clan asolado por la muerte
[Jeffrey Fleishman y Raheem Salman] La brutal historia de un jeque tribal: En menos de una semana, dos actos de violencia en Iraq se cobraron la vida de su hijo y seis otros familiares.
Bagdad, Iraq. Parece que en estos días violentos se necesitan más oraciones que las que es posible recitar, pero el anciano reza de todos modos, elevando sus manos al cielo y cerrando sus ojos, susurrando los versos mientras niños de la tribu miran desde el polvoriento patio.
Saben por qué está rezando Mohammed Mousa Tahir. Han oído el lento gemido de su voz, como el viento en un huerto. Tahir dice que tropas norteamericanas mataron a su hijo en un coche en un paso superior. Enterró a su hijo y entonces, unos días después, otra noticia se esparció por las sucias calles de su vecindario: Seis sobrinos y primos fueron asesinados y mutilados por agresores desconocidos, y sus cuerpos abandonados junto a una calle.
"Los americanos mataron a mi hijo, pero si vienen a mi casa, les diré: Que la paz sea con vosotros', dijo Tahir, un anciano tribal chií, basando su relato en informes no confirmados. "Sólo quiero que los americanos ayuden a mi sociedad a parar esta guerra. Debo tener paciencia. No sé qué hicieron exactamente a mi hijo. Sólo sé que lo esperé en casa y que nunca volvió".
El derramamiento de sangre en Iraq ha sido calculado e indiscriminado. Los más desafortunados mueren en explosiones y emboscadas insurgentes. Otros, como los sobrinos y primos de Tahir, mueren por rivalidades religiosas y tribales. Y luego están los que, como su hijo Haithem, un estudiante universitario bagdadí que se dirigía hacia el este por una carretera hacia un convoy militar en una nerviosa ciudad, el tipo de lugar donde las manos de los terroristas suicidas son amarradas al volante con cinta de pegar.
En el lapso de seis días en mayo, la familia Tahir se convirtió en otra víctima de la violencia que ha matado a más de 1.000 iraquíes en las últimas semanas. El país ha caído en un espeluznante ritmo donde un viaje al mercado o a la mezquita puede terminar en un estallido de fuego.
Los Tahir pertenecen a la tribu Bu Mohammed y viven en la barriada de Ciudad Sáder al nordeste de Bagdad. El hermano de Tahir, el jeque Faisel Khareem, es el jefe tribal del vecindario. Un hombre de edad mediana con una barba negra cana y gafas de marcos plateados, hace de intermediario entre las familias y ha sido llamado más de una vez a negociaciones con las fuerzas americanas.
Las tropas norteamericanas no les gusta estar en este lugar; Ciudad Sáder puede ser un laberinto de oraciones en voz baja, y crueldad. El 3 de mayo era como la mayoría de los otros días: carros tirados por caballos pasaban traqueteando, la basura se arrojaba a la calle, las ovejas se defendían del cuchillo de los carniceros y niños con sierras torcidas y los pies mojados vendían bloques de hielo en las esquinas. Haithem Tahir, un licenciado en lengua árabe, iba en el Mercedes de un amigo hacia un paso superior en la carretera de Mohammed al Qasim, una sucia cinta que cruza Bagdad.
Haithem y el chofer, Wisam Abdul-Jalil Sadoon, 27, padres de cuatro hijos, se dirigían en el mediodía a comprar la ropa que necesitaba Haithem para su inminente boda, dijeron familiares. Poco antes de las tres de la tarde, el coche pasó frente a la comisaría de policía a unos 3 kilómetros del vecindario de los jóvenes. Tahir, informado por transeúntes que estaban en la escena, dijo a la policía que el coche había aminorado la marcha o parado cerca de una rampa cuando un convoy americano abrió el fuego.
La Tercera División de Infantería del Ejército, que patrulla Bagdad, dijo que no tenía informaciones sobre el tiroteo. La carretera es también usada frecuentemente por SUV bien armados que son conducidos por guardias de seguridad privados pobremente regulados.
Dos hombres que dijeron haber presenciado el incidente dijeron que una patrulla americana que adelantó al coche de Haithem había disparado contra ellos. El Mercedes perdió su dirección, chocó contra una barandilla de seguridad, cayó a plomo unos 30 metros y aterrizó boca arriba abajo en una calle de vendedores de chatarra y talleres mecánicos. Un testigo fue Abdul Amir, un soldador.
"Estaba parado a unos 60 metros del lugar donde impactó el coche", dijo Amir. "Oí dos balazos y por el sonido reconocí que venían de una ametralladora norteamericana. Miré hacia la carretera y vi a un GMC Suburban blanco con las ventanas empañadas y tres Humvees. El soldado detrás de la ametralladora disparó dos balas y luego una ráfaga de cinco o seis balas... Los americanos no pararon".
Haithem no volvió a casa y la familia se preocupó. El segundo hijo de Tahir llamó a Haitehm a su móvil. Respondió un doctor. Le dijo a la familia que se apresuraran. Para cuando llegaron, Haithem estaba muerto. A Tahir le entregaron un certificado de defunción y un examen de inglés que habían encontrado en el coche. Sadoon sobrevivió, pero todavía pierde la conciencia.
El doctor Qussai Hussein realizó la autopsia de Haithem.
"Había tres heridas de bala, dos en la cabeza y una herida con entrada y salida de protectil. Tenía otra herida en el tobillo izquierdo, con entrada y salida de proyectil", dijo. "Desafortunadamente no encontramos las balas y no podemos determinar su origen".
Días después de que el cuerpo de Haithem fuera lavado y envuelto en una tela, la muerte volvería a atacar a la familia de Tahir. Un miembro de la tribu, Jabber Tahir, murió de causas naturales hacia las 3 de la mañana del 9 de mayo. Khareem, el líder del clan, pidió un ataúd a la mezquita local y llamó a seis de sus jóvenes primos y sobrinos y a cuatro ancianos de la familia. Los hombres levantaron a Jabber y amarraron el ataúd al capó de un microbús en dirección a Nayaf, la ciudad santa donde los chiíes prefieren enterrar a sus muertos.
El bus no llegó demasiado lejos. Fue parado en un puesto de control en Latifiya, en el borde sur de Bagdad.
"Hombres armados desaliñados los rodearon", dijo Khareem, basándose en informes de la policía, fotografías y los viejos que sobrevivieron el ataque. "Abrieron la puerta y levantaron sus armas como para disparar. Uno de los ellos cogió el carné de identidad del chofer y se lo metió al bolsillo. Los otros estaban cerca del bus y dos más esperaban a la distancia con lanzagranadas".
Ordenaron a los cuatro viejos que descendieran del bus. Cuando estaban en el asfalto, uno de los agresores saltó al asiento del conductor y se alejó con los seis hombres, siendo seguidos por los otros atacantes. Los viejos se apresuraron hacia el puesto de la policía. Dieron la alarma por radio y empezó la búsqueda. Tres horas más tarde, el cuerpo de Jabber y su estropeado ataúd fue encontrado flotando en un arroyo. La policía entregó los restos mortales a los viejos, pero dijeron que los jóvenes estaban desaparecidos.
A la mañana siguiente, dijo Khareem, los viejos, la mayoría de ellos padres de los hombres desaparecidos, volvieron a la comisaría. Les dijeron que fueran a un hospital cercano, donde en la noche seis cadáveres había sido dejados en la morgue. Los viejos vieron los cuerpos, estudiaron sus caras heridas y magulladas, pero no estaban seguros de si eran sus hijos y parientes.
"Las caras parecían familiares, pero los cuerpos estaban vestidos con los uniformes de faena que usan los guardias nacionales iraquíes", dijo Khareem. "Así que los viejos dijeron: No pueden ser nuestros hijos'. Volvieron a la comisaría, pero les dijeron que volvieran al hospital y confirmaran otra vez. Entenderá que no querían volver. No querían saber nada. Pero volvieron y estudiaron nuevamente las caras y chequearon signos en los cuerpos, incluyendo el tatuaje de una espada del Imán Alí, el primo del profeta Mahoma.
Khareem hizo una pausa. Niños y jóvenes de la tribu se habían reunido en un patio. Se apoyaban y cubrían unos a otros; se sentaron con las piernas cruzadas bajo el sol. Esta será una historia que será contada durante generaciones, el tipo de historia que oyen los niños y que formarán su personalidad, del modo en que se dobla el cobre cuando se lo machaca. El jeque asintió con su cabeza. En sus largas manos tenía unas fotografías tomadas en la morgue, con los muertos en una camilla metálica.
El primero era Saad Jabber, 31, recién casado, con una bala en la cabeza. El siguiente era Adnan Jlood, 34, vendedor de cigarrillos con ocho hijos y un tórax tajeado, como si hubiera sido torturado. Estaba Walid Khaioon, 31, obrero de una telefónica, con cuatro hijas, un bebé recién nacido y el cráneo roto. Adel Jabber, 32, era el siguiente, carpintero del clan, sordomudo, cuyos ojos habían sido sacados de sus cuencos. También le habían sacado la boca. No había fotos de Mohammed Chwiser, 30, fotógrafo, asesinado con los otros.
Ninguno de los hombres era de la guardia nacional, pero sus cuerpos estaban vestidos con uniformes de faena. El jeque sospecha que los asesinos trataron de hacer creer a sus jefes que habían emboscado a una unidad militar para impresionar a sus jefes. O quizás eran mercenarios pagados por matar soldados, o quizás había alguna otra razón.
Iraq es un país de razones insondables y quizás peligrosos, pero el jeque dijo que creía que los asesinos eran musulmanes sunníes porque habían raspado parcialmente el tatuaje de la espada del Imán Alí del brazo de una de las víctimas. La espada de Alí es un respetado símbolo de los chiíes.
En las últimas semanas la violencia sectaria se ha intensificado a medida que la minoría sunní, los beneficiarios del régimen de Saddam Hussein, son obligados a aceptar al nuevo gobierno controlado por los chiíes. El jeque dijo que las calles hervían de "odio y rencor". Ha tratado de calmar a su tribu. Es mejor se metódico que precipitado. Hay dos leyes en Iraq: la civil y la tribal. Si falla una, se busca justicia con la otra.
"No nos vengaremos sólo porque somos chiíes y ellos sunníes", dijo. "Pero actuaremos de acuerdo a la tradición tribal. Si descubrimos qué tribu hizo esto, tendrán que acercarse a nosotros a decirnos quiénes son los asesinos. Su tribu debe pagarnos compensación. Los asesinos deben ser detenidos. Si eso no ocurre, nos vengaremos y les mataremos a cuatro de ellos por cada uno de los nuestros. Ese es nuestro código".
Khareem deja que la imagen se decante, la deja penetrar en la mente de los niños que están sentados junto a él en la alfombra. El llamado a la oración resonó a través del patio. Tahir, con el certificado de muerte de su hijo en el bolsillo, se sacó el turbante y levantó los brazos. Al recitar los versos parecía concentrar la luz en sus manos. Entonces se arrodilló, cerró los ojos y apartó al mundo. Minutos más tarde, el jeque asintió. Algunos de los niños se marcharon a toda prisa. Colocaron una manta de plástico en el suelo. Aparecieron bandejas. Luego arroz y pollo. El jeque, Tahir y los otros hombres, empezaron a comer. Los niños esperaron, y las fotos de los muertos fueron dobladas y guardadas.
El jeque tenía otra historia que contar, una historia que capta el lirismo y la brutalidad de este país. Bu Mohammed, un sunní que vivía en Bacuba, fundó la tribu del jeque hace más de 600 años. Había matado a su hermano y huido hacia el sur, a Amarah, donde se convirtió a una secta chií. Sin embargo, los chiíes lo engañaron, prometiéndole una bella esposa pero dándole a una fea el día de su boda. Indignado, juró que se vengaría.
Pero su hermano le convenció de aceptar su destino, que había más espadas contra él que a su lado.
Una noche, la nueva esposa soñó que de su viente salían volando siete abejas. Al hermano de Bu Mohammed, un místico, le agradó el sueño y dijo que las abejas representaban a los jefes de los clanes que algún día conformarían la tribu.
Al jeque le gusta esta historia; su voz resuena sobre las sílabas, que deja que se expandan o contraigan. Los niños sonríen ante la magia de esos orígenes.
Caesar Ahmed contribuyó a este reportaje.
27 de junio de 2005
20 de junio de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Parece que en estos días violentos se necesitan más oraciones que las que es posible recitar, pero el anciano reza de todos modos, elevando sus manos al cielo y cerrando sus ojos, susurrando los versos mientras niños de la tribu miran desde el polvoriento patio.Saben por qué está rezando Mohammed Mousa Tahir. Han oído el lento gemido de su voz, como el viento en un huerto. Tahir dice que tropas norteamericanas mataron a su hijo en un coche en un paso superior. Enterró a su hijo y entonces, unos días después, otra noticia se esparció por las sucias calles de su vecindario: Seis sobrinos y primos fueron asesinados y mutilados por agresores desconocidos, y sus cuerpos abandonados junto a una calle.
"Los americanos mataron a mi hijo, pero si vienen a mi casa, les diré: Que la paz sea con vosotros', dijo Tahir, un anciano tribal chií, basando su relato en informes no confirmados. "Sólo quiero que los americanos ayuden a mi sociedad a parar esta guerra. Debo tener paciencia. No sé qué hicieron exactamente a mi hijo. Sólo sé que lo esperé en casa y que nunca volvió".
