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carta a al-zarqawi


[Karen DeYoung] Carta ofrece mirada en la dirección de al-Qaeda.
En junio, seis meses antes de la muerte de Abu Musab al-Zarqawi, una importante figura de al-Qaeda le advirtió en una carta que podría ser retirado de la jefatura de al-Qaeda en Iraq si continuaba atacando a los líderes religiosos y tribales sunníes y de grupos rebeldes rivales.
El autor de la carta del 11 de diciembre, que dice que escribe desde el cuartel general de al-Qaeda en la región de Waziristán, Pakistán, es miembro del alto mando de Osama bin Laden, y firma como ‘Atiyah'. El Centro de Combate contra el Terrorismo de las fuerzas armadas en West Point, que dio a conocer la semana pasada un traducción de quince páginas del documento en árabe hecho público en Iraq, dijo que se desconocía su verdadera identidad.
Pero funcionarios antiterroristas dijeron que creían que se trata de Atiyah Abd al-Rahman, un libio de 37 años que se unió a bin Laden en Afganistán en los años ochenta cuando era adolescente. Desde entonces ha ido escalando posiciones en al-Qaeda como experto en explosivos y clérigo musulmán. Tras conocer a Zarqawi a fines de los años noventa en Herat, una ciudad al occidente de Afganistán, se convirtió en el principal interlocutor de al-Qaeda con el violento jordano.
El nombre de Atiyah no aparece en ninguna de las listas publicadas por el gobierno norteamericano de terroristas identificados o sospechosos de terrorismo. Pero su biografía, tal como fue descrita por funcionarios contraterroristas, ofrece una rara mirada en el cuadro de leales acólitos que escaparon con bin Laden hacia la región montañosa de la frontera entre Afganistán y Pakistán en el otoño de 2001.
La carta, el primer documento en salir a la luz de lo que los militares describieron como un "tesoro" de información requisado en casas de seguridad iraquíes en la época de la muerte de Zarqawi, proporciona nuevos detalles sobre la debilitada dirigencia de al-Qaeda en Waziristán.
"Estoy con ellos", escribe Atiyah a Zarqawi sobre el alto mando, "y me han hecho algunos comentarios sobre algunas de sus circunstancias".
El presidente de Pakistán, el general Pervez Musharraf, dijo en una visita a Estados Unidos la semana pasada, que cree que bin Laden y sus principales lugartenientes se encuentran en el lado afgano de la frontera. Oficiales y funcionarios de la inteligencia norteamericanos han creído durante largo tiempo que los cabecillas de al-Qaeda se ocultan en una de las provincias tribales en el lado paquistaní de la frontera, y la carta de Atiyah, si es correcta, confirmaría su ubicación en la época en que fue escrita.
Atiyah deplora las dificultades de la comunicación directa entre Waziristán e Iraq y propone que sería más fácil para Zarqawi enviar a un representante de confianza a Pakistán, antes que al revés. Los "hermanos", escribe, "quisieran tener un modo de hablar con usted y aconsejarle, y guiarle e instruirle; sin embargo, también ellos están ocupados con los despiadados enemigos aquí.
"También están débiles", continúa, "y pedimos a Dios que los fortalezca y cure sus heridas. Aunque tienen muchos problemas propios, son gente razonable, experimentada y cuerda, con conocimientos prácticos... Esta carta representa lo que los hermanos quieren decirle, es una sinopsis de lo que quieren decirle".
Considerada auténtica por funcionarios militares y del contraterrorismo, la carta de Atiyah agrega un contexto a sucesos en la relación a menudo difícil de al-Qaeda con su filial iraquí, arrojando nuevas luces sobre la profundidad de la preocupación sobre Zarqawi y los límites de su control sobre él.
Una carta anterior a Zarqawi, escrita en julio de 2005 por el lugarteniente de bin Laden, Ayman al-Zawahiri, hizo algunos de los mismos reproches con palabras más formales y menos directas. Pero tuvieron poco efecto. En septiembre de 2005, Zarqawi emitió una cinta de video acusando a líderes sunníes y chiíes de cooperar con las fuerzas estadounidenses y jurando que los mataría.
La carta de Atiyah empieza con un cálido saludo personal para Zarqawi. "Se lo digo en la introducción", dice, porque el resto de esta carta "girará fundamentalmente sobre las cosas negativas y advirtiéndole sobre asuntos que son peligrosos y deplorables".
Zarqawi había sido nombrado para una posición de enorme responsabilidad, continúa Atiyah, pero debía ampliar su círculo de consejeros en Iraq y prestar más atención a aquellos con una mejor comprensión de los objetivos políticos más amplios de al-Qaeda. Si sus palabras llevaran a Zarqawi a preguntarse si acaso le estaba pidiendo que renunciara, escribe Atiyah, la respuesta sería: "No necesariamente". Pero, continúa, "es una posibilidad si encuentra usted en algún momento a alguien mejor capacitado o conveniente que usted mismo". La ley islámica, le recuerda, exige que "se nombre a los más capaces".
Atiyah le ordena no tomar "ninguna decisión sobre temas importantes" sin consultar previamente con bin Laden, Zawahiri y los otros "hermanos". Dice que Zarqawi debía mejorar su relación con otros grupos sunníes rebeldes en Iraq y mostrarse más sensato a la hora de usar el nombre de al-Qaeda para sus operaciones.
Atiyah se refiere a un atentado en Jordania ordenado por Zarqawi como el tipo de operación que requiere autorización previa. Le llama a ejercer la mayor cautela y no "intente matar a jefes religiosos o tribales que son obedecidos y que gozan de buena reputación entre los sunníes de Iraq, sin que importen otras cosas". Después de que logren expulsar a las fuerzas norteamericanas y desmantelen al gobierno iraquí, escribe, "podremos actuar de otro modo".
"Debéis saber que nosotros, como los demás muyahedines, todavía estamos débiles... No hemos recuperado todavía nuestra estabilidad. No tenemos alternativa y no debemos despilfarrar ningún elemento de los fundamentos de nuestra resistencia ni ningún colaborador o partidario".
La carta de diciembre de Atiyah produjo aparentemente, al menos temporalmente, algunos resultados. En enero, la organización de Zarqawi, al-Qaeda en Iraq, anunció que estaba coordinando sus operaciones con otros grupos rebeldes sunníes bajo el alero de una organización llamada el Consejo Muyahedín Shura. Pero toda esperanza de apelar a los chiíes -vistos por al-Qaeda como una necesidad temporal que sería abandonada una vez que las fuerzas estadounidenses fueran expulsadas- quedó anulada cuando fuerzas afiliadas a Zarqawi volaron en febrero un importante santuario chií, la mezquita de la cúpula dorada al-Askari en Samarra. Además, varios líderes tribales sunníes de la provincia de Anbar en Iraq fueron asesinados este año por elementos bajo la bandera del Consejo Shura.
Desde la muerte de Zarqawi en un bombardeo aéreo norteamericano cerca de la ciudad iraquí de Baqouba en junio, el nuevo líder de al-Qaeda en Iraq, Abu Hamza al-Muhajer, se ha mostrado más sintonizado con los deseos de al-Qaeda y se ha acercado a líderes tribales y religiosos sunníes. Compitiendo por su apoyo con el gobierno respaldado por Estados Unidos, del primer ministro Nuri al-Maliki, al-Muhajer emitió el jueves un llamado público pidiendo su perdón y jurando respetar su erudición y condición.
Atiyah ya no se encuentra en Waziristán, dijeron oficiales norteamericanos que se negaron a especular sobre su paradero actual. Pero dijeron que no había sido capturado por Estados Unidos y tenían la certeza de que se encontraba vivo. Interrogado sobre la prioridad que se otorga a su captura, un oficial estadounidense dijo: "Es una figura importante... El mundo estará más seguro cuando lo saquemos de la calle".
El oficial dijo que Atiyah es uno de varios miembros importantes de al-Qaeda cuyos nombres no han sido dados a conocer. "Lo conocíamos", dijo. "Hay un montón de gente clave de al-Qaeda que puede no aparecer en los listados para el público general o la prensa". Rita Katz, cuyo Instituto SITE, de Washington, estudia páginas web de extremistas musulmanes, dijo que cree que Atiyah es un "importante estratega de al-Qaeda" que aparece frecuentemente en un sitio protegido por contraseña bajo el nombre de Louis Atiyah Allah. "Es uno de los yihadistas a los que recurren con preguntas. Él les dice qué hacer, qué fatwahs dictar. Se comunica con la comunidad yihadista por internet".
El funcionario contraterrorista se negó a decir si acaso el gobierno cree que Louis Atiyah Allah y Atiyah Abd al-Rahman sean la misma persona.
El trayecto de Atiyah de Libia a una importante posición en la jerarquía de al-Qaeda empezó como la de muchos jóvenes musulmanes que viajaron a Afganistán para unirse a los muyahedines afganos en su lucha contra la ocupación militar soviética en los años ochenta. Muchos fueron reclutados y organizados por bin Laden, un carismático saudí que se había incorporado a la causa de los muyahedines. Funcionarios estadounidenses dijeron que Atiyah operaba fundamentalmente en los alrededores de Jalalabad, al este de Afganistán.
A principios de los años noventa, tras un breve retorno a Arabia Saudí, bin Laden trasladó sus operaciones al Sudán. El ataque de Estados Unidos contra Iraq en 1991 le había dado una nueva causa, y su organización al-Qaeda, formada con los reclutas extranjeros que había organizado en Afganistán, declaró la guerra contra la presencia militar norteamericana en el Golfo Pérsico.
Mientras bin Laden se organizaba en Sudán, Atiyah se dirigió a Argelia, donde se cree que luchó junto con el Grupo Islámico Armado (conocido por GIA, por sus iniciales francesas).
Cuando los talibanes se hicieron con el poder en Kabul en 1996, bin Laden volvió a Afganistán, donde Atiyah se unió a él para establecer campos de adiestramiento terrorista. Tras ser dejado en libertad de una cárcel jordana, Zarqawi llegó a Afganistán en 1999. Aunque tenía sólo una tenue relación con al-Qaeda, Zarqawi utilizó dinero de bin Laden para montar su propio campo de adiestramiento cerca de Herat para preparar el derrocamiento del gobierno jordano en Amán.
Fue en Herat, creen funcionarios norteamericanos, que se desarrolló la relación entre Zarqawi y Atiyah.
Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, Zarqawi viajó a Irán y luego al norte de Iraq. Después de que fuerzas norteamericanas invadieran Iraq en marzo de 2003, utilizó sus vínculos con al-Qaeda para ganar legitimidad y partidarios en la resistencia antinorteamericana. En octubre de 2004, cambió el nombre de su floreciente organización por al-Qaeda en Iraq.
El papel de enlace de Atiyah era "más una función de sus antiguos vínculos con al-Qaeda y su relación con la dirigencia central de al-Qaeda y sus intereses en verlo asumir este papel, en oposición a una relación más estrecha con Zarqawi", dijo un funcionario del contraterrorismo.

