sufíes bajo ataque
[Edward Wong] A medida que crecen desavenencias entre sunníes.
Bagdad, Iraq. Mientras el ritual del crepúsculo de los musulmanes sufíes alcanzaba su crescendo, los cinco tocadores de tambor golpearon más fuerte y más rápido, inspirando a los hombres que formaban un círculo a girar sus cabezas más rápidamente, con el pelo hasta las caderas dando vueltas en el aire.
El sol se hundió más allá del patio interior del santuario, y los cánticos subieron de volumen.
"Dios, el único sobreviviente, el único eterno", dijeron los hombres al unísono, con los ojos cerrados, mientras más de doscientos espectadores les miraban en su santuario en Bagdad occidental. "El único, el único".
El sufismo, considerado generalmente como una rama del islam sunní, se divide en órdenes, siendo la más famosa la de los Mevlevi, o derviches giratorios. Los sufíes buscan, a través de la danza, la música, los cánticos y otros rituales físicamente intensos, transcender la existencia mundana y ver la cara de la divinidad. Su misticismo ha contribuido a su reputación de pacíficos.
Pero en Iraq, nadie está muy lejos de la guerra. En una señal de las cada vez más amplias y crecientemente complejas desavenencias en la sociedad iraquí, los sufíes se han encontrado repentinamente como blancos de ataques. Muchos iraquíes creen que los responsables son probablemente sunníes fundamentalistas que consideran apóstatas a los sufíes, a un paso de los chiíes.
El jeque Ali al-Faiz, un funcionario de este santuario sufí, o talia, recitó una lista de agresiones recientes -este mes, el líder de una takia en el bastión insurgente de Ramadi fue secuestrado y matado; antes este año, estalló una bomba en una takia en Kirkuk; en enero, hombres armados golpearon a fieles sufíes en una mezquita en Ramadi; en septiembre último, explotó una bomba en la cocina de una takia, y en abril de 2004, una bomba destruyó toda una takia en la misma ciudad.
Los primeros atentados fueron aterradores, pero hasta esta primavera había pocas víctimas sufíes. Pero el 2 de junio, un terrorista suicida irrumpió con una minifurgoneta cargada de explosivos en una takia en las afueras de Balad, a 65 kilómetros al norte de Bagdad, y mató al menos a 8 personas, dejando a otras 12 más heridas.
El ataque tomó lugar en la mitad de un ritual. La minifurgoneta se lanzó a través de la puerta principal, y luego explotó cuando la gente corría hacia ella, dijo un campesino que dijo que su nombre era Abu Zakaria. "Nos apresuramos en llegar en el coche, con mis hermanos", dijo. "Era una confusión de cuerpos. Llevé los cuerpos hacia el coche sin saber si estaban muertos o vivos".
Cinco días después, en una reunión de deudos en un salón hecho con cañas en el pueblo de Mazaree, el jefe de la takia, el jeque Idris Aiyash, lamentó la pérdida de su padre y tres hermanos. "Si seguimos así, podemos terminar en una guerra civl", dijo.
Algunos grupos sufíes en Iraq han formado milicias y se están preparando para más violencia.
En una reciente ceremonia al atardecer aquí, guardias con Kalashnikov se apostaron en un tejado. "Ahora en nuestra sociedad todo es muy caótico, porque el asesino no sabe a quién mata y los que mueren no saben por qué son matados", dijo el jeque Faiz. "Toda la comunidad está amenazada, también nosotros".
No hay cálculos precisos del número de sufíes en Iraq, aunque las congregaciones más grandes están en Bagdad y en el Kurdistán iraquí. El jeque Faiz dijo que solamente en la capital había docenas de takias y más de 100 en todo el país antes de la guerra. Esa cifra puede haberse reducido hasta a un tercio desde la invasión estadounidense, dijo.
La guerra de guerrillas ha hecho cojear el flujo de peregrinos a la Mezquita de Abdul-Qadir al-Gailani en el centro de Bagdad, uno de los santuarios sufíes más importantes del mundo. Una tarde reciente, los puestos de venta de recuerdos religiosos estaban en gran parte abandonados. El jeque Mahmoud al-Esawi, el imán de la mezquita, dijo que ya no llegaban visitantes de lugares como India, Pakistán y Europa.
Muchas takias en la capital han optado por mantener sus ceremonias en la tarde, de modo que los fieles puedan volver a casa antes de la puesta del sol. "La falta de seguridad ha creado muchas cosas negativas en nuestra sociedad", dijo el jeque Esawi. "Algunos grupos rechazan la takia y sus rituales".
Muchos iraquíes dicen que el atentado en las afueras de Balad fue probablemente realizado por árabes sunníes de la secta fundamentalista de los salafis, que cuenta entre sus adherentes con Osama bin Laden y el jordano Abu Musab al-Szarqawi. Si es así, podría ser una señal de que los sunníes de la línea dura atacarán cada vez más a otros sunníes, a medida que se extienden las divisiones sectarias.
Pero el atentado puede haber tenido su origen en la enredada red de religión y política. La takia pertenecía a la orden Kasnazani, que ha emergido como la más política y posiblemente el grupo sufí más grande del país. Su rico fundador kurdo, el jeque Muhammad Abdul-Kareem al-Kasnazani, se hizo de muchos enemigos. Martin van Bruinessen, profesor de estudios islámicos en la Universidad de Utrecht en Holanda, dijo que en los años setenta y principios de los ochenta, el jeque Kasnazani, con el respaldo de Saddam Hussein, dirigió una milicia contra las fuerzas kurdas de Jalal Talabani, que es ahora presidente de Iraq.
El jeque Kasnazani se estableció en el Iraq árabe, aumentando sus seguidores y actuando como intermediario de las ventas de petróleo de Hussein. Hizo buenas migas con Izzat Ibrahim al-Douri, ahora el ayudante de Hussein más buscado.
Pero el jeque cayó en desgracia con Hussein poco antes de la invasión norteamericana. En una demostración de su persistente poder, escapó a la capital kurda de Sulaimaniya, donde vive ahora bajo la protección de Talabani. Desde ahí, el jeque casi con toda seguridad colaboró en los planes norteamericanos de invasión de Iraq, dijo Bruinessen, que sospecha que el jeque Kasnazani era el valioso informante al que los agentes de la CIA llamaban "el Papa".
Aunque los motivos del devastador ataque en Mazaree siguen siendo desconocidos, los grupos sufíes han continuado saliendo y realizando sus ceremonias para no-sufíes, a veces por dinero, pero normalmente con la intención de que los espectadores puedan ver a Dios. Los grupos sufíes en Iraq han incluso realizado rituales en bases militares americanas.
Antes de que empezaran los bailes y cantos en una takia al oeste de Bagdad, que pertenece a la orden Kasnazani, un anciano con túnica gris y un turbante hundió un puñal de 30 centímetros parecido a una brocheta de parrilla a través de la mandíbula de un adolescente sentado en el suelo alfombrado del santuario. Hizo lo mismo en el pecho de un hombre a la izquierda, que se había sacado la camisa. El hombre y el niño miraron impasibles, aparentemente sin sentir dolor, orgullosos de demostrar a dos visitantes americanos la fortaleza de su fe.
Zaineb Obeid contribuyó desde Mazaree, y Khalid al-Ansary desde Bagdad.
23 de agosto de 2005
©new york times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Mientras el ritual del crepúsculo de los musulmanes sufíes alcanzaba su crescendo, los cinco tocadores de tambor golpearon más fuerte y más rápido, inspirando a los hombres que formaban un círculo a girar sus cabezas más rápidamente, con el pelo hasta las caderas dando vueltas en el aire.El sol se hundió más allá del patio interior del santuario, y los cánticos subieron de volumen.
"Dios, el único sobreviviente, el único eterno", dijeron los hombres al unísono, con los ojos cerrados, mientras más de doscientos espectadores les miraban en su santuario en Bagdad occidental. "El único, el único".
El sufismo, considerado generalmente como una rama del islam sunní, se divide en órdenes, siendo la más famosa la de los Mevlevi, o derviches giratorios. Los sufíes buscan, a través de la danza, la música, los cánticos y otros rituales físicamente intensos, transcender la existencia mundana y ver la cara de la divinidad. Su misticismo ha contribuido a su reputación de pacíficos.
Pero en Iraq, nadie está muy lejos de la guerra. En una señal de las cada vez más amplias y crecientemente complejas desavenencias en la sociedad iraquí, los sufíes se han encontrado repentinamente como blancos de ataques. Muchos iraquíes creen que los responsables son probablemente sunníes fundamentalistas que consideran apóstatas a los sufíes, a un paso de los chiíes.
El jeque Ali al-Faiz, un funcionario de este santuario sufí, o talia, recitó una lista de agresiones recientes -este mes, el líder de una takia en el bastión insurgente de Ramadi fue secuestrado y matado; antes este año, estalló una bomba en una takia en Kirkuk; en enero, hombres armados golpearon a fieles sufíes en una mezquita en Ramadi; en septiembre último, explotó una bomba en la cocina de una takia, y en abril de 2004, una bomba destruyó toda una takia en la misma ciudad.
Los primeros atentados fueron aterradores, pero hasta esta primavera había pocas víctimas sufíes. Pero el 2 de junio, un terrorista suicida irrumpió con una minifurgoneta cargada de explosivos en una takia en las afueras de Balad, a 65 kilómetros al norte de Bagdad, y mató al menos a 8 personas, dejando a otras 12 más heridas.
El ataque tomó lugar en la mitad de un ritual. La minifurgoneta se lanzó a través de la puerta principal, y luego explotó cuando la gente corría hacia ella, dijo un campesino que dijo que su nombre era Abu Zakaria. "Nos apresuramos en llegar en el coche, con mis hermanos", dijo. "Era una confusión de cuerpos. Llevé los cuerpos hacia el coche sin saber si estaban muertos o vivos".
Cinco días después, en una reunión de deudos en un salón hecho con cañas en el pueblo de Mazaree, el jefe de la takia, el jeque Idris Aiyash, lamentó la pérdida de su padre y tres hermanos. "Si seguimos así, podemos terminar en una guerra civl", dijo.
Algunos grupos sufíes en Iraq han formado milicias y se están preparando para más violencia.
En una reciente ceremonia al atardecer aquí, guardias con Kalashnikov se apostaron en un tejado. "Ahora en nuestra sociedad todo es muy caótico, porque el asesino no sabe a quién mata y los que mueren no saben por qué son matados", dijo el jeque Faiz. "Toda la comunidad está amenazada, también nosotros".
No hay cálculos precisos del número de sufíes en Iraq, aunque las congregaciones más grandes están en Bagdad y en el Kurdistán iraquí. El jeque Faiz dijo que solamente en la capital había docenas de takias y más de 100 en todo el país antes de la guerra. Esa cifra puede haberse reducido hasta a un tercio desde la invasión estadounidense, dijo.
La guerra de guerrillas ha hecho cojear el flujo de peregrinos a la Mezquita de Abdul-Qadir al-Gailani en el centro de Bagdad, uno de los santuarios sufíes más importantes del mundo. Una tarde reciente, los puestos de venta de recuerdos religiosos estaban en gran parte abandonados. El jeque Mahmoud al-Esawi, el imán de la mezquita, dijo que ya no llegaban visitantes de lugares como India, Pakistán y Europa.
Muchas takias en la capital han optado por mantener sus ceremonias en la tarde, de modo que los fieles puedan volver a casa antes de la puesta del sol. "La falta de seguridad ha creado muchas cosas negativas en nuestra sociedad", dijo el jeque Esawi. "Algunos grupos rechazan la takia y sus rituales".
Muchos iraquíes dicen que el atentado en las afueras de Balad fue probablemente realizado por árabes sunníes de la secta fundamentalista de los salafis, que cuenta entre sus adherentes con Osama bin Laden y el jordano Abu Musab al-Szarqawi. Si es así, podría ser una señal de que los sunníes de la línea dura atacarán cada vez más a otros sunníes, a medida que se extienden las divisiones sectarias.
Pero el atentado puede haber tenido su origen en la enredada red de religión y política. La takia pertenecía a la orden Kasnazani, que ha emergido como la más política y posiblemente el grupo sufí más grande del país. Su rico fundador kurdo, el jeque Muhammad Abdul-Kareem al-Kasnazani, se hizo de muchos enemigos. Martin van Bruinessen, profesor de estudios islámicos en la Universidad de Utrecht en Holanda, dijo que en los años setenta y principios de los ochenta, el jeque Kasnazani, con el respaldo de Saddam Hussein, dirigió una milicia contra las fuerzas kurdas de Jalal Talabani, que es ahora presidente de Iraq.
El jeque Kasnazani se estableció en el Iraq árabe, aumentando sus seguidores y actuando como intermediario de las ventas de petróleo de Hussein. Hizo buenas migas con Izzat Ibrahim al-Douri, ahora el ayudante de Hussein más buscado.
Pero el jeque cayó en desgracia con Hussein poco antes de la invasión norteamericana. En una demostración de su persistente poder, escapó a la capital kurda de Sulaimaniya, donde vive ahora bajo la protección de Talabani. Desde ahí, el jeque casi con toda seguridad colaboró en los planes norteamericanos de invasión de Iraq, dijo Bruinessen, que sospecha que el jeque Kasnazani era el valioso informante al que los agentes de la CIA llamaban "el Papa".
Aunque los motivos del devastador ataque en Mazaree siguen siendo desconocidos, los grupos sufíes han continuado saliendo y realizando sus ceremonias para no-sufíes, a veces por dinero, pero normalmente con la intención de que los espectadores puedan ver a Dios. Los grupos sufíes en Iraq han incluso realizado rituales en bases militares americanas.
Antes de que empezaran los bailes y cantos en una takia al oeste de Bagdad, que pertenece a la orden Kasnazani, un anciano con túnica gris y un turbante hundió un puñal de 30 centímetros parecido a una brocheta de parrilla a través de la mandíbula de un adolescente sentado en el suelo alfombrado del santuario. Hizo lo mismo en el pecho de un hombre a la izquierda, que se había sacado la camisa. El hombre y el niño miraron impasibles, aparentemente sin sentir dolor, orgullosos de demostrar a dos visitantes americanos la fortaleza de su fe.
Zaineb Obeid contribuyó desde Mazaree, y Khalid al-Ansary desde Bagdad.
23 de agosto de 2005
©new york times
©traducción mQh
federalismo iraní
[Borzou Daragahi] Sunníes ven la mano de Irán en llamados al federalismo y temen que llamado a la autonomía chií desintegre al país.
Bagdad, Iraq. Mientras se acercaba el plazo para que los políticos iraquíes redacten una nueva constitución, algunos participantes dijeron que estaban cerca de alcanzar un acuerdo. Entonces, de ninguna parte, dijeron, apareció una exigencia de un importante político chií.
Abdelaziz Hakim, presidente del principal partido del poderoso bloque parlamentario chií, habló ante una multitud de partidarios en Nayaf el 11 de agosto y llamó a formar una región chií semi-autónoma que comprende 9 de las 18 ricas provincias petroleras de Iraq. Hakim, que en el pasado encabezaba a una milicia adiestrada y sostenida por la conservadora Guardia Revolucionaria de Irán, calificó el mini-estado de objetivo "sagrado".
Los árabes sunníes se asombraron cuando los aliados políticos de Hakim presentaron el tema en las negociaciones constitucionales. Sospechando la implicación de Irán, acusaron a la teocracia chií de tratar de intervenir en asuntos internos de Iraq.
"Apareció de repente", dijo Iyad Samarrai, miembro del principal partido sunní del país. Es miembro del comité constitucional que tuvo que aplazar en una semana la fecha límite, hasta el lunes, principalmente debido a que los árabes sunníes se niegan a aceptar un gobierno central más débil. "Lo interpretamos como una intervención iraní".
Los iraquíes de las empobrecidas provincias del sur de Iraq han dicho desde hace tiempo que les gustaría tener más control sobre los recursos e ingresos locales. Están encima de la mayoría de las reservas de energía de Iraq, pero sus ciudades y aldeas fueron ignorados durante décadas de sucesivos gobiernos sunníes en Bagdad.
Pero los sunníes temen que el federalismo defendido por Hakim es una estratagema para entregar a Irán el control de facto del sur.
"El problema del federalismo en el sur estuvo siempre en la mesa de negociaciones, pero no a esta escala y velocidad", dijo Hassan Zeidan, miembro del Consejo del Diálogo Nacional, un grupo sunní que tiene representantes en la comisión constitucional.
Los sunníes todavía deben reunirse con chiíes y kurdos étnicos para aprobar la constitución iraquí que consagra el federalismo antes del plazo del lunes. Pero su percepción de que Irán está detrás del llamado a la autonomía del sur de Iraq ha obstaculizado los esfuerzos para aliviar las preocupaciones de que el federalismo sea usado para provocar el desmembramiento del país.
"Los sunníes tienen miedo del federalismo en el sur", dijo Mahmoud Othman, miembro kurdo del comité constitucional. El norte kurdo ha gozado de una autonomía de facto desde el fin de la Guerra del Golfo Pérsico de 1991. "El sur está cerca de Irán. Ahora temen que se esté acercando demasiado", dijo.
Irán e Iraq comparten una larga frontera y siglos de rivalidad. Los chiíes iraníes son en su mayoría de origen persa, mientras los chiíes iraquíes son árabes, concentrados en el sur del país donde se ubican tres de los santuarios más importantes de la secta. En 1980, Saddam Hussein atacó a Irán, implicándose en una guerra de desgaste de ocho años que los emocionalmente cicatrizados veteranos de ambos países todavía no han olvidado.
