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bush desdeñó advertencias


[David E. Sanger] Nuevo libro de Bob Woodward revela detalles sobre la decisión de atacar a Iraq.
Washington, Estados Unidos. En septiembre de 2003, la Casa Blanca ignoró urgentes advertencias de un asesor sobre Iraq que dijo que se necesitarían miles de tropas estadounidenses adicionales para sofocar la resistencia iraquí, según el último libro de Bob Woodward, el periodista y escritor del Washington Post. El libro describe a una Casa Blanca azotada por el mal funcionamiento y divisiones sobre la decisión de declarar la guerra.
La advertencia es descrita en ‘State of Denial', que debe aparecer este lunes, publicado por Simon & Schuster. El libro dice que los principales asesores del presidente Bush a menudo reñían entre sí, y a veces apenas si se hablaban, aunque compartían la tendencia a desdeñar como demasiado pesimistas las evaluaciones de comandantes estadounidenses y otros sobre la situación en Iraq.
A fines de noviembre de 2003, Bush dijo sobre la situación en Iraq: "No quiero que nadie en el gabinete diga que hay una resistencia. No creo que debamos".
El ministro de Defensa, Donald H. Rumsfeld, es descrito como desconectado de los detalles prácticos de la ocupación y reconstrucción de Iraq -una tarea que se suponía inicialmente estaría bajo la dirección del Pentágono- y tan hostil hacia Condoleezza Rice, entonces asesora de seguridad nacional, que el presidente le tuvo que ordenar que le devolviera sus llamadas telefónicas. Se dice que el comandante estadounidense para Oriente Medio, el general John P. Abizaid, dijo a visitantes en su cuartel general en Qatar en el otoño de 2005, que Rumsfeld "ya no tiene ninguna credibilidad" para defender públicamente la estrategia estadounidense para la victoria en Iraq.
El libro, comprado por un periodista del New York Times a precio de librería antes de su lanzamiento oficial, es el tercero que ha escrito Woodward haciendo la crónica de los debates internos en la Casa Blanca después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, la invasión de Afganistán y la subsecuente decisión de invadir Iraq. Como los anteriores trabajos de Woodward, el libro incluye extensas citas textuales de conversaciones y describe lo que pensaban importantes personeros en varios momentos, sin identificar la fuente de información.
Woodward escribe que su libro se basa en "entrevistas con el equipo de seguridad nacional de Bush, sus delegados y otros participantes claves en el gobierno, responsables de las fuerzas armadas, la diplomacia y la inteligencia sobre Iraq". Algunos de esos entrevistados, incluyendo a Rumsfeld, son identificados por nombre, pero ni Bush ni el vice-presidente Dick Cheney aceptaron ser entrevistados, dice el libro.
Se dice que Robert D. Blackwill, entonces asesor para Iraq en el Consejo de Seguridad Nacional, dio a conocer su advertencia sobre la necesidad de contar con más tropas en un largo memorándum enviado a Rice. El libro dice que el memorándum de Blackwill concluía que se necesitaban desesperadamente más tropas terrestres, quizás hasta unos 40 mil soldados adicionales.
Dice que Blackwill y L. Paul Bremer III, entonces el más alto personero estadounidense en Iraq, más tarde informaron a Rice y Stephen J. Hadley, su viceministro, sobre la urgente necesidad de tropas adicionales durante una teleconferencia desde Iraq. Dice que la Casa Blanca no hizo nada sobre el asunto.
El libro describe una profunda fisura entre Colin L. Powell, el primer ministro de relaciones exteriores de Bush, y Rumsfeld: Cuando Powell fue apartado de su puesto después de las elecciones de 2004, dijo a Andrew H. Card Jr., jefe del estado mayor de la Casa Blanca, que "si me marcho, Don debería marcharse también", refiriéndose a Rumsfeld.
Card intentó entonces a fines de 2005 sacar a Rumsfeld, de acuerdo al libro, pero fue desautorizado por el presidente Bush, que temía que perturbara las inminentes elecciones iraquíes y las operaciones en el Pentágono.
El vice-presidente Cheneyt es descrito como un hombre tan determinado a encontrar pruebas de la veracidad de su afirmación de que Iraq poseía armas de destrucción masiva, que en el verano de 2003, sus ayudantes empezaron a llamar al inspector jefe de armas, David Kay, proporcionándole coordenadas específicas sobre sitios de posibles alijos de armas. Ninguno de esos sitios resultó almacenar armas.
Dos miembros del círculo íntimo de Bush, Powell y el director de la central de inteligencia, George J. Tenet, son descritos como ambivalentes sobre la decisión de invadir Iraq. Cuando Powell asintió reluctantemente, en enero de 2003, Bush le dijo en una reunión en el Despacho Oval que era hora "de que se pusiera su uniforme de guerra", una referencia a los años que pasó en el ejército.
Tenet, el hombre que una vez le dijo a Bush que no había dudas de que Iraq poseía armas de destrucción masiva, aparentemente no compartía directamente con Bush sus reparos sobre la invasión de Iraq, de acuerdo a la versión de Woodward.
Los dos primeros libros de Woodward sobre el gobierno de Bush, ‘Bush at War' y ‘Plan de ataque' [Plan of Attack], retrataron al presidente firmemente al mando y con un equipo leal y bien coordinado respondiendo a un ataque sorpresa y las represalias que siguieron. Como lo indica su título, ‘State of Denial' sigue un guión muy diferente, de un gobierno que parece tener sólo una vaga idea de que los logros militares iniciales en Iraq habían dado origen al resentimiento hacia los ocupantes.
El libro de 537 páginas describe tensiones entre altos personeros desde el inicio mismo del gobierno. Woodward escribe que en las semanas previas a los atentados del 11 de septiembre de 2001, Tenet creía que Rumsfeld estaba impidiendo el desarrollo de una estrategia coherente para capturar o matar a Osama bin Laden. Rumsfeld cuestionó las señales electrónicas de sospechosos de terrorismo que la Agencia de Seguridad Nacional había estado interceptando, preguntándose si no serían parte de un elaborado plan de distracción de Al Qaeda.
El 10 de julio de 2001, dice el libro, Tenet y su jefe de contraterrorismo J. Cofer Black, se reunieron con Rice en la Casa Blanca para comunicarlo lo grave de las informaciones que estaba recabando la agencia sobre un inminente atentado. Los dos hombres salieron de la reunión con la sensación de que Rice no había tomado en serio esas advertencias.
En las semanas previas a la guerra, los padres del presidente Bush no compartían su confianza de que invasión de Iraq fuera el paso correcto, cuenta el libro. Woodward escribe sobre una conversación privada en enero de 2003 entre la madre de Bush, Barbara Bush, la ex primera dama, y David L. Boren, ex presidente del Comité de Inteligencia del Senado y amigo de la familia Bush.
El libro dice que la señora Bush preguntó a Boren si había que preocuparse de una posible invasión de Iraq, y luego le confió que el padre del presidente, el ex presidente George H.W. Bush, "ciertamente está muy preocupado y no puede dormir en las noches; la preocupación no le deja dormir".
El libro describe una conversación a principios de 2003 entre el teniente general Jay Garner, el oficial retirado nombrado por Bush para administrar el Iraq de posguerra, y el presidente Bush y otros en el salón de crisis. Describe a los estrategas de la guerra como completamente desinteresados en los detalles de la misión de posguerra.
Después de que el general Garner terminara su presentación con diapositivas -que incluía a su plan de utilizar las 300 mil tropas del ejército iraquí para ayudar a estabilizar al Iraq de posguerra, dice el libro-, nadie en la sala hizo preguntas, y el presidente lo despidió entusiasta.
Pero el general Garner fue pronto apartado a favor de Bremer, cuyas acciones en cuanto al desmantelamiento del ejército iraquí y la expulsión de los baazistas de la administración fuero eventualmente criticadas en el gobierno.
El libro sugiere que altos funcionarios de inteligencia fueron sorprendidos desprevenidos en los primeros días de la guerra, cuando combatientes civiles iraquíes lanzaron ataques suicidas contra las fuerzas norteamericanas blindadas, que fueron el primer indicio de los mortíferos ataques de los rebeldes que vendrían en el futuro.
En una reunión con Tenet, de la CIA, varios funcionarios del Pentágono hablaron sobre los ataques, dice el libro. Dice que Tenet reconoció que no sabía qué hacer.
Rumsfeld se inmiscuyó en asuntos políticos que estaban en la periferia de sus responsabilidades, de acuerdo al libro. En un momento, Bush viajó a Ohio, donde se fabricaba el tanque de batalla Abrams. Rumsfeld llamó a Card quejándose de que Bush no debería haber hecho esa visita porque Rumsfeld pensaba que el pesado tanque era incompatible con su visión de unas fuerzas armadas rápidas y ligeras del futuro. Woodward escribe que Card creía que Rumsfeld había "perdido el control".
La infructuosa búsqueda de armas no convencionales causó tensiones entre el despacho del vice-presidente Cheney, la CIA y funcionarios en Iraq. Woodward escribe que Kay, el inspector de armas en Iraq, envió directamente en el verano de 2003 un e-mail a importantes funcionarios de la CIA informándoles de sus hallazgos más importantes.
En un momento, cuando Kay advierte que era posible que los iraquíes pudieran ser capaces de fabricar esas armas, pero que en realidad no las producían, esperando el momento en que fuera necesario, el libro dice que le John McLaughlin, el subdirector de la CIA, le dijo: "No se lo cuente a nadie. Podría ser muy grave. Sea cuidadoso. No podemos decir esto mientras no estemos seguros".
Cheney estuvo involucrado en los detalles de la búsqueda de armas ilegales, dice el libro. Una noche, escribe Woodward, Kay fue despertado a las tres de la mañana por un ayudante que le dijo que el despacho de Cheney quería hablar con él. Dice que le dijeron a Kay que Cheney quería cerciorarse de que leyera una comunicación secreta interceptada en Siria indicando una posible ubicación de armas químicas.
Woodward y un colega, Carl Bernstein, dirigieron los reportajes del Post durante Watergate, y Woodward ha escrito desde entonces una serie de éxitos de venta sobre Washington. No hace mucho que se reveló que la identidad de la fuente de Woodward sobre Watergate, conocida como Garganta Profunda, era W. Mark Felt, un alto funcionario del FBI.
A fines de 2005, Woodward fue citado por el fiscal especial en un caso de filtraciones en la CIA. También ofreció sus disculpas al editor ejecutivo del Post por ocultar durante más de dos años que hubiera estado implicado en el escándalo.

