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literatura

fantasmas de juan rulfo


[Andrés Gómez Bravo] Juan Ascencio, amigo y ex abogado del escritor, publica ‘Un extraño en la Tierra',, una reveladora biografía del narrador mexicano. Hace 50 años aparecía en México Pedro Páramo, una novela de muertos que cambiaría la narrativa latinoamericana. Mientras la obra ganaba resonancia, su autor lidiaba con la depresión, los enemigos literarios y un alcoholismo que combatió con electroshock.
Juan Nepuceno, el hacendado del pueblo, sabía que el vaquero Guadalupe Nava quería matarlo. Años atrás, Juan Nepuceno lo había azotado públicamente por llevar animales a pastar a sus tierras, y el vaquero -entonces un niño- prometió vengarse. Cuando Guadalupe Nava tenía 17 años, el hacendado resolvió que era hora de sacarlo del camino, antes de que concretara la amenaza. El dos de junio de 1923 fue a buscarlo a la taberna donde solía beber y, acompañado de un mozo, lo llevó hasta un lejano arroyo. Pero Guadalupe, envalentonado con el mezcal, fue más rápido y concretó su venganza.
"Han matado a tu padre", le diría luego la viuda a su hijo Juan, de seis años, que sería universalmente conocido como Juan Rulfo.
El sangriento episodio dejará una huella indeleble en el futuro narrador y animará secretamente la escritura de ‘Pedro Páramo', su obra cumbre, una novela de ánimas y muertos que cumple medio siglo. Así lo cuenta Juan Ascencio, ex abogado y amigo del escritor, quien publica ‘Un extraño en la Tierra, biografía no autorizada de Juan Rulfo'.
Fruto de largas conversaciones y de una investigación de 20 años, el libro ilumina los mitos en torno a Rulfo, que él mismo se encargó de divulgar. Este fue uno de los principales obstáculos que enfrentó el autor: los ‘cuentos' que el propio escritor había repartido.
"Fantaseaba mucho, le gustaba modificar la realidad. A cada paso contaba fábulas que no correspondían a la realidad. Hubo datos que me costó años verificar", dice Ascencio desde Ciudad de México.
El libro reconstruye la vida del escritor mexicano más influyente del siglo XX, desde los orígenes de su familia hasta su muerte, en 1986, y explora tanto en su genialidad como en sus zonas oscuras.

¿Y a Ti Quién Te Mató, Madre?
Hijo de Juan Nepuceno Pérez Rulfo y María Vizcaíno Arias, el escritor nació en Sayula, el 16 de mayo de 1917. El asesinato del padre cambió su vida para siempre. De hecho, Rulfo casi no hablaba de ello y, cuando lo hacía, contaba que lo mataron por dos pesos.
Ascencio reconstruye el episodio y subraya la influencia que tendría en su obra: "Fue durísimo. En su cuento ‘Diles que no me maten', el más autobiográfico que escribió, el asesino se llama Juvencio Nava. Le quita el nombre de Guadalupe y se lo pone al asesinado, Guadalupe Terreros. Y después, en Pedro Páramo, la descripción de la muerte de Miguel Páramo (el hijo del cacique), los tiros que recibió, cómo se le salieron los ojos, es la descripción de la muerte de Juan Nepuceno. Y luego cómo quedó la madre de Rulfo, enloquecida, es Susana San Juan pensando en su amor asesinado".
"Han matado a tu padre" es una frase que también aparece en ‘Pedro Páramo'. En la novela, el hijo replica: "¿Y a ti quién te mató, madre?". Para Ascencio, ése es el reclamo de Rulfo a su progenitora.

El Padre Rentería
Ante el duelo permanente de la madre, la abuela decide enviar a los hijos a un orfanato de Guadalajara. Cuatro años después, de visita en su casa, Rulfo se entera de que mamá ha terminado de morir.
Esas pérdidas, más la soledad del orfelinato, dan forma a su personalidad depresiva. De la escuela para huérfanos pasa al seminario y luego a la tutela de su tío, el coronel anticlerical David Pérez Rulfo. "Eso le generó una fuerte contradicción. Venía de 'Viva Cristo Rey' y pasó a 'mueran los curas'. Esa crisis la resuelve en la novela: en el enfrentamiento entre el padre Rentería y Pedro Páramo", dice el biógrafo.
El manuscrito original tenía 350 páginas; Rulfo lo dejó en 180. Cambió el título sucesivamente de ‘Los desiertos de la Tierra' a ‘Los temporales' y ‘Los murmullos', antes de dar con ‘Pedro Páramo'. Publicada el 19 de marzo de 1955, a dos años de su libro de cuentos ‘El llano en llamas', la novela tuvo una fría recepción crítica y vendió mil copias en cuatro años.

El Escritor Alcohólico
El tiempo y la excelente acogida internacional acabarían por situar a Pedro Páramo como "una obra insuperable en la novelística mexivana", según Carlos Fuentes.
Paralelamente al reconocimiento, Rulfo enfrentaba su gran demonio. La adicción al alcohol le creó problemas con sus amigos y particularmente con su esposa, Clara, quien lo encerraba con llave para que no siguiera bebiendo.
Su alcoholismo se volvió intolerable para la familia y a fines de 1962, según revela Juan Ascencio, Rulfo ingresó al Sanatario La Foresta de Guadalajara, donde recibió tratamiento de electroshock.
De esa experiencia saldría el libro de cuentos ‘Días sin Foresta', que destruyó tras corregir por años.

