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irak

en la celda de saddam


[Richard Pyle] Saddam Hussein insiste en que es el presidente.
Nueva York, Estados Unidos. A Saddam Hussein le encantan los Doritos, odia los Froot Loops, admira al presidente Reagan, piensa que Clinton era "okey" y considera "malos" a los dos Bush. Habla un montón, se preocupa por las bacterias e insiste en que todavía es presidente de Iraq.
Estos y otros detalles sobre la vida del depuesto presidente iraquí en custodia americana aparecen en el número de julio de la revista GQ, basándose en entrevistas con cinco guardias nacionales de Pensilvania que llegaron a Iraq en 2003 y fueron asignados a la guardia durante casi 10 meses.
La revista, que llegó a los kioscos el lunes, dice que los soldados no podían contar a sus familias qué estaban haciendo y firmaron promesas de que no revelarían su ubicación u otros detalles del recinto de Estados Unidos donde Saddam es un "prisionero de alto valor", a la espera del juicio por las autoridades iraquíes por cargos de asesinato en masa y otros crímenes.
Sin embargo, los cinco soldados contaron a GQ sus experiencias personales con Saddam, diciendo que hablaba con ellos en un crudo ingles', estaba interesado en sus vidas e incluso los invitó a volver a Iraq cuando retornara al poder.
"Siempre nos dice que todavía es el presidente. Eso es lo que piensa, absolutamente", dijo el especialista Jesse Dawson, 25, de Berwick, Pensilvania.
Una portavoz del Pentágono no quiso hacer comentarios para este artículo.
Los soldados recordaron que Saddam tuvo palabras duras para los Bush, que le hicieron la guerra.
"Bush padre y Bush hijo, son malos", citó a Saddam el capitán Jonathan ‘Paco' Reese, 22, de Milville, Pensilvania.
El especialista Sean O'Shea, entonces de 19, de Minooka, Pensilvania, dijo que Saddam había suavizado esa opinión. "Al final dijo que no tenía rencor y que simplemente quería hablar con Bush, para ser amigos", dijo a la revista.
Dawson citó a Saddam diciendo: "Sabe que no tengo nada, que no tengo armas de destrucción masiva. Nunca encontrará nada".
Su descripción del hombre que en el pasado vivía en palacios y ocupa ahora una celda sin privacidad corresponde con fotos publicadas recientemente, aparentemente sacadas ilegalmente de la prisión, que muestran a Saddam en calzoncillos y una larga bata.
La historia dice que una vez, cuando Saddam se cayó durante una de sus dos duchas a la semana, "se produjo pánico. Nadie quiere que le pase algo mientras esté bajo custodia americana". Un marine tuvo que ayudar a Saddam a volver a su celda, mientras otros llevó su ropa interior.
Saddam se ha mostrado amistoso con los guardias más jóvenes y a veces ofrece paternales consejos. Cuando O'Shea le contó que él no estaba casado, Saddam "empezó a decirme que lo hiciera", dijo el soldado. "Me dijo: ‘Búscate una buena mujer, que no sea demasiado inteligente ni demasiado boba. Que no fuera ni muy vieja, ni muy joven. Una mujer que pueda cocinar y limpiar".
Luego se echó a reír, hizo el gesto que O'Shea interpreta como de dar una zurra, rió y volvió a lavar su ropa en el fregadero.
Los soldados también dijeron que Saddam era un "obseso de la limpieza", que se lavaba las manos después de haber saludado a alguien y usa toallitas para limpiar las bandejas de metal, los utensilios y la mesa antes de comer. "Le tiene fobia a las bacterias", dijo Dawson.
El artículo dice que Saddam prefiere Raisin Bran Crunch [hojuelas de cereales con pasas y avena] para el desayuno, diciéndole a O'Shea que no le gustan los Froot Loops [aritos de cereales y fruta seca]. Come pescado y pollo, pero rechaza la carne de vacuno.
Durante un tiempo su tentempié preferido fueron Cheetos [taquitos], y cuando se acabaron Saddam se puso "de mal humor", dice el reportaje. Un día los guardias remplazaron los Doritos [chips de maíz] y Saddam se olvidó de los Cheetos. "Se podía comer una bolsa familiar de Doritos en 10 minutos", dijo Dawson.
La revista dice que Saddam dijo a sus guardias que cuando los norteamericanos invadieron Iraq en marzo de 2003, "trató de escapar en un taxi mientras los tanques entraban a la ciudad" y que los aviones norteamericanos bombardearon el palacio adonde estaba tratando de llegar en lugar del palacio donde se encontraba.
"Entonces se empezó a reír", recuerda Reese. "Entonces dijo: ‘Estados Unidos, son idiotas. Bombardearon el palacio equivocado".
Saddam también dijo que su captura en un escondite subterráneo el 13 de diciembre de 2003 fue el resultado de la traición de la única persona que sabía que estaba ahí, y a la que habían pagado para que guardara el secreto.
"Sobre eso estaba indignado", dijo Dawson. "Se comparó a sí mismo con Jesús, cómo Judas traicionó a Jesús. Decía: ‘Para mí fue igual'. Decía que si ese Judas no hubiese dicho nada, no lo habrían encontrado nunca".
Funcionarios norteamericanos dijeron en esa época que informes de inteligencia de varias fuentes condujeron a la captura de Saddam.
La revista dice que Saddam reza cinco veces al día y mantiene un Corán, que dice que encontró entre los escombros cerca de su escondite. "Lo muestra orgullosamente a los chicos porque tiene los bordes quemados y un agujero de bala", dice GQ.

