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la calle de los libreros de bagdad


[Sudarsan Raghavan] Violencia tuerce destino de legendaria calle de Bagdad.
Bagdad, Iraq. Ha caído el silencio en la calle de Mutanabi. En la suave luz del sol, desleídas vallas publicitarias cuelgan de viejos edificios. Planchas de hierro obstruyen las entradas de las librerías y tiendas de artículos de papelería. Este viernes, como los últimos trece viernes, la violencia se ha cobrado su peaje. No hay ningún cliente. No hay más que fantasmas.
Sentado en una silla roja frente a una librería del tamaño de un armario, la única abierta, Naim al-Shatri está a punto de echarse a llorar. Pequeño, de delgados cabellos canos y ojos oscuros y melancólicos, su voz suena lúgubre. Normalmente, este es el día más ajetreado, pero no ha vendido nada. Se acerca el toque de queda.
Pronto sus sollozos rompen el silencio. "¿Esto es Iraq?", pregunta, a nadie en particular, mostrando la arenosa calle cubierta de basura, donde el olor a papel podrido y alcantarillado se mezclan en el aire.
Es una pregunta que se hacen muchos libreros de la Calle de Mutanabi. Aquí, en la zona cero intelectual de Bagdad, hay guardianes de una tradición literaria que ha sobrevivido al imperio y al colonialismo, a la monarquía y a la dictadura. En los embriagadores días tras la invasión norteamericana, la Calle de Mutanabi vibraba con la promesa de libertad.
Ahora, en el cuarto año de guerra, es una sombra de su venerado pasado. Muchos de los libreros originales han sido obligados a cerrar sus puertas. Otros han sido arrestados, secuestrados o asesinados, o han huido de Iraq. "Caminamos con nuestros ataúdes en las manos", dice Mohammad al-Hayawi, el dueño de la librería Renacimiento, una de las librerías más antiguas de la calle. "En Iraq no hay nada garantizado".
En una ciudad conocida en el mundo árabe por su relación amorosa con los libros, esas emociones reflejan el ocaso de una vibrante comunidad. Para los vecinos de Bagdad, la Calle de Mutanabi es un vínculo con el ilustre pasado de la ciudad, menos un lugar que una extensión de sus almas.
"Son los pulmones con los que respiro", dice Zaien Ahmad al-Nakshabandi, otro librero. "Ahora me siento ahogado".
Hace tres meses, el gobierno impuso un toque de queda al mediodía para el día más sagrado del islam, con el fin de refrenar los ataques contra las mezquitas. Ese fue un importante revés para la Calle de Mutanabi, llamada así en honor en un poeta del siglo diez. Para la mayoría de los iraquíes, el viernes es el único día libre y visitan el mercado de libros.
Antes, un cocimiento multiétnico de libreros de segunda mano exponían sus libros afuera y sacudían cuidadosamente el polvo. En el famoso café Shahbandar se reunía los intelectuales para discurrir sobre política y cultura mientras bebían tazas de café negro como el alquitrán y vasos de té de limón, incluso durante las épocas de mayor represión.
Durante el régimen del ex presidente Saddam Hussein, la Calle de Mutanabi era el nexo de la resistencia y despreocupados debates, donde los escritores clandestinos publicaban libros ilegales que denunciaban a Hussein.
"Me gustaría que pudiese ver cómo eran antes los viernes", dijo Shatri antes de romper a llorar. "Apenas podías caminar. La calle entera estaba llena de libros y gente. La Calle de Mutanabi era parte de la grandeza de Bagdad".
Luego, en tono irreverente, dijo un proverbio conocido en todo el mundo árabe: "El Cairo escribe. Beirut publica. Y Bagdad lee".

Protesta Futil
Shatri ha vivido de los libros desde 1963 en la Calle de Mutanabi, como amigo fiel, atravesando gobiernos militares y opresión política, guerras y embargos. De todas las eras que ha visto ir y venir, es el Iraq de hoy, con su violenta naturaleza, la que más se burla del legado de la Calle de Mutanabi, dice.
"Es la muerte de la educación, la muerte de la historia de la calle, la muerte de la cultura de Bagdad", dijo Shatri.
Hace dos días, Shatri decidió hacer algo. Él y otros miembros de su sindicato de escritores se reunieron frente a su librería. Bebieron té al desayuno. Entonces, a las nueve y media de la mañana, echaron queroseno sobre una pila de libros y los quemaron.
"Yo lloré mientras los libros ardían", dice Shatri.
"Era un mensaje para el gobierno", dice Nakshabandi, que también participó. "Es un SOS. ¡Socorro! Se está muriendo una parte importante de Bagdad. Y este es su último aliento".
"Pero nadie se dio por enterado. Nadie hizo nada".

Era Mejor Durante Saddam
Tras la invasión norteamericana de 2003, las revistas occidentales que eran antes prohibidas, pudieron ser exhibidas abiertamente. Florecieron los libros religiosos, especialmente
los que se dirigían a los musulmanes chiíes, que habían sido largamente oprimidos. Hayawi, un hombre fornido con intensos ojos color miel, dijo que los viernes los libreros ganaban el doble que todos los demás días juntos. Entonces, él era optimista sobre el futuro.
Ahora, de vez en vez, la calle todavía es un hervidero de actividad. Pero la deficiente seguridad ha alterado su carácter, dicen muchos de sus viejos libreros. Antes de la invasión, permanecían abiertos hasta tarde por la noche. Ya no.
"Cerramos a las dos de la tarde y nos marchamos rápidamente", dice Andullah Gumar al-Ogaeli, 85, que abrió su papelería en 1947. Delgado y frágil, con bigotes canos, Ogaeli dijo que conocía a unos doscientos comerciantes en los meses previos a la invasión. Ahora, dice, quedan tres. Algunos murieron de causas naturales, otros perdieron sus vidas violentamente.
Dijo que varios libreros fueron secuestrados por hombres armados, pero fueron liberados más tarde. En Bagdad, la elite y la gente educada son a menudo blanco de delincuentes que buscan rescate, y de los extremistas, que quieren hacer pedazos los tejidos culturales e intelectuales de la ciudad. "Muchos de nuestros comerciantes se han marchado de Iraq y abierto tiendas en Egipto, Siria y Jordania", dice Ogaeli. "Los negocios marchan mal ahora".
Hoy, una nueva generación de comerciantes vende papel y otros artículos. Varios libreros de antaño dicen que los recién llegados son saqueadores que crecieron durante el caos de la invasión. Ahora han deslustrado el legado de la Calle de Mutanabi, dicen. "En el trabajo soy siempre honesto", dice Ogaeli, que llama a la Calle de Mutanabi "un nombre sagrado".
La violencia religiosa también está manchando un lugar donde chiíes y sunníes han trabajado siempre codo a codo. "Yo soy chií", dice Ogaeli. "Todas mis hijas están casadas con sunníes. Y mi hijo está casado con una mujer sunní. Nadie mencionaba ese tema. Todo esto es nuevo para nosotros".
Cuando piensa en las pocas amistades duraderas que ha dejado en la Calle de Mutanabi, "me siento triste, incómodo", dice Ogaeli. Su voz desaparece en el bullicio de la calle afuera.
Un sábado hace poco, Hayawi y su hermano mayor, Nabil, los dos musulmanes sunníes, estaban sentados ante un pulcro escritorio dentro de la tienda. En una escalera de hierro, junto a un letrero que decía "40 a 50 por ciento de descuento en todos los libros", colgaba un retrato de su difunto padre.
Eran cinco hermanos. Cuatro de ellos, incluyendo a Nabil, se marcharon de Iraq después del atentado de febrero contra el santuario sagrado de los chiíes en Samarra, que desencadenó una avalancha de asesinatos ‘en represalia'. Nabil, que vive ahora en El Cairo, viaja a menudo entre Bagdad y El Cairo. Dicen que el negocio de la familia no está marchando bien. Les tomó el primer semestre del año, se lamentó Mohammad, ganar lo que ganaban en un mes después de la invasión.
"Pedimos al nuevo gobierno que reparara las calles, que proporcionara servicios y que las limpiara", dice Mohammad, fumando un cigarrillo. "Lo que ocurrió fue lo contrario. La calle fue abandonada".
"Era mejor durante Saddam", dice Nabil, que empieza a quedarse calvo y posee una nariz puntiaguda y una barba blanca. "Los viernes, incluso cuando teníamos problemas de electricidad, no nos cortaban la luz. Había sistema, orden".
Ha resentido siempre la invasión y ocupación norteamericana. Pero ahora culpa derechamente a los norteamericanos por la violencia que está destruyendo sus vidas. "Los norteamericanos son los culpables. Esa es la verdad. Hay que decirlo. El conflicto religioso es como el fuego. Una vez que empieza, consume todo".
Hace un año, la tienda importó mil cajas de libros desde Jordania, Siria, El Líbano y Egipto, dice Nabil. Luego, apuntando a algunas cajas en un rincón de su tienda: "Ahora, en agosto, importamos veinte cajas".
Después de la invasión, la familia pagaba seis mil dinares iraquíes por 20 litros de gasolina para el generador. Ahora, eso cuesta 30 mil dinares. El gobierno les proporciona electricidad una hora al día, dice Mohammad. Ahora no es seguro que puedan conseguir un trabajo y volver a casa sanos y salvos, dice Mohammad. Sabe de 25 comerciantes de su calle que fueron o arrestados por razones desconocidas, o secuestrados y asesinados.
"Ayer, esperábamos que hoy fuera mejor. Pero hoy es todavía peor que ayer", dice Mohammad. "Ahora, si me pregunta si estoy optimista, mi respuesta es no. No tengo nada de optimismo".

