el otro ejército
[Daniel Bergner] Casi el 25 por ciento de las fuerzas americanas en Iraq son soldados privados.
Cuando Matt Mann necesitó comprar vehículos blindados, telefoneó a su cuñado, Ken Rooke. Rooke no tenía ni la menor idea sobre ventanas antibalas o suelos anti-granadas, pero no era completamente incapaz de comprar. Al menos, sabía algo sobre coches. Una vez en el periférico de Carolina del Norte, organizaba carreras para una emisora radial local. Era lo más cerca a un experto con que contaba Mann.
Mann, un sargento maestre de Operaciones Especiales del Ejército, jubilado, entrado en los cuarenta, necesitaba esos vehículos con urgencia. Y necesitaba armas. Era principios del año pasado, y la compañía que él y dos socios habían creado, la Triple Canopy, había recién obtenido contratos de gobierno para custodiar 13 cuarteles de la Autoridad Provisional de la Coalición APC en todo Iraq. (Los acuerdos de seis meses renovables llegaban en total a unos 90 millones de dólares). La APC era el órgano de gobierno de la ocupación militar norteamericana. La Triple Canopy -no los militares norteamericanos- la protegería. Y otras compañías. Con el resurgimiento de la resistencia, el trabajo de proteger los recintos de la APC y de impedir que los arquitectos de la ocupación fueran asesinados, había sido privatizado.
Sin embargo, cuando la Triple Canopy fue contratada, apenas existía. Mann y uno de sus socios, Tom Katis, un viejo amigo de las Fuerzas Especiales, hablaron después del 11 de septiembre de 2001, sobre empezar un negocio que de alguna manera se ocupara de la amenaza terrorista. Pensaron que podían usar su experiencia militar para adiestrar a agencias de gobierno en técnicas antiterroristas. En un ejercicio de las Fuerzas Especiales en América Central (los dos, en esa época, estaban en la Guardia Nacional; Mann venía del Ejército regular y trabajaba como ingeniero civil, y Katis se había graduado en Yale y comenzado una carrera en las finanzas), y soñaban con su proyecto de empresa debajo del follaje de la selva -la copa de los árboles de la selva de la que tomaron el nombre.
No hicieron mucho más. Cuando se enteraron de los trabajos en seguridad de la APC y empezaron a competir por los contratos, eran sólo un nombre, una idea. Con dinero tomado de prestado de familiares y amigos, empezaron a contratar a ex colegas del Ejército esperando que la compañía, de algún modo, tuviera éxito. No tenían más que sus currículum vitae para darles esperanza. Los currícula, sin embargo, eran impresionantes. Mann pasó seis años en la Fuerza Delta del Ejército, su unidad más selecta, estrictamente adiestrada y secreta, y él reclutó a operadores de la Fuerza Delta retirados. Es un hombre incontenible con el pelo canoso y corto, ojos azules y una sonrisa radiante, y mientras me contaba sobre los primeros días de la Triple Canopy, recordó su desconfianza en los hombres que eran atraídos por la compañía. "¿Ese quiere trabajar para mí?", dijo que pensó, una y otra vez. Pero su modestia no llegaba tan lejos. "Las estrellas del rock quieren trabajar con estrellas del rock", dijo. Los ex soldados de la Fuerza Delta, pesadamente decorados y con todo tipo de experiencia de combate y clandestina, siguieron presentándose.
"Nosotros éramos la ardilla que quería una nuez", recordó Al Buford, uno de los primeros empleados y veterano de la Fuerza Delta, sobre las expectativas de trabajo iniciales de la compañía. Y cuando fueron contratados para proteger más de la mitad de los locales de la APC en Iraq, y para escoltar a funcionarios de la APC a lo largo de las mortíferas carreteras del país, "se nos vino todo un cargamento de nueces encima".
Así, también se enteró el cuñado de Mann, Ken Rooke. "Soy un fanático de los aparatos", me dijo Rooke. "Pero estábamos disparando sin sacar la pistola del cinturón. Nunca me sentí competente con lo que estaba haciendo".
"Debido a la guerra", continuó, no había vehículos blindados nuevos. Buscó en internet, hizo innumerables llamadas y compró varios sedanes Mercedes blindados que habían pertenecido al sultán de Brunei antes de que fueran alquilados a los guardias. Remplazó las elegantes ruedas de rayos, y colocó llantas sin aire, de modo que los vehículos pudieran salir de una emboscada incluso después de que las llantas hubieran sido agujereadas de balazos. Luego tuvo que embarcar a Iraq esta flota improvisada.
En cuanto a las armas, Triple Canopy también tuvo que conformarse. El transporte de armas de fuego desde Estados Unidos exigía documentos legales por los que la compañía no podía esperar; en lugar de eso, en Iraq, consiguió un permiso del ministerio de Defensa para visitar los depósitos de municiones capturadas al enemigo. La compañía recogió un montón de AK-47 y seleccionó todo lo que podía servir.
De ese modo obtuvo Triple Canopy vehículos y rifles de asalto, y cuando necesitaba dinero en Iraq, para pagar a los empleados o comprar equipos o construir campamentos, enviaba a alguien desde Chicago, la sede de la compañía, con una mochila llena de fajos de billetes de cien dólares. "Todo lo que la gente en Iraq tenía que decir era: Necesitamos una mochila'", dijo Mann. "O: Necesitamos dos mochilas'". Cada mochila contenía medio millón de dólares.
Y de este modo nació una de las compañías privadas de seguridad más grandes de Iraq. Así fue la Triple Canopy a la guerra. Muchas otras compañías han hecho lo mismo; algunas estaban ya establecidas antes de la invasión norteamericana, otras menos. Las firmas en Iraq emplean un gran número de hombres armados. Nadie sabe cuántos con exactitud. En junio, en Bagdad, en un terreno de la coalición protegido por guardias privados en la Zona Verde, hablé con Lawrence Peter, un defensor pagado por la industria y -en lo que llamó una "colaboración privada-pública"-, consultor en el ministerio de Defensa para encargos de seguridad. Calculó la cantidad de hombres armados en unos 25.000. (En adición a los 50.000 a 70.000 civiles desarmados que trabajan para intereses americanos en Iraq, fundamentalmente para Halliburton y sus sucursales, haciendo cualquier cosa, desde servicios de mantenimiento de aviones de guerra hasta conducir camiones con alimentos y lavar platos). Pero los cálculos, de representantes de la industria y el diminuto sector de académicos que estudia los problemas de la guerra privatizada, son tan vagos que sólo sirven para confirmar el caso en Iraq y el hecho de que -a pesar de un intento de imponer licencias a las firmas por el novato ministerio del Interior iraquí-- nadie en realidad lleva la cuenta de todas las empresas que proporcionan escuadrones de soldados equipados con rifles de asalto y ametralladoras ligeras alimentadas por cinta. Peter supone que había unas 60 empresas en total. "Quizás 80", agregó rápidamente, mencionando que había cualquier cantidad de nuevas empresas chicas. Continuó: "¿Cien? Posiblemente".
La Triple Canopy tiene ahora unos 1.000 hombres en Iraq, unos 200 de ellos estadounidenses y casi todo el resto de Chile y Fiji. Sus rivales incluyen firmas británicas que contratan a soldados de las unidades de elite de las fuerzas armadas británicas y grupos que ocupaban a veteranos sudafricanos de las guerras para proteger el apartheid. Australianos y ucranianos y rumanos e iraquíes, todos se ganan la vida en el negocio. Muchos tienen experiencia como soldados; algunos han sido policías. Las empresas custodian las enormes corporaciones americanas involucradas en la reconstrucción de Iraq. Los pistoleros privados tratan de mantener a raya a los insurgentes de modo que los suministros puedan ser entregados y construidas las centrales eléctricas. Las empresas custodian a las enormes multinacionales americanas que se ocupan de la reconstrucción de Iraq. Y compañías como la Triple Canopy protegen contra ataques los recintos del gobierno americano. Con las armas sobresaliendo de sus todoterrenos, escoltan de reunión en reunión a funcionarios estadounidenses. Protegen edificios y gente que probablemente a la resistencia le gustaría atacar.
Durante su tiempo como presidente de la APC, L. Paul Bremer III, al que la resistencia puede haber considerado como su blanco de más valor, fue protegido por un rival de la Triple Canopy, Blackwater USA. Guardias privados, de acuerdo a Lawrence Peter, protegen ahora a generales norteamericanos. La Triple Canopy custodia una enorme base militar. Y en todo Iraq, la defensa de terrenos militares esenciales, como depósitos de municiones capturadas, ha sido informalmente compartida por soldados privados y tropas estadounidenses. Si la cifra de 25.000 es correcta, el negocio constituye casi un 16 por ciento de las fuerzas totales de la coalición.
Sin embargo, es difícil discernir quién autorizó estas subcontrataciones como política militar. No hubo ningún debate público; no se emitió ningún decreto oficial. ¿Y quién está a cargo de la supervisión de estos hombres armados? Una cosa es segura: son fundamentales para la campaña bélica. En abril de 2004, tras unos meses de la llegada de la Triple Canopy a Iraq, sus hombres estaban librando una desesperada batalla para defender el cuartel general de la APC en la ciudad de Kut. El Ejército Mahdi había lanzado un violento ataque.
En el mundo de las compañías como Triple Canopy, sólo se otorga importancia a unas pocas palabras. Desprecian la palabra "mercenarios". La frase "compañía militar privada" es acaloradamente imprecisa. "Compañía privada de seguridad" (o PSC) es del léxico profesional.
Aparte la semántica, los soldados privados han estado en el campo de batalla desde hace miles de años. Como cuenta P.W. Singer, un académico de la guerra privatizada en la Brookings Institution, en su libro Corporate Warriors', eran mercenarios los que servían en el ejército del Rey de Ur dos milenos antes de Cristo; los antiguos griegos complementaron sus fuerzas contratando la caballería y especialistas en tirachinas; y bandas privadas de piqueros, infantería con armas de 5 metros y medio de largo, demostraron en el siglo 13 ser superiores a la caballería y se convirtieron en un gasto necesario para los gobernantes en guerra de Europa durante cientos de años.
Pero los mercenarios empezaron a desaparecer del campo de batalla durante la Ilustración. En parte, se debió a avances en la ciencia de la guerra. Mejores armas exigían menos habilidades del combatiente. Se necesitó menos la experiencia del mercenario. Con un mosquete diseñado decentemente, un soldado novato podía ser preparado relativamente rápido antes de ser despachado hacia el frente. Y luego, los siglos 18 y 19 trajeron nuevas ideas sobre la santidad del país y el honor del ciudadano en la formación de los soldados. "Los que peleaban por lucro, antes que por patriotismo", escribe Singer, "carecían totalmente de respetabilidad". Sin embargo, los ingleses contrataron a 30.000 alemanes hessianos para que les ayudaran a combatir a los revolucionarios en la Guerra Americana de la Independencia. Sin embargo, gradualmente, el trabajo de los mercenarios se hizo cada vez más marginal y despreciado, y en las Convenciones de Ginebra de 1949 fue, en lo esencial, convertido en ilegal, al menos en guerras entre naciones.
Los mercenarios continuaron operando en lugares desconocidos y anárquicos del mundo; durante gran parte de la segunda mitad del siglo 20, desempeñaron notorios papeles en las insurrecciones de África. Pero en 1995, en el diminuto país al este de África, Sierra Leona, los soldados privados hicieron una intervención que cambió la percepción moral. Un ejército rebelde estaba quemando vivos a los aldeanos y empezando a desarrollar su atrocidad característica: cercenando las manos de los civiles y dejándoles vivir como muestras del poder de los rebeldes. Desesperado, el gobernante del país contrató a una firma sudafricana, Executive Outcomes, que era dirigida por un ex jefe militar del antiguo apartheid. Se presentaba a sí misma como otra cosa que una agencia de empleo violenta y oscura para veteranos de la época del apartheid. Tenía folletos brillantes describiendo sus servicios militares. Su líder se llamaba a sí mismo, presidente. Su trabajo no era para "mercenarios" ni "perros de la guerra"; pronto adoptaría el término "compañía militar privada".
En Sierra Leona, utilizando algunos aviones y unos 200 hombres, Executive Outcomes hizo retroceder al ejército rebelde de unos 10.000 hombres hacia el interior del país. La violencia volvió a estallar una vez que Executive Outcomes salió del país, pero el mundo vio que una fuerza privada bien adiestrada podía hacer mucho.
Poco después una compañía londinense dirigida por un ex teniente coronel inglés, Tim Spicer -cuya última empresa tiene ahora un contrato de casi 300 millones de dólares con el ministerio de Defensa norteamericano en Iraq-, trató nuevamente de salvar al país del oeste africano. Spicer fracasó, pero emergió como un portavoz del valor moral de las compañías militares privadas. "La palabra mercenario'", dijo al diario The Daily Telegraph, de Londres, de 1999, "evoca en la mente de la gente a un individuo implacable, sin compromisos, que tiene incluso inclinaciones criminales y psicóticas. No somos eso de ninguna manera. Todo lo que hacemos es ayudar a gobiernos amigos, razonables, a resolver problemas militares". (Sin embargo, a pesar de eso, Spice consideró una vez proporcionar ayuda a Mobutu Sese Seko, el tiránico dictador de Zaire, por un precio). El ministro de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña, Jack Straw, y un ex secretario general de Naciones Unidas, Brian Urquhart, comentaron el posible uso de compañías militares privadas para ayudar a Naciones Unidas a estabilizar las zonas de conflicto del mundo. Naciones Unidas no estaba ni remotamente cerca de contratar ejércitos privados para poner fin a guerras civiles, pero empezó a ocurrir un sutil cambio en su percepción.
En 2002, el gobierno norteamericano contrató a unos 40 guardias privados, de la compañía americana DynCopr, para proteger al presidente Hamid Karzai en Afganistán. Y en la primavera de 2003, cuando el general Jay Garner, jubilado, estableció la Oficina de Reconstrucción y Ayuda Humanitaria, la precursora de breve duración de la APC, como el órgano de gobierno de Iraq, el Pentágono encargó a un pequeño contingente de sudafricanos y gurkas nepaleses de la firma británica Global Rist Strategies la misión de protegerlo a él y su staff. "Eso", me dijo Garner cuando hablamos el mes pasado, "fue la génesis" del crecimiento de las compañías privadas de seguridad en Iraq.
Al comienzo de la ocupación, no eran demasiados. Entonces, en la segunda mitad de 2003, mientras la APC expandía su presencia en todo el país en su intento de gobernarlo y reconstruirlo, y la insurgencia resurgía, la APC se alejó de las fuerzas de la coalición, que le habían proporcionado alguna protección, y empezó a recurrir a las compañías para su seguridad. Andrew Bearpack, el jefe de operaciones de la APC, me explicó que era estrecha y firmemente asesorado por las fuerzas armadas norteamericanas en Iraq -y financiado por el ministerio de Defensa- para tomar decisiones.
Los contratos importantes fueron licitados. A la Triple Canopy se le asignó su trabajo en enero de 2004. Otras compañías recibieron, o habían recibido, sus partes. (Entretanto, las multinacionales que llevan a cabo la reconstrucción -el elemento central de la campaña de ocupación americana, estaban gastando hasta un 25 por ciento del gobierno estadounidense en protección pagada). El despliegue de guardias armados creció y creció con una profusión que puede ser explicada en parte por el sutil cambio de percepción que removió algunos de los viejos estigmas de los mercenarios, y parcialmente por el énfasis en las subcontrataciones que ha ganado impulso en las fuerzas armadas de Estados Unidos desde principios de los años noventa (pero que se había concentrado en el apoyo logístico, desarmado). Más inmediatamente, sin embargo, el explosivo crecimiento se puede explicar por el empuje de la resistencia en Iraq y por el hecho evidente de que no hay suficientes tropas en el terreno para hacerle frente.
"Seguro, desempeñan una función militar", dijo Garner sobre las compañías. Pero, indicando que no estaba criticando al ministerio de Defensa, agregó: "El problema de fondo es que la potencia" -eso es, la capacidad de combate de Estados Unidos- "es demasiado baja". Y Bearpark, que últimamente trabaja como consultor de una firma de seguridad, dijo que la protección privada es a veces mejor que un ejército regular. Los equipos privados son más modernos y flexibles, dijo; a menudo están mejor adiestrados para el trabajo; y están dispuestos a correr más riesgos, lo que permite que los funcionarios puedan operar más libremente. Pero la razón fundamental para que la APC contrate compañías, dijo, es que "los militares no han proporcionado soldados suficientes. Se estiraron hasta el límite".
El ministerio de Defensa prefiere no discutir el papel de las compañías de seguridad en Iraq, y cómo exactamente creció tanto. Durante las varias semanas que llamé repetidas veces al Pentágono, para preguntar si el ministro de Defensa o uno de sus subsecretarios había, en algún momento, pensado sobre la presencia de esos 25.000 hombres armados o quizás autorizado de alguna manera, poco a poco o enteramente. Estas preguntas -que nadie con quien hable fue capaz de responder-, obtuvieron de agentes de presa departamentales una serie de promesas incumplidas para ayudarme a encontrar una respuesta. Al final, me enviaron una declaración escrita, aprobada oficialmente, que daba vueltas en torno a la pregunta, pero incluía la frase clave: "Las compañías privadas de seguridad no son utilizadas en funciones inherentemente militares".
La reticencia del Pentágono sobre este asunto puede deberse a la incomodidad sobre la acusación ahora común, de que no se preparó adecuadamente para hacer frente a la resistencia. (Puede interpretar preguntas sobre los guardias privados como conduciendo inevitablemente a preguntas sobre los niveles de tropas). Pero hay probablemente una inquietud adicional: un persistente problema con la imagen pública de las compañías. El cambio de percepción no ha sido completo; la odiada palabra "mercenarios" todavía planea demasiado cerca. Con este problema, las compañías están haciendo lo que pueden para ayudar. Muchas de ellas han tratado de re-bautizarse, a separarse todavía más del pasado, de la antigua infamia de crueldad, de ser blancos insurrectos de tiempo parcial en África, para hacerse más digerible para todos.
Cuando conocí a Lawrence Peter, un hombre pequeño con una fogosa voz, despotricaba que la prensa se negaba a aceptar el nuevo término escogido por las compañías: "¡No somos compañías militares privadas! ¡Somos compañías de seguridad privadas! ¡Seguridad privada!" Justificó la distinción diciendo: "El trabajo es defensivo. Nosotros protegemos". A veces, sin embargo, la distinción parece secundaria. Sin que importe cómo queráis llamar a la Triple Canopy y sus hombres, cuando el Ejército de Mahdi -una milicia chií radical leal al clérigo militante Moktada al-Sáder- atacaron Kut, la verdad fue que la compañía estuvo peleando una guerra.
Un actual asesor de adiestramiento de la Triple Canopy estaba, a principios de abril de 2004, a cargo de la defensa del cuartel general de la ocupación en Kut. (Por razones de seguridad, la política de la Triple Canopy es que sus empleados en Iraq o que probablemente vuelvan a Iraq no deban ser identificados por sus nombres completos). John, 50, un hombre alto con bigote de brocha, ha pasado 26 años en el ejército norteamericano, la mayor parte en la unidad Delta. Estuvo en el primer helicóptero de la invasión de Granada en 1983; su helicóptero y los otros detrás de él fueron acribillados y destrozados a balazos, y tres soldados que iban a su lado cayeron muertos. "Nunca recibí tanto fuego de nuevo hasta Kut", me dijo, en mayo. "Kut fue como saltar en el aire -sabías que te podían matar en cualquier momento".
Junto a un río y rodeado por tres lados por la pequeña ciudad chií, el recinto de la APC en Kut consistía de varias estructuras de concreto de uno y dos pisos. Los edificios habían sido ocupados por dependencias baazistas y un hotel. Ahí el gobernador regional de la coalición, conocido como el coordinador de la gobernación, vivía y trabajaba con un equipo de funcionarios y subcontratistas de proyectos de reconstrucción, rodeado de murallas protectoras de 3 metros 60 de alto en el perímetro del terreno -excepto junto al río donde, me dijo John, el coordinador de la gobernación, un inglés, prefería que nada obstruyera la vista. La ciudad había estado razonablemente tranquila. Era un "hoyo somnoliento", recordó John que dijeron sus jefes en la Triple Canopy, bromeando que sería un puesto conveniente para viejitos canosos.
La primera señal de que estaban sitiados fue la concentración de más de mil manifestantes en unos pocos lugares en la ciudad y en torno al terreno, exigiendo que la APC abandonara Kut. Muchos en la multitud llevaban rifles de asalto y lanzagranadas. John sospechó, dijo, que las protestas en el recinto fueran una treta para atacar el sitio. Corrió el rumor de que la policía iraquí adiestrada por la coalición habían abandonado las comisarías y puestos de control en la ciudad y que los combatientes de Mahdi habían requisado sus armas y uniformes. John tenía un equipo básico de tres guardias de la Triple Canopy. En el recinto había unos 40 soldados ucranianos de la coalición. Los guardias iraquíes empleados por la Triple Canopy ya habían empezado a renunciar y huir.
John declaró "puertas cerradas" y esperó lo que tuviera que venir. Los civiles se amarraron sus chalecos antibalas. Se retirarían a un local central en un hotel -el último punto de defensa-, en caso de que el perímetro fuera infiltrado. Llegaron avisos de coches-bomba. En la noche, dos coches parecían estar vigilando el recinto. En la mañana se escucharon tiroteos en toda la ciudad -y la horrible sorpresa de que el área justo en torno al recinto se veía abandonada. El ataque con fuego de ametralladoras y granadas empezó hacia mediodía. El asalto vino de cerca, justo en los edificios al otro lado de la calle. Y por todos lados. Los morteros estallaron. Explotó una granada cerca del Suburban de la APC; el vehículo fue consumido por las llamas. "17:40: Se ha incrementado el fuego de morteros desde el otro lado del río", se lee en un informe minuto-a-minuto llevado por un subcontratista civil. Las ventanas estallaron; enormes fragmentos de cemento caían de los edificios; los vehículos estallaban en pedazos.
La descarga de artillería y armas pequeñas del enemigo resurgió, volvió a decaer, y surgió nuevamente. "Durante la batalla, el comandante de facto del terreno del perímetro de defensa, es John", dice informe hora-a-hora de otro subcontratista. John subió al tejado del hotel para devolver el fuego. Los tres guardias de la Triple Canopy subieron a las torres. Sucesivos turnos de guardias iraquíes salían a borbotones por las salidas después de que uno de ellos fuera herido levemente y un traductor difundiera el rumor de que los americanos intentaban abandonarlos a su muerte. Los ucranianos pelearon implacablemente; cuando se quedaron sin municiones, John les proveyó con balas de la Triple Canopy, según la versión minuto-a-minuto. Envió a un cuarto soldado de la Triple Canopy, un joven preparador de perros que no había estado nunca en una batalla, a correr de torre en torre, llevando balas y agua a los otros guardias de la Triple Canopy, de los que, dijo John, "no creerías lo que dispararon", 2.500 balas, supuso. El perro antibomba fue dejado amarrado en el hotel y aullaba cada vez que explotaba un mortero.
En el tejado y corriendo entre estallidos por el terreno, John manipulaba tres radios y móvil entre sus manos y los bolsillos de su chaleco antibalas. Ninguno de los contingentes con los que necesitaba comunicarse -Triple Canopy; la otra compañía que manejaba la seguridad personal del coordinador de la gobernación (y que se había retirado dentro del recinto para protegerlo); los subcontratistas civiles; los enlaces con los militares americanos en otra ciudad- usaban el mismo sistema de comunicación. Suplicó a los militares que enviaran aviones de guerra para dispersar a los hombres de Muktada al-Sáder, entre 200 y 400.
La batalla continuó durante la noche. Ametralladoras pesadas abrieron el fuego desde el otro lado del río. "22:00. Hay un plan de evacuación aérea". Dos horas más tarde: "La Triple Canopy nos dijo que la evacuación aérea había sido cancelada" -las posibilidades de que un helicóptero fuera derribado durante el aterrizaje o despegue eran demasiado altas. Finalmente llegó un avión americano, disparando con sus cañones. La milicia se calmó, pero luego: "01:00. El hotel ha sido impactado varias veces y los edificios se sacuden con los impactos. Este combate es el peor de toda la intervención".