21 de junio de 2005
©chicago tribune
©traducción mQh

el desempleo en iraq


[Jonathan Finer y Omar Fekeiki] El desempleo, otro importante reto.
Bagdad, Iraq. En el último piso de un edificio de otro modo vacío en una barriada donde los rebaños de ovejas pastan en las calles llenas de basura, 25 mujeres desempleadas que llevaban pañuelos de cabeza, aprendían a operar máquinas de coser chinas.
Más abajo en el pasillo, un instructor enseñaba a hombres desempleados elementos básicos del procesamiento de textos en ordenadores recién sacados de sus cajas. Y en otra atiborrada habitación, estudiantes adolescentes y adultos estaban charlando antes de empezar su clase para aprender a leer y escribir.
El nuevo centro de formación laboral en el mísero municipio de Ciudad Sáder en Bagdad, gestionado por el gobierno iraquí, está a la vanguardia de los intentos de atacar uno de los problemas más acuciantes de la estancada economía del país: el desempleo.
En Iraq los varios millones de desempleados han encontrado poco solaz en una economía descarrilada por dos años de implacables ataques insurgentes. Desde que Estados Unidos disolviera el ejército iraquí después de la invasión de 2003 muchos no han tenido trabajos fijos. Y funcionarios norteamericanos y estadounidenses admiten que todo joven sin trabajo es un recluta potencial de los insurgentes que pagan tan poco como 50 dólares por colocar una bomba en una calle o matar a un policía.
"Mientras más tiempo dure, más problemas vamos a tener, porque estamos creando más y más rebeldes", dijo Muhammed Uthman, empresario iraquí y antiguo funcionario del ministerio del petróleo que participa en una comisión que asesora al gobierno sobre la reconstrucción. "El desempleo es exactamente lo que quieren los terroristas".
Un informe publicado el mes pasado por el gobierno y Naciones Unidas fija la tasa de desempleo en un 27 por ciento. Pero muchos expertos aquí dicen que la cifra real es probablemente cercana al 50 por ciento o más porque en algunas de las zonas menos estables del país no se realizó el sondeo y porque muchos iraquíes tienen empleo parciales inestables.
El ministerio del Trabajo ha registrado 656.437 personas desempleadas en las 18 provincias de Iraq -incluyendo más de 110.00 solamente en Bagdad- pero incluso funcionarios del ministerio admiten que la cifra real es probablemente varias veces más alta. En una encuesta en abril realizada por el Instituto Republicano Internacional, una organización sin fines de lucro de Estados Unidos, el desempleo iraquí es el segundo problema más apremiante, detrás de la seguridad.
Y la situación se hará probablemente peor, dice el gobierno. El primer ministro Ibrahim Jafari, anunció planes para reducir el inflado sector público, que da empleo a la mitad de los 6.5 trabajadores iraquíes.
En la estrechamente controlada economía de Saddam Hussein, los salarios de los empleados del gobierno eran a menudo miserables, pero el gobierno proveía de trabajo a casi todo el mundo que lo necesitara. Desde la invasión han subido los salarios para muchos trabajadores del sector público, pero el nuevo gobierno ha declarado que ya es no práctico emplear a tanta gente.
Entretanto más de 150.000 iraquíes estaban empleados, al 1 de junio, sobre bases permanentes o temporales en los proyectos de reconstrucción financiados por Estados Unidos, según cifras del ministerio de Asuntos Exteriores.
"Son cosas como la recogida de basura, el asfalto, el mantenimiento de las calles -el tipo de trabajo que maximizan el empleo", dijo un funcionario norteamericano de la reconstrucción, que habló a condición de guardar el anonimato. "Si tienes que elegir entre una excavadora y 20 tíos con palas, prefiere a los últimos, aunque tome más tiempo".
En los últimos dos meses, el gobierno iraquí y la Agencia de Desarrollo Internacional de Estados Unidos han lanzando nuevos programas para reducir el desempleo por medio de una red de centros de formación y reclutamiento en ciudades como Basra, Mosul y Bagdad.
Pero todos los involucrados están conscientes de que los centros son sólo una parte de un problema gigante en un país donde muchas industrias del sector de servicios simplemente no existen. En un centro de formación en el ministerio del Trabajo, Suraa Yahya estaba hace poco enseñando inglés a media docena de jóvenes. Pidió a los estudiantes que leyeran una lista de servicios impresos en sus libros de texto y dijeran cuáles de ellos estaban disponibles en Iraq.
Primero fue conseguir ayuda médica por teléfono. "No, a menos que tu amigo sea un doctor", dijo un estudiantes, después de una larga pausa. "¿Comprar por teléfono? No. ¿Cuidadores de perros? Tampoco. ¿Ropa en automáticos?
"No, pero no es una buena idea", dijo un hombre. "La gente que vende ropa perdería sus trabajos".
En un centro de reclutamiento cercano del ministerio del Trabajo, docenas de solicitantes hacían cola con sus currículos en la mano, esperando ser entrevistados para trabajos de gerencia. La mayoría obtuvieron sus diplomas universitarios al menos hace un año, y desde entonces están desempleados.
Ali Jima Abid presentó su solicitud en el centro en agosto pasado, pero fue llamado recién hace poco para una entrevista. Antes de la invasión, trabajó para el ministerio del Transporte de Iraq, pero perdió su trabajo poco después de la caída de Bagdad. Para llegar a fin de mes, ha estado vendiendo bocadillos y cigarrillos en un tenderete en la calle.
"Me siento desesperado, como todos, y no creo que encuentre trabajo alguna vez", dijo Abid, 30, que llevaba dos días seguidos esperando en una banca en el vestíbulo del ministerio, porque un apagón había obligado a cancelar las entrevistas del día anterior.
"Ahora aceptaría cualquier cosa, incluso si no es lo que sé hacer", dijo.
El director del centro de formación del ministerio, Riyadh Hassam, dijo que una parte importante del problema era la incapacidad del país para atraer a la inversión privada debido a la situación de seguridad. Con pocas instituciones internacionales operando en el país, no existe el tipo de financiamiento que se necesita para proyectos de desarrollo de largo plazo que espoloneen el crecimiento y produzcan trabajos, dijo.
"A veces, cuando pienso en la dimensión del problema, creo que tomará unos cinco años en solucionar", dijo. "A veces creo que tomará más. A veces creo que va a durar toda la vida".
Poco acostumbrados a competir por los negocios después de años de embargo que limitaron las importaciones, el sector privado de Iraq está luchando por atraer a consumidores a tener acceso a más productos extranjeros. "Hay un flujo de nuevos productos que son los que prefiere la gente aquí", dijo un funcionario de la reconstrucción norteamericano. "Los productos iraquíes que antes eran suficientes, ahora no pueden competir".
Algunos desempleados han abandonado toda esperanza. Pasando una mala racha y con una familia de 12, Ahmed Habib visitó a la única gente en Bagdad que parece estar contratando a personal: la policía y el ejército iraquí.
Pero el hombre al que le entregó el formulario pidió un soborno de 200 dólares, dijo Habib. Incapaz de pagar la mordida, fue rechazado y ahora pasa la mayor parte de los días en la calle, con otros jornaleros desempleados, esperando que alguien les ofrezca 10 dólares por una mañana de trabajo.
"Si no hay trabajo, me quedo hasta el atardecer y vuelvo a casa", dijo Habib, 30. "Vuelvo y le digo a mi familia que mejor duerman, porque no habrá cena".

Bassam Sebti contributó a este reportaje.

