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cámaras de torturas en iraq


[Bradley Brooks] Revelan un inquietante pasado: Cámaras de torturas utilizadas por extremistas.
Bagdad, Iraq. Manchas de sangre en las paredes, cadenas que cuelgan del techo y espadas en el suelo -los artefactos muestran una inquietante historia de brutalidades dentro de lo que se sospecha que fue una cámara de torturas de al-Qaeda en Iraq. Pero había todavía otro escalofriante hecho aparte del piso de tierra del calabozo. Los aldeanos dicen que sabían sobre los tormentos, pero que hasta ahora tenían demasiado miedo a los extremistas como para informar a las autoridades.
Historias como esta -acusaciones de abusos cometidos por los insurgentes y el silencio de los aterrorizados iraquíes- han empezado a emerger con creciente frecuencia y claridad a medida que las fuerzas norteamericanas penetran más profundamente en los antiguos feudos extremistas y forjan alianzas con las tribus que intentan recuperar sus territorios.
Los informes y datos que ahora emergen construyen un espantoso retrato del gobierno de al-Qaeda y sus partidarios: fosas comunes, despiadados castigos, tribunales islámicos auto-designados y ejecuciones sumarias.
Eso llevó a los soldados, a principios de mes, a un cuarto secreto en Muqdadiyah, a unos cien kilómetros al norte de Bagdad, dijeron el jueves militares norteamericanos. Pintadas en el edificio proclamaban ‘Larga vida al estado islámico' -una referencia al gobierno islámico, o califato, que quieren imponer grupos sunníes extremistas, entre ellos al-Qaeda.
Garabateada con pintura blanca sobre una cama en la zona de torturas se leía una frase del Corán, en árabe, que se reserva usualmente para acoger a un invitado. Pero el contexto sugería una sádica burla: "Entra, aquí estás seguro".
El suelo estaba sembrado de envases de alimentos, botellas de plástico de refrescos y cables eléctricos enrollados al somier de una cama, presumiblemente donde se torturaba a los prisioneros, de acuerdo a un informe norteamericano sobre el hallazgo durante una misión entre el 8 y el 11 de diciembre.
Los cuartos "tenían cadenas, una cama de hierro que estaba conectada a una batería, cuchillos y espadas todavía cubiertas de sangre", dijo el general del ejército norteamericano Mark P. Hertling, comandante de las fuerzas en el norte de Iraq.
Cerca de ahí se encontraron fosas comunes con los restos de veintiséis personas, dijo.
Los aldeanos conocían la existencia del lugar, pero no lo denunciaron a las autoridades por temor a las represalias de los militantes, dijo un agente de policía de la localidad a la Associated Press. Habló a condición de conservar el anonimato por temor a ser identificado por los extremistas.
Dijo que pensaba que la cámara de torturas había sido utilizada durante un año.
No es la primera cámara de torturas descubierta en Iraq. Pero sirve como recordatorio del control de los extremistas en partes de Iraq, pese al creciente optimismo provocado por la reducción de la violencia.
Y la provincia de Diyala -donde se hizo el atroz descubrimiento- sigue siendo una de las regiones más volátiles mientras fuerzas norteamericanas e iraquíes luchan por emular los claros avances contra los extremistas en Bagdad y en el desierto de Anbar, al oeste del país.
La provincia -llamada a menudo ‘el pequeño Iraq'- está ocupada por sunníes y chiíes y es un vestigio del Iraq de antes de que la violencia sectaria fraccionara la país en numerosos fragmentos a lo largo de líneas religiosas. Baquba, la capital de Diyala, es también la sede del autoproclamado califato de los insurgentes.
"Creo que es por eso que al-Qaeda quiere controlar la provincia, porque es un pequeño Iraq", dijo Hertling. "Les da acceso a Bagdad y también la consideran la capital de su califato".
Jefes militares norteamericanos dicen que están lejos de declarar victoria en Diyala.
Los alijos de armas encontrados durante los allanamientos de Muqdadiyah incluyen un lanzamisiles tierra-aire, rifles de precisión y sesenta de explosivos caseros, dijo Hertling.
"Estamos esperando atentados espectaculares", dijo. "¿Si podemos proteger los objetivos? Tan pronto como diga que podemos, lo vuelan mañana".
Este no fue el primer sitio de torturas encontrado por las tropas norteamericanas desde que penetraran en antiguos bastiones de extremistas.
En marzo, tropas norteamericanas descubrieron un sitio similar en la aldea de Karmah, justo al oeste de Bagdad, que era usado por insurgentes sunníes para torturar y realizar ejecuciones sumarias. Rescataron a dos prisioneros iraquíes, cuyas ejecuciones habían sido pospuestas aparentemente debido a que la cámara de los militantes se estropeó y querían filmar el asesinato.
Los prisioneros dijeron a los soldados norteamericanos que habían sido condenados a muerte por un tribunal insurgente y pudieron elegir entre la decapitación o un tiro.
Tantos los insurgentes sunníes como los escuadrones de la muerte de las milicias chiíes torturan a sus prisioneros antes de asesinarlos -a veces con taladros eléctricos. La mayoría de los cientos de cuerpos que se han encontrado en Bagdad y otros lugares mostraban huellas de torturas.

24 de diciembre de 2007
©fwdailynews
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jóvenes en las milicias chiíes


[Sudarsan Raghavan] Jóvenes milicianos construyen poder por medio del terror. Colegialas deben llevar pañuelo de cabeza, so pena de muerte.
Bagdad, Iraq. El primer día de clases, dos adolescentes entraron a la escuela secundaria de niñas en el barrio de Tobji, blandiendo rifles de asalto AK-47 en sus manos. Los jóvenes combatientes chiíes entregaron a la directora una nota manuscrita y le ordenaron reunir a las alumnas en el patio, dijeron testigos.
"Las niñas deben llevar hijab", leyó ella en voz alta, la voz temblando. "Si no lo hacéis, cerraremos la escuela o mataremos a las alumnas".
Ese día de octubre, Sara Mustafa, 14, una árabe sunní laica, también tembló. A la mañana siguiente, se cubrió la cabeza con un pañuelo, por primera vez en su vida. Ahora los jóvenes combatientes controlaban su vida. "No podíamos hacer nada", recordó Sara.
El Ejército Mahdi del clérigo chií Moqtada al-Sáder está utilizando a una nueva generación de jóvenes, algunos de apenas quince años, para expandir y fortalecer su control de Bagdad, pero la crueldad de algunos de esos jóvenes combatientes le está enajenando el apoyo de sunníes y chiíes por igual.
Los combatientes están llenando el vacío de autoridad creado por la ofensiva de seguridad norteamericana, ahora en su décimo mes. Cientos de cuadros milicianos de niveles altos y medios han sido detenidos, matados u obligados a ocultarse, debilitando lo que fue una vez la segunda fuerza más poderosa de Iraq después de los militares norteamericanos. Pero la milicia todavía controla por medio del miedo y la intimidación, a menudo bajo el radar de las tropas norteamericanas.
"JAM está vivo e ileso en Tobji, aunque ahora son más jóvenes, como en muchas otras áreas", dice el teniente coronel Steven Miska, utilizando el acrónimo militar que se deriva del nombre de la milicia en árabe. Durante la mayor parte de este año, sus soldados operaron en muchos enclaves chiíes y mixtos de Bagdad, incluyendo Tobji.
El surgimiento de esta nueva generación es un reflejo de la profunda infiltración de la sociedad por del Ejército Mahdi y podría presagiar un turbulento renacimiento de la milicia cuando las fuerzas armadas norteamericanas reduzcan sus niveles de tropas. La emergencia también destaca los obstáculos a los que Sáder debe hacer frente en su lucha por el control de la capital y la dirección de Iraq.
A fines de agosto, el clérigo de 34 años declaró un congelamiento de las operaciones, en parte para ejercer más autoridad sobre su indisciplinada y descentralizada milicia. Muchos de sus seguidores renunciaron; tanto así que los comandantes norteamericanos reconocieron a Sáder por su contribución a la reducción de la violencia este año. Pero algunos líderes milicianos han ignorado la tregua de Sáder y sus jóvenes reclutas hambrientos de poder podrían socavar el atractivo popular del clérigo.
"Tenemos que mostrar a la gente que no somos débiles", dijo Ali, 19, combatiente del Ejército Mahdi en Tobji.

Controlar el Poder
Hace dos años, Ali estaba desempleado. Recordó que idolatraba a sus primos mayores que eran combatientes veteranos del Ejército Mahdi. Como ellos, nació y se crió en Tobji, un barrio del centro-norte de Bagdad donde los vecinos se conocen todos unos a otros. Su nombre oficial es Salaam, paz.
Ali y sus primos tenían antes buenas relaciones con los sunníes, kurdos y cristianos. Pero después del atentado con bomba contra un santuario chií de Samarra febrero de 2006, la violencia sectaria ha destrozado los vínculos tribales y sociales de Tobji. Repentinamente todo lo que importaba a Ali era su secta, y la milicia se convirtió en su nueva familia. Tenía diecisiete años.
Abu Sajjad, 44, ex combatiente del Ejército Mahdi, recordó haber visto en esa época un aumento de jóvenes reclutas desempleados y resentidos. "Antes de unirse al Ejército Mahdi no eran nada", dijo Abu Sajjad, que pidió que se utilizara solamente su apodo por razones de seguridad. "El Ejército Mahdi les protege mejor que sus tribus o sus familias".
Los combatientes más viejos adoctrinaron rápidamente a Ali. "Ellos son sunníes. Nosotros somos chiíes. No nos sacarán de Tobji", decían.
Ali, alto y delgado con ondulados cabellos negros, habló a condición de que no se mencionara su nombre completo, por temor a ser arrestado por las fuerzas norteamericanas y a las represalias de la milicia. Está tratando de salirse de la milicia y se ha incorporado al ejército iraquí, lo que sus camaradas todavía no saben. En entrevistas separadas, vecinos sunníes y chiíes dijeron que Ali era un conocido miembro del Ejército Mahdi implicado en varios atentados.
Al principio, Ali fue asignado a un puesto de control de la milicia. Revisaba coches y pedía a los conductores que le dijeran sus nombres tribales, para determinar a qué secta pertenecían. "Yo era un adolescente. Pero lo controlaba todo. Yo mandaba", dijo Ali, que durante la entrevista de cuatro horas llevaba un sweater marrón y, como muchos chiíes, lucía un anillo de plata en su dedo meñique izquierdo. "Si quería parar a un coche, lo paraba".
En la oficina local de Sáder, los reclutas reciben clases de religión chií y en la ideología del Ejército Mahdi, que enseña la supremacía chií. Los reclutas deben denunciar a cualquiera que sea sospechoso de quebrantar las normas islámicas.
"Pueden convencer a cualquiera", dijo Ali. "Si te dicen que tu padre es un tipo malo, vas a estar más que feliz que matarlo".
Ali también trabajaba en una barbería. Cuando los clientes comentaban sobre sus vidas, tomaba notas mentales y las transmitía más tarde a la oficina de Sáder.
Cuatro meses después de unirse al Ejército Madhi, Ali tuvo su primera batalla callejera. Con un lanzacohetes, disparó una granada en la casa de un miembro de la tribu sunní Egheidat, matándolo. Ali dijo que sintió remordimiento, pero que este desapareció cuando otros combatientes más viejos se acercaron a felicitarlo.
"Eres un héroe", le dijo uno de ellos a Ali. "Esa granada salvó nuestras vidas".
Dos líderes de Egheidat, incluyendo a Mustafa Salih, el padre de Sara, dijo que se sabía que Ali había disparado con un lanzagranadas durante la batalla, pero no estaba seguro de que hubiera matado a alguien.
Comandantes del Ejército Mahdi castigaban a los combatientes que desobedecían órdenes. Los infractores eran llevados a un cuarto en el despacho de Sáder, lleno de cables de acero, látigos y bloques de hierro, donde eran torturados. Ali dijo que lo llamaban ‘el Cuarto de la Felicidad'.