Parecía que no había escape; John pensó que la defensa había fracasado; cuando hablaba por radio y móvil trataba de controlar su voz, de mantener sus palabras "a nivel de intercambio de información". Luego llegaron helicópteros de guerra a sobrevolar el aérea. Dispararon, pero el enemigo buscó refugio nuevamente. Al amanecer, en una tregua, John y los ucranianos ejecutaron una orden del principal cuartel de la APC en Bagdad de que debían todos abandonar el terreno, sin que importaran los riesgos que se correrían al hacerlo. Se subieron a coches blindados y camiones abiertos. "No sabías en que esquinas ibas a morir", dijo John. Esperó que le enviaran morteros y lanzagranadas para aniquilarlos. Pero los helicópteros de combate siguieron sus rutas. No hubo fuego enemigo; llegaron a la base de la coalición más cercana; los civiles y soldados del recinto habían sobrevivido la batalla sin sufrir heridas graves.
Esa misma semana, a ciento cincuenta kilómetros al oeste de la ciudad de Nayaf, ocho guardias privados de la compañía Blackwater lucharon contra el Ejército de Mahdi, de al-Sáder, impidiendo que ocuparan el cuartel general de la APC allá. Los hombres de Blackwater salieron ilesos. Pero justo al otro lado de la ciudad durante la batalla de Kut, el Ejército de Madhi atacó un edificio en el que se encontraban cinco guardias del Grupo Hart, una firma inglesa que protege la reconstrucción del tendido eléctrico de Iraq. Los cinco quedaron heridos, y uno, abatido en el tejado del edificio en un tiroteo, murió desangrado.
Una semana antes, cuatro soldados de Blackwater, que escoltaban un camión con elementos de cocina a una base militar norteamericana, fueron emboscados y matados por insurgentes en Faluya -sus cuerpos fueron amarrados a la parte de atrás de un coche y arrastrados por las calles, quemados, descuartizados y exhibidos, colgados de un puente de Faluya. En esa época, los asesinatos de Faluya llamaron la atención no sólo por su brutalidad, sino también por el hecho de que las víctimas eran hombres de la seguridad privada.
Sin embargo, los hombres de la seguridad privada en Iraq están constantemente de batalla. Entre enero y agosto de 2004 (el último período sobre el que la compañía cuenta con cifras), los equipos de la Triple Canopy fueron atacados 40 veces, en incidentes que van desde impactos de granadas hasta ataques que duran al menos 24 horas. Y la cuenta de 40, me dijo el director de operaciones de la compañía, representaba solamente los ataques en que los hombres de la Triple Canopy habían devuelto el fuego. Seis a ocho veces esa cantidad de ataques -desde ráfagas de balas enemigas hasta fuego de morteros- no fueron registrados, calculó un portavoz de la compañía. La frecuencia de los ataques sigue siendo la misma. El estilo ha cambiado. Ataques como el de Kut, han dado paso a las emboscadas.
Es imposible decir con precisión cuántos hombres de la seguridad privada han sido matados en Iraq. Las muertes no son reportadas. Pero la cifra, de acuerdo a Lawrence Peter, es probablemente entre 160 y 200. Son más bajas que las sufridas por la mayoría de los miembros de la coalición americana.
"Alguna gente te dirá que están aquí por la patria", me dijo un guardia de seguridad privado de otra compañía. (No quiso que su nombre o el de su compañía fuera publicado, dijo, porque ni él ni sus colegas ni la industria en general opinan positivamente sobre los contactos con la prensa). "Eso es falso. Es por el dinero".
Estábamos entre edificios de concreto bajos en la base de la Triple Canopy en Bagdad. Los tejados son de un metro 20 de gruesos y están especialmente separados en capas para absorber fuertes explosiones. La base está en la Zona Verde, detrás de las altas murallas que separan el extenso municipio de la coalición de los serios peligros del resto de Bagdad. Pero la zona, como dice la gente que vive y trabaja aquí, en estos días es más roja que verde: llueven morteros.
Al hombre lo puso la compañía en el complejo recientemente construido de Triple Canopy, con su prístino comedor y un destartalado gimnasio, sus torres de vigilancia y grandes contenedores llenos de balas. La base es lo suficientemente grande como para que otras firmas puedan alquilar espacios. La Triple Canopy ha avanzado bastante desde sus caóticos comienzos. Sus contratos actuales en Iraq, la mayoría con los ministerios de Defensa y de Asuntos Exteriores norteamericanos, tienen un valor de casi 250 millones de dólares al año. Y con el éxito obtenido en Iraq -la Triple Canopy todavía no tiene víctimas entre sus trabajadores o clientes- ha sido recientemente nombrada como una de las tres compañías que se dividirán anualmente 1 billón de dólares en trabajos de protección recientes con el ministerio de Asuntos Exteriores en países de alto riesgo en el mundo.
Pero el hombre de la seguridad privada con el que estaba, no estaba hablando de ganancias inesperadas a ese nivel. Estaba hablando de sus propios ingresos. "Nunca he sido tan rico", dijo. "No le debo nada a nadie".
Tenía charchas e hinchazones de carne debajo de su camiseta. "No te engañes por el envoltorio", dijo el ex coronel Delta que nos introdujo. "Ha sido un comando toda la vida". Después de una carrera de las Fuerzas Especiales, dijo el hombre, no había sido capaz de sobrevivir en el mundo civil. El trabajo en la construcción se derrumbó. Bebía mucho. Consiguió un trabajo como cajero en un minimercado -"hasta que descubrí que tenía que reír con los clientes". Se reía pesarosamente de su incapacidad de adaptación. Pero ahora, cuando su hijo de 16 le envió un mensaje por correo electrónico desde su casa en Carolina del Sur, con una foto para probar que había cortado el césped como había pedido su madre, podía comprar al chiquillo algunos aparatos de alta tecnología como regalo. "Me quedaré hasta que termine", dijo. "Me pagan muy bien".
No dijo cuánto ganaba, pero americanos y otros occidentales en la industria ganan entre 400 y 700 dólares al día, a veces un buen montón más. (Los no occidentales ganan mucho menos. Los fijianos y chilenos de la Triple Canopy ganan entre 40 y 150 dólares a la semana y duermen amontonados en barracas en la base de Bagdad, mientras los americanos duermen en sus propios dormitorios. La compañía explicó que la diferencia en los salarios diciendo que se debía a la preparación militar de los norteamericanos, que es muy superior, y a sus misiones de mayor riesgo). Los americanos de la Triple Canopy permanecen en Iraq en turnos de tres meses, que trabajan sin descanso. Dependiendo del tiempo que pasen en Estados Unidos en el curso de un año, la mayor parte de sus ingresos son libres de impuestos.
Sin embargo, no se trataba solamente del dinero, no para todo el mundo. "El dinero, obviamente", dijo Al, un gerente de Triple Canopy en Bagdad. Como muchos otros en la compañía, era de edad mediana y se había retirado del rarificado mundo de la unidad Delta. "Pero es la excitación, la camaradería".
Y de vuelta en el suburbio de Chicago donde visité a la compañía en mayo, en sus amplias y nuevas oficinas (que la Triple Canopy pronto cambiaría por un local similar en las afueras de Washington, para estar más cerca de su principal fuente de ingresos, el gobierno norteamericano), oí hablar exuberantemente a Matt Mann sobre "crear un capital nacional". Habría sido fácil comportarse más exuberantemente debido a los beneficios que estaba haciendo; habría sido fácil marearse directamente.
Pero su entusiasmo parecía provenir, igualmente, de otras cosas. Habló sobre el despilfarro de las estrellas de Operaciones Especiales, "hombres cuya inteligencia se iguala a la de los mejores abogados, los mejores médicos", hombres que han sobrevivido los adiestramientos más severos, que han aprendido a manejarse en culturas extrañas, que "no saben perder". Sus capacidades, dijo, no eran reconocidas ni utilizadas después de que dejaban las fuerzas armadas y entraban a la sociedad civil. Un enorme ventanal detrás de él da a un jardín perfectamente podado, con su fuente murmullando suavemente. Con vaqueros y una camisa deportiva de manga corta con un veraniego estampado, se echó hacia atrás en su escritorio de madera rubia, las manos detrás de la cabeza, mostrando sus brazos fuertes y bronceados. En cierto sentido, puede haber sido cualquier empresario renegado que ha inventado un nuevo producto y se ha hecho un hueco entre la comodidad de las multinacionales. Pero había un mapa de Iraq, cuyos tonos amarillos contrastan con el rubio de la madera, en la pared. No le importaba hablar de sus ideas sobre la guerra, pero se veía a sí mismo como creando un grupo de gente con talento que era menos dirigido por la egolatría, dijo, que por el patriotismo.
En una oficina cerca de Mann estaba Al Buford, el gerente de reclutamiento de la compañía, que llevaba pantalones kaki planchados y una camisa celeste. En un librero detrás de él, una fotografía enmarcada lo mostraba en uniforme de camuflaje, en una misión de las Fuerzas Especiales del Ejército en Panamá. Frente a él, su ordenador estaba cargado con hojas del examen psicométrico que toma Triple Canopy a sus empleados potenciales. El curso de adiestramiento y selección de tres semanas de la compañía incluye analogías de palabras de elección múltiple y simulacros de conducción a alta velocidad y pruebas de tiro. Y hay cientos de preguntas designadas para detectar problemas de personalidad antes de que la compañía entregue a un candidato un arma y lo envíe a Iraq.
Otras empresas emplean métodos diferentes. Una mañana, en una base militar cerca del aeropuerto de Bagdad, un soldado de la Triple Canopy con quien me hallaba, se encontró con un amigo que venía de ser despedido por la compañía. El amigo se emborracha a menudo; lo habían sorprendido bebiendo justo antes de que debiera proporcionar una escolta armada a un cliente. El día anterior, nos dijo el amigo, había tomado contacto con otra compañía americana. Hoy estaba firmando el contrato.
En Iraq no hay una regulación efectiva sobre quién contrata las firmas o cómo se adiestra a los soldados o cuáles son sus reglas de conducta. "En el mejor de los casos tienes profesionales que hacen lo que pueden en un ambiente caótico y agresivo", dijo Lyle Hendrick en un e-mail desde Iraq, en julio, describiendo a sus colegas en la seguridad privada. Ha pasado seis meses con una compañía en el norte del país y ahora trabaja para otra en Basra. "En el peor, tienes cowboys a los que no controla nadie, que disparan a voluntad o simplemente aletean.
Llegué a conocer a Hendrick, un hombre alto y de voz suave, parte nativo americano pies negros de Carolina del Sur, mientras estaba con permiso en Estados Unidos. Había sido capitán de las Fuerzas Especiales y detective privado después; finalmente se quedó sin dinero cuando desatendió su trabajo cuidando a su padrastro, que tuvo un fuerte derrame. Cuando firmó con su primera compañía y en junio del año pasado tomó el avión a Mosul, un semillero de la resistencia, llegó al aeropuerto un convoy de camiones a recibir a los nuevos reclutas. Para sus ojos novatos, los hombres en los vehículos "se veían como figurantes de los Road Warriors de Mel Gibson", dijo. Le dijeron que subiera y se preparara para disparar mientras viajaban, que observara el sector. "No hubo instrucciones, ni nos sentamos, nadie dijo qué teníamos que hacer; fue... echar tus cosas en el camión y partir".
Pocos meses después, estaba en un convoy, en el asiento de atrás de la cabina de una furgoneta, escoltando a un equipo del Cuerpo de Ingenieros del Ejército hacia un lugar en el desierto, donde debían hacer explotar las municiones capturadas. En el desolado terreno, de acuerdo a Hendrick y un colega que estaba presente ese día, desde detrás de una berma apareció un SUV blanco. Estaba al lado de Hendrick, a 200 metros. Hendrick llevaba un casco negro, gafas protectoras anti-vaho, con un kaffiyeh enrollado en su cuello y guantes protectores de color marrón. Se asomó por su ventanilla aferrando una ametralladora ligera. La distancia se acortaba. "¡Se está acercando!", oyó gritar a alguien de su equipo. Pensó que era un campesino idiota. Él tenía el mejor ángulo; hizo unos disparos de advertencia. Podía ver al conductor, vestido de blanco. La distancia era menos de 30 metros. Apuntó a las ruedas. "El campesino idiota giró, esto no puede estar pasando", dijo. Todo fue instintivo. Disparó contra la puerta y ventana del conductor. El SUV dio un tirón hacia un lado -y explotó, "convirtiéndose en una bola de fuego naranja y blanco", tan cerca que la explosión destruyó un vehículo del convoy, aunque los hombres dentro no sufrieron heridas. El SUV desapareció. Estaba lleno de explosivos -era un terrorista kamikaze. Lo único que quedó fue un pedazo de llanta. Un pedazo del cuero cabelludo del atacante colgaba de uno de los vehículos del convoy.
Hendrick me mostró fotografías de los restos humeantes. Quería estar seguro de que yo entendía el tipo de situaciones a las que él y sus colegas tienen que enfrentarse. Pero también dijo: "Todo esto ha producido unos personajes bastante espeluznantes". Mencionó un artículo en un diario sobre un hombre con el que había trabajado. El hombre fue detenido cuando viajó a Estados Unidos con permiso. Aparentemente, la compañía de seguridad no había chequeado sus antecedentes, si es que los chequeaba de alguno. Resultó ser un fugitivo de Massachusetts. Lo acusaban de desfalco. También había violado los términos de una sentencia suspendida en un caso aparte, explicó un diario local de Lowell, Massachusetts: había sido condenado por agresión "después de que casi le volara la mandíbula a un amigo en un juego de ruleta rusa".
Mark alzó sus fuertes antebrazos y realizó la pantomima de lavarse las manos y secarse a capirotazos. Gerente de la Triple Canopy en Bagdad, Mark estaba detrás de su escritorio en la base de la Triple Canopy, haciendo una demostración de la posición del ministerio de Defensa sobre la supervisión y control de las compañías privadas de seguridad. "El ministerio no quiere tener nada que ver con esto", dijo. "No tienen tiempo. No tienen cifras. Y Estados Unidos no puede investigar incidentes. No tienen investigadores. Está la ley iraquí. No es que exista una ley iraquí. ¿Tengo que entregar mis armas a la policía iraquí? No lo haría. Eso podría significar mi muerte".
Nadie sabe cuántas veces el fuego de algún equipo de seguridad privada ha herido a transeúntes o matado a choferes inocentes que se acercaron demasiado a un convoy, sin darse cuenta que la mera proximidad podía ser considerada una amenaza. Cuando disparan sus armas en defensa propia o como advertencia, los equipos rara vez se preocupan de verificar si hay heridos -sería demasiado peligroso, pues están en medio en una guerra. Además, nadie con autoridad vigila lo que pasa.
Y las reglas que existen son ignoradas. Un decreto de la APC, que se ha incorporado entre las leyes iraquíes, limita el calibre y tipo de armas que puede emplear el personal de la seguridad privada. Pero varias personas en la industria me dijeron que, especialmente fuera de Bagdad, armas como ametralladoras pesadas y granadas -quizás por necesidad- forman parte, a veces, del arsenal.
Algunas de las firmas americanas y británicas más importante, la Triple Canopy entre ellas, abogan por una supervisión más cuidadosa de sus negocios, de parte del gobierno y, si fuera posible en el futuro, de Naciones Unidas. Les gustaría tener controles sobre todo tipo de cosas, desde un adiestramiento adecuado hasta violaciones de derechos humanos. Les gustaría que los rivales más impetuosos perdieran sus contratos. Les gustaría que su trabajo fuera legítimo, y remover el estigma de que sus propios hombres son granujas y mercenarios.
En octubre del año pasado, un proyecto de ley en el congreso exigió que el ministerio de Defensa propusiera un plan para controlar a las compañías de seguridad -para investigar los antecedentes personales e inculcar las reglas de intervención y exigir su cumplimiento. Hasta entonces, de acuerdo a un funcionario del Pentágono familiarizado con el proceso, que pidió no ser identificado debido a que el plan del Pentágono todavía está siendo completado, el ministerio ha estado trabajando, durante varios meses, en una doctrina que trata de modo general todos los tipos de subcontratistas privados en Iraq, pero sin tratar específicamente el enorme sector de guardias armados. Parece que sólo el proyecto de octubre empujó al Pentágono a explicar formalmente las partes más vitales, y potencialmente más problemáticas, de sus subcontrataciones. El congreso dio al ministerio seis meses para presentar el plan. Han pasado nueve meses. Ahora el Pentágono ha declarado que el plan se presentará uno de estos días; no hay modo de saber si va a cambiar algo -qué instrucciones dará, qué nivel de cumplimiento se exigirá. Cuando le pregunté al funcionario del Pentágono sobre quién implementaría las reglas en Iraq, me dijo que "el contexto" sería la nueva soberanía del país. Fue difícil no pensar que el novato gobierno de Iraq deberá cuidar por sí solo de controlar a los miles de pistoleros privados que la ocupación norteamericana ha introducido en el país. Es difícil no pensar que las compañías seguirán haciendo lo que quieren.
Catorce guardias privados, que viajaban en un convoy a través de Faluya en mayo, fueron detenidos por marines norteamericanos, la primera, y según parece la última vez que los militares han realizado una detención semejante. Un memorándum de la Marina, citado por el Washington Post, acusó a los guardias, que trabajaban para una compañía llamada Zapata Engineering, de "disparar repetidas veces sus armas contra civiles y marines, conducción errática y posesión de armas ilegales" -seis armas anti-tanques que, según explicaron más tarde los hombres de Zapata, mantenían para defenderse y autorizados, dijeron, por los militares norteamericanos. Los guardias (ocho de ellos ex marines) dijeron que habían disparado contra civiles, pero eran disparos de advertencia. Insistieron en que sus balas nunca pusieron en peligro a militares. Sugirieron que su detención -que duró tres días, tras los cuales fueron liberados, de momento sin cargos- era motivada por envidias sobre sus salarios. Contaron que fueron tratados con rudeza y burlas, y les habían preguntado: "¿Qué se siente de ser un guardia rico?"
Este tipo de resentimiento se está profundizando. Lo que Matt Mann llamó un "capital nacional" puede ser corrosivo. Y las compañías privadas de seguridad están, ciertamente, erosionando los sectores de elite de las fuerzas armadas; las tropas mejor preparadas, los hombres más deseables para las compañías, son seducidos por los salarios que pueden incluso doblar lo que ganan en las fuerzas armadas. Las Fuerzas Especiales han respondido últimamente con bonos de re-alistamiento de hasta 150.000 dólares. No es suficiente. Un hombre de la Triple Canopy, en sus treinta, con 15 años de experiencia en Operaciones Especiales, me dijo que su comandante le había suplicado que siguiera en el servicio. "Pero, ni modo", dijo. "Aquí tendré lo mejor y ganaré mucho más dinero". La Triple Canopy, me dijo Mann, tiene como política no reclutar nunca directamente de las fuerzas armadas. Pero cuando este hombre dejó el ejército, sabía exactamente dónde quería ir. Y muchos de sus viejos amigos de "la unidad" -el modo oblicuo de los soldados de la unidad Delta para referirse a su exclusiva casta- estaban dispuestos a seguirlo.
Existe el peligro de que otra cosa pueda finalmente erosionarse, si hay un cambio hacia un mayor uso de guardias privados -y más medios militares- para compensar la inevitable reducción de tropas en Iraq o para hacer otras guerras. Eso podría significar la pérdida de una comprensión especial, de nuestra identidad como sociedad, algo que consideramos sagrado. Los mercenarios fueron considerados como normales durante miles de años, pero Estados Unidos ha prosperado en una época en que los mercenarios al servicio del estado -que sirven al país- han adquirido una condición enaltecida. A menudo ponemos en duda las razones para hacer guerra, pero tendemos a admirar a los soldados que son enviados a pelear. Rendimos homenaje a su sacrificio, lo ensalzamos y en ello vemos el reflejo del valor de nuestra sociedad. En ello sentimos nuestro especial valor. Podemos no saber qué pensar de nosotros mismos cuando el servicio y el sacrificio se mezclan cada vez más con el deseo de ganancias. Podemos desconocer qué se siente en un estado que ya no es defendido por hombres y mujeres que consideramos puros.
Pero esa es una preocupación abstracta y quizás distante. Preguntarse qué pasará cuando el trabajo privado en Iraq finalmente desaparezca es una preocupación más concreta. ¿Qué pasará con esas compañías, esos hombres, sin esos miles de contratos? Algunos obtendrán otros para proteger dependencias y agencias norteamericanas en todo el mundo. Algunos harán lo mismo para otros gobiernos. Doug Brooks, cuya organización en Washington, la International Peace Operations Association, representa a varias firmas importantes, dice que cree que Naciones Unidas contratará pronto a las compañías para proteger los campamentos de refugiados en zonas de guerra. Pero algunas de las empresas y hombres sin duda obtendrán trabajo con dictadores o con terribles insurrecciones -o con el tipo de especuladores del petróleo que supuestamente respaldaron un reciente intento de golpe de estado en Guinea Ecuatorial (una conspiración que involucra a ex miembros de Executive Outcomes), en un intento de instalar un gobernante que facilitara sus negocios. Y con tantos soldados privados nuevos en el paro cuando el mercado iraquí finalmente se derrumbe, ¿no es probable que algunos de ellos acepten esos trabajos -trabajos de mercenarios en los territorios más caóticos del planeta?
En la base de Bagdad, ocho guardias de la Triple Canopy y yo subimos a una SUV y un sedán, las puertas blindadas tan pesadas que al abrirlas parecía que uno las empujaba contra el agua. Los hombres, en camiseta y con chalecos antibalas llenos de cargadores, estaban listos para su misión de la mañana. Yo era la persona a la que tenían que escoltar. De ese modo pensaron que me darían una impresión de cómo trabajan. De todos modos, yo tenía que llegar al aeropuerto.
En una reunión previa, el jefe de su equipo les dijo que las ruidosas explosiones que habíamos oído unas horas antes, fueron provocadas por una serie de vehículos improvisados cargados de explosivos, en un vecindario aledaño a la Zona Verde. Les dijo que la velocidad óptima para el trayecto era de 160 kilómetros por hora. No era necesario que les dijera que el trayecto de 8 kilómetros de carretera entre la Zona Verde y el aeropuerto es conocido como el más peligroso del mundo. Los insurgentes colocan bombas a control remoto a los arcenes y en las entradas en coches llenos de explosivos, y esperan. Buscan los tipos de vehículos que utilizan los equipos de seguridad -equipos que son sus enemigos y que protegen a dirigentes enemigos.
El blindaje de la SUV y el sudan no era suficiente para protegernos de las bombas; incluso puede no resistir el impacto de granadas. Cada vehículo lleva una mochila llena de balas en caso de que un ataque dañara los coches y dejara a los hombres enfrentados a un largo tiroteo. Siempre les acompaña un médico. Sentado a la izquierda en el asiento de atrás de la SUV, torcido hacia un lado para mirar por la ventana con un rifle en la mano, el médico me indicó un botiquín adicional para transfusiones. "Tendrás que usarlo si me estoy desangrando", dijo.
No llegamos muy lejos tras salir de la Zona Verde. El tráfico estaba pesado en la carretera, y la lentitud permite que los insurgentes apunten mejor contra sus blancos, coordinando la detonación de sus bombas junto a las calles o acercándose con sus coches de kamikazes. Junto a nosotros apareció un camión cisterna blanco, su tanque dispuesto a estallar con el impacto de una granada. Doblamos hacia la berma de tierra y volvimos a la base. "Somos una compañía aburrida", dijo Al, uno de los gerentes. "Limitamos los riesgos".
Una hora después el jefe del equipo decidió volver a intentarlo. Nos alejamos de la Zona Verde, acelerando hacia la autopista. "¡Nos viene siguiendo una furgoneta blanca!", gritó un guardia. En el camino de acceso, la furgoneta sospechosa mantenía su velocidad.
Entonces, de repente, frenamos. El tráfico avanzaba lentamente y las puertas estaban "rotas". Es un término que utiliza la compañía: abrir las puertas lo menos posible, con los rifles apuntando hacia fuera -la respuesta cuando otros vehículos se acercan demasiado. Las ventanas de los vehículos blindados son tan pesadas que cuando no se alzan una vez que han sido bajadas, de modo los hombres de la Triple Canopy no usan las ventanas para apuntar sus armas. La puerta entreabierta es un procedimiento que se ensaya; pueden desplazarse así a altas velocidades, apuntando sus armas hacia fuera en señal de aviso, o disparando a los coches que se acercan. Ahora lo hacían casi sin avanzar. "¡Vigila al tío a tu derecha!"
