Blogia
mQh

literatura

evangelio según san borges


[Sonia Lira] "Creo en la teología como literatura fantástica", señaló el autor argentino. El escritor argentino se sumergió con 62 años de antelación en los secretos de Judas que hoy anuncia una sociedad científica. El Iscariote ya había sido vindicado en la obra del argentino, cuyo peculiar acercamiento a la religión explica su interés en los evangelios apócrifos así como la elaboración del cuento ‘Tres versiones de Judas’.
En 1944, un escritor que ya se encaminaba a la ceguera total se adelantó a los secretos del Evangelio de Judas revelados ahora por la National Geographic Society. Jorge Luis Borges publicó ese año el cuento ‘Tres versiones de Judas’, donde anuncia que para el apóstol no estaba reservado el papel del eterno traidor.
Ironía borgiana. Un hombre condenado a no ver ganó -a su manera- la carrera al equipo auspiciado por la sociedad científica que recuperó y tradujo un papiro escrito alrededor del siglo III.
Fue la obsesiva y contradictoria relación de Borges con la religión católica lo que hizo posible la hazaña. En su cama de convaleciente, perturbado por la idea de la inmortalidad, fue capaz de imaginar y dar cuerpo narrativo a la complicidad entre Jesús y Judas, recién este año documentada.

Hereje de la Antigüedad
En una de las conversaciones sostenidas entre Ernesto Sábato y Borges, el primero pregunta:

-Pero dígame Borges, si no cree en Dios, ¿por qué escribe tantas historias teológicas?
-Es que creo en la teología como literatura fantástica. Es la perfección del género.

Según testigos del diálogo, el tono del autor de El Aleph era de una irónica solemnidad.
Para Borges hablar de religión nunca fue asunto fútil. Su padre era agnóstico y su madre una católica devota. Para enredar las cosas, su abuela inglesa profesaba la fe anglicana.
El escritor se inició como un católico practicante. Sin embargo, fue durante sus visitas a la Iglesia en compañía de su madre cuando comprendió que "para el argentino, ser católico es más una cuestión social que espiritual. Significa que uno se alinea con la clase, el partido o el grupo social correcto".
Claro que Borges era demasiado complejo para que una desilusión como la descrita perturbara su fe. Su rebelión se debió a razones estrictamente teológicas, al estilo de los herejes de la Antigüedad: nunca pudo creer en la Trinidad.
Borges, el heresiarca... Tras la muerte de su madre a los 99 años, continuó entrando todas las madrugadas a la habitación ahora vacía para rociar agua bendita y rezar el Padrenuestro, como ella se lo pidió. "¿Por qué no? La inmortalidad no es más extraña ni increíble que la muerte", respondía para explicar su ritual.

¿Agnóstico, Panteísta, Gnóstico?
De lo que sí hay pruebas es de que fue un apasionado de los Evangelios Apócrifos, es decir, de aquellos que, atribuyéndose a autores sagrados, quedaron fuera del canon de la Iglesia.
En 1984 una editorial le propuso seleccionar y prologar cien libros "imprescindibles" en una colección conocida como la Biblioteca Personal de Borges. Ya cerca de su muerte -que llegaría dos años después no dudó en elegir los evangelios prohibidos y ponerlos a la par de clásicos como Kafka, Dostoievski y Wilde.
Según el escritor, estas escrituras no contradicen las oficiales, sino que se trataría sólo de extrañas variaciones de la biografía de Jesús. Por ejemplo, que a la edad de cinco años el hijo de María modeló gorriones de arcilla que hizo volar y cantar. También le atribuyen algunos crueles milagros, esperables de un niño iluminado que aún no madura.
Borges conoció aquellos relatos ocultos que le permitían regresar mágicamente a los primeros siglos de la era cristiana, "cuando la religión era una pasión". Conoció también el Tratado contra la Herejía, escrito por el obispo Irineo de Lyon, en el año 180,donde existe una referencia al Evangelio de Judas. Irineo llama ’cainitas’, o descendientes de Caín, a los seguidores de la secta gnóstica que habría vindicado la figura del Iscariote en los albores del cristianismo.
La literatura de Borges, entonces, fue más allá que los gnósticos. En 1939, durante una calurosa Nochebuena, el autor sufrió un grave accidente que le provocó septicemia y el empeoramiento de sus males oftalmológicos. Se debatió 15 días entre la vida y la muerte. Y algo cambió en él cuando se enteró de que estuvo a punto de morir. Convaleciente, escribió parte importante de los cuentos que aparecen publicados en sus libros Artificios y Ficciones (1944), entre ellos, Tres versiones de Judas. La idea de ser uno con el resto de los hombres lo persigue. Las figuras del traidor y del héroe lo mantienen insomne. Cualquier hombre es todos los hombres. Judas puede ser Jesús, reflexiona.

El Último Padrenuestro
Niels Runeberg es un teólogo que en 1904 publica Kristus och Judas acompañado del epígrafe: "No una cosa, todas las cosas que se atribuyen a Judas Iscariote son falsas (De Quincey, 1857)". Más adelante escribe otro texto con una conclusión perturbadora:
"Dios totalmente se hizo hombre hasta la infamia, hombre hasta la reprobación y el abismo. Para salvarnos, pudo elegir cualquiera de los destinos que traman la perpleja red de la historia; pudo ser Alejandro o Pitágoras o Rurik o Jesús; eligió un ínfimo destino: fue Judas".
Atormentado por su descubrimiento, el teólogo camina sin rumbo para morir de la rotura de un aneurisma, el 1 de marzo de 1912.
Por supuesto, ni la historia ni el teólogo son reales. Runeberg sólo fue el personaje que Borges inventó para su cuento Tres versiones de Judas. El escritor necesitó dar vida a Runeberg para anunciar algo que no podía decir un escéptico que creía que la Teología no era más que la perfección de la Literatura Fantástica, y Dios, su mejor invención.
Sin embargo, antes de morir Jorge Luis Borges rezó con fervor el Padrenuestro.

Santo Negocio
El hallazgo del documento bautizado como Evangelio de Judas no sólo es materia de debate espiritual. El Instituto Arqueológico de Estados Unidos denunció que se estaba frente a un objeto saqueado que, antes de la intervención de la National Geographic Society, estuvo en manos de personas más interesadas en sacar provecho comercial que en preservarlo. En cualquier caso, la sociedad científica deberá ahora reponer la nada despreciable suma invertida en el proyecto de restauración y traducción del manuscrito hallado en Egipto (los cálculos más conservadores hablan de US$ 3 millones): en Internet se puede comprar ‘The Gospel of Judas’, best seller del New York Times. También está en venta el DVD y, en mayo, la portada de la revista estará dedicada al descubrimiento del papiro.