Asesinato y Protección
Hace poco en las calles de Tobji grupos de niñas en uniforme se encaminaban hacia la escuela. Todas llevaban un pañuelo. El retrato de un sereno Haider Hamrani, un miliciano de diecisiete muerto a balazos por tropas norteamericanas, observaba desde una cartelera.
Jóvenes con celulares rondaban por el barrio, que estaba cubierto de imágenes de Sáder. Montaban motocicletas en calles secundarias o se reunían en las esquinas. Algunos llevaban vaqueros; otros, gorras de béisbol, fundiéndose con el paisaje. Conformaban el sistema de alarma temprana, vigilando a los desconocidos y a las patrullas norteamericanas.
"Nadie sospechará que son del Ejército Mahdi", dijo Ali.
Hoy, más de la mitad de los milicianos tiene menos de veinte años, dijo Ali y otro miliciano llamado Mahmoud. La nueva generación está fuertemente implicada en las estrategias de generación de ingresos de la milicia. Venden los coches de las víctimas de secuestros y alquilan las casas de sunníes desplazados. La milicia también exige dinero a los encargados de los generadores que suministran electricidad. Cada mes los jóvenes cobran a las familias cinco mil dinares iraquíes -unos cuatro dólares- por concepto de protección.
"Los grupos de jóvenes más decididos tienden a concentrarse en el crimen organizado y en llenarse sus bolsillos con dinero", dijo Miska, el oficial norteamericano.
Muchos jóvenes milicianos parecen haberse convertido en despiadados asesinos, reemplazando a los combatientes más viejos que han sido capturados o han entrado en la clandestinidad. Ali dijo que él participó en el asesinato de cuatro vecinos. Después de que Ali informara a la oficina de Sáder de que su amigo de escuela Wissam se había incorporado al ejército iraquí, varios jóvenes milicianos lo secuestraron a él y su madre. Primero mataron a Wissam. Cuando su madre se agachó sobre su cuerpo, gritado y llorando, la mataron a ella disparándole a la cabeza, dijeron Ali y Mahmoud.
Otro vecina, una mujer divorciada, fue asesinada después de que Ali dijera que había oído en la calle que era prostituta -un delito en opinión de la milicia-, aunque no tenía pruebas de ello. Uno de sus asesinos, dijo Ali, era un chico llamado Saad, de diecisiete años, que se había unido a la milicia a los quince.
Cuando se ordena a los jóvenes que maten a alguien, dijo Ali, "matarán a esa persona sin ninguna duda al día siguiente".

En la salita de su apretada casa de dos pisos, Abu Ali Hassan, un sunní de 42 años, ha colgado un retrato del imam Ali, una de las figuras más veneradas del islam chií, en caso de que lo visiten los milicianos. Cada mes les paga sus cinco mil dinares, que llama "extorsión".
Ha observado que los combatientes más viejos han desaparecido. "Están controlando el barrio con estos niños", dijo Hassan, empleado del ministerio del Transporte.
Como muchas zonas de Bagdad, Tobji ha vivido una reducción de ataques violentos. Pero la mayoría de los sunníes que huyeron tienen que volver todavía, dijeron líderes de la comunidad. Aquellos que se quedaron viven bajo el constante temor de estar siendo vigilados. Este año la milicia empezó a utilizar a mujeres como espías, dijeron Ali y otros vecinos.
Desesperado, Hassan ha trabado amistad con algunos jóvenes milicianos de su calle. "Que Dios me perdone, pero si algo pasa mañana, me pueden servir", dijo. "Ahora ellos son el poder supremo en nuestro barrio".

Chiíes como Víctimas
Cada vez más las víctimas de las milicias son chiíes.
El jefe chií del consejo local de Tobji, Abu Hussein Kamil, y otro funcionario, fueron asesinados en agosto. Kamil, dijo Ali, no había dado trabajo a familiares de los milicianos y se sospechaba que estaba colaborando con las tropas norteamericanas. "Estaba dañando a su propio pueblo", dijo Ali.
En junio, varios jóvenes combatientes torturaron y mataron a un chií encargado del generador porque no proporcionó electricidad adicional a la casa de un miembro de la milicia, dijeron su familia y vecinos. "Se llaman a sí mismos el Ejército Mahdi, pero se comportan como pandilleros", dijo Majid al-Zubaidi, 28, hermano del hombre. "Quieren demostrar que ellos controlan el barrio. Quieren que la gente les tenga miedo".
"Ahora, tanto los sunníes como los chiíes están indignados con el Ejército Mahdi", dijo Zubaidi.
Abu Sajjad, el combatiente veterano, dijo que muchos milicianos mayores estaban indignados. Los jóvenes están manchando la imagen de la milicia como guardianes de los chiíes, dijo. Un día presenció a dos jóvenes combatientes en una motocicleta acercarse a un coche y matar a balazos al conductor, un chií que había criticado públicamente a Sáder. Abu Sajjad instó a la oficina de Sáder a castigar a los asaltantes, pero, dijo, no ocurrió nada.
Los líderes de la oficina protegen a los shebab, como se llama en árabe a los jóvenes, dijo Abu Sajjad. "Los shebabson sus ojos en el barrio, y obedecen sus órdenes".
En otra ocasión, un combatiente de diecisiete años se acercó a la oficina de Sáder y se quejó de que sus padres le habían ordenado abandonar la milicia. La oficina amenazó a la familia, dijo Abu Sajjad.
Los militares norteamericanos han utilizado esta grieta generacional y la rabia de los vecinos, dijo Miska. Sus tropas pagan a informantes por datos que conducen a menudo a allanamientos y detenciones.
Pero algunos líderes de la comunidad se quejaron de que los militares norteamericanos también atacaban a líderes moderados que introducían algo de disciplina en la milicia.
""Es difícil creer que no puedan distinguir entre buenos y malos", dijo Ali Khadim, 44, un importante líder tribal chií. Las tropas norteamericanas, dijo, allanaron hace poco su propia casa, donde viven sus padres.

Colegiales Seducidos
Más abajo en la calle de la oficina de Sáder, la muralla marrón de una escuela secundaria se hallaba cubierta de carteles de Sáder y del imam Ali. Una larga pancarta negra conmemoraba un festivo chií, mientras mujeres cubiertas de pies a cabeza parecían pasar flotando por el lugar.
Dentro de algunas escuelas de Tobji, jóvenes milicianos han obligado a los maestros a revelar las respuestas a los exámenes y a colocar notas altas a los combatientes del Ejército Mahdi. Según alumnos y apoderados, les han ordenado dar lecciones de religión chií a los estudiantes, incluyendo a los alumnos sunníes.
"Han convertido las escuelas en sus casas de seguridad", dijo Fadhil Hassan, que enseña en una escuela en Tobji y pidió no ser mencionado por su nombre por temor a represalias. Un joven combatiente buscado por las tropas norteamericanas se aparece por ahí todos los días, dijo Hassan, y a veces golpea a los estudiantes en la cabeza o en los hombros, separando a sunníes de chiíes.
Ahora los estudiantes con problemas recurren al Ejército Madhi, agregó, y consideran a los milicianos como modelos a imitar.
"Esos jóvenes milicianos les seducen", dijo Abu Sajjad. "Cuando los niños tienen poder y pistolas, para ellos es un gran sueño hecho realidad". Al infiltrar las escuelas, agregó, los combatientes han encontrado el modo más efectivo de controlar Tobji. "Intimidarán a las familias a través de sus hijos".
Tras la detención de comandantes del Ejército Mahdi, las tribus de Tobji están tratando de llenar el vacío de autoridad. Pero los antiguos roles construidos sobre la base del honor y el respeto no dicen nada a la nueva generación.
Khadim, el líder tribal chií, ha tratado de convencer a varios jóvenes combatientes para que abandonen la milicia. Sólo uno lo hizo, dijo.
Ali está tratando de descolgarse. Está enamorado de una mujer sunní de su barrio. Si los milicianos se enteran, probablemente lo matarán, dijo.
Preocupado por su futuro, Mustafa Salih ha agregado su nombre a una lista de sunníes que quieren lanzar una sahwa -"despertar"-, una fuerza de protección como las que han fundado los militares norteamericanos en otras áreas. Tomó la decisión cuando vio a su hija Sara volver corriendo a casa en octubre indignada de que tuviera que llevar un pañuelo de cabeza.
"¿Por qué convertir en extremistas a nuestros hijos?", preguntó Salih, con amargura.
Hoy, el pañuelo de cabeza de Sara se ha convertido en una metáfora del poder de la milicia en el barrio. "Es como si alguien me estuviera estrangulando", dijo Sara.