El peligro se sentía más cerca a la derecha y por detrás. No pude evitar pensar en Lyle Hendrick, en el kamikaze al que había disparado en el último instante. Pero ahora, en lugar de disparar, el guardia a mi derecha levantó la mano de su cañón y elevó sus dedos empuñados en el aire, un ademán iraquí que dice al conductor que pare o se aleje. Suerte o instinto, fue un buen encuentro. El conductor dejó de tratar de avanzar; su atención la habían capturado los dedos o el cañón de la ametralladora.
Superando a una docena de coches, nos acercamos al arcén para llegar a la cabeza del tráfico embotellado. Ahí estaba el "Gran Ejército" -el nombre que dan los guardias a las fuerzas regulares. Las tropas nos hicieron señas de parar. Nos dijeron que habían encontrado una bomba en el camino, a unos cientos de metros más adelante, y esperamos a que su cuadrilla anti-explosivos la desactivara. La ola expansiva pasó por nuestros pechos; el humo se arremolinó sobre el pavimento.
El camino hacia el aeropuerto estaba despejado. La puerta militar se hizo visible. Justo afuera, la semana pasada otro convoy de la compañía había sufrido una emboscada. Pero ahora, junto a mí en la SUV, los hombres se relajaron ligeramente mientras nos aproximábamos al puesto de control. Y cuando pasamos, los músculos -de los ojos, de la espalda- se aflojaron perceptiblemente. De momento, estábamos a salvo.
Daniel Bergner es autor de 'In the Land of Magic Soldiers: A Story of White and Black in West Africa'
16 de agosto de 2005
14 de agosto de 2005
©new york times
©traducción mQh
Cuando Matt Mann necesitó comprar vehículos blindados, telefoneó a su cuñado, Ken Rooke. Rooke no tenía ni la menor idea sobre ventanas antibalas o suelos anti-granadas, pero no era completamente incapaz de comprar. Al menos, sabía algo sobre coches. Una vez en el periférico de Carolina del Norte, organizaba carreras para una emisora radial local. Era lo más cerca a un experto con que contaba Mann.Mann, un sargento maestre de Operaciones Especiales del Ejército, jubilado, entrado en los cuarenta, necesitaba esos vehículos con urgencia. Y necesitaba armas. Era principios del año pasado, y la compañía que él y dos socios habían creado, la Triple Canopy, había recién obtenido contratos de gobierno para custodiar 13 cuarteles de la Autoridad Provisional de la Coalición APC en todo Iraq. (Los acuerdos de seis meses renovables llegaban en total a unos 90 millones de dólares). La APC era el órgano de gobierno de la ocupación militar norteamericana. La Triple Canopy -no los militares norteamericanos- la protegería. Y otras compañías. Con el resurgimiento de la resistencia, el trabajo de proteger los recintos de la APC y de impedir que los arquitectos de la ocupación fueran asesinados, había sido privatizado.
Sin embargo, cuando la Triple Canopy fue contratada, apenas existía. Mann y uno de sus socios, Tom Katis, un viejo amigo de las Fuerzas Especiales, hablaron después del 11 de septiembre de 2001, sobre empezar un negocio que de alguna manera se ocupara de la amenaza terrorista. Pensaron que podían usar su experiencia militar para adiestrar a agencias de gobierno en técnicas antiterroristas. En un ejercicio de las Fuerzas Especiales en América Central (los dos, en esa época, estaban en la Guardia Nacional; Mann venía del Ejército regular y trabajaba como ingeniero civil, y Katis se había graduado en Yale y comenzado una carrera en las finanzas), y soñaban con su proyecto de empresa debajo del follaje de la selva -la copa de los árboles de la selva de la que tomaron el nombre.
No hicieron mucho más. Cuando se enteraron de los trabajos en seguridad de la APC y empezaron a competir por los contratos, eran sólo un nombre, una idea. Con dinero tomado de prestado de familiares y amigos, empezaron a contratar a ex colegas del Ejército esperando que la compañía, de algún modo, tuviera éxito. No tenían más que sus currículum vitae para darles esperanza. Los currícula, sin embargo, eran impresionantes. Mann pasó seis años en la Fuerza Delta del Ejército, su unidad más selecta, estrictamente adiestrada y secreta, y él reclutó a operadores de la Fuerza Delta retirados. Es un hombre incontenible con el pelo canoso y corto, ojos azules y una sonrisa radiante, y mientras me contaba sobre los primeros días de la Triple Canopy, recordó su desconfianza en los hombres que eran atraídos por la compañía. "¿Ese quiere trabajar para mí?", dijo que pensó, una y otra vez. Pero su modestia no llegaba tan lejos. "Las estrellas del rock quieren trabajar con estrellas del rock", dijo. Los ex soldados de la Fuerza Delta, pesadamente decorados y con todo tipo de experiencia de combate y clandestina, siguieron presentándose.
"Nosotros éramos la ardilla que quería una nuez", recordó Al Buford, uno de los primeros empleados y veterano de la Fuerza Delta, sobre las expectativas de trabajo iniciales de la compañía. Y cuando fueron contratados para proteger más de la mitad de los locales de la APC en Iraq, y para escoltar a funcionarios de la APC a lo largo de las mortíferas carreteras del país, "se nos vino todo un cargamento de nueces encima".
Así, también se enteró el cuñado de Mann, Ken Rooke. "Soy un fanático de los aparatos", me dijo Rooke. "Pero estábamos disparando sin sacar la pistola del cinturón. Nunca me sentí competente con lo que estaba haciendo".
"Debido a la guerra", continuó, no había vehículos blindados nuevos. Buscó en internet, hizo innumerables llamadas y compró varios sedanes Mercedes blindados que habían pertenecido al sultán de Brunei antes de que fueran alquilados a los guardias. Remplazó las elegantes ruedas de rayos, y colocó llantas sin aire, de modo que los vehículos pudieran salir de una emboscada incluso después de que las llantas hubieran sido agujereadas de balazos. Luego tuvo que embarcar a Iraq esta flota improvisada.
En cuanto a las armas, Triple Canopy también tuvo que conformarse. El transporte de armas de fuego desde Estados Unidos exigía documentos legales por los que la compañía no podía esperar; en lugar de eso, en Iraq, consiguió un permiso del ministerio de Defensa para visitar los depósitos de municiones capturadas al enemigo. La compañía recogió un montón de AK-47 y seleccionó todo lo que podía servir.
De ese modo obtuvo Triple Canopy vehículos y rifles de asalto, y cuando necesitaba dinero en Iraq, para pagar a los empleados o comprar equipos o construir campamentos, enviaba a alguien desde Chicago, la sede de la compañía, con una mochila llena de fajos de billetes de cien dólares. "Todo lo que la gente en Iraq tenía que decir era: Necesitamos una mochila'", dijo Mann. "O: Necesitamos dos mochilas'". Cada mochila contenía medio millón de dólares.
Y de este modo nació una de las compañías privadas de seguridad más grandes de Iraq. Así fue la Triple Canopy a la guerra. Muchas otras compañías han hecho lo mismo; algunas estaban ya establecidas antes de la invasión norteamericana, otras menos. Las firmas en Iraq emplean un gran número de hombres armados. Nadie sabe cuántos con exactitud. En junio, en Bagdad, en un terreno de la coalición protegido por guardias privados en la Zona Verde, hablé con Lawrence Peter, un defensor pagado por la industria y -en lo que llamó una "colaboración privada-pública"-, consultor en el ministerio de Defensa para encargos de seguridad. Calculó la cantidad de hombres armados en unos 25.000. (En adición a los 50.000 a 70.000 civiles desarmados que trabajan para intereses americanos en Iraq, fundamentalmente para Halliburton y sus sucursales, haciendo cualquier cosa, desde servicios de mantenimiento de aviones de guerra hasta conducir camiones con alimentos y lavar platos). Pero los cálculos, de representantes de la industria y el diminuto sector de académicos que estudia los problemas de la guerra privatizada, son tan vagos que sólo sirven para confirmar el caso en Iraq y el hecho de que -a pesar de un intento de imponer licencias a las firmas por el novato ministerio del Interior iraquí-- nadie en realidad lleva la cuenta de todas las empresas que proporcionan escuadrones de soldados equipados con rifles de asalto y ametralladoras ligeras alimentadas por cinta. Peter supone que había unas 60 empresas en total. "Quizás 80", agregó rápidamente, mencionando que había cualquier cantidad de nuevas empresas chicas. Continuó: "¿Cien? Posiblemente".
La Triple Canopy tiene ahora unos 1.000 hombres en Iraq, unos 200 de ellos estadounidenses y casi todo el resto de Chile y Fiji. Sus rivales incluyen firmas británicas que contratan a soldados de las unidades de elite de las fuerzas armadas británicas y grupos que ocupaban a veteranos sudafricanos de las guerras para proteger el apartheid. Australianos y ucranianos y rumanos e iraquíes, todos se ganan la vida en el negocio. Muchos tienen experiencia como soldados; algunos han sido policías. Las empresas custodian las enormes corporaciones americanas involucradas en la reconstrucción de Iraq. Los pistoleros privados tratan de mantener a raya a los insurgentes de modo que los suministros puedan ser entregados y construidas las centrales eléctricas. Las empresas custodian a las enormes multinacionales americanas que se ocupan de la reconstrucción de Iraq. Y compañías como la Triple Canopy protegen contra ataques los recintos del gobierno americano. Con las armas sobresaliendo de sus todoterrenos, escoltan de reunión en reunión a funcionarios estadounidenses. Protegen edificios y gente que probablemente a la resistencia le gustaría atacar.
Durante su tiempo como presidente de la APC, L. Paul Bremer III, al que la resistencia puede haber considerado como su blanco de más valor, fue protegido por un rival de la Triple Canopy, Blackwater USA. Guardias privados, de acuerdo a Lawrence Peter, protegen ahora a generales norteamericanos. La Triple Canopy custodia una enorme base militar. Y en todo Iraq, la defensa de terrenos militares esenciales, como depósitos de municiones capturadas, ha sido informalmente compartida por soldados privados y tropas estadounidenses. Si la cifra de 25.000 es correcta, el negocio constituye casi un 16 por ciento de las fuerzas totales de la coalición.
Sin embargo, es difícil discernir quién autorizó estas subcontrataciones como política militar. No hubo ningún debate público; no se emitió ningún decreto oficial. ¿Y quién está a cargo de la supervisión de estos hombres armados? Una cosa es segura: son fundamentales para la campaña bélica. En abril de 2004, tras unos meses de la llegada de la Triple Canopy a Iraq, sus hombres estaban librando una desesperada batalla para defender el cuartel general de la APC en la ciudad de Kut. El Ejército Mahdi había lanzado un violento ataque.
En el mundo de las compañías como Triple Canopy, sólo se otorga importancia a unas pocas palabras. Desprecian la palabra "mercenarios". La frase "compañía militar privada" es acaloradamente imprecisa. "Compañía privada de seguridad" (o PSC) es del léxico profesional.
Aparte la semántica, los soldados privados han estado en el campo de batalla desde hace miles de años. Como cuenta P.W. Singer, un académico de la guerra privatizada en la Brookings Institution, en su libro Corporate Warriors', eran mercenarios los que servían en el ejército del Rey de Ur dos milenos antes de Cristo; los antiguos griegos complementaron sus fuerzas contratando la caballería y especialistas en tirachinas; y bandas privadas de piqueros, infantería con armas de 5 metros y medio de largo, demostraron en el siglo 13 ser superiores a la caballería y se convirtieron en un gasto necesario para los gobernantes en guerra de Europa durante cientos de años.
Pero los mercenarios empezaron a desaparecer del campo de batalla durante la Ilustración. En parte, se debió a avances en la ciencia de la guerra. Mejores armas exigían menos habilidades del combatiente. Se necesitó menos la experiencia del mercenario. Con un mosquete diseñado decentemente, un soldado novato podía ser preparado relativamente rápido antes de ser despachado hacia el frente. Y luego, los siglos 18 y 19 trajeron nuevas ideas sobre la santidad del país y el honor del ciudadano en la formación de los soldados. "Los que peleaban por lucro, antes que por patriotismo", escribe Singer, "carecían totalmente de respetabilidad". Sin embargo, los ingleses contrataron a 30.000 alemanes hessianos para que les ayudaran a combatir a los revolucionarios en la Guerra Americana de la Independencia. Sin embargo, gradualmente, el trabajo de los mercenarios se hizo cada vez más marginal y despreciado, y en las Convenciones de Ginebra de 1949 fue, en lo esencial, convertido en ilegal, al menos en guerras entre naciones.
Los mercenarios continuaron operando en lugares desconocidos y anárquicos del mundo; durante gran parte de la segunda mitad del siglo 20, desempeñaron notorios papeles en las insurrecciones de África. Pero en 1995, en el diminuto país al este de África, Sierra Leona, los soldados privados hicieron una intervención que cambió la percepción moral. Un ejército rebelde estaba quemando vivos a los aldeanos y empezando a desarrollar su atrocidad característica: cercenando las manos de los civiles y dejándoles vivir como muestras del poder de los rebeldes. Desesperado, el gobernante del país contrató a una firma sudafricana, Executive Outcomes, que era dirigida por un ex jefe militar del antiguo apartheid. Se presentaba a sí misma como otra cosa que una agencia de empleo violenta y oscura para veteranos de la época del apartheid. Tenía folletos brillantes describiendo sus servicios militares. Su líder se llamaba a sí mismo, presidente. Su trabajo no era para "mercenarios" ni "perros de la guerra"; pronto adoptaría el término "compañía militar privada".
En Sierra Leona, utilizando algunos aviones y unos 200 hombres, Executive Outcomes hizo retroceder al ejército rebelde de unos 10.000 hombres hacia el interior del país. La violencia volvió a estallar una vez que Executive Outcomes salió del país, pero el mundo vio que una fuerza privada bien adiestrada podía hacer mucho.
Poco después una compañía londinense dirigida por un ex teniente coronel inglés, Tim Spicer -cuya última empresa tiene ahora un contrato de casi 300 millones de dólares con el ministerio de Defensa norteamericano en Iraq-, trató nuevamente de salvar al país del oeste africano. Spicer fracasó, pero emergió como un portavoz del valor moral de las compañías militares privadas. "La palabra mercenario'", dijo al diario The Daily Telegraph, de Londres, de 1999, "evoca en la mente de la gente a un individuo implacable, sin compromisos, que tiene incluso inclinaciones criminales y psicóticas. No somos eso de ninguna manera. Todo lo que hacemos es ayudar a gobiernos amigos, razonables, a resolver problemas militares". (Sin embargo, a pesar de eso, Spice consideró una vez proporcionar ayuda a Mobutu Sese Seko, el tiránico dictador de Zaire, por un precio). El ministro de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña, Jack Straw, y un ex secretario general de Naciones Unidas, Brian Urquhart, comentaron el posible uso de compañías militares privadas para ayudar a Naciones Unidas a estabilizar las zonas de conflicto del mundo. Naciones Unidas no estaba ni remotamente cerca de contratar ejércitos privados para poner fin a guerras civiles, pero empezó a ocurrir un sutil cambio en su percepción.
En 2002, el gobierno norteamericano contrató a unos 40 guardias privados, de la compañía americana DynCopr, para proteger al presidente Hamid Karzai en Afganistán. Y en la primavera de 2003, cuando el general Jay Garner, jubilado, estableció la Oficina de Reconstrucción y Ayuda Humanitaria, la precursora de breve duración de la APC, como el órgano de gobierno de Iraq, el Pentágono encargó a un pequeño contingente de sudafricanos y gurkas nepaleses de la firma británica Global Rist Strategies la misión de protegerlo a él y su staff. "Eso", me dijo Garner cuando hablamos el mes pasado, "fue la génesis" del crecimiento de las compañías privadas de seguridad en Iraq.
Al comienzo de la ocupación, no eran demasiados. Entonces, en la segunda mitad de 2003, mientras la APC expandía su presencia en todo el país en su intento de gobernarlo y reconstruirlo, y la insurgencia resurgía, la APC se alejó de las fuerzas de la coalición, que le habían proporcionado alguna protección, y empezó a recurrir a las compañías para su seguridad. Andrew Bearpack, el jefe de operaciones de la APC, me explicó que era estrecha y firmemente asesorado por las fuerzas armadas norteamericanas en Iraq -y financiado por el ministerio de Defensa- para tomar decisiones.
Los contratos importantes fueron licitados. A la Triple Canopy se le asignó su trabajo en enero de 2004. Otras compañías recibieron, o habían recibido, sus partes. (Entretanto, las multinacionales que llevan a cabo la reconstrucción -el elemento central de la campaña de ocupación americana, estaban gastando hasta un 25 por ciento del gobierno estadounidense en protección pagada). El despliegue de guardias armados creció y creció con una profusión que puede ser explicada en parte por el sutil cambio de percepción que removió algunos de los viejos estigmas de los mercenarios, y parcialmente por el énfasis en las subcontrataciones que ha ganado impulso en las fuerzas armadas de Estados Unidos desde principios de los años noventa (pero que se había concentrado en el apoyo logístico, desarmado). Más inmediatamente, sin embargo, el explosivo crecimiento se puede explicar por el empuje de la resistencia en Iraq y por el hecho evidente de que no hay suficientes tropas en el terreno para hacerle frente.
"Seguro, desempeñan una función militar", dijo Garner sobre las compañías. Pero, indicando que no estaba criticando al ministerio de Defensa, agregó: "El problema de fondo es que la potencia" -eso es, la capacidad de combate de Estados Unidos- "es demasiado baja". Y Bearpark, que últimamente trabaja como consultor de una firma de seguridad, dijo que la protección privada es a veces mejor que un ejército regular. Los equipos privados son más modernos y flexibles, dijo; a menudo están mejor adiestrados para el trabajo; y están dispuestos a correr más riesgos, lo que permite que los funcionarios puedan operar más libremente. Pero la razón fundamental para que la APC contrate compañías, dijo, es que "los militares no han proporcionado soldados suficientes. Se estiraron hasta el límite".
El ministerio de Defensa prefiere no discutir el papel de las compañías de seguridad en Iraq, y cómo exactamente creció tanto. Durante las varias semanas que llamé repetidas veces al Pentágono, para preguntar si el ministro de Defensa o uno de sus subsecretarios había, en algún momento, pensado sobre la presencia de esos 25.000 hombres armados o quizás autorizado de alguna manera, poco a poco o enteramente. Estas preguntas -que nadie con quien hable fue capaz de responder-, obtuvieron de agentes de presa departamentales una serie de promesas incumplidas para ayudarme a encontrar una respuesta. Al final, me enviaron una declaración escrita, aprobada oficialmente, que daba vueltas en torno a la pregunta, pero incluía la frase clave: "Las compañías privadas de seguridad no son utilizadas en funciones inherentemente militares".
La reticencia del Pentágono sobre este asunto puede deberse a la incomodidad sobre la acusación ahora común, de que no se preparó adecuadamente para hacer frente a la resistencia. (Puede interpretar preguntas sobre los guardias privados como conduciendo inevitablemente a preguntas sobre los niveles de tropas). Pero hay probablemente una inquietud adicional: un persistente problema con la imagen pública de las compañías. El cambio de percepción no ha sido completo; la odiada palabra "mercenarios" todavía planea demasiado cerca. Con este problema, las compañías están haciendo lo que pueden para ayudar. Muchas de ellas han tratado de re-bautizarse, a separarse todavía más del pasado, de la antigua infamia de crueldad, de ser blancos insurrectos de tiempo parcial en África, para hacerse más digerible para todos.
Cuando conocí a Lawrence Peter, un hombre pequeño con una fogosa voz, despotricaba que la prensa se negaba a aceptar el nuevo término escogido por las compañías: "¡No somos compañías militares privadas! ¡Somos compañías de seguridad privadas! ¡Seguridad privada!" Justificó la distinción diciendo: "El trabajo es defensivo. Nosotros protegemos". A veces, sin embargo, la distinción parece secundaria. Sin que importe cómo queráis llamar a la Triple Canopy y sus hombres, cuando el Ejército de Mahdi -una milicia chií radical leal al clérigo militante Moktada al-Sáder- atacaron Kut, la verdad fue que la compañía estuvo peleando una guerra.
Un actual asesor de adiestramiento de la Triple Canopy estaba, a principios de abril de 2004, a cargo de la defensa del cuartel general de la ocupación en Kut. (Por razones de seguridad, la política de la Triple Canopy es que sus empleados en Iraq o que probablemente vuelvan a Iraq no deban ser identificados por sus nombres completos). John, 50, un hombre alto con bigote de brocha, ha pasado 26 años en el ejército norteamericano, la mayor parte en la unidad Delta. Estuvo en el primer helicóptero de la invasión de Granada en 1983; su helicóptero y los otros detrás de él fueron acribillados y destrozados a balazos, y tres soldados que iban a su lado cayeron muertos. "Nunca recibí tanto fuego de nuevo hasta Kut", me dijo, en mayo. "Kut fue como saltar en el aire -sabías que te podían matar en cualquier momento".
Junto a un río y rodeado por tres lados por la pequeña ciudad chií, el recinto de la APC en Kut consistía de varias estructuras de concreto de uno y dos pisos. Los edificios habían sido ocupados por dependencias baazistas y un hotel. Ahí el gobernador regional de la coalición, conocido como el coordinador de la gobernación, vivía y trabajaba con un equipo de funcionarios y subcontratistas de proyectos de reconstrucción, rodeado de murallas protectoras de 3 metros 60 de alto en el perímetro del terreno -excepto junto al río donde, me dijo John, el coordinador de la gobernación, un inglés, prefería que nada obstruyera la vista. La ciudad había estado razonablemente tranquila. Era un "hoyo somnoliento", recordó John que dijeron sus jefes en la Triple Canopy, bromeando que sería un puesto conveniente para viejitos canosos.
La primera señal de que estaban sitiados fue la concentración de más de mil manifestantes en unos pocos lugares en la ciudad y en torno al terreno, exigiendo que la APC abandonara Kut. Muchos en la multitud llevaban rifles de asalto y lanzagranadas. John sospechó, dijo, que las protestas en el recinto fueran una treta para atacar el sitio. Corrió el rumor de que la policía iraquí adiestrada por la coalición habían abandonado las comisarías y puestos de control en la ciudad y que los combatientes de Mahdi habían requisado sus armas y uniformes. John tenía un equipo básico de tres guardias de la Triple Canopy. En el recinto había unos 40 soldados ucranianos de la coalición. Los guardias iraquíes empleados por la Triple Canopy ya habían empezado a renunciar y huir.
John declaró "puertas cerradas" y esperó lo que tuviera que venir. Los civiles se amarraron sus chalecos antibalas. Se retirarían a un local central en un hotel -el último punto de defensa-, en caso de que el perímetro fuera infiltrado. Llegaron avisos de coches-bomba. En la noche, dos coches parecían estar vigilando el recinto. En la mañana se escucharon tiroteos en toda la ciudad -y la horrible sorpresa de que el área justo en torno al recinto se veía abandonada. El ataque con fuego de ametralladoras y granadas empezó hacia mediodía. El asalto vino de cerca, justo en los edificios al otro lado de la calle. Y por todos lados. Los morteros estallaron. Explotó una granada cerca del Suburban de la APC; el vehículo fue consumido por las llamas. "17:40: Se ha incrementado el fuego de morteros desde el otro lado del río", se lee en un informe minuto-a-minuto llevado por un subcontratista civil. Las ventanas estallaron; enormes fragmentos de cemento caían de los edificios; los vehículos estallaban en pedazos.
La descarga de artillería y armas pequeñas del enemigo resurgió, volvió a decaer, y surgió nuevamente. "Durante la batalla, el comandante de facto del terreno del perímetro de defensa, es John", dice informe hora-a-hora de otro subcontratista. John subió al tejado del hotel para devolver el fuego. Los tres guardias de la Triple Canopy subieron a las torres. Sucesivos turnos de guardias iraquíes salían a borbotones por las salidas después de que uno de ellos fuera herido levemente y un traductor difundiera el rumor de que los americanos intentaban abandonarlos a su muerte. Los ucranianos pelearon implacablemente; cuando se quedaron sin municiones, John les proveyó con balas de la Triple Canopy, según la versión minuto-a-minuto. Envió a un cuarto soldado de la Triple Canopy, un joven preparador de perros que no había estado nunca en una batalla, a correr de torre en torre, llevando balas y agua a los otros guardias de la Triple Canopy, de los que, dijo John, "no creerías lo que dispararon", 2.500 balas, supuso. El perro antibomba fue dejado amarrado en el hotel y aullaba cada vez que explotaba un mortero.
