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deliberadamente falso


[Jonathan Weisman] Vínculos fueron citados como justificación de la invasión norteamericana de Iraq.
Un informe desclasificado ayer por el Comité Selecto sobre Inteligencia del Senado, reveló que los analistas de inteligencia norteamericanos rechazaron vehementemente los supuestos vínculos entre Saddam Hussein y al-Qaeda mientras que altos funcionarios del gobierno de Bush reiteraban públicamente esos vínculos para justificar la invasión de Iraq.
Lejos de asociarse con al-Qaeda y el terrorista jordano Abu Musab al-Zarqawi, Hussein rechazó repetidas veces los intentos de acercamiento de al-Qaeda y trató de capturar a Zarqawi, dice el informe. Tariq Aziz, el detenido ex vice-primer ministro, dijo al FBI que Hussein "sólo expresaba opiniones negativas sobre Osama bin Laden".
El informe también dice que los exiliados del Congreso Nacional Iraquí CNI trataron de influir en la política exterior norteamericana proporcionando, a través de desertores, información falsa sobre los arsenales de armas nucleares, químicas y biológicas de Iraq. Después de que escépticos analistas advirtieran que el grupo había sido penetrado por servicios de inteligencia hostiles, incluyendo al de Irán, una directriz de la Casa Blanca de 2002 ordenó que el financiamiento norteamericano del CNI debía continuar.
El informe de inteligencia desclasificado recientemente proporciona a los críticos del gobierno municiones frescas a menos de dos meses de las elecciones legislativas y en medio de una campaña del presidente Bush para desviar la atención de la opinión pública de Iraq y hacia la amenaza del terrorismo. Senadores demócratas se hicieron inmediatamente con las conclusiones, utilizando un fuerte lenguaje para decir que el presidente continúa conectando, a sabiendas y falsamente, a Hussein con al-Qaeda.
El 21 de agosto pasado Bush sugirió un nexo entre Hussein y Zarqawi, el cabecilla de al-Qaeda en Iraq, que murió en un ataque norteamericano este verano. Pero una evaluación de la CIA de octubre de 2005 concluyó que el gobierno de Hussein "no tenía relaciones, ni cobijaba, ni hacía la vista gorda con respecto a Zarqawi y sus correligionarios", según el informe.
"El presidente está todavía distorsionando los hechos. Todavía hace declaraciones que son falsas", dijo el senador Carl M. Levin (demócrata de Michigan), miembro del comité de inteligencia.
La liberación parcial del informe se produce después de casi tres años de riñas partidistas sobre lo que es un análisis de cinco capítulos del uso de la inteligencia de preguerra en las preliminares de la invasión de Iraq de 2003. El meollo del informe -una detallada comparación de declaraciones del gobierno con la inteligencia disponible entonces- está lejos de su publicación. Pero el jueves el comité votó a favor de la liberación de dos capítulos, uno sobre el papel jugado por los exiliados iraquíes en la inteligencia de preguerra, y el otro sobre la precisión de los análisis de preguerra de los arsenales de armas nucleares, químicas y biológicas de Hussein y sus presuntos vínculos con al-Qaeda y los atentados del 11 de septiembre.
El portavoz de la Casa Blanca, Tony Snow, desechó las conclusiones como cosas sabidas. "Si hay gente que quiere volver a discutir, la Casa Blanca está dispuesta a hacerlo", dijo.
Pero los intentos republicanos de presentar los hallazgos como una repetición partidista fueron interrumpidos por miembros de la vieja guardia republicana del comité de inteligencia. Las conclusiones del informe del comité se basan en los hallazgos de los demócratas porque dos republicanos -los senadores Olympia J. Snowe (Maine) y Chuck Hagel (Nebraska) apoyaron esas conclusiones.
"Después de revisar miles de páginas de evidencias, voté por las conclusiones que reflejaban más estrechamente los hechos relatados en el informe", dijo Snowe en una declaración escrita. "Los funcionarios políticos aparentemente descartaron o desecharon advertencias sobre la veracidad de informes de inteligencia críticos que pudieron haber servido como bases de la declaración de guerra".
Pat Roberts (republicano de Kansas), presidente del comité, fue enfático esta semana en cuanto a que los exiliados iraquíes no influyeron fundamentalmente en la evaluación crítica de la amenaza iraquí en el Estimado Nacional de Inteligencia de 2002.
Pero, como enfatiza Snowe en esa declaración, el informe concluyó que la información proporcionada por una fuente del CNI fue citada en ese estimado y en el discurso del ministro de Relaciones Exteriores Colin L. Powell ante Naciones Unidas en febrero de 2003, como evidencia que corroboraba el programa de armas biológicas móviles de Iraq. Esas citas fueron utilizadas a pesar de las evaluaciones de la CIA de abril de 2002, un aviso sobre posibles mentiras de la Agencia de Inteligencia de la Defensa DIA de mayo de 2002 y una advertencia del Consejo Nacional de Inteligencia de julio de 2002, que decían, todos, que la fuente del CNI podía haber sido preparada por el grupo de exiliados para fabricar la información.
Demócratas y republicanos coinciden en que analistas y políticos de todo el espectro político se equivocaron en sus evaluaciones de preguerra sobre las armas de destrucción masiva de Hussein. Pero el informe del comité indica que los analistas de inteligencia tenían fundamentalmente razón en cuanto a la ausencia de lazos operacionales entre Hussein y al-Qaeda. Y los demócratas compararon las declaraciones públicas del gobierno con las recién desclasificadas evaluaciones de inteligencia para basar su argumentación de que los intentos de vincular a Iraq con al-Qaeda eran deliberadamente falsos.
En un informe clasificado de enero de 2003, por informe, la CIA concluyó que Hussein "veía a los extremistas musulmanes que operaban al interior de Iraq como una amenaza". Pero un día después de publicada esa conclusión, observó Levin, el vice-presidente Cheney dijo que el gobierno iraquí "ayuda y protege a terroristas, incluyendo a miembros de al-Qaeda".
Informes de inteligencia de junio, julio y septiembre de 2002 arrojan todos dudas sobre un supuesto encuentro en Praga entre agentes de inteligencia iraquíes y uno de los secuestradores del 11 de septiembre, Mohamed Atta. Sin embargo, el 8 de septiembre de 2002, apareciendo en ‘Meet The Press' de la NBC, Cheney dijo que la CIA consideraba los informes sobre el encuentro como verosímiles, dijo Levin.
En febrero de 2002, la Agencia de Inteligencia de la Defensa DIA concluyó que "no es probable que Iraq haya proporcionado a bin Laden algún tipo de conocimiento útil o ayuda sobre armas químicas o biológicas". Un año después, Bush dijo: "Iraq también ha provisto a al-Qaeda de adiestramiento en el uso de armas químicas y biológicas".
El senador Christopher S. Bond (republicano de Montana), miembro del comité de inteligencia, dijo que era injusto que los demócratas compararan las evaluaciones de inteligencia en el informe con las declaraciones del gobierno. Dijo que esas comparaciones van más allá del alcance de los capítulos dados a conocer.
Pero los demócratas fueron inequívocos en afirmar que los capítulos hacen la crónica de un innegable esquema de engaños.
"Preparar a sus ciudadanos, posicionarlos, de hecho entusiasmarlos y hacerles creer que estaba justificado declarar la guerra a Iraq es un engaño descarado de Estados Unidos", dijo el senador John D. Rockefeller IV (demócrata de West Virginia), el vice-presidente del comité. "No sé si ese tipo de manipulación del público tiene precedentes en la historia estadounidense".

