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calma en medio del caos


[Sabrina Tavernise y Qais Mizher] En el caos de Iraq, dos pueblos encuentran la calma mediante sus vínculos tribales.
Amara, Iraq. En el cálido aire de la noche en esta ciudad del sur de Iraq, los hombres vienen a la cafetería de Najmawi a jugar dominó. Las lámparas iluminan las caras. Las fichas resuenan.
La escena, en la noche en un jardín cerca del río Tigris, es inimaginable en el centro y occidente de Iraq, donde la noche convierte a los vecindarios en peligrosas ciudades fantasmas.
No siempre fue así de tranquilo. Antes los musulmanes chiíes acostumbran a romper el mobiliario e interrumpían los juegos en Najmawi. El dominó, decían, era ajeno al islam.
Tropas británicas encargadas de la seguridad aquí, no intervinieron. Tienen suficientes problemas propios, dijeron, tratando de salir ilesos de las patrullas de rutina.
Pero en un sorprendente giro, las tribus de la región, especialmente poderosas en la vida vecinal aquí, han intervenido resueltamente, utilizando toda su autoridad, a menudo pacíficamente, para obligar a retirarse a los fundamentalistas.
Grandes secciones del sur rural de Iraq han permanecido relativamente en calma, como la provincia de Muthana, de donde se retiraron hace poco las tropas japonesas, y Dhi Qar, cuya capital Nasiriya es patrullada por italianos, y es posible que las tribus estén jugando un papel discreto, pero crucial, a la hora de mantener el orden.
"Ahora la gente se siente segura", dice Hassan al-Najmawi, 31, el propietario de la cafetería. Los fundamentalistas, dice, "han sacado las manos del dominó, las disquerías, y la ropa de la gente joven".
La historia de cómo Amara, la capital de la provincia en forma de hoja llamada Maysan, se convirtió en relativamente segura para sus habitantes -aunque aumentaba el peligro para los británicos- es una alentadora historia de camaradería de pueblo chico, orgullosa independencia y, sobre todo, del poder de las tribus.
Ofrece una alternativa a la lúgubre fórmula que se ha aplicado en las provincias, donde una ponzoñosa mezcla de sectas, partidos políticos y etnias han conducido a un despiadado derramamiento de sangre que el gobierno central es incapaz de detener.
Las diferencias reflejan, en parte, divisiones fundamentales entre la vida rural y urbana en Iraq. Maysan, una provincia de unos 920 mil habitantes, es el campo. Más del 60 por ciento de su fuerza de trabajo está empleada en el sector privado, mayoritariamente en la agricultura; en las zonas urbanas más ricas, la mayoría está empleada en el sector de los servicios públicos.
Debido a que es rural, es más pequeña y más fácil de controlar que las comunidades más grandes y fracturadas de las ciudades, como Basra al sur, la segunda ciudad más grande de Iraq.
Allá, muchos partidos políticos y sus milicias luchan por el control de la provincia y su petróleo. Amara tiene sólo dos milicias, las dos chiíes: el Ejército Mahdi, leal al clérigo anti-norteamericano Moqtada al-Sáder, y la Organización Báder, el brazo armado del partido Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Iraq.
Pero el factor más importante es la red de tribus.
En las ciudades, generaciones de ajetreada vida urbana han embotado los vínculos tribales de la gente, mientras que en el campo, especialmente en el sur, las tribus supervisan todos los aspectos de la vida diaria: celebrando bodas, interviniendo en conflictos de familia, administrando justicia después de un homicidio y reuniendo dinero para ayudar a los necesitados.
Las 14 o más tribus de Maysan, con sus vastas expansiones de pantanos, son particularmente fuertes, aunque a menudo en conflicto unas con otras.
Ni Saddam Hussein pudo someter a los árabes de los pantanos, como son conocidos. Recurrió a hacer gigantescos canales para desecar sus tierras pantanosas y erradicar su modo de vida.
"En Iraq, la tribu es el bloque básico de construcción de la sociedad", dice Abd al-Kareem al-Magamedawy, un jeque tribal de Amara que luchó durante años para Hussein.
Najmawi es un hombre de 31 que ríe montones y tiene dificultades en permanecer quieto. Ha vivido toda la vida en Amara, y se lo tomó muy personalmente cuando, un año después de la invasión estadounidense, los chiíes fundamentalistas y sus milicias empezaron a dar órdenes a la gente. Gente de la localidad que se llaman a sí mismos miembros del Ejército Mahdi, el grupo armado de base que sigue a Sáder, empezaron a visitar su cafetería e interrumpir las actividades.
"Son alborotadores", dijo en la oficina de su cafetería una apacible noche a fines de mayo. "No sienten vergüenza. Hacen cualquier cosa". La milicia le pidió usar su local para una reunión. Se negó. Más tarde permitió que un grupo civil organizara un seminario sobre la corrupción en Amara. Le colocaron una bomba esa noche. Las sospechas se concentraron en la milicia Mahdi.
Entretanto los fundamentalistas empezaron a aprovecharse del nuevo estado de caos para imponer su voluntad, dando de latigazos a los que eran descubiertos con alcohol en sus coches y confiscando mercaderías reñidas con el islam. Pero la población de Amara es reducida, de unos 300 mil habitantes, y los vecinos sabían quiénes formaban la milicia.
"Tengo una cafetería grande", dijo Najmawi. "Ya ves la cantidad de gente que viene aquí. Sé quién tiene simpatía por la milicia Mahdi, y sé quién los odia. Déjame que te diga algo: son sólo unos pocos".
La reacción de las tribus fue difícilmente un final anunciado. En la invasión americana de Iraq, se pensó en las tribus a último momento. Pocas fueron cortejadas y fueron todas dejadas fuera del proceso político, que aquí empezó a principios de 2005.
Los partidarios de Sáder dominan el consejo provincial de 42 miembros. El gobernador es un ex comandante del Ejército Mahdi. El jefe de la policía es un ex miembro de Báder.
"No hicimos ese kilómetro extra para estimular la participación de las tribus, que fue, quizás un error", dijo Edward Ferguson, el asesor político británico en Amara.
Y las tribus pelean entre ellas. El teniente coronel David H. Labouchere, el comandante de las fuerzas británicas aquí, describió lo que parecía ser un enfrentamiento entre tribus cuando observaba una noche desde un helicóptero, en abril. Morteros y granadas estallaban sin cesar, y cuando se fue la electricidad, los aldeanos, en las afueras de Amara, "encendieron hogueras para continuar peleando", dijo.
Pero un ataque directo iniciado por una milicia reconcilió a las tribus. En mayo de 2005, los milicianos Mahdi colocaron una bomba en la compañía de ingeniería Manar, que pertenece a la tribu Kaabi, enfureciendo a sus líderes. En un juicio tribal fahsal, las familias de los atacantes accedieron a pagar 18 mil dólares por los daños y desterraron de Amara a los dos hechores.
Poco tiempo después, la tribu Kaabi invitó a los jeques tribales importantes de la ciudad a su mudhif, una casa de huéspedes hechas de juncos que es el equivalente de un ayuntamiento.
"Los invitamos a todos", dijo el jeque Kaabi, Khalid Jabor al-Aki.
La reunión acordó castigar a todo miliciano que atacara a una tribu o sus propiedades. Las tribus vigilarían a la gente de la ciudad y a los milicianos que ya eran conocidos.
Repentinamente, el precio de los ataques era substantivamente más alto.
"Dijimos que los que cometieran ataques, dejarían de ser considerados miembros de su tribu, y su tribu los expulsaría", dijo Ali, sentado en una estera en la misma mudhif.
Poco a poco, tranquilamente, dijeron él y los otros jeques, la vida empezó a cambiar.
Amar al-Sadi, 24, el dueño de Al Qawthar Music Shop, dijo que los ataques contra las tiendas, que eran comunes hace un año, se hicieron raros. Miembros de las milicias fundamentalistas todavía visitan la tienda de vez en vez para cerciorarse de que la tienda, que también vende películas, no venda pornografía, pero en general ya no lo molestan.
Incluso la gente en la calle parece irreverente. En mayo una noche tarde un grupo de jóvenes estaba parado a media cuadra de la oficina central de Sáder en Amara, dando palmas y cantando. Pasó una mujer frente a un clérigo e hizo un gesto con sus manos como si lo empujara, el equivalente iraquí del dedo del corazón alzado.
"Los clérigos presionan a la gente, y eso hace que la gente los odie", dijo Kadham al-Mashetet, el jeque de la tribu Sarrai, que vio el agresivo gesto.
A fines del año pasado, el número de asesinatos empezó a disminuir. En marzo de este año, la policía de Amara constató seis homicidios, la tasa más baja desde que los militares británicos empezaran a recoger datos a principios de 2005. La tasa promedio de los primeros cinco meses de este año cayó en un 71 por ciento, con respecto a los cinco meses previos, de acuerdo a cifras de los militares británicos.
La tendencia es lo contrario de lo que ocurre en Basra, donde la violencia ha subido significativamente el año pasado. Con las tribus vigilando en Amara, el precio de un crimen es más alto y los milicianos calculan cuidadosamente sus ataques. Los milicianos mismos parecen querer preservar el status quo.
El jefe de policía, Ismail Arar Qadim al-Majdi, asociado a Báder, dijo que trataba de evitar los ataques en venganza.
"Sé quién comete los asesinatos aquí", dijo Majdi en una entrevista. "Cuando detengo a alguien, ellos responden con ataques de mortero. Si mantengo la detención, harán lo mismo en Basra. Quiero mantener tranquila a la ciudad, así que trato de evitar hacer esto".
Sin embargo, no está claro lo firme que es este control. A fines del mes pasado, el hijo de un jeque fue asesinado en una balacera, un crimen espantoso que ha consternado a la ciudad. Algunos jeques culpan a Irán, donde operaba la Organización Báder durante el exilio. Para los soldados británicos aquí, el poder de las tribus puede ser desconcertante, especialmente durante los intentos de construir un sistema jurídico de estilo occidental. Hace seis meses, por ejemplo, un hombre mató a otro a balazos frente a un agente de policía. Fue arrestado, llevado a la cárcel y luego prontamente liberado, después de que la tribu del agresor accediera a pagar tres mil dólares y prometiera dar a tres mujeres en matrimonio a la familia del difunto, dijo el coronel Labouchere, el comandante británico.
"Las tribus tienen la clave de esta provincia", dijo. "Si tratamos de emplear nuestra propia versión de la ley en este país, no ganaremos nada".
A veces, las tribus han ayudado a las fuerzas ocupantes. Mediaron con éxito en 2004 cuando la milicia Mahdi atacó a los británicos en una insurrección en el sur de Iraq inspirada por Sáder.
En esa época "las tribus se dirigieron a la oficina de Sáder y le dijeron: ‘Saque a su gente de las calles'", dijo Ferguson, el asesor político británico. En la provincia de Dhi Qar, al oeste de Amara, los líderes tribales intercedieron hace poco de modo similar, dijo.
El papel de las tribus en la campaña americana continúa creciendo.
El coronel Labouchere , que tiene dos cabras como mascotas en esta somnolienta avanzada en un antiguo campo militar de Hussein y está planeando la retirada británica de esta zona, dijo que esperaba que las tribus remplazaran sus fuerzas como el pilar central entre el Ejército Mahdi y la Organización Báder.
En un intento de ejercer más influencia en la política, unos mil miembros de tribus se reunieron en marzo y fundaron un nuevo consejo tribal a nivel provincial de 35 jeques.
Y si Iraq convoca a nuevas elecciones provinciales como se programa más tarde este año, las tribus podrían ver aumentar su representación directa.
De momento, Najmawi se divierte poniendo a prueba a los fundamentalistas.
En una audaz afronta, decidió exhibir los partidos de la Copa Mundial en su jardín en una pantalla gigante. Incluso colgó anuncios en la ciudad.
Antes del primer partido, dos hombres de la oficina de Sáder llegaron a su local y le entregaron una advertencia: Vaya a la oficina de Sáder a sacar un permiso. El fútbol, le dijeron, está contra el islam.
"Nunca fui", dijo Najmawi.
Desde entonces, su local se ha visto hasta los topes, a veces con más de 500 clientes en una noche, y los únicos incidentes violentos son las sillas que se rompen.
"No puedo dejar que me controlen", dijo. "Nadie los ha encargado de nada".