El derramamiento de sangre en Iraq ha sido calculado e indiscriminado. Los más desafortunados mueren en explosiones y emboscadas insurgentes. Otros, como los sobrinos y primos de Tahir, mueren por rivalidades religiosas y tribales. Y luego están los que, como su hijo Haithem, un estudiante universitario bagdadí que se dirigía hacia el este por una carretera hacia un convoy militar en una nerviosa ciudad, el tipo de lugar donde las manos de los terroristas suicidas son amarradas al volante con cinta de pegar.
En el lapso de seis días en mayo, la familia Tahir se convirtió en otra víctima de la violencia que ha matado a más de 1.000 iraquíes en las últimas semanas. El país ha caído en un espeluznante ritmo donde un viaje al mercado o a la mezquita puede terminar en un estallido de fuego.
Los Tahir pertenecen a la tribu Bu Mohammed y viven en la barriada de Ciudad Sáder al nordeste de Bagdad. El hermano de Tahir, el jeque Faisel Khareem, es el jefe tribal del vecindario. Un hombre de edad mediana con una barba negra cana y gafas de marcos plateados, hace de intermediario entre las familias y ha sido llamado más de una vez a negociaciones con las fuerzas americanas.
Las tropas norteamericanas no les gusta estar en este lugar; Ciudad Sáder puede ser un laberinto de oraciones en voz baja, y crueldad. El 3 de mayo era como la mayoría de los otros días: carros tirados por caballos pasaban traqueteando, la basura se arrojaba a la calle, las ovejas se defendían del cuchillo de los carniceros y niños con sierras torcidas y los pies mojados vendían bloques de hielo en las esquinas. Haithem Tahir, un licenciado en lengua árabe, iba en el Mercedes de un amigo hacia un paso superior en la carretera de Mohammed al Qasim, una sucia cinta que cruza Bagdad.
Haithem y el chofer, Wisam Abdul-Jalil Sadoon, 27, padres de cuatro hijos, se dirigían en el mediodía a comprar la ropa que necesitaba Haithem para su inminente boda, dijeron familiares. Poco antes de las tres de la tarde, el coche pasó frente a la comisaría de policía a unos 3 kilómetros del vecindario de los jóvenes. Tahir, informado por transeúntes que estaban en la escena, dijo a la policía que el coche había aminorado la marcha o parado cerca de una rampa cuando un convoy americano abrió el fuego.
La Tercera División de Infantería del Ejército, que patrulla Bagdad, dijo que no tenía informaciones sobre el tiroteo. La carretera es también usada frecuentemente por SUV bien armados que son conducidos por guardias de seguridad privados pobremente regulados.
Dos hombres que dijeron haber presenciado el incidente dijeron que una patrulla americana que adelantó al coche de Haithem había disparado contra ellos. El Mercedes perdió su dirección, chocó contra una barandilla de seguridad, cayó a plomo unos 30 metros y aterrizó boca arriba abajo en una calle de vendedores de chatarra y talleres mecánicos. Un testigo fue Abdul Amir, un soldador.
"Estaba parado a unos 60 metros del lugar donde impactó el coche", dijo Amir. "Oí dos balazos y por el sonido reconocí que venían de una ametralladora norteamericana. Miré hacia la carretera y vi a un GMC Suburban blanco con las ventanas empañadas y tres Humvees. El soldado detrás de la ametralladora disparó dos balas y luego una ráfaga de cinco o seis balas... Los americanos no pararon".
Haithem no volvió a casa y la familia se preocupó. El segundo hijo de Tahir llamó a Haitehm a su móvil. Respondió un doctor. Le dijo a la familia que se apresuraran. Para cuando llegaron, Haithem estaba muerto. A Tahir le entregaron un certificado de defunción y un examen de inglés que habían encontrado en el coche. Sadoon sobrevivió, pero todavía pierde la conciencia.
El doctor Qussai Hussein realizó la autopsia de Haithem.
"Había tres heridas de bala, dos en la cabeza y una herida con entrada y salida de protectil. Tenía otra herida en el tobillo izquierdo, con entrada y salida de proyectil", dijo. "Desafortunadamente no encontramos las balas y no podemos determinar su origen".
Días después de que el cuerpo de Haithem fuera lavado y envuelto en una tela, la muerte volvería a atacar a la familia de Tahir. Un miembro de la tribu, Jabber Tahir, murió de causas naturales hacia las 3 de la mañana del 9 de mayo. Khareem, el líder del clan, pidió un ataúd a la mezquita local y llamó a seis de sus jóvenes primos y sobrinos y a cuatro ancianos de la familia. Los hombres levantaron a Jabber y amarraron el ataúd al capó de un microbús en dirección a Nayaf, la ciudad santa donde los chiíes prefieren enterrar a sus muertos.
El bus no llegó demasiado lejos. Fue parado en un puesto de control en Latifiya, en el borde sur de Bagdad.
"Hombres armados desaliñados los rodearon", dijo Khareem, basándose en informes de la policía, fotografías y los viejos que sobrevivieron el ataque. "Abrieron la puerta y levantaron sus armas como para disparar. Uno de los ellos cogió el carné de identidad del chofer y se lo metió al bolsillo. Los otros estaban cerca del bus y dos más esperaban a la distancia con lanzagranadas".
Ordenaron a los cuatro viejos que descendieran del bus. Cuando estaban en el asfalto, uno de los agresores saltó al asiento del conductor y se alejó con los seis hombres, siendo seguidos por los otros atacantes. Los viejos se apresuraron hacia el puesto de la policía. Dieron la alarma por radio y empezó la búsqueda. Tres horas más tarde, el cuerpo de Jabber y su estropeado ataúd fue encontrado flotando en un arroyo. La policía entregó los restos mortales a los viejos, pero dijeron que los jóvenes estaban desaparecidos.
A la mañana siguiente, dijo Khareem, los viejos, la mayoría de ellos padres de los hombres desaparecidos, volvieron a la comisaría. Les dijeron que fueran a un hospital cercano, donde en la noche seis cadáveres había sido dejados en la morgue. Los viejos vieron los cuerpos, estudiaron sus caras heridas y magulladas, pero no estaban seguros de si eran sus hijos y parientes.
"Las caras parecían familiares, pero los cuerpos estaban vestidos con los uniformes de faena que usan los guardias nacionales iraquíes", dijo Khareem. "Así que los viejos dijeron: No pueden ser nuestros hijos'. Volvieron a la comisaría, pero les dijeron que volvieran al hospital y confirmaran otra vez. Entenderá que no querían volver. No querían saber nada. Pero volvieron y estudiaron nuevamente las caras y chequearon signos en los cuerpos, incluyendo el tatuaje de una espada del Imán Alí, el primo del profeta Mahoma.
Khareem hizo una pausa. Niños y jóvenes de la tribu se habían reunido en un patio. Se apoyaban y cubrían unos a otros; se sentaron con las piernas cruzadas bajo el sol. Esta será una historia que será contada durante generaciones, el tipo de historia que oyen los niños y que formarán su personalidad, del modo en que se dobla el cobre cuando se lo machaca. El jeque asintió con su cabeza. En sus largas manos tenía unas fotografías tomadas en la morgue, con los muertos en una camilla metálica.
El primero era Saad Jabber, 31, recién casado, con una bala en la cabeza. El siguiente era Adnan Jlood, 34, vendedor de cigarrillos con ocho hijos y un tórax tajeado, como si hubiera sido torturado. Estaba Walid Khaioon, 31, obrero de una telefónica, con cuatro hijas, un bebé recién nacido y el cráneo roto. Adel Jabber, 32, era el siguiente, carpintero del clan, sordomudo, cuyos ojos habían sido sacados de sus cuencos. También le habían sacado la boca. No había fotos de Mohammed Chwiser, 30, fotógrafo, asesinado con los otros.
Ninguno de los hombres era de la guardia nacional, pero sus cuerpos estaban vestidos con uniformes de faena. El jeque sospecha que los asesinos trataron de hacer creer a sus jefes que habían emboscado a una unidad militar para impresionar a sus jefes. O quizás eran mercenarios pagados por matar soldados, o quizás había alguna otra razón.
Iraq es un país de razones insondables y quizás peligrosos, pero el jeque dijo que creía que los asesinos eran musulmanes sunníes porque habían raspado parcialmente el tatuaje de la espada del Imán Alí del brazo de una de las víctimas. La espada de Alí es un respetado símbolo de los chiíes.
En las últimas semanas la violencia sectaria se ha intensificado a medida que la minoría sunní, los beneficiarios del régimen de Saddam Hussein, son obligados a aceptar al nuevo gobierno controlado por los chiíes. El jeque dijo que las calles hervían de "odio y rencor". Ha tratado de calmar a su tribu. Es mejor se metódico que precipitado. Hay dos leyes en Iraq: la civil y la tribal. Si falla una, se busca justicia con la otra.
"No nos vengaremos sólo porque somos chiíes y ellos sunníes", dijo. "Pero actuaremos de acuerdo a la tradición tribal. Si descubrimos qué tribu hizo esto, tendrán que acercarse a nosotros a decirnos quiénes son los asesinos. Su tribu debe pagarnos compensación. Los asesinos deben ser detenidos. Si eso no ocurre, nos vengaremos y les mataremos a cuatro de ellos por cada uno de los nuestros. Ese es nuestro código".
Khareem deja que la imagen se decante, la deja penetrar en la mente de los niños que están sentados junto a él en la alfombra. El llamado a la oración resonó a través del patio. Tahir, con el certificado de muerte de su hijo en el bolsillo, se sacó el turbante y levantó los brazos. Al recitar los versos parecía concentrar la luz en sus manos. Entonces se arrodilló, cerró los ojos y apartó al mundo. Minutos más tarde, el jeque asintió. Algunos de los niños se marcharon a toda prisa. Colocaron una manta de plástico en el suelo. Aparecieron bandejas. Luego arroz y pollo. El jeque, Tahir y los otros hombres, empezaron a comer. Los niños esperaron, y las fotos de los muertos fueron dobladas y guardadas.
El jeque tenía otra historia que contar, una historia que capta el lirismo y la brutalidad de este país. Bu Mohammed, un sunní que vivía en Bacuba, fundó la tribu del jeque hace más de 600 años. Había matado a su hermano y huido hacia el sur, a Amarah, donde se convirtió a una secta chií. Sin embargo, los chiíes lo engañaron, prometiéndole una bella esposa pero dándole a una fea el día de su boda. Indignado, juró que se vengaría.
Pero su hermano le convenció de aceptar su destino, que había más espadas contra él que a su lado.
Una noche, la nueva esposa soñó que de su viente salían volando siete abejas. Al hermano de Bu Mohammed, un místico, le agradó el sueño y dijo que las abejas representaban a los jefes de los clanes que algún día conformarían la tribu.
Al jeque le gusta esta historia; su voz resuena sobre las sílabas, que deja que se expandan o contraigan. Los niños sonríen ante la magia de esos orígenes.
Caesar Ahmed contribuyó a este reportaje.
27 de junio de 2005
20 de junio de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
reunión con insurgentes
En Iraq, Estados Unidos se reúne en secreto con grupos de la resistencia.
Londres, Reino Unido. Funcionarios norteamericanos han mantenido hace poco en Iraq reuniones secretas con los comandantes de varios grupos insurgentes iraquíes en un intento por iniciar un diálogo con ellos, informó el domingo un diario británico.
Los comandantes "se reunieron aparentemente frente a frente" con cuatro funcionarios estadounidenses el 3 y 13 de junio en una mansión veraniega cerca de Balad, a unos 40 kilómetros al norte de Bagdad, la capital iraquí, de acuerdo al Sunday Times.
Según el Sunday Times ni el gobierno iraquí ni funcionarios estadounidenses en Bagdad confirmaron su participación en las deliberaciones.
Oficiales militares en Bagdad no respondieron de inmediato a una petición de comentarios de la Associated Press sobre el artículo publicado por Times el domingo por la mañana.
La historia, que citó a iraquíes no identificados cuyos grupos participaron aparentemente en las conversaciones, dijeron que en la primera reunión estuvieron el Ejército de Ansar al-Sunnah, que ha reivindicado responsabilidad por atentados suicidas en Iraq y el ataque que mató a 22 personas en un comedor de la base norteamericana de Mosul en las navidades pasadas.
Los otros dos fueron Jaish Mohammed, o el Ejército de Mohammed, y el Ejército Islámico en Iraq, que en agosto pasado mató al periodista italiano Enzo Baldoni, dijo el diario.
Uno de los norteamericanos en las reuniones se presentó a sí mismo como representante del Pentágono y se declaró dispuesto a "encontrar una manera de parar el baño de sangre a ambos lados y escuchar demandas y quejas", dijo el Sunday Times.
Dijo que el oficial informó que los resultados de las conversaciones serían retransmitidos a sus superiores en Washington.
Los funcionarios norteamericanos trataron de reunir información sobre la estructura, directiva y operaciones de los grupos insurgentes, lo que irritó a algunos, a quienes se les había dicho que las conversaciones tomarían en cuenta su principal exigencia: un calendario para la retirada de las tropas norteamericanas de Iraq, dijo el informe.
El informe del diario sigue a informes de conversaciones indirectas con los insurgentes a través de intermediarios iraquíes.
