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renace el chamanismo


[Choe Sang-Hun] En la moderna Corea del Sur.
Seúl, Corea del Sur. Yang Soon-im dice que empezó a comunicarse con los espíritus de las montañas y de antiguos guerreros hace más de medio siglo, cuando tenía siete años. Pero fue décadas después de eso, cuando su hijo sobrevivió milagrosamente una herida de cuchillo, que decidió que no tenía otra alternativa que convertirse enteramente en un canal de los espíritus para comunicarse con los vivos: una mudang, o chamán.
"La encontré cantando sentada en el tejado, a las cuatro de la mañana", dijo sobre ese día hace 25 años su marido, Choi Jong-sam, 62. "Estaba fumando cuatro cajetillas de cigarrillo al mismo tiempo. Me dijo que los dioses de la montaña habían salvado a su hijo como parte de una suerte de pacto. La di una palmada en la cara para ayudarla a recobrar la cordura.
"Entonces sus ojos destellaron como los de un perro salvaje cuando va a morder a un hombre".
El acuerdo que la señora Yang cerró con sus espíritus valió la pena también de otro modo. Ahora, a los sesenta, es una de las chamanes más solicitadas de Seúl -un importante miembro de una profesión que ha sobrevivido siglos de ridículo y persecución y que ahora está gozando de un renacimiento aparentemente incongruente en uno de los países más tecnológicamente avanzados del mundo.
Se calcula que hay unos trescientos templos chamanísticos a menos de una hora del centro de la dinámica ciudad de Seúl, y, en ellos, los chamanes realizan todos los días sus clamorosas ceremonias. Ofrendan cerdos para aplacar a los dioses. Danzan con armas de juguete para consolar los espíritus de los niños muertos. Intimidan a los espíritus malignos caminando descalzos sobre hojas de cuchillo.
"Antes hacíamos nuestros rituales a escondidas", dice Yang, que realiza dos o tres rituales en un día ajetreado. "Nuestros clientes lo mantienen en secreto, ocultándolo incluso de sus propios familiares. Ahora no nos avergüenza hacerlo en público. Apenas puedo tomar tres días libres al mes".
El chamanismo coreano está enraizado en antiguas creencias nativas compartidas por muchas religiones populares del nordeste asiático. La mayoría de los mudangs son mujeres que dicen que descubrieron sus capacidades para servir como intermediarios entre los mundos humano y espiritual después de superar alguna enfermedad crítica. Creen que el aire está poblado de espíritus, incluyendo los de los familiares difuntos, un zorro en las colinas detrás de una aldea, un viejo árbol o incluso un fogón. Estos espíritus se relacionan con la gente e influyen en sus destinos.
Así que cuando los coreanos tradicionalistas enferman inexplicablemente o pasan por rachas de mala suerte en los negocios o una hija no puede encontrar marido, consultan a un chamán.
"Si contacto el espíritu de un hombre que murió de cáncer al estómago, tengo dolor de estómago durante varios días", dice Kim Hong-kyung, 33, que ha hecho rituales con Yang. "Si me relaciono con el espíritu de una mujer que murió durante el parto, mi barriga se infla como si fuera la de una mujer embarazada".
En un año de elecciones como este, los chamanes más famosos tienen su libro de citas lleno. Los políticos, se trate de cristianos o budistas, acuden a ellos en tropel, preguntando si, por ejemplo, cambiar de sitio los restos de sus ancestros hacia lugares más propicios podría asegurar la victoria.
"Mire a su alrededor", dijo Kim Myun-soon, 41, un mudang que, en un ritual reciente, decapitó a un pollo con sus propias manos. "Gran parte de la naturaleza está arruinada. Los espíritus de árboles y rocas han sido desplazados y acosan a los humanos porque no tienen dónde ir. Así no sorprende que nuestro país sea un caos".
Los chamanes fueron retratados como demonios por misioneros cristianos y obligados a entrar en la clandestinidad durante el gobierno colonial japonés. Los gobiernos militares que se sucedieron después de la Guerra de Corea los desprestigiaron, llamándolos charlatanes, y a menudo los expulsaron de las aldeas, quemando sus santuarios. Pero hoy, cuando incluso muchos de los que consideran el chamanismo como una superstición, reconocen que es un importante depositario de la cultura coreana, porque los rituales han conservado los atuendos, música y danzas tradicionales. Gobiernos recientes han documentado y fomentado los rituales como "recursos culturales intangibles".
Se calcula que hay trescientos mil chamanes, uno por cada 160 surcoreanos, de acuerdo a la Asociación de Creyentes de Corea, que representa a los chamanes. Son furiosamente independientes, adorando a diferentes dioses, y sin compartir ningún cuerpo de escrituras. Y son altamente adaptables. Cuando internet llegó a Corea del Sur, los chamanes estuvieron entre los primeros en iniciar páginas comerciales en la web, ofreciendo lecturas del futuro online. Muchos chamanes más jóvenes llevan blogs.
"En nuestro último estudio, encontramos 273 categorías de dioses venerados por los chamanes coreanos. Si tomamos las subcategorías, encontramos diez mil deidades", dijo Hong Tea-han, profesor de la Universidad de Chung-Ang en Seúl que investiga el chamanismo. "El chamanismo coreano es una gran olla podrida. Nunca rechaza nada. Integra todo lo que le llega, haciendo infinitos compromisos con otras religiones y cambios sociales. Eso explica por qué ha sobrevivido durante miles de años".
Hay chamanes que adoran a Jesús, la Virgen María, incluso a Park Chung-hee, el último dictador militar surcoreano. Durante los gobiernos militares pro-americanos de los años setenta, hubo chamanes que adoraban como a un dios al general Douglas MacArthur. Cuando el espíritu de MacArthur tomaba posesión de ellos, se ponían gafas de sol, fumaban pipa y emitían sonidos que algunos clientes tomaban por inglés.
"Hasta hace unos diez o quince años, teníamos muy pocos chamanes que rezaran ante una estatua de MacArthur aquí", dijo Aegibosal, un chamán de Inchon, la ciudad portuaria donde desembarcaron las tropas de MacArthur en 1950. "Ahora ya no se los ve".
El eclecticismo del chamanismo ha influido las opiniones coreanas sobre la religión, ayudando a hacer de Corea del Sur uno de los más países más sincréticos del mundo -un país donde el budismo, el confucionismo y el cristianismo coexisten pacíficamente y a menudo se yuxtaponen, dijo Yang Jong-sung, curador de Museo Nacional de Folclore de Corea.
"El chamanismo coreano es muy, muy materialista, y terrenal, como los coreanos", dijo el curador. "No creo que un pastor cristiano pueda tener éxito aquí si sólo habla sobre el cielo sin tocar la salud y la prosperidad material".
En un ritual reciente, Yang y dos asociados pasaron horas apilando su altar meticulosamente con frutas, pescado seco y tartas de arroz. Decoraron su cuarto con retratos de dioses y una maleta cerrada llena de atuendos de colores brillantes que se fueron poniendo en diferentes momentos del rito.
Su cliente, una enfermera de 51 años, quería la ayuda de los chamanes para obtener el divorcio de su infiel marido. En lugar de eso, a cambio de cinco millones de won, o cinco mil 400 dólares, los chamanes prometieron ayudarla a reconciliarse.
El diagnóstico de Yang: el marido se había convertido en un "tábano que te chupa la médula espinal", porque la pareja había sido maldecida por un bebé que ella había abortado, un tío que se había suicidado y un pozo que su familia había tapado años antes.
Yang y la enfermera se abrazaron y sollozaron cuando la madre muerta de la enfermera, que ella no había mencionado a los chamanes, habló a través de Yang. Entonces el joven colega de Yang, Chung Joon-ha, 42, ex sargento del ejército, bailó con cuchillos y un trozo de carne de cerdo crudo en la boca, haciendo girar los ojos en sus cuencos.
"Somos como un hospital", diría más tarde. "Operamos a la gente de la mala suerte".