La invasión norteamericana de Iraq en 2003 significó para Irán nuevos peligros y oportunidades, proporcionándole la oportunidad de construir influencia entre los ahora dominantes chiíes y kurdos en Iraq mientras acerca a su frontera a su enemigo arquetípico, Estados Unidos.
Pero los temores iniciales de Irán de que Estados Unidos desaparecieron cuando los soldados norteamericanos se vieron atrapados en la lucha contra la resistencia, dirigida en su mayoría por descontentos árabes sunníes. Funcionarios norteamericanos dijeron hace poco que llegaban armas a Iraq desde Irán.
En declaraciones públicas los líderes de Irán han abogado por un Iraq fuerte y acusan a los americanos y "sionistas" de tratar de desmembrar el país.
"La nueva constitución iraquí puede y debe actuar como un documento para poner a prueba y consolidar la integridad política, independencia e integridad territorial y uniformidad", dijo en una editorial la semana pasada Jomhouri Eslami, un conservador iraní cuyas posiciones son consideradas cercanas a Líder Supremo Ali Khamenei.
Después de todo, dijeron funcionarios iraníes, si Iraq se fuera a fragmentar a lo largo de líneas étnicas y sectarias, podría inspirar la rebelión de sus propias inquietas minoría -entre ellos kurdos, árabes y azerbaiyanos.
Pero expertos dicen que Irán está jugando doble. Aunque apoya públicamente a un Iraq fuerte dirigido por sus viejos amigos, está simultáneamente empujándolo hacia la inestabilidad para mantener a Estados Unidos mal parado, dijo Judith Yaphe, ex analista de la CIA ahora en la Universidad de la Defensa Nacional en Washington.
"Irán nunca... corre riesgos sin un plan de soporte y un excusa verosímil", dijo.
"El desorden mantiene débil a Iraq, atado de manos a Estados Unidos y distraído, e Irán podría incluso hacer con un aliado bajo su control en una provincia semi-autónoma en el sur".
Wayne White, ex especialista en Iraq en el ministerio de Asuntos Exteriores, indicó los lazos que hay entre el gobierno iraní y el primer ministro provisional de Iraq, Ibrahim Jafari.
"En una época en que los esfuerzos por atraer al mayor número posible de árabes sunníes al proceso político regular de Iraq debería ser prioritario, los dos gobiernos están implicados en intercambios diplomáticos de alto nivel poco después de que Jafari completara la formación de su gobierno", dijo White, del Instituto de Oriente Medio, un laboratorio ideológico de Washington. Esas movidas "probablemente despertarán las sospechas de los árabes sunníes y paranoia sobre los profundos y permanentes lazos entre iraníes y chiíes iraquíes".
Durante las reuniones del comité constitucional, los sunníes acusaron a los chiíes de hacer el juego de Teherán, dijo Suha Azzawi, un miembro árabe sunní de la comisión. Un Iraq federal descentralizado, dijeron, daría a los iraníes todo lo que quieren: un Bagdad débil, un sur dócil y un elemento de negociación contra Estados Unidos y los chiíes de los estados del Golfo.
Los chiíes de Iraq dicen que el federalismo que defienden es un modo de mantener la identidad cultural del sur, dándoles la opción de financiar ceremonias religiosas en lugar de paradas militares, mezquitas en lugar de jardines de juego.
Así que fue una sorpresa cuando los políticos chiíes que regatean sobre la constitución exigieron que los estados tengan el derecho de hacer negocios con países extranjeros. Muchos iraquíes sospechan que Irán preferirá hacer negocios sobre el petróleo y otros con caras amistosas en las provincias fronterizas que llegar hasta Bagdad.
El ministro de Asuntos Exteriores de Iraq, Hoshyar Zebari, un kurdo conocido por su discreción y diplomática amabilidad, confirmó que fue inhabitualmente franco cuando trató el tema con sus contrapartes iraníes.
"Pedimos al gobierno iraní que cambie su política de acuerdos bilaterales que está firmando con provincias iraquíes sin el conocimiento ni participación del gobierno central", dijo Zebari la semana pasada en el diario londinense Al Hayat.
"Estamos pidiendo al gobierno iraní que no entre en negociaciones ni acuerdos fuera de la autoridad del gobierno central".
Edmund Sanders contribuyó a este reportaje.
22 de agosto de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Mientras se acercaba el plazo para que los políticos iraquíes redacten una nueva constitución, algunos participantes dijeron que estaban cerca de alcanzar un acuerdo. Entonces, de ninguna parte, dijeron, apareció una exigencia de un importante político chií.Abdelaziz Hakim, presidente del principal partido del poderoso bloque parlamentario chií, habló ante una multitud de partidarios en Nayaf el 11 de agosto y llamó a formar una región chií semi-autónoma que comprende 9 de las 18 ricas provincias petroleras de Iraq. Hakim, que en el pasado encabezaba a una milicia adiestrada y sostenida por la conservadora Guardia Revolucionaria de Irán, calificó el mini-estado de objetivo "sagrado".
Los árabes sunníes se asombraron cuando los aliados políticos de Hakim presentaron el tema en las negociaciones constitucionales. Sospechando la implicación de Irán, acusaron a la teocracia chií de tratar de intervenir en asuntos internos de Iraq.
"Apareció de repente", dijo Iyad Samarrai, miembro del principal partido sunní del país. Es miembro del comité constitucional que tuvo que aplazar en una semana la fecha límite, hasta el lunes, principalmente debido a que los árabes sunníes se niegan a aceptar un gobierno central más débil. "Lo interpretamos como una intervención iraní".
Los iraquíes de las empobrecidas provincias del sur de Iraq han dicho desde hace tiempo que les gustaría tener más control sobre los recursos e ingresos locales. Están encima de la mayoría de las reservas de energía de Iraq, pero sus ciudades y aldeas fueron ignorados durante décadas de sucesivos gobiernos sunníes en Bagdad.
Pero los sunníes temen que el federalismo defendido por Hakim es una estratagema para entregar a Irán el control de facto del sur.
"El problema del federalismo en el sur estuvo siempre en la mesa de negociaciones, pero no a esta escala y velocidad", dijo Hassan Zeidan, miembro del Consejo del Diálogo Nacional, un grupo sunní que tiene representantes en la comisión constitucional.
Los sunníes todavía deben reunirse con chiíes y kurdos étnicos para aprobar la constitución iraquí que consagra el federalismo antes del plazo del lunes. Pero su percepción de que Irán está detrás del llamado a la autonomía del sur de Iraq ha obstaculizado los esfuerzos para aliviar las preocupaciones de que el federalismo sea usado para provocar el desmembramiento del país.
"Los sunníes tienen miedo del federalismo en el sur", dijo Mahmoud Othman, miembro kurdo del comité constitucional. El norte kurdo ha gozado de una autonomía de facto desde el fin de la Guerra del Golfo Pérsico de 1991. "El sur está cerca de Irán. Ahora temen que se esté acercando demasiado", dijo.
Irán e Iraq comparten una larga frontera y siglos de rivalidad. Los chiíes iraníes son en su mayoría de origen persa, mientras los chiíes iraquíes son árabes, concentrados en el sur del país donde se ubican tres de los santuarios más importantes de la secta. En 1980, Saddam Hussein atacó a Irán, implicándose en una guerra de desgaste de ocho años que los emocionalmente cicatrizados veteranos de ambos países todavía no han olvidado.
La invasión norteamericana de Iraq en 2003 significó para Irán nuevos peligros y oportunidades, proporcionándole la oportunidad de construir influencia entre los ahora dominantes chiíes y kurdos en Iraq mientras acerca a su frontera a su enemigo arquetípico, Estados Unidos.
Pero los temores iniciales de Irán de que Estados Unidos desaparecieron cuando los soldados norteamericanos se vieron atrapados en la lucha contra la resistencia, dirigida en su mayoría por descontentos árabes sunníes. Funcionarios norteamericanos dijeron hace poco que llegaban armas a Iraq desde Irán.
En declaraciones públicas los líderes de Irán han abogado por un Iraq fuerte y acusan a los americanos y "sionistas" de tratar de desmembrar el país.
"La nueva constitución iraquí puede y debe actuar como un documento para poner a prueba y consolidar la integridad política, independencia e integridad territorial y uniformidad", dijo en una editorial la semana pasada Jomhouri Eslami, un conservador iraní cuyas posiciones son consideradas cercanas a Líder Supremo Ali Khamenei.
Después de todo, dijeron funcionarios iraníes, si Iraq se fuera a fragmentar a lo largo de líneas étnicas y sectarias, podría inspirar la rebelión de sus propias inquietas minoría -entre ellos kurdos, árabes y azerbaiyanos.
Pero expertos dicen que Irán está jugando doble. Aunque apoya públicamente a un Iraq fuerte dirigido por sus viejos amigos, está simultáneamente empujándolo hacia la inestabilidad para mantener a Estados Unidos mal parado, dijo Judith Yaphe, ex analista de la CIA ahora en la Universidad de la Defensa Nacional en Washington.
"Irán nunca... corre riesgos sin un plan de soporte y un excusa verosímil", dijo.
"El desorden mantiene débil a Iraq, atado de manos a Estados Unidos y distraído, e Irán podría incluso hacer con un aliado bajo su control en una provincia semi-autónoma en el sur".
Wayne White, ex especialista en Iraq en el ministerio de Asuntos Exteriores, indicó los lazos que hay entre el gobierno iraní y el primer ministro provisional de Iraq, Ibrahim Jafari.
"En una época en que los esfuerzos por atraer al mayor número posible de árabes sunníes al proceso político regular de Iraq debería ser prioritario, los dos gobiernos están implicados en intercambios diplomáticos de alto nivel poco después de que Jafari completara la formación de su gobierno", dijo White, del Instituto de Oriente Medio, un laboratorio ideológico de Washington. Esas movidas "probablemente despertarán las sospechas de los árabes sunníes y paranoia sobre los profundos y permanentes lazos entre iraníes y chiíes iraquíes".
Durante las reuniones del comité constitucional, los sunníes acusaron a los chiíes de hacer el juego de Teherán, dijo Suha Azzawi, un miembro árabe sunní de la comisión. Un Iraq federal descentralizado, dijeron, daría a los iraníes todo lo que quieren: un Bagdad débil, un sur dócil y un elemento de negociación contra Estados Unidos y los chiíes de los estados del Golfo.
Los chiíes de Iraq dicen que el federalismo que defienden es un modo de mantener la identidad cultural del sur, dándoles la opción de financiar ceremonias religiosas en lugar de paradas militares, mezquitas en lugar de jardines de juego.
Así que fue una sorpresa cuando los políticos chiíes que regatean sobre la constitución exigieron que los estados tengan el derecho de hacer negocios con países extranjeros. Muchos iraquíes sospechan que Irán preferirá hacer negocios sobre el petróleo y otros con caras amistosas en las provincias fronterizas que llegar hasta Bagdad.
El ministro de Asuntos Exteriores de Iraq, Hoshyar Zebari, un kurdo conocido por su discreción y diplomática amabilidad, confirmó que fue inhabitualmente franco cuando trató el tema con sus contrapartes iraníes.
"Pedimos al gobierno iraní que cambie su política de acuerdos bilaterales que está firmando con provincias iraquíes sin el conocimiento ni participación del gobierno central", dijo Zebari la semana pasada en el diario londinense Al Hayat.
"Estamos pidiendo al gobierno iraní que no entre en negociaciones ni acuerdos fuera de la autoridad del gobierno central".
Edmund Sanders contribuyó a este reportaje.
22 de agosto de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
sunníes serán apartados
[Dexter Filkins] Iraquíes consideran dejar de lado a sunníes en cuanto a la constitución.
Bagdad, Iraq. Líderes iraquíes continuaban estancados el domingo pasado sobre los principales problemas en la nueva constitución del país, elevando la posibilidad de que no logren cumplir el plazo del lunes y empujar al país hacia una crisis política.
Con varias preguntas sin resolver, los dirigentes chiíes dijeron el domingo que estaban considerando pedir a la Asamblea Nacional que apruebe el documento sin el acuerdo de los dirigentes sunníes del país. Esa medida picaría probablemente a los sunníes, cuya participación en el proceso político es considerada crucial para el intento de marginar a la resistencia dominada por los sunníes.
Líderes kurdos y chiíes dijeron que también estaban considerando darse más tiempo para llegar a un acuerdo, aunque no estaba de ninguna manera claro que pudieran hacerlo sin enmendar la constitución interina, la ley actualmente en vigor. Eso requeriría una mayoría de tres cuartos de la Asamblea Nacional de 275 miembros.
Si no se lograr terminar antes del plazo y no se enmienda la constitución convenientemente, la ley parece exigir la disolución de la Asamblea Nacional y la convocación de nuevas elecciones. Líderes chiíes y kurdos dijeron el domingo que estaban discutiendo esa posibilidad, pero dijeron que esperaban evitarla.
"Esa es la peor opción, y la queremos evitar a toda costa", dijo Ali al-Dabagh, uno de los dirigentes chiíes encargados de la redacción de la nueva constitución.
Las negociaciones se estancaron sobre varios problemas, incluyendo el papel del islam en el estado, los derechos de la mujer y la distribución del poder entre los gobiernos central y regionales. Problemas que parecían haber sido resueltos, como la repartición de los ingresos por el petróleo, volvieron a complicarse.
Funcionarios americanos aquí han estado presionando a los iraquíes para que cumplan con el plazo del 15 de agosto, diciendo que todo retraso en el proceso político, que debe culminar en elecciones democráticas en diciembre, podría fortalecer a la resistencia. Un estancamiento también podría paralizar los planes del gobierno de Bush de empezar a reducir el número de tropas esta próxima primavera.
El estancamiento refleja una falta de consenso sobre cuestiones básicas que subyacen en la identidad del país, un consenso que ha eludido a este país desde que fuera extraído de las ruinas del Imperio Otomano después de la Primera Guerra Mundial.
Los desacuerdos se producen casi todos a lo largo de líneas étnicas y sectarias, lo que refleja las profundas divisiones entre la mayoría chií y las minorías kurdas y sunníes de Iraq.
El principal problema no resuelto es si otorgar a la mayoría chií del país una región autónoma en el sur. Líderes chiíes están exigiendo que nueve provincias en el sur de Iraq -la mitad de las provincias del país- puedan formar una región en gran parte autónoma similar a la región autónoma kurda en el norte.
Los líderes de la población sunní de Iraq se oponen firmemente a las exigencias chiíes, diciendo que si los chiíes y kurdos recibieran ambos amplios poderes de autonomía, poco quedaría del estado iraquí. El problema de la autonomía chií es especialmente importante porque los yacimientos petrolíferos más ricos se encuentran en el extremo sur del país.
En realidad, algunos dirigentes sunníes dicen que la exigencia sunní de autonomía es en gran parte un pretexto para acaparar la mayor parte de los ingresos por el petróleo. El domingo se desmoronó un acuerdo sobre la repartición de los ingresos del petróleo entre el gobierno central y las regiones cuando los chiíes pidieron más control.
Con el estímulo del embajador americano en Iraq, Zalmay Khalilzad, los chiíes accedieron a aplazar sus demandas de autonomía regional, a cambio de un mecanismo en la constitución que les permita alcanzar la autonomía más tarde. Bajo la fórmula que prefieren los chiíes, las provincias podrían formar regiones autónomas si contaban con la mayoría de los votos de sus habitantes, las asambleas provinciales y la Asamblea Nacional.
Pero los líderes sunníes rechazaron esa propuesta, diciendo que sólo retrasaría, pero no obstaculizaría significativamente la campaña chií por la autonomía. Aunque aceptaron la fórmula básica de Khalilzad, los sunníes dijeron que insistirán en mayorías de dos tercios en todas las votaciones.
"Si aceptamos el federalismo, será el fin del país", dijo Saleh Mutlak, un líder sunní en el comité constitucional.
El domingo noche, después de varias horas de negociación, algunos líderes chiíes dijeron que estaban tan impacientes con lo que describieron como intransigencia sunní que empezaron a amenazar con hacer aprobar la constitución por la Asamblea Nacional sin el apoyo sunní.
Al menos en teoría, eso era posible. Los sunníes constituyen sólo un 20 por ciento de la población, y no tienen prácticamente ninguna silla en la Asamblea Nacional, en parte porque boicotearon las elecciones nacionales de enero. Si los chiíes y kurdos se unen en torno a la constitución propuesta, podrían asegurarse suficientes votos para su aprobación en la Asamblea Nacional, y en el referéndum nacional constitucional programado para el 15 de octubre.
Según las reglas acordadas el año pasado, los sunníes podrían rechazar la constitución, pero sólo si podían controlar una mayoría de dos tercios en 3 de las 18 provincias. Se cree que los sunníes constituyen la mayoría en tres provincias, pero algunos líderes chiíes dijeron que no les preocupaba la perspectiva de un veto sunní.
"Los sunníes deben lograr una mayoría de dos tercios, y no pueden", dijo Sami al-Askary, un miembro chií del comité constitucional.
Aprobar la constitución sin los sunníes provocaría ciertamente una reacción sunní. Líderes sunníes sugirieron que podrían retirarse completamente del proceso político, aumentando la perspectiva de un boicot sunní del referéndum del 15 de octubre y las elecciones del 15 de diciembre.