Un funcionario norteamericano dijo antes este mes que las autoridades norteamericanas han negociado con importantes líderes sunníes, que a su vez se reúnen con los insurgentes para tratar de persuadirlos de abandonar las armas. El funcionario, que no dio su nombre para no socavar la autoridad del nuevo gobierno, no mencionó a los líderes iraquíes que participan en el diálogo.
Miembros de la descontenta minoría sunní, que fue dominante durante Saddam Hussein pero perdió el poder ante chiíes y kurdos después de su derrocamiento, son la principal fuerza detrás de la resistencia iraquí.
El ex ministro de Electricidad iraquí, Ayham al-Samarie, dijo a la Associated Press que los dos grupos insurgentes -el Ejército Islámico y el Ejército Mujahedín- estaban dispuestos a negociar con el gobierno iraquí, abriendo posiblemente un nuevo frente político en el país.
26 de junio de 2005
©washington post
©traducción mQh
Londres, Reino Unido. Funcionarios norteamericanos han mantenido hace poco en Iraq reuniones secretas con los comandantes de varios grupos insurgentes iraquíes en un intento por iniciar un diálogo con ellos, informó el domingo un diario británico.Los comandantes "se reunieron aparentemente frente a frente" con cuatro funcionarios estadounidenses el 3 y 13 de junio en una mansión veraniega cerca de Balad, a unos 40 kilómetros al norte de Bagdad, la capital iraquí, de acuerdo al Sunday Times.
Según el Sunday Times ni el gobierno iraquí ni funcionarios estadounidenses en Bagdad confirmaron su participación en las deliberaciones.
Oficiales militares en Bagdad no respondieron de inmediato a una petición de comentarios de la Associated Press sobre el artículo publicado por Times el domingo por la mañana.
La historia, que citó a iraquíes no identificados cuyos grupos participaron aparentemente en las conversaciones, dijeron que en la primera reunión estuvieron el Ejército de Ansar al-Sunnah, que ha reivindicado responsabilidad por atentados suicidas en Iraq y el ataque que mató a 22 personas en un comedor de la base norteamericana de Mosul en las navidades pasadas.
Los otros dos fueron Jaish Mohammed, o el Ejército de Mohammed, y el Ejército Islámico en Iraq, que en agosto pasado mató al periodista italiano Enzo Baldoni, dijo el diario.
Uno de los norteamericanos en las reuniones se presentó a sí mismo como representante del Pentágono y se declaró dispuesto a "encontrar una manera de parar el baño de sangre a ambos lados y escuchar demandas y quejas", dijo el Sunday Times.
Dijo que el oficial informó que los resultados de las conversaciones serían retransmitidos a sus superiores en Washington.
Los funcionarios norteamericanos trataron de reunir información sobre la estructura, directiva y operaciones de los grupos insurgentes, lo que irritó a algunos, a quienes se les había dicho que las conversaciones tomarían en cuenta su principal exigencia: un calendario para la retirada de las tropas norteamericanas de Iraq, dijo el informe.
El informe del diario sigue a informes de conversaciones indirectas con los insurgentes a través de intermediarios iraquíes.
Un funcionario norteamericano dijo antes este mes que las autoridades norteamericanas han negociado con importantes líderes sunníes, que a su vez se reúnen con los insurgentes para tratar de persuadirlos de abandonar las armas. El funcionario, que no dio su nombre para no socavar la autoridad del nuevo gobierno, no mencionó a los líderes iraquíes que participan en el diálogo.
Miembros de la descontenta minoría sunní, que fue dominante durante Saddam Hussein pero perdió el poder ante chiíes y kurdos después de su derrocamiento, son la principal fuerza detrás de la resistencia iraquí.
El ex ministro de Electricidad iraquí, Ayham al-Samarie, dijo a la Associated Press que los dos grupos insurgentes -el Ejército Islámico y el Ejército Mujahedín- estaban dispuestos a negociar con el gobierno iraquí, abriendo posiblemente un nuevo frente político en el país.
26 de junio de 2005
©washington post
©traducción mQh
dudas republicanas
[Maura Reynolds] Senadores republicanos le dicen a Rumsfeld que temen que la opinión pública se está volcando contra la guerra de Iraq. "La gente está empezando a cuestionarla", dice uno.
Washington, Estados Unidos. Un senador describió la percepción pública de la guerra de Iraq como "cada vez más parecida a Vietnam". Otro se preocupó de que "nuestra mera presencia produce más insurgentes". Un tercero dijo que la tensión de las fuerzas armadas "se está haciendo peor, no mejor".
Militares del estado mayor han oído comentarios parecidos antes, cuando acudieron en tropel al Capitolio a responder preguntas del Congreso. Pero esta vez había una diferencia: Los comentarios venían de los republicanos.
"Si nos retiramos demasiado rápido, perderemos la guerra. ¿Y qué nos haría hacer eso? La opinión pública se está alejando", dijo el senador Lindsey Graham (republicano, Carolina del Sur). "Eso está pasando, y me preocupa enormemente".
Haciéndose eco en las preguntas planteadas ayer jueves al ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld e importantes generales en Iraq, se detecta una nueva nota de ansiedad, y no sólo de parte de los demócratas, que se han mostrado todo el tiempo escépticos ante la guerra. Sondeos recientes y llamadas de votantes han provocado una serie de inquietantes preguntas de republicanos que de otro modo apoyan las políticas del gobierno.
Uno de los más directos fue Graham, que se describió a sí mismo como un firme partidario de la guerra como senador de Carolina del Sur, uno de los estados pro-guerra.
"Le estoy diciendo, en el sentido más patriótico que se pueda imaginar, que la gente está empezando a cuestionar la guerra", dijo Graham. "Y no creo que sea un eco en la pantalla del radar".
En sus observaciones iniciales, Rumsfeld comparó el conflicto en Iraq con la Segunda Guera Mundial y dijo que desde el fin de la guerra ha habido preocupaciones de que Estados Unidos pueda estar perdiendo la paz.
Graham respondió a ese comentario diciendo que creía que era justo comparar la reconstrucción de Iraq con la reconstrucción de Europa.
"Es un suceso del tipo de la Segunda Guerra Mundial, pero la opinión pública lo está viendo, señor ministro, cada vez más como Vietman", dijo Graham.
El senador John McCain (republicano, Arizona), un condecorado héroe de la guerra de Vietnam que se considera es un firme aliado de las fuerzas armadas, dijo que estaba "muy preocupado" de la estrés causada por los repetidos despliegues de la Guardia Nacional y de los reservistas así como sobre los informes de crecientes ataques contra las tropas norteamericanas desde que Iraq recuperara su soberanía hace un año.
Cuando el general del ejército George W. Casey Jr., el general de más alta jerarquía en Iraq, dijo que la violencia contra las tropas norteamericanas era sólo un poco mayor, McCain respondió rápidamente, con un tono cauteloso.
"Gracias, pero ni veo como alentador el hecho de que no haya disminuido", dijo McCain.
"Y no debería serlo", respondió Casey.
Los republicanos trataron de mantener el equilibrio, expresando su apoyo de los objetivos de la guerra al mismo tiempo que reconocen la profundidad de la preocupación de la opinión pública.
"No hay duda de que los militares norteamericanos son los mejores en la historia del mundo, y que estos insurgentes no pueden derrotarnos a nivel militar", dijo el senador John Ensign (republicano, Nevada). "El único modo de ganarnos es aquí en casa, derrotándonos políticamente haciéndonos perder el apoyo del pueblo estadounidense".
Ensign dijo que creía que la presencia norteamericana "produce más insurgentes", pero luego preguntó a los generales si era correcto que los demócratas compararan las fechorías de las fuerzas norteamericanas con las de los regímenes totalitarios.
El general de ejército John P. Abizaid, jefe del Comando Central norteamericano, esquivó toda referencia específica, pero presentó lo que es el reconocimiento más franco de funcionarios del Pentágono de que no todo está bien en el frente interior.
"Quizás hay algo que no estamos haciendo bien en el terreno", dijo Abizaid. "Pero puedo decirle que cuando mis soldados... me preguntan si el pueblo estadounidense nos apoya o no, eso me preocupa. Y están empezando a hacer esas preguntas.
"Es mejor que tengamos un debate franco entre nosotros", continuó Abizaid. "No estoy contra el debate. Estamos haciendo una guerra que creo que vale la pena... pero no la podemos ganar... sin vuestro apoyo y sin el apoyo de nuestra gente".
No todos los republicanos se mostraron igualmente críticos. El senador James M. Inhofe (republicano, Oklahoma) desechó las críticas expresadas por los demócratas, diciendo: "Creo que todos sabemos que los partidarios de salir de Iraq está vivos y gozan de buena salud".
El senador Saxby Chambliss (republicano, Georgia) leyó un largo e-mail de un capitán del ejército describiendo los progresos que hacía su unidad en Iraq.
"Tenemos que hacer preguntas difíciles. Pero por lo mismo, cuando las cosas se hacen bien allá, creo que tenemos la obligación de informar al pueblo norteamericano sobre lo que está saliendo bien", dijo Chambliss.
Los demócratas intentaron un nuevo asalto. El senador Edward M. Kennedy (demócrata, Massachusetts) dijo que la guerra se había transformado en un "pantano".
"Básicamente vosotros habéis conducido mal la guerra y habéis creado una situación imposible para los reclutadores militares y ponéis en peligro a nuestras tropas y nuestra seguridad nacional. Nuestras tropas merecen algo mejor, señor ministro", dijo Kennedy después de una larga letanía de reproches. "En el balonmano pierdes con tres puntos. ¿Cuántos necesita el ministro de Defensa?"
Rumsfeld, a quien rara vez faltan las palabras, pareció momentáneamente confundido. Hizo una pausa por un largo intervalo antes de responder. "Bueno, esa es una declaración fuerte".
Rumsfeld continuó defendiéndose durante un largo rato, pero sin impresionar a Kennedy.
"Ha habido una serie de graves errores y equivocaciones. Ocurrieron durante su turno", dijo Kennedy. "¿No cree que es tiempo de renunciar?"
Rumsfeld replicó mordazmente: "Senador, he ofrecido al presidente dos veces mi renuncia y ha decidido que prefiere no aceptarla".
Después de más de cuatro horas, Rumsfeld y sus generales se marcharon para asistir a un segundo cocimiento en la Cámara. Esa audiencia duró cuatro horas más.
25 de junio de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Washington, Estados Unidos. Un senador describió la percepción pública de la guerra de Iraq como "cada vez más parecida a Vietnam". Otro se preocupó de que "nuestra mera presencia produce más insurgentes". Un tercero dijo que la tensión de las fuerzas armadas "se está haciendo peor, no mejor".Militares del estado mayor han oído comentarios parecidos antes, cuando acudieron en tropel al Capitolio a responder preguntas del Congreso. Pero esta vez había una diferencia: Los comentarios venían de los republicanos.
"Si nos retiramos demasiado rápido, perderemos la guerra. ¿Y qué nos haría hacer eso? La opinión pública se está alejando", dijo el senador Lindsey Graham (republicano, Carolina del Sur). "Eso está pasando, y me preocupa enormemente".
Haciéndose eco en las preguntas planteadas ayer jueves al ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld e importantes generales en Iraq, se detecta una nueva nota de ansiedad, y no sólo de parte de los demócratas, que se han mostrado todo el tiempo escépticos ante la guerra. Sondeos recientes y llamadas de votantes han provocado una serie de inquietantes preguntas de republicanos que de otro modo apoyan las políticas del gobierno.
Uno de los más directos fue Graham, que se describió a sí mismo como un firme partidario de la guerra como senador de Carolina del Sur, uno de los estados pro-guerra.
"Le estoy diciendo, en el sentido más patriótico que se pueda imaginar, que la gente está empezando a cuestionar la guerra", dijo Graham. "Y no creo que sea un eco en la pantalla del radar".
En sus observaciones iniciales, Rumsfeld comparó el conflicto en Iraq con la Segunda Guera Mundial y dijo que desde el fin de la guerra ha habido preocupaciones de que Estados Unidos pueda estar perdiendo la paz.
Graham respondió a ese comentario diciendo que creía que era justo comparar la reconstrucción de Iraq con la reconstrucción de Europa.
"Es un suceso del tipo de la Segunda Guerra Mundial, pero la opinión pública lo está viendo, señor ministro, cada vez más como Vietman", dijo Graham.
El senador John McCain (republicano, Arizona), un condecorado héroe de la guerra de Vietnam que se considera es un firme aliado de las fuerzas armadas, dijo que estaba "muy preocupado" de la estrés causada por los repetidos despliegues de la Guardia Nacional y de los reservistas así como sobre los informes de crecientes ataques contra las tropas norteamericanas desde que Iraq recuperara su soberanía hace un año.
Cuando el general del ejército George W. Casey Jr., el general de más alta jerarquía en Iraq, dijo que la violencia contra las tropas norteamericanas era sólo un poco mayor, McCain respondió rápidamente, con un tono cauteloso.
"Gracias, pero ni veo como alentador el hecho de que no haya disminuido", dijo McCain.
"Y no debería serlo", respondió Casey.
Los republicanos trataron de mantener el equilibrio, expresando su apoyo de los objetivos de la guerra al mismo tiempo que reconocen la profundidad de la preocupación de la opinión pública.
