SAUDÍES PROPONEN FUERZA ISLÁMICA EN IRAQ - robin wright
Hay movimiento en Oriente Medio. Arabia Saudí propone la formación de una fuerza multinacional árabe-musulmana para intervenir en Iraq y "facilitar" la retirada de las tropas norteamericanas y aliadas.
Arabia Saudí ha gastado tres semanas explorando la posibilidad de una fuerza islámica con países árabes y musulmanes y Estados Unidos. El ministro de Asuntos Exteriores saudí, el príncipe Saud Faisal, discutió la idea en detalle con el secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, en Viena la semana pasada, de acuerdo a un diplomático saudí.
Funcionarios saudíes dijeron que lanzaron la iniciativa para paliar las crecientes preocupaciones en el mundo islámico sobre el continuado despliegue de la coalición en Iraq así como por preocupaciones saudíes propias.
"Estamos proponiendo esta iniciativa porque a) queremos ayudar al pueblo iraquí a ponerse en pie y recuperar su soberanía tan pronto como posible; b) porque hay un enorme deseo en el mundo árabe y musulmán de ayudar a Iraq y al pueblo iraquí a ponerse de pie y c) porque la inestabilidad en Iraq tiene un impacto negativo sobre Arabia Saudí. Queremos estabilizar la situación en Iraq", dijo Adel Jubeir, asesor jefe de política exterior de Abdullah.
Un alto funcionario saudí dijo que ningún país se había comprometido, pero que Pakistán, Malasia, Argelia, Bangladesh y Marruecos se encuentran entre los posibles.
Los países con fronteras con Iraq, como Arabia Saudí y Jordania, no serán incluidos, dijo.
El departamento de estado, que ha estado a cargo de la política de Iraq desde el traspaso de poder político a un gobierno interino el 28 de junio, reaccionó positivamente ante la idea.
"Discutimos algunas ideas que los saudíes han estado discutiendo con otros acerca de cómo facilitar el despliegue de tropas de países musulmanes sin fronteras con Iraq", dijo el portavoz del departamento de estado, Richard Boucher, a periodistas que viajaban con Powell. "El objetivo es ayudar a los iraquíes a establecer
seguridad. Es el objetivo que apoyamos. Y seguiremos hablando con ellos sobre el asunto".
Un alto funcionario del departamento de estado que viaja con Powelll dijo que Estados Unidos estaba interesado en examinar detalles específicos del plan. Inicialmente describió la fuerza islámica como "suplementaria", pero más tarde se retractó y dijo que la fuerza podría ayudar a "bajar la demanda" de tropas de la coalición. La coalición no tiene miembros árabes.
El presidente Bush y el príncipe heredero han discutido la iniciativa saudí el miércoles durante una conversación telefónica de diez minutos, de acuerdo a fuentes familiares con la conversación, pero sin entregar detalles. En Washington, el portavoz de la Casa Blanca Trent Duffy dijo que Bush agradecía al líder saudí por recibir a Powell y considerar la situación en Iraq y los esfuerzos saudíes en la lucha contra el terrorismo en su territorio.
El gobierno saudí también habló con el primer ministro interino iraquí, Ayad Allawi, que tambíen está de visita en el reino, acerca de las perspectivas de una fuerza islámica. Funcionarios a nivel de gabinete que viajan con Allawi dijeron que el nuevo gobierno ya estaba presionando a países musulmanes de Oriente Medio, África del Norte y Asia para enviar tropas.
En la primera semana después de asumor el poder Allawi envió cartas pidiendo formalmente tropas a los gobiernos de Bangladesh, Bahrain, Egipto, Marruecos, Túnez, Omán y Pakistán, dijeron funcionarios iraquíes. Allawi sostendrá conversaciones con Powell sobre la propuesta así como sobre otros problemas de seguridad y reconstrucción de Iraq, dijeron funcionarios norteamericanos.
Funcionarios saudíes enfatizaron que su idea estaba todavía en una fase preliminar. Entre los muchos problemas que deben ser tratados es si la fuerza islámica sería o no parte de una fuerza multinacional de Naciones Unidas, o si estaría bajo un paraguas separado de Naciones Unidas. "Seguimos buscando ideas acerca de cómo avanzar", dijo un alto cargo saudí.
Estados Unidos está particularmente preocupado de problemas de mando y control. Durante las dos semanas de discusión entre el gobierno de Bush y el reino, que comparte una larga frontera con Iraq, Estados Unidos se mostró inicialmente escéptico debido a que sus propias peticiones han sido en gran parte rechazadas. Pero una invitación hecha por un país árabe, que responda a crecientes preocupaciones en el mundo islámico sobre Iraq, puede despertar más interés, especialmente si es vista como un modo de sacar a las tropas norteamericanas de Iraq, dijeron fuentes árabes. Arabia Saudí, el rico guardián de las dos ciudades más sacras del mundo islámico, Meca y Medina, tiene una importante influencia entre los musulmanes de todo el mundo.
Durante una parada anterior de Powell en Cairo, Egiptu rechazó el esfuerzo norteamericano de poner más presión sobre el gobierno sudanés para frenar a la milicia janjaweed de Darfur, una región en Sudán occidental donde decenas de miles de africanos han sido matados y más de un millón ha sido desplazados por una ola de ataque de los milicianos árabes que merodean la región. El gobierno del presidente Hosni Mubarak en lugar de eso pidió urgentemente a Powell dar más tiempo al gobierno de Sudán para cumplir la promesa de llevar seguridad a la región.
"Le hablé al secretario de estado sobre la importancia de dar tiempo al gobierno de Sudán para llevar a cabo sus compromisos. Le aseguré al secretario de estado que creemos que el gobierno sudanés lo está tratando seriamente y debemos ofrecer una mano", dijo el nuevo ministro de Asuntos Exteriores de Sudán, Ahmed Abul Gheit, durante una rueda de prensa con Powell.
Estados Unidos había esperado ganar el apoyo de Egipto, el vecino norteño de Sudán, para un borrador de una resolución de Naciones Unidas que amenazaba con sanciones económicas al gobierno del presidente Omar Hassan Bashir si Sudán no termina con los milicianos y facilita la entrega de ayuda internacional a los campamentos de gente desplazada. La resolución propuesta da a Sudán 30 días para actuar antes de que el Consejo de Seguridad considere medidas para demostrar su intención de castigar al gobierno.
En una entrevista con el diario egipcio Al-Akhbar, Powell expresó una creciente frustración. "El gobierno sudanés sabe lo que tiene que hacer. Y debe hacerlo ahora mismo", dijo. "Debe controlar a los janjaweed y no esperar a ver cuántos meses más le damos. Tiene que hacerlo ahora mismo".