21 de junio de 2005
©washington post
©traducción mQh


en manos de rebeldes


[Sabrina Tavernise] Iraquíes rescatados de sus secuestradores hablan de la brutalidad de los insurgentes.
Karabila, Iraq. Marines que participaban en una operación para eliminar insurgentes que empezó el viernes rompieron la pared exterior de un edificio de este pequeño pueblo rural y encontraron un centro de torturas equipado con cables eléctricos, un dogal, esposas, un manual yihadista de 574 páginas -y cuatro iraquíes golpeados y engrilletados.
Los militares norteamericanos han encontrado centros de tortura después de invadir ciudades con fuerte presencia de insurgentes -como Faluya, donde el asalto contra los rebeldes en el otoño pasado descubrió 20 de esos sitios. Pero rara vez han encontrado a víctimas que puedan contar la historia.
Los hombres dijeron a los marines, de la Compañía K, de la Segunda División, Tercer Regimiento de Infantería, que habían sido torturados con descargas eléctricas y azotados con una tira de caucho durante más de dos semanas, detrás de ventanas oscurecidas. Uno de los ellos, Ahmed Isa Fathil, 19, ex miembro del nuevo ejército iraquí, dijo que había sido retenido y torturado durante 22 días. En todo ese tiempo, dijo, su cara estuvo casi completamente cubierta por cinta de pegar y con las manos esposadas.
En una entrevista con un periodista incrustado justo después de que fuera liberado, dijo que nunca vio la cara de sus secuestradores, que a veces le susurraban: "Te vamos a matar". Dijo que no lo habían interrogado, y que no sabía qué querían. Tampoco esperaba salir con vida.
"Matan a alguien todos los días", dijo Fathil, cuyas manos estaban tan hinchadas que no pudo abrir una lata de Coca-Cola que le ofreció un soldado. "Han matado a un montón de gente".
El sábado desde la casa se podían oír los tiroteos en la ofensiva a gran escala para eliminar los bastiones de insurgentes, muchos de los cuales cruzan la porosa frontera de Iraq con Siria.
Cuando los marines entraron a la casa -un edificio de un piso de ladrillos color de arena- los fragmentos de un cristal negro crujieron bajo sus botas. La luz que entró reveló las paredes y techo destruido por la metralla de la detonación que hicieron para romper la muralla. Había guantes de látex esparcidos por el suelo. Al lado había una lámpara de queroseno, rota.
El manual recuperado -un grueso y usado libro de bolsillo en árabe- se anuncia a sí mismo como la primera edición de 2005 de ‘Principios de la filosofía yihadista', de Abdel Rahman al-Ali. Sus capítulos incluyen ‘Cómo elegir a un rehén' y ‘La legitimidad de la decapitación de los infieles".
También se recuperaron varios pasaportes falsos, una capucha negra, un analgésico Percoset, esposas y un manual de explosivos. Tres coches cargados de explosivos estaban aparcados en un garaje fuera de la casa. Los marines los hicieron estallar.
Este es la versión de Fathil de su prueba de fuego.
Estaba almorzando con su madre y hermano una colación de lechuga y pepinos en la cocina de su casa en el pequeño pueblo desértico de Rabot. Se paró un sedán Opel. Descendieron dos hombres enmascarados con ametralladoras y lo agarraron, y, dejando atrás a su afligida madre, lo metieron en el maletero de su coche.
Lo llevaron a la casa aquí. Le cubrieron la cara con cinta de pegar, le pusieron algodón en los oídos y empezaron a golpearle.
La única explicación posible de su secuestro en la que podía pensar entonces era que había servido un período en el nuevo ejército iraquí. En el paro y analfabeto, Fathil se alistó después de que empezara la ocupación norteamericana.
Pero hace 9 meses, cuando seguir trabajando podía ganarle la venganza de los yihadistas, renunció. En total, 10 amigos de su unidad han sido asesinados, dijo. También mataron a su tío y a su primo, aunque ellos no fueron nunca soldados.
Los hombres tendían a hablar en susurros, dijo, diciéndole cinco veces al día, en voz baja junto a su oído, que rezara, y le ofrecían arena, en lugar de agua, para que se aseara. Una vez preguntó si podía ver a su madre, y uno de ellos le dijo: "De aquí sólo saldrás muerto".
Fathil no sabía dónde estaban los otros rehenes. Lo descubrió sólo después de que sus secuestradores hubieran desaparecido y pudo sacarse la cinta de los ojos.
La rutina en la casa era normal. Debido a las ventanas, dentro estaba siempre obscuro. Fathil dijo que le alimentaban una vez día, y le permitían usar un retrete en la parte de atrás de la casa.
Cuando irrumpieron los marines, uno de los rehenes yacía debajo de la caja de una escalera, golpeado severamente. Al principio pensaron que estaba muerto.
Los otros estaban demacrados y golpeados. Fathil se encontraba en mejor estado que los otros. Los otros tres fueron transportados por un helicóptero médico a Balad, una base cerca de Bagdad que tiene un hospital.
Pero le había golpeado. En su piel se veían las marcas en zigzag que le dejaron las golpizas en la espalda, y profundos pústulas, aparentemente por quemaduras provocadas por descargas eléctricas.
Las descargas, dijo, las sintió "como si me estuvieran sacando el alma del cuerpo". Pero cuando empezaba a gritar y su cuerpo se sacudía con las descargas, sus secuestradores comenzaban a pegarle, dijo.
Fathil ha estado en la base de la Marina al sur de Qaim desde su liberación, el sábado al mediodía. Su madre no sabe todavía que está vivo.
Cuando se mencionó su nombre, se inclinó y agachó la cabeza, y empezó a llorar quedamente, limpiándose la cara con un mono que le dieron los marines.
Pidió a un periodista que le ayudara a mudarse a otra ciudad, porque quedarse en su casa era demasiado peligroso para su familia. Rogó que no le hicieran fotografías, ni siquiera de las cicatrices en su espalda. Los rehenes habían tomado fotos de él, dijo.
Su pueblo ha sido siempre un buen lugar, dijo, pero los militantes lo transformaron en un infierno.
"Esos pocos lo están destruyendo", dijo, con la cara surcada por las lágrimas. "Matan a todos los que secuestran. Eso ocurre todos los días".

19 de junio de 2005
©new york times
©traducción mQh

"