16 de diciembre de 2007
13 de diciembre de 2007
©washington post
cc traducción mQh
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mujeres policías sin armas


[Tina Susman] Mujeres policías iraquíes deben entregar sus armas. La medida es un síntoma del conservadurismo religioso y cultural que se ha apoderado del país desde la invasión norteamericana.
Bagdad, Iraq. El gobierno iraquí ha ordenado que las mujeres policía entreguen sus armas para ser redistribuidas entre los hombres del cuerpo so pena de suspensión del pago de sus salarios, boicoteando así una iniciativa norteamericana para incorporar a mujeres al cuerpo policial del país.
De acuerdo a documentos oficiales, oficiales norteamericanos y varias de las agentes, el ministerio del Interior, que supervisa a la policía, emitió la orden a fines del mes pasado. Afecta a todas las agentes que se han ganado el título de ‘mujer policía' al egresar de la academia de policía. No se aplica a los hombres en el mismo tipo de trabajo.
Los críticos dicen que la medida es el signo más reciente del conservadurismo religioso y cultural que se ha apoderado de Iraq desde el derrocamiento de Saddam Hussein en el gobierno de predominancia chií. Ahora esa tendencia está obstaculizando los esfuerzos para estabilizar Iraq incorporando a mujeres al cuerpo, dijo el general de brigada norteamericano David Phillips, que ha dirigido la campaña de reclutamiento de mujeres.
"Es un proyecto que acariciamos durante todo este tiempo", dijo la semana pasada, refiriéndose a la campaña de reclutamiento. "Lo veíamos así: ‘Si pudiéramos aprovechar el cincuenta por ciento del poder mental de este país que no está siendo utilizado, avanzaríamos mucho más'".
Sin mujeres policía, dijo Phillips, no habrá agentes para cachear a mujeres, incluso en momentos en que se sabe que hay mujeres que se han incorporado a las filas de los terroristas suicidas en Iraq. La semana pasada, una terrorista suicida mató al menos a dieciséis personas al norte de Bagdad, al menos el quinto ataque en Iraq este año.
Otro asesor norteamericano observó que la expulsión de las agentes obstaculizará las pesquisas de delitos como la violación, que estigmatiza a las mujeres en Iraq, debido a que pocas víctimas se sienten cómodas denunciando el delito ante hombres.
Las mujeres policías dicen también que les imposibilitará protegerse a sí mismas cuando estén de servicio. Decenas de empleados de la policía, tanto agentes como empleados administrativos, han sido asesinados por los insurgentes. Normalmente, hombres y mujeres pueden portar sus pistolas Glock incluso después de horas de trabajo, por razones de seguridad.
"Se nos considera mujeres policía. Nos pueden secuestrar. Nos pueden asesinar. Si alguien se entera de dónde trabajamos, por supuesto que intentarán hacer algo contra nosotras", dijo una mujer policía de 27 entrevistada el domingo.
"¿Cómo puedo ser una mujer policía sin armas?", se preguntó incrédula, mientras otras tres colegas asentían.
Ellas, y Phillips, dijeron que el retiro de pistolas era la última de una serie de medidas que han limitado a la mayoría de las mujeres policía a trabajos de escritorio. Las pocas que han trabajado en las calles han sido reasignadas a labores administrativas.
La ley iraquí todavía impide que las mujeres policía sean ascendidas a niveles de mando. Phillips dijo que las mujeres se han quejado sobre las limitadas oportunidades y el acoso de parte de colegas hombres.
Adiestradores norteamericanos empezaron a reclutar mujeres a principios de 2004 y se vieron tan inundados de solicitantes que tuvieron que rechazar a muchas. Hacia fines de ese año, egresaron cerca de mil mujeres. Desde que las autoridades norteamericanas entregaran la responsabilidad del reclutamiento y adiestramiento de la policía a las autoridades iraquíes en febrero de 2006, dijo Phillips, la cantidad de reclutas femeninas descendió prácticamente a cero.
Un puñado de mujeres policía está trabajando en la provincia de Al Anbar, al oeste del país, después de egresar de la academia en octubre, pero Phillips dijo que fueron reclutadas, adiestradas y pagadas con fondos norteamericanos en un programa que no es reconocido por el gobierno iraquí.
"Si les dejamos de pagar, a ellas no las pagará nadie", dijo Phillips.
Phillips, que trabaja estrechamente con funcionarios del ministerio del Interior, dijo que se enteró el mes pasado de la última medida para limitar a las agentes en el cuerpo. Cuando cuestionó el plan, dijo Phillips, un funcionario del ministerio le dijo: "En este país los hombres nos ocupamos de las mujeres. No han nacido para ser agentes de policía".
El ministerio ha estado "desmantelando poco a poco" la iniciativa lanzada por las tropas norteamericanas a fines de 2003, dijo Phillips.
Los intentos de contactar a un funcionario del ministerio para que explicara la orden de entrega de armas no tuvieron éxito. La portavoz oficial no respondió los mensajes telefónicos.
La orden sugiere que las armas están siendo confiscadas debido a que algunas mujeres han abandonado el cuerpo marchándose con sus armas. Sin embargo, las cuatro mujeres policía entrevistadas dijeron que no se debía castigar a todas las mujeres sólo porque unas pocas habían robado las armas. Agregaron que los agentes también han robado armas, para venderlas, y no han sido todos los hombres obligados en masa a entregar las suyas.
Los agentes que tienen trabajos administrativos en el ministerio pueden portar sus armas, agregaron las mujeres.
La redacción de la orden también sugiere que las armas se necesitan para equipar a los nuevos reclutas hombres. Phillips dijo que ese no era el caso.
Hay más de 8.600 pistolas Glock, el arma standard de la policía, en la principal bodega en Bagdad, dijo. Otras doce mil deberían llegar en los próximos meses.
El impacto de la creciente influencia religiosa sobre las mujeres iraquíes se ha manifestado también de otros modos. En la sureña ciudad de Basora, la policía dice que los militantes religiosos han matado este año a decenas de mujeres por no cubrir sus cabellos o por no vestirse modestamente. En Bagdad, una metrópolis laica en el pasado, es raro ver a mujeres sin pañuelos cubriendo sus cabezas. Las activistas por los derechos de la mujer dicen que la nueva constitución allana el camino para un gobierno islámico al otorgar a los individuos el derecho a decidir sobre asuntos domésticos y familiares de acuerdo a tradiciones religiosas.
El intento de Estados Unidos de reclutar a policías mujeres fue obstaculizado desde el principio. Phillips dijo que aunque cientos de mujeres policía han pasado por la academia de policía y han trabajado tan bien como los hombres, si no mejor, pocas han sido asignadas a funciones fuera de las oficinas.
Incluso así, las mujeres policía entrevistadas dijeron que mantienen la esperanza de que finalmente tengan algún papel que cumplir en la lucha contra la delincuencia.
"Sabemos que hay mujeres policía en otros países", dijo una mujer de treinta años, que llevaba una larga abaya negra y un pañuelo de cabeza de color rosado pálido. Dijo que ella se había convertido en policía después de que su marido, que había sido capitán de policía, fuera asesinado. Era, dijo, "una manifestación de amor hacia él". También era una manera de sostener a sus tres hijos.
Durante unos meses, dijo, fue miembro de un escuadrón de rescate, y salía a la calle con uniforme, fundamentalmente para revisar a mujeres en los puestos de control. Pero en abril, dijeron ella y otra mujer, fueron junto con otras decenas de colegas, reasignadas a trabajos de oficina. "Ahora no nos sentimos felices", dijo la mujer, que como sus colegas, pidieron conservar el anonimato.
Una joven sentada junto a ella, con unas elegantes botas marrones de gamuza y una falda bordada, dijo que incorporarse al cuerpo de policía "fue una nueva oportunidad" para que las mujeres ganaran buenos salarios y se liberaran de los roles tradicionales. "Hice lo mejor que pude durante tres años, pero desgraciadamente no han apreciado nuestros esfuerzos", dijo.
Una colega, una viuda de 37 con tres hijas en el área de Ciudad Sáder, de la capital, dijo que consideraba su arma "como un hermano. Tengo que llevarla conmigo".
Para ella y otras mujeres iraquíes, el trabajo en la policía era visto como una oportunidad para escapar de las limitadas opciones de los iraquíes después de la guerra, y para ganar dinero decentemente. Las entrevistadas dijeron que ganan entre seiscientos y setecientos dólares al mes, casi el doble que los empleados públicos.
Pese a la orden ministerial, las mujeres dijeron que no entregarán sus armas. Si les retienen la paga a fin de mes, montarán una protesta.
Agregaron que cuentan con las autoridades norteamericanas para obligar a retroceder al ministerio.
Phillips, sin embargo, dijo que las autoridades norteamericanas tienen pocas opciones.
"Este es un país soberano. Traspasamos a los iraquíes la gestión de su propio cuerpo de policía", dijo. "No podemos vetar lo que hacen".

tina.susman@latimes.com

11 de diciembre de 2007
©los angeles times
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sáder purga milicia chií