23 de abril de 2006
©la tercera
rss

la isla del tesoro


[Jonathan Yardley] Una novela que disfrutaron nuestros padres, y abuelos, y disfrutarán nuestros hijos, y nietos, y bisnietos y tataranietos.
Hacia principios de los años de 1880, el escritor escocés Robert Louis Stevenson había, como recordaría más de una década después, "escrito pequeños libros y breves ensayos y cuentos y le habían dado palmaditas en la espalda y pagado por ellos". Tenía "bastante reputación", pero se sentía frustrado e infeliz, y se asombraba de haber "gastado todas mis energías en este negocio, sin poder sin embargo ganarme la vida".
Era el "jefe de famlia" y "había perdido mi salud" a la tuberculosis que finalmente lo mató a los 44 años en 1894, y "en realidad estuvo muy cerca de la desesperación" cuando en el más oscuro de los momentos pasó algo extraordinario. De regreso en Escocia después de su estadía en tierras sureñas en busca de un clima que le ayudara a recuperar su salud, topó con un escolar que estaba haciendo dibujos infantiles y, siguiendo el juego, Stevenson "trazó el mapa de una isla", cuya forma "llevó mi imaginación más allá de toda descripción". El niño "lo llamó ‘la isla del tesoro’". El resto -en este caso el viejo adagio es absolutamente verídico- es historia conocida.
La novela que inspiró este mapa se llamó primero ‘Sea Cook’ [Cocinero del Mar], y cuando fue publicada por entregas entre 1881 y 1882, no llamó la atención. Pero después de que Stevenson la revisara para su publicación en forma de libro en 1883, y le diera otro título, todo cambió. ‘La isla del tesoro’ encontró casi de inmediato innumerables lectores, y ha sido desde entonces uno de los libros más apreciados del mundo. Ha sido traducido a Dios sabe cuántas lenguas, ha sido adaptada a Dios sabe cuántas películas, piezas de teatro y televisión, y ha entrado en general en la conciencia pública en un grado que sólo pocos libros han alcanzado. Es a la vez una excitante historia de aventuras y un agudo estudio psicológico de los hombres en grupos; se puede leer con placer y provecho en muchos niveles.
Así que esta reconsideración de ‘La isla del tesoro’ difícilmente puede llamarse un redescubrimiento, porque ‘La isla del tesoro’ no se ha perdido nunca. Sin embargo, tiene ahora 125 años y ha pasado más de medio siglo desde que la leí por primera vez. Incluso los mejores y más apreciados libros pierden con los años algo de su intensidad, a medida que sus tramas se convierten en universalmente familiares y su lenguaje empieza poco a poco a sonar anticuado y forzado. Conocemos íntimamente la historia de ‘La isla del tesoro’ y sus personajes -Jim Hawkins, Billy Bones, Captain Smollett y más especialmente John Silver el Largo-, pero ¿no se han, con el paso del tiempo, la historia y su gente disneyficado tanto que el libro mismo ha caído en el olvido?
Una relectura de la novela de Stevenson después de todos esos años no me dice otra cosa que los buenos libros -y ‘La isla del tesoro’ es un muy buen libro- realmente tienen vida propia, completamente aparte de las películas y otras adaptaciones. Algunas de las adaptaciones de la novela son muy buenas, pero ninguna es tan buena como el libro mismo. ‘La isla del tesoro’ es un verdadero clásico que todavía, de algún modo, conserva su poder de sorprender, de divertir y, aunque sabemos todos cómo termina, elevar la presión sanguínea del lector.
Con los años ‘La isla del tesoro’ ha sido frecuentemente encasillada y desdeñada como un libro para niños. Ciertamente, Stevenson tenía a niños en mente cuando lo escribió, pero muchas niñas lo han leído con mucho placer y, del mismo modo, muchos adultos, incluyendo el que escribe. Si insistimos en la clasificación literaria, de algún modo deberíamos inventar una categoría que se ajustara a todos estos libros -las novelas de ‘Penrod’, de Booth Tarkington, ‘Tom Sawyer’, de Mark Twain, ‘Heidi’, de Johanna Spyri- que normalmente son colocados en la sección de niños, pero que son a menudo leídos por adultos, y, en ese sentido, todos los libros que son clasificados como para ‘adultos’ pero que pueden, y deberían ser leídos por niños de cierta edad, como ‘Growing Up’, de Russell Baker, ‘Hijo nativo’, de Richard Wright, y ‘El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde’, de Stevenson.
‘La isla del tesoro’ es una historia de aventuras pero es también una fantasía; tiene "esa calidad onírica de los cuentos de hadas", de acuerdo a la edición de Penguin Classics, y aunque las solapas de los libros de bolsillo deben ser en general desechadas, esta es una apta descripción. Escenificada en una pequeña isla en una parte no identificada del mundo -John Seelye, en su introducción a la edición de Penguin, presenta un interesante argumento de que se encuentra frente a las costas de California-, la historia se eleva sobre el tiempo y lugar para alcanzar lo que Penguin llama "el poder del mito". Según la propia admisión de Stevenson, fue fuertemente influido por Daniel Defoe, Edgar Allan Poe, Washington Irving y otros, hasta el punto de que uno casi siente que los grandes de la literatura mundial se reúnen en este libro relativamente delgado que, luego, se eleva por encima de todos ellos. Desde el momento en que el joven Jim Hawkins divisa primero la isla, el lector se ve transportado en un mundo que es a la vez parte del nuestro, y otro:

"El fondeadero estaba muy bien protegido de los vientos y rodeado por frondosos bosques, cuyo árboles llegaban hasta la misma orilla; la costa era llana y las cumbres de los montes se alzaban alrededor, al fondo, en una especie de anfiteatro. Dos riachuelos, o mejor, dos aguazales, desembocaban lentamente en una especie de pequeño lago, y la vegetación lucía un verdor extraño, como una patina de ponzoñoso lustre. Desde el barco no se llegaba a divisar el pequeño fuerte o empalizada señalada en el mapa, porque estaba encerrado por los árboles, y, a no ser porque aquél lo indicaba, hubiéramos podido creer que éramos los primeros que fondeaban desde que la isla surgió de los mares".