Líderes americanos temen que el fracaso en incorporar a los sunníes al proceso político sólo intensificaría a la resistencia, que está atacando a las fuerzas americanas en un promedio de 65 veces al día.
A medida que se aproximaba el 15 de agosto, era difícil distinguir entre las amenazas creíbles y negociaciones de mucho riesgo. Hubo insinuaciones, por ejemplo, de que los líderes chiíes no estuvieran unidos sobre el problema del federalismo. Uno de los líderes chiíes, Abdul Aziz Hakim, el presidente del Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Iraq, que se esperaba que asistiera a una reunión de importantes líderes políticos el domingo por la noche, sorprendió a muchos cuando no apareció.
Entre otras cuestiones todavía sin resolver está el papel del islam en el estado, incluyendo una propuesta chií para incluir un papel político para los líderes religiosos chiíes de Nayaf. El poder otorgado al islam en la nueva constitución podría afectar los derechos de la mujer, particularmente si se permite que la ley islámica regule el matrimonio y las disputas familiares.
Los líderes iraquíes todavía no lograban un acuerdo sobre la ciudad de Kirkuk, que está dividida entre tres grupos étnicos, pero es reclamada por el gobierno regional kurdo. Los kurdos están exigiendo un plazo para revertir décadas de la política de "arabización" de Saddam Hussein, que exigiría la repatriación de decenas de miles de personas.
También el domingo el comando americano anunció la muerte de cinco soldados americanos, todos por bombas improvisadas. En el ataque más mortífero, una bomba mató a tres soldados americanos que patrullaban el viernes en la ciudad de Tuz, al norte de Bagdad. Un cuarto soldado resultó herido.
El domingo otra bomba mató a un soldado estadounidense e hirió a otros tres cerca de la ciudad de Rutbah, al oeste. Un quinto soldado americano murió el sábado al estallar una bomba improvisada al oeste de Bagdad, y otro quedó herido.
La propaganda bélica también continuó. En una declaración publicada en internet, al Qaeda en Mesopotamia advirtió a los clérigos sunníes no llamar a los fieles a participar en el referéndum sobre la constitución. La advertencia parece ser la reacción al hecho de que muchos predicadores sunníes, en contraste con las elecciones de enero, están esta vez llamando a los sunníes a votar.
"Sabed que esta conspiración es para sacar a Estados Unidos del atasco en el que se metió", dice la declaración. "Nosotros de la organización de al Qaeda expresaremos el rechazo de todos los que apoyen la redacción de la constitución y arbitren sin las leyes de Dios".
22 de agosto de 2005
15 de agosto de 2005
©new york times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Líderes iraquíes continuaban estancados el domingo pasado sobre los principales problemas en la nueva constitución del país, elevando la posibilidad de que no logren cumplir el plazo del lunes y empujar al país hacia una crisis política.Con varias preguntas sin resolver, los dirigentes chiíes dijeron el domingo que estaban considerando pedir a la Asamblea Nacional que apruebe el documento sin el acuerdo de los dirigentes sunníes del país. Esa medida picaría probablemente a los sunníes, cuya participación en el proceso político es considerada crucial para el intento de marginar a la resistencia dominada por los sunníes.
Líderes kurdos y chiíes dijeron que también estaban considerando darse más tiempo para llegar a un acuerdo, aunque no estaba de ninguna manera claro que pudieran hacerlo sin enmendar la constitución interina, la ley actualmente en vigor. Eso requeriría una mayoría de tres cuartos de la Asamblea Nacional de 275 miembros.
Si no se lograr terminar antes del plazo y no se enmienda la constitución convenientemente, la ley parece exigir la disolución de la Asamblea Nacional y la convocación de nuevas elecciones. Líderes chiíes y kurdos dijeron el domingo que estaban discutiendo esa posibilidad, pero dijeron que esperaban evitarla.
"Esa es la peor opción, y la queremos evitar a toda costa", dijo Ali al-Dabagh, uno de los dirigentes chiíes encargados de la redacción de la nueva constitución.
Las negociaciones se estancaron sobre varios problemas, incluyendo el papel del islam en el estado, los derechos de la mujer y la distribución del poder entre los gobiernos central y regionales. Problemas que parecían haber sido resueltos, como la repartición de los ingresos por el petróleo, volvieron a complicarse.
Funcionarios americanos aquí han estado presionando a los iraquíes para que cumplan con el plazo del 15 de agosto, diciendo que todo retraso en el proceso político, que debe culminar en elecciones democráticas en diciembre, podría fortalecer a la resistencia. Un estancamiento también podría paralizar los planes del gobierno de Bush de empezar a reducir el número de tropas esta próxima primavera.
El estancamiento refleja una falta de consenso sobre cuestiones básicas que subyacen en la identidad del país, un consenso que ha eludido a este país desde que fuera extraído de las ruinas del Imperio Otomano después de la Primera Guerra Mundial.
Los desacuerdos se producen casi todos a lo largo de líneas étnicas y sectarias, lo que refleja las profundas divisiones entre la mayoría chií y las minorías kurdas y sunníes de Iraq.
El principal problema no resuelto es si otorgar a la mayoría chií del país una región autónoma en el sur. Líderes chiíes están exigiendo que nueve provincias en el sur de Iraq -la mitad de las provincias del país- puedan formar una región en gran parte autónoma similar a la región autónoma kurda en el norte.
Los líderes de la población sunní de Iraq se oponen firmemente a las exigencias chiíes, diciendo que si los chiíes y kurdos recibieran ambos amplios poderes de autonomía, poco quedaría del estado iraquí. El problema de la autonomía chií es especialmente importante porque los yacimientos petrolíferos más ricos se encuentran en el extremo sur del país.
En realidad, algunos dirigentes sunníes dicen que la exigencia sunní de autonomía es en gran parte un pretexto para acaparar la mayor parte de los ingresos por el petróleo. El domingo se desmoronó un acuerdo sobre la repartición de los ingresos del petróleo entre el gobierno central y las regiones cuando los chiíes pidieron más control.
Con el estímulo del embajador americano en Iraq, Zalmay Khalilzad, los chiíes accedieron a aplazar sus demandas de autonomía regional, a cambio de un mecanismo en la constitución que les permita alcanzar la autonomía más tarde. Bajo la fórmula que prefieren los chiíes, las provincias podrían formar regiones autónomas si contaban con la mayoría de los votos de sus habitantes, las asambleas provinciales y la Asamblea Nacional.
Pero los líderes sunníes rechazaron esa propuesta, diciendo que sólo retrasaría, pero no obstaculizaría significativamente la campaña chií por la autonomía. Aunque aceptaron la fórmula básica de Khalilzad, los sunníes dijeron que insistirán en mayorías de dos tercios en todas las votaciones.
"Si aceptamos el federalismo, será el fin del país", dijo Saleh Mutlak, un líder sunní en el comité constitucional.
El domingo noche, después de varias horas de negociación, algunos líderes chiíes dijeron que estaban tan impacientes con lo que describieron como intransigencia sunní que empezaron a amenazar con hacer aprobar la constitución por la Asamblea Nacional sin el apoyo sunní.
Al menos en teoría, eso era posible. Los sunníes constituyen sólo un 20 por ciento de la población, y no tienen prácticamente ninguna silla en la Asamblea Nacional, en parte porque boicotearon las elecciones nacionales de enero. Si los chiíes y kurdos se unen en torno a la constitución propuesta, podrían asegurarse suficientes votos para su aprobación en la Asamblea Nacional, y en el referéndum nacional constitucional programado para el 15 de octubre.
Según las reglas acordadas el año pasado, los sunníes podrían rechazar la constitución, pero sólo si podían controlar una mayoría de dos tercios en 3 de las 18 provincias. Se cree que los sunníes constituyen la mayoría en tres provincias, pero algunos líderes chiíes dijeron que no les preocupaba la perspectiva de un veto sunní.
"Los sunníes deben lograr una mayoría de dos tercios, y no pueden", dijo Sami al-Askary, un miembro chií del comité constitucional.
Aprobar la constitución sin los sunníes provocaría ciertamente una reacción sunní. Líderes sunníes sugirieron que podrían retirarse completamente del proceso político, aumentando la perspectiva de un boicot sunní del referéndum del 15 de octubre y las elecciones del 15 de diciembre.
Líderes americanos temen que el fracaso en incorporar a los sunníes al proceso político sólo intensificaría a la resistencia, que está atacando a las fuerzas americanas en un promedio de 65 veces al día.
A medida que se aproximaba el 15 de agosto, era difícil distinguir entre las amenazas creíbles y negociaciones de mucho riesgo. Hubo insinuaciones, por ejemplo, de que los líderes chiíes no estuvieran unidos sobre el problema del federalismo. Uno de los líderes chiíes, Abdul Aziz Hakim, el presidente del Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Iraq, que se esperaba que asistiera a una reunión de importantes líderes políticos el domingo por la noche, sorprendió a muchos cuando no apareció.
Entre otras cuestiones todavía sin resolver está el papel del islam en el estado, incluyendo una propuesta chií para incluir un papel político para los líderes religiosos chiíes de Nayaf. El poder otorgado al islam en la nueva constitución podría afectar los derechos de la mujer, particularmente si se permite que la ley islámica regule el matrimonio y las disputas familiares.
Los líderes iraquíes todavía no lograban un acuerdo sobre la ciudad de Kirkuk, que está dividida entre tres grupos étnicos, pero es reclamada por el gobierno regional kurdo. Los kurdos están exigiendo un plazo para revertir décadas de la política de "arabización" de Saddam Hussein, que exigiría la repatriación de decenas de miles de personas.
También el domingo el comando americano anunció la muerte de cinco soldados americanos, todos por bombas improvisadas. En el ataque más mortífero, una bomba mató a tres soldados americanos que patrullaban el viernes en la ciudad de Tuz, al norte de Bagdad. Un cuarto soldado resultó herido.
El domingo otra bomba mató a un soldado estadounidense e hirió a otros tres cerca de la ciudad de Rutbah, al oeste. Un quinto soldado americano murió el sábado al estallar una bomba improvisada al oeste de Bagdad, y otro quedó herido.
La propaganda bélica también continuó. En una declaración publicada en internet, al Qaeda en Mesopotamia advirtió a los clérigos sunníes no llamar a los fieles a participar en el referéndum sobre la constitución. La advertencia parece ser la reacción al hecho de que muchos predicadores sunníes, en contraste con las elecciones de enero, están esta vez llamando a los sunníes a votar.
"Sabed que esta conspiración es para sacar a Estados Unidos del atasco en el que se metió", dice la declaración. "Nosotros de la organización de al Qaeda expresaremos el rechazo de todos los que apoyen la redacción de la constitución y arbitren sin las leyes de Dios".
22 de agosto de 2005
15 de agosto de 2005
©new york times
©traducción mQh
la mamá de la paz
[Ellen Goodman] El efecto radioactivo de la voz de una madre.
Los titulares de esta mañana la llamaban "la mamá de la paz". Es un título que personaliza y trivializa al mismo tiempo a la larguirucha mujer de voz aguda que ha estado acampando en Crawford, Tejas. Es un apodo que, a la vez, le otorga y desconoce autoridad para pronunciarse contra la guerra, con una autoridad moral ganada del modo más doloroso posible, a través de la pérdida de su hijo.
Estamos ahora terminando la Semana Dos en Camp Casey. El fenómeno de agosto de 2005 no son las mordidas de tiburones o mujeres desaparecidas, sino una madre que se apareció a la puerta de las vacaciones del presidente. Cindy Sheehan llegó movida por un impulso, intempestivamente, para preguntar al presidente de Estados Unidos por qué había "matado" a su hijo, el "niño amoroso" cuya breve vida lleva tatuada en su tobillo izquierdo: "Casey 79-04".
Si la Semana Uno fue la Creación de una Celebridad, con cobertura de 24 horas, la Semana Dos nos trajo la reacción y los blogueros. Reyes conservadores del cable, como Bill O'Reilly, demostraron que ni siquiera la muerte de un niño garantiza inmunidad frente al ataque. El iconoclasta Cristopher Hitchens la recibió con un regocijo que antes reservaba a la Madre Teresa.
En la Semana Uno, los grupos contra la guerra encontraron una cara para su causa y promovieron páginas de Cindy en internet y encuentros y vigilias. En la Semana Dos, partidarios de la guerra trataron de concentrar las protestas contra la guerra en Cindy. La llamaron "el Emblema de la Rendición" y "la Madre Más Bochornosa de Estados Unidos". Pero, de hecho, esta mujer, de un imprudente coraje nacido del dolor y la rabia -"Desde que mataron a mi hijo, no le tengo miedo a nada"-, dirige su reto a los "votantes indecisos" de esta guerra. Presenta una imagen diferente de esos inquietos americanos que hasta ahora se han tragado la lengua y sus dudas por respeto a los caídos en la guerra y sus familias.
El activismo de la "mamá de la paz" no ha creado la paz en su familia. Ella y su marido sufrieron de diferente manera hasta el anuncio: "Marido de la Mamá de la Paz' Pide el Divorcio'". Las tías y tíos en el lado pro-guerra de la familia la criticaron por "preferir sus propios intereses a la búsqueda de notoriedad a expensas del buen nombre y reputación de su hijo".
En realidad, no hay modo de saber qué pensaba Casey Sheehan sobre la paz o la mamá. Era un monaguillo que quería ser asistente de capellán militar, y terminó como mecánico de todoterrenos y murió tratando de rescatar a unos soldados heridos. Pero la división en su familia refleja una fisura en la familia americana sobre cómo rendir homenaje a los caídos. Como la mamá de especialista del ejército Wilfredo Urbina, que quiere tener éxito "para que todo este dolor sirva para algo". O como Cindy Sheehan, que le dijo al presidente que no "use el nombre de mi hijo ni el mío para justificar más asesinatos".
Esta guerra fue presentada a la opinión pública como un asunto de defensa contra armas de destrucción masiva. Pero esas armas no aparecieron nunca.
Luego se nos dijo que Iraq estaba en la primera línea en la guerra contra los terroristas: "Es mejor allá, que acá". Pero la evidencia muestra que la gran mayoría de los combatientes extranjeros no son terroristas redesplegados sino reclutas nuevos radicalizados por la guerra misma. Hace poco, se nos dijo que mantuviéramos "el curso" para garantizar la democracia en Iraq. Pero mientras los iraquíes disputan sobre una constitución que no se parecerá en nada a una como la nuestra, la lista de justificaciones se hace más corta y el apoyo de la guerra, más débil".
En su conjunto, los sondeos muestran que una mayoría de los americanos ahora creen que fue un error enviar tropas a la guerra, que los resultados no valen la pérdida de vidas americanas y que la guerra no nos ha hecho más seguros.
El argumento más poderoso de queja y que el presidente repite una y otra vez es que "el mejor modo de rendir homenaje a las vidas que se han perdido en esta guerra es completar la misión".
Entonces llegó Cindy Sheehan.
Hasta ahora, el eslogan "Apoya Nuestras Tropas" significaba "Apoya la Guerra". Los dos parecían inseparables. Criticar la guerra era como criticar a las tropas. Pero en un polvoriento y caluroso camino de Tejas, Sheehan cercenó el vínculo.
Así la pregunta no es si el presidente hablará con ella. No lo hará. Tampoco es si habla a nombre de su hijo. Nunca lo sabremos. No es si es "simplemente una mamá" o una agitadora anti-Bush. Es las dos cosas. Es si los casi 1.900 estadounidenses que han muerto, han muerto en una guerra de lujo y lo doloroso que es reconocerlo. Es si podemos seguir honrando esas muertas con más muertes.
No es una sorpresa que "la mamá de la paz" se haya convertido en un blanco de la guerra sobre la guerra. Si tiene éxito, la Casa Blanca habrá perdido quizás la última y más poderosa justificación que ofrece a una descorazonada opinión pública estadounidense. En cuanto a eso, no hay modo de salir del pantano de Iraq. Excepto saliendo.
Se puede escribir a la autora a: ellengoodman@globe.com.
21 de agosto de 2005
©boston globe
©traducción mQh
Los titulares de esta mañana la llamaban "la mamá de la paz". Es un título que personaliza y trivializa al mismo tiempo a la larguirucha mujer de voz aguda que ha estado acampando en Crawford, Tejas. Es un apodo que, a la vez, le otorga y desconoce autoridad para pronunciarse contra la guerra, con una autoridad moral ganada del modo más doloroso posible, a través de la pérdida de su hijo.Estamos ahora terminando la Semana Dos en Camp Casey. El fenómeno de agosto de 2005 no son las mordidas de tiburones o mujeres desaparecidas, sino una madre que se apareció a la puerta de las vacaciones del presidente. Cindy Sheehan llegó movida por un impulso, intempestivamente, para preguntar al presidente de Estados Unidos por qué había "matado" a su hijo, el "niño amoroso" cuya breve vida lleva tatuada en su tobillo izquierdo: "Casey 79-04".
Si la Semana Uno fue la Creación de una Celebridad, con cobertura de 24 horas, la Semana Dos nos trajo la reacción y los blogueros. Reyes conservadores del cable, como Bill O'Reilly, demostraron que ni siquiera la muerte de un niño garantiza inmunidad frente al ataque. El iconoclasta Cristopher Hitchens la recibió con un regocijo que antes reservaba a la Madre Teresa.