Charles Babington contribuyó a este reportaje.

9 de septiembre de 2006
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errores de preguerra


[Walter Pincus] Espías del CNI aprobaron los tests de los detectores de mentiras de la CIA.
El largamente esperado informe del Comité de Inteligencia del Senado dado a conocer ayer arroja nuevas luces sobre por qué las agencias de inteligencia estadounidenses proporcionaron informaciones imprecisas sobre Saddam Hussein y sus programas de armamentos durante la preguerra, incluyendo detalles sobre cómo los exiliados iraquíes que fabricaron o exageraron sus informes fueron aceptados como verídicos porque aprobaron los tests del detector de mentiras del Pentágono.
Los dos nuevos capítulos desclasificados del informe encendieron ayer las acusaciones políticas de que el gobierno de Bush mintió para justificar la invasión de Iraq, pero el documento de casi 400 páginas contiene varios ejemplos de cómo informaciones incorrectas terminaron siendo aceptadas en evaluaciones de inteligencia en esos momentos.
Un capítulo incluye los resultados de una evaluación de la CIA de su desempeño que concluye que, a pesar de repetidas evaluaciones de preguerra de que los iraquíes estaban practicando el engaño y la decepción para ocultar sus armas, en realidad esos intentos ni siquiera existieron porque las armas simplemente no existían.
La CIA concluye: "Llega un momento en que la ausencia de evidencia se convierte en realidad en la evidencia de la ausencia". Esa declaración es una referencia a una observación del ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld que repitió frecuentemente en los meses de preguerra -después de que, a fines de 2002 y principios de 2003, los inspectores de Naciones Unidas no encontraran armas-, de que "la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia".
Un capítulo de 208 páginas en el informe del comité del Senado cubre el uso de datos de inteligencia proporcionados por el Congreso Nacional Iraquí y su presidente, Ahmed Chalabi. La comisión escribió que tres exiliados iraquíes entregaron al Pentágono informaciones incorrectas sobre el supuesto adiestramiento que proporcionaba Hussein a los terroristas de al-Qaeda, así como sobre la existencia de laboratorios móviles de armas biológicas y sobre una supuesta reunión entre el presidente iraquí y Osama bin Laden. Los tres exiliados aprobaron el test del detector de mentiras al que fueron sometidos por la Agencia de Inteligencia de la Defensa DIA, lo que aumentó la credibilidad de sus cuentos.
En todos los casos la información demostró ser cuestionable, sino incorrecta. Pero en el caso de los laboratorios móviles, la fuente de información fue utilizada para corroborar datos del Estimado Nacional de Inteligencia sobre Iraq de octubre de 2002, incluso después de que el informante hubiera sido clasificado como poco de fiar.
El informe observa que el funcionario de la DIA que sabía que la fuente no era de fiar participó en dos reuniones en las que la información sobre los laboratorios móviles fue incorporada en el discurso del secretario de estado Colin L. Powell en febrero de 2003 ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, pero que el funcionario no se dio cuenta de que la información se basaba únicamente en la palabra de una fuente de poca confianza.
De acuerdo al informe del comité del senado, otra fuente del Congreso Nacional Iraquí recomendado a la CIA por Chalabi a través de un funcionario de alto rango del ministerio de Defensa, aprobó dos tests del detector de mentiras después "de asegurar que había visto a Saddam reuniéndose con un hombre, al que Uday Hussein [hijo de Saddam] identificó como bin Laden". La fuente dijo que Uday Hussein le había dicho que bin Laden había ido para "discutir el adiestramiento de alguna de su gente en Iraq".
La DIA subsecuentemente distribuyó la información, pero señaló que la fuente estaba vinculada con la oposición iraquí y que la información "podría tener la intención, además de informar, de influir sobre los funcionarios políticos". La CIA observó más tarde en su evaluación de la información de que la reunión entre Hussein y bin Laden "no había sido corroborada" y que "otro informe... no proporciona información sobre que Saddam y bin Laden se conozcan".
Aunque el informe de senado plantea preguntas sobre la fiabilidad de la información proporcionada por los exiliados iraquíes, observa que la información tuvo poco impacto directo en el Estimado Nacional de Inteligencia sobre Iraq redactado en octubre de 2002. Muchas de las afirmaciones del Congreso Nacional Iraquí, sin embargo, fueron transmitidas a la Casa Blanca y al despacho del vicepresidente Dick Cheney mediante informes de un grupo aparte de análisis de inteligencia iniciado por el entonces subsecretario de Defensa, Douglas J. Feith.
La investigación del comité del senado de las actividades del grupo de Feith, otra parte del estudio de la inteligencia de preguerra, ha sido retrasada por el presidente del comité Pat Roberts (republicano de Kansas), que está esperando que termine la pesquisa del inspector general del Pentágono sobre el mismo asunto.
Una sorprendente conclusión de la retrospectiva de la CIA es que la agencia ahora cree que las agresivas inspecciones de Naciones Unidas en Iraq en 1991, después de la Guerra del Golfo Pérsico, llevó a Hussein a tomar una "fatídica decisión". Desmanteló y destruyó en secreto las instalaciones, materiales y armas nucleares, químicas y biológicas no declaradas que había reunido en la década precedente -junto con los "archivos que podrían haber verificado esa destrucción unilateral".
Como resultado, en 2002 2003, cuando los iraquíes dijeron que no tenían armas de destrucción masiva, no tenían ninguna prueba de ello y Hussein no pudo demostrar que él, básicamente, si no completamente, había acatado las resoluciones de Naciones Unidas. La no conformidad con la resolución de octubre del Consejo de Seguridad fue la principal excusa pública de Estados Unidos para invadir Iraq.

9 de septiembre de 2006
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objetivo: evitar la guerra civil