La tripulación de la Hispaniola sabe que hay estructuras en la isla porque están indicadas en el mapa que los guió hasta allá. Pero no es el mismo mapa que inspiró al squire Trelawney y al dr. Livesey a emprender la misión. Es una copia del original, con una importante omisión: No incluye el sitio exacto del tesoro enterrado por el legendario pirata Capitán Flint, o las indicaciones escritas precisas para llegar al sitio. El mapa original (retirado del baúl de marinero del viejo e irascible Billy Bones después de su muerte) ha sido cuidadosamente ocultado a la tripulación por el squire y el capitán, primero movidos por la natural desconfianza de los oficiales con respecto a los motivos de sus tripulaciones, pero se ponen alertas cuando Jim, sin darse cuenta, descubre que John Silver el Largo está tramando un motín para apoderarse del mapa y luego, a su vez, quitar el tesoro a los amotinados.
El libro cuenta con muchos personajes magníficamente retratados, pero hay dos que se destacan. El primero es Jim, que relata la mayor parte de la historia (Livesey se ocupa de la narración en tres importantes capítulos) y que es el infantilismo hecho carne, o, quizás, más precisamente, los románticos ideales de la juventud encarnados. Todavía es un adolescente, privado por la muerte de su padre (las complicadas relaciones entre padres e hijos son un tema al que Stevenson volvería una y otra vez), al que sin embargo "los sueños de aventura, de lo que pudiera sucedernos en la isla y de nuestro viaje por mar" bastaban para llenar sus horas. Es independiente e ingenioso -"un magnífico observador", dice Livesey- e incluso cuando sabe que no debería hacer lo que tiene en mente, lo hace de todos modos: "Yo era solamente un niño, y ya había tomado una decisión".
El otro, por supuesto, es John Silver el Largo, ese canalla absolutamente amoral con el corazón de, bueno, no de oro, pero tampoco de plomo. Tiene una pata de palo y un loro (en su recuerdo de la creación de la novela, Stevenson escribe a Defoe con irónica gratitud: "Sin lugar a dudas, el loro pertenecía a Robinson Crusoe) y se pone tan alegre con Jim cuando se conocen que el niño lo imagina como "el mejor compañero que yo podía desear.". Entonces Jim oye a Silver hablando solapadamente sobre amotinarse, y lo ve bajo una luz mucho más siniestra: "Pero, aun así, me infundía ya tal pavor por su doblez, su crueldad y su influencia sobre los demás marineros, que apenas pude disimular un estremecimiento cuando me puso la mano en el hombro". Sin embargo, después de que el motín empieza y la isla se encuentra sumida en el silencio, Silver le salva a Jim la vida. Mientras el viejo pirata duerme, Jim lo mira con algo cercano al cariño: "Era mi corazón el que sufría por Silver, a pesar de ser un malvado, y pensé en los peligros que lo cercaban y en el infamante patíbulo que ya estaba esperándolo".
Ah, sí, "lo cercaban" y "el infamante patíbulo". Aquí nos enfrentamos a un problema de lenguaje. En los días de Stevenson, ‘cercar’ significaba ‘rodear’. En cuanto al patíbulo, no muchos lectores de hoy sabrán que es el cadalso. El ‘cadalso’ ha seguido el mismo camino que el tablado, y probablemente algunos lectores se detendrán un rato cuando la encuentren. Parte del diálogo también los retrasará. Aquí, por ejemplo, Silver está apaciguando un motín dentro de un motín: "Did any of you gentlemen want to have it out with me? . . . Him that wants shall get it. Have I lived this many years, and a son of a rum puncheon cock his hat athwart my hawse at the latter end of it? You know the way; you’re all gentlemen o’ fortune, by your account. Well, I’m ready. Take a cutlass, him that dares, and I’ll see the colour of his inside, crutch and all, before that pipe’s empty". ["¿Alguno de vosotros, caballeros, quiere salir a vérselas conmigo? - rugió Silver, levantándose del barril y echándose atrás, pero sin soltar la pipa que aún humeaba en su mano derecha -. Quiero escuchar lo que tengáis que decirme, ¿o sois mudos? Estoy dispuesto a satisfacer al que así lo quiera. ¿O es que he vivido yo todos estos años para que cualquier hijo de una pipa de ron venga ahora a cruzárseme por la proa? Ya conocéis las reglas: todos sois caballeros de fortuna, ¿no es eso lo que decís? Pues bien; estoy listo. El primero que se atreva, que coja un machete, que voy a ver qué color tiene por dentro. Con muleta y todo, y antes de terminarme mi tabaco"].
Pintoresco, sin duda, pero ¿es realmente muy difícil darse cuenta que Silver está retando a sus hombres a pelear con él? No, no lo es, y no es difícil imaginar que ninguno de estos tipos puede vencer al granuja de una pierna. No sorprende que, al final, Stevenson no se atreve a enviar a Silver a la horca; ha terminado queriendo al viejo bandido, lo mismo que el lector.
Un siglo y veinticinco años después de su publicación, ‘La isla del tesoro’, aparentemente, todavía encuentra montones de lectores. Hay muchas ediciones diferentes disponibles, algunos (como la de Penguin) con un erudito cuerpo de notas y apéndices, otros sin adorno alguno y destinados, obviamente, a los lectores más jóvenes. Este lector, que no es un polluelo, no tiene ninguna duda de que disfrutarán tanto como él cuando tenía su edad -y de que sus padres también disfrutarán.

isyardleyj@washpost.com

17 de abril de 2006
©washington post
©traducción mQh
rss

agente secreto hemingway


[Andrés Gómez Bravo] Libro próximo a publicarse relata que el escritor actuó como espía en la II Guerra Mundial. Recién casado con la periodista Martha Gellhorn, el autor de ‘Adiós a las armas’ emprendió un viaje a Oriente. La pareja recorrió Hong Kong y China, escribió reportajes y celebró su luna de miel. Pero, secretamente, el novelista también envió informes para el gobierno de Roosevelt, según revela la investigación ‘Hemingway on the China Front’.
En enero de 1941 Ernest Hemingway y Martha Gellhorn, su tercera esposa, emprendían un largo viaje al Lejano Oriente. Escritora y periodista, Martha escribiría reportes sobre la guerra chino-japonesa para la revista Collier’s y Ernest lo haría para PM, un periódico liberal de Nueva York. El trabajo de Hemingway se publicó en junio, en una serie de siete reportajes, pero una parte de él se mantuvo en secreto. No iba dirigido al tabloide, sino al ministerio de Hacienda del gobierno de Roosevelt: el célebre novelista estaba jugando a dos bandas.
En China, entonces ocupada por los japoneses, el escritor y su esposa se reunieron con el líder nacionalista Chiang Kai-Shek, y con el comunista Zhou Enlai, lugarteniente de Mao Tse Tung. El 30 de julio de ese año, Hemingway enviaba un informe confidencial del conflicto entre nacionalistas y comunistas chinos.
Así lo relata el libro ‘Hemingway on the China Front’, del periodista Peter Moreira, que echa mano a documentación inédita hallada en la Universidad de Princeton. El libro, que sale en abril en Estados Unidos, pone al descubierto su primera misión de espionaje. Una tarea que habría continuado luego en Cuba.

El Señor White
En noviembre de 1940 Hemingway terminó su matrimonio y comenzó otro: se divorció de Pauline Pfeiffer, su segunda esposa, y a las dos semanas se casó con Martha Gellhorn, una talentosa novelista y reportera que se movía bajo el fuego enemigo "como un chico más", según el autor de ‘Adiós a las Armas’.
La boda fue cubierta por su amigo Robert Capa, quien hizo un reportaje gráfico para la revista Life. Pasaron Navidad en la finca Vigía, de Cuba, y a principios de 1941 viajaron a Oriente.
Era una expedición de trabajo y placer: Martha debía cubrir la guerra entre chinos y japoneses, pero aprovecharía también de celebrar su luna de miel. Hemingway aceptó la oferta de escribir para PM; así retomaría su antiguo oficio de periodista. Y aceptó una proposición más: aquella que le hizo el misterioso "señor White" y que lo hizo debutar como agente.
Harry Dexter White era un alto funcionario del Tesoro de Estados Unidos, que respondía ante el ministro de Hacienda de Roosevelt, Henry Morgenthau.
Según relata Peter Moreira en un adelanto publicado en el Toronto Star, donde Hemingway escribió después de la I Guerra, el ministro Morgenthau y el señor White negociaban préstamos para apoyar al gobierno nacionalista chino. Pero no tenían buenas relaciones con el ministro de Asuntos Exteriores, Cordell Hull, y no contaban con información de inteligencia sobre la oficialidad china. Necesitaban, dice Moreira, un espía propio.
Martha Gellhorn era amiga de los Roosevelt y el ministro Morgenthau -presume el autor- debe haberse enterado del viaje. Entonces le encomendó al señor White que contactara a Hemingway.
Como sea, el escritor -que acababa de publicar Por Quién Doblan las Campañanas en Estados Unidos- terminaría enviando un extenso informe de la situación a ambos, según revela el libro.

