Maraba, Siria. En casa en Iraq, la hija de Umm Hiba era una devota colegiala, modesta a la hora de vestirse y seria con sus estudios. Hiba, que ahora tiene dieciséis, llevaba el hijab, el pañuelo de cabeza, y empezaba cada día con las oraciones del alba antes de clases.
Pero eso fue antes de que las milicias empezaran a amenazar su barrio bagdadí y, en la primavera pasada, Umm Hiba y su hija huyeran allá. Allá no había trabajo, y el anciano padre de Umm Hiba tuvo complicaciones en relación con su diabetes.
Desesperada, Umm Hiba siguió el consejo de un conocido iraquí y llevó a su hija a trabajar en un club nocturno junto a una autopista, conocido por la prostitución. "Los iraquíes éramos gente orgullosa", dijo, elevando la voz sobre el estruendo de los altavoces del club. Indicó a su hija, bailando con otras dos docenas de chicas en el escenario, con un vestido rosado de seda con estrechos tirantes, sus delicadas espaldas bañadas por las luces de colores.
Mientras Umm Hiba miraba, un hombre de edad mediana trepó a la plataforma y empezó a bailar bruscamente, sacudiendo los brazos, entre las chicas.
"En la guerra perdimos todo", dijo. "Incluso nuestro honor". Insistió en ser identificada solamente con una parte de su nombre -Umm Hiba quiere decir ‘madre de Hiba'.
Para cualquiera que viva en Damasco en estos días, el hecho de que algunas refugiadas iraquíes estén vendiendo sexo o trabajando en burdeles en difícil de ignorar.
Incluso en el centro de Damasco, los hombres hablan abiertamente de ocasiones en que han sido aproximados por chulos pescando clientes frente a tiendas de jugos y puestos de shawarma , y de mujeres acercándose a los hombres que pasan, algo impensable en la cultura árabe, y preguntando en un árabe con un pesado acento iraquí si quieren "una taza de té".
De día, la calle que conduce de Damasco al antiguo convento de Saidnaya es a menudo obstruida por peregrinos cristianos y musulmanes que esperan alguno de los milagros atribuidos a un retrato de la Virgen María en el convento. Pero como te contará cualquier taxista damasquino, el barrio de Maraba de esta famosa ruta de peregrinación se está haciendo rápidamente mejor conocido por su activo comercio en prostitutas iraquíes.
Muchas de estas mujeres y muchachas, entre ellas algunas adolescentes, son refugiadas recientes. Algunas fueron engañadas u obligadas a prostituirse, pero la mayoría de ellas dijo que no tienen otro modo de mantener a sus familias. Como grupo, representan uno de los síntomas más visibles de la crisis de los refugiados iraquíes que ha estallado en Siria en los últimos meses.
De acuerdo al alto comisionado para los refugiados de Naciones Unidas, cerca de 1.2 millones de refugiados iraquíes están viviendo en Siria; el gobierno sirio calcula que la cifra es mayor.
Dada la deteriorada situación económica de esos refugiados, un informe de Naciones Unidas constató el año pasado que muchas chicas y mujeres en "extrema necesidad" se prostituyen, en secreto o incluso con el conocimiento o participación de sus familiares. En muchos casos, agregaba el informe, "el jefe de familia lleva a la casa los clientes".
Los socorristas dicen que miles de mujeres iraquíes trabajan como prostitutas en Siria, y señalan que a medida que aumenta la violencia en Iraq, la población de refugiados incluye a más familias dirigidas por mujeres y mujeres solas.
"Están llegando muchas mujeres iraquíes que viven por su cuenta con sus hijos porque los hombres de sus familias han sido asesinados o secuestrados", dijo Sor Marie-Claude Naddaf, una monja siria del convento del Buen Pastor en Damasco, que ayuda a las refugiadas iraquíes.
Dijo que el convento había encuestado a las refugiadas iraquíes que viven en Masaken Barzeh, en las afueras de Damasco, y contado en un barrio chico 119 familias dirigidas por mujeres. Algunas de las mujeres, que buscan trabajo fuera de casa por primera vez y viven en un país con una alta tasa de desempleo, descubren que sus únicos recursos comercializables son sus cuerpos.
"Hace poco conocí a tres cuñadas que vivían juntas y se prostituían", dijo Sor Marie-Claude. "Salen a trabajar en noches alternadas -cada mujer hace un turno- y luego dividen el dinero para alimentar a sus hijos".
Durante más de tres años después de la invasión norteamericana de Iraq en 2003, la prostitución iraquí en Siria, como toda otra prostitución, era un tema prohibido para el gobierno sirio. Como la drogadicción, el comercio sexual tiende a ser considerado, en los órganos de prensa locales, como actos contra la decencia. Pero Dietrun Günther, una funcionaria de la ofician en Damasco de la agencia de Naciones Unidas para los refugiados, dijo que el gobierno estaba al fin rompiendo el silencio.
"Estamos preocupados especialmente por las niñas que están involucradas, y que están siendo obligadas, incluso introducidas clandestinamente en Siria, en algunos casos", dijo Günther. "Hemos tenido conversaciones con el gobierno sirio sobre la prostitución". Calificó la nueva disposición de los funcionarios como "un gran paso".
Mouna Asaad, una abogada siria de los derechos de la mujer, dijo que el gobierno había sido sorprendido por la dimensión de la población refugiada iraquí que estaba llegando al país. Siria no exige visas a los ciudadanos de países árabes, y su gobierno ha jurado ayudar a los iraquíes en necesidad. Pero este país de diecinueve millones de habitantes no estaba preparado para abordar esta repentina llegada de cientos de miles de refugiados, dijo Asaad.
"A veces ves familias enteras que viven de este modo, y las niñas son obligadas a prostituirse por sus madres o tías", dijo. "Pero la prostitución no es el único problema. Nuestras escuelas están atiborradas, y los precios de los servicios, los alimentos y el transporte han subido. No tenemos una infraestructura adecuada para solucionar estos problemas. No tenemos refugios ni centros de salud que puedan atender a estas mujeres. Y debido a la situación en Iraq, Siria no está deportando a estas mujeres".
La mayor parte de esta prostitución semiorganizada toma lugar en las afueras de la capital, en clubes nocturnos conocidos como casinos -un eufemismo local, porque no se juega a nada en esos locales.
En el Al Rawabi, un exclusivo club nocturno en Al Hami, hay incluso un espectáculo en vivo con un tema iraquí. Una noche hace poco, los camareros trajeron bandejas con tentempiés: patatas fritas francesas y corazones de pollo asados envueltos en papel de aluminio en forma de diamantes. Una banda de diez músicos se preparaba para actuar y un maestro de ceremonias dio la tradicional, recargada introducción en árabe: "Os presento a la joya de todos los escenarios, a la ladrona de corazones, a la mujer de garganta de oro, a la glamorosa artista: María".
María, una pechugona y joven mujer, subió al escenario y empezó a cantar una triste balada. "Iraq es la única patria que tengo", cantó. "Volvería arrastrándome en mis rodillas". Otras cuatro mujeres, todas luciendo variaciones de estampados de leopardo, daban vueltas en el escenario, sacudiendo sus cabelleras en salvajes círculos. Los focos del escenario habían sido provistos de filtros de colores que daban a la piel de las mujeres un tinte verdusco.
Los clientes de Al Rawabi miraban tranquilos a María, reclinándose en sus sillas y bebiendo Johnnie Walker Black. El enorme salón olía fuertemente a sudor mezclado con el tabaco de manzana de decenas de pipas de agua. Cuando María terminó de cantar, no aplaudió nadie.
Cogió nuevamente el micrófono y empezó, según lo llamó ella, un saludo a Iraq, nombrando a muchas de las mujeres iraquíes en el club y destacando "muy especialmente" a una de las mujeres con estampado de leopardo que había bailado con ella, "mi mejor amiga, Sahar".
Después de que las bailarinas descendieran del escenario y se repartieran por el salón para hablar con los clientes, Sahar dijo a un visitante que era de la comuna de Dora, en Bagdad, pero que se había marchado "por los problemas". Luego le dijo que saldría del club con él por doscientos dólares.

