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¿de qué lado estamos?


[Harold Meyerson] ¿Puede Estados Unidos tomar partido en una guerra civil religiosa en Iraq?
De todos los signos de que el pueblo americano está hasta la tusa con la guerra en Iraq, uno al que el gobierno debería temer fue avanzado la semana pasada por un partidario de siempre, tanto del presidente como de la guerra: el republicano de Virginia John Warner.
Mientras presidía una audiencia del Comité de las Fuerzas Armadas del Senado, Warner sugirió que el presidente podría necesitar una nueva resolución del Congreso autorizando nuestra presencia en Iraq, ya que el conflicto se ha convertido (o, en el mejor de los casos, puede convertirse) en una guerra civil.
Bueno, esa va a ser una resolución difícil de escribir. Una vez que has llegado a la frase: "Ahora que el conflicto en Iraq es una guerra civil entre chiíes y sunníes", ¿qué es exactamente lo que tenemos que resolver? En una guerra civil en Iraq -que es exactamente a lo que estamos enfrentados ahora-, ¿cuál es la misión de las fuerzas estadounidenses?
Hay, después de todo, guerras civiles y guerras civiles. En la carnicería que siguió a la disolución de Yugoslavia, se trató principalmente de una agresión genocida de los nacionalistas serbios de Slobodan Milosevic, que tuvieron que ser controlados, y las fuerzas estadounidenses y sus aliados lo hicieron. Pero la carnicería en Iraq es el trabajo de muchas manos de ambos lados de la escisión religiosa. Y el rol de los soldados estadounidenses en un conflicto entre musulmanes es imposible de articular coherentemente. (Imaginad, por ejemplo, que un pequeño ejército islámico ha sido depositado en Europa durante la guerra entre protestantes y católicos en los siglos dieciséis y diecisiete. Su misión habría sido tan clara como la nuestra en Iraq hoy).
Para el gobierno de Bush, entonces, cualquier admisión de que la guerra en Iraq es de hecho una guerra civil, destruye todo lo que quedaba como justificación de nuestra presencia allá. Pues aunque es verdad que la retirada de nuestras fuerzas probablemente desencadenaría un caos religioso todavía peor, también es verdad que nuestra presencia no puede detenerlo y que nuestra presencia allá ha disminuido terriblemente nuestra capacidad diplomática y militar para hacer algo en cualquier parte.
Si los iraquíes se embarcaran en una repartición sangrienta de su país -y así lo harán, según las apariencias-, entonces la tarea que incumbe a cualquiera fuerza extranjera en Iraq es ayudar a que la parcelación tome lugar con la menor cantidad posible de muertes. Y si todo marchara bien, los partidos iraquíes alcanzarían un acuerdo sobre las nuevas líneas de demarcación.
Acuerdo o no, sin embargo, el trabajo de mantener el caos reducido a un mínimo deberían asumirlo fuerzas que no tengan intereses ni historia en el conflicto -es decir, por un despliegue de tropas de Naciones Unidas de países que no sean ni musulmanes ni cristianos.
Sin embargo, para George Bush, Dick Cheney y Donald Rumsfeld, una resolución tan confusa y triste dejaría en claro inequívocamente toda la dimensión de su locura. No es verdad que no tengan un plan para Iraq. Su plan es evitar que se produzca una resolución semejante, aplazar la desintegración de Iraq, de la que son más responsables que todos los demás, hasta que Bush termine su mandato y pueda entonces culpar de esta catástrofe a su sucesor.
También hay una razón más inmediata de por qué necesitan mantener el curso. Una reciente encuesta entre votantes republicanos, por encargo del Comité Nacional Republicano y sobre la que se informó ayer en Los Angeles Times, constató que el mejor modo que tiene la vieja guardia republicana para motivar a sus bases en las próximas elecciones, es contrastar "el compromiso del presidente de derrotar a los terroristas en Iraq" con la supuesta ausencia de ese compromiso entre los demócratas. (La cita viene de un memorándum del encuestador Fred Steeper, al presidente del Comité Nacional Republicano, Ken Mehlman).
El problema aquí es que sólo los republicanos más fanáticos tienen todavía fe en la política iraquí de Bush, y que una campaña concentrada en reafirmar esa política enfurecería no solamente a los demócratas sino también a los independientes. Pero con los republicanos preocupados sobre cómo convencer sus bases, mantener el curso en Iraq da muestras de una lógica perversa.
Sin embargo, una vez que se reconoce que la guerra en Iraq es una guerra civil religiosa, mantener el curso no tiene lógica alguna. Que es por qué Bush sigue determinado a rechazar esta definición de la guerra. "Sabes, yo oigo decir a la gente, bueno, guerra civil esto, guerra civil lo otro", dijo a los periodistas en su rancho de Crawford, Tejas, el lunes. "El pueblo iraquí votó contra la guerra civil cuando se expresó en las urnas. Y hay un gobierno de unidad que está haciendo lo posible para implementar la voluntad del pueblo. Y, francamente, es un logro extraordinario en el frente político; es en el frente de la seguridad donde ha habido problemas".
Aparentemente, mientras haya un gobierno iraquí, no puede haber guerra civil en Iraq. Y así se resuelve otro problema en el pequeño y nítido mundo de George Bush.

meyersonh@washpost.com

9 de agosto de 2006
©washington post
©traducción mQh
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chiíes quieren partir iraq