La Guerra Interna
La pareja comenzó su ruta en Hong Kong, donde permanecieron cerca de un mes. Luego fueron al frente de batalla, en Cantón, y volaron hacia la capital China en tiempos de guerra, Chungking, donde cenaron con Chiang Kai-Shek y su mujer. Luego conocieron al segundo hombre de Mao.
Aunque Hemingway no dejó de beber durante el viaje, anota Moreira, supo leer la situación. En su informe escribe que nacionalistas y comunistas no se podían ver. Y que los primeros consideraban a los segundos un enemigo mayor y peor que los japoneses.
El escritor precisa que la guerra civil es inevitable, a menos que se asegure un terreno propio, con fronteras claras, para los comunistas. Y sugiere que Estados Unidos debe evitar que la ayuda prestada a los nacionalistas sea usada contra sus rivales internos.
Más tarde, en un informe verbal a White, Hemingway le recomendó que, si estallaba un conflicto con Japón, convenía comenzar por atacar Hong Kong, para luego liberar Cantón y Chungking.

Nadie Sabe Para Quién Trabaja
La información proporcionada por el escritor, diría un diplomático, ayudó enormemente a Estados Unidos. Lo que Hemingway ignoraba, dice Moreira, es que estaba ayudando también a otro gobierno: en 1948 dos comunistas testificaron que el señor White transmitía información al Kremlin. No pudo confirmarse entonces, pero archivos desclasificados han corroborado que integraba una red pro soviética en Washington. Así, insospechadamente, el novelista habría terminado jugando no a dos, sino a tres bandas. Nadie sabe para quién trabaja.

26 de marzo de 2006
©la tercera
rss

reeditan biografía de capote


‘Truman Capote, la biografía’, de Gerald Clarke, apareció en 1988 y hoy resurge en medio del revival del autor estadounidense. El libro retrata con detalle el largo proceso de creación de ‘A sangre fría’, obra que llenó de gloria a su autor, quien no volvería a escribir una novela.
"Aquí está el incomparable T.C.", señalaba Truman Capote al periodista Gerald Clarke en junio de 1984. "Nunca hubo nadie como yo y no habrá nadie como yo cuando me vaya". La elevada opinión de sí mismo que el autor de ‘Desayuno en Tiffany`s’ expresaba tres meses antes de su muerte no podía sino estar teñida por la amargura y el cinismo asociados a la imparable decadencia que vivió en sus últimos años. Y probablemente Clarke no pudo encontrar otra afirmación más adecuada como epígrafe para el grueso volumen que dedica a examinar su vida. Si no para entenderlo, al menos para vestirlo de cuerpo entero.
Originalmente publicado en 1988, ‘Truman Capote, la biografía’ es considerado el libro definitivo acerca del creador de la "novela de no ficción", un personaje complejo, atormentado y extraordinariamente difícil de abordar. Y si bien ha sido objeto de múltiples alabanzas por su inmersión en la figura que retrata -y también de reproches por los vacíos de su investigación-, difícilmente habría tenido un retorno masivo a las librerías de no ser por el estreno de Capote. El filme de Bennett Miller ha generado una fiebre cuya imagen emblemática no es la de un Capote acabado por el alcohol y las drogas -ni la de aquel efebo que ilustró la edición original-, sino la de Philip Seymour Hoffman haciendo de Capote en una especie de making of de ‘A sangre fría’.
El versátil intérprete que postula al Oscar a Mejor Actor -tal como la cinta lo hace a Mejor Película- es el rostro que decora la nueva edición de la biografía que hace algunas semanas publicó en España Ediciones B. A ésta se suma en estos días el lanzamiento de la edición en español de la novela ‘Crucero de verano’, extraída de un conjunto de textos que el autor garabateó en su adolescencia.

Al Desnudo
La biografía de Clarke es de las que parecen incluirlo todo: ahí está la infancia vivida con parientes, el romance con el académico Newton Arvin y la afición del escritor por las mujeres acomodadas, a quienes llamaba "cisnes".
En la miríada de temas, sin embargo, sobresale el proceso que llevó a la elaboración de ‘A sangre fría’ y las amargas consecuencias de su éxito. El libro que remeció los cimientos de las letras estadounidenses da cuenta del brutal asesinato, en noviembre de 1959, de cuatro miembros de una familia en el tranquilo pueblo de Holcomb, Kansas, y de lo que ocurrió con sus autores, Perry Smith y Richard ‘Dick’ Hickock.
Capote partió a Kansas a escribir una historia periodística, pero advirtió que había algo más grande, se instaló allá y recogió múltiples testimonios. Pero su tarea más sensible fue recurrir a Smith y Hickcok, sentenciados a la pena máxima pocos meses después de los hechos. Lo que vino está en los datos del libro y el filme lo convierte en una tesis: Capote pagó abogados para alargar el proceso por años de modo que los asesinos le contaran todo. En especial Smith, con quien desarrolló una complicidad afectiva derivada de la historia de abandono que ambos padecieron. Pero cuando la confesión estuvo completa, Capote retiró el dinero para los abogados: sin ejecución no habría libro.
El ajusticiamiento de Smith y Hickocken 1965, coincidió con la publicación de ‘A sangre fría’, que se convirtió primero en superventas y luego en clásico. Capote, ebrio de fama y elogios, no volvería sin embargo a escribir una novela en los 19 años que siguieron hasta su muerte. Clarke no lo pone en estos términos (dice, más bien, que Capote era un tipo ambicioso, aunque normal), pero es como si el autor hubiese pactado con el diablo para alcanzar la gloria y luego hubiese debido pagar las consecuencias, remordimientos incluidos. Hasta el último día.