Los socorristas dicen que cincuenta a setenta dólares es un buen salario para una noche de una prostituta iraquí en Damasco. Y algunas de las bailarinas iraquíes en los atestados casinos de los suburbios de Damasco ganan mucho menos.
En Maraba, Umm Hiba no quiso decir cuánto dinero llevaba su hija a casa al final de la noche. Observando su reluctancia, el encargado del club, que se presentó a sí mismo como Hassan, interrumpió orgulloso.
"Nos aseguramos de que cada chica termine la noche con al menos quinientas liras, sin importar lo malo que haya estado la jornada", dijo, mencionado una suma de unos diez dólares. "Comprendemos la situación de la gente iraquí. Y tratamos de dar una ayuda extra a las chicas cuyas familias pasan por dificultades especiales".
Umm Hiba sacudió la cabeza. "Es verdad que los encargados son buenos, que nos están ayudando y que no roban el dinero de las chicas", dijo. "Pero estoy tan confundida.
"¿Usted cree que nos pone contentas que esos hombres del golfo vean a nuestras hijas desnudas?"
La mayoría de los llamados casinos no parecen actuar de intermediarios directos entre las prostitutas y sus clientes. Zafer, un camarero del club donde trabaja Hiba, dijo que el club hacía su dinero con la venta de comida y alcohol, y que las bailarinas eran estimuladas a acompañar a los clientes y pedir bebidas para aumentar los ingresos.
Zafer, que habló a condición de que se usase sólo su nombre de pila, se negó a decir qué mujeres y chicas del club hacían el trabajo, pero dijo que la mayoría de ellas vendían servicios sexuales. "Tienen una tarifa por hora", dijo. "Y tienen clientes habituales".
Las baratas prostitutas iraquíes han contribuido a hacer de Siria una destinación popular para los turistas que buscan sexo de países más ricos de Oriente Medio. En el estacionamiento del club, casi la mitad de los coches tenían matrículas saudíes.
Desde Damasco, cruzando Jordania, sólo se tarda seis horas en llegar a la frontera saudí. Siria, donde es relativamente fácil comprar alcohol y bailar con mujeres, es popular como destino barato de los fines de semana para grupos de hombres saudíes.
Y aunque algunas mujeres de otras nacionalidades, incluyendo a rusas y marroquíes, todavía trabajan como prostitutas en Damasco, Abeer, 23, de Bagdad y que trabaja en el mismo club que Hiba, dijo que la llegada de las iraquíes había dejado a muchas de ellas sin trabajo.
"Según lo que he visto, del setenta al ochenta por ciento de las chicas que trabajan en este negocio en Damasco, son iraquíes", dijo. "Los alquileres aquí en Siria son demasiado caros para sus familias. Si vuelven a Iraq, las matarán, y este es el único trabajo disponible".

12 de junio de 2007
29 de mayo de 2007
©new york times
©traducción mQh
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la vida en el infierno de bagdad


[Terry McCarthy] La reconciliación política tomará años.
Abu Taha, un hombre corpulento y risueño, padre de dos niños, vive a un par de cuadras de nuestra casa en Bagdad. Yo llegué aquí a cubrir la guerra para ABC News en julio pasado, y uno de los pocos placeres que he encontrado es sentarme con él en el tejado de su casa, donde cría palomas en una serie de palomares. En la tarde, cuando el sol arroja una luz anaranjada sobre los edificios, las suelta, y ellas vuelan describiendo amplias espirales sobre el vecindario, haciendo círculos sobre la cúpula de una mezquita, eludiendo las hélices de los helicópteros Black Hawk que se dirigen hacia la Zona Verde, planeando sobre el río Tigris antes de volver al puñado de semillas con que las seduce. Sólo aquí, dice Taha, se siente tranquilo, alejando a su mente de las explosiones, balaceras y ataques de proyectiles que sacuden Bagdad. Sus pájaros vuelan libres sobre las mortíferas calles de esta ciudad, sin los obstáculos de los puestos de control, de los embotellamientos del tráfico, de los jóvenes indignados con armas y explosivos. En estos días, sólo los pájaros pueden ir adónde quieren en Bagdad.
Hace dos semanas y media, dos de mis amigos, Alaa Uldeen Aziz, un camarógrafo, y Saif Laith Yousuf, su sonidista, se dirigían a casa después de salir de nuestras oficinas. Fueron detenidos por dos coches llenos de hombres armados a apenas cien metros de la casa de Alaa, sacados a empujones y secuestrados. Más tarde descubrimos que los habían asesinado. No sabemos si los mataron porque trabajaban para una red estadounidense, por su religión o simplemente porque estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado. De cualquier modo, fueron víctimas inocentes de la violencia que está terminando con la humanidad de esta ciudad: un padre de dos niñas que todavía no entienden por qué papá no vuelve a casa, y un hombre cuya novia lo llamaba al celular cada hora para comprobar que estaba bien.
Estábamos con las dos familias, un viernes en la tarde, en una zona segura fuera de su vecindario, ofreciendo las condolencias que podíamos. Yo tenía que dar las excusas; ni yo ni ninguno de mis colegas podríamos ir a los funerales, porque su vecindario simplemente es demasiado peligroso para nosotros. Las dos familias lo entendieron y dijeron que pensaban decirnos que no nos apareciéramos por allá por el mismo motivo. No se habló del hecho de que en muchas partes de Bagdad, que te visite un extranjero en tu casa pone en peligro a todos sus habitantes.
La madre de Alaa había querido que su última morada estuviese junto a la de su padre en un cementerio en Bagdad central. Sus primos tuvieron que disuadirla: La zona está cercada por francotiradores, y ahora es demasiado peligroso entrar a ese cementerio. Ella se lamentó por la crueldad de una ciudad que no le permite sepultar a su hijo.
En Bagdad hay peligro en todas partes. La vida aquí es una continua serie de análisis de riesgos. Desde el momento en que la gente se despierta, tienen que controlar si es seguro o no salir de casa. ¿Se oyen más tiros que lo normal? ¿Se ha visto a desconocidos recorriendo el vecindario? ¿Hay algo nuevo de lo que deba uno precaverse?
Cualquier cosa fuera de lo común es motivo de temor. Un amigo que vive al sudoeste de Bagdad dice que hace poco un hombre estacionó un coche en la calle principal frente a su edificio de apartamentos y se echó a correr. Pero lo vio un carnicero, que llamó a una patrulla norteamericana. Las tropas acordonaron la zona y desactivaron lo que resultó ser una enorme bomba en el interior del coche sospechoso. El valiente carnicero corría riesgo de todos modos: Su tienda podría haber volado por los aires, y ahora corre el riesgo de recibir un balazo de los insurgentes, en represalia por haber informado a los norteamericanos.
La siguiente decisión de la mañana es: ¿Es seguro enviar a los niños a la escuela? ¿Han estallado bombas recientemente en la ruta hacia la escuela? ¿Se ven seguras las calles? ¿Hay nuevas octavillas que los insurgentes hayan pegado a las paredes del barrio durante la noche? La mayoría de los padres con los que hablo, dejan a sus hijos dos o tres días de la semana en casa, como precaución.
Luego tienes que pensar en ti mismo. ¿Es seguro cruzar la ciudad para ir al trabajo? ¿No sería mejor tomar el taxi de algún chofer de confianza? Esto implica un cálculo asombrosamente complejo. Los taxis son más caros, pero las colas de la gasolina para los coches particulares son largas, y las gasolineras son frecuentemente atacadas por los terroristas. En los puestos de control, la policía tiende a revisar los autos particulares más a menudo que los taxis. Pero los taxistas sunníes no entran a zonas chiíes, ni los chiíes a zonas sunníes. A veces cruzar la ciudad implica tomar dos taxis para cruzar las fronteras sectarias que han surgido en todas partes -sin marcadores, pero que todo el mundo conoce porque son asunto de vida o muerte para todos los que usan las calles.
La tercera posibilidad es viajar en autobús, sea en los pequeños Kias (minibuses coreanos) o en los Tatas más grandes (autobuses indios). Los dos tipos de vehículo han sido atacados por terroristas suicidas; en estos días, un ayudante del conductor revisa a todos los hombres antes de que aborden, para asegurarse de que no ocultan ningún explosivo debajo de la chaqueta.
Habiendo evaluado todo eso, el bagdadí promedio ya estará listo para salir de su casa y empezar un nuevo día, en una ciudad que se ha convertido en un infierno en la Tierra. En Bagdad, como en el ‘Infierno' de Dante, pasas de un círculo a otro, cada uno peor que el anterior. Un amigo que vive en una barriada chií al este de Ciudad Sáder estaba hablando con un hombre que había perdido hace poco a un hijo en un atentado. "Me da vergüenza hablar sobre ello", dijo el afligido padre. "¿Por qué?",preguntó mi amigo, tratando de consolarlo, pensando que su amigo pensaba que la muerte de su hijo era de algún modo su culpa. La réplica lo hizo guardar silencio. "Porque mi vecino perdió a todos sus hijos en un atentado con coche bomba".
Aquí los coches bomba puntúan la vida con una persistente malevolencia. Se han hecho más frecuentes desde que las tropas norteamericanas empezaran la campaña de seguridad hace tres meses. Suficientemente ruidosas como para ser oídas en gran parte de la ciudad, lanzan al aire rápidamente una característica columna de humo negro, que proviene de la vaporización instantánea de las llantas en el calor de la explosión.
Los terroristas llevan el terror a tareas tan rutinarias como salir de compras. Los mercados fueron un blanco favorito de los terroristas suicidas hasta que los norteamericanos empezaron a detener todos los vehículos que se dirigieran a los mercados durante horarios de apertura al público. Ahora los rebeldes envían a terroristas suicidas a pie. De los hombres que conozco, pocos permiten que sus mujeres hagan las compras en los grandes mercados.
Bagdad tampoco puede reconfortarse con la oración. Los rebeldes sunníes han estado colocando bombas en santuarios chiíes, y los milicianos chiíes se han vengado atacando a los sunníes cuando estos salen de las mezquitas. A medida que la religión ha sido secuestrada por los extremistas, la oración pública de los moderados se ha convertido en una indulgencia imposible; ahora, las mezquitas e iglesias están por lo general vacías.
La constante amenaza de violencia ha cambiado la cara de la ciudad. Conducir en Bagdad ahora es como navegar por el laberinto de un videojuego; para disuadir a los terroristas, murallas de tres metros y medio en forma de T invertida, más convenientes para cárceles de alta seguridad, se elevan junto a las calles y en los exteriores de muchos edificios. Desde la ventanilla de un coche en movimiento, todo lo que se puede ver es una continua raya de concreto gris. Las ocasionales aperturas en las murallas tienen vallas protectoras, clavos antillantas y hombres armados agachados detrás de sacos de arena, a menudo con pasamontañas negros y gafas de sol para no ser identificados. Estos guardias usan espejos de asa larga para mirar debajo de los coches, para detectar bombas; tienen perros adiestrados para olfatear explosivos, incluso máquinas de rayos equis del tamaño de un camión que pueden mostrar el contenido de los vehículos que pasan. Sin embargo, los terroristas siguen eludiendo los controles. La forma de T invertida de las murallas tiene por objeto canalizar la explosión de las bombas hacia arriba, reduciendo así los daños a la zona circundante.
En la calle de Saadoun en el centro de Bagdad, se reunió hace poco un grupo de artistas para componer escenas de la antigua Babilonia en algunas de esas murallas: las glorias de hace cuatro mil años pintadas sobre los fracasos de hoy. Ni el maquillaje más espeso puede ocultar el temor. En la parte norte de la ciudad, las tropas norteamericanas empezaron a construir un muralla de cinco kilómetros de largo en torno al barrio sunní de Adhamiyah para protegerlo de un barrio chií vecino. Mi amigo Ahmed, un dentista con una clínica cerca de Adhamiyah, cree que la muralla es una muy mala idea. "Hará las cosas peor, hará más permanentes las divisiones entre chiíes y sunníes", dice. "Esto no es lo que quiere la gente de Bagdad". Ahmed es mitad sunní, mitad chií, y las pesadas murallas del sectarismo lo están aplastando por los dos lados.
Cuando las palomas de Abu Taha revolotean en el cielo azul, me hacen evocar tiempos mejores en esta gran ciudad -un cruce para árabes, turcos y persas, la vieja capital de los califas de Abbasid que produjo tesoros intelectuales y artísticos, así como atroces masacres y destrucción. Tal como ambiciosos estadounidenses y otros se hacen camino hacia Nueva York, también los más brillantes de Oriente Medio venían siempre a Bagdad. Pero hoy las aptitudes que se perfeccionan aquí son los coches bomba, los francotiradores, la tortura y las ejecuciones -no la música ni la literatura árabes.
Las palomas de Abu Taha encuentran siempre, de algún modo, el camino de regreso y Bagdad, de algún modo, también sobrevivirá este tenebroso período. Pero habrá perdido a mucha gente buena, incluyendo a Alaa y Saif. Muchos fantasmas rondarán por sus calles. La guerra llegó rápido a esta ciudad; la paz volverá lentamente, arrastrando sus terribles y culposos recuerdos de lo que se hicieron unos a otros con armas, bombas, cuchillos, taladros eléctricos. La reconciliación política tomará años. Limpiar el alma de Bagdad, generaciones.