2 de octubre de 2006
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©traducción mQh
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falso optimismo de casa blanca


[Bob Woodward] Conflictos y desavenencias sobre la conducción de la guerra y la funesta influencia de Kissinger.
El 22 de mayo de 2006, el presidente Bush habló en el congreso y ofreció un pronóstico típicamente optimista: "En algunos años, la gente mirará la formación del gobierno de unidad nacional en Iraq como un momento decisivo en la historia de la libertad, el momento en que la libertad se consolidó en Oriente Medio y las fuerzas del terrorismo empezaron su larga retirada".
Dos días después, la división de inteligencia de los Jefes del Estado Mayor Conjunto hizo circular una evaluación secreta encargada por la Casa Blanca que contradecía el pronóstico del presidente.
En lugar de "larga retirada", el informe predecía un 2007 más violento: "Los rebeldes y los terroristas tienen los recursos y capacidad para sostener e incluso aumentar el actual nivel de violencia durante el próximo año".
Un gráfico incluido en la evaluación contabilizaba los ataques de mayo de 2003 a mayo de 2006. Mostraba algunas significativas reducciones, pero el actual nivel de ataques contras las fuerzas de la coalición norteamericana y autoridades iraquíes era más alto que nunca: más de 3.500 al mes. [En julio, el número de ataques sobrepasaría los 4.500]. La evaluación también incluía un pesimista informe sobre la producción de petróleo crudo, el suministro de electricidad y el proceso político.
El 26 de mayo el Pentágono dio a conocer un informe no clasificado al congreso, exigido por la ley, que contradecía la evaluación secreta de los Jefes del Estado Mayor Conjunto. El informe público enviado al congreso decía que "el atractivo y los motivos para la continuación de acciones violentas empezarán a decaer a principios de 2007".
Había una enorme diferencia entre lo que la Casa Blanca y el Pentágono sabían sobre la situación en Iraq y lo que estaban diciendo públicamente. Pero la discrepancia no era sorprendente. En memoranda, informes y debates internos, funcionarios de alto nivel del gobierno de Bush han expresado su preocupación sobre la capacidad de Estados Unidos de llevar paz y estabilidad a Iraq desde el inicio de la ocupación.
[La circulación la semana pasada de fragmentos del Estimado Nacional de Inteligencia, que concluyen que la guerra en Iraq se ha convertido en una importante herramienta de reclutamiento de los terroristas -después de una serie de optimistas discursos del presidente-, presentaban un contraste similar].
El 18 de junio de 2003, Jay Garner visitó al ministro de Defensa, Donald H. Rumsfeld, para informarle sobre su breve permanencia en Iraq como director de la oficina de planificación de posguerra. Durante la invasión y en los primeros días de la guerra, Garner, un teniente general del ejército (jubilado), había tratado de enviar a su equipo a Iraq. Dos días después de su llegada, Rumsfeld lo llamó para decirle que L. Paul ‘Jerry' Bremer, 61, un experto en terrorismo y protegido de Henry A. Kissinger, sería el enviado presidencial, y remplazaría efectivamente a Garner.
"Hemos tomado tres decisiones trágicas", dijo Garner a Rumsfeld.
"¿En serio?", dijo Rumsfeld.
"Tres terribles errores", dijo Garner.
Citó las dos primeras órdenes firmadas por Bremer al llegar, la primera excluyendo a unos 50 mil miembros del Partido Baaz de Saddam Hussein de posiciones en la administración y, la segunda, disolviendo a las fuerzas armadas iraquíes. Ahora había en las calles cientos de miles de iraquíes desorganizados, desempleados y armados.
Tercero, dijo Garner, Bremer había despedido sumariamente al gobierno iraquí interino que se había mostrado solícito a la hora de ayudar a Estados Unidos a administrar el país en el corto plazo. "Jerry Bremer no puede ser la cara del gobierno del pueblo iraquí. Tienes que encontrar una cara iraquí para los iraquíes".
Garner dijo, por último: "Todavía hay tiempo para rectificar esto. Todavía hay algo de tiempo para rectificar".
Rumsfeld miró a Garner por un momento, con su mirada intransigente. "Bueno", dice. "No creo que debamos hacer algo, porque estamos donde estamos".
Cree que no sé de qué estoy hablando, pensó Garner. Cree que estoy completamente equivocado. Garner no quería sonar amargado, pero los hechos eran los hechos. "Son todas decisiones reversibles", dijo Garner nuevamente.
"No vamos a rectificar", dijo Rumsfeld, enfático.
Más tarde ese mismo día, Garner acompañó a Rumsfeld a la Casa Blanca. Pero en un encuentro con Bush, no mencionó esos errores. En lugar de eso, divirtió al presidente con historias sobre su permanencia en Bagdad.
En una entrevista en diciembre pasado, le pregunté a Garner si lamentaba no haber comunicado su desazón al presidente.
"Sabes, no sé si tenía que revivir ese momento, no sé si tenía que hacerlo o no. Pero si lo hubiera hecho -y, francamente, no habría tenido problemas en hacerlo-, pero yo pensaba que ese asunto estaba cerrado. Quiero decir, no había nada que yo pudiera hacer para volver a colocar ese tema sobre la mesa. Creo que si se lo hubiese dicho, en presencia de Cheney y de Condoleezza Rice y Rumsfeld, el presidente los habría mirado, y ellos habrían hecho girar los ojos y él habría pensado: ‘Vaya, ¿por qué no nos deshicimos antes de este tipo?'"
"Ellos no lo vieron venir", agregó Garner. "Como dicen los soldados, se tomaron con Kool-Aid".

¿Cuál Es la Estrategia?
En el otoño de 2003 e invierno de 2004, funcionarios del Consejo de Seguridad Nacional empezaron a inquietarse sobre la capacidad de los militares de Estados Unidos de contener la creciente resistencia iraquí.
Volviendo de una visita a Iraq, Robert D. Blackwill, el funcionario del consejo para Iraq, estaba profundamente perturbado por lo que consideraba un nivel inadecuado de tropas terrestres. Le dijo a Rice y a Stephen J. Hadley, su subsecretario, que el consejo tenía que hacer una revisión militar.
"Si esto era una estrategia militar, entonces yo no podía identificarme con ella", dijo Hadley. "No sé qué es peor: que ellas tengan una estrategia y no nos la cuenten, o que no tengan ninguna".
Rice había dejado claro que su autoridad no se extendía a Rumsfeld ni a las fuerzas armadas, de modo que Blackwill nunca la presionó sobre el tema. Sin embargo, se preguntaba por qué el presidente nunca cuestionaba a los militares. ¿Por qué no le dijo al general John P. Abizaid al final de una de las reuniones informativas con videos: ‘John, reunamonos nuevamente el jueves y lo que realmente quiero es que me expliques, digamos en una hora y media, cuál es tu estrategia para ganar esta guerra'?"
Tras la reelección de Bush, Hadley remplazó a Rice como asesora de seguridad nacional. Hizo una evaluación de los problemas de su primer término.
"Le pongo un menos B por elaboración de políticas", le dijo a un colega el 5 de febrero de 2005, "y un menos D en cuanto a su implementación".
Rice, por su parte, contrató a Philip D. Zelikow, un viejo amigo, y lo envió inmediatamente a Iraq. Necesitaba saber la verdad en el terreno, necesitaba un informe completo y detallado de alguien en el que confiara. Zelikow recibió un permiso para entrar a todas partes y preguntar lo que quisiera.
El 10 de febrero de 2005, dos semanas después de que Rice fuera nombrada ministro de estado, Zelikow le presentó un memorándum secreto de 15 páginas a un espacio. "En este punto Iraq sigue siendo un estado frustrado ensombrecido constantemente por la violencia y que está viviendo un período de cambios políticos revolucionarios", escribió Zelikow.
La resistencia estaba "siendo contenida militarmente", pero era "bastante activa", y los civiles iraquíes se sentían "muy inseguros", dijo Zelikow.
Los oficiales norteamericanos se habían enclaustrado en la fortificada Zona Verde. "La movilidad de los oficiales de la coalición es extremadamente limitada, y la actividad productiva del gobierno es restringida".
Zelikow criticó que se concentraran los esfuerzos en Bagdad, observando que "la guerra ciertamente se puede perder en Bagdad, pero sólo se puede ganar en las ciudades y provincias fuera de Bagdad".
En resumen, dijo, la campaña norteamericana está en problemas porque carece de una política articulada, comprehensiva y unificada.