25 de febrero de 2006
©la tercera
rss
visita página policial

biblioteca compra archivo de burroughs


[Edward Wyatt] Importante archivo literario y personal de autor de la generación beat será público a partir del próximo año.
En el Folio 110 de un archivo personal voluminoso y construido meticulosamente, William S. Burroughs ofrece un fantasioso bosquejo autobiográfico que es mitad ‘Yonqui’, mitad ‘Almuerzo desnudo’.
"De niño quería ser escritor porque los escritores eran ricos y famosos", escribió en un ensayo inédito que sirve como una especie de piedra angular del archivo. "Mataban el tiempo en Singapur y Rangún fumando opio, vestidos con un traje amarillo de imitación de seda. Esnifaban cocaína en Mayfair y penetraban en pantanos prohibidos con un fiel niño nativo y vivían en el barrio nativo de Tánger fumando hachís y acariciando lánguidamente una mascota de gacela..."
Es un retrato cómodo, superficial, de uno de los miembros del triunvirato de los grandes de la generación beat, el que, con Jack Kerouac y Allen Ginsberg, definieron la literatura y criticaron la cultura contemporánea a principios de los años cincuenta. Burroughs ha sido durante largo tiempo el menos conocido de los tres. Pero eso probablemente va a cambiar pronto.
Se espera que la Biblioteca Pública de Nueva York anuncie hoy que ha comprado el archivo Burroughs para su Colección Henry W. y Albert A. Berg de Literatura Inglesa y Americana. La adquisición formará la Colección Berg, que también incluye los archivos personales y literarios de Kerouac, quizás la institución más importante para el estudio de los beats.
Burroughs es mejor conocido como el autor de la alucinógena y confusa novela ‘Almuerzo desnudo’, que fue prohibida en Boston por obscenidad en 1962 y luego, al ser revocada la prohibición, conquistó una histórica resolución de censura por los tribunales de Massachusetts en 1966. Sus otros libros son, entre otros, ‘La máquina blanda’ y ‘El ticket que explotó’.
El archivo de Burroughs contiene once mil páginas de manuscritos y materiales tipeados, que incluyen las versiones originales y notas de prácticamente todas las obras de Burroughs hasta 1972, dijo Isaac Gewirtz, curador de la Colección Berg. La mayoría del material en el archivo de los años sesenta y setenta no ha sido visto nunca, excepto por Burroughs y sus contemporáneos.
Además, el archivo incluye materiales escritos a máquina y manuscritos de numerosos trabajos inéditos, que Burroughs organizaba por fecha o materias o caprichosamente en folios numerados, o carpetas; unas tres mil páginas de correspondencia literaria altamente personal, collages, calendarios oníricos [dream calendars], diarios de vida, libretas de apuntes, más de cincuenta horas de grabaciones no conocidas y cientos de fotografías de y por Burroughs, que murió en 1997.
"Realmente este archivo ha alcanzado un estatus legendario entre la gente que sigue a los escritores beat", dijo Gewirtz en una entrevista en el majestuoso salón que es la sede de la Colección Berg en el histórico edificio de la biblioteca en la Quinta Avenida, en Manhattan.
"De las decenas de miles de páginas, sólo literalmente un puñado han sido vistas alguna vez, y sólo muy pocas han sido citadas", dijo.
El archivo ha tenido dos propietarios previos, aparte del autor: Roberto Altmann, un coleccionista de Liechtenstein, que lo compró a Burroughs y que aparentemente nunca abrió la mayoría de las cajas de material, y Robert H. Jackson, de Shaker Heights, Ohio, que con su esposa Donna L. Jackson, es un coleccionista de arte y de libros célebres, que ha permitido sólo un acceso limitado al archivo. La biblioteca compró la colección a Jackson por una suma no especificada. Los contenidos estarán probablemente disponibles para investigadores a principios del próximo año.
Aunque los estudiosos no han visto nunca los materiales, estaban tormentosamente conscientes de su existencia gracias a Burroughs mismo, que publicó un catálogo descriptivo del archivo en 1973. Oliver C.G. Harris, profesor de literatura estadounidenses en la Universidad de Keele en Staffordshire, Inglaterra, que editó una colección de las cartas de Burroughs publicadas por Viking en 1993, dijo que el material era el Santo Grial de los investigadores de la generación beat.

"Mi impresión es que realmente cambiará la imagen que tienen los estudiosos de Burroughs", dijo Harris, porque esa imagen se ha basado casi exclusivamente en el trabajo de Burroughs de los años cincuenta. Gran parte de sus experimentos más experimentales, incluyendo sus recortes -trabajos creados cortando fragmentos de textos escritos a máquina y reordenándolos para crear una nueva narrativa-, los produjo más tarde, entre los años sesenta y setenta.
"Nadie hace investigado realmente esos períodos porque no era posible", dijo Harris.
Gran parte del archivo arroja luz sobre la relación entre Burroughs y los otros de la generación beat, incluyendo a Timothy Leary, Paul Bowles, Gregory Corso, Terry Southern, Lawrence Ferlinghetti y, por supuesto, Kerouac y Ginsberg.
Parte de los materiales, particularmente secciones de la correspondencia de Burroughs con Ginsberg, ha sido publicado en otro lugar, pero podría haber gemas desconocidas entre los nuevos materiales -como la carta de 1959 de Ginsberg en la que refiere a su trabajo sobre un nuevo poema sobre su madre, "que es mejor que ‘Howl’". Ese nuevo trabajo fue ‘Kaddish’.
"El archivo es particularmente interesante porque Burroughs claramente lo escribió para ser leído y considerado como una obra de arte", dijo Gewirtz. Apuntes escritos a mano por Burroughs adornan muchos de los folios de materiales escritos, explicando los contenidos, y el autor a menudo agregó a las carpetas, collages de fotografías, recortes de diarios y otros medios.
La cubierta del Folio 110, por ejemplo, contiene un collage de fotografías de lugares relevantes para los diferentes períodos de la literatura de Burroughs, incluyendo Tánger; St. Louis, donde Burroughs nació en 1914; y Lower Manhattan, donde vivió en los años setenta.
Pero mientras la organización del material y las breves descripciones de los contenidos han sido conocidos desde la publicación del catálogo descriptivo en 1973, los investigadores podrían encontrar nuevas materiales relevantes en las selecciones de Burroughs.
"Hay cosas de dos diferentes trabajos que a veces se apretujaron en un solo folio, sea porque fueron producidos de ese modo, o porque Burroughs quería mostrar similitudes temáticas", dijo Gewirtz. Por ejemplo, el Folio 5 incluye un texto escrito a máquina de ‘Los muchachos salvajes’, publicado por Grove en 1971. Pero otros fragmentos de ‘Los muchachos salvajes’, dijo Gewirtz, se encuentran en todo el archivo.
La tercera gran colección de materiales beat, el archivo Ginsberg, no están en Nueva York sino en la Universidad de Stanford, que compró la colección en 1994. En una entrevista ese año con el New York Times sobre la compra de Stanford, Ginsberg, que murió en 1997, dijo que se habría sentido mejor si su colección hubiese terminado en Nueva York, específicamente en la colección Berg, que dijo que rechazó la compra.
Gewirtz dijo que, por supuesto, a la biblioteca le habría gustado comprar el archivo Ginsberg. Pero dijo que Ginsberg quería realizar la venta rápidamente y que la biblioteca no fue capaz de obtener a tiempo el financiamiento necesario.
"Es una de las cosas que pasan a veces", dijo, observando que la Colección Berg incluye un número razonable de cartas escritas por Ginsberg. De momento, la biblioteca se contenta con los archivos Kerouac y Burroughs, dijo, para agregar que "este será el lugar en el mundo donde venir a estudiar a los beats".