29 de julio de 2004
©traducción mQh
©washingtonpost
LA POLÍTICA DE LAS DECAPITACIONES EN VIDEO - robert fisk
Los salvajes métodos de la resistencia fundamentalista incluyen la decapitación y su exhibición por televisión.
Las imágenes se ven granulosas, las voces se oyen poco claras por momentos. Pero cuando Kim Sun-il grita una y otra vez: "No me maten", su miedo es palpable. Mientras cercenan la cabeza de las víctimas de secuestros en Irak, se escuchan en la banda sonora recitaciones del Corán, por lo regular pronunciadas por algún imán saudita conocido. En la decapitación de un estadunidense, el asesino limpia de manera ritual dos veces su arma en la camisa de la víctima, como hacen los oficiales sauditas después de las ejecuciones públicas en el reino. El terror en video ha sentado carta de naturaleza en la guerra de Irak. El más reciente muestra a un diplomático egipcio, Mohamed Mamdouh Qutb, capturado por secuestradores cuando salía de las oraciones vespertinas en una mezquita de Bagdad, el viernes pasado. En el video se le ve sentado ante hombres armados y encapuchados, quienes dicen que Egipto no debe enviar soldados a Irak. Egipto ya ha declarado que no tiene intenciones de hacerlo, pues se trata, según el ministro del Exterior de ese país, de un "asunto delicado".
El secuestro de Qutb fue probablemente resultado de su aparición en un video difundido en un noticiero en los canales de satélite árabes, el cual lo mostraba en su embajada, dando la bienvenida a un camionero egipcio recién liberado.
La "resistencia", los "terroristas" o "los combatientes iraquíes armados" -como ahora empiezan las fuerzas estadunidenses a referirse a sus enemigos- comenzaron con una serie de videos de mala calidad en los que mostraban ataques a las fuerzas estadunidenses en Irak. Desde un auto en movimiento filmaban las bombas plantadas al lado del camino en el momento de estallar al paso de un convoy militar. También se podía ver a guerrilleros disparando morteros a las bases estadunidenses en los alrededores de Fallujah.
Pero una vez que comenzaron los secuestros, los videos entraron a un mundo nuevo y macabro. Más de 60 extranjeros han sido plagiados este año en Irak; a la mayoría los soltaron, pero a muchos los videograbaron en cautiverio, mientras los secuestradores leían sus demandas. El rostro desencajado de Angelo de la Cruz fue suficiente para provocar manifestaciones callejeras en Manila y la retirada prematura del pequeño contingente filipino en Irak.
Ahora el escenario se ha vuelto lóbregamente familiar. La víctima potencial se arrodilla frente a tres encapuchados, armados con rifles Kalashnikov. A veces implora por su vida, en otras permanece en silencio, al parecer sin saber si será asesinado o se le perdonará la vida. El espectador, en cambio, nota algo terrible: cuando el rehén va a ser decapitado, los hombres armados que están detrás llevan guantes, para no mancharse las manos con la sangre de un infiel. Se lee la sentencia de muerte y entonces, de manera inevitable, lo jalan a la derecha y un hombre se inclina a cercenarle el cuello.
La víctima más reciente era un búlgaro. Otro rehén de la misma nacionalidad está amenazado con sufrir el mismo destino esta semana.
Todas las partes en pugna en Irak se han unido a la guerra de videos. El primer día del juicio a Saddam Hussein fue videograbado y entregado a periodistas por censores militares estadunidenses que al principio intentaron borrar el sonido, lo cual sí lograron hacer con los 11 baazistas cuya audiencia de acusaciones vino poco después.
Incluso hubo una extraña cinta en la que hombres armados que se hacían llamar "la resistencia iraquí" amenazan la vida de Abu Musab al-Zarqawi, miembro de Al Qaeda, si no se va de Irak. Los estadunidenses y el nuevo primer ministro iraquí designado por Washington, Iyad Allawi, culpan a Zarqawi de los ataques suicidas en el país. Pero muchos iraquíes sospechan que ese video fue hecho por las autoridades iraquíes, de lo cual se convencieron al ver que los hombres de la "resistencia" se referían con respeto, no a las "fuerzas de ocupación", sino a las "fuerzas de la coalición", nombre oficial adoptado por los ejércitos occidentales en Irak. A este video le llaman ahora "la cinta de Allawi".
Los videos, que por lo general se entregan a uno de los dos canales de televisión en lengua árabe -Al Jazeera o Al Arabiya-, rara vez se exhiben completos. Pero un efecto lateral escandaloso es que sitios de Internet -sobre todo uno al parecer radicado en California- han subido a la red todo su macabro contenido.
Por ejemplo, un sitio estadunidense presenta la decapitación del estadunidense Frank Berg y la del rehén sudcoreano en todos sus sanguinarios detalles. "Video de la decapitación de Kim Sun-il, versión corta, versión larga", ofrece el sitio. En la "versión corta" aparece un hombre cortando el cuello del rehén. En la larga se incluyen sus gritos implorando piedad, los cuales duran por lo menos dos minutos, y luego viene el asesinato. En la misma pantalla y al mismo tiempo aparecen anuncios de "Porno" y "Chicas con caballos".
La policía iraquí ha observado todos los videos de ejecuciones y cree que siguen una rutina esencialmente saudita de decapitación. En muchos casos los secuestradores hablan con acento saudita o yemenita. Pero en un video presentado la semana pasada de ocho camioneros extranjeros -kenianos, indios y un egipcio-, hombres armados que hablan con acento iraquí exigen a las compañías que emplean a los choferes poner fin a sus contratos en Irak, así como una empresa saudita abandonó el trabajo cuando otro empleado egipcio fue secuestrado. Resulta claro que la "resistencia" intenta ahora privar a los estadunidenses de trabajadores extranjeros y obligar a que más soldados estadunidenses regresen a las carreteras a manejar los convoyes de suministros que recorren Irak día con día.
¿De dónde sale la inspiración para todos estos atroces videos? Hace más de seis meses, en la capital insurgente de Fallujah, se puso a la venta un video en el que supuestamente se veía cómo le cortaban el cuello a un soldado estadunidense. En realidad la cinta mostraba a un soldado ruso a quien hombres armados conducían a un cuarto, en Chechenia. Allí lo obligan a arrodillarse -al parecer ignorante de su destino- y al principio trata de resistir el dolor cuando un hombre le pone un cuchillo en la garganta. Luego le cortan la cabeza. Puede darse por un hecho que esta cinta tenía el propósito de ser un manual de adiestramiento para los nuevos verdugos iraquíes.