[Borzou Daragahi] La creación de regiones federales podría reducir la violencia, dicen partidarios del proyecto de división. Según otros, es un intento de apropiarse del petróleo.
Bagdad, Iraq. Tienen una nueva constitución, un nuevo gobierno y nuevas fuerzas armadas. Pero enfrentados al incesante derramamiento de sangre, los iraquíes han empezado a discutir abiertamente, por primera vez, si acaso un modo de parar la violencia sería rehacer el país que acaban de fundar.
Los líderes del poderoso bloque político musulmán chií de Iraq han empezado a fomentar agresivamente un radical plan para dividir el país, como un modo de separar a los grupos en conflicto. Algunos iraquíes están incluso hablando de dividir la capital, utilizando al río Tigris como una especie de Muro de Berlín.
Los chiíes han abogado durante largo tiempo por un tipo de autonomía en el sur, similar a la del enclave kurdo de quince años en el norte, con sus propias fuerzas de defensa y control sobre la exploración del petróleo. Y la nueva constitución permite que las provincias se asocien en regiones federales. Pero el último intento, fomentado por ministros de gabinete, clérigos y columnistas, marca la primera vez que han abogado por la división regional como un modo de terminar con la violencia.
"El federalismo aislará, a las partes del país que están incubando el terrorismo, de las partes que están avanzando y mejorando", dijo Khudair Khzai, el ministro chií de educación. "Haremos lo que hizo el Kurdistán. Pondremos soldados en las fronteras".
El creciente clamor por la repartición del país ilustra la gravedad de la situación de seguridad y los problemas económicos y políticos del país: Hasta ahora, la idea de volver a trazar el mapa de Iraq de ocho décadas y media era considerada sediciosa.
Algunos de los defensores de la repartición del país se muestran prudentes, argumentando que el federalismo es sólo una de las herramientas que se están considerando para reducir la violencia.
Pero otros apoyan el plan de Abdelaziz Hakim, presidente de Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Iraq, un partido político. Hakim defiende la creación de una región de nueve provincias en el tranquilo sur, donde se encuentra el 60 por ciento de las reservas de petróleo del país.
Los líderes sunníes no ven nada excepto codicia en el nuevo intento -los chiíes, dicen, se están aprovechando de la escalada de violencia para apropiarse el petróleo.
El petróleo iraquí se concentra en el norte y sur; gran parte del oeste y noroeste dominado por los sunníes no es más que un desolado desierto, desprovisto de petróleo y sin gas.
"El control de estas áreas les proporcionará una enorme", dice Adnan Dulaimi, un importante político árabe sunní. "El motivo es que están sedientos de control y poder".
Sin embargo, incluso los nacionalistas que son partidarios de un Iraq unido, reconocen que la guerra religiosa se ha exacerbado tanto que incluso la posibilidad de dividir la capital a lo largo del Tigris, que separa gruesamente hablando la ciudad en un este chií y un poniente sunní, está siendo debatida abiertamente.
"Sunníes y chiíes están empezando a creer que la división de Bagdad puede ser la solución", dice Ammar Wajuih, un político sunní.
Los críticos se burlan de la idea de que una división geográfica de sunníes y chiíes redunde en mayor seguridad para el país. Algunos observadores advierten que ordenar las provincias árabes del país en cantones religiosos separados sería tan catastrófico como la división de Pakistán e India en 1947.
Aunque crecientes números de iraquíes reconocen que su país está en un estado no declarado de guerra civil, la división "conduciría a una mayor violencia y desplazamientos religiosos", dijo Hussein Athab, politólogo y antiguo diputado de Basra.
Los críticos de la división observan que las milicias chiíes rivales, con lazos con partidos políticos en el gobierno, son tan responsables de la violencia en Iraq como los sunníes, y se sabe que se han atacado mutuamente.
"Están siempre hablando de reconciliación y de rechazar la violencia, pero no son realmente serios", dijo Wajuih. "Toda vez que hay una escalada de violencia, sacan a relucir el tema del federalismo".
Un diplomático occidental, que habló a condición de conservar el anonimato, sugirió que los chiíes estaban usando la perspectiva de un mini-estado sureño para obtener concesiones políticas de los sunníes -"una amenaza que no deberían utilizar", porque el desgarramiento del país en dos partes sería muy traumático.
Un portavoz de la embajada norteamericana se negó a comentar públicamente un tema tan volátil. Pero funcionarios estadounidenses también han comenzado a cogerle simpatía a la idea. El senador Joseph R. Biden Jr., de Delaware, una de las voces importantes en la política exterior del Partido Demócrata, empezó a defender abiertamente esa idea este año.
"Creo que es la única salida", dice Ivan Eland, ex funcionario del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, que trabaja ahora como analista en el Instituto Independiente [Independent Institute], un laboratorio ideológico de Oakland. "Iraq ya está dividido. Los kurdos no quieren ser parte de Iraq. Y si el gobierno central es controlado por un grupo, los otros temerán que se les oprima".
La perspectiva de un Iraq descentralizado impulsó durante décadas a grupos de oposición; chiíes y kurdos fueron brutalmente reprimidos durante el régimen sunní de Saddam Hussein, y una vez que llegaron al poder, se propusieron debilitar al gobierno central. En un referéndum el año pasado, una constitución que incluía la opción de regiones autónomas fue aprobada a pesar de un oposición sunní prácticamente universal.
Según la constitución, cualquiera de las 18 provincias, o un grupo de provincias, puede llamar a un referéndum para formar una región federal. Pero la constitución es vaga sobre la definición de ‘federal'. En Kurdistán, en efecto, ha significado agrupar a las tres provincias en un enclave autónomo que tiene su propio aparato de inteligencia militar, primer ministro y ministerio del petróleo.
El experimento kurdo ha inspirado a muchos dirigentes chiíes, especialmente a Hakim. Los clérigos leales a él ya han empezado a montar manifestaciones callejeras, y a utilizar los sermones del viernes para proponer a las masas chiíes desesperadas y cansadas de la guerra, la idea de que una región autónoma en el sur, frenará el derramamiento de sangre y traerá prosperidad.
"Aquellos que temen el federalismo en el sur y en el centro tienen miedo de que recuperemos nuestros derechos", dijo el clérigo chií Sadruddin Qubanchi a los fieles reunidos para las oraciones del viernes en Nayaf el mes pasado.
"¿Por qué no ahora?", dijo un columnista en Al Adala, un diario chií, el 30 de julio. "Estamos luchando contra el tiempo para establecer el federalismo en Iraq".
Los asesores de Hakim ya han empezado a redactar propuestas para los derechos y límites territoriales de una región así, dijo Haithem Hussein, uno de sus diputados. En un plan, las milicias chiíes que hoy son consideradas parte del ciclo iraquí de violencia, podrían servir como una fuerza de seguridad regional, del mismo modo que los peshmerga kurdos forman el núcleo de las fuerzas de seguridad regional del Kurdistán.
"No queremos fundar un estado chií o un estado dentro de un estado", dice Mukhlis Zamel, un diputado chií de la sureña ciudad de Nasiriya. "Pero queremos gobernarnos a nosotros mismos".
En los pasillos del parlamento, los políticos sunníes dicen que sus colegas chiíes tratan de intimidarlos para que aprueben el plan.
"Tratan de convencernos de que el federalismo es la única solución, te guste o no", dijo Salim Abdullah Jabouri, un ex profesor de derecho que es ahora miembro de la principal coalición sunní en el parlamento.
La mayoría concuerda en que la división de Iraq a lo largo de líneas geográficas defendida por los chiíes sería un proceso terrible y traumático.
Casi todas las principales tribus de Iraq incluyen ramas chiíes y sunníes, y abundan los matrimonios interconfesionales.
Bagdad, Diyala, Babil del Norte y Salahudddel Sur son provincias enteramente mezcladas, a menudo con bolsones de pueblos chiíes y sunníes. Basra en el sur incluye una importante minoría sunní, mientras que Mosul en el norte incluye significativos contingentes de árabes chiíes, kurdos y turcomanos.
Pero todas estas complicaciones podrían ser superadas, dice el analista Eland.
"Podrían incluso llegar a un acuerdo sobre cómo compartir el petróleo", dijo. "Es una falacia que las fronteras deben ser contiguas. También puede haber disuasión. No molestaremos a sus minorías si no agreden a la nuestra".
El jeque Diyadhin Fayadh, un político chií, ofreció otra solución al mosaico religioso que se formaría con una división: "Si a la gente no le gusta el sistema en una región", dijo, "pueden mudarse a otra".

Saif Rasheed en Bagdad y Saad Fakhrildeen en Nayaf contribuyeron a este reportaje.

9 de agosto de 2006
©los angeles times
©traducción mQh
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generales: peligro de guerra civil