[Ann Scott Tyson] Principal objetivo de la guerra. El Pentágono menciona recrudecimiento de la violencia en Iraq.
El cruento derramamiento de sangre ha llevado a la violencia religiosa a su nivel más alto en más de dos años, y prevenir la guerra civil es ahora la misión más urgente del creciente contingente de 140 mil soldados norteamericanos en el país, de acuerdo a un nuevo informe del Pentágono dado a conocer ayer.
Ejecuciones, secuestros y otros ataques religiosos contra civiles iraquíes se han disparado en los últimos tres meses, contribuyendo a un 51 por ciento en el aumento de las bajas entre la población civil y las fuerzas de seguridad iraquíes, dice el informe. Cada mes mueren o quedan heridos más de tres mil iraquíes, y para julio, dos mil bajas fueron el resultado de incidentes religiosos, según el informe.
El informe del Pentágono, aunque consistente con lo que ha informado la prensa durante meses, es importante porque representa un reconocimiento oficial de tendencias que se cree están llevando al país hacia una guerra civil a toda escala.
"Esta vez, se trata de un informe bastante sobrio", dijo Peter Rodman, subsecretario de Defensa para asuntos de seguridad internacional. "Los últimos tiempos han sido muy difíciles, y los niveles de violencia han aumentado, y el tipo de violencia religiosa es especialmente aguda e inquietante", dijo en una rueda informativa.
"Es la realidad pisándole los talones a Rumsfeld y al Pentágono", dijo Michael O'Hanlon, analista militar de la Brookings Institution.
En una sombría revelación, el informe cita a la morgue de Bagdad diciendo que en junio recibió mil 600 cadáveres y en julio, más de mil 800, de los cuales el 90 por ciento eran el resultado de ejecuciones".
Además, dice el informe, los asesinatos por venganza llevados a cabo por escuadrones de la muerte sunníes y chiíes se están extendiendo fuera de la capital iraquí y en las confines más remotos del país, desde Basra en el sur hasta Mosul y Kirkuk en el norte. Irán y Siria están apoyando activamente las fuerzas que alientan la intranquilidad entre las facciones religiosas, dice.
"La sostenida violencia religiosa es la mayor amenaza a la seguridad y estabilidad de Iraq", dice el informe. "En Iraq ya existen las condiciones que podrían conducir a una guerra civil", dice, aunque sostiene que esa guerra civil todavía puede impedirse. "Las fuerzas de la coalición y las Fuerzas de Seguridad Iraquí FSI están respondiendo, atacando cada vez más tanto a escuadrones de la muerte chiíes como sunníes".
El informe, la última actualización trimestral del Pentágonos sobre seguridad en Iraq, encargada por el Congreso, es sorprendente por su realismo, dijeron expertos en defensa. Se agrega al lúgubre testimonio ante el Congreso, el mes pasado, de dos importantes generales estadounidenses, incluyendo al general John P. Abizaid, el comandante de las fuerzas norteamericanas en Oriente Medio, que dijo que la violencia religiosa en Iraq es peor que nunca antes y que podría conducir a una guerra civil.
En general, el número de ataques semanales en Iraq subió a casi 800, el nivel más alto desde que el Pentágono empezara a reunir cifras en abril de 2004, dice el informe. Las cifras reunidas por expertos de defensa, sin embargo, indican que el nivel es el más alto desde que la invasión norteamericana derrocara al gobierno de Saddam Hussein en abril de 2003.
"El mensaje es más claramente negativo debido a que los datos son malos, y no hay cortina de humo para ocultar que las elecciones iraquíes no cambiaron las cosas y que las fuerzas de seguridad iraquíes tampoco las cambiarán", dijo O'Hanlon.
El informe de 63 páginas define ahora el "meollo del conflicto" en Iraq como una guerra entre sunníes y chiíes en la que "escuadrones de la muerte y terroristas están enlazados en ciclos mutuamente provocados de violencia religiosa, en la que extremistas sunníes y chiíes se presentan a sí mismos como los defensores de sus respectivos grupos confesionales". Entretanto, dice, "la resistencia árabe sunní sigue siendo potente y viable".
Los ataques aumentaron en todas las categorías desde mediados de mayo a mediados de agosto, el período cubierto por el informe y la proporción de ataques dirigidos contra civiles aumentó "substancialmente" del 11 por ciento en abril al 15 por ciento en junio. El informe cubre sólo parte de agosto, cuando miles de más tropas norteamericanas e iraquíes llevaron a cabo operaciones de refuerzo en Bagdad que los jefes militares norteamericanos han ducho que han ayudado a sofocar la violencia en la capital.
Los demócratas en el Congreso han interpretado el informe como prueba de la bancarrota de la estrategia en Iraq del gobierno de Bush.
"Las fracasadas políticas republicanas han dejado a Estados Unidos atascado en Iraq, con nuestras fuerzas armadas estiradas hasta tal punto que no son capaces de ganar la guerra contra el terrorismo", dijo el líder de la minoría en el senado Harry M. Reid (demócrata de Nevada).
El senador Jack Reed (demócrata de Rhode Island), miembro de la comisión de Fuerzas Armadas del senado, dijo que el gobierno no ha proporcionado "los recursos reales, tanto en términos de asesores militares como civiles, ni dólares de verdad, como para reconstruir y ayudar a Iraq a salir de este período de inestabilidad".
Reed agregó: "No abandonaremos a nuestras valerosas tropas, ni podemos abandonar a Iraq. Pero tampoco podemos seguir apoyando las fracasadas políticas del gobierno de Bush".

2 de septiembre de 2006
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resistencia a prueba


[Muchael Gordon] Soldados estadounidenses desmoralizados. "Esta guerra está perdida".
Hit, Iraq. Poco después de que mataran al especialista Michael Potocki en junio, los soldados de su pelotón se pusieron de acuerdo en cuanto a su objetivo en los meses venideros: sobrevivir y volver a casa vivos.
La supervivencia puede ser la única cosa sobre la que están de acuerdo las tropas aquí. La primera muerte de un compañero en batalla es siempre un shock emocional, y las opiniones desde la trinchera aquí son probablemente tan variadas como las de los 34 soldados. Sin embargo, en este hostil tramo en el oeste de Iraq, algunos de los soldados han empezado a preguntarse si la presencia de fuerzas norteamericanas aquí vale la pena el coste en vidas estadounidenses.
La visión desde arriba es que las fuerzas aquí son una parte pequeña pero vital de la campaña contra la resistencia, que exige paciencia y continuo sacrificio hasta que las recién adiestradas tropas iraquíes asuman el control.
"La coalición debe marcharse, pero no a toda prisa", dice el teniente coronel Thomas Graves, que dirige el Destacamento 1-36, la unidad del ejército responsable de controlar la ciudad.
El sargento de segunda clase Ryan Poetsch, que ya sirvió un período de Bagdad y sirve en el pelotón del especialista Potocki, reconoce que no siempre tiene las cosas claras. Pero sí tiene una opinión sobre las calles de Hit y cuestiona la estrategia.
"Como soldado, voy a hacer todo lo que sea necesario hacer", dijo. "Pero mi opinión personal es que no creo que tengamos que estar en esta ciudad, punto. ¿Cuánto dinero y cuántos soldados se necesitarán...? Esta gente ni siquiera quiere nuestra ayuda. Ni siquiera sabemos en quién podemos confiar".
Hit es una misión difícil. La ciudad de predominio sunní de unos 65 mil habitantes se ubica a horcajadas del Eúfrates en la provincia de Anbar. Saddam Hussein se ocultó en los palmares cercanos después de escapar de Bagdad en abril de 2003, un decidor indicio de que la ciudad contaba con más de algunos partidarios del viejo régimen.
Las estiradas fuerzas armadas americanas empezaron aquí con el pie izquierdo. El año anterior a la llegada del destacamento del coronel Graves en febrero pasado, toda una gama de unidades estadounidenses se había rotado en la zona, un patrón que hacía más difícil que los soldados estadounidenses cultivaran relaciones con la población local.
El despliegue del actual destacamento durará un año, pero la unidad mecanizada sólo tiene 600 soldados -mucho menos que algunas unidades que la precedieron. Muchos de los vecinos de la ciudad creen que el modo más seguro de poner fin a los atentados con bombas improvisadas, ataques de francotiradores y rondas de mortero sería que los estadounidenses priven a los insurgentes de su blanco, marchándose.
El coronel Graves parece ajustarse a la perfección con la descripción de su función.
Nativo de Killeen, Tejas, sirvió un período en un destacamento que estudió las lecciones de la invasión de Iraq y sirvió un período previo cuando el ejército luchaba contra los rebeldes en Ramadi. Flaco, taciturno y eficiente, a menudo hace footing por el perímetro del campamento en las afueras de Hit, en parte porque le ayuda a pensar en las decisiones que debe tomar.
La fuerza de policía de Hit fue arrasada por los rebeldes el año pasado, y el coronel Graves dijo a los mayores de la ciudad que las tropas americanas no se marcharán de Hit mientras no se reclute, adiestre y ponga en la calle a una nueva fuerza de policía.
Poco después de que una campaña de reclutamiento de la policía terminara en julio, se subió a un Humvee blindado y se encaminó hacia el centro para oír qué estaban diciendo los imanes en las mezquitas. Un intérprete garabateó un sermón que resonaba en los altavoces. Imploraba a los fieles a no colaborar con los invasores.
Sin embargo, el coronel dice que están haciendo progresos.
"Yo estuve en Ramadi, y veo progresos", dijo. "En enero de 2005 no podíamos encontrar a nadie en Ramadi que quisiera participar en el proceso político. Ahora los ciudadanos de Hit al menos entienden el proceso, aunque no estén necesariamente de acuerdo con él".
El coronel sabe que los soldados en el terreno pueden no hacer esa comparación.
"El paso lógico que es realmente difícil es: ¿Qué hace la patrulla diaria en el centro de Hit para estabilizar el país?", dijo el coronel Graves. "La respuesta es que va allá a controlar la zona, de modo que tengamos un espacio para construir las instituciones iraquíes, adiestrar a la policía y al ejército iraquíes".
"No es tan simple como que si nos marchamos, todo estará bien. Dejamos Faluya, y ¿qué ocurrió? Se convirtió en un refugio de asesinatos y amenazas. Si nos vamos muy pronto, creamos situaciones caóticas".
Para algunas tropas es satisfactorio saber que son profesionales con una misión terriblemente exigente.
Un marine reservista de 34 años, de Detroit, el mayor Brent Lilly, dirige el equipo de asuntos civiles. Musulmán practicante que habla algo de árabe, su objetivo es mejorar la alicaída infraestructura de la ciudad, mostrar a los iraquíes que los estadounidenses son de fiar y recoger, en el camino, algunos datos útiles para la inteligencia.
Los militares han distribuido 100 mil dólares para proyectos de alcantarillado, agua potable y otros, y tienen planes de gastar mucho más si mejora la seguridad. El mayor Lilly, sin embargo, no se hace ilusiones sobre las dificultades a la hora de ganarse la confianza de los vecinos.

