caen sicarios en caso de decapitaciones
[Héctor Tobar] Arrestan a asesinos a sueldo guatemaltecos.
Ciudad de México, México. El martes funcionarios policiales declararon haber capturado a tres nacionales guatemaltecos que formaban supuestamente una cuadrilla de asesinos a sueldo de un cartel de la droga implicado en una espeluznante guerra territorial en el estado de Michoacán, al sur de México.
Funcionarios mexicanos dijeron que estaban investigando si los tres detenidos el lunes eran antiguos miembros de la unidad de fuerzas especiales del ejército guatemalteco, los kaibiles.
Se les sospecha de haber participado en un ataque armado la semana pasada contra una discoteca en la ciudad de Uruapán, en el que los atacantes arrojaron a la pista de baile las cabezas cercenadas de cinco traficantes.
A principios de año, el principal investigador del crimen organizado en México, José Luis Santiago Vasconcelos, dijo que creía que había unos cien kaibiles trabajando para carteles de la droga mexicanos.
La guerra entre carteles por la producción y distribución de drogas como cocaína y anfetamina ha costado la vida a 345 personas este año en Michoacán, más que en cualquier otro estado, de acuerdo a un conteo del diario Reforma.
A nivel nacional se estima que este año, en la guerra de los carteles han muerto entre 1.300 y 1.400 personas, de acuerdo a Reforma y El Universal, otro diario. Los funcionarios federales no llevan estadísticas.
Ataques con granadas, emboscadas con armas de asalto y el asesinato de agentes de policía se han convertido en cosas de todos los días en la ciudad fronteriza de Nuevo Laredo, el balneario de la costa del Pacífico, Acapulco, y otros lugares.
La presencia en los carteles de la droga de ex soldados guatemaltecos ha sido reportada desde hace algunos meses.
Los tres guatemaltecos forman parte de un grupo de cinco hombres detenidos por tropas del ejército mexicano en la ciudad de Aguililla, en las montañas, a unos 390 kilómetros al sudoeste de Ciudad de México.
Los funcionarios dijeron que los cinco detenidos en Michoacán estaban viajando con un arsenal que incluía una docena de rifles de asalto, miles de municiones, nueve cascos Kevlar similares a los usados por los militares norteamericanos, uniformes de la policía y tres granadas de fragmentación.
Una carrera por armarse entre carteles rivales ha llevado a muchas organizaciones criminales a reclutar a ex soldados, conocidos como los zetas, que son apreciados por su adiestramiento militar.
En los últimos meses, las cabezas decapitadas se han convertido en una firma en la guerra de las drogas en los estados sureños de Michoacán y Guerrero -algunos ven en estos crímenes la mano de los kaibiles, que son conocidos por su brutal campaña antiinsurgente de tierra quemada en Guatemala en los años ochenta y noventa.
Los guatemaltecos arrestados fueron identificados como vecinos de las provincias guatemaltecas de Escuintla y San Marcos.
Funcionarios dijeron a la prensa mexicana que los hombres eran sospechosos de una ola de asesinatos que se ha cobrado la vida de 12 personas desde el 3 de septiembre.
La semana pasada hombres armados ocuparon el club nocturno Luz y Sombras en Uruapán. Después de ordenar a los parroquianos que se arrojasen al suelo, arrojaron las cinco cabezas cercenadas a la pista de baile del club. De acuerdo a informes de la prensa mexicana, los cinco fueron asesinados en venganza por el asesinato el 3 de septiembre de una mujer embarazada asociada a una banda rival de narcotraficantes. Esa víctima fue hallada decapitada y con un dedo menos.
"La familia no mata por paga", decía un cartel dejado junto a las cabezas decapitadas. "No mata mujeres, no mata inocentes. Sólo muere quien deve [sic] morir; sépanlo toda la gente, esto es justicia divina".
Seis cuerpos más, con sus cabezas todavía colgando de sus cuerpos, fueron arrojados a una fosa común dos días después en un pueblo rural en las afueras de Uruapán.
Ciudad de México, México. El martes funcionarios policiales declararon haber capturado a tres nacionales guatemaltecos que formaban supuestamente una cuadrilla de asesinos a sueldo de un cartel de la droga implicado en una espeluznante guerra territorial en el estado de Michoacán, al sur de México.Funcionarios mexicanos dijeron que estaban investigando si los tres detenidos el lunes eran antiguos miembros de la unidad de fuerzas especiales del ejército guatemalteco, los kaibiles.
Se les sospecha de haber participado en un ataque armado la semana pasada contra una discoteca en la ciudad de Uruapán, en el que los atacantes arrojaron a la pista de baile las cabezas cercenadas de cinco traficantes.
A principios de año, el principal investigador del crimen organizado en México, José Luis Santiago Vasconcelos, dijo que creía que había unos cien kaibiles trabajando para carteles de la droga mexicanos.
La guerra entre carteles por la producción y distribución de drogas como cocaína y anfetamina ha costado la vida a 345 personas este año en Michoacán, más que en cualquier otro estado, de acuerdo a un conteo del diario Reforma.