"No hay duda de que los militares norteamericanos son los mejores en la historia del mundo, y que estos insurgentes no pueden derrotarnos a nivel militar", dijo el senador John Ensign (republicano, Nevada). "El único modo de ganarnos es aquí en casa, derrotándonos políticamente haciéndonos perder el apoyo del pueblo estadounidense".
Ensign dijo que creía que la presencia norteamericana "produce más insurgentes", pero luego preguntó a los generales si era correcto que los demócratas compararan las fechorías de las fuerzas norteamericanas con las de los regímenes totalitarios.
El general de ejército John P. Abizaid, jefe del Comando Central norteamericano, esquivó toda referencia específica, pero presentó lo que es el reconocimiento más franco de funcionarios del Pentágono de que no todo está bien en el frente interior.
"Quizás hay algo que no estamos haciendo bien en el terreno", dijo Abizaid. "Pero puedo decirle que cuando mis soldados... me preguntan si el pueblo estadounidense nos apoya o no, eso me preocupa. Y están empezando a hacer esas preguntas.
"Es mejor que tengamos un debate franco entre nosotros", continuó Abizaid. "No estoy contra el debate. Estamos haciendo una guerra que creo que vale la pena... pero no la podemos ganar... sin vuestro apoyo y sin el apoyo de nuestra gente".
No todos los republicanos se mostraron igualmente críticos. El senador James M. Inhofe (republicano, Oklahoma) desechó las críticas expresadas por los demócratas, diciendo: "Creo que todos sabemos que los partidarios de salir de Iraq está vivos y gozan de buena salud".
El senador Saxby Chambliss (republicano, Georgia) leyó un largo e-mail de un capitán del ejército describiendo los progresos que hacía su unidad en Iraq.
"Tenemos que hacer preguntas difíciles. Pero por lo mismo, cuando las cosas se hacen bien allá, creo que tenemos la obligación de informar al pueblo norteamericano sobre lo que está saliendo bien", dijo Chambliss.
Los demócratas intentaron un nuevo asalto. El senador Edward M. Kennedy (demócrata, Massachusetts) dijo que la guerra se había transformado en un "pantano".
"Básicamente vosotros habéis conducido mal la guerra y habéis creado una situación imposible para los reclutadores militares y ponéis en peligro a nuestras tropas y nuestra seguridad nacional. Nuestras tropas merecen algo mejor, señor ministro", dijo Kennedy después de una larga letanía de reproches. "En el balonmano pierdes con tres puntos. ¿Cuántos necesita el ministro de Defensa?"
Rumsfeld, a quien rara vez faltan las palabras, pareció momentáneamente confundido. Hizo una pausa por un largo intervalo antes de responder. "Bueno, esa es una declaración fuerte".
Rumsfeld continuó defendiéndose durante un largo rato, pero sin impresionar a Kennedy.
"Ha habido una serie de graves errores y equivocaciones. Ocurrieron durante su turno", dijo Kennedy. "¿No cree que es tiempo de renunciar?"
Rumsfeld replicó mordazmente: "Senador, he ofrecido al presidente dos veces mi renuncia y ha decidido que prefiere no aceptarla".
Después de más de cuatro horas, Rumsfeld y sus generales se marcharon para asistir a un segundo cocimiento en la Cámara. Esa audiencia duró cuatro horas más.
25 de junio de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
otro año de miseria
[Andy Mosher y Bassam Sebti] En Bagdad. Residentes se enfrentan a infinidad de problemas.
Bagdad, Iraq. En las calles de Bagdad la gente se preguntaba el jueves qué había salido mal.
En Karrada, un distrito comercial al otro lado del Tigris desde la fortificada Zona Verde de la ciudad, los escombros todavía humeaban horas después de que explotaran cuatro coches-bomba, poco después del amanecer, matando a 17 personas e hiriendo a otras 20. El agua con que se intentó apaciguar las llamas se mezcló con las pozas de sangre.
En la parte norte de la ciudad, en Shuala -como Karrada, un área poblada predominantemente por musulmanes chiíes-, se vivieron escenas similares tras tres atentados con coche-bomba, que mataron a 15 personas la noche anterior.
En los alrededores de Bagdad los barrios estaban celebrando el retorno del agua corriente, pero todavía lamentan el corte de tres días que se provocó cuando los insurgentes rompieron una tubería en el norte de la ciudad.
Y con temperaturas que sobrepasan los 38 grados Celsius, como todos los días durante semanas, la gente expresó su descontento ante la perspectiva de pasar su tercer verano desde la invasión norteramericana con un suministro intermitente de electricidad. Los que tienen generadores podrán encender sus máquinas de aire acondicionado y otros artefactos domésticos; el resto simplemente se asará.
"En esta ciudad hay demasiados problemas", dijo Mohammed Sarhan, 50, un tendero en el barrio de Dora al sur de Bagdad. "¿Dónde empezar: con el agua, la electricidad, la seguridad, el desempleo o la salud?"
"Esto no es vida", agregó Sarhan. "Esto es el infierno".
Una reunión de representantes de más de 80 países y organizaciones el miércoles en Bruselas estuvo marcada por declaraciones de apoyo a Iraq y anuncios de proyectos para ayudar al gobierno interino del país de casi cinco meses. La conferencia ha sido presentada en gran parte como el debut del gobierno en el escenario mundial y una oportunidad para que sus líderes expliquen sus planes de reconstrucción del país.
Sin embargo, en Bagdad el funcionamiento del gobierno fue citado repetidas veces en entrevistas como uno de los muchos aspectos decepcionantes de un año que empezó con promesas. En las elecciones del 30 de enero los votantes participaron en gran número, a pesar de las amenazas de violencia de los insurgentes. Pero la instalación formal del gobierno y la formación de una comisión para redactar la nueva constitución iraquí se retrasaron durante meses, y los intentos de incorporar a árabes musulmanes sunníes al proceso después de que boicotearan las elecciones, siguen tropezando.
"Sacrificamos nuestras almas y salimos a votar. ¿Qué ganamos con eso? Nada", dijo Karima Sadoun, 56, mientras compraba verduras en una tienda en el barrio de Ghadir, al este de Bagdad.
En otro barrio del este, Bashar Hanna, 30, dijo: "Necesitamos acción, no discursos... Los iraquíes ahora son como un coche atascado en el lodo. Cada vez que trata de salir adelante, más de hunde en el cráter que creó".
Aunque los apagones no son raros en Bagdad, es igual de irritante que en los veranos pasados, dicen vecinos. Las estadísticas para mayo y junio no están todavía disponibles, pero la cantidad de energía generada en la capital disminuyó constantemente en febrero, marzo y abril, incluso mientras subía a nivel nacional, de acuerdo a cifras del ministerio de Asuntos Exteriores. El promedio diario de Bagdad de 854 megavatios en abril fue apenas algo más que un tercio de la producción estimada de preguerra de la ciudad: 2.500 megavatios al día.
Sarhan, el tendero, dijo que los apagones estaban afectando las ventas. "Ya no viene mucha gente a comprar aquí, porque no tienen electricidad", dijo. "No tienen dónde poner lo que compran".
"La falta de electricidad ha destruido nuestras vidas", dice Waleed Najeeb, 48, que es dueño de un supermercado en Dora. "Nos ha afectado psicológica y prácticamente. Yo no duermo bien, y debido a eso he cambiado mi manera de tratar a la gente".
Además, el corte de agua de tres días "puso a Bagdad patas arriba", dijo Najeeb. "Tenía que volver a casa cansado después del trabajo y parar en el grifo más cercano y recoger agua para mi familia, para beber y lavar".
Entre las muchas penurias de Bagdad, la falta de seguridad es la más apremiante, de acuerdo a los entrevistados. Cuatro semanas después de que el gobierno dominado por los chiíes fuera instalado a fines de abril, los atentados realizados principalmente por insurgentes sunníes mataron a más de 900 personas en todo el país y esparcieron el temor en todos los barrios de Bagdad. Después de una breve pausa a principios de junio que coincidió con el inicio de una batida de seguridad en Bagdad y alrededores, los atentados continuaron.
"¿Qué tipo de generación estamos criando en estas condiciones?", preguntó Najeeb. "No hay lugares donde pueda ir a divertirme con mi hijo. Le compré un PlayStation y ahora pasa la mayor parte del tiempo en casa sin hacer nada más. Quedarse en casa es mejor que salir y que te maten".
En Karrada, donde el jueves estallaron cuatro bombas, los residentes se reunieron en el salón de té de Radhi Hussein, a unos 10 metros de una gasolinera donde una de las bombas mató a 3 agentes de policía y 7 civiles. Intercambiaron noticias sobre quién había sobrevivido la explosión y quién no, qué tiendas habían sido dañadas y cuáles no. Apagados comentarios como: "¿Oh, no, murió? Pobre hombre", se alternan con exclamaciones como: "¡Gracias a Dios está vivo!"
Hussein contó lo que le había pasado a un policía llamado Ali, "un joven muy agradable" que acostumbraba visitar su tienda todas las mañanas a tomar té. "Lo vi", dijo Hussein. "Se estaba arrastrando por la calle. Luego dejó de moverse, y murió".
Naji Abid Ali, que estaba barriendo los fragmentos de cristal frente a su tienda de ropa, dijo que creía que los ataques tenían por objetivo intensificar las tensiones entre la emergente nueva mayoría chií de Iraq y los sunníes, que eran dominantes durante la era de Saddam Hussein.
"Están golpeando en Karrada porque aquí la mayoría de la gente es chií; hicieron lo mismo en Shuala la noche pasada", dijo. "Pero no serán nunca capaces de llevarnos a una guerra religiosa. Somos más inteligentes que eso. Reconstruiremos todo lo que han destruido, pero nunca mataremos a otros iraquíes".
En la mezquita de Albu Shujaa ya estaba en obras cuando un coche-bomba dañó la puerta principal y casas vecinas y coches, pero sin causar bajas. Los trabajadores treparon a un poste para colgar un nuevo cable de electricidad, y los transeúntes ayudaron a limpiar los escombros.
Cerca de ahí, un desaliñado joven con pantalones sucios y una camisa desabotonada estaba parado mirando las verduras que estaban repartidas por el suelo después de una de las explosiones. Se agachó y recogió una cebolla manchada de sangre y se echó a llorar.
"Todos en Karrada me llamáis el Loco Alí", dijo, sin dirigirse a nadie en particular. "Pero yo no haría nunca una cosa así. Soy mejor que vosotros, los sanos. Al menos, yo no os hago nada".
Naseer Nouri contribuyó a este reportaje.
24 de junio de 2005
©washington post
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. En las calles de Bagdad la gente se preguntaba el jueves qué había salido mal.En Karrada, un distrito comercial al otro lado del Tigris desde la fortificada Zona Verde de la ciudad, los escombros todavía humeaban horas después de que explotaran cuatro coches-bomba, poco después del amanecer, matando a 17 personas e hiriendo a otras 20. El agua con que se intentó apaciguar las llamas se mezcló con las pozas de sangre.
En la parte norte de la ciudad, en Shuala -como Karrada, un área poblada predominantemente por musulmanes chiíes-, se vivieron escenas similares tras tres atentados con coche-bomba, que mataron a 15 personas la noche anterior.
En los alrededores de Bagdad los barrios estaban celebrando el retorno del agua corriente, pero todavía lamentan el corte de tres días que se provocó cuando los insurgentes rompieron una tubería en el norte de la ciudad.
Y con temperaturas que sobrepasan los 38 grados Celsius, como todos los días durante semanas, la gente expresó su descontento ante la perspectiva de pasar su tercer verano desde la invasión norteramericana con un suministro intermitente de electricidad. Los que tienen generadores podrán encender sus máquinas de aire acondicionado y otros artefactos domésticos; el resto simplemente se asará.
"En esta ciudad hay demasiados problemas", dijo Mohammed Sarhan, 50, un tendero en el barrio de Dora al sur de Bagdad. "¿Dónde empezar: con el agua, la electricidad, la seguridad, el desempleo o la salud?"
"Esto no es vida", agregó Sarhan. "Esto es el infierno".
Una reunión de representantes de más de 80 países y organizaciones el miércoles en Bruselas estuvo marcada por declaraciones de apoyo a Iraq y anuncios de proyectos para ayudar al gobierno interino del país de casi cinco meses. La conferencia ha sido presentada en gran parte como el debut del gobierno en el escenario mundial y una oportunidad para que sus líderes expliquen sus planes de reconstrucción del país.
Sin embargo, en Bagdad el funcionamiento del gobierno fue citado repetidas veces en entrevistas como uno de los muchos aspectos decepcionantes de un año que empezó con promesas. En las elecciones del 30 de enero los votantes participaron en gran número, a pesar de las amenazas de violencia de los insurgentes. Pero la instalación formal del gobierno y la formación de una comisión para redactar la nueva constitución iraquí se retrasaron durante meses, y los intentos de incorporar a árabes musulmanes sunníes al proceso después de que boicotearan las elecciones, siguen tropezando.
"Sacrificamos nuestras almas y salimos a votar. ¿Qué ganamos con eso? Nada", dijo Karima Sadoun, 56, mientras compraba verduras en una tienda en el barrio de Ghadir, al este de Bagdad.