[Dana Priest y Mary Jordan] Iraq corre el riesgo de caer en una guerra civil, dicen generales a senadores.
Dos importantes generales estadounidenses dijeron ayer que la violencia religiosa en Iraq es mucho peor de lo que habían anticipado y podría conducir a una guerra civil, afirmando que el mejoramiento de la situación ahora es más una cuestión de voluntad política iraquí que de la estrategia militar norteamericana.
"La violencia religiosa probablemente no puede ser peor", dijo el general John P. Abizaid, comandante de las operaciones militares estadounidenses en Oriente Medio, al Comité de las Fuerzas Armadas del Senado."Si no la detenemos, es posible que Iraq se deslice hacia la guerra civil".
El testimonio de Abizaid y del presidente del Estado Mayor Conjunto, el general Peter Pace, fue la evaluación militar más sombría de las condiciones en Iraq desde que empezara la guerra hace cuarenta meses. Se hacen eco de la opinión del embajador británico saliente en Iraq, el que, en un memorándum confidencial revelado ayer, dijo al primer ministro Tony Blair, que una escisión de facto de Iraq es mucho más probable que una transición a la democracia.
Los dos generales norteamericanos dijeron que piensan que Iraq puede tener éxito en cuanto a mantener un gobierno estable en el futuro cercano, pero su evaluación sobre un posible deslizamiento hacia la guerra civil es algo que el gobierno había evitado reconocer antes.
"Existe la posibilidad de que se produzca una guerra civil, pero eso no significa que sea un hecho ahora", dijo Pace. "Los iraquíes deben aprovechar este momento".
El ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld calificó la violencia en Iraq de "lamentable" y "trágica". Dijo que él "seguía teniendo confianza en que el sentido común del pueblo estadounidense" de oponerse a la retirada de Iraq porque equivaldría a una victoria de los "asesinos y extremistas".
El senador John W. Warner (republicano de Virginia), presidente del Comité de las Fuerzas Armadas, dijo que el gobierno necesitaría una nueva autorización del Congreso para permitir que las tropas estadounidenses peleen en una guerra civil. Originalmente, las fuerzas estaban autorizadas para derrocar a Saddam Hussein y a su Partido Baaz.
Senadores de los dos partidos cuestionaron si las tropas estaban preparadas adecuadamente para tomar parte en una guerra civil. Si finalmente estalla, preguntó el senador Evan Bayh (demócrata de Indiana), "¿de qué lado estaremos?"
"No me gusta especular sobre eso", dijo Rumsfeld. "Podría llevar a una discusión que sugiere que suponemos que va a ocurrir... El gobierno sigue en pie. Las fuerzas armadas siguen en pie".
Varias veces durante la audiencia, Rumsfeld expresó su preocupación de que el interrogatorio del comité ayudara al enemigo. "Ellos nos están haciendo una guerra de desgaste psicológico", dijo en un momento. "Quieren vernos reñir entre nosotros, antes que reñir entre ellos".
Ese ánimo sombrío fue exacerbado por la preocupación sobre la guerra en el Líbano y la posibilidad de que provoque mayor inestabilidad en la región.
"La había visto rara vez tan volátil e inestable", dijo Abizaid.
El gobierno de Bush celebró en mayo el acuerdo entre los partidos iraquíes para formar un nuevo gobierno y, en junio, la muerte de Abu Musab al-Zarqawi, que dirigía al-Qaeda en Iraq. Pero la violencia reclama ahora cien víctimas al día, de acuerdo a un informe, y Bagdad ya no es una ciudad segura.
Recientes promesas de Bush de que Estados Unidos podría empezar a reducir los niveles de tropas estadounidenses en Iraq fueron desmentidas cuando el Pentágono anunció recientemente que 3.700 soldados que debían volver a casa en las próximas dos semanas, serán enviados a Bagdad por un período de cuatro meses.
Los dos generales dijeron al comité que no podían decir cuándo se derrotaría a la resistencia, cuado se desbandarían las milicias iraquíes, cuándo serían las fuerzas iraquíes lo suficientemente fuertes como para pelear por sí mismas, o cuándo podría empezar la retirada de las tropas americanas. Abizaid dijo que espera que Iraq "avance hacia el equilibrio... en los próximos cinco años".
Los tres oficiales dijeron que creen que Iraq superará sus dificultades y que retirar las tropas americanas demasiado pronto sabotearía el objetivo de construir allá una democracia. Dijeron que la clave para parar la resistencia de unos 20 mil miembros en un país de casi 27 millones de habitantes es que los iraquíes se unan, que el gobierno disuelva las milicias armadas y que las fuerzas de seguridad iraquíes aumenten sus números y capacidad.
"Hay más algo más profundo que está ocurriendo en Iraq a un nivel más profundo... que explica por qué esta violencia se mantiene y aumenta, en lugar de disminuir", dijo el senador Lindsey O. Graham (republicano de Carolina del Sur). "¿Qué cree usted que es ese algo?"
Pace respondió que Graham tenía "fundamentalmente razón en que si los iraquíes decidieran hoy que, en mis palabras ahora, querrán más a sus hijos de lo que odian a sus vecinos, esta situación podría terminar muy pronto".
Los miembros republicanos y demócratas bombardearon al trío con incisivas preguntas sobre la extendida corrupción, las milicias cada vez más descaradas, el creciente papel de Irán y el estado de agotamiento de las tropas norteamericanas.
El senador John McCain (republicano de Arizona), acusó al Pentágono de "jugar un juego de comecocos", trasladando tropas de un área inestable a otra. El senador Jack Reed (demócrata de Rhode Island) discutió con Rumsfeld y Pace sobre informes del Pentágono de que dos tercios de las brigadas del ejército no tienen un nivel adecuado de disposición para el combate.
Pace y Rumsfeld dijeron que los cálculos no reflejaban adecuadamente el crecimiento de la capacidad militar.
El momento más apasionante del día ocurrió cuando la senadora Hillary Rodham Clinton (demócrata de Nueva York) leyó un listado de errores que dijo habían conducido a la actual crisis en Iraq, y acusó a Rumsfeld de incompetencia. "Dadas sus prestaciones", preguntó, "¿por qué deberíamos creerle ahora?"
Después de una larga pausa, Rumsfeld respondió: "Dios mío".
Dijo que la planificación de la guerra era un complicado conjunto de decisiones, tomadas con el aporte y la aprobación de los comandantes. "Su afirmación", dijo, "es al menos cuestionable".
Más tarde, en una entrevista con la Associated Press, Clinton pidió la renuncia de Rumsfeld.
En un memorándum confidencial obtenido por el BBC, William Patey, el más importante funcionario británico en Bagdad hasta la semana pasada, escribió que "la perspectiva de una guerra civil de baja intensidad y una división de facto de Iraq es más probable, en estos momentos, que una transición exitosa y substancial hacia una democracia estable".
"Incluso las disminuidas expectativas para Iraq del presidente Bush -un gobierno que se mantenga en pie, se defienda a sí mismo y se gobierne a sí mismo y sea un aliado de la guerra contra el terrorismo- son dudosas", dijo Patey, añadiendo que "la situación no es desesperada" y que los "próximos seis meses son cruciales", aunque Iraq será un país "caótico y difícil" en los próximos cinco a diez años.
Comentaristas en Londres calificaron el memorándum de un nuevo golpe político para Blair, que, como el aliado más cercano de Bush en Iraq, ha sido públicamente el más optimista.
Ayer en una extensa rueda de prensa, Blair dijo que si se leía el memorándum en toda su extensión, no mostraría inconsistencias con lo que han estado diciendo los personeros del gobierno británico.
También ayer el comité de inteligencia del Senado pidió una nueva Estimación Nacional de Inteligencia sobre Iraq. "Está claro que la actual violencia religiosa y los crecientes ataques de las milicias ponen en peligro los esfuerzos para alcanzar estabilidad en Iraq", dijo en una declaración el senador Pat Roberts (republicano de Kansas).
Hace casi cuatro años, el comité recibió una estimación que decía que Iraq poseía armas biológicas y químicas, además de un activo programa de armas nucleares.

Jordan informó desde Londres. Dafna Linzer y Julie Tate contribuyeron a este reportaje.

4 de agosto de 2006
©washington post
©traducción mQh
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soldado confiesa violación