11 de julio de 2006
©new york times
©traducción mQh
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asesinato de hashim el cojo


[Ellen Knickmeyer] Iraquíes acusan a marines de asesinato de civil. Familia de hombre lisiado refuta versión de las tropas.
Bagdad, Iraq. Todas las partes del caso de Hashim Ibrahim Awad al-Zobaie están de acuerdo en fue matado por marines del Tercer Batallón, del Quinto Regimiento, el 26 de abril pasado en el pequeño pueblo de Hamdaniyah en el centro de Iraq. Pero hay versiones contradictorias sobre su muerte, y están en el centro de otra investigación sobre el desempeño de las tropas estadounidenses en Iraq.
Miembros de una patrulla pedestre de la marina bajo investigación dijeron que cogieron a Hashim cavando un hoyo para colocar una bomba, a pasos de su casa en el pueblo árabe sunní de unas treinta casas cerca de Abu Ghraib, al oeste de Bagdad. Los marines dijeron que mataron a Hashim en una breve balacera y que encontraron un rifle de asalto AK-47 y una pala junto a él.
De acuerdo a las versiones entregadas por vecinos y familiares de Hashim, y aparentemente respaldadas por fotografías, los marines llegaron a casa de Hashim, sacaron fuera al inválido de 52 años y lo mataron disparándole cuatro veces en la cara. El rifle de asalto y la pala junto a su cuerpo fueron plantadas ahí por los marines, que las habían tomado de prestado de un vecino, dijeron vecinos y familiares.
La familia de Hashim dijo este fin de semana que un pequeño grupo de soldados estadounidenses les visitaron la semana pasada y les ofrecieron dinero a condición de que respaldaran la versión de los marines en cuanto al asesinato.
El asesinato de Hashim, conocido en el pueblo como Hashim el Cojo debido que tenía una barra de metal insertada quirúrgicamente en una pierna hace años, es el incidente menos prominente de dos que están siendo investigados a la fecha sobre acusaciones de muertes injustificadas y posibles encubrimientos. No se espera que la otra investigación, sobre la muerte de 24 iraquíes en la ciudad de Haditha al occidente de Iraq el 19 de noviembre, concluya antes de este verano, dijeron funcionarios del Pentágono. Pero un ex abogado militar familiarizado con el caso de Hashim dijo el domingo que se espera la formulación de cargos y que el caso "procederá rápidamente".
"Van a ser juzgados antes que los acusados en el caso de Haditha", dijo sobre los militares implicados, a condición de preservar el anonimato.
Abogados familiarizados con el caso dicen que siete marines y un militar de la marina están siendo investigados y los ocho fueron removidos de sus funciones en Iraq y están retenidos en Camp Pendleton, en California. La Associated Press dijo el viernes que la persona de más alto rango entre los ocho, era un sargento de segunda clase.
Miembros de la familia de Hashim entrevistados por un corresponsal especial del Washington Post el sábado dijeron que las últimas horas del lisiado empezaron a eso de las dos de la mañana del 26 de abril, cuando miembros de una patrulla pedestre de la marina estadounidense golpearon a la puerta de su casa amurallada, de un piso.
Los marines cogieron a Hashim de su túnica tan pronto como se asomó a la puerta, sacándolo de la casa, dijo uno de sus hijos, Nasir, 26, un estudiante de arte en Bagdad.
"Menos de una hora después, oímos disparos", dijo Nasir. La familia tenía demasiado miedo de las tropas estadounidenses como para salir a investigar qué ocurría, dijo Nasir.
Al llegar el día la familia encontró un hoyo en el camino de tierra a unos quinientos metros de su casa, con manchas de sangre todavía húmeda y cubierta de guantes de plástico desechados.
Buscando a Hashim, les dijeron a los familiares que los marines habían llevado su cuerpo a una comisaría de policía local, dijo Nasir. Finalmente la familia recuperó el cuerpo del padre en un hospital de Abu Ghraib, dijo Nasir.
El vecino de Hashim, Farhan Ahmed Hussein, dijo que los marines habían parado primero en su casa esa noche antes de ir a la de Hashim.
Hussein dijo que los marines se llevaron una pala y un rifle AK-47 de su casa. Fuerzas militares estadounidenses e iraquíes permiten que las familias iraquíes posean un arma por casa.
Tras la muerte de Hashim, Hussein recuperó de la policía iraquí su pala y el rifle. "Me hicieron varias preguntas para asegurarse de que era mi arma", dijo Hussein. "Luego me devolvieron el rifle".
El Post obtuvo una copia de otra declaración de los marines sobre la muerte, escrita en inglés y entregada a las autoridades iraquíes de Hamdaniyah. El Post también obtuvo una copia de una declaración en árabe entregada a las autoridades iraquíes en la zona y firmada por "Los Marines" y un panfleto repartido en el área por los marines inmediatamente después del asesinato que describen a Hashim como un insurgente que había sido eliminado después de que disparara contra la patrulla.
Después de que los militares estadounidenses del equipo de investigación visitaran Hamdaniyah, dijeron los vecinos el sábado, las fuerzas americanas en el área empezaron a retirar los panfletos y a destruirlos.
El Post también obtuvo fotografías del difunto, identificado por la familia y las autoridades iraquíes como Hashim, envuelto en sábanas de plástico en un ataúd de madera. En la foto se podía ver lo que parecen ser cuatro agujeros de bala: dos en una mejilla, uno en la barbilla y uno en los labios.
Las salidas de bala habían destruido la cabeza, que yacía en un charco de sangre en los plásticos.
La declaración en inglés sobre la muerte, escrita en una hoja de libreta, daba esta versión: "El 25 de abril, a eso de las tres de la mañana, divisamos desde nuestro puesto de observación a un hombre cavando en la berma de una calle. Lo llamé y disparé. Fue declarado muerto en el sitio, y tenía una pala y un AK-47".
La declaración estaba firmada por Lawrence G. Hutchins y observaba que era sargento. Un sargento de segunda clase llamado Bowen firmaba como testigo; su nombre de pila no era legible.
La declaración en árabe, también en una hoja de libreta, decía que el cuerpo llevado a la policía por los marines era el de un hombre que había sido sorprendido por las fuerzas estadounidenses "cavando en un lugar para colocar una carga explosiva y tenía su arma, un rifle con un cargador lleno, y una pala".
El panfleto repartido después del asesinato llamaba a Hashim "saboteador" y decía que los marines lo habían sorprendido a eso de las once de la mañana del 26 de abril cavando un hoyo en la carretera para colocar una bomba. "Los marines le dispararon y él devolvió el fuego con el AK-47 que tenía, lo que obligó a los marines a volver a disparar y matarlo", dice.
"Las fuerzas iraquíes y los marines han advertido antes que la colocación de bombas en la calle es considerada una acción agresiva y que dispararan a matar para impedirlo".
Familiares de Hashim insisten en que él no era un insurgente y dicen que no saben por qué fue asesinado, aunque parece claro que las tensiones sobre las bombas improvisadas que causan la mayoría de las bajas estadounidenses en Iraq jugaron un papel.
La policía local, que está formada por chiíes, aunque es zona sunní, también dijo que no sabía que el pequeño hombre lisiado de incipiente barba canosa tuviera lazos con la resistencia.
Un equipo de investigación norteamericano -una mezcla de tropas uniformadas y civiles- llegó a Hamdaniyah el miércoles, de acuerdo a Saadoun Ibrahim, el hermano de Hashim. Ibrahim les mostró la tumba de su hermano y accedió a que los estadounidenses exhumaran el cuerpo cuando volvieran, dijo el sábado.
"Uno de ellos... dijo: ‘Somos un equipo de investigación y queremos mostrar la verdad, y compensar a la familia si se demuestra que es inocente'", dijo Ibrahim. "Yo accedí".
Otro grupo de tropas americanas llegaron a la casa al día siguiente, a eso de las nueve de la mañana y hablaron con Ibrahim, 60, en presencia de su esposa, su hijo de 13 años y otros niños, dijo. Un hombre se identificó a sí mismo como sargento, a través del intérprete, dijo Ibrahim.
El americano, que según Ibrahim parecía estar a cargo del grupo, preguntó primero si el equipo de investigación había hablado con él. Él dijo que sí lo había hecho.
De acuerdo a Ibrahim, el americano dijo: "Estamos dispuestos a pagarle la indemnización monetaria que usted quiera, pero con una condición, que es que cuando el equipo de investigación vuelva, usted les diga que su hermano trabajaba con la resistencia y tenía conexiones con los insurgentes, y que él acostumbraba a salir de noche a lugares que usted desconocía".
El americano no mencionó una cifra, dijo Ibrahim, diciendo solamente que sería "más de lo que le darán a usted los militares" según las indemnizaciones corrientes en caso de muertes que los comandantes determinan más tarde que fueron injustificadas.
Ibrahim dijo que lo había rechazado. "Les dije que contaría lo que sé", dijo. "Y ninguna cantidad de dinero podría compensar la pérdida de un hermano y la pérdida que significa para los 13 miembros de su familia".
El americano consultó entonces brevemente con otro militar que estaba con él y se marcharon, dijo Ibrahim.
Ibrahim dijo que no conocía los nombres de los militares ni a qué rama de las fuerzas armadas pertenecían. Los civiles iraquíes suelen tener dificultad en reconocer los uniformes de las diferentes ramas de los militares estadounidenses.
La versión de la familia no pudo ser corroborada independientemente.
El Post describió las acusaciones de la familia en cuanto al ofrecimiento de pago antes portavoces militares americanos en Bagdad y en Camp Pendleton, el sábado y domingo.
El teniente Lawton King, portavoz de la Primera División de la Marina en Camp Pendleton, dijo en un e-mail el domingo que los oficiales habían visitado a la familia en varias ocasiones como parte de la investigación del homicidio.
"No sabemos nada de la sugerencia de conductas inapropiadas de la naturaleza descrita por su periodista; sin embargo, lo investigaremos como parte de la investigación general", escribió King.
Las fuerzas estadounidenses anunciaron que su investigación del homicidio de Hamdaniyah el 25 de mayo, diciendo que líderes locales iraquíes habían hecho preguntas sobre el caso en una reunión previa el 1 de mayo. La primera declaración militar sobre el caso identificó erróneamente el lugar del asesinato como Hamandiyah, otro pueblo cercano.