A nivel nacional se estima que este año, en la guerra de los carteles han muerto entre 1.300 y 1.400 personas, de acuerdo a Reforma y El Universal, otro diario. Los funcionarios federales no llevan estadísticas.
Ataques con granadas, emboscadas con armas de asalto y el asesinato de agentes de policía se han convertido en cosas de todos los días en la ciudad fronteriza de Nuevo Laredo, el balneario de la costa del Pacífico, Acapulco, y otros lugares.
La presencia en los carteles de la droga de ex soldados guatemaltecos ha sido reportada desde hace algunos meses.
Los tres guatemaltecos forman parte de un grupo de cinco hombres detenidos por tropas del ejército mexicano en la ciudad de Aguililla, en las montañas, a unos 390 kilómetros al sudoeste de Ciudad de México.
Los funcionarios dijeron que los cinco detenidos en Michoacán estaban viajando con un arsenal que incluía una docena de rifles de asalto, miles de municiones, nueve cascos Kevlar similares a los usados por los militares norteamericanos, uniformes de la policía y tres granadas de fragmentación.
Una carrera por armarse entre carteles rivales ha llevado a muchas organizaciones criminales a reclutar a ex soldados, conocidos como los zetas, que son apreciados por su adiestramiento militar.
En los últimos meses, las cabezas decapitadas se han convertido en una firma en la guerra de las drogas en los estados sureños de Michoacán y Guerrero -algunos ven en estos crímenes la mano de los kaibiles, que son conocidos por su brutal campaña antiinsurgente de tierra quemada en Guatemala en los años ochenta y noventa.
Los guatemaltecos arrestados fueron identificados como vecinos de las provincias guatemaltecas de Escuintla y San Marcos.
Funcionarios dijeron a la prensa mexicana que los hombres eran sospechosos de una ola de asesinatos que se ha cobrado la vida de 12 personas desde el 3 de septiembre.
La semana pasada hombres armados ocuparon el club nocturno Luz y Sombras en Uruapán. Después de ordenar a los parroquianos que se arrojasen al suelo, arrojaron las cinco cabezas cercenadas a la pista de baile del club. De acuerdo a informes de la prensa mexicana, los cinco fueron asesinados en venganza por el asesinato el 3 de septiembre de una mujer embarazada asociada a una banda rival de narcotraficantes. Esa víctima fue hallada decapitada y con un dedo menos.
"La familia no mata por paga", decía un cartel dejado junto a las cabezas decapitadas. "No mata mujeres, no mata inocentes. Sólo muere quien deve [sic] morir; sépanlo toda la gente, esto es justicia divina".
Seis cuerpos más, con sus cabezas todavía colgando de sus cuerpos, fueron arrojados a una fosa común dos días después en un pueblo rural en las afueras de Uruapán.
hector.tobar@latimes.com
Carlos Martínez contribuyó a este reportaje.
13 de septiembre de 2006
©los angeles times
©traducción mQh
"¿Es difícil ser optimista?", preguntó Bryant Gumbel a Coleman en el programa ‘Today', quince días antes de la fecha de ejecución.
Fiscales federales acusaron formalmente a dieciocho miembros de la pandilla de la Calle 18, incluyendo a un cabecilla encarcelado de la mafia mexicana, por cargos de extorsión, conspiración y tráfico de drogas en una trama en la que presuntamente vendían a narcotraficantes calles en zonas de Wilshire, Koreatown y Pico Union a tarifas semanales y mensuales.
Alta, delgada y profundamente seria, a los 28 años Kathleen Behan llegó a Arnold & Porter en julio de 1990 como otra de sus abogados asociados y con una inquebrantable hostilidad hacia la pena de muerte. Uno de los primeros casos que le tocó tratar fue la apelación de Roger Coleman.
En una ocasión, cuatro agentes de policía de Chicago cogieron sus armas de servicio, despejaron un bar del Lado Sudoeste y obligaron al propietario a llevarlos a su casa en los suburbios, donde le robaron miles de dólares.
La pared de atrás de la oficina de Jim McCloskey es su currículum. De ahí cuelga una impresionante colección de fotografías de tres docenas de hombres inocentes a los que ayudó a salir de la cárcel, la mayoría de ellas tomadas cuando estaban saliendo.
Soysambu, Kenia. De todas las encumbradas familias británica que llegaron a este país, para no volver, ninguna es tan famosa como la de los Delamere.
El Thomas Cholmomdeley que describen sus amigos blancos es muy diferente: encantador, sincero, un atento interlocutor, un padre dedicado a sus dos hijos, el tipo de hacendado que habla en swahili con sus trabajadores y los mira a los ojos.
Stockton, Nueva York, Estados Unidos. A su padre lo apodaban Buck, así que a él lo llamaron Bucky, un niño risueño en las viejas fotografías, con el bosque detrás de él. Vivía en una choza cerca de aquí con una hermana y padres pobres, y jugaba fuera, sentado en un sillón de fantasía y mirando una televisión postiza, ambos de heno.
Phillips nació el 19 de junio de 1962, hijo de Ralph y April Phillips. Su padre era 40 años mayor que su madre, le gustaba beber y tenía violentos estallidos, dijeron varios miembros de la extensa familia de Phillips.