[Joshua Partlow] Y asesinato de la pequeña Abeer en Iraq.
Bagdad, Iraq. El soldado acusado de la violación y asesinato de una niña iraquí de 14 años y tres de sus familiares confesó ante investigadores del ejército cómo él y sus compañeros tramaron la agresión una mañana cuando bebían whisky, jugaban a las cartas y golpeaban bolas de golf.
El especialista James P. Barker, 23, proporcionó una gráfica descripción en una entrevista y una declaración jurada, declaró el agente especial del ejército Benjamin Bierce en una vista el lunes en Bagdad para determinar si los soldados deben o no ser juzgados por un tribunal militar.
Más tarde ese día, Barker y otros tres soldados se pusieron máscaras negras y entraron a la casa de la niña en Mahmudiyah, al sur de Bagdad -a pocos metros de donde los soldados manejaban de un puesto de control vehicular, dijo Bierce.
Tres de ellos -Barker, el ex soldado raso Steven D. Green y el sargento Paul E. Cortez- se turnaron para violar a la niña en su salita, antes de que Green la matara disparándole varias veces con un rifle AK-47, dijo Bierce, citando la declaración de Barker el 30 de junio. Entonces Barker la asperjó con queroseno de lámpara y alguien le prendió fuego.
Barker, en su declaración, dijo que él estaba en la salita con la niña cuando oyó disparos en el dormitorio, donde los soldados habían encerrado a su madre, padre y hermana menor. Luego Green entró a la salita, agitado, y dijo algo así como: "Están todos muertos. Los acabo de matar", dijo Bierce, mencionando la declaración de Barker.
Después de los asesinatos del 12 de marzo, los soldados volvieron al puesto de control, donde Barker asó unas alas de pollo, declaró Bierce.
La confesión se produjo el segundo día de la vista de control del Artículo 32 de la justicia militar para determinar si hay suficientes evidencias como para iniciar un proceso de corte marcial. El caso es uno de los más brutales en una serie de recientes acusaciones contra soldados estadounidenses que han asesinado a civiles iraquíes. Cualquier signo de indulgencia hacia los soldados podría dificultar las relaciones de Estados Unidos con el nuevo gobierno de Iraq, cuyo primer ministro Nouri al-Maliki ha pedido una investigación independiente.
Antes del ataque, Green había dicho repetidas veces que quería matar a algunos iraquíes, dijo Bierce. Green, de acuerdo a la declaración de Barker, fue el cabecilla tanto de la planificación del ataque como en el asesinato de la familia, dijo Bierce. Green se ha declarado inocente de los cargos de violación y homicidio en una corte federal estadounidense en Kentucky.
El soldado raso de primera clase Justin Watt, el soldado que reveló los pormenores del ataque durante una sesión con su terapeuta, declaró que se había enterado por primera vez por el sargento Anthony W. Yribe. Sus sospechas, agregó, fueron confirmadas por el soldado de primera clase Bryan L. Howard. Watt dijo que el ataque "tenía que ser discutido".
"Si tienes el poder de corregir algo, debes hacerlo. Investigar no es mi trabajo. Pero si algo salió mal -algo terriblemente mal, como lo que pasó-, entonces mi obligación es comunicarlo", dijo Watt.
Watt dijo que para algunos de los soldados de la Compañía B, Primer Batallón del Regimiento de Infantería 502, la vida se había convertido en una "mierda", cuando se encargaban de un puesto militar en las cercanías de Yusufiah. Algunos no se habían duchado hacía un mes y vivían en un recinto con "el servicio de agua en mal estado y abandonado", declaró.
En un momento dos soldados de la unidad fueron matados en un puesto de control cuando un hombre iraquí se acercó, pretendió saludarles con la mano y les disparó, dijo Watt.
"Vi morir con mis propios ojos a dos tipos que quería", dijo, y agregó: "Me gustaría tatuarme un recuerdo de todos los chicos [que han muerto], pero no tengo suficiente espacio en mi brazo".
Watt también dijo que creía que Green era responsable del asesinato de la familia y lo había oído decir: "Quiero matar a un montón de iraquíes".
Watt agregó que temió por su propia seguridad cuando se enteró del ataque.
"Es que descubría que los tipos de mi pelotón, los tipos a los que yo confío mi vida, eran los autores de uno de las violaciones y crímenes más brutales que he visto en toda mi vida. Y aquí todo el mundo tiene armas y granadas", declaró.
Las fuerzas armadas estadounidenses han acusado a cuatro soldados de la unidad -Barker, Cortez, Howard y el pfc. Jesse V. Spielman- de violación y homicidio. Yribe fue acusado de incumplimiento de deberes y de hacer una declaración falsa para justificar el no haber informado sobre el incidente.
Durante la vista, el agente especial Michael Hood, un técnico polígrafo profesional, declaró que Spielman aprobó el detector de mentiras cuando dijo que no había matado a nadie ni tenido sexo con nadie en esa casa.
Los investigadores del ejército dijeron que el ataque tomó unos 20 minutos y que los soldados usaron un AK-47 requisado a la misma familia para cometer los asesinatos. Los abogados defensores piensan basar su defensa en las duras condiciones en Iraq y en el estrés de la guerra.
 
[La fotografía que ilustra este artículo corresponde a una mujer iraquí detenida y violada por soldados estadounidenses. No se trata de la pequeña Abeer]. 

7 de agosto de 2006
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más tropas para bagdad


[Dexter Filkins] Caos en Bagdad socava estrategia norteamericana.
Bagdad, Iraq. El último año, cuando los comandantes americanos presionaron a los iraquíes para que se hicieran responsables de esta violenta capital, Bagdad se convirtió en un lugar señaladamente más peligroso.
Ahora los norteamericanos se ven obligados a movilizar a más de sus propias tropas para controlar la ciudad.
El fracaso de los iraquíes en cuanto a frenar el deslizamiento de Bagdad hacia caos socava una de las premisas centrales del proyecto americano aquí: que las fuerzas iraquíes pueden ser adiestradas y equipadas para proteger su propio país, permitiendo que los americanos vuelvan a casa.
Una revisión de estadísticas dadas a conocer anteriormente sobre patrullas americanas e iraquíes sugieren que cuando los americanos traspasaron las responsabilidades a los iraquíes, la violencia en Iraq aumentó.
A mediados de junio de 2005, los americanos realizaron un promedio de 360 patrullas al día, de acuerdo a estadísticas dadas a conocer por los militares. Para mediados de febrero de este año, las patrullas llegaban a 92 al día -un descenso de más del 70 por ciento. La primera brigada iraquí ocupó una pequeña sección de Bagdad a principio del año pasado. Ahora, soldados y agentes de policía iraquíes dirigen las operaciones de vigilancia de más del 70 por ciento de la ciudad, incluyendo sus barrios más violentos. Controlan todos los seis mil puestos de control de Bagdad.
Incluso después de que el atentado contra el santuario de Askariya en Samarra el 22 de febrero desencadenara una oleada de violencia religiosa, las patrullas americanas continuaron a un nivel más bajo que en el pasado. A fines de julio, los americanos patrullaban Bagdad 89 veces al día -un cuarto de sus patrullas a mediados de junio del año pasado.
Hace trece meses, Bagdad tenía unos 19 incidentes violentos al día -incidentes como asesinatos. Hoy, el promedio diario es de 25 -un aumento de más del 30 por ciento. Muchos de esos ataques causan más de una muerte; algunos causan muchas más, como la carnicería cometida por milicianos chiíes el mes pasado al oeste de Bagdad, que causó más de 40 muertes.
El jueves, en Washington, comandantes militares americanos de alto rango advirtieron claramente que Iraq se encaminaba hacia la guerra civil.
Para frenar ese desarrollo, Estados Unidos ha decidido duplicar el número de soldados americanos en la ciudad, de 4.200 a unos 7.200.
Funcionarios estadounidenses han declarado a Bagdad el ‘centro de gravedad' del país, una arena que debe ser controlada si quieren salir victoriosos. Americanos e iraquíes dicen que también están planeando llevar más tropas iraquíes a Bagdad y destinar al menos 50 millones de dólares para empleo y servicios públicos, como la electricidad.
La decisión de incrementar el número de tropas americanas en la ciudad parece reflejar la convicción de que sólo las tropas americanas pueden controlar esa ciudad.
"Si aceptáramos los altos niveles de bajas que ocurren en la ciudad al mes, entonces las fuerzas de seguridad iraquíes podrían continuar manejando la situación", dijo el general de división William B. Caldwell IV, portavoz de las fuerzas armadas en Iraq. "Podemos manejarlo con los niveles actuales. Pero si queremos reducir la violencia, entonces debemos llevar más tropas a la ciudad".
Los jefes militares americanos dicen que la mayor violencia en Bagdad no quiere decir necesariamente que las fuerzas iraquíes estén fracasando. Los agentes de policía y soldados iraquíes son competentes, dicen los estadounidenses, pero la explosión de violencia religiosa es de una dimensión y virulencia que podría abrumar a cualquier ejército.
"No creo que lo hayamos hecho demasiado rápido", dijo el general Caldwell sobre la transferencia de responsabilidades a los iraquíes en Bagdad. "Nadie podía predecir la violencia religiosa".
Algunos observadores independientes dicen que los estadounidenses tienen razón, que el trabajo de vigilar una ciudad de siete millones de habitantes en manos del terrorismo, la violencia religiosa y la delincuencia es una tarea de una magnitud desconocida para los ejércitos modernos. Algunos se preguntan si acaso serán suficientes las siete mil tropas americanas adicionales destinadas a la ciudad.
"No creo que esta operación haya sido diseñada para dar vuelta a la esquina", dijo Anthony H. Cordesman, un analista militar en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington. "Creo que fue diseñada para impedir la guerra civil".
Hacer que las fuerzas iraquíes controlen varias partes de la ciudad, dicen los comandantes estadounidenses, libera a las tropas americanas para que apoyen a los iraquíes en los barrios más violentos.
El número de tropas y agentes de policía iraquíes ha crecido firmemente desde principio de 2005. Cerca de 42 mil agentes de policía y fuerzas del ejército y paramilitares patrullan ahora la capital.
Aparte las 7.200 tropas americanas, más de mil asesores americanos se encuentran incrustados en la policía y el ejército iraquíes.
Sin embargo, desde marzo, cuando los americanos e iraquíes empezaron la primera de dos importantes operaciones para controlar Bagdad, la violencia aquí no ha hecho más que aumentar.
Naciones Unidas dice que un promedio de cien civiles iraquíes mueren todos los días en Iraq, "la gran mayoría" de ellos en Bagdad.
En las calles, las cuentas se miden en carne y sangre. Cada día los cuerpos se apilan en la morgue central de Bagdad: quemados con ácido, agujereados de balas, con la vista vendada, esposados, perforados con taladros.
Para gran parte de la ciudad, el río Tigris forma una frontera religiosa, con los sunníes al poniente y los chiíes en el este. Muchos vecinos de Bagdad ya no se aventuran fuera de sus propios barrios. En la mayoría de los barrios las tiendas cierran a las dos de la tarde, si acaso abren. Milicianos armados del Ejército Mahdi recorren las calles libremente.
Es difícil sopesar el desempeño de las fuerzas de seguridad iraquíes. Todas las noches los militares estadounidenses envían mensajes por correo electrónico anunciando que los iraquíes han allanado escondites de los rebeldes, detenidos a sospechosos o abortado atentados suicidas.
"Se los digo personalmente", dijo el general de división David D. Halverson, comandante de la división americana que supervisa la capital. "Las fuerzas iraquíes se han defendido bien y han peleado bien".
En realidad, en algunos lugares las tropas iraquíes se han mostrado prometedoras. En la Calle Haifa, que fue la primera calle en pasar a control de una brigada iraquí el año pasado, las tropas han llevado estabilidad al barrio de un modo que ni las tropas americanas pudieron alcanzar.
En general, sin embargo, su desempeño parece magro. El Ejército Iraquí parece más disciplinado y profesional que la policía, y recibe más respeto de parte de la población iraquí.
Los agentes de policía iraquíes, que superan de lejos a los soldados iraquíes, parecen más desamparados, a menudo observadores del caos a su alrededor.
Un día a fines del mes pasado, por ejemplo, un grupo de diez hombres armados pararon el tráfico en el barrio de Tarbiya en Ciudad Sáder y arremetieron contra una tienda.
Cuando ocurría esto, dos coches policiales pasaron por el lugar y observaron claramente el secuestro que estaba tomando lugar. No hicieron nada. Minutos más tarde, los hombres armados llevaron a uno de los tenderos iraquíes a uno de sus coches y desaparecieron con él.
Ni los rebeldes sunníes ni las milicias chiíes respaldadas por Irán parecen temer a los agentes de policía o soldados iraquíes.
En los barrios bagdadíes de Dawra y Amariya, por ejemplo, soldados y policías iraquíes a menudo son incapaces de retirar los cuerpos de civiles o de sus propios hombres matados en enfrentamientos callejeros debido al temor de ser ellos atacados a su vez. A menudo son los americanos lo que han tenido que recuperar los cuerpos: los rebeldes no los molestan.
La tibia calidad de las fuerzas de seguridad iraquíes está en el centro del caos de la capital, dicen algunos líderes iraquíes.
"Tenemos que admitir que hay problemas estructurales en el modo en que se recluta a las fuerzas de seguridad", dice Barham Salih, el vice-primer ministro. "No se ha prestado suficiente atención a la calidad, ni al liderazgo. El mando y el control siguen siendo problemáticos".
Muchos de los milicianos que ahora aterrorizan a la capital son dirigidos por los mismos partidos políticos que controlan el gobierno iraquí, dijo.
"Es un secreto a voces que debe ser erradicado derechamente", dijo Salih. "La mantención de esta situación conviene a demasiados en la elite política de este país".
Los comandantes americanos dicen que están planeando embarcarse en un plan para controlar un barrio a la vez. Dicen que se sienten optimistas, en parte, debido a que no descansan exclusivamente en la fuerza militar. Líderes iraquíes y estadounidenses se están preparando para destinar 50 millones de dólares a crear empleos para los iraquíes y reponer servicios básicos como electricidad y agua potable de los que carecen muchos barrios de Bagdad.
El nuevo plan es la creación del teniente general Peter W. Chiarelli, comandante de las fuerzas americanas en Iraq, que ha argumentado durante largo tiempo que los componentes políticos y económicos que se requieren para derrotar a la resistencia son tan importantes como la fuerza letal.
"Estamos desempolvando el libreto de Chiarelli, y finalmente lo vamos a implementar", dijo el general Caldwell.
Estadounidenses e iraquíes dicen que esperan ver resultados en noventa días.