Rivales y Enemigos
Por su carácter, Rulfo tenía facilidad para hacerse enemigos. Uno de ellos era Octavio Paz, el "dictador de la cultura mexicana". Rulfo no toleraba a Paz y viceversa. En la enemistad jugaron factores literarios, políticos y de ego. "Una vez vi a Rulfo muy preocupado por varios días -cuenta Ascencio-. Luego me explicó qué le pasaba: le pidieron sus libros para una exposición en Alemania. También iban a exponer los de Paz. Y él pensó que con sus dos libros iba a quedar muy desmejorado. Entonces decidió mandar sus traducciones, que eran más de 50. 'Ya le gané', me dijo".
Otro de sus enemigos era Camilo José Cela. En 1985, ya enfermo de cáncer, Rulfo era favorito para el Premio Cervantes, pero "Cela se opuso", según él. El premio fue para Gonzalo Torrente Ballester, "que en su casa lo conocen, pero Cela lo maneja", dijo desde su cama. Rulfo partiría al mundo de los muertos el 7 de enero de 1986.

22 de marzo de 2005
©tercera

vaticano no lee código da vinci


[Tracy Wilkinson] Veinte millones de ejemplares después, el Vaticano prefiere que no leamos ‘El Código Da Vinci'. El éxito de ventas es un montón de mentiras que difama a Jesús y perjudica al catolicismo, según cardenal.
Roma, Italia. El autor, Dan Brown, se tomó quizás algunas libertades.
Después de todo, Jesús no era divino; se casó con María Magdalena, una mujer de posible mala reputación, y tuvieron hijos. ¿Por qué tanta conmoción?
Estas premisas, ahora famosas, del libro éxito de ventas ‘El Código da Vinci', ha indignado a los mandatarios de la iglesia católica y un importante funcionario del Vaticano ha pedido que sea evitado.
"Mi llamado es el siguiente", dijo esta semana el cardenal Tarcisio Bertone durante una emisión de Radio Vaticano. "No leáis, no compréis ‘El Código da Vinci'".
Bertone dijo que la absorbente novela de suspense es un disparate de persecuciones a través del Louvre, rompeduras de códigos y siniestras intrigas que difama a la figura histórica más importante del mundo -Jesucristo- e intenta socavar al catolicismo.
Aunque el libro, y especialmente sus insinuaciones sobre Jesús y María Magdalena, ha sido siempre polémico para los funcionarios de la iglesia, Bertone, arzobispo de Génova, es el prelado de más alto nivel en pronunciarse contra el éxito de ventas de Brown.
Bertone, antiguo secretario del poderoso departamento del Vaticano que vela por la doctrina católica, auspició el miércoles noche un simposio en Génova para, según dijo, exponer los mitos y malas intenciones del libro.
En la conferencia, Bertone reconoció que el libro una lectura brillantemente publicitada, pero dijo que "falsifica la figura de Cristo y de acontecimientos centrales para la experiencia cristiana, especialmente la pasión, muerte y resurrección de Cristo".
La oportunidad de los comentarios de Bertone, dos años después de que el libro arrasara en librerías de todo el mundo, puso a alguna gente a rascarse la cabeza. La novela ha sido traducida a 144 idiomas y ha vendido unos 20 millones de ejemplares.
La condena puede haber sido provocada por el hecho de que la trama y aseveraciones de la novela se difundirán más ampliamente en una película protagonizada por Tom Hanks. O puede deberse a la creciente popularidad de las excursiones del ‘Código da Vinci' -excursiones a Roma y París en las que los turistas, libro en mano, tratan de seguir sus claves.
Algunos sacerdotes han dicho que están alarmados de que la gente realmente crea en algunas de las estrafalarias teorías paranoicas del libro.
El éxito de la novela ha contribuido a la creencia entre muchos jefes eclesiásticos de que su fe está bajo ataque. La intolerancia religiosa que ha aumentado desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos y la invasión norteamericana de Iraq, ha atacado especialmente a los cristianos, dijo este mes la revista jesuita de Roma, Civiltà Cattolica. La publicación refleja a menudo la ideología del Vaticano.
Varios funcionarios de alta jerarquía de la iglesia han denunciado en las últimas semanas lo que llaman ‘cristianofobia'. Están alarmados por lo que consideran la erradicación de valores cristianos en medio de un aumento del laicismo y de medidas anti-católicas, tales como la legalización del aborto y el matrimonio homosexual, en los tradicionales bastiones cristianos occidentales de Europa Occidental y Estados Unidos.
Bertone dijo que la novela de suspense de Brown formaba parte de esa tendencia.
"¿Qué hubiera pasado si un libro como este, lleno de mentiras, hubiese sido escrito sobre Buda o Mahoma o, incluso, si se hubiese publicado una novela que manipulara la historia del Holocausto?", preguntó.
El editor, Doubleday, defendió el libro como una obra de ficción. La agencia de noticias Reuters citó al agente de Brown diciendo que el autor no respondería a las quejas de Bertone, aunque ha dicho previamente que aceptaba el debate.
Bertone fue acompañado en la conferencia de Génova por Massimo Introvigne, director del Centro de Estudio de Nuevas Religiones, de Turín, Italia. Dijo que el peligro del libro de Brown era que había afirmado anteriormente que sus descripciones de rituales secretos y documentos misteriosos se basaban en la realidad.
La popularidad del libro, dijo Introvigne, se deriva de su combinación de "dos tipos de ‘gustos' sociales, que parecen estar ampliamente extendidos: por un lado, la idea de que ‘conspiraciones' y sociedades secretas dominan el mundo; y, por otro, un creciente, descarado y virulento anti-catolicismo".
Bertone, Introvigne y otros también se molestaron con el uso de Brown del Opus Dei, una controvertida orden laica bien conectada con el Vaticano, como los canallas.
En el libro, un ‘monje' del Opus Dei es un asesino; algunos críticos señalan que el Opus Dei no tiene monjes y ha crecido en poder y responsabilidad desde que el Papa santificara al fundador español de la orden en el tiempo récord de dos años.
Monseñor Javier Echevarría, obispo del Opus Dei, llamó el miércoles a Brown a "rectificar" sus descripciones de la misteriosa congregación.
"Sabe que está haciendo mal y que está engañando a la gente", dijo Echevarría, agregando que él reza "todos los días" por el autor.