terrymccarthy1789@hotmail.com

11 de junio de 2007
3 de junio de 2007
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entre bombas y francotiradores


[Garrett Therolf] Soldados luchan su ‘Álamo'. Tropas norteamericanas de la campaña de seguridad en Iraq enfrentan a desesperantes enemigos: francotiradores y bombas.
Bagdad, Iraq. La sección de dieciséis hombres Ft. Hood, Texas, usa como puesto de avanzada un destartalado recinto de la policía nacional iraquí. Pollos, pavos y ovejas deambulan por el jardín, inundado por el desbordamiento de un pozo séptico. Durante algunas horas, los soldados se aventuran fuera todos los días, hacia las peligrosas calles que eran antiguamente un elegante barrio árabe sunní.
Dirigidos por un graduado de West Point de 24 años, los estadounidenses zigzaguean con sus todoterrenos entre mansiones ocupadas por combatientes sunníes que disparan contra ellos desde los tejados, entierran bombas en las calles y evaden los allanamientos con la ayuda de dos hombres apodados los ‘gemelos desgreñados', que comunican por walkie-talkie la posición de la sección casi en cada esquina.
Durante la noche, los soldados permanecen en cuarteles improvisados, curando sus heridas y tratando de mantener cualquier avance que hayan logrado durante el día en los ahora derruidos distritos de Amiriya y Khadra.
El último plan de seguridad iraquí-norteamericano, que se basa en la instalación de bases en vecindarios y en la mantención de un contacto más estrecho con la comunidad, es más intenso y enfocado aquí que en el oeste de Bagdad, donde las fuerzas iraquíes luchan diariamente contra los insurgentes musulmanes sunníes y los combatientes islámicos extranjeros.
Este mes han muerto cinco soldados norteamericanos en Ameriya, víctimas de artefactos explosivos improvisados [IED], y de francotiradores. Desde la llegada en febrero de tropas adicionales, en la zona de 2.5 kilómetros cuadrados patrullada por la sección del teniente primero Schuyler Williamson y otros del Primer Batallón, Quinta Caballería, se han encontrado o explotado enterrados en las calles o en las bermas trescientos artefactos explosivos IEDs. Un mapa de la inteligencia del ejército usa pequeños símbolos de explosiones en rojo para marcar la ubicación de las bombas. Los símbolos cubren calles enteras.
Aquí ahora los soldados declaran abiertamente su pesimismo en cuanto a las posibilidades de éxito de la misión, refiriéndose a su recinto fuertemente fortificado como su ‘Álamo'.
"A veces", dijo Brendan Gallagher, el capitán a cargo de Williamson, "nos consolamos del hecho de que estamos aguantando un montón de bombas y de bajas diciendo que el enemigo está desesperado, que lo están haciendo porque están asustados. Pero ¿cuántas veces se pueden desesperar? A veces me preocupo de que este período aquí va a terminar como su campaña, no la nuestra".