Qais Mizher contribuyó al reportaje de este artículo.

5 de agosto de 2006
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muerte en la morgue


[Kirk Semple] Despiadada violencia religiosa en Bagdad se cobra víctimas incluso en la morgue.
Bagdad, Iraq. Mientras la violencia en la capital continúa aumentando, la tarea de localizar a los desaparecidos se ha convertido en una macabra prueba. Las anémicas agencias de investigación de Iraq están tan mal equipadas para seguir el ritmo de los asesinatos, que para las familias que buscan información las morgues son a menudo las únicas que proporcionan certidumbres.
Pero ahora incluso las morgues se han convertido en una fuente de peligro, al menos para los árabes sunníes. En los últimos meses, las milicias chiíes han estado vigilando en particular la morgue central de Bagdad, y las autoridades han recibido decenas de informes sobre secuestros y asesinatos de árabes sunníes allá.
Ahora muchos sunníes se niegan a visitar el lugar a la búsqueda de miembros de la familia desaparecidos y se ven obligados a adoptar medidas extraordinarias para recuperar el cuerpo de un ser querido, lo que incluye a veces enviar a amigos chiíes en su lugar.
"Tenemos que pelear para sacar a nuestros muertos de la morgue", dijo Omar al-Jubouri, el director de derechos humanos del Partido Islámico Iraquí, un grupo político sunní.
Él y otros líderes de la comunidad sunní dicen que sospechan que un creciente número de cadáveres de sunníes no son reclamados y están recibiendo sepulturas de indigentes.
Instalada en la Ciudad Médica, un extenso complejo de pesados edificios al norte de Bagdad, la morgue central, que depende del ministerio de Salud controlado por los chiíes, se ha convertido en la principal parada en la búsqueda de desaparecidos. Todas las semanas cientos de cuerpos no identificados de la capital -encontrados en fétidos lodazales, en fosas comunes a ras de tierra, flotando en el Tigris- son llevados allá.
El nauseabundo olor de los cuerpos en descomposición invade repugnantemente los alrededores del edificio de un piso y se vuelve peor a medida que sube la temperatura en el día. Un callejón lateral por donde se entregan los cuerpos está envuelto en misteriosas y sépticas substancias. Ropa ensangrentada y otras pertenencias arrancadas de las víctimas son amontonadas en pilas para quemarlas luego en un gran horno.
Jubouri y otros líderes sunníes acusan al Ejército Mahdi, una milicia chií, de los ataques a la morgue. La milicia profesa lealtad al clérigo Moqtada al-Sáder y ha sido acusada de agravar la violencia religiosa que ha asolado a Iraq en los últimos meses. El ministerio de Salud está controlado por aliados de Sáder.
En entrevistas, funcionarios del ministerio y policiales negaron que la morgue tuviera un problema de seguridad o que los sunníes estuviesen siendo atacados allá.
"Es sólo una teoría", dijo Amer al-Khuzaie, uno de los tres subsecretarios de salud. "Existe esa teoría, ¿pero es la realidad? No sabemos si hay algo más que temores".
Pero en el actual clima de violencia y terror, las impresiones cuentan como realidades, y los sunníes ya han dejado de ir a la morgue.
La seguridad en la morgue es proporcionada por una fuerza especial del gobierno que custodia los edificios oficiales, dijo el subsecretario de salud. Pero líderes sunníes dicen que el cuerpo de guardias, como el resto de las fuerzas policiales iraquíes, ha sido infiltrado por escuadrones de la muerte chiíes. También han acusado a los empleados de la morgue de trabajar como informantes de miembros del Ejército Mahdi que acechan en el perímetro del complejo.
Líderes sunníes dicen que los informantes notifican a los milicianos toda vez que llega un sunní a recuperar un cuerpo. (Todos los visitantes deben identificarse, y la afiliación religiosa de una persona a veces es obvia por el nombre de pila).
Jubouri dijo que parte del proceso se ha hecho vulnerable y los sunníes son atacados en el recinto, cuando salen con un cuerpo y cuando llegan a sus casas.
En mayo, una docena de familiares sunníes de Tarmiya, al nordeste de Bagdad, llegaron a la morgue buscando a dos primos que habían sido secuestrados dos semanas antes. Temerosos de los informes sobre ataques contra sunníes en la morgue, la familia decidió viajar en un gran grupo, para protegerse.
Pero en la puerta principal, la familia fue rodeada por cinco camiones de hombres armados, dijo un miembro de la familia, que sólo permitió la publicación de su nombre de pila, Thaer, por razones de seguridad. "Nos dijeron que nos tendiéramos en el suelo", dijo durante una entrevista reciente. "Controlaron nuestras identidades y nombres".
Los hombres armados, que Thaer dijo que sospechaba que eran del Ejército Mahdi, apartaron a dos hombres del grupo y se los llevaron. El resto de la familia huyó sin entrar a la morgue.
La familia pagó una fuerte suma de dinero por la liberación de esos dos hombres, pero nunca encontraron a los primos secuestrados. Tras el ataque contra la morgue, dijo Thaer, un conocido chií de la familia visitó la morgue, pero no encontró a los primos. Thaer sospecha que sus cuerpos fueron sacados de la morgue por razones de espacio.
Jubouri dice que él recibe tres o cuatro llamadas al día de árabes sunníes que tienen miedo de ir a la morgue.
A veces llama al ejército iraquí para que envíe soldados que acompañen a un miembro del partido hasta la morgue, o envía funcionarios del partido para que ayuden. Otras familias han recurrido a enviar a delegados que podrían ser blancos menos atractivos de las milicias chiíes, incluyendo a ancianos y mujeres.
Pero algunos árabes sunníes desafían la amenaza.
Una mañana hace poco, un grupo de unos siete hombres llegaron a la morgue para retirar el cuerpo de un familiar, un carpintero de 32 años que fue asesinado en su taller por dos hombres armados. Los familiares retiraron el cuerpo a un edificio adyacente donde lo asearon ceremonialmente.
En una antecámara del cuarto donde se asean los cuerpos, el hermano de la víctima, que dijo que su nombre era Abu Sarmed -un nombre honorífico que significa ‘padre de Sarmed'-, dijo que la familia estaba aterrada de estar en la morgue, "porque somos todos sunníes".
Ir a la morgue, explicó, era un acto de necesidad moral y tradicional. Los familiares estaban tratando de dar a su pariente una sepultura propia, dijo, incluso si eso significaba arriesgar sus vidas.
Aunque la morgue trata de conservar los cuerpos al menos durante un mes, los funcionarios a menudo los han despachado mucho más pronto debido a que el edificio sólo tiene una capacidad de refrigeración para unos cien cuerpos a la vez, dijo Khuzaie. Ocasionalmente, la morgue ha recibido varios cientos de cuerpos en un día.
Funcionarios del ministerio de salud dicen que cientos de cuerpos a la semana son despachados sin ser identificados, aunque no hay modo de determinar la afiliación religiosa de la víctima.
Al menos dos veces a la semana, un miembro de la organización de Sáder, el jeque Jamal al-Sudani, reúne a un grupo de hombres para colocar los cuerpos en un enorme camión y llevarlos a las ciudades santas chiíes de Nayaf y Karbala para ser sepultados anónimamente en una sepultura chií. Sudani dijo que las cargas más ligeras comprenden unos setenta cuerpos, y las más pesadas han llegado hasta 250.
Los viernes en la mañana, los trabajadores de Sudani, con botas blancas y guantes de plástico blancos, reciben los cuerpos ensangrentados y desfigurados a través de la puerta lateral de la morgue, los meten en bolsas de cadáveres negras y los cargan en los camiones, gritando: "Hay un sólo Dios, y es Alá".
"Los recogemos a todos", dijo Sudani, que estaba a un lado mirando el ritual. "Sunníes, chiíes, cristianos -no importa. Son todos víctimas".