18 de marzo de 2005
21 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

libre comercio divide a bolivia


[Juan Forero] Con una crisis acentuada, Bolivia debate sobre el libre comercio con Estados Unidos.
El Alto, Bolivia. Esta ciudad, una extensión de míseras casas de adobe, considerada la capital de los indígenas de Bolivia, fue el foco de las implacables protestas contra la globalización que derrocó a un gobierno hace más de un año y amenazó a otro presidente, Carlos Mesa, que presentó su renuncia el lunes frente a crecientes manifestaciones.
El martes noche, sin embargo, Mesa dijo que seguiría siendo el presidente, a pesar de su amenaza de renuncia y a pesar de las protestas callejeras que han paralizado partes del país. Nadie, con todo, predice que El Alto siga tranquila. A medida que Bolivia avanza poco a poco hacia conversaciones sobre el libre comercio, los manifestantes dicen que ellos no han terminado.
Pero incluso mientras se desarrolla este choque, El Alto saca discretamente ventajas de las preferencias comerciales ofrecidas por Washington, manteniendo cientos de pequeñas empresas y miles de empleos.
Eso ha creado una fisura poco destacada entre los que dicen que Bolivia necesita entrar en lo que el gobierno de Bush ve como una zona de libre comercio en todo el hemisferio, y los que dicen que ese tratado sólo hará más pobre al más pobre país de América del Sur.
Esa dura división de la opinión pública, más aparente en Bolivia, el país más proteccionista de la región, se repite en toda América Latina -y es impulsada por una persistente pobreza. Los cambios orientados hacia el mercado que prescribió Washington para América Latina no han traído nada o muy poca prosperidad para la gente corriente, con algunos países todavía más pobres que antes.
El crecimiento ha estado cojeando en una región que necesita un fuerte impulso para sacar a su gente de la pobreza, a pesar de mejores indicadores económicos en 2004.
Naciones Unidas calculó la gente que vive en la pobreza en América Latina en 221 millones en 2002, desde 200 millones en 1990.
"Cuando tomas en cuenta que en los diez últimos años sólo han habido dos años con crecimiento, y otros años mediocres o sin crecimiento en absoluto, entonces el impacto político es muy grande", dice César Gaviria, antiguo secretario general de la Organización de Estados Americanos OEA.
"Así que algunos de estos países tienen muchos problemas y no hay apoyo para estas reformas, ni confianza en ellas, porque no se cumplen las expectativas que habría con el crecimiento", dijo Gaviria, ahora presidente de Hemispheric Partners, una firma neoyorquina que proporciona análisis de riesgos políticos y económicos para inversores. "Alguna de la gente que dice que nada ha cambiado tienen, de hecho, razón".
Pero los que promueven el libre comercio en el Fomento Comercial Andino y en la Ley de Erradicación de las Drogas, un acuerdo comercial preferente que rebaja los aranceles norteamericanos para una gama de productos, señalan que esencialmente se trata de recompensar por su cooperación a los países productores de drogas. Se han beneficiado los exportadores bolivianos a Estados Unidos -un grupo diverso que incluye a fabricantes de muebles, joyas y productos textiles-, creciendo especialmente en esta ciudad de 750.000 habitantes fuera de La Paz, la capital, a unos 3.900 metros sobre el nivel del mar. El Alto, con su pequeña y bullente base manufacturera yuxtapuesta contra el más virulento movimiento anti-globalización en América Latina, personifica esas tensiones.
"El Alto es el principal beneficiario de esta ley", dijo Marcos Iberkleid, presidente de América Textil, un fabricante de vestidos de 40 años que trabaja para conocidos detallistas como Ralph Lauren y Abercrombie & Fitch. "Los trabajadores lo saben y ven una notoria diferencia".
Otros, como Pablo Solón, que dirige un grupo de estudios, la Fundación Solón, que se opone a las conversaciones con los norteamericanos, dice que el libre comercio persigue quitar a Bolivia el control de su gas natural y minerales, eliminando los aranceles bolivianos sobre importaciones de Estados Unidos y abriendo amplios sectores de la economía a inversores. El plan americano, dice, dañaría terriblemente a un país que no está preparado para competir.
"No queremos transformar a Bolivia en una isla", dijo Solón, "pero queremos que las negociaciones tomen en cuenta las realidades de nuestro país. Mucho de lo que se ofrece no conducirá más que a más inestabilidad en nuestro país".
El creciente debate en este hermético país de nueve millones de habitantes se produce en momentos en que el gobierno de Bush, que aspira a un bloque comercial de Alaska hasta Argentina, ha avanzado agresivamente para firmar acuerdos bilaterales y presionar a socios reluctantes, como Brasil, para que acepten su visión. De momento, se han firmado acuerdos con países de América Central, la República Dominicana y Chile.
Ahora, Washington está tratando de lograr un acuerdo con los vecinos andinos de Bolivia: Colombia, Ecuador y Perú. Bolivia es actualmente un observador -una concesión a los líderes de inclinación izquierdista del país- pero cada vez más funcionarios de gobierno y líderes empresariales declaran que el país debe integrarse.