Milicia Tejana
En sus todoterrenos, los soldados de la sección de Williamson han patrullado Iraq codo a codo desde noviembre. Entre ellos está el sargento Andrew Zamacona, apodado ‘Tackleberry' por el personaje de la película ‘Loca academia de policía' [Police Academy], que está siempre disponible para una pelea. También está el soldado raso Alonzo Duncan, un ex mecánico que se volvió a enrolar hace dos años, a los cuarenta. Lo apodaron ‘Blue', por un personaje de la película ‘Aquellas juergas universitarias' [Old School], que quiere unirse al club de estudiantes en su vejez.
Cuando patrulla Khadra, Williamson se llama a sí mismo el gobernador de Texas. Se refiere a sus soldados como la milicia tejana.
En el curso de los últimos cuatro días, sus soldados fueron impactados repetidas veces por artefactos explosivos, uno de los cuales perforó el pie del médico del ejército, por lo que fue enviado a casa. La sección también fue atacada por francotiradores; una bala rozó los dedos de un capitán de la policía nacional iraquí que acompañaba a los norteamericanos en una patrulla conjunta.
Los puestos de control operados por la policía iraquí en dos puntos de entrada a Khadra fueron atacados varias veces en un día, y el 15 de mayo un cuerpo profanado que se cree era el de un policía iraquí fue encontrado en Amiriya colgando de una farola.
El coronel J.B. Burton, el comandante de la brigada que incluye a la sección, reconoce las dificultades pero dice que las tropas norteamericanas e iraquíes están haciendo progresos en otras partes del país. "Las tropas en Khadra y Amiriya no siempre lo ven", dijo.
Por su sacrificio, las tropas aquí han sido capaces de obtener avances mínimos al aumentar el contacto con la población iraquí, ayudando a retirar la basura, a entregar combustible, a reparar el alcantarillado y a entregar otros servicios básicos. También continúan siendo distraídos por la búsqueda, tediosa y en gran parte inútil, de sus atacantes. Williamson dijo que detienen a un sospechoso por cada quince explosiones.
El 14 de mayo, un lunes, los soldados empezaron una persecución en Camp Liberty, donde habían estado descansando de su puesto en Khadra, disfrutando de café cortado y sémola con queso en la extensa base militar cerca del aeropuerto de Bagdad. Antes en el día un vehículo Bradley había pisado una bomba enterrada en una calle a unos quince minutos de Amiriya, y la sección fue enviada a realizar un allanamiento casa por casa para atrapar a los responsables.
Antes de salir de Liberty, los hombres formaron un círculo en el calor del mediodía, con los brazos sobre los hombros, y recitaron: "Señor, por favor llévanos a casa a nuestras familias".
En los atiborrados cuarteles de Bradley, el recluta de veinte años Optaciano Araujo llevaba su M-4 con 210 cartuchos de municiones y una fotografía de su hija de cuatro meses a la que no ha visto nunca, pegada en la culata de su arma. Dijo que ha estado dos veces en vehículos que fueron impactados por artefactos explosivos, y su convoy fue impactado ocho veces más.
"Nos van a disparar cuando estemos parados en la mitad de la calle", dijo.
Una vez en Amiriya, los soldados llamaron a una puerta. Una mujer respondió con una sonrisa, sus manos cubiertas de masa. La rodeaban cinco niños, incluyendo un niñito desnudo.
En el chalet de dos pisos, el suelo estaba cubierto de ropa sucia. La mujer y su marido dijeron que ellos hacían galletas para vivir, y las galletas estaban desparramadas entre la ropa.
Como casi la mitad de las cuatro docenas de personas entrevistadas ese día en Amiriya, la pareja, de árabes sunníes dijeron que vivían en la casa desde hacía sólo algunas semanas. Dijeron que habían abandonado su vecindario después de recibir una carta con amenazas escrita por la milicia Al Mahdi del radical clérigo musulmán chií Muqtada Sáder.
El sargento segundo Saúl Astrada, de Calexico, California, pidió a la mujer documentos que demostrasen que ella tenía derecho a vivir en esa casa.
El intérprete iraquí que trabajaba con la patrulla preguntó a Astrada por qué, ya que sólo funcionarios iraquíes tienen derecho a expulsar a los okupas.
"Para matar el tiempo", replicó Astrada, 23, agregando, aludiendo al calor de ese día: "¿O quieres volver a la parte de atrás del Bradley?"
Los niños se acurrucaron en un rincón, recorriendo rápidamente el cuarto con los ojos, mirando a los soldados mientras estos revisaban los armarios a la búsqueda de papeles.
Quince minutos después todavía no habían encontrado nada y los soldados se marcharon sin detener a nadie. "Un allanamiento de mierda", murmulló Araujo.
La escolta de tanques continuó hasta llegar al sitio de la explosión de la mañana, y los soldados se dispersaron para realizar más allanamientos. Durante horas detuvieron a la mayoría de la gente en la calle, por sospechas de que estaban tratando de evadir a otros soldados estadounidenses.
Algunos vecinos invitaron a las tropas a visitar sus bien cuidadas casas y entraron a una con descoloridos sofás de terciopelo rojo y retratos de niños en la nevera. La mayoría de las casas eran espartanas carcasas ocupadas por gente que dijeron que vivían ahí hacía sólo unas semanas, a veces hasta tres familias en una residencia. Ninguna pudo mostrar contratos de alquiler.
Cuando el sol empezó a ocultarse y los soldados se cansaron, muchos de ellos se sentaron en el patio de un viejo que les había ofrecido té y había trasladado su sofá hasta el jardín dentro de las paredes del chalet para comodidad de los soldados. Cuando finalmente volvieron a Camp Liberty a las 11:30 de la tarde, la sección decidió dejar marcharse a todos los detenidos porque no tenían pruebas de que hubiesen hecho nada más excepto ir pasando por la calle.
Pese a la amistosa bienvenida de los vecinos entrevistados, sólo uno de ellos dijo a las tropas dónde podrían encontrar artefactos explosivos, y el dato era incorrecto. Nadie dijo que supiera dónde podrían los soldados encontrar un alijo de armas, un sospechoso o un testigo.
"Por supuesto que saben, pero no puedo decir que los condeno por no decírnoslo", dijo especialista John King, el oficial de inteligencia del ejército a cargo de los interrogatorios. "Podrían matarlos".

La Mente Puesta en las Bombas
Desde que se iniciara la campaña de seguridad hace tres meses, los soldados han tratado de proteger a trabajadores del gobierno y contratistas
repartiendo gasolina, recogiendo la basura y reparando las alcantarillas. Pero los tres servicios siguen interrumpidos. Los intentos de reparar seis baches fracasaron porque permitieron que los rebeldes los utilizaran para colocar bombas.
Los soldados no pensaban más que en las bombas cuando volvieron a salir de nuevo el martes en la mañana.
"¿Todo el mundo listo?", preguntó el sargento Stephen Cyr mientras conducía un todoterrenos Humvee hacia Khadra. "¿Hiciste lo tuyo, Martínez?"
"Pasta, pasta, pasta. Zas, zas, zas", dijo el especialista John Martínez con sus auriculares cuando los soldados pasaron por el lugar donde habían pisado una bomba el día anterior, recordando una frase de un viejo programa de juegos de la televisión, ‘Press Your Luck', como si fuera su rosario diario.
Tras quince minutos, llegaron al puesto de la policía nacional donde su compañía había montado un campamento.
La base puede albergar a cincuenta soldados a la vez, aunque no llegan ni siquiera a la mitad de esa cifra debido a la escasez de dotación. La base está cercada por una enorme muralla encimada por alambre concertina y no se admite a público.
El inconveniente del plan de seguridad es que una de las tres secciones que comparten el puesto de avanzada debe estar estacionado permanentemente en su interior. Como resultado, dijo el capitán de la compañía, había menos patrullas en Khadra que antes de la campaña de seguridad.
Cuando las tropas se trasladaron para establecer sus cuarteles, se enteraron de que su viejo puesto de avanzada, una comisaría menos fortificada de la policía iraquí, había sido atacada.
La policía iraquí "informó haber sido atacada desde 360 grados cada uno de los cuatro días desde que nos marchamos. No creo que puedan resistir mucho tiempo", dijo el sargento segundo Mike Pérez, el segundo a cargo de la sección.
No sería la primera vez que la estrategia del plan de seguridad de "limpiar, consolidar y construir" no llegara más allá de la fase de limpieza.
Ali Hussein, 20, estudiante universitario que vive cerca de la comisaría, dijo en una entrevista por teléfono que el grupo de al Qaeda en Iraq "todavía es muy activo y se dedica principalmente a secuestrar acusándolos de que han hablado mal de la organización o de uno de sus militantes. Pero la verdadera razón de los secuestros son los rescates, con los que financian sus actividades".
"Nuestra situación es realmente trágica", dijo el estudiante. "Estamos rodeados por todos lados y no podemos hacer nada. Estés del lado que estés, terminas siendo atacado por alguno y lo peor es que hay más que dos lados".
Pérez lo dijo así: "Nos dicen que vengamos aquí a hacer nuestro trabajo. Pero encontramos un animal preñado que se está abriendo encima de nosotros. No está mejor y no creo que vaya a estar mejor".