10 de julio de 2007
7 de julio de 2007
©new york times
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perro con derecho a voto


[Tomas Alex Tizon] Dueña de perro hace trampa en las urnas, con su perro.
Federal Way, Washington, Estados Unidos. Cualquiera que lea las listas de votación del condado de King encontrará bajo la M a un tal Duncan M. MacDonald, un mix de pastor australiano con terrier de peludas patas y una brillante y negra nariz.
La dueña de Duncan, Jane Balogh, 66, que se describe a sí misma como una "abuelita de pelo blanco", se muestra asombrada de que su perro siga en las listas meses después de que informara a las autoridades sobre su ardid.
Balogh dijo que quería exponer la laxitud de las leyes de inscripción y mostrar lo fácil que es que una persona sin derecho a voto se consiga una papeleta de votación y, potencialmente, vote para torcer los resultados de una elección.
Funcionarios del condado de King, que incluye a Seattle y este suburbio de Federal Way de 83 mil habitantes están tan descontentos con la dueña de Duncan que están determinados a acusarla de fraude electoral, un delito por el que puede ser condenada hasta a un año de cárcel.
Se ha fijado la fecha de la vista preliminar para el 11 de julio.
Entretanto, un popular programa radial conservador ha aclamado la acción de Balogh, mientras que el diario más importante del estado, el Seattle Times, en un editorial reciente condenó su treta por haber "cruzado la línea".
Balogh, que se describe a sí misma como tímida y retraída, está asombrada por la atención que ha recibido, pero sigue resuelta a pelear hasta el final. Podría haberse declarado culpable de un cargo menos grave y haber terminado con el asunto, pero el viernes llegó al tribunal del condado de King con un abogado y dijo al juez que prefería enfrentarse a un juicio.
"Sí, estoy muy nerviosa por todo esto", dijo Balogh en una entrevista en su casa. "Pero yo no estaba tratando de cometer fraude en una elección ni de hacer nada ilegal. Sólo quería llamar la atención sobre algo. Pensé incluso que me darían las gracias".
Veterana del ejército con dos hijos maduros, Balogh vive con Duncan, otros tres perros y cinco gatos en una tranquila parcela bordeada de árboles junto a una cancha de golf. Dice que es una empedernida escritora de cartas que tiene opiniones muy marcadas sobre las cosas.
Después de las acusaciones de fraude electoral en la elección presidencial de 2000 y en la carrera por la gobernación de 2004 en Washington, Balogh, animada por su familia y amigos, dio con la idea de inscribir como votante a uno de sus perros.
A principios de 2006 colocó su cuenta de teléfono a nombre de Duncan y luego usó la factura del teléfono como identificación para inscribirlo como votante en el condado de King. Como parte del proceso, firmó el formulario que declaraba a Duncan elector legítimo -que está en el meollo de la acusación en su contra.
En las tres elecciones subsecuentes, Balogh envió papeletas de voto por correo a nombre de Duncan. Escribió "nulo" en las papeletas y firmó los sobres con una impresión de una pata.
Al mismo tiempo que enviaba las papeletas de Duncan, escribió cartas a los legisladores contándoles el truco y suplicándoles que "mejoraran el sistema".
Las papeletas, dijeron los funcionarios, habrían sido contadas si ella no hubiese llamado la atención sobre sí misma.
Finalmente recibió una llamada de un empleado del registro electoral y poco después fue visitada por un detective del condado de King. El despacho del fiscal, en lugar de acusarla de fraude, le propuso un cargo por infracción -mentir o hacer declaraciones engañosas a un funcionario público- si aceptaba declararse culpable. La pena habría sido de diez horas de trabajo comunitario y una multa de 250 dólares.
Al principio, Balogh aceptó, pero dijo bajo la suplicante mirada de Duncan, decidió retractarse. También está irritada de que el nombre de Duncan siga en las listas de votación. Funcionarios electorales dijeron que sacar a alguien de las nóminas de votación es mucho más difícil que la inscripción. Implica una recusación y una vista pública.
"Esto lo tomamos muy, muy en serio", dijo Bobbie Egan, portavoz de la oficina de registro electoral del condado de King. Egan calificó las acciones de Balogh "un ataque contra la democracia" y "una manipulación del sistema".
Sí, Balogh había hecho un punto, dijo Egan, pero "después de todo cuando la procesen tendrá que decidir si acaso valía la pena".
La inscripción electoral es fácil porque el objetivo es involucrar en el proceso electoral a la mayor cantidad de gente posible, dijo Egan. "Al final del día, nuestro objetivo es el sufragio". Convertir ese proceso en algo complicado o difícil podría disuadir a la gente a la hora de votar.
Pero aunque el proceso es fácil, el documento -el formulario de inscripción- es el equivalente de una declaración jurada. "No puedes mentir en una declaración jurada", dijo el procurador interino del condado de King, Dan Satterberg.
"Ella tenía que demostrar algo, y nosotros también", dijo Satterberg. "Tiene que haber una respuesta".

tomas.alex.tizon@latimes.com

9 de julio de 2007
1 de julio de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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alimentos sin etiqueta de origen


[Andrew Martin] Industria ganadera ha logrado impedir la implementación de la ley que obliga a declarar el país de origen en el envoltorio de las carnes.
En todos los supermercados estadounidenses las etiquetas informan a los compradores de dónde provienen sus mariscos. Pero esas etiquetas no existen para el caso de las carnes, las frutas o las nueces.
Detrás de la contradicción se oculta una lección en poder político en Washington, donde los cabilderos y miembros del Congreso han logrado posponer la implementación de una ley aprobada hace cinco años que exige que las carnes, frutas y pescados sean provistos de etiquetas de origen.
Ahora que los demócratas controlan el Congreso y con cada vez más dudas sobre la seguridad de los alimentos provenientes de China, los proponentes de la ley de etiquetado dicen que creen que finalmente podrán implementar la ley.
Después de todo, dicen, en una época en que los consumidores están cada vez más preocupados sobre el origen de sus alimentos, ¿por qué no explicitarlo en el envase?
"En primer lugar, este es un derecho básico del consumidor", dice Michael Hansen, científico de la Unión de Consumidores, un grupo activista que publica la revista Consumer Reports y apoya la ley de etiquetado. "La gente está cada vez más preocupada sobre los alimentos que consume".
Pero la ley de etiquetado tiene formidables enemigos, incluyendo al lobby de la carne que de momento ha sido más hábil que sus rivales en el Capitolio. Desde que fuera aprobada la ley de etiquetado como parte de la Ley de Granjas de 2002, sus opositores han logrado bloquear su implementación, excepto en el caso de los mariscos.
Los que se oponen a la ley dicen que creen que es demasiado trabajo y caro y que es simplemente una estrategia de los agricultores y ganaderos estadounidenses para bloquear a los competidores extranjeros más baratos.
Además, dice, los vendedores detallistas pueden colocar etiquetas de origen voluntariamente, como ya lo hacen con la leche sin hormonas y los alimentos orgánicos.
"Nadie ha prohibido que se coloquen etiquetas en esos productos", dijo el ex representante Henry Bonilla, republicano de Texas, que como director del subcomité de asignaciones en agricultura logró retrasar la implementación de la ley de etiquetado. "Si los consumidores lo quisieran, lo habrían exigido".
Los críticos dicen que los vendedores de carne no quieren que los consumidores sepan que una cantidad creciente de la carne para hamburguesas, y las frutas, provienen del exterior.
El destino del etiquetado por país de origen, conocido como COOL, será probablemente resuelto en los próximos meses, cuando el Congreso rescriba las medidas para la agricultura.
La guerra por la ley del etiquetado se produce en momentos en que los agricultores estadounidenses hacen frente a una creciente competencia de todos los rincones del mundo: frijoles de soya de Brasil, trigo de Ucrania y manzanas de China, para nombrar algunas. Entretanto, los consumidores estadounidenses están consumiendo más alimentos producidos y procesados en el extranjero.
Durante la última década, el valor de los alimentos importados casi se duplicó, llegando a 65.3 billones de dólares en 2006.
En Washington, el grupo de presión de la carne ha sido históricamente una operación poderosa y eficiente, con profundos vínculos con el Capitolio y el Ministerio de Agricultura. Junto con la industria de comestibles, el lobby de la carne ha librado una efectiva campaña para bloquear los intentos de implementar la ley.
La ley exige que se coloquen etiquetas de origen en la carne de res, cerdo, cordero, frutas frescas y legumbres, mariscos y cacahuetes. Hasta la fecha, el debate ha sido impulsado fundamentalmente por la industria cárnica. Los ramos de las frutas y maní han jugado un papel mucho más modesto.
Los más grandes partidarios de la ley de etiquetado en el Congreso provienen de los estados de las Grandes Llanuras, donde los ganaderos hacen frente a la dura competencia de Canadá.
Una razón importante de que el etiquetado de los mariscos fuera aprobado en 2004 fue el senador Ted Stevens, republicano de Alaska, que era en ese entonces presidente del poderoso Comité de Asignaciones del Senado. Defendió a los pescadores de Alaska, que se veían beneficiados por una disposición en la ley que establecía que el pescado y mariscos incluyeran no solamente su país de origen, sino además si provenía de piscifactorías o si había sido faenado en el mar.
Hoy, los dos lados del debate sobre la etiqueta de origen dicen que el etiquetado del marisco justifica sus argumentos.
Por ejemplo, en marzo, el Instituto de Mercadeo de Productos Alimenticios, una organización gremial, dijo que el etiquetado del marisco había costado diez veces más que los cálculos originales y no había logrado aumentar las ventas del marisco estadounidense.
Pero los Pescadores Unidos de Alaska cuentan otra historia, diciendo que el etiquetado de origen ha logrado aumentar la demanda y el precio de su salmón silvestre. Y con las actuales preocupaciones sobre el marisco chino, el etiquetado del marisco da a los consumidores la opción de comprar otra cosa, dicen sus defensores.
La iniciativa detrás del etiquetado de origen empezó a mediados de los años noventa, cuando los ganaderos se sintieron frustrados por la llegada de carne de res importada, especialmente de Canadá, como consecuencia de los acuerdos comerciales que abrieron las fronteras a las importaciones.
La idea detrás de la propuesta era que, si tuviesen la opción, los consumidores probablemente preferirían los artículos de Estados Unidos por encima de los importados, aunque costasen más. Pero el etiquetado de origen no es solamente una cuestión de patriotismo o un deseo de ayudar a los agricultores estadounidenses. Parte de su atractivo es una mejor supervisión de los alimentos, y algunos partidarios de la medida han utilizado la preocupación de los consumidores poniendo en duda la seguridad de la carne de países como México, Uruguay y Canadá. Las exportaciones chinas constituyen una cifra desdeñable de carne en Estados Unidos.
"El consumidor, al ver la etiqueta del Ministerio de Agricultura de Estados Unidos, naturalmente asumirá que es un producto estadounidense", dijo Bill Bullard, presidente del fondo de Acción Legal de Ganaderos y Rancheros, Agentes de Bolsa de Estados Unidos, una organización de ganaderos conocida como R-Calf. Dijo que el efecto para los vendedores de carne era que "pueden ofrecer un producto más barato y venderlo con la reputación de la industria ganadera norteamericana".
Los opositores del etiquetado de origen dicen que la medida es simplemente proteccionismo, y apoyados en denuncias falsas sobre los productos importados. Los vendedores de carne estadounidenses podrían dejar de comprar ganado importado, dados los costes de separar y llevar archivos de esos productos.
También dicen que sería difícil y caro etiquetar la carne molida, como para las hamburguesas, ya que incluye a menudo carne de diferentes reses.
"Dicen que la calidad de la carne es mejor en Estados Unidos", dice Mark D. Dopp, vicepresidente de asuntos de regulación y abogado general del Instituto Americano de la Carne, un grupo gremial. "Las normas son las mismas. Para esta gente, decir de dónde vienen esos productos inferiores es simplemente un sin sentido".
La legislación para el etiquetado de origen tuvo tropiezos hasta la Ley de Agricultura de 2002, en parte debido al fuerte respaldo de Thomas A. Daschle, entonces el líder de la mayoría en el Senado, donde hay un fuerte apoyo al proyecto. Como compromiso, el etiquetado de origen sería voluntario durante los dos primeros años antes de convertirse en obligatorio en 2004.
Pero esos esfuerzos fueron rápidamente anulados por el lobby de la carne.
Justo después de aprobarse la ley, la ministro de agricultura de la época, Ann M. Veneman, la calificó de "desafortunada" y sugirió que el etiquetado de origen podría violar acuerdos comerciales, ganándose el fuerte reproche de los partidarios de la ley en el Congreso.
Durante el cargo de Veneman, los altos personeros del ministerio de Agricultura incluían a funcionarios con vínculos con la industria de productos cárnicos. Por ejemplo, su jefe de personal, Dale Moore, era el antiguo director de asuntos legislativos de la Asociación Nacional de Ganaderos [National Cattlemen's Beef Association]. El mismo grupo gremial empleaba a su directora de comunicaciones, Alisa Harrison, y al subsecretario Charles Lambert, que debería supervisar el programa de etiquetado.
La Asociación Nacional de Ganaderos [National Cattlemen's Beef Association], que representa a ganaderos y vendedores, se opone a las etiquetas de origen.
El ministerio de Agricultura estimó que el coste de administración del programa en su primer año sería de 1.9 billones de dólares, una cifra que la Oficina de Contraloría del Gobierno dijo que era dudosa y no estaba respaldada por los archivos del departamento.
Pero la verdadera anulación del etiquetado de origen ocurrió en el Congreso.
En 2003, un año de que el etiquetado entrara en vigor, Bonilla logró un retraso de dos años en la obligatoriedad del etiquetado.
Dos años más tarde, nuevamente debido en gran parte a los esfuerzos de Bonilla, la Cámara aprobó un proyecto de ley de asignaciones que prohibía que el ministerio de Agricultura gastase dinero para echar a andar el etiquetado de origen hasta septiembre de 2007.
De acuerdo al Center for Responsive Politics, un grupo independiente que estudia los gastos de las campañas, en 2006 Bonilla recibió de la industria ganadera 158.328 dólares para fondos de campaña, convirtiéndolo en el principal receptor en el Congreso. También fue el principal receptor de fondos de campaña de la industria ganadera en 2004, con 132.900 dólares y segundo en 2002, con 78.350 dólares.
Bonilla, que fue derrotado en 2006 por Ciro Rodríguez, dijo que era normal que los presidentes de comités recibieran contribuciones de las industrias que supervisan. Además, dijo que su distrito era una región fundamentalmente ganadera y agrícola.
Bonilla no disputa que él impidió que la ley de etiquetado entrara en vigor. Pero dijo que era una mala idea que habría sido costosa no solamente para los ganaderos y vendedores, sino también para las tiendas de abarrotes.
Pero ahora, con los demócratas a cargo del Congreso, los partidarios de la ley de etiquetado están tratando de montar su propio grupo de presión y guerra de relaciones públicas en el Capitolio. Y de momento, están recibiendo una acogida más cálida de parte de algunos líderes del Congreso.
Por ejemplo, la representante Rosa L. DeLauro, demócrata de Connecticut y sucesora de Bonilla en el subcomité, es partidaria de la ley de etiquetado. DeLauro recibió 100.750 dólares en contribuciones de la industria agrícola para su campaña de 2006, cuatro mil de los cuales provenientes de la industria ganadera.
"Tendremos una ley obligatoria COOL a más tardar en 2008", declaró.