tortura y violaciones


[Jeffrey Fleishman y Asmaa Waguih] Muchos detenidos son torturados, golpeados y algunos son asesinados. Funcionarios estadounidenses reconocen informe.
Bagdad, Iraq. La guerra pública contra la resistencia iraquí ha conducido a un ambiente de brutalidades ocultas, incluyendo maltratos y torturas, aplicadas contra los detenidos por las fuerzas de seguridad especiales del país, de acuerdo a abogados de los detenidos, organizaciones internacionales y al ministerio iraquí de Derechos Humanos.
Hasta un 60 por ciento de los estimados 12.000 detenidos en las cárceles y terrenos militares del país, corren el riesgo de ser amenazados, golpeados o torturados y terminar con los huesos rotos y a veces muertos, dijo Saad Sultan, presidente de una comisión que supervisa el tratamiento de prisioneros del ministerio de Derechos Humanos. Agregó que la policía y las fuerzas de seguridad del ministerio del Interior son responsables de la mayoría de los maltratos.
Las unidades usan prácticas reminiscentes de los escuadrones de la policía secreta de Saddam Hussein, de acuerdo al ministerio y a grupos de derechos humanos y abogados independientes que han hecho un catálogo de los maltratos.
"Hemos documentado un montón de casos de tortura", dijo Sultan, cuya comisión está pidiendo un acceso más amplio a las cárceles iraquíes en todo el país. "Hay golpizas, puñetazos, descargas eléctricas en el cuerpo, incluyendo las áreas sensibles, cuelgan a los prisioneros boca abajo y los golpean y arrastran por el suelo... Muchos agentes de policía provienen de una cultura de la tortura de sus experiencias de los últimos 35 años. La mayoría de ellos trabajaba en la policía durante el régimen de Saddam".
Los maltratos descritos por Hussem Guheithi son similares a muchos casos. Cuando guardias nacionales iraquíes allanaron su casa el mes pasado, el imán musulmán sunní de 35 años dijo que lo azotaron con cuerdas, rompieron su nariz y lo amenazaron con empapar sus uniformes en su sangre. Le colocaron una venda en los ojos y lo llevaron a una base militar, donde fue interrogado y golpeado hasta que los soldados se dieron por satisfechos de que no era un extremista.
Al final de un período de 9 días, dijo Guheithi, los guardias nacionales le dijeron: "Tienes que entendernos. Sabes cómo está la situación. Andamos buscando terroristas".
El ministerio del Interior, responsable de la seguridad interior del país, reconoce casos de maltratos pero niega que se practique la tortura. El ministro del Interior, Bayan Jabr, es un musulmán chií, y algunos líderes tribales y políticos sunníes han acusado al ministerio de perseguir injustamente a los sunníes, que forman el mayor contingente de la resistencia.
"No hay acusaciones formales de que fuerzas del ministerio estén maltratando y torturando a gran escala a los detenidos", dijo el coronel Adnan Joubouri, portavoz del ministerio. "Hay algunos casos de abuso de autoridad, y los oficiales responsables están siendo castigados".
Funcionarios norteamericanos, cuya imagen en asuntos de detenciones ha quedado manchada por el escándalo de las torturas de Abu Ghraib, dicen que están preocupados por las acusaciones. Se preocupan de que los maltratos a manos de policías y guardias nacionales iraquíes, miles de los cuales fueron adiestrados por instructores estadounidenses que han intentado apartar esos cuerpos del corrupto legado de Hussein, puedan ser vistos como una extensión de Abu Ghraib.
"Entendemos y hemos oído que la tortura está siendo aplicada, y es un tema sobre el que hablamos constantemente", dijo un oficial norteamericano en Bagdad. "Creo que es un tema que nadie puede ignorar".
Las historias de torturas y maltratos contra delincuentes y rebeldes chiíes y sunníes surgen en medio de una campaña contra la implacable resistencia. Las fuerzas iraquíes se sienten frustradas por su incapacidad de poner fin a los atentados con coches-bombas y emboscadas que han terminado con la vida de más de 1.000 personas en las últimas semanas.
El aumento de la criminalidad, un endeble sistema judicial, la ausencia de una constitución que defina los derechos civiles y un ministerio del Interior mal equipado para perseguir a las bien armadas redes rebeldes han hecho de los derechos humanos una preocupación menos inmediata para los iraquíes que poner orden en el país, dijeron funcionarios iraquíes y norteamericanos.
Después de soportar más de dos años de violencia desde la invasión norteamericana, muchos iraquíes son partidarios de medidas severas para terminar con la intranquilidad. Recientemente se reincorporó la pena de muerte, y para muchos en el país existe una no formulada aceptación -a menudo enraizada en la brutal justicia tribal- de que la intimidación y la tortura cumplen un propósito. Esas actitudes se ven complicadas por las tensiones sectarias entre chiíes y sunníes.
Bajo Hussein la minoría sunní ocupaba el centro del gobernante Partido Baaz y controlaba al país. El nuevo gobierno iraquí está dominado por chiíes, que constituyen la mayoría de la población iraquí. Cada lado responsabiliza al otro del baño de sangre. Esta dinámica posee una posibilidad incendiaria: Los informes de torturas de extremistas sunníes durante las detenciones pueden haber sido inventados o adornados para instigar una guerra civil contra los chiíes y el gobierno. El ministerio de Derechos Humanos dice que ha descubierto acusaciones falsas.
"Noventa por ciento de los detenidos dicen que confesaron bajo tortura", dijo el juez Luqman Thabit Samiraii, presidente del Primer Circuito Judicial Central iraquí. "Sin embargo, un 80 por ciento de ellos no tiene marcas de tortura. Pero la tortura se aplica durante los interrogatorios, tengo que admitirlo".
Los tribunales no están siempre dispuestos a investigar esas acusaciones de maltrato. En un juicio el mes pasado, Samiraii rechazó la petición de un abogado defensor para examinar médicamente a 4 acusados para determinar si sus confesiones del asesinato de un funcionario del ministerio del Interior habían sido obtenidas mediante torturas. Los acusados, tres de los cuales fueron sentenciados a muerte, dijeron que fueron golpeados repetidas veces. Uno de ellos dijo que la policía lo había sodomizado con una barra de metal.
Antes de que los cuatro aparecieran ante el tribunal, sus confesiones habían sido emitidas en un popular programa de televisión iraquí, ‘El terrorismo en manos de la justicia'. El programa constituye un intento del gobierno de desmitificar a la resistencia retratando a los rebeldes sospechosos como brutales asesinos antes que revolucionarios. Abogados defensores dicen que algunos de los acusados son obligados a confesar y que el programa viola el derecho de los acusados a un juicio justo.
"Los norteamericanos están ocupando el país, pero la guardia nacional y la policía iraquíes están violando los derechos humanos de los detenidos", dijo Sattar Raouf, director del Comité Popular para la Culturas y las Artes, que ha estudiado las acusaciones de maltratos. "Las fuerzas de la policía secreta y de seguridad están torturando a la gente para obtener confesiones. En los pisos sexto y séptimo del ministerio del Interior encontrarás casos de torturas como esos".
Los ministerios del Interior y de Justicia han estado tratando de controlar las prisiones y los centros de detención. El ministerio del Interior opera en un reino secreto de redes de inteligencia en las que los sospechosos pueden ser retenidos o hechos desaparecer durante semanas. Sultan dijo que su comité ha encontrado menos casos de abusos en centros que se encuentran bajo la jurisdicción del ministerio de Justicia. Agregó que el de Justicia tiene una supervisión más estricta de las condiciones de detención de los prisioneros y menos involucrado que el de Interior en el interrogatorio de sospechosos, incluyendo supuestos insurgentes.
Un informe de este año de la organización internacional Human Rights Watch concluyó que los abusos se habían transformado en "rutina y lugar común" y que los detenidos eran golpeados a menudo y retenidos en violación del proceso judicial, incluyendo no recibir una notificación del juzgado dentro de 24 horas de sus detenciones. El grupo ha dicho que algunos detenidos -muchos de los cuales son detenidos sobre la base de datos de informantes pagados- esperaban durante meses antes de ser llamados a comparecer.
"Una de las quejas más extendidas que hacen los detenidos", dijo Human Rights Watch, que entrevistó a 90 actuales y antiguos detenidos en 2004, "fue que los oficiales de policía los amenazaban con detención indefinida si no les daban dinero".
Los abusos sobre los que informaron antiguos detenidos y organizaciones de derechos humanos se hacen eco de algunas de las prácticas del régimen de Hussein: garantías jurídicas insuficientes, celdas hacinadas, descargas eléctricas, amenazas de abuso sexual y colgamientos y golpizas a prisioneros durante prolongados períodos de tiempo.
Abbas Jibouri dijo en una entrevista con Los Angeles Times que unos 25 guardias nacionales allanaron su casa el 8 de mayo.
Un campesino de 41 años del área de Maden cerca de Bagdad, Jibouri, cuyo relato no pudo ser verificado, dijo que había sido llevado a un centro de detención y trasladado más tarde a una base de la guardia nacional en Rustumiya.
"Había siempre un hombre interrogándome y cuatro o cinco otros que me pegaban en diferentes partes del cuerpo", dijo Jibouri, un sunní. "Me acusaron de dar armas y dinero a los terroristas... Me dieron una lista de 10 nombres y me dijeron que les diera información sobre ellos porque eran terroristas. Uno de los nombres era el de mi hermano y otro el de un vecino mío que en realidad murió hace cinco años".
Jibouri dijo que había sido golpeado con tubos y le habían aplicado descargas eléctricas. "No sabía cuándo terminaría", dijo.
En un momento, dijo Jibouri, los interrogadores le dijeron: "Vosotros, los sunníes, gobernasteis este país durante 35 años. Ahora nos vengaremos". Jibouri fue dejado en libertad tras 10 días de detención. No fue acusado de nada.
Guheithi, el imán sunní, ha sido detenido tanto por las fuerzas americanas como iraquíes. Dijo que tropas norteamericanas lo detuvieron en enero de 2004 y lo acusaron de predicar en su mezquita la guerra santa. Dijo que fue retenido en una celda de aislamiento durante siete días y luego dejado en libertad. Los soldados americanos, dijo, "no me torturaron, pero un iraquí que estaba con ellos me golpeó varias veces".
El mes pasado guardias nacionales iraquíes esposaron a Guheithi en la casa de su hermano en el barrio de Rasafa, en Bagdad.
"Nos empezaron a golpear, a mí y a mis hermanos, frente a nuestros hijos", dijo. "Me dijeron que yo estaba ayudando a los insurgentes enviando camiones a Faluya durante la primera ofensiva contra la resistencia en abril de 2004. Tenían pilas de informes sobre mí. En realidad, yo sólo estuve mandando ayuda humanitaria, que yo recibía en nuestra mezquita".
Dijo que fue retenido durante 9 días en el campamento Taji, que es usado por fuerzas norteamericanas e iraquíes.
"Estuve con otras 19 personas en un cuarto muy pequeño y sin ventanas", dijo Guheithi, que agregó que a menudo le vendaban los ojos para golpearlo. "Cuando se dieron cuenta de que no teníamos información, nos dejaron en libertad... Yo y otros detenidos tuvimos que jurar que no éramos terroristas y que participaríamos en la construcción de un país democrático".