1 de marzo de 2006

©new york times
©traducción mQh

rss

narradores callejeros de marruecos


[Marlise Simons] Narradores callejeros mantienen vivas tradiciones literarias de Marruecos, sobreviviendo a duras penas.

Marrakech, Marruecos. Es la hora de trabajar y Mohammad Jabiri sale para Jemaa el Fna, la plaza principal de Marrakech, llamada a menudo el cruce cultural de Marruecos.
Un poco encorvado, se desliza entre la muchedumbre, pasa frente a los encantadores de serpientes y sus flautas, el ruido de los tocadores de tambores y címbalos, los vítores de los acróbatas, y los pregones de los vendedores de kebabs, hasta que encuentra un lugar tranquilo para sí mismo.
Jabiri es un contador de historias, un oficio que ha practicado durante más de cuarenta años. Todos los días conjura pasados imaginarios o reales llenos de guerras antiguas y poblados por pecadores y profetas, sabios sultanes y astutos ladrones.
Para esto necesita pocos accesorios: un pequeño taburete y unas ilustraciones de color. El resto es actuación. Sus ojos se hacen grandes y enigmáticos y su voz retumba o susurra, dependiendo de la trama.
Jabiri, 71, es uno de los ocho bardos que todavía actúan en público en la región de Marrakech, al sur de Marruecos. Pero como la mayoría de ellos, teme que su generación pueda ser la última de una línea de que es tan antigua como esta ciudad del medioevo.
Estos hombres descienden de la época en que -muchos antes de la radio y la televisión, teatros y teléfono- los narradores itinerantes traían noticias y entretención en las ferias de campo y plazas de pueblos.
Sin embargo, de algún modo, Jabiri todavía se las arregla para hacer frente a la descomunal competencia electrónica.
"Alguna gente piensa que la televisión está muy lejos de ellos", explicó a un visitante. "Prefieren tener contactos personales, prefieren oír historias vivas".
Y así lo hicieron una tarde hace poco, cuando Jabiri echó una bendición, levantó su mano derecha y empezó a contar la historia de una joven que se había enamorado de un castp eremita. Pero el eremita la rechazó como una enviada del demonio, así que decidió acostarse con un pastor que cruzó su camino, quedó embarazada y dijo que era el hizo del eremita.
La historia se extendió durante la hora siguiente, adentrándose por varios temas secundarios e inesperados recovecos. El público estaba formado solamente por hombres, algunos sentados en el suelo, algunos apoyados contra sus bicicletas. No se supone que las mujeres deban pararse y escuchar historias estrafalarias u obscenas.
"A la gente más vieja le gustan las historias sobre la vida del profeta y sus compañeros", dijo. "Les gustan las historias de guerra, de batallas entre musulmanes y persas o entre musulmanes y cristianos. A la gente también le gustan los milagros, como la de Jesucristo devolviendo la vista a los ciegos".
Estudiantes de las costumbres locales dicen que las historias son una gran olla podrida de religiones y cuentos folclóricos de los bereberes, gnawi y árabes de la región.
Mohammad el-Haouzi, un biólogo que creció cerca de la plaza, dijo que le encantaba el espectáculo siempre cambiante de los malabaristas, curanderos, músicos y narradores. "A veces paso por la noche, cuando necesito alguna distracción", dijo. "Aquí puedes comer, reír, arreglar tus dientes y hacer que te pinten el cuerpo".
Haouzi ha oído aquí innumerables historias e incluso cuando las conoce, rara vez suenan iguales. La magia está en la narración, dijo, y el ánimo puede cambiar las payasadas del narrador, o los gritos y burlas de la audiencia. Las historias pueden ser moralejas o del burlesco, o pueden parodiar a los ricos.
"Un hombre parodiaba a menudo la pompa de los periodistas de televisión", dijo Haouzi. "La gente aullaba de risa".
Juan Goytisolo es uno de los pocos expatriados europeos que habla el dialecto árabe de Marruecos y entiende a los narradores. Un prominente escritor español que ha vivido aquí desde los años setenta, es un aficionado de Jemaa el Fna y sus artistas. Dijo que habían inspirado su novela ‘Makbara’.
En un café con vistas a la plaza, habló con admiración de los "viejos maestros" que ha conocido, sus improvisaciones y bromas, y los trucos que usaban para capturar y conservar sus audiencias. Algunos solían empezar con una pelea falsa para atraer a los espectadores. Recordó que "Sarouh, un hombre muy fuerte ahora muerto, podía levantar en el aire a un burro. Cuando el burro empezada a rebuznar, la gente se acercaba a toda prisa. "Locos", gritaba entonces a la multitud. "Cuando les hablo sobre el Corán, nadie me escucha, pero corréis como locos para oír a un asno".
Otro narrador, cuando veía que su audiencia empezaba a achicarse, gritaba: "Que se marchan todos los que han maldecido a sus padres", dice Goytisolo con una risa ahogada. "Así que, por supuesto, todos se quedaban y pagaban".
Goytisolo es motor detrás del movimiento para proteger la plaza, que llama un "espacio cultural grande y rico, que está en peligro de ser inundado por el comercio, por la presión de desarrollarse". En los últimos años el grupo ha logrado bloquear proyectos como de la construcción de una enorme torre de cristal y un garaje subterráneo. Ahora se han prohibido los coches.
También consiguió la ayuda de la Unesco, que en 2001 designó a la plaza parte del ‘Legado Oral e Intangible de la Humanidad’.
En los últimos años los estudiantes han usado grabadoras de video para documentar las vistas y sonidos de la plaza, y algunos de los narradores han visitado las escuelas, dijo Goytisolo, "de modo que los niños sepan que hay más que los alimentos enlatados que ven en la televisión". Pero está preocupado, dice, porque los viejos maestros están muriendo y nadie los reemplaza.
Jabiri dijo que en su juventud era más fácil ganarse la vida como narrador. Aunque apenas si podía leer y escribir, aprendió su oficio escuchando a los viejos bardos e imitándolos. Finalmente, quiso ver el mundo y, recuerda con orgullo, contar sus historias en lugares tan remotos como Casablanca, Fez y Meknes.
Pero ahora, el turismo extranjero ha traído la inflación y, con los dos o tres dólares que gana al día, ya no puede pagarse el billete en autobús para volver a casa o pagarse una cama. Ve los cambios a su alrededor. Algunos de sus colegas se han enfermado y dejaron de venir. Dos jóvenes aprendices que están trabajando en Marrakech tienen todavía mucho que aprender.
Cuando el atardecer cae sobre la plaza, Jabiri todavía está contando su historia, y ha llegado a un momento crítico. La mujer embarazada, el eremita y el pastor han sido todos llamados para ser juzgados por el rey. El rey le dice al eremita que será decapitado, pero que puede hacer un último deseo.
En ese momento, Jabiri para abruptamente y propone a su encantada audiencia que hagan un aporte para que él pueda continuar. Recoge las monedas, entona una bendición y, elevando la voz y abriendo sus ojos, completa la historia, haciendo hablar al bebé, que salva al eremita que, a su vez, se enamora de la joven. Por lo menos, es una historia con un final feliz.