6 de julio de 2007
2 de julio de 2007
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más misas en latín


[Laurie Goodstein y Ian Fisher] Probable uso más amplio de la misa en latín, anuncian funcionarios del Vaticano.
El Papa Benedicto 16 ha firmado un documento que permitirá que más iglesias adopten la antigua misa en latín que desapareció en gran parte durante los años sesenta, cuando el revolucionario Segundo Concilio Vaticano abriera las puertas al culto en lenguas vernáculas, dicen funcionarios del Vaticano.
El renacimiento de lo que se conoce como la misa tridentina ha sido defendida durante largo tiempo por los católicos tradicionalistas, que dicen que es más emocionante, contemplativa e históricamente auténtica que la misa moderna.
Pero el Papa Benedicto ha encontrado alguna resistencia de parte de cardenales y obispos, muchos de ellos en Europa, que argumentan que el cambio dividirá a la iglesia si promulga dos ritos oficiales en extremo diferentes.
Dicen que podría crear grietas entre las parroquias más pequeñas que no se ponen de acuerdo en qué misa usar y que apesadumbraría a los agobiados miembros de la curia, muchos de los cuales no saben latín y no fueron preparados nunca para realizar el rito antiguo de coreografía más compleja.
En la misa tridentina, el sacerdote da la espalda a la congregación y reza, a veces en susurros, en latín, una lengua en gran parte desconocida para la mayoría de los mil millones de católicos del mundo. Los reformadores del Vaticano II intentaron que la misa moderna fuera más accesible, permitiendo que el sacerdote mirara a la congregación e implicar a los fieles en la oración y cantos, la mayoría de ellos en sus lenguas nativas, aunque incluyendo algunos pasajes en latín.
El problema no es un retorno compulsorio al rito tridentino, que se llama así por el Concilio de Trento del siglo 16, que lo instauró. Aunque es cada vez más popular en pequeños bolsones de la iglesia, no parece que exista una demanda general de su uso. El documento que está siendo estudiado, dicen funcionarios de la iglesia, permitirá que los sacerdotes celebren la misa tridentina sin necesidad de pedir permiso a sus obispos.
Según las reglas actuales, los sacerdotes deben pedir permiso. Y aunque muchos obispos lo otorgan, otros no lo hacen, provocando la frustración de los sacerdotes que quieren hacer más accesible el rito tridentino.
Expertos católicos concuerdan en que el debate no gira solamente sobre el ritual, sino sobre el legado del Concilio Vaticano Segundo, que se reunió en 1962 a 1965.
Algunos católicos tradicionalistas consideran la introducción de la liturgia moderna como el inicio de lo que ven como el decline de la iglesia desde el Vaticano Segundo y esperan que la misa tridentina rejuvenezca su fe. Los liberales dentro de la iglesia temen que si el Papa socava la misa moderna, podría conducir a la reversión de otras reformas de Vaticano Segundo, como relaciones más abiertas con otros credos.
El obispo Kieran Conry, de Arundel y Brigton, en Inglaterra, dijo que había libre y alegremente otorgado permiso para que se celebre la misa tridentina en su diócesis, pero se opone a los cambios de las normas.
"Alguien podría inferir que Benedicto mismo no apoya enteramente las reformas del Concilio Vaticano Segundo", dijo el obispo Conry. "Para muchos, es un símbolo y una bandera".
Aunque según los rumores este cambio ha estado preparándose durante años, incluso durante el reinado del Papa Juan Pablo II, que murió hace dos años, sólo recientemente ha anunciado la iglesia acciones inminentes.
En las últimas semanas, varios altos funcionarios, incluyendo al número dos del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertono, el secretario de estado, fueron mencionados en boletines de prensa diciendo que el documento sería publicado a la brevedad. Funcionarios del Vaticano dicen que el Papa ya lo ha firmado y que será dado a conocer y será puesto en vigor antes de que el Papa inicie sus vacaciones el 9 de julio.
El cardenal Darío Castrillón Hoyos dijo ante una reunión de obispos latinoamericanos en Brasil, en mayo, que el Papa Benedicto estaba motivado en parte por su deseos de llevar de vuelta al redil a los miembros de la Sociedad de San Pío X, un grupo disidente que se opone a las reformas del Concilio Vaticano Segundo.
El fundador de la sociedad, el arzobispo Marcel Lefebvre, fue excomulgado en 1988 después de consagrar a cuatro obispos sin el consentimiento del Vaticano. Murió en 1991. El cardenal Castrillón encabeza una comisión del Vaticano que fue creada para tratar de reconciliar con la iglesia, a los partidarios del arzobispo, que según se dice llegan al millón.
En los últimos meses algunos obispos de Alemania, Bélgica, Gran Bretaña y Francia han instado enérgicamente al Papa a no publicar el documento, alegando que minaría su autoridad y confirmaría la percepción de la iglesia como entidad alejada de la modernidad. El principal bloque de oposición, dicen funcionarios de la iglesia, se encuentra en Francia, donde la Sociedad de San Pío X cuenta con más apoyo.
Además, los judíos y católicos involucrados en relaciones inter-religiosas han expresado preocupación ante funcionarios del Vaticano de que la liturgia tridentina todavía incluya pasajes ofensivos para los judíos. La liturgia del Viernes Santo, por ejemplo, contiene una oración "por la conversión de los judíos".
El Reverendo Keith Pecklers, un académico litúrgico jesuita de la Universidad Gregoriana, en Roma, dijo: "Hemos hecho enormes avances en cuarenta años de relaciones judío-cristianas desde el Vaticano Segundo. ¿Qué puede significar ahora un retorno a una liturgia que ora por la conversión de los judíos los Viernes Santo? No creo que estén pensando en todos los escollos potenciales".
Es posible que el documento sea retenido o incluso desechado, pero los que conocen al Papa dicen que lo dudan.
El Reverendo Joseph Fessio, un sacerdote jesuita estadounidense que ha publicado los libros del Papa, dijo: "Es una persona muy decidida, y es difícil para mí pensar que ha escrito todos esos borradores y gastado todo ese tiempo y no publicarlo. Si realmente cree que eso ayuda a la iglesia, y no lo hace porque algunos obispos se quejan, entonces todo lo que se logrará será reforzar la posición de esos obispos que se oponen a él".
La misa tridentina tiene fans que cubrirán grandes distancias para asistir a iglesias donde todavía se celebre. El domingo pasado en Roma, unas treinta personas, muchas de ellas jóvenes extranjeros, asistieron a la misa de diez y media de la mañana en la iglesia de San Gregorio dei Muratori.
"Te sientes raro cuando vienes la primera vez", dice Leah Whittington, 27, una estudiante universitaria estadounidense. Pero, dice, "simplemente adoro el latín y sentir esa conexión con la iglesia de dos mil años, y encuentro más fácil rezar, porque no hay tanta conversación entre el sacerdote y la congregación".