En el tejado y corriendo entre estallidos por el terreno, John manipulaba tres radios y móvil entre sus manos y los bolsillos de su chaleco antibalas. Ninguno de los contingentes con los que necesitaba comunicarse -Triple Canopy; la otra compañía que manejaba la seguridad personal del coordinador de la gobernación (y que se había retirado dentro del recinto para protegerlo); los subcontratistas civiles; los enlaces con los militares americanos en otra ciudad- usaban el mismo sistema de comunicación. Suplicó a los militares que enviaran aviones de guerra para dispersar a los hombres de Muktada al-Sáder, entre 200 y 400.
La batalla continuó durante la noche. Ametralladoras pesadas abrieron el fuego desde el otro lado del río. "22:00. Hay un plan de evacuación aérea". Dos horas más tarde: "La Triple Canopy nos dijo que la evacuación aérea había sido cancelada" -las posibilidades de que un helicóptero fuera derribado durante el aterrizaje o despegue eran demasiado altas. Finalmente llegó un avión americano, disparando con sus cañones. La milicia se calmó, pero luego: "01:00. El hotel ha sido impactado varias veces y los edificios se sacuden con los impactos. Este combate es el peor de toda la intervención".
Parecía que no había escape; John pensó que la defensa había fracasado; cuando hablaba por radio y móvil trataba de controlar su voz, de mantener sus palabras "a nivel de intercambio de información". Luego llegaron helicópteros de guerra a sobrevolar el aérea. Dispararon, pero el enemigo buscó refugio nuevamente. Al amanecer, en una tregua, John y los ucranianos ejecutaron una orden del principal cuartel de la APC en Bagdad de que debían todos abandonar el terreno, sin que importaran los riesgos que se correrían al hacerlo. Se subieron a coches blindados y camiones abiertos. "No sabías en que esquinas ibas a morir", dijo John. Esperó que le enviaran morteros y lanzagranadas para aniquilarlos. Pero los helicópteros de combate siguieron sus rutas. No hubo fuego enemigo; llegaron a la base de la coalición más cercana; los civiles y soldados del recinto habían sobrevivido la batalla sin sufrir heridas graves.
Esa misma semana, a ciento cincuenta kilómetros al oeste de la ciudad de Nayaf, ocho guardias privados de la compañía Blackwater lucharon contra el Ejército de Mahdi, de al-Sáder, impidiendo que ocuparan el cuartel general de la APC allá. Los hombres de Blackwater salieron ilesos. Pero justo al otro lado de la ciudad durante la batalla de Kut, el Ejército de Madhi atacó un edificio en el que se encontraban cinco guardias del Grupo Hart, una firma inglesa que protege la reconstrucción del tendido eléctrico de Iraq. Los cinco quedaron heridos, y uno, abatido en el tejado del edificio en un tiroteo, murió desangrado.
Una semana antes, cuatro soldados de Blackwater, que escoltaban un camión con elementos de cocina a una base militar norteamericana, fueron emboscados y matados por insurgentes en Faluya -sus cuerpos fueron amarrados a la parte de atrás de un coche y arrastrados por las calles, quemados, descuartizados y exhibidos, colgados de un puente de Faluya. En esa época, los asesinatos de Faluya llamaron la atención no sólo por su brutalidad, sino también por el hecho de que las víctimas eran hombres de la seguridad privada.
Sin embargo, los hombres de la seguridad privada en Iraq están constantemente de batalla. Entre enero y agosto de 2004 (el último período sobre el que la compañía cuenta con cifras), los equipos de la Triple Canopy fueron atacados 40 veces, en incidentes que van desde impactos de granadas hasta ataques que duran al menos 24 horas. Y la cuenta de 40, me dijo el director de operaciones de la compañía, representaba solamente los ataques en que los hombres de la Triple Canopy habían devuelto el fuego. Seis a ocho veces esa cantidad de ataques -desde ráfagas de balas enemigas hasta fuego de morteros- no fueron registrados, calculó un portavoz de la compañía. La frecuencia de los ataques sigue siendo la misma. El estilo ha cambiado. Ataques como el de Kut, han dado paso a las emboscadas.
Es imposible decir con precisión cuántos hombres de la seguridad privada han sido matados en Iraq. Las muertes no son reportadas. Pero la cifra, de acuerdo a Lawrence Peter, es probablemente entre 160 y 200. Son más bajas que las sufridas por la mayoría de los miembros de la coalición americana.
"Alguna gente te dirá que están aquí por la patria", me dijo un guardia de seguridad privado de otra compañía. (No quiso que su nombre o el de su compañía fuera publicado, dijo, porque ni él ni sus colegas ni la industria en general opinan positivamente sobre los contactos con la prensa). "Eso es falso. Es por el dinero".
Estábamos entre edificios de concreto bajos en la base de la Triple Canopy en Bagdad. Los tejados son de un metro 20 de gruesos y están especialmente separados en capas para absorber fuertes explosiones. La base está en la Zona Verde, detrás de las altas murallas que separan el extenso municipio de la coalición de los serios peligros del resto de Bagdad. Pero la zona, como dice la gente que vive y trabaja aquí, en estos días es más roja que verde: llueven morteros.
Al hombre lo puso la compañía en el complejo recientemente construido de Triple Canopy, con su prístino comedor y un destartalado gimnasio, sus torres de vigilancia y grandes contenedores llenos de balas. La base es lo suficientemente grande como para que otras firmas puedan alquilar espacios. La Triple Canopy ha avanzado bastante desde sus caóticos comienzos. Sus contratos actuales en Iraq, la mayoría con los ministerios de Defensa y de Asuntos Exteriores norteamericanos, tienen un valor de casi 250 millones de dólares al año. Y con el éxito obtenido en Iraq -la Triple Canopy todavía no tiene víctimas entre sus trabajadores o clientes- ha sido recientemente nombrada como una de las tres compañías que se dividirán anualmente 1 billón de dólares en trabajos de protección recientes con el ministerio de Asuntos Exteriores en países de alto riesgo en el mundo.
Pero el hombre de la seguridad privada con el que estaba, no estaba hablando de ganancias inesperadas a ese nivel. Estaba hablando de sus propios ingresos. "Nunca he sido tan rico", dijo. "No le debo nada a nadie".
Tenía charchas e hinchazones de carne debajo de su camiseta. "No te engañes por el envoltorio", dijo el ex coronel Delta que nos introdujo. "Ha sido un comando toda la vida". Después de una carrera de las Fuerzas Especiales, dijo el hombre, no había sido capaz de sobrevivir en el mundo civil. El trabajo en la construcción se derrumbó. Bebía mucho. Consiguió un trabajo como cajero en un minimercado -"hasta que descubrí que tenía que reír con los clientes". Se reía pesarosamente de su incapacidad de adaptación. Pero ahora, cuando su hijo de 16 le envió un mensaje por correo electrónico desde su casa en Carolina del Sur, con una foto para probar que había cortado el césped como había pedido su madre, podía comprar al chiquillo algunos aparatos de alta tecnología como regalo. "Me quedaré hasta que termine", dijo. "Me pagan muy bien".
No dijo cuánto ganaba, pero americanos y otros occidentales en la industria ganan entre 400 y 700 dólares al día, a veces un buen montón más. (Los no occidentales ganan mucho menos. Los fijianos y chilenos de la Triple Canopy ganan entre 40 y 150 dólares a la semana y duermen amontonados en barracas en la base de Bagdad, mientras los americanos duermen en sus propios dormitorios. La compañía explicó que la diferencia en los salarios diciendo que se debía a la preparación militar de los norteamericanos, que es muy superior, y a sus misiones de mayor riesgo). Los americanos de la Triple Canopy permanecen en Iraq en turnos de tres meses, que trabajan sin descanso. Dependiendo del tiempo que pasen en Estados Unidos en el curso de un año, la mayor parte de sus ingresos son libres de impuestos.
Sin embargo, no se trataba solamente del dinero, no para todo el mundo. "El dinero, obviamente", dijo Al, un gerente de Triple Canopy en Bagdad. Como muchos otros en la compañía, era de edad mediana y se había retirado del rarificado mundo de la unidad Delta. "Pero es la excitación, la camaradería".
Y de vuelta en el suburbio de Chicago donde visité a la compañía en mayo, en sus amplias y nuevas oficinas (que la Triple Canopy pronto cambiaría por un local similar en las afueras de Washington, para estar más cerca de su principal fuente de ingresos, el gobierno norteamericano), oí hablar exuberantemente a Matt Mann sobre "crear un capital nacional". Habría sido fácil comportarse más exuberantemente debido a los beneficios que estaba haciendo; habría sido fácil marearse directamente.
Pero su entusiasmo parecía provenir, igualmente, de otras cosas. Habló sobre el despilfarro de las estrellas de Operaciones Especiales, "hombres cuya inteligencia se iguala a la de los mejores abogados, los mejores médicos", hombres que han sobrevivido los adiestramientos más severos, que han aprendido a manejarse en culturas extrañas, que "no saben perder". Sus capacidades, dijo, no eran reconocidas ni utilizadas después de que dejaban las fuerzas armadas y entraban a la sociedad civil. Un enorme ventanal detrás de él da a un jardín perfectamente podado, con su fuente murmullando suavemente. Con vaqueros y una camisa deportiva de manga corta con un veraniego estampado, se echó hacia atrás en su escritorio de madera rubia, las manos detrás de la cabeza, mostrando sus brazos fuertes y bronceados. En cierto sentido, puede haber sido cualquier empresario renegado que ha inventado un nuevo producto y se ha hecho un hueco entre la comodidad de las multinacionales. Pero había un mapa de Iraq, cuyos tonos amarillos contrastan con el rubio de la madera, en la pared. No le importaba hablar de sus ideas sobre la guerra, pero se veía a sí mismo como creando un grupo de gente con talento que era menos dirigido por la egolatría, dijo, que por el patriotismo.
En una oficina cerca de Mann estaba Al Buford, el gerente de reclutamiento de la compañía, que llevaba pantalones kaki planchados y una camisa celeste. En un librero detrás de él, una fotografía enmarcada lo mostraba en uniforme de camuflaje, en una misión de las Fuerzas Especiales del Ejército en Panamá. Frente a él, su ordenador estaba cargado con hojas del examen psicométrico que toma Triple Canopy a sus empleados potenciales. El curso de adiestramiento y selección de tres semanas de la compañía incluye analogías de palabras de elección múltiple y simulacros de conducción a alta velocidad y pruebas de tiro. Y hay cientos de preguntas designadas para detectar problemas de personalidad antes de que la compañía entregue a un candidato un arma y lo envíe a Iraq.
Otras empresas emplean métodos diferentes. Una mañana, en una base militar cerca del aeropuerto de Bagdad, un soldado de la Triple Canopy con quien me hallaba, se encontró con un amigo que venía de ser despedido por la compañía. El amigo se emborracha a menudo; lo habían sorprendido bebiendo justo antes de que debiera proporcionar una escolta armada a un cliente. El día anterior, nos dijo el amigo, había tomado contacto con otra compañía americana. Hoy estaba firmando el contrato.
En Iraq no hay una regulación efectiva sobre quién contrata las firmas o cómo se adiestra a los soldados o cuáles son sus reglas de conducta. "En el mejor de los casos tienes profesionales que hacen lo que pueden en un ambiente caótico y agresivo", dijo Lyle Hendrick en un e-mail desde Iraq, en julio, describiendo a sus colegas en la seguridad privada. Ha pasado seis meses con una compañía en el norte del país y ahora trabaja para otra en Basra. "En el peor, tienes cowboys a los que no controla nadie, que disparan a voluntad o simplemente aletean.
Llegué a conocer a Hendrick, un hombre alto y de voz suave, parte nativo americano pies negros de Carolina del Sur, mientras estaba con permiso en Estados Unidos. Había sido capitán de las Fuerzas Especiales y detective privado después; finalmente se quedó sin dinero cuando desatendió su trabajo cuidando a su padrastro, que tuvo un fuerte derrame. Cuando firmó con su primera compañía y en junio del año pasado tomó el avión a Mosul, un semillero de la resistencia, llegó al aeropuerto un convoy de camiones a recibir a los nuevos reclutas. Para sus ojos novatos, los hombres en los vehículos "se veían como figurantes de los Road Warriors de Mel Gibson", dijo. Le dijeron que subiera y se preparara para disparar mientras viajaban, que observara el sector. "No hubo instrucciones, ni nos sentamos, nadie dijo qué teníamos que hacer; fue... echar tus cosas en el camión y partir".
Pocos meses después, estaba en un convoy, en el asiento de atrás de la cabina de una furgoneta, escoltando a un equipo del Cuerpo de Ingenieros del Ejército hacia un lugar en el desierto, donde debían hacer explotar las municiones capturadas. En el desolado terreno, de acuerdo a Hendrick y un colega que estaba presente ese día, desde detrás de una berma apareció un SUV blanco. Estaba al lado de Hendrick, a 200 metros. Hendrick llevaba un casco negro, gafas protectoras anti-vaho, con un kaffiyeh enrollado en su cuello y guantes protectores de color marrón. Se asomó por su ventanilla aferrando una ametralladora ligera. La distancia se acortaba. "¡Se está acercando!", oyó gritar a alguien de su equipo. Pensó que era un campesino idiota. Él tenía el mejor ángulo; hizo unos disparos de advertencia. Podía ver al conductor, vestido de blanco. La distancia era menos de 30 metros. Apuntó a las ruedas. "El campesino idiota giró, esto no puede estar pasando", dijo. Todo fue instintivo. Disparó contra la puerta y ventana del conductor. El SUV dio un tirón hacia un lado -y explotó, "convirtiéndose en una bola de fuego naranja y blanco", tan cerca que la explosión destruyó un vehículo del convoy, aunque los hombres dentro no sufrieron heridas. El SUV desapareció. Estaba lleno de explosivos -era un terrorista kamikaze. Lo único que quedó fue un pedazo de llanta. Un pedazo del cuero cabelludo del atacante colgaba de uno de los vehículos del convoy.
Hendrick me mostró fotografías de los restos humeantes. Quería estar seguro de que yo entendía el tipo de situaciones a las que él y sus colegas tienen que enfrentarse. Pero también dijo: "Todo esto ha producido unos personajes bastante espeluznantes". Mencionó un artículo en un diario sobre un hombre con el que había trabajado. El hombre fue detenido cuando viajó a Estados Unidos con permiso. Aparentemente, la compañía de seguridad no había chequeado sus antecedentes, si es que los chequeaba de alguno. Resultó ser un fugitivo de Massachusetts. Lo acusaban de desfalco. También había violado los términos de una sentencia suspendida en un caso aparte, explicó un diario local de Lowell, Massachusetts: había sido condenado por agresión "después de que casi le volara la mandíbula a un amigo en un juego de ruleta rusa".
Mark alzó sus fuertes antebrazos y realizó la pantomima de lavarse las manos y secarse a capirotazos. Gerente de la Triple Canopy en Bagdad, Mark estaba detrás de su escritorio en la base de la Triple Canopy, haciendo una demostración de la posición del ministerio de Defensa sobre la supervisión y control de las compañías privadas de seguridad. "El ministerio no quiere tener nada que ver con esto", dijo. "No tienen tiempo. No tienen cifras. Y Estados Unidos no puede investigar incidentes. No tienen investigadores. Está la ley iraquí. No es que exista una ley iraquí. ¿Tengo que entregar mis armas a la policía iraquí? No lo haría. Eso podría significar mi muerte".
Nadie sabe cuántas veces el fuego de algún equipo de seguridad privada ha herido a transeúntes o matado a choferes inocentes que se acercaron demasiado a un convoy, sin darse cuenta que la mera proximidad podía ser considerada una amenaza. Cuando disparan sus armas en defensa propia o como advertencia, los equipos rara vez se preocupan de verificar si hay heridos -sería demasiado peligroso, pues están en medio en una guerra. Además, nadie con autoridad vigila lo que pasa.
Y las reglas que existen son ignoradas. Un decreto de la APC, que se ha incorporado entre las leyes iraquíes, limita el calibre y tipo de armas que puede emplear el personal de la seguridad privada. Pero varias personas en la industria me dijeron que, especialmente fuera de Bagdad, armas como ametralladoras pesadas y granadas -quizás por necesidad- forman parte, a veces, del arsenal.
Algunas de las firmas americanas y británicas más importante, la Triple Canopy entre ellas, abogan por una supervisión más cuidadosa de sus negocios, de parte del gobierno y, si fuera posible en el futuro, de Naciones Unidas. Les gustaría tener controles sobre todo tipo de cosas, desde un adiestramiento adecuado hasta violaciones de derechos humanos. Les gustaría que los rivales más impetuosos perdieran sus contratos. Les gustaría que su trabajo fuera legítimo, y remover el estigma de que sus propios hombres son granujas y mercenarios.
En octubre del año pasado, un proyecto de ley en el congreso exigió que el ministerio de Defensa propusiera un plan para controlar a las compañías de seguridad -para investigar los antecedentes personales e inculcar las reglas de intervención y exigir su cumplimiento. Hasta entonces, de acuerdo a un funcionario del Pentágono familiarizado con el proceso, que pidió no ser identificado debido a que el plan del Pentágono todavía está siendo completado, el ministerio ha estado trabajando, durante varios meses, en una doctrina que trata de modo general todos los tipos de subcontratistas privados en Iraq, pero sin tratar específicamente el enorme sector de guardias armados. Parece que sólo el proyecto de octubre empujó al Pentágono a explicar formalmente las partes más vitales, y potencialmente más problemáticas, de sus subcontrataciones. El congreso dio al ministerio seis meses para presentar el plan. Han pasado nueve meses. Ahora el Pentágono ha declarado que el plan se presentará uno de estos días; no hay modo de saber si va a cambiar algo -qué instrucciones dará, qué nivel de cumplimiento se exigirá. Cuando le pregunté al funcionario del Pentágono sobre quién implementaría las reglas en Iraq, me dijo que "el contexto" sería la nueva soberanía del país. Fue difícil no pensar que el novato gobierno de Iraq deberá cuidar por sí solo de controlar a los miles de pistoleros privados que la ocupación norteamericana ha introducido en el país. Es difícil no pensar que las compañías seguirán haciendo lo que quieren.
Catorce guardias privados, que viajaban en un convoy a través de Faluya en mayo, fueron detenidos por marines norteamericanos, la primera, y según parece la última vez que los militares han realizado una detención semejante. Un memorándum de la Marina, citado por el Washington Post, acusó a los guardias, que trabajaban para una compañía llamada Zapata Engineering, de "disparar repetidas veces sus armas contra civiles y marines, conducción errática y posesión de armas ilegales" -seis armas anti-tanques que, según explicaron más tarde los hombres de Zapata, mantenían para defenderse y autorizados, dijeron, por los militares norteamericanos. Los guardias (ocho de ellos ex marines) dijeron que habían disparado contra civiles, pero eran disparos de advertencia. Insistieron en que sus balas nunca pusieron en peligro a militares. Sugirieron que su detención -que duró tres días, tras los cuales fueron liberados, de momento sin cargos- era motivada por envidias sobre sus salarios. Contaron que fueron tratados con rudeza y burlas, y les habían preguntado: "¿Qué se siente de ser un guardia rico?"
Este tipo de resentimiento se está profundizando. Lo que Matt Mann llamó un "capital nacional" puede ser corrosivo. Y las compañías privadas de seguridad están, ciertamente, erosionando los sectores de elite de las fuerzas armadas; las tropas mejor preparadas, los hombres más deseables para las compañías, son seducidos por los salarios que pueden incluso doblar lo que ganan en las fuerzas armadas. Las Fuerzas Especiales han respondido últimamente con bonos de re-alistamiento de hasta 150.000 dólares. No es suficiente. Un hombre de la Triple Canopy, en sus treinta, con 15 años de experiencia en Operaciones Especiales, me dijo que su comandante le había suplicado que siguiera en el servicio. "Pero, ni modo", dijo. "Aquí tendré lo mejor y ganaré mucho más dinero". La Triple Canopy, me dijo Mann, tiene como política no reclutar nunca directamente de las fuerzas armadas. Pero cuando este hombre dejó el ejército, sabía exactamente dónde quería ir. Y muchos de sus viejos amigos de "la unidad" -el modo oblicuo de los soldados de la unidad Delta para referirse a su exclusiva casta- estaban dispuestos a seguirlo.
Existe el peligro de que otra cosa pueda finalmente erosionarse, si hay un cambio hacia un mayor uso de guardias privados -y más medios militares- para compensar la inevitable reducción de tropas en Iraq o para hacer otras guerras. Eso podría significar la pérdida de una comprensión especial, de nuestra identidad como sociedad, algo que consideramos sagrado. Los mercenarios fueron considerados como normales durante miles de años, pero Estados Unidos ha prosperado en una época en que los mercenarios al servicio del estado -que sirven al país- han adquirido una condición enaltecida. A menudo ponemos en duda las razones para hacer guerra, pero tendemos a admirar a los soldados que son enviados a pelear. Rendimos homenaje a su sacrificio, lo ensalzamos y en ello vemos el reflejo del valor de nuestra sociedad. En ello sentimos nuestro especial valor. Podemos no saber qué pensar de nosotros mismos cuando el servicio y el sacrificio se mezclan cada vez más con el deseo de ganancias. Podemos desconocer qué se siente en un estado que ya no es defendido por hombres y mujeres que consideramos puros.
Pero esa es una preocupación abstracta y quizás distante. Preguntarse qué pasará cuando el trabajo privado en Iraq finalmente desaparezca es una preocupación más concreta. ¿Qué pasará con esas compañías, esos hombres, sin esos miles de contratos? Algunos obtendrán otros para proteger dependencias y agencias norteamericanas en todo el mundo. Algunos harán lo mismo para otros gobiernos. Doug Brooks, cuya organización en Washington, la International Peace Operations Association, representa a varias firmas importantes, dice que cree que Naciones Unidas contratará pronto a las compañías para proteger los campamentos de refugiados en zonas de guerra. Pero algunas de las empresas y hombres sin duda obtendrán trabajo con dictadores o con terribles insurrecciones -o con el tipo de especuladores del petróleo que supuestamente respaldaron un reciente intento de golpe de estado en Guinea Ecuatorial (una conspiración que involucra a ex miembros de Executive Outcomes), en un intento de instalar un gobernante que facilitara sus negocios. Y con tantos soldados privados nuevos en el paro cuando el mercado iraquí finalmente se derrumbe, ¿no es probable que algunos de ellos acepten esos trabajos -trabajos de mercenarios en los territorios más caóticos del planeta?
En la base de Bagdad, ocho guardias de la Triple Canopy y yo subimos a una SUV y un sedán, las puertas blindadas tan pesadas que al abrirlas parecía que uno las empujaba contra el agua. Los hombres, en camiseta y con chalecos antibalas llenos de cargadores, estaban listos para su misión de la mañana. Yo era la persona a la que tenían que escoltar. De ese modo pensaron que me darían una impresión de cómo trabajan. De todos modos, yo tenía que llegar al aeropuerto.
En una reunión previa, el jefe de su equipo les dijo que las ruidosas explosiones que habíamos oído unas horas antes, fueron provocadas por una serie de vehículos improvisados cargados de explosivos, en un vecindario aledaño a la Zona Verde. Les dijo que la velocidad óptima para el trayecto era de 160 kilómetros por hora. No era necesario que les dijera que el trayecto de 8 kilómetros de carretera entre la Zona Verde y el aeropuerto es conocido como el más peligroso del mundo. Los insurgentes colocan bombas a control remoto a los arcenes y en las entradas en coches llenos de explosivos, y esperan. Buscan los tipos de vehículos que utilizan los equipos de seguridad -equipos que son sus enemigos y que protegen a dirigentes enemigos.