Thomas E. Ricks en Washington contribuyó a este reportaje.

5 de junio de 2006
©washington post
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más marines acusados


[Jonathan Finer y Joshua Partlow] De violación y asesinato. Y un quinto soldado en Iraq ha sido acusado de abandono de deberes por no informar sobre el incidente.
Bagdad, Iraq. Fiscales militares han presentado cargos contra otros cuatro soldados estadounidenses, acusados de participar en la violación y asesinato de una niña iraquí y del asesinato de tres miembros de su familia, declararon el domingo las fuerzas armadas estadounidenses.
Los cuatro soldados en servicio activo del Regimiento de Infantería 502, Cuarta División de Infantería del Ejército, están acusados de conspirar con Steven D. Green, un soldado raso, que fue acusado de violación y asesinato en un tribunal federal a principios de mes.
Un quinto soldado de la unidad, que no fue acusado de participar directamente en el ataque del 12 de marzo en la sureña ciudad de Mahmudiyah, fue acusado de abandono de deberes por no informar debidamente sobre el incidente, dijeron los militares en una declaración. No proporcionaron los nombres de los cinco soldados.
Green fue licenciado honorablemente con "un desorden de personalidad" antes de que el ataque saliera a la luz. El jueves se declaró no culpable de los cargos ante la Corte de Distrito de Louisville, Estados Unidos.
De acuerdo a oficiales militares y actas judiciales, los soldados entraron a la casa de la familia, llevaron a la niña a otro cuarto y la violaron. Luego la mataron a balazos, a ella y a su madre, padre y hermana de siete años, y trataron de quemar los cuerpos para encubrir los crímenes. Los asesinatos fueron inicialmente atribuidos a un ataque de los rebeldes.
Actas judiciales dicen que los soldados habían visto previamente a la niña en un puesto de control que manejaban cerca de su casa, y un vecino dijo que su familia estaba preocupada de que ella pudiera ser atacada.
El incidente es el último en una serie de acusaciones recientes contra fuerzas estadounidenses que implican a civiles iraquíes desarmados, incluyendo la masacre de 24 personas en la ciudad de Haditha, al poniente del país, en noviembre pasado. Inicialmente los militares dijeron que esas muertas habían sido causadas por el estallido de una bomba improvisada que también mató a un marine.
Pero un informe de la revista Time de marzo reveló que los civiles habían muerto por impactos de bala y que las fuerzas estadounidenses eran responsables de la masacre.
El teniente general del ejército Peter W. Chiarelli, el segundo oficial en Iraq que supervisó la investigación de la matanza de Haditha, concluyó hace poco que el alto mando del cuerpo de marines proporcionaba un adiestramiento insuficiente previamente al despliegue de tropas. Chiarelli concluyó que los comandantes fueron negligentes a la hora de reaccionar ante los informes contradictorios que recibieron de unidades sobre la matanza de Haditha.
En junio varios marines y un militar de la marina fueron acusados de asesinato y otros crímenes relacionados con la muerte a balazos de un lisiado en Hamdaniyah, un pueblo al oeste de Bagdad. Los vecinos dijeron que los soldados plantaron un rifle y una pala cerca del cuerpo de la víctima para hacer creer que había estado enterrando bombas improvisadas.
Más tarde en junio, tres soldados fueron acusados de matar a tres detenidos iraquíes bajo custodia estadounidense y con amenazar de muerte a otro soldado si contaba lo que había ocurrido.
Pero el incidente de Mahmudiyah ha provocado una reacción particularmente severa del gobierno iraquí, debido a la naturaleza incendiaria de ese crimen.
En los últimos días, el primer ministro Nouri al-Maliki y varios otros políticos iraquíes, han llamado a revisar una regulación que excluye que las tropas estadounidenses puedan ser juzgadas por tribunales iraquíes. Maliki dijo que la inmunidad -implementada por la Autoridad Provisional de la Coalición, que gobernó Iraq después de la invasión de 2003- ha estimulado la comisión de crímenes contra iraquíes.

Thomas E. Ricks en Washington contribuyó a este reportaje.

10 de julio de 2006
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tumbas que hablan


[Borzou Daragahi] Víctimas de fosa común ocultaron su identidad en la ropa. Carnés de identidad escondidos proporcionan un tesoro de informaciones para el juicio de Hussein.
Bagdad, Iraq. Quizás tenían tanto miedo que no confiaron en los agentes que les pidieron sus carnés de identidad y las ocultaron debajo de capas de ropa.
O quizás intuían su horrible destino y decidieron no revelar su última prueba legal de sus vidas antes de los disparos las convirtieran en cuerpos anónimos para ser devorados por el desierto.
Cualquiera sea la razón, más del diez por ciento de las víctimas halladas hasta el momento en las fosas comunes de la era de Saddam Hussein lograron morir sin entregar sus carnés de identidad. El fenómeno ha alterado dramáticamente el curso de la investigación de los crímenes del viejo régimen, permitiendo a los fiscales trazar las víctimas hasta sus pueblos natales y construir narrativas más completas de sus escalofriantes viajes hacia la muerte.
"Los ocultaron en bolsillos secretos o los tenían cosidos en partes secretas, especialmente las mujeres", dice Michael ‘Sonny' Trimble, un arqueólogo forense que dirige un equipo que está exhumando y examinando las fosas comunes vinculadas al antiguo régimen, incluyendo las de la campaña de Anfal de 1988, en la que campesinos kurdos fueron expulsados de sus casas y más tarde ejecutados.
"Venían del norte", dice Trimble, que está asignado al Cuerpo de Ingenieros del Ejército estadounidense. "Les dijeron que iban a ser reasentados. Pero ellos sabían lo que les ocurriría".
Trimble habló el lunes durante el primer recorrido de la prensa en los laboratorios del Equipo de Fosas Comunes de la Oficina de Enlace para los Crímenes del Régimen, la agencia policial asignada a la embajada estadounidense que está ayudando al tribunal iraquí en el procesamiento de Hussein y sus ayudantes por cargos de violaciones a los derechos humanos.
El recinto de nueve tiendas en las afueras de Bagdad incluye una gama de tecnología digital usada para escanear huesos y delinear sitios de enterramientos y cuenta con una planta de personal de especialistas internacionales en el arte de reconstruir la vida y muerte de víctimas de crímenes de guerra.
Los miembros del equipo dicen que los exitosos esfuerzos de las mujeres por ocultar sus carnés de identidad pueden frustrar los intentos del régimen de ocultar los asesinatos y ayudar a los fiscales de Iraq a ganar el juicio de Anfal, en el que Hussein está acusado de matar hasta 180 mil campesinos kurdos.
"Podemos volver a la zona donde se emitieron los carnés de identidad y encontrar sobrevivientes", dijo Raid Juhi, juez instructor jefe del Tribunal Superior iraquí que empezará los procedimientos en el caso de Anfal cuando terminen los actuales juicios de Hussein."Podemos descubrir los mecanismos y las fechas".