Soñando con Volver
El miércoles explotó un artefacto explosivo durante una patrulla. Estalló una balacera y un capitán iraquí resultó herido. Al día siguiente, otra patrulla en Khadra fue impactada por dos bombas, una tras otra -una cadena margarita.
Los soldados de Williamson salieron a buscar a los perpetradores y divisaron nuevamente a los gemelos desgreñados, los dos desdentados sujetos que se llevaban sus walkie-talkies a la boca mientras seguían a una distancia a la sección que estaba de patrulla. Los soldados se alegraron de ver a uno de los hombres apuntar hacia un tejado y luego hacia un convoy norteamericano. Ese acto manifiesto daba a los soldados una excusa para disparar. El hombre cayó, golpeando el asfalto.
Pero se levantó con la misma rapidez y huyó hacia una casa. Los soldados lo persiguieron, pero escapó, brincando por los tejados.
En un taxi cercano, los soldados encontraron una cinta de propaganda de al Qaeda en Iraq. Los análisis mostraron que en la última hora el coche había trasladado explosivos caseros.
"Echo de menos la época en que lo peor que teníamos que hacer era recorrer este barrio recogiendo cadáveres", dijo el sargento Cyr. "Es malsano, pero es verdad".
De regreso en la base, los soldados matan el tiempo con películas de James Bond, juegos de guerra de ordenador y una copia pirateada de la película ‘300'. En la conversación, vuelven una y otra vez a sus ganas de dejar las fuerzas armadas.
"Aquí la única misión de todos es salir con vida", dijo el sargento Zamacona.
"Me falta motivación", dijo el sargento Adrián Uresti. "Tengo sobrepeso. No puedo ascender, no me dan recomendaciones. Para mí, es hora de hacer otra cosa".
"No queremos medallas de ningún tipo", dijo el especialista Martínez. "Es un gran honor, pero la mayoría de nosotros no las queremos".
Martínez, 24, es uno de los más optimistas de la sección. "Definitivamente estamos haciendo algo bueno. Tú no nos ves siempre enseñando a los iraquíes a manejar un puesto de control, a recabar información, a hacer un allanamiento".
Las fuerzas iraquíes se unen a los norteamericanos para hacer patrullas conjuntas. Y en la base un soldado iraquí y otro estadounidense se enseñan uno al otro a decir ‘hot' en inglés y árabe. Unos iraquíes se acercaron a los soldados norteamericanos que usaban sus ordenadores y les preguntaron: "¿Fotos eróticas?"
A veces, sin embargo, norteamericanos e iraquíes riñen sobre la tele y se retiran a dependencias separadas. Un soldado estadounidense guarda la puerta para asegurarse de que ningún agente de la policía iraquí entre a los dormitorios norteamericanos.
Tres de los dieciséis soldados de la sección de Williamson se quedan siempre en la base, porque ya no salen a patrullar. Su estado mental es desastroso. Uno de ellos arremetió contra Williamson, el otro dijo que ya no podía seguir haciéndolo y el tercero se marchó a casa con permiso y se metió en líos, dijo Williamson.
En los calientes sofás de vinilo, la conversación rara vez salió de Iraq, y Martínez y Uresti hablaron sobre sus períodos de servicio cuando sus mejores amigos murieron o quedaron mutilados.
"Estoy preocupado por ustedes", les dijo Pérez. "Cuando volví a casa entre dos períodos, olvidé todo sobre Iraq. Como si hubiera apagado el interruptor de la luz. Quería follar, cobrar y emborracharme. No me preocupaba lo que hiciera. Lo que no quería es lo tener que hacer lo que estoy haciendo de nuevo".

garrett.therolf@latimes.com

Said Rifai contribuyó a este reportaje.

6 de junio de 2007
23 de mayo de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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si se marchan las tropas


[Michael R. Gordon y Alissa J. Rubin] Se prevé un aumento de la violencia.
Washington, Estados Unidos. Hay un asunto sobre el que los jefes militares norteamericanos, muchos iraquíes y algunos de los representantes críticos más acérrimos del gobierno de Bush están de acuerdo: si Estados Unidos retirara sus fuerzas de las calles de Bagdad este otoño, aumentarían los asesinatos y el caos.
Pero ahí termina también el consenso. En Washington, las riñas sobre el financiamiento de la guerra, todavía feroces pese a la decisión de los demócratas de renunciar de momento a fijar una fecha límite para la retirada, ha obscurecido el debate más fundamental sobre cómo se verá el futuro de Iraq sin las tropas norteamericanas.
¿Desencadenaría la retirada de las tropas norteamericanas una ronda de guerra civil todavía más sangrienta que podría implicar el derrumbe del gobierno iraquí? ¿O ejercería esta retirada más presión sobre los políticos iraquíes para que resuelvan finalmente sus diferencias? Dicho más francamente: ¿Qué mal se pueden poner las cosas?
Estas preguntas se plantean en momentos en que el gobierno debate sobre cómo y cuándo empezar a reducir sus tropas en Iraq, cuando los iraquíes sopesan las ventajas de la autonomía y la seguridad, y cuando los demócratas en el congreso, frustrados por el compromiso de esta semana con la Casa Blanca juran mantener una postura más dura sobre el futuro financiamiento de la guerra.
Para abordar el tema, el New York Times entrevistó a más de cuarenta políticos y ciudadanos iraquíes y consultó sondeos recientes de opinión pública en Iraq. También se pidieron las opiniones de una amplia gama de oficiales de alto rango, expertos norteamericanos en inteligencia, políticos y analistas independientes que estuvieron hace poco en Iraq.
El veredicto ligeramente sorprendente de la mayoría de los iraquíes, quedó más que claro. Pese a su oposición a la ocupación norteamericana, muchos de ellos temen que una retirada a corto plazo conduzca a una violenta reacción en cadena que podría poner en peligro los irregulares intentos de diálogo político, y que podría implicar el colapso del gobierno iraquí.
"Muchos grupos y milicias terroristas están simplemente esperando que los norteamericanos se retiren", dijo Salim Abdullah, portavoz del Frente Iraquí de la Concordia, el grupo sunní más numeroso en el parlamento, que perdió este año a dos de sus hermanos en atentados de los insurgentes.
"Eso no significa que la presencia de tropas norteamericanas en Bagdad sea la opción que preferimos", dijo. "La gente en la calle dice que Estados Unidos es parte del caos y que podrían haber mejorado la situación en cuanto a la seguridad. Sin embargo, necesitamos que Estados Unidos haga más estable al país y que no deje a Iraq con los problemas que ellos mismos han causado".
Jefes militares norteamericanos en Iraq hacen una evaluación similar. La reducción de tropas no debería empezar sino cuando mejore la situación de seguridad, dicen los jefes militares, e incluso entonces debería ser gradual y cuidadosamente preparada. "Llegará el momento en que nos separemos poco a poco de las fuerzas iraquíes y permitamos que ellos se encarguen", dijo el teniente general Raymond T. Odierno, comandante de las tropas terrestres en Iraq, que ha recomendado en privado que se mantenga un elevado nivel de tropas hasta principios de 2008. "Pero esto debería hacerse cuidadosa y metódicamente cuando las condiciones lo permitan".
Si se redujesen las fuerzas norteamericanas demasiado pronto, dicen algunos oficiales, el naciente ejército iraquí y las fuerzas de policía no podrían resistir la oleada de atentados con bomba suicidas que iniciarían grupos rebeldes como al Qaeda en Mesopotamia. Las milicias chiíes que han decidido no llamar la atención, reanudarían sus ataques a gran escala con los sunníes. Los barrios sunníes y chiíes mixtos, que ya son pocos, desaparecerían y las fuerzas iraquíes se fracturarían a lo largo de líneas sectarias.
Las condiciones que deben lograrse antes de una reducción importante de las tropas, dijo el general Odierno, son una reducción en los ataques de los insurgentes y de las milicias, y el mejoramiento de la capacidad de las fuerzas de seguridad iraquíes para proteger a la población civil.
En el congreso prevalecen opiniones agudamente divergentes. Los legisladores han presionado, sin éxito, para imponer un calendario de la retirada de tropas norteamericanas y un listado de logros vinculantes en cuanto a las reformas políticas iraquíes. Algunos importantes demócratas reconocen el riesgo de que aumente la violencia si Estados Unidos se retira, pero afirman que los iraquíes no emprenderán ninguno de los dolorosos pasos hacia un acuerdo político genuino si las fuerzas norteamericanas no empiezan a marcharse.
"Esa es decisivo", dijo el senador Carl Levin, demócrata de Michigan que es presidente del Comité de las Fuerzas Armadas del Senado. "Tienen que mirar en el abismo. Y este es el abismo: ¿quieren una guerra civil, o un país?"
"Yo empezaría con la reducción de tropas como una forma de empujarles a la acción", agregó.