El blindaje de la SUV y el sudan no era suficiente para protegernos de las bombas; incluso puede no resistir el impacto de granadas. Cada vehículo lleva una mochila llena de balas en caso de que un ataque dañara los coches y dejara a los hombres enfrentados a un largo tiroteo. Siempre les acompaña un médico. Sentado a la izquierda en el asiento de atrás de la SUV, torcido hacia un lado para mirar por la ventana con un rifle en la mano, el médico me indicó un botiquín adicional para transfusiones. "Tendrás que usarlo si me estoy desangrando", dijo.
No llegamos muy lejos tras salir de la Zona Verde. El tráfico estaba pesado en la carretera, y la lentitud permite que los insurgentes apunten mejor contra sus blancos, coordinando la detonación de sus bombas junto a las calles o acercándose con sus coches de kamikazes. Junto a nosotros apareció un camión cisterna blanco, su tanque dispuesto a estallar con el impacto de una granada. Doblamos hacia la berma de tierra y volvimos a la base. "Somos una compañía aburrida", dijo Al, uno de los gerentes. "Limitamos los riesgos".
Una hora después el jefe del equipo decidió volver a intentarlo. Nos alejamos de la Zona Verde, acelerando hacia la autopista. "¡Nos viene siguiendo una furgoneta blanca!", gritó un guardia. En el camino de acceso, la furgoneta sospechosa mantenía su velocidad.
Entonces, de repente, frenamos. El tráfico avanzaba lentamente y las puertas estaban "rotas". Es un término que utiliza la compañía: abrir las puertas lo menos posible, con los rifles apuntando hacia fuera -la respuesta cuando otros vehículos se acercan demasiado. Las ventanas de los vehículos blindados son tan pesadas que cuando no se alzan una vez que han sido bajadas, de modo los hombres de la Triple Canopy no usan las ventanas para apuntar sus armas. La puerta entreabierta es un procedimiento que se ensaya; pueden desplazarse así a altas velocidades, apuntando sus armas hacia fuera en señal de aviso, o disparando a los coches que se acercan. Ahora lo hacían casi sin avanzar. "¡Vigila al tío a tu derecha!"
El peligro se sentía más cerca a la derecha y por detrás. No pude evitar pensar en Lyle Hendrick, en el kamikaze al que había disparado en el último instante. Pero ahora, en lugar de disparar, el guardia a mi derecha levantó la mano de su cañón y elevó sus dedos empuñados en el aire, un ademán iraquí que dice al conductor que pare o se aleje. Suerte o instinto, fue un buen encuentro. El conductor dejó de tratar de avanzar; su atención la habían capturado los dedos o el cañón de la ametralladora.
Superando a una docena de coches, nos acercamos al arcén para llegar a la cabeza del tráfico embotellado. Ahí estaba el "Gran Ejército" -el nombre que dan los guardias a las fuerzas regulares. Las tropas nos hicieron señas de parar. Nos dijeron que habían encontrado una bomba en el camino, a unos cientos de metros más adelante, y esperamos a que su cuadrilla anti-explosivos la desactivara. La ola expansiva pasó por nuestros pechos; el humo se arremolinó sobre el pavimento.
El camino hacia el aeropuerto estaba despejado. La puerta militar se hizo visible. Justo afuera, la semana pasada otro convoy de la compañía había sufrido una emboscada. Pero ahora, junto a mí en la SUV, los hombres se relajaron ligeramente mientras nos aproximábamos al puesto de control. Y cuando pasamos, los músculos -de los ojos, de la espalda- se aflojaron perceptiblemente. De momento, estábamos a salvo.
Daniel Bergner es autor de 'In the Land of Magic Soldiers: A Story of White and Black in West Africa'
16 de agosto de 2005
14 de agosto de 2005
©new york times
©traducción mQh
expectativas más bajas
[Robin Wright y Ellen Knickmeye] Estados Unidos baja expectativas sobre lo que se puede lograr en Iraq.
El gobierno de Bush ha bajado significativamente sus expectativas de lo que se puede lograr en Iraq, reconociendo que Estados Unidos tendrá que contentarse con muchos menos avances que los previstos originalmente durante la transición que terminará en cuatro meses, de acuerdo a funcionarios estadounidenses en Washington y Bagdad.
Estados Unidos ya no espera ver un modelo de nueva democracia, una industria refinadora independiente o una sociedad en la que la mayoría de la gente no sufre amenazas serias a su seguridad o economía, dicen funcionarios norteamericanos.
"Lo que esperábamos alcanzar no fue nunca realista, dado el calendario o lo que pasaba en el terreno", dijo un funcionario involucrado en política exterior desde la invasión de 2003. "Estamos en un proceso de absorción de factores de la situación y de desechar las fantasías que dominaron el inicio".
Funcionarios de gobierno todavía enfatizan lo mucho que han alcanzado a pesar del caos que siguió a la invasión y la creciente resistencia. "Los iraquíes están tomando control de su país, construyendo un país libre que se puede gobernar a sí mismo, sostener a sí mismo y defenderse a sí mismo. Y estamos ayudando a los iraquíes a que tengan éxito", dijo ayer el presidente Bush su un discurso por radio.
Ayer funcionarios iraquíes trataban de ponerse de acuerdo sobre un borrador de la constitución para el plazo límite de mañana, de modo que el documento pueda ser sometido a votación en octubre. La transición política se completará en diciembre, con las elecciones de un gobierno permanente.
Pero las realidades de la vida cotidiana son un aviso permanente de que las ambiciones iniciales de Estados Unidos no se han logrado de la manera que en americanos e iraquíes habían anticipado. Muchos de los 6 millones de bagdadíes deben sobrevivir sin electricidad en días en que la temperatura llega a los 49 grados Celsius. Por temor a los secuestros, los padres no dejan salir a los niños a la calle.
Los barberos han colocado letreros diciendo que afeitan a hombres, después del asesinato de varios peluqueros por extremistas religiosos en los últimos meses. Milicias étnicas y religiosas controlan las regiones norte y sur de Iraq. Los analistas creen que en todo Iraq, el desempleo alcanza un 50 a 65 por ciento.
Funcionarios norteamericanos dicen que ningún punto de no retorno ha forzado la revaluación. "Ocurrió más bien gradualmente", dijo el funcionario, provocada por todo, desde la resistencia hasta los cambiantes presupuestos para los cambios de personal norteamericano en Bagdad.
El feroz debate sobre la nueva constitución ha en especial llamado la atención sobre la brecha entre las metas originales de Estados Unidos y la realidad después de casi 28 meses. La decisión norteamericana de invadir Iraq se justificó en parte con el objetivo de establecer un Iraq laico y moderno que respete los derechos humanos y una a comunidades étnicas y religiosas diversas.
Pero cualquiera sea el resultado de disputas específicas, el documento sobre el que se construirá el futuro de Iraq, requerirá que las leyes respeten el islam. Kurdos y chiíes esperan privilegios políticos de facto, de largo plazo. Y los derechos de las mujeres no estarán tan bien consagrados como Washington ha venido insistiendo, dicen funcionarios estadounidenses y analistas iraquíes.
"Nos propusimos fundar una democracia, pero no estamos dando cuenta poco a poco de que tendremos una especie de república islámica", dijo otro funcionario estadounidense familiarizado con la política exterior desde el principio, que como otros entrevistados que habló francamente sólo a condición de preservar el anonimato. "Ese proceso se está repitiendo completamente".
Funcionarios norteamericanos reconocen ahora que mal interpretaron la profundidad de las emociones entre kurdos y chiíes para crear una estatuto especial. La exigencia chií este mes de que se garantice en la constitución la autonomía sorprendió al gobierno de Bush, incluso después de más de dos años de intensa intervención en el proceso político iraquí, dijeron.
"No calculamos la profundidad de los sentimientos en las comunidades kurdas y chiíes de que los ganadores se llevan todo", dijo Judith S. Yaphe, ex analista de la CIA en la Universidad de la Defensa Nacional.
En la carrera para cumplir una serie de plazos en otoño, el proceso de forjar unidad nacional en pro de la constitución está siendo en gran parte destruido, dijeron antiguos y actuales funcionarios involucrados en la transición.
"Estamos definitivamente bajando las expectativas y moderando nuestras ambiciones en construir la democracia", dijo Larry Diamond, un experto de democracia de la Universidad de Stanford que trabajó con el gobierno de la ocupación americana y escribió el libro Squandered Victory: The American Occupation and the Bungled Effort to Bring Democracy to Iraq'.
"Bajo la presión de terminar la constitución, han moderado sus propias ambiciones en términos de producir un documento que vaya a ser de gran alcance y democrático. Tampoco tenemos tiempo para pasar todo el proceso que creíamos cuando escribimos la constitución interina -construir una cultura democrática y consenso a través del debate sobre una constitución permanente", dijo.
Ahora la meta es asegurar que la constitución pueda ser reformada fácilmente para que Iraq pueda convertirse en una democracia, dicen funcionarios estadounidenses.
Sobre la seguridad el gobierno originalmente esperaba que la coalición norteamericana sería recibida con arroz y agua de rosas, saludos tradiciones árabes, con apenas una reacción limitada de los fieles del derrocado presidente iraquí Saddam Hussein. El sorprendente alcance de la resistencia y la participación de combatientes extranjeros ha obligado a Washington a reducir repetidas veces sus expectativas -sobre el calendario para apagar la resistencia y crear un Iraq efectivo y unido capaz de actuar, dijeron funcionarios norteamericanos.
El asesinato de miembros de las fuerzas de seguridad se han triplicado desde enero. El ministerio de Salud de Iraq calcula que los atentados con bomba y otros ataques se han cobrado la vida de 4.000 civiles en Bagdad desde que asumiera el gobierno interino del primer ministro Ibrahim Jafari el 28 de abril.
La semana pasada fue la cuarta peor semana de toda la guerra en cuanto a muertes de militares en combate, y agosto ya es el peor mes en cuanto a muertes de miembros de la Guardia Nacional y la Reserva.
Los ataques contra convoyes norteamericanos por insurgentes utilizando bombas improvisadas en los caminos se han duplicado durante el año pasado, dijo el viernes el general de brigada Yves Fontaine. Los convoyes que transportan alimentos, combustible, agua y equipos desde Kuwait, Jordania y Turquía, son atacados unas 30 veces a la semana, dijo Fontaine.
"Ha habido una revaluación realista de lo que es posible alcanzar a corto plazo y definir una estrategia de retirada parcial", dijo Yaphe. "Este cambio es dictado no sólo por los acontecimientos en el terreno, sino por expectativas poco realistas al principio".
Ahora Washington no espera derrotar completamente a la resistencia antes de la retirada, aunque sí reducirla, dijeron funcionarios y analistas. También hay crecientes rumores de traspasar las responsabilidades de seguridad a las fuerzas iraquíes, aun si no están completamente a la altura de las expectativas norteamericanas, en parte debido a que cuentan con la legitimidad local de la que las tropas americanas carecen a menudo.
"Hemos dicho que no nos iremos ni un día antes de lo necesario. Pero la palabra necesario es clave: ¿Necesario para ellos o para nosotros? Cuando nos marchemos, será probablemente porque será necesario para nosotros", dijo un funcionario norteamericano.
Presionadas por el coste de la guerra contra la creciente violencia, las ambiciones norteamericanas de reconstruir Iraq -y sus 20 billones de dólares de inversiones- se han recortado todavía más, dicen antiguos y actuales funcionarios.
Funcionarios del Pentágono pensaban originalmente que los ingresos del petróleo pagarían muchos de los costes post-invasión. Pero Iraq, considerado entre líderes del mundo después de Arabia Saudí en términos de reservas de petróleo, es incapaz de producir suficiente combustible refinado en un auge de la venta de vehículos que tiene según se calcula más de 1 millón de vehículos en las calles después de la invasión. Las colas para la barata gasolina subvencionada se alargan durante kilómetros todos los días en Bagdad.
La producción de petróleo se calcula en 2.22 millones de barriles al día, algo menos de la meta de 2.5 millones. La más alta producción de Iraq en la preguerra fue de 2.67 millones de barriles al día.
Estados Unidos tenía grandes esperanzas de reparar el sistema del tendido eléctrico que mostraría a los iraquíes beneficios tangibles del derrocamiento de Hussein. Pero la formación inadecuada del personal iraquí, rivalidades regionales que limitan el suministro de energía a Bagdad, combustible inadecuado para generadores eléctricos y ataques contra la infraestructura ha contribuido al peor verano en términos de apagones en la capital.
En un país desértico, la situación del agua es "difícil, difícil", dijo un funcionario estadounidense en Bagdad, familiarizado con problemas de reconstrucción. Las estaciones de bombeo dependen de la electricidad, y ahora los ingenieros dicen que el sistema tiene cientos de miles de filtraciones.
"La expectativa más precipitada era la capacidad para construir una economía auto-sostenible fuerte. No estamos ni cerca de ello. Las industrias estatales, la electricidad, todo está a un nivel más bajo de antes de que llegáramos", dijo Wayne White, ex director del equipo de inteligencia iraquí del ministerio de Relaciones Exteriores, ahora en el Instituto de Oriente Medio. "El gobierno dice que Saddam arruinó el país. Pero la mayor parte del daño lo causó el saqueo después de la invasión, que arruinó a las industrias estatales, las grandes empresas manufactureras privadas y el sistema eléctrico nacional".
Irónicamente, dijo White, las ambiciones iniciales puede haber complicado la misión norteamericana: "Para salir antes, hay que bajar las expectativas, mucho más. Mientras más altas las expectativas, más tiempo tendremos que quedarnos. Salir va a ser un criterio más importante que nuestras metas original. Eran poco realistas".
Knickmeyer informó desde Bagdad.
15 de agosto de 2005
©washington post
©traducción mQh
El gobierno de Bush ha bajado significativamente sus expectativas de lo que se puede lograr en Iraq, reconociendo que Estados Unidos tendrá que contentarse con muchos menos avances que los previstos originalmente durante la transición que terminará en cuatro meses, de acuerdo a funcionarios estadounidenses en Washington y Bagdad.Estados Unidos ya no espera ver un modelo de nueva democracia, una industria refinadora independiente o una sociedad en la que la mayoría de la gente no sufre amenazas serias a su seguridad o economía, dicen funcionarios norteamericanos.
"Lo que esperábamos alcanzar no fue nunca realista, dado el calendario o lo que pasaba en el terreno", dijo un funcionario involucrado en política exterior desde la invasión de 2003. "Estamos en un proceso de absorción de factores de la situación y de desechar las fantasías que dominaron el inicio".
Funcionarios de gobierno todavía enfatizan lo mucho que han alcanzado a pesar del caos que siguió a la invasión y la creciente resistencia. "Los iraquíes están tomando control de su país, construyendo un país libre que se puede gobernar a sí mismo, sostener a sí mismo y defenderse a sí mismo. Y estamos ayudando a los iraquíes a que tengan éxito", dijo ayer el presidente Bush su un discurso por radio.
Ayer funcionarios iraquíes trataban de ponerse de acuerdo sobre un borrador de la constitución para el plazo límite de mañana, de modo que el documento pueda ser sometido a votación en octubre. La transición política se completará en diciembre, con las elecciones de un gobierno permanente.
Pero las realidades de la vida cotidiana son un aviso permanente de que las ambiciones iniciales de Estados Unidos no se han logrado de la manera que en americanos e iraquíes habían anticipado. Muchos de los 6 millones de bagdadíes deben sobrevivir sin electricidad en días en que la temperatura llega a los 49 grados Celsius. Por temor a los secuestros, los padres no dejan salir a los niños a la calle.
Los barberos han colocado letreros diciendo que afeitan a hombres, después del asesinato de varios peluqueros por extremistas religiosos en los últimos meses. Milicias étnicas y religiosas controlan las regiones norte y sur de Iraq. Los analistas creen que en todo Iraq, el desempleo alcanza un 50 a 65 por ciento.
Funcionarios norteamericanos dicen que ningún punto de no retorno ha forzado la revaluación. "Ocurrió más bien gradualmente", dijo el funcionario, provocada por todo, desde la resistencia hasta los cambiantes presupuestos para los cambios de personal norteamericano en Bagdad.
El feroz debate sobre la nueva constitución ha en especial llamado la atención sobre la brecha entre las metas originales de Estados Unidos y la realidad después de casi 28 meses. La decisión norteamericana de invadir Iraq se justificó en parte con el objetivo de establecer un Iraq laico y moderno que respete los derechos humanos y una a comunidades étnicas y religiosas diversas.
Pero cualquiera sea el resultado de disputas específicas, el documento sobre el que se construirá el futuro de Iraq, requerirá que las leyes respeten el islam. Kurdos y chiíes esperan privilegios políticos de facto, de largo plazo. Y los derechos de las mujeres no estarán tan bien consagrados como Washington ha venido insistiendo, dicen funcionarios estadounidenses y analistas iraquíes.
"Nos propusimos fundar una democracia, pero no estamos dando cuenta poco a poco de que tendremos una especie de república islámica", dijo otro funcionario estadounidense familiarizado con la política exterior desde el principio, que como otros entrevistados que habló francamente sólo a condición de preservar el anonimato. "Ese proceso se está repitiendo completamente".
Funcionarios norteamericanos reconocen ahora que mal interpretaron la profundidad de las emociones entre kurdos y chiíes para crear una estatuto especial. La exigencia chií este mes de que se garantice en la constitución la autonomía sorprendió al gobierno de Bush, incluso después de más de dos años de intensa intervención en el proceso político iraquí, dijeron.
"No calculamos la profundidad de los sentimientos en las comunidades kurdas y chiíes de que los ganadores se llevan todo", dijo Judith S. Yaphe, ex analista de la CIA en la Universidad de la Defensa Nacional.
En la carrera para cumplir una serie de plazos en otoño, el proceso de forjar unidad nacional en pro de la constitución está siendo en gran parte destruido, dijeron antiguos y actuales funcionarios involucrados en la transición.
"Estamos definitivamente bajando las expectativas y moderando nuestras ambiciones en construir la democracia", dijo Larry Diamond, un experto de democracia de la Universidad de Stanford que trabajó con el gobierno de la ocupación americana y escribió el libro Squandered Victory: The American Occupation and the Bungled Effort to Bring Democracy to Iraq'.
"Bajo la presión de terminar la constitución, han moderado sus propias ambiciones en términos de producir un documento que vaya a ser de gran alcance y democrático. Tampoco tenemos tiempo para pasar todo el proceso que creíamos cuando escribimos la constitución interina -construir una cultura democrática y consenso a través del debate sobre una constitución permanente", dijo.
Ahora la meta es asegurar que la constitución pueda ser reformada fácilmente para que Iraq pueda convertirse en una democracia, dicen funcionarios estadounidenses.
Sobre la seguridad el gobierno originalmente esperaba que la coalición norteamericana sería recibida con arroz y agua de rosas, saludos tradiciones árabes, con apenas una reacción limitada de los fieles del derrocado presidente iraquí Saddam Hussein. El sorprendente alcance de la resistencia y la participación de combatientes extranjeros ha obligado a Washington a reducir repetidas veces sus expectativas -sobre el calendario para apagar la resistencia y crear un Iraq efectivo y unido capaz de actuar, dijeron funcionarios norteamericanos.
El asesinato de miembros de las fuerzas de seguridad se han triplicado desde enero. El ministerio de Salud de Iraq calcula que los atentados con bomba y otros ataques se han cobrado la vida de 4.000 civiles en Bagdad desde que asumiera el gobierno interino del primer ministro Ibrahim Jafari el 28 de abril.
La semana pasada fue la cuarta peor semana de toda la guerra en cuanto a muertes de militares en combate, y agosto ya es el peor mes en cuanto a muertes de miembros de la Guardia Nacional y la Reserva.
Los ataques contra convoyes norteamericanos por insurgentes utilizando bombas improvisadas en los caminos se han duplicado durante el año pasado, dijo el viernes el general de brigada Yves Fontaine. Los convoyes que transportan alimentos, combustible, agua y equipos desde Kuwait, Jordania y Turquía, son atacados unas 30 veces a la semana, dijo Fontaine.
"Ha habido una revaluación realista de lo que es posible alcanzar a corto plazo y definir una estrategia de retirada parcial", dijo Yaphe. "Este cambio es dictado no sólo por los acontecimientos en el terreno, sino por expectativas poco realistas al principio".
Ahora Washington no espera derrotar completamente a la resistencia antes de la retirada, aunque sí reducirla, dijeron funcionarios y analistas. También hay crecientes rumores de traspasar las responsabilidades de seguridad a las fuerzas iraquíes, aun si no están completamente a la altura de las expectativas norteamericanas, en parte debido a que cuentan con la legitimidad local de la que las tropas americanas carecen a menudo.
"Hemos dicho que no nos iremos ni un día antes de lo necesario. Pero la palabra necesario es clave: ¿Necesario para ellos o para nosotros? Cuando nos marchemos, será probablemente porque será necesario para nosotros", dijo un funcionario norteamericano.
Presionadas por el coste de la guerra contra la creciente violencia, las ambiciones norteamericanas de reconstruir Iraq -y sus 20 billones de dólares de inversiones- se han recortado todavía más, dicen antiguos y actuales funcionarios.
Funcionarios del Pentágono pensaban originalmente que los ingresos del petróleo pagarían muchos de los costes post-invasión. Pero Iraq, considerado entre líderes del mundo después de Arabia Saudí en términos de reservas de petróleo, es incapaz de producir suficiente combustible refinado en un auge de la venta de vehículos que tiene según se calcula más de 1 millón de vehículos en las calles después de la invasión. Las colas para la barata gasolina subvencionada se alargan durante kilómetros todos los días en Bagdad.
La producción de petróleo se calcula en 2.22 millones de barriles al día, algo menos de la meta de 2.5 millones. La más alta producción de Iraq en la preguerra fue de 2.67 millones de barriles al día.
Estados Unidos tenía grandes esperanzas de reparar el sistema del tendido eléctrico que mostraría a los iraquíes beneficios tangibles del derrocamiento de Hussein. Pero la formación inadecuada del personal iraquí, rivalidades regionales que limitan el suministro de energía a Bagdad, combustible inadecuado para generadores eléctricos y ataques contra la infraestructura ha contribuido al peor verano en términos de apagones en la capital.
En un país desértico, la situación del agua es "difícil, difícil", dijo un funcionario estadounidense en Bagdad, familiarizado con problemas de reconstrucción. Las estaciones de bombeo dependen de la electricidad, y ahora los ingenieros dicen que el sistema tiene cientos de miles de filtraciones.
"La expectativa más precipitada era la capacidad para construir una economía auto-sostenible fuerte. No estamos ni cerca de ello. Las industrias estatales, la electricidad, todo está a un nivel más bajo de antes de que llegáramos", dijo Wayne White, ex director del equipo de inteligencia iraquí del ministerio de Relaciones Exteriores, ahora en el Instituto de Oriente Medio. "El gobierno dice que Saddam arruinó el país. Pero la mayor parte del daño lo causó el saqueo después de la invasión, que arruinó a las industrias estatales, las grandes empresas manufactureras privadas y el sistema eléctrico nacional".
Irónicamente, dijo White, las ambiciones iniciales puede haber complicado la misión norteamericana: "Para salir antes, hay que bajar las expectativas, mucho más. Mientras más altas las expectativas, más tiempo tendremos que quedarnos. Salir va a ser un criterio más importante que nuestras metas original. Eran poco realistas".
Knickmeyer informó desde Bagdad.
15 de agosto de 2005
©washington post
©traducción mQh
acuerdo sobre petróleo
[Dexter Filkins] Líderes iraquíes llegan a acuerdo tentativo sobre el petróleo, removiendo uno de los obstáculos de la constitución.
Bagdad, Iraq. El viernes líderes iraquíes dijeron que habían alcanzado un acuerdo tentativo para dividir la vasta riqueza de petróleo del país entre el gobierno central y las provincias, un avance potencialmente importante en las negociaciones sobre la nueva constitución.
Bajo el acuerdo, los ingresos por el petróleo serán compartidos por el gobierno central y las 18 provincias iraquíes, y lo dividirán gruesamente de acuerdo a sus poblaciones. No estaba claro qué entidad controlaría el dinero, aunque un líder iraquí dijo que sería el gobierno central.
"El acuerdo es que la distribución estaría bajo el control del gobierno federal", dijo el líder Saleh Mutlak, miembro del comité encargado de la redacción de la constitución.