En la Semana Uno, los grupos contra la guerra encontraron una cara para su causa y promovieron páginas de Cindy en internet y encuentros y vigilias. En la Semana Dos, partidarios de la guerra trataron de concentrar las protestas contra la guerra en Cindy. La llamaron "el Emblema de la Rendición" y "la Madre Más Bochornosa de Estados Unidos". Pero, de hecho, esta mujer, de un imprudente coraje nacido del dolor y la rabia -"Desde que mataron a mi hijo, no le tengo miedo a nada"-, dirige su reto a los "votantes indecisos" de esta guerra. Presenta una imagen diferente de esos inquietos americanos que hasta ahora se han tragado la lengua y sus dudas por respeto a los caídos en la guerra y sus familias.
El activismo de la "mamá de la paz" no ha creado la paz en su familia. Ella y su marido sufrieron de diferente manera hasta el anuncio: "Marido de la Mamá de la Paz' Pide el Divorcio'". Las tías y tíos en el lado pro-guerra de la familia la criticaron por "preferir sus propios intereses a la búsqueda de notoriedad a expensas del buen nombre y reputación de su hijo".
En realidad, no hay modo de saber qué pensaba Casey Sheehan sobre la paz o la mamá. Era un monaguillo que quería ser asistente de capellán militar, y terminó como mecánico de todoterrenos y murió tratando de rescatar a unos soldados heridos. Pero la división en su familia refleja una fisura en la familia americana sobre cómo rendir homenaje a los caídos. Como la mamá de especialista del ejército Wilfredo Urbina, que quiere tener éxito "para que todo este dolor sirva para algo". O como Cindy Sheehan, que le dijo al presidente que no "use el nombre de mi hijo ni el mío para justificar más asesinatos".
Esta guerra fue presentada a la opinión pública como un asunto de defensa contra armas de destrucción masiva. Pero esas armas no aparecieron nunca.
Luego se nos dijo que Iraq estaba en la primera línea en la guerra contra los terroristas: "Es mejor allá, que acá". Pero la evidencia muestra que la gran mayoría de los combatientes extranjeros no son terroristas redesplegados sino reclutas nuevos radicalizados por la guerra misma. Hace poco, se nos dijo que mantuviéramos "el curso" para garantizar la democracia en Iraq. Pero mientras los iraquíes disputan sobre una constitución que no se parecerá en nada a una como la nuestra, la lista de justificaciones se hace más corta y el apoyo de la guerra, más débil".
En su conjunto, los sondeos muestran que una mayoría de los americanos ahora creen que fue un error enviar tropas a la guerra, que los resultados no valen la pérdida de vidas americanas y que la guerra no nos ha hecho más seguros.
El argumento más poderoso de queja y que el presidente repite una y otra vez es que "el mejor modo de rendir homenaje a las vidas que se han perdido en esta guerra es completar la misión".
Entonces llegó Cindy Sheehan.
Hasta ahora, el eslogan "Apoya Nuestras Tropas" significaba "Apoya la Guerra". Los dos parecían inseparables. Criticar la guerra era como criticar a las tropas. Pero en un polvoriento y caluroso camino de Tejas, Sheehan cercenó el vínculo.
Así la pregunta no es si el presidente hablará con ella. No lo hará. Tampoco es si habla a nombre de su hijo. Nunca lo sabremos. No es si es "simplemente una mamá" o una agitadora anti-Bush. Es las dos cosas. Es si los casi 1.900 estadounidenses que han muerto, han muerto en una guerra de lujo y lo doloroso que es reconocerlo. Es si podemos seguir honrando esas muertas con más muertes.
No es una sorpresa que "la mamá de la paz" se haya convertido en un blanco de la guerra sobre la guerra. Si tiene éxito, la Casa Blanca habrá perdido quizás la última y más poderosa justificación que ofrece a una descorazonada opinión pública estadounidense. En cuanto a eso, no hay modo de salir del pantano de Iraq. Excepto saliendo.
Se puede escribir a la autora a: ellengoodman@globe.com.
21 de agosto de 2005
©boston globe
©traducción mQh
roturas en resistencia
[Ellen Knickmeyer y Dlovan Brwari] Tres activistas sunníes asesinados en Iraq frente a horrorizada muchedumbre.
Mosul, Iraq. El viernes, pistoleros en esta norteña ciudad secuestraron y ejecutaron públicamente a tres activistas árabes sunníes que trabajaban para incorporar a la descontenta minoría sunní al proceso político iraquí, y luego envolvieron sus cuerpos en una pancarta llamando a participar en las elecciones, dijeron funcionarios y testigos.
Los asesinatos, ante una horrorizada muchedumbre, fueron el último episodio en una ascendente violencia entre insurgentes y la minoría sunní que ha sido su principal base de apoyo.
Un testigo, Muhammed Khalid, dijo que hombres armados que viajaban en ocho coches secuestraron a los activistas cuando estos colgaban pancartas llamando a los votantes a participar. Una hora después, los pistoleros aparecieron en otro vecindario. Bloquearon las calles laterales, impidieron que la gente escapara y prohibieron a los asustados tenderos que cerraran sus tiendas, dijeron testigos.
"Luego sacaron a tres hombres de los coches y los mataron frente a nosotros", dijo un testigo, Harith Saleem. Mencionó a uno de los asesinos, diciendo: "Este es el castigo para los que promueven las elecciones".
Entretanto, en Ramadi, una ciudad al oeste del país, miembros tribales sunníes mataron a un saudí y tres otros miembros del principal grupo insurgente del país, al Qaeda en Iraq, encabezado por Abu Musab Zarqawi, dijeron testigos y fuentes. También allá los asesinatos marcaron tensiones en rápido aumento entre combatientes extranjeros y sunníes.
La violencia política se produce en momentos en que todos los grupos iraquíes luchan por posiciones para remodelar el país más de dos años después de la caída de Saddam Hussein.
En Bagdad, el debate sobre el papel de la ley islámica ha estancado la redacción de la nueva constitución iraquí, y los iraquíes más laicos rechazan los términos que dijeron que colocarían a Iraq bajo el yugo de los clérigos, dijeron los negociadores.
Los iraquíes deben votar en octubre la nueva constitución y, en diciembre, por su primer gobierno de término completo, que determinará como se interpreta e implementa la constitución.
Los dirigentes políticos de Iraq y los miembros del comité constitucional tienen el lunes el segundo plazo -tras posponerse el primero en una semana- para presentar al parlamento un borrador de constitución, antes de las elecciones de octubre. Estados Unidos y líderes iraquíes han insistido en que la compleción de la constitución calmará la violencia política. Los atentados del viernes, sin embargo, sugieren que el baño de sangre continuará al menos hasta las elecciones programadas de diciembre.
Los negociadores dijeron el viernes que las partes habían alcanzado un acuerdo sobre el difícil tema del federalismo, que determinará el grado de independencia que conservará el norte predominantemente kurdo y el sur chií en la conducción de sus asuntos. El acuerdo alcanzado el viernes reconocería un estado federal kurdo en el norte y daría a otras regiones la misma opción, que deberá ser aprobada por los votantes locales y el parlamento, dijeron funcionarios chiíes y kurdos.
Esos términos allanan el camino del Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Iraq -ahora el partido dominante en el gobierno interino iraquí- para formar un estado federal separado en el sur chií, comprendiendo hasta la mitad de las 18 provincias iraquíes.
Miembros del comité constitucional dijeron que todavía no han alcanzado un acuerdo sobre cómo se distribuirá la riqueza iraquí. Pero la disputa más importante, que emergió el sábado temprano, es sobre el papel del islam. El actual borrador de la constitución estipula que Iraq es un país islámico y que ninguna ley puede contradecir los principios básicos del islam.
Los sunníes más seculares y los kurdos han respaldado cambiar la redacción a principios "acordados" del islam -limitando con ellos seriamente la miríada de normas islámicas que pueden ser aplicadas a las leyes. Los grupos se han mostrado optimistas sobre las perspectivas de obtener esa concesión, pero el sábado temprano dijeron que habían fracasado.
"Si tratas de colocar esas frases, creas una teocracia, y la gente no lo quiere", dijo un negociador, que habló por teléfono y a condición de preservar el anonimato. "Nadie puede beber una cerveza aquí, nadie puede salir a la calle sin un pañuelo. ¿Esto es lo que quiere Estados Unidos?"
Funcionarios dijeron que el embajador norteamericano Zalmay Khalilzad, que ha sido un activo intermediario en las conversaciones, ha apoyado la posición chií más estricta sobre el papel del islam. Khalilzad y sus ayudantes no pudieron ser localizados para que entregaran sus comentarios.
En Washington, un funcionario de gobierno dijo: "Claramente continúa el desacuerdo, pero las negociaciones no se han derrumbado. Están claramente en una etapa crítica. Creo que habrá intensas negociaciones entre todos mañana y durante el fin de semana".
El ataque en Mosul fue dirigido contra miembros del Partido Islámico Iraquí, que ha estado cabildeando para que los sunníes participen en las próximas elecciones. La minoría sunní boicoteó en gran parte las elecciones de enero que instalaron al actual gobierno de transición, dominado por chiíes y kurdos. Las amenazas de los rebeldes también contribuyeron al boicot. La limitada participación dejó a los sunníes con comparativamente poca influencia en el gobierno y en las negociaciones constitucionales.
Las fuerzas de Zarqawi, cobijándose en áreas sunníes en Iraq central y occidental, está amenazando la movida sunní de participar en el proceso político con una feroz determinación.
El jueves pistoleros abrieron el fuego contra una reunión en Ramadi de líderes políticos, tribales y religiosos que discutían la constitución. El gobernador local, que dirige la provincia sunní de Ambar en el oeste del país, estaba en la reunión, pero escapó ileso.
El viernes un líder insurgente saudí, Abu Muhammad Hajeri, del grupo de Zarqawi, fue encontrado muerto en Ramadi con otros tres iraquíes miembros de la resistencia. Miembros sunníes tribales, que hablaron a condición de conservar el anonimato, dijeron que habían sido asesinados por sunníes tribales.
Los asesinatos fueron una venganza por la muerte de miembros de tribus en choques previos este mes, cuando miembros tribales sunníes tomaron las armas para impedir que el grupo de Zarqawi implementara un edicto ordenando la expulsión de los chiíes de la localidad, dijeron miembros de tribus sunníes.
"Incluso los sunníes que quieren resistir están empezando a ver las votaciones como una forma de resistencia pacífica, no violenta", dijo el mayor Ed R. Sullivan, un oficial militar norteamericano en Ramadi. "Es una tendencia creciente, que no gusta a los extremistas".
El viernes pistoleros mataron a un miembro del ayuntamiento en la ciudad de Hawija, al norte del país, dijo la policía. Un policía iraquí murió durante un allanamiento nocturno en Bagdad, dijeron agencias de prensa.
En Bagdad, trabajadores de Naciones Unidas bajaron su bandera azul y blanco a media asta en la Zona Verde para conmemorar el segundo aniversario del atentado contra la sede de Naciones Unidas en la capital el 19 de agosto de 2003.
Knickmeyer informó desde Bagdad. Robin Wright en Washington, Jonathan Finer en Bagdad y Naseer Nouri y Khalid Saffar en Baghdad contribuyeron a este reportaje.
21 de agosto de 2005
©washington post
©traducción mQh
Mosul, Iraq. El viernes, pistoleros en esta norteña ciudad secuestraron y ejecutaron públicamente a tres activistas árabes sunníes que trabajaban para incorporar a la descontenta minoría sunní al proceso político iraquí, y luego envolvieron sus cuerpos en una pancarta llamando a participar en las elecciones, dijeron funcionarios y testigos.Los asesinatos, ante una horrorizada muchedumbre, fueron el último episodio en una ascendente violencia entre insurgentes y la minoría sunní que ha sido su principal base de apoyo.
Un testigo, Muhammed Khalid, dijo que hombres armados que viajaban en ocho coches secuestraron a los activistas cuando estos colgaban pancartas llamando a los votantes a participar. Una hora después, los pistoleros aparecieron en otro vecindario. Bloquearon las calles laterales, impidieron que la gente escapara y prohibieron a los asustados tenderos que cerraran sus tiendas, dijeron testigos.
"Luego sacaron a tres hombres de los coches y los mataron frente a nosotros", dijo un testigo, Harith Saleem. Mencionó a uno de los asesinos, diciendo: "Este es el castigo para los que promueven las elecciones".
Entretanto, en Ramadi, una ciudad al oeste del país, miembros tribales sunníes mataron a un saudí y tres otros miembros del principal grupo insurgente del país, al Qaeda en Iraq, encabezado por Abu Musab Zarqawi, dijeron testigos y fuentes. También allá los asesinatos marcaron tensiones en rápido aumento entre combatientes extranjeros y sunníes.
La violencia política se produce en momentos en que todos los grupos iraquíes luchan por posiciones para remodelar el país más de dos años después de la caída de Saddam Hussein.
En Bagdad, el debate sobre el papel de la ley islámica ha estancado la redacción de la nueva constitución iraquí, y los iraquíes más laicos rechazan los términos que dijeron que colocarían a Iraq bajo el yugo de los clérigos, dijeron los negociadores.
Los iraquíes deben votar en octubre la nueva constitución y, en diciembre, por su primer gobierno de término completo, que determinará como se interpreta e implementa la constitución.
Los dirigentes políticos de Iraq y los miembros del comité constitucional tienen el lunes el segundo plazo -tras posponerse el primero en una semana- para presentar al parlamento un borrador de constitución, antes de las elecciones de octubre. Estados Unidos y líderes iraquíes han insistido en que la compleción de la constitución calmará la violencia política. Los atentados del viernes, sin embargo, sugieren que el baño de sangre continuará al menos hasta las elecciones programadas de diciembre.
Los negociadores dijeron el viernes que las partes habían alcanzado un acuerdo sobre el difícil tema del federalismo, que determinará el grado de independencia que conservará el norte predominantemente kurdo y el sur chií en la conducción de sus asuntos. El acuerdo alcanzado el viernes reconocería un estado federal kurdo en el norte y daría a otras regiones la misma opción, que deberá ser aprobada por los votantes locales y el parlamento, dijeron funcionarios chiíes y kurdos.
Esos términos allanan el camino del Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Iraq -ahora el partido dominante en el gobierno interino iraquí- para formar un estado federal separado en el sur chií, comprendiendo hasta la mitad de las 18 provincias iraquíes.
Miembros del comité constitucional dijeron que todavía no han alcanzado un acuerdo sobre cómo se distribuirá la riqueza iraquí. Pero la disputa más importante, que emergió el sábado temprano, es sobre el papel del islam. El actual borrador de la constitución estipula que Iraq es un país islámico y que ninguna ley puede contradecir los principios básicos del islam.
Los sunníes más seculares y los kurdos han respaldado cambiar la redacción a principios "acordados" del islam -limitando con ellos seriamente la miríada de normas islámicas que pueden ser aplicadas a las leyes. Los grupos se han mostrado optimistas sobre las perspectivas de obtener esa concesión, pero el sábado temprano dijeron que habían fracasado.
"Si tratas de colocar esas frases, creas una teocracia, y la gente no lo quiere", dijo un negociador, que habló por teléfono y a condición de preservar el anonimato. "Nadie puede beber una cerveza aquí, nadie puede salir a la calle sin un pañuelo. ¿Esto es lo que quiere Estados Unidos?"
Funcionarios dijeron que el embajador norteamericano Zalmay Khalilzad, que ha sido un activo intermediario en las conversaciones, ha apoyado la posición chií más estricta sobre el papel del islam. Khalilzad y sus ayudantes no pudieron ser localizados para que entregaran sus comentarios.
En Washington, un funcionario de gobierno dijo: "Claramente continúa el desacuerdo, pero las negociaciones no se han derrumbado. Están claramente en una etapa crítica. Creo que habrá intensas negociaciones entre todos mañana y durante el fin de semana".
El ataque en Mosul fue dirigido contra miembros del Partido Islámico Iraquí, que ha estado cabildeando para que los sunníes participen en las próximas elecciones. La minoría sunní boicoteó en gran parte las elecciones de enero que instalaron al actual gobierno de transición, dominado por chiíes y kurdos. Las amenazas de los rebeldes también contribuyeron al boicot. La limitada participación dejó a los sunníes con comparativamente poca influencia en el gobierno y en las negociaciones constitucionales.
Las fuerzas de Zarqawi, cobijándose en áreas sunníes en Iraq central y occidental, está amenazando la movida sunní de participar en el proceso político con una feroz determinación.
El jueves pistoleros abrieron el fuego contra una reunión en Ramadi de líderes políticos, tribales y religiosos que discutían la constitución. El gobernador local, que dirige la provincia sunní de Ambar en el oeste del país, estaba en la reunión, pero escapó ileso.
El viernes un líder insurgente saudí, Abu Muhammad Hajeri, del grupo de Zarqawi, fue encontrado muerto en Ramadi con otros tres iraquíes miembros de la resistencia. Miembros sunníes tribales, que hablaron a condición de conservar el anonimato, dijeron que habían sido asesinados por sunníes tribales.
Los asesinatos fueron una venganza por la muerte de miembros de tribus en choques previos este mes, cuando miembros tribales sunníes tomaron las armas para impedir que el grupo de Zarqawi implementara un edicto ordenando la expulsión de los chiíes de la localidad, dijeron miembros de tribus sunníes.
"Incluso los sunníes que quieren resistir están empezando a ver las votaciones como una forma de resistencia pacífica, no violenta", dijo el mayor Ed R. Sullivan, un oficial militar norteamericano en Ramadi. "Es una tendencia creciente, que no gusta a los extremistas".