Carol J. Williams contribuyó a este reportaje.

19 de junio de 2005
©los angeles times
©traducción mQh


los hechos en iraq


[H.D.S. Greenway] La distancia entre lo que sabemos de Iraq y lo que está pasando de verdad, es enorme.
Hay cuatro brechas cada vez más grandes que amenazan el resultado exitoso de la guerra de George W. Bush en Iraq. La primera es entre lo que sunníes, chiíes y kurdos quieren para el futuro de Iraq, especialmente en el tema importante tema de la participación sunní. Los sunníes están subrepresentados en el gobierno iraquí debido a que muchos boicotearon las elecciones de enero. Pero la única esperanza de poner fin a su sangrienta insurrección es incorporarles completamente en el proceso político. El tiempo que ha costado alcanzar un compromiso es desalentador.
Dado el enorme número de ataques sunníes contra objetivos chiíes, los emergentes ataques chiíes contra sunníes, y las detenciones ilegales de árabes por las autoridades kurdas en Kirkut, uno se pregunta si acaso la largo tiempo temida posibilidad de guerra civil no ha hecho comenzado.
La dura verdad es que la mayoría de los iraquíes sienten más lealtad hacia sus tribus, sus etnias y sus credos religiosos que por el concepto de Iraq como una nación indivisa, y eso no cambiará pronto.
La segunda brecha es entre todo lo de arriba y lo que Estados Unidos quiere ver en Iraq. La derrota más contundente de los sueños del gobierno de Bush se produjo antes este mes cuando el recién elegido gobierno iraquí desairó la presión norteamericana para desbandar las milicias étnicas y religiosas. La democracia sólo puede funcionar si los intereses sectarios y tribales se subordinan al todo. El estado debe conservar el monopolio del poder coercitivo. Pero los líderes iraquíes prefirieron conservar sus milicias de interés especial, demostrando que el tipo de confianza y de repartición del poder que son necesarias en una democracia, todavía está muy lejos. Como dijo un miembro del Congreso, que ha visitado Iraq a menudo: Lo mejor que podemos esperar es un "república participativa. No será una democracia".
La tercera es la creciente brecha entre el gobierno de Bush y el pueblo estadounidense. Por primera vez, de acuerdo al sondeo del Washington Post/ABC, más de la mitad de los americanos no cree que la guerra de Iraq haya redundado en más seguridad. La verdad es que la guerra de Iraq los ha hecho decididamente menos seguros, desviándonos de la verdadera amenaza del extremismo islámico y creando un imán para los yihadistas fanáticos. De acuerdo a un sondeo de Gallup, ahora un 57 por ciento dice que no valía la pena invadir Iraq.
El apoyo en el Congreso también se está debilitando. Un representante republicano pro-guerra, Walter Jones, de Carolina del Norte, el hombre que quería cambiar el nombre de las patatas francesas por el patatas de la libertad para protestar contra la oposición francesa a la guerra, está presentando ahora una resolución bipartidista de la Cámara exigiendo una estrategia de salida. Y el senador demócrata Joseph Biden, que ha criticado la conducción de la guerra pero es partidario de mantener el curso, dijo hace poco: "No estoy seguro de que, de buena fe, de aquí a un año yo pueda seguir apoyando a las fuerzas americanas en Iraq".
Pero la brecha más grande es la brecha de la realidad entre lo que dice el gobierno de Bush y lo que está pasando de verdad en el terreno en Iraq. El vice-presidente Cheney, a pesar de todas las evidencias contrarias, dijo estupendamente que la resistencia estaba "en sus últimos suspiros". A lo que Biden replica: Cerciórese usted mismo.Visite Iraq.
Washington dice que tiene suficientes tropas en Iraq, pero los comandantes en el terreno dicen en privado que necesitan más hombres.
Un antiguo funcionario del Pentágono, periodista y presidente del Consejo de Relaciones Exteriores, Leslie Gelb, un hombre con considerable conocimientos políticos y militares, volvió de un viaje de información en Iraq hablando de la "brecha entre los que trabajan alla, que son realmente cuidadosos con cada palabra que dicen en términos de predicciones o análisis, y el expansivo, a veces, creo, totalmente irreal optimismo que oyes en gente de Washington".
En un informe al consejo, Gelb se mostró mordaz sobre los intentos de los americanos por adiestrar al ejército iraquí. "Si le preguntáis a cualquier líder iraquí, os dirá que esa gente no puede pelear. No están preparados. Y sin embargo los estamos produciendo como conejos". En cuanto a los planes para adiestrar un ejército iraquí de 10 divisiones este próximo año, Gelb fue irónico: "Para mí está claro que estas 10 divisiones deberían pelear en alguna guerra futura contra Irán. No tiene nada que ver, nada que ver con" recuperar Iraq de los americanos y luchar contra la resistencia.
Los norteamericanos llevan estadísticas en Iraq sobre casi todo, pero poco de eso refleja la realidad. "La información se asienta, y empiezas a preguntarte" sobre su fiabilidad, dijo Gelb. "Te preguntas si realmente sabes lo que está pasando, porque en lo esencial lo que conoces son las estadísticas. Me hace recordar los días de Vietnam".