27 de julio de 2004
© traducción: Jorge Anaya
©the independent
©la jornada
EL VENDEDOR DE LIBROS DE BAGDAD LO SABE TODO - robert fisk
Mientras la guerra continúa, una novela rosa escrita por Saddam Hussein circula por Bagdad y se transforma en best-seller.
Bagdad, Iraq. Se agota de nuevo Zabiba y el Rey', la novela rosa escrita por Saddam Hussein.En la calle de Al Mutanabi, el vendedor de libros de Bagdad lo sabe todo. Hasta puede explicar por qué la novela rosa de Saddam Hussein, Zabiba y el Rey', se ha agotado de nuevo. Nabil Hayawi vendió mil 500 ejemplares -lo que convierte esa obra en un verdadero best-seller en Irak- y está esperando que llegue la tercera edición del libro, impresa en Beirut.
"Los iraquíes educados lo compran porque quieren leer entre líneas", dice. "Los menos educados quieren saber lo que pasaba por la mente de Saddam. Cuando Caryl Chessman escribió su libro en el pabellón de la muerte también fue best-seller aquí". Chessman fue ejecutado. ¿Y Saddam Hussein?
El librero de Bagdad tiene interés en estas cosas porque él ha sido juez de la corte, y escritor, y tuvo el dudoso privilegio de juzgar a Watban Hassan, medio hermano de Saddam, en una disputa empresarial. Ahora está escribiendo a marchas forzadas libros sobre la nueva Constitución de Irak y logrando ingeniosos trabajos sobre la ilegalidad de las normas impuestas por el ex procónsul estadounidense Paul Bremer, así como un hermoso testimonio en primera persona de la invasión contra Irak en 2003 titulada 45 días.
Hayawi afirma que el juicio a Hussein es un teatro. "Dado que se le dio a Saddam estatus de prisionero de guerra, el derecho internacional dice que debe ser devuelto a su país y se le debe restituir su viejo empleo. No quiero que esto suceda, pero es lo que estipula el derecho internacional."
Saddam no es el único cuyas obras se venden en la librería de Nabil Hayawi. Hay pilas de ediciones del Corán, tratados científicos, poesía árabe y traducciones de las obras completas de Shakespeare o Shaikspir, como se traduce su nombre en los textos árabes. La mañana del viernes los compradores de libros examinaban un nuevo volumen titulado Mujeres famosas', que relata las vidas de la reina Shejerat Aldour de Irak, la reina Zenobia de Siria, Nefertiti y Helena de Troya. Entre las obras más populares están las del fallecido poeta sirio Nezar Kabbani y del joven proselitista y clérigo islámico Amro Khaled. Quedaron atrás los días de la censura, por supuesto, pero Hayawi tiene sentimientos encontrados sobre esto.
"Durante el régimen de Saddam teníamos la censura y los agentes de inteligencia venían a la tienda regularmente para cerciorarse de que no tuviéramos libros ilegales. Sabían lo que estaban buscando. Tuvimos problemas cuando se vendió un libro sobre los wahabi, después de que éste se prohibió. El conflicto es que necesitaríamos nuevamente de la censura porque hay libros en venta que afectan nuestras costumbres y nuestra moralidad. Cuando mis hijos salen a comprar DVD tengo que ir con ellos para asegurarme que no compren cosas malas por error. Algunos de los libros que llegan tratan de provocar malos sentimientos entre sunníes y chiís.
Ahí lo tenemos de nuevo. Los iraquíes quieren seguridad más que democracia, censura en vez de libertad total. Uno escucha esto en las tiendas, en los funerales, en las librerías.
El libro sobre los wahabi fue prohibido en 1990, en una época en la que Saddam -y Washington- se dieron cuenta de que los simpatizantes de ese movimiento (incluido Osama Bin Laden) se oponían al régimen de Irak y al de Estados Unidos.
Por fortuna para el señor Hayawi, sus propios tratos con la familia de Hussein terminaron sin consecuencias. "No había suficiente evidencia contra Watban y el caso no procedió. Me transfirieron al ministerio de Justicia, pero renuncié porque me acusaron de tratar de organizar una huelga de abogados."
Así, un poco de libertad circula por la encerrada librería del señor Hayawi. "La gente viene a comprar libros sobre derechos humanos, libertad y religión, y muchos vienen a leer libros sobre la guerra. Esta libertad es nueva para ellos."
Un vistazo a los libreros dice mucho sobre el mundo árabe. Los libros infantiles vienen de Siria, las novelas y romances vienen de Líbano, los libros científicos se publican en Irak. Pero 80 por ciento de los libros sobre religión se imprimen en Irán donde, sorpresa, el gobierno subsidia textos sobre el Islam chií en árabe, al tiempo que retira del mercado iraquí volúmenes árabes más caros.
Nabil Hayawi me obsequia una botella de limonada helada y un vaso de té muy caliente. "Usted tiene que entendernos a nosotros los iraquíes", dice. "Somos así, nos gusta lo muy caliente y lo muy frío al mismo tiempo".
27 de julio de 2004
©Traducción: Gabriela Fonseca
©jornada
DESPIDEN A UN ALTO OFICIAL DE LA INTELIGENCIA BRITÁNICA POR CRITICAR PUBLICAMENTE A BLAIR
Según publica este domingo el diario británico The Sunday Times, un destacado responsable de la inteligencia británica ha sido despedido por asegurar que el primer ministro, Tony Blair, engañó al país sobre las supuestas armas de destrucción masiva de Irak.
Londres, Reino Unido. John Morrison, ex subdirector del espionaje del Ministerio de Defensa, ha perdido su trabajo como investigador para el Comité de Inteligencia de los Comunes tras criticar públicamente al primer ministro en un programa de la BBC emitido hace dos semanas.John Morrison afirmó en el programa Panorama', el pasado día 11 de julio, que los responsables de los servicios secretos no creyeron la afirmación de Blair de que el régimen de Sadam Husein suponía una seria amenaza para el Reino Unido. Morrison dijo que "el primer ministro fue más allá de lo que cualquier analista profesional pudiera haber avalado".
El oficial británico aseguró además que el Gobierno ha presionado en varias ocasiones al Personal de Inteligencia de Defensa, del que él era subdirector y que se encarga de analizar los datos de espionaje que le suministran el británico MI6 y otros organismos extranjeros.
Según dijeron fuentes oficiales al Sunday Times, Morrison era un empleado del Gobierno y no debía haber hecho críticas públicas, por lo que "desde luego que no volverá a trabajar para el Comité".