Mark Mazzetti y David Johnston contribuyeron al reportaje desde Washington; Julie Bosman desde Nueva York.

29 de septiembre de 2006
©new york times
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senado autoriza apremios


[Vicki Allen] Senado da visto bueno a proyecto de ley sobre detención de terroristas.
Washington, Estados Unidos. El jueves el senado norteamericano dio su aprobación final al proyecto de ley que permite la aplicación de severos métodos de interrogatorio a sospechosos de terrorismo, después de que el presidente George W. Bush se impusiera tras una serie de reveses de sus medidas con respecto a detenidos por Estados Unidos.
El senado aprobó el proyecto por 65-34, horas después de que Bush visitara el Capitolio para instar a los republicanos a apoyar la publicitada medida antes de las elecciones del 7 de noviembre que determinarán quién controla el congreso.
La Cámara Baja aprobó el mismo proyecto el miércoles y debe introducir un cambio técnico para que coincida con el del senado. Se espera que Bush lo firme poco después de eso.
Aunque el proyecto fue aprobado en el senado por un cómodo margen, apenas sobrevivió una revisión anterior que casi lo retrasó y, posiblemente, lo habría anulado.
"El senado envía una fuerte señal a los terroristas de que continuaremos usando todos los elementos del poder nacional para perseguir a nuestros enemigos y prevenir ataques contra Estados Unidos", dijo Bush en una declaración después de la votación del senado.
"La Ley de Comisiones Militares de 2006 permitirá la continuación del programa de la CIA que ha sido una de las herramientas más efectivas en la lucha contra el terrorismo", dijo Bush.
El proyecto define normas para el interrogatorio de sospechosos, pero mediante un complejo conjunto de reglas que grupos de derechos humanos dicen que permitirá el uso de severas técnicas de apremio similares a la tortura, como la privación de sueño y la hipotermia inducida.
Instituye los tribunales militares que permitirán el uso de evidencias obtenidas bajo coacción, aunque da a los defendidos acceso a evidencias clasificadas que se usen para condenarlos.
El proyecto de ley también amplía la definición de ‘combatientes enemigos', la mayoría de ellos retenidos en la prisión norteamericana de Bahía Guantánamo, Cuba, e incluye a las personas que proporcionen armas, dinero y otro tipo de apoyo a grupos terroristas.
La Corte Suprema revocó el primer sistema de Bush de comisiones militares para procesar a los sospechosos, dejando en el limbo, y sin proceso, a los detenidos a partir del 11 de septiembre de 2001. Bush entonces debió hacer frente a una rebelión contra su proyecto corregido, que tres importantes senadores republicanos dijeron que permitiría interrogatorios abusivos y juicios injustos.