Hosham Hussein contribuyó al reportaje para este artículo.

30 de julio de 2006
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esperando el estallido


[Joshua Partlow] Algunos soldados en Bagdad expresan su frustración con la guerra y su misión.
Bagdad, Iraq. El sargento de primera clase José Sixtos meditó sobre la sencilla pregunta sobre ética durante más de una hora. Pero no antes de que su caravana de vehículos blindados hubiera finalmente retornado a la base militar estadounidense, y los soldados sacaran las municiones de sus ametralladoras, y pasaran el robot que detecta bombas a otra patrulla. Se volvió entonces en su asiento y dio su respuesta.
"Piensa en lo que más odias de tu trabajo. Luego piensa que haces lo que más odias durante cinco horas, todos los días, a veces dos veces al día, con un calor de 49 grados Celsius", dijo.
¿Te sientes frustrado? "No tienes ni idea de cómo", dijo.
En momentos en que el presidente Bush proyecta desplegar más tropas en Bagdad, los soldados estadounidenses que han estado patrullando la capital durante meses describen su trabajo como una mortífera y exasperante misión en la que el enemigo es elusivo y el éxito, difícil. Caravanas de Humvees y vehículos de combate Bradley salen todos los días de la Base de Operaciones de Avanzada Falcon en el sur de Bagdad, con el objetivo de detener la violencia entre grupos religiosos iraquíes, adiestrar al ejército y policía iraquíes para que se encarguen ellos de la ciudad e informar sobre la disponibilidad de servicios básicos para los civiles iraquíes.
Pero algunos soldados del Segundo Batallón del Regimiento de Infantería Nº6, Primera División Blindada -entrevistados durante cuatro días en la base y en patrullas- dicen que están cada vez más incrédulos de su capacidad para sofocar la violencia y de los motivos para pelear. El batallón de más de 750 hombres llegó en marzo a Bagdad desde Kuwait y desde entonces han muerto seis soldados, quedando 21 heridos.
"Te jode. Honestamente, te sientes como si estuvieras dando vueltas en coche, esperando el estallido. Esa es la respuesta más honesta que te puedo dar", dijo el especialista Tim Ivey, 28, de San Antonio, un musculoso ex corredor de poder de reserva de la Universidad de Baylor. "Pierdes a algunos amigos y se te hace difícil".
"Nadie quiere estar aquí, sabes, a nadie le entusiasma lo que hacemos", dice el sargento Christopher Dugger, el jefe del pelotón. "Estábamos entusiasmados, pero el entusiasmo simplemente se acaba -todo tiene un límite. Como yo, personalmente, que me gustaría pelear en una guerra como la Segunda Guerra Mundial. Quiero pelear con un enemigo. Y esto, aquí", dice, haciendo un gesto abarcador de la base de arena y gravilla, las hileras de Humvees y las barracas, y las calles llenas de basura de Bagdad afuera, "aquí no hay enemigo. El enemigo no tiene cara. Está allí fuera, pero oculto".
"Hemos sido adiestrados como un ejército para pelear y destruir al enemigo y hacernos cargo", agrega Dugger, 26, de Reno, Nevada. "Pero no creo que hayamos sido adiestrados lo suficiente como para sacar a un país adelante, y eso es lo que en realidad estamos haciendo aquí".
"Es frustrante, pero estamos ayudando a esta gente", dice. "Aquí estoy con tipos que conozco bien, y no puedo imaginarme en ningún otro lugar".