Lecciones de Kissinger
Poderosa y en gran parte invisible en las decisiones de Bush sobre Iraq es la influencia del ex ministro de relaciones exteriores, Kissinger.
"De la gente externa con la que hablo sobre este trabajo", me dijo el vice-presidente Cheney en el verano de 2005, "probablemente con quien más hablo es con Henry Kissinger. Se pasa por aquí al menos una vez al mes, y nos reunimos él, Scooter y yo [su jefe del estado mayor entonces, I. Lewis Libby]".
El presidente también se reunía con Kissinger en privado cada tantos meses, convirtiéndolo en uno de los asesores externos para política exterior de Bush más frecuentes y regulares.
Kissinger sentía vacilaciones en todas partes en Iraq, y veía la guerra cada vez más a través del prisma de la Guerra de Vietnam. Para Kissinger, la lección más importante de Vietnam es aguantar.
En sus artículos, discursos y comentarios privados, Kissinger reclama que en lo esencial Estados Unidos ganó la guerra en 1972, sólo para perderla debido a la débil resolución de la opinión pública y del congreso.
En una columna del Washington Post del 12 de agosto de 2005, titulada ‘Lecciones para una estrategia de retirada', Kissinger escribió: "La victoria sobre la resistencia es la única estrategia de retirada significativa".
Entregó el mismo mensaje directamente a Bush, Cheney y Hadley en la Casa Blanca.
La victoria tenía que ser el objetivo, le dijo a todo el mundo. No podemos permitir que vuelva a ocurrir. No hay que ceder ni una pulgada; de otro modo la prensa, el congreso y la cultura americana de evitar las dificultades nos harán retroceder.
También dijo que el eventual resultado en Iraq era más importante que Vietnam. Un gobierno musulmán radical o parecido a los talibanes en Iraq sería un modelo que pondría en peligro la estabilidad interna de países clave en Oriente Medio y otros lugares.
Kissinger le dijo a Rice que en Vietnam no tuvieron el tiempo, ni la claridad, ni la energía ni el apoyo en casa para implementar sus políticas. Es por eso que colapsaron como un castillo de naipes. Instó al gobierno de Bush a adoptar una estrategia correcta, tanto en Iraq como en el frente doméstico. La retirada parcial de tropas tenía sus propios peligros. Incluso abrigar la idea de una retirada de tropas podía crear un ambiente de retirada que no correspondía con una victoria.
En una reunión con el escritor de discursos del presidente, Michael Gerson, a principio de septiembre de 2005, Kissinger fue más explícito: Bush tenía que resistir la presión de retirar tropas estadounidenses. Repitió su axioma de que la única estrategia de retirada significativa era la victoria.
"El presidente no puede estar hablando de reducir el nivel tropas como si fuese lo más importane", dijo Kissinger. "Puedes querer reducir las tropas", pero la reducción de tropas no puede ser el objetivo. "No hay que poner ahí el énfasis".
Para enfatizar su alegato, le dio a Gerson una copia de un memorándum que había escrito al presidente Richard M. Nixon, datado el 10 de septiembre de 1969.
"La retirada de tropas estadounidenses se convertirá en cacahuete salado para el pueblo norteamericano; mientras más tropas estadounidenses lleguen a casa, más pedirán", escribió.
La política de ‘vietnamización', traspasar la guerra a los militares sudvietnamitas, escribió Kissingerm podría aumentar la presión para terminar la guerra porque la opinión pública americana quería una resolución rápida. Las retiradas de tropas sólo estimularían al enemigo. "Se hará cada vez más difícil mantener en alto la moral de los que se quedan, para no decir nada de sus madres".
Dos meses después de la reunión de Gerson, el gobierno dio a conocer el informe de 35 páginas, ‘Estrategia Nacional para la Victoria en Iraq'. Parecía sacado del manual de Kissinger. La única estrategia de retirada significativa sería la victoria.

Ecos de Vietnam
Vietnam también estuvo en la mente de algunos viejos compañeros del ejército del general Abizaid, comandante del comando central. Estaban preocupados de que Iraq se estuviese convirtiendo poco a poco en un Vietnam -sea que se apagaría prematuramente o se convertiría en una guerra que no se podía ganar.
Algunos de ellos, incluyendo al general en retiro Wayne A. Downing, y James V. Kimsey, fundador a America Online, visitaron a Abizaid en 2005 en su cuartel general en Doha, Qatar, y luego en Iraq.
Abizaid pensaba que la guerra ahora era de los iraquíes. Ellos tenían que ganarla. Los militares estadounidenses habían hecho su parte. Era urgente, dijo, reducir la presencia de tropas norteamericanas. Seguía siendo una ocupación, con fuerzas americanas patrullando las calles, rompiendo puertas y mirando a mujeres iraquíes, lo que enfurecía a los hombres iraquíes.
"Tenemos que marcharnos", dijo.
Los viejos amigos de Azbizaid estaban preocupados de que otro Vietnam o cualquier cosa que se pareciera a Vietnam pondría fin al ejército voluntario. ¿Cuál es la estrategia para vencer?, le preguntaban.
"Ese no es mi trabajo", dijo Abizaid.
No, sí que es parte de tu trabajo, insistieron ellos.
No, dijo Abizaid. Articular una estrategia era asunto de otros.
¿Quiénes?
"El presidente y Condi Rice, porque Rumsfeld ya no tiene ninguna credibilidad", dijo.
En marzo Abizaid viajó a Washinton para declarar ante el Comité de las Fuerzas Armadas del senado. Hizo un retrato cuidadoso, pero optimista, de la situación en Iraq.
Después se marchó a ver al republicano John P. Murtha, en el edificio de oficinas Rayburn House. Murtha, un demócrata de Pensilvania, había presentado una resolución en el congreso pidiendo que las tropas estadounidenses en Iraq fueran "redesplegadas" -el término militar para el retorno a las bases en casa de tropas en el extranjero- "a la fecha más conveniente posible".
"La guerra de Iraq no se puede publicitar", dijo Murtha. "Es una política errónea envuelta en ilusiones".
Ahora, sentado a la mesa redonda de madera oscura del representante, Abizaid, el comandante militar uniformado que desde el principio había estado íntimamente involucrado en Iraq y que todavía estaba en ello, indicó que quería hablar francamente. De acuerdo a Murtha, Abizaid alzó su mano para dar énfasis, mantuvo su pulgar y su índice a un cuarto de pulgada de distancia uno del otro y dijo: "Así es lo lejos que estamos".

Frustración y Renuncia
Ese mismo mes, el Jefe del Estado Mayor de la Casa Blanca, Andrew H.Card Jr., se preparaba para dejar el gobierno después de presentar su renuncia a Bush. Se sintió relajado, pero con la certeza de que estaba dejando su trabajo sin terminar.
"Es Iraq, Iraq, Iraq", Card había dijo a su remplazante, Joshua B. Bolten. "Luego viene la economía".
Una de las preocupaciones de Card era que Iraq fuera comparado con Vietnam. En marzo había 58.249 nombres en el Monumento de los Veteranos de Vietnam en Washington. Una de las críticas que hacía Kissinger a Bush en privado era que no tenía un mecanismo instalado, ni siquiera una inclinación, para considerar los inconvenientes de decisiones inminentes. Rara vez se consideraban cursos alternativos de acción.
Según recordaba Card, habían tenido algunas reuniones informales, sin compromisos, en esa época, sobre cómo hacer las cosas de otro modo. Pero no habían habido sesiones formales para considerar las alternativas a quedarse en Iraq. Que él supiera, no hubo memoranda desesperados firmados por Cheney, Rice, Hadley, Rumsfeld, la CIA, Card mismo u otros pidiendo examinar las alternativas, como se hacía después de la era de Vietnam.
Card lo planteó a los generales en el Pentágono y en Iraq. Si hubieran dado un paso adelante y dicho al presidente: "No vale la pena", o "La misión no puede realizarse", Carde estaba seguro que el presidente habría dicho: "No le voy a pedir a otro niño que se sacrifique por esto".
Card era un realista que sabía que había dos aspectos negativos en la imagen pública de Bush que habían definido su presidencia: incompetencia y arrogancia. Card no creía que Bush fuera incompetente, y tenía que considerar la posibilidad de que, como jefe del estado mayor de Bush, pudiera haberlo sido. Además, no pensaba que el presidente fuera arrogante.
Pero la imagen pública de Bush era que era arrogante. Quizás en opinión de Card no era justa, pero ahí estaba.
Se marchaba. Y Rumsfeld, el hombre que era considerado el mayor responsable de los problemas de posguerra, el hombre que debería haberse marchado, se quedaba.