Permite Apremios
Después de arriesgadas negociaciones, Bush obtuvo gran parte de lo que quería en el proyecto para continuar con el programa antes secreto de detención y agresivos interrogatorios de detenidos de la CIA que los críticos dicen que son tortura.
Demócratas y algunos republicanos criticaron el compromiso porque despoja a los detenidos del derecho a impugnar sus detenciones en tribunales.
Con una votación de 51-48, los republicanos derrotaron enmienda que habría restaurado esos derechos y, potencialmente, descarrilado el proyecto. Cuatro republicanos y un demócrata se apartaron de las decisiones de sus partidos a la hora de votar.
El presidente del Comité Judicial del senado, Arlen Specter, de Pensilvania, dijo que el derecho a impugnar la propia detención era un derecho fundamental en la ley estadounidense, y que la Corte Suprema rechazará el proyecto si efectivamente es anulado ese derecho.
"Esto es un error. Es inconstitucional. Es poco americano", dijo Patrick Leahy, de Vermont, el más importante demócrata en el comité. Dijo que tenía la intención de obstaculizar el acceso a Guantánamo para "precaverse de que el gobierno de Bush-Cheney no pase nunca más la vergüenza de que una resolución de la Corte Suprema revise sus ilegales abusos de poder".
La mayoría de los republicanos dijeron que las demandas de los reclusos de Guantánamo estaban atascando los tribunales y distraían de la guerra contra el terrorismo.
El senador de Alabama, Jeff Sessiones, dijo que el proyecto no debería "crear problemas a largo plazo con los tribunales sobre cada uno de los detenidos. Conducir la guerra es función de los militares y del poder ejecutivo".
Los republicanos superaron estrechamente otras impugnaciones de los demócratas que dijeron que el proyecto no se ajustaba a normas judiciales justas y que desencadenaría el escándalo internacional por el tratamiento de los prisioneros desde los atentados del 11 de septiembre de 2001.
"Este proyecto da al gobierno que cabildeó por la tortura exactamente lo que quería", dijo el senador John Kerry, demócrata de Massachusetts.
Pero el presidente del Comité de las Fuerzas Armadas, John Warner, republicano de Virginia, dijo que los combatientes enemigos eran "ilegales de acuerdo a toda norma internacional por el modo en que conducen la guerra y sin embargo este gran país... les va a tratar con justicia".

Matt Spetalnick y Richard Cowan contribuyeron a este artículo.

28 de septiembre de 2006
©washington post
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nueva ley suprime derechos


[R. Jeffrey Smith] Al eliminar la igualdad ante la ley, congreso norteamericano anula constitución del país.
La ley de tribunales militares aprobada por el congreso da por primera vez respaldo legislativo a las amplias normas para la detención, interrogatorio, acusación y enjuiciamiento de sospechosos de terrorismo muy diferentes a aquellas con las que estamos familiarizados del sistema de justicia criminal de Estados Unidos.
El argumento del presidente Bush de que el gobierno necesita atribuciones extraordinarias para hacer frente a la inusual amenaza terrorista, lo ayudaron a obtener el respaldo final de su sistema de juicios militares en el que los derechos de los acusados son fuertemente truncados. Estados Unidos utilizó juicios similares en cuatro ocasiones anteriores: durante la revolución del país, durante la guerra mexicano-estadounidense, durante la Guerra Civil y durante la Segunda Guerra Mundial.
En el proyecto de ley, aprobado ayer miércoles por las mayorías republicanas en el senado y en la cámara, se encuentran unas reglas excepcionales que impiden que los sospechosos de terrorismo puedan impugnar su detención o tratamiento a través del tradicional recurso de habeas corpus. Estas reglas permiten que los fiscales, bajo ciertas condiciones, utilicen evidencias indirectas u obtenidas bajo apremios para solicitar condenas criminales.
El proyecto rechaza el derecho a un juicio rápido y limita el derecho tradicional a la auto-representación, ya que exige que los acusados acepten abogados defensores militares. Las comisiones de oficiales militares no necesitan alcanzar veredictos unánimes, excepto en casos de pena de muerte, y las apelaciones deben pasar por una segunda comisión militar antes de llegar a un tribunal federal civil.
Al convertir en ley por primera vez la definición de ‘combatiente enemigo ilegal', el proyecto autoriza al poder ejecutivo a detener indefinidamente a cualquiera que estime que ha respaldado hostilidades contra Estados Unidos "materialmente o a sabiendas". Sólo nacionales extranjeros entre los detenidos pueden ser juzgados por las comisiones militares, como se las conoce, y pueden ser sentenciados a décadas de prisión o a la pena capital.
Al mismo tiempo, el proyecto de ley impide que se pueda procesar a oficiales norteamericanos por tratamiento cruel o degradante de los detenidos capturados por los militares y la CIA antes del fin del año pasado. Otorga al presidente un rol dominante, pero no exclusivo, a la hora de determinar los métodos de interrogatorio de sospechosos de terrorismo.
Redactado en gran parte, aunque no completamente, según los términos del gobierno, con pasajes que dan a funcionarios del poder ejecutivo discreción para determinar detalles o desviarse de sus propias garantías, el proyecto de ley entrega lo que Bush dijo ayer que era "las herrmientas" que necesitaba para hacer frente a los terroristas que los funcionarios norteamericanos esperan capturar.
Durante más de 57 meses después de los atentados terroristas de 2001 contra el World Trade Center y el Pentágono, Bush sostuvo que no necesitaba la aprobación del congreso para usar esas herramientas. Pero la Corte Suprema decidió de otro modo en junio, declarando ilegales el tratamiento que daba el gobierno a los detenidos y los procesos judiciales y resolviendo que Bush debía primero obtener la aprobación del congreso.
Ahora Bush ha recibido gran parte de las atribuciones que esperaba de miembros de su partido y de un puñado de demócratas en el Capitolio. "El pueblo estadounidense necesita saber que estamos trabajando juntos", dijo Bush ayer a los senadores antes de la votación.
Pero Tom Malinowski, director de la oficina en Washington de Human Rights Watch, dijo los motivos de Bush son, en parte, proteger su propia reputación solicitando la aprobación del congreso para actividades controvertidas ya realizadas. "Ha sido acusado de autorizar métodos criminales de tortura de un modo que ha perjudicado a Estados Unidos y que podrían tener repercusiones en el tratamiento que se dará a nuestros soldados. Uno de sus objetivos es que el congreso se siente con él en el banquillo de los acusados", dijo Malinowski.
El proyecto contiene algunas garantías que no se otorgaron a los ocho saboteadores nazis que llegaron a las costas de Estados Unidos en 1942 y fueron capturados dos semanas más tarde. Seis de ellos fueron ejecutados ese año después de un juicio militar a puertas cerradas en el quinto piso de la sede del ministerio de Justicia. Ese proceso fue ratificado por la Corte Suprema en una decisión que explicó dos meses después de que los acusados fueran electrocutados.
Según los nuevos procedimientos, los procesos deberían ser abiertos, pero pueden realizarse a puertas cerradas para proteger la seguridad de los individuos o informaciones que pudieran dañar la seguridad nacional. Los acusados tienen derecho a estar presentes, a menos que se comporten de manera escandalosa, y el derecho a examinar y responder ante las evidencias con que sean confrontados. La culpabilidad debe exceder las dudas razonables.
Sin embargo, muchos juristas constitucionales dicen que el proyecto de ley estira las definiciones de tantas leyes estadounidenses que su aprobación seguramente no será lo último que se diga en cuanto a cómo tratará Estados Unidos a sus detenidos. Predicen que desviará el debate público hacia los tribunales federales, que son un foro donde el gobierno ha tenido menos éxito a la hora de obtener aprobación para sus medidas antiterroristas.
"Esta es una ley que dará empleo pleno a los abogados", dijo Deborah Persltein, que dirige el programa de Ley y Seguridad estadounidenses de la organización sin fines de lucro con sede en Nueva York, Human Rights First.
El ex abogado de la Casa Blanca, Bradford A. Berenson, partidario del proyecto y uno de los autores de las reglas rechazadas por la Corte Suprema, está de acuerdo. "Algunos de las mentes jurídicas más creativas se dedicarán a agujerear el proyecto", dijo.
Anticipándose a las impugnaciones en tribunales, el gobierno intentó impermeabilizar el proyecto incluyendo disposiciones que restringen severamente la revisión judicial y limitan la validez de tratados internacionales -firmados por Washington- que regulan los derechos de los prisioneros en tiempos de guerra.
El proyecto también contiene bruscas afirmaciones de que cumple con las obligaciones de tratados norteamericanos.
El profesor de derecho constitucional de la Universidad de Texas, Sanford V. Levinson describió el proyecto en una actualización en internet como característico de una "república banana". El decano de la facultad de leyes de la Universidad de Yale, Harold Koh, dijo que "la imagen de un congreso que se apresura a despojar de su jurisdicción a los tribunales en respuesta a una emergencia creada políticamente es francamente repugnante, y no está claro si los miembros del congreso entienden realmente lo que han hecho".
En contraste, Douglas W. Kmiec, profesor de derecho constitucional de la Universidad Pepperdine, dijo que el congreso "actuó razonablemente bien en términos de la creación" de un conjunto de reglas "justas". Pero Kmiec y muchos otros dicen que no pueden predecir cómo responderá la Corte Suprema a la disposición que anula el recurso de habeas corpus, lo que dijo que dejará a "una gran cantidad de detenidos sin una base concebible para impugnar sus detenciones".
Hay otros punto álgidos probables. En la resolución de la Corte Suprema en junio revocando las medidas previas del gobierno, cuatro miembros de la corte que se unieron a la opinión de la mayoría, dijeron que la conspiración no es un crimen de guerra. El nuevo proyecto afirma que sí lo es.
El profesor de leyes de la Universidad de Georgetown, Neal Katyal, dijo que la instalación, según el proyecto de ley, de dos sistemas judiciales -las comisiones militares para nacionales extranjeros y los procesos criminales normales para ciudadanos estadounidenses- viola la Enmienda 14 de la constitución, que exige la igualdad ante la ley de cualquiera que esté bajo jurisdicción estadounidense.
"Si eres ciudadano estadounidense, tienes todo un Cadillac en términos de sistema judicial. Pero si eres extranjero o residente con tarjeta verde, tu sistema judicial es el equivalente de un Chevy abollado", dijo.