Guerra Sin Fin
El sábado, después de una patrulla de cinco horas a través de los barrios del sur de Bagdad, los soldados del Primer Pelotón se sentaron en bancas de madera en un porche cercado frente a sus barracas.
Con las caras enrojecidas y sucias por la arena y el abrasador sol, fumaron cigarrillos y lanzaron las colillas contra una lata oxidada con una etiqueta que decía: ‘Butts'.
Los comandantes en Bagdad y en el Pentágono están "estudiando el panorama general todo el tiempo, pero nosotros no tenemos esa vista panorámica, sino simplemente otra bomba", dijo el especialista Joshua Steffey, 24, de Asheville, Carolina del Norte. El comandante de la compañía, el capitán Douglas A. DiCenzo, de Plymouth, Nuevo Hamphsire, y su artillero, el especialista Robert E. Blair, de Ocala, Florida, murieron en mayo al estallar una bomba improvisada.
Steffey dijo que quería "que alguien nos explique por qué estamos aquí". Con un montón de improperios, dijo que le daba un pepino que "Iraq fuera libre" o que "tengan democracia".
"La primera vez que muere alguien que conoces, lo primero que te preguntas es: ‘Bueno, ¿para qué murió?'"
"En este momento, se parece a la guerra contra las drogas en Estados Unidos", agregó el especialista David Fulcher, 22, un estudiante de medicina de Lynchburg, Virginia, sentado junto a Steffey. "Esta guerra no tiene fin: cuando encuentras una bomba que no ha estallado todavía, vas a encontrar alguna vez otra demasiado tarde. Sabes, es como cuando los polis agarran a alguien, y a la semana siguiente los de más arriba lo reemplazan por otro".
"Mi opinión personal, y no hablo por el resto, simplemente hablo por mí mismo, creo que la guerra civil va a ocurrir hagamos lo que hagamos", respondió Steffey. "Quizás este país la necesita: Alguien tiene que ganar. O sunníes, o chiíes, alguno tiene que ganar. Es obvio, esta gente no puede vivir unida".
Estaba oscuro ahora excepto por un tubo fluorescente y la punta de los cigarrillos de intenso rojo.
"Quiero decir, si comparas las bajas de esta guerra con las bajas de, digamos, la Segunda Guerra Mundial, sabes, es obvio que no se pueden comparar", dijo Fulcher. "Pero en la Segunda Guerra Mundial el objetivo estaba claro, sabías que estabas peleando porque, en lo esencial, había un tipo tratando de apoderarse del planeta. Pero en esta guerra te estás preguntando siempre: ¿Para qué invadimos este país?"
"¿Cómo llegamos a que teníamos que reconstruir este país a partir de la nada?", se preguntó Fulcher.
Siguió hablando. "Ellos dicen, bueno, estamos aquí y les dimos libertad, pero, realmente, ¿qué es eso? Sabes, ¿qué es la libertad? Aquí hay niños que no pueden ir a la escuela. La gente aquí no tiene poder", dijo. "Sabes, así que, sí, ahora tienen libertad, pero cuando no eran libres, todos tenían trabajo".
Steffey se levantó para dejar el porche e irse a la cama.
"Sabes, el punto es que ya se han perdido demasiadas vidas americanas, así que ahora tenemos un compromiso. Así que cualquiera sea el estado final que resulte, tenemos que alcanzarlo, para demostrar que no murieron en vano", dijo. "Ahora estamos demasiado involucrados".

El Temor Más Grande
El riesgo más grande al que hacen frente los soldados es la explosión de bombas improvisadas, conocidas entre los soldados como IED [artefactos explosivos improvisados; improvised explosive devices], la principal causa de muerte de las tropas estadounidenses en Iraq.
Los comandantes de batallón dicen que han dado grandes pasos limpiando las principales carreteras en su jurisdicción en el sur de Bagdad, incluyendo la carretera norte-sur que ellos llaman la Ruta Jackson, pero que los insurgentes continúan adaptándose.
"Si hacemos algo, el enemigo responde. Es una guerra permanente", dice el sargento primero Scott Wilmot, un analista de explosivos del batallón. "Desde donde estoy yo, la cantidad de artefactos explosivos están aumentando".
Todos los días soldados estadounidenses e iraquíes que patrullan barrios como Sadiyah, al-Amil y Bayaa -un área de unos 104 kilómetros cuadrados en los que viven medio millón de personas- recuperan un promedio de una a dos bombas improvisadas, a menudo detonadas por alguien observando los convoyes desde la distancia, dijo.
"Radios Motorola, celulares, abridores de puertas de garaje, timbres de puerta a control remoto. Ellos pueden usar, en teoría, cualquier cosa que pueda transmitir", dice Wilmot. "Cualquiera que piense que son estúpidos, se equivoca".
Tras el atentado con bomba en febrero contra el santuario chií de la cúpula dorada en Samarra, han aumentado los asesinatos religiosos entre facciones rivales de chiíes y sunníes y se han cobrado la vida de miles de iraquíes, a pesar de las medidas represivas en Bagdad que empezaron este mes. Los comandantes militares estadounidenses en Bagdad dicen que los motivos de las ejecuciones van más allá y que incluyen también rivalidades entre tribus, delincuencia y guerras internas de las sectas. La mayor parte de los asesinatos toman lugar fuera de la vista de los estadounidenses, dicen los comandantes.
"En este momento, se está haciendo difícil determinar qué grupos son los responsables", dice el capitán Eric Haas, de Williamsburg, Virginia, un oficial de inteligencia del Segundo Batallón. "Nuestro mayor temor es que esto se convierta en algo parecido a la guerra de Bosnia-Kosovo" donde la policía permita que ocurran masacres.
"Claramente, estamos haciendo progresos", agregó. "Pero tomará algún tiempo".
En esta palestra, día y noche, intervienen los soldados norteamericanos. Cada soldado de infantería realiza un promedio de diez patrullas a la semana, por un total de 50 a 60 de agotadoras horas, y "está teniendo un efecto", dice el comandante del batallón, el mayor Jeffrey E. Grable.
"A veces el fruto del trabajo no es obvio", dice Grable. Pero las patrullas tienen "un efecto de disuasión de la violencia religiosa. Desgraciadamente, no podemos estar en todas partes al mismo tiempo".

Sólo Promesas
La patrulla comandada por el capitán Mike Comstock, 27, de Boise, Idaho -dos Humvees y un vehículo de combate Bradley- empezó el sábado a la una de la mañana.
A 25 kilómetros por hora, la patrulla pasó a través de las deterioradas calles iraquíes con decenas de coches haciendo cola en las gasolineras, pilas de basura ardiendo, sitios eriazos llenos de escombros y enormes cráteres dejados por las bombas.
En una parada, la patrulla paró frente a la mezquita de Saadiq al-Amin en el barrio de Bayaa. Algunas de las mezquitas de la ciudad han almacenado armas y se han convertido en centros de operaciones de los insurgentes -utilizadas, dijo un oficial, "como nosotros usamos las armerías de la Guardia Nacional en casa".
"¿Cómo le va? ¿Hace calor, no?", le pregunta Comstock a Walid Khalid, 45, el segundo clérigo de la mezquita sunní, que abrió la puerta llevando sandalias y la tradicional túnica blanca.
"A nuestro imán lo mataron hace tres semanas", dice Khalid a través de un intérprete.
"En realidad, me entero recién ahora", dice Comstock, tomando notas.
"Alguna gente de aquí tiene miedo de venir a rezar los viernes", dice Khalid, para explicar luego que la mezquita no tiene ni agua ni electricidad. Dice que está preocupado de que la corrupta policía iraquí pueda atacar la mezquita, y que necesitaba permisos para cuatro rifles de asalto Ak-47 que guarda dentro de la mezquita.
"¿Le ayudaría si traemos a la policía nacional para que habléis con ellos?", preguntó Comstock. "Quizás debáis empezar a construir juntos".
"Nos gustaría cooperar, pero a veces esa gente viene a atacarnos y queremos defender la mezquita", dice Khalid. "El interior de la mezquita es nuestra frontera. Si cruzan esa línea, les dispararemos".
La patrulla de Comstock paró en algunas casas y tiendas de Bayaa para hacer un ‘chequeo SWET': revisar el alcantarillado, los servicios de agua y electricidad disponibles a los residentes. La mayoría dijeron que el servicio de aguas residuales era adecuado, pero que la electricidad no funcionaba más de cuatro horas al día. Algunos dijeron que tenían poca agua potable y que arrojaban su basura a lo largo de las calles principales. Las calles que conducían al interior de los barrios estaban bloqueadas con bloques de cemento y troncos de palmeras. La queja más repetida de los vecinos fue la falta de seguridad.
"No puedo arreglar la electricidad o el alcantarillado todo el tiempo. Nosotros recomendamos esos proyectos", dijo Comstock a Muhammed Adnan, un vecino de Bayaan. "Lo que podemos hacer es patrullar su barrio. Espero que eso ayude".
"Sólo recibimos promesas, nada más", dijo Adnan, 40. "Tres años de promesas, promesas, y promesas".
Comstock apuntó las palabras: "Sólo promesas".