Peter Kiefer contribuyó al reportaje desde Roma.

29 de junio de 2007
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miseria de la prosperidad de india


[Emily Wax] Dalit de castas inferiores hacen frente a prejuicios y una aplastante pobreza.
Dallipur, India. Los modernos jóvenes indios que trabajan en las centrales telefónicas internacionales de este país tienen una cosa en común: Casi todos proceden de las castas media y alta de India, las elites en esta sociedad altamente estratificada.
India puede vivir un apogeo, pero no los que ocupan el escalón más bajo de la sociedad aquí. Los dalit, también conocidos como intocables, siguen viviendo en la más absoluta pobreza y son discriminados en la educación, los trabajos y la salud. Para ellos, el estatus social y a menudo la ocupación, ya están predeterminadas en el vientre.
Mientras algunos indios habían abrigado la esperanza de que la urbanización y el crecimiento echarían por tierra las creencias sobre las castas, los observadores dicen que la tradición y los prejuicios finalmente han prevalecido.
"Se habla de la India moderna. Pero la verdad es que India no podrá seguir avanzando con el sistema de castas", dice Chandra Bhan Prasad, un escritor dalit y experto en el sistema de castas indio. "Es peor de lo que fueron las leyes Jim Crow en el Sur estadounidense, porque está completamente sancionado por la religión. A pesar de las reformas, la idea de la intocabilidad sigue siendo todavía parte de la vida india".
A medida que crece la economía de India, uno de los retos más serios y resistentes es cómo combatir el arraigado prejuicio de casta. Los dalit, junto a otras castas ‘atrasadas', constituyen la mayoría de los 1.1 billones de habitantes de India, y los sociólogos aquí temen que estos grupos sean dejados atrás.
El contraste entre las brillantes centrales telefónicas de India y la abyecta miseria que es la realidad para muchos dalit, es demasiado obvio aquí en Dallipur, una mísera aldea en las afueras de Varanasi, en el estado de Uttar Pradesh.
Sin electricidad, ni caminos pavimentados o agua corriente, el villorrio es la morada de los campesinos sin tierra mushar, la clase social más baja de los dalit, que trabajan como lustrabotas, recolectores, limpiadores de baños y barrenderos. Esas ocupaciones son todavía consideradas en gran parte de India como ‘contaminadas' y que no merecen respeto.
Aquí, en medio de aldeas de paja y adobe, murieron dos niños de hambre el año pasado -no por escasez de alimentos en la zona, sino como consecuencia de un prejuicio.
Chandrika, 24, una madre dalit, dijo que había llevado a su acongojado hijito de dos años y su débil bebita de veinte meses a un centro sanitario cercano. Allí, suplicó por una tarjeta que le habría dado el derecho a recibir leche gratis para sus hijos desnutridos.
Pero antes de que las enfermeras pudieran examinar a sus niños, los médicos se burlaron de ella y la ahuyentaron, diciéndole que pidiera limosna en el mercado.
"Me dijeron una y otra vez: ‘No queremos veros por aquí. Los intocables sois un fastidio'", dijo Chandrika, una mujer delgada de piel oscura que lloró mientras relataba la muerte de sus hijos. "Debido al estrés yo no estaba produciendo leche. No tenía trabajo. No había nadie que se apiadara de mí".
Las autoridades locales que llegaron a investigar la muerte de sus hijos insistieron en que la tímida madre y sus vecinos en el pueblo levantaran una plataforma de cemento, debido a que para hablar con a los intocables, los miembros de las castas superiores deben hacerlo desde arriba, les dijeron a Chandrika y otros aldeanos. Una tarima de un metro de alto es el único resultado de la investigación en Dallipur.

Carga Heredada
Algunas castas heredan riqueza en virtud de su nacimiento; los intocables heredan deudas.
Entre los indios la casta determina a menudo las esposas, amigos, residencia y lo que es todavía más importante, el trabajo -que forma parte de la creencia hindú de que la condición social en la vida de la gente se deriva de pecados y buenas acciones de vidas pasadas.
Algunos indios creen que la propagación del capitalismo en áreas urbanas puede disolver las castas porque crea nuevas ocupaciones y elimina las obsoletas. Por ejemplo, con el creciente uso de los inodoros de cisternas en las ciudades indias, la evacuación de los desechos humanos, que era antes un trabajo de los intocables, ahora se hace simplemente jalando la palanca de la cisterna.
En los prósperos negocios de Bombay y Nueva Delhi, las castas inferiores venden celulares, zapatos de tenis de cuero y estuches para el maquillaje en pequeñas tiendas y carretones de mano junto a la acera, junto a las castas más altas, todos "con la prisa capitalista por hacer dinero", dijo Prasad, el escritor. "Un empresario de casta baja puede incluso relajarse fumando un cigarrillo con alguien de una casta superior, algo que hace cincuenta años era impensable".
El primer ministro Manmohan Singh comparó hace poco el sistema de castas de India con el apartheid en Sudáfrica, calificándolo no solamente de prejuicio, sino de ser una "mancha para la humanidad".
Los críticos dicen que esas declaraciones se hacen solamente para ganar los votos de las castas más bajas y que los avances de los intocables son marginales.
"India no es una verdadera democracia", dice Anup Srivastava, investigador de la Comisión Popular de Vigilancia de los Derechos Humanos en Varanasi, que está investigando las quejas presentadas por dalit sobre discriminación de parte de sus vecinos, en las escuelas y en los trabajos. "El país es independiente. Pero no la gente. ¿Cómo puede haber una democracia cuando todavía hay gente llamada intocable que es discriminada todos los días?"
Los expertos dicen que más y más hindúes están rechazando su religión porque aprueba el sistema de castas. El mes pasado en Bombay, miles de intocables se convirtieron al budismo, que es descrito en carteles y anuncios de periódicos como una "fe sin castas".
Entretanto, los intocables han logrado algunos avances políticos. El mes pasado, una mujer dalit, Mawayati Kumari, fue elegida con una aplastante victoria en la que supo granjearse el apoyo de otras castas, incluyendo la casta alta de los bramanes, para una alta función en Uttar Pradesh. Su elección fue tan importante para los intocables como la de John F. Kennedy para los católicos irlandeses norteamericanos, dicen aquí muchos expertos en el sistema de castas.
La resistencia a la abolición de las castas proviene de un enraizado temor entre la elite de que serán despojados de su poder económico, que sera repartido entre los pobres. En la medida en que el sistema de castas crea sindicatos informales, el rechazo de las castas podría efectivamente destruir esos sindicatos en un país con la población supera de lejos la disponibilidad de empleos.
Durante casi sesenta años, los programas de acción afirmativa han ofrecido ayuda limitada a los intocables y otras castas bajas. Esos programas han sido siempre polémicos, y contaminados por la política.
En lo que se ha dado en llamar ‘la carrera hacia el fondo', un poderoso grupo de pastores del estado de Rajasthan exigieron este mes ser "socialmente degradados" para poder tener acceso a programas de gobierno y educación. Los pastores, conocidos como los guijjar, loquearon carreteras y vías férreas y quemaron algunos locales comerciales. Tropas del ejército indio y la policía se enfrentaron con los guijjar, provocando la muerte de 23 personas antes de que el gobierno prometiera estudiar sus demandas.
Los gujjar, como los dalit y otras clases inferiores, están peleando por una tajada del auge económico indio, dicen algunos expertos.
Los expertos también dice que el materialismo de estilo americano e incluso las prácticas de contratación de compañías estadounidenses y multinacionales están en realidad endureciendo las distinciones de clase, color y casta.
"Las corporaciones internaciones que inician centrales telefónicas y compañías de tecnología de la información en este país, no se dan cuenta de que el complejo sistema de castas de India en realidad es una forma de racismo", dijo S. Anand, que dirige la editorial independiente de Navayana Publishing, que se especializa en libros sobre las castas. "¿Cómo van las grandes compañías globales a tratar el tema de las castas si muchos dalit ni siquiera pueden ir a la escuela?"
Jóvenes profesionales urbanos de las castas superiores, que tienen mejores accesos a buenas escuelas que sus compatriotas de castas inferiores, están siendo contratados por esas compañías y otras operaciones telefónicas, dicen analistas de las castas indias.
"Las multinacionales no han llegado aquí para empujar reformas sociales", dijo Anand en su casa de Delhi, entre estanterías llenas de libros de B.R. Ambedkar, budista y símbolo del movimiento indio contra las castas. "Llegaron a hacer dinero".
El otro problema es que la elite de India no lucha contra la opresión ni apoya las ideas en pro de la igualdad de las clases trabajadoras.
"Ni siquiera existe la pretensión de luchar contra las castas. No está de moda y no hay estrellas de Bollywood que inicien una causa célebre para que nos preocupemos del trabajador intocable", dice Anand. "De hecho, la gente está dispuesta a matarse para mantener su supremacía. La sociedad lleva mucho tiempo estructurada así. La abolición de las castas es vista como la última amenaza a su estilo de vida y a su identidad india".