[Ned Parker] Desde que finalizaran los ataques contra tropas norteamericanas e iraquíes, el Ejército Mahdi del clérigo chií ha estado suprimiendo a elementos renegados.
Bagdad, Iraq. El comandante de la milicia Abu Maha había estudiado cuidadosamente su cantera, observando al miliciano que compraba trajes elegantes, relojes de oro y que llamaban en la calle de ‘Master'. Ahora, fuertemente armado y vestido con un chándal Adidas, Abu Maha dijo a sus seguidores que era hora de actuar contra uno de sus camaradas.
Una docena de ellos cogieron sus rifles de asalto y salieron. El Master, acusado de conductas inmorales después de defender testarudamente la violencia sectaria de los musulmanes chiíes, estaba por aprender que en el Ejército Mahdi la justicia podía ser muy severa.
En los últimos meses, combatientes como Abu Maha han adquirido un nuevo papel en la milicia del clérigo chií Muqtada Sáder. En lugar de combatir contra los insurgentes sunníes y las tropas norteamericanas, ahora están deshaciéndose de lo que consideran que son las ovejas negras dentro de sus filas.
Sáder, cuyo Ejército Mahdi tiene unos sesenta mil hombres, ha estado tratando de convertir a su movimiento en un factor político viable, y más atractivo para sus cientos de miles de seguidores. A fines de agosto, declaró el congelamiento durante seis meses de las hostilidades para contener a los elementos renegados después de mortíferos enfrentamientos con una milicia chií rival.
Si Sáder tiene éxito, podría conducir a un Iraq mucho más estable -al menos en el corto plazo. Algunos comandantes norteamericanos dicen que de momento están optimistas. Pero todavía no está claro si puede Sáder controlar incluso a hombres como Abu Maha de los que depende para restablecer el orden.
"Lo que queremos hacer durante este período es establecer un nuevo orden, reunir a los que son profesionales, a los que han estudiado y cuentan con información, a los que son buenos, tiene fe en nuestro trabajo social y están ayudando a la gente", dijo el principal portavoz de Sáder, el jeque Salah Ubaidi.
Algunos líderes militares locales están acatando las órdenes de Sáder, pero varios miembros del Ejército Mahdi reconocen que otros están actuando por cuenta propia, y continúan cometiendo actos de violencia sectaria, atacando a veces a las tropas norteamericanas.
El movimiento de Sáder surgió en 2003 como contrapeso a los políticos exiliados que estaban llegando a Bagdad con los norteamericanos. Su Ejército Mahdi empezó a proporcionar toda una gama de servicios sociales a los pobres de las ciudades y cortejando a la minoría árabe sunní con un mensaje nacionalista de resistencia ante las tropas norteamericanas.
Luego cuando estalló la violencia religiosa y se convirtió en una guerra civil a principios de 2006, sus combatientes empezaron a torturar y matar a civiles sunníes en nombre de la lucha contra al-Qaeda en Iraq, el movimiento acusado de utilizar los coches bomba con devastadores efectos contra los chiíes.
El clérigo ha contenido en varias ocasiones a sus jefes de milicia, incluyendo una tregua anunciada en enero. Muchos miembros continúan con los ataques, y los seguidores leales a Sáder dudan a la hora de hacerles frente.
Pero a fines de este verano, enfrentado a un serio problema de relaciones públicas, Sáder volvió a cambiar de estrategia. Sus fuerzas fueron responsabilizadas de un enfrentamiento con el grupo rival Organización Báder durante un festival religioso en la ciudad santa chií de Karbala, que causó la muerte de al menos cincuenta personas. Sáder culpó de la violencia a elementos relegados y juró que los eliminaría.
Ahora, en todo Bagdad, los milicianos leales de la principal oficina de Sáder en la ciudad santa de Nayaf están persiguiendo a los renegados -tales como el Master.
Abu Maha, un hombre devoto pero violento que se fanfarronea de haber matado a sunníes, fue nombrado a la policía del barrio de Ghazaliya.
El Master había llegado al barrio mixto sunní-chií en 2006 para defender a os chiíes. Abu Maha reconoció que él había elogiado su participación.
Pero Ghazaliya se había dividido en el norte chií y el sur sunní, y el Master ya no hacía nada por la comunidad. En lugar de eso, se había dedicado a comprarse ropas elegantes, a visitar a prostitutas y a secuestrar por motivos económicos.
Los hombres de Abu Maha apuntaron sus lapsos morales y a principios de noviembre tomaron sus primeras medidas.
Cuando llegaron a la casa del Master, dijo Abu Maha, en la sala había dos prostitutas y unos delincuentes. Le dijeron a sus hombres que el Master había salido con la intención de matar a su primo.
Los hombres se marcharon, capturaron al Master y lo trasladaron a una mezquita cercana donde lo interrogaron y torturaron durante dos días.
Abu Maha dijo que golpearon al Master con sus rifles, le quemaron el cuero cabelludo con cigarrillos, y le quebraron brazos y piernas. Le dijo al Master que lo habían expulsado del Ejército Mahdi y le advirtieron que lo matarían si volvía a Ghazaliya.
Luego, dijeron, arrojaron al Master en el maletero de un coche y lo depositaron en su casa en otro barrio. Desde entonces no saben nada de él.
Al oeste de Bagdad, las oficinas locales de Sáder utiliza regularmente a milicianos semejantes. Pero al otro lado del río, el comité de castigo de la milicia descansa en una fuerza especial, el Batallón Dorado, para imponer disciplina a los peores transgresores, que son llevados a Nayaf para ser castigados.
"Le dijeron que lo habían despedido, amonestado, obligado a confesar sus delitos. Si se pone testarudo o grosero, sí, le puede ocurrir", dijo Abu Atwan, funcionario de la oficina de Sáder en Nueva Bagdad.
Abu Atwan dijo que insurgentes respaldados por Irán estaban incitando a algunas facciones del Ejército Mahdi a atacar a las tropas norteamericanas. Ubaidi, el portavoz de Sáder, también dijo que había otros interfiriendo en el Ejército Mahdi y que algunos combatientes, sobre todo en ciudades de preponderancia chií como Basra, Diwaniya y Nasiriya habían empezado a abandonar el movimiento antes que obedecer a Sáder.
"Son elementos extranjeros que están tratando de dividir a nuestro pueblo", dijo Ubaidi.
Al este de Bagdad, el coronel del ejército norteamericano Don Farris dijo el mes pasado que el uso de bombas que penetran el blindaje, comúnmente asociadas a las facciones renegadas de Sáder apoyadas por Irán, había aumentado en octubre.
Hace poco el Ejército Mahdi detuvo a tres iraníes y a un combatiente iraquí que habían disparado rondas de mortero contra una base militar norteamericana cercana, dijo Atwan. Cuando se le preguntó qué había hecho con ellos, escupió la palabra sikha -matar a balazos en el coa bagdadí.
"La organización tiene que ser purgada", dijo.
En general, los comandantes norteamericanos se muestran optimistas sobre el proceso de reforma del movimiento Sáder, que piensan que son moderados que están desplazando a los extremistas.
"Estamos presenciando esta lucha interna. Creo que los chiíes moderados quieren avanzar... No quieren estar bajo la garra de elementos que los intimidan y extorsionan y hacen todas esas cosas para hacer miserable la vida de la gente", dijo el teniente general Raymond T. Odierno, comandante de las tropas norteamericanas en Iraq. "Lo que estamos viendo es la división del movimiento de Sáder".
Oficiales norteamericanos dice que la división ha producido incipientes contactos entre los norteamericanos y los sadiristas moderados, a menudo líderes tribales o funcionarios locales que están tratando de reconstruir sus comunidades. Sin embargo, el movimiento de Sáder lo ha negado.
"Quieren hablar sobre el futuro. Quieren hablar sobre la seguridad. Quieren discutir cómo podemos mejorar los servicios en sus zonas", dijo Odierno.
El barrio de Jihad al oeste de Bagdad, es un ejemplo de esta naciente relación, dicen oficiales norteamericanos.
Figuras moderadas del Ejército Mahdi han cerrado tratos a través de funcionarios locales y líderes tribales que buscan la reconciliación con los sunníes y dejar de luchar contra los norteamericanos. Y están deshaciéndose de sus ovejas negras.
El comandante norteamericano local, el teniente coronel Patrick Frank, ha elogiado a los elementos moderados del Ejército Mahdi que buscan la estabilidad en el barrio de Jihad.
El mes pasado, un pandilla que había dejado de obedecer a Sáder marchó a través de Jihad blandiendo ametralladoras pesadas y lanzacohetes, de modo que la oficina de Sáder envió una delegación pidiéndoles abandonar las armas. Se negaron a hacerlo.
"Así que el Ejército Mahdi empezó a perseguirlos. Arrestaron a cuatro de los malos elementos y los entregaron, con sus armas, al ejército iraquí", dijo Malham Abu Jalal, jefe del consejo local de Jihad.
"Ahora todos creen que no se gana nada con luchar y que deben apoyar el proceso político. La oficina de Sáder, las tropas iraquíes y las fuerzas norteamericanas están colaborando".

ned.parker@latimes.com

8 de diciembre de 2007
©los angeles times
cc traducción mQh
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robos y sobornos día y noche