"En general, simplemente nos toleran", dijo. "Estamos aquí, y no tienen otra posibilidad que tolerarnos. Pero la gran mayoría quiere que nos marchemos".
Interrogado sobre cómo lo lleva, el mayor Lilly dice que es un oficial de los marines que está haciendo su trabajo.
Aunque es difícil estimar sus números con precisión, hay bolsones de tropas desanimadas que ya no creen que Washington haya destinado los recursos necesarios para una estrategia de victoria.
El sargento Poetsch, 31, proviene de una pequeña ciudad de Ohio. Se volvió a enlistar en el ejército justo antes de volver a Iraq, cree que los militares han hecho de él una mejor persona y dice que le gustaría trabajar como reclutador del ejército. Su batallón -Primer Batallón del Sexto Regimiento de Infantería- está actualmente peleando en Ramadi, pero su compañía fue enviada a Hit para reforzar el destacamento militar allá.
El sargento Poetsch pensaba que Estados Unidos hacía lo correcto cuando derrocó a Saddam Hussein. Pero el ejército, dice, no tiene tropas suficientes para controlar la ciudad efectivamente, y dice que los vecinos de Hit, a diferencia de la gente que conoció en su período previo en Bagdad, no quieren tener mucho que ver con los norteamericanos.
"Al principio, yo estaba a favor de todo", dijo. "Saddam Hussein no era un tipo bueno, y siempre me sentí bien de haberlo derrocado. Pero de algún modo parece que perdimos la orientación. Es difícil para los tipos aquí entender qué estamos haciendo. ¿Por qué no tenemos más hombres y mejores condiciones de vida?"
El destacamento ha estado rotando a las compañías entre varias bases en la ciudad y alrededores. La Base 1, donde acostumbraba a vivir el pelotón en la ciudad, es austera, incluso según normas militares. En la pared de un cuarto hay una pintada: "Dios no vive aquí".
El sargento Poetsch estaba con el especialista Potocki cuando le dispararon mientras se encontraba en un puesto de avanzada de combate en la ciudad. Al principio, parecía que el especialista de 21 años de Baltimore se recuperaría, pero murió más tarde debido a una hemorragia interna.
La pérdida del compañero fue una dolorosa pérdida para el pelotón, como observó el sargento Ryan Kahlor, 22, en una emocional carta a sus padres en San Diego.
"El mundo sigue girando y sigue la guerra en Iraq", escribió. "Ayer, un soldado y amigo fue atacado y matado... Es el primero en morir de nuestro pelotón. Su muerte inició un estallido de emociones en el pelotón".
"Nadie entiende por qué estamos aquí ni cuál es nuestra misión", agregó el sargento Kahlor. "Esta guerra está perdida. No estamos ayudando a esta gente. No más estamos muriendo y quedando heridos".
Para enfrentarse a su dolor, el pelotón dibujó una lápida para el especialista Potocki y dos soldados heridos en una puerta de madera en uno de sus cuartos recubiertos con sacos de arena. Quieren llevarla a su base en Alemania. Pero todavía no es tiempo de marcharse, e incluso las tropas desmoralizadas necesitan una misión.
"Estamos aquí para ver que volvamos a casa", dijo el sargento Poetsch. "Ese es nuestro lema. Después de la muerte de Potocki, nos sentamos a hablar en el pelotón sobre que incluso si no crees en lo que estamos haciendo, al menos estamos protegiéndonos unos a otros. Así es como vemos las cosas ahora".

3 de septiembre de 2006
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cambiarse el nombre para vivir