Bajo el pacto andino, negociado para Bolivia por el antiguo presidente Jorge Quiroga en 2002, decenas de productos bolivianos entrarán sin pagar aranceles a Estados Unidos. Ese pacto expira a fines de 2006.
El problema para el gobierno boliviano, siempre cauteloso de la siguiente tanda de disturbios causados por los opositores a la globalización, es que Estados Unidos quiere ahora que acceda a un tipo muy diferente de acuerdo, que abriría a los exportadores de cosas como muebles y artículos de cuero a la inversión americana. También iría contra los esfuerzos de la izquierda boliviana para aprobar una ley estricta que ampliaría el control del estado sobre el petróleo y el gas natural.
Según lo ve Eduardo Gamarra, el director nacido en Bolivia del Centro de América Latina y del Caribe de la Universidad Internacional de Florida: "Los norteamericanos están diciendo: ‘Miren, eso era un acuerdo provisional, y ahora tienen que pagar. Tienen que hacer algunas cosas y abrirnos sus economías'".
Pero las voces que defienden el ingreso de Bolivia en un tratado comercial han estado reuniendo fuerzas, y la más prominente de entre ellas en El Alto es el alcalde José Luis Paredes, que fue re-elegido en diciembre sobre la plataforma del libre comercio. Con una pequeña dotación de personal, trabajando en una iglesia debido a que el ayuntamiento fue incendiado por los manifestantes en 2003, está tratado de ofrecer una imagen diferente de El Alto.
"No podemos aislarnos", dijo Paredes sobre su ciudad. "Si la sociedad pensara que el libre comercio no tiene sentido, yo no sería alcalde".
Aunque las cifras sobre la creación de empleo son incompletas, Paredes dijo que el pacto andino ya ha creado el doble de trabajadores empleados en fábricas y por pequeños contratistas, llevando la cifra a 20.000 empleos. Han llegado algunas fábricas grandes, dijo, y la cantidad de pequeñas empresas -tiendas con sólo pocos empleados, a menudo trabajando para fabricantes- ha aumentado de 2.500 a 5.300 personas.
Esto es una cuota relativamente pequeña de la economía local -trabajan 162.000 personas en el sector informal de El Alto, que apenas llegan a fin de mes vendiendo chucherías o comida en la calle.
Pero las exportaciones a Estados Unidos bajo el pacto andino aumentaron en un 20 por ciento en los primeros diez meses de 2004 con respecto al año anterior, y Paredes dijo que eso había dado a Bolivia una tentadora idea de lo que sería el futuro si firmaba un acuerdo a mayor escala.
Entre los grandes beneficiarios se encuentra Eduardo Bracamonte, gerente general de Exportadores Bolivianos. Joyero para Macy's, Bloomingdalés y Wal-Mart, sus exportaciones de collares, anillos, pendientes y artículos similares aumentó a 39 millones de dólares el año pasado, un aumento de 34 por ciento con respecto a 2003.
La compañía emplea a 750 trabajadores en dos plantas en La Paz y depende de otros 1.600 obreros temporales en 17 pequeñas fábricas en El Alto, una fuerza de trabajo destinada a crecer con el nuevo pacto.
"Esto es producción de masas", dijo durante un tour, a medida que hileras de trabajadores en uniformes de trabajo grises sueldan o ensartan cadenas de oro en su planta principal. "Lo que quiere Estados Unidos se ajusta perfectamente a lo que podemos ofrecer".
Las exportaciones textiles también se han disparado, beneficiando en general a compañías como la América Textil, de Iberkleid, que exportó en 2004 por un valor de 32 millones de dólares, un aumento del 20 por ciento con respecto a 2003.
En las extensas y bien iluminadas plantas de las fábricas de Iberkleid, los obreros cosen, revisan ropa y empaquetan. Otros en los terminales de ordenador reciben pedidos de Estados Unidos, haciendo modificaciones de último minuto antes de dar instrucciones a la gente en la línea de montaje.
Aquí, la paga y los beneficios pueden triplicar o más el salario mínimo de 55 dólares al mes, los trabajadores están sindicalizados y algunos reciben formación universitaria pagada por la compañía -un tratamiento inusual en países como Bolivia. Con pedidos de ropas que llegan abundantemente, Iberkleid tiene ahora 3.000 obreros; tenía 1.300 antes de que se hicieran efectivas las preferencias comerciales.
"Cuando hablo con los obreros sobre el libre comercio", dijo, "el apoyo es impresionante".
Pero las optimistas expectativas ocultan una corriente subterránea de descontento entre los trabajadores aquí, el tipo de rabia contenida que provocó la semana pasada protestas en todo el país que pusieron en peligro a Mesa. Muchos de ellos son obreros temporales de pequeños negocios que apenas pagan el salario mínimo.
En uno, un joyero, hileras de trabajadores repetían el tedioso de trabajo de ensartar cadenas de eslabones de oro. Es un trabajo difícil y la paga -justo por encima del salario mínimo- es una miseria, dijeron los trabajadores.
Uno de ellos, Moisés Pintado, 33, dijo que a veces los empleados no son pagados a tiempo. La vida sigue siendo dura y suspira por los días en que compañías de propiedad del estado, como las minas de estaño y plata que alguna vez cubrían Bolivia, proporcionaban muchos de los trabajos.
"Como estas compañías son privadas, nos pagan menos", dijo. "Y protestamos por esa razón".