El pasado 14 de julio, el llamado informe Butler identificó "serios" fallos de los servicios secretos en el espionaje usado para justificar la guerra y concluyó que Irak no podía usar armas de destrucción masiva en el momento de la invasión, en marzo de 2003. Pero lord Butler, un ex alto funcionario con cinco gobiernos distintos, precisó que el Ejecutivo británico no engañó "de forma deliberada" y que no hubo un único culpable.
26 de julio de 2004
©libertaddigital
REFUGIADOS SERÁN ECHADOS A LA CALLE SI NO COLABORAN EN SU PROPIA DEPORTACIÓN - michiel kruijt
La Haya, Holanda. Solicitantes de asilo rechazados que no quieran volver a su país serán echados a la calle. Los que colaboren en su propia deportación podrán residir hasta su partida en centros de internamiento.Sobre eso se han puesto de acuerdo los alcaldes de las cuatro grandes ciudades y la ministro Verdonk (Extranjería). Ámsterdam, Rótterdam, La Haya y Utrecht ayudarán a la ex directora de prisiones a buscar más instalaciones para centros de acogida y de deportación.
Este es el resultado de una consulta rápida el jueves entre Verdonk y los alcaldes Cohen (Ámsterdam), Opstelten (Rótterdam) y Deetman (La Haya). Las grandes ciudades escribieron la semana pasada en una carta a la ministro que no colaborarían en echar a la calle a los solicitantes de asilo que llegaron a Holanda después de 2001 y cuyas solicitudes de asilo han sido rechazadas definitivamente. Este grupo no hace parte de los 26,000 refugiados que serán deportados, y que habían llegado al país antes de la implementación de la nueva ley de extranjería en 2001.
Sobre ese grupo los alcaldes ya tuvieron problemas con la Verdonk. El año pasado las ciudades se negaron a colaborar [con la orden de gobierno] en poner en la calle a los refugiados rechazados. Temían por el orden público. El gabinete plantea que los solicitantes de asilo rechazados deben dejar el país por propia cuenta.
Después de la consulta rápida se acordó que este grupo recibirá será deportado por el Servicio de Inmigración y Naturalización (IND) después de ocho semanas de supervisión, que en caso necesario se prolongarán otras ocho (cuatro meses). Si para entonces el refugiado todavía se niega a colaborar en su deportación será echado a la calle de los centros de internamiento.
Los cuatro alcaldes piensan que debe haber centros de acogida similares para el grupo de refugiados que llegó a Holanda después de 2001 y que han sido rechazados definitivamente. Ayer llegaron a un compromiso con la Verdonk. Estos refugiados, según la nueva ley de extranjería, deben abandonar el país 28 días después de su rechazo. Si colaboran en su propia expulsión, no serán puestos en la calle hasta su partida y serán re-ubicados en una llamada instalación de regreso. Ahí son supuestamente ayudados por el IND para arreglar su regreso.
A cambio de eso los cuatro grandes ayuntamientos deberán ayudar en la búsqueda de instalaciones para centros de internamiento y de partida. El alcalde Cohen, que habló ayer a nombre de sus colegas, no excluye que se instalen centros de acogida y de partida en las cuatro grandes ciudades. "Es necesario seguir adelante y vamos a colaborar. Vamos a investigar con los otros ayuntamientos dónde construir esos centros".
16 de julio de 2004
©volkskrant ©traducción mQh
SOMBRAS DEL VIEJO IRAQ
Las nuevas medidas del primer ministro interino de Iraq no han caído nada de bien fuera del país. Recuerdan a la prensa liberal los viejos métodos autoritarios de gobierno en esa zona, sostiene un editorial de The New York Times. Han pasado menos de dos semanas desde que Iyad Allawi asumió como el primer ministro interino de Iraq y sus métodos de gobierno ya llevan el mal olor del viejo estilo autoritario árabe que el gobierno de Bush alguna vez soñó con barrer de todo el Oriente Medio. Un escalofriante ejemplo es el decreto que Allawi ha redactado esta semana, que le da autoridad para ejercer poderes de guerra donde quiera. Como primer ministro interino, Allawi encabeza un gobierno provisional no elegido cuya mayor responsabilidad es llevar a Iraq hacia elecciones libres en enero. Imponer la ley marcial no es la mejor manera de empezar.Hay múltiples grupos de enconados insurgentes en Iraq y las fuerzas iraquíes poco experimentadas que controla Allawi son actualmente demasiado débiles y poco confiables como para hacerles frente. Las fuerzas iraquíes serán también demasiado débiles como para garantizar un estado de seguridad suficiente como para realizar las importantes elecciones programadas para enero próximo -eso será labor de las más de 135 mil tropas norteamericanas ahora en Iraq.
Pero las fuerzas de seguridad iraquíes, armadas con poderes de tiempos de guerra y reforzadas con antiguos oficiales baasistas del ejército, con las que Allawi pretende restaurar el orden, podrían fácilmente ahogar la democracia iraquí antes incluso de que nazca. Allawi necesita desesperadamente el continuado apoyo de seguridad de Estados Unidos, que debería instarlo a proceder con más cautela. Restaurar la ley y el orden no exige la suspensión a rajatabla los derechos legales.
Las tendencias autoritarias de Allawi no son una sorpresa para el gobierno de Bush. Durante la década pasada Allawai, que vivía en el exilio a cargo de la nómina de pago de la Agencia Central de Inteligencia, era más conocido en Washington que para la mayoría de los iraquíes. Después de caer violentamente en desgracia con Saddam Hussein a fines de los años de 1970, Allawi rompió sus lazos con el Partido Baasista y empezó más tarde a colaborar con generales baasistas descontentos para organizar un golpe militar en Iraq. Nunca ha ocultado nada de esto. Cuando Washington apoyó la puja de Allawi por transformarse en el primer ministro interino, sabía muy bien con quién hablaba.
A corto plazo, los reflejos represivos de Allawi pueden apelar a los iraquíes que crecieron bajo Hussein, para los que un auténtico liderato iraquí es sinónimo de un gobierno autoritario. Pero los decretos de ley marcial no pueden resolver las diferencias étnicas y religiosas que amenazan con destrozar a Iraq incluso antes de que se marchen las tropas norteamericanas. Eso exigirá negociaciones políticas delicadas en un ambiente libre de intimidaciones del gobierno. Decretar poderes extraordinarios no es una manera de crear un Iraq democrático, que ha sido la principal justificación que ha propuesto el gobierno para la guerra desde que se demostraron falsas sus primeras acusaciones sobre los programas de armas no convencionales.