Calle Agonizante
Un miércoles hace poco, al otro lado de la calle, el centenario café Shahbandar, con sus paredes cubiertas de fotografías blanco y negro de Bagdad, estaba vacío, excepto por dos hombres. Fumaban silenciosamente con sus pipas de agua. Era la una y media de la tarde.
"En esta época, no habría encontrado un lugar donde sentarse", dijo Fahim al-Khakshali, cuyo padre es dueño de este legendario café.
Eso fue antes de que hace unos meses unos hombres armados mataran a dos profesores después de que salieran del café, dijo Khakshali. Y antes de que unos hombres entraran en la cercana librería Al-Sadim en agosto pasado. Al salir, dejaron una maleta en la puerta. Explotó, matando al hijo del dueño.
Hace tres meses, unos desconocidos amenazaron a Khakshali y le ordenaron cerrar el café. Se negó a hacerlo. Dice que no sabe por qué han escogido a Shahbandar como blanco, pero lo supone. "Quizás es porque los clientes son personas educadas", dijo.
A la una cuarenta de la tarde, Nakshabandi, el librero, entró al café. Con su cara en forma de pera y calvo, con gafas de búho, recordó a los artistas y actores, escritores y poetas que frecuentaban antes el café.
"Durante la guerra de Irán-Iraq, cuando los bombas nos caía encima de la cabeza, el café pasaba lleno de gente", dijo. "Nadie tenía miedo".
Hoy, cuando la vida de todos los días incluye colas en la gasolinera de cinco horas o correr el riesgo de morir en un embotellamiento de tráfico, esos escritores, artistas e intelectuales iraquíes que todavía viven aquí, no tienen tiempo para venir a la Calle de Mutanabi.
"Ahora, el peso en nuestras espaldas es mayor que antes", dijo Nakshabandi. Recuerda con tristeza cómo los intelectuales más viejos venían acá y contaban historias a los más jóvenes, una tradición que ha desaparecido. Los viernes, Nakshabandi todavía ve gente encaminarse a su café. Pero miran las puertas cerradas y se devuelven. "Sientes que están destrozados, como si hubieran perdido algo que amaban", dice.
Son casi las dos y media de la tarde. Khakshali ha cerrado todas las puertas, excepto una. Miró a su visitante y le dijo amablemente: "Ahora tiene que marcharse. Es peligroso para usted".
Desde su silla roja, Shatri observaba el último capítulo de Iraq. Se aferra a lo poco que tiene. Su tienda. Sus recuerdos. Su calle. Eso ayuda a explicar por qué está aquí fuera este viernes, frente a la única tienda abierta en una calle agonizante.
Algunos días, su mente salta hacia el futuro. "Devolvedme la seguridad, y te mostraré la grandeza de la Calle de Mutanabi", dice, a cualquiera que lo quiera oír.
Pero la mayoría de las veces, su mente viaja al pasado. Y es entonces cuando se echa a llorar.
"La gente culta se ha marchado", dice Shatri, mientras sacaba de su bolsillo un pañuelo gris, cuidadosamente doblado.
"Iraq", dice, mientras se limpiaba los ojos, "es el primer país. Impuso las leyes de Hammurabi". Se estaba refiriendo al primer gobernante de Babilonia, que fue construida en lo que es hoy Iraq. Hammurabi creó el primer código civil del planeta.
"Y ahora", dice, "no hay leyes".
Su voz languideció. Se limpió los ojos.
Y el silencio volvió a caer sobre la Calle de Mutanabi.

17 de septiembre de 2006
©washington post
©traducción mQh
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guerreros de las calles de bagdad


[Louise Roug] Los agentes de tráfico son faros de civilidad e integridad en una capital donde abunda la corrupción. Es un trabajo peligroso, pero no ingrato.
Bagdad, Iraq. Después del toque de queda, los escuadrones de la muerte circulan con total impunidad. Hay una ola desenfrenada de secuestros, pero los secuestradores no son capturados casi nunca. La corrupción ha invadido todos los niveles de gobierno; sin embargo, pocos han sido llevados a tribunales.
Sin embargo, aparcar doble en una calle de Bagdad sigue siendo un delito y la ley seguro que te caerá encima.
Abdel Nasser, agente de tráfico de 32 años, se describe a sí mismo como un mujayedín [guerrero santo] que combate contra los malhechores en una ciudad sin señales viales, sin semáforos o límites de velocidad. En este alboroto de cacharros chisporroteantes y todoterrenos militares norteamericanos que pasan a toda velocidad, dirigir el tráfico es un deber religioso, dice.
Nasser y sus colegas son faros de civismo en las picadas aguas del tráfico de Bagdad, donde el término ‘copiloto armado' es interpretado bastante literalmente. Hasta hace poco, los agentes defendían valientemente, con un silbato, los mortíferos cruces. Ahora también usan un revólver.
"A pesar del peligro, creemos que estamos protegiendo a nuestro país", dice Nasser, un agente de tráfico que fue reasignado después de la invasión norteamericana de Iraq en 2003. Aunque su trabajo anterior era grato, porque le daba autoridad, sus deberes presentes le otorgan una sensación de bienestar, dice.
"Llego a casa sintiéndome orgulloso", dice. "Otros agentes sirven al gobierno. Pero nosotros servimos a la gente".
Los iraquíes se pueden quejar de clérigos corruptos, de políticos codiciosos y fuerzas de seguridad asesinas, pero siguen respetando a este plantel de estoicos guardianes del tráfico, que incluso durante los años de Saddam Hussein gozaban de reputación por su integridad.
"La ley del tráfico es lo único que funciona correctamente en estos días", dice Mustafa Hatim, ingeniero eléctrico de 32 años. Hatim dice que una vez tuvo problemas con la policía. Había aparcado frente a una heladería en el centro de la ciudad y cuando volvió encontró una multa de 12 dólares en el parabrisas. La falta: estaba mal estacionado.
"Se esfuerzan en hacer bien su trabajo y se los agradezco", dice el conductor de un minibús, Khamis Yousif, 51. "Son dedicados, y nos tratan como hermanos".
Munir Nouri, 43, vendedor de recambios de coches usados, los encomió por sus buenas maneras. "Antes de pasarte la multa, te lo explican", dijo.
Con sus limpios uniformes blanco-azul que combinan con sus sombreros azules, casi tres mil 500 agentes de tráfico trabajan en las calles de la capital, haciendo turnos de siete horas con calores de hasta 49 grados Celsius.
Desde un pequeño refugio de concreto, Nasser observa el tráfico vehicular en una rotonda adornada con banderas en el barrio de Karada de la ciudad, cerca del puente que lleva a la fortificada Zona Verde. Hay banderas fúnebres negras sobre la pared detrás de él. Al otro lado de la calle, las ovejas mordisquean hierba y basura mientras unos niños juegan al fútbol en un polvoriento sitio cercano. En este cruce se reúnen las arterias clave de Bagdad, y Nasser controla su feudo con movimientos discretos y cuidadosamente orquestados.
Nasser es maniático cuando se trata de su uniforme. Sus zapatos son cepillados y su camisa planchada todos los días. El sombrero y los tres galones en sus hombros mantienen su espalda derecha y su mirada firme.
Aunque su trabajo es importante, es también cada vez más peligroso, dice. Los atentados con bomba y los tiroteos hacen de las calles de Bagdad las más peligrosas del mundo, y decenas de sus colegas han muerto en el trabajo. Hace unos días, uno de sus amigos fue atacado y matado mientras controlaba un cruce cerca de la esquina de Nasser. La página web bilingüe de la policía de tráfico de Bagdad, www.iptraffic.org, incluye una página con fotografías de agentes de tráfico asesinados.
Los conductores van armados y nerviosos, y la ira en las calles es algo frecuente.
Una vez Nasser paró a un hombre que quería pasar por el cruce antes de su turno.
"Dijo que iba a llegar tarde a su trabajo", recuerda Nasser. "Yo le dije: ‘Sólo le faltan dos minutos'. Me dijo: ‘No, no voy a esperar'. Se bajó del coche y empezamos a pelear". Después de cinco días en la cárcel, el conductor ofreció sus disculpas.
Políticos, soldados y agentes de policía son los principales transgresores, dicen conductores y agentes de tráfico.
"Conducen demasiado rápido, no prestan atención a las regulaciones del tráfico y esperan que otros les den preferencia, independientemente de las condiciones de la calle", dice Ammar Abbas, 30, taxista, que tiene un diploma universitario en física. "Si otros conductores no se desvían de inmediato, los empujan con los coches o les disparan".
Las milicias chiíes musulmanas también ignoran las reglas de trafico, dijo el agente de tráfico Husham Hassan, 25. "Esa gente no nos respeta".
Durante el gobierno de Hussein, había menos anarquía -y menos coches- en las calles. Entonces los iraquíes conducían Ladas rusos, Volkswagens hechos en Brasil y destartalados Chevrolets. Hoy, grandes BMWés, enormes camionetas Toyota y todoterrenos GMCés, la mayoría de ellos de propiedad de extranjeros, conducen dándose topones de parachoques con los destartalados cacharros que conducen los iraquíes.
Los buses de dos pisos de Londres, antes en todas partes, han desaparecido. Los pocos buses que quedan están cubiertos de enormes anuncios de compañías de teléfonos celulares iraquíes y cigarrillos franceses.
La invasión norteamericana también llevó a Bagdad todoterrenos, tanques y puestos de control, convirtiendo la antigua capital en un laberinto de concreto y alambre de púa. Y la ahora difunta Autoridad Provisional de la Coalición revisó el reglamento de tráfico iraquí, convirtiendo en falta hacer imprudentes vueltas en U o conducir coches con "altavoces que tocan sonidos de animales", de acuerdo al reglamento que se lee en la página web de la policía de tráfico.
Sin embargo, algunos iraquíes han buscado orientación de sus líderes religiosos.
"¿Es permisible pasar con rojo cuando las calles laterales están completamente vacías y no hay peligro?", era una de las preguntas publicadas, dirigidas al clérigo chií más poderoso del país, el gran ayatollah Ali Sistani, en su página web.
"No está permitido violar esas leyes", fue la respuesta del clérigo.
"¿Es un deber obedecer las leyes de tráfico?", decía otra pregunta.
"Deben ser obedecidas", fue la respuesta.
Sin embargo, incluso los clérigos no usan el cinturón de seguridad en Bagdad, una falta que es castigada con una multa de diez dólares pero que es rara vez implementada.
La falta más habitual es conducir contra el tráfico. Debido a la crónica escasez de gasolina, el año pasado el gobierno decretó una ley que permite que los iraquíes conduzcan en Bagdad sólo día por medio, según el número de la matrícula.
Salah Mehdi, un exitoso vendedor de coches que vive en un barrio chií de clase media, tuvo que pagar hace poco una multa de 30 mil dinares iraquíes, unos veinte dólares, por conducir contra el tráfico durante el fin de semana.
"Traté de sobornarlo", dijo el hombre de 24, reconociendo de buena gana su propia falta de integridad. El agente rechazó el soborno. "Pero no se enfadó", dijo Mehdi, admirado.
Mustafa Mukhtar, ingeniero informático, cuenta otra historia ejemplar. Hace poco, Mukhtar, 28, y un amigo aparcaron doble en la Calle de Sinaa, pero no pagaron de inmediato la multa.
Al cabo de un mes, Mukhtar visitó la página web, que proporciona información actualizada a los usuarios sobre la situación de sus multas. La multa había subido al doble.
Ahora Mukhtar visita regularmente la página web de la policía de tráfico para ver si tiene o no multas pendientes, y ha enseñado a sus amigos a hacer lo mismo. Aunque no haya todavía intentos de cobro, no puedes vender tu coche si tienes una multa pendiente.
"Conducir en Bagdad es muy difícil", dice, ofreciendo su mejor consejo para cualquiera que entre a Bagdad detrás de un volante: Chequea los espejos y "prepárate para lo inesperado".