Bill Murphy Jr. y Christine Parthemore contribuyeron a este reportaje.

1 de octubre de 2006
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identidades peligrosas


[Sudarsan Raghavan] Disfraz es ritual salvavidas en puestos de control en Bagdad.
Bagdad, Iraq. Cada vez que conducía, temía este momento. Ahora era demasiado tarde.
Cuando se acercaba al puesto de control, recordó Omar Ahmed, vio a hombres armados vestidos de negro ordenando descender a los pasajeros de una camioneta y controlando sus carnés de identidad. Algunos volvieron a subir a la camioneta. Los otros fueron conducidos a una mezquita chií al otro lado de la calle. Los hombres armados llevaban pistolas Glock, que son normalmente las que usa la policía iraquí.
Ahmed, 30, es sunní. Y estaba en Shaab, un volátil vecindario chií. Las preguntas corrían por su mente: ¿La mezquita era el cuartel de una milicia chií? ¿Eran los hombres armados de un escuadrón de la muerte chií?
Así que Ahmed puso en movimiento un ritual que muchos sunníes en Bagdad han empezado a practicar. Colocó un casete con música religiosa chií y subió el volumen. Ató un pedazo de tela verde que había comprado en la mezquita del imán Ali en Nayaf, uno de los sitios sagrados del islam chií, alrededor de la palanca de cambio.
Y colgó un pequeño retrato del imán Ali, el yerno del profeta Mahoma y el más venerado santo chií, en el espejo retrovisor.
Para el mundo exterior, ahora era un chií.
En una ciudad azotada por la religión, la violencia y la política, aterrados sunníes y chiíes ocultan su identidad para sobrevivir. Sus diferencias -algunas obvias, la mayoría sutiles- se han convertido en asuntos de vida o muerte de modos nunca vistos antes en el Iraq moderno.
Cuando se acercaba al puesto de control, recuerda Ahmed, estaba petrificado. Su mujer, su madre y sus dos hijas pequeñas viajaban con él en su Honda gris. Cogió su carné de identidad falso, en el que su nombre tribal sunní, al-Obeidi, había sido cambiado por el de una tribu chií, al-Hussein.
"Estaba aterrado", dice.

"¿Cuál Es Tu Secta?"
Durante siglos, desde el imperio otomano hasta la monarquía instalada por los británicos y la república gobernada por Saddam Hussein, los sunníes formaron la elite que ocupaba la mayor parte de los trabajos oficiales. Los chiíes, en tiempos de Hussein, eran perseguidos.
Sin embargo, en la vida diaria nadie se preocupaba de distinguir a sunníes de chiíes. Preguntar por la religión de una persona era considerado una grosería, y era prácticamente imposible saber a qué secta pertenecía alguien sólo por su aspecto, modo de hablar o ropa. Durante generaciones, las dos sectas se casaron entre sí, haciendo difícil diferenciarlos por sus apellidos. Asistían a las mismas escuelas y vivían en los mismos vecindarios.
Ahora, cuatro años después de la invasión norteamericana que derrocó a Hussein, ha estallado en la arena política y en las calles de Bagdad una lucha por el poder entre sunníes y chiíes. Desde el atentado contra una mezquita chií en Samarra en febrero, han aumentado la guerra religiosa y el caos.
En los puestos de control de la policía o de las milicias religiosas, dicen iraquíes en entrevistas, es corriente oír preguntas como: "¿A qué secta perteneces?" o "¿Cuál es tu nombre tribal?" Una respuesta equivocada puede significar la muerte.
El 9 de julio, en el barrio al-Jihad de Bagdad, milicianos chiíes mataron a cuarenta sunníes después de levantar un puesto de control y controlar la identidad de los pasajeros. Tres días más tarde, hombres armados no identificados atacaron un terminal de buses en Muqdadiyah, una ciudad al nordeste del país, y separaron a chiíes de sunníes. Vendaron y esposaron a los chiíes y luego los mataron disparándoles a la cabeza.
"La gente está siendo asesinado o secuestrada simplemente por su nombre, su identidad o su afiliación religiosa", dijo Gianni Magazzeni, director de la oficina de derechos humanos para Iraq de Naciones Unidas.
En Bagdad, es difícil distinguir un puesto de control real de uno falso. Los uniformes y chapas de policía son fáciles de conseguir en el mercado negro. Los milicianos chiíes han infiltrado las fuerzas de seguridad iraquíes, mientras que los sunníes se han mantenido alejados de ellas. Los rebeldes sunníes han instalado puestos de control y atacado a chiíes.

Carné de Identidad Falso y Doce Consejos
"Es como la ruleta rusa", dijo Omar al-Azzawi, 33, un técnico informático sunní alto, de hombros anchos, que estiró sus dedos como si fueran el cañón de una pistola y los colocó contra su sien. "Me gusta mi país. Me gusta mi gente. Pero estas cosas son realmente otra cosa. Estar en Iraq es jugar con la muerte".
Azzawi dijo que en julio unos milicianos chiíes habían secuestrado a punta de pistola a su tía en el barrio de Shula, en Bagdad. La policía encontró su cuerpo tres días más tarde, en la calle. Desde entonces, Azzawi toma medidas para protegerse a sí mismo.
Saca credenciales de prensa de un diario árabe, falsas, de una billetera marrón. Le costaron 35 dólares. En la placa rojiblanca, Omar, un nombre sunní corriente, se convirtió en Amar, un nombre chií corriente.
Toda vez que entra a un barrio chií, Azzawi se calza un enorme anillo de plata usado por muchos chiíes, especialmente los que se consideran descendientes de Mahoma. También lleva una torba, una pieza redonda de arcilla que los chiíes utilizan para apoyar sus frentes cuando se agachan para rezar.
En el trabajo, dice Azzawi, navega a menudo en páginas chiíes para enterarse de sus costumbres. Por ejemplo, ha aprendido a recitar de memoria los nombres de los doce imanes chiíes, en perfecto orden. Ha oído que los milicianos chiíes lo usan a menudo como prueba en los puestos de control.
"No me gusta aprender cosas que pasaron hace más de mil años", dice Azzawi, que lleva vaqueros negros, camisa negra y una delgada barba. "Pero estoy obligado".
Una página web, http://www.iraqirabita.org, ofrece a los sunníes un plan de doce puntos para disfrazarse de chiíes. El primer dato dice: "Consígase un carné de identidad falso, especialmente si su nombre es Omar u Othman".
Otros datos incluyen tener en casa un cartel del imán Hussein, el nieto de Mahoma, y un ejemplar de un libro de oraciones chiíes; adquirir ropas negras, como las que usan los chiíes para conmemorar ocasiones religiosas especiales; y aprender las fechas de los nacimientos y muertes de los doce imanes.
El dato número ocho dice: Aprenda maldecir a Yazid, el califa sunní cuyo ejército mató al imán Hussein en el siglo siete.
Y si todo eso no sirve, el dato número once dice: "Está bien decir que eras sunní, pero que más tarde te ‘iluminaste' y te convertiste en chií". Y el dato número doce recuerda a los sunníes practicar también todos los once datos y rezar en una husseiniya, o mezquita chií.
El primo de Azzawi incluyó una latmiya -tristes cánticos chiíes sobre los doce imanes- en su colección de tonos en su celular. Lo activa en barrios de mayoría chií. Otros sunníes tienen imágenes del imán Ali o del imán Hussein en las pantallas de sus celulares.
Haki Ismael trabaja como guardia chií en un ministerio de gobierno. Vive en Amiriyah, un barrio preponderantemente sunní. Cada vez que sale, dijo, lleva su carné de identidad sunní falso. Pero una mañana hace poco, fue secuestrado por miembros del Ejército Mahdi, la milicia chií del clérigo agitador Moqtada al-Sáder. Pensaban que era sunní, recuerda.
Así que Ismael habló con el típico acento de los chiíes del sur. Los milicianos empezaron a relajarse. Luego lo dejaron marcharse.