[Damien Cave] Hacen tambalear a Iraq.
Bagdad, Iraq. Desempleados pagan sobornos de quinientos dólares para entrar a la policía. Algunas familias construyen ilegalmente en tierras fiscales, los lavados de coches roban agua de las tuberías públicas, y casi todo lo que el gobierno compra o vende se puede encontrar en el mercado negro.
Los analgésicos para el cáncer (del ministerio de Salud) cuestan ochenta dólares unas cuantas cápsulas; los medidores de electricidad (del ministerio de Electricidad) cuestan doscientos dólares cada uno, e incluso los libros de texto básicos (robados desde el ministerio de Educación) se pueden comprar en las librerías a tres veces su valor en las escuelas.
"Todo el mundo está robando al estado", dijo Adel Adel al-Subihawi, un prominente líder tribal chií en Ciudad Sáder, alzando las manos disgustado. "Es una mesa grande, y todos quieren comer".
La corrupción y el robo no son nuevos en Iraq, y funcionarios de gobierno han prometido resolver esos problemas. Pero mientras funcionarios iraquíes y norteamericanos determinan los efectos del aumento de las tropas estadounidenses este año, hay una creciente sensación de que, aunque la situación de seguridad ha mejorado, Iraq se ha deslizado a nuevas profundidades de ilegalidad.
Un reciente análisis independiente colocó a Iraq como el tercer país más corrupto del mundo. Según Transparencia Internacional, una organización de Berlín que publica el índice todos los años, de los ciento ochenta países estudiados, sólo Somalia y Myanmar superaron a Iraq.
Y el alcance del robo es asombroso. Algunos funcionarios norteamericanos calculan que casi un tercio de lo que ellos gastan en contratos y créditos termina desviado o robado, y una parte de ese dinero va a manos de las milicias chiíes y sunníes. Además, un importante funcionario anticorrupción de Iraq estimaba este otoño -antes de renunciar y huir del país después de que treinta y uno de los empleados de la agencia fueran asesinados en un período de tres años- que desde 2004 habían desaparecido dieciocho mil millones de dólares de fondos del gobierno iraquí en varias tramas de robo.
Según comandantes norteamericanos, estos robos colectivos socavan la capacidad de Iraq de proveer servicios básicos, que son cruciales para sostener los avances logrados recientemente en la situación de seguridad. También siembra una corrosiva desconfianza en la democracia y obstaculiza la reconciliación ya que grupos enquistados en el gobierno chií se oponen a las reformas que pudieran ahondar en esos desvíos de dinero.
En entrevistas en Bagdad, sin embargo, los iraquíes dicen que los robos generalizados les afectaron fuertemente en los terrenos emocional y moral. El Corán es bastante claro sobre el robo: "Dios no acepta a los corruptores", dice un verso. Y para los iraquíes corrientes, aquellos que se avergüenzan del saqueo que tomó lugar inmediatamente después de la caída de Saddam Hussein, la actual era de todo vale es particularmente abrumadora porque casi nadie puede evitar su contaminación.
Para muchos, no se trata de enriquecerse. El robo y la corrupción se han convertido en medios de supervivencia, creando una espiral de transacciones deshonestas que dejan sintiéndose mal a todo el mundo.
Abu Ali es un sunní de veintitrés años con una historia común. Se identifica solamente por su nombre de pila, lo que significa que es padre de Ali, y contó que él, su mujer y su anciana madre y seis familiares más abandonaron su casa al este de Bagdad el año pasado después de recibir amenazas de muerte de parte de milicias chiíes. Primero huyeron a la provincia de Diyala, y cuando allá se puso violento, volvieron a un área más segura de Bagdad -en la ruina y desesperados.
Como importante sostén de la familia, Abu Ali necesitaba un trabajo. Y como muchos iraquíes, sólo veía a un gran empleador: el gobierno. Un vecino que era policía le sugirió que se uniera al cuerpo. Abu Ali preguntó cómo, observando que había más reclutas que posiciones. La respuesta era simple: una mordida de quinientos dólares.
Abu Ali pidió ese dinero prestado hace unos meses y se dirigió a una tienda de celulares en el centro de la ciudad, donde, dijo, un hombre entrado en los veinte lo estaba esperando. El desconocido se identificó como capitán de policía y parecía estar a gusto con la transacción. Su riqueza se hacía notar.
"Tenía un Mercedes plateado", dijo Abu Ali. "Llevaba una gruesa cadena de oro, y un reloj de oro".
Abu Ali trató de conseguir una tarifa más barata, pero no lo logró. Pagó el dinero convenido y empezó a rellenar formularios oficiales. A cambio, dijo, recibió una tarjeta azul con el timbre ‘Ministerio del Interior', que lo declaraba como miembro aceptado de la policía. El hombre con la cadena de oro le dijo que estuviera alerta a un anuncio que se publicaría en la prensa local con la lista de nombres de reclutas aceptados, y que llevara la tarjeta a su primer día de adiestramiento.
"¿Cómo puedo saber si realmente me dan el trabajo?", dijo Abu Ali que había preguntado. "Me dijo: ‘Ya he colocado a setenta u ochenta personas. No te preocupes'".
Cinco meses después, el nombre de Abu Ali apareció en el diario. En septiembre en la academia de policía, dijo, descubrió que la mayoría de los reclutas de su contingente eran de Ciudad Sáder y que todos habían pagado entre cuatrocientos y ochocientos dólares.
"No hay ni una sola persona de los 850 reclutas de mi clase que se haya incorporado a la policía sin pagar", dijo.
Sus jefes, agregó, también reciben los salarios de los reclutas que se marchan, una paga de más de cien dólares al mes. " Nadie lo puede parar", dijo Abu Ali. "La corrupción es generalizada".
Los detalles de la historia de Abu Ali no pudieron ser verificados independientemente, pero se ajustan a las prácticas de pagar sobornos y empleos brujos que se encuentran en cada recoveco del gobierno iraquí, de acuerdo a empleados de gobierno y legisladores iraquíes y funcionarios norteamericanos.
Muchos iraquíes hablan por experiencia personal.
Subihawi, el líder tribal chií de Ciudad Sáder, dijo que hace poco cuando buscó un trabajo para un joven de su tribu, funcionarios del ayuntamiento le dijeron que no había nada disponible, a menos que estuviera dispuesto a pagar.
Otros iraquíes han descrito en entrevistas encuentros similares.
El dinero en efectivo es a menudo la ruta que lleva a los ascensos -con la ayuda de diplomas universitarios falsos, a unos cuarenta dólares- y el robo es bastante habitual. Un empleado de gobierno, que dijo llamarse Abu Muhammad, contó que un alto funcionario del ministerio donde había trabajado hasta hacía poco, vendía ordenadores, impresoras laser, muebles de oficina y otras cosas que parecía que eran pagadas con dineros de los fondos de ayuda norteamericanos. Dijo que el funcionario no fue nunca sorprendido ni procesado.
Haider Abu Laith, ingeniero del ministerio de Cultura, dijo que un amigo cercano y colega ingeniero de una dependencia agrícola del gobierno le había contado hacía poco que estaba bajo presión para inflar los costes de los equipos comprados en el extranjero, de modo que otros altos funcionarios pudieran quedarse con el resto.
Contó que su amigo había renunciado, por temor a que lo mataran si se negaba a hacerlo.
En la principal bodega del ministerio de Salud en Bagdad, las tropas americanas descubrieron este verano que dos camiones llenos de medicinas y equipos médicos habían desaparecido pese a la presencia de guardias de turno -jóvenes con vaqueros lavados al ácido, con el pelo engominado- que dijeron que no vieron nada.
Incluso algunos legisladores admiten que el saqueo era demasiado generalizado como para detenerlo fácilmente. "El tamaño de la corrupción supera la imaginación", dijo Shatha Munthir Abdul Razzaq, miembro del bloque sunní en el parlamento. "Porque no hay leyes duras, no hay castigo para los que roban".
Stuart W. Bowen Jr., que dirige la Oficina del Inspector Especial para la Reconstrucción de Iraq dijo que el primer ministro Nuri Kamal al-Maliki en realidad interrumpió la campaña contra la corrupción este año exigiendo que los investigadores obtuvieran permiso de su oficina antes de procesar a ministros o ex ministros por cargos de corrupción.
Maliki tampoco ha revocado la ley, rechazada por los norteamericanos, que permite que los ministros protejan a sus empleados de ser investigados. "Esas dos posiciones legales dentro del novato gobierno iraquí son incompatibles con la democracia", dijo Bowen en una entrevista. "Ahora tengo más preocupaciones con el problema de la corrupción".
Ali al-Dabbagh, portavoz del primer ministro, dijo que el gobierno está determinado a combatir la corrupción. Y en algunas gasolineras, especialmente donde las tropas norteamericanas han concentrado sus esfuerzos, los iraquíes denuncian menos exigencias de sobornos que antes triplicaban o cuadruplicaban el precio del combustible.
Pero para una enorme cantidad de gente, la supervivencia todavía depende de coger lo que pueden, cuando pueden. Algunos calculan que el desempleo está en el cuarenta por ciento. Para muchos iraquíes, los pequeños hurtos se justifican porque otros se hacen con mucho más y porque la vida cotidiana en Iraq es todavía precaria -una costra de tranquilidad sobre corrientes de sectarismo, pobreza y rabia.
En particular Bagdad está todavía marcada por la desesperación, con más mujeres mendigando en los cruces y con muchos iraquíes que sobreviven día a día, incluso recurriendo al engaño.
Son personas como Sattar Alwan, 41, taxista de oscuros mostachos que vive con casi una docena de familiares en una casa ilegal improvisada construida en terrenos fiscales al este de Bagdad. Dijo que su familia construyó la estructura de ladrillos porque un grupo de pistoleros los expulsaron de su propia casa y no tenían dónde ir.
O como Abbas Wadi Kadhim, 42, que usa un rasposo compresor de aire para extraer agua de tuberías rotas y ganar algo de dinero lavando coches.
Kadhim reconoce que no paga por el agua, ni alquiler por el edificio oficial abandonado a algunos cientos de metros, donde duerme a menudo para estar listo cuando empiezan a llegar los clientes, a las siete de la mañana.
Piense que su gobierno está en deuda con él. Estuvo encarcelado durante el gobierno de Hussein y quedó inválido en la guerra Irán-Iraq. Su antebrazo izquierdo lo tiene tan delgado como el de un niño, y doblado en la muñeca.
"Tengo seis hijos", dijo, rociando un sedán plateado la semana pasada, "y todo lo que recibo son 150 mil dinares iraquíes" -una pensión de invalidez de unos ciento veinte dólares al mes. "No es suficiente".
Kadhim dijo que era de Ciudad Sáder, un enorme proyecto de vivienda social dominado por el Ejército Mahdi, la más prominente milicia chií de Iraq. Sugirió que podía hacer más dinero si fuera menos devoto.
"El trabajo prohibido está lejos de nosotros, tan lejos como los siete mares", dijo, mirando hacia este hacia su viejo barrio.
Sonaba orgulloso. Pasa largas horas fregando coches por cuatro dólares en un sitio vacío con una clara vista del principal estadio de fútbol de Bagdad. Sus clientes le elogian por ser minucioso. Pero como muchos iraquíes que han optado por torcer las reglas, parece inseguro sobre sus fundamentos morales: un poco avergonzado, siempre a la defensiva.
"Este trabajo es mejor que hacer cosas que están prohibidas", dijo, la voz algo más alta. "Es mejor que robar o usar a la gente". "Mientras más honesto sea el trabajo y más duro trabajemos, mejor".

Anwar J. Ali, Diana Oliva Cave, Hosham Hussein, Qais Mizher y Abeer Mohammad contribuyeron a este reportaje.

4 de diciembre de 2007
1 de diciembre de 2007
©new york times
©traducción mQh
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combatientes extranjeros