louise.roug@latimes.com

Saif Rasheed y Shamil Aziz contribuyeron a este reportaje.

8 de septiembre de 2006
©los angeles times
©traducción mQh

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bagdad se atrinchera


[Rebecca Santana] Grave situación militar en Bagdad. Ciudad se atrinchera.
Bagdad, Iraq. Las fuerzas de seguridad iraquíes empezarán a cavar trincheras en los alrededores de Bagdad y levantarán puestos de control en todas las carreteras que entran a la ciudad para reducir en parte la violencia que asola a la ciudad, dijo el viernes el ministro del Interior.
Para ayudar a frenar el derramamiento de sangre, más tropas norteamericanas han sido trasladadas a Bagdad desde el bastión insurgente de la provincia de Anbar, dijo un importante jefe militar norteamericano.
Entretanto, un marine estadounidense fue matado el viernes en la provincia de Anbar y un soldado norteamericano murió el jueves noche tras el estallido de una bomba improvisada al noroeste de Bagdad, dijeron los militares. Cinco soldados estadounidenses murieron el jueves, convirtiéndolo en un día especialmente mortífero para las fuerzas americanas.
Un soldado norteamericano se encuentra desaparecido tras un atentado suicida a 50 kilómetros al oeste de Bagdad, que terminó con la vida de dos soldados, dijeron oficiales norteamericanos.
El soldado "ha sido reportado como con paradero desconocido", dijeron los oficiales, sin entregar otros detalles.
Ni los oficiales norteamericanos en Iraq ni funcionarios en Washington quisieron pronunciarse sobre si el soldado ha sido secuestrado o si murió en el atentado y sus restos no han sido recuperados.
Un civil iraquí murió y otros cinco resultaron heridos cuando un hombre armado abrió el fuego desde el tejado de un edificio abandonado en un barrio sunní de Bagdad en el centro de Bagdad, dijo el teniente de policía Ahmed Mohammed Ali.
Un portavoz de un importante partido político árabe sunní fue atacado y matado por pistoleros, dijo un funcionario del partido que habló a condición de mantener el anonimato, porque teme por su vida.
El jeque Muhanad al-Gharairi era portavoz de la Conferencia del Pueblo de Iraq, un partido sunní encabezado por Adnan al-Dulaimi. También era imán de una mezquita de Bagdad y se dirigía a las oraciones de otra mezquita en Garma, a unos 30 kilómetros de Bagdad, cuando fue emboscado.
El plan para cavar trincheras en torno a Bagdad será implementado en las próximas semanas, dijo a la Associated Press el portavoz del ministerio del Interior, el brigadier Abdul-Kareem Khalaf.
La decisión fue tomada después de que más de 130 personas fueran asesinadas en dos días -muertas en ataques o torturadas y arrojadas a ríos o en las calles de la ciudad.
"En las próximas semanas cavaremos trincheras en torno a Bagdad, cuando se implemente la tercera parte del plan de seguridad de la ciudad", dijo Khalaf. El Bagdad metropolitano tiene una circunferencia de unos cien kilómetros.
El plan de seguridad, conocido como Operación Juntos hacia Adelante, empezó el 15 de junio y está siendo implementado en tres fases. La primera fase incluía la instalación de puestos de control aleatorios en la ciudad, la segunda fase empezó el 7 de agosto y se concentró en las zonas más inclinadas a la violencia en Bagdad -en general barrios sunníes al sur de Bagdad. La tercera fase, según se dice, incluye el acordonamiento y allanamiento de otras partes de Bagdad, incluyendo zonas predominantemente chiíes.
Khalaf dijo que excepto las trincheras, el tráfico vehicular y pedestre se restringiría a 28 puntos de entrada con puestos de control operacionales.
"Sólo dejaremos 28 entradas a Bagdad; se bloquearán todas las. Aparte las trincheras, se agregarán elementos para obstaculizar la circulación de personas y vehículos. Las trincheras serán constantemente vigiladas", dijo.
No entregó más detalles, pero dijo que no habría murallas de concreto ni alambres de púa. Khalaf no sabe qué profundidad o anchura tendrán las trincheras.
"Se cavarán en torno a Bagdad", dijo.
El teniente general Peter Chiarelli, importante jefe militar norteamericano, dijo que las tropas estadounidenses fueron trasladadas desde la provincia de Anbar a Bagdad debido a que refrenar la violencia religiosa en la capital es una de las prioridades más altas.
"El principal esfuerzo se concentra en Bagdad y debemos asegurarnos de que carguemos con el mayor peso", dijo Chiarelli, utilizando una terminología militar para recurrir a tropas disponibles en otros lugares para reforzar la campaña militar en Bagdad.
Además de prolongar el período de combate de la Brigada Stryker 172 del ejército y enviarla del norte de Iraq a Bagdad, una unidad más pequeña fue trasladada este verano desde las cercanías de Rawah en la provincia de Anbar, a la capital. La 172 fue reemplazada por otra brigada Stryker en el norte, pero no la unidad en Rawah.
Chiarelli dijo que el general George Casey, el comandante en jefe norteamericano en Iraq, está "completamente concentrado en asegurar que mantengamos en Bagdad lo que necesitamos para hacer el trabajo que tenemos que hacer". Agregó que cree que los esfuerzos de estabilización de Anbar, que se extiende desde el oeste de Bagdad hasta las fronteras sirias y jordanas, están "avanzando en la dirección correcta".
Tanto el gobierno de Bush como los militares han dicho que los asesinatos religiosos y la violencia surgen en la capital y en las fronteras de Iraq, aunque las fuerzas armadas han declarado que los ataques se han limitado a partes de Bagdad que no están incluidas todavía en la operación de seguridad.
La reducción de la violencia el viernes se atribuyó directamente a una prohibición vehicular que entró en vigor en los alrededores de Bagdad para impedir la entrada de coches suicidas y otros atacantes contra fieles durante las oraciones. La prohibición se implementa los viernes.
El embajador norteamericano ante Naciones Unidas, John Bolton, dijo el jueves al Consejo de Seguridad que el número promedio de ataques semanales aumentó en un 15 por ciento y que las bajas iraquíes aumentaron en un 51 por ciento, en comparación con los tres meses previos.
Uno de los desarrollos positivos para la coalición norteamericana y el gobierno de unidad nacional fue la muerte de un importante miembro de al-Qaida en Iraq y la captura de otro cabecilla de al-Qaida.
El ministerio del Interior dijo que Abu Jaafar al-Liby, que dijo que se trataba del segundo o tercer jefe de al-Qaida más importante en Iraq, fue matado por la policía a principios de la semana.
Otros cuatro rebeldes fueron ultimados y dos fueron detenidos durante el allanamiento, dijo a la AP el portavoz del ministerio, el brigadier Abdul-Karim Khalaf.
Al-Liby estaba a cargo del sector de Bagdad para al-Qaida, dijo Khalaf. Dijo que se encontraron dos cartas en su cuerpo -una dirigida a Osama bin Laden y otra a Abu Ayyoub al-Masri, que se piensa que es el jefe de al-Qaida en Iraq. Las cartas juran lealtad y prometen más ataques, dijo Khalaf.
Los militares norteamericanos también dijeron que capturaron a una importante figura de al-Qaida y a un hombre asociado con el nuevo líder del grupo en un allanamiento del 12 de septiembre.
El hombre, que no fue identificado, dirigía células que cometían asesinatos y secuestros y fabricaban bombas en Bagdad, y jugó un papel clave en las actividades de al-Qaida en Faluya antes de que fuera atacada por tropas norteamericanas en noviembre de 2004, dijo Caldwell.
Entretanto, políticos chiíes dijeron que han hecho progresos en cuanto a romper el impasse sobre la legislación destinada a crear regiones autónomas como parte de un Iraq federal. Los árabes sunníes se oponen al proyecto de ley, por temor a que divida a Iraq en tres cantones étnico-religiosos. Las leyes propuestas podrían ser introducidas la próxima semana.