18 de junio de 2005
©boston globe
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secuelas de downing street


[Scott Shane] Grupo anti-guerra británico dice que memorándum filtrado demuestra que Bush engañó a la opinión pública sobre sus planes de guerra.
Washington, Estados Unidos. Opositores a la guerra en Iraq realizaron una audiencia no oficial en el Capitolio el jueves para llamar la atención sobre un documento filtrado del gobierno británico que dicen que prueba su acusación de que el presidente Bush engañó a la opinión pública sobre sus planes bélicos en 2002 y distorsionó los informes de inteligencia para justificar sus decisiones.
En una atiborrada habitación en el sótano del Capitolio, el representante John Conyers Jr., de Michigan, el más importante demócrata en el Comité Judicial de la Cámara, presidió la audiencia mientras testigos aseguraban que el memorándum de Downing Street -las actas de una reunión el 3 de julio de 2002 del primer ministro Tony Blair con sus principales funcionarios de seguridad- probaba su opinión de que Bush había tomado la decisión de derrocar a Saddam Hussein mucho antes de lo que ha admitido.
"Es gracias a las actas de Downing Street que sabemos la verdad", dijo Ray McGovern, un analista de la CIA durante 27 años que ayudó a organizar un grupo de otros agentes de inteligencia jubilados para oponerse a la guerra.
El memorándum decía que Sir Richard Dearlove, el jefe de la inteligencia británica, había dicho en la reunión que Bush ya había decidido la guerra "pero que los informes de inteligencia y los hechos eran ajustados a esa decisión".
Cindy Sheehan, madre de un soldado de 24 años que murió en Iraq el año pasado, dijo que el memorándum "confirma lo que ya sospechaba: el presidente de este país nos llevó ilegalmente a invadir un país soberano sobre la base informes de inteligencia prefabricados y escogidos cuidadosamente".
La Casa Blanca ha sostenido que Bush decidió invadir Iraq sólo después de que el ministro de Asuntos Exteriores, Colin L. Powell, defendiera el punto de vista del gobierno en una extensa presentación ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas el 5 de febrero de 2003. Su argumentación se centró en informes de inteligencia que se suponía que demostraban que Iraq poseía armas ilícitas. Sin embargo, no se encontraron las armas.
Interrogado la semana pasada sobre el memorándum, el presidente Bush dijo: "Nadie quiere enviar a los militares a hacer la guerra. Es la última opción". Agregó: "Nos esforzamos para ver si podíamos resolver el conflicto de manera pacífica".
Tras la audiencia, Conyers y una docena de colegas del Congreso entregaron a la Casa Blanca unos bultos que dijeron que contenían los nombres de más de 560.000 norteamericanos reunidos en internet que habían firmado su carta al presidente exigiendo respuestas a las preguntas planteadas por el memorándum británico. También firmaron la carta 122 miembros del Congreso.
Interrogado sobre la carta de Conyers y el memorándum británico, Scott McClellan, el principal portavoz del presidente, describió al parlamentario como "un individuo que en primer lugar votó contra la guerra y está simplemente tratando de repetir viejos debates sobre temas que ya fueron tratados".
"Y nuestro interés no está en el pasado", dijo McClellan. "Está en el futuro y para asegurarnos de triunfar en Iraq".
La audiencia y otros sucesos el jueves muestran que los sentimientos contra la guerra han recibido nueva energía con la publicación del memorándum británico y evidencias de que el Congreso y la opinión pública se han tornado contra la conducción de la guerra del presidente.
Un grupo bipartidista de miembros de la Cámara introdujeron una resolución llamando al gobierno a anunciar para fines de año un plan de retirada de las tropas americanas, y más de 40 legisladores anunciaron la formación de una reunión del grupo ‘Fuera de Iraq' dirigido por la parlamentaria Maxine Waters, una demócrata de California.
El sondeo del New York Times/CBS News publicado este viernes muestra que 37 por ciento de los estadounidenses encuestados aprueban la conducción de la guerra por Bush, desde un 45 por ciento en febrero.
En una manifestación contra la guerra al otro lado de la calle de la Casa Blanca después de la audiencia de Conyers, los oradores animaron a una multitud de varios cientos de personas con llamados para llevar a casa a las tropas e impugnar a Bush. Los manifestantes, organizados por un grupo llamado Después de Downing Street, calificaron el memorándum británico de evidencia irrefutable de que tenían razón contra el gobierno.
El memorándum de Downing Street, llamado así porque la reunión tuvo lugar en la residencia del primer ministro en Londres, fue publicado por el Sunday Times de Londres el 1 de mayo.
Es uno de siete documentos de preguerra que fueron filtrados desde septiembre a Michael Smith, un periodista del Daily Telegraph antes de que empezara a trabajar para el Sunday Times. Uno de esos documentos, escritos en preparación de la reunión del 23 de julio, y publicado por Sunday Times el domingo, advertía que "una ocupación de posguerra de Iraq conducirá a un prolongado y costoso experimento en la construcción de una nación" en el que "Washington se echará a la espalda una parte desproporcionada de la carga".
Los activistas han acusado a las organizaciones de prensa establecidas de desdeñar la importancia del documento, aunque los bloggers ya se habían hecho con las evidencias.
David Swanson, un activista demócrata y uno de los fundadores de Después de Downing Street, criticó a los defensores del presidente Bush y a periodistas que han calificado el memorándum de "noticia vieja" debido los preparativos de guerra del presidente habían sido ampliamente reportados a mediados de 2002.
"Pero para la mayoría de los norteamericanos son noticias nuevas", dijo Swanson.