[Richard A. Oppel Jr.] En Iraq, combatientes extranjeros provienen de países aliados de Estados Unidos.
Bagdad, Iraq. Arabia Saudí y Libia, considerados ambos como aliados de Estados Unidos en su lucha contra el terrorismo, fueron la fuente de casi un sesenta por ciento de los combatientes extranjeros que llegaron a Iraq el año pasado para actuar como terroristas suicidas o facilitar otro tipo de ataques, de acuerdo a oficiales norteamericanos.
Los datos provienen en gran parte de un alijo de documentos y ordenadores descubiertos en septiembre, cuando militares estadounidenses allanaron un campamento de tiendas en el desierto cerca de Sinjar, en la frontera siria. El objetivo de la redada era una célula rebelde que se creía era responsable del ingreso clandestino de la inmensa mayoría de los combatientes extranjeros en Iraq.
El hallazgo más significativo fue una colección de bosquejos biográficos con un listado de los lugares de nacimiento y otros detalles de más de setecientos combatientes ingresados a Iraq desde agosto de 2006.
Los documentos también dejan en claro que la resistencia en Iraq era abrumadoramente iraquí y sunní. Oficiales norteamericanos calculan que el flujo de combatientes extranjeros fluctuaba entre ochenta a ciento diez por mes durante la primera mitad de este año y cerca del sesenta por ciento durante el verano. Esas cifras se redujeron agudamente en octubre a no más de cuarenta, parcialmente como resultado de la redada de Sinjar, dijeron oficiales norteamericanos.
Arabia Saudí proporcionaba de lejos el mayor número de combatientes incluidos en los documentos -305, o el 41 por ciento-, según descubrieron agentes de la inteligencia norteamericana cuando revisaron los documentos y ordenadores en las semanas posteriores al allanamiento. Los datos muestran que a pesar de los crecientes intentos de Arabia Saudí por reprimir a los candidatos a terroristas desde el 11 de septiembre de 2001, cuando quince de los diecinueve secuestradores eran saudíes, algunos combatientes saudíes eran todavía capaces de ingresar a Iraq.
Desde Libia llegaron 137 combatientes extranjeros, casi el dieciocho por ciento del total, dijeron oficiales norteamericanos. Comentaron sobre la redada a condición de no ser nombrados debido a la sensibilidad de la materia.
Oficiales norteamericanos han ofrecido previamente sólo estimaciones generales de la composición de los combatientes extranjeros en Iraq. Pero el alijo encontrado en Sinjar es tan grande y detallado que los oficiales estadounidenses creen que los esquemas y porcentajes revelados por este ofrecen por primera vez un informe mucho más preciso de las circunstancias personales de los combatientes extranjeros en el país.
En contraste con el porcentaje relativamente pequeño de combatientes, más de veinticinco mil se encuentran reclusos en centros de detención norteamericanos en Iraq. De estos, sólo cerca de 290, i.e. el 1.2 por ciento, son extranjeros, dijeron los oficiales.
Dicen que todos los detenidos eran o sospechosos de actividades subversivas o un "peligro inminente" para la seguridad. Algunos oficiales también creen que al-Qaeda en Mesopotamia, un grupo de la resistencia local que proclama lealtad a Osama bin Laden, puede tener cerca de diez mil miembros en Iraq.
Cerca de cuatro de cada cinco detenidos en los centros de detención norteamericanos en Iraq son árabes sunníes, pese a que los sunníes constituyen apenas el quinto de la población de Iraq. Todos los combatientes extranjeros mencionados en los materiales encontrados cerca de Sinjar, excluyendo a dos de Francia, también provinieron de países predominantemente sunníes.
En los últimos años, la frontera siria ha sido el principal puerto de entrada en Iraq para los combatientes extranjeros, dijeron los oficiales. Muchos entraron por la provincia de Anbar, en el centro-oeste de Iraq. Pero con la revuelta tribal sunní contra los militantes extremistas que empezó el año pasado en Anbar, al-Qaeda en Mesopotamia y otros yihadistas concentraron sus actividades en la zona al norte del río Eúfrates a lo largo de la frontera siria, dijeron los oficiales.
Los oficiales agregaron, sobre la base de los documentos requisados y otros datos de inteligencia, que creen que la célula de Sinjar que fue allanada en septiembre fue responsable del ingreso de combatientes extranjeros a lo largo de un tramo de la frontera de Qaim, en Anbar, casi en la frontera con Turquía, una extensión de casi 321 kilómetros. Dijeron que era por eso que tenían la certeza de que esa célula era responsable de una gran parte de los combatientes extranjeros que ingresaron al país.
Militares norteamericanos y funcionarios diplomáticos que comentaron el flujo de combatientes desde Arabia Saudí, tomaron la precaución de distinguir entre el gobierno saudí y las organizaciones benéficas e individuos que dicen que alentaban a jóvenes saudíes a pelear en Iraq. Después de que funcionarios norteamericanos presionaran a los líderes saudíes en el verano, el gobierno saudí tomó algunas medidas que han empezado a refrenar el flujo de combatientes, dijeron los oficiales.
Sin embargo, los oficiales norteamericanos también dijeron que creían que ciudadanos saudíes proporcionaban la mayor parte del financiamiento de al-Qaeda en Mesopotamia. "No quieren que los chiíes dominen Iraq", dijo uno de los oficiales.
Los materiales de Sinjar muestran que durante el período que empezó en agosto de 2006, 291 combatientes, o el 39 por ciento, provinieron de naciones norafricanas. Es una cifra mucho más alta que las estimaciones militares previas de un diez a trece por ciento. La ciudad que proporcionó el mayor número de combatientes extranjeros fue Darna, que aportó cincuenta combatientes.
Durante años funcionarios norteamericanos incluyeron a Libia en la lista de países que fomentaban el terrorismo. Pero el año pasado Estados Unidos retiró a Libia de esa lista y restableció relaciones diplomáticas, mencionando que la ministro de Relaciones Exteriores Condoleezza Rice describió a Libia como un país que ha "respetado su compromiso de renunciar al terrorismo y la excelente cooperación" en la lucha antiterrorista.
También sorprendente entre los materiales de Sinjar fue el pequeño número de combatientes extranjeros proporcionados por países que se pensaban que eran las principales fuentes. En el verano pasado, oficiales norteamericanos pensaban que el veinte por ciento provenían de Siria y el Líbano. Pero en el alijo de Sinjar no se encontraron libaneses, y sólo 56 sirios, o un ocho por ciento del total.
Oficiales norteamericanos han acusado a Irán, el país chií más importante de Oriente Medio, de enviar potentes bombas a Iraq y de apoyar y financiar a las milicias chiíes que atacan a las tropas norteamericanas. También dicen que altos personeros iraníes apoyan los esfuerzos por armar a los combatientes chiíes.
Pero cualquiera sea la ayuda proporcionada por Irán a las milicias en Iraq, no parece que haya significado combatientes en el terreno: En los centros de detención norteamericanos sólo se encuentran once iraníes, dijeron funcionarios estadounidenses.
Después del allanamiento de la célula de Sinjar, el número de atentados suicidas en Iraq se redujo a dieciséis en octubre -la mitad de los atentados durante los meses de verano y muchos menos que el máximo de 59 en marzo. Oficiales norteamericanos creen que quizás el noventa por ciento de esos atentados eran cometidos por combatientes extranjeros. También creen que cerca de la mitad de los combatientes extranjeros que llegan a Iraq, se convierten en terroristas suicidas.
"Cortamos la cabeza, pero la cola se sigue moviendo", advirtieron oficiales norteamericanos, comentando las secuelas del allanamiento de Sinjar. "La regeneración está dentro del reino de lo posible".
Los documentos indican que los combatientes aportaron unos mil dólares cada uno, utilizados en gran parte para financiar las operaciones de la célula encargada del ingreso de los combatientes. Los saudíes aportaban más dinero por persona que los combatientes de otros países, dijeron los oficiales norteamericanos.
Entre los combatientes saudíes descritos en los materiales, 45 provinieron de Riad, 38 de Meca, 20 de Buraidah y áreas circundantes, 15 de Jawf y Sakakah, 13 de Jidda y 12 de Medina.
En el verano, oficiales norteamericanos han expresado públicamente su indignación por las políticas saudíes que estaba desestabilizando a Iraq. Los jeques tribales saudíes en Iraq que arriesgaron sus vidas para luchar contra los militantes extremistas también reprocharon a los clérigos saudíes.
"Los malos imanes le dicen a la gente que vayan a Iraq a pelear contra el ejército norteamericano, porque si los matas, o te matan ellos a ti, te irás al paraíso", dijo en una entrevista el jeque Adnan Khames Jamiel, líder de la tribu Albu Alwan en Ramadi.
Un diplomático estadounidense dijo que el gobierno saudí había "dado importantes pasos para detener a individuos, particularmente aquellos en edad militar con un billete de ida". Dijo que esos esfuerzos habían ayudado a provocar una "considerable reducción en el flujo de terroristas extranjeros y terroristas suicidas". Pero agregó que todavía había que trabajar "para cortar el financiamiento de parte de fuentes privadas dentro del reino".
Funcionarios norteamericanos mencionan un programa de gobierno en la televisión saudí en el que un candidato a terrorista suicida que sobrevivió su ataque, llamó a otros a no viajar a Iraq. Los funcionarios también agradecieron en octubre que el gran mufti de Arabia Saudí, el jeque Abdulaziz al-Asheik, condenara a las "elementos malignos" que envían a jóvenes saudíes al exterior para cometer "actos abyectos que no tienen relación alguna con el islam".
Armados con información obtenida en la redada, funcionarios norteamericanos dicen que han usado canales militares, policiales y diplomáticos para ejercer presión sobre los países considerados como el origen de grandes contingentes de combatientes. También compartieron con esos países información sobre trescientos hombres más que según los documentos fueron reclutados para pelear en Iraq.
Rodeada por una desolada pradera y el desierto, Sinjar fue durante largo tiempo una parada de paso para los combatientes extranjeros. La célula insurgente allanada por tropas norteamericanas puede haber ingresado a Iraq hasta el noventa por ciento de los combatientes extranjeros, dicen oficiales norteamericanos.
El allanamiento se efectuó en la madrugada del 11 de septiembre, cuando tropas norteamericanas, tras recibir datos, rodearon unas tiendas a diez kilómetros de la frontera siria. En una feroz balacera murieron seis de los hombres que se encontraban en ellas, y otros dos cuando uno de ellos hizo detonar un chaleco suicida dentro de una tienda, dijeron los oficiales. Todos eran líderes de la célula insurgente, incluyendo a un prominente comandante de al-Qaeda en Mesopotamia conocido como Muthanna, dijeron.
Además de dieciocho mil dólares en efectivo y todo tipo de argumentos, los soldados encontraron cinco terabytes de datos que incluían detallados cuestionarios rellenados por combatientes. Se encontró información sobre los antecedentes de más de novecientos combatientes, o cerca de 750 después de descartar los duplicados y los cuestionarios incompletos.
De acuerdo a los listados encontrados en el allanamiento, el tercer país en cuanto al origen de los combatientes extranjeros fue Yemen, con 68. Sesenta y cuatro provinieron de Argelia, cincuenta de Marruecos, 38 de Túnez, catorce de Jordania, seis de Turquía y dos de Egipto.
Se cree que la mayoría de los combatientes ingresados clandestinamente llegaron primero al aeropuerto de Damasco; el resto provino de Siria por rutas terrestres, cruzando Jordania, dijeron los oficiales.
En algunos casos, dijo un oficial estadounidense, las autoridades sirias capturaron a combatientes para dejarles en libertad después de determinar que no representaban una amenaza para el gobierno sirio. Siria ha hecho algunos esfuerzos recientes para devolver o detener a sospechosos de ser combatientes extranjeros con destino a Iraq, dijo, y agregó: "La palabra clave es ‘algunos'".