27 de febrero de 2006

©new york times
©traducción mQh

rss

el dictador breton


[Paulina Arancibia] Hace 110 años nació quien definió su arte desde un manicomio. Amó profundamente a una mujer chilena, pero la convirtió en su sirvienta.
Francia 1917, Primera Guerra Mundial. En el campo psiquiátrico Val-Ce-Grâce, dos jóvenes practicantes de medicina, Louis Aragon y André Breton, recitan en voz alta a Rimbaud y Latréamont. Es de noche, y afuera del cuarto acolchado, un loco grita: "¡No profanen a Rimbaud! ¡Silencio eruditos de porquería! ¡Bazofias!".
Nadie podría imaginar que la cruza entre el demente, el novelista y el poeta, darían forma a una de las corrientes artísticas más revolucionarias del siglo XX: el surrealismo.
André Breton nació el 19 de febrero de 1896, y para entender las razones astrológicas que lo ponían en comunión con su admirado Rimbaud, adoptó como fecha de su nacimiento el 18 de febrero. Ya en 1919, Breton junto a Aragon fundaron la revista ‘Littérature’, de conceptos dadaístas. Pero en el segundo número rompieron con esta corriente para iniciar la experiencia de superar la realidad bajo el control automático de lo psíquico, imaginario y emocional: influencias de Freud, a pesar de calificarlo de pretencioso.
En 1924, Breton, escribió el ‘Manifiesto surrealista’, pero en el ‘Segundo manifiesto’ (1929) comenzó la polémica. El líder indiscutible del vanguardismo francés se hizo miembro del Partido Comunista y se transformó en el dictador y emperador absoluto del movimiento, condenando y expulsando del grupo a todos los que no coincidían con sus ideas o que no estaban a la altura del surrealismo. Entre los expulsados más renombrados aparecen nombres como el dramaturgo Antonin Artaud y el pintor chileno Roberto Matta.

El Führer de la Poesía
Breton se casó en 1934 con Jacqueline Lamba, inspiradora del libro ‘El amor loco’, quien también sufrió la intransigencia de su marido. Ella era una artista que buscaba el desarrollo libre de las pautas del surrealismo y el líder sectario, por su parte, le exigía que abandonase sus intereses en pos de los suyos. Jacqueline no aceptó y se escapó con uno de los mejores amigos de Breton, el escultor norteamericano David Hare. Mientras, el autor de ‘Nadja’, se hundió en una terrible depresión y su vanidad fue trapeada por el suelo.

Cortocircuito con Matta
Estando en Nueva York, el fornido ególatra, se encontró con sus propias demencias, volviéndose odiosamente racional. A fuerza de exclusiones, se convirtió en el único creyente y señor solitario de un imperio que él mismo fundó, desplazando incluso al pintor chileno.
En 1937, Matta viajó a Estados Unidos, a reunirse con los surrealistas que habían escapado del gobierno de Vichy, pero nueve años después, es expulsado del movimiento tras verse implicado en un misterioso asunto político y por su fascinación por las matemáticas.
"Nunca hablé con Breton de ciencia, fue en parte por eso que fui expulsado del grupo surrealista. Breton estaba bloqueado. Como con la música. Por falta de abstracción. Sin embargo, la matemática es un lenguaje fascinante. Había descubierto en París las maquetas de la geometría no euclidiana y esa revelación me entusiasmó. Me imagino que anduve cansando a André con todo esto tan alejado del mundo literario", expresó el pintor en 1991.
Afectado por la exclusión, Matta regresó a Europa y entre 1948 y 1958, creó el Infrarrealismo, que resurgió en México con un grupo de poetas locales y dos chilenos, el escritor Roberto Bolaño y el poeta Bruno Montané. "Fue una especie de dadaísmo de grupo que organizaba eventos más bien chuscos. Fueron unas cincuenta personas que, como poetas valían la pena sólo dos o tres. Cuando Mario Santiago y yo nos marchamos a Europa, el movimiento se acabó. En realidad, el Infrarrealismo era la locura de Mario y mi propia locura", reconocería más tarde Bolaño.

Sombra Azul
Nueva York, en los ’40, se transformó en sucursal de la capital de la bohemia artística, como lo fue París veinte años antes. Tertulias literarias, reuniones donde se negociaban formas idealistas de cambiar el mundo y exposiciones, eran la rutina americana que sacaban, momentáneamente, a Breton de su depresión.
Un frío día de diciembre, en un pequeño y sencillo restaurante, Duchamp y Breton esperaban a otros miembros del grupo. En su lugar llegó una mística mujer, delgada y estilizada, de ojos tristes y hermosos. Era la viñamarina Elisa Bindhoff, que aún no se recuperaba de la pérdida de su hija adolescente y del tifus que casi la manda al cementerio.
Breton fijó su mirada en aquella aparición divina.
"¡Qué cabeza tan extraordinaria tiene!", le comentó Elisa a su amiga también chilena, Julia Cohen, tal como cuenta el libro ‘Breton, entre dos estrellas’, de Marcela Godoy. "¿Qué será? No es músico...mmm, pintor tampoco. Puede ser escritor o tal vez poeta", relató Elisa al diario ‘El Mercurio’.
Al día siguiente, Breton regresó al restaurante. Roberto Matta, que paseaba por esa calle, quiso compartir junto a su maestro, pero percibió una extraña ansiedad en el escritor francés y desistió. Luego, apareció Elisa.
Tal como recordó Elisa Bindhoff poco antes de su muerte, un decaído Breton se sentó junto a ella y le dijo "sabía que regresarías", la miró de cerca y agregó "Pareces venir de otro mundo". "Es cierto, de allá vengo", respondió Elisa.
"Cuando te vi, estaba aún toda la niebla de una especie indecible en tus ojos. (...) te veía solamente engalanada de una sombra azul como aquella que baña los juncos al amanecer y no podía dudar que tú venías de aún más lejos", escribiría más tarde el poeta en ‘Arcano 17’, obra inspirada en un sueño de Elisa.
Desde ese día la pareja Breton-Bindhoff no se separó más. Se casaron en 1945 en Estados Unidos y terminada la guerra volvieron a París. Pero las cosas en Francia fueron distintas. Elisa tuvo que convertirse en una abnegada esposa, cocinera y nana. A pesar de que el escritor la amaba con locura, su fuerte personalidad terminó por opacarla. Elisa, su musa, tenía permitido asistir a las reuniones de los integrantes que quedaban del movimiento, pero no debía intervenir. Se sentaba detrás de Breton y sólo oía.