Trabajo de Toda una Vida
El vocabulario de todos los días refuerza el sistema de castas. En conversaciones informales, los indios a menudo desdeñan ciertos oficios como ‘atrasados' y la gente hace preguntas sobre las profesiones de los padres. Los dalit mismos han protestado por el uso del término ‘intocable', prefiriendo ‘dalit', que significa ‘gente arruinada'.
En las aldeas dalit, muchas como Chandikra, la madre que perdió a sus hijos, dicen que no son tratadas con respecto y que son acosadas diariamente por otros de castas bajas que están justo por encima de ellos.
El mes pasado, Bechan, un flaco dalit de pelo largo y ondulado y los ojos sanguinolentos, salió a pescar al estanque del pueblo. Cuando volvió, su casa había sido destruida.
Sus dos chozas habían sido incendiadas, convirtiendo su trigo, verduras y todos sus ahorros para la boda de su hija en una pila de ceniza. El estanque pertenecía a la casta patel, y Bechan había entrado ilegalmente.
"Me dijeron que no podía pescar en el estanque", dijo, su voz todavía temblorosa y los ojos llenos de lágrimas. "Me rodearon y me golpearon. Cuando volví a casa, mis ahorros de toda la vida habían sido quemados. Incluso quemaron la dote de mi hija".
Bechan, 45, está viviendo ahora debajo de un árbol, con unas grasientas camisas colgadas entre rama y rama para protegerse en la sombra de temperaturas de hasta 49 grados Celsius. Hizo una denuncia. Canceló la boda de su hija.
Llamada entre un grupo de mujeres patel para que contara su lado de la historia, Hirvavatt Devi, 45, sacudió la cabeza y dijo que los dalit "queman sus propias chozas para cobrar dinero del gobierno. Ya ves que no son muy listos. Para serte franca, son muy sucios".
Algunos aquí esperan que Kumari, la dirigente dalit, sea nombrada ministro en Uttar Prasesh y retome su causa. Entretanto, los ánimos aquí se están caldeando tan rápidamente como el humo gris que todavía se eleva aquí.
"Abusan de nosotros, como siempre", se quejó Rajender, 40, dalit y recolector de basura, levantando las manos. "Nos dicen que India pasa tiempos de prosperidad. Pero el auge de India se basa en nuestra sangre y en nuestro trabajo. Y todavía no podemos pescar aquí ni tocar la tierra. Todavía vivimos vidas incompletas".

27 de junio de 2007
21 de junio de 2007
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el cantinero es coreano


[Brian Lavery] Ahora los bartenderos pueden provenir de los confines de la Tierra.
Dublin, Irlanda. Sirviendo pintas desde detrás del mesón de un bar de moda en uno de los barrios más antiguos de Dublín, el cantinero reconoce que parte de su trabajo es prestar oídos. "Yo sé que el mejor comunicador es un buen oyente", dice. "Así que trato de escuchar".
Nada inusual para un cantinero de Dublín, salvo que Jae Hyuk Lee es coreano y que como gerente del Ice Bar es uno de un creciente número de inmigrantes venidos de otros países que están contribuyendo a conservar los bares tradicionales de Dublín.
En los últimos años, los legendarios establecimientos de alcoholes han empezado a verse amenazados por preferencias cambiantes, a medida que la gente ordena vino para la mesa en los restaurantes, en lugar de una pinta de cerveza en un mesón desgastado y en gigantescas cantinas conocidas despectivamente como superpubs.
El tradicional ambiente de un pub -el cielo raso cubierto de manchas de nicotina, resistentes parroquianos en tweed y cantineros que presiden sobre un conjunto de grifos que eyectan con un suave siseo Guinness y otras cervezas- ha estado desapareciendo poco a poco.
Llegaron los inmigrantes. El pequeño y raro pub de Lee puede estar a todo un mundo de distancia de abrevaderos tan legendarios como el Davy Byrnes's, el bar al otro lado del Río Liffey, frecuentado por Leopoldo Bloom en el ‘Ulyses', de James Joyce. Pero después de dieciocho meses en el Ice Bar, Lee es un personaje familiar en esta parte de la ciudad.
"Todo el mundo me conoce por mi nombre", dijo. "El personal, los clientes y los amigos".
Como los tradicionales bares de Dublín, los bares que atienden a inmigrantes operan de acuerdo a los principios básicos del cantinero irlandés: las bebidas se sirven prontamente, los clientes son tratados con respeto y, cuando se presenta la ocasión, hay que estar dispuesto a escuchar chácharas sobre los problemas del día.
Debido a que los miembros de muchos otros grupos étnicos -de Asia, África y Europa del Este- también han abierto negocios en la zona, el corto y arenoso pedazo de la Calle de Parnell se ve como un confuso experimento en diversidad. Esta parte de la capital de Irlanda es un estudio en un microcosmos sobre cómo las tendencias en la emigración global pueden transformar una ciudad antiguamente homogénea.
Una de las vecinas de Lee exhibe toda una serie de extensiones de pelo para mujeres africanas; otro vende salchichones y bolsas de rosquetes importados de Polonia, en tres o cuatro sabores diferentes.
El Ice Bar mismo ha sido decorado por una ecléctica imaginación: poemas chinos pintados en una pared y calaveras de venados en otra. Los clientes son un revoltijo de estudiantes y artistoides asiáticos y europeos, y fans de música atraídos por la política de Lee de dejar que los dejotas locales y las bandas hispanas utilicen el sistema de sonido de su local.
A Lee le gusta "la armonía" y dice que sus clientes, en un gesto de buena voluntad no formulado, beben las cervezas nacionales de otros países. "Las otras culturas nos causan curiosidad", dijo. "Yo soy coreano, y prefiero beber una pinta de Guiness antes que una cerveza coreana". Y los clientes irlandeses tienden a ordenar botellas de cervezas asiáticas, como Tsingtao, de China, y Chang, de Tailandia.
Lee, 34, es emblemático de los cambios en el rostro de Dublín. Llegó en 2001 desde Inchon, un puerto cerca de Seúl para estudiar márketing en inglés, y ahora lo habla fluidamente. Desde entonces, decenas de miles de asiáticos, atraídos por la próspera economía irlandesa, han seguido sus pasos, la mayoría de ellos desde China.
Dijo que había escogido a Irlanda porque aquí viven pocos coreanos y no tendría la opción de hablar en su idioma materno. Eso también ha cambiado. La embajada de Corea del Sur dice que ahora viven mil coreanos en Irlanda, y el Ice Bar tiene de vecinos a algunos restaurantes coreanos.
Tras graduarse, Lee volvió a casa, solicitó un permiso de trabajo para Irlanda y volvió a Dublín, donde empezó con una peluquería en la Calle de Parnell. En el invierno de 2005, dos socios le pidieron que se encargara de su nuevo bar, al otro extremo del camino.
La calle cruza estrictos proyectos de viviendas sociales y el barrio ha estado en ruinas durante décadas. Incluso después de una década de crecimiento económico, algunas fachadas de negocios, cubiertas con plantas, yacen dispersas entre las tiendas de baratijas y locutorios y su docena de cantinas.
El Ice Bar remplazó una taberna notoriamente peligrosa, el Blue Lion. "Era uno de los pubs más peligrosos de Dublín", dice Lee. Un hombre sospechoso de haber cometido un asesinato fue ultimado a balazos en el local hace diez años. En 2000, una turba de parroquianos se armaron de tacos de billar para destruir la tienda de un nigeriano en la acera de enfrente.
Lee pasó algunos momentos difíciles con los viejos parroquianos del Blue Lion. Cuando se negó a servir a un grupo de adolescentes, lo amenazaron con botellas rotas y le arrojaron sillas, dejándolo con un brazo y hombros lesionados.
"Alguna gente dijo: ‘¿Qué diablos estás haciendo aquí? Este es el Blue Lion'", dijo. "Fueron realmente tiempos difíciles, muy difíciles". Aunque posee un cinturón negro en tae kwon do, que ganó en los dos años que pasó en el ejército de Corea del Sur, nunca se ha visto obligado a utilizar su práctica en el trabajo.
"Es por eso que no necesito gorilas", dijo. En realidad, el Ice Bar es uno de los pocos bares en la zona sin un fornido guardia de seguridad envuelto en una chaqueta negra en la puerta. "No quiero pelear", agregó. "Pero si me enfado, sé cómo pelear, puedo defenderme a mí mismo".
Lee dijo que había subido los precios para espantar a los antiguos parroquianos, antes de volverlas a bajar para atraer a nuevos clientes. Se ganó el respeto de sus parroquianos dándoles una hora para terminar sus bebidas en la noche después del último llamado a las doce y media. "Nunca, nunca los empujo hacia fuera", dijo. "Trato de ser amable".
Los esfuerzos de los cantineros inmigrantes para respetar las tradiciones locales han sido bien acogidas por muchos dublineses. En contraste, el Davy Byrne's, con sus muebles antiguos, se ve exclusivo y fulgurante; su menú, que se sirve a multitudes de turistas literarios y oficinistas tajantemente vestidos, ostenta ostras y faisán a las brasas. (Bloom, que llamó al local un "bar moral", pidió queso Gorgonzola y borgoña).
En el Ice Bar, Lee, que tiene a dos mesoneros trabajando para él, trabaja ahora cinco días a la semana, en lugar de siete. Pero no vuelve a casa en el pequeño apartamento al otro lado de la calle, que comparte con un amigo, sino a las tres o cuatro de la mañana. En sus días libres, le pide el coche a un amigo y conduce unas horas hacia el oeste de Galway, para mirar el paisaje.
Extraña a su familia, pero piensa que encontrar trabajo en Corea será más difícil después de cinco años de ausencia. "Vivir soltero en el extranjero no es fácil", dijo. Pero hace unos meses, incluso eso cambió. Ahora se hace tiempo para estar con su novia coreana, Jin Young An, que conoció detrás de la barra.
Y con algunos restaurantes coreanos en los alrededores, Dublín se parece mucho más a casa en estos días.
"La vida es breve, y quería echarle un vistazo al mundo", dijo. "Ese era mi plan. Pero me di cuenta de que, en realidad, este lugar me gusta".