Sameer N. Yacoub y Patrick Quinn contribuyó a este reportaje desde Bagdad.

15 de septiembre de 2006
©los angeles times
©traducción mQh
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autonomía crea tensiones


[Richard A. Oppel Jr. y Abdul Razzaq al-Saiedi] Proyecto de estados autónomos crea tensiones en Iraq.
Bagdad, Iraq. Un acuerdo alcanzado hace once meses entre dirigentes chiíes y kurdos para conseguir el respaldo de los árabes sunníes para aprobar la nueva constitución se está deshilachando, provocando desasosiego entre algunos líderes políticos porque podría poner en peligro la frágil coalición del gobierno de Iraq.
La disputa alcanzó un punto álgido el domingo cuando la importante facción chií insistió en la rápida aprobación de una ley que otorga a las provincias autoridad para crear estados autónomos, que algunos poderosos chiíes están tratando de conseguir para el sur de Iraq. Legisladores sunníes y otros que se oponen al proyecto, se negaron a asistir al congreso el domingo, y advirtieron que el plan podría socavar gravemente el gobierno de unidad del país.
Legisladores chiíes dijeron el domingo temprano que habían alcanzado un acuerdo con los sunníes y otras coaliciones políticas para postergar el debate sobre el proyecto hasta el 19 de septiembre. Pero horas después los legisladores dijeron que el acuerdo había fracasado, y que no estaba claro si los chiíes votarían por su aplazamiento.
Una facción de chiíes dirigida por Abdul Aziz al-Hakim, presidente del Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Iraq, un poderoso partido con estrechos lazos con Irán, quiere leyes que establezcan un mecanismo para que las provincias empiecen el proceso de creación de estados semi-independientes. Las nuevas regiones tendrían amplias atribuciones para controlar su propia seguridad y los recursos provenientes del petróleo.
Durante el fin de semana, Hakim renovó su llamado a formar una extensa región autónoma en el sur de Iraq que incluiría a gran parte de la población chií de Iraq y los campos de petróleo. Los kurdos en el nordeste ya tienen una región semiautónoma. Los sunníes temen que la aprobación de esas leyes les prive de su legítima cuota de los ingresos por el petróleo del país, ya que el occidente y centro-norte de Iraq, donde viven los sunníes, no cuentan con grandes depósitos de petróleo. Los sunníes acusan a algunos líderes chiíes de romper una promesa del año pasado a cambio del respaldo sunní a una enmienda de la constitución que permite al parlamento renegociar el tema.
Un líder del principal bloque político sunní, Adnan al-Dulaimi, denunció la legislación propuesta por Hakim y llamó a "los iraquíes -sunníes, chiíes, árabes, kurdos, turcomanos, musulmanes o cristianos- a oponerse a esta estratagema".
Afirmó que era un error debatir una propuesta que podría conducir a la creación de regiones autónomas si el parlamento no tenía la oportunidad de volver a redactar partes de la constitución. Fue respaldado por un funcionario de la coalición laica del ex primer ministro interino, Ayad Allawi. Algunos legisladores chiíes del Partido Fadhila y la coalición leal al clérigo militante Moqtada al-Sáder también expresaron su respaldo a los sunníes, diciendo que estaban preocupados de que el partido de Hakim esté avanzando demasiado rápidamente.
La constitución aprobada en octubre exige que el parlamento forme rápidamente una comisión que tomaría cuatro meses en proponer reformas a la constitución. La constitución también llama al parlamento a aprobar, dentro de seis meses, una ley que defina los medios por los cuales las provincias podrían formar regiones autónomas. Nada de eso ha ocurrido.
Los chiíes dirigidos por Hakim, y apoyados por los kurdos, pueden tener los votos que son necesarios para aprobar por simple mayoría el proyecto de ley que crea las regiones autónomas. Pero los sunníes cuentan con poderosos aliados que quieren aplazar el tema, incluyendo a miembros de la coalición de Allawi y algunos de los bloques Fadhila y Sáder, dando a los sunníes esperanzas de que pueden bloquear, de momento, ese proyecto.
"La mayoría de los miembros parlamento están con nosotros en su rechazo de esta propuesta", dijo Dhafir al-Ani, miembro sunní del parlamento.
Durante un momento el domingo pareció que se hacían progresos. Un legislador chií, Sami al-Askari, dijo que se había llegado a un acuerdo para aplazar el debate hasta la próxima semana para permitir al parlamento estudiar los cambios constitucionales buscados por los sunníes. Khalid al-Atiya, chií y presidente del parlamento, dijo que el debate sobre el proyecto chií empezaría en una semana a partir del martes, con una votación seis días después.
Pero más tarde el mismo domingo un ayudante dio a conocer una declaración de Atiya diciendo que los líderes políticos habían rechazado ese acuerdo. Sayed Ayyad Jamaladin, un político de la coalición de Allawi que ha estado involucrado en el tema, dijo que "no hay acuerdo" y contendió que los que apoyaban la propuesta chií estaban tratando impropiamente de apresurar la aprobación del proyecto de ley en el parlamento "tan rápidamente como pueden".
Si el partido de Hakim fuera a acelerar la propuesta a través del parlamento, podría socavar el consenso de gobierno que tanto costó crear a chiíes y kurdos este año. En el otoño pasado, los líderes sunníes se jugaron su credibilidad con el compromiso constitucional que pedía al parlamento que permitiera una renegociación rápida en el tema de las regiones autónomas.
Los líderes sunníes se apresuran a señalar lo central que era esa promesa para apoyar la constitución y unirse al gobierno. Ani dijo que la aprobación del proyecto de Hakim sin resolver primero estos problemas haría "abortar el plan de reconciliación nacional y haría fracasar al gobierno de unidad nacional".
Además, se muestra escéptico de las garantías del partido de Hakim de que esperarán un año o dos antes de dar pasos para formar regiones autónomas. "Si se apruebe este proyecto, se dará luz verde a la formación inmediata de esas regiones", dijo.
Algunos chiíes responden que la supervivencia a largo plazo de un Iraq unificado se vería garantizada, no perjudicada, si Iraq transfiriera autoridad a estados regionales.
Algunos partidos están tratando de "engañar a la gente cuando dicen que el federalismo fragmentará a Iraq", dice la declaración dada a conocer por el ayudante de Atiya. Dijo que un gobierno central que cediese poco poder a las regiones corre un riesgo mayor de incitar movimientos hacia la secesión de Iraq.

Ali Adeeb, Omar al-Neami y Hosham Hussein contribuyeron a este reportaje.