15 de julio de 2004
©new york times ©traducción mQh
SALIENDO POR EL OTRO LADO - louise kiernan
Esta es la historia de un marine que abandonó la marina después de un agitado período de servicio en Iraq. Y su madre es una activista contra la guerra. Es un reportaje de The Chicago Tribune.Antes de que comenzara la guerra, el marine y su madre se habían puesto de acuerdo para estar en desacuerdo. Ahora, él dejó a los marines después de un turbulento período de servicio en Iraq.
Los dos bloques de notas de cubiertas verde oscuro, no mucho más grandes que una baraja de naipes, todavía están envueltos en la misma bolsa de plástico de bocadillos que ha sido su estuche desde hace más de un año.
En el interior, en una caligrafía de trazo pulcro y apretado, están las memorias de la guerra de un hombre, desde el 18 de marzo de 2003, el día en que el sargento Robert L. Sarra se comió dos bizcochos y ayudó a embalar un vehículo blindado que se preparaba para cruzar la frontera de Kuwait con Iraq, hasta el 1 de junio de 2003, su onceavo día en Hillah, memorable solamente porque salió a patrullar con algunos nerviosos policías iraquíes.
Ahí está la historia del niño muerto junto a un coche en llamas en Nasiriyah y la historia del funeral que realizaron los marines en torno al casco, el rifle y el chaleco del soldado de primera clase Juan Garza, que fue matado por disparos de francotiradores en las afueras de Bagdad.
Y están las historias que el sargento Sarra no contó, excepto a su madre y a uno o dos amigos cuando volvió a casa. La primera es la historia de cómo disparó contra una mujer iraquí desarmada, que murió aferrada a una bolsa que llevaba debajo del brazo, y cómo comenzó a cuestionar lo que estaba haciendo en Iraq. La segunda es la historia de cómo, dos días después de eso, le dijo al comandante de su sección que él no podía pelear.
En su versión, Rob flaqueó una sola vez, ese día, pero los otros soldados de la sección dicen que nunca se recobró. Esos dos acontecimientos lo llevaron finalmente a dejar el Cuerpo de Infantería de Marina.
Aunque fue dado de baja con honores, sus peticiones de ser transferido a una posición de no combate y de volver a alistarse fueron rechazadas. RE-4: re-alistamiento no recomendado, se leía en un formulario. "Incapacidad de obedecer órdenes en combate y cobardía".
Lo que explica en parte por qué Ron Sarra llegó a pararse en una esquina del centro de Chicago el día del primer aniversario de la invasión de Iraq, con un sombrero de camuflaje de desierto con su nombre y las palabras "Operation Iraqi Freedom" bordados en el ala, y los bloques de notas metidos en un bolsillo de sus pantalones de cargo, para participar en una demostración contra la guerra en la que había peleado.
Estaba a unos pasos de su madre, una activista anti-guerra. El diario The Tribune ha seguido la crónica de las experiencias de Rob y su madre, Fran Johns, durante toda la guerra y ocupación de Iraq. Ahora Rob estaba a 16 días de su vida como civil, un veterano de guerra de 32 años que creyó durante mucho tiempo que lo mejor que había en la vida era ser un marine, pero que aprendió en combate que él no era el marine que pensaba.
El niño que alguna vez peleó batallas imaginarias por todas partes en los callejones del Parque Lincoln se encontró ahora a sí mismo al otro lado de la guerra. Un hombre que había bebido demasiado y dormido muy poco, había seguido una terapia que lo llevó finalmente a creer que el mejor modo de abordar lo que le había pasado era hablando sobre ello. Un hombre que había vuelto a casa sano y salvo, pero que no era el mismo.
Si hay alguna explicación sobre por qué cambió en Iraq el sargento Sarra, esta se encuentra en su diario del 26 de marzo de 2003.
Un año y cinco días después, Rob abre la página del cuaderno de esa fecha en la cafetería de Lakeview donde está sentado, justo a la vuelta de la esquina del condominio de su madre, donde se quedará hasta que encuentre un apartamento. Le ha comenzado a crecer el pelo, que antes llevaba "alto y apretado" para hacer deportes. Todavía lleva sus botas del Cuerpo de Marines.
Mira el cuaderno y lo cierra antes de seguir. Él hacía parte, dice, de un convoy de vehículos blindados -llamados "amtracs" [ferrocarriles] en la jerga de los marines- que tomó posiciones en las afueras de Ash Shatra, una pequeña ciudad del sur de Iraq, en la marcha sobre Bagdad.
Para entonces la guerra tenía 6 días. Los marines habían sido atacados y habían devuelto el fuego y habían visto cadáveres, y nadie había dormido más de dos minutos seguidos.
Una mujer comenzó a caminar hacia los vehículos de asalto que se habían detenido al otro lado del camino, dice Rob. Los marines le gritaron, en árabe, que se detuviera.
"Pero ella sigue caminando y caminando", dice. "Yo me pongo a pensar, bueno, hemos visto noticias sobre los terroristas suicidas, y ella iba toda de negro, y lleva una bolsa debajo del brazo".
"Va a pasar una de dos cosas. O la hacemos caer o la paramos o la hacemos caer y explota y mata a un montón de tipos".
"Y ella sigue caminando. Y sigue acercándose y acercándose. Yo la veo como una amenaza. Sabes, le tengo que disparar. Un tiro. Dos tiros. El primero le erré, creo. El segundo, la vi doblarse. Y entonces los marines del otro amtrac le dispararon también. Y yo fui el único tipo de la sección que disparó.
"Cuando cayó al suelo y dio contra la tierra, vimos una bandera blanca en su mano, un pedazo de tela blanca en su mano. Y nos dimos cuenta del error: Oh, Dios mío'".
La versión de Rob del incidente ha sido corroborada en general por un informe militar y por oficiales del Cuerpo de Marines. El informe dice que el único miembro de su sección que disparó contra la mujer iraquí, enfundada en su tradicional atuendo negro. El documento certifica que la mujer murió a consecuencia de los disparos de los marines, pero que siguió moviéndose después de sus tiros, lo que indica que él no le dio y que no es responsable de su muerte.
Debido a la amenaza que representaba aparentemente la mujer y al hecho de que no obedeciera los gritos de alto, el incidente fue considerado justificado dentro de las reglas de combate, dijeron oficiales del Cuerpo de Marines.
Más tarde, en su diario, Rob apuntó siete razones por las que creía que había hecho lo que tenía que hacer. (No. 2: Él no vio la bandera blanca). No podía ordenar sus sentimientos de manera clara.