El viernes pistoleros mataron a un miembro del ayuntamiento en la ciudad de Hawija, al norte del país, dijo la policía. Un policía iraquí murió durante un allanamiento nocturno en Bagdad, dijeron agencias de prensa.
En Bagdad, trabajadores de Naciones Unidas bajaron su bandera azul y blanco a media asta en la Zona Verde para conmemorar el segundo aniversario del atentado contra la sede de Naciones Unidas en la capital el 19 de agosto de 2003.
Knickmeyer informó desde Bagdad. Robin Wright en Washington, Jonathan Finer en Bagdad y Naseer Nouri y Khalid Saffar en Baghdad contribuyeron a este reportaje.
21 de agosto de 2005
©washington post
©traducción mQh
terror kurdo y chií
[Anthony Shadid y Steve Fainaru] Residentes hablan de creciente clima de temor.
Basra, Iraq. Milicias chiíes y kurdas, que operan a menudo como parte de las fuerzas de seguridad del gobierno iraquí, son responsables de una ola de secuestros, asesinatos y otros actos de intimidación para consolidar su control de territorios en el norte y sur de Iraq y ahondando la división del país a lo largo de líneas étnicas y sectarias, de acuerdo a líderes políticos, familias de las víctimas, activistas de derechos humanos y funcionarios iraquíes.
Mientras diputados iraquíes disputan sobre la redacción de la constitución en Bagdad, fuarzas representadas por las milicias y los partidos chiíes y kurdos que las controlan están creando sus propias instituciones de autoridad, que no obedecen a gobiernos elegidos, dijeron activistas y funcionarios. En Basra, en el sur dominado por los chiíes, y en Mosul en el norte kurdo, así como ciudades y pueblos en sus cercanías, muchos residentes dicen que están indefensos frente al creciente poder de las milicias, que instilan un clima de temor que hace recordar a muchos la época del ex presidente Saddam Hussein.
Los partidos y sus brazos armados operan a veces independientemente, y otras veces como parte de unidades del ejército y policía iraquíes adiestradas y equipadas por Estados Unidos y Gran Bretaña y controladas por el gobierno central. Su creciente autoridad les ha permitido apropiarse de territorio, enfrentarse a los que perciben como sus enemigos y proporcionar protección a sus seguidores. Su surgimiento se ha producido debido al vacío de poder en Bagdad y su propio éxito en las elecciones de enero.
Desde la formación de un gobierno esta primavera, Basra, la segunda ciudad de Iraq, ha presenciado docenas de asesinatos, cobrándose la vida de ex miembros del partido gobernante de los baazistas, líderes políticos sunníes y funcionarios de partidos chiíes rivales. Muchos han sido cometidos por hombres uniformados en vehículos policiales, de acuerdo a líderes políticos y familias de las víctimas, y algunos de los cuerpos agujereados de balas son arrojados en la noche en un terreno cubierto de basura conocido como El Lote. El gobernador de la provincia dijo en una entrevista que las milicias chiíes han infiltrado la fuerza policial; un funcionario iraquí calculó que hasta un 90 por ciento de los agentes eran leales a los partidos religiosos.
En todo el norte de Iraq, los partidos kurdos han empleado una red previamente desconocida de al menos cinco centros de detención para encarcelar a cientos de árabes sunníes, turcomanos y de otras minorías, que son secuestrados y trasladados en secreto desde Mosul, la tercera ciudad de Iraq, y de territorios que se estiran hasta la frontera iraní, de acuerdo a dirigentes políticos y familias de los detenidos. Nominalmente bajo la autoridad del ejército iraquí respaldado por Estados Unidos, las milicias han golpeado y amenazado a funcionarios de gobierno y líderes políticos considerados enemigos de los intereses kurdos; un ensangrentado funcionario fue paseado en un camión por la ciudad, dijeron testigos.
"No veo ninguna diferencia entre Saddam y el modo en que los kurdos se están comportando aquí", dijo Nahrain Toma, que encabeza una organización de derechos humanos, Betnahrain, que tiene oficinas en el norte de Iraq y ha recibido varias amenazas de muerte.
Toma dijo que las tácticas estaban erosionando lo que quedaba de la credibilidad de Estados Unidos, debido a que las milicias operan bajo lo que muchos iraquíes consideran la bendición de las fuerzas americanas y británicas. "Nadie quiere tener nada que ver con los americanos", dijo. "¿Por qué? Porque le dieron el poder a los kurdos y a los chiíes. Los demás no tienen derechos".
"Ese es el problema", dijo Majid Sari, asesor en el ministerio iraquí de Defensa en Basra, que viaja con un séquito de seguridad de 25 soldados iraquíes escogidos. "Están tomando dinero del estado, están robando ropas del estado, están apropiándose de vehículos del estado; son leales a los partidos". Al que lo desapruebe, dijo, "lo encontrarás muerto en la calle al día siguiente".
Funcionarios británicos, cuya autoridad se extiende en Basra y partes del sur de Iraq, han calificado los asesinatos de "completamente inaceptables".
"Estamos conscientes de que las acusaciones de que hombres con uniformes de policía, sean policías de verdad o no, están cometiendo serios crímenes en Basra", dijo Karen McLuskie, un portavoz británico. "Estamos explicando nuestras preocupaciones a las autoridades iraquíes al más alto nivel.
"La Organización Báder, una de las milicias más poderosas del sur de Iraq y acusada de muchos de los asesinatos, negó toda participación en ellos. El jefe del grupo en Basra, Ghanim Mayahi, dijo que su organización solamente proporcionaba "apoyo y ayuda" a la policía con milicianos con armas livianas. "No hay ley, no hay orden y la policía tiene miedo de las tribus. Báder no tiene miedo y puede hacer frente a las amenazas".
En el norte, funcionarios kurdos reconocieron que sospechosos de terrorismo en toda la región han sido llevados a varios centros de detención kurdos, pero dijeron que la práctica fue iniciada por el gobierno iraquí con la autorización de las fuerzas armadas norteamericanas. "Es una cuestión de espacio; no hay dónde meterlos y aquí es seguro", dijo Karim Sinjari, ministro del Interior del Gobierno Regional del Kurdistán y un veterano funcionario del Partido Democrático del Kurdistán.
Sin embargo, en junio funcionarios norteamericanos negaron cualquier implicación y pidieron el fin de las "detenciones extrajudiciales". Un memorándum del ministerio de Asuntos Exteriores de la época advertía que los secuestros en la disputada ciudad de Kirkuk en el norte habían "exacerbado enormemente las tensiones a lo largo de líneas puramente étnicas" y amenazaban la posición de Estados Unidos.
Tanto en el norte como en el sur de Iraq, los partidos y sus milicias defienden sus tácticas como un modo de apuntalar la seguridad en un ambiente cada vez más descontrolado. En parte, dicen, su poder refleja su éxito en las elecciones nacionales y locales de enero, en las que el Partido Democrático del Kurdistán y su contraparte, la Unión Patriótica del Kurdistán, y el Consejo Supremo de la Revolución Islámica chií en Iraq y otros partidos islámicos ganaron abrumadoramente en sus regiones respectivas.
Pero los críticos acusan que están luchando por el control con las fuerzas de seguridad para reclamar la ocupación de hecho de territorio y autoridad, dividiendo efectivamente a Iraq incluso mientras los diputados en Bagdad negocian sobre la constitución permanente. "Tenemos la impresión de que nuestros hermanos islámicos quieren poder, independientemente de la ley e independientemente del estado", dijo Rahi Muhajir, que dirige el Partido Comunista en Nasiriyah, a 210 kilómetros al norte de Basra. "Quieren autoridad y se quieren quedar sobre bases permanentes".
Su Propia Justicia
En las calles de Basra, un gris y deprimente puerto de 1.5 millones de habitantes en las riberas del río Shatt al Arab, la fuerza de policía local de 13.600 hombres se ha convertido tanto en un instrumento de temor como de seguridad. Mohammed Musabah, el gobernador de Basra, reconoció que la policía estaba infiltrada por los partidos religiosos, el más poderoso de los cuales es el Consejo Supremo. Su jefe de policía, Hassan Sawadi, fue más lejos. Dijo a un diario inglés, el Guardian, que había perdido el control de tres cuartos de su fuerza policial y que los milicianos dentro de sus filas estaban usando sus posiciones para asesinar a los opositores. Poco después, dijo Musabah, el ministerio del Interior prohibió a Sawadi volver a hablar en público.
Desde mayo los dirigentes políticos estiman que en Basra se han cometido unos 65 asesinatos. Entre ellos estaba el de un teniente coronel en el ministerio de Defensa, un agente de policía de la era del Partido Baaz, un comerciante con lazos con el gobierno de Hussein, dos profesores universitarios y un funcionario municipal que había tratado de combatir la corrupción. También fue asesinado un periodista norteamericano, pero las circunstancias son poco claras.
Musabah, cuyo propio partido islámico Fadhila se cree que tiene una creciente influencia en la fuerza de policía, dijo que había emitido nuevas órdenes para tratar de identificar los coches policiales usados en los asesinatos: Los vehículos deben llevar al lado unos grandes números, y no pueden utilizar cristales teñidos. Trató de desbandar a dos de los grupos más notorios -la policía de inteligencia y asuntos internos-, aunque agentes de menor rango dijeron que todavía operan como una fuerza encubierta en la dirección de la Organización Báder, el brazo armado del Consejo Supremo.
Muchos residentes de Basra dicen que el poder sigue en manos de los que tienen armas. Dicen que los partidos políticos -el Consejo Supremo y el partido Fadhila en particular- se dan cuenta de que ejercer poder sobre la policía es el modo más seguro de obtener influencia y combatir a los rivales.
"Los partidos ejercen su poder a través de las fuerzas de seguridad para imponer sus opiniones políticas", dijo Jamal Khazaal, dirigente del Partido Islámico Iraquí sunní en Basra, que lleva una pistola y viaja con una escolta armada. "El jefe de policía ya no puede controlar a sus propias fuerzas. Ya no es un secreto".
Ammar Muther, miembros de la Policía de Fronteras iraquí desde hace 30 años, trajo a su padre desde la ciudad de Amarah, a 180 kilómetros de Basra, en diciembre. Su padre, un antiguo baazista e ingeniero de misiles en la guerra de Irán-Iraq de 1980-1988, Muther Abadi, había escapado una vez a un intento de asesinato por policías de Basra, que viajaban hacia Amarah en dos furgonetas. Muther pensó que su padre estaría más seguro con él en su casa en Basra.
Un frío día de es mes, recordó Muther, estaba en el centro de la ciudad cuando sonó su móvil. Era su cuñado, y sus palabras sonaron urgentes y cortantes. "Ven inmediatamente a casa", le dijo a Muther entonces.
Cuando Muther llegó, su padre había muerto. Seis policías uniformados con máscaras negras habían entrado a su casa, le dijeron sus familiares. Pusieron una pistola contra la cabeza de su esposa y la encerraron, con su madre y los niños, en el dormitorio. El padre trató de escapar, pero la policía lo capturó. Se agarró a la puerta cuando lo sacaban.
"Los vecinos se limitaron a mirar", dijo Muther. "¿Qué otra cosa podían hacer? Era la policía.
"Muther buscó a su padre secuestrado durante cinco horas en las calles de Basra. Cuando el sol se empezó a poner, abandonó la búsqueda y volvió a casa. Minutos después, un amigo entró corriendo a su casa, llorando. Había oído que el padre de Muther había sido asesinado.
Esa tarde, el cuerpo del padre fue encontrado en El Lote, entre latas oxidadas y botellas de agua. Le habían disparado cinco veces -dos en el pecho, dos en la cara y una vez en la sien.
"Impusieron su propia justicia", dijo Muther, secándose los ojos.
Un Laberinto de Prisiones
Los secuestros generalizados han impuesto el temor en todo el norte de Iraq y llevado a familias a desesperadas búsquedas de familiares que desaparecen en un laberinto de prisiones en el Kurdistán, la región semi-autónoma controlada por dos partidos kurdos. Informes sobre los desaparecidos se extienden a través de un arco que cruza las fronteras siria, kurda e iraní.
Hussein Saad Hussein, 60, dijo que había empezado a buscar a su hijo Amar en diciembre, después de que el trabajador de hotel de 33 años de Mosul fuera detenido en un allanamiento conjunto americano-iraquí, junto a otros tres hombres, incluyendo al sobrino y al cuñado de Hussein. Hussein dijo que no había oído nada durante semanas hasta que unos detenidos liberados le dijeron que habían visto a Amar en una cárcel en la ciudad kurda de Dahuk. Envió a su hija Sukaina a la prisión, pero allá "negaron que estuviera ahí", dijo Hussein.
En marzo, el Comité Internacional de la Cruz Roja, que supervisa las prisiones, envió cartas del sobrino y cuñado de Hussein. Las cartas estaban datadas el 15 de marzo y llegaron desde un centro de detención no en Dahuk, sino en Irbil, una ciudad dominada por el Partido Democrático del Kurdistán. "Dios sabe, y tú sabes..." escribió el sobrino de Hussein. Los censores habían borrado las otras palabras.
"Nota: Escribí esta carta en presencia de Amar", escribió el sobrino. "Está conmigo en el mismo cuarto".
Hussein envió a Sukaina a Irbil a buscar a Amar. "Ella les mostró las cartas", dijo Hussein. "Dijeron: No, esa gente no está aquí'".
"Semanas más tarde, Hussein se enteró por detenidos liberados que Amar y los otros habían sido trasladados a otra cárcel en la ciudad balneario de Shaklawa, a 32 kilómetros al nordeste de Irbil. Sukeina encontró allá a su hermano. "Las condiciones son mejores en Shaklawa que en Irbil", dijo Hussein, seco. "Cuando duerme puede estirar las piernas".
Los kurdos tienen a los detenidos en prisiones en Irbil, Sulaymaniyah, Dahuk, Akrah y Shaklawa, de acuerdo a activistas de derechos humanos, dirigentes políticos y detenidos liberados.
Se desconoce el número total de detenidos. En junio, las fuerzas armadas estadounidenses dijeron que habían apuntado 180 casos solamente en Kirkuk; dirigentes políticos calcularon que había más de 500. Wisam al Saadi, director adjunto de la Organización Islámica por los Derechos Humanos, dijo que 120 familias de Mosul que buscaban a familiares el mes pasado habían presentado quejas. Nawazad Qadir, director de la sección en Irbil de la Sociedad de la Medialuna Roja, dijo que cientos de personas están detenidas en esa ciudad, y cientos más en otras cárceles.
Un ex detenido, Abdul Raheem Faraj, 41, un activista de derechos humanos de Mosul, dijo que fue detenido el 21 de noviembre en un allanamiento conjunto americano-iraquí en el centro de Mosul. Dentro de horas, dijo, los americanos le dijeron que lo consideraban inocente y pensaban dejarlo en libertad. Una hora después de eso, dijo, milicianos kurdos le vendaron la vista, lo metieron en el maletero de un sedán Opel y lo llevaron a Dahul. Dijo que había pasado allá seis meses y cuatro días, la mayor parte de las veces en un cuarto sin ventanas en un sótano en un centro controlado por la policía secreta kurda, la Asayesh.
"Violaron mis derechos. ¿A quién se supone que debo acusar?", dijo la semana pasada. "¿A los americanos? Son los americanos los que dieron a los kurdos la oportunidad de hacer esto".
Tienen las Armas
En todo el sur de Iraq el Consejo Supremo y otros partidos islámicos han consolidado su control de las ciudades a lo largo de los valles sureños de los ríos Tigris y Eúfrates a través de una mezcla de patronaje y coerción, dijeron vecinos y dirigentes políticos.
En Nasiriyah, el ayuntamiento dominado por los partidos islámicos que llegaron al poder en las elecciones de enero, decidió formar un nuevo batallón de policía de 287 miembros. Cada miembro del consejo debía nombrar a siete policías, dijo Muhajir, el dirigente comunista, dando a los partidos islámicos más fuertes una abrumadora mayoría. "La formación de la fuerza policial es para servir a los partidos", dijo.
En las ciudades del sur, dijeron varios dirigentes políticos, otros nombramientos en las fuerzas de seguridad, la defensa civil, la burocracia y las compañías de propiedad del estado exigen una recomendación del partido que puede costar entre 100 y 1.000 dólares.
"Los partidos se han convertido en negocios", dijo Khazaal, el líder de partido en Basra.
El lado coercitivo del poder de los partidos son las milicias. En ciudades como Nasiriyah, el Consejo Supremo y las fuerzas leales al joven clérigo Moqtada Sáer todavía mantienen fuerzas armadas que operan dentro de la fuerza policial e independientemente.
El Ejército Mahdi de Sáder, considerada la fuerza más poderosa en las calles, envió este mes lo que llama un batalló de 240 hombres a detectar coches-bomba en Suq al-Shuyukh, al sudeste de Nasiriyah. Se apostaron en las entradas, salidas y cruces de la ciudad durante 48 horas, dijo Ali Zaidi, el comandante de la milicia en Nasiriyah. "El Ejército Mahdi está en todas partes", dijo.
El Consejo Supremo ha actuado agresivamente para hacerse con el control de las fuerzas de policía en ciudades como Nasiriyah, Amarah y Diwaniyah, ayudado por el control del partido del ministerio del Interior en Bagdad.