10 de septiembre de 2006
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obstáculos para el amor en bagdad


[Amit R. Paley] Las crecientes tensiones entre sunníes y chiíes están terminando con los romances mixtos.
Bagdad, Iraq. Él era un elegante y joven ingeniero informático. Ella, una tímida estudiante en su universidad. Se enamoraron durante un almuerzo el año pasado en la cantina de la facultad. Pronto estaban comprometidos.
Mientras preparaban su futuro juntos, la pareja apenas trató un tema que durante el régimen de Saddam Hussein no era más que una nota al pie de página en asuntos del corazón: Él era un musulmán chií; ella, una kurda sunní.
Pero ahora esas etiquetas están destrozando a la pareja. Sus familias les prohibieron casarse con alguien de una secta rival. Borraron sus números de teléfono de sus celulares y dejaron de hablarse.
"Ahora, para los sunníes y chiíes que se enamoran en este país no hay ningún futuro", dice Husham al-Gizzy, el ingeniero de 25, mientras se cubre la cara con las manos y cuenta su historia.
Durante décadas los matrimonios entre sunníes y chiíes eran en Iraq tan corrientes como el llamado diario a la oración. Pero la guerra religiosa que asola al país ha levantado una poderosa barrera para los romances sunní-chiíes.
Las parejas casadas han presentado solicitudes de divorcio antes que enfrentarse al escarnio de sus vecinos. Muchos novios se han separado como resultado de amenazas de muerte. Y cada vez más jóvenes iraquíes han concluido que es, cuando se trata del amor y la familia, simplemente más fácil aferrarse a tu propio grupo.
En un país donde los matrimonios mixtos fueron considerados durante largo tiempo como el pegamento que mantenía unida a una frágil sociedad multi-étnica, la segregación romántica de sunníes y chiíes es mucho más que un reflejo de un cisma relleno de odio entre los dos grupos. Es también una lúgubre premonición del futuro.
"Todo el mundo toma partido para prepararse para la gran guerra civil", dice Adnan Abdul Kareem Enad, gerente de Sot al-Kamayaa, una emisora de radio que ha transmitido historias de amoríos mixtos entre sunníes y chiíes. "La polarización de Iraq se puede ver en las tensiones entre sunníes y chiíes en el matrimonio, y en las relaciones".
El nuevo tabú sobre los romances sunní-chiíes es sólo uno de los muchos obstáculos al amor en este país asolado por la guerra. Las autoridades religiosas han prohibido las citas románticas. Las mujeres temerosas del derramamiento de sangre se han convertido en prisioneras de sus propias casas. Las parejas rehuyen los restaurantes elegantes que antes pasaban llenos de enamorados, debido al temor a los terroristas suicidas y secuestradores.
"Esta es la época del amor por celular", dice Omar al-Azzawi, 33, dueño de un cibercafé que tiene un padre sunní y una madre chií. "Si me caso con alguien, tendremos que casarnos por teléfono. Probablemente también haremos el amor por teléfono".
Sin embargo, los crecientes obstáculos a los romances entre sunníes y chiíes siguen siendo los signos más ominosos del vertiginosos deterioro de las relaciones entre los dos grupos confesionales. Aunque las tensiones subyacentes han estado siempre cocinándose entre el gobierno sunní de Hussein y la oprimida minoría chií del país, pocos imaginaban un estallido tan violento y tan rápido después del colapso de su gobierno.
Para Hameed Ayad, sunní de 24, la desintegración de su compromiso con una compañera de clase se produjo inmediatamente después de la invasión norteamericana de 2003. Su prometida lo impresionó cuando expresó un recuperado orgullo en las costumbres chiíes antaño suprimidas, como la auto-flagelación pública y los peregrinajes a las ciudades santas de Karbala y Nayaf.
Ayad acusó a su novia de fanatismo y rompió la relación. Pero oírlo describir al islam chií como una religión "atrasada" sugiere que él también ha tomado partido por los suyos.
"No me casaría con una chií ni aunque fuera la última mujer de la Tierra", dijo Ayad, egresado hace poco de administración comercial de la Universidad de al-Turath, mientras desayunaba huevos revueltos y pepinos. "La podrías colocar en un marco de oro, pero si rompe ese oro, lo que hay dentro de ella es lodo".
Como otros muchos jóvenes iraquíes, Ayad está atareadísimo simplemente con seguir con vida y ha prestado poca atención al romance en los últimos tres años. "No puedo garantizar ni mi propia vida", dice. "¿Cómo me voy a casar si no puedo hacerme responsable de otros?"
¿Cuándo será Iraq lo suficientemente seguro como para casarse?
"Cuando los gallos pongan huevos", dijo, impertérrito.
Para las jóvenes iraquíes, el aislamiento es todavía más extremo. La despiadada carnicería en la ciudad tiene tan aterrada a Areej Abbas, 25, que en los últimos tres años no ha salido de su casa ni una sola vez. No tiene celular. No tiene amigos. No tiene invitados. Mira televisión todo el día.
"Me siento miserable", dice en un estudio de Sot al-Jamayaa, donde empezó a trabajar como presentadora de un programa científico en su primera aventura fuera de casa. "Si no fuera por este canal, seguramente me habría suicidado".
Las universidades siguen siendo, quizás, el lugar más seguro para encuentros románticos, aunque chiíes religiosos han empezado a infiltrarse en las universidades, como en el campus de la Universidad de Bagdad, colocando carteles advirtiendo sobre las consecuencias diabólicas de las citas románticas y la promiscuidad. Sin embargo, los estudiantes universitarios dicen ahora que la principal razón por que la que quieren estudiar en la universidad es conocer a miembros del otro sexo, de acuerdo a una reciente encuesta de Sot a-Jamayaa.
"Es casi imposible conocer a chicas fuera de la universidad", dice Enad, el gerente de Sot al-Jamayaa. "Incluso los hombres mayores están ahora volviendo desesperadamente a la universidad, si son solteros".
Pero incluso si las almas afines se encuentran mutuamente en los jardines universitarios, las diferencias religiosas pueden separarlas rápidamente. Muchos jóvenes dicen que son sobre todo los padres los que están introduciendo cuñas entre las parejas mixtas.
Samar Hussein, empleada pública de 27, dijo que originalmente sus padres se alegraron cuando un compañero sunní en la universidad pidió su mano en matrimonio haca cuatro años. Su hermano mayor y su tía se habían casado con sunníes, y a la familia no le importaba la afiliación religiosa.
Pero ahora la familia de Hussein está preocupada de las consideraciones prácticas del matrimonio mixto. Enormes extensiones de Bagdad se han convertido en zonas prohibidas para miembros de algunos grupos religiosos. Aquellos que se aventuran allá corren el peligro de ser secuestrados o asesinados.
"Si una chií se casa con un chico sunní, ¿cómo podrá su madre visitarla?", pregunta Hussein. "Y cuando el país se divida entre áreas sunníes y chiíes, habrá una cuestión difícil: ¿Se irán las mujeres a vivir con sus maridos o que se quedarán con sus familias? ¿Y los niños? ¿Quién se ocupará de ellos?"
Hizo una pausa. "Eso será una tragedia", dijo.
Los padres de Hussein le han prohibido reunirse con el sunní, pero ella sigue hablando con él por teléfono. No romperá la tradición que exige la aprobación de los padres para casarse, pero espera que sus familias puedan cambiar algún día. "Se lo dejaremos a Dios", dijo. "Quizás Él quiera sembrar el amor entre nuestras familias y mostrarles el camino correcto".
Muchas parejas -especialmente las parejas educadas, los urbanos laicos- siguen casándose en parejas mixtas. Pero incluso cuando los enamorados y sus padres consienten el matrimonio, las relaciones mixtas están a menudo fraguadas de peligros.
Qais Jassim, 26, un chií del barrio Adhamiyah de Baghdad, pasó su noche de bodas aterrado de que los parientes sunníes de su mujer lo secuestraran y decapitaran. Después de tres meses de reuniones aparte con el padre de la mujer, Jassim pudo finalmente persuadir a sus padres que aprobaran su matrimonio. Pero sus primos (de ella) se opusieron.
"Déjala, si no te mataremos", le gritaron los primos, cuenta Jassim.
Esas disputas, sin embargo, sólo surgen cuando almas solitarias logran encontrar pareja, un orden de cosas cada vez más difícil en un país con toque de queda, limitada movilidad y la constante amenaza de los escuadrones de la muerte. Algunos adolescentes han empezado a discar al azar con la esperanza de que responda una chica. Otros jóvenes han tratando de conectarse a través de las ubicuas chat rooms de internet.
En el ciberespacio, como casi en todas partes en Iraq en estos días, una de las primeras preguntas es: ¿Eres sunní o chií? Si se da la respuesta equivocada, la conversación termina. Manal Hussein, 34, estudiante de biología en la Universidad de Bagdad, dijo que alguien en un chat room le preguntó por su religión.
"Cuando le dije que era sunní, me dijo: ‘Okay, chao'", cuenta.
Las relaciones sunní-chiíes frustradas hacen más profunda la brecha entre los dos grupos y malogran otra oportunidad de producir otra generación de niños con orígenes mixtos -esos testimonios vivos de una paz no demasiado distante entre las confesiones.
Ayad, el sunní de 24 que dijo que nunca se casaría con una chií, teme que Iraq ya empezó su caída libre en la carnicería.
Sacude su cabeza y muestra el sucio cenicero blanco relleno de colillas de cigarrillos. "Así será el futuro de Iraq", dijo.

Salih Dehema, Waleed K. Asmaeel y otros empleados del Washinton Post contribuyeron a este reportaje.