Los carnés de identidad laminados conocidos como gensiya han ayudado bastante al Equipo de Fosas Comunes a preparar el caso de Anfal, dijeron funcionarios.
A diferencia del juicio de Hussein y siete de sus ayudantes por cargos de violación de derechos humanos de campesinos chiíes de Dujayl, ahora en los últimos alegatos, el caso de Anfal se concentrará sobre todo en la evidencia forense reunida por Trimble y su equipo.
El hallazgo de los gensiya permitió a los fiscales empezar a vincular los cuerpos con pueblos y testigos sobrevivientes específicos, que serán llamados a declarar contra Hussein.
Desde el inicio de las operaciones en agosto de 2004, Trimble ha desenterrado y diseccionado más de 335 de las decenas de miles de víctimas que se cree están enterradas en fosas comunes que han sido desenterradas y analizadas.
Los peligros de seguridad en Iraq han impedido que el equipo se aventure a todos los sitios, excepto los más seguros. A diferencia de grupos de derechos humanos, Trimble estudia solamente sitios de enterramiento prístinos para construir casos criminales, en lugar de tratar de constatar toda la dimensión de los crímenes.
Muchas de las fosas comunes más grandes han sido dañadas por familiares que buscaban a sus seres queridos, dijo. Determinar la cantidad total de víctimas podría tomar décadas.
"Para mí, una muestra de 75 personas es suficiente", dijo. "Se trata de: ¿Podemos asociar la ubicación con un acontecimiento y un acusado? Si la fosa está estropeada, no nos sirve para nada. Desde el punto de vista del sitio del suceso, es un desastre".
Datos de residentes locales han orientado a los investigadores hacia algunas fosas.
Por ejemplo, unos beduinos datearon a marines estadounidenses sobre un sitio clave de Anfal en la provincia de Muthanna, cerca de la sureña ciudad de Samawa, poco después de la invasión estadounidense de 2003, dijo un funcionario de la embajada estadounidense.
Usando software de mapeo, el equipo de Trimble crea un modelo digital de cada sitio que estudia, buscando anomalías geográficas.
En el caso de una fosa común desenterrada en Karbala en mayo, el equipo de búsqueda detectó un "elevamiento artificial", un clásico indicador de una fosa común, entre kilómetros de terreno desértico poco diferenciado, dijo Mark Smith, un arqueólogo del Equipo de Fosas Comunes.
Los científicos determinan el tamaño de la fosa con zanjas de prueba. Con una retroexcavadora remueven las primeras capas de tierra y luego los excavadores se colocan de rodillas y utilizan cuidadosamente herramientas de mano cuando están cerca de los cuerpos. A menudo las víctimas están enterradas debajo de enormes volúmenes de arena y tierra, lo que los funcionarios aquí dicen que delatan intentos concertados de borrar las huellas de las masacres de las páginas del tiempo.

Una fosa común en la provincia de Nineveh con 64 hombres muertos presuntamente durante la campaña de Anfal estaban enterrados debajo de más de tres metros de tierra. Trimble la llamó "la tumba más profunda que he excavado en mi vida".
"Esta gente no debía volver a ser encontrada", dijo. "Eso estaba claro".
Antes de remover los cuerpos, el equipo de Trimble delinea meticulosamente una fosa común marcando 40 puntos alrededor de cada cuerpo y almacenando la ubicación de cada uno en una base de datos en un ordenador. Utilizando detectores de metales, los investigadores encontraron cartuchos de balas y cartucheras y apuntaron sus ubicaciones.
Una vez que la información es compilada, los científicos hacen mapas tridimensionales mostrando los cuerpos, balas y cartuchos, y proponen explicaciones sobre qué ocurrió durante los asesinatos.
Los cuerpos son depositados en bolsas selladas, colocados en cajas de plástico y trasladados por helicóptero hacia una planta de análisis forenses.
En una tienda, los científicos separan la ropa y pertenencias de los restos humanos, etiquetando meticulosamente cada artículo. En la tienda de objetos culturales, las ropas de las víctimas son limpiadas con pinceles y colocadas sobre pizarras blancas o en maniquíes de madera como posibles expositores en un tribunal.
Ariana Fernández, una antropóloga forense de Costa Rica, exhibió un maniquí de una mujer aparentemente embarazada que fue hallada apretándose su estómago. "Debe haber sido kurda, por el modo en que vestía", dice Fernández.
Antes de ser subidas a camiones y autobuses, a las mujeres de Anfal, a las que presuntamente se dijo que estaban siendo reasentadas, les dieron tiempo para reunieran sus pertenencias y se pusieron múltiples capas de ropa. Muchos de las versiones de la campaña de Anfal han establecido que las fuerzas de seguridad se apoderaron de los carnés de identidad de las víctimas antes de matarlas.
Fue entre la ropa de las mujeres que los investigadores empezaron a descubrir los carnés de identidad, ocultos en bolsillos secretos o debajo de gruesas capas de ropa.
A menudo las mujeres ocultaban varios carnés de identidad, incluyendo los de sus hijos. Para los investigadores, el hallazgo de los carnés durante la primera excavación del equipo de sitios de Anfal en Nineveh en 2004 cambió el esfuerzo de un análisis forense de los huesos y heridas de bala a uno para trazar a los sobrevivientes.
Los carnés de identidad, que incluyen una fotografía, nombre, fecha de nacimiento y lugar de emisión, proporcionaron una clave para las historias de las víctimas, asociándolas definitivamente a la campaña de Anfal.
"El foco cambió", dijo Trimble. "Fue dramático. Pasamos de ‘Hagamos las ropas y el análisis forense' a ‘Hagamos las ropas. Los huesos pueden esperar'. Toda nuestra investigación de Anfal estaba basada en terminar los carnés de identidad y luego entregarlos al FBI y a la Oficina de Enlace de Crímenes del Régimen".
Incluso los equipos digitales utilizados para fotografiar los restos, fueron usados para obtener información de carnés de identidad deshilachados o descoloridos. Durante el recorrido del laboratorio fotográfico, el australiano David Hempenstall recogió carnés terriblemente estropeados en una fosa común y aumentó el contraste para revelar el nombre y la fotografía de una joven nacida en 1964 en la sección de Dukan de la provincia de Sulaymaniya.
"Con el carné podemos conocer a la persona, qué oficina emitió el carné, a qué familia pertenecía, en qué pueblo vivía", dijo Jaafar Mousawi, un fiscal en el caso de Dujayl.
Pero sigue el misterio de por qué y cómo decidieron las mujeres no entregar sus últimos vínculos con su identidad. En las fosas comunes en la provincia de Muthanna, los investigadores encontraron el cuerpo de una mujer que había escondido cinco carnés de identidad, que sobrevivieron dos décadas después de la campaña de Anfal.
"Era o hermana o madre y estaba ocultando los carnés de su familia", dijo Juhi. "Quizás las autoridades no sabían que los estaban ocultando. Les dijeron: ‘No las vamos a matar. Vamos a trasladarlas'. Quizás ellas intuyeron el peligro. ¿Quién sabe que pasó?"