28 de septiembre de 2006
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paso hacia el abismo


Los primeros pasos hacia la tiranía norteamericana.
Esto es lo que ocurre cuando un congreso irresponsable aprueba un proyecto de ley de fundamental importancia en función de estúpidos intereses políticos electorales: El gobierno de Bush utiliza el temor de los republicanos a perder su mayoría para hacer aprobar sus espantosas ideas sobre el antiterrorismo, en un proyecto que dejarán a los soldados norteamericanos en una frágil posición en cuanto a su seguridad y causarán un daño permanente a las leyes de este país de 217 años -mientras, en realidad, no harán nada para proteger al país de los terroristas. Los demócratas traicionan sus principios para evitar ataques publicitarios de última hora. El gran perdedor es nuestra democracia.
Los republicanos dicen que el congreso debe actuar ahora en la creación de procedimientos para formalizar y juzgar a los terroristas, porque los hombres acusados de conspirar para los atentados del 11 de septiembre de 2001 están a mano para ser enjuiciados. Eso es pura propaganda. Esos hombres pudieron haber sido juzgados y condenados hace tiempo. El presidente Bush decidió no hacerlo. Los mantuvo detenidos ilegalmente, los hizo interrogar recurriendo a métodos que dificultarán juicios verdaderos e inventó un sistema absolutamente ilegal de tribunales de ópera para poder condenarlos.
Fue sólo después de que la Corte Suprema emitiera la inevitable resolución anulando el turbio sistema penal de Bush, que el presidente adoptó un tono de urgencia. Sirve un objetivo hipócrita: Los estrategas republicanos piensan que pueden ganar este otoño, no aprobando una buena ley, sino obligando a los demócratas a votar contra una mala ley para causar la impresión de que son blandos con el terrorismo.
La semana pasada, la Casa Blanca y tres senadores republicanos anunciaron un pavoroso acuerdo sobre este proyecto de ley, que dio a Bush la mayor parte de las cosas que quería, incluyendo una dispensa general por cualquier crimen que los estadounidenses puedan haber cometido al servicio de sus políticas contra el terrorismo. Luego, el vice-presidente Dick Cheney y sus partidarios entre los legisladores rescribieron el resto de la medida, de modo que diera a Bush atribuciones para encarcelar en realidad a cualquiera por el tiempo que quiera sin formular acusaciones, a reinterpretar unilateralmente las Convenciones de Ginebra, a autorizar lo que la gente normal considera tortura, y a privar de justicia a cientos de hombres capturados por error.
He aquí algunos de los defectos más grandes del proyecto de ley:

Enemigos combatientes: Una definición peligrosamente amplia de ‘enemigo combatiente ilegal' en el proyecto, que somete a residentes legales de Estados Unidos, así como a ciudadanos extranjeros viviendo en sus propios países, al peligro de ser detenidos sumariamente y a ser detenidos indefinidamente sin esperanza de poder recurrir. El presidente goza de la atribución de aplicar esta etiqueta a quien quiera .

Convenciones de Ginebra: El proyecto repudia medio siglo de precedentes internacionales permitiendo que Bush decida por sí mismo qué apremios ilegítimos pueden ser utilizados en los interrogatorios. Y su decisión quedará por lo demás secreta: no hay ninguna exigencia de que se publique la lista de métodos de interrogatorio.

Habeas corpus: Los detenidos en cárceles militares norteamericanas perderán el derecho básico a impugnar su encarcelamiento. El recurso de habeas corpus no sobrecarga a los tribunales, ni favorece a los terroristas. Simplemente permite a gente encarcelada injustamente la posibilidad de demostrar su inocencia.

Revisión judicial: Los tribunales no tendrán el poder de revisar ninguno de los aspectos del nuevo sistema, a excepción de los veredictos de los tribunales militares. La ley limitará las apelaciones y bloqueará, directa o indirectamente, acciones legales basadas en las Convenciones de Ginebra. Todo lo que Bush tiene que hacer para encerrar a alguien para siempre, es declararlo combatiente ilegal y no juzgarlo.

Evidencias obtenidas con apremios: Estas evidencias serán admitidas si el juez las considera fiables -de por sí, una contradicción en términos- y relevantes. Los apremios son definidos de un modo que excluye todo lo que se ha hecho antes de la aprobación de la Ley de Tratamientos de los Detenidos de 2005 y cualquier cosa que quiera Bush.

Evidencias secretas: Las normas corrientes de justicia estadounidense prohíben evidencias y testimonios que el acusado no pueda conocer, sea el acusado un ejecutivo de multinacional o un asesino en serie. Pero la ley, tal como ha sido redactada por Cheney, debilita las protecciones contra el uso de ese tipo de evidencias.

Faltas: La definición de tortura es inaceptablemente limitada; en la práctica, es una repetición de los memoranda profundamente cínicos que fabricó el gobierno después del 11 de septiembre de 2001. La violación y la agresión sexual son definidas de un modo retrógrado, que cubre solamente las actividades forzadas o con coaccionadas, y no otras formas de sexo no consentido. La ley elimina de modo efectivo la idea de la violación como tortura.