11de septiembre de 2006
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grave situación en anbar


[Thomas E. Ricks] Anbar está perdida, dicen analistas de los marines estadounidenses.
El jefe de inteligencia del Cuerpo de Marines en Iraq presentó hace poco un inusual informe secreto concluyendo que las perspectivas de controlar la provincia de Anbar al oeste del país son tenues y que no hay casi nada que puedan hacer los militares norteamericanos para mejorar la situación política y social allá, dijeron varios oficiales militares y de inteligencia familiarizados con su contenido.
Los oficiales describieron la evaluación clasificada del coronel Pete Devlin de la grave situación en Anbar como la primera vez que un alto oficial norteamericano presenta un informe tan negativo sobre Iraq.
Un oficial del ejército resumió el informe diciendo que en la provincia de Anbar, "no hemos sido derrotados militarmente, pero sí políticamente -y es en la política donde se ganan y pierden las batallas".
La "muy pesimista" declaración, como la llamó un oficial de los marines, está datada el 16 de agosto y fue enviada a Washington poco después de esa fecha, y ha sido discutida en el Pentágono y otros lugares en círculos de la seguridad nacional. "No sé si ha provocado una onda expansiva, pero la gente se siente incómoda", dijo un funcionario del ministerio de Defensa que leyó el informe. Como otros entrevistados sobre el informe, habló a condición de no ser identificado por su nombre debido a la sensibilidad del documento.
Devlin dice que en Anbar no hay ninguna institución del gobierno iraquí que funcione, lo deja un vacío que ha sido rellenado por el grupo insurgente de al-Qaeda en Iraq, que se ha convertido en la fuerza política más importante de la provincia, dijo el oficial del ejército que leyó el informe. Otra persona familiarizada con el informe dice que describe a Anbar como más allá de toda recuperación; una tercera persona dijo que concluye que Estados Unidos ha perdido a Anbar.
Devlin ofrece una serie de razones para explicar la situación, incluyendo la escasez de tropas norteamericanas e iraquíes, un problema que ha perseguido a los jefes militares desde la caída de Bagdad hace más de tres años, dijo la gente que ha leído el documento. Esta gente dijo que informa no solamente que las operaciones militares se encuentran en un punto muerto, incapaces de extender ni mantener la seguridad más allá de los perímetros de sus bases, sino también que los gobiernos locales en la provincia se han derrumbado y el débil gobierno central casi no tiene presencia.
Esas conclusiones son sorprendentes porque incluso después de cuatro años de librar una guerra inesperadamente difícil en Iraq, los militares norteamericanos han tendido a mantener una posición optimista: que su misión es difícil, pero que se está avanzando. Aunque los jefes de estación de la CIA en Bagdad han presentado informes clasificados negativos en los últimos años, oficiales de la inteligencia militar han sido consistentemente más positivos, tanto en sus declaraciones públicas como en sus informes internos.
Devlin, como parte del cuartel general de la Primera Fuerza Expedicionaria (Avanzada) de los Marines en Iraq, se encuentra estacionado allá desde febrero, de modo que su informe no ha sido desechado como la evaluación aturdida de un oficial recién llegado. Además, tiene la reputación de ser uno de los mejores oficiales del Cuerpo de Marines, meticuloso y directo, dijo otro oficial de inteligencia de los marines. De ahí que el informe esté siendo tomado seriamente a medida que es estudiado por las instituciones militares y también por algunos agentes de la CIA.
No todos los entrevistados sobre el informe concuerdan con sus desanimadas conclusiones. El funcionario del ministerio de Defensa, que trabajó en Iraq a principios de año, dijo que su impresión es que la provincia de Anbar tendrá problemas mientras haya tropas norteamericanas en Iraq. "Allá el caos es una forma de vida", dijo. En cuanto al informe, dijo, "es una conclusión sobre el área. La conclusión sobre Anbar no se puede aplicar como válida para todo el país".
Ninguno de los entrevistados quiso citar del informe, mencionando su clasificación, y el Washington Post no vio ninguna copia de él. Pero en las últimas tres semanas, el documento de Devlin ha sido ampliamente difundido en círculos militares y de inteligencia. Está provocando un intenso debate sobre la conclusión clave de que en Abar el objetivo de Estados Unidos, de limpiar y conservar las principales ciudades y el valle del alto Eúfrates, ha fracasado.
El informe sale a la luz en momentos políticamente inoportunos, justo cuando empiezan las campañas para las elecciones legislativas, que prometen ser en parte un referéndum sobre la conducción de la guerra de Iraq por el gobierno de Bush. También sigue por apenas una semanas al testimonio del general de ejército John P. Abizaid, el más importante comandante norteamericano para Oriente Medio, que dijo al Comité del Senado sobre las Fuerzas Armadas a principios del mes pasado de que "es posible que Iraq termine en una guerra civil".
"Es difícil ser optimista ahora", dijo un general de ejército que ha servido en Iraq. "Hay una especie de masa crítica de noticias difíciles", dijo, mientras se intensifica la violencia de la resistencia y entre sunníes y chiíes, la ausencia de un gobierno iraquí efectivo y la creciente preocupación de que Iraq pueda estar desintegrándose.
"En el mundo analítico hay una nube de penumbras descendiendo sobre nosotros", dijo Jeffrey White, ex analista de los militares de Oriente Medio para la Agencia de Inteligencia de la Defensa, que también ha sido informado sobre el pesimista informe de los marines.
Devlin, que está en Iraq, no puede ser localizado para oír sus comentarios. El coronel Jerry Renne, portavoz del Comando Central norteamericano, dijo el sábado que "reglamentariamente no comentamos documentos clasificados".
Anbar es una provincia clave; abarca Ramadi y Faluya, que con Bagdad representa el mayor peligro al que han hecho frente las fuerzas norteamericanas en Iraq. Consiste en un 30 por ciento de masa continental, comprendiendo la vasta región desde la capital hasta las fronteras con Siria y Jordania, incluyendo gran parte de la zona que es conocida como el Triángulo Sunní.
La resistencia empezó allá posiblemente con la batalla de Faluya poco después de la llegada de las tropas norteamericanas en abril de 2003, y los combates no han cesado desde entonces. En agosto murieron 33 militares norteamericanos -17 marines, 13 del ejército y tres de la marina.
Un segundo general que ha leído el informe advirtió que pensaba que era en general correcto, pero coincidió con el funcionario de Defensa que la "sombría" opinión de Devlin puede no tener mayor aplicabilidad en otros lugares de Iraq. Los problemas a los que hace frente Anbar son particulares de esa región, argumentaron él y otros.
Pero un oficial de ejército en Iraq familiarizado con el informe dijo que lo considera correcto. "Se puede decir que es ‘realista'", dijo.
"Según lo entiendo, es muy franco, sin grandes matices", dijo el coronel de marines retirado, G.I. Wilson. "Dice que el emperador está desnudo".
Una visión del informe ofrecida por algunos oficiales marines es que es un grito de ayuda desde un área donde los enfrentamientos siguen siendo intensos, pero que sin embargo recientemente ha sido dejada de lado por los jefes militares y funcionarios del gobierno de Bush en momentos en que se concentran en la seguridad de Bagdad. Una unidad del ejército de vehículos blindados ligeros Stryker que ha sido designada para remplazar a otra en Anbar fue enviada para operaciones de refuerzo en Bagdad, dejando a los comandantes en el oeste riñéndose para movilizar otras tropas y llenar el hueco.
El informe de Devlin es un trabajo de análisis de inteligencia, no una prescripción de políticas, así que no trata de sugerir qué hacer para solucionar la situación. No está claro cuáles serían las implicaciones para las fuerzas norteamericanas si las opiniones de Devlin fueran aceptadas por los jefes militares en otras partes de Iraq. Oficiales norteamericanos temen simplemente abandonar las partes sunníes de Iraq, por miedo a que se transformen en refugios de al-Qaeda y otros grupos terroristas.
Una solución posible sería tratar de entregar la provincia a fuerzas iraquíes, pero aumenta el riesgo de una guerra civil declarada. Las fuerzas dominadas por los chiíes podrían comenzar una masacre de sunníes, mientras que las unidades sunníes podrían simplemente actuar independientemente del gobierno central.