10 de marzo de 2005
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©traducción mQh

inventando a sherlock holmes


[Michael Chabon]¿Qué explica el perdurable éxito de Conan Doyle?
Ciento diecisiete años después de su primera aparición impresa, en las páginas del Beeton's Christmas Annual de 1887, aficionados y no creyentes por igual parecen sentirse obligados a tratar de explicar la duradera atracción de Sherlock Holmes, maravillándose o sacudiendo la cabeza, o ambas cosas, como si las historias de las aventuras del Dr. Watson fueran un sistema, como un semáforo o un correo neumático, que debió haber sido superado hace mucho tiempo. Esas explicaciones, con grados variados de éxito, defienden las tramas más inteligentes y competentes, o el apetito burgués de aventuras atildadas, o la nostalgia por una era perimida (victoriana o adolescente), o la dinámica Holmes-Watson (analizada quizás en términos jungianos o pura teoría), o la subyacente y todavía palpable caballerosidad de Sir Arthur Conan Doyle, o incluso, faltaba más, la calidad de la escritura misma, mejor de lo que necesitaba ser. Inherente a estas explicaciones, ocultas o explícitas, y entre apólogos y críticos por igual hay una sensación de que quizás los 56 cuentos y 4 novelas cortas que conforman el llamado canon (los llamados sherlockianos) no merecen tanta sostenida admiración.
Como en un universo cabalista, ha habido desde el principio dudas sobre el mérito literario de las historias de Holmes, y la culpa es enteramente del autor. Sería loco alegar que Conan Doyle despreciaba a su propio Holmes; se sabe que lo lamentaba, y lo despreciaba, diciendo de Holmes: "He tenido tal sobredosis de Holmes que siento hacia él lo mismo que hacia el paté de foie gras, del que una vez comí demasiado, así que la mera mención de él me hace sentir enfermo". En 1893, en ‘El problema final', un cuento que se lee como el acto de un hombre desesperado, hizo un sincero intento de asesinar a Holmes (por el Dr. Moriarty en las Cataratas de Reichenbach). Pero incluso en la primera historia de Holmes, ‘Estudio en escarlata', sufre de la falta de fe del autor en sus propias creaciones, entre los baldíos mormones de Utah, donde el asesino, más tarde atrapado por Holmes, pierde a la chica que amaba.
La siguiente aventura de Holmes, ‘El signo de los cuatro', empieza con un capítulo que incluye las primeras de muchas metacríticas que el detective propondría sobre los esfuerzos literarios de su compañero y, por extensión, del mísero joven doctor que llevaba las riendas: "Lo he estado pensando", observa Holmes a Watson, refiriéndose a ‘Estudio en escarlata', y continúa: "Honestamente, no puedo congratularte. El trabajo de un detective es, o debe ser, una ciencia exacta, y debería ser tratado de manera fría y calculadora. Tú has tratado de teñirlo con romanticismo, que produce el mismo efecto que si metieras una historia de amor o una fuga en la quinta proposición de Euclides".

Por supuesto, algunos de nosotros pensamos que la quinta proposición de Euclides sólo podría ser superada por una bonita y jugosa fuga. Este es el típico, bien humorado reírse de sí mismo, con Conan Doyle haciendo gala de su socarrón ingenio por el que muy rara vez, incluso entre sus más ardientes admiradores, se le rinde crédito.
Mientras se afanaba en desdeñar las historias de Holmes, tramando su muerte y acariciando el supurante orgullo de un futuro Walter Scott condenado, primero por la necesidad y luego por el éxito, a escribir narrativas populares, Conan Doyle también lo estaba, desde el principio, pasando bien. Parece haber sido típico del hombre que, como se desprende del anterior pasaje, se divertía a sus propias expensas.
Como la mayoría de los escritores, Conan Doyle escribía por dinero. Su desgracia como artista fue hacer pilas de dinero, y hacerse famoso en el mundo, escribiendo historias que no consideraba meritorias de su talento, mientras que obtenía menos crédito y dinero por trabajos que para él significaban mas; y de ser tan manirrota en su filantropía, extravagantes horarios y hábitos de gasto, y tan dotado de hijos, que las pilas de dinero nunca eran suficientes. Pocos escritores han escrito tan determinadamente por dinero como Conan Doyle cada vez que se sentaba a escribir una nueva elaboración de Sherlock Holmes. Que los resultados de esta notoria y efectiva escritura a hachazos haya perdurado tanto tiempo, testimonia, en mi opinión, no sólo el talento artístico y narrativo de Conan Doyle, y la magia del heroico dúo protagonista, sino también la arrolladora, desdeñada, despreciada y negada fuerza del dinero y su dominio de una imaginación dispuesta.

2
Secretos compartidos, engaño y disimulo, impostura, vergüenza oculta y maldad reprimida, mujeres locas en el ático, la vida encubierta de Londres, la ocultación de la perversidad y maravilla debajo de la aburrida fachada de ladrillos del mundo -estos son motivos familiares de la literatura popular victoriana. En 1889, J.M. Stoddart, el editor americano de Lippincott's Magazine, llevó a almorzar a Oscar Wilde y otro escritor, y durante el almuerzo propuso que cada uno escribiera una larga historia para su publicación. Uno de sus invitados en el almuerzo ese memorable día empezó y escribió una historia sobre un genio misterioso, bohemio, maníaco depresivo, que ronda en la amarilla neblina de Londres, usa cocaína y heroína para aliviar el tormento de vivir en este "pesado, sombrío y poco rentable mundo" y apacigua su hábito a las drogas maquinando compulsivamente intrigas para descascarar la superficie normal de la vida de otra gente, descubriendo historias secretas de violencia y vicio. Stoddart publicó la segunda novela de Conan Doyles con Holmes como ‘El signo de los cuatro'. Wilde, por su parte, escribió ‘El retrato de Dorian Gray'.
El hábito victoriano de ver doble, de descubrir la vergüenza oculta y los sentimientos secretos en la vida de los humanos corrientes, alcanzó su cúspide con las historias de detectives de Sigmund Freud, y persiste hasta nuestros días. Es tentador leer la biografía de Conan Doyle como una narrativa victoriana clásica de este tipo, de un éxito acosado por un vergonzoso fracaso, de la fidelidad marital que oculta un amor adúltero, de un robusto positivismo científico que esconde una profunda credulidad.