Juzgando Por las Apariencias
Ghassan Khalaf, un tendero sunní, debe su vida a su pelo corto. En junio, unos policías chiíes hicieron parar su BMW negro en un puesto de control de Bayaa, un barrio preponderantemente chií. Vieron el retrato de Sáder cerca del velocímetro y del imán Ali en el parabrisas. Pero ellos se concentraron en el primo de Khalaf, Ahmad Jabbir. Llevaba una larga y tupida barba y un pañuelo tribal blanco, que es usado por muchos sunníes devotos.
El agente le pidió su carné de identidad. El primo no tenía uno falso. Peor, su nombre tribal era al-Douri, el mismo que Izzat Ibrahim al-Douri, que era un alto funcionario de Saddam Hussein. El policía metió a Jabbir en su vehículo y ordenó a Khalaf que se marchara.
El cuerpo de Jabbir apareció unos días después en la morgue, dijo Khalaf. Tenía 24 agujeros en el cuerpo, hechos con un taladro eléctrico; le habían rapado la cabeza y la barba.
Hace dos semanas, un amigo chií visitó a Khalaf en su casa, donde se desplegaban en lugares prominentes fotos de Sáder y del imán Ali. Como la mayoría de los vecinos, pensó que Khalaf era chií. Sacó su celular y le preguntó a Khalaf:
"¿Viste la última operación de los héroes?"
Entonces, recordó Khalaf, el amigo le hizo ver un borroso video de cuarenta segundos que mostraba a unos hombres armados arrastrando un cadáver por su camisa y arrojándolo en un sitio arenoso. "Dios nos ayude a librarnos de salafis y wahhabis", dijo Khalaf después, refiriéndose a dos grupos sunníes.
"Creen que soy uno de ellos"explicó Khalaf más tarde. "Si cometes un error, descubrirán que sientes simpatía por los sunníes. Me matarían".
"Cuando me amigo se fue, lloré recordando a mi primo", dijo Khalaf.
"Pensé que eso le había pasado a él".
Khalaf conserva el video en su celular. Se ha convertido en otro elemento de su disfraz.

Una Canción y una Bendición
En un puesto de control, uno de los hombres armados vestidos de negro ordenó a Ahmed que saliera de su Honda. Su familia guardó silencio, dominada por el terror. Los hombres miraron dentro y vieron la tela verde y el retrato del imán Ali. Por los altavoces se oía una canción religiosa chií.
"¿De dónde vienes?", le preguntaron a Ahmed.
"De una ziyara, dijo, empleando su acento chií sureño, usando la palabra chií para una visita a una mezquita.
"Que Dios le bendiga. Váyase rápido", le dijo el hombre armado.
Ahmed subió a su Honda y se alejó.
"Sentí que me volvía la vida", recordó Ahmed.

30 de septiembre de 2006
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bush oculta nivel de violencia


Washington, Estados Unidos. "No me retiraré ni aunque los únicos que me apoyen sean Laura y Barney".
El gobierno de Bush está ocultando el nivel de violencia contra las tropas estadounidenses en Iraq y la situación ha empeorado a pesar de las afirmaciones de la Casa Blanca y del Pentágono de que se están haciendo progresos, dijo el periodista Bob Woodward en un anticipo de su nuevo libro.
Los ataques de los rebeldes contra fuerzas norteamericanas en Iraq se suceden, en promedio, cada quince minutos, dijo Woodward en una entrevista con el programa ‘60 Minutes' de la CBS grabada para la transmisión del domingo.
"Ahora tenemos unos ochocientos a novecientos ataques a la semana. Eso es más de cien al día. Es decir, cuatro ataques por hora contra nuestras fuerzas", dijo Woodward en fragmentos de la entrevista entregados el jueves antes del lanzamiento de su nuevo libro sobre el gobierno, titulado ‘State of Denial'.
"La evaluación de los expertos de inteligencia es que en 2007 las cosas empeorarán todavía más y, en público, tú tienes al presidente y al Pentágono diciendo: ‘Oh, no, las cosas están yendo mejor'", agregó Woodward.
Partes del Estimado Nacional de Inteligencia que el presidente Bush ordenó que se dieran a conocer esta semana, muestran un aumento de la militancia musulmana, mientras que un nuevo informe de Naciones Unidas dice que la guerra de Iraq estaba proveyendo a al Qaeda con un centro de adiestramiento y nuevos reclutas.
Un alto funcionario de gobierno no vio demasiadas cosas nuevas en los cargos de Woodward, "excepto que Bob cree que tiene que compensar un montón desde que la clase política de Washington lo criticara por ser demasiado blando con el gobierno en sus primeros dos libros sobre el gobierno de Bush".
"Esta película la hemos visto antes y no deberíamos sorprendernos de otro libro crítico del gobierno de Bush cuarenta días antes de las elecciones", dijo el funcionario.
El Partido Republicano de Bush se enfrenta a un fuerte desafío de los demócratas en su lucha por conservar el control del congreso en las elecciones del 7 de noviembre. La impopular guerra de Iraq es un tema importante de la campaña electoral.
El funcionario agregó que no había nada nuevo en el informe de Woodward sobre la cantidad de ataques diarios. "Vosotros los publicáis todo el tiempo".
Woodward dijo que Bush y el vice-presidente Dick Cheney a menudo se reúnen con Henry Kissinger como asesor. Kissinger fue el asesor de seguridad nacional del presidente Richard Nixon y luego ministro de relaciones exteriores durante la Guerra de Vietnam.
Los reportaje de Woodward y de su colega en el Washington Post, el periodista Carl Bernstein, jugaron un importante papel en la exposición del escándalo de Watergate que obligó a Nixon a abdicar en 1974.
De acuerdo a Woodward, Bush está absolutamente convencido de que estaba en el camino correcto en cuanto a Iraq. El escritor dijo que cuando Bush invitó a republicanos clave a la Casa Blanca a discutir sobre Iraq, el presidente les dijo: "No me retiraré ni aunque los únicos que me apoyen sean Laura y Barney", refiriéndose a su mujer y a su terrier escocés.

29 de septiembre de 2006
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dudas sobre el primer ministro


[Sudarsan Raghavan] Jefes militares norteamericanos cuestionan voluntad política del primer ministro.
Bagdad, Iraq. Jefes militares norteamericanos están cuestionando que el primer ministro iraquí Nouri al-Maliki tenga la voluntad política para erradicar la corrupción en el gobierno y enfrentarse a las brutales milicias que amenazan con empujar a Iraq a una guerra civil.
"Va a tomar algún tiempo para que el gobierno se pueda purgar a sí mismo", dijo un alto oficial norteamericano que habló a condición de conservar el anonimato, en un encuentro con periodistas. "Tengo que dar tiempo para eso y espero contar con un primer ministro que esté dispuesto a asumir responsabilidades".
El cuestionamiento se produce en momentos en que la violencia religiosa y la difusión de las milicias han remplazado a la resistencia como el mayor reto a los intentos de Estados Unidos de garantizar la seguridad en Bagdad y otras partes de Iraq. Las principales milicias son brazos de partidos políticos de la frágil coalición del gobierno de Iraq y han infiltrado ampliamente las fuerzas de seguridad, colocando a Maliki, que ha jurado desarmar a las milicias, en una delicada posición política.
Las dudas sobre Maliki se han expresado solamente en privado, ya que los militares norteamericanos todavía expresan en declaraciones públicas una tibia confianza en la capacidad de Maliki para reconocer y afrontar los problemas.
"Tenemos que solucionar el problema de las milicias", dijo el teniente general Peter Chiarelli, el segundo oficial norteamericano en Bagdad. "No podemos permitir que milicias armadas compitan con las fuerzas de seguridad iraquíes. Pero tengo que confiar en el primer ministro y esperar que decida cuándo pondremos fin al problema".
Pero en los últimos días, jefes militares norteamericanos han sugerido que si el gobierno de Maliki no toma medidas pronto, tendrán que intervenir y presionar al gobierno para que ataque a las milicias que operan en los barrios de los alrededores de Bagdad. Su principal objetivo será muy probablemente el Ejército Mahdi, una milicia vinculada al clérigo antinorteamericano Moqtada al-Sáder, al que los sunníes acusan de dirigir los escuadrones de la muerte bajo el manto del islam chií.
"Estamos en un período en que tenemos algo de influencia aquí", dijo el alto oficial norteamericano. "Creo que se acerca el momento en que tengamos que imponer este tema... Tenemos que utilizar esa influencia toda vez que podamos, para empujarlos a solucionar esos problemas lo más pronto posible".
Un asunto que complica al gobierno de Maliki es la creciente preocupación por la corrupción oficial, que es tan desenfrenada que se parece a la corrupción de los días del presidente Saddam Hussein, cuando era aceptada como una parte normal de la vida.
"Os puedo mostrar cómo hacen en cada ministerio para rellenar las arcas de los partidos políticos", dijo el oficial norteamericano. "Están haciendo exactamente lo mismo que se hacía durante el régimen de Hussein".
Los comentarios del oficial subrayan la creciente frustración sobre la velocidad de los intentos de reforma del gobierno, en momentos en que aumenta la presión en casa para la retirada de las tropas norteamericanas. Las dudas privadas sobre la capacidad de Maliki se producen también después de un mes particularmente violento en Bagdad y el resto de Iraq, en el que los atentados con bomba y las ejecuciones continuaron sin contrapeso.
"Ha sido una semana difícil. En las últimas dos semanas hemos visto un aumento en el número de atentados, especialmente en Bagdad", dijo el general de división William B. Caldwell. "Los asesinatos y las ejecuciones son actualmente la principal causa de las bajas civiles en Bagdad".
Ali Dabbagh, portavoz del gobierno, dijo el miércoles que el problema de la milicia debe ser abordado cuidadosamente para no perturbar el delicado equilibrio político nacional y los esfuerzos de reconciliación de los grupos en conflicto. Si no se puede encontrar una solución política, dijo, el gobierno tendrá que usar la fuerza contra las milicias. Pero dijo que esas medidas deberían ser tomadas por las fuerzas de seguridad iraquíes. "El problema es muy difícil", dijo Dabbagh. "No creo que Estados Unidos deba intervenir en este tema. El gobierno debe solucionarlo él mismo".
Dabbagh dijo que el gobierno está planeando nombrar a un inspector general en cada ministerio que controle sus finanzas. Dijo que ya se ha nombrado una nueva comisión de integridad para investigar a los funcionarios corruptos. Aunque Dabbagh dijo que no sabía si grandes sumas de dinero habían sido robadas de las arcas ministeriales, concedió que la corrupción era un grave problema para el gobierno.
Altos jefes militares norteamericanos están instando al gobierno a que empiece a actuar contra las milicias, especialmente las que han infiltrado los ministerios de gobierno.
"Hay un elemento político en todo esto... Queremos ver cómo afronta el gobierno a esos tipos", dijo otro alto oficial norteamericano, que también habló a condición de conservar el anonimato en una reunión separada con periodistas. "No puedo negar que hay corrupción y problemas en algunos ministerios, pero deben ser resueltos y deben ser resueltos por el primer ministro y la gente del gobierno. Y creo que les queda poco tiempo para empezar a tomar medidas, porque esto simplemente no puede seguir así".
"No creo que esto tenga un final abierto. Quiero decir, que las cosas sigan igual. Creo que el gobierno y la gente se cansarán de ver nadie hace nada sobre esto", dijo el oficial norteamericano.
Sin embargo, Sáder y sus aliados controlan cuatro ministerios de gobierno y 300 escaños en el parlamento iraquí, más que cualquier otro grupo. El clérigo jugó un papel instrumental en propulsar a Maliki al poder en abril, después de varios meses de conflictos entre chiíes. Durante los últimos dos meses, miles de tropas norteamericanas e iraquíes han entrado en algunos de los barrios bagdadíes más rudos como parte de una operación para aplacar la guerra religiosa. Pero no se han emprendido acciones mayores en Ciudad Sáder, el bastión de Sáder que es controlado completamente por su Ejército Mahdi.
Un tercer alto oficial norteamericano, que también habló a condición de preservar el anonimato en una reunión con periodistas, cuestionó igualmente la resolución del gobierno de abordar la miríada de problemas en Iraq. "Todavía hay gente que cree que pueden ganar una guerra religiosa, en los partidos políticos y en el gobierno", dijo. "Creo que los líderes reconocen que es una política destinada al fracaso. Pero el reto es salir de esa perogrullada y pasar a la realidad y avanzar".
Agregó: "Y os diré algo más, el otro aspecto: no deis por sentado la capacidad de hacerlo".