27 de junio de 2006
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avalancha de procesos criminales


[Robert F. Worth] Se preparan las fuerzas armadas estadounidenses en Iraq.
Desde 1961 que no se ejecuta a un militar estadounidense. Pero el mes pasado, nuevos casos en Iraq han conducido a la formulación de cargos contra 12 militares americanos que pueden ser condenados a muerte por el asesinato de civiles iraquíes. Algunos oficiales advierten contra la tentación de ver los casos como parte de un patrón más amplio, observando que los incidentes en cuestión son aislados y raros. Pero las nuevas acusaciones representan una extraordinaria avalancha en un conflicto que ha conocido hasta el momento pocos casos criminales serios.
Mientras los investigadores completan su trabajo, los oficiales dicen que el total de militares estadounidenses acusados de crímenes capitales en los nuevos casos podría crecer significativamente, quizás excediendo el total de al menos 16 otros marines y soldados acusados de asesinar a iraquíes durante los tres primeros años de la guerra.
Algunos oficiales y expertos dicen que la nueva cosecha de casos parece originarse en la confluencia de dos factores: una guerra cada vez más caótica y violenta sin un fin claro a la vista, y una nueva actitud vigilante entre los comandantes estadounidenses sobre las muertes de civiles.
Al menos cinco incidentes diferentes en los que se produjeron muertes de iraquíes están siendo investigados, provocando las protestas más grandes contra las acciones militares estadounidenses desde el escándalo de la prisión de Abu Ghraib. De lejos el caso mejor conocido es el de Haditha, donde los marines están siendo investigados por el asesinato de 24 civiles iraquíes, en noviembre pasado. No se han presentado cargos en el caso, pero algunos dicen que las noticias sobre el incidente pueden haber contribuido a sacar otros casos a luz.
"Actos criminales inusuales elevan el nivel de desasosiego, sea entre los militares o entre civiles, y con la mayor ansiedad aumentan también los informes", dijo Gary Solis, a ex marine que enseña derecho de guerra en la Universidad de Georgetown.
En abril el teniente general Peter W. Chiarelli, el segundo comandante estadounidense en Iraq, emitió una orden que especificaba por primera vez que las fuerzas americanas deben investigar todo uso de fuerza contra iraquíes que resulten en muertes, lesiones o daños a la propiedad mayores a diez mil dólares. El mayor Todd Breasseale, portavoz del comando estadounidense, dijo que no sabía que hubiera un vínculo claro entre la orden del general Chiarelli y las recientes investigaciones sobre los homicidios.
Pero el mayor Breasseale dijo que el general Chiarelli, que dirige las operaciones militares del día a día en Iraq desde enero, ha dejado claro a sus subordinados que él otorga una alta prioridad a evitar y/o informar escrupulosamente las bajas civiles. Los comandantes americanos en Iraq investigarán las bajas civiles más intensamente a medida que Estados Unidos se prepara para transferir la autoridad a los iraquíes, dijo el mayor Breasseale. Detalles sobre los cinco incidentes que están siendo investigados están todavía saliendo a superficie, y ninguno de los acusados ha comparecido ante una audiencia por el Artículo 32, el equivalente militar de un juicio con jurado.
Los incidentes están lejos de ser los únicos en que los fuerzas estadounidenses han matado a iraquíes. Pero cargos criminales serios en esos casos han sido raros, hasta ahora. En muchos casos anteriores, los asesinatos han sido declarados justificables, y los soldados o marines en cuestión han sido a menudo sancionados con procesos administrativos o no judiciales.
El último soldado ejecutado fue John A. Bennett, colgado en 1961 después de ser condenado por la violación e intento de asesinato de una niña austriaca de once años.
En la guerra de Iraq, cuando se ha acusado a soldados y marines, las condenas -y sentencia severas- han sido raras. De los 16 militares estadounidenses acusados anteriormente de asesinato, sólo seis fueron condenados o se declararon culpables, y ninguno fue condenado a la pena de muerte. En total, 14 militares han sido condenados de algún cargo en conexión con la muerte de iraquíes y han recibido sentencias tan variadas como cadena perpetua o licenciamiento de las fuerzas armadas.
Entre los nuevos incidentes, todos ocurrieron en Iraq central, en zonas donde la resistencia sunní está firmemente enraizada a pesar de años de intentos de sofocarla por fuerzas americanas e iraquíes. Para algunos, eso es lo único que los vincula.
"Esta es una guerra en la que soldados y civiles se mezclan constantemente y a menudo no se entienden unos a otros", dijo Loren B. Thompson, un analista militar del Instituto Lexington. "El enemigo tiene una estrategia destinada a desmoralizar a las fuerzas estadounidenses desorientándolas y confundiéndolas. En ese contexto, el número de presuntas atrocidades es bastante bajo, en comparación con otros conflictos en el pasado".
En Vietnam, un conflicto mucho más largo, fueron condenados 95 soldados y 27 marines estadounidenses por el asesinato de no combatientes.
Algunos de los hombres que están siendo investigados en Iraq han pasado por varios períodos en Iraq, y eso también ha jugado algún papel.
"Se hacen insensibles frente a la muerte", dice Charles W. Gittins, un ex marine y abogado que ha defendido a marines acusados de homicidios en Iraq. "Mientras más tiempo estás en la guerra, más quieres sobrevivirla. Y piensas más en preservar tu propia vida que en la corrección de lo que haces".
En muchos de los casos en los que tropas americanas han matado a civiles iraquíes, se determinó más tarde que habían actuado en conformidad con las reglas de combate. Algunos de estos casos se hicieron notorios, al menos en el mundo árabe.
En Faluya, en noviembre de 2004, por ejemplo, el periodista independiente Kevin Sites filmó a un cabo matando a un iraquí aparentemente herido y desarmado en una mezquita. El video generó un frenesí de publicidad negativa, pero en mayo de 2005 una revisión militar absolvió al cabo, diciendo que había actuado en conformidad con las reglas de combate.
La definición de asesinato puede ser todavía más elusiva en una zona de guerra que en la vida civil. En algunos casos criminales anteriores, soldados o marines han declarado que actuaron en defensa propia o que mataron por piedad.
El cabo Dustin M. Berg, de la Guardia Nacional de Indiana, que fue sentenciado a 18 meses de prisión por matar a su colega de la policía iraquí, dijo que había actuado porque temía que su colega le fuera a disparar.
En 2004 el sargento de segunda clase Johnny Horne dijo que había matado a un niño iraquí de 16 que estaba herido para terminar con su dolor, después de un enfrentamiento con militantes chiíes.
El sargento Horne se declaró culpable de homicidio involuntario y fue sentenciado a tres años de cárcel, que fueron reducidos a un año más tarde.
En la pena más severa impuesta en la guerra de Iraq, el sargento Michael P. Williams fue sentenciado a cadena perpetua tras haber sido condenado el año pasado por homicidio premeditado de dos civiles iraquíes en Bagdad. La sentencia fue reducida más tarde a 25 años.
"Creo que hay un reconocimiento de que estos son ambientes extraños", dijo Eugene R. Fidell, especialista en derecho militar. "El peligro es que si se lo lleva a un extremo, eso puede significar dejar de lado el sistema jurídico".
La avalancha de nuevos casos ha adquirido nueva relevancia en la prensa y en la discusiones públicas. Los obstáculos para lograr condenas, sin embargo, serán enormes. Recuperar evidencias creíbles en el caos de Iraq puede ser difícil y los testigos iraquíes pueden ser cuestionados.
"Habrá muy pocas evidencias forenses", dice Gittins. "Los miembros del jurado que han servido en Iraq saben que es bastante común que los iraquíes mientan a los estadounidenses. También, los militares pagan a los familiares de los civiles que mueren en esa circunstancias, así que tienen un motivo para mentir".
Es probable que algunos miembros de los jurados militares hayan servido en Iraq, y están familiarizados con el ambiente caótico que se vive en situaciones en que hay que tomar decisiones sobre el uso de la fuerza. "La presunción de inocencia seguirá reinando", dijo Gittins.

9 de julio de 2006
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demoledor informe sobre policía iraquí