Las Cosas desde Iraq
Para tratar de refrenar la violencia en Iraq, el gobierno de Bush está aumentando las fuerzas norteamericanas en Iraq. El objetivo no ha sido imponer una solución militar, sino proporcionar suficiente seguridad para que los iraquíes puedan avanzar hacia la reconciliación política.
El Estimado de Inteligencia Nacional publicado en enero analizaba las consecuencias de una retirada completa de las tropas norteamericanas en un período de doce a dieciocho meses. El documento, que refleja el punto de vista colectivo de las agencias de inteligencia de Estados Unidos, decía que las fuerzas norteamericanas eran un elemento estabilizador esencial en Iraq y advertía que las fuerzas de seguridad iraquíes pasarían apuros a la hora de asumir responsabilidades significativamente mayores en ese período. No se ha dado a conocer ninguna estimación de inteligencia similar sobre lo que podría ocurrir si Estados Unidos abandonara su intento de proporcionar más seguridad a Bagdad durante varios meses a partir de ahora, pero mantuviese una presencia limitada de tropas en las bases más grandes en la capital y alrededores.
Pero muchos iraquíes tienen una opinión sobre este tema y sobre las consecuencias de una retirada total. Sheik Ajmi al-Mutashar, sunní e ingeniero agrícola y hombre de negocios de la provincia de Sakahuddine en Iraq central, dijo que le preocupaba que una retirada de las tropas estadounidenses pudiera conducir al colapso del gobierno iraquí. "Si el gobierno cae, será imposible formar otro", dijo. "Nos dividiremos en pequeños emiratos o cantones según líneas sectarias y étnicas".
Varios chiíes también convinieron en que una retirada norteamericana debilitaría seriamente al ya frágil gobierno iraquí y conduciría a un aumento de la guerra entre las facciones armadas. "Sin una presencia fuerte y visible de Estados Unidos, el gobierno se derrumbará", dijo Abu Fayad, ayudante de un importante miembro chií del parlamento. "Por supuesto, habrá muchas guerras diferentes. En Basra, en Diwaniya, en Bagdad. Todos tratarán de controlar la riqueza iraquí. Los norteamericanos fracasaron, pero deberían quedarse".
Salah Sultan al-Obeidi, 39, un empleado de gobierno que vive en el bastión chií de Ciudad Sáder pero que dice que es laico, dice que le preocupa que los elementos moderados de la sociedad iraquí aterricen en una situación todavía más vulnerable si los americanos llegaran a marcharse. "En Bagdad estallará una virulenta guerra entre extremistas sunníes y chiíes. Los terroristas sunníes matarán a todos los sunníes que hayan participado en el proceso político".
Un reciente análisis de las opiniones iraquíes sobre la guerra realizado por un experto estadounidenses, Anthony H. Cordesman, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, dijo que la mayoría de los iraquíes no ven a las tropas estadounidenses como aliadas o libertadoras, pero temen de todos modos una retirada repentina. Cerca del 64 por ciento de los bagdadíes que fueron encuestados a fines de febrero y principios de marzo dijeron que las tropas estadounidenses deberían permanecer en el país hasta que se restaure la seguridad y hasta que el gobierno iraquí esté en una posición más fuerte o hasta que las fuerzas iraquíes puedan operar independientemente. Sólo el 36 por ciento dijo que las tropas americanas deberían marcharse de inmediato, de acuerdo a la encuesta, que fue encargada por ABC News y otras agencias de prensa.
Los iraquíes que favorecen la retirada americana rápida incluyen a los que piensan que, después de un estallido de violencia y de un nuevo trazado de las fronteras sectarias, el país se estabilizará. Algunos grupos, incluyendo a muchos partidarios del clérigo antinorteamericano Moqtada al-Sáder, dijeron que creían que ellos estarían en mejores condiciones de lograr la estabilidad, aunque en sus propios términos.
"Creo que Sáder debería gobernar el país", dijo Muhammad Qasim Ali, un vendedor de maletas en el barrio predominantemente chií de Karada. "Son la mayoría y tienen buenos antecedentes, y eso les da una posibilidad de tomar el control. Una vez en el poder, serán compasivos con los sunníes. Nosotros sólo matamos a alguien cuando sospechamos que tiene vínculos con los insurgentes".
Una escueta mayoría en el parlamento iraquí de 275 escaños firmó hace poco una petición patrocinada por Sáder que pedía un calendario para la retirada de las tropas norteamericanas. Incluso así, la petición decía que los norteamericanos no debían dejar el país sino cuando las fuerzas de seguridad iraquíes estuvieran en condiciones de encargarse de la seguridad. "Replegarse a las bases podría tener algún sentido", dijo Mansour Abdul Mohsin Abboud, 66, un jeque tribal chií que vive en Nayaf. "Pero marcharse, retirarse completamente de Iraq, significaría borrar a Iraq del mapa".

Las Cosas desde Washington
El presidente Bush dijo que una retirada prematura de Iraq invitaría a la catástrofe allá, y ese argumento ha sido defendido vehementemente por otros republicanos, entre ellos los senadores John McCain, de Arizona, y Lindsey Graham, de Carolina del Sur. Los comandantes norteamericanos temen ser arrastrados al debate político norteamericano sobre Iraq, pero han advertido sobre los riesgos de una reducción acelerada del nivel de tropas.
A fin de cuentas, Bagdad no se convertiría en una ciudad enteramente chií. Las áreas del este, noroeste y sudoeste de Bagdad estarían probablemente dominadas por los chiíes. Pero la zona central-oeste de la capital seguiría siendo un bastión sunní, reforzado con los sunníes de las zonas aledañas de Abu Ghraib, Taji, Yusifiya, y de las provincias de Anbar y Salahuddin. Eso crearía el marco de nuevos conflictos.
Varios legisladores demócratas que han estado demandando reducciones de tropas insistieron en que las predicciones sobre un aumento de la violencia son exageradas. El representante John P. Murtha, demócrata de Pensilvania, dijo que en los últimos cuatro años la violencia había aumentado a pesar de la presencia de tropas norteamericanas y que la capacidad norteamericana para controlar las cosas en Iraq era limitada. "Todos predicen el caos: Yo no", dijo. "Aumentó durante un corto período y no es tan intensa como predijo todo el mundo".
El senador Levin reconoció el riesgo de que la violencia pueda aumentar si las tropas empiezan a retirarse pronto, pero dijo que esa medida impulsaría a los iraquíes a asumir más responsabilidades en cuanto a su propia seguridad.
"Hay riesgos, pero creo que el riesgo más grande es no presionar a los iraquíes, y dejarles decir que el tiempo no es relevante", dijo.
Varios especialistas que mantienen la esperanza de estabilizar Iraq, incluyendo a Cordesman, dijeron que no era práctico reducir los niveles de tropas norteamericanas sino hasta el próximo año. "Necesitamos que se haga gradualmente", dijo Cordesman. "Lo más probable es que la policía iraquí no esté preparada para encargarse de todo este otoño. Y abandonar Bagdad sería visto como si nos retiráramos de Iraq".
"La gente que debería decir cuándo debe Estados Unidos abandonar Iraq son los iraquíes, no los expertos ni los políticos en Washington", agregó. "Los iraquíes no tienen ningún incentivo para querer que los norteamericanos se queden más de lo necesario, pero tampoco tienen incentivos para apresurar los acontecimientos en Iraq hasta el punto de que una situación de alto riesgo se convierta en un seguro fracaso".
Lo que es más, algunos especialistas que se muestran sombríos sobre las tendencias en Iraq dijeron que dudaban que el inicio de una retirada gradual de tropas empujara a los iraquíes a la reconciliación. "Proyectar nuestras esperanzas no corresponde con nada de lo que conocemos sobre cómo funciona la política iraquí", dijo Steven N. Simon, asesor del Consejo de Seguridad Nacional durante el gobierno de Clinton y autor de un artículo donde aboga por la retirada militar de Iraq.
Simon argumenta que el trastorno que se provocaría después de la partida de los soldados norteamericanos se acercaría casi al genocidio, ya que los árabes sunníes tendrían un refugio donde volver en la provincia de Anbar al oeste del país, los kurdos tendrían el norte de Iraq, y los grupos en general carecen de armamento pesado. Reconoció que era probable que ocurriese una división violenta de los barrios de Bagdad y que habría enfrentamientos sectarios en otras ciudades, pero dijo que Estados Unidos no podía hacer demasiado si los iraquíes no se mostraban dispuestos a hacer compromisos.
"Se pondrá feo", dijo. "No hay ninguna duda sobre esto. Mi opinión es que es inevitable".
Anthony C. Zinni, un general de cuatro estrellas retirado que condujo en el pasado el Comando Central, se opuso fuertemente a la decisión de invadir Iraq, temiendo que pudiera conducir a una guerra sectaria y a la desestabilización regional. Pero ahora que las tropas norteamericanas han ocupado el país, el general Zinni teme que la retirada de tropas aumente la inestabilidad. La idea de que Estados Unidos pueda presionar a los iraquíes para que asuman más responsabilidades por su propia seguridad, dijo el general, era poco práctica: las fuerzas de seguridad iraquíes no están listas y el vacío lo rellenarán las milicias.
El general Zinni dijo que era coherente mantener el actual nivel de tropas durante un año o algo así antes de reducir gradualmente los niveles de tropas y de implementar una estrategia para tratar de impedir que se extienda la inestabilidad iraquí. "Estando en Iraq estamos conteniendo la violencia", dijo. "Si nos retiramos, le daremos más espacio a la violencia, y se podría extender y convertirse en un problema regional. No tenemos porqué mantener el mismo nivel de fuerzas, pero para dar una estabilidad razonable a Iraq necesitamos un proceso de cinco a siete años".