"Y fue entonces que me dije que tenía suficiente, justo ahí en ese momento", dice. "Escribí en mi diario: Me siento enfermo, no tengo estómago para esto", dice.
Dos días más tarde el batallón debía volver a Ash Shatra a rescatar a un marine rezagado.
Rob no quiso ir.
"Dije que tenía malas vibraciones sobre eso", recuerda. "Dije que tenía miedo, que estaba flipleado".
El comandante de la sección de Rob, el teniente primero Scott Cuomo, dijo que se había enterado de su rechazo a combatir de un marine más joven, que estaba enojado y alterado.
Como guía de la sección y el tercero en la cadena de mando, Rob era responsable de ayudar a los marines novatos, así como de varios detalles logísticos de la unidad. Su rechazo a combatir, dijeron sus superiores, amenazaba la moral y la seguridad de sus hombres.
"Si no lo puedes hacer por tu sección", recuerda Cuomo que le dijo, "házlo por el sargento, nuestro hermano, que se encuentra probablemente atrapado en la ciudad y solo".
"Me sentí decepcionado", recordó en un e-mail. "Casi me quedé sin palabras cuando dijo que no iría y que no pelearía para liberar a uno de nuestros hermanos".
La misión finalmente fue realizada por otra unidad. De acuerdo al comandante de su sección, Rob nunca recuperó el equilibrio. Estuvo en terapia y se le dio la posibilidad de descansar, pero "todavía no podía hacer lo que se requería de él, especialmente en situaciones de combate", escribió Cuomo en un informe.
Rob reconoce que él nunca reasumió sus responsabilidades como guía de la sección, pero afirma que sí continuó peleando.
El comandante y el sargento de su sección dicen que no recuerdan haberle visto usar su arma durante la única balacera seria en la que participó la unidad, de camino a Bagdad. Más tarde, cuatro miembros de su sección escribieron, a petición de Rob, cartas en las que dicen que él abandonó el vehículo blindado y peleó durante la guerra.
Un marine que se niega a pelear puede ser juzgado por una corte marcial. Los comandantes de la sección y compañía de Rob no presentaron cargos contra él, diciendo por e-mails que pensaban que era un buen hombre y no querían arruinar su vida.
Rob cree que sus acciones mostraron un montón de resolución, no cobardía.
"Yo peleé igual que todos los demás", dice. "No estaba escondido en una madriguera, temblando y encogido de miedo. Eso es ser cobarde para mí. Si tú disparas de vuelta, es que no eres un cobarde".
Sin embargo, las relaciones de Rob con algunos miembros de la sección se hicieron tensas.
"Distantes", dijo al describirlos.
Sus superiores propusieron un enfoque más severo, diciendo en un informe que él había "dañado tanto su credibilidad que los marines expresaban abiertamente sus reservas acerca de servir con él".
La unidad llegó a Bagdad el 9 de abril y montó cuarteles en una fábrica de cigarrillos. Más tarde los marines se mudaron a una antigua instalación de Naciones Unidas, donde un reportero del Tribune encontró y entrevistó a Rob. No habló entonces de la muerte de la mujer ni sobre su rechazo a combatir, y dijo que no hablaría sobre lo que había sido para él el peor momento de la guerra.
En Bagdad, Rob fue oficialmente retirado de su posición como guía de la sección y transferido a otra sección. El Batallón No.1 , del IV Regimiento, se desplazó hacia Hillah y Babilonia, donde los marines patrullaron las ciudades y se encargaron de la seguridad de otras tropas.
A mediados de junio de 2003, Rob fue enviado a casa. Antes de la guerra había sido elegido para seguir una formación como reclutador, y los marines necesitaban nuevos reclutas. Estaba contento de partir.
"La guerra te chupa", dice. "La guerra no es algo bueno. Pero yo tampoco soy el mejor de los guerreros".
La primera vez que oyó un petardo después de volver de Iraq, Rob pensó que alguien le estaba disparando. Que estuviera en Pentwater, Michigan, fumándose un cigarrillo frente a una heladería un día antes del 4 de julio no le decía nada.
Puso una rodilla en el suelo y se dio una vuelta. Fran Johns, su madre, que estaba a unos metros hablando con él, se quedó sin respiración.
"Fue tan inmediato y visceral", recuerda. "Fue terrible".
La pequeña ciudad de Lake Michigan, donde Fran posee una casa de vacaciones, ha servido como refugio para la familia.
Como medida de seguridad, usaron en sus e-mails y cartas una palabra clave: "Pentwater". Cuando Rob volvió a Chicago a fines de junio con un permiso de un mes, salieron de la ciudad para lo que Fran esperaba que fuera una tranquila reunión familiar. En lugar de eso el viaje marcó el comienzo de una difícil adaptación a la vida después de la guerra.
Rob se retiró temprano del espectáculo pirotécnico en la playa. No le gustaba la idea de tener arena debajo de los pies ni el ruido sordo de los cohetes en el aire.
Comenzó a beber. No podía dormir. Durante una visita a un amigo de Milwaukee la semana siguiente, tuvo una pelea en un bar que lo dejó con una mancha de sangre en su brazo y el temor a perder los estribos.
"Empecé a preocuparme", recuerda su amigo Chris Madding, que lo separó de la pelea. "Salió con la imprudente misión de divertirse y terminó dando libre curso a sus opiniones y las cosas por las que había pasado".
Hacia el tiempo en que Rob volvió a Camp Pendleton, California, a fines de julio, ya sospechaba que necesitaba ayuda. Su historial médico muestra que le fue diagnosticado un problema de estrés post-traumática y enviado a un grupo de terapia.
Una vez a la semana, cuenta Rob, él y otros siete veteranos de Iraq regresados hacía poco se reunieron a hablar de la guerra. Las sesiones terminaron al cabo de un mes.
Rob esperaba iniciar su curso de capacitación como reclutador, pero hubo un enredo con sus papeles de re-alistamiento.
El comandante de su batallón había inicialmente aprobado su solicitud de re-alistamiento, pero cuando Rob volvió a rellenar el formulario que se había extraviado, el comandante se enteró de su rechazo a combatir y lo llamó, dicen Rob y oficiales de la Marina.
El comandante del batallón le dijo a Rob que no lo podía recomendar para ser re-enlistado a menos que aceptara volver a Iraq y demostrar que satisfacía el requisito de que un marine estaba en condiciones para participar en combates rigurosos en suelo extranjero.
Rob dijo que no. Entonces el comandante del batallón anuló la transferencia a la escuela de reclutamiento y recomendó que no se le permitiera el re-alistamiento. Más tarde Rob recurrió la decisión del comandante ante el regimiento, pero perdió.