Si se mantiene, el acuerdo constituirá un importante avance en el esfuerzo por completar la constitución. El control de los ingresos del petróleo, que proporciona la mayor parte de los ingresos de Iraq, podría reforzar significativamente el poder del gobierno central sobre las regiones, como Kurdistán y el sur de Iraq, que están pidiendo una mayor autonomía.
La mayoría del petróleo iraquí se concentra en yacimientos petrolíferos en el sur y norte, despertando temores, especialmente entre la población árabe sunní, de que los ingresos puedan caer bajo el control de los árabes chiíes y kurdos. Hasta esta semana, líderes kurdos estaban exigiendo conservar en su área en el norte al menos un 60 por ciento del dinero generado por el petróleo. Un funcionario kurdo dijo el viernes que había dejado caer la exigencia.
"Esta es una fórmula con la que puede estar de acuerdo todo el mundo", dijo Mahmood Othman, un miembro kurdo del comité constitucional.
Los líderes iraquíes siguen fuertemente divididos sobre la cuestión de la autonomía para los chiíes en el sur de Iraq, y los líderes sunníes dicen que las demandas de los líderes chiíes podrían significar la desintegración del país.
La acritud se produjo después de un llamado público para una región autónoma chií por Abdul Aziz al-Hakim, uno de los líderes políticos chiíes más poderosos del país. Dirigentes chiíes ya han impuesto leyes islámicas en muchas regiones del sur de Iraq, incluyendo restricciones a los derechos de las mujeres y en asuntos personales tales como el vestido y el consumo de alcohol.
La más firme oposición a los intentos chiíes de autonomía la hacen dirigentes sunníes. Los sunníes, que constituyen el 20 por ciento de la población de Iraq, dominaron el país durante el gobierno de Saddam Hussein y antes de eso. Con la autonomía kurda en gran parte asegurada en el norte, los sunníes se muestran preocupados de que pueden quedarse con un estado mocho débil y desconectado en el centro del país.
Líderes sunníes dijeron el viernes que habían rechazado una propuesta circulada por el embajador norteamericano en Iraq, Zalmay Khalilzad, que quería superar las divisiones entre ellos y los chiíes. En la propuesta estadounidense, la constitución declararía que Iraq será un estado federal, pero dejará los detalles a los representantes elegidos en diciembre.
Pero dirigentes sunníes la rechazaron, diciendo una legislatura dominada por los chiíes se sentiría libre para avasallar a la minoría sunní.
El desacuerdo sobre la autonomía chií plantea la perspectiva de un rompimiento de las negociaciones sobre la constitución. El comité de redacción no logró entregar a la Asamblea Nacional Iraquí el documento completo a tiempo del plazo del viernes. Según las reglas aprobadas el año pasado, se supone que la Asamblea Nacional debe aprobar la constitución el lunes. Luego sería presentada los votantes, que deberán pronunciarse sobre ella en un referéndum nacional el 15 de octubre.
Además de la autonomía de los chiíes, varios otras temas siguen dificultando a los redactores de la constitución. Entre ellos, el principal es el control sobre la ciudad norteña de Kirkuk, étnicamente dividida. Othamn, el líder kurdo, dijo que había un amplio acuerdo entre dirigentes chiíes y kurdos para incluir un artículo en la constitución que llamaría a revertir la emigración de decenas de miles de árabes en Kirkuk, en gran parte en los años ochenta.
Los árabes que llegaron a Kirkuk ocuparon normalmente las casas de kurdos que huían, que fueron expulsados en masa de la ciudad durante el período de Hussein como presidente de Iraq. Según el acuerdo discutido por Othman, el gobierno iraquí tendría que revertir la "arabización" de Kirkuk para el 15 de diciembre, la fecha de las elecciones nacionales.
Llevar a cabo semejantes repatriaciones masivas antes de las elecciones ciertamente restauraría en la ciudad el control kurdo. Pero trasladar a unos 5.000 a 10.000 familias árabes fuera de la ciudad y reasentarlas podría ser extremadamente difícil.
Othman dijo que esperaba que la cooperación entre dirigentes kurdos y chiíes presionara a los sunníes para llegar a un acuerdo. El viernes no parecía que esta perspectiva fuera posible, especialmente sobre la cuestión de la autonomía chií. En las mezquitas sunníes, incluso los clérigos estaban llamando a los fieles a oponerse a las demandas chiíes.
"Hay una conspiración y una trama para dividir a nuestro país", dijo el clérigo sunní, el jeque Mahmoud al-Sumaidie, dijo a sus seguidores en la mezquita de Umm al-Qura en Bagda. "Eso es lo que quieren nuestros enemigos".
14 de agosto de 2005
©new york times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. El viernes líderes iraquíes dijeron que habían alcanzado un acuerdo tentativo para dividir la vasta riqueza de petróleo del país entre el gobierno central y las provincias, un avance potencialmente importante en las negociaciones sobre la nueva constitución.Bajo el acuerdo, los ingresos por el petróleo serán compartidos por el gobierno central y las 18 provincias iraquíes, y lo dividirán gruesamente de acuerdo a sus poblaciones. No estaba claro qué entidad controlaría el dinero, aunque un líder iraquí dijo que sería el gobierno central.
"El acuerdo es que la distribución estaría bajo el control del gobierno federal", dijo el líder Saleh Mutlak, miembro del comité encargado de la redacción de la constitución.
Si se mantiene, el acuerdo constituirá un importante avance en el esfuerzo por completar la constitución. El control de los ingresos del petróleo, que proporciona la mayor parte de los ingresos de Iraq, podría reforzar significativamente el poder del gobierno central sobre las regiones, como Kurdistán y el sur de Iraq, que están pidiendo una mayor autonomía.
La mayoría del petróleo iraquí se concentra en yacimientos petrolíferos en el sur y norte, despertando temores, especialmente entre la población árabe sunní, de que los ingresos puedan caer bajo el control de los árabes chiíes y kurdos. Hasta esta semana, líderes kurdos estaban exigiendo conservar en su área en el norte al menos un 60 por ciento del dinero generado por el petróleo. Un funcionario kurdo dijo el viernes que había dejado caer la exigencia.
"Esta es una fórmula con la que puede estar de acuerdo todo el mundo", dijo Mahmood Othman, un miembro kurdo del comité constitucional.
Los líderes iraquíes siguen fuertemente divididos sobre la cuestión de la autonomía para los chiíes en el sur de Iraq, y los líderes sunníes dicen que las demandas de los líderes chiíes podrían significar la desintegración del país.
La acritud se produjo después de un llamado público para una región autónoma chií por Abdul Aziz al-Hakim, uno de los líderes políticos chiíes más poderosos del país. Dirigentes chiíes ya han impuesto leyes islámicas en muchas regiones del sur de Iraq, incluyendo restricciones a los derechos de las mujeres y en asuntos personales tales como el vestido y el consumo de alcohol.
La más firme oposición a los intentos chiíes de autonomía la hacen dirigentes sunníes. Los sunníes, que constituyen el 20 por ciento de la población de Iraq, dominaron el país durante el gobierno de Saddam Hussein y antes de eso. Con la autonomía kurda en gran parte asegurada en el norte, los sunníes se muestran preocupados de que pueden quedarse con un estado mocho débil y desconectado en el centro del país.
Líderes sunníes dijeron el viernes que habían rechazado una propuesta circulada por el embajador norteamericano en Iraq, Zalmay Khalilzad, que quería superar las divisiones entre ellos y los chiíes. En la propuesta estadounidense, la constitución declararía que Iraq será un estado federal, pero dejará los detalles a los representantes elegidos en diciembre.
Pero dirigentes sunníes la rechazaron, diciendo una legislatura dominada por los chiíes se sentiría libre para avasallar a la minoría sunní.
El desacuerdo sobre la autonomía chií plantea la perspectiva de un rompimiento de las negociaciones sobre la constitución. El comité de redacción no logró entregar a la Asamblea Nacional Iraquí el documento completo a tiempo del plazo del viernes. Según las reglas aprobadas el año pasado, se supone que la Asamblea Nacional debe aprobar la constitución el lunes. Luego sería presentada los votantes, que deberán pronunciarse sobre ella en un referéndum nacional el 15 de octubre.
Además de la autonomía de los chiíes, varios otras temas siguen dificultando a los redactores de la constitución. Entre ellos, el principal es el control sobre la ciudad norteña de Kirkuk, étnicamente dividida. Othamn, el líder kurdo, dijo que había un amplio acuerdo entre dirigentes chiíes y kurdos para incluir un artículo en la constitución que llamaría a revertir la emigración de decenas de miles de árabes en Kirkuk, en gran parte en los años ochenta.
Los árabes que llegaron a Kirkuk ocuparon normalmente las casas de kurdos que huían, que fueron expulsados en masa de la ciudad durante el período de Hussein como presidente de Iraq. Según el acuerdo discutido por Othman, el gobierno iraquí tendría que revertir la "arabización" de Kirkuk para el 15 de diciembre, la fecha de las elecciones nacionales.
Llevar a cabo semejantes repatriaciones masivas antes de las elecciones ciertamente restauraría en la ciudad el control kurdo. Pero trasladar a unos 5.000 a 10.000 familias árabes fuera de la ciudad y reasentarlas podría ser extremadamente difícil.
Othman dijo que esperaba que la cooperación entre dirigentes kurdos y chiíes presionara a los sunníes para llegar a un acuerdo. El viernes no parecía que esta perspectiva fuera posible, especialmente sobre la cuestión de la autonomía chií. En las mezquitas sunníes, incluso los clérigos estaban llamando a los fieles a oponerse a las demandas chiíes.
"Hay una conspiración y una trama para dividir a nuestro país", dijo el clérigo sunní, el jeque Mahmoud al-Sumaidie, dijo a sus seguidores en la mezquita de Umm al-Qura en Bagda. "Eso es lo que quieren nuestros enemigos".
14 de agosto de 2005
©new york times
©traducción mQh
días peligrosos
El tribunal judicial de la Organización de Al Qaeda en Iraq ha resuelto que es un debe mantener la ley de Dios y matar a los que se han declarado socios de Dios para redactar esta constitución. Abu Musab Zarqawi.
Con esa declaración, que apareció el jueves en un sitio en la red de al Qaeda, la red de al Qaeda en Iraq hizo al menos explícitos los objetivos de la resistencia iraquí: impedir que un gobierno constitucional y libremente elegido asuma el poder y promulgar en su lugar una república islámica totalitaria.
En cierto sentido, esta amenaza de muerte podría consolar a los americanos que pelean en Iraq y a los iraquíes que hacen esfuerzos por terminar su retrasada constitución, que se supone que debe estar lista este lunes. Si al Qaeda se hubiese propuesto demostrar que la guerra en Iraq gira realmente sobre la democracia -y no sobre el petróleo, soberbia o el imperialismo-, sus líderes no pudieron haberlo dejado más claro. La declaración también destacó la creciente brecha entre los clérigos islámicos que quieren una constitución y los que quieren dictadura. Poco después de reunirse con el clérigo chií más importante de Iraq, el gran ayatollah Ali Sistani, otro líder musulmán sunní, Abdul Aziz Hakim, dijo a una multitud en la ciudad santa de Nayaf que apoyaba la constitución para unificar al país. "No debemos dejar pasar esta oportunidad", dijo.
Pero la declaración también ilustra la extraordinaria importancia de completar la constitución lo antes posible: Si por algo, la importancia de terminarla lo más cerca posible del plazo límite del 15 de agosto es mayor hoy que hace una semana. Mientras que un retraso de uno o dos días no sería trágico, un retraso más largo podría empujar al país en un caos mayor, particularmente si los opositores insurgentes de la constitución empiezan a creer que su estrategia da resultados. Líderes americanos, europeos y árabes deberían, en los próximos días, concentrar sus esfuerzos en persuadir, engatusar y doblar la mano de los iraquíes para que hagan compromisos. El futuro de la democracia iraquí depende de ello.
13 de agosto de 2005
©washington post
©traducción mQh
Con esa declaración, que apareció el jueves en un sitio en la red de al Qaeda, la red de al Qaeda en Iraq hizo al menos explícitos los objetivos de la resistencia iraquí: impedir que un gobierno constitucional y libremente elegido asuma el poder y promulgar en su lugar una república islámica totalitaria.En cierto sentido, esta amenaza de muerte podría consolar a los americanos que pelean en Iraq y a los iraquíes que hacen esfuerzos por terminar su retrasada constitución, que se supone que debe estar lista este lunes. Si al Qaeda se hubiese propuesto demostrar que la guerra en Iraq gira realmente sobre la democracia -y no sobre el petróleo, soberbia o el imperialismo-, sus líderes no pudieron haberlo dejado más claro. La declaración también destacó la creciente brecha entre los clérigos islámicos que quieren una constitución y los que quieren dictadura. Poco después de reunirse con el clérigo chií más importante de Iraq, el gran ayatollah Ali Sistani, otro líder musulmán sunní, Abdul Aziz Hakim, dijo a una multitud en la ciudad santa de Nayaf que apoyaba la constitución para unificar al país. "No debemos dejar pasar esta oportunidad", dijo.
Pero la declaración también ilustra la extraordinaria importancia de completar la constitución lo antes posible: Si por algo, la importancia de terminarla lo más cerca posible del plazo límite del 15 de agosto es mayor hoy que hace una semana. Mientras que un retraso de uno o dos días no sería trágico, un retraso más largo podría empujar al país en un caos mayor, particularmente si los opositores insurgentes de la constitución empiezan a creer que su estrategia da resultados. Líderes americanos, europeos y árabes deberían, en los próximos días, concentrar sus esfuerzos en persuadir, engatusar y doblar la mano de los iraquíes para que hagan compromisos. El futuro de la democracia iraquí depende de ello.
13 de agosto de 2005
©washington post
©traducción mQh
confusión sobre retirada
[Peter Baker] Condiciones actuales demasiado turbias para retirarse de Iraq.
En los últimos días el gobierno de Bush ha enviado señales aparentemente contradictorias sobre la duración del despliegue norteamericano en Iraq, discutiendo abiertamente los planes de retirada de hasta 30.000 de las 138.000 tropas hacia la primavera, advirtiendo contra expectativas de una retirada anticipada. Finalmente ayer, el presidente Bush desechó las informaciones sobre las reducciones de tropas como "especulaciones y rumores" y advirtió contra "la retirada de las tropas antes de completar la misión".
Si la opinión pública quedó confusa, puede no estar más segura que el gobierno mismo, como algunos funcionarios de gobierno involucrados en política iraquí reconocen en privado.
Los cambiantes escenarios reflejan la naturaleza incierta de la misión y la ambigüedad de lo que sería su compleción exitosa. A pesar de la claridad de la promesa de Bush de no quedarse ni un día más de lo necesario, la verdad es que nadie puede decir cuándo será.
Los acontecimientos de la semana pasada dejaron en claro una vez más las dificultades a las que se enfrenta el presidente cuando prosigue lo que las encuestas sugieren que es una guerra cada vez más impopular. Mientras la ola de violencia se cobra más fuerzas estadounidenses en el terreno en Iraq, y la enfadada madre de un soldado muerto acampa cerca de su rancho en Texas, Bush claramente no puede contar indefinidamente con la paciencia de la opinión pública.
Funcionarios de gobierno han abandonado toda esperanza de derrotar militarmente a los insurgentes con fuerzas norteamericanas, proponiéndose en su lugar solamente a adiestrar y equipar lo suficientemente a las fuerzas de seguridad iraquíes para que se encarguen ellos de la guerra. Al mismo tiempo, creen que la misión depende de construir una nueva infraestructura política, un proyecto que debe pasar por su prueba más decisiva en los próximos tres días, cuando los iraquíes, profundamente divididos, se esfuerzan por terminar la redacción de la constitución antes del plazo del lunes.
Frente a todo esto, Bush está tratando de ganar tiempo. Después de reunirse ayer con su equipo de seguridad nacional en su rancho cerca de Crawford, Texas, Bush nuevamente suplicó al público a plegarse a su estrategia a pesar del continuado caos en el terreno, ejemplificado más recientemente por las muertes de 16 marines de la misma unidad de Ohio en las últimas dos semanas. En total, han muerto casi 1.850 tropas norteamericanas.
"La misión en Iraq es difícil porque el enemigo entiende lo que se juega", dijo Bush, junto al vice-presidente Cheney, la ministro de Relaciones Exteriores Condoleeza Rice y el ministro de Defensa, Donald H. Rumsfeld. "Un Iraq libre en el corazón de Oriente Medio propinará un serio golpe a su ideología de odio... La reciente violencia en Iraq es un desalentador recordatorio de los brutales enemigos a los que hacemos frente en la guerra contra el terrorismo".
Gran parte de la opinión pública no parece convencida. Apenas un 38 por ciento de los americanos, según un sondeo de la Associated Press-Ipsos la semana pasada aprobaba la conducción de Bush de la guerra, el punto más bajo hasta la fecha, en ese sondeo. Más de la mitad de los encuestados en una encuesta de USA Today-CNN-Gallup, dijeron que ahora creen que el envío de tropas norteamericanas a Iraq fue un error y que la guerra ha hecho de Estados Unidos un país menos protegido ante el terrorismo; 56 por ciento apoyaba la retirada total o parcial de las tropas.
Este desencanto es una razón, reconocen algunos funcionarios privadamente, de que los militares hayan empezado a hablar sobre un calendario posible para una retirada parcial -a proporcionar una sensación de progreso y reafirmar a los americanos que la intervención no es indefinida.
"Quieren empezar a retirarse porque sienten el acoso aquí en Estados Unidos", dijo Larry Diamond, ex asesor norteamericano en Iraq que, desde entonces, ha escrito Squandered Victory', un acerbo análisis de la ocupación de posguerra. "Saben que la tolerancia hacia las bajas norteamericanas y el continuado baño de sangre no va a durar toda la vida".
Los planes del Pentágono piden aumentar las 17 brigadas de presencia de tropas norteamericanas en Iraq con una o dos brigadas más, unas 10.000 tropas, antes de reducirla a 15 brigadas la primavera próxima y posiblemente a 12 brigadas hacia fines de 2006, de acuerdo a oficiales familiarizados con la planificación. El aumento de tropas cubriría el referéndum constitucional convocado el 15 de octubre y las elecciones nacionales del 15 de diciembre, un período en el que según las autoridades militares norteamericanas se intensificará la violencia, como ocurrió durante las preliminares de las elecciones interinas de enero.
En las últimas semanas, importantes funcionarios del Pentágono no han ocultado su ansiedad para empezar a retirar algunas de las tropas para aliviar la tensión de los prolongados despliegues. Al mismo tiempo, los comandantes militares han advertido que el nuevo ejército y las fuerzas policiales iraquíes no se desarrollarán tan rápidamente como para operar autónomamente dentro de uno o dos años.
"Es una guerra contra el tiempo porque para fin del verano próximo no podemos seguir sosteniendo la presencia que tenemos ahora", dijo el general en retiro Barry R. McCaffrey, que visitó Iraq recientemente, en junio, e informó a Cheney, Rice y al Comité de Relaciones Exteriores del Senado. "A esta cosa... se le están cayendo las ruedas".
McCaffrey dijo que la estrategia de Bush de construir instituciones políticas y de seguridad iraquíes hace sentido, y calculó en un 80 por ciento las posibilidades de éxito. Incluso así, dijo que el decreciente apoyo público representa un genuino riesgo para el presidente: "Queremos salir de esto... El pueblo americano se está alejando de esta guerra".
En su reunión ayer con su gabinete de guerra, Bush revisó los últimos desarrollos, pero no avanzó en una nueva dirección. El gobierno ha formado siete grupos inter-agencias para que se concentren en sus principales prioridades en Iraq.
Las agencias están proporcionado seguridad y adiestramiento de fuerzas iraquíes, construyendo instituciones políticas nacionales, restaurando la energía y otros servicios, resolviendo problemas económicas, estableciendo el imperio de la ley, enlistando ayuda internacional, y mejorando las comunicaciones estratégicas.
En comentarios no destinados a su publicación algunos funcionarios de la administración reconocen que la tarea es difícil. Una opción que tendrá que ser considerada, dicen, es una amnistía que perdonará a los insurgentes que han participado en la violencia. Históricamente, observan, las insurgencias han terminado con alguna forma de amnistía.
Pero también ven esperanzas en desarrollos recientes, principalmente la decisión de líderes de la minoría sunní de Iraq de participar en el proceso político en lugar de seguir resistiendo el nuevo orden político. Si los iraquíes logran terminar la constitución antes del plazo del lunes, la Casa Blanca cree que desactivará las quejas sectarias que han dado energía a la resistencia dominada por los sunníes.
"Estamos entrando en una fase crítica del proceso político de Iraq", dijo el asesor de Bush, Dan Bartlett. "Mientras se presta correctamente un montón de atención a la violencia y a la seguridad, los comandantes y el embajador Zalmay Khalilzad se están concentrando en el proceso político porque el proceso político es la clave para derrotar a la resistencia".
Esa sigue siendo una perspectiva desalentadora, dadas las profundas diferencias a lo largo de líneas étnicas y religiosas, y el gobierno ha indicado que está dispuesto a aceptar compromisos sobre la constitución, dejando sin resolver algunos temas difíciles en torno a la autonomía regional y distribuyendo recursos con la esperanza de mantener alguna sensación de iniciativa.
"El gobierno entiende lo delicado que es", dijo Peter Khalil, que fue asesor de la autoridad de ocupación norteamericana original de Iraq. "Obviamente están llevando el proceso hacia adelante y queremos que se cumpla con el plazo. Pero es un juego peligroso. No queremos que se retrasen, queremos que el proceso funcione".
El fracaso en cumplir con el plazo, dicen analistas, significaría un devastador revés para Bush y aceleraría la sensación en casa de que el proceso no está marchando bien. Alarmados por el decreciente apoyo nacional de la guerra, los asesores de Bush resolvieron en junio recuperar a la opinión pública haciendo que el presidente asuma un papel más público explicando su estrategia y anunciando la victoria. Bush voló a Fort Bragg, Carolina del Norte, para leer un discurso en horario de mayor audiencia pidiendo paciencia, como parte de lo que sus asesores dijeron que sería una campaña sostenida.
Pero Bush dejó caer el tema hasta la reunión de ayer en su rancho, refiriéndose a la guerra principalmente en reacción a los últimos macabros incidentes en el terreno. En el vacío que se creó, Rumsfeld y la campaña norteamericana en Iraq han sido crecientemente atacados incluso por partidarios de Bush, como el anfitrión del programa de televisión Fox News, Bill O'Reilly, Bill Kristol, editor de Weekly Standard, y la revista estadounidense American Spectator.
"El gobierno de Bush ha perdido el control de la gestión de los asuntos públicos de este tema", dijo Christopher F. Gelpi, un académico de la Universidad de Duke cuyos análisis de la opinión pública en tiempos de guerra han sido estudiados en la Casa Blanca. "Estaban muy concentrados en esto todo 2004... No sé por qué lo han dejado de lado".
Bradley Graham contribuyó a este reportaje.
13 de agosto de 2005
©washington post
©traducción mQh
En los últimos días el gobierno de Bush ha enviado señales aparentemente contradictorias sobre la duración del despliegue norteamericano en Iraq, discutiendo abiertamente los planes de retirada de hasta 30.000 de las 138.000 tropas hacia la primavera, advirtiendo contra expectativas de una retirada anticipada. Finalmente ayer, el presidente Bush desechó las informaciones sobre las reducciones de tropas como "especulaciones y rumores" y advirtió contra "la retirada de las tropas antes de completar la misión".Si la opinión pública quedó confusa, puede no estar más segura que el gobierno mismo, como algunos funcionarios de gobierno involucrados en política iraquí reconocen en privado.
Los cambiantes escenarios reflejan la naturaleza incierta de la misión y la ambigüedad de lo que sería su compleción exitosa. A pesar de la claridad de la promesa de Bush de no quedarse ni un día más de lo necesario, la verdad es que nadie puede decir cuándo será.
Los acontecimientos de la semana pasada dejaron en claro una vez más las dificultades a las que se enfrenta el presidente cuando prosigue lo que las encuestas sugieren que es una guerra cada vez más impopular. Mientras la ola de violencia se cobra más fuerzas estadounidenses en el terreno en Iraq, y la enfadada madre de un soldado muerto acampa cerca de su rancho en Texas, Bush claramente no puede contar indefinidamente con la paciencia de la opinión pública.