Breton y la Mandrágora
"Aunque Breton no ha pisado nunca tierra chilena, él vive entre nosotros, por medio de su influencia", escribió Teofilo Cid. Contrariamente de lo que se piensa, el surrealismo, no llegó a Chile por intermedio del poeta Vicente Huidobro, quien se oponía a la corriente por creer que los preceptos del padre del surrealismo convertían a la poesía en "una trampa espiritista".
En 1928 Breton publicó la novela ‘Nadja’. Una década después esta deslumbrante obra llegó a las manos de un liceano de Talca, Braulio Arenas. Allí el imberbe encontró la posibilidad de reinventar el camino para definir la juventud de su época. Así, compartió su descubrimiento con Teófilo Cid y Enrique Gómez-Correa, en ese entonces dos adolescentes rebeldes.
"Nosotros creíamos, de buena fe, en la posibilidad de crear un movimiento surrealista a la manera francesa, aunque por exceso de modestia disfrazáramos intencionalmente dicho movimiento con un nombre foráneo", declaró Teófilo Cid.
Gómez-Correa había probado la mandrágora, planta narcótica a la que se le asignaban propiedades mágicas y oscuros poderes, y con el nombre de la hierba debutaron como grupo literario en Santiago el 12 de julio de 1938, aunque primero se desarrolló como un proyecto político. Sin embargo, el paulatino distanciamiento que establecieron los mandragoristas con respecto a ese discurso, los hizo perfilarse como representantes de la continuidad del surrealismo de Breton.
A modo de homenaje para quien muriera en septiembre de 1966, Teófilo Cid declaró con devoción: "Breton nos ha acompañado en las amargas horas de soledad, en las risueñas horas de lucha y nos ha servido de unión cuando la vida sórdida, haciendo uso de sus más viles representantes, ha querido separarnos".

©la nación

rss

encanto y desencanto de las autobiografías falsas


[Anne Applebaum] La memoria era un éxito de ventas, una sensación literaria, una lectura obligatoria. Desafortunadamente, su material más sensacional y más convincente era inventado -un hecho sobre el que muchos de sus lectores se enteraron por medio de un polémico y muy mencionado programa de televisión.
No me refiero a la ‘memoria’ empapada en drogas, sangre y alcohol de James Frey, ‘A Million Little Pieces’, que llevó a las excusas sin precedentes de Oprah Winfrey la semana pasada. Estoy hablando de la ‘memoria’ ‘Pentimento’, de Lillian Hellman, publicada en 1973 y denunciada en el programa ‘The Dick Cavett Show’ por la escritora Mary McCarthy en un lenguaje significativamente más fulminante que el que estamos acostumbrados a oír en la televisión diurna: "Cada una de las palabras que escribió es una mentira", dijo McCarthy -una declaración mucho más memorable que la frase "Me siento timada", de Winfrey.
Pero lo que es interesante en una comparación de los dos libros no es que nos dicen sobre la evolución de los programas de entrevistas de Dick Cavett a Oprah -ese análisis deben hacerlo los profesores de estudios de los medios de comunicación- sino lo que nos dicen sobre la evolución de las invenciones literarias. La más famosa invención de Hellman fue un personaje llamado Julia, una amiga que supuestamente convenció a Hellman de introducir ilegalmente dinero en Alemania para ayudar a la resistencia anti-nazi. En ‘Pentimento’, las descripciones de Hellman de esa mítica entrada en tren en Alemania en 1937 son impactantes. Hay una niña en el compartimento del tren que hace demasiadas preguntas, un emotivo encuentro con Julia en una estación y varias otras escenas emocionalmente convincentes que nunca tuvieron lugar. El personaje Julia se deriva en realidad de la historia de vida de una mujer llamada Muriel Gardiner, a la que Hellman conocía, pero que nunca había encontrado personalmente.
Lo más extraordinario al releer ‘Pentimento’ (que no recomiendo necesariamente) es el pintoresco, casi anticuado heroísmo de la historia. Hellman se reinventa a sí misma y su amigo no existente como una mujer valiente y de principios, dispuesta a luchar por la causa justa incluso ante grandes peligros. En ese sentido, el trabajo de Hellman pertenece a una larga línea de fantasiosos, que se remonta al Barón von Munchausen y más allá -embaucadores que se inventaron a sí mismos como personas mejores, más valientes o con más sangre azul de lo que realmente eran o tenían.
Frey, en contraste, pertenece a una tradición de emergencia más reciente y que ha sido muy bien descrita por el escritor y psicólogo británico Anthony Daniels como la "toma literaria de la victimización". Estos embaucadores se reinventan a sí mismos no como héroes sino como víctimas, un estatus que a alcanzan a veces cambiando su origen étnico. Entre ellos se encuentra Bruno Grosjean, alias Binjamin Wilkomirski, cuya emotiva y galardonada historia ‘autobiográfica’ sobre su infancia en el campo de concentración Majdanek resultó ser la fantasía del hijo adoptivo de una rica pareja suiza. Otra fue Helen Darville, alias Helen Demidenko, cuya emotiva y galardonada historia ‘autobiográfica’ sobre una niña ucraniana cuyo padre era un antiguo oficial de las SS resultó ser la fantasía de una niña británica de clase media que vivía en los suburbios de Brisbane, Australia.
Y la tendencia continúa: En los últimos días todavía otro galardonado autor que se llama a sí mismo ‘Nasdijj’ y reclama ser el hijo de un violento vaquero y una india norteamericana alcohólica (y que, de niña, pasó hambre, fue "violado, golpeado, azotado y obligado en toda ocasión a trabajar en los campos", según dijo a un entrevistador), ha sido ‘descubierto’ como un escritor de novelas eróticas blanco llamado Timothy Barrus. Como escribió Daniels en New Criterion hace algunos años, "donde los fantasiosos se habrían inventado antes orígenes familiares de aristócratas privilegiados, ahora se inventan infancias rebosantes de miseria. Ahora es la ausencia de privilegios, no los privilegios, los que ahora confieren prestigio a la biografía de una persona".
En cuanto a Frey, se presentó no sólo como un delincuente juvenil sino como un personaje extravagantemente malo -"Yo era un tipo malo", dijo originalmente a Oprah. Fue la mayor parte de su vida, escribió, un delincuente alcohólico y drogadicto. Aunque su violencia y excesos en realidad se limitaron a su vulgar prosa, Frey es lo suficientemente listo como para darse cuenta de que la degradación moral es lo que, hoy por hoy, te procura admiración, fans y dinero.
No estoy escribiendo aquí un elogio a Lillian Hellman (cuyas otras fantasías incluyen una profunda creencia en la bondad del estalinismo), sino más bien señalando lo mucho que ha cambiado el mundo en treinta años. Antes admirábamos a la gente que decía haber peleado contra los nazis. Ahora admiramos a la gente que dice haber luchado contra su propia drogadicción -y los admiramos realmente, pero realmente si le han pegado a sacerdotes, peleado con los polis, despertado frecuentemente cubiertos por su propio vómito y pasado un montón de tiempo en la cárcel.

applebaumanne@yahoo.com

2 de febrero de 2006

©washington post
©traducción mQh

rss