[Solomon Moore] Policía iraquí está compuesta por bandas de secuestradores, ladrones y asesinos, y algunos con lazos con milicias chiíes y grupos terroristas.
Bagdad, Iraq. La brutalidad y la corrupción proliferan sin control en la fuerza de policía iraquí, con abusos que van desde la extendida violación de las reclusas y la liberación de sospechosos de terrorismo a cambio de sobornos, hasta asesinatos de agentes de policía y participación en atentados cometidos por rebeldes, de acuerdo a documentos confidenciales del gobierno iraquí, que detallan más de 400 investigaciones sobre corrupción policial.
Una reciente evaluación de los contratistas del ministerio de Relaciones Exteriores para el adiestramiento de la policía subraya los documentos de las investigaciones, concluyendo que las fuertes influencias paramilitares e insurgentes en el cuerpo y la corrupción endémica han socavado la confianza de la opinión pública en el gobierno.
Los agentes también han matado a golpes a reclusos, han participado en bandas de secuestradores, vendido miles de pasaportes iraquíes robados y falsos y entregado informaciones vitales a los insurgentes, aseveran los documentos iraquíes.
Los documentos, que cubren la mayor parte de 2005 y parte de 2006, fueron obtenidos por Los Angeles Times y verificados por actuales y antiguos funcionarios policiales. Los presuntos abusos implican a decenas de unidades policiales y cientos de agentes, que van desde agentes callejeros hasta generales y jefes de policía. En algunos casos se castigó a los agentes, pero la inmensa mayoría de los abusos están todavía siendo investigados o fueron dejados de lado debido a la falta de pruebas o de declaraciones de testigos.
Los documentos de las investigaciones son las últimas de una serie de inquietantes revelaciones sobre abusos y corrupción cometidos por el ministerio del Interior, una gigantesca dependencia a nivel de gabinete que emplea a 268.610 agentes de policías, de inmigración, de protección de instalaciones y para la protección de dignatarios.
Tras el descubrimiento en noviembre pasado de una cárcel secreta del ministerio del Interior en Bagdad, administrada por agentes de la policía de inteligencia asociada con una milicia chií, funcionarios estadounidenses declararon a 2006 como ‘el año de la policía'. Juraron renovar los esfuerzos para expandir y profesionalizar el cuerpo de agentes civiles de Iraq.
El presidente Bush dijo que el adiestramiento de una fuerza policial iraquí está ligada a una eventual retirada de las tropas estadounidenses y es un elemento clave en la guerra de Iraq.
Pero funcionarios estadounidenses dicen que la fuerza renegada en el servicio de inteligencia del ministerio que maneja el bunker en el barrio de Jadiriyah de Bagdad continúa operando desde el séptimo piso del edificio del ministerio del Interior. Un alto oficial militar estadounidense en Iraq, que fue entrevistado el mes pasado a condición de conservar el anonimato, confirmó que unos de los líderes del grupo renegado, Mahmoud al-Waeli, es el "ministro de inteligencia de la milicia chií del Cuerpo Báder" y el principal reclutador de elementos paramilitares para las fuerzas policiales del ministerio del Interior.
"Estamos en proceso de sacarlos poco a poco de la ecuación", dijo el oficial. "Tenemos esa información. También hemos desarrollado un caso judicial".
Bayan Jabr, un prominente chií, era ministro del Interior en la época de las investigaciones detalladas en los documentos y ha sido acusado de permitir que los paramilitares chiíes controlaran las fuerzas de seguridad bajo su control.
Los oficiales estadounidenses entrevistados para este artículo dijeron que la capacidad del reemplazante de Jabr, Jawad Bolani, para combatir la persistente corrupción e influencia de la milicia en la policía serán una prueba crucial de su liderazgo.
Los importantes retos a los que hace frente Bolani, un ingeniero chií que no tiene experiencia policial y entró por primera vez a la política después de la invasión norteamericana en 2003, han sido destacados en una reciente evaluación de los adiestradores policiales contratados por el ministerio de Relaciones Exteriores. De acuerdo al informe, la corrupción en el ministerio del Interior, ha limitado su efectividad y su credibilidad entre los iraquíes.
"A pesar del enorme progreso y genuina dedicación de parte de muchos funcionarios del ministerio, el actual clima de corrupción, violaciones de los derechos humanos y violencia religiosa que domina entre las fuerzas de seguridad de Iraq socava la confianza de la opinión pública", de acuerdo al documento titulado ‘Año de la policía -evaluación de sus progresos. Octubre 2005-Mayo 2006'.
"Elementos del ministerio iraquí del Interior han sido cooptados por insurgentes, terroristas y milicias religiosas. Fraude en la planilla de pago, otros tipos de corrupción y campañas de intimidación de parte de organizaciones insurgentes y milicias socavan la efectividad de la policía en ciudades claves en todo Iraq", dice el informe.
El informe aumentó las tensiones entre el Pentágono, que maneja el programa de adiestramiento de la policía, y el departamento de Estado, que ha estado tratando de ampliar su limitado papel en el adiestramiento en Iraq, dijo un funcionario estadounidense que habló a condición de preservar su identidad.
El informe ofrece notas contradictorias, reclamando que el ministerio del Interior continúa mejorando y que sus fuerzas van por el buen camino para recuperar la función en cuanto a la seguridad civil de elementos militares estadounidenses e iraquíes para fines de año, mientras describe terribles problemas con la corrupción y los abusos.
Funcionarios del ministerio del Interior han tomado medidas para "mejorar las condiciones de vida de los detenidos", dice el informe. "Sin embargo, hay elementos dentro del ministerio del Interior que continúan maltratando a los prisioneros".
"Funcionarios y fuerzas del ministerio del Interior, según se sabe, participan ampliamente en sobornos, extorsiones y robos", dice el informe. "Por ejemplo, hay numerosos informes fiables de que funcionarios del ministerio y policiales exigen pagos de los reclutas que quieren ingresar a la policía".
Los hallazgos de los informes son expuestos en cientos de páginas de documentos de investigación internos.
Los documentos incluyen hojas de trabajo con cientos de breves resúmenes de presuntos crímenes cometidos por policías, cartas denunciando a los agentes acusados ante las agencias anti-corrupción iraquíes y tribunales, quejas de los ciudadanos sobre abusos policiales y corrupción, sumarios del inspector general de la policía detallando delitos económicos y prácticas fraudulentas de contratistas e informes sobre supuestos simpatizantes con el antiguo régimen de Saddam Hussein.
En un seco árabe burocrático, los documentos dan detalles sobre un cuerpo de policía en el que los maltratos y muertes a manos de agentes de policía son aterradoramente habituales.
Las lealtades de los agentes de policía parece ser un importante problema, con decenas de informes sobre infiltración de los insurgentes y actos terroristas cometidos por funcionarios de ministerios.
En un caso, un banda de agentes de policía de Bagdad -entre los cuales un coronel, dos tenientes y un capitán- fuero acusados de robar equipos de telecomunicaciones para los insurgentes, que utilizaban la electrónica para detonar bombas remotas. En otro caso, un médico de la fuerza de comandos de elite del ministerio del Interior en Bagdad fue despedido después de ser acusado de colocar bombas improvisadas y de cometer algunos asesinatos.
En la provincia de Diyala, donde las fuerzas estadounidenses mataron al líder de Al Qaeda Abu Musab al-Zarqawi el mes pasado, los investigadores están estudiando las acusaciones de que un agente de policía hizo detonar un chaleco suicida en el interior de una comisaría de policía, y en otro caso un brigadier general, un coronel y juez de lo penal fueron acusados de aceptar sobornos de un acusado de terrorismo.
Agentes de policía también han organizado bandas de secuestradores que raptan a civiles para pedir rescate -en algunos casos, las víctimas fueron otros agentes de policía. Dos comandantes policiales de Bagdad secuestraron a un teniente coronel, le robaron su coche del ministerio y exigieron decenas de miles de dólares a la familia de la víctima, según los documentos. En ese caso, los dos acusados, el general de división Naief Abdul Ezaq y el capitán Methaq Sebah Mahmoud, fueron despedidos y procesados.
Las notas abreviadas del caso no dejan en claro si los dos agentes recibieron o no algún castigo, pero el hecho de que los documentos mencionen que los tribunales fueron involucrados en el incidente hace creer que es diferente a los demás casos.
En otro caso, los guardaespaldas de un coronel de la policía en el barrio de Zayonah en Bagdad secuestraron a comerciantes para pedir rescate, de acuerdo a los documentos. Y en el barrio de Ghazaliya, de la capital, un teniente y su cuñado secuestraron a un hombre y exigieron 18 millones de dólares a su familia.
Los maltratos policiales también son un tema común en los documentos. Las víctimas incluyen a ciudadanos que trataron de quejarse sobre la mala conducta de los policías, choferes que desobedecieron órdenes de la policía de tránsito y, en varios casos, otros agentes de policía.
Pero los detenidos son los que más a menudo sufren agresiones. Los militares estadounidenses han estado trabajando con el gobierno iraquí para estandarizar los centros de detención y policías, y el estudio estadounidense dice que en varios sitios visitados no se detectaron violaciones graves de los derechos humanos. Pero los documentos del ministerio revelan un brutal sistema de detención en el los agentes controlan cárceles clandestinas donde las torturas y asesinatos de detenidos son cosas comunes.
Los documentos mencionan cuatro investigaciones sobre la muerte de quince prisioneros asesinados por unidades de comando de la policía.
En la zona de Rusafa en Bagdad, un área predominantemente chií conocida por la fuerte presencia de una milicia, la policía torturaba a los detenidos con descargas eléctricas, golpizas y, en al menos un caso, violación, de acuerdo a documentos internos. Los buenos tratas se reservaban para los detenidos con familiares que podían pagar sobornos a los agentes de los centros de detención para que los liberaran.
La Brigada Lobo, una infame unidad de comandos, detuvo ilegalmente a más de 650 prisioneros, de acuerdo a los documentos. Durante una liberación masiva de detenidos de la Brigada Lobo en noviembre pasado, un periodista de Los Angeles Times vio a decenas de hombres desnutridos entre los detenidos dejados en libertad; varios de ellos estaban en tal condición de debilidad que no podían caminar sin ayuda.
Las detenidas son a menudo sometidas a agresiones sexuales, dicen los documentos. En agosto pasado, el comandante de un centro de detención en el barrio de Karkh de la capital supuestamente violó a una mujer que era presuntamente insurgente. También en agosto, dos tenientes supuestamente torturaron y violaron a otras dos reclusas.
Oficiales estadounidenses dicen que estaban al tanto de los abusos del ministerio del Interior hace años, pero no han hecho nada para impedirlos, prefiriendo presionar a los líderes iraquíes para que solucionen sus propios problemas.
"Los militares estuvieron en el bunker antes del allanamiento de noviembre", dijo el oficial norteamericano, refiriéndose al centro de torturas de Jadiriyah. "Pero no dijeron nada".
Algunos jefes militares estadounidenses quieren que los oficiales americanos apliquen medidas más drásticas contra el ministerio del Interior, diciendo que la persistente corrupción e influencia de las milicias están destruyendo toda esperanza de una retirada pronta de Estados Unidos de Iraq.
Otro alto oficial norteamericano en Iraq con conocimiento del proyecto de adiestramiento de la policía dijo que la política norteamericana con respecto al ministerio es confusa y poco comprometida. El oficial, que pidió no ser identificado debido a que en sus comentarios impugna a sus superiores, dijo que el Pentágono y el departamento de Estado han fracasado en cuanto a coordinar sus esfuerzos y están demasiado distantes de los jefes de la policía iraquí.
"Están en piso undécimo del edificio del ministerio y no hablan con los iraquíes", dijo el oficial sobre los adiestradores norteamericanos de la policía asignados a la torre del ministerio del Interior. "Dicen que es cosa de los iraquíes, y, bueno, no hacen nada. El ministerio del Interior es el que peor funciona en Iraq".