17 de junio de 2005
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acuerdo con sunníes


[Sabrina Tavernise] Sunníes aceptan papel en la redacción de la constitución.
Bagdad, Iraq. Líderes políticos iraquíes rompieron el impasse el jueves cuando los árabes sunníes aceptaron una propuesta de compromiso para aumentar su representación en la comisión parlamentaria dominada por chiíes que debe redactar la constitución.
El acuerdo es un importante paso adelante en el proceso político iraquí, que se ha visto obstaculizado por discusiones entre chiíes y árabes sunníes sobre cuántos sunníes incluir en la comisión. Sin embargo, no es todavía un acuerdo final, ya que los líderes políticos no han logrado acordar qué sunníes serían miembros.
La oferta -15 escaños adicionales y 10 posiciones de asesoría para árabes sunníes- fue hecha por primera vez la semana pasada, pero fue rechazada por muchos sunníes, que dijeron que querían más escaños. Desde entonces, los miembros chiíes de la comisión suavizado la propuesta, diciendo que la comisión aprobaría por consenso y no por voto la nueva constitución, haciendo menos importante el número preciso de escaños de cada grupo.
El acuerdo sobre la constitución se produce cuando fuerzas militares americanas en Mosul anunciaron la captura de un líder de la resistencia identificado como Mohammed Sharkawa, un lugarteniente de Abu Musab al-Zarqawi, el militante más buscado de Iraq.
Los militares estadounidenses dijeron que un soldado americano, el sargento Alberto B. Martínez, 37, de la División de Infantería 42, de la Guardia Nacional del Ejército en Nueva York, ha sido acusado de la muerte el 7 de junio de dos soldados en una base militar en Tikrit, al norte de Bagdad. Está detenido en un centro militar de Kuwait.
Los dos soldados, el capitán Phillip T. Esposito, y el teniente primero Louis E. Allen, murieron después de ser impactados por lo que los investigadores pensaban inicialmente que era fuego indirecto en una ventana en el edificio donde se encontraban. Después de una pesquisa ulterior, "se determinó que la explosión no era consistente con un ataque de morteros", dice la declaración de los militares.
La violencia insurgente continuó en Iraq, con más ataques contra las fuerzas de seguridad e informes sobre la muerte de seis militares norteamericanos que murieron el miércoles cerca de Ramadi. Funcionarios americanos y europeos han expresado su esperanza de una mayor participación de los sunníes en el proceso político ayudará a apagar la resistencia, cuya fuerza motor proviene de los márgenes violentos de la comunidad árabe sunní.
Bahaa al-Aaraji, miembro de la comisión, dijo el jueves noche que los líderes chiíes habían insistido ante los sunníes en que su oferta era la última.
"Les dijimos, si llegan tarde no será una buena noticia para vosotros, porque empezaremos a trabajar y no esperaremos", dijo. "Es por eso que accedieron tan rápidamente. Ahora está todo en orden. Hoy, todo el mundo está contento".
Líderes sunníes planean reunirse el sábado para discutir sobre posibles candidatos para la comisión, dijo Mejbel al-Sheik Isa, miembro del Consejo del Diálogo Nacional y uno de los seis sunníes que elegirá a los nuevos miembros. La iniciativa podría tomar tiempo. El gobierno iraquí pasó por un proceso similar a la búsqueda de candidatos sunníes apropiados para el gabinete, y las conversaciones se estiraron durante semanas.
Pero incluso si se decide rápidamente sobre los nuevos miembros, no está claro cómo hará la comisión para dirigir el difícil y contencioso proceso de redactar la primera guía legal permanente del país sin la herramienta del voto. Temas como cuánto poder otorgar a los gobiernos regionales y el papel del islam son debatidos acaloradamente, y resolver esos problemas sin votar puede resultar imposible.
Formalmente el gobierno instaló lo que es esencialmente un nuevo cuerpo de 71 miembros del que participan 55 miembros de la comisión original y los nuevos miembros sunníes, y un representante de una pequeña secta religiosa, agregado la semana pasada.
La comisión original estaba formada por diputados elegidos en enero, con 28 miembros del principal bloque chií, y otros 27, incluyendo a 15 kurdos y un cristiano. Hay dos sunníes en la comisión de 55 miembros: uno es independiente; el otro es miembro del partido de Ayad Allawi, el ex primer ministro chií laico.
De acuerdo a las reglas que están siendo redactadas, los nuevos miembros sunníes de la comisión no serán escogidos de entre miembros del parlamento.
De muchos modos, el acuerdo es un nuevo principio para los desplazados árabes sunníes, que se han aislado cada vez más desde que se negaran a participar en las elecciones de enero. Los chiíes, que se hicieron con el poder en las elecciones, han estado bajo presión de americanos y europeos para ofrecer a los sunníes un papel de mayor importancia en la política.
"Todavía muchas cosas pueden salir mal", dijo aquí el jueves moche un diplomático occidental. "Este es definitivamente un paso adelante, pero creo que la gente no lo dirá mientras no se hayan puesto de acuerdo en todos los nombres".
Líderes iraquíes han prometido que no recurrirán a una extensión legal de la fecha cierra del 15 de agosto para redactar la constitución, y los legisladores se están esforzando por terminar a tiempo. Los iraquíes la votarán en octubre, y se convocará a elecciones nacionales en diciembre.
"No tenemos semanas y semanas", dijo el diplomático.
Los negociadores sunníes dijeron que habían acordado aceptar la oferta chií del jueves noche cuando, en una reunión en casa de uno de los negociadores, decidieron que todo atraso podría interrumpir las elecciones de diciembre y prolongar el actual gobierno de transición, algo que quieren evitar. Quizás más importante, creyeron que si rechazar la oferta simplemente cimentaría su ausencia del proceso político.
"No había alternativa", dijo Saleh Mutlak, miembro del Consejo del Diálogo Nacional, un grupo árabe sunní que ha exigido un mayor papel. "Es una de dos cosas, o nos integramos al proceso político o nos quedamos fuera".
Incluso así, el acuerdo permite alguna flexibilidad. "Todavía nos podemos retirar en cualquier momento", dijo.
Mutlak dijo que una de las preocupaciones de los sunníes era el calendario. Dos meses es muy poco tiempo para redactar una constitución permanente, dijo. Los sunníes pedirán que se extienda la fecha límite. "No quiero poner mi firma a una constitución que se escriba en dos semanas", dijo.
Mutlak e Isa dijeron que los sunníes sólo aceptaron la propuesta después de que los chiíes se comprometieran a tomar decisiones por consenso antes que por votación.
De las seis nuevas bajas norteamericanos, cinco eran marines que murieron cerca de Ramadi el miércoles cuando una bomba improvisada de carretera destrozó su vehículo, dijeron los militares. Ramadi, la capital de la provincia de Anbar, es una área árabe sunní escasamente poblada que se ha opuesto furiosamente a la ocupación americana. Los marines han realizado dos grandes ataques en la parte occidental de la provincia en los últimos dos meses. La ciudad misma, a unos 110 kilómetros al oeste de Bagdad, no ha sido atacada.
"La situación en Ramadi refleja el tipo de situación cíclica que tenemos", dijo en una sesión informativa el general de brigada de la Fuerza Aérea, Don Alston, portavoz de la Fuerza Multinacional en Iraq.
En una demostración de su poderío en Ramadi, docenas de hombres encapuchados rodearon el jueves una mezquita del centro de la ciudad para impedir una reunión de políticos y líderes tribales, informó la Associated Press.
Los insurgentes también se cobraron algunas vidas en Bagdad, con la muerte de al menos 6 agentes de policía y 27 heridos cuando un terrorista kamikaze que conducía un sedán se incrustó en su convoy en la peligrosa carretera del aeropuerto, dijo un funcionario del ministerio del Interior. En Bacuba, al norte de Bagdad, una bomba improvisada de calle mató a tres civiles, incluyendo a dos niños, y en Kirkuk otro terrorista suicida dejó heridos a cuatros soldados y cuatro civiles, incluyendo a un niño de 6 años.
Los ataques insurgentes contra blancos civiles han crecido en los últimos meses y funcionarios norteamericanos e iraquíes dicen que son señales de un enemigo cada vez más desesperados.
"Con los recientes ataques de Zarqawi, han aumentado enormemente las bajas civiles", dijo el general Alston.
Un portavoz de la Casa Blanca dijo el jueves que el primer ministro Ibrahim al-Jaafari visitará al presidente Bush el 24 de junio para tratar los "progresos en la preparación de las fuerzas de seguridad iraquíes", entre otras cosas. Oficiales norteamericanos han defendido enérgicamente a las tropas iraquíes, cuyo funcionamiento ha sido calificado por otros como insuficiente.