11 de septiembre de 2006
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sáder, signo de interrogación


[Sudarsan Raghavan y Ellen Knickmeyer] Responder al cambiante rol del clérigo chií se ha convertido en todo un reto para los norteamericanos en Iraq.
Nayaf, Iraq. El triste lamento de una madre atravesó el silencio del Cementerio de los Mártires, donde las banderas verdinegras de la resistencia ondean sobre las tumbas de cientos de milicianos musulmanes chiíes. Arrodillada en la tierra caliente y rojiza, Abbas Sabah, 17, no se movió. Sus pensamientos estaban concentrados en su hermano Anwar, 29, que murió en un enfrentamiento con tropas norteamericanas, como otros muchos de los muertos que están enterrados aquí. Arrojó un poco de agua sobre la lápida de Anwar y la limpió suavemente.
"Queremos venganza", dijo Sabah, que llevaba el negro uniforme del Ejército Mahdi, la milicia del clérigo antinorteamericano Moqtada al-Sáder. "Quiero pelear o morir por la causa".
En otro barrio, Mustafa Yaqoubi, un ayudante de Sáder que también perdió a un hermano en un choque con soldados norteamericanos, estaba librando otro tipo de guerra.
"Hemos entrado en un juego político", dijo Yaqoubi, que llevaba un turbante negro para indicar que desciende del profeta Mahoma. "Hemos entrado en este gobierno para usarlo como arma para presionar a los invasores".
Sabah y Yaqoubi personifican el dilema que representa Sáder para el gobierno de Bush y el frágil gobierno iraquí. Aunque Sáder y sus seguidores tienen más escaños en el parlamento de Iraq que cualquier otro grupo político, su actitud hacia la ocupación norteamericana sigue siendo beligerante. Participan en el gobierno, pero siguen siendo marginales, agudamente conscientes de que su autoridad se deriva de su independencia y su oposición a la ocupación.
La continuada evolución de Sáder, de clérigo populista a cabecilla de la guerrilla y consejero político, está emergiendo como el reto central a las expectativas norteamericanas de un Iraq estable. Es un signo de interrogación que muchos analistas dicen que debe ser solucionado inmediata y delicadamente.
"Sáder es un trabajo en progreso", dice Phebe Marr, importante experta en política iraquí. "Es volátil y oportunista y peligroso. Pero es también popular y tiene apoyo de base entre un importante sector de la población. Él y su movimiento deben ser abordados con cuidado y hábilmente antes de que puedan echar raíces permanentes.
"Ahora está demasiado poderoso como para enfrentarlo directamente".
Funcionarios norteamericanos de alto nivel están empezando a compartir este punto de vista. Antes desechado por generales y funcionarios del gobierno de Bush como irrelevante para el futuro de Iraq, Sáder empieza a ser visto cada vez más como un hombre que tiene el poder sea de hacer explosionar a Iraq o de mantenerlo unido, a medida que su milicia continúa retando la autoridad del gobierno iraquí y sus aliados norteamericanos. Mientras la violencia religiosa asola Bagdad y otras partes del país, los musulmanes sunníes acusan el Ejército Mahdi de Sáder de ser responsable de los escuadrones de la muerte bajo el manto del islam.
"En mi opinión, no hay una solución militar a Moqtada al-Sáder", dijo un funcionario de la coalición, que habló a condición de mantener el anonimato. "Podemos sentirnos un poco incómodos con su posición en cuanto a su legitimidad como político, pero sí es un participante válido".
Es un cambio extraordinario para dos enemigos cuyas fuerzas son las más poderosas en Iraq y que han librado algunas de las batallas más mortíferas desde la invasión norteamericana de 2003. Pero en el cuarto año de ocupación, la naturaleza de la resistencia iraquí ha cambiado a medida que política, religión y guerra se han fundido. Ahora los milicianos controlan ministerios claves y derivan su legitimidad tanto de las urnas como del campo de batalla.
Públicamente, oficiales norteamericanos han declarado que el Ejército Mahdi y otras milicias son la mayor amenaza para la estabilidad de Iraq. En privado, sus opiniones son más moderadas.
"Tenemos que cuidarnos de demonizar a Jaish al-Mahdi, porque... hay que mirar los resultados de las elecciones", dijo el alto funcionario de la coalición, utilizando el nombre árabe del Ejército Mahdi. "Moqtada al-Sáder mismo es un personaje terriblemente popular. ¿Por qué? Porque se burla de la coalición. Así que debemos tener cuidado de no demonizarlo".
Hoy, Sáder controla treinta escaños en el parlamento iraquí y cuatro ministerios. Todas las carteras de Sáder proporcionan servicios clave, tales como salud pública y transporte. Le dan la capacidad de canalizar recursos hacia electorados que lo apoyan y reforzar su base popular. Durante las prolongadas negociaciones sobre quién sería primer ministro después de las elecciones de enero, Sáder apoyó a regañadientes a Nouri al-Maliki, también chií, que encabeza el gobierno.
"Sáder representa un problema complejo", dijo Vali Náser, experto en el islam político del Consejo de Relaciones Exteriores. "Es difícil tratar con él política y militarmente sin socavar al gobierno de Maliki que descansa en él".
Ese predicado fue subrayado el mes pasado cuando soldados iraquíes y asesores militares norteamericanos allanaron Ciudad Sáder, la extensa barriada que es el bastión de Sáder en Bagdad, provocando un enfrentamiento a tiros que duró dos horas. Maliki apareció en la televisión al día siguiente denunciando la operación como un obstáculo para los esfuerzos de reconciliación nacional, prometiendo a los iraquíes que "no volverá a ocurrir".
Los militares norteamericanos también han rehuido declarar públicamente que Sáder y su Ejército Mahdi son una amenaza para la estabilidad de Iraq. Pero diplomáticos norteamericanos han identificado a Sáder como una amenaza para el país y no han intentado acercársele. En marzo, el embajador norteamericano Zalmay Khalilzad dijo en una entrevista que Estados Unidos no ha tenido ningún encuentro cara a cara con el clérigo.
Pero Ali al-Dabbagh, portavoz del gobierno iraquí, dijo que el gobierno de Bush y los militares norteamericanos deben aproximarse a Sáder y tratarlo como un líder político en momentos en que muchos iraquíes temen que la guerra civil sea inevitable.
"No han hecho nada, no han dado ningún paso en esa dirección", dijo Dabbagh. "Deberían esforzarse por entrar en diálogo con Moqtada. Excluir a Moqtada no es una decisión cuerda. Podría ser empujado en la otra dirección. Nadie debe ignorar a Moqtada".

Estrategias Cambiantes
Sentado en un sofá color chocolate, Yaqoubi, el ayudante de Sáder, habló con confianza sobre el poder que tiene ahora su movimiento. Cuando se le preguntó por qué pensaba que los oficiales norteamericanos no estaban atacando públicamente a Sáder, Yaqoubi replicó con una sonrisa: "Están tratando de no empeorar la situación".
De voz suave, con una gruesa y cuidada barba negra, Yacoubi reconoce que la guerra de guerrillas no ha sido efectiva a la hora de terminar con la ocupación norteamericana. Ahora, Sáder y sus seguidores han cambiado de estrategia y se están concentrando en la arena política, en la creencia de que la presión doméstica en Estados Unidos conducirá inevitablemente a que las tropas norteamericanas abandonen Iraq.
"Todos pensaban que los partidarios de Sáder sólo pensaban en pelear, como los talibanes", dijo Yacoubi. "Queremos demostrar que tenemos la capacidad para participar en el proceso político".
Los partidarios de Sáder se niegan a tratar con oficiales norteamericanos. Yacoubi expresó amargura sobre la falta de apoyo norteamericano de la insurrección chií después de la Guerra del Golfo Pérsico de 1991, que fue reprimida brutalmente por Saddam Hussein.
Interrogado si acaso Khalilzad ha hablado con Sáder alguna vez, Yacoubi dijo: "No necesita intentarlo. No necesita ser un invasor. No lo es, y podemos hablar con él".
Agregó que Sáder ha rechazado las aperturas diplomáticas hechas por funcionarios norteamericanos a través de Naciones Unidas y otras terceras partes.
Al mismo tiempo, los partidarios de Sáder están preocupados sobre el impacto que están teniendo los asesinatos del Ejército Mahdi y sus enfrentamientos con soldados iraquíes en su imagen y en sus posibilidades de ser tomados en serio en el escenario político. Y funcionarios norteamericanos y expertos iraquíes están cada vez más dudas sobre el control que ejerce Sáder realmente sobre sus milicianos.
"Siempre he creído que tiene menos control de su organización de lo que nos quiere hacer creer, y él tiene ese tipo de lugartenientes con franquicia que siguen sus directrices más amplias, pero las interpretan y aplican a su modo", dijo el alto funcionario de la coalición. "Puedes ver, de vez en vez, que él está tratando de cambiar ese orden de cosas".
Eso ocurrió la semana pasada después de intensos enfrentamientos entre los milicianos del Ejército Mahdi y fuerzas iraquíes en la ciudad de Diwaniyah, al sur de Iraq. Los ataques inquietaron incluso a los propios seguidores de Sáder. Después, Sáder señaló al gobernador de Diwaniyah que debería investigar las acciones de sus milicianos. En los últimos días, también ordenó que sus fotos fueran retiradas de los ministerios y oficinas de gobierno para impedir cualquier abuso cometido en su nombre o imagen.
"Eso puede afectar la reputación de Moqtada al-Sáder", dijo Yacoubi.
Sin embargo, Sáder se ha demostrado imprevisible y sorprendentemente capaz de movilizar a sus seguidores. Su disposición a utilizar la violencia en caso de que el experimento político de Sáder no logre alcanzar sus objetivos, arroja una sombra sobre las palabras de Yacoubi.
"Si les dejamos la decisión a ellos, no se irán. Se quedarán", dijo Yacoubi sobre los norteamericanos. "Para que los invasores se marchen, necesitan algunos sacrificios. La gente debe sacrificar sus almas para que los norteamericanos se marchen".