En otro barrio del este, Bashar Hanna, 30, dijo: "Necesitamos acción, no discursos... Los iraquíes ahora son como un coche atascado en el lodo. Cada vez que trata de salir adelante, más de hunde en el cráter que creó".
Aunque los apagones no son raros en Bagdad, es igual de irritante que en los veranos pasados, dicen vecinos. Las estadísticas para mayo y junio no están todavía disponibles, pero la cantidad de energía generada en la capital disminuyó constantemente en febrero, marzo y abril, incluso mientras subía a nivel nacional, de acuerdo a cifras del ministerio de Asuntos Exteriores. El promedio diario de Bagdad de 854 megavatios en abril fue apenas algo más que un tercio de la producción estimada de preguerra de la ciudad: 2.500 megavatios al día.
Sarhan, el tendero, dijo que los apagones estaban afectando las ventas. "Ya no viene mucha gente a comprar aquí, porque no tienen electricidad", dijo. "No tienen dónde poner lo que compran".
"La falta de electricidad ha destruido nuestras vidas", dice Waleed Najeeb, 48, que es dueño de un supermercado en Dora. "Nos ha afectado psicológica y prácticamente. Yo no duermo bien, y debido a eso he cambiado mi manera de tratar a la gente".
Además, el corte de agua de tres días "puso a Bagdad patas arriba", dijo Najeeb. "Tenía que volver a casa cansado después del trabajo y parar en el grifo más cercano y recoger agua para mi familia, para beber y lavar".
Entre las muchas penurias de Bagdad, la falta de seguridad es la más apremiante, de acuerdo a los entrevistados. Cuatro semanas después de que el gobierno dominado por los chiíes fuera instalado a fines de abril, los atentados realizados principalmente por insurgentes sunníes mataron a más de 900 personas en todo el país y esparcieron el temor en todos los barrios de Bagdad. Después de una breve pausa a principios de junio que coincidió con el inicio de una batida de seguridad en Bagdad y alrededores, los atentados continuaron.
"¿Qué tipo de generación estamos criando en estas condiciones?", preguntó Najeeb. "No hay lugares donde pueda ir a divertirme con mi hijo. Le compré un PlayStation y ahora pasa la mayor parte del tiempo en casa sin hacer nada más. Quedarse en casa es mejor que salir y que te maten".
En Karrada, donde el jueves estallaron cuatro bombas, los residentes se reunieron en el salón de té de Radhi Hussein, a unos 10 metros de una gasolinera donde una de las bombas mató a 3 agentes de policía y 7 civiles. Intercambiaron noticias sobre quién había sobrevivido la explosión y quién no, qué tiendas habían sido dañadas y cuáles no. Apagados comentarios como: "¿Oh, no, murió? Pobre hombre", se alternan con exclamaciones como: "¡Gracias a Dios está vivo!"
Hussein contó lo que le había pasado a un policía llamado Ali, "un joven muy agradable" que acostumbraba visitar su tienda todas las mañanas a tomar té. "Lo vi", dijo Hussein. "Se estaba arrastrando por la calle. Luego dejó de moverse, y murió".
Naji Abid Ali, que estaba barriendo los fragmentos de cristal frente a su tienda de ropa, dijo que creía que los ataques tenían por objetivo intensificar las tensiones entre la emergente nueva mayoría chií de Iraq y los sunníes, que eran dominantes durante la era de Saddam Hussein.
"Están golpeando en Karrada porque aquí la mayoría de la gente es chií; hicieron lo mismo en Shuala la noche pasada", dijo. "Pero no serán nunca capaces de llevarnos a una guerra religiosa. Somos más inteligentes que eso. Reconstruiremos todo lo que han destruido, pero nunca mataremos a otros iraquíes".
En la mezquita de Albu Shujaa ya estaba en obras cuando un coche-bomba dañó la puerta principal y casas vecinas y coches, pero sin causar bajas. Los trabajadores treparon a un poste para colgar un nuevo cable de electricidad, y los transeúntes ayudaron a limpiar los escombros.
Cerca de ahí, un desaliñado joven con pantalones sucios y una camisa desabotonada estaba parado mirando las verduras que estaban repartidas por el suelo después de una de las explosiones. Se agachó y recogió una cebolla manchada de sangre y se echó a llorar.
"Todos en Karrada me llamáis el Loco Alí", dijo, sin dirigirse a nadie en particular. "Pero yo no haría nunca una cosa así. Soy mejor que vosotros, los sanos. Al menos, yo no os hago nada".
Naseer Nouri contribuyó a este reportaje.
24 de junio de 2005
©washington post
©traducción mQh
hambre en iraq
[Louise Roug] En Iraq. Las mermadas raciones se atribuyen a la corrupción, problemas de seguridad o Estados Unidos.
Bagdad, Iraq. Después de que sus empleadores americanos se marcharan y las raciones de alimento mensuales empezaran a mermar, Hussein Hadi empezó a vender sus muebles. La cama fue lo último que vendió.
Ahora, Hadi y su esposa, hermana, madre, dos hermanos, tres hijos y un sobrino duermen en el suelo de su salita en Bagdad, con mantas de sacos de harina cosidos.
Algunas noches duermen sin comer. "Tenemos pocas esperanzas", dijo su esposa, Zainab. Como muchos iraquíes, los Hadi dependen de las raciones de alimentos distribuidas por el gobierno. A veces el azúcar que reciben se ha endurecido por las lluvias y el arroz viene con gusanos. El jabón es tan duro que a veces causas sarpullidos. En las raras ocasiones en que los Hadi reciben todos los artículos -azúcar, arroz, harina, leche en polvo, té, aceite y otras mercaderías-, se consideran felices.
El Programa Mundial de Alimentación, que supervisa la distribución de raciones, informó hace poco sobre "déficits importantes a nivel nacional de arroz, azúcar, leche y alimento infantil". Algunas familias en Bagdad no han recibido azúcar ni leche en polvo desde enero. Los diarios han empezado a informar que las entregas de té y harina contienen limaduras metálicas y que algunas personas han enfermado tras consumir raciones.
Funcionarios del ministerio del Comercio, que se encarga de la distribución de raciones, dijo que la prensa había creado la crisis. Pero se han negado a publicar los resultados de los tests de contaminación que dijeron que estaban haciendo.
Vendedores detallistas que venden las cestas familiares dicen que el ministerio es corrupto, una acusación apoyada por Radhi Radhi, el jefe anti-corrupción del gobierno. Radhi dijo en una entrevista reciente que funcionarios del ministerio del Comercio habían esparcido rumores sobre alimentos contaminados para desacreditar al actual proveedor de harina y renegociar el contrato.
Frustración y Sospechas
Algunos vendedores especulan que empleados del ministerios han agregado las limaduras metálicas para timar en el peso de las raciones. Los mismos empleados venden té y harina en el mercado negro, dicen los vendedores.
Como los Hadi, muchas familias iraquíes dependen de las fuertemente subsidiadas raciones, que eran distribuidas previamente por el programa petróleo-por-alimento de Naciones Unidas para mitigar los efectos de las sanciones tras la invasión iraquí de Kuwait. Después del derrocamiento de Saddam Hussein, el programa fue traspasado al ministerio del Comercio.
Más de la mitad de la población iraquí vive bajo la línea de pobreza. El ingreso medio del país cayó de 255 dólares en 2003 a cerca de 144 dólares en 2004, de acuerdo a un sondeo reciente de Naciones Unidas. Las familias compran raciones por algunos dólares en tiendas que cuentan con licencia especial del estado.
Ahmed Mukhtar, director general del ministerio, atribuyó la escasez de raciones a las amenazas contra la seguridad que creaban embotellamientos en las fronteras con Jordania, Siria y Turquía.
"Estamos tratando de que las provisiones sean entregadas en condiciones de seguridad", dijo Mukhtar. "Todo lo que interrumpe el suministro de alimentos provoca situaciones críticas".
Zainab Hadi dijo que ella y otras mujeres se han visto obligadas a comprar alimentos en el mercado, subiendo así los precios. El precio del té y de la harina se han casi triplicado. En los mercados locales una lata de aceite vegetal de 15 litros, que hace unos meses costaba 4 dólares -algo más que el jornal diario promedio-, cuesta ahora 12 dólares.
Sobre la puerta de la diminuta casa de hormigón de los Hadi, una pequeña placa de loza azul ofrece loas al Señor. Los 10 miembros de la familia comparten dos cuartos. La salita de arriba funciona también como dormitorio.
En su cocina, un cartel el mártir musulmán chií Hussein comparte un lugar de honor con un mapa del mundo. La nevera está prácticamente vacía. Las botellas de Sprite y Coca-Cola llenas de agua del grifo comparten el espacio del anaquel con las medicinas para los dolores de huesos de la madre viuda de Hadi.
Mucho antes de que trabajara para los militares americanos como ingeniero electrónico, Hadi peleó en el ejército iraquí en la guerra contra Irán en los años ochenta. Un conscripto, él y 15 compañeros se negaron a participar en una ofensiva particularmente violenta, dijo. Fueron llevados desde el frente a Bagdad, donde nueve de ellos fueron ejecutados.
"Les pedimos: Mostrad piedad'", dijo, levantando su camiseta de camuflaje, un regalo de los americanos. Los torturadores de Saddam Hussein le golpearon con gruesos cables eléctricos, dijo, dejándole el pecho marcado de cicatrices.
Cuando las tropas estadounidenses entraron en Bagdad, Hadi se echó a la calle a aplaudir. Su hija Mina nació días después cuando las promesas americanas de libertad y prosperidad estaban todavía frescas y Hadi tenía muchas esperanzas. Mina nació prematuramente.
Hadi desapareció en la parte de atrás de la casa, y volvió a salir, radiante. Tenía en la mano un sobre azul, del que sacó un Certificado de Gratitud norteamericano agradeciéndole por haber servido en las fuerzas de la coalición. El sobre también contenía una medalla.
Durante un año Hadi y sus hermanos manejaron cables y trabaron amistad con los americanos en la cerca Zona Verde, donde está el cuartel general norteamericano en Iraq. Uno de sus hermanos presentes en la casa sacó otro tesoro, una fotografía fotocopiado de él y otros iraquíes sonriendo junto al general de brigada del ejército, Mark Kimmit, portavoz en esa época de las fuerzas de la coalición en Iraq.
Kimmitt y otros soldados terminaron su despliegue, y los hermanos Hadi fueron despedidos. Querían trabajar para las tropas que llegaban, pero fueron rechazados. Los intérpretes tras las bambalinas que controlan la contratación de otros iraquíes querían sobornos que la familia no pudo pagar, dijeron los hermanos.
Uno de los hermanos solicitó en la guardia nacional iraquí. Pero ellos también querían dinero: 500 dólares para inscribirlo como postulante a recluta.
Esperanzas Cada Vez Menores
Desde la partida de los americanos, los hermanos han trabajado esporádicamente como choferes de microbuses. Ganan unos 3 dólares al día transportando pasajeros en la capital, y desafiando a los terroristas suicidas. En las calles, los atentados son frecuentes e indiscriminados. Ponerse al volante significa arriesgar la vida. Su sobrino de 14 murió la semana pasada cuando un terrorista suicida hizo detonar los explosivos que llevaba cerca del coche donde se encontraba.
Un vecino adolescente que estaba de visita llevaba vendas sueltas y sucias en su cabeza y brazos después de que un terrorista suicida se hiciera estallar junto a su furgoneta. Justo había llevado a unas estudiantes a la universidad.
En Ciudad Sáder, una barriada de Bagdad donde viven hacinados 2 millones de habitantes, la reducción de las raciones de alimentos se está cobrando un precio.
Intisan Karim, 26, vive con 26 otros familiares en una pequeña casa. Si las raciones continúan reduciéndose, bromeó, riendo tristemente, "empezaremos a comernos entre nosotros'.
Frente a su casa, el agua de un desagüe fluía justo a las calles polvorientas. Las cabras mordisqueaban la basura. En tenderetes junto al camino unos niños vendían un sucio hielo, en cubos.
"La cesta familiar se está achicando, y las esperanzas de la gente también", dijo Amir Huseini, que se ocupa de problemas sociales en una oficina afiliada con clérigo chií anti-americano Muqtada Sáder. "Las uno o dos cosas que faltaban se han transformado en tres y cuatro y cinco, hasta que el artículo realmente importante, la harina, también empezó a escasear".
Ha visitado a muchas familias locales tratando de subir la moral y la esperanza, dijo, "aunque con eso no se llena el estómago de los hambrientos".
Huseini acusó a los americanos por las raciones reducidas. Pero nadie en la familia de Hadi compartía ese sentimiento. Después de todo, los americanos eran amigos.
"No puedo vender la medalla", dijo Hussein Hadi, apretando su endeble medallón contra el corazón. "Es como un gran premio".
Saif Rasheed y Suhail Ahmad contribuyeron a este reportaje.
23 de junio de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Después de que sus empleadores americanos se marcharan y las raciones de alimento mensuales empezaran a mermar, Hussein Hadi empezó a vender sus muebles. La cama fue lo último que vendió.Ahora, Hadi y su esposa, hermana, madre, dos hermanos, tres hijos y un sobrino duermen en el suelo de su salita en Bagdad, con mantas de sacos de harina cosidos.