8 de julio de 2006
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la masacre de haditha


[Thomas E. Ricks] La versión oficial no coincide con las evidencias.
A las cinco de la tarde del 19 de noviembre, casi al final de uno de los días más violentos que había vivido el Cuerpo de Marines en el Valle del Alto Eúfrates, se dio la orden de que se recogieran con camiones los cadáveres de 24 civiles iraquíes.
La unidad que llegó a la ciudad agrícola de Haditha halló bebés, mujeres y niños con agujeros de bala en la cabeza y pecho. Un viejo en una silla de ruedas había recibido nueve impactos. También habían matado a un grupo de niñas de edades entre uno y catorce años. Todos fueron ultimados a balazos, de acuerdo a los certificados de defunción emitidos más tarde.
Al día siguiente, el capitán Jeffrey S. Pool, portavoz de los marines en Iraq, dio a conocer una escueta declaración: Quince iraquíes "murieron ayer tras la explosión de una bomba improvisada en Haditha. Inmediatamente después de la explosión, hombres armados atacaron el convoy con armas ligeras. Soldados del ejército iraquí y marines devolvieron el fuego, matando a ocho rebeldes e hiriendo a otro".
A pesar de lo que vieron los testigos cuando llegaron, se permitió que difundiera durante seis meses esa versión oficial. Quién mintió acerca de la masacre, quién sabía la verdad y qué hicieron, si acaso, en cuanto a ella, está en el corazón de uno de los sucesos potencialmente más embarazosos y perjudiciales de la guerra de Iraq, uno que algunos dicen puede superar el escándalo sobre los maltratos a prisioneros en la cárcel de Abu Ghraib.
El Cuerpo de Marines dice que sería inapropiado hacer comentarios mientras se realiza la investigación. Pero desde ese sábado tarde en noviembre, se han ido acumulando evidencias que demuestran sólidamente que la versión oficial era errónea y engañosa. Mientras más datos reunían los investigadores militares sobre lo que pasó ese día en Haditha, más nerviosos se ponían.
El 29 de noviembre, la unidad de los marines en cuestión -la Compañía Kilo, del Tercer Batallón del Regimiento de Marines Nº1- realizó en una base de los marines el servicio fúnebre del soldado raso Miguel Terrazas, un popular soldado de 20 años de El Paso, Tejas. Murió en la explosión de una bomba improvisada que parece haber desencadenado lo que parecen ser asesinatos en venganza de civiles iraquíes. El soldado raso Roel Ryan Briones dijo que Terrazas había sido "como un hermano para mí". El sargento de segunda clase Travis Fields, el sargento del pelotón de Terrazas, lo llamó "un hombre bondadoso". Poco después del hallazgo de los cuerpos, la mayor Dana Hyatt, una reservista de la marina cuya función es trabajar con la población civil cuando los militares estadounidenses causan daños, pagó 38 mil dólares en compensaciones a las familias de los 15 muertos. Los iraquíes recibieron el máximo que ofrece Estados Unidos: 2.500 dólares por muerto, más una pequeña suma para cubrir otros daños.
La Compañía Kilo no se detuvo demasiado en lo que pasó el 19 de noviembre. Mike Coffman, que era un oficial de reserva de la marina en Haditha en esa época, recordó que otro oficial le dijo que el incidente "indicaba que pensó desde el principio que hubo una reacción exagerada de parte de los marines, pero que no pensaba que se hubiese cometido algún delito".
Cuando el ayuntamiento de Haditha se reunió en enero por primera vez en muchos meses, "ninguno de los miembros iraquíes lo planteó como un problema", dijo Coffman, que asistió a la reunión. Más bien, dijo, se quejaron de que el tráfico de coches y camiones en la zona había sido suspendido después de que dos marines murieran en un atentado con bomba contra un puesto de control.
Ese mismo mes, llegó a Iraq un importante oficial americano que jugaría un papel clave en el caso: el teniente general Peter W. Chiarelli, el nuevo oficial número dos en el país. Es un general poco habitual en el ejército de hoy, que no tiene nada de la personalidad de ‘chico de la vieja guardia' que exhiben otros comandantes. Ha elogiado un artículo de un oficial británico que criticaba severamente a los oficiales estadounidenses en Iraq por usar tácticas que los distanciaban de la población. Quería que las fuerzas estadounidenses operaran de otra madera de como lo venían haciendo.
Poco después de la llegada de Chiarelli a Bagdad, un estudiante iraquí de periodismo entregó a un grupo iraquí de derechos humanos un video que había hecho en Haditha el día después del incidente. Mostraba la escena en la morgue local y el daño causado en las casas donde ocurrieron los asesinatos. El video llegó a la revista Time, cuyos periodistas empezaron a preguntar a los oficiales estadounidenses. Pool, el capitán de la marina, envió a los periodistas un desdeñoso e-mail diciendo que estaban siendo víctimas de la propaganda de Al Qaeda, dijo hace poco la revista. "No puedo creer que crean esto", escribió. La semana pasada Pool se negó a hacer comentarios sobre algún aspecto del incidente de Haditha.
Pero el teniente coronel del ejército Barry Johnson, un portavoz de mayor jerarquía en Bagdad, notificó a Chiarelli sobre las preguntas. La respuesta del general a su oficial de relaciones públicas fue breve: Informe al periodista de la revista Time sobre la investigación militar del incidente que Chiarelli asumía que se había realizado.
La respuesta fue sorprendente: No había habido ninguna investigación.
A principios de febrero, Chiarelli dijo a sus subordinados que se quedó pasmado con esa respuesta, de acuerdo a un oficial del ejército en Iraq. Ordenó que se iniciara una investigación a la brevedad posible. Quería saber qué había pasado en Haditha, y, también, por qué no se había realizado ninguna investigación.

El coronel de ejército Gregory Watt fue encargado de la investigación y el 9 de marzo, contó a Chiarelli las dos conclusiones a las que había llegado, de acuerdo al oficial del ejército.
Una de ellas era que los certificados de defunción mostraban que los 24 iraquíes que murieron ese día -los quince que los marines dijeron que habían muerto con la bomba improvisada y otros que dijeron que eran rebeldes- habían muerto por heridas de bala y no por la explosión de una bomba, a diferencia de lo que decía la declaración oficial. La otra era que el Cuerpo de Marines no había investigado las muertes, a diferencia de lo que es un procedimiento típico de los militares estadounidenses en Iraq, especialmente cuando hay tantos civiles involucrados. Individualmente, las dos conclusiones habrían sido inquietantes. Juntas, eran asombrosas.
El 10 de marzo, las conclusiones fuero entregadas al ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld y el general Peter Pace, el primer marine en ser presidente del Estado Mayor Conjunto. Rumsfeld dijo a sus ayudantes que el caso podía convertirse en un serio problema. Lo calificó de "malo, realmente malo -igual o peor que Abu Ghraib", dijo un funcionario del Pentágono. El presidente Bush fue informado el 11 de marzo, de acuerdo a la Casa Blanca.
En el cuartel general del Cuerpo de Marines "hubo genuina sorpresa por la jerarquía", dijo un oficial del ejército, que había estado trabajando con el Cuerpo de Marines en el caso. "Pilló de sorpresa a mucha gente".
Ese fin de semana, casi cuatro meses después del incidente, "fuimos al cuartel general", dijo un general de los marines, utilizando la expresión naval para el llamado a las armas. Al día siguiente, el 13 de marzo, oficiales de los marines empezaron a informar a importantes miembros del Congreso en los comités relacionados con la defensa. Su mensaje fue sucinto: Había pasado algo terriblemente inquietante en Haditha, y sus repercusiones podían ser graves. La prontitud en la respuesta de los marines sorprendió a algunos de los ayudantes de Rumsfeld en la Oficina del Ministro de Defensa OSD. La OSD, como se la conoce en el Pentágono, dijo al Cuerpo de Marines algunos días después que no dijeran nada a nadie sobre la investigación, dijo el general. Demasiado tarde, respondieron los marines, ya hemos informado al Capitolio.
Los marines empezaron su propia investigación casi inmediatamente, siguiendo la pesquisa de Watt, pero se dieron cuenta rápidamente de que para examinar con alguna credibilidad los actos de sus comandantes en Iraq, necesitaban a alguien de fuera de su departamento. El ejército ofreció al general de división Eldon A. Bargewell, un oficial de carrera de Operaciones Especiales que había vivido su primer combate como sargento en la Guerra de Vietnam. Los marines, que son parte del departamento de la Marina, también pasaron el asunto de los actos criminales a agentes del Servicio de Investigaciones Criminales de la Marina. Notificado el 12 de marzo, el SICM envió de inmediato un equipo de tres investigadores en Iraq a Haditha, una de las zonas más violentas de Iraq. Pocos días después, a medida que asimilaban la dimensión del caso, enviaron un equipo de refuerzos desde Estados Unidos.
Pero incluso entonces, nada se había dicho en público sobre el incidente de noviembre que lo distinguiera del derramamiento de sangre diario en Iraq. Entonces, el 19 de marzo, apareció el artículo en la revista Time. "Los vi matar a mi abuelo, primero le dispararon al pecho y luego a la cabeza", citaba la revista a Eman Waleed, 9. A la mayoría de las víctimas fueron se les disparó a corta distancia, dijo a Time el director del hospital local.
La primera indicación pública de que los militares estaban tomando seriamente las acusaciones se produjo el 7 de abril, cuando el teniente coronel Jeffrey R. Chessani, un reservado y tranquilo oficial profesional del noroeste de Colorado, fue licenciado de su comando del Tecer Batallón del Primer Regimiento de Marines, la unidad de la forma parte la Compañía Kilo. También fueron removidos de sus funciones dos de sus subordinados -el comandante de Kilo, el capitán Luke McConnell, y el comandante de otra compañía. Incluso entonces el Cuerpo de Marines no especificó por qué se tomaron esas medidas, aparte de decir que los oficiales ya no contaban con la confianza de sus superiores.
Entonces, el 17 de mayo, el representante John P. Murtha (demócrata, de Pensilvania) filtró la noticia. En medio de una incoherente declaración al inicio de una rueda de prensa en el Capitolio, dijo -casi como un apartado- que lo que había ocurrido en Haditha era "mucho peor de lo que había informado Time". Dijo que las investigaciones revelarían que "nuestras tropas reaccionaron exageradamente debido a la presión bajo la que estaban operando, y mataron a sangre fría a civiles inocentes".
Los periodistas presentes apenas notaron lo que dijo Murtha. Cuando el diputado terminó su declaración, el primer periodista preguntó sobre las fuerzas de seguridad iraquíes. El segundo preguntó sobre el retiro de las tropas americanas. El tercero preguntó sobre el apoyo del Congreso a la resolución de Murtha llamado a la retirada de las tropas norteamericanas de Iraq. Finalmente, el cuarto preguntó sobre Haditha. Murtha respondió con algo más de detalles: "En realidad entraron a las casas y mataron a mujeres y niños. Y eran dos veces más víctimas que las mencionadas por Time". Incuso entonces, sus comentarios no llamaron la atención y la noticia no llegó a primera plana.
Pasarían algunos días antes de que el horror de lo que había dicho Murtha empezara a ser asimilado. "Es My Lai de nuevo", dijo la semana pasada Vaughan Taylor, un ex fiscal militar y profesor de derecho penal en la escuela del ejército para abogados militares. "Nos va a causar un enorme daño".
Los hechos del incidente son ahora conocidos, y algunos militares dicen que los artículos recientes en la prensa se parecen a los que han recibido de investigadores militares. Pero todavía hay misterios sobre como manejaron los marines el incidente y cómo contribuyeron a lo que algunos oficiales dicen que fue un encubrimiento. "El verdadero problema es cuán lejos va en la cadena de comando", dijo un marine familiarizado con el caso. "¿Quién lo sabía, y por qué no hicieron nada sobre el asunto?"
El Cuerpo de Marines todavía no corrige su engañosa declaración del 20 de noviembre de que los civiles iraquíes habían muerto con la explosión de una bomba. Un portavoz del Cuerpo de Marines no devolvió las llamadas del viernes preguntando por qué no había ocurrido.