21 de junio de 2007
16 de mayo de 2006
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peleas de gallos en filipinas


[Paul Watson] No sólo es un deporte de varios siglos de antigüedad, sino además inmensamente popular y rentable.
Ciudad de Quezón, Filipinas. En el centro del cuadrilátero donde Muhammad Ali y Joe Frazier se dieron de puñetazos durante las catorce rondas de la ‘Thrilla in Manila' hace más de tres décadas, otro festival de sangre estaba en pleno desarrollo.
Las movidas más ágiles y los cortes más profundos provocaban gritos de "¡Defiéndete!" y "¡Picotéalo, picotéalo!", de parte de los espectadores que seguían con ansiedad todos sus movimientos, iluminados por las gigantescas imágenes de los marcadores electrónicos de color. La mayoría de ellos empuñaban en sus manos los fajos de billetes apostados al resultado.
Una tras otras, las peleas se prolongaron hasta la madrugada. Varias de ellas no duraron más que unos segundos. Ninguna duró más de diez minutos. La mayoría de los perdedores terminaron muertos en el duro suelo del ring de tierra apisonada. La mayoría de los ganadores apenas podían respirar cuando sus adiestradores se los llevaron bajo el blanco brillo de los focos. Con populares melodías como ‘Let It Be', de los Beatles, como telón de fondo, las cuadrillas de limpieza barrieron y mojaron el ring con una regadera para la siguiente ronda.
Bienvenidos a la World Slasher Cup II, donde los gallos realmente letales son separados de los que no son más que pollos.
Anunciado como el torneo de peleas de gallo más importante del mundo, el premio de 55 mil 500 dólares del derby y el prestigioso título atrajo el mes pasado a numerosos visitantes extranjeros, de Japón, Alemania, y varios estados norteamericanos, incluyendo Alabama, California, Nevada y Pensilvania.
Durante tres noches, cientos de aves de lucha agrupadas en equipos de ocho gallos con nombres como God of War [Dios de la Guerra], Air Assault [Ataque Aéreo], Deep Impact [Impacto Profundo] y Your Future [Tu Futuro] se enfrentaron en una serie de rondas en el Coliseo Araneta. En confusos choques de plumas, gravilla y sangre, se dieron de picotazos y se provocaron profundas heridas con sus navajas de filo de tres pulgadas amarradas a sus patas.
Es un espectáculo muy concurrido, una carnicería de abultadas apuestas que los activistas de los derechos de los animales llaman bárbaros. Pero en la ruidosa multitud de varios miles, los fans se preguntaban qué había de malo en las peleas de gallos cuandos los hombres mismos se golpean entre sí hasta quedar inconscientes en los rings de boxeo con premios de varios millones de dólares y medallas olímpicas.
El millonario agente inmobiliario Jorge Araneta, dueño del coliseo y solemne decano de las peleas de gallo en Filipinas, estuvo en el ring de ‘Thrilla in Manila' de 1975 y tenía un equipo de gallos en la World Slasher Cup de este año. Para él, Ali y Frazier son los que se infligieron las heridas más crueles, no los gallos de pelea, que sólo hicieron lo que saben hacer por instinto.
"Esto es mejor que ver a otros seres humanos sacándose el cerebro a golpes", dijo Araneta, después de que uno de sus pájaros despachara a su rival en algunos minutos. "Después de esa noche, le supliqué a Ali que abandonara el boxeo".
Las peleas de gallo son tan centrales en la cultura filipina que Rolando Blanco, vicepresidente de la Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Animales del país, tiene pocas esperanzas de convencer al gobierno de que las prohíba.
"¿Cómo podemos combatir contra las peleas de gallo cuando nuestros legisladores son criadores de gallos de pelea?", preguntó.
Los partidarios de su prohibición reconocen que el instinto asesino de los gallos de pelea está inscrito en sus genes, pero dicen que la naturaleza es más comprensiva que los organizadores de peleas de gallo, que arman a los gallos con afiladas navajas y se aseguran de que no puedan escapar del ring. Los pollos no gozan de mucha simpatía en Filipinas.
"Nuestras leyes de protección de los animales tienen que ver principalmente con las especies en peligro de extinción y con los animales más grandes, como perros, gatos, caballos, ballenas y águilas", dijo Blanco.
Los filipinos ya montaban peleas de gallo cuando Hernando de Magallanes llegó a sus costas en 1521. Este año más de cinco millones de gallos se enfrentarán en el corral, dice Manny Berbano, editor de la elegante revista Pit games y director del Centro Nacional de Adiestramiento de Aves [National Gamefowl Training Center].
Con seis canales de televisión nacional dedicados al deporte, los filipinos pueden disfrutar de la carnicería desde la comodidad de sus casas casi todas las noches de la semana.
Con las peleas de gallo, la economía filipina obtiene beneficios de más de mil millones de dólares al año, en apuestas, granjas de crianza y empresas de piensos y fármacos, incluyendo esteroides, que dan volumen a los pájaros dos años antes de que despierten sus instintos asesinos, calculó Berbano.
En los puestos en el coliseo, los apostadores -llamados kristos, según la palabra en tagalog para Cristo- reciben probablemente más de cuatrocientos mil dólares en apuestas en una sola noche de la Slasher Cup II, dijo.
Un rechoncho ex ejecutivo de Coca-Cola, Berbano es la menos chillona contraparte filipina de Don King. Es el evangelista de las peleas de gallo. Una de las diapositivas de Berbano invoca las palabras de Abraham Lincoln, de una cita resucitada en 1963 en defensa del deporte en un tribunal de Oklahoma.
"Mientras Dios Todopoderoso permita que hombres inteligentes, creados a su imagen y semejanza, peleen en público y se maten unos a otros mientras el resto del mundo observa complaciente, no seré yo quien prive a los pollos del mismo privilegio", dijo Lincoln un siglo antes a los americanos que exigían la prohibición de las peleas de gallo en el estado.
Dejando las palabras de Lincoln a un lado, los enemigos del deporte han mantenido su campaña a favor de la prohibición total durante más de un siglo, y ahora Louisiana es el último bastión legal de las peleas de gallo en Estados Unidos.
A medida que los corrales de peleas se fueron cerrando en Estados Unidos, los criadores estadounidenses continuaron produciendo aves con pedigrí, conservando las estirpes que se remontan a Inglaterra e Irlanda del siglo diecinueve. Algunos ganaron millones de dólares exportando gallos de pelea a países como Filipinas y México, donde el deporte todavía es legal y enormemente popular.
Berbano pagó orgullosamente a un criador de Alabama cinco mil dólares por un gallo de una antigua casta de campeones, un Sweater Yellow Legged Hatch de pura sangre.
El mes pasado, el presidente Bush firmó una ley que convierte en delito el transporte entre estados, o la exportación, de perros y gallos usados para pelear. La pena es de hasta tres años de cárcel, y multas de hasta 250 mil dólares.
La Sociedad Protectora de Animales de Estados Unidos dice que ayudará a impedir que los criadores norteamericanos exporten animales de pelea y "pone bastante presión sobre las líneas aéreas para detener el transporte de gallos hacia destinaciones con peleas de gallo".
Atlantan Johnnie Phillips fue uno de al menos diecisiete norteamericanos con gallos en el torneo de la Slasher Cup de este año. Calvo, y con fuertes antebrazos tatuados, el jubilado empleado de la AT&T aprendió a amar el deporte gracias a su padre, cuando era niño en una granja de Alabama.
Phillips, 61, dice que no entiende por qué quiere el gobierno prohibir que los gallos hagan lo que hacen por instinto, cuando además no sirven para mucho más -especialmente como comida.
"A los tres meses es como chupar cuero", dijo.
A medida que los activistas de los derechos animales imponen la prohibición de las peleas de gallo en más estados, mantener la delantera con respecto a la ley se ha convertido en parte del deporte para fanáticos como Phillips. Fue detenido por un delito menor junto a otras 65 personas cuando la policía allanó un corral de peleas en Ohio en 1972.
"Fue un sábado noche y llegaron con un bus escolar para llevarnos al tribunal", recordó. Phillips salió de la cárcel local después de pagar una fianza de cincuenta dólares, y después de pagar la multa, le devolvieron quince dólares.
Algunos estados son más severos en su represión de las peleas de gallo en estos días, pero en dieciséis estados al sur y al oeste es todavía solamente una falta.
Phillips se dedicaba a la crianza de gallos en una granja de catorce hectáreas, hasta que la vendió hace cinco años. Ganó su cuota de torneos, pero nunca los suficientes como para poder vivir de las apuestas en los circuitos. Tiene miedo de que nuevas prohibiciones terminen con líneas consanguíneas de siglos de antigüedad.
"Si los gallos no pelean, se van cuesta abajo", dijo. "Para que se mantengan sanos, es necesario que peleen. Así se reconocen los que son buenos".