2 de diciembre de 2007
22 de noviembre de 2007
©new york times
©traducción mQh
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sectas contra al-qaeda en iraq


[Doug Smith y Saif Rasheed] Sunníes y chiíes trabajan juntos a nivel local para proteger sus vecindarios de insurgentes y milicianos.
Qarghulia, Iraq. Pese a persistentes tensiones sectarias en el gobierno de Iraq, sunníes y chiíes, cansados de la guerra, están aunando esfuerzos a nivel local para proteger sus comunidades de militantes de los dos lados, dijeron oficiales norteamericanos.
En los últimos dos meses, un movimiento de vigilantes respaldado por Estados Unidos, llamado Ciudadanos Concernidos, lanzado el año pasado en la provincia predominantemente sunní de Anbar y bajo el estandarte del movimiento Despertar, se ha extendido rápidamente hacia la zona central mixta de Iraq.
De los casi setenta mil iraquíes del movimiento Despertar, iniciado por clérigos musulmanes sunníes que pusieron a sus seguidores contra al-Qaeda en Iraq, hay ahora más en Bagdad y alrededores que en cualquier otro lugar, y un creciente número de ellos son musulmanes chiíes.
Comandantes en el terreno creen que han dado con una genuina expresión pública de reconciliación que ha superado los progresos del gobierno electo en cuanto a remendar la división sectaria.
"Lo que tienes ahora es que estas gentes han vivido juntas durante décadas sin problemas hasta que llegaron los terroristas y trataron de crear problemas", dijo el teniente coronel Valery Keaveny, comandante del Tercer Batallón de la Unidad Aerotransportada No. 509 en Iskandariya, al sur de Bagdad. "Así que estamos completamente dispuestos a trabajar juntos para mantener fuera a los terroristas".
Este verano, no había chiíes en los grupos de vigilantes de la comunidad. Hoy, hay unos quince mil en grupos conformados solamente por chiíes, y dieciocho grupos mixtos, dijeron oficiales norteamericanos. Cada día se presentan más voluntarios.
Aquí en Qarghulia, una comunidad rural al este de Bagdad, los resultados son palpables. Los asesinatos se han reducido drásticamente, y la confianza del público está renaciendo.
"Chiíes, sunníes, ningún problema", dijo Obede Ali Hussein, 22, que estaba en un puesto de control levantado por el ejército norteamericano junto al río Diyala. "Queremos proteger nuestro barrio".
Para los comandantes en zonas donde el conflicto sunní-chií había paralizado la vida normal, el inesperado incremento de la cooperación entre las sectas ha sido una bendición.
"No podríamos hacerlo sin ellos", dijo el capitán Troy Thomas, cuya unidad de la Primera Caballería es responsable de la seguridad del área de Qarghulia.
Thomas dijo que 42 de los 49 puestos de control en su área tienen dotaciones de grupos locales, incluyendo a sunníes y chiíes. Dijo que ambos extienden su alcance y trabajan con conocimientos que ningún soldado norteamericano podría lograr.
"Crecieron en la zona", dijo Thomas. "Conocen a todo el mundo".
En su puesto de control, Ali Hussein observaba el constante flujo de coches, tractores y motonetas zigzagueando por la carretera junto al río Diyala hacia la principal autopista norte-sur.
"En estas calles, hace seis semanas nadie podía pasar por aquí", dijo. "Las calles estaban vacías".
Antes del refuerzo de tropas de este año, los soldados norteamericanos se aventuraban rara vez en Qarghulia. El área era patrullada por dos compañías asignadas a Bagdad, unos ciento sesenta hombres, dijo el coronel Wayne Grigsby, comandante del Equipo de Combate de la Brigada de Artillería Pesada de la Tercera División de Infantería. La policía nacional tampoco se dejaba ver por aquí, y cuando lo hacían, la población desconfiaba de ellos.
En este ambiente caótico, al-Qaeda en Iraq mantenía su control de la violenta ciudad sunní de Salman Pak, mientras que las milicias chiíes imponían en Qarghulia protección al estilo de la mafia.
A principios de mayo, Thomas instaló una enorme avanzada de noventa hombres, apodada Base de Patrulla Asesinos, en la zona de las Cuatro Esquinas de Qarhulia, un cruce donde la gente del campo hace las compras en centros comerciales de cemento.
Cuando llegó, casi la mitad de las tiendas estaban vacías, y las que todavía hacían negocios, pagaban por su protección al Ejército Mahdi, una milicia chií, dijo Thomas.
Para restaurar la seguridad en su zona de 388 kilómetros cuadrados con la forma de Vermont, Thomas buscó ayuda. Unidades de la policía nacional aumentarían sus patrullas con puestos de control en la ajetreada autopista, pero él mismo seguiría expuesto a los caminos rurales al este y oeste.
No dudó ni un instante cuando los jeques locales, que habían oído del movimiento de Ciudadanos Concernidos, se acercaron a él.
El primer grupo, formado en septiembre, mantiene ahora una docena de puestos de control a lo largo del río Diyala en el borde occidental de la zona y patrulla los caminos secundarios. Los jeques, sunníes y chiíes, eligieron a un campesino sunní, Abu Ammash, para ser el jefe del grupo y rellenó sus filas con sus seguidores, que provenían de ambas sectas.
En un período reciente de dos días, Thomas, un especialista de artes marciales nacido en Minnesota, pasó un rato bastante prolongado en compañía de los jeques, que estaban empezando un segundo grupo de Ciudadanos Concernidos para proteger el flanco este del grupo.
El nuevo grupo será encabezado por Hamed Gitan Khalaf, chií y ex sargento mayor en el ejército iraquí.
Gitan dijo que las sectas ya no juegan ningún papel en su comando, que se dividirá igualmente entre sunníes y chiíes.
"Ahora nos apoyamos", dijo.
El nuevo grupo tuvo una tambaleante iniciación una mañana cuando un escuadrón formado por soldados de Thomas y su séquito de guardias personales, un camión de agentes de la policía nacional uniformados y un par de coches con funcionarios públicos, se dirigieron a una casa que pensaban que estaba abandonada para convertirla en su sede. Se encontraron con una mujer en una hijab negra rodeada de niños desaliñados.
Después de un animado debate, Thomas rechazó el plan de Gitan de trasladar forzosamente a la familia hacia un edificio industrial abandonado al otro lado de la autopista.
"Lo que necesito que hagáis es encontrar un lugar que esté en orden", le dijo a Gitan. "Sé que aquí hay un montón de okupas, pero no somos Jais al Mahdi" -el Ejército Mahdi.
Más tarde el mismo día, la escena se repitió con un mejor plan. La familia accedió aceptar una paga y la promesa de una vivienda similar.
Luego, Thomas llevó a todo el séquito de Gitan detrás de las murallas de cemento de su base, para el chequeo -escáneres de retina y toma de huellas digitales- y les proveyó de chapas y las camisetas color arena de Ciudadanos Concernidos.
"No quiero que se venga por aquí un convoy americano y se encuentre con un montón de tipos con armas", dijo.
El tamaño exacto del grupo todavía tiene que ser determinado. Gitan dijo que él tenía mil quinientos voluntarios, la mayoría de ellos desempleados. Thomas pensaba que sólo necesitaba una docena más de puestos de control, lo que significaba que sólo podía contratar a una décima parte de ellos.
Como otros líderes, Gitan pondrá a más hombres para hacer el trabajo, haciendo estirar el dinero para emplear a más jóvenes desempleados.
Varios guardias entrevistados por Times dijeron que estaban ganando entre cien y ciento 25 dólares al mes -casi la mitad del salario inicial de un funcionario público, pero bastante para un joven que probablemente vive con su familia.
Sin embargo, dijeron enfáticamente que el dinero no era su principal motivación.
"Estamos retando a los terroristas y estamos dispuestos a dar nuestra sangre por la patria", dijo Saddam Hadi Rasheed, 19, que estaba desempleado antes de unirse a la guardia de Gitan.
En algunos casos, guardias chiíes y sunníes son mantenidos a distancia. Pero jeques sunníes y chiíes en Qarghulia dijeron que han colocado conscientemente a tribus y sectas diferentes en el terreno para evitar acusaciones de favoritismo.
De momento, los acuerdos de palabra entre los jeques y sus seguidores se han respetado.
Sin embargo, la infiltración de milicias chiíes o de al-Qaeda en Iraq sigue siendo una amenaza, así como la posibilidad de que el nuevo grupo se convierta a su vez en una nueva milicia.
"¿Es esta sólo otra manera para que alguien se posicione y utilice una parte de los recursos para jugar al padrino?" El coronel Martin Stanton, jefe de la unidad de reconciliación del Cuerpo Multinacional, dijo que se asombró cuando recibió la misión.
Pero dijo que su escepticismo había desaparecido.
"Eso no ha ocurrido a gran escala", dijo. "Pero los iraquíes quieren dejar de pelear".
En su cuartel, con una camarilla de jóvenes agentes y jeques, el líder de Ciudadanos Concernidos de Qargulia, Abu Ammash, pronosticó grandes cosas. Dijo que estaban negociando con el ministerio del Interior para convertir su organización en la fuerza de policía local de esta zona.
Pero, basándose en evaluaciones personales de los hombres que componen la fuerza, así como por simples matemáticas, los jefes militares norteamericanos creen que sólo un tercio de Ciudadanos Concernidos harán la transición hacia las fuerzas de seguridad iraquíes, sea el ejército, la policía nacional o local.
Estados Unidos planea es desmantelar los grupos de Ciudadanos Concernidos una vez que la reactivación económica que espera que será facilitada por su presencia, empiece a generar empleos civiles para ellos.
Hasta entonces, Ali Hussein, que era jornalero antes de ser guardia, seguirá en su puesto al otro lado del río Diyala y del Ejército Mahdi, dispuesto a enfrentar fuego enemigo.
Aunque ninguno de los nuevos grupos que lucharán contra el Ejército Mahdi se ha probado en combate, el peligro es real. La semana pasada, en un área sunní al sur de Bagdad, cinco miembros de Ciudadanos Concernidos fueron asesinados cuando repelían un ataque de al-Qaeda.
Y un día hace poco, apareció en varias de cortinas metálicas de un sucio centro comercial aquí la siguiente pintada: "Advertencia: Muerte a los líderes de Despertar y todos aquellos que colaboren con ellos".
Ali Hussein no se inmutó.
"La mayor parte de lo que hacen, es escribir lemas", dijo. "No tienen coraje como para hacernos frente. Pero si se aparecen, estamos listos para recibirlos".

doug.smith@latimes.com

19 de noviembre de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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iraquíes huyen hacia jordania