Algunas noches duermen sin comer. "Tenemos pocas esperanzas", dijo su esposa, Zainab. Como muchos iraquíes, los Hadi dependen de las raciones de alimentos distribuidas por el gobierno. A veces el azúcar que reciben se ha endurecido por las lluvias y el arroz viene con gusanos. El jabón es tan duro que a veces causas sarpullidos. En las raras ocasiones en que los Hadi reciben todos los artículos -azúcar, arroz, harina, leche en polvo, té, aceite y otras mercaderías-, se consideran felices.
El Programa Mundial de Alimentación, que supervisa la distribución de raciones, informó hace poco sobre "déficits importantes a nivel nacional de arroz, azúcar, leche y alimento infantil". Algunas familias en Bagdad no han recibido azúcar ni leche en polvo desde enero. Los diarios han empezado a informar que las entregas de té y harina contienen limaduras metálicas y que algunas personas han enfermado tras consumir raciones.
Funcionarios del ministerio del Comercio, que se encarga de la distribución de raciones, dijo que la prensa había creado la crisis. Pero se han negado a publicar los resultados de los tests de contaminación que dijeron que estaban haciendo.
Vendedores detallistas que venden las cestas familiares dicen que el ministerio es corrupto, una acusación apoyada por Radhi Radhi, el jefe anti-corrupción del gobierno. Radhi dijo en una entrevista reciente que funcionarios del ministerio del Comercio habían esparcido rumores sobre alimentos contaminados para desacreditar al actual proveedor de harina y renegociar el contrato.
Frustración y Sospechas
Algunos vendedores especulan que empleados del ministerios han agregado las limaduras metálicas para timar en el peso de las raciones. Los mismos empleados venden té y harina en el mercado negro, dicen los vendedores.
Como los Hadi, muchas familias iraquíes dependen de las fuertemente subsidiadas raciones, que eran distribuidas previamente por el programa petróleo-por-alimento de Naciones Unidas para mitigar los efectos de las sanciones tras la invasión iraquí de Kuwait. Después del derrocamiento de Saddam Hussein, el programa fue traspasado al ministerio del Comercio.
Más de la mitad de la población iraquí vive bajo la línea de pobreza. El ingreso medio del país cayó de 255 dólares en 2003 a cerca de 144 dólares en 2004, de acuerdo a un sondeo reciente de Naciones Unidas. Las familias compran raciones por algunos dólares en tiendas que cuentan con licencia especial del estado.
Ahmed Mukhtar, director general del ministerio, atribuyó la escasez de raciones a las amenazas contra la seguridad que creaban embotellamientos en las fronteras con Jordania, Siria y Turquía.
"Estamos tratando de que las provisiones sean entregadas en condiciones de seguridad", dijo Mukhtar. "Todo lo que interrumpe el suministro de alimentos provoca situaciones críticas".
Zainab Hadi dijo que ella y otras mujeres se han visto obligadas a comprar alimentos en el mercado, subiendo así los precios. El precio del té y de la harina se han casi triplicado. En los mercados locales una lata de aceite vegetal de 15 litros, que hace unos meses costaba 4 dólares -algo más que el jornal diario promedio-, cuesta ahora 12 dólares.
Sobre la puerta de la diminuta casa de hormigón de los Hadi, una pequeña placa de loza azul ofrece loas al Señor. Los 10 miembros de la familia comparten dos cuartos. La salita de arriba funciona también como dormitorio.
En su cocina, un cartel el mártir musulmán chií Hussein comparte un lugar de honor con un mapa del mundo. La nevera está prácticamente vacía. Las botellas de Sprite y Coca-Cola llenas de agua del grifo comparten el espacio del anaquel con las medicinas para los dolores de huesos de la madre viuda de Hadi.
Mucho antes de que trabajara para los militares americanos como ingeniero electrónico, Hadi peleó en el ejército iraquí en la guerra contra Irán en los años ochenta. Un conscripto, él y 15 compañeros se negaron a participar en una ofensiva particularmente violenta, dijo. Fueron llevados desde el frente a Bagdad, donde nueve de ellos fueron ejecutados.
"Les pedimos: Mostrad piedad'", dijo, levantando su camiseta de camuflaje, un regalo de los americanos. Los torturadores de Saddam Hussein le golpearon con gruesos cables eléctricos, dijo, dejándole el pecho marcado de cicatrices.
Cuando las tropas estadounidenses entraron en Bagdad, Hadi se echó a la calle a aplaudir. Su hija Mina nació días después cuando las promesas americanas de libertad y prosperidad estaban todavía frescas y Hadi tenía muchas esperanzas. Mina nació prematuramente.
Hadi desapareció en la parte de atrás de la casa, y volvió a salir, radiante. Tenía en la mano un sobre azul, del que sacó un Certificado de Gratitud norteamericano agradeciéndole por haber servido en las fuerzas de la coalición. El sobre también contenía una medalla.
Durante un año Hadi y sus hermanos manejaron cables y trabaron amistad con los americanos en la cerca Zona Verde, donde está el cuartel general norteamericano en Iraq. Uno de sus hermanos presentes en la casa sacó otro tesoro, una fotografía fotocopiado de él y otros iraquíes sonriendo junto al general de brigada del ejército, Mark Kimmit, portavoz en esa época de las fuerzas de la coalición en Iraq.
Kimmitt y otros soldados terminaron su despliegue, y los hermanos Hadi fueron despedidos. Querían trabajar para las tropas que llegaban, pero fueron rechazados. Los intérpretes tras las bambalinas que controlan la contratación de otros iraquíes querían sobornos que la familia no pudo pagar, dijeron los hermanos.
Uno de los hermanos solicitó en la guardia nacional iraquí. Pero ellos también querían dinero: 500 dólares para inscribirlo como postulante a recluta.
Esperanzas Cada Vez Menores
Desde la partida de los americanos, los hermanos han trabajado esporádicamente como choferes de microbuses. Ganan unos 3 dólares al día transportando pasajeros en la capital, y desafiando a los terroristas suicidas. En las calles, los atentados son frecuentes e indiscriminados. Ponerse al volante significa arriesgar la vida. Su sobrino de 14 murió la semana pasada cuando un terrorista suicida hizo detonar los explosivos que llevaba cerca del coche donde se encontraba.
Un vecino adolescente que estaba de visita llevaba vendas sueltas y sucias en su cabeza y brazos después de que un terrorista suicida se hiciera estallar junto a su furgoneta. Justo había llevado a unas estudiantes a la universidad.
En Ciudad Sáder, una barriada de Bagdad donde viven hacinados 2 millones de habitantes, la reducción de las raciones de alimentos se está cobrando un precio.
Intisan Karim, 26, vive con 26 otros familiares en una pequeña casa. Si las raciones continúan reduciéndose, bromeó, riendo tristemente, "empezaremos a comernos entre nosotros'.
Frente a su casa, el agua de un desagüe fluía justo a las calles polvorientas. Las cabras mordisqueaban la basura. En tenderetes junto al camino unos niños vendían un sucio hielo, en cubos.
"La cesta familiar se está achicando, y las esperanzas de la gente también", dijo Amir Huseini, que se ocupa de problemas sociales en una oficina afiliada con clérigo chií anti-americano Muqtada Sáder. "Las uno o dos cosas que faltaban se han transformado en tres y cuatro y cinco, hasta que el artículo realmente importante, la harina, también empezó a escasear".
Ha visitado a muchas familias locales tratando de subir la moral y la esperanza, dijo, "aunque con eso no se llena el estómago de los hambrientos".
Huseini acusó a los americanos por las raciones reducidas. Pero nadie en la familia de Hadi compartía ese sentimiento. Después de todo, los americanos eran amigos.
"No puedo vender la medalla", dijo Hussein Hadi, apretando su endeble medallón contra el corazón. "Es como un gran premio".
Saif Rasheed y Suhail Ahmad contribuyeron a este reportaje.
23 de junio de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
marines mal equipados
[Bryan Bender] Cálculos equivocados en Iraq.
Washington, Estados Unidos. Unidades del Cuerpo de Marines que luchan en algunas de las zonas más peligrosas de Iraq no tienen suficientes armas, aparatos de comunicación, o vehículos equipados propiamente, de acuerdo a una investigación dirigida por el inspector general del Cuerpo de Marines y entregada al Congreso ayer.
El informe, conseguido por Globe, dice que unos 30.000 marines en Iraq necesitan dos veces más armas pesadas, vehículos blindados más completamente protegidos y más equipos de comunicaciones para operar en una región del tamaño de Utah.
El mando del Cuerpo de Marine ha "subestimado" la cantidad y tipos de equipos de terreno que necesita, según la investigación, concluyendo que todas sus unidades de combate en Iraq "requieren equipos de terreno que excede" su aprovisionamiento actual, "particularmente en movilidad, ingeniería, comunicaciones y armas pesadas".
Quejas sobre la escasez de equipos en Iraq, incluyendo la falta de vehículos blindados apropiados, han plagado durante meses al Pentágono, pero la mayoría de las escaseces se han constatado en el Ejército, que forma el grueso de las tropas de ocupación americanas.
Sin embargo, el análisis de la disposición de combate de los marines muestra que el Cuerpo carece del equipo clave necesario para estabilizar la provincia de Al Anbar en el occidente de Iraq. La provincia es donde han ocurrido en los últimos meses algunas de las batallas más sangrientas entre las fuerzas de la coalición norteamericana y los insurgentes iraquíes ayudados por combatientes extranjeros que han cruzado la frontera.
Fuerzas del Cuerpo de Marines y soldados iraquíes recién adiestrados lucharon contra los insurgentes en la provincia de Al Anbar por cuarto día consecutivo ayer como parte de la Operación Lanza, lanzada la semana pasada a lo largo de la frontera siria.
La misión del Cuerpo de Marines, entre las más difíciles de los 140.000 soldados norteamericanos en Iraq, es ayudar a estabilizar una enorme extensión de Iraq donde el apoyo popular a la resistencia es el más alto y donde se han introducido las tácticas más sofisticadas del enemigo, incluyendo bombas improvisadas cada vez más potentes y complejas -las bombas improvisadas de calle que son responsables de la mayor cantidad de bajas de tropas americanas en Iraq.
Pero el informe dice que casi un cuarto de los Humvees de la Segunda Fuerza Expedicionaria de la Marina carecen de suficiente blindaje para proteger a las tropas de las bombas improvisadas, incluyendo 1.000 vehículos que todavía deben ser equipadas con planchas blindadas para proteger el chasis.
El informe también dice que si continúan las demandas actuales en Iraq, el Cuerpo necesitará otros 650 Humvees, que han estado recorriendo un promedio de 770 kilómetros al mes, la mayor parte de las veces en terreno difícil. Y a pesar de un acuerdo con el Ejército para reparar los vehículos en mal estado en un centro de mantención en Kuwait, el Cuerpo de Marines no tuvo el mes pasado ningún vehículo en reparación.
Entretanto, los Humvees que han recibido blindaje completo -que el informe dice que han mejorado considerablemente la seguridad de las tropas- están sufriendo de peso y desgaste excesivo debido a que nunca fueron diseñados para cargar peso adicional.
El informe también determinó que tanques Abrams y otros vehículos de combate están tan gastados que se necesitan repuestos urgentemente. Concluyó que todos los tanques de batalla en Iraq han pasado los criterios normales de su remplazo.
Entretanto, las unidades necesitan al menos dos veces más ametralladoras calibre 50, que se montan encima de los vehículos y deben proteger del fuego enemigo a toda una unidad, dice el informe.
Las unidades también necesitan más ametralladoras M240G, un arma pesada usada en combates, y más ametralladoras ligeras MK19, usada en los puestos de control para frustar ataques insurgentes.
"La mayoría de los batallones de infantería, logística y seguridad requieren aproximadamente dos veces más ametralladoras calibre 50 y más ametralladoras M240G y MK19 que lo que sería normal", de acuerdo al informe de 40 páginas, titulado El equipamiento del Cuerpo de Marines en Iraq'.
También faltan los equipos de telecomunicaciones. El cuartel general de la Fuerza Expedicionaria de la Marina, conocida como Fuerzas Multinacionales-Oeste, "ha tomado responsabilidades que exceden de lejos cualquier nivel contemplado por los estrategas de organización y equipos", dice el informe. Los sistemas de detección por radio y satélite se "necesitan con urgencia y están en constante uso".
Después de entrevistar a los comandantes, miembros del staff y jefes de unidad, concluyó el despacho del inspector general que la actual estrategia del Cuerpo de Marines para atender a sus necesidades de comunicación en Iraq "no es suficiente para satisfacer la actuales y futuras necesidades de la fuerza".
El inspector general determinó también que incluso con los cambios recomendados, incluyendo el remplazo del armamento dañado, la guerra continuará desgastando el equipo del Cuerpo de Marines -este año, de tener casi todos sus pertrechos de guerra listos para el combate, a menos de dos tercios en estado de ser usados en combate hacia mediados de 2008.
La falta de equipos del Cuerpo de Marines será probablemente un tema central de una audiencia hoy del Comité de las Fuerzas Armadas, en la que los legisladores oirán el testimonio del general William Nyland, subcomandante del Cuerpo de Marines, y del general de división William Cato, comandante del Comando de Sistemas del Cuerpo de Marines.
Oficiales en el cuartel general del Cuerpo de Marines y el Comando de Sistemas se negaron a hacer comentarios sobre el informe del inspector general, diciendo que no estaban familiarizados con sus hallazgos como para responder a preguntas.