Aquí en el Coliseo Araneta, el estadio donde se han realizado algunos de los espectáculos más importantes de Filipinas, incluyendo una misa del Papa Juan Pablo II, ricos y pobres rugen y gimen con los estrepitosos ataques, y callan cuando un gallo ganador piensa su última movida.
En las alas, cintas adhesivas sujetan las navajas llamadas tari a las patas de los gallos; las espuelas más blandas con las que nacieron para atacar habían sido recortadas para formar redondeados nudos y hacer hueco para las hojas de acero reforzadas con aleaciones como el titanio y el cobalto.
Cada nuevo competidor, también esquilado de cresta y zarzo, era acunado como si se tratara de un frágil bebé en los brazos de los criadores en el oscuro pasillo hacia el corral de pelea. Una enorme estatua de madera del Cristo crucificado, decorado con fragantes guirlandas de jazmín, miraba desde un extremo.
Gallos de fogueo, conocidos como heaters [fogueadores], picotean a los gallos de pelea para irritarlos, mientras los adiestradores de gallos los sujetan por las plumas de la cola y los apostadores y kristos hacen señas con las manos y se gritan unos a otros como frenéticos operadores de piso durante un derrumbe de la bolsa.
En los últimos segundos antes del timbre inicial, un enfermero de blanco limpia con un algodón el cogote de cada combatiente para asegurarse de que no hubiera ningún truco sucio, como plumas empapadas con cianuro. Luego se desvainan los tari de los gallos, y un ayudante del corral limpia cada navaja con gaza empapada en alcohol.
Cebados en sangre, los gallos fueron soltados a cada lado de las dos líneas centrales. Algunos cacarearon mientras la multitud rugía. Otros se lanzaron directamente a matar, aleteando por encima de sus rivales, dando navajazos salvajemente.
Cuando los rivales yacían resollando en el suelo, el sentenciador los recogía suavemente por las plumas del cogote manteniendo un brazo de distancia y los ponía frente a frente, esperando que uno de ellos diera los dos picotazos de rigor para declarar victoria. En algunas peleas ninguno de los gallos tuvo la fuerza suficiente, o la voluntad, para hacer eso, y el sentenciador declaró empate. Y los apostadores gemían.
A las cuatro de la mañana de la última noche, finalmente concluyó la World Slasher Cup 2007 con un récord de siete victorias y un empate del gallo número ocho de Wilson Ong, un hombre de negocios filipino.
Su gallo murió poco después de picotear dos veces al fláccido y ensangrentado retador. El adiestrador Alfred Pangilinan, 36, puso con cuidado al ganador muerto en sus brazos para el largo viaje a casa en Guagua, una ciudad a ochenta kilómetros al norte de Manila.
Allá, al borde de una granja de gallos de pelea, en un cementerio de campeones, Pangilinan hizo un hoyo profundo y enterró al pájaro.

paul.watson@latimes.com

19 de junio de 2007
15 de junio de 2007
©los angeles times
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ni buen amante ni buen espía


[Ching-Ching Ni] Quería combatir a los comunistas chinos y saborear un romance. En lugar de eso, su destino fueron años de prisión.
Shanghai, China. La época más feliz de su vida duró cuatro días. Era el invierno de 1958. Se había escapado con su amante a Shanghai. Salían a pasear todos los días y no les importaban ni las calles oscuras ni las tiendas pobremente surtidas en las que se cambiaban alimentos por cupones de racionamiento. La vida estaba recién empezando.
Hasta que dos policías de paisano se acercaron a ellos por detrás y lo llamaron por su nombre.
"¿Es usted Kan Zhonggan?"
Cegado por su felicidad y su pasión, dijo sí.
"Venga con nosotros".
En la esquina esperaba un coche. La pareja subió. Entre ellos se sentó un agente. Viajaron durante media hora y entonces le dijeron a su amante que descendiera. Cuando se la llevaban, sus ojos se encontraron.
No se volvieron a ver sino veintisiete años después.
Esta es la historia del sueño roto de un hombre que quería servir a su país y amar a su mujer.
Kan Zhonggan era un espía. Trabajaba para el gobierno de Taiwán, una isla que en 1949 había roto con China continental después de una prolongada guerra civil. Desde entonces, el espionaje mutuo había sido un modo de vida, pero fue especialmente robusto en los primeros años tras la separación.
Se sabía poco sobre la vida de los agentes secretos que lo arriesgaron todo por la causa hasta que un grupo de ex espías viejos decidieron hablar, hace poco, con la esperanza de obtener reparación y compensación de Taipei. Dicen que en lugar de ser tratados como héroes de guerra, fueron abandonados por la isla que los había reclutado.
"Las autoridades de Taiwán no quieren hurgar en viejas heridas", dijo Andrew Yang, director de un laboratorio ideológico de Taipei. "Para ellos, esos espías son redundantes, dispensables".
Durante el fragor de la Guerra Fría, se enviaron al continente unos treinta mil espías taiwaneses, dice Jiang Jianguo, 73, ex espía que ahora vive en Hong Kong y pasó trece años en la cárcel. De esos treinta mil se calcula que veinte mil fueron ejecutados por los comunistas, dijo. El resto murió probablemente de vejez o viven todavía en el exilio, la mayoría en China continental y en Hong Kong, dice Jiang, cuya Cross Strait Relations Victims Association ha tomado contacto con unos setenta ex espías.
Un número no conocido fue capturado y arrojado a las prisiones y campos de concentración chinos. Kan pasó veinte desolados años en prisión, convirtiéndose en un hombre eternamente solitario y temeroso de recibir más castigos.
Es el único ex agente taiwanés dispuesto a revelar su pasado secreto y que todavía vive en China continental.
"La vida de todo hombre es un reflejo de los tiempos en que ha vivido", dijo, a los 72, sentado en su oscuro y vacío apartamento en un remoto suburbio de Shanghai, donde vive solo. "Sacrifiqué mi vida y mi amor por la política. Ahora no me quiere nadie".
Nacido en Shanghai de padres obreros que querían dar a su primogénito una vida mejor, Kan fue enviado a vivir con su tío en Taiwán a los once años, durante el masivo éxodo que precedió a la toma del poder por los comunistas en 1949. Pero las hostilidades entre el continente y Taiwán continuaron en los años cincuenta y sesenta. Las máquinas propagandísticas de ambos lados funcionaban a cien.
"Nos dijeron que los comunistas eran la personificación del mal, que compartían sus mujeres y arrojaban a los patrones al mar", recordó Kan. "Ahora me parece un chiste, pero entonces yo era un niño. Creía todo lo que me decían. Yo odiaba a los comunistas. Los odiaba tanto que habría podido comer su carne y beber su sangre".