La vida de Conan Doyle se fundaba, comenzando por su apellido, en una serie de pares entrelazados: irlandés y escocés, celta e inglés, doctor y novelista, fracaso anónimo y celebrado caballero, atleta y esteta, cariñoso padre de familia e insensible andorrero, marido leal y irremediable enamorado, adalid de la verdad e inveterado encubridor, partidario de la ley de reforma del divorcio y opositor del sufragio universal, adulador tocador de flauta de Agincourt y acongojado doliente de Somme. La serie fue perfeccionada por un par arquetípico que sólo tiene en el corazón de los lectores y en los anales de la amistad imaginaria al Quijote y Sancho como rivales, ese archivo de hombres extraordinariamente limitados que encuentran en otro, y sólo en otro, la materia, la inteligencia, y la pasión de un hombre entero.
Arthur Conan Doyle era nieto de un caricaturista, el sobrino del diseñador de la cubierta original de Punch, y el hijo de Charles Doyle, arquitecto y pintor que murió en un sanatorio privado a causa de la bebida y de esa especie de amargada y tímida locura que se ve a sí misma como una condenación en un exceso de sanidad. La suya era un tipo de locura que leía el texto azaroso del mundo natural y encontraba mensajes y conexiones secretas, la agencia de elfos y demonios y otros seres liminales. Charles Doyle apabulló a su hijo con el legado de un fracaso y un tesoro tan rico e irrelevante como el ritual que dejó Sir Ralph Musgrave a sus desconcertados herederos: un modo extravagante de mirar el mundo, de hacer, a todo precio, que tenga sentido. La irresponsabilidad, epilepsia, alcoholismo y final internamiento en una institución fueron para Conan Doyle los oscuros axiomas de su vida, nunca reconocidos, y a veces negados.
La madre de Conan Doyle, Mary, a la que llamaba siempre ‘la Madame', parece haber sido un modelo de maternidad victoriana, encintada, encajonada. También era una narradora de historias irlandesa, que asustaba y aterraba a sus hijos junto al fogón en las largas tardes de invierno con historias de fantasmas y leyendas de héroes y elfos. Madre de diez (siete llegaron a adultos), modelo de decencia, modestia y devoción, mantuvo sin embargo una relación de toda la vida con un huésped masculino quince años menor que ella. Evidencias de la relación sexual entre ella y el huésped, un patólogo llamado Bryan Waller, es escasa pero sugerente.
La residencia de Waller en la casa de Doyle antecedió la institucionalización del padre de Conan Doyle, así como el nacimiento del último hijo de Mary, una niña que fue cuidadosamente bautizada con el nombre de Bryan Julia Doyle -Julia es el nombre de la madre de Waller. No se necesita "la especulación más lógica ni la mente más alerta del mundo" para sacar las conclusiones más evidentes. Cuando Waller compró una casa en el campo de Yorkshire, llevó a Mary y Bryan Doyle a vivir con él. Apoyó al joven Arthur económicamente, y la fatídica decisión de Conan Doyle de estudiar medicina fue ciertamente determinada por los deseos del misteriosamente poderoso huésped de su madre. Una lectura de la biografía de Daniel Stashower, de Conan Doyle, sugiere que Bryan Waller fue, en términos prácticos, el personaje más importante en los primeros años de Conan Doyle. Y sin embargo en todos sus escritos autobiográficos y cartas publicadas subsecuentemente, no lo mencionó nunca, ni una sola vez, ni para agradecerle ni para ajustar cuentas. Hay una enigmática referencia en sus memorias: "Mi madre había adoptado el mecanismo de compartir una casa grande, que la puede haber ayudado de algún modo, pero era un desastre en otras cosas".
Varias historias de Holmes se centran en torno a las actividades de siniestros huéspedes en pensiones, padrastros intrigantes, o gente que mantiene a sus seres queridos encerrados. Fantasmas acusadores de un padre emparedado, prisionero por su propio bien, se advierten en la figura epónima de ‘La aventura del soldado que perdió el color' -el veterano de la Guerra Bóer oculto en un "aislado edificio de algún tamaño" en la hacienda de la familia en la creencia de que había contraído lepra en África. Se pueden ver también en el rostro desesperado e inhumano en ‘La cara amarilla' y en la arruinada figura de ‘El hombre encorvado', un antiguo soldado que persigue y mata al oficial inglés que, hace años en India, lo traicionó poniéndolo en manos de sus torturadores. El detective Freud podría haber concluido que Conan Doyle no se había recuperado enteramente del dolor y humillación, primero, de ver a su madre engañar a su demente padre en su propia casa, y luego ser obligado a estar presente cuando el anciano fue empaquetado hacia el Manicomio Montrose Royal, para no volver nunca.

El par entrelazado de la historia de la familia y la vida familiar de Conan Doyle se representaba en una ciudad que reflejaba paso a paso su dualidad y duplicidad. Incluso más que Londres, en el siglo diecinueve Edinburgh personificaba los impulsos de Jekyll-y-Hyde en la mente victoriana. En Londres, el mal y el bien, lo público y lo privado, tendían a ser presentados como vecinos cercanos. Ellos incluso, como Henry Jekyll y Edward Hyde, compartían el mismo cuerpo. Londres figuraba en revoltijos como ‘La tienda de antigüedades', o en ‘La casa desierta', de Krook, en paisajes uniformados por la neblina y el lodo. Edinburgh, en la época de la infancia de Conan Doyle, consistía de dos ciudades distintas, la Antigua y la Nueva Ciudad. El antiguo centro medieval de Edinburgh, "esta maldita, maloliente, apestosa masa de rocas y lodo y estiércol", como la llamaría Thomas Carlyle, era conocido en Europa por su fetidez. A principios del siglo 18 había sido, como Charles Doyle, suplantado, aunque no completamente remplazado, por una majestuosa ciudad de piedra gris, erigida en el lado norte del antiguo burgo.
Este acto parcialmente exitoso de deliberada superación moral de una ciudad orgullosa de sus recientes logros intelectuales y comerciales, y ansiosa de deshacerse del estigma de su sombrío pasado parroquial, producido por una ciudad con un secreto compartido, una ciudad luchadora, racionalista, cuya red de calles ocultaban un angustioso recuerdo del sangriento y antiguo abismo escocés. También se reflejaba en el predicamento, y logro, de Conan Doyle mismo, que vivió una triste infancia entre el fracaso, una gentil pobreza y el inimaginable olvido de su padre, por un lado, y la relativa fama y esplendor de sus exitosos y artísticos abuelo y tíos Doyle en el remoto Londres; entre el siempre presente espectro de la ruina y la desgracia y el brillante futuro que soñaba (y que más tarde alcanzó); entre el misterioso mundo católico irlandés de las historias de fogón de su madre y la narrativa decididamente empírica y protestante de la Escocia urbana victoriana.