En febrero, 70 hombres que pertenecían a su milicia atacaron el cuartel general del jefe de policía de Nasiriyah, el general Mohammed Hajami, en un intento de expulsarlo. Docenas de rondas de metralla y granadas hicieron agujeros en la fachada del edificio. Aunque Hajami calculaba que un 70 por ciento de sus hombres eran leales a los partidos islámicos y no a él, él y un puñado de leales rechazaron a los atacantes.
Dos meses después, Hajamo viajó a Italia para un curso de adiestramiento. Su séquito de seguridad tomó libre. Mientras estaba fuera, la milicia del Consejo Supremo volvió a aparecerse por su cuartel con cuatro furgonetas y un coche policial, recordaron sus ayudantes. Los milicianos irrumpieron en la oficina vacía de Hajami. Esta vez, y sin disparar un solo tiro, el Consejo Supremo instaló a un nuevo jefe de policía.
"Si controlan a la policía, controlan la ciudad. De momento, es el único poder", dijo el hermano de Hajami, Kadhim, un agente de policía. "Incluso si cae el gobierno, se van a quedar, porque tienen las armas.
"La milicia del Consejo Supremo, conocida antes como las Brigadas Báder, se ha vuelto a bautizar como Organización Báder. Sus dirigentes dijeron que se han convertido en una organización civil, aunque conservan armas ligeras. Conservan su estilo clandestino, incubado durante dos décadas de exilio en Irán. La sede de la milicia en Basra no tiene letreros; sus líderes se niegan a dar sus números de teléfono.
Una Movida para Dominar
Las detenciones en el área de Mosul aumentaron después de que la fuerza policial de la ciudad, de 7.000 hombres, se derrumbara durante una ofensiva insurgente en noviembre, de acuerdo a dirigentes políticos, activistas de derechos humanos y familiares de los detenidos.
Desesperado por imponer el orden, los militares norteamericanos han introducido a la experimentada milicia kurda, los pesh merga, bajo los auspicios del nuevo ejército iraquí. Además de velar por la seguridad, los milicianos han ayudado a los kurdos a tomar control de gran parte de la meseta de Nineveh, un árido llano con docenas de ciudades y pueblos que incluyen a cristianos asirios y caldeanos, turcomanos y una secta poco conocida de musulmanes chiíes que se llaman shabak.
Muchos soldados kurdos llevan, en las mangas de sus uniformes del ejército iraquí, un parche con la bandera nacional roja, blanca y verde del Kurdistán, con su emblema de un sol dorado. En la autopista a Mosul, los puestos de control del ejército iraquí exhiben abiertamente la bandera kurda.
Qaraqosh, un pueblo de 25.000 habitantes a unos 32 kilómetros al sudeste de Mosul, demuestra cómo aplican los kurdos su creciente poder en el norte. Los kurdos, según todas las informaciones, no constituyen más del 1 por ciento de la población. Pero los dirigentes políticos kurdos no han ocultado sus intenciones de dominio: "Bajo el parlamento y gobierno de la región del Kurdistán, los asirios, caldeos y turcomanos disfrutarán de sus derechos", dice una pancarta en la fachada de la sede del Partido Democrático del Kurdistán.
Luqman Mohammed Rashid Wardak, miembro del comité local del partido que tiene el sol kurdo tatuado en el empeine de la mano derecha, dijo que esperaba que Qaraqosh fuera cedida a los kurdos después de que el área "se normalice". Entretanto, dijo, "estamos presentando nuestras ideas políticas a la gente". Wardak dijo que el Gobierno Regional Kurdo ya ha distribuido 6.000 dólares a familias pobres. "Debido a que este área no pertenece oficialmente a la región del Kurdistán", dijo, "el dinero llega al partido y el partido les paga a ellos". El partido tiene una "fuerza de protección" de 700 hombres, y paga a los guardias 150 dólares al mes.
Pero cuando la largueza no basta, el partido utiliza la fuerza. El 5 de diciembre, funcionarios locales del partido ordenaron al director de la oficina regional de tierras, Bahnam Habeed, que desobedeciera una orden del gobierno central de distribuir parcelas de tierra a ex oficiales y soldados del ejército iraquí.
Habeeb, que se negó a ser entrevistado, dijo al partido que él podía paralizar la distribución sólo si recibía una orden de una "autoridad mayor" -sea el gobierno provincial en Mosul o el gobierno central en Bagdad.
Quince minutos después, cinco furgonetas llenas de milicianos aparcaron frente al edificio, de acuerdo a testigos. Los milicianos sacaron de su silla al barrigudo Habeeb, 53, y lo golpearon con sus puños y la culata de sus rifles, dijeron testigos. Los soldados lo colocaron cabeza abajo en el piso de una furgoneta, pusieron sus botas en su espalda y piernas y lo llevaron a dar un paseo "para mostrar a todo el mundo lo que habían hecho", dijo un testigo que pidió no ser identificado por temor a las represalias.
"No existe la ley", dijo un funcionario de 40 años del ministerio del Transporte, que estuvo detenido el mes pasado en Dahuk durante cinco días. El funcionario dijo que un agente kurdo lo acusó de "escribir en internet contra los kurdos".
"Libertad' y libertades' son sólo palabras escritas en un papel", dijo. "La ley ahora es que el pez más gordo se come al más chico".
Fainaru informó desde Qaraqosh.
21 de agosto de 2005
©washington post
©traducción mQh
"
Basra, Iraq. Milicias chiíes y kurdas, que operan a menudo como parte de las fuerzas de seguridad del gobierno iraquí, son responsables de una ola de secuestros, asesinatos y otros actos de intimidación para consolidar su control de territorios en el norte y sur de Iraq y ahondando la división del país a lo largo de líneas étnicas y sectarias, de acuerdo a líderes políticos, familias de las víctimas, activistas de derechos humanos y funcionarios iraquíes.Mientras diputados iraquíes disputan sobre la redacción de la constitución en Bagdad, fuarzas representadas por las milicias y los partidos chiíes y kurdos que las controlan están creando sus propias instituciones de autoridad, que no obedecen a gobiernos elegidos, dijeron activistas y funcionarios. En Basra, en el sur dominado por los chiíes, y en Mosul en el norte kurdo, así como ciudades y pueblos en sus cercanías, muchos residentes dicen que están indefensos frente al creciente poder de las milicias, que instilan un clima de temor que hace recordar a muchos la época del ex presidente Saddam Hussein.
Los partidos y sus brazos armados operan a veces independientemente, y otras veces como parte de unidades del ejército y policía iraquíes adiestradas y equipadas por Estados Unidos y Gran Bretaña y controladas por el gobierno central. Su creciente autoridad les ha permitido apropiarse de territorio, enfrentarse a los que perciben como sus enemigos y proporcionar protección a sus seguidores. Su surgimiento se ha producido debido al vacío de poder en Bagdad y su propio éxito en las elecciones de enero.
Desde la formación de un gobierno esta primavera, Basra, la segunda ciudad de Iraq, ha presenciado docenas de asesinatos, cobrándose la vida de ex miembros del partido gobernante de los baazistas, líderes políticos sunníes y funcionarios de partidos chiíes rivales. Muchos han sido cometidos por hombres uniformados en vehículos policiales, de acuerdo a líderes políticos y familias de las víctimas, y algunos de los cuerpos agujereados de balas son arrojados en la noche en un terreno cubierto de basura conocido como El Lote. El gobernador de la provincia dijo en una entrevista que las milicias chiíes han infiltrado la fuerza policial; un funcionario iraquí calculó que hasta un 90 por ciento de los agentes eran leales a los partidos religiosos.
En todo el norte de Iraq, los partidos kurdos han empleado una red previamente desconocida de al menos cinco centros de detención para encarcelar a cientos de árabes sunníes, turcomanos y de otras minorías, que son secuestrados y trasladados en secreto desde Mosul, la tercera ciudad de Iraq, y de territorios que se estiran hasta la frontera iraní, de acuerdo a dirigentes políticos y familias de los detenidos. Nominalmente bajo la autoridad del ejército iraquí respaldado por Estados Unidos, las milicias han golpeado y amenazado a funcionarios de gobierno y líderes políticos considerados enemigos de los intereses kurdos; un ensangrentado funcionario fue paseado en un camión por la ciudad, dijeron testigos.
"No veo ninguna diferencia entre Saddam y el modo en que los kurdos se están comportando aquí", dijo Nahrain Toma, que encabeza una organización de derechos humanos, Betnahrain, que tiene oficinas en el norte de Iraq y ha recibido varias amenazas de muerte.
Toma dijo que las tácticas estaban erosionando lo que quedaba de la credibilidad de Estados Unidos, debido a que las milicias operan bajo lo que muchos iraquíes consideran la bendición de las fuerzas americanas y británicas. "Nadie quiere tener nada que ver con los americanos", dijo. "¿Por qué? Porque le dieron el poder a los kurdos y a los chiíes. Los demás no tienen derechos".
"Ese es el problema", dijo Majid Sari, asesor en el ministerio iraquí de Defensa en Basra, que viaja con un séquito de seguridad de 25 soldados iraquíes escogidos. "Están tomando dinero del estado, están robando ropas del estado, están apropiándose de vehículos del estado; son leales a los partidos". Al que lo desapruebe, dijo, "lo encontrarás muerto en la calle al día siguiente".
Funcionarios británicos, cuya autoridad se extiende en Basra y partes del sur de Iraq, han calificado los asesinatos de "completamente inaceptables".
"Estamos conscientes de que las acusaciones de que hombres con uniformes de policía, sean policías de verdad o no, están cometiendo serios crímenes en Basra", dijo Karen McLuskie, un portavoz británico. "Estamos explicando nuestras preocupaciones a las autoridades iraquíes al más alto nivel.
"La Organización Báder, una de las milicias más poderosas del sur de Iraq y acusada de muchos de los asesinatos, negó toda participación en ellos. El jefe del grupo en Basra, Ghanim Mayahi, dijo que su organización solamente proporcionaba "apoyo y ayuda" a la policía con milicianos con armas livianas. "No hay ley, no hay orden y la policía tiene miedo de las tribus. Báder no tiene miedo y puede hacer frente a las amenazas".
En el norte, funcionarios kurdos reconocieron que sospechosos de terrorismo en toda la región han sido llevados a varios centros de detención kurdos, pero dijeron que la práctica fue iniciada por el gobierno iraquí con la autorización de las fuerzas armadas norteamericanas. "Es una cuestión de espacio; no hay dónde meterlos y aquí es seguro", dijo Karim Sinjari, ministro del Interior del Gobierno Regional del Kurdistán y un veterano funcionario del Partido Democrático del Kurdistán.
Sin embargo, en junio funcionarios norteamericanos negaron cualquier implicación y pidieron el fin de las "detenciones extrajudiciales". Un memorándum del ministerio de Asuntos Exteriores de la época advertía que los secuestros en la disputada ciudad de Kirkuk en el norte habían "exacerbado enormemente las tensiones a lo largo de líneas puramente étnicas" y amenazaban la posición de Estados Unidos.
Tanto en el norte como en el sur de Iraq, los partidos y sus milicias defienden sus tácticas como un modo de apuntalar la seguridad en un ambiente cada vez más descontrolado. En parte, dicen, su poder refleja su éxito en las elecciones nacionales y locales de enero, en las que el Partido Democrático del Kurdistán y su contraparte, la Unión Patriótica del Kurdistán, y el Consejo Supremo de la Revolución Islámica chií en Iraq y otros partidos islámicos ganaron abrumadoramente en sus regiones respectivas.
Pero los críticos acusan que están luchando por el control con las fuerzas de seguridad para reclamar la ocupación de hecho de territorio y autoridad, dividiendo efectivamente a Iraq incluso mientras los diputados en Bagdad negocian sobre la constitución permanente. "Tenemos la impresión de que nuestros hermanos islámicos quieren poder, independientemente de la ley e independientemente del estado", dijo Rahi Muhajir, que dirige el Partido Comunista en Nasiriyah, a 210 kilómetros al norte de Basra. "Quieren autoridad y se quieren quedar sobre bases permanentes".
Su Propia Justicia
En las calles de Basra, un gris y deprimente puerto de 1.5 millones de habitantes en las riberas del río Shatt al Arab, la fuerza de policía local de 13.600 hombres se ha convertido tanto en un instrumento de temor como de seguridad. Mohammed Musabah, el gobernador de Basra, reconoció que la policía estaba infiltrada por los partidos religiosos, el más poderoso de los cuales es el Consejo Supremo. Su jefe de policía, Hassan Sawadi, fue más lejos. Dijo a un diario inglés, el Guardian, que había perdido el control de tres cuartos de su fuerza policial y que los milicianos dentro de sus filas estaban usando sus posiciones para asesinar a los opositores. Poco después, dijo Musabah, el ministerio del Interior prohibió a Sawadi volver a hablar en público.
Desde mayo los dirigentes políticos estiman que en Basra se han cometido unos 65 asesinatos. Entre ellos estaba el de un teniente coronel en el ministerio de Defensa, un agente de policía de la era del Partido Baaz, un comerciante con lazos con el gobierno de Hussein, dos profesores universitarios y un funcionario municipal que había tratado de combatir la corrupción. También fue asesinado un periodista norteamericano, pero las circunstancias son poco claras.
Musabah, cuyo propio partido islámico Fadhila se cree que tiene una creciente influencia en la fuerza de policía, dijo que había emitido nuevas órdenes para tratar de identificar los coches policiales usados en los asesinatos: Los vehículos deben llevar al lado unos grandes números, y no pueden utilizar cristales teñidos. Trató de desbandar a dos de los grupos más notorios -la policía de inteligencia y asuntos internos-, aunque agentes de menor rango dijeron que todavía operan como una fuerza encubierta en la dirección de la Organización Báder, el brazo armado del Consejo Supremo.
Muchos residentes de Basra dicen que el poder sigue en manos de los que tienen armas. Dicen que los partidos políticos -el Consejo Supremo y el partido Fadhila en particular- se dan cuenta de que ejercer poder sobre la policía es el modo más seguro de obtener influencia y combatir a los rivales.
"Los partidos ejercen su poder a través de las fuerzas de seguridad para imponer sus opiniones políticas", dijo Jamal Khazaal, dirigente del Partido Islámico Iraquí sunní en Basra, que lleva una pistola y viaja con una escolta armada. "El jefe de policía ya no puede controlar a sus propias fuerzas. Ya no es un secreto".
Ammar Muther, miembros de la Policía de Fronteras iraquí desde hace 30 años, trajo a su padre desde la ciudad de Amarah, a 180 kilómetros de Basra, en diciembre. Su padre, un antiguo baazista e ingeniero de misiles en la guerra de Irán-Iraq de 1980-1988, Muther Abadi, había escapado una vez a un intento de asesinato por policías de Basra, que viajaban hacia Amarah en dos furgonetas. Muther pensó que su padre estaría más seguro con él en su casa en Basra.
Un frío día de es mes, recordó Muther, estaba en el centro de la ciudad cuando sonó su móvil. Era su cuñado, y sus palabras sonaron urgentes y cortantes. "Ven inmediatamente a casa", le dijo a Muther entonces.
Cuando Muther llegó, su padre había muerto. Seis policías uniformados con máscaras negras habían entrado a su casa, le dijeron sus familiares. Pusieron una pistola contra la cabeza de su esposa y la encerraron, con su madre y los niños, en el dormitorio. El padre trató de escapar, pero la policía lo capturó. Se agarró a la puerta cuando lo sacaban.
"Los vecinos se limitaron a mirar", dijo Muther. "¿Qué otra cosa podían hacer? Era la policía.
"Muther buscó a su padre secuestrado durante cinco horas en las calles de Basra. Cuando el sol se empezó a poner, abandonó la búsqueda y volvió a casa. Minutos después, un amigo entró corriendo a su casa, llorando. Había oído que el padre de Muther había sido asesinado.
Esa tarde, el cuerpo del padre fue encontrado en El Lote, entre latas oxidadas y botellas de agua. Le habían disparado cinco veces -dos en el pecho, dos en la cara y una vez en la sien.
"Impusieron su propia justicia", dijo Muther, secándose los ojos.
Un Laberinto de Prisiones
Los secuestros generalizados han impuesto el temor en todo el norte de Iraq y llevado a familias a desesperadas búsquedas de familiares que desaparecen en un laberinto de prisiones en el Kurdistán, la región semi-autónoma controlada por dos partidos kurdos. Informes sobre los desaparecidos se extienden a través de un arco que cruza las fronteras siria, kurda e iraní.
Hussein Saad Hussein, 60, dijo que había empezado a buscar a su hijo Amar en diciembre, después de que el trabajador de hotel de 33 años de Mosul fuera detenido en un allanamiento conjunto americano-iraquí, junto a otros tres hombres, incluyendo al sobrino y al cuñado de Hussein. Hussein dijo que no había oído nada durante semanas hasta que unos detenidos liberados le dijeron que habían visto a Amar en una cárcel en la ciudad kurda de Dahuk. Envió a su hija Sukaina a la prisión, pero allá "negaron que estuviera ahí", dijo Hussein.
En marzo, el Comité Internacional de la Cruz Roja, que supervisa las prisiones, envió cartas del sobrino y cuñado de Hussein. Las cartas estaban datadas el 15 de marzo y llegaron desde un centro de detención no en Dahuk, sino en Irbil, una ciudad dominada por el Partido Democrático del Kurdistán. "Dios sabe, y tú sabes..." escribió el sobrino de Hussein. Los censores habían borrado las otras palabras.
"Nota: Escribí esta carta en presencia de Amar", escribió el sobrino. "Está conmigo en el mismo cuarto".