Ann Scott Tyson y Julie Tate contribuyeron a este reportaje.

4 de junio de 2006
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choques con milicia chií


[Joshua Partlow y Jonathan Finer] Importante criminal capturado en allanamiento.
Bagdad, Iraq. Tropas iraquíes irrumpieron en la ajetreada barriada de Ciudad Sáder, en Bagdad, poco antes del amanecer el viernes y se enfrentaron a las milicias del barrio, desencadenándose un intenso tiroteo que terminó con 30 a 40 milicianos muertos o heridos, de acuerdo a oficiales estadounidenses.
Usando gafas ultravioletas y armas láser, el ejército iraquí, apoyado por tropas de la coalición, allanaron cuatro casas y capturaron a cinco hombres. Uno era "un criminal muy importante", que dirige "varias células insurgentes" responsable de secuestros y asesinatos, entre ellos la muerte de dos soldados iraquíes, dijo el general de división William B. Caldwell IV, portavoz de los militares estadounidenses.
Los militares estadounidenses no identificaron a las fuerzas rivales en el enfrentamiento, pero Ciudad Sáder es controlada por el Ejército Mahdi, una poderosa milicia chií musulmana leal al clérigo agitador Moqtada al-Sáder. La increíble influencia política del clérigo convierte a su milicia en un blanco delicado, y los ataques contra la milicia han provocado levantamientos populares en el pasado.
El enfrentamiento, que duró 43 minutos, empezó cuando las tropas iraquíes retornaron el fuego tras ser atacados con lanzagranadas, dijo Caldwell. Con el respaldo de la aviación norteamericana, las tropas iraquíes hicieron volar las puertas de cuatro casas durante el allanamiento, mientra soportaban granadas y el fuego de armas ligeras desde los tejados, dijeron oficiales norteamericanos.
Los militares estadounidenses no identificaron al individuo "muy importante" capturado, pero Caldwell dijo que participaba en un "comité de castigo que implementa decisiones de grupos de vigilantes". También dijo que importaba armas de Siria a Iraq.
Uno de los miembros más notorios del Ejército Mahdi, acusado de ser responsable de varios asesinatos, es un hombre conocido como Abu Dura. Pero "no hay confirmación de que Abu Dura haya sido capturado" en el allanamiento, dijo el mayor James F. Lowe, portavoz del ejército estadounidense.
Miembros del Ejército Mahdi, que confirmaron su participación en el enfrentamiento, dijeron que fueron atacados sin mediar provocación. Un portavoz de Sáder en Bagdad, Abdul Hadi al-Daraji, llamó el tiroteo de "peligrosa escalada y un acto criminal de parte de las fuerzas estadounidenses".
En otra operación, fuerzas estadounidenses capturaron a un comandante rebelde en la provincia de Babil, al que los servicios de prensa identificaron como Adnan al-Unaybi, cabecilla del Ejército Mahdi en las zonas del sur de Bagdad. El rebelde capturado está acusado del contrabando de armas, de espiar para Irán, de atentados contra fuerzas de la coalición y de incitar a la violencia religiosa, dijeron los militares norteamericanos en una declaración.
El allanamiento de Ciudad Sáder y la captura del cabecilla rebelde son evidencias de que el primer ministro Nouri al-Maliki ha empezado a cumplir con su promesa de desmantelar a las violentas milicias chiíes.
Vérselas con el Ejército Mahdi ha sido durante mucho tiempo un espinudo reto para las fuerzas estadounidenses e iraquíes, que aplastaron dos levantamientos de Sáder en 2004. Aunque oficiales norteamericanos han acusado al grupo de contribuir al aumento de la violencia religiosa aquí en los últimos meses, políticos leales a Sáder controlan más de 30 escaños en el parlamento iraquí y varios puestos de gabinete, haciendo de la milicia un blanco políticamente arriesgado.
En la sureña ciudad iraquí de Nayaf, los combatientes del Ejército Mahdi se reunieron el viernes para enterrar a sus muertos en el enorme camposanto de los chiíes.
"Estábamos durmiendo en los tejados de nuestras casas porque no teníamos electricidad. Salimos a la calla a ver qué pasaba y descubrimos que había helicópteros norteamericanos atacando y disparando contra las casas", dijo Jasim Muhammed, 36, miembro del Ejército Mahdi que dijo que su primo había muerto en el enfrentamiento de Ciudad Sáder.
Otro combatiente de Mahdi, Qais Shawkat, 56, dijo que fuerzas americanas e iraquíes atacaron un funeral de milicianos que habían muerto recientemente, matando a un hombre e hiriendo a varios otros. La televisión iraquí mostró multitudes de personas escoltando las furgonetas que trasladaban los ataúdes y los restos de lo que se dijo había sido la tienda funeraria.
Shawkat dijo que el Ejército Mahdi tiene órdenes de Sáder de no luchar contra las fuerzas estadounidenses. "Así que no peleamos. Estábamos sorprendidos. No esperábamos que los norteamericanos vinieran a atacarnos", dijo.
El choque con la milicia se produjo en el día en que los senadores demócratas Joseph R. Biden Jr. (Delaware) y Jack Reed (Rhode Island) recorrían Iraq. Sus visitas incluyen paradas en Bagdad y Basra y encuentros con Maliki y miembros del gabinete.
Biden dijo que observaba pocas diferencias en cuanto a la seguridad desde su visita anterior durante las elecciones de diciembre. "Han aumentado los incidentes, han crecido, en los últimos meses, las milicias, y no me impresiona demasiado", dijo Biden.
Dijo que encontraba "inquietante" que el gobierno chií no parecía comprender la urgencia acerca de incorporar a los líderes sunníes al proceso político. A menos que haya una fuerza policial fiable y un compromiso más grande de los sunníes en cuanto a la paz, dijo Biden, "no sé cómo van a lograr superar esta situación".
Biden dijo que de aquí a un año, si no hay progresos significativos en la reducción de la violencia religiosa y en el desmantelamiento de las milicias, y mucho más estabilidad, "realmente en mi opinión no habrá ningún motivo para mantener fuerzas americanas significativas aquí".
Entretanto, el festivo del viernes fue interrumpido por ataques contra mezquitas chiíes y sunníes. Un coche-bomba explotó después de las oraciones en la mezquita sunní de Mustafá, al oeste de Bagdad, causando la muerte de siete fieles y tres guardias de la mezquita, dijo el coronel Sami al-Masrawi, del ministerio del Interior.
Al sur de Bagdad, proyectiles lanzados con lanzagranadas impactaron una patrulla conjunta del ejército y la policía iraquíes que custodiaban la mezquita chií de al-Sajad, matando a dos fieles y a dos agentes de policía, dijo Masrawi.

Saad Sarhan en Nayaf y Naseer Nouri y Bassam Sebti en Bagdad contribuyeron a este reportaje.

8 de julio de 2006
©washington post
©traducción mQh
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