27 de septiembre de 2006
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donald h. rumsfeld, inepto


[David Espo] Generales jubilados critican conducción de la guerra de Rumsfeld.
Washington, Estados Unidos. Oficiales retirados reprocharon ayer abiertamente al ministro de Defensa, Donald H. Rumsfeld, no saber conducir la guerra de Iraq, diciendo que las tropas estadounidenses fueron enviadas a pelear sin los mejores equipos disponibles y que se ocultaron hechos críticos a la opinión pública.
"Creo que el ministro Rumsfeld y otros en el gobierno no contaron la verdad al pueblo norteamericano por temor a perder el apoyo para la guerra en Iraq", dijo en un foro dirigido por los demócratas en el senado el general de división John R.S. Batiste.
Un segundo jefe militar, el general de división retirado Paul Eaton, evaluó a Rumsfeld como "estratégica, operacional y tácticamente incompetente".
"Rumsfeld y su equipo directo deben ser remplazados o tendremos dos años más de decisiones extraordinariamente malas", agregó Eaton en el foro, realizado seis semanas antes de las elecciones del 7 de noviembre, en las que la guerra es uno de los temas centrales.
El senador John Cornyn, republicano de Tejas, y miembro del Comité de las Fuerzas Armadas, desechó el evento patrocinado por los demócratas como "una pantalla de humo en año de elecciones con el objetivo de oscurecer los sombríos antecedentes de los demócratas en cuanto a seguridad nacional".
"El montaje de hoy puede entusiasmar a la base liberal, pero no matará ni a un solo terrorista ni impedirá un solo atentado", dijo en una declaración el senador Mitch McConnell, republicano de Kentucky. Llamó a Rumsfeld un "excelente ministro de defensa".
Arlen Specter, un republicano de Pensilvania que preside el Comité Judicial del Senado, dijo ayer en el Club Nacional de la Prensa que en época de elecciones la política puede ser un obstáculo para encontrar una solución para la resistencia en Iraq.
"Mi instinto me dice que una vez se realicen las elecciones, habrá mucho más reflexión sobre qué hacer en Iraq y habrá muchas más observaciones sinceras sobre el tema", dijo Specter.
El conflicto, ahora en su cuarto año, se ha reclamado la vida de más de 2.600 soldados norteamericanos y ha costado más de 300 billones de dólares.
La semana pasada, el senador Byron Dorgan de Dakota del Norte, presidente del Comité de Extensión Democrática [Democratic Policy Committee], que patrocinó el foro de ayer, dijo a periodistas que esperaba que la audiencia arrojara luces sobre la planificación y conducción de la guerra. Dijo que la mayoría de republicanos no había realizado audiencias sobre el tema, y agregó: "Si ellos no quieren hacerlas, las haremos nosotros".
Desde que hablara, se dio a conocer un estimado de la inteligencia nacional encargado por el gobierno que concluye que la guerra ha contribuido a crear una nueva generación de radicales musulmanes y que la amenaza terrorista general ha crecido desde los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Junto a varios miembros de la cúpula demócrata del senado, participó también un republicano, el diputado Walter Jones de Carolina del Norte. "El pueblo norteamericano tiene el derecho a estar informado toda vez que tomamos decisiones de enviar a estadounidenses a morir por este país", dijo Jones, un conservador cuyo distrito incluye la base naval Camp Lejeune.
Es inusual que oficiales retirados critiquen al Pentágono mientras hay operaciones militares en curso, especialmente en eventos públicos.
Y los republicanos del senado repartieron una declaración de cuatro generales retirados que dice que ellos "no creen que sea apropiado que oficiales en servicio activo, o retirados, critiquen públicamente a los líderes civiles de Estados Unidos durante una guerra". El grupo está integrado por los generales John Crosby, Thomas McInerny, Burton Moore, y Paul Vallely.
Pero Batiste, Eaton y el coronel retirado Paul X. Hammes fueron implacables en sus comentarios que sugieren indignación por el modo en que han sido tratados los militares. Los tres sirvieron en Iraq, y Batiste también fue un alto asistente militar de Paul Wolfowitz cuando este se desempeñaba como subsecretario de Defensa.
Batiste, que dirigió la Primera División de Infantería del Ejército en Iraq, también acusó al congreso por no hacer "las preguntas difíciles".
Dijo que Rumsfeld en un momento amenazó con despedir a la persona que mencionara la necesidad de un plan de posguerra para Iraq.
Batiste dijo que si se hubiese dado plena consideración a las exigencias de la guerra, es probable que Estados Unidos hubiera mantenido su foco en Afganistán, "no habría nutrido al fundamentalismo musulmán en todo el planeta ni habría creado más enemigos que los insurgentes".
Hammes dijo que no proporcionar mejor equipos era una "un serio error moral de parte de nuestros líderes".
En 1944 Estados Unidos "no pidió a nuestros soldados que invadieran Francia con las mismas armaduras que en 1941. ¿Por qué estamos pidiendo a nuestros soldados y marines que usan las mismas armaduras que declaramos insuficientes en 2003?", dijo.
Hammes fue responsable del establecimiento de bases para las fuerzas armadas iraquíes.
Eaton fue responsable del adiestramiento de los militares iraquíes y más tarde de la reconstrucción del cuerpo de policía iraquí.