No hay tiempo para enmendar este proyecto, especialmente porque los pocos republicanos que se llaman a sí mismos moderados han sido obligados a dejar de lado sus reservas y los líderes demócratas del senado parecen haber perdido el norte. Si alguna vez hubo un momento para el filibusterismo, este es.
No acusamos a los demócratas de sentirse atemorizados. Los republicanos han dejado en claro que usarán toda ocasión para considerar a cualquiera que vote contra este proyecto como un facilitador del terrorismo. Pero los estadounidenses del futuro no recordarán los argumentos pragmáticos para ceder ante el gobierno.
Sabrán que en 2006 el congreso aprobó una ley tiránica que será clasificada como uno de los momentos más débiles de la democracia estadounidense, la versión de nuestra generación de la Ley de Extranjeros y Sedición.

28 de septiembre de 2006
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muerte del habeas corpus


Toda ley que elimine ese derecho básico de los detenidos debería ser rechazada.
A pesar de que lo diga él mismo, el senador Arlen Specter (republicano de Pensilvania), presidente del Comité Judicial del Senado, es un experto en derecho constitucional. Así que su advertencia de que es probable que la Corte Suprema invalide la legislación pendiente que creará comisiones militares para juzgar a acusados de terrorismo, merece ser oída -en el senado.
El problema con esa legislación -incluso con las mejoras impuestas a la Casa Blanca por el senador John McCain (republicano de Arizona)- es que hará imposible que los ‘combatientes enemigos' puedan presentar lo que conocemos como recurso de habeas corpus, que les permitiría impugnar la legalidad de su encarcelamiento.
En 2004, la Corte Suprema rechazó la posición del gobierno de Bush y resolvió que los detenidos en la base norteamericana de Bahía Guantánamo tenían derecho a presentar esos recursos. En su decisión, el alto tribunal citó una ley que otorga a los tribunales federales la autoridad para revisar recursos de habeas corpus. En su opinión mayoritaria, el juez John Paul Stevens también citó un caso de 1945 en el que la corte observó que el habeas corpus es "un recurso anterior a la ley... que encuentra sus raíces en lo más profundo de nuestras leyes". De hecho, el recurso se remonta a la Carta Magna. Y aunque la constitución permita al congreso suspender el habeas corpus en "casos de rebelión o invasión", Specter observa correctamente que "no estamos en ninguna de esas dos situaciones".
El alegato para permitir que los detenidos presenten recursos de habeas corpus va más allá de evitar la humillación de un rechazo de la Corte Suprema, que ya ha desairado dos veces la estrategia jurídica del gobierno en la guerra contra el terrorismo. Treinta y tres ex diplomáticos norteamericanos han enviado una carta al congreso advirtiendo que "negar el habeas corpus a nuestros prisioneros será visto como una prescripción sobre cómo los miembros capturados de nuestro propio personal militar, diplomático y de organizaciones no-gubernamentales han de ser tratados en el extranjero".
El miércoles, la Cámara aprobó un proyecto de ley que no permite que los detenidos presenten recursos de habeas corpus. Eso significa que quedará en manos de Specter y sus colegas velar por la preservación del recurso cuando el senado vote hoy.

28 de septiembre de 2006
©los angeles times
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las castañas en el fuego


[E. J. Dionne Jr.] Bush ya no cuenta con la mayoría silenciosa de 2003. Ahora la mayoría silenciosa lo rechaza.
Lo que podría ser el factor más importante en las elecciones de 2006 se pasa por alto porque no es visible: Los republicanos no pueden tratar de adular a la ‘mayoría silenciosa' partidaria de la guerra de Iraq, porque la mayoría de los norteamericanos, tanto silenciosa como ruidosamente, consideran que la guerra fue un error.
Los partidarios del presidente Bush han descrito a los que se oponen a la guerra como blandos con el terrorismo. Ayer, el vice-presidente Cheney acusó a los demócratas de "resignación y fatalismo". Pero las acusaciones no han caído en buena tierra porque la mayoría de los norteamericanos no están de acuerdo con la premisa que asocia la guerra contra el terrorismo con la guerra de Iraq.
Y no se puede culpar de los fracasos en Iraq a una elite liberal que presuntamente contiene a nuestros generales, sino a la selección de civiles por un gobierno conservador. Esos civiles y sus aliados fuera del gobierno, son cada vez más criticados por jefes militares y de los servicios de inteligencia por su deficiente planificación, análisis erróneos y expectativas poco realistas.
Además, el tono de la oposición a la guerra es bastante diferente del tenor de algunas secciones del movimiento contra la Guerra de Vietnam. La reacción ante los "manifestantes hippies", como se decía entonces, permitió al presidente Richard Nixon poner a la sacrificada y patriota ‘mayoría silenciosa' -fue una de las frases más potentes políticamente de su presidencia- contra los privilegiados, los jóvenes y la prensa, a los que su vice-presidente Spiro Agnew caracterizó como "snobs decadentes" y "activistas charlatanes y pesimistas".
Como observó el historiador y biógrafo de Nixon, Stephen Ambrose, pequeñas minorías -"no constituían ni el uno por ciento de los manifestantes", escribió sobre una manifestación de 1969- "ondeaban banderas del Viet Cong... e incluso quemaron banderas norteamericanas" y fueron "imanes para las cámaras de televisión". Fueron utilizados para representar a todo el movimiento.
En contraste, los críticos de la guerra de Iraq, profundamente influidos por el clima de solidaridad nacional tras el 11 de septiembre de 2001, han sido resueltamente patriotas y pro-fuerzas armadas. A menudo han acusado al gobierno por ofrecer muy poco a las tropas norteamericanas en cuanto a armaduras corporales y vehículos blindados, y por maltratar a los veteranos.
Entre los críticos más visibles de la política del gobierno han estado generales, veteranos, padres con hijos e hijas en las fuerzas armadas y realistas en política exterior que se consideran a sí mismos moderados o incluso opositores conservadores a lo que ven como una dirección demasiado radical del gobierno.
Es por esto que la noticia del fin de semana sobre el Estimado Nacional de Inteligencia en Iraq es especialmente problemática para las posibilidades electorales republicanas. Constatando que la guerra de Iraq ha estimulado el terrorismo global y engendrado una nueva generación de extremistas musulmanes, el informe preparado por dieciséis servicios de inteligencia del gobierno socava el argumento central del gobierno de que la guerra de Iraq ha hecho de Estados Unidos un país más seguro.
Ahora no hay modo de desechar esa conclusión como partidistas, izquierdista o no patriótica. Que funcionarios de alto nivel del gobierno hayan presentado sus críticas sobre el impacto de la guerra hace difícil que los republicanos puedan rechazar las conclusiones de los críticos como reproches motivados por sus opciones políticas.
No es una sorpresa que el gobierno insistiera inmediatamente en que los nuevos informes de prensa "no eran representativos de todo el documento", en palabras de un portavoz de la Casa Blanca. La frase fue un clásico ejemplo de negación, una respuesta defensiva de un gobierno que ha tratado, con algún éxito, de mantenerse a la ofensiva en el tema del terrorismo.
La convencional, y correcta opinión de las elecciones de otoño es que Iraq es un tema de los demócratas y la más amplia guerra contra el terrorismo un tema republicano. Es por eso que demócratas como el líder de la minoría en el senado, Harry Red, estaban ansiosos que caracterizar el informe como un comentario sobre los "repetidos errores del presidente en Iraq y su testarudo empecinamiento en mantener el curso", como dijo Reid el domingo.
Pero debajo de la versión convencional hay una verdad más reveladora: que en los últimos cuatro años, el peso de la prueba de la guerra de Iraq ha sido puesta de cabeza.
Durante la campaña de las elecciones de 2002 -antes de que empezara la guerra-, los candidatos demócratas en todo el país eludieron el debate sobre Iraq y temían a las preguntas sobre las opciones de Bush en cuanto a la seguridad nacional. En 2006 es el gobierno el que está tratando de mantener a Iraq fuera de la campaña y de llevar el debate público hacia cualquier lugar para no rendir cuentas sobre las decisiones tomadas en cuanto a la guerra que ahora tantos estadounidenses lamentan. Ahora no hay una mayoría silenciosa dispuesta a sacarle las castañas del fuego.