Abdul Razzaq al-Saiedy contribuyó a este reportaje.

17 de junio de 2005
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marine mata a oficiales


[Michelle O'Donnell y Damien Cave] Marine acusado de matar a dos superiores.
Las fuerzas armadas estadounidenses han acusado ayer a un miembro de la Guardia Nacional del Ejército en Nueva York, de asesinar la semana pasada a dos oficiales superiores en una base cerca de Tikrit, Iraq.
De los oficiales, el capitán Phillip T. Esposito, 30, y el teniente primero Louis E. Allen, 34, de la División de Infantería 42, de la Guardia Nacional del Ejército en Nueva York, se creía primero que habían muerto después de que fuego indirecto impactara en la ventana de un edificio donde estaban el 7 de junio.
Sin embargo, poco después del ataque se abrió una investigación criminal que determinó que el impacto no era consistente con un ataque de morteros, dijeron las fuerzas armadas en una declaración en la que se anuncian los cargos contra el sargento Alberto B. Martínez, 37, de Troy, Nueva York.
Los militares no explicaron el motivo.
La Associated Press citó a una vecina del sargento Martínez diciendo que había perdido recientemente su casa en un incendio y vuelto a su casa de infancia con su padre. La vecina, Barbara Prevost, dijo que la madre de Martínez había muerto hace algunos años. "Ya han tenido una buena dosis de tragedia", dijo.
De acuerdo a los militares, ahora está detenido en un base militar en Kuwait y se le ha asignado un abogado militar, aunque puede contratar a un abogado civil. Las fichas militares muestran que se unió a la Guardia Nacional del Ejército, en Nueva York, en diciembre de 1990. Trabaja como especialista en abastecimiento.
El capitán Esposito era comandante de su compañía y el teniente Allen era un oficial de operaciones de la compañía.
El mando de la División de Infantería 42 fue estacionado en la Base de Operaciones de Avanzada cerca de Tikrit a principios de año y se le confió la seguridad de cuatro provincias norteñas, un área de casi la mitad del estado de Nueva York.
Los miembros de la división fueron seguidos por soldados de otras unidades en servicio activo de la Guardia Nacional y de la Reserva del Ejército. Todo el contingente, unas 23.000 tropas, caen bajo el mando de la división.
La base, larga y barrida por el viento, está en el río Tigris, construida sobre el sitio de lo que había sido un extenso balneario de Saddam Hussein. Después de la invasión, las fuerzas de la coalición se instalaron en las docenas de recargados aunque mal construidos palacios y villas del balneario, construidas en torno a un enorme lago artificial. El sitio está ahora fuertemente fortificado dentro de un perímetro de altas murallas de concreto contra detonaciones, vallas y puestos de control.
La mayoría de las tropas allá gastan la mayor parte de su tiempo dentro de las murallas ocupándose de las varias tareas logísticas de las operaciones militares en las cuatro provincias, aunque la base también alberga a equipos de combate que hacen incursiones diarias en el territorio circundante, y equipos de transporte que transportan provisiones y prisioneros de base en base.
Algunos informes sugieren que el caso del sargento Martínez es el primer caso conocido de fragging, el asesinato de un oficial superior en la jerga militar, a menudo con una granada, pero no pudo ser confirmado.
Las noticias de las acusaciones se producen el día del funeral del teniente Allen, que vivía en Milford, Pensilvania, y sacudieron a los deudos.
"Hoy nos hemos concentrado en el teniente Allen", dijo Denis M. Petrilak, el director de la Escuela Secundaria George F. Baker, en Tuxedo, condado de Orange, Nueva York, donde el teniente enseñó ciencias en los últimos cinco años. Se negó a comentar los cargos.
En casa de los padres del capitán Esposito en Pearl River, un villorrio de Orangetown en el condado de Rockland, un letrero manuscrito colgado del pomo de la puerta decía: "Por favor, no llame".
Un agente de policía apostado frente a la casa ahuyentaba a los visitantes.
El sábado, la madre del capitán Esposito dijo en una entrevista que la esposa de su hijo, Siobhan, y su hija de 18 meses, Madeline, merecían conocer todos los detalles en torno a su muerte lo más pronto posible. Dijo que su hijo, que vivía cerca en Suffern, Nueva York, había querido ser soldado desde el tercer año en la primaria.
Un amigo de la familia, Barry Lennihan, lo llamó una "persona muy, muy sólida", Dijo que el capitán Esposito había asistido de niño a un campamento espacial y hubiera querido ser astronauta, sino no hubiese sido por su vista menos que perfecta.
El sábado, Joseph P. Zanetti, superintendente del distrito de Tuxedo, Union Free School, donde el teniente Allen enseñaba física y geografía, dijo que se dedicaba a su esposa, Barbara, y sus cuatro hijos, y los llevaba a los partidos de baloncesto de la escuela toda vez que podía.

Kirk Semple contribuyó a este artículo.

17 de junio de 2005
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