Recibió la noticia a principios de diciembre, y cayó en picada. Ese fin de semana decidió que se marcharía. Retiró sus recuerdos de Iraq que decoraban las paredes del cuarto de su cuartel, escribió una carta al sargento de su sección y se dirigió en coche a la playa.
"Tengo la sensación de que nadie en el batallón confiaba en mí como marine", escribió en la carta. "No me puedo mirar al espejo y me da vergüenza ser un cobarde".
Volvió el lunes por la mañana y, en lugar de presentarse a la guardia, se fue a la cama. El sargento de su sección lo encontró en su cuarto. Para el almuerzo estaba otra vez en su puesto.
Durante el último año fiscal, alrededor de un 17 por ciento de los marines de carrera que consideraba re-alistarse (1,568 de 8,978) fueron rechazados. Las razones del rechazo varían ampliamente, pero representantes del Cuerpo de Marines dijeron que no podían determinar cuántos casos eran situaciones similares a la de Rob.
Tuvo un licenciamiento honroso. No sería considerado inusual si las acciones de alguien le impiden ser considerado para el re-alistamiento, pero no reflejan un descrédito mayor para los marines, dijeron oficiales.
A pesar de lo ocurrido, Rob insistió en que no guarda rencor hacia el Cuerpo de Marines. "No quiero dejarle un ojo morado al Cuerpo", dijo. "Respeto más que nadie al Cuerpo de Marines. Adoro al Cuerpo de Marines".
El 5 de abril de 2004 su carrera como marine había terminado. El hombre que acostumbraba a terminar sus cartas y mensajes con el lema del Cuerpo de Marines, "Semper Fi", concluyó su servicio activo repartiendo películas de alquiler y videojuegos en el centro de esparcimiento de la base.
A veces, cuando Rob estaba en Iraq, su madre pasaría las noches despierta, pasando revista a la letanía de cosas terribles que le podían pasar allá.
Lo podían matar. Eso era siempre lo primero. Podía perder una pierna. O las dos. Podía quedar con el cerebro dañado. Lo podían capturar. Y torturar.
Luego estaba la otra lista de temores, no sobre lo que le pudieran hacer a él, sino sobre lo que él le podía hacer a otros.
"Eso fue exactamente lo que pasó", dice ahora Fran Johns. "Fue lo que él hizo y lo que vio lo que lo impactó. Empezó a contarme esas historias de partes de cuerpo en las calles y de niños muriendo y de disparar contra civiles y tener miedo de volver a la batalla, y comencé a preocuparme".
Fran había protestado contra la guerra mucho antes de saber que su hijo sería enviado a ella. Su retorno a casa no atenuó su rabia.
Siguió asistiendo a las manifestaciones y conferencias y reuniones políticas que eran sus campos de batalla. Durante gran parte del invierno, Fran hizo campaña para el candidato presidencial demócrata de entonces, Howard Dean, y estaba en la lista de delegadas de Dean para las primarias de Illinois en marzo.
Cuando Dean se retiró, transfirió su lealtad al senador John Kerry, el candidato demócrata, aunque sin mucho entusiasmo.
Si Rob no guardó rencor al Cuerpo de Marines por su partida, Fran sí lo hizo y temía que su decidida oposición a la guerra tenía algo que ver con eso.
"En este momento, ¿qué persona puede ser tan mala que no la dejen re-alistarse?", dice. "Ahí hay algo que no tiene sentido".
A medida que se acercaba el fin del período de servicio de Rob, Fran comenzó a reducir su participación pública en el movimiento contra la guerra, diciendo que los focos deberían enfocar a las familias cuyos hijos e hijas todavía están allá.
El 20 de marzo, el primer aniversario de la invasión de Iraq, participó en una protesta y bromeó diciendo que casi era tiempo de quemar el letrero con "Mamá de Marine Contra la Guerra" que siempre llevaba con ella.
El marine estaba a unos metros, con su sombrero de camuflaje de desierto. Rob había vuelto a Chicago en marzo para agotar las últimas semanas de su permiso, en todo un civil excepto en nombre y hábito.
Todavía hablaba en una jerga a la que su madre se refiere como "marinés", diciendo "No joy" cuando no encuentra un estacionamiento o "1500 horas" para fijar una cita.
Miró la guerra en la televisión y leyó sobre ella en los diarios y en libros y en la red.
No podía explicar exactamente por qué fue a la demostración pacifista con su madre. No estaba de ánimo "para llevar una pancarta o gritar", se cuidó de decir, pero se quedó largo rato después de que ella volviera a casa, escuchando los discursos en la Plaza Federal.
"Estoy comenzando a entender lo que vio mi mamá", dijo en un momento, mirando a los manifestantes. "Pero ella todavía no ve lo que yo vi".
Pasaron unas semanas y Rob consiguió un trabajo temporal en una sala de correos y llenó un formulario para solicitar en el servicio secreto.
De su mochila sobresalía un par de botones por la paz. Se hizo dibujar un nuevo tatuaje en su hombro izquierdo, con las iniciales de los dos hombres de su compañía que habían muerto en Iraq.
Empezó a hablar más abiertamente sobre lo que pensaba que estaba pasando en Iraq. "Creo", dijo una noche, "ahora que estoy en casa, que me he dado cuenta de lo que torcida que es".
Decidió participar en otra manifestación contra la guerra, on Memorial Day [el Día de los Caídos en la Guerra]. Le pidieron que hablara, y accedió. Los manifestantes, en una demostración auspiciada por los Veteranos de Vietnam Contra la Guerra, se reunieron en torno a un podio levantado junto al río de Chicago, en la esquina de la avenida de Wabash y Wacker Drive, y se amontonaron al frente con claveles teñidos de violeta, rosado, naranja y rojo.
El día antes, Rob se había cortado el pelo, recortándolo todavía más, y llevaba una chaqueta de piloto del Cuerpo de Marines, salpicado de insignias militares.
Su madre no participó. Cansada de un duro período en su trabajo como ejecutiva de una agencia publicitaria, se marchó a Pentwater. Rob miró su discurso para leerlo, y habló sobre algunas de las cosas que había visto y hecho en Iraq y lo que había oído de marines que todavía estaban allá.
No habló de la mujer iraquí. No habló del día en que no pudo luchar. No dijo que se oponía a la guerra, aunque sí dijo sobre su marcha sobre Bagdad: "Me encontré preguntándome, junto a los otros marines, ¿qué carajos estamos haciendo aquí? ¿Dónde están las armas de destrucción masiva? ¿Contra quién estamos peleando?"