Se puede escribir al autor a: bender@globe.com.
22 de junio de 2005
©boston globe
©traducción mQh
Washington, Estados Unidos. Unidades del Cuerpo de Marines que luchan en algunas de las zonas más peligrosas de Iraq no tienen suficientes armas, aparatos de comunicación, o vehículos equipados propiamente, de acuerdo a una investigación dirigida por el inspector general del Cuerpo de Marines y entregada al Congreso ayer.El informe, conseguido por Globe, dice que unos 30.000 marines en Iraq necesitan dos veces más armas pesadas, vehículos blindados más completamente protegidos y más equipos de comunicaciones para operar en una región del tamaño de Utah.
El mando del Cuerpo de Marine ha "subestimado" la cantidad y tipos de equipos de terreno que necesita, según la investigación, concluyendo que todas sus unidades de combate en Iraq "requieren equipos de terreno que excede" su aprovisionamiento actual, "particularmente en movilidad, ingeniería, comunicaciones y armas pesadas".
Quejas sobre la escasez de equipos en Iraq, incluyendo la falta de vehículos blindados apropiados, han plagado durante meses al Pentágono, pero la mayoría de las escaseces se han constatado en el Ejército, que forma el grueso de las tropas de ocupación americanas.
Sin embargo, el análisis de la disposición de combate de los marines muestra que el Cuerpo carece del equipo clave necesario para estabilizar la provincia de Al Anbar en el occidente de Iraq. La provincia es donde han ocurrido en los últimos meses algunas de las batallas más sangrientas entre las fuerzas de la coalición norteamericana y los insurgentes iraquíes ayudados por combatientes extranjeros que han cruzado la frontera.
Fuerzas del Cuerpo de Marines y soldados iraquíes recién adiestrados lucharon contra los insurgentes en la provincia de Al Anbar por cuarto día consecutivo ayer como parte de la Operación Lanza, lanzada la semana pasada a lo largo de la frontera siria.
La misión del Cuerpo de Marines, entre las más difíciles de los 140.000 soldados norteamericanos en Iraq, es ayudar a estabilizar una enorme extensión de Iraq donde el apoyo popular a la resistencia es el más alto y donde se han introducido las tácticas más sofisticadas del enemigo, incluyendo bombas improvisadas cada vez más potentes y complejas -las bombas improvisadas de calle que son responsables de la mayor cantidad de bajas de tropas americanas en Iraq.
Pero el informe dice que casi un cuarto de los Humvees de la Segunda Fuerza Expedicionaria de la Marina carecen de suficiente blindaje para proteger a las tropas de las bombas improvisadas, incluyendo 1.000 vehículos que todavía deben ser equipadas con planchas blindadas para proteger el chasis.
El informe también dice que si continúan las demandas actuales en Iraq, el Cuerpo necesitará otros 650 Humvees, que han estado recorriendo un promedio de 770 kilómetros al mes, la mayor parte de las veces en terreno difícil. Y a pesar de un acuerdo con el Ejército para reparar los vehículos en mal estado en un centro de mantención en Kuwait, el Cuerpo de Marines no tuvo el mes pasado ningún vehículo en reparación.
Entretanto, los Humvees que han recibido blindaje completo -que el informe dice que han mejorado considerablemente la seguridad de las tropas- están sufriendo de peso y desgaste excesivo debido a que nunca fueron diseñados para cargar peso adicional.
El informe también determinó que tanques Abrams y otros vehículos de combate están tan gastados que se necesitan repuestos urgentemente. Concluyó que todos los tanques de batalla en Iraq han pasado los criterios normales de su remplazo.
Entretanto, las unidades necesitan al menos dos veces más ametralladoras calibre 50, que se montan encima de los vehículos y deben proteger del fuego enemigo a toda una unidad, dice el informe.
Las unidades también necesitan más ametralladoras M240G, un arma pesada usada en combates, y más ametralladoras ligeras MK19, usada en los puestos de control para frustar ataques insurgentes.
"La mayoría de los batallones de infantería, logística y seguridad requieren aproximadamente dos veces más ametralladoras calibre 50 y más ametralladoras M240G y MK19 que lo que sería normal", de acuerdo al informe de 40 páginas, titulado El equipamiento del Cuerpo de Marines en Iraq'.
También faltan los equipos de telecomunicaciones. El cuartel general de la Fuerza Expedicionaria de la Marina, conocida como Fuerzas Multinacionales-Oeste, "ha tomado responsabilidades que exceden de lejos cualquier nivel contemplado por los estrategas de organización y equipos", dice el informe. Los sistemas de detección por radio y satélite se "necesitan con urgencia y están en constante uso".
Después de entrevistar a los comandantes, miembros del staff y jefes de unidad, concluyó el despacho del inspector general que la actual estrategia del Cuerpo de Marines para atender a sus necesidades de comunicación en Iraq "no es suficiente para satisfacer la actuales y futuras necesidades de la fuerza".
El inspector general determinó también que incluso con los cambios recomendados, incluyendo el remplazo del armamento dañado, la guerra continuará desgastando el equipo del Cuerpo de Marines -este año, de tener casi todos sus pertrechos de guerra listos para el combate, a menos de dos tercios en estado de ser usados en combate hacia mediados de 2008.
La falta de equipos del Cuerpo de Marines será probablemente un tema central de una audiencia hoy del Comité de las Fuerzas Armadas, en la que los legisladores oirán el testimonio del general William Nyland, subcomandante del Cuerpo de Marines, y del general de división William Cato, comandante del Comando de Sistemas del Cuerpo de Marines.
Oficiales en el cuartel general del Cuerpo de Marines y el Comando de Sistemas se negaron a hacer comentarios sobre el informe del inspector general, diciendo que no estaban familiarizados con sus hallazgos como para responder a preguntas.
Se puede escribir al autor a: bender@globe.com.
22 de junio de 2005
©boston globe
©traducción mQh
progresos en iraq
[Kofi Annan] Mensaje del secretario general sobre Iraq.
Hoy viajo a Bruselas para reunirme con los representantes de más de 80 gobiernos e instituciones para enviar un claro y sonoro mensaje de apoyo a la transición política en Iraq.
Hace un año, en la Resolución 1546, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, fijó un calendario que se esperaba que Iraq, con la ayuda de la Naciones Unidas y la comunidad internacional, podría cumplir. La conferencia de Bruselas es una oportunidad para reasegurar al pueblo iraquí que la comunidad internacional está con él en sus valerosos esfuerzos por reconstruir su país, y que reconocemos los progresos que se han hecho frente a desalentadores retos.
Las elecciones se realizaron en enero, como previsto. Tres meses después la Asamblea Nacional de Transición respaldó al gobierno de transición. Los partidos dominantes han empezado extensas negociaciones, en las que la participación de los árabes sunníes es un importante tema. Un gran número de grupos y partidos sunníes están trabajando ahora para asegurarse de que sus voces sean plenamente escuchadas en el proceso de redacción de una nueva constitución, y de que participen plenamente en el referéndum para aprobarlo y las elecciones convocadas para diciembre.
En realidad, apenas la semana pasada se alcanzó un acuerdo para ampliar el comité de redacción de la constitución para garantizar la plena participación de la comunidad árabe sunní. Este acuerdo, que Naciones Unidas contribuyó a facilitar, debería alentar a todos los iraquíes a tratar de cumplir con la redacción de la constitución para la fecha límite del 15 de agosto.
A medida que avanza el proceso, habrá sin duda frustrantes retrasos y difíciles reveses. Pero no debemos perder de vista que hoy en todo Iraq los iraquíes están debatiendo casi todos los aspectos de su futura vida política.
Naciones Unidas ha instado urgentemente a un amplio espectro de iraquíes a ayudar a mantener el impulso, como hicimos con las elecciones de enero. Han buscado nuestro apoyo para instalar la constitución, para preparar el referéndum de octubre y las elecciones de diciembre, y en coordinación, con la ayuda de los denantes, de la transición política así como de la reconstrucción y el desarrollo.
Nuestra respuesta ha sido pronta y resuelta. Hemos instalado un mecanismo de coordinación de los donantes en Bagdad, desplegada una Unidad de Apoyo Constitucional y establecido una relación activa y de colaboración con el comité constitucional de la asamblea. Hoy más de 800 empleados de NU -tanto locales como internacionales, incluyendo al personal de seguridad- están trabajando en Iraq en la misión de ayuda de NU.
En una edad hambrienta de publicidad, la visibilidad es a menudo considerada una prueba de éxito. Pero no se aplica necesariamente a Iraq. Incluso si, como el acuerdo de la semana pasada, los resultados de nuestros esfuerzos son vistos fácilmente por todos, los esfuerzos mismos deben realizar discretamente y lejos de las cámaras.
Si la ayuda de Naciones Unidas resulta ser efectiva dependerá en gran medida de los iraquíes. Sólo ellos pueden escribir una constitución que sea inclusiva y justa. Naciones Unidas no puede ni la redactará por ellos. Tampoco necesitamos hacerlo, porque los iraquíes son capaces de hacerlo ellos mismos. Acogen nuestros consejos, pero son ellos los que deciden cuáles valen la pena de ser tomados en cuenta.
Tan importante como las disposiciones constitucionales es el acuerdo subyacente entre las diversas comunidades de Iraq. Mi enviado especial, Ashraf Qazi, está fomentando y facilitando esta delicada tarea de participación política a todas las comunidades iraquíes para promover una transición verdaderamente abarcadora. Su trabajo, además, es necesariamente realizado fuera del destello de las cámaras, a medida de que busca construir fe y confianza entre los varios electorados que serán claves para una transición exitosa pedida por la Resolución 1546 del Consejo de Seguridad.
Por supuesto hay quienes desean exacerbar las tensiones entre las comunidades e impedir la emergencia de un Iraq democrático, plural y estable. Quieren capitalizar sobre las serias dificultades a las que hacen frente la gente corriente, y explotar el descontento popular y el resentimiento para fomentar el odio y la violencia. Su trabajo se ve en las calles de Iraq todos los días.
No creo que solamente las medidas de seguridad puedan proporcionar una respuesta suficiente a esta situación. Para que esas medidas fueran exitosas, deberían ser parte de una estrategia más amplia e inclusiva que abarque la transición política, el desarrollo, los derechos humanos y la construcción de instituciones, de modo que todas las comunidades de Iraq se consideren victoriosas en el nuevo Iraq. Esos esfuerzos deben ser sostenidos por pasos para enfrentarse al tortuoso pasado de Iraq -un pasado que todavía provoca venganzas y que si no se soluciona destruirá a futuras generaciones. Esto es difícil para cualquier sociedad en transición, para no hablar de áreas tan peligrosas como algunas en Iraq hoy.
Para contribuir a la transición Naciones Unidas se ha puesto a trabajar, tanto dentro como fuera del país, para apoyar la coordinación de los países donantes, la capacidad de construcción de los ministerios iraquíes y organizaciones de la sociedad civil y la entrega de servicios básicos. La reconstrucción de escuelas, plantas para el tratamiento de agua y de desechos, de centrales eléctricas y tendido eléctrico, de la asistencia alimentaria para los niños, la desactivación de minas antipersonales y la ayuda a cientos de miles de refugiados y de personas internamente desplazadas que vuelven a casa -todas estas actividades toman lugar todos los días bajo la dirección de Naciones Unidas.
Los iraquíes continúan sufriendo una transición dolorosa y difícil, y todavía tienen un largo y rudo camino ante sí. Naciones Unidas tiene el privilegio y está determinada a hablar con ellos. Al hacer así, no sólo servimos al pueblo de Iraq, sino a los pueblos de todas las naciones.
21 de junio de 2005
©washington post
©traducción mQh
Hoy viajo a Bruselas para reunirme con los representantes de más de 80 gobiernos e instituciones para enviar un claro y sonoro mensaje de apoyo a la transición política en Iraq.Hace un año, en la Resolución 1546, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, fijó un calendario que se esperaba que Iraq, con la ayuda de la Naciones Unidas y la comunidad internacional, podría cumplir. La conferencia de Bruselas es una oportunidad para reasegurar al pueblo iraquí que la comunidad internacional está con él en sus valerosos esfuerzos por reconstruir su país, y que reconocemos los progresos que se han hecho frente a desalentadores retos.
Las elecciones se realizaron en enero, como previsto. Tres meses después la Asamblea Nacional de Transición respaldó al gobierno de transición. Los partidos dominantes han empezado extensas negociaciones, en las que la participación de los árabes sunníes es un importante tema. Un gran número de grupos y partidos sunníes están trabajando ahora para asegurarse de que sus voces sean plenamente escuchadas en el proceso de redacción de una nueva constitución, y de que participen plenamente en el referéndum para aprobarlo y las elecciones convocadas para diciembre.
En realidad, apenas la semana pasada se alcanzó un acuerdo para ampliar el comité de redacción de la constitución para garantizar la plena participación de la comunidad árabe sunní. Este acuerdo, que Naciones Unidas contribuyó a facilitar, debería alentar a todos los iraquíes a tratar de cumplir con la redacción de la constitución para la fecha límite del 15 de agosto.
A medida que avanza el proceso, habrá sin duda frustrantes retrasos y difíciles reveses. Pero no debemos perder de vista que hoy en todo Iraq los iraquíes están debatiendo casi todos los aspectos de su futura vida política.