26 de septiembre de 2006
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insubordinación de tropas iraquíes


[Solomon Moore y Julian E. Barnes] Estados Unidos pidió cuatro mil soldados adicionales para reforzar la seguridad. Sólo se presentaron mil, y la violencia continúa asolando la capital y sus alrededores.
Bagdad, Iraq. Sólo un cuarto de las fuerzas armadas iraquíes que fueron asignadas hace algo más de un mes para reforzar la seguridad han llegado a la capital, un signo de los continuados problemas de la capacidad del gobierno iraquí a la hora de controlar y movilizar sus tropas.
El general de división del ejército norteamericano James Thurman, que está a cargo de las fuerzas militares en Bagdad, dijo el viernes que había solicitado cuatro mil tropas iraquíes adicionales para ayudar a reforzar la seguridad de Bagdad y que había recibido sólo mil.
"Cuando fueron formados, algunos de esos batallones lo fueron regionalmente", dijo Thurman en una rueda de prensa por video con periodistas en el Pentágono. "Y algunos de los soldados, debido a la distancia, se negaron a viajar a Bagdad".
Los comentarios de Thurman se produjeron en un día marcado por la violencia en el país, incluyendo la ejecución de nueve árabes sunníes que fueron sacados a empujones de una boda al este de Bagdad, por hombres armados que llevaban uniformes iraquíes.
"Tres coches civiles y un minibús llegaron a nuestra casa con hombres armados con el uniforme del ejército iraquí", dijo a la policía el padre del novio, Mohammed Dulaimi, 61. "Allanaron la casa y dijeron que se llevaban a algunos de los invitados para un interrogatorio de rutina".
La policía encontró más tarde los cadáveres de nueves de los invitados a la boda en las afueras de Bagdad. Todos presentaban varias heridas de bala.
En total, se recogieron en Bagdad el viernes 27 cuerpos. Al menos otras quince personas, incluyendo a un soldado norteamericano que murió al estallar una bomba improvisada en la capital, murieron en episodios violentos en el resto de Iraq.
Mientras continuaba la carnicería, el presidente de Iraq, Jalal Talabani, se dirigía a la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York diciendo que la continuada presencia de tropas norteamericanas en Iraq era "esencial" mientras el país construía sus fuerzas armadas.
Durante su visita a Estados Unidos, Talabani se reunió con la ministro de Relaciones Exteriores, Condoleezza Rice y otros ministros de exteriores y le instó a destinar los billones de dólares prometidos para la reconstrucción del país.
"Esperamos que la comunidad internacional cumpla sus obligaciones proporcionando los recursos necesarios para solucionar algunos problemas prioritarios", dijo.
Después de la formación del gobierno definitivo de Iraq en mayo, el primer ministro Nouri Maliki anunció un plan de seguridad destinado a controlar la violencia religiosa que ha desestabilizado a Bagdad.
En julio, oficiales norteamericanos dijeron que a pesar de las nuevas medidas, la violencia en Bagdad había empeorado.
En agosto, funcionarios norteamericanos e iraquíes anunciaron un nuevo plan para controlar la ciudad, diciendo que destinarían otros cuatro mil soldados iraquíes y cuatro mil tropas norteamericanas adicionales. El contingente norteamericano fue reforzado con una medida que causó polémica en el Pentágono: Los oficiales extendieron el despliegue de la Brigada Stryker 172 y la trasladaron de Mosul a Bagdad. La extensión del período provocó las quejas de familiares de los miembros de la unidad con sede en Alaska.
Pero el viernes Thurman dejó en claro que llevar soldados iraquíes a Bagdad resultó ser todavía más difícil. Los soldados de la Primera Brigada de la Novena División del ejército iraquí fueron trasladados de Taji en 72 horas, dijo Thurman. Pero el despliegue del resto de la fuerza ha sido más difícil, ya que los soldados se niegan a obedecer las órdenes que los reasignan a Bagdad.
Unidades del ejército iraquí han rechazado órdenes de despliegue antes, quejándose a veces de lo largo del viaje y a veces expresando su temor de verse envueltos en peligrosos enfrentamientos religiosos.
En agosto, cien soldados de la sureña provincia de Maysan se negaron a viajar a Bagdad. Funcionarios norteamericanos explicaron en ese momento que los líderes chiíes de esa unidad dijeron que esas tropas eran necesarias en Maysan. También objetaron el plan de ser enviados a la capital, donde creían que deberían combatir a las milicias chiíes.
Funcionarios norteamericanos también dijeron que algunas unidades kurdas se habían negado a ser trasladadas desde el norte de Iraq a Ramadi, a la violenta provincia de Al Anbar.
Pero los problemas pueden ir más allá de las lealtades regionales o religiosas y podrían reflejar problemas de preparación.
El ejército iraquí no goza de reputación en cuanto a su movilidad; carece de vehículos blindados para el transporte o de aviones que permitirían a sus oficiales desplegar grandes contingentes de tropas en el país.
Thurman dijo que tenía confianza en que el ministerio de Defensa obtuviera los soldados adicionales en las próximas semanas. Sugirió que la ausencia de tropas iraquíes estaba complicando las operaciones en dos barrios de Bagdad, Baya y Dura. Thurman dijo que quería destinar más soldados iraquíes a esas zonas para que colaboraran con el batallón norteamericano que se encuentra allá.
"Creo que necesitamos más fuerzas de seguridad iraquíes en esas áreas, y eso es lo que dije a mis superiores", dijo.
En Bagdad, hay 15 tropas norteamericanas y nueve mil tropas iraquíes, así como 12 mil miembros de la policía nacional iraquí y 22 policías locales, dijo Thurman.
Interrogado sobre cómo podrían los militares iraquíes encargarse de la seguridad del país si no era capaz de movilizar tropas en el país, Thurman dijo que algunas de las unidades no eran capaces de desplegarse rápidamente -incluyendo a la Primera Brigada de la Novena División- mientras que otras todavía estaban siendo formadas y adiestradas.
"Yo no diría que las cosas no están marchando bien", dijo Thurman. "Lo que diría es que creo que el gobierno está tratando de cumplir con las necesidades de seguridad y que tenemos un enemigo decidido que está tratando de derrocar al gobierno, que es un gobierno democrático. Y estamos aquí ayudándoles a solucionar esos problemas de seguridad".
Thurman dijo que los ataques habían aumentado la semana pasada, y que fueron dirigidos en general contra fuerzas militares y policiales norteamericanas e iraquíes.
El ataque contra la boda ocurrió en una fiesta que realizaba la tribu Dulaimi, un extenso y poderoso clan sunní que probablemente tratará de vengarse, declaró la policía. Todos los secuestrados eran hombres, incluyendo a tres hermanos agricultores y ganaderos que trabajaban en zonas agrícolas en los alrededores de la capital.
Una fuente de la policía que dijo que el padre informó de los secuestros en una comisaría de policía local, dijo que no era probable que los agentes investigaran el incidente por miedo a los rebeldes sunníes que operan en la zona.
Al oeste de Bagdad milicianos chiíes incendiaron dos edificios ocupados por importantes partidos políticos sunníes y ordenaron marcharse del vecindario a los sunníes.
Carros de bomberos que llegaron a la escena fueron alejados por los milicianos que dispararon sus rifles de asalto al aire. La Associated Press informó que en ese incidente murieron cuatro personas.
"Hoy estamos viviendo en circunstancias muy excepcionales. Estamos sufriendo violencias de todo tipo", dijo el jeque Mahmoud Sumaidaie en su sermón del viernes en Umm Qura, una importante mezquita sunní de Bagdad.
"Hay gente que está destruyendo, gente que está obligando a otros a abandonar sus casas, hay clérigos chiíes que guardan silencio, hay gente decente que guarda silencio. El estado guarda silencio".
En Tikrit, la ciudad natal al norte de Bagdad del derrocado presidente de Iraq, Saddam Hussein, una asociación local de clérigos sunníes congregaron al menos a mil manifestantes que portaron carteles de Hussein y exigieron que fuera reinstalado en el poder. Los manifestantes exigieron la liberación de 20 mil presos, el fin de los allanamientos militares de barrios sunníes y denunciaron las recientes declaraciones del Papa Benedicto XVI sobre el islam.
Un oleoducto roto el jueves en un ataque de los rebeldes seguía ardiendo al sudoeste de Samarra, también al norte de Bagdad. Un portavoz del Cuerpo de Ingenieros del ejército norteamericano dijo que no sabía nada del ataque.
Las oraciones del viernes y las exhortaciones a la paz ante el inminente período de ayunos del Ramadán cedieron ante tempestuosos discursos políticos en algunas mezquitas. Mientras los clérigos sunníes llamaban al gobierno a protegerles de las milicias chiíes y de los asaltos norteamericanos, los clérigos chiíes llamaban a tomar medidas más duras contra la resistencia.
En Nayaf, el clérigo chií Sadruddin Qubanchi rechazó las recientes expresiones de preocupación de Naciones Unidas sobre la posibilidad de una guerra civil en Iraq.
El secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, "dijo que Iraq está al borde de la guerra civil", dijo Qubanchi.
"Pero nosotros vemos la situación de otra manera. Creemos que los iraquíes nos dirigimos más bien hacia la eliminación del terrorismo antes que hacia la guerra civil".
El clérigo dijo que el gobierno iraquí era demasiado blando con los insurgentes y que la violencia persistía debido a la "ausencia de castigo". Exigió que Hussein fuera condenado a muerte.
"¡Ejecución! ¡Ejecución!", gritaron cientos de fieles.

solomon.moore@latimes.com
julian.barnes@latimes.com

Moore informó desde Bagdad y Barnes desde Washington. Corresponsales del Times en Bagdad, Kirkuk, Tikrit y Najaf contribuyeron a este reportaje.