Michael R. Gordon informó desde Washington, y Alissa J. Rubin desde Baghdad. Wissam A. Habeeb contribuyó al reportaje desde Bagdad

3 de junio de 2007
26 de mayo de 2007
©new york times
©traducción mQh
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no se cumplirán objetivos


[Julian E. Barnes] Jefes militares dudan que se alcancen los principales objetivos -repartición de los ingresos del petróleo, elecciones provinciales e integración de los árabes sunníes- antes del informe de septiembre al congreso.
Washington, Estados Unidos. Jefes militares norteamericanos en Iraq están cada vez más convencidos de que la mayoría de los dilatados objetivos políticos que el presidente Bush expuso a principios de año en su anuncio del aumento del nivel de tropas, no se alcanzarán para este verano y están buscando modos de redefinir la victoria
En septiembre, el general de ejército David H. Petraeus, el más alto jefe militar norteamericano en Iraq, debe presentar al congreso un informe sobre los progresos en Iraq. Oficiales en Bagdad y asesores externos que trabajan con Petraeus dudan que se puedan alcanzar los tres principales objetivos fijados por los oficiales norteamericanos para el gobierno del primer ministro iraquí Nouri Maliki.
La implementación de una nueva ley para repartir los ingresos por el petróleo iraquí entre sunníes, chiíes y la región kurda es el único objetivo que creen que puede ser alcanzado a tiempo, e incluso este no está exento de riesgos. Los otros dos criterios de evaluación son las elecciones provinciales y otorgar a los árabes sunníes más puestos de trabajo en la administración.
Paralizadas los ajustes del gobierno central y siendo la seguridad en Bagdad todavía un objetivo distante, los asesores de Petraeus esperan concentrarse en logros más discretos que ellos ven como signos de progreso, incluyendo acuerdos locales entre las principales facciones iraquíes para fijar áreas de paz en algunas ciudades provinciales.
"Algunas áreas tendrán que ver con la infraestructura que está siendo reparada, con la seguridad local de los barrios, con la reapertura de mercados", dijo un alto oficial militar en Bagdad que habló a condición de conservar el anonimato en sus comentarios sobre tácticas militares.
Los oficiales dijeron que entendían que todo informe de que los principales objetivos no habían sido alcanzados ahondaría el escepticismo de los demócratas. Pero algunos asesores en contrainsurgencia de Petraeus dijeron que nunca fue realista esperar que los iraquíes llegaran a un acuerdo en algunos de los temas más conflictivos apenas después de unos meses tras el aumento del nivel de tropas norteamericanas.
Asesores y oficiales dicen que los acuerdos locales y los avances que ven no son insignificantes y pueden estar construyendo instancias para una reconciliación entre las sectas.
Oficiales en Iraq dijeron que los esfuerzos incluyen el reclutamiento de nacionalistas árabes sunníes para las fuerzas de seguridad, forjar acuerdos entre barrios de sectas rivales, iniciar nuevos negocios en áreas previamente violentas y cambiar las posiciones locales.
Frederick W. Kagan, un académico del American Enterprise Institute for Public Policy Research y temprano defensor del aumento del nivel de tropas, dijo que los militares tendrían pocos logros políticos que reportar en septiembre. "Creo que los progresos políticos serán en general de tipo local", dijo Kagan, que visitó recientemente Iraq y se reunió con comandantes norteamericanos.
En los últimos seis meses, jefes militares han señalado los avances del coronel de ejército Sean MacFarland en las negociaciones con líderes tribales en Ramadi para incorporar a sus familiares en las fuerzas de seguridad locales y ganar su apoyo en la lucha contra los insurgentes de al Qaeda en la provincia de al Anbar.
Kagan dijo que los comandantes en las provincias de Diyala, Salahuddin y Babil han estado trabajando para lograr acuerdos similares. "El acuerdo de Anbar se ha convertido en una bola de nieve", dijo. "Un montón de gente quiere hacerlo".
La ofensiva para lograr acuerdos locales más pequeños representa un importante cambio para el gobierno de Bush, que ha enfatizado que la seguridad en Bagdad debe ser la principal prioridad que permitirá al gobierno central avanzar hacia una reconciliación política nacional. La secretario de estado Condoleezza Rice y el ministro de Defensa Robert M. Gates han presionado a los líderes políticos iraquíes para alcanzar acuerdos claves para el fin del verano.
Pero Gates dijo la semana pasada que los oficiales norteamericanos pueden haber exagerado la importancia del gobierno central de Iraq.
"Una de las preocupaciones que he tenido", dijo Gates, "era si nos habíamos concentrado demasiado en la construcción del gobierno central tanto en Iraq como en Afganistán y no lo suficiente en las instituciones culturales, históricas, provinciales y tribales que han jugado un papel importante en la historia de ambos países".
El nuevo comando se ha percatado que no habrá ningún acuerdo rápido a nivel nacional sobre problemas claves, dijo el jefe militar en Bagdad.
"Estamos hablando de sunníes que tenían poder y de chiíes que tienen poder y olvidando lo que ocurrió en los últimos treinta años", dijo el oficial. "¿Qué fácil va a ser ese proceso?"
En Iraq, los líderes locales tienen dudas sobre la capacidad del gobierno central para llegar a acuerdos significativos.
"Los jeques no están esperando para ver si la ley ha sido aprobada o no", dijo Kagan. "Los líderes locales iraquíes no ven la reconciliación como algo que tenga que venir de arriba".
Los analistas militares dijeron que los acuerdos locales que se están forjando ahora incluyen a menudo introducir a miembros de tribus o sectas en las fuerzas de seguridad, proporcionándoles vehículos blindados y armas. Pero si los grupos se niegan a cooperar, las fuerzas militares realizan molestas redadas, allanando casas y persiguiendo a insurgentes.
Expertos externos que han asesorado al comando en Iraq han llamado públicamente a los comandantes a ser más agresivos a la hora de cerrar acuerdos a nivel local y usar estímulos para ganar simpatía hacia la campaña bélica norteamericana.
"El tipo de amenazas generales ahora populares en Estados Unidos -‘Vosotros, iraquíes, debéis poner orden en casa primero y negociar o les abandonaremos'- son instrumentos demasiado rudos", dijo Stephen Biddle, del Consejo de Relaciones Exteriores, un ex instructor de la Academia de Guerra que ha asesorado a los comandantes. "Se debe actuar con algo más de tino".
Aunque los jefes militares en Bagdad no han dado ni negado explícitamente ayuda a las comunidades, han estado intensificando los esfuerzos para lograr acuerdos con líderes locales sobre cómo reforzar la seguridad de los barrios, dijeron oficiales.
Esas discusiones podrían implicar el tipo de seguridad que debe brindarse a los mercados, dónde levantar las murallas de protección y dónde construir nuevas comisarías de seguridad, dijo el jefe militar.
Kagan dijo que sería difícil repetir el tipo de acuerdo de Al Anbar en Bagdad, donde los vínculos tribales siguen siendo débiles y muchas familias han sido desplazadas de sus vecindarios tradicionales.
Pero Biddle sugirió que el método del palo y la zanahoria podría usarse en Bagdad.
"Si la naturaleza del problema es terminar la guerra comunal, entonces el único modo de hacerlo es imponer a las partes una tregua", dijo Biddle. "Hay todo tipo de inconvenientes en el uso de la fuerza militar como fuente de estímulos para este propósito. Podría fracasar. Pero si no lo intentamos, estoy seguro de que fracasará".

julian.barnes@latimes.com

Paul Richter y Peter Spiegel en Washington contribuyeron a este reportaje.

30 de mayo de 2007
29 de mayo de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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tribus contra al qaeda


En la provincia de Anbar. Un jeque de la inquieta región prefiere colaborar con Estados Unidos. Y desciende la violencia.
Ramadi, Iraq. Los líderes tribales sunníes se reunieron en un recinto custodiado al borde de la ciudad, invitados por un joven y prometedor jeque empeñado en vengar el asesinato de su padre y la desaparición de dos hermanos en manos del grupo insurgente al Qaeda en Iraq.
El resultado fue una decisión de los furiosamente independientes hombres de las tribus del desierto, de otorgar su apoyo a las tropas norteamericanas y incorporarse en masa a la policía local y al ejército iraquí -un cambio táctico que, al menos de momento, ha ayudado a refrenar la resistencia antigubernamental al oeste de la provincia de Anbar, que Estados Unidos ha pasado años tratando de pacificar.
Según se cuenta, los resultados en Anbar han sido impresionantes: Donde en Ramadi, la capital provincial, no había en el verano pasado más que doscientos agentes de policía, ahora hay más de ocho mil. El número de ataques contra los soldados norteamericanos bajaron de ciento ocho a la semana a siete durante la primera semana de mayo.
"Empezamos a recordar lo qué había pasado [con al Qaeda] y de cómo se pusieron las cosas, y decidimos pelear", dijo Tariq al-Duleimi,que se encarga de la seguridad de Sattar Abu Risha, el joven jeque que fue el anfitrión de esta reunión en su casa en octubre pasado.