Hussein envió a Sukaina a Irbil a buscar a Amar. "Ella les mostró las cartas", dijo Hussein. "Dijeron: No, esa gente no está aquí'".
"Semanas más tarde, Hussein se enteró por detenidos liberados que Amar y los otros habían sido trasladados a otra cárcel en la ciudad balneario de Shaklawa, a 32 kilómetros al nordeste de Irbil. Sukeina encontró allá a su hermano. "Las condiciones son mejores en Shaklawa que en Irbil", dijo Hussein, seco. "Cuando duerme puede estirar las piernas".
Los kurdos tienen a los detenidos en prisiones en Irbil, Sulaymaniyah, Dahuk, Akrah y Shaklawa, de acuerdo a activistas de derechos humanos, dirigentes políticos y detenidos liberados.
Se desconoce el número total de detenidos. En junio, las fuerzas armadas estadounidenses dijeron que habían apuntado 180 casos solamente en Kirkuk; dirigentes políticos calcularon que había más de 500. Wisam al Saadi, director adjunto de la Organización Islámica por los Derechos Humanos, dijo que 120 familias de Mosul que buscaban a familiares el mes pasado habían presentado quejas. Nawazad Qadir, director de la sección en Irbil de la Sociedad de la Medialuna Roja, dijo que cientos de personas están detenidas en esa ciudad, y cientos más en otras cárceles.
Un ex detenido, Abdul Raheem Faraj, 41, un activista de derechos humanos de Mosul, dijo que fue detenido el 21 de noviembre en un allanamiento conjunto americano-iraquí en el centro de Mosul. Dentro de horas, dijo, los americanos le dijeron que lo consideraban inocente y pensaban dejarlo en libertad. Una hora después de eso, dijo, milicianos kurdos le vendaron la vista, lo metieron en el maletero de un sedán Opel y lo llevaron a Dahul. Dijo que había pasado allá seis meses y cuatro días, la mayor parte de las veces en un cuarto sin ventanas en un sótano en un centro controlado por la policía secreta kurda, la Asayesh.
"Violaron mis derechos. ¿A quién se supone que debo acusar?", dijo la semana pasada. "¿A los americanos? Son los americanos los que dieron a los kurdos la oportunidad de hacer esto".
Tienen las Armas
En todo el sur de Iraq el Consejo Supremo y otros partidos islámicos han consolidado su control de las ciudades a lo largo de los valles sureños de los ríos Tigris y Eúfrates a través de una mezcla de patronaje y coerción, dijeron vecinos y dirigentes políticos.
En Nasiriyah, el ayuntamiento dominado por los partidos islámicos que llegaron al poder en las elecciones de enero, decidió formar un nuevo batallón de policía de 287 miembros. Cada miembro del consejo debía nombrar a siete policías, dijo Muhajir, el dirigente comunista, dando a los partidos islámicos más fuertes una abrumadora mayoría. "La formación de la fuerza policial es para servir a los partidos", dijo.
En las ciudades del sur, dijeron varios dirigentes políticos, otros nombramientos en las fuerzas de seguridad, la defensa civil, la burocracia y las compañías de propiedad del estado exigen una recomendación del partido que puede costar entre 100 y 1.000 dólares.
"Los partidos se han convertido en negocios", dijo Khazaal, el líder de partido en Basra.
El lado coercitivo del poder de los partidos son las milicias. En ciudades como Nasiriyah, el Consejo Supremo y las fuerzas leales al joven clérigo Moqtada Sáer todavía mantienen fuerzas armadas que operan dentro de la fuerza policial e independientemente.
El Ejército Mahdi de Sáder, considerada la fuerza más poderosa en las calles, envió este mes lo que llama un batalló de 240 hombres a detectar coches-bomba en Suq al-Shuyukh, al sudeste de Nasiriyah. Se apostaron en las entradas, salidas y cruces de la ciudad durante 48 horas, dijo Ali Zaidi, el comandante de la milicia en Nasiriyah. "El Ejército Mahdi está en todas partes", dijo.
El Consejo Supremo ha actuado agresivamente para hacerse con el control de las fuerzas de policía en ciudades como Nasiriyah, Amarah y Diwaniyah, ayudado por el control del partido del ministerio del Interior en Bagdad.
En febrero, 70 hombres que pertenecían a su milicia atacaron el cuartel general del jefe de policía de Nasiriyah, el general Mohammed Hajami, en un intento de expulsarlo. Docenas de rondas de metralla y granadas hicieron agujeros en la fachada del edificio. Aunque Hajami calculaba que un 70 por ciento de sus hombres eran leales a los partidos islámicos y no a él, él y un puñado de leales rechazaron a los atacantes.
Dos meses después, Hajamo viajó a Italia para un curso de adiestramiento. Su séquito de seguridad tomó libre. Mientras estaba fuera, la milicia del Consejo Supremo volvió a aparecerse por su cuartel con cuatro furgonetas y un coche policial, recordaron sus ayudantes. Los milicianos irrumpieron en la oficina vacía de Hajami. Esta vez, y sin disparar un solo tiro, el Consejo Supremo instaló a un nuevo jefe de policía.
"Si controlan a la policía, controlan la ciudad. De momento, es el único poder", dijo el hermano de Hajami, Kadhim, un agente de policía. "Incluso si cae el gobierno, se van a quedar, porque tienen las armas.
"La milicia del Consejo Supremo, conocida antes como las Brigadas Báder, se ha vuelto a bautizar como Organización Báder. Sus dirigentes dijeron que se han convertido en una organización civil, aunque conservan armas ligeras. Conservan su estilo clandestino, incubado durante dos décadas de exilio en Irán. La sede de la milicia en Basra no tiene letreros; sus líderes se niegan a dar sus números de teléfono.
Una Movida para Dominar
Las detenciones en el área de Mosul aumentaron después de que la fuerza policial de la ciudad, de 7.000 hombres, se derrumbara durante una ofensiva insurgente en noviembre, de acuerdo a dirigentes políticos, activistas de derechos humanos y familiares de los detenidos.
Desesperado por imponer el orden, los militares norteamericanos han introducido a la experimentada milicia kurda, los pesh merga, bajo los auspicios del nuevo ejército iraquí. Además de velar por la seguridad, los milicianos han ayudado a los kurdos a tomar control de gran parte de la meseta de Nineveh, un árido llano con docenas de ciudades y pueblos que incluyen a cristianos asirios y caldeanos, turcomanos y una secta poco conocida de musulmanes chiíes que se llaman shabak.
Muchos soldados kurdos llevan, en las mangas de sus uniformes del ejército iraquí, un parche con la bandera nacional roja, blanca y verde del Kurdistán, con su emblema de un sol dorado. En la autopista a Mosul, los puestos de control del ejército iraquí exhiben abiertamente la bandera kurda.
Qaraqosh, un pueblo de 25.000 habitantes a unos 32 kilómetros al sudeste de Mosul, demuestra cómo aplican los kurdos su creciente poder en el norte. Los kurdos, según todas las informaciones, no constituyen más del 1 por ciento de la población. Pero los dirigentes políticos kurdos no han ocultado sus intenciones de dominio: "Bajo el parlamento y gobierno de la región del Kurdistán, los asirios, caldeos y turcomanos disfrutarán de sus derechos", dice una pancarta en la fachada de la sede del Partido Democrático del Kurdistán.
Luqman Mohammed Rashid Wardak, miembro del comité local del partido que tiene el sol kurdo tatuado en el empeine de la mano derecha, dijo que esperaba que Qaraqosh fuera cedida a los kurdos después de que el área "se normalice". Entretanto, dijo, "estamos presentando nuestras ideas políticas a la gente". Wardak dijo que el Gobierno Regional Kurdo ya ha distribuido 6.000 dólares a familias pobres. "Debido a que este área no pertenece oficialmente a la región del Kurdistán", dijo, "el dinero llega al partido y el partido les paga a ellos". El partido tiene una "fuerza de protección" de 700 hombres, y paga a los guardias 150 dólares al mes.
Pero cuando la largueza no basta, el partido utiliza la fuerza. El 5 de diciembre, funcionarios locales del partido ordenaron al director de la oficina regional de tierras, Bahnam Habeed, que desobedeciera una orden del gobierno central de distribuir parcelas de tierra a ex oficiales y soldados del ejército iraquí.
Habeeb, que se negó a ser entrevistado, dijo al partido que él podía paralizar la distribución sólo si recibía una orden de una "autoridad mayor" -sea el gobierno provincial en Mosul o el gobierno central en Bagdad.
Quince minutos después, cinco furgonetas llenas de milicianos aparcaron frente al edificio, de acuerdo a testigos. Los milicianos sacaron de su silla al barrigudo Habeeb, 53, y lo golpearon con sus puños y la culata de sus rifles, dijeron testigos. Los soldados lo colocaron cabeza abajo en el piso de una furgoneta, pusieron sus botas en su espalda y piernas y lo llevaron a dar un paseo "para mostrar a todo el mundo lo que habían hecho", dijo un testigo que pidió no ser identificado por temor a las represalias.
"No existe la ley", dijo un funcionario de 40 años del ministerio del Transporte, que estuvo detenido el mes pasado en Dahuk durante cinco días. El funcionario dijo que un agente kurdo lo acusó de "escribir en internet contra los kurdos".
"Libertad' y libertades' son sólo palabras escritas en un papel", dijo. "La ley ahora es que el pez más gordo se come al más chico".
Fainaru informó desde Qaraqosh.
21 de agosto de 2005
©washington post
©traducción mQh
"
sunníes contra al-qaeda
[Ellen Knickmeyer y Jonathan Finer] En defensa de chiíes. Tribus rechazan intento de Zarqawi de expulsar a los habitantes de una ciudad en el oeste del país.
Bagdad, Iraq. Levantándose contra el líder insurgente Abu Musab Zarqawi, los musulmanes sunníes de Iraq pelearon el sábado pasado en Ramadi con lanzagranadas y armas automáticas para defender a sus vecinos chiíes contra un intento de expulsarlos de la ciudad, dijeron líderes sunníes y vecinos chiíes. El enfrentamiento se produjo cuando los militares norteamericanos anunciaban la muerte de seis soldados americanos.
Docenas de miembros sunníes de la tribu Dulaimi montaron cordones en torno a casas chiíes, y hombres sunníes combatieron el sábado en la mañana durante una hora contra los seguidores de Zarqawi, un jordano. En los enfrentamientos murieron cinco milicianos de Zarqawi y dos combatientes tribales, dijeron vecinos y empleados del hospital. Los seguidores de Zarqawi se marcharon de dos barrios en disputa en camiones desprovistos de sus matrículas, dijeron testigos.
Los líderes de cuatro tribus sunníes de Iraq han reunido a sus milicianos en respuesta a avisos colocados en mezquitas por seguidores de Zarqawi. Los anuncios ordenaban a los casi 3.000 chiíes de Ramadi a abandonar la ciudad de más de 200.000 habitantes del área conocida como el Triángulo Sunní. La orden de expulsión dentro de 48 horas se produjo como venganza por supuestas expulsiones efectuadas por milicias chiíes de sunníes que viven en el sur de Iraq, predominantemente chií.
"Ya hemos tenido bastante de sin sentidos", dijo el jeque Ahmad Khanjar, jefe del clan Albu Ali, refiriéndose a Zarqawi. "No aceptamos que alguien que no es iraquí trate de controlar a los iraquíes, independientemente de su secta -sean sunníes, chiíes, árabes o kurdos".
Líderes tribales sunníes de Iraq y seguidores armados de Zarqawi se han enfrentado antes en el oeste, y sunníes y chiíes en las ciudades del poniente se han unido contra lo que dicen son intentos de los milicianos extranjeros de encender un conflicto sectario declarado. Pero el enfrentamiento del sábado en Ramadi fue una de las primeras veces que se sepa que árabes sunníes han tomado las armas contra los rebeldes específicamente en defensa de los chiíes.
La dramática muestra de unidad en la ciudad se produjo mientras árabes sunníes y chiíes y kurdos étnicos en Bagdad continuaban las negociaciones sobre la constitución del país. Intentaron cumplir con el plazo del lunes, pero no lograron resolver algunas diferencias fundamentales.
Las diferencias sobre el federalismo -particularmente si se permitirá que los chiíes tengan un estado federal separado en el sur equivalente al que han establecido los kurdos en el norte- sigue siendo el principal obstáculo. Los árabes sunníes se oponen rígidamente a la división, expresando sus temores de que dividirá a Iraq y dejará a la minoría sunní estancado en el centro y oeste del país, que son regiones sin recursos.
El enfrentamiento en Ramadi sugiere una amenaza potencialmente seria para el grupo de Zarqawi, al-Qaeda en Iraq, que está formado por extremistas sunníes dentro y fuera de Iraq. La resistencia ha atacado a civiles chiíes junto con tropas norteamericanas e iraquíes, especialmente con espeluznantes atentados suicidas que han matado a cientos de chiíes a la vez. Los seguidores de Zarqawi ven a los chiíes como rivales por el poder y apóstatas dentro de la religión musulmana.
Washington y el gobierno de transición respaldado por Estados Unidos han trabajado para separar a la opinión pública sunní de los combatientes extranjeros radicales, con la esperanza de alejarlos de la resistencia e incorporarlos al proceso político que muchos rechazaron después del derrocamiento del gobierno de Saddam Hussein, dominado por los sunníes, en 2003.
El sábado a mediodía hombres con lanzagranadas y AK-47 todavía podían ser vistos en los dos barrios en disputa en Ramadi, Sejarriyah y Tameem.
Hombres enmascarados distribuyeron panfletos que declaraban que las tribus de la ciudad lucharían "contra el intento de Zarqawi de convertir Ramadi en una segunda Faluya", refiriéndose a la cercana ciudad que las fuerzas norteamericanas arrebataron al control insurgente en noviembre. Declaraciones colgadas en las paredes decían a nombre del grupo Ejército de Mahoma iraquí que "Zarqawi ha perdido el rumbo" y se ha desviado "de la verdadera resistencia contra la ocupación".
Un agradecido vecino chií de Ramadi dijo que no le sorprendían las amenazas de los seguidores de Zarqawi o el rechazo de ellas. "Hay muchos vínculos de amistad, matrimonio y compasión" une a los chiíes y sunníes de Ramadi, dijo Ali Hussein Lifta, 50, técnico de aire acondicionado y residente de Tameem.
"De hecho, somos parte de la población de aquí, y es lo que diremos al resto de Iraq y a los que quieren dividir a sunníes y chiíes", dijo Lifta. "Nos contenta saber que los lazos con los sunníes son tan fuertes que Zarqawi y sus terroristas no podrán cambiarlos".
El sábado el movimiento de Zarqawi publicó declaraciones en Ramadi jurando matar a los clérigos sunníes en el oeste por llamar a los sunníes a participar en las próximas elecciones del país.
"Nosotros, al Qaeda en Iraq, anunciamos que aplicaremos el castigo religioso por apostasía a cualquiera que pida que se redacte la constitución. Tú, orador en el podio de las profecías, dirás la verdad, harás el bien y lucharás por el gobierno de la sharia" o ley islámica, decía la declaración.
Amenazas similares llevaron a la mayoría de los votantes sunníes de Iraq a boicotear las elecciones de enero, debilitando su posición cuando los grupos del país empezaban a redactar la constitución.
Omar Fekeiki y Naseer Nouri contribuyeron a este reportaje.
20 de agosto de 2005
14 de agosto de 2005
©washington post
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Levantándose contra el líder insurgente Abu Musab Zarqawi, los musulmanes sunníes de Iraq pelearon el sábado pasado en Ramadi con lanzagranadas y armas automáticas para defender a sus vecinos chiíes contra un intento de expulsarlos de la ciudad, dijeron líderes sunníes y vecinos chiíes. El enfrentamiento se produjo cuando los militares norteamericanos anunciaban la muerte de seis soldados americanos.Docenas de miembros sunníes de la tribu Dulaimi montaron cordones en torno a casas chiíes, y hombres sunníes combatieron el sábado en la mañana durante una hora contra los seguidores de Zarqawi, un jordano. En los enfrentamientos murieron cinco milicianos de Zarqawi y dos combatientes tribales, dijeron vecinos y empleados del hospital. Los seguidores de Zarqawi se marcharon de dos barrios en disputa en camiones desprovistos de sus matrículas, dijeron testigos.
Los líderes de cuatro tribus sunníes de Iraq han reunido a sus milicianos en respuesta a avisos colocados en mezquitas por seguidores de Zarqawi. Los anuncios ordenaban a los casi 3.000 chiíes de Ramadi a abandonar la ciudad de más de 200.000 habitantes del área conocida como el Triángulo Sunní. La orden de expulsión dentro de 48 horas se produjo como venganza por supuestas expulsiones efectuadas por milicias chiíes de sunníes que viven en el sur de Iraq, predominantemente chií.
"Ya hemos tenido bastante de sin sentidos", dijo el jeque Ahmad Khanjar, jefe del clan Albu Ali, refiriéndose a Zarqawi. "No aceptamos que alguien que no es iraquí trate de controlar a los iraquíes, independientemente de su secta -sean sunníes, chiíes, árabes o kurdos".
Líderes tribales sunníes de Iraq y seguidores armados de Zarqawi se han enfrentado antes en el oeste, y sunníes y chiíes en las ciudades del poniente se han unido contra lo que dicen son intentos de los milicianos extranjeros de encender un conflicto sectario declarado. Pero el enfrentamiento del sábado en Ramadi fue una de las primeras veces que se sepa que árabes sunníes han tomado las armas contra los rebeldes específicamente en defensa de los chiíes.