[Edward Wong] Para sobrevivir la violencia religiosa, muchos cambian sus nombres. Y hasta sus matrículas.
Bagdad, Iraq. Excepto su nombre, no había nada fuera de lo común en el joven que apretaba un fajo de papeles en la oficina de certificados de nacimiento: Saddam Hussein al-Majid.
"Los tres nombres corresponden", dijo, riéndose, el oficinista detrás del mostrador, refiriéndose al depuesto presidente de Iraq. "¡Es increíble!"
Hussein encogió los hombros, exasperado. "¿Qué puedo hacer?", dijo. Sus padres los habían escogido, no él.
Ahora estaba tratando de no pagar con su vida esa decisión. Quería cambiar su nombre de pila por el de Sajad, que favorecen los chiíes. Hussein, un árabe chií, sabía demasiado bien que su propia secta propia asumir que pertenecía a la antigua minoría dominante de los árabes sunníes.
El hombre en la cola detrás de él, otro Saddam, quería cambiar su nombre por el Jabar, uno de los 99 nombres que tiene para Dios los musulmanes.
El derramamiento de sangre entre sunníes y chiíes está llevando a muchos iraquíes a ocultar la mera esencia de la identidad: sus nombres.
Tener que ocultar el nombre propio es considerado profundamente vergonzoso. Pero con el aumento de la violencia religiosa, los iraquíes temen que el nombre en un carné de identidad, pasaporte u otro documento pueda convertirse en una sentencia de muerte instantánea, si fuera visto por la persona equivocada.
Esto se debe a que los nombres de pila y tribales indican si una persona es chií o chií. El nombre de pila Omar, por ejemplo, es popular entre los sunníes; Ali lo es entre chiíes.
Abundan las historias de civiles iraquíes que han sido detenidos por milicianos, insurgentes y elementos de las fuerzas uniformadas en puestos de control y cuyos carnés de identidad han sido controlados. Son apartados o ejecutados en el mismo lugar si llevan un nombre sospechoso o viven en una ciudad dominada por la secta rival. En Bagdad, los escuadrones de la muerte chiíes -a veces con uniformes de policías- operan muchos de esos puestos de control ilegales, dicen oficiales iraquíes y norteamericanos.
El episodio más infame de este tipo ocurrió en julio, cuando hombres armados chiíes montaron puestos de control falsos y emprendieron en pleno día un ataque de violenta furia en el barrio Jihad, de Bagdad, sacando a personas de sus coches y hogares y matándolos después de controlar sus carnés de identidad. Mataron a cincuenta personas.
En los primeros siete meses de este año, oficialmente mil iraquíes han cambiado sus nombres, muchos más que en cualquier período anterior a la invasión norteamericana de 2003, dijo el general de división Yaseen Tahir al-Yasiri, director de la dependencia del ministerio del Interior que emite documentos de identidad. La mayoría eran árabes sunníes. La demanda empezó después de que el atentado con bomba contra la venerada mezquita chií de Samarra en febrero pasado desencadenara un oleaje de violencia religiosa.
El negocio de los falsificadores de carnés de identidad vive un gran auge. Todos los iraquíes reciben un carné nacional de identidad, llamado gensiya. Un falsificador en la barriada chií de Ciudad Sáder, que se llama a sí mismo Abu Ahmed, dijo que hacía seis o siete carnés falsos al día, la mayoría para gente que quería nombres neutros desde el punto de vista de la afiliación religiosa. No se siente orgulloso de ayudar a la gente a ocultar su identidad y secta. "Hacemos estas cosas, pero nos avergüenzan", dijo.
El creciente número de personas que buscan cambiar u ocultar sus nombres es apenas una más de las consecuencias del enorme temor que tienen ahora los iraquíes de revelar su confesión religiosa. Cada vez más los iraquíes se preguntan si sus lealtades religiosas son evidentes entre quienes los rodean, y si es así, como encubrirlas.
Físicamente no hay modo de distinguir a árabes sunníes de árabes chiíes, así que milicianos e insurgentes están cada vez más frecuentemente matando a gente basándose en pequeños signos decidores: si el dueño de un coche o casa tiene carteles o pegatinas de mártires chiíes, por ejemplo, o si el conductor de un coche tiene una matrícula de una provincia sunní.
Antes del atentado de Samarra, el negocio de Abu Ahmed venía generalmente de padres que querían cambiar la edad de sus hijos, de modo que pudieran empezar más pronto en la escuela básica. Hacía entre 25 y 40 carnés del mes.
Ahora, sus clientes incluyen a gente que simplemente quiere viajar entre el enclave sunní de Adhamiya y el vecino bastión chií de Kadhimiya, sin ser molestado por las milicias o puestos de control de la policía, dijo Abu Ahmed. Cobra entre 7 y 50 dólares por un carné de identidad nuevo.
Los nombres de pila que son exclusivos de sunníes o chiíes normalmente rinden homenaje a líderes del siglo 7 que desempeñaron papeles importantes en la división entre las sectas.
Nombres comunes entre chiíes son Ali, Hussein y Abbas. Los sunníes prefieren Omar, Othman or Marwan. El nombre tribal también puede delatarlos: Dulaimi y Jubouri son tribus sunníes, por ejemplo, mientras que Lami y Daraji con predominantemente chiíes.
Ahmed y Muhammad son nombres neutros populares entre los que buscan nombres nuevos o carnés de identidad falsos.
El general Yasiri, el funcionario de gobierno, dijo que cuando firmaba documentos aprobando cambios de nombres, "mis manos tiemblan, porque esos nombres no son sucios ni malos. A veces digo a la gente que sean pacientes y no cambien sus nombres. Pero me dice: ‘No podemos, señor, estamos pasando por una situación muy peligrosa'".
Muchos vecinos de Faluya, un bastión insurgente en la provincia sunní de Anbar, han comprado carnés de identidad falsos para ocultar sus nombres y pueblo natal en caso de que tengan que viajar a Bagdad o a áreas mixtas.
Bassim Abdullah Farhan, 40, dueño de una tienda de recambios para coches, dijo que había pagado el equivalente de 35 dólares por un carné de identidad falso que dice que su nombre tribal es Shammari y no Dulaimi, y su pueblo natal Bagdad y no Faluya. "Nunca pensamos que la escala de asesinatos y expulsiones llegaría a ser tan grande y tan violenta", dijo, mientras sorbía té con un amigo en la acera.
Un oficial norteamericano en Faluya dijo que las familias sunníes están escapando de la persecución en Bagdad decían que la "letra A escarlata de Anbar significa muerte", si un militante chií la ve en un carné de identidad.
Conducir un coche con matrícula de Anbar puede ser igual de peligroso. Los iraquíes cuentan historias de milicianos chiíes matando o secuestrando a conductores con matrículas de Anbar.
Abdullah Ali, un mecánico de Bagdad, dijo que vio cómo, hace poco, su cuñado fue sacado de un coche con matrícula de Anbar por unos hombres armados en el barrio chií de Shuala. El cuñado, Marwan Najim Abdudllah, de Faluya, había estado conduciendo su sedán Buick blanco en una caravana de recién casados. A los milicianos les llamó la atención el coche de Abdullah, aparentemente debido a su matrícula.
"Su familia lo fue a recoger a la morgue", dijo Ali.
Ali también dijo que tenía un primo que había sido secuestrado, mutilado y asesinado a balazos en Shuala porque llevaba las matrículas equivocadas. El primo, un taxista, había llegado al barrio en un Volkswagen Passat con matrículas de la provincia sunní de Salahuddin. Pero el miliciano chií que lo mató cometió un terrible error, dijo Ali: el primo era chií, y llevaba casualmente matrículas de Salahuddin.
La oficina de derechos humanos del importante partido político árabe sunní, el Partido Islámico Iraquí, ha recibido decenas de informes de civiles que han sido molestados o asesinados debido a sus matrículas, dijo Yahia Ghazi Abdul Latif, empleado de la oficina. En junio, por ejemplo, el partido se enteró de diez episodios semejantes. Ocurren normalmente en puestos de control instalados por milicianos o comandos del ministerio del Interior, agregó.
"Yo mismo tenía un coche con matrícula de Anbar, y lo vendí con buenas razones", dijo Abdul Latif. "Pero no le pude sacar un buen precio".
Un portavoz del ministerio del Interior negó que los comandos o agentes de policía discriminaran sobre la base de las matrículas de los coches.
Tal como el mercado de los carnés de identidad falsos, también ha surgido el mercado de las matrículas falsas. Y la demanda de coches con matrículas de Anbar o Salahuddin se ha derrumbado, ya que cambiar las matrículas originales involucra trámites burocráticos. Abdul Sattar al-Taie, concesionario de coches en Bagdad, dijo que tuvo que bajar en un veinte por ciento los coches con esas matrículas.
"Los cambios en el mercado se deben a la violencia religiosa", dijo Taie, con un suspiro.
"Los iraquíes somos un solo pueblo, de norte a sur y de sur a norte", agregó. "No hay discriminación".
Sus palabras parecían querer, más que todo, consolarlo a él mismo.