Naciones Unidas ha instado urgentemente a un amplio espectro de iraquíes a ayudar a mantener el impulso, como hicimos con las elecciones de enero. Han buscado nuestro apoyo para instalar la constitución, para preparar el referéndum de octubre y las elecciones de diciembre, y en coordinación, con la ayuda de los denantes, de la transición política así como de la reconstrucción y el desarrollo.
Nuestra respuesta ha sido pronta y resuelta. Hemos instalado un mecanismo de coordinación de los donantes en Bagdad, desplegada una Unidad de Apoyo Constitucional y establecido una relación activa y de colaboración con el comité constitucional de la asamblea. Hoy más de 800 empleados de NU -tanto locales como internacionales, incluyendo al personal de seguridad- están trabajando en Iraq en la misión de ayuda de NU.
En una edad hambrienta de publicidad, la visibilidad es a menudo considerada una prueba de éxito. Pero no se aplica necesariamente a Iraq. Incluso si, como el acuerdo de la semana pasada, los resultados de nuestros esfuerzos son vistos fácilmente por todos, los esfuerzos mismos deben realizar discretamente y lejos de las cámaras.
Si la ayuda de Naciones Unidas resulta ser efectiva dependerá en gran medida de los iraquíes. Sólo ellos pueden escribir una constitución que sea inclusiva y justa. Naciones Unidas no puede ni la redactará por ellos. Tampoco necesitamos hacerlo, porque los iraquíes son capaces de hacerlo ellos mismos. Acogen nuestros consejos, pero son ellos los que deciden cuáles valen la pena de ser tomados en cuenta.
Tan importante como las disposiciones constitucionales es el acuerdo subyacente entre las diversas comunidades de Iraq. Mi enviado especial, Ashraf Qazi, está fomentando y facilitando esta delicada tarea de participación política a todas las comunidades iraquíes para promover una transición verdaderamente abarcadora. Su trabajo, además, es necesariamente realizado fuera del destello de las cámaras, a medida de que busca construir fe y confianza entre los varios electorados que serán claves para una transición exitosa pedida por la Resolución 1546 del Consejo de Seguridad.
Por supuesto hay quienes desean exacerbar las tensiones entre las comunidades e impedir la emergencia de un Iraq democrático, plural y estable. Quieren capitalizar sobre las serias dificultades a las que hacen frente la gente corriente, y explotar el descontento popular y el resentimiento para fomentar el odio y la violencia. Su trabajo se ve en las calles de Iraq todos los días.
No creo que solamente las medidas de seguridad puedan proporcionar una respuesta suficiente a esta situación. Para que esas medidas fueran exitosas, deberían ser parte de una estrategia más amplia e inclusiva que abarque la transición política, el desarrollo, los derechos humanos y la construcción de instituciones, de modo que todas las comunidades de Iraq se consideren victoriosas en el nuevo Iraq. Esos esfuerzos deben ser sostenidos por pasos para enfrentarse al tortuoso pasado de Iraq -un pasado que todavía provoca venganzas y que si no se soluciona destruirá a futuras generaciones. Esto es difícil para cualquier sociedad en transición, para no hablar de áreas tan peligrosas como algunas en Iraq hoy.
Para contribuir a la transición Naciones Unidas se ha puesto a trabajar, tanto dentro como fuera del país, para apoyar la coordinación de los países donantes, la capacidad de construcción de los ministerios iraquíes y organizaciones de la sociedad civil y la entrega de servicios básicos. La reconstrucción de escuelas, plantas para el tratamiento de agua y de desechos, de centrales eléctricas y tendido eléctrico, de la asistencia alimentaria para los niños, la desactivación de minas antipersonales y la ayuda a cientos de miles de refugiados y de personas internamente desplazadas que vuelven a casa -todas estas actividades toman lugar todos los días bajo la dirección de Naciones Unidas.
Los iraquíes continúan sufriendo una transición dolorosa y difícil, y todavía tienen un largo y rudo camino ante sí. Naciones Unidas tiene el privilegio y está determinada a hablar con ellos. Al hacer así, no sólo servimos al pueblo de Iraq, sino a los pueblos de todas las naciones.
21 de junio de 2005
©washington post
©traducción mQh
el payaso cheney
[E.J. Dionne Jr.] Cómo se engaña Cheney a sí mismo.
El presidente Bush plantó las semillas de la destrucción de su política iraquí antes de que empezara la guerra. Salvar la aventura del desastre exigirá de la Casa Blanca un grado de franqueza y realismo sin precedentes -de una Casa Blanca que no ha querido admitir nunca, ni siquiera ante sí misma, lo larga que sería la aventura en que la metió al pueblo norteamericano.
La idea de que el presidente llevó al país a la guerra debido a falta de dirección o a deshonestidad no es la crítica más grave contra la administración. La peor posibilidad es que el presidente y sus asesores creyeran en su propia propaganda. No prepararon al pueblo norteamericano para una lucha ardua porque ellos mismos no esperaban honestamente que lo fuera.
¿Cómo explicar de otra manera el hecho de que el presidente y sus lugartenientes subvaloraran consistentemente los costes de la empresa, el número de tropas requeridas, las dificultades de superar las tensiones entre sunníes, chiíes y kurdos? ¿Estaban mintiendo? La explicación más lógica es que no sabían qué estaban haciendo.
Debido a que la Casa Blanca falló en preparar a los americanos para lo que venía, el gobierno hace frente ahora a las sacudidas. El fin de semana Blair dijo que los terroristas en Iraq buscan "debilitar la determinación de nuestro país". Pero la creciente impaciencia de la que se queja Bush es el resultado directo del despreocupado rechazo del gobierno de los que advirtieron sobre lo difícil que podría ser.
La afirmación del "memorándum de Downing Street" de que "los informes de inteligencia y los hechos fueron ajustados a esa política" de la invasión se ha transformado comprensiblemente en un punto de reunión de los opositores a la guerra. Pero todavía más devastadores hay otros documentos revelados recientemente en los que los funcionarios británicos advierten que "ha habido pocas deliberaciones en Washington sobre las secuelas de la acción bélica". En la época los británicos estaban preocupados de que "los planes militares norteamericanos prácticamente no dicen nada" sobre el hecho de que "la ocupación de posguerra de Iraq podría provocar un prolongado y costoso ejercicio en construcción de países".
El documento más comprometedor que sostiene esta aserción no es secreto, y sigue siendo uno de los artefactos más importantes del debate de preguerra. Es la transcripción de Meet the Press' del 16 de marzo de 2003 en la que el vice-presidente Cheney expresó las optimistas predicciones que ahora han sido desmentidas por la realidad.
El anfitrión Tim Russert preguntó si "vamos a tener allá varios cientos de miles de tropas" en Iraq "durante varios años para mantener la estabilidad". Cheney replicó: "No estoy de acuerdo". No dijo cuántas tropas eran necesarias, pero agregó que "sugerir que necesitaremos varios cientos de miles de tropas después del fin de las operaciones militares, después del fin del conflicto, no es correcto. Creo que es una exageración".
Russert preguntó: "Si su análisis no es correcto, y no nos tratan como libertadores sino como conquistadores, y los iraquíes empiezan a resistir, especialmente en Bagdad, ¿piensa que el pueblo americano está preparado para una guerra larga, costosa y sangrienta con importantes bajas norteamericanas?"
Cheney no quería saber nada de eso. "Bueno, no creo que pase eso, Tim, porque creo realmente que seremos saludados como libertadores. He hablado en los últimos meses con un montón de iraquíes, hemos hablado con ellos en la Casa Blanca... Lo que oímos de los iraquíes es que quieren deshacerse de Saddam Hussein y nos recibirán como libertadores cuando ocurra".
Russert: "¿Está seguro que los kurdos, sunníes y chiíes se unirán para formar una democracia?"
Cheney: "Hasta el momento han colaborado". Y el vice-presidente concluyó: "Creo que, desde un punto de vista político, las perspectivas de lograrlo son probablemente mejores que en cualquier otro país del mundo y en circunstancias similares".
¿Estaba Cheney ocultando los costes de la guerra por razones políticas? Es más probable que creyera cada palabra de lo que decía. Eso sugiere que el gobierno no estaba engañando al pueblo americano tanto como se estaba engañando a sí mismo.
El senador republicano Chuck Hagel, de Nebraska, dice en el último número de U.S. News & World Report que la "Casa Blanca está completamente desconectada de la realidad" y que "simplemente van arreglando los bultos por el camino". Desafortunadamente, la evidencia del pasado sugiere que la ácida formulación de Hagel es correcta. Los que todavía ven la invasión de Iraq como una misión noble no debiesen proteger esa política ante los críticos de la guerra. Lo que tienen que hacer es sacarla de manos de sus arquitectos.
Se puede escribir al autor a: postchat@aol.com
21 de junio de 2005
©washington post
©traducción mQh
El presidente Bush plantó las semillas de la destrucción de su política iraquí antes de que empezara la guerra. Salvar la aventura del desastre exigirá de la Casa Blanca un grado de franqueza y realismo sin precedentes -de una Casa Blanca que no ha querido admitir nunca, ni siquiera ante sí misma, lo larga que sería la aventura en que la metió al pueblo norteamericano.La idea de que el presidente llevó al país a la guerra debido a falta de dirección o a deshonestidad no es la crítica más grave contra la administración. La peor posibilidad es que el presidente y sus asesores creyeran en su propia propaganda. No prepararon al pueblo norteamericano para una lucha ardua porque ellos mismos no esperaban honestamente que lo fuera.
¿Cómo explicar de otra manera el hecho de que el presidente y sus lugartenientes subvaloraran consistentemente los costes de la empresa, el número de tropas requeridas, las dificultades de superar las tensiones entre sunníes, chiíes y kurdos? ¿Estaban mintiendo? La explicación más lógica es que no sabían qué estaban haciendo.
Debido a que la Casa Blanca falló en preparar a los americanos para lo que venía, el gobierno hace frente ahora a las sacudidas. El fin de semana Blair dijo que los terroristas en Iraq buscan "debilitar la determinación de nuestro país". Pero la creciente impaciencia de la que se queja Bush es el resultado directo del despreocupado rechazo del gobierno de los que advirtieron sobre lo difícil que podría ser.
La afirmación del "memorándum de Downing Street" de que "los informes de inteligencia y los hechos fueron ajustados a esa política" de la invasión se ha transformado comprensiblemente en un punto de reunión de los opositores a la guerra. Pero todavía más devastadores hay otros documentos revelados recientemente en los que los funcionarios británicos advierten que "ha habido pocas deliberaciones en Washington sobre las secuelas de la acción bélica". En la época los británicos estaban preocupados de que "los planes militares norteamericanos prácticamente no dicen nada" sobre el hecho de que "la ocupación de posguerra de Iraq podría provocar un prolongado y costoso ejercicio en construcción de países".
El documento más comprometedor que sostiene esta aserción no es secreto, y sigue siendo uno de los artefactos más importantes del debate de preguerra. Es la transcripción de Meet the Press' del 16 de marzo de 2003 en la que el vice-presidente Cheney expresó las optimistas predicciones que ahora han sido desmentidas por la realidad.
El anfitrión Tim Russert preguntó si "vamos a tener allá varios cientos de miles de tropas" en Iraq "durante varios años para mantener la estabilidad". Cheney replicó: "No estoy de acuerdo". No dijo cuántas tropas eran necesarias, pero agregó que "sugerir que necesitaremos varios cientos de miles de tropas después del fin de las operaciones militares, después del fin del conflicto, no es correcto. Creo que es una exageración".
Russert preguntó: "Si su análisis no es correcto, y no nos tratan como libertadores sino como conquistadores, y los iraquíes empiezan a resistir, especialmente en Bagdad, ¿piensa que el pueblo americano está preparado para una guerra larga, costosa y sangrienta con importantes bajas norteamericanas?"
Cheney no quería saber nada de eso. "Bueno, no creo que pase eso, Tim, porque creo realmente que seremos saludados como libertadores. He hablado en los últimos meses con un montón de iraquíes, hemos hablado con ellos en la Casa Blanca... Lo que oímos de los iraquíes es que quieren deshacerse de Saddam Hussein y nos recibirán como libertadores cuando ocurra".
Russert: "¿Está seguro que los kurdos, sunníes y chiíes se unirán para formar una democracia?"
Cheney: "Hasta el momento han colaborado". Y el vice-presidente concluyó: "Creo que, desde un punto de vista político, las perspectivas de lograrlo son probablemente mejores que en cualquier otro país del mundo y en circunstancias similares".
¿Estaba Cheney ocultando los costes de la guerra por razones políticas? Es más probable que creyera cada palabra de lo que decía. Eso sugiere que el gobierno no estaba engañando al pueblo americano tanto como se estaba engañando a sí mismo.
El senador republicano Chuck Hagel, de Nebraska, dice en el último número de U.S. News & World Report que la "Casa Blanca está completamente desconectada de la realidad" y que "simplemente van arreglando los bultos por el camino". Desafortunadamente, la evidencia del pasado sugiere que la ácida formulación de Hagel es correcta. Los que todavía ven la invasión de Iraq como una misión noble no debiesen proteger esa política ante los críticos de la guerra. Lo que tienen que hacer es sacarla de manos de sus arquitectos.
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21 de junio de 2005
©washington post
©traducción mQh