Funcionarios de gobierno han abandonado toda esperanza de derrotar militarmente a los insurgentes con fuerzas norteamericanas, proponiéndose en su lugar solamente a adiestrar y equipar lo suficientemente a las fuerzas de seguridad iraquíes para que se encarguen ellos de la guerra. Al mismo tiempo, creen que la misión depende de construir una nueva infraestructura política, un proyecto que debe pasar por su prueba más decisiva en los próximos tres días, cuando los iraquíes, profundamente divididos, se esfuerzan por terminar la redacción de la constitución antes del plazo del lunes.
Frente a todo esto, Bush está tratando de ganar tiempo. Después de reunirse ayer con su equipo de seguridad nacional en su rancho cerca de Crawford, Texas, Bush nuevamente suplicó al público a plegarse a su estrategia a pesar del continuado caos en el terreno, ejemplificado más recientemente por las muertes de 16 marines de la misma unidad de Ohio en las últimas dos semanas. En total, han muerto casi 1.850 tropas norteamericanas.
"La misión en Iraq es difícil porque el enemigo entiende lo que se juega", dijo Bush, junto al vice-presidente Cheney, la ministro de Relaciones Exteriores Condoleeza Rice y el ministro de Defensa, Donald H. Rumsfeld. "Un Iraq libre en el corazón de Oriente Medio propinará un serio golpe a su ideología de odio... La reciente violencia en Iraq es un desalentador recordatorio de los brutales enemigos a los que hacemos frente en la guerra contra el terrorismo".
Gran parte de la opinión pública no parece convencida. Apenas un 38 por ciento de los americanos, según un sondeo de la Associated Press-Ipsos la semana pasada aprobaba la conducción de Bush de la guerra, el punto más bajo hasta la fecha, en ese sondeo. Más de la mitad de los encuestados en una encuesta de USA Today-CNN-Gallup, dijeron que ahora creen que el envío de tropas norteamericanas a Iraq fue un error y que la guerra ha hecho de Estados Unidos un país menos protegido ante el terrorismo; 56 por ciento apoyaba la retirada total o parcial de las tropas.
Este desencanto es una razón, reconocen algunos funcionarios privadamente, de que los militares hayan empezado a hablar sobre un calendario posible para una retirada parcial -a proporcionar una sensación de progreso y reafirmar a los americanos que la intervención no es indefinida.
"Quieren empezar a retirarse porque sienten el acoso aquí en Estados Unidos", dijo Larry Diamond, ex asesor norteamericano en Iraq que, desde entonces, ha escrito Squandered Victory', un acerbo análisis de la ocupación de posguerra. "Saben que la tolerancia hacia las bajas norteamericanas y el continuado baño de sangre no va a durar toda la vida".
Los planes del Pentágono piden aumentar las 17 brigadas de presencia de tropas norteamericanas en Iraq con una o dos brigadas más, unas 10.000 tropas, antes de reducirla a 15 brigadas la primavera próxima y posiblemente a 12 brigadas hacia fines de 2006, de acuerdo a oficiales familiarizados con la planificación. El aumento de tropas cubriría el referéndum constitucional convocado el 15 de octubre y las elecciones nacionales del 15 de diciembre, un período en el que según las autoridades militares norteamericanas se intensificará la violencia, como ocurrió durante las preliminares de las elecciones interinas de enero.
En las últimas semanas, importantes funcionarios del Pentágono no han ocultado su ansiedad para empezar a retirar algunas de las tropas para aliviar la tensión de los prolongados despliegues. Al mismo tiempo, los comandantes militares han advertido que el nuevo ejército y las fuerzas policiales iraquíes no se desarrollarán tan rápidamente como para operar autónomamente dentro de uno o dos años.
"Es una guerra contra el tiempo porque para fin del verano próximo no podemos seguir sosteniendo la presencia que tenemos ahora", dijo el general en retiro Barry R. McCaffrey, que visitó Iraq recientemente, en junio, e informó a Cheney, Rice y al Comité de Relaciones Exteriores del Senado. "A esta cosa... se le están cayendo las ruedas".
McCaffrey dijo que la estrategia de Bush de construir instituciones políticas y de seguridad iraquíes hace sentido, y calculó en un 80 por ciento las posibilidades de éxito. Incluso así, dijo que el decreciente apoyo público representa un genuino riesgo para el presidente: "Queremos salir de esto... El pueblo americano se está alejando de esta guerra".
En su reunión ayer con su gabinete de guerra, Bush revisó los últimos desarrollos, pero no avanzó en una nueva dirección. El gobierno ha formado siete grupos inter-agencias para que se concentren en sus principales prioridades en Iraq.
Las agencias están proporcionado seguridad y adiestramiento de fuerzas iraquíes, construyendo instituciones políticas nacionales, restaurando la energía y otros servicios, resolviendo problemas económicas, estableciendo el imperio de la ley, enlistando ayuda internacional, y mejorando las comunicaciones estratégicas.
En comentarios no destinados a su publicación algunos funcionarios de la administración reconocen que la tarea es difícil. Una opción que tendrá que ser considerada, dicen, es una amnistía que perdonará a los insurgentes que han participado en la violencia. Históricamente, observan, las insurgencias han terminado con alguna forma de amnistía.
Pero también ven esperanzas en desarrollos recientes, principalmente la decisión de líderes de la minoría sunní de Iraq de participar en el proceso político en lugar de seguir resistiendo el nuevo orden político. Si los iraquíes logran terminar la constitución antes del plazo del lunes, la Casa Blanca cree que desactivará las quejas sectarias que han dado energía a la resistencia dominada por los sunníes.
"Estamos entrando en una fase crítica del proceso político de Iraq", dijo el asesor de Bush, Dan Bartlett. "Mientras se presta correctamente un montón de atención a la violencia y a la seguridad, los comandantes y el embajador Zalmay Khalilzad se están concentrando en el proceso político porque el proceso político es la clave para derrotar a la resistencia".
Esa sigue siendo una perspectiva desalentadora, dadas las profundas diferencias a lo largo de líneas étnicas y religiosas, y el gobierno ha indicado que está dispuesto a aceptar compromisos sobre la constitución, dejando sin resolver algunos temas difíciles en torno a la autonomía regional y distribuyendo recursos con la esperanza de mantener alguna sensación de iniciativa.
"El gobierno entiende lo delicado que es", dijo Peter Khalil, que fue asesor de la autoridad de ocupación norteamericana original de Iraq. "Obviamente están llevando el proceso hacia adelante y queremos que se cumpla con el plazo. Pero es un juego peligroso. No queremos que se retrasen, queremos que el proceso funcione".
El fracaso en cumplir con el plazo, dicen analistas, significaría un devastador revés para Bush y aceleraría la sensación en casa de que el proceso no está marchando bien. Alarmados por el decreciente apoyo nacional de la guerra, los asesores de Bush resolvieron en junio recuperar a la opinión pública haciendo que el presidente asuma un papel más público explicando su estrategia y anunciando la victoria. Bush voló a Fort Bragg, Carolina del Norte, para leer un discurso en horario de mayor audiencia pidiendo paciencia, como parte de lo que sus asesores dijeron que sería una campaña sostenida.
Pero Bush dejó caer el tema hasta la reunión de ayer en su rancho, refiriéndose a la guerra principalmente en reacción a los últimos macabros incidentes en el terreno. En el vacío que se creó, Rumsfeld y la campaña norteamericana en Iraq han sido crecientemente atacados incluso por partidarios de Bush, como el anfitrión del programa de televisión Fox News, Bill O'Reilly, Bill Kristol, editor de Weekly Standard, y la revista estadounidense American Spectator.
"El gobierno de Bush ha perdido el control de la gestión de los asuntos públicos de este tema", dijo Christopher F. Gelpi, un académico de la Universidad de Duke cuyos análisis de la opinión pública en tiempos de guerra han sido estudiados en la Casa Blanca. "Estaban muy concentrados en esto todo 2004... No sé por qué lo han dejado de lado".
Bradley Graham contribuyó a este reportaje.
13 de agosto de 2005
©washington post
©traducción mQh
chiíes quieren país propio
[Edward Wong] Políticos chiíes llaman a la autonomía del sur de Iraq.
Bagdad, Iraq. Uno de los políticos chiíes más poderosos de Iraq respaldó el jueves las demandas de formación de una región semi-independiente en el sur rico en petróleo, agregando más confusión a la redacción de una nueva constitución a medida que se acerca la fecha límite para su compleción.
El político, Abdul-Aziz al-Hakim, un chií religioso con estrechos vínculos con Irán, dijo a una concurrida reunión en la ciudad santa de Nayaf que era "necesario" que los árabes chiíes se aseguraran de amplios poderes de gobierno en el sur, que es dominado por los chiíes y fue largo tiempo oprimido durante el gobierno de Saddam Hussein.
Hakim ha sostenido conversaciones directas con otros líderes iraquíes sobre la nueva constitución, y sus comentarios indican una agudización de la posición de algunos chiíes justo cuatro días antes de que se termine la redacción del documento.
El tema de las regiones autónomas se ha convertido en el mayor punto de contención de las negociaciones. Líderes kurdos, resueltos a conservar los amplios poderes del Kurdistán iraquí en el norte, han sido los mayores proponentes de la autonomía regional, mientras los árabes sunníes, los antiguos gobernantes, que temen una distribución injusta de los recursos del petróleo, han rechazado firmemente la idea.
Algunos líderes árabes sunníes denunciaron el jueves inmediatamente el llamado de Hakim a formar una región semi-independiente en el sur y dijo que ahora sería más difícil terminar la constitución a tiempo.
"No creo que lleguemos a un acuerdo en cuatro días", dijo Fakhri al-Qaisi, un árabe sunní que es miembro del comité constitucional de 71 miembros. "Ningún grupo ha llegado a un acuerdo. Todas las puertas están cerradas. Los kurdos han insistido en sus exigencias. Los chiíes insisten en sus demandas".
Hasta ahora líderes religiosos chiíes en Bagdad han hablado ampliamente de poderes regionales moderados. Los comentarios de Hakim prestan apoyo a demandas de una mayor autonomía de políticos chiíes, fundamentalmente laicos, del sur. "Para mantener el equilibrio político del país, Iraq debería ser gobernado por un sistema federal junto al gobierno central", dijo Hakim a miles de fieles, muchos de los cuales ondeaban banderas verdes, un símbolo del islam chií. "Creemos necesario que se forme una sola región en el sur".
Los comentarios de Hakim fueron hechos tras una reunión que sostuvo el miércoles en Nayaf con el gran ayatollah Ali al-Sistani, el clérigo chií más venerado de Iraq. El ayatollah dijo a políticos chiíes la semana pasada que apoyaba la idea de la autonomía, aunque no hizo recomendaciones específicas.
Durante el proceso de redacción de la constitución, los principales grupos étnicos y sectarios del país han negociado duramente sobre una variedad de materias, pero ningún tema por sí solo ha inspirado mayor frustración y mala voluntad que la definición de los poderes regionales. Las observaciones de Hakim subrayan la división justo días antes del plazo del 15 de agosto, cuando se supone que la Asamblea Nacional aprueba la redacción de la constitución, allanando el camino para un referéndum popular sobre la constitución en octubre y en las elecciones nacionales de diciembre.
El gobierno de Bush ha ejercido una enorme presión sobre los iraquíes para que respeten el calendario, con la esperanza de que el proceso prive a la resistencia árabe sunní de algo de su cólera y refuerce el decaído apoyo de la opinión pública estadounidense sobre la guerra en Iraq.
Qaisi, el líder sunní, dijo que los árabes sunníes no podían aprobar la creación de regiones autónomas, como en una confederación, porque eso conduciría a la desintegración de Iraq. "Queremos la unidad de Iraq", dijo, "y queremos preservar la unidad".
La guerra de guerrillas continuó empañando al país el miércoles, y funcionarios iraquíes informaron que al menos siete personas, incluyendo tres soldados iraquíes y a un agente de inteligencia, fueron asesinadas. Las fuerzas armadas norteamericanas dijeron que un marine había muerto el miércoles en la explosión de una bomba improvisada en Ramadi, y un aeroplano no tripulado se estrelló en la norteña ciudad de Mosul el miércoles noche.
Un funcionario iraquí involucrado en el juicio de Hussein y sus ayudantes dijo el jueves que el tribunal se estaba acercando a fijar una fecha firme. Se espera que el tribunal fije a los abogados de Hussein una fecha definitiva a fines de este mes, y el funcionario dijo que el juicio se realizará muy probablemente a mediados de octubre en el mejor de los casos. Una vez que se fije la fecha, los abogados de Hussein tendrán al menos 45 días, dijo el funcionario que habló a condición de preservar el anonimato debido a que los funcionarios del tribunal deben limitarse en sus declaraciones públicas.
El movimiento por la autonomía del sur apoyado por Hakim ha estado reuniendo impulso durante el verano. Los políticos en el sur, especialmente en la ciudad de Basra, han estado presionando a los redactores de la constitución para que consagren el derecho de las provincias iraquíes a separarse para formar regiones autónomas, similar al Kurdistán iraquí. El sur se beneficiaría enormemente de semejante estructura -posee entre el 80 y 90 por ciento de las vastas reservas de petróleo de Iraq y los únicos puertos del país. Muchos sureños dicen que se sienten frustrados porque el gobierno central en Bagdad no asigna más recursos del petróleo a su empobrecida región.
Muchos de los políticos chiíes que inicialmente apoyaron la idea de un sur autónomo son laicos. El más poderoso partidario ha sido Ahmad Chalabi, ex vice-primer ministro y ex protegido del Pentágono. Hakim es el primer líder religioso chií en prestar su apoyo de un modo tan público.
El partido de Hakim, el Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Iraq, fundado en Irán en los años ochenta, goza de considerable poder en Basra y el resto del sur. Encabeza una coalición que tiene la mayoría de las funciones en el consejo de gobierno de Basra, y su rama armada, la Organización Badr, que controla muchas de las posiciones más importantes en las fuerzas de seguridad iraquíes. En Basra se han impuesto costumbres religiosas chiíes y los retratos de Haim empapelan las calles y puestos de control en la ciudad.
Los comentarios de Hakim el jueves en una enorme reunión pública en Nayaf para conmemorar la muerte de su hermano mayor, Muhammad Bakr al-Hakim, un apreciado clérigo que murió en la explosión de un coche-bomba en agosto de 2003.
Algunos chiíes han apoyado la creación de una región en la provincia de Al Basra y provincias adyacentes, mientras otros han exigido una región mucho más extensa que también comprendería las ciudades santas de Nayaf y Karbala.
Pero también hay chiíes que se oponen vehementemente a cualquier iniciativa hacia la autonomía. Moktada al-Sadr, el joven clérigo rebelde que dirigió dos insurrecciones contra los norteamericanos el año pasado, y el ayatollah Muhammad Yacoubi, otro clérigo radical con lazos con Sadr, han denunciado el movimiento, diciendo que es contrario a la idea de un gobierno islámico central.
Abdul Razzaq al-Saiedy contribuyó a este artículos desde Bagdad, y un empleado de The New York Times desde Nayaf.
12 de agosto de 2005
©new york times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Uno de los políticos chiíes más poderosos de Iraq respaldó el jueves las demandas de formación de una región semi-independiente en el sur rico en petróleo, agregando más confusión a la redacción de una nueva constitución a medida que se acerca la fecha límite para su compleción. El político, Abdul-Aziz al-Hakim, un chií religioso con estrechos vínculos con Irán, dijo a una concurrida reunión en la ciudad santa de Nayaf que era "necesario" que los árabes chiíes se aseguraran de amplios poderes de gobierno en el sur, que es dominado por los chiíes y fue largo tiempo oprimido durante el gobierno de Saddam Hussein.
Hakim ha sostenido conversaciones directas con otros líderes iraquíes sobre la nueva constitución, y sus comentarios indican una agudización de la posición de algunos chiíes justo cuatro días antes de que se termine la redacción del documento.
El tema de las regiones autónomas se ha convertido en el mayor punto de contención de las negociaciones. Líderes kurdos, resueltos a conservar los amplios poderes del Kurdistán iraquí en el norte, han sido los mayores proponentes de la autonomía regional, mientras los árabes sunníes, los antiguos gobernantes, que temen una distribución injusta de los recursos del petróleo, han rechazado firmemente la idea.
Algunos líderes árabes sunníes denunciaron el jueves inmediatamente el llamado de Hakim a formar una región semi-independiente en el sur y dijo que ahora sería más difícil terminar la constitución a tiempo.
"No creo que lleguemos a un acuerdo en cuatro días", dijo Fakhri al-Qaisi, un árabe sunní que es miembro del comité constitucional de 71 miembros. "Ningún grupo ha llegado a un acuerdo. Todas las puertas están cerradas. Los kurdos han insistido en sus exigencias. Los chiíes insisten en sus demandas".
Hasta ahora líderes religiosos chiíes en Bagdad han hablado ampliamente de poderes regionales moderados. Los comentarios de Hakim prestan apoyo a demandas de una mayor autonomía de políticos chiíes, fundamentalmente laicos, del sur. "Para mantener el equilibrio político del país, Iraq debería ser gobernado por un sistema federal junto al gobierno central", dijo Hakim a miles de fieles, muchos de los cuales ondeaban banderas verdes, un símbolo del islam chií. "Creemos necesario que se forme una sola región en el sur".
Los comentarios de Hakim fueron hechos tras una reunión que sostuvo el miércoles en Nayaf con el gran ayatollah Ali al-Sistani, el clérigo chií más venerado de Iraq. El ayatollah dijo a políticos chiíes la semana pasada que apoyaba la idea de la autonomía, aunque no hizo recomendaciones específicas.
Durante el proceso de redacción de la constitución, los principales grupos étnicos y sectarios del país han negociado duramente sobre una variedad de materias, pero ningún tema por sí solo ha inspirado mayor frustración y mala voluntad que la definición de los poderes regionales. Las observaciones de Hakim subrayan la división justo días antes del plazo del 15 de agosto, cuando se supone que la Asamblea Nacional aprueba la redacción de la constitución, allanando el camino para un referéndum popular sobre la constitución en octubre y en las elecciones nacionales de diciembre.
El gobierno de Bush ha ejercido una enorme presión sobre los iraquíes para que respeten el calendario, con la esperanza de que el proceso prive a la resistencia árabe sunní de algo de su cólera y refuerce el decaído apoyo de la opinión pública estadounidense sobre la guerra en Iraq.
Qaisi, el líder sunní, dijo que los árabes sunníes no podían aprobar la creación de regiones autónomas, como en una confederación, porque eso conduciría a la desintegración de Iraq. "Queremos la unidad de Iraq", dijo, "y queremos preservar la unidad".
La guerra de guerrillas continuó empañando al país el miércoles, y funcionarios iraquíes informaron que al menos siete personas, incluyendo tres soldados iraquíes y a un agente de inteligencia, fueron asesinadas. Las fuerzas armadas norteamericanas dijeron que un marine había muerto el miércoles en la explosión de una bomba improvisada en Ramadi, y un aeroplano no tripulado se estrelló en la norteña ciudad de Mosul el miércoles noche.
Un funcionario iraquí involucrado en el juicio de Hussein y sus ayudantes dijo el jueves que el tribunal se estaba acercando a fijar una fecha firme. Se espera que el tribunal fije a los abogados de Hussein una fecha definitiva a fines de este mes, y el funcionario dijo que el juicio se realizará muy probablemente a mediados de octubre en el mejor de los casos. Una vez que se fije la fecha, los abogados de Hussein tendrán al menos 45 días, dijo el funcionario que habló a condición de preservar el anonimato debido a que los funcionarios del tribunal deben limitarse en sus declaraciones públicas.
El movimiento por la autonomía del sur apoyado por Hakim ha estado reuniendo impulso durante el verano. Los políticos en el sur, especialmente en la ciudad de Basra, han estado presionando a los redactores de la constitución para que consagren el derecho de las provincias iraquíes a separarse para formar regiones autónomas, similar al Kurdistán iraquí. El sur se beneficiaría enormemente de semejante estructura -posee entre el 80 y 90 por ciento de las vastas reservas de petróleo de Iraq y los únicos puertos del país. Muchos sureños dicen que se sienten frustrados porque el gobierno central en Bagdad no asigna más recursos del petróleo a su empobrecida región.
Muchos de los políticos chiíes que inicialmente apoyaron la idea de un sur autónomo son laicos. El más poderoso partidario ha sido Ahmad Chalabi, ex vice-primer ministro y ex protegido del Pentágono. Hakim es el primer líder religioso chií en prestar su apoyo de un modo tan público.
El partido de Hakim, el Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Iraq, fundado en Irán en los años ochenta, goza de considerable poder en Basra y el resto del sur. Encabeza una coalición que tiene la mayoría de las funciones en el consejo de gobierno de Basra, y su rama armada, la Organización Badr, que controla muchas de las posiciones más importantes en las fuerzas de seguridad iraquíes. En Basra se han impuesto costumbres religiosas chiíes y los retratos de Haim empapelan las calles y puestos de control en la ciudad.
Los comentarios de Hakim el jueves en una enorme reunión pública en Nayaf para conmemorar la muerte de su hermano mayor, Muhammad Bakr al-Hakim, un apreciado clérigo que murió en la explosión de un coche-bomba en agosto de 2003.
Algunos chiíes han apoyado la creación de una región en la provincia de Al Basra y provincias adyacentes, mientras otros han exigido una región mucho más extensa que también comprendería las ciudades santas de Nayaf y Karbala.
Pero también hay chiíes que se oponen vehementemente a cualquier iniciativa hacia la autonomía. Moktada al-Sadr, el joven clérigo rebelde que dirigió dos insurrecciones contra los norteamericanos el año pasado, y el ayatollah Muhammad Yacoubi, otro clérigo radical con lazos con Sadr, han denunciado el movimiento, diciendo que es contrario a la idea de un gobierno islámico central.
Abdul Razzaq al-Saiedy contribuyó a este artículos desde Bagdad, y un empleado de The New York Times desde Nayaf.
12 de agosto de 2005
©new york times
©traducción mQh
perros en la guerra
[Borzou Daragahi] Las tropas norteamericanas dependen del olfato de los perros para detectar bombas en Iraq. Los insurgentes los cargan de explosivos.
Bagdad, Iraq. Estos son perros de guerra.
Gordy hace guardia en un puesto de control a la entrada de la fortificada Zona Verde estadounidense. El cariñoso pastor belga Malinois tiene su nasón bien afinado para detectar nitratos, explosivos plásticos, pólvora y mechas que usan los terroristas suicidas en sus atentados.
En un árido tramo de carretera al norte de Iraq, un perro cargado de explosivos se acerca a un grupo de agentes de policía iraquíes. Detonada por control remoto, la bomba rompe en pedazos al perro, pero no logra herir a los polis.
En una guerra donde la línea entre civiles y soldados es borrosa, incluso el mejor amigo del hombre puede ser implicado en el combate. Las fuerzas norteamericanas saludan a sus perros adiestrados como héroes, pero para los insurgentes los caninos proporcionan el vehículo para un objetivo más siniestro.
La policía iraquí menciona el reciente uso de perros cargados de explosivos en Latifiya, justo al sur de Bagdad, en Baquba, en el centro de Iraq y en la ciudad de Kirkuk y alrededores en el norte del país.
Algunos iraquíes se horrorizan por la ética de involucrar al mundo animal en un conflicto humano.
"¿Cómo pueden usar a estas amorosas mascotas para actos criminales y homicidas?", pregunta Rasha Khairir, 25, empleado de un corredor de bolsa de Bagdad. "Un pobre perro no puede negarse a hacer lo que le mandan, porque no puede pensar y decidir por sí mismo".
A pesar de un prejuicio extendido en el mundo musulmán contra los perros, que son considerados impuros, incluso los más virulentos clérigos que se oponen a la presencia norteamericana en Iraq han denunciado el uso de perros como instrumentos de guerra.
Abdel Salam Kubaisi, portavoz de la Asociación de Clérigos Musulmanes, una organización clerical árabe sunní de línea dura y con simpatía por los insurgentes, calificó la práctica de no-musulmana. "Nuestra religión no permite golpear a los animales", dijo. "Ni usarlos para transportar artefactos explosivos ni de ninguna otra manera".