Wisam A. Habeeb, Hosham Hussein y empleados iraquíes del New York Times en Baghdad y Falluja contribuyeron al reportaje para este artículo.

6 de septiembre de 2006
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hospitales bajo fuego


[Amit R. Paley] Los nuevos campos de la muerte. Instalaciones médicas se convierten en blanco de milicianos chiíes.
Bagdad, Iraq. En una ciudad con pocos refugios de verdad contra la violencia religiosa -no hay oficinas del gobierno, ni bases militares, ni siquiera mezquitas que ofrezcan protección-, hay un lugar que siempre emerge como un refugio seguro: los hospitales.
Así que Mounthir Abbas Saud, cuyo brazo derecho y mandíbula fueron arrancados por la explosión de un coche bomba hace seis meses, debe haber pensado que lo peor ya había pasado cuando llegó al Hospital Ibn al-Nafis, un importante centro médico de aquí.
En realidad, apenas había empezado. Pocos días después, cuando se recuperaba en el establecimiento, un grupo de milicianos chiíes armados arrastraron hacia fuera por el pasillo al albañil sunní de 43 años, arrancándole bruscamente las agujas intravenosas y un tubo respiratorio que tenía conectado al cuerpo, y más tarde lo agujerearon a balazos, contaron miembros de su familia.
Las autoridades dicen que no se trata de un incidente aislado. En estos días en Bagdad, ni siquiera los hospitales son seguros. Cada vez más, sunníes enfermos y heridos son secuestrados de los hospitales públicos administrados por el ministerio de Salud en manos de chiíes y más tarde asesinados, de acuerdo a parientes, familiares de las víctimas, médicos y funcionarios de gobierno.
Como resultado, más y más iraquíes están evitando los hospitales, haciendo cada vez más difícil conservar la vida en una ciudad donde la muerte está en todas partes. Víctimas de balazos son tratadas ahora en salas de emergencia improvisadas instaladas en casas particulares. Las mujeres que dan a luz son sacadas a hurtadillas de Bagdad y llevadas a clínicas más seguras en las provincias.
En la mayoría de los casos, dicen familiares y trabajadores de hospitales, el motivo de los secuestros no parece ser más que la afiliación religiosa. Debido a que los hospitales públicos son controlados por chiíes, los asesinatos han hecho aumentar las preguntas sobre si el personal de los hospitales ha permitido el ingreso de escuadrones de la muerte chiíes a sus instalaciones para asesinar a árabes sunníes.
"Preferimos morir antes que ir al hospital", dijo Abu Nasr, 25, primo de Saud y ex guardia de seguridad de al-Madaan, un suburbio de Bagdad. "Nunca volveré a un hospital. Nunca. Los hospitales se han convertido en campos de la muerte".
Tres funcionarios del ministerio de Salud, que hablaron a condición de conservar el anonimato por temor a ser asesinados por hablar sobre el tema públicamente, confirmaron que las milicias chiíes han atacado a sunníes al interior de hospitales. Adel Muhsin Abdullah, el inspector general del ministerio, dijo que sus investigaciones de las quejas sobre secuestros en los hospitales no han resultado en pruebas concluyentes. "Pero no niego que pueden estar ocurriendo", dijo.
De acuerdo a pacientes y familiares de las víctimas, el grupo más importante responsable del secuestro de sunníes en los hospitales, es el Ejército Mahdi, una milicia controlada por el clérigo chií antinorteamericano Moqtada al-Sáder, que ha infiltrado a las fuerzas de seguridad iraquíes y varios ministerios del gobierno. El ministro de Salud, Ali al-Shimari, pertenece al movimiento político de Sáder. Hoy en Bagdad es a menudo imposible identificar si un funcionario de gobierno es también miembro de una milicia, que es a menudo el caso.
"Cuando no llevan sus uniformes, son gente de Sáder", dijo Abu Mahdi, otro de los primos de Saud. "Cuando los llevan, son gente del ministerio del Interior, o del de Salud".
Abdullah dijo que sólo un pequeño porcentaje de los 30 mil empleados del ministerio de Salud son miembros conocidos del Ejército Mahdi. Pero reconoció que el porcentaje de miembros de la milicia entre el personal de las fuerzas de seguridad de la dependencia, unos 15 mil hombres, puede ser mucho más alto.
"No tenemos cómo saber si están o no relacionados con Sáder", dijo Abdullah. "Si no tienen antecedentes criminales, los contratamos".
Las crecientes sospechas de los sunníes con respecto a los empleados de hospitales es quizás la ilustración más elocuente de su extendida desconfianza del gobierno chií. Suhaib al-Obeidi, 35, dueño de un supermercado en el barrio predominantemente sunní de Adamiyah, dijo que perdió lo que le quedaba de confianza en el gobierno durante un roce con la muerte en un hospital hace dos semanas.
Una tranquila mañana de semana, cuando Obeidi descargaba latas de pollo y botellas de Pepsi de una camioneta frente a su tienda, estalló un tiroteo en la calle y una ráfaga de balas impactó su cuerpo -primero en su hombro derecho, luego en su espalda. Cuando trataba de escapar arrastrándose, otra bala le perforó su pierna. Un amigo colocó su ensangrentado cuerpo en un taxi y lo llevó al cercano hospital de al-Nuuman.
Pero cuando llegaron, un médico amigo les advirtió que el Ejército Mahdi iba en camino del hospital para secuestrar a sunníes, dijo Obeidi. Así que escaparon hacia otro hospital, la Ciudad Médica en el barrio de Bab al-Muadam, para ser tratado.
"¡Dígame dónde vive!", les gritó una enfermera de Ciudad Médica a los pacientes, recuerda Obeidi, mientras el personal trasladaba a los vecinos de zonas sunníes a áreas separadas del hospital.
Momentos después, vio a tropas del Ejército Mahdi llevarse a cinco hombres sunníes esposados que estaban donando sangre -incluyendo al amigo que lo había llevado al hospital, contó Obeidi. Un médico sunní le acercó a él y le dijo que si no escapaba, lo matarían inmediatamente.
Sólo cubierto por su ropa interior y algunos vendajes que le había puesto el doctor sobre sus heridas, Obeidi escapó en taxi a la casa de parientes políticos en el exclusivo barrio de Mansour. Estuvo una hora en cama esperando al doctor sunní que debía visitarlo desde el hospital. La cama estaba tan empapada de sangre que su familia la arrojó más tarde a la basura.
"Estuvo a sólo minutos de la muerte", dijo el doctor, que llegó a la casa una hora después. El doctor, uno de los pocos sunníes en Ciudad Médica, pidió que no se mencionara su nombre porque pensaba que podría poner en peligro su vida.
En el interior de una clínica ilegal en un deslucido edificio de apartamentos, el doctor operó a Obeidi durante varias horas. Pero Obeidi no ha podido seguir el tratamiento; juró no volver a poner sus pies en un hospital, incluso si se encontraba mortalmente herido o enfermo.
"Prefiero ir a la farmacia y tomar medicinas al azar", dijo.