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26 de septiembre de 2006
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poligamia cristiana en utah


[Kirsten Scharnberg y Manya A. Brachear] Un estilo de vida prohibido por la ley, pero tolerado.
Eagle Mountain, Utah, Estados Unidos. El vecindario se ve como cualquier otro suburbio de clase media alta: enormes casas con balancines en los jardines, con el césped perfectamente cortado y sembrado de bicicletas de niños.
Pero debajo de ese barniz típicamente estadounidense, todo lo demás es diferente en este elegante vecindario a 65 kilómetros al sur de Salt Lake City.
"Aquí casi todos son polígamos", dice Mary, una mujer que organizó hace poco un recorrido de la zona y es ella misma la segunda esposa de un hombre de Utah. Como otras polígamas entrevistadas para este reportaje, pidió ser identificada solamente con su nombre de pila por miedo a tener líos con la justicia. "Hay una o dos casas que no lo son, pero prácticamente todas las familias son de las nuestras".
En las semanas que han pasado desde la detención de Warren Jeffs, el líder mormón fundamentalista que estuvo en la lista de los cien más buscados por el FBI tras ser acusado de haber facilitado la violación y matrimonio de niñas menores de edad, han habido persistentes preguntas sobre la verdadera extensión y peligrosidad de la poligamia en Utah.
Mormones tradicionalistas de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, con doce millones de miembros en todo el mundo, han afirmado que todas las denominaciones polígamas -incluyendo la Iglesia Fundamentalista de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, de Jeffs- son aberraciones en un estado donde la influyente Iglesia Mormona suspendió la práctica de la poligamia hace más de un siglo. Pero el fiscal general de Utah, activistas pro-poligamia y otros expertos calculan en 40 mil las personas que viven en familias polígamas y comunidades semejantes en todo el occidente de Estados Unidos. Una gran parte de ellas viven en los suburbios de Utah.
Aunque es raro que las acusaciones de abuso sean tan sistemáticas y atroces como las reportadas en las comunidades dirigidas por Jeffs, prácticamente todas las sectas polígamas de Utah han sido vinculadas con conductas económicas, sexuales y espirituales indecentes. Jurados federales en Arizona e investigadores del estado en Nevada están escudriñando las prácticas polígamas en esos estados, de acuerdo a informes de la prensa.
A principios de mes, el líder de la minoría en el senado, Harry Reid (demócrata de Nevada), mormón él mismo, pidió al fiscal general Alberto Gonzales, la creación de un destacamento federal para que investigue las sectas polígamas en el occidente de Estados Unidos, especialmente la iglesia de Jeffs, un grupo en el que niñas de hasta trece años son casadas y cientos de niños han sido excomulgados y separados de sus padres en una supuesta campaña para reducir la competencia por esposas entre los adultos. Sin embargo, en su carta, los comentarios de Reid dejaron en claro que se refería a la subcultura de la poligamia en Utah en general, así como a la comunidad de Jeffs a lo largo de la frontera entre Utah y Arizona.
"Durante demasiado tiempo, esta escandalosa actividad ha estado oculta bajo la máscara de la libertad de religión", escribió. "Pero los abusos contra los niños y la servidumbre humana no tienen nada que ver con la libertad religiosa y no han de ser tolerados".

Defendiendo Su Fe
Debido a esos comentarios, los polígamos de Utah han salido con inusitada energía en defensa de su fe, valores y estilo de vida. Dicen que el matrimonio plural cumple con la misión de todos los mormones de ser prolíficos y multiplicarse y ascender a los más altos escalones del cielo. Dicen que les rompe el corazón que la iglesia tradicional abandonara en 1890 la poligamia -o lo que un experto llamó "el proceso de pulir el alma"- para aplacar al gobierno federal y garantizar que Utah obtuviera la condición de estado. Mencionan comunidades como Eagle Mountain y Rocky Ridge, donde las familias polígamas parecen ser felices y prósperas, a menudo formadas por un marido con múltiples esposas que viven en lujosas casas con patios adyacentes.
"En realidad somos asquerosamente aburridos", dijo Jane, otra esposa del mismo marido que Mary. "No tenemos dramas. Somos los vecinos -simplemente otra gente como nosotros".
Durante la campaña para fiscal general de 2004, la poligamia fue llamada ‘el pequeño secreto sucio' del estado y los candidatos para la posición policial más alta debatieron cómo hacer frente al asunto. Ganó Mark Shurtleff y desde entonces ha implementado una política que consiste esencialmente en no molestar a los polígamos, a menos que cometan simultáneamente otros delitos. Aunque el acto de tener más de una esposa es un delito punible con hasta cinco años de cárcel en Utah, hace tiempo que las autoridades dejaron de perseguir activamente a los polígamos.
"No tenemos recursos, ni pienso que debamos usar nuestros recursos, para condenar a todos los polígamos de Utah, meterlos en la cárcel y colocar a 20 mil niños en hogares adoptivos", dijo Shurtleff hace poco a un periodista canadiense cuando le preguntó sobre las medidas adoptadas en el estado para reprimir la poligamia. "Nos estamos concentrando en crímenes contra las mujeres y niños y en la evasión de los impuestos y otros delitos que implican el mal uso de dineros fiscales".
En realidad, mucho antes de que Jeffs fuera arrestado en una autopista en las afueras de Las Vegas, esos delitos eran evidentes. Por ejemplo:
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días Viva y Verdadera fue objeto de fuertes críticas cuando una joven mujer huyó de la comunidad y se acercó a las autoridades alegando que había sido obligada para casarse con su padrastro después de años de adoctrinamiento en los que le dijeron que si lo hacía ardería en el infierno, de acuerdo a un libro que detalla el caso. El fiscal general de Utah resolvió no procesar al hombre, un carismático predicador que afirma ser la reencarnación del profeta mormón Joseph Smith, porque la mujer tenía 20 años y se la consideraba una adulta consintiente.
Los Hermanos Apostólicos Unidos, una comunidad polígama en Utah con 7.500 miembros, un bonito complejo suburbano con canchas de atletismo, un salón de baile al aire libre y una escuela privada, fueron condenados por haber estafado más de un millón y medio de dólares a un miembro adinerado, y el juez resolvió que la secta y sus líderes debían devolver ese dinero.
En la Sociedad Cooperativa del Condado de Davis, una comunidad polígama al norte de Salt Lake City, la familia principal, los Kingston, poseían según los fiscales del estado capitales por sobre los 150 millones de dólares. Sin embargo, declaraciones en un caso reciente sobre abuso infantil y custodia revelaron que uno de los patriarcas de la comunidad dijo que no podía pagar la pensión alimenticia mensual dictaminada por el juez para los hijos de una de sus varias esposas. Otro de los líderes de la secta fue condenado en 1999 por incesto tras tomar a su sobrina de 16 años como su esposa número quince.
Sin embargo, incluso los críticos más ruidosos se cuidan de decir que todos los polígamos sean culpables de abusos similares.
"Escucha", dice John Llewellyn, uno de los principales críticos de la poligamia en Utah hoy. "Yo soy un ex policía, un ex polígamo y ahora estoy trabajando contra la poligamia. He visto este asunto desde todos los lados. Lo esencial es que hay un montón de polígamos que son buenos y honestos. Lamentablemente también hay muchos que están cometiendo todo tipo de abusos terribles".
Los Hermanos Apostólicos Unidos, cuyos miembros viven dispersos por los suburbios de Salt Lake City tales como Eagle Mountain, son considerados por las autoridades e incluso por varios críticos de la poligamia como Llewellyn como un grupo donde no ocurren abusos ni se toleran.