[Sudarsan Raghavan] Iraquíes con vínculos con Estados Unidos huyen desesperados hacia la frontera. Los contratistas esperan sus visados.
Amán, Jordania. Toda vez que pueden, los iraquíes muestran fotos de sí mismos lado a lado con soldados norteamericanos, fotos que temían mostrar a otros en el país. Muestran cartas de recomendación laminadas de comandantes norteamericanos. Dejan ver fugazmente chapas vencidas de la embajada norteamericana, que todavía llevan en sus billeteras.
Miles de empleados iraquíes de contratistas norteamericanos, a los que el miedo hace abandonar la capital, están tratando desesperadamente de convertir sus lazos con los norteamericanos en una entrada a Estados Unidos. Pero la mayoría de ellos languidece en un limbo burocrático y psicológico, su condición tan incierta como su futuro.
"Estamos aquí solamente debido a nuestro trabajo con los norteamericanos", dijo Intisar Ibrahim, 53, una alta y solemne ingeniero que dejó Iraq hace dos años. "Están obligados a ayudarnos, pero hasta ahora no hemos visto nada".
Más de cuatro años después de la invasión norteamericana, el número de iraquíes que se están estableciendo en Estados Unidos sigue aumentando, aunque las cifras son minúsculas y el ritmo, glacial. Sólo aquellos que han trabajado directamente para el gobierno o las fuerzas armadas norteamericanas -un pequeño porcentaje de los refugiados-, pueden acceder a un procedimiento de inmigración rápido. Se estima que unos cien mil iraquíes empleados por contratistas norteamericanos -desde aseadores de oficinas hasta gerentes y profesionales altamente calificados- tienen una prioridad mucho más baja, aunque hicieron frente a peligros similares y pasaron por rigurosos chequeos de antecedentes.
En Iraq, esos trabajadores pagaron un precio por ser aliados de Estados Unidos. Llevaban vidas dobles enfundados en mentiras y secretos. Muchos fueron asesinados. Aquellos afortunados que lograron llegar a Jordania han descubierto la precariedad de la vida de un refugiado.
Su destino fue influido por las medidas de seguridad de después del 11 de septiembre de 2001, menguantes cuentas bancarias y la creciente impaciencia de los vecinos de Iraq con el flujo de refugiados. Temen tener que volver a Iraq, a sus vidas clandestinas y, según creen, a una muerte cierta.
"¿Cuánto tiempo podré esperar?", preguntó Mohammed Ameen, 40, ingeniero informático que llegó aquí hace veinte meses. Ameen y otros iraquíes entrevistados para este artículo pidieron que no se mencionaran sus nombres completos para protegerse, ellos y sus familiares en Iraq, ante el peligro de ser perseguidos.
Entre el 1 y el 15 de octubre de 2006 de este años, se han reasentado en Estados Unidos 1.636 iraquíes, en una época en que se calcula que salen diariamente del país unos tres mil iraquíes. El mes pasado, Estados Unidos anunció que aceptaría a doce mil iraquíes este próximo año. Pero con 2.2 millones de iraquíes desplazados en el extranjero, grupos de derechos humanos y algunos miembros del Congreso han criticado la apertura como un gesto simbólico. En comparación, Estados Unidos ha aceptado un millón de refugiados de Vietnam, 600 mil de la antigua Unión Soviética y 157 mil de Kosovo y Bosnia.
Rafiq A. Tschannen, el director jordano de la Organización Internacional para las Migraciones, que supervisa el programa de reasentamiento en Estados Unidos, dijo que este país tiene la responsabilidad de admitir a muchos más iraquíes que han trabajado para Estados Unidos en el frente bélico.
"Si pones a alguien en peligro, para decirle después ‘gracias y hasta luego', no es suficiente", dijo Tschannen. "Es gente muy bien formada. Provienen de buenas familias. Son los mejores inmigrantes. No es que vayas a aceptar a gente que va a vivir de la seguridad social por el resto de sus vidas".
Ibrahim, la ingeniero, con un pañuelo azul lavanda cubriendo sus cabellos castaños, miró en silencio una carta en la que se le agradece su "excepcional dedicación y calidad profesional" en la instalación de barracas para el ejército norteamericano. Datada el 17 de noviembre de 2003, estaba firmada por el teniente coronel Charles E. Williams, comandante de Escuadrón No. 1, del Regimiento de Caballería No. 1 de la Primera División Blindada.
Sonrió y recordó cuando se hizo con el contrato para el trabajo de KBR, una firma de ingeniería con sede en Houston. Los gerentes de la compañía, dijo, la trataron como a una igual y recompensaron su buen trabajo con más contactos. Mientras hablaba, sacó su chapa expirada de la KBR de su bolso de mano.
"Siempre lo viví como si ellos fueran mi familia", dijo Ibrahim. "A mis empleados les gustaba trabajar para los norteamericanos. Esos fueron los mejores años de mi vida".
Para 2004, Ibrahim había empezado a portar un arma en su cartera y había contratado a un guardaespaldas. Cuando entraba a la Zona Verde, donde operaban las empresas y la embajada norteamericana, llevaba una abaya que la cubría de pies a cabeza. Una vez dentro, se cambiaba a vaqueros y zapatillas.
"Cambiaba mi personalidad", dijo.
Entonces, un viernes, su guardaespaldas fue secuestrado. Días después, sus secuestradores llamaron su familia preguntando por Ibrahim. Sabían que ella estaba trabajando para los norteamericanos.
Durante tres días Ibrahim y su familia permanecieron encerrados en su casa y durmieron con armas al alcance de la mano. Una semana después, huyeron a Amán.
Eso fue hace dos años. Desde entonces, Ibrahim, ha visto huir de Iraq a decenas de colegas y amigos que trabajaron para contratistas norteamericanos. "Todavía no he oído de ninguno que haya entrado a Estados Unidos", dijo.
Su sobrino Ammar Ibrahim, chií, vivía en el barrio sunní de Adhamiyah, en Bagdad, pero su más grande temor no era la guerra sectaria. Trabajaba en una planta eléctrica operada por General Electric.
"Cuando trabajas para los norteamericanos no hay diferencias entre sunníes y chiíes", dijo Ammar. "Los dos lados te quieren matar".
No confiaba en nadie. Contrataba a familiares de los empleados para evitar encontrarse con extraños. Hacía todos los días una ruta diferente hacia y desde la planta para evitar sufrir el mismo destino que el guadaespaldas de su tía. Ocultaba su tarjeta de identificación de General Electric en caso de que fuera parado. "Ni mis mejores amigos sabían que yo estaba trabajando para los norteamericanos", dijo.
Hace once meses, cuando expiró el contrató, el flaco y serio ingeniero de 25 años llegó a Amán. Solicitó su reasentamiento y fue entrevistado en junio por un funcionario de la organización de refugiados de Naciones Unidas. El agente, dijo, apenas si miró su tarjeta.
"No le importaba para nada", dijo Ammar. "Para él, era irrelevante".
En una situación en la que prácticamente todos los iraquíes tienen una historia miserable que contar, la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados otorga prioridad a gente que ha sido víctima de secuestros y torturas, y aquellos en urgente necesidad de cuidados médicos. Más de un cuarto de las solicitudes de asentamiento en Estados Unidos este año fueron de mujeres que corrieron riesgos durante la guerra, dijeron funcionarios de Naciones Unidas.
Ammar Ibrahim reprocha que los empleados de la embajada norteamericana en Bagdad y los intérpretes militares norteamericanos tienen mejores posibilidades de llegar a Estados Unidos que él. "No es justo. Nosotros corríamos más peligros que ellos. Trabajábamos en sitios diferentes, y ninguno de nosotros conocimos la seguridad de la Zona Verde", dijo. "Los traductores del ejército se cubrían sus rostros cuando trabajaban. Nadie sabe quiénes son. Pero en mi trabajo yo nunca pude cubrirme la cara".
Mustafa Ahmed, 33, ingeniero informático de Mosul, recibió en octubre de 2004 una carta donde lo tildaban de "traidor" y que merecía ser "decapitado". ¿Su delito? Había trabajado para ACDI/VOCA, una organización sin fines de lucros subvencionada por el gobierno norteamericano que otorga préstamos a iraquíes pobres. Por eso huyó a Jordania.
"Hasta hoy, siempre miro por sobre mi espalda", dijo Ahmed.
Mohammed Ameen, corpulento, cara alargada y bigote, utilizó su formación como ingeniero para ayudar a instalar la red telefónica de MCI en Bagdad, que es usada por funcionarios norteamericanos e iraquíes. Huyó a Iraq el año pasado después de que un vecino le contara a su madre que debía dejar de trabajar para los norteamericanos; si no, lo matarían. Hoy, recorre Amán con sus chapa expirada de la embajada norteamericana y credenciales de la Autoridad Provisional de la Coalición, que gobernó Iraq hasta 2004.
Sus esperanzas de obtener refugio en Estados Unidos dependen de un pequeño grupo de norteamericanos que dirigen el Proyecto Lista, que promueve el reasentamiento de iraquíes que hayan colaborado con la campaña norteamericana. Ameen, después de responder ciento cincuenta preguntas sobre sus dificultades y antecedentes, fue agregado este año a la lista.
"¿Soy un peligro para la seguridad? He trabajado mucho tiempo con los norteamericanos y nunca tuve problemas. ¿Qué temen de mí?", preguntó Ameen. "¿Por qué no me dejan encontrar un trabajo y llevar una vida decente? Tengo miedo de volver a Bagdad. Allá no podré encontrar trabajo".
Casi ochocientos iraquíes que trabajaron para los norteamericanos se encuentran en esa Lista. Nueve de ellos se han establecido en Estados Unidos, junto a seis parientes, de acuerdo a su fundador Kirk Johnson.
El dinero que ganó Ameen trabajando para los norteamericanos se está acabando, y pronto no tendrá otra opción que volver a Bagdad. "La cuenta regresiva ya empezó", dijo, sacudiendo su cabeza.
Intisar Ibrahim, la ingeniero, dice que no puede encontrar trabajo en Iraq. "Cuando has trabajado en la Zona Verde, estás terminada. Es una maldición", dijo. "Te van a matar".
Waleed Mohammed y Ghada Mohammed -no están relacionados- trabajan ambos en la Zona Verde. Pero pronto sus futuros se separarán.
Waleed, que trabaja para una pequeña firma de comunicaciones norteamericana, dice a sus vecinos que hace trabajos de mantenimiento para una compañía iraquí. "Después del trabajo, me marcho a casa y me quedo en casa. No puedo salir", dijo.
Waleed quiere marcharse a Estados Unidos, pero los iraquíes no pueden solicitar su reasentamiento desde el interior del país, y él no tiene dinero para viajar a Siria o Jordania. Aquellos que logran obtener una recomendación de Naciones Unidas deben pasar por un largo proceso de entrevistas con funcionarios norteamericanos, sin ninguna garantía. "Eso podría significar dos años de espera por nada", dijo. "Se necesita un montón de dinero. ¿De dónde lo sacaré? ¿Gastar mis ahorros? Tengo familia, tengo una hija. También tengo mi propia madre y madre".
Para los iraquíes, salir de Iraq es cada vez más difícil. Agobiada por la llegada masiva de refugiados, ahora Siria sólo admite a iraquíes con ciertos tipos de visados, y Jordania está considerando adoptar restricciones similares.
Ghada, 36, también trabaja para un contratista militar norteamericano, pero trata directamente con el ejército de Estados Unidos. En marzo huyó a Jordania para solicitar una visa especial para intérpretes militares de Estados Unidos. Su visa fue aprobada en agosto. Pero su buena fortuna está teñida por el sentimiento de culpa. "Muchos colegas y amigos que trabajan para los norteamericanos no tienen esta posibilidad. Tienen los mismos problemas. Pero no tienen acceso a ella porque no conocen a militares de alto rango en el ejército que los avalen".
Este mes se marchará primero a Washington, y luego se establecerá en Baltimore. Está ansiosa de volver a vivir en seguridad. Hizo una pausa, pensando en dónde estaba todavía, y agregó: "Espero estar viva para cuando llegue el momento de partir".

Yasmin Mousa contribuyó a este reportaje.

18 de noviembre de 2007
16 de noviembre de 2007
©washington post
©traducción mQh
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