A los dieciocho, Kan empezó a ser adiestrado por la versión insular de la KGB. Él lo veía como un acto sagrado de patriotismo, una posibilidad de liberar a su propio pueblo, incluyendo a sus padres y hermanos que todavía vivían en el continente.
Después de dos años se graduó casi como el mejor de su clase y se ofreció de voluntario para recibir adiestramiento adicional para la misión de infiltrarse clandestinamente en el continente. Aprendió a usar explosivos, a enviar mensajes secretos, a escribir cartas codificadas. Su misión, dijo, era asesinar a líderes importantes del Partido Comunista, a militares, a científicos y diplomáticos. Hacer volar blancos en ciudades claves, crear problemas internos y provocar conflictos internacionales. Le instaron a suicidarse en caso de ser capturado.
"Cuando recibí mi misión, sabía que era un billete sólo de ida", dijo Kan.
Entonces conoció a la mujer que cambiaría su vida.
Fue en Hong Kong, en 1957. La decadente colonia británica era una importante estación de paso para las actividades de espionaje entre Taiwán y China. Kan tenía sólo veintidós años cuando fue trasladado en bote protegido por la oscuridad para fundirse en la enorme red de agentes encubiertos allá.
Al llegar el día, el delgado y capaz joven espía se pondría su disfraz de dependiente en una tienda de fotografías local. Se reuniría con su contacto al menos una vez al mes en una cafetería cercana, el que le comunicaría cuándo debía entrar en China.
No sabía nada de su contacto, pero el hombre lo introdujo indirectamente a la mujer que llama Xiao Zhen.
Era una maestra -guapa, inteligente, honesta y, todavía más importante, políticamente fiable. Con eso quería decir que ella entendía su misión y él no tenía que mentir. Su hermano era un agente, y su padre era funcionario del Partido Nacionalista.
Había un solo problema. Ella estaba casada, e incluso si no lo estuviera, su trabajo le prohibía casarse antes de cumplir los veintiocho.
"Todavía tenía una misión. No podía enamorarme", dice Kan.
Decidieron huir juntos, a China comunista. Eso, se da cuenta ahora, era como si un pez quisiera nadar en una red.
"Antes de partir, escribí una carta a mis superiores diciéndoles que entraría en China para redimirme del error que había cometido al meterme con una mujer", dice Kan, que sigue en China en parte porque teme ser arrestado y posiblemente procesado por traición si volviera a Taiwán.
Sin esperar la respuesta, Kan entró a China con Xiao en lo que los taiwaneses llamaban ‘el cruce del diablo' y abordaron un tren hacia Shanghai.
En 1958 China comunista atravesaba por un período de fervor revolucionario y el desastroso Gran Salto Adelante ese año provocaría finalmente una masiva hambruna. Pero la pareja estaba llena de esperanzas. En Shanghai, Kan se reunió con sus padres, a los que no había visto en veinte años. Nunca les contó su identidad clandestina ni que él ni Xiao no eran casados. Para el mundo exterior, eran una pareja de compatriotas de ultramar que volvían a la madre patria buscando una posibilidad de contribuir a la construcción de una nueva China.
Sus cuatro días juntos fueron dichosos. Vivían tan despreocupadamente que casi olvidaron el motivo de su viaje. Entonces la realidad les dio alcance.

Los comunistas sabían todo sobre él, incluyendo el apodo que usaba en Hong Kong y que sólo su contacto en la cafetería conocía. No tenía más que una opción: Confesar y vivir, o resistir hasta la muerte.
"Yo sólo tenía veintitrés años, y quería vivir", dice Kan. "Así que les conté todo".
Lo hizo fundamentalmente por ella, pensando que a cambio de su confesión le tratarían con indulgencia y podrían seguir con sus vidas después de algunos años. En lugar de eso, los comunistas lo castigaron con una sentencia de veinte años de cárcel. Xiao fue condenada a cinco años.
Durante sus años en la cárcel la vio una sola vez, desde el diminuto ventanuco de su celda. Recuerda el momento como si hubiese ocurrido recién, y se levanta de la silla para demostrarlo: Ella estaba fuera caminando en un círculo con otras reclusas. La reconoció por su camisa de retazo de algodón rojo -se había cubierto de polvo y la pudo oír cuando ella lo estiraba con sus manos. El pelo le llegaba hasta los hombros. Tenía la cara pálida, por la falta de sol.
Al día siguiente alguien informó a los guardias que había mirando a las mujeres desde la ventana. Llegaron a su celda y la taparon con cinta adhesiva negra.
Las visiones que tuvo de ella lo mantuvieron en vida, desde su calabozo en Shanghai hasta la ‘Siberia' de China, al oeste en la provincia de Qinghai, a la que fue trasladado a un campo de trabajos forzados. Para cuando fue liberado, tenía cuarenta y tres años y estaba tan poco acostumbrado a la libertad que hasta cruzar la calle le daba miedo. Entre trabajitos como obrero de la construcción, vendedor de verduras y, más tarde, limpiador de inodoros, Kan sólo tenía una cosa en la mente. Encontrar a Xiao Zhen.

Un día en el invierno de 1984, Kan se arropó con un abrigo acolchado y se subió a un autobús de larga distancia. Recorrió campo de trabajo tras campo de trabajo. En su bolsillo llevaba cajetillas de cigarrillos para sobornar a los guardias.
"Les conté a todos la misma historia", recordó. "Que había traído a esta mujer a China desde Hong Kong. Que había arruinado su vida. Que todavía quería vivir con ella, si acaso estaba viva".
Alguien se compadeció de él y le dio la dirección de otro campo más: descubrió que después de cumplir su sentencia, Xiao se había quedado en el campo como funcionaria.
Para entonces, ya había caído el crepúsculo. La nieve se convirtió en una ventisca. No había más buses y los conductores no paraban en un camino que sabían que era frecuentado por ex convictos o sus familiares. Finalmente paró un tractor y lo llevó hasta el campo.
El corazón de Kan latía con la mera idea de volverla a ver. Pero cuando llegó a allá, ella ya se había marchado.
Que se había casado, que había vuelto a Shanhgai, fue todo lo que escuchó sobre ella.
"Yo esperaba que ella estuviera soltera todavía", dijo Kan. "Eso había sido una débil esperanza en mi corazón durante todo ese tiempo. Oír eso fue como recibir un balde de agua fría. Me hizo estremecer".
Sin embargo, Kan no podía sacársela de la mente. La siguió buscando. "Yo no sabía si ella me odiaba o si quería volver a verme", dice Kan. "Yo quería verla, aunque fuese una sola vez, para que mi corazón pudiera morir".
Finalmente, la encontró en la primavera de 1985, trabajando en una oficina en Shanghai. La reconoció instantáneamente.
"Allí estaba ella, inclinada sobre un escritorio, escribiendo. Había otra gente a su alrededor. La llamé por su nombre. Al principio no me oyó. La volví a llamar. Se levantó y preguntó: ‘¿A quién quiere ver?' Le dije: ‘A ti'", recuerda Kan, con los ojos electrificados detrás de las gafas mientras golpea el aire frente a él como si estuviese viendo a un fantasma.
"Fue como en un sueño", continúa, como en trance. "Después de veintisiete años, todavía la reconocía. Era alta y delgada. Estaba un poco más gorda, pero tenía muy pocas arrugas. Tenía la piel bonita, el pelo ondulado".
Temeroso de que cuando llegara este momento se quedara sin habla, Kan había llevado un diario que contaba sobre sus años separados. Se lo entregó.
Se sentó al otro lado del escritorio mientras ella leía. La vio sonrojarse. La vio contener las lágrimas.
Xiao no quería dar curso libre a sus emociones frente a sus colegas, así que le pidió a Kan que fuera con ella a casa durante la pausa del almuerzo. Hablaron cordialmente, casi como desconocidos. Ella le mostró fotos de su marido e hijo. Él la besó suavemente en la mejilla; ella no se resistió. Le repitió una y otra vez lo mucho que lo lamentaba. Ella le dijo que no se culpara a sí mismo.
Antes de que pasara una hora, volvió a salir. Estaba lloviendo a cántaros.
Finalmente, ella le envió una carta diciéndole que el día en que él la había visitado, había querido llorar en sus brazos. Le dijo que lo había esperado durante diecisiete años. Cuando sus guardias le dijeron que se buscara otro hombre, ella dijo: "Si no puedo estar con Kan, prefiero quedarme en la cárcel".
Dejó de pensar en él cuando cumplió cuarenta y tres años; su marido era un amigo contrarrevolucionario, un hombre amable que la había cuidado cuando ella enfermó en el campo.
Leer esa carta, fechada el 16 de mayo de 1985, le provoca escalofríos. Es lo único que tiene de ella, y le duele incluso mirarla -quemó casi todas las cartas que ella le escribió después del encuentro, porque eran demasiado dolorosas.
El pasado lo llena de remordimiento y pesar, pero no ha abandonado la esperanza de que algún día ella sea suya.
"Ella sufrió mucho, y fue por mi causa", dice Kan, limpiándose la frente y las gafas con un pañuelo de algodón y recogiendo las hojas ligeramente amarillas y deshilachadas de las cartas que conserva. "Debería haberla encontrado antes".

chingching.ni@latimes.com

9 de junio de 2007
31 de mayo de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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