En la facultad de medicina de la Universidad de Edinburgh, en el sombrío corazón del castillo de Gormenghast de la Ciudad Antigua, Conan Doyle obtuvo una decisiva demostración de que el modo de su padre de leer el mundo buscando mensajes podía combinarse con el talento de su madre para inventar historias. En el otoño de 1876, empezó a asistir a conferencias y a trabajar como oficinista en la Enfermería Real, presidida por el Dr. Joseph Bell, FRCS, un ingenioso practicante de lo que podría llamarse literatura de diagnósticos. También lo podemos llamar ficción en prosa, o ciencia de la detección.
Joe Bell era una leyenda en la facultad de medicina. Su chiste favorito -se deleitaba en él, como el personaje que algún día inspiraría el coup de théâtre- era diagnosticar a pacientes en la sala de espera de la enfermería sin siquiera hablar con ellos ni examinarlos directamente. Como escribió el Dr. Harold Emery Jones en una memoria: "Señores, ¡un pescador! Observaréis que, aunque este es un día de un verano muy caluroso, el paciente lleva botas de pesca . Cuando se sentó en la silla eran claramente visibles. Nadie sino un marinero llevaría esas botas en esta estación del año... Está escondiendo una mascada de tabaco en una rincón de su boca y lo logra bastante bien, señores... Además, para probar la exactitud de estas deducciones, observé varias escamas adheridas a su ropa y manos, mientras que el olor a pescado anunciaba su llegada de la manera más marcada y notable ".[1]

El principio detrás de estos festines de inspiradas suposiciones, es tomar la suma de un conjunto de hechos físicos, muchos de ellos no evidentes para ojos no adiestrados, y contrastarlos con un embalse de conocimiento basado en observaciones previas -el punto de la teatralidad de Bell- despertaría al joven doctor ante un tesoro de signos, síntomas y atajos que proporcionaba un paciente. El paciente llegaba echando y derramando grandes y ardientes goterones de información; él o ella era un plato petrificado de hechos cuya lectura y diagnosis exigían sólo paciencia y un ojo altamente adiestrado.
Pero esas capacidades de observación e interpretación no era todo el hacer de los médicos, como no lo es de escritores o detectives. Para tener éxito como un diagnosticador literario, o novelista, o detective, también se necesita el arte que, si usted fuera Arthur Conan Doyle, habría aprendido de su madre: necesitaba el don para contar historias, tanto para la ‘historia' que se puede inferir por los signos y síntomas y por el modo en que la historia puede ser reconstruida, en términos terapéuticos, para beneficio del paciente. Bell trataba a sus pacientes, en parte, contándoles sus propias historias, como si enhebrar una historia coherente fuera en sí mismo una especie de terapia.
Aunque el celebrado fracaso de Conan Doyle como médico practicante parece haber sido exagerado, parece claro que tuvo poca suerte, y sacó poco placer de la carrera escogida. (Al menos un escritor ha sugerido que Conan Doyle puede haber matado a un paciente, porque era tan inepto como Charles Bovary o por motivos más siniestros; más tarde se casó con la hermana del difunto y controló los ingresos que ella había heredado de su hermano.[2]) Como muchos escoceses de su época, esos ingenieros, capataces, gerentes, príncipes mercaderes, reclutas y apologistas del Imperio, Conan Doyle tenía una fuerte inclinación por la aventura. Tratando de evitar el destino que Waller, su Moriarty personal, había determinado para él, Conan Doyle hizo dos inconclusos o desdichados intentos de transformarse en doctor de barco, y la precipitada y desgraciada decisión de abandonar la práctica general por el estudio, en Alemania, de oftalmología, a pesar del hecho de que apenas comprendía el alemán.
A fines de sus veinte, Conan Doyle se vio metido en una serie de difíciles, tediosas o fracasadas prácticas médicas, con una esposa más joven de pobre salud y el primero de lo que serían luego cinco hijos a quienes mantener, endeudado, excluido de la clientela de clase alta de la Harley Street, demasiado orgulloso en su agnosticismo como para acudir a sus devotas relaciones de Doyle pidiendo ayuda, ansiando el tipo de verdadera aventura que habían encendido en él las historias de su madre. Sus ambiciones se estrechaban, su promesa pasaba irredenta. Puede muy bien haber comenzado a verse a sí mismo como frustrado. Había observado el trabajo de Joseph Bell como una especie de salvación, mediante la narración, en la enfermería de Edinbugh. Era inevitable que sus pensamientos se volcaran ahora hacia Bell, atrapado en sus desolados consultorios, y mientras Holmes levantaba la aguja de cocaína, él levantaba la pluma.
Corro el riesgo de caer en cursilerías al insistir demasiado en esta conexión, al menos tan antigua como Rabelais y probablemente trazable a los cuentos de tramposos de chamanes junto a la fogata, entre doctores y literatura, narrativa y curación. Así que sólo mencionaré que cuando se reunieron y publicaron las primeras doce historias de Holmes como ‘Las aventuras de Sherlock Holmes', un libro que hizo a Conan Doyle famoso y rico, y lo salvó para siempre de la vida a la que nunca se resignó, estaban dedicadas al Dr. Joseph Bell.