El Cielo Más Elevado
Charles, 41, programador, con tres esposas y 14 hijos, vive en Utah central y dice que sólo quiere llevar a cabo el plan divino. Él y su primera esposa se unieron a los Hermanos Apostólicos Unidos y más tarde tomó sus segunda y tercera esposas, Jeni y Alorah.
"Creemos que el propósito del matrimonio plural es atraer a espíritus que esperan nacer en familias decentes que les enseñen los evangelios", dijo. "Un montón de gente de por aquí quiere vivir en matrimonios plurales porque así pueden ascender al cielo más alto. Cuando yo veo lo que el Salvador ha hecho por mí, simplemente querrías pagarle y hacer lo que él dice".
Pero no es algo que pueda hacer cualquier mormón. La tercera esposa de Charles, Alorah, dijo que su madre era la tercera de cuatro esposas y sin embargo su decisión de sellar un matrimonio plural exigió intensas oraciones.
"Hay un dicho que nos contamos las chicas de este grupo, que si puedes tener el diez por ciento de un hombre que es cien por ciento hombre, en lugar del cien por ciento de un hombre que es diez por ciento hombre, ¿qué elegirías?"
Con el tiempo, las comunidades polígamas han florecido en todo el estado, y continúan creciendo debido a que los polígamos forman familias numerosas.
Mary y Jane están las dos casadas con un miembro de la secta Hermanos Apostólicos Unidos, un hombre de edad mediana que es casi el equivalente en la vida real de Bill Henrickson, el personaje de la serie de la HBO ‘Big Love', que vive en los suburbios de Salt Lake City con sus tres esposas, siete hijos y cuentas cada vez más abultadas.
Durante la cena en un restaurante marítimo suburbano, Jane y Mary se burlan ambas de su marido mientras él ríe de buen humor con sus ocurrencias. Las mujeres rechazan las preguntas sobre los celos entre ellas, diciendo que no valen la pena como para pelearse por ellos, pero más tarde disertan sobre el principio mormón de construir familias numerosas en la Tierra que puedan replicarse en el cielo.
La familia explica la mecánica de sus vidas: Las dos mujeres viven en casas vecinas. (Jane se queja, en broma, de que Mary tiene el mejor jardín). El marido, que pidió no ser identificado, pasa tres noches de la semana con cada esposa y familia).
La familia entristece cuando comentan las acusaciones de que los abusos están inexorablemente unidos a la poligamia. Enfatizan que su comunidad desalienta fuertemente los matrimonios de menores de dieciocho años. Mary se ve claramente orgullosa cuando cuenta que uno de sus hijos descubrió a un hombre en la comunidad que estaba abusando de una niña menor de edad y lo denunció a la policía.
"Lo esencial", dice, "es que si despiertas a una niña de trece en mitad de la noche y la casas con un hombre veinte años mayor, eso es abuso. Definitivamente".
Son familias como estas las que sirven de ejemplo cuando los partidarios de la poligamia esgrimen su argumento más frecuente: la descriminalización. Dicen que si se retira el miedo a ser procesados, los grupos polígamos podrían dejar de vivir recluidos y clandestinamente, las condiciones que a menudo permiten esos abusos. Incluso más, piensan que tendrían menos temor de acercarse a las autoridades para denunciar los abusos cometidos entre sus filas.
"Se trata de perseguir los delitos, no la cultura", dice Anne Wilde, una ex esposa plural que es ahora viuda y la co-directora de Principle Voices, un grupo a favor de la poligamia.
Sin embargo, los activistas contra la poligamia se muestran igualmente inflexibles en que la cultura conduce invariablemente a problemas. Dicen que como mínimo las mujeres son marginadas por una doctrina religiosa que las convierte en un moderno harén de sus maridos. Hablan de matrimonios en los que el marido tenía más hijos de los que podía mantener, provocando que las mujeres tuvieran que depender de la seguridad social. Lo peor, dicen, es que la cultura tiene una larga tradición de abusos físicos, violación, incesto y matrimonios precoces, y es una tradición persistente.
"Yo he vivido en esa vida", dice Vicky Prunty, co-directora de Tapestry Against Polygamy, el grupo anti-poligamia más activo del estado. "Cualquiera que te diga que las mujeres no son maltratadas -obligadas a aceptar que sus maridos toman otras esposas en nombre de la religión, obligadas a casarse demasiado jóvenes con hombres mucho más viejos, golpeadas o peor todavía-, no está diciendo la verdad".
Elaine Tyler, voluntaria de la organización The HOPE, un grupo que se dedica a ayudar a las mujeres que abandonan las comunidades polígamas, ha visto de primera mano los efectos que tiene el modo de vida polígamo sobre algunos de sus miembros.
Tyler conoce a decenas de mujeres, muchas de las cuales fueron obligadas a casarse con hombres mucho mayores antes de cumplir los dieciséis, la edad mínima para casarse en Utah. Además, muchas dijeron que fueron abusadas por familiares en las comunidades Jeffs de Colorado City, Arizona, y Hildale, Utah, donde el incesto está tan extendido que el grupo sufre la que se cree que es la tasa más alta del mundo en deficiencia de fumarasa, una rara enfermedad genética que causa un profundo retardo mental.
"Los abusos son espantosos", dijo Tyler. "La mayoría de las mujeres que emergen de esas comunidades no tienen ni idea de lo inaceptable que es lo que les ha pasado. Si todo lo que han visto en su vida es que su hermana está siendo molestada en la cama, cuando les empieza a pasar a ellas no piensan: ‘Hey, esto está mal', sino que: ‘Ahora me toca a mí'".