23 de septiembre de 2006
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la muerte en el barrio


[Patrick J. McDonnell] Escuadrones de la muerte atacan a los vecinos. Un padre, un tendero, un pinto de casas, sunníes y chiíes, son las últimas víctimas.
Bagdad, Iraq. Esa abrasadora tarde del mes pasado, Ahmed Kamel estaba jugando al fútbol con sus dos hijos frente a su casa cuando aparecieron tres hombres en un Chevy Caprice, lo apuntaron con sus armas y se lo llevaron.
"A tu padre lo encontrarás mañana detrás del dique", le dijo uno de los hombres a Mustafa, el hijo de trece años de Kamel, cuando el niño se aferraba desesperadamente al coche.
Cuatro horas más tarde la familia se enteró de que la policía había encontrado el cuerpo de Kamel donde los secuestradores habían dicho que lo encontrarían: un infame vertedero para cadáveres al nordeste de Bagdad. ¿Su delito? Había servido en el ejército iraquí durante más de diez años y vivía en un barrio donde las milicias musulmanas chiíes están erradicando a sunníes como él.
Es una prueba suficiente en los fríos cálculos sobre la vida y la muerte en esta capital del miedo. Una curva equivocada, un desvío, una mirada hostil, un dedo que te señala, una denuncia anónima, un asentimiento de cabeza -estos gestos pueden llevar, y llevan a menudo a la muerte.
Los escuadrones de la muerte de milicias religiosas sacan a las víctimas de la calle o de sus coches, de sus casas o de sus oficinas, de mezquitas y hospitales. Los asesinos aparecen de día y de noche. Se aparecen vestidos de paisano o en uniforme.
"Dicen que es la voluntad de Dios, pero no lo es", dice Nisreen Yaseri, llorando el asesinato, la semana pasada, de su primo Mohammed Jabbar, 26. "Es la voluntad de gente. No tiene nada que ver con Dios".
¿El error de Jabbar? Era un pintor de casas chií que pasaba en un taxi por un barrio predominantemente sunní al oeste de Bagdad cuando, el lunes pasado, un grupo de hombres armados hicieron parar el coche en un puesto de control improvisado. Él y cuatro colegas, todos chiíes, fueron aprehendidos.
Sus cuerpos agujereados de bala, maniatados y con signos de haber sido torturados, fueron hallados el martes en las calles del mismo barrio de Adil donde habían parado el taxi en que viajaban.
Sus familiares los volvieron a ver en la morgue del Hospital Kadhimiya.
‘Hamoodi', como era conocido Jabbar, había tomado precauciones: Hace poco había conseguido un nuevo carné de identidad que omitía su nombre tribal -y así borraba su secta, al menos en teoría. "Si me quieren ver como sunní, que me hagan un Duleimi si quieren", decía Jabbar a sus amigos, refiriéndose a un importante clan sunní, recordó su primo.
"Puedo ser chií. Cualquier cosa".
Otros trataron de borrar sus nombres; los diarios de aquí publican anuncios legales de hombres que quieren cambiar su nombre de pila Omar, un típico nombre sunní.
"Pero si te paran, te hacen preguntas: ¿De qué tribu eres? ¿Cómo se llama tu tío? Escapar es imposible", se lamenta Omar Hirmizi, un tendero en el barrio sunní de Adhamiya que ha contemplado el truco y decidió que no era la solución.
Algunos tienen una falsa sensación de seguridad. Ese fue aparentemente el caso de Muatiz Qaisi, un sunní que fue durante largo tiempo dueño de una tienda en el enclave chií de Ciudad Sáder. Tenía muchos amigos y conocidos chiíes y era apreciado. En la primavera pasada un grupo de hombres armados se lo llevó después del atentado contra la mezquita chií en Samarra, el suceso que desencadenó la actual oleada de violencia.
Fue metido en el maletero de un sedán, pero los secuestradores olvidaron quitarle el celular.
"Me cogieron unos hombres armados, y estoy metido en el maletero de su coche", dijo a sus familiares cuando llamó por teléfono, cuenta uno de sus sobrinos.
Más tarde ese día, los secuestradores usaron el celular para llamar al sobrino, diciendo que eran de la "oficina central de homicidios", aunque el sobrino no había oído hablar nunca de la agencia y dudaba de su existencia.
"Tenemos informaciones de que su tío se dedicaba a matar chiíes durante la época" de Saddam Hussein, dijeron los secuestradores al sobrino, de acuerdo a la versión del sobrino.
"¿Cómo podía mi tío tener tiempo para dedicarse a matar a esa gente?", respondió el sobrino. "Mi tío tuvo durante quince años una tienda que abría de siete de la mañana o ocho y media de la noche".
El cuerpo del tío apareció a la mañana siguiente, junto a otros cuatro. Las balas habían desfigurado sus caras, como si hubiesen sido mutilados.
En las angustiantes horas después de su desaparición, frenéticos familiares de los desaparecidos se embarcaron en una búsqueda ahora convertida en ritual: comisarías de policía, ministerios de gobierno, turbios contactos que pueden saber algo.
Cuando hombres en uniformes de faena detuvieron en su casa a Feraz Abbas Kubais, un electricista sunní, su primo hizo una llamada telefónica. El primo conocía a alguien cercano de la Brigada Sáder, una milicia chií adiestrada en Irán que tiene lazos con el ministerio del Interior.
"Veré qué puedo hacer", le dijeron, recordó un amigo. Dos horas después, el hombre de Báder devolvió la llamada. "Lo lamento. Fue demasiado tarde", le dijo al primo. "Lo encontrarás mañana en la morgue".
Algunos no son encontrados nunca. Quizás son arrojados en fosas clandestinas. O se descomponen y es imposible identificarlos, o son arrojados al río Tigris o a un canal de irrigación del que nunca vuelven a emerger.
Había tantos cadáveres obstruyendo la principal planta colectora de la capital en la primavera pasada que las autoridades empezaron una investigación, con ayuda técnica norteamericana. Los investigadores descubrieron un macabro esquema: Pozos que se hallaban a varios kilómetros de distancia habían sido usados como sitios para la eliminación de cadáveres, permitiendo que los restos fluyeran bajo tierra a través de grandes tubos de concreto, junto con los otros vertidos subterráneos de la ciudad.
"Es posible que algunos cuerpos fueran destrozados por el sistema de bombeo, y nunca nos enteramos", dice Ahmed Abdil Elah, subgerente general del sistema de alcantarillado de la ciudad. "No quedan huellas de ellos".
El ayuntamiento clausuró los pozos, y el macabro torrente cesó.
Otros restos son identificados después de haber sido enterrados como pertenecientes a desconocidos.
Ese fue el caso de Muayid Rahman Batawi, 28, un sunní que vive en el barrio de Al Khatib, donde los chiíes han desplazado a los sunníes como mayoría.
Batawi tenía miedo de salir de su casa a pie, aunque ocasionalmente se aventuraba fuera en su coche, recuerda su hermano. Ese fue su error. Desapareció después de parar en una gasolinera el 3 de julio, dijo su hermano. Su cuerpo apareció seis días después en el barrio chií de Shula, en Bagdad.
Los funcionarios de la morgue no entregan los cuerpos sin una carta de la policía. Para cuando la familia obtuvo el documento, era demasiado tarde. El cuerpo de Batawi había sido llevado con otros de ‘identidad desconocida' al cementerio chií de Nayaf, a 145 kilómetros al sur de la capital -que no es un lugar donde los sunníes optarían por enviar a sus familiares, especialmente en estos días de enemistad mutua.
"Mandamos de inmediato a nuestra madre, sola, a Nayaf, a recoger el cuerpo, porque pensamos que era más seguro que lo hiciera una mujer", recuerda su hermano. "Pero ellos no quisieron entregar su cuerpo".
El cuerpo de Batawi sigue estando enterrado en la gris tierra de Nayaf.
La semana pasada en el cementerio de Wadi al Salam (Valle de la Paz) de Nayaf, los sepultureros estaban cavando tumbas para 63 cuerpos más, las últimas víctimas desconocidas traídas desde la capital en un camión frigorífico.
"Siento una profunda tristeza. Los asesinados son nuestros hermanos", dice Mehdi Asadi, que se encarga de la disposición en el llamado Cementerio de los Desconocidos, una especie de campo de arcilla.
Los trabajadores pintan un número en la losa de cada tumba de los desconocidos, una referencia en caso de que alguien quiera reclamar los restos. Los familiares que identifican a los muertos en las fotografías digitales de la morgue piden que sus cuerpos sean desenterrados para trasladarlos a otros lugares.
Para las familias que quedan atrás, hay poco consuelo en el hallazgo de un cuerpo. Sólo mitiga una duda persistente.
Aunque la policía encontró el cuerpo de Kamel en el dique apenas horas después de su secuestro, sus familiares no se enteraron de su destino sino la semana pasada, porque su cuerpo no había sido identificado. Finalmente lo reconocieron en una foto de la morgue.
Los restos de Kamel fueron enviados para ser enterrados como ‘desconocidos' en la ciudad santa chií de Karbala.
Su familia sunní decidió dejarlo en paz allá. Sus familiares piensan hacer el peregrinaje hacia su tumba cuarenta días después de su muerte, respetando una venerada costumbre musulmana que transciende las divisiones confesionales.

patrick.mcdonnell@latimes.com

Shamil Aziz, Suhail Ahmad, Raheem Salman, Zainab Hussein, Mohammed Arrawi y Saif Rasheed en Bagdad y Saad Fakhrildeen en Najaf contribuyeron a este reportaje.

18 de septiembre de 2006
©los angeles times
©traducción mQh
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