La reluctancia de los sunníes a entrar a hospitales está haciendo cada vez más difícil estimar el número de bajas causadas por la violencia religiosa. Durante un reciente ataque contra peregrinos chiíes, un importate líder político sunní acusó al gobierno chií de ignorar el alto número de sunníes que murieron o resultaron heridos en el estallido, aunque no pudo proporcionar una estimación general de las bajas sunníes.
"La situación es tan mala que la gente está siendo tratada en sus casas, cuando han sido atacados por milicianos chiíes", dijo el funcionario Alaa Makki, líder del Partido Islámico Iraquí, parte del bloque sunní en el parlamento. "La terrible verdad es que la mayoría de los hospitales son controlados por esas milicias".
Qasim Yahya, portavoz del ministro de Salud, dijo que no había oído nunca las acusaciones de que pacientes sunníes estaban siendo secuestrados en hospitales por milicias chiíes y fuerzas de seguridad iraquíes.
"Somos el ministerio de Salud para todo Iraq. No sólo para los sunníes o los chiíes, sino para todo el mundo", dijo Yahya. "Si explota un coche bomba, ¿nos preguntamos quién es chií o sunní? No. Tratamos a todas las víctimas, independientemente del grupo religioso al que pertenezcan".
Sahib al-Amiri, uno de los cabecillas del movimiento Sáder, dijo: "Esas cosas que se dicen en las calles de Bagdad no son verdad. El único papel del Ejército Mahdi es luchar contra los insurgentes sunníes y proteger a los chiíes".
Pero los familiares de pacientes sunníes cuentan otra historia sobre los hospitales. En el caso de Mounthir Abbas Saud, una visita al hospital desencadenó una cadena de acontecimientos que gatilló un drama de seis meses de duración en el que murieron dos de sus primos y dos más están desaparecidos.
Comenzó con cigarrillos. Cuando el 27 de febrero Saud iba por la calle en el barrio de Karrada con la idea de comprar una cajetilla de cigarrillos, estalló un potente coche bomba que le arrancó el brazo derecho de su cuerpo, le borró gran parte de la cara y le dejó el intestino lleno de metralla.
Su diagnóstico era sombrío. Saud sólo podía respirar a través de un tubo que debía ser limpiado varias veces a la hora. Su familia llegó en tropel a Ibn al-Nafis para ocuparse de él.
Dos semanas más tarde, cuando el primo de Saud, Hazim Aboud Saud, volvió al hospital después de una salida para comprar medicinas para su pariente herido, vio que el hospital estaba rodeado de milicianos armados con ametralladoras pesadas, dijo la familia. Observó cómo los milicianos sacaban del edificio a su primo, todavía gravemente herido -simplemente arrastrándolo por el suelo, en lugar de usar una camilla. Los milicianos arrojaron a Saud, a su hermano Khodair y a un primo, Abil Aboud Saud, en una ambulancia y se alejaron.
"Estaban gritando: ‘¡No hemos hecho nada malo! ¿Por qué nos hacen esto?'", dijo Abu Nasr. "Les rogaron que los dejaron cuidar propiamente a mi primo herido".
Unos días después, encontraron el cuerpo agujereado de balas de Mounthir en Ciudad Sáder, un barrio chií controlado por el Ejército Mahdi. Tenía la boca llena de tierra.
Cuando los milicianos se dieron cuenta de que Hazim Saud, uno de los primos, un taxista de 32 años, había presenciado los secuestros, también lo secuestraron rápidamente, contó su familia. Su cuerpo fue encontrado el 27 de marzo con sus manos -rotas y moradas- atadas a su espalda y una bolsa de plástico en la cabeza. El certificado de defunción decía que había sido asfixiado.
Pero la familia conservaba la esperanza de que los dos hombres secuestrados con Mounthir Saud, Khodair y Adil Saud, todavía estuvieran en vida. Cuando otro primo, Haithem Ali Abbas, un juez de Bagdad, recibió una llamada del ministerio del Interior chií diciéndole que habían sido localizados, se apresuró a la sede del ministerio para recogerlos. Milicianos desconocidos lo mataron a balazos poco después de llegar.
El sufrimiento se extiende incluso a los que no se atreven a acercarse a un hospital. Abu Youssef, primo de Mounthir Saud que tiene un tumor del tamaño de un guisante en su pie derecho, ahora camina cojeando y con un agudo dolor porque le da terror visitar a un médico. Otro pariente con una afección que la provoca una sobreproducción de células sanguíneas, dejó a seguir su tratamiento.
Una mañana de semana hace poco, Abu Nasr estaba en un tranquilo restaurante en el centro de Bagdad y sacó un arrugado sobre lleno de certificados de defunción y fotografías de sus parientes asesinados hace poco. Suspirando pesadamente y mirando frecuentemente el suelo de tierra, dijo que rogaba que alguien rescatara a su país de la violencia religiosa que lo está asolando.
"No nos interesa si el gobierno es chií, sunní, estadounidense o iraní. Todo lo que queremos es seguridad", dijo. "Pero ahora nadie en el gobierno representa eso".
Cuando se le preguntó si acaso Iraq ya está viviendo una guerra civil, dijo: "Por supuesto. Los chiíes quieren matar a los sunníes".
"¿Qué va a pasar con nosotros?", dijo, apretando una pequeña foto de su primo muerto, Mounthir. "¿Qué va a pasar con este país?"

Saad Sarhan en Najaf contribuyó a este reportaje.

29 de agosto de 2006
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marines confiesan asesinato