Reina una Paz Relativa
Ahora reina una relativa calma en toda la provincia de Anbar, marcada por una pesada presencia policial, pero también atenazada por preguntas sobre la lealtad de las tribus e indicios de que el éxito sólo puede haber empujado a los rebeldes hacia otras áreas.
La semana pasada, el presidente Bush y el primer ministro iraquí Nour al-Maliki interpretaron el curso de los acontecimientos en Anbar como un signo de esperanza para Iraq. Pero los logros en Anbar, como la provincia sunní misma, son únicos: La floja alianza de líderes tribales y de gobierno, llamada el Consejo de Salvación de Anbar, depende de un puñado de jeques carismáticos con intereses comunes, y es poco probable que sirva como modelo para zonas con divisiones sectarias más complejas y estructuras sociales menos tradicionales.
La relativa paz difícilmente significa que al Qaeda haya cedido la provincia de Anbar. La semana pasada tres mortíferos atentados con bomba dejaron en ruinas el área de Ramadi, incluyendo un ataque suicida contra un jeque que apoyaba al consejo de salvación y un atentado con coche bomba subsecuente contra su procesión fúnebre.
Sin embargo, la reducción de los ataques de los rebeldes y de los diarios tiroteos, que ha permitido reanudar los proyectos de reconstrucción, ha sido interpretada por oficiales norteamericanos e iraquíes como una comprobación de la nueva estrategia contrainsurgente de Estados Unidos, de conectarse más con la gente que dedicarse a perseguir y matar adversarios.
Autoridades provinciales, tropas norteamericanas y agencias de ayuda han corrido para contactar a funcionarios locales y reponer los servicios de gobierno en una zona devastada por cuatro años de guerra urbana, antes de que los nuevos aliados tribales de Estados Unidos cambien nuevamente de opinión.
"Es algo surrealista", dijo el mayor Rory Quinn, oficiale ejecutivo del Tercer Batallón, Séptima División de Marines en Ramadi, una unidad que ha vuelto al terreno que mantuvo el año pasado en momentos en que cooperar con los norteamericanos significaba la muerte para jeques y miembros de las tribus por igual. Tenemos que hacer lo que dijimos, de modo que vean que hay beneficios cuando uno se las juega".
Oficiales norteamericanos e iraquíes quieren que la experiencia de Anbar sirva de ejemplo.
"Nuestra nueva estrategia está destinada a sacar ventaja de las nuevas oportunidades de colaboración con las tribus locales para perseguir a al Qaeda en lugares como Anbar, que ha sido la base de al Qaeda en Iraq", dijo Bush el jueves. El martes, en un discurso televisado con ocasión de su primer aniversario en el cargo, al-Maliki llamó a otros líderes tribales y organizaciones civiles a formar consejos de salvación similares "para eliminar el virus del terrorismo que está atacando a Iraq". En Anbar, los jeques tribales han sido fundamentales, dijeron oficiales norteamericanos.
"El cambio realmente profundo es lo que ocurre cuando una población niega al enemigo la capacidad de protegerse" dijo el general de brigada marine John Allen, comandante de las fuerzas norteamericanas al oeste de Iraq, que supervisa la relación con las tribus.
"Todo lo que hacemos en la provincia, sino pensamos primero en las tribus, entonces lo más probable es que terminemos pensando en ellas después, preguntándonos cómo es que lo echamos a perder", dijo.
Sin embargo, la precaria paz en Anbar ha dejado al descubierto las rivalidades regionales entre remotas ciudades provinciales y la capital y ha expuesto las dificultades a la hora de dar prioridad a los proyectos de reconstrucción y al pago de los nuevos agentes de policía. Aunque otras tribus están mostrando interés en unir fuerzas con los norteamericanos, los jeques que no formaban parte del movimiento original entre las tribus de Ramadi se muestran todavía reluctantes a unirse como miembros subordinados, dijo Allen.
La decisión de miembros jóvenes de la tribu de incorporarse a la policía iraquí, al ejército y a las nuevas Fuerzas de Seguridad Provinciales también plantean dudas sobre su lealtad.
"Nos sentimos como si estuviéramos adiestrando a mucha gente que hace unos meses estaban probablemente -activa o pasivamente- apoyando a la resistencia", dijo el general de brigada marine Charles Gurganus, jefe de la transición militar en la provincia de Anbar. "Estamos más que contentos con que ellos se hayan dado cuenta y cambiado de posición. Y ahora estamos felices de tenerlos en el equipo".
Pese a los recelos, los cambios en los pasados dos meses han sido pronunciados.
En la sede del gobierno provincial de Ramadi, que ha estado bajo constante asedio desde 2004, las calles están silenciosas. Ahora un cuartel de los marines está siendo remodelado para ser usado por el gobierno este verano.
Han emergido puestos de comida dispersos por todo Ramadi, y los niños juegan en los parques llenos de escombros. Los marines viven y patrullan con la policía iraquí, cuyos miembros son reclutados en los barrios donde hasta hace poco (el invierno pasado) hubo una activa resistencia contra las fuerzas norteamericanas. Ahora, pueden pasar días sin que se escuche ni un solo tiro.
En la comisaría de policía de la calle 17, el capitán Marcus Mainz señaló las fotos y breves descripciones de líderes comunitarios que había metido en su brazalete de plástico. Mainz, comandante de la Compañía Lima del Tercer Batallón, Séptima División de Marines, dijo que el vínculo tenía otra función: reunir información para determinar ataques de artillería.

Intentos Pasados
Los líderes tribales de Anbar habían tratado ya antes de acercarse a las fuerzas norteamericanas, pero los asesinatos y amenazas paralizaron esos esfuerzos. De los nueve jeques de Ramadi que dirigieron un intento semejante en el otoño de 2005, al Qaeda en Iraq asesinó a seis. Otros movimientos nunca lograron reunir impulso.
Entre los líderes tribales asesinados por al Qaeda estaban los familiares del jeque Sattar Abu Risha, 35. Su padre fue asesinado en 2004 por oponerse al fundamentalismo de la organización.
En octubre, Sattar llamó a una reunión de veinte jeques de Ramadi, con la intención de unirse para pelear contra al Qaeda.
"Éramos los únicos en el campo de batalla, así que organizamos una reunión de jeques debajo de un árbol del recinto del jeque Sattar", dijo al-Duleimi, el jefe de seguridad del jeque. "A ese árbol le vamos a poner un nombre".
El recinto amurallado de Sattar al norte de Ramadi tiene un imponente salón o casa de reuniones y, en estos días, un tanque norteamericano al final de una larga entrada controla al camino que dobla ahí.
A principios de mes fue anfitrión de un banquete en honor del gobernador de Anbar, Mamoun Sami Rashid al-Awani y los miembros del consejo provincial, incluyendo a su presidente, Abdulsalam Abdullah Mohammed. El consejo había vuelto a reunirse en Ramadi sólo este mes, después de haber sido correteados a Bagdad por los rebeldes en abril de 2006.
En la casa de Sattar, unos 35 miembros del consejo se reunieron con jefes locales con pistolas y túnicas, disfrutando con sus manos de un tradicional festín de cordero y arroz mientras destilaban teorías conspirativas y se quejaban del lento ritmo de los proyectos. Los norteamericanos prometieron proporcionar más servicios; Sattar juró extender la influencia del jeque más allá de la provincia.
La visita fue facilitada por Estados Unidos como parte de una iniciativa de dos días de líderes norteamericanos y de Anbar. La mañana después de la reunión del consejo, oficiales norteamericanos, el gobernador y el presidente del consejo viajaron a una serie de reuniones en Al Qaim, en el curso superior del río Eúfrates en la frontera con Siria.
Mohammed se reunió con dos consejos de villorrios cercanos. Los funcionarios no recibían aún sus salarios, y expresaron su inquietud sobre los proyectos de agua y electricidad.
Simplemente chacharear sobre la reconstrucción de las ciudades cercanas de Ubeidi, Rummana, Karabila y Husaybah -en el pasado un caldo de cultivo de la resistencia y punto de transferencia para los combatientes extranjeros que habían sido batidos por los marines norteamericanos en 2005- fue un alivio.
Los líderes tribales en Al Qaim, que se reunieron con funcionarios de Anbar, querían compensación norteamericana, aparte del desarrollo económico de la provincia.
Las tribus de Qaim, especialmente la de Albu Mahal, se volvieron contra al Qaeda y se aliaron con las fuerzas norteamericanas incluso antes que los jeques de Ramadi. Los progresos, asintieron todos, fueron el resultado de esas relaciones.
"Está resultando", dijo Soriano. "Tienes que reconocer que aquí hay poderosas fuerzas tribales en operación".

jjanega@tribune.com

27 de mayo de 2007
©chicago tribune
©traducción mQh
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