Y sobre el día que llegaron a la capital iraquí, dijo:
"La gente nos vitoreaba por las calles y nos lanzaban cartones de cigarrillos locales. Los niños nos daban flores, que nos pusimos en nuestros pertrechos. Sentíamos que justificaba todo lo que habíamos pasado. Sentíamos que teníamos una misión".
Cuando terminó de hablar, Rob se paró en la parte de atrás del pequeño grupo de gente y sacó un cigarrillo de un bolsillo de la manga de su chaqueta.
Estaba solo, fumando, llevando una guerra en un par de bloques de nota verdes y enfrentando un futuro tan vacío como las 46 páginas que no escribió.
15 de julio de 2004
©chicago tribune ©traducción mQh
EL INFORME DEL SENADO
El informe del Senado estadounidense, publicado hace unos días, es definitivo: las informaciones de la CIA en que Bush basó la guerra eran definitivamente falsas y las armas de destrucción masiva no se encontrarán nunca, porque no existen. La reacción del New York Times.En una temporada en la que escasean la franqueza y la capacidad de mando, el informe del Comité de Inteligencia del Senado sobre la evaluación de preguerra del armamento iraquí es una excelente demostración de ambas. También es inquietante, y no solamente porque lo que dice sobre el desastroso estado de los servicios de inteligencia norteamericanos. El informe es una condena de cómo esta administración ha despilfarrado la confianza del público, una confianza que puede necesitar urgentemente para hacer frente a una amenaza real a la seguridad nacional.
El informe fue fuertemente censurado por el gobierno y se restringe a las torpezas de la Agencia Central de Inteligencia. Pero lo que se trasluce es completamente condenatorio. Dicho simplemente, los analistas del servicio de inteligencia de la administración Bush falsificaron los libros para dar al Congreso y al público la impresión de que Saddam Hussein tenía armas químicas y biológicas y estaba desarrollando armas nucleares, de que estaba conspirando para entregar esas armas a terroristas, y que era una amenaza inminente.
Estas aseveraciones fueron la base para las justificaciones de la guerra de Bush. Pero el informe determinó que eran equivocadas y no reflejaban realmente lo que se sabía y que los datos mismos no tenían mucho valor. La información más fresca de fuentes humanas tenía más de cuatro años. El comité declaró que los analistas que habían producido esa falsa visión apocalíptica habían caído en un "modo colectivo de pensar" en el que la evidencia fue ajustada en un esquema preconcebido. Sus jefes no intervinieron.
El informe reafirma una conclusión de otro panel que investigó las deficiencias de la inteligencia antes de los atentados del 11 de septiembre al declarar que no había "una relación formal" entre Saddam Hussein y Al Qaeda. También declaró que no había evidencia de que Iraq haya estado implicado en los ataques de Osama Bin Laden, ni de que Saddam Hussein hubiera tratado alguna vez de usar a Al Qaeda para realizar un ataque. Aunque el informe dijo que las conclusiones de la CIA habían sido "ampliamente divulgadas" en el gobierno, Bush y el vice-presidente Dick Cheney se han referido repetidas veces al enlace Iraq-Al Qaeda.
Lamentablemente, la investigación termina sin evaluar cómo usó el presidente Bush esos informes de inteligencia incompetentes para justificar la guerra. Deja abierta la cuestión de si los analistas pensaban que estaban haciendo lo que Bush quería. Aunque el panel dijo que no había encontrado a ningún analista que informara haber sido presionado para cambiar una conclusión, su vice-presidente el senador John Rockefeller IV dijo que había un "ambiente de intensa presión". Pero al asunto se le quitó importancia para que el informe pudiera ser adoptado con unanimidad.
La investigación del panel sobre cómo manejó el presidente Bush la inteligencia ha sido aplazada hasta después de las elecciones. Pero lo esencial está claro. Nadie tuvo que ejercer presión sobre sus conclusiones porque las conclusiones eran determinadas antes de que comenzara el trabajo.
Hacia fines de 2002 tenías que haber estado de vacaciones en Marte para no saber qué era lo que Bush quería oír. La planificación de la guerra ya había comenzado. La CIA estaba bajo una enorme presión después del fracaso del 11 de septiembre. Y el secretario de defensa de línea dura, Donald Rumsfeld, quería montar su propia agencia de inteligencia para producir información sobre Iraq que la insípida CIA no era capaz de entregar.
Ambos partidos políticos consideran que el tema afecta las elecciones y la comunidad internacional tendrá en el informe del comité otra razón para condenar la política exterior de Bush de hacerlo todo solo. Pero el informe también menciona una amenaza grave y de largo plazo contra la seguridad. No podemos permitir que el público se vuelva demasiado cínico sobre la evaluación gubernamental del peligro.
Puede haber otro momento en que Bush, u otro presidente, tenga que pedir al país y a sus aliados apoyo ante un ataque militar preventivo contra terroristas o contra un país que represente una amenaza real. Y es probable que tenga que apoyarse en informaciones que estarán lejos de ser la "clavada" con que de George Tenet según se sabe describió esos chapuceros informes sobre Iraq. El público tiene que creer que el presidente actúa contra una amenaza real, no una amenaza prefabricada para justificar un programa político.
Este gobierno no ha hecho más fácil que la gente tenga esa confianza. Su constante insistencia en vincular a Iraq con Al Qaeda no tiene por objetivo ayudar al público a comprender la situación en Oriente Medio, sino proveer cobertura política a una invasión cada vez más impopular.
Luego están las ruedas de prensa en las que funcionarios de gobierno nos advierten periódicamente de que vamos a ser atacados. Todos estamos conscientes del peligro, pero no hay razón alguna para salir en televisión y repetir amenazas vagas que parecen tener la intención de asustar a todo el mundo pero que lo más probable es que adormezcan a la gente debido a la familiaridad y repetición. Cuando Tom Ridge, el secretario de defensa nacional, dio una rueda de prensa para advertir a la nación sobre el grave peligro, terminó como forraje para comedias, y eso significa hay algo huele muy mal en algún lugar.
El informe del Comité de Inteligencia del Senado debe ser el primer paso de distanciamiento del destructivo cinismo público. El siguiente debe ser dado por el presidente, que puede ayudar a recuperar la confianza en los análisis de riesgo del gobierno simplemente siendo franco sobre los errores de su gobierno y las lecciones que han de aprenderse. Eso haría más para preparar al país para la siguiente crisis que toda una temporada de ruedas de prensas de miedo a cargo de Ridge.
15 de julio de 2004
©new york times ©traducción mQh