[Tony Perry] Mataron a civil iraquí.
Camp Pendleton, Iraq. Dos marines confesaron haber secuestrado y asesinado a un iraquí de 52 años, dijo un fiscal hoy en la vista preliminar de otro marine acusado en el caso.
El capitán Nicholas Gannon, fiscal, dijo que el sargento Lawrence Hutchins III y el cabo Trent Thomas confesaron el asesinato de Hashim Ibrahim Awad. Hutchins era el militar de mayor rango durante el incidente y ha sido acusado de haber organizado el encubrimiento.
Pero el abogado defensor del cabo Marshall Magincalda, dijo que pensaba alegar que los dos "simplemente hicieron una declaración", y que no se trata de una confesión.
Magincalda y el soldado de primera clase John Jodka, fueron los primeros de ocho acusados en comparecer en una vista por el Artículo 32, el equivalente militar de una vista preliminar. La evidencia presentada permite al comando general decidir si se justifica una corte marcial. La vista de Jodka se realizó en una sala separada.
En una vista que duró menos de quince minutos, el abogado civil de Magincalda, Joseph Low, dijo que su cliente estaba dispuesto a dejar que el oficial de la vista, el coronel Robert Chester, haga su recomendación leyendo los documentos de la investigación, incluyendo las declaraciones de los ocho soldados acusados.
No se llamará a testigos, según acordaron los fiscales y la defensa.
Chester no dijo cuándo hará su recomendación al teniente general James N. Mattis Jr., que decidirá si los cargos deben ser desechados o referidos a una corte marcial.
Magincalda, 20, que estaba en su segundo período de servicio en Iraq cuando fue asesinado Awad, dijo una dócil respuesta: "Sí, señor", cuando Chester le hizo algunas preguntas para determinar si entendía los cargos y el proceso legal.
Chester rechazó una petición del abogado de Magincalda de impedir el acceso de la prensa.
Los acusados, todos del mismo pelotón de la Compañía Kilo, Tercer Batallón, Quinto Regimiento, han sido acusados de sacar a Awad de su casa, de dispararle y de dejar luego un AK-47 y una pala cerca de su cuerpo para sugerir que era un insurgente sorprendido enterrando una bomba improvisada en Hamandiya, al oeste de Bagdad.
El asesinato ocurrió el 26 de abril. Los acusados han sido mantenidos en custodia desde que fuera trasladado a su base en mayo.
Se sospecha de una docena de marines de otro batallón de matar a 24 civiles en Haditha, en noviembre, después de que una bomba improvisada matara a un marine y dejara herido a otro. Los cargos en ese caso se espera que sean presentados en septiembre.
También deberán hacer frente a cargos el soldado de primera clase Tyler Jackson; el soldado Jerry Shumate Jr.; el soldado Robert Pennington; y el marino Melson Bacos. La acusación de homicidio puede resultar en pena de muerte.
Según las acusaciones, los marines allanaron la casa de Awad después de fracasar en la búsqueda del insurgente sospechado que pensaban que vivía en la casa de al lado.
Awad fue empujado contra el suelo frente a su familia y luego le amarraron de pies y manos. Cinco marines dispararon contra él con sus rifles M-16 y M-249.
Hutchins, el líder del pelotón, presuntamente contó una historia falsa a sus superiores e instó a los miembros del pelotón a decir a sus superiores que Awad había muerto en un tiroteo.
Los marines comenzaron de inmediato una investigación después de que la familia de Awad protestara de que había sido matado sin provocación.
Los marines y el marino también fueron acusados a mentir a los agentes del Servicio de Investigaciones Criminales de la Marina al insistir en que Awad había muerto durante un tiroteo.

30 de agosto de 2006
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insubordinación en iraq


[Michael R. Gordon] Soldados iraquíes se niegan a ir a Bagdad, desafiando órdenes.
Washigton, Estados Unidos. Un grupo de soldados iraquíes se negó hace poco a ir a Bagdad, la capital de Iraq, con la misión de participar en el restablecimiento del orden allá, dijo el lunes un oficial norteamericano de alto rango.
El oficial, el general de división Dana Pittard, que supervisa la campaña americana para adiestrar a las fuerzas de seguridad iraquíes, dijo que el incidente de la semana pasada involucró a unos cien soldados iraquíes estacionados en la provincia de Maysan, que linda con Irán.
El incidente ha empezado a ser investigado y el gobierno iraquí decidirá pronto si anula la orden de despliegue de los soldados de una unidad del ejército iraquí, el Segundo Batallón de la Cuarta Brigada de la Décima División.
"La mayoría de los soldados de esta unidad en particular son chiíes, y ellos creen -los jefes de esa unidad y los soldados- que se los necesita aquí en Maysan", dijo a periodistas el general Pittard en una video-conferencia desde Iraq. "Ahora eso deberá ser resuelto por el gobierno iraquí y el ministerio de Defensa, y nosotros apoyaremos esa decisión".
Aunque el episodio implica a sólo una pequeña fracción de la Décima División del ejército iraquí, subraya un importante problema. El nuevo gobierno iraquí quiere construir unas fuerzas armadas nacionales étnicamente diversas y que puedan ser desplegadas en cualquier lugar en Iraq. No quiere formar unas fuerzas armadas que sean en lo esencial una mera colección de unidades locales con lealtades regionales.
Pero muchos iraquíes se muestran reticentes a servir demasiado lejos de sus provincias natales. Los sunníes de la provincia de Anbar, por ejemplo, se muestran reticentes a enlistarse en el ejército si son enviados lejos a zonas predominantemente chiíes. Los chiíes son a menudo reluctantes a servir en regiones preponderantemente sunníes.
"Se supone que el ejército iraquí tiene que ser un ejército nacional", dijo el general Pittard. "Fueron reclutados regionalmente, y han estado operando en general también regionalmente. Así que esa es la dificultad".
El rechazo de algunos soldados iraquíes en la provincia de Maysan a servir en Bagdad fue reportado a fines de la semana pasada por el Daily Telegraph de Londres y el Washington Post. Sin embargo, con las declaraciones del general Pittard es la primera vez en que un oficial estadounidense de alto rango involucrado en el adiestramiento de las fuerzas armadas iraquíes explica el incidente y comenta la investigación.
Esta no es la primera vez que soldados iraquíes se niegan a ser enviados a áreas alejadas. Un gran número de soldados de una unidad predominantemente kurda en el norte de Iraq, el Segundo Batallón de la Tercera Brigada de la Segunda División del ejército iraquí, se negaron a ir a Ramadi, donde las tropas americanas han participado en duros enfrentamientos para recuperar la ciudad en manos de insurgentes, observó el general Pittard.
Incluso cuando los soldados iraquíes acceden a servir lejos de casa, muchos de ellos desertan. Las dos divisiones iraquíes en la provincia de Anbar, al oeste de Iraq, han tenido altas tasas de desgaste y están en más de cinco mil soldados por debajo de sus niveles autorizados. Cuando se toman en cuenta los permisos, el nivel día a día de las dos divisiones iraquíes en esa provincia es de 35 y 50 por ciento.
El gobierno de Bush ha presentado el proyecto de adiestramiento de las fuerzas de seguridad iraquíes como parte de su estrategia de retirada. Más de tres mil soldados de la coalición norteamericana están participando en el adiestramiento del ejército, policía y tropas fronterizas iraquíes. Como dijo el presidente Bush el año pasado: "Nuestra estrategia se puede resumir de este modo: Cuando los iraquíes puedan defenderse, nosotros nos retiraremos".
La operación actual en Bagdad, que es llamada Juntos Hacia Adelante, tiene por intención romper el ciclo de violencia religiosa que amenaza con empujar al país a una guerra civil.
Según el plan, fuerzas americanas e iraquíes están peinando la ciudad, barrio por barrio, en un intento de limpiarla de insurgentes y milicianos. Una vez que se controlen las áreas, el plan es entregarlas a la policía iraquí, que trabajarán con asesores estadounidenses. Se gastarán millones de dólares de fondos iraquíes y estadounidenses para reponer servicios vitales, crear empleo y, en lo esencial, tratar de construir buena voluntad para el nuevo gobierno iraquí.
Doce mil tropas adicionales han sido enviadas a Bagdad a implementar la operación; siete mil son estadounidenses. Parte de las tropas provienen de otras partes de Iraq. Los soldados iraquíes que se han negado a ser desplegados de las áreas de Maysan debían formar parte de los refuerzos iraquíes.
El general Pittard dijo que un hito importante se produciría en septiembre, cuando la Octava División del ejército iraquí sea colocada bajo el mando del Comando de Fuerzas Terrestres iraquí. "Será la primera vez que una división iraquí no esté bajo el mando táctico de las fuerzas de la coalición", dijo.

28 de agosto de 2006
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