28 de julio de 2006
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conspiración para matar


[Robert F. Worth] Conspiraron para matar a sangre fría a prisioneros iraquíes esposados.
Durante más de un mes después de los asesinatos, el sargento Lemuel Lemus se aferró a su versión.
"Fue un uso adecuado de la fuerza", dijo a un investigador, describiendo cómo los miembros de su unidad mataron a balazos a tres detenidos iraquíes que habían atacado a los soldados y tratado de escapar después de un allanamiento en el noroeste de Bagdad el 9 de mayo.
Pero el 15 de junio el sargento Lemus ofreció una versión no conocida y mucho más oscura.
En una larga declaración jurada, dijo que había sido testigo de una conspiración deliberada de sus compañeros para matar a tres iraquíes esposados y ponerse de acuerdo en una historia para encubrir los crímenes. Para sonar convincentes, uno de los soldados tajeó a otro para reforzar su historia. El jefe del pelotón amenazó con matar a cualquiera que hablara. Más tarde, un soldado agobiado por los sentimientos de culpa se quejó de que sufría pesadillas y "no podía dejar de hablar" sobre lo que había ocurrido, dijo el sargento Lemus.
Como en casos similares que están siendo investigados en Iraq, la historia del sargento Lemus ha hecho surgir preguntas sobre las reglas bajo las cuales operan las tropas estadounidenses y la posible culpabilidad de los comandantes. En el caso, cuatro soldados han sido acusados de homicidio premeditado. Los abogados de dos de ellos, que rechazan la versión del sargento Lemus, dicen que los soldados recibieron órdenes de un coronel condecorado el día en cuestión, de "matar a todos los hombres en edad de portar armas" que encontraran.
Persisten muchas preguntas sobre el caso, cuya audiencia de control del Artículo 32 se realizará el martes en Iraq. Pero cualquiera sea la verdad, la declaración jurada del sargento Lemus -que fue obtenida por el New York Times- ofrece una extraordinaria ventana hacia las presiones bajo las que viven los soldados estadounidenses en Iraq, donde el caos de tiempos de guerra y el imperativo de lealtad a menudo complican las decisiones sobre lo correcto y lo incorrecto.
Cuando los investigadores le preguntaron por qué no trató de detener a los otros soldados de llevar a cabo los asesinatos, el sargento Lemus -que no ha sido acusado en el caso- dijo simplemente que tuvo miedo de que lo llamaran cobarde. Se quedó callado, dijo, debido "a la presión de los otros y porque tengo que ser leal al pelotón".
La misión par asesinar comenzó al alba del 9 de mayo, cuando soldados del Equipo de Combate de la Tercera Brigada de la División Aerotransportada 101 aterrizaron en una zona remota cerca de una antigua planta química, no muy lejos de Samarra, de acuerdo a documentos judiciales y a los abogados de los soldados acusados. Se sospechaba que en ese sitio había un campo de adiestramiento de la resistencia y era considerado extremadamente peligroso.
Justo antes de salir, los soldados recibieron de un capitán y un coronel la orden de "matar a todos los hombres en edad de portar armas" que encontrasen en el sitio, dijo Paul Bergrin y Michael Waddington, los abogados que rechazan la versión del sargento Lemus. Oficiales en Bagdad se han negado a comentar sobre esa orden, que habría violado una de las leyes de la guerra.
El coronel Michael Steele es el comandante de la brigada. Dirigió la misión en Somalia en 1993, que se hizo famosa por el libro y la película ‘Black Hawk derribado' [Black Hawk Down].
Los dos abogados dicen que el coronel Steele ha indicado que él no declarará en la audiencia por el Artículo 32 -el equivalente militar de una vista de un gran jurado- ni responderá preguntas sobre el caso. Las llamadas y mensajes por correo electrónico a un abogado civil que representa al coronel Steele, no fueron contestadas.
Es muy raro que un comandante se niegue a declarar en cualquier fase de un juicio en la corte marcial, dijo Gary D. Solís, un ex juez militar y fiscal que enseña derecho militar en la Universidad de Georgetown.
Durante la incursión los soldados capturaron a tres iraquíes ocultándose en una casa, que estaban usando a las mujeres y niños como escudos, dijo el sargento Lemus en su declaración. Los soldados apartaron a los hombres, los vendaron y amarraron sus manos con amarras' de plástico, amarras que no son tan fuertes como las esposas de plástico que se usan a menudo en Iraq.
Entonces, dijo el sargento Lemus a los investigadores, otro sargento le dijo a su jefe de pelotón, el sargento de segunda clase Raymond L. Girouard: "Los detenidos deberían haber sido matados".
El hombre acusado de haber dicho eso, el sargento primero Eric J. Geressy, lo ha negado. En su propia declaración jurada, dijo a un investigador que durante el llamado de radio "me estaba preguntando por qué no mataron a los enemigos cuando tuvieron contacto". Pero agregó: "En ningún momento traté de sugerir esa a los soldados que ejecutaran a los detenidos".
El sargento Lemus dio a los investigadores la siguiente versión sobre lo que ocurrió: Unos diez minutos más tarde, el jefe del pelotón reunió al sargento Lemus y otros tres soldados en una casa cercana y les dijo que se "acercaran" para hablarles más bajo. El sargento Girouard habló "en voz baja" y "gesticulando", dejando en claro que debían matar a los iraquíes.
"No me gustó la idea, así que me dirigí hacia la puerta", dijo el sargento Lemus en su declaración. "Él miró a todos los demás y preguntó si alguno tenía algún problema con la misión". Nadie dijo nada.
Poco después, dijo el sargento Lemus, estaba parado cerca de la zona de aterrizaje cuando oyó gritos y ráfagas de fuego. Vio a los detenidos que corrían y caían al suelo. Volvió a la escena y le preguntó al sargento Girouard qué había pasado.
"Pero no podía responder", dijo el sargento Lemus. "Simplemente miró los cadáveres y tenía una expresión congelada en su cara. Le pregunté dónde estaban mis hombres y murmulló que estaban en el edificio" buscando primeros auxilios.
El sargento Girouard y los otros tres soldados: el especialista William B. Hunsaker, el soldado de primera clase Corey R. Clagett y el especialista Juston R. Graber fueron acusados de homicidio premeditado, un delito que puede ser castigado con la pena capital. El soldado raso Clagett y el especialista Hunsaker fueron acusados de haber sido los autores materiales de los homicidios.
Bergrin, el abogado que representa al soldado raso Clagett, y Waddington, que representa al especialista Hunsaker, rechazan la versión del sargento Lemus. Dicen que los prisioneros se escaparon cuando estaban apretándoles las amarras, que se habían aflojado. Dicen que los prisioneros apuñalaron al especialista Hunsaker y golpearon al soldado raso Clagett antes de tratar de huir.
Pero en su declaración, el sargento Lemus dijo que había oído decir a los soldados acusados que fue el sargento Girouard quien cortó al especialista Hunsaker en un intento de hacer más plausible la historia del ataque. Él creyó en la historia, dijo el sargento Lemus, "porque los dos son de la academia de comandos y son muy amigos", y agregó: "Hablan siempre sobre la Legión de Honor francesa y de los mercenarios renegados huyendo de país en país".
Tres días después, el soldado raso Clagett "me dijo que no podía dejar de pensar sobre el asunto", recordó el sargento Lemus. El soldado preguntó cómo había reaccionado el sargento Lemus al ver los cadáveres y qué pensaba de la idea de matar al enemigo durante su período en Iraq.
"Le dije que estaba bien que pensara eso", dijo el sargento Lemus. "Él estaba realmente estresado porque cuando dormía las pocas horas que dormía, soñaba una y otra vez sobre el asunto".
Dos investigaciones iniciales de los homicidios realizadas por los comandantes no constataron ninguna falta. No está claro quién finalmente contó a los comandantes que existía otra versión sobre lo que pasó ese 9 de mayo.
En un momento, dice el sargento Lemus en su declaración, el sargento Girouard reunión a los hombres que habían estado presentes antes del homicidio y les dijo que debían "ser leales y no fanfarronear ni difundir rumores" sobre lo que había ocurrido. El sargento Girouard agregó que "si descubría que alguien abría la boca sobre el asunto, que cuando él saliera de la cárcel buscaría a esa persona y la mataría".
El sargento Lemus dijo en ese entonces se rió de la amenaza. Pero pueden haber habido otras amenazas. Además del homicidio, los cuatro soldados acusados deben responder por haber amenazado con matar al soldado de primera clase Bradley L. Mason, uno de los hombres del pelotón, si contaba algo sobre los crímenes.

28 de julio de 2006
©new york times
©traducción mQh
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