Testigos A Regañadientes
De hecho, convencer a testigos para que declaren en casos de abusos es siempre la parte más difícil de los procesos de poligamia. Llewellyn, ex teniente en el Despacho del Alguacil del Condado de Salt Lake, que vivió en secreto con tres esposas antes de convertirse en autor y declarado crítico de la poligamia, dijo que una de las razones claves por las que desaprueba el estilo de vida fue ver cómo las comunidades polígamas se niegan a declarar contra aquellos de su propio redil que cometen delitos.
"Supongo que lo que espero es pagar por algunas de las cosas que he hecho y de las que formado parte", dijo Llewellyn, que escribió ‘Polygamy's Rape of Rachel Strong', un libro que hace la crónica de una joven mujer que abandonó una severa comunidad polígama, pero sólo después de ser presionada para casarse con su padrastro, un hombre de edad mediana. Llewellyn dice en el libro que el padrastro de Strong, el conocido polígamo de Utah, James Harmston, la obligó a casarse y a tener sexo mediante una campaña de coacción espiritual tan "efectiva como apuntarte a la cabeza con una pistola". Harmston ha llamado a Strong una persona mentalmente enferma y negó haberla obligado a casarse.
Un viernes noche hace poco, cuando el frío del otoño empezaba a arrastrarse en el aire de la montaña, los adolescentes de una comunidad polígama en las afueras de Salt Lake City se reunieron para un baile en un granero.
Erin Thompson, 15, tipificó a los jóvenes de la comunidad que estaban allí como inteligentes y optimistas. Habló sobre sus planes de estudiar en la universidad, y convertirse quizás en dentista. Mirando hacia el futuro, habló sobre el matrimonio y los hijos, y, sin titubeos, dijo que quería ser una esposa plural. Dijo que sentía la obligación religiosa de hacerlo, y creía que tener que compartir un marido le enseñaría todo sobre el sacrificio y la impediría ponerlo a él en el centro de su universo.
"En todas las comunidades ocurren cosas malas, sean polígamas o no", dijo. "Yo sé eso. Pero creo que este estilo de vida puede traer más felicidad de lo que imaginas, si se lo vive correctamente, y creo que si se lo vive incorrectamente, puede causar la misma cantidad de dolor".

kscharnberg@tribune.com
mbrachear@tribune.com

24 de septiembre de 2006
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¿llegan los ricos a viejos?


[Thomas H. Maugh II] Estudio constata continuadas disparidades en esperanza de vida en Estados Unidos.
La esperanza de vida de los estadounidenses más ricos es más de treinta años más larga que la de los más pobres, a pesar de más de dos décadas de esfuerzos por reducir las disparidades, informaron el lunes investigadores de la Universidad de Harvard.
En un extremo de la escala se encuentran las mujeres asiático-americanas del condado de Bergen, Nueva Jersey, que tienen un promedio de esperanza de vida de 91 años, de acuerdo al informe publicado en la revista Public Library of Science Medicine.
En el otro extremo están los indios americanos en Dakota del Sur, cuya esperanza de vida promedio es de sólo 58 años. "Eso es comparable con la esperanza de vida en el sudeste asiático y en los países del África subsahariana", dice el doctor Richard M. Suzman, director del Instituto Nacional sobre la Vejez, que financió parcialmente el estudio.
La diferencia no se relaciona directamente con el ingreso, el seguro médico, la mortalidad infantil, el SIDA o la violencia, factores que se cree corrientemente que están asociados a esas disparidades.
Los agentes más importantes del aumento en la mortaldad, en orden de importancia, son el tabaco, el alcohol, la obesidad, la presión alta, el colesterol alto, la dieta y la inactividad física, dice el doctor Christopher J.L. Murray, de la Facultad de Salud Pública de Harvard, que dirigió el estudio.
"Esos siete factores explican un montón de las tendencias que estamos observando", dijo. "También nos dan algunos indicios sobre los tipos de salud pública e intervenciones del cuidado médico que podrían hacer una diferencia en esas disparidades".
Las disparidades en esperanzas de vida son tan extremas que los investigadores concluyeron que hay "ocho Estados Unidos", con sus asociaciones específicas de raza, geografía, ingresos y esperanzas de vida.
"Hay millones de estadounidenses que tienen esperanzas de vida similares a las de los países en desarrollo", dijo Murray. "Solamente eso ya es bastante extraordinario, considerando que gastamos cinco mil dólares al año por persona en seguro médico".
Además, los datos muestran que las brechas entre los grupos no se han estado reduciendo en las últimas dos décadas. Al contrario, están aumentando, dijo Murray, a pesar de una serie de medidas.
"En términos simples, ha habido un montón de debates y esfuerzos, pero no ha habido progresos", dijo.
En breve, los ocho Estados Unidos se definen así:

-10.4 millones de asiáticos, ingreso per cápita promedio de 21.566 dólares, en 1.889 condados, esperanza de vida de 84.9 años.

-3.6 millones de blancos de ingresos bajos en 112 condados rurales en las praderas del Norte y Dakotas, ingreso promedio de 17.758, esperanza de vida de 79 años.

-214 millones de estadounidenses medios dispersos por todo el país, ingreso promedio de 24.640 dólares, esperanza de vida de 77.9 años.

-16.6 millones de blancos de bajos ingresos en 467 condados rurales en Appalachia y en el Valle de Mississippi, ingreso promedio de 16.390 dólares, esperanza de vida de 75 años.

-1 millón de indios americanos occidentales en 359 condados, ingreso promedio de 10.029 dólares, esperanza de vida de 72.7 años.

-23.4 millones de estadounidenses negros medios en 1.632 condados, ingreso promedio de 15.412 dólares, esperanza de vida de 72.9 años.

-5.8 millones de negros sureños de bajos ingresos en 427 condados rurales, ingreso promedio de 10.463 dólares, esperanza de vida de 71.2 años.

-7.5 millones de negros urbanos de alto riesgo en 13 condados urbanos con las tasas más altas de homicidios, ingreso promedio de 14.800 dólares, esperanza de vida de 71.1 años.

Cuando se desagregan los datos por condado, la esperanza de vida más baja, de 66.6 años, se encuentra en los condados de Bennet, Jackson, Mellette, Shannon, Todd y Washabaugh en Dakota del Sur -todas áreas con grandes poblaciones indias concentradas en reservas.
Los condados con la esperanza de vida más larga, de 81.3 años, son los de Clear Creek, Eagle, Gilpin, Grand, Jackson, Park y Summit en Colorado, el condado de Montgomery, Meryland, y los condados de Lyon y Sioux en Iowa.
La brecha ha estado aumentando desde 1984, dice Murray.
De acuerdo a datos por estados, Hawaii es el más rico, con una esperanza de vida para hombres y mujeres, de 80 años.
El distrito de Columbia es el peor lugar donde vivir, con una esperanza de vida de sólo 72 años. Lo sigue Mississippi, 73.6 años, Louisiana, 74.2 años, Alabama, 74.4 años y Carolina del Sur, 74.8 años.
Las opciones personales pueden ser más importantes que el acceso a servicios médicos, agregó Murray. Aunque el 85 por ciento de la población cuenta con seguro médico, dijo, la mitad de la gente con presión alta no se controla, dos tercios de la gente con colesterol alto no recibe estatinas para bajarlo y dos tercios de la gente con diabetes no la puede controlar.

11 de septiembre de 2006
©los angeles times
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