Las tropas norteamericanas ensalzan las virtudes de sus aliados cánidos en la guerra contra la resistencia. "Los perros son cruciales en las campañas contra la resistencia en Iraq", dijo la sargento Ann Pitt, 35, de Buffalo, Nueva York, una preparadora de perros en la sureña ciudad de Nasiriya.
"Tenemos muchas cosas que nos ayudan en nuestra misión, pero no creo que tengamos una mejor herramienta de detección que un perro", dijo Pitt, que cuida de Buddy, otro Malinois belga, un perro similar al pastor alemán. "Estos perros son asombrosos. Son más fiables y efectivos que casi todo lo que tenemos".
El Ejército ha utilizado perros desde la Primera Guerra Mundial para localizar bombas, perseguir a enemigos, hacer guardia en los perímetros de las bases y buscar túneles con explosivos o bombas trampa.
Incluso estos perros no son siempre tratados con cortesía. De los 4.300 perros enviados a Vietnam, 2.000 fueron entregados al ejército sudvietnamita y 2.000 fueron matados. Sólo 200 lograron volver a casa, dijo Ron Aiello, un preparador de perros de la época de la Guerra de Vietnam que dirige War Dog, una organización estadounidense de Burlington, Nueva Jersey, de 1.100 miembros.
Su grupo empezó una página en la web: http://www.uswardogs.org, para reunir fondos para un monumento conmemorativo para rendir homenaje a los perros y sus preparadores.
En Iraq, perros como Gordy y Bubby son colocados en puestos de control y en las entradas de edificios oficiales.
Olfatean los equipos de los periodistas en ruedas de prensa y las bolsas de los pasajeros en el aeropuerto internacional de Bagdad, buscando explosivos.
"Lo que hacemos es impedir que maten a la gente", dijo Artwell Chibero, el preparador de Zimbabue de 29, empleado de una firma privada de seguridad contratada por el ministerio de Defensa, de Gordy.
Los perros tienen 25 receptores olfativos que los humanos, dijo Pitt.
"Nosotros olemos salsa de tallarines y pensamos: Vaya, huele bien esta salsa'", dijo Pitt. "Pero un perro huele los tomates, las cebollas, la albahaca, el orégano. Huelen las cosas individualmente".
Los insurgentes rellenan los cadáveres de animales con sus bombas improvisadas en el bordillo de las calles. Pero funcionarios de seguridad iraquíes dicen que están cada vez más preocupados del uso de animales vivos."Los perros han sido utilizados en muchas áreas por los insurgentes en Iraq" para cargar artefactos explosivos, dijo Noori Noori, inspector general en el ministerio del Interior. "Usaron a niños que eran retardados mentales para operaciones durante las elecciones, así que ¿por qué no usarían esos animales?"
En Ramadi el año pasado, en el extenso desierto al oeste de la capital, los insurgentes enviaron una noche a un burro con bombas hacia un puesto de control norteamericano. "Cuando uno de los soldados trató de pararlo, el burro explotó", dijo el vecino Mohammed Yas, 45. La única víctima fue el burro.
"Antes usaban coches-bomba. Ahora están usando a gente y animales", dijo el coronel Adnan Jaboori, portavoz del ministerio del Interior. "Están encontrando nuevos medios para utilizar tecnología de control remoto".
El diario Al Mada publicó recientemente una caricatura como editorial que mostraba a un insurgente muy parecido a Saddam Hussein tratando de persuadir a un perro de que se ponga un cinturón-bomba para fomentar la causa del Partido Baaz, que gobernaba a Iraq.
"Es muy simple", le dice el insurgente al aterrado perro. "Todo lo que tienes que hacer es ponerte este cinturón con explosivos, repetir los lemas del partido y quiera Alá apiadarse del alma de tu padre".
Zainab Hussein y Suhail Ahmad contribuyeron a este reportaje.
11 de agosto de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Estos son perros de guerra.Gordy hace guardia en un puesto de control a la entrada de la fortificada Zona Verde estadounidense. El cariñoso pastor belga Malinois tiene su nasón bien afinado para detectar nitratos, explosivos plásticos, pólvora y mechas que usan los terroristas suicidas en sus atentados.
En un árido tramo de carretera al norte de Iraq, un perro cargado de explosivos se acerca a un grupo de agentes de policía iraquíes. Detonada por control remoto, la bomba rompe en pedazos al perro, pero no logra herir a los polis.
En una guerra donde la línea entre civiles y soldados es borrosa, incluso el mejor amigo del hombre puede ser implicado en el combate. Las fuerzas norteamericanas saludan a sus perros adiestrados como héroes, pero para los insurgentes los caninos proporcionan el vehículo para un objetivo más siniestro.
La policía iraquí menciona el reciente uso de perros cargados de explosivos en Latifiya, justo al sur de Bagdad, en Baquba, en el centro de Iraq y en la ciudad de Kirkuk y alrededores en el norte del país.
Algunos iraquíes se horrorizan por la ética de involucrar al mundo animal en un conflicto humano.
"¿Cómo pueden usar a estas amorosas mascotas para actos criminales y homicidas?", pregunta Rasha Khairir, 25, empleado de un corredor de bolsa de Bagdad. "Un pobre perro no puede negarse a hacer lo que le mandan, porque no puede pensar y decidir por sí mismo".
A pesar de un prejuicio extendido en el mundo musulmán contra los perros, que son considerados impuros, incluso los más virulentos clérigos que se oponen a la presencia norteamericana en Iraq han denunciado el uso de perros como instrumentos de guerra.
Abdel Salam Kubaisi, portavoz de la Asociación de Clérigos Musulmanes, una organización clerical árabe sunní de línea dura y con simpatía por los insurgentes, calificó la práctica de no-musulmana. "Nuestra religión no permite golpear a los animales", dijo. "Ni usarlos para transportar artefactos explosivos ni de ninguna otra manera".
Las tropas norteamericanas ensalzan las virtudes de sus aliados cánidos en la guerra contra la resistencia. "Los perros son cruciales en las campañas contra la resistencia en Iraq", dijo la sargento Ann Pitt, 35, de Buffalo, Nueva York, una preparadora de perros en la sureña ciudad de Nasiriya.
"Tenemos muchas cosas que nos ayudan en nuestra misión, pero no creo que tengamos una mejor herramienta de detección que un perro", dijo Pitt, que cuida de Buddy, otro Malinois belga, un perro similar al pastor alemán. "Estos perros son asombrosos. Son más fiables y efectivos que casi todo lo que tenemos".
El Ejército ha utilizado perros desde la Primera Guerra Mundial para localizar bombas, perseguir a enemigos, hacer guardia en los perímetros de las bases y buscar túneles con explosivos o bombas trampa.
Incluso estos perros no son siempre tratados con cortesía. De los 4.300 perros enviados a Vietnam, 2.000 fueron entregados al ejército sudvietnamita y 2.000 fueron matados. Sólo 200 lograron volver a casa, dijo Ron Aiello, un preparador de perros de la época de la Guerra de Vietnam que dirige War Dog, una organización estadounidense de Burlington, Nueva Jersey, de 1.100 miembros.
Su grupo empezó una página en la web: http://www.uswardogs.org, para reunir fondos para un monumento conmemorativo para rendir homenaje a los perros y sus preparadores.
En Iraq, perros como Gordy y Bubby son colocados en puestos de control y en las entradas de edificios oficiales.
Olfatean los equipos de los periodistas en ruedas de prensa y las bolsas de los pasajeros en el aeropuerto internacional de Bagdad, buscando explosivos.
"Lo que hacemos es impedir que maten a la gente", dijo Artwell Chibero, el preparador de Zimbabue de 29, empleado de una firma privada de seguridad contratada por el ministerio de Defensa, de Gordy.
Los perros tienen 25 receptores olfativos que los humanos, dijo Pitt.
"Nosotros olemos salsa de tallarines y pensamos: Vaya, huele bien esta salsa'", dijo Pitt. "Pero un perro huele los tomates, las cebollas, la albahaca, el orégano. Huelen las cosas individualmente".
Los insurgentes rellenan los cadáveres de animales con sus bombas improvisadas en el bordillo de las calles. Pero funcionarios de seguridad iraquíes dicen que están cada vez más preocupados del uso de animales vivos."Los perros han sido utilizados en muchas áreas por los insurgentes en Iraq" para cargar artefactos explosivos, dijo Noori Noori, inspector general en el ministerio del Interior. "Usaron a niños que eran retardados mentales para operaciones durante las elecciones, así que ¿por qué no usarían esos animales?"
En Ramadi el año pasado, en el extenso desierto al oeste de la capital, los insurgentes enviaron una noche a un burro con bombas hacia un puesto de control norteamericano. "Cuando uno de los soldados trató de pararlo, el burro explotó", dijo el vecino Mohammed Yas, 45. La única víctima fue el burro.
"Antes usaban coches-bomba. Ahora están usando a gente y animales", dijo el coronel Adnan Jaboori, portavoz del ministerio del Interior. "Están encontrando nuevos medios para utilizar tecnología de control remoto".
El diario Al Mada publicó recientemente una caricatura como editorial que mostraba a un insurgente muy parecido a Saddam Hussein tratando de persuadir a un perro de que se ponga un cinturón-bomba para fomentar la causa del Partido Baaz, que gobernaba a Iraq.
"Es muy simple", le dice el insurgente al aterrado perro. "Todo lo que tienes que hacer es ponerte este cinturón con explosivos, repetir los lemas del partido y quiera Alá apiadarse del alma de tu padre".
Zainab Hussein y Suhail Ahmad contribuyeron a este reportaje.
11 de agosto de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
comida china en bagdad
[Craig S. Smith] El primer restaurante chino en Bagdad cierra sus puertas.
Bagdad, Iraq. Las cosas marchaban bien para Chen Xianzhong, propietario del primer restaurante chino auténtico de Bagdad en el nuevo Iraq, hasta que un terrorista suicida hizo volar su coche frente al lugar hace menos de dos semanas. El ensordecedor estallido hizo trizas las ventanas y escupió trozos de cuerpos hacia el interior. Un pie aterrizó en el pavimento fuera y una llanta cayó en el segundo piso del restaurante.
"Había pequeños pedazos de carne en todas partes, incluso en el tejado", dijo Chen. Ahora, sólo sirve comida a domicilio a unos pocos clientes leales que siguen llamándolo.
Los hosteleros chinos se aparecen en los lugares más improbables, pero Chen, 53, es un extraordinario caso de estudio de la tenacidad que explica la presencia de Golden Palaces y Human Gardens en ciudades y pueblos en todo el planeta.
Nacido en la familia de un funcionario menor de ferrocarriles en la provincia de Jilin al nordeste de China, Chen se unió al ejército en los últimos días de la Revolución Cultural y ganó un puesto en la Universidad de Pekín. Había mucha gente estudiando inglés, pero Chen, nadando siempre contra la corriente, se decidió por el árabe.
"Sólo había unos 15 estudiantes aprendiendo esa lengua en ese momento", dijo, mientras sorbe de un vaso con tapón de rosca de hojas de té verde. Aunque dice que se convirtió al islam durante la guerra del Golfo Pérsico de 1991, una estatua del dios chino de la fortuna sonríe encima de un librero. Chen obtuvo finalmente un trabajo como representante en Bagdad de Norinco, el conglomerado comercial militar de China, que vende de todo, desde leche en polvo hasta misiles anti-tanques en todo Oriente Medio.
Pasó la primera guerra del Golfo en los Emiratos Árabes Unidos, pero volvió a Iraq en 1999 para negociar por China en el marco del programa de petróleo por alimentos. Renunció en 2001 para empezar su propio negocio, y le iba bastante bien hasta que estalló la guerra.
Chen salió de Iraq justo tres días antes de que empezaran los bombardeos americanos, con un cargamento de sus textiles chinos por un valor de 1.5 millones de dólares, hacia el puerto de Umm Qasr en el sur de Iraq. Cuando empezó la invasión, Chen no había recibido su dinero, así que apenas dos semanas después de la caída de Bagdad, volvió a por él. Finalmente le pagaron.
Muy bien de dinero, Chen olfateó las oportunidades después de la guerra y abrió un emporio donde vendía artículos chinos baratos en la Calle de Sadoun, la principal arteria comercial de Bagdad. Luego abrió el restaurante chino Dragon Bay cerca del Teatro Nacional, decorándolo con sillas de alto respaldo estilo emperador y mesas de banquete chinas, redondas. Luego, el año pasado, abrió una sucursal más pequeña del restaurante y un pequeño hotel junto a su emporio.
Otros aventureros ciudadanos chinos llegaron en coche desde Jordania en momentos en que se necesitan nervios, no visados, para cruzar la frontera. Abrieron un restaurante después del suyo en lo que es ahora la fortificada Zona Verde. Pero Chen los desdeña como amateurs, diciendo que el local es en realidad un local de masajes.
Los pocos restaurantes chinos en los hoteles de Bagdad, entretanto, nunca fueron demasiado auténticos y ahora, dotado de cocineros iraquíes, ofrecen sólo una apariencia de comida china.
"Yo quería abrir el mejor restaurante chino en la historia de Iraq", dijo Chen, agregando que había importado cuatro contenedores de polvos, salsas, raíces, verduras en escabeche y otros elementos de la cocina china -suficientes para mantener abastecido su restaurante de 400 sillas y servir pollo kung pao durante tres o cuatro años.
Sus negocios prosperaron mientras Bagdad trataba de volver a la normalidad.
Entonces empezaron los problemas. Secuestraron a un grupo de trabajadores chinos en medio de la ola de secuestros y decapitaciones que cruzó Iraq en 2004. Fueron finalmente liberados, pero dos de sus chefs se volvieron a China. Vender licor en los restaurantes también se había puesto peligroso a medida que chiíes y sunníes trataban de imponer reglas islámicas.
Este marzo, cuando Chen conducía su Mercedes verde hacia un mercado de verduras en la ciudad, un destartalado Volkswagen se paró dando tumbos frente a él, bloqueando su ruta. Del coche surgieron tres hombres blandiendo armas y trataron de obligarlo a sentarse en el asiento de atrás.
"Llévense mi coche, mi dinero", gritó Chen. Pero los pistoleros dijeron que no querían su coche; lo querían a él. Peleó y le golpearon en la cabeza con la culata de un arma; su cara se cubrió de sangre. Afortunadamente era conocido en el vecindario, porque hacía las compras allí. Varios tenderos salieron a la calle con sus armas y dispararon".
Sus candidatos a secuestradores brincaron en el coche y se alejaron a toda prisa, arrastrándolo durante unos metros antes de dejarlo caer. Pasó dos días en el hospital antes de volver a China para un mes de descanso y análisis médicos. Pero en mayo estaba de regreso. Ahora nunca se desplaza sin una guardia armada. Apenas semanas después de que Chen fuera atacado, uno de sus empleados chinos fue robado cuando pagaba a algunos de sus trabajadores. Los pistoleros se llevaron el coche y los 50.000 dólares que había en él.
Finalmente, el 30 de julio, un terrorista suicida se hizo volar cerca del Teatro Nacional. La fuerza de la explosión rompió los ventanales del restaurante y derrumbó gran parte de su techo. En ese momento no había nadie dentro. A través de los huecos de las ventanas, las sillas emperador de Chen, con sus cojines de seda Jacquard, se ven abandonadas junto a las mesas del comedor vacío.
Eso fue suficiente. "Tengo miedo de esa gente loca", dijo, pasándose una mano sobre su pelo corto teñido desigualmente. Cerró los dos restaurantes y el hotel. Todavía tiene dos chefs, que se han atrincherado en una pequeña cocina encima del emporio donde trabajan con un anafe de gas propano de cuatro fuegos.
Pero Chen ha invertido casi medio millón de dólares en sus aventuras y sólo ha recuperado dos tercios de eso. Quiere mudarse a la región kurda en el norte de Iraq, donde es más seguro, pero las carreteras hacia el norte son demasiado peligrosas como para trasladar sus cosas allá.
Por la noche, él, sus chefs y otros cuatro empleados chinos se atrincheran en los pisos superiores mientras los guardias iraquíes vigilan abajo.
Hay armas casi en todos los cuartos, dice. Saca su rifle AK-47 de debajo de su escritorio y luego coge un revólver Colt 45 de una gaveta. "Tampoco te protege", dice, abriendo la recámara del Colt, "así que en cualquier momento..." Termina la frase apretando el gatillo: click, click.
Habla con las contradictorias emociones de un hombre que declara no preocuparse por el dinero, pero no puede obligarse a abandonarlo todo.
"Me marcharía de Iraq, pero no puedo abandonar todo esto", dijo, indicando sus trajes baratos, osos peluches y tazas de té a la venta. Uno de los chefs prepara el almuerzo, pero la electricidad se va a medio camino de la colación. Cuando el aire acondicionado suspira y se calla, Chen sale a encender el generador, pero vuelve sudando a decir que la batería del generador ha sido robada.
"Pero me gusta este país", insistió, como si para convencerse a sí mismo de por qué todavía está aquí. "Aquí gané mi primer dólar".
10 de agosto de 2005
©new york times
©traducción mQh
"
Bagdad, Iraq. Las cosas marchaban bien para Chen Xianzhong, propietario del primer restaurante chino auténtico de Bagdad en el nuevo Iraq, hasta que un terrorista suicida hizo volar su coche frente al lugar hace menos de dos semanas. El ensordecedor estallido hizo trizas las ventanas y escupió trozos de cuerpos hacia el interior. Un pie aterrizó en el pavimento fuera y una llanta cayó en el segundo piso del restaurante."Había pequeños pedazos de carne en todas partes, incluso en el tejado", dijo Chen. Ahora, sólo sirve comida a domicilio a unos pocos clientes leales que siguen llamándolo.
Los hosteleros chinos se aparecen en los lugares más improbables, pero Chen, 53, es un extraordinario caso de estudio de la tenacidad que explica la presencia de Golden Palaces y Human Gardens en ciudades y pueblos en todo el planeta.
Nacido en la familia de un funcionario menor de ferrocarriles en la provincia de Jilin al nordeste de China, Chen se unió al ejército en los últimos días de la Revolución Cultural y ganó un puesto en la Universidad de Pekín. Había mucha gente estudiando inglés, pero Chen, nadando siempre contra la corriente, se decidió por el árabe.
"Sólo había unos 15 estudiantes aprendiendo esa lengua en ese momento", dijo, mientras sorbe de un vaso con tapón de rosca de hojas de té verde. Aunque dice que se convirtió al islam durante la guerra del Golfo Pérsico de 1991, una estatua del dios chino de la fortuna sonríe encima de un librero. Chen obtuvo finalmente un trabajo como representante en Bagdad de Norinco, el conglomerado comercial militar de China, que vende de todo, desde leche en polvo hasta misiles anti-tanques en todo Oriente Medio.
Pasó la primera guerra del Golfo en los Emiratos Árabes Unidos, pero volvió a Iraq en 1999 para negociar por China en el marco del programa de petróleo por alimentos. Renunció en 2001 para empezar su propio negocio, y le iba bastante bien hasta que estalló la guerra.
Chen salió de Iraq justo tres días antes de que empezaran los bombardeos americanos, con un cargamento de sus textiles chinos por un valor de 1.5 millones de dólares, hacia el puerto de Umm Qasr en el sur de Iraq. Cuando empezó la invasión, Chen no había recibido su dinero, así que apenas dos semanas después de la caída de Bagdad, volvió a por él. Finalmente le pagaron.
Muy bien de dinero, Chen olfateó las oportunidades después de la guerra y abrió un emporio donde vendía artículos chinos baratos en la Calle de Sadoun, la principal arteria comercial de Bagdad. Luego abrió el restaurante chino Dragon Bay cerca del Teatro Nacional, decorándolo con sillas de alto respaldo estilo emperador y mesas de banquete chinas, redondas. Luego, el año pasado, abrió una sucursal más pequeña del restaurante y un pequeño hotel junto a su emporio.
Otros aventureros ciudadanos chinos llegaron en coche desde Jordania en momentos en que se necesitan nervios, no visados, para cruzar la frontera. Abrieron un restaurante después del suyo en lo que es ahora la fortificada Zona Verde. Pero Chen los desdeña como amateurs, diciendo que el local es en realidad un local de masajes.
Los pocos restaurantes chinos en los hoteles de Bagdad, entretanto, nunca fueron demasiado auténticos y ahora, dotado de cocineros iraquíes, ofrecen sólo una apariencia de comida china.
"Yo quería abrir el mejor restaurante chino en la historia de Iraq", dijo Chen, agregando que había importado cuatro contenedores de polvos, salsas, raíces, verduras en escabeche y otros elementos de la cocina china -suficientes para mantener abastecido su restaurante de 400 sillas y servir pollo kung pao durante tres o cuatro años.
Sus negocios prosperaron mientras Bagdad trataba de volver a la normalidad.
Entonces empezaron los problemas. Secuestraron a un grupo de trabajadores chinos en medio de la ola de secuestros y decapitaciones que cruzó Iraq en 2004. Fueron finalmente liberados, pero dos de sus chefs se volvieron a China. Vender licor en los restaurantes también se había puesto peligroso a medida que chiíes y sunníes trataban de imponer reglas islámicas.
Este marzo, cuando Chen conducía su Mercedes verde hacia un mercado de verduras en la ciudad, un destartalado Volkswagen se paró dando tumbos frente a él, bloqueando su ruta. Del coche surgieron tres hombres blandiendo armas y trataron de obligarlo a sentarse en el asiento de atrás.
"Llévense mi coche, mi dinero", gritó Chen. Pero los pistoleros dijeron que no querían su coche; lo querían a él. Peleó y le golpearon en la cabeza con la culata de un arma; su cara se cubrió de sangre. Afortunadamente era conocido en el vecindario, porque hacía las compras allí. Varios tenderos salieron a la calle con sus armas y dispararon".
Sus candidatos a secuestradores brincaron en el coche y se alejaron a toda prisa, arrastrándolo durante unos metros antes de dejarlo caer. Pasó dos días en el hospital antes de volver a China para un mes de descanso y análisis médicos. Pero en mayo estaba de regreso. Ahora nunca se desplaza sin una guardia armada. Apenas semanas después de que Chen fuera atacado, uno de sus empleados chinos fue robado cuando pagaba a algunos de sus trabajadores. Los pistoleros se llevaron el coche y los 50.000 dólares que había en él.
Finalmente, el 30 de julio, un terrorista suicida se hizo volar cerca del Teatro Nacional. La fuerza de la explosión rompió los ventanales del restaurante y derrumbó gran parte de su techo. En ese momento no había nadie dentro. A través de los huecos de las ventanas, las sillas emperador de Chen, con sus cojines de seda Jacquard, se ven abandonadas junto a las mesas del comedor vacío.
Eso fue suficiente. "Tengo miedo de esa gente loca", dijo, pasándose una mano sobre su pelo corto teñido desigualmente. Cerró los dos restaurantes y el hotel. Todavía tiene dos chefs, que se han atrincherado en una pequeña cocina encima del emporio donde trabajan con un anafe de gas propano de cuatro fuegos.
Pero Chen ha invertido casi medio millón de dólares en sus aventuras y sólo ha recuperado dos tercios de eso. Quiere mudarse a la región kurda en el norte de Iraq, donde es más seguro, pero las carreteras hacia el norte son demasiado peligrosas como para trasladar sus cosas allá.
Por la noche, él, sus chefs y otros cuatro empleados chinos se atrincheran en los pisos superiores mientras los guardias iraquíes vigilan abajo.
Hay armas casi en todos los cuartos, dice. Saca su rifle AK-47 de debajo de su escritorio y luego coge un revólver Colt 45 de una gaveta. "Tampoco te protege", dice, abriendo la recámara del Colt, "así que en cualquier momento..." Termina la frase apretando el gatillo: click, click.
Habla con las contradictorias emociones de un hombre que declara no preocuparse por el dinero, pero no puede obligarse a abandonarlo todo.
"Me marcharía de Iraq, pero no puedo abandonar todo esto", dijo, indicando sus trajes baratos, osos peluches y tazas de té a la venta. Uno de los chefs prepara el almuerzo, pero la electricidad se va a medio camino de la colación. Cuando el aire acondicionado suspira y se calla, Chen sale a encender el generador, pero vuelve sudando a decir que la batería del generador ha sido robada.
"Pero me gusta este país", insistió, como si para convencerse a sí mismo de por qué todavía está aquí. "Aquí gané mi primer dólar".
10 de agosto de 2005
©new york times
©traducción mQh
"