La dramática muestra de unidad en la ciudad se produjo mientras árabes sunníes y chiíes y kurdos étnicos en Bagdad continuaban las negociaciones sobre la constitución del país. Intentaron cumplir con el plazo del lunes, pero no lograron resolver algunas diferencias fundamentales.
Las diferencias sobre el federalismo -particularmente si se permitirá que los chiíes tengan un estado federal separado en el sur equivalente al que han establecido los kurdos en el norte- sigue siendo el principal obstáculo. Los árabes sunníes se oponen rígidamente a la división, expresando sus temores de que dividirá a Iraq y dejará a la minoría sunní estancado en el centro y oeste del país, que son regiones sin recursos.
El enfrentamiento en Ramadi sugiere una amenaza potencialmente seria para el grupo de Zarqawi, al-Qaeda en Iraq, que está formado por extremistas sunníes dentro y fuera de Iraq. La resistencia ha atacado a civiles chiíes junto con tropas norteamericanas e iraquíes, especialmente con espeluznantes atentados suicidas que han matado a cientos de chiíes a la vez. Los seguidores de Zarqawi ven a los chiíes como rivales por el poder y apóstatas dentro de la religión musulmana.
Washington y el gobierno de transición respaldado por Estados Unidos han trabajado para separar a la opinión pública sunní de los combatientes extranjeros radicales, con la esperanza de alejarlos de la resistencia e incorporarlos al proceso político que muchos rechazaron después del derrocamiento del gobierno de Saddam Hussein, dominado por los sunníes, en 2003.
El sábado a mediodía hombres con lanzagranadas y AK-47 todavía podían ser vistos en los dos barrios en disputa en Ramadi, Sejarriyah y Tameem.
Hombres enmascarados distribuyeron panfletos que declaraban que las tribus de la ciudad lucharían "contra el intento de Zarqawi de convertir Ramadi en una segunda Faluya", refiriéndose a la cercana ciudad que las fuerzas norteamericanas arrebataron al control insurgente en noviembre. Declaraciones colgadas en las paredes decían a nombre del grupo Ejército de Mahoma iraquí que "Zarqawi ha perdido el rumbo" y se ha desviado "de la verdadera resistencia contra la ocupación".
Un agradecido vecino chií de Ramadi dijo que no le sorprendían las amenazas de los seguidores de Zarqawi o el rechazo de ellas. "Hay muchos vínculos de amistad, matrimonio y compasión" une a los chiíes y sunníes de Ramadi, dijo Ali Hussein Lifta, 50, técnico de aire acondicionado y residente de Tameem.
"De hecho, somos parte de la población de aquí, y es lo que diremos al resto de Iraq y a los que quieren dividir a sunníes y chiíes", dijo Lifta. "Nos contenta saber que los lazos con los sunníes son tan fuertes que Zarqawi y sus terroristas no podrán cambiarlos".
El sábado el movimiento de Zarqawi publicó declaraciones en Ramadi jurando matar a los clérigos sunníes en el oeste por llamar a los sunníes a participar en las próximas elecciones del país.
"Nosotros, al Qaeda en Iraq, anunciamos que aplicaremos el castigo religioso por apostasía a cualquiera que pida que se redacte la constitución. Tú, orador en el podio de las profecías, dirás la verdad, harás el bien y lucharás por el gobierno de la sharia" o ley islámica, decía la declaración.
Amenazas similares llevaron a la mayoría de los votantes sunníes de Iraq a boicotear las elecciones de enero, debilitando su posición cuando los grupos del país empezaban a redactar la constitución.
Omar Fekeiki y Naseer Nouri contribuyeron a este reportaje.
20 de agosto de 2005
14 de agosto de 2005
©washington post
©traducción mQh
pena de muerte en iraq
[James Glanz y Sabrina Tavernise] En Iraq. Tres iraquíes condenados a morir en la horca.
Bagdad, Iraq. Tres hombres condenados por docenas de violaciones, secuestros y asesinatos en la sureña ciudad de Kut, en un caso mostrando los ojos de un soldado iraquí para que le pagaran por su asesinato, serán llevados a la muerte en la horca en la primera ejecución ordenada por tribunales civiles iraquíes desde la caída de Saddam Hussein, declaró el martes el primer ministro Ibrahim al-Jaafari.
La acusación contra los hombres, que actuaron de concierto, es una de las 34 sentencias de muerte dictadas desde que se reimplantara la pena de muerte en Iraq en agosto de 2004. Esta es el primer caso que emerge de una revisión obligatoria de un tribunal de apelación y será enviado a Jaafari y su consejo de tres miembros encabezado por el presidente Jalal Talabani. El consejo debe aprobar la ejecución antes de que tome lugar.
La combinación de un gobierno frágil ansioso de mostrar que está actuando contra el terrorismo y un abrumador apoyo de la pena de muerte por la opinión pública aquí podría transformar el caso de Kut en la primera de muchas ejecuciones en Iraq. Estas podrían incluir la de Hussein, que se espera que sea enjuiciado por un tribunal especial en los próximos dos meses, por crímenes contra la humanidad.
"Sabemos que la opinión pública está esperando esto ansiosamente", dijo Ghadanfar Hamood al-Jasim, el fiscal general de justicia de Iraq, en el caso de Kut, que fue llevado por su despacho. "Están sufriendo y esperando que la justicia siga su curso".
Eso era ciertamente verdad en el caso de las familias de tres agentes de policía que fueron asesinados por los tres acusados, que confesaron en mayo haber cometido 63 delitos, entre los cuales un número desconocido de asesinatos.
Jasim dijo que más allá del tema del castigo, creía que la re-implantación de la pena de muerte sería un elemento disuasivo en un país donde la violencia ha alcanzado niveles extremos. "Ayudará a estabilizar la situación", dijo.
Pero organizaciones de derechos humanos pusieron inmediatamente en duda la afirmación, así como los motivos del gobierno de Jaafari al anunciar las ejecuciones tan rápidamente después de la embarazosa debacle política del lunes noche, cuando los negociadores no lograron ponerse de acuerdo sobre la nueva constitución iraquí y la Asamblea Nacional votó apresuradamente para prolongar las conversaciones durante una semana apenas minutos antes de que el gobierno fuese disuelto.
Defensores de derechos humanos dicen que el sistema jurídico iraquí es a menudo demasiado endeble como para ser justo. Las golpizas y otros maltratos son usados rutinariamente para obtener confesiones. Los acusados rara vez ven a sus abogados, si acaso, antes del juicio. Los jueces a menudo están bajo una tremenda presión para que dicten sentencias de muerte. Y, ansiosas de golpear a los atacantes rebeldes, las fuerzas de seguridad iraquíes han tendido amplias redes para detener a sospechosos, lo que aumenta el riesgo de condenar a muerte a inocentes.
"Hay demasiadas cosas que pueden salir mal", dijo Joe Stork, director adjunto de la División Oriente Medio del grupo Human Rights Watch, de Washington, D.C.
En el juicio de Kut surgieron de inmediato preguntas cuando al menos tres familiares identificaron a los acusados diciendo que los habían visto confesar los asesinatos, al menos a algunos de ellos, por televisión. Jasim reconoció que el ministerio del Interior, desechando las objeciones del ministerio de Justicia, presenta regularmente a los acusados en un popular programa de televisión que muestra a criminales confesando sus crímenes antes de los juicios, a menudo con visibles moretones en sus caras.
Jasim dijo que una vez que los acusados están en juicio, siempre se retractan de las confesiones televisadas, y los jueces se ven obligados a ignorar lo que han visto fuera de los tribunales. "Eso no lo consideramos como prueba", dijo Jasim.
La pena de muerte tiene una enorme resonancia en Iraq, donde Hussein instaló tribunales especiales que dictaban penas de muerte sin posibilidad de apelación. Las ejecuciones eran generalmente realizadas en las ruidosas horcas de metal de la cárcel de Abu Ghraib. La ley iraquí todavía especifica que la pena de muerte dictada contra civiles debe llevarse a cabo por la horca, mientras que los militares condenados a muerte deben ser fusilados, dijo Jaar Nasser Hussain, un juez de la Corte Suprema iraquí.
Después de la invasión de 2003, el gobierno de la ocupación americana en Iraq suspendió la pena de muerte. Pero en agosto de 2004, el primer ministro Ayad Allawi la reimplantó.
El juicio de Kut fue transmitido por televisión nacional. Los acusados estaban en una jaula en el centro de la sala, abatidos. Los familiares de las víctimas estaban sentados a lo largo de la pared. Muchos llevan fotografías de los agentes muertos. Guardias de seguridad con chalecos antibalas se apostaban junto a las puertas.
Uno de los acusados, el taxista Bayan Ahmed Said, describió cómo había sacado los ojos de una de las víctimas y los había puesto en su bolsillo para poder llevárselos al jeque que había ordenado los asesinatos.
Los otros dos acusados eran un contratista y un carnicero.
Los hombres fueron también condenados por la violación de mujeres, a las que decapitaban después y arrojaban sus cadáveres a un río.
Jasim, el fiscal, dijo que había incluso casos peores esperando juicio. Un hombre de Mosul está acusado de 113 asesinatos, dijo, sin ofrecer una explicación de dónde viene la barbarie desde que los americanos invadieran el país en 2003. "Antes no conocíamos esos crímenes", dijo.
Pero entre grupos de derechos humanos existe la preocupación de que, en la confusión de detenciones a gran escala y la intensa presión de la opinión pública para que se dicte pena de muerte en casos de crímenes atroces, se condene a muerte a gente inocente. El mayor peligro, dijeron, eran las confesiones forzadas bajo custodia policial.
Investigadores de Human Rights Watch entrevistaron a 90 detenidos durante cuatro meses en 2004. Setenta y dos de ellos dijeron que habían sido maltratados durante su detención.
Hay otros problemas. La ley iraquí, como la estadounidense, exige que los acusados sean llevados ante un juez antes de 24 horas de detención, pero eso ocurre rara vez, dijeron defensores de derechos humanos.
Sin embargo el sistema actual es considerado ampliamente como mejor que el de la época de Hussein. Aunque el sistema destruyó a miles de familias, pocos lo comparan con las ejecuciones propuestas hoy, dijeron defensores de derechos humanos.
Aiad Jamal al-Din, un intelectual chií que apoya la pena de muerte, dijo que los iraquíes querían incluso ejecuciones públicas. Entregó una sucinta explicación del apoyo popular de las ejecuciones: "Esta es un campo de guerra. Y en las guerras muere gente inocente".
James Glanz informó desde Bagdad, y Sabrina Tavernise desde New York.
17 de agosto de 2005
©new york times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Tres hombres condenados por docenas de violaciones, secuestros y asesinatos en la sureña ciudad de Kut, en un caso mostrando los ojos de un soldado iraquí para que le pagaran por su asesinato, serán llevados a la muerte en la horca en la primera ejecución ordenada por tribunales civiles iraquíes desde la caída de Saddam Hussein, declaró el martes el primer ministro Ibrahim al-Jaafari.La acusación contra los hombres, que actuaron de concierto, es una de las 34 sentencias de muerte dictadas desde que se reimplantara la pena de muerte en Iraq en agosto de 2004. Esta es el primer caso que emerge de una revisión obligatoria de un tribunal de apelación y será enviado a Jaafari y su consejo de tres miembros encabezado por el presidente Jalal Talabani. El consejo debe aprobar la ejecución antes de que tome lugar.
La combinación de un gobierno frágil ansioso de mostrar que está actuando contra el terrorismo y un abrumador apoyo de la pena de muerte por la opinión pública aquí podría transformar el caso de Kut en la primera de muchas ejecuciones en Iraq. Estas podrían incluir la de Hussein, que se espera que sea enjuiciado por un tribunal especial en los próximos dos meses, por crímenes contra la humanidad.
"Sabemos que la opinión pública está esperando esto ansiosamente", dijo Ghadanfar Hamood al-Jasim, el fiscal general de justicia de Iraq, en el caso de Kut, que fue llevado por su despacho. "Están sufriendo y esperando que la justicia siga su curso".
Eso era ciertamente verdad en el caso de las familias de tres agentes de policía que fueron asesinados por los tres acusados, que confesaron en mayo haber cometido 63 delitos, entre los cuales un número desconocido de asesinatos.
Jasim dijo que más allá del tema del castigo, creía que la re-implantación de la pena de muerte sería un elemento disuasivo en un país donde la violencia ha alcanzado niveles extremos. "Ayudará a estabilizar la situación", dijo.
Pero organizaciones de derechos humanos pusieron inmediatamente en duda la afirmación, así como los motivos del gobierno de Jaafari al anunciar las ejecuciones tan rápidamente después de la embarazosa debacle política del lunes noche, cuando los negociadores no lograron ponerse de acuerdo sobre la nueva constitución iraquí y la Asamblea Nacional votó apresuradamente para prolongar las conversaciones durante una semana apenas minutos antes de que el gobierno fuese disuelto.
Defensores de derechos humanos dicen que el sistema jurídico iraquí es a menudo demasiado endeble como para ser justo. Las golpizas y otros maltratos son usados rutinariamente para obtener confesiones. Los acusados rara vez ven a sus abogados, si acaso, antes del juicio. Los jueces a menudo están bajo una tremenda presión para que dicten sentencias de muerte. Y, ansiosas de golpear a los atacantes rebeldes, las fuerzas de seguridad iraquíes han tendido amplias redes para detener a sospechosos, lo que aumenta el riesgo de condenar a muerte a inocentes.
"Hay demasiadas cosas que pueden salir mal", dijo Joe Stork, director adjunto de la División Oriente Medio del grupo Human Rights Watch, de Washington, D.C.
En el juicio de Kut surgieron de inmediato preguntas cuando al menos tres familiares identificaron a los acusados diciendo que los habían visto confesar los asesinatos, al menos a algunos de ellos, por televisión. Jasim reconoció que el ministerio del Interior, desechando las objeciones del ministerio de Justicia, presenta regularmente a los acusados en un popular programa de televisión que muestra a criminales confesando sus crímenes antes de los juicios, a menudo con visibles moretones en sus caras.
Jasim dijo que una vez que los acusados están en juicio, siempre se retractan de las confesiones televisadas, y los jueces se ven obligados a ignorar lo que han visto fuera de los tribunales. "Eso no lo consideramos como prueba", dijo Jasim.
La pena de muerte tiene una enorme resonancia en Iraq, donde Hussein instaló tribunales especiales que dictaban penas de muerte sin posibilidad de apelación. Las ejecuciones eran generalmente realizadas en las ruidosas horcas de metal de la cárcel de Abu Ghraib. La ley iraquí todavía especifica que la pena de muerte dictada contra civiles debe llevarse a cabo por la horca, mientras que los militares condenados a muerte deben ser fusilados, dijo Jaar Nasser Hussain, un juez de la Corte Suprema iraquí.
Después de la invasión de 2003, el gobierno de la ocupación americana en Iraq suspendió la pena de muerte. Pero en agosto de 2004, el primer ministro Ayad Allawi la reimplantó.
El juicio de Kut fue transmitido por televisión nacional. Los acusados estaban en una jaula en el centro de la sala, abatidos. Los familiares de las víctimas estaban sentados a lo largo de la pared. Muchos llevan fotografías de los agentes muertos. Guardias de seguridad con chalecos antibalas se apostaban junto a las puertas.
Uno de los acusados, el taxista Bayan Ahmed Said, describió cómo había sacado los ojos de una de las víctimas y los había puesto en su bolsillo para poder llevárselos al jeque que había ordenado los asesinatos.
Los otros dos acusados eran un contratista y un carnicero.
Los hombres fueron también condenados por la violación de mujeres, a las que decapitaban después y arrojaban sus cadáveres a un río.
Jasim, el fiscal, dijo que había incluso casos peores esperando juicio. Un hombre de Mosul está acusado de 113 asesinatos, dijo, sin ofrecer una explicación de dónde viene la barbarie desde que los americanos invadieran el país en 2003. "Antes no conocíamos esos crímenes", dijo.
Pero entre grupos de derechos humanos existe la preocupación de que, en la confusión de detenciones a gran escala y la intensa presión de la opinión pública para que se dicte pena de muerte en casos de crímenes atroces, se condene a muerte a gente inocente. El mayor peligro, dijeron, eran las confesiones forzadas bajo custodia policial.
Investigadores de Human Rights Watch entrevistaron a 90 detenidos durante cuatro meses en 2004. Setenta y dos de ellos dijeron que habían sido maltratados durante su detención.
Hay otros problemas. La ley iraquí, como la estadounidense, exige que los acusados sean llevados ante un juez antes de 24 horas de detención, pero eso ocurre rara vez, dijeron defensores de derechos humanos.
Sin embargo el sistema actual es considerado ampliamente como mejor que el de la época de Hussein. Aunque el sistema destruyó a miles de familias, pocos lo comparan con las ejecuciones propuestas hoy, dijeron defensores de derechos humanos.
Aiad Jamal al-Din, un intelectual chií que apoya la pena de muerte, dijo que los iraquíes querían incluso ejecuciones públicas. Entregó una sucinta explicación del apoyo popular de las ejecuciones: "Esta es un campo de guerra. Y en las guerras muere gente inocente".
James Glanz informó desde Bagdad, y Sabrina Tavernise desde New York.
17 de agosto de 2005
©new york times
©traducción mQh