Presión Para Responder
En la mezquita de la cúpula dorada de Nayaf, la del Imán Ali, el lugar donde está enterrado el santo más venerado del islam chií, los milicianos del Ejército Mahdi en sus tradicionales uniformes negros merodean en torno a las entradas, observando a los que entran. A menos de cien metros, unos jóvenes gravitan hacia un puesto donde se pasan videos de propaganda del Ejército Mahdi.
Muchos observadores dicen que en momentos en que el gobierno de Bush y Sáder no están hablando, una opción política es tratar de sacar a los hombres pobres y de clase media baja como estos de las calles.
"Lo mejor que se puede hacer es darles trabajos, no en el sistema de seguridad, sino donde puedan estar activos en la economía", dice Dabbagh, el portavoz de gobierno, refiriéndose a los milicianos del Ejército Mahdi. "Una vez que tengan ingresos, no creo que obedezcan a una ideología o se conviertan en fundamentalistas o extremistas".
Otros observadores dicen que el gobierno iraquí y sus benefactores norteamericanos deben interrumpir la red de servicios sociales de Sáder proporcionando servicios sanitarios, educación y otros, así como implementar las leyes.
"Sólo si los líderes chiíes moderados proporcionan seguridad y gobernabilidad, podrán hacer frente a Sáder", dijo Náser. "Sería un error enfrentarlo directamente. Se convertirá en un mártir, y su movimiento se hará todavía más fuerte. Además, acabar con los partidarios de Sáder puede crear milicias mucho más militantes y diversas".
Sáder tiene que integrarse gradualmente a la vida política, dijo Marr, "manteniéndolo en la superficie, donde pueda ser observado y presionado... Así podremos cortarle las alas, militarmente, y podremos reducir su popularidad proporcionando servicios públicos, trabajos, y desacreditando su extremismo".

Naseer Mehdawi contribuyó a este reportaje.

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huérfanos en iraq


[Jonathan Finer] A pesar del estigma, un número creciente de niños termina en instituciones públicas.
Bagdad, Iraq. Athier Hamed llegó al orfelinato de Bagdad hace dos años, después de la repentina muerte de su madre y cuando su padre, dice, "se volvió loco".
"Se enfadaba conmigo. Se ponía furioso conmigo y me pegaba como si nada", dice Athier, de voz suave y espigado, arremangándose la camisa para mostrar las brillantes cicatrices que dejaron en sus muñecas las esposas que dice que su padre, en un ataque de ira, trató de soldar a sus brazos.
Temiendo por su vida, Athier, ahora de 13 años, escapó, convenciendo a un conductor de autobús que lo llevara a la capital iraquí desde su pequeña ciudad en la provincia de Anbar, al occidente del país. La policía lo llevó al Primer Hogar para la Infancia, fundado en 2003 cuando el número de niños abandonados y huérfanos empezó a aumentar en la capital iraquí.
Pero cuando en una visita los funcionarios de gobierno lo entrevistaron sobre su pasado, decidieron devolverlo a su padre. Eso no duró demasiado tiempo.
"Yo les dije que no quería volver, pero me dijeron que entonces estaría con mi propia familia", dijo Athier en una entrevista hace poco en el orfelinato. "No podía soportar la idea de volver con él. Después de dos días me golpeó y volví".
Athier se convirtió nuevamente en pupilo del estado, una condición cada vez más común aquí a pesar de un estigma tan poderoso que ha llevado a un gobierno económicamente estrangulado a pagar a las familias para que recojan de vuelta a sus niños.
Antes de la invasión norteamericana de 2003, vivían en orfelinatos iraquíes unos cuatrocientos niños, a los que Saddam Hussein pagaba a menudo visitas altamente publicitadas para demostrar su magnanimidad. Pero para principios de 2004, ese número había crecido a cerca de mil, según estadísticas oficiales. Para un país que ha estado en guerra y bajo asfixiantes sanciones económicas durante más de 25 años, esas cifras son todavía menores de lo que podría esperarse. Pero las sociedades musulmanas consideran vergonzoso abandonar a los niños al cuidado del estado, así que tradicionalmente la mayoría de los niños que han perdido a sus padres son absorbidos en las extensas redes familiares.
Asistentes sociales y funcionarios en Iraq dicen que el firme incremento en el número de huérfanos entregados al estado -que ha exigido la construcción en los últimos tres años de tres nuevos orfelinatos solamente en Bagdad- refleja el peaje que la guerra y las penurias económicas están cobrando a las familias, considerada el núcleo de la sociedad musulmana. Esa tendencia también se observa, dicen, en la actual creencia de que los niños estarán mejor en esas instituciones que en barrios asolados por la guerra.
"En el mundo árabe, la tradición juega un papel en esto. En algunas provincias, no tenemos orfelinatos porque sería una desgracia que las familias no se ocuparan de los niños", dice Abeer Mahdi al-Chalabi, directora del departamento de orfelinatos del ministerio del Trabajo y Asuntos Sociales. "Pero las familias tienen más problemas que nunca antes. Algunas se están desmoronando".
El año pasado el gobierno iraquí implementó la política de pagar a familiares de los niños huérfanos o abandonados para que los recojan de vuelta y los saquen de las dependencias del estado. Los funcionarios iniciaron esfuerzos por localizar a miembros de las familias de los niños en esas instituciones y ofrecieron estipendios mensuales de unos 35 dólares por niño para que cuiden de ellos.
"Es mejor para los niños", dice Chalabi.
Pero la medida corre el riesgo de exponer a los niños abandonados o maltratados o vulnerables, a la violencia de la que estaban tratando de escapar, dicen algunos empleados de los orfelinatos.
"En algunos casos, obviamente no tiene ningún sentido ponerlos en una situación en la que pueden volver a ser agredidos", dice Suda Radhil, directora del Primer Hogar para la Infancia.
Entrevistas con varios niños en un orfelinato al norte de Bagdad, en el barrio de Waziriya, mostró que están agudamente conscientes de los prejuicios sociales que despiertan. Hablando firmemente, mirando fijo, Ahmed Abbas dijo que su madre murió en el parto y su padre murió como héroe.
"Murió como mártir con el ayatollah Mohammed Bakir Hakim", agregó el muchacho de dieciséis, contando detalles sobre las mortales heridas que sufrió su padre en el atentado de agosto de 2003 contra un santuario en Nayaf que mató a uno de los líderes musulmanes chiíes más poderosos de Iraq.
"Por supuesto, no me gustaría estar aquí. Mi padre no quería que me viniera aquí", dijo Ahmed. "Pero no tenía otra alternativa".
Después de que el chico saliera del cuarto, la directora del orfelinato contó rápidamente otra versión. El padre de Abbas es un delincuente común, dijo, que fue detenido por la policía hace dos años por ser miembro de una banda de secuestradores. Y su madre lo abandonó porque no podía criarlo sola.
"A veces la verdad es demasiado dura como para admitirla", dijo.
Visitas recientes a dos orfelinatos de Bagdad mostraron dependencias impecables y bien equipadas, separadas por sexo, con niños de cinco a dieciocho años. El orfelinato de Waziriya, que no tiene nombre, tenía un espacioso patio interior con aros de baloncesto y porterías de fútbol, un televisor grande y consolas de videojuegos y un pequeño cuarto de ordenadores donde se enseña a los niños mecanografía y otras cosas.
Pero también son lugares inclinados a la violencia. Radhil dijo que ha sido golpeada hasta quedar casi inconsciente por los internos dos veces desde que empezara a trabajar en el Primer Hogar para la Infancia en 2004. Estallan peleas casi todos los días, y los niños se fugan a menudo, sólo para ser traídos de vuelta por la policía.
"Esos son niños cuyos padres murieron en incidentes violentos o que han vivido en calles violentas y sólo conocen la violencia", dijo.
En el orfelinato de Waziriya, ese clima se refleja en los dibujos de Saella Saleh que cuelgan por todas partes en la dependencia. Un interno de ocho años, dijo solamente que sus padres habían "muerto normalmente", un refrán oído a menudo de huérfanos cuyos padres han muerto en circunstancias violentas.
Uno de sus dibujos, con rotulador, muestra un mapa de Iraq con una gruesa cadena de metal cruzándolo y una bandera norteamericana en el candado. Otro muestra a mujeres y hombres llorando en torno a un ataúd frente a un edificio rotulado ‘Morgue de Bagdad'. En un tercer dibujo, un tanque apunta su cañón principal contra un grupo de estudiantes que llevan mochilas.
Para muchos niños, sin embargo, los orfelinatos son un santuario entre el caos. El largo camino a Bagdad de Muhammad Rahman empezó hace casi dos años cuando un empezó el masivo asalto norteamericano contra Faluya.
Una bomba norteamericana, o quizás un proyectil de artillería, dijo, impactó en su casa cuando él estaba jugando al fútbol con otros niños del vecindario. Sus padres, dos hermanos y una hermana, murieron en esa explosión.
Durante días Muhammad, entonces de nueve años, deambuló por las calles de la asediada ciudad sin tener dónde ir. Lo encontraron unos comandos de la policía iraquí, que lo llevaron a Bagdad y luego al Primer Hogar para la Infancia.
"Este es mi hogar. Esta es mi familia", dijo. "Quiero quedarme aquí por el resto de mi vida".

Omar Fekeiki y Bassam Sebti contribuyeron a este reportaje.

2 de septiembre de 2006
©washington post
©traducción mQh
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