Notas
[1] Dr. Harold Emery Jones, The Original of Sherlock Holmes (Windsor: Gaby Goldscheider, 1980).
[2] Véase Peter Costello, The Real World of Sherlock Holmes (Carroll and Graf, 1991).

Libro reseñado:
The New Annotated Sherlock Holmes, Tomos 1 y 2
Sir Arthur Conan Doyle, editado con un prólogo y notas de Leslie S. Klinger, y una introducción de John le Carré
Norton, 1,875 pp., $75.00

10 de febrero de 2005
5 de marzo de 2005
©new york review of books
©traducción mQh

al fin autora visita paraguay


[Larry Lother] Autora de ‘The News From Paraguay' viaja finalmente al Paraguay y causa un tumulto.
Asunción, Paraguay. En su discurso de aceptación que leyó después de que su novela ‘The News From Paraguay' recibiera el Premio Nacional del Libro de 2004 en Estados Unidos, Lily Tuck hizo una sorprendente confesión. "En realidad, no he estado nunca en Paraguay, ni tengo intenciones de ir", dijo.
Eso fue en noviembre. Pero la semana pasada Tuck llegó aquí a la capital como invitada del gobierno y, en virtud de haber tratado en su novela el episodio más traumático de la historia del Paraguay, se encontró envuelta en un debate eterno, intensamente emocional y a menudo amargo sobre la identidad y el honor nacionales.
Ambientada en el siglo 19, ‘The News From Paraguay' se concentra en la relación amorosa entre el hombre fuerte del país, el Mariscal Francisco Solano López, y su amante irlandesa, Elisa Lynch.
No sólo incluye referencias a la masturbación y el sexo oral, que serían bastante polémicas, sino también retrata al Mariscal López como tan arrogante, "cruel y ambicioso" que precipita al país en una guerra imprudente en la que perece más de la mitad de la población.
Ninguno de esos detalles molestó al gobierno democrático ahora en el poder, que está todavía luchando por superar los problemas dejados por el general Alfredo Stroessner, el dictador que gobernó Paraguay desde 1954 hasta 1989. Inicialmente las autoridades vieron el éxito del libro de Tuck como una oportunidad excepcional para fomentar su país sin salida al mar de cinco millones de habitantes, que es constantemente ensombrecido por vecinos más grandes y más prósperos, Brasil y Argentina, como una destinación turística.
Pero tan pronto como se anunció la visita de Tuck, estalló la controversia. Un consultor financiero y ranchero llamado Roberto Eaton escribió una carta al ministro de asuntos exteriores y otros funcionarios protestando por lo que consideraba una embarazosa y mansa respuesta a un insulto a la imagen e historia del Paraguay.
"Este libro es asqueroso, absolutamente pornográfico y una calumnia", dijo Eaton en una entrevista. "La gente puede escribir lo que quiera, pero eso no significa que debamos rendirle honores a la autora. Que haya ganado un premio no lo transformó en algo magnífico. Sí, el libro coloca a Paraguay en el mapa, pero es difícilmente la manera correcta de hacerlo".
En un ensayo publicado la semana pasada en el principal diario del país, ABC Color, María Eugenia Garay, una poetisa, acusó también a Tuck de sucumbir ante la "típica visión eurocéntrica" de América Latina.
El libro describe Paraguay, se quejó Garay, como un país salvaje "poblado por aborígenes toscos y peludos, distinguibles de los monos sólo por el hecho de que saben tocar el harpa", el instrumento nacional paraguayo.
Aunque la novela de Tuck no ha sido todavía publicado en español, los titulares de los diarios la describieron como lasciva y reclamó que retrataba al Mariscal López como un "maníaco sexual". Como resultado, los programas radiales abiertos fueron inundados de llamadas telefónicas de radioescuchas ofendidos, y un funcionario local calificó al libro de racista y exigió que Tuck fuera declarada persona no grata.
Pero otros, incluyendo a prominentes historiadores y escritores, defendieron a Tuck observando que ella escribía ficción y no historia. Uno de los nueve restantes tataranietos de Francisco Solano López y Elisa Lynch terminaron incluso cenando con Tuck, una bocado de simetría histórica que la deleitó.
"No tengo ningún problema con el libro, cuyo mensaje real, según creo, ha sido distorsionado", dijo el tataranieto, Miguel Ángel Solano López, ex embajador en Japón y Taiwán. "La novela produjo una efervescencia que creo que es saludable, y reabre un debate nacional sobre nuestra historia".
Historias de fuera del Paraguay han a menudo sido severos en sus evaluaciones del Mariscal López. Señalan la locura de provocar un conflicto con Argentina, Brasil y Uruguay, sus errores estratégicos en la conducción de la guerra, que empezó en 1864 y sólo terminó con su muerte en 1870, y la brutalidad con la que trató a menudo a sus propias tropas y pueblo.
Pero aquí en Paraguay no es visto como un tirano demente e inepto, sino como un héroe nacional, y la guerra que hizo como una causa sagrada. Los paraguayos creen que él impidió que el país fuera tragado por Brasil y Argentina y culpan a los vecinos del terrible perjuicio hecho al país: la muerte de cientos de miles de personas, la destrucción de la economía y la pérdida de gran parte de su territorio.
"Antes de la guerra este era un país fuerte que se estaba desarrollando rápidamente y estaba de muchos modos más avanzado económica y tecnológicamente que sus vecinos", argumentó Evanhy de Gallegos, ministro de turismo. "La guerra rompió al país en algo que fue casi un genocidio y nos dejó con un dolor que no ha menguado nunca, y sin compensación por nuestros sufrimientos".
Tuck, 66, es una ciudadana americana nacida en Francia que pasó parte de su niñez en Perú y Uruguay y también vivió de adulta en Tailandia. Ha escrito otras tres novelas y una compilación de cuentos pero parecía sobresaltada por la respuesta apasionada e incluso visceral a su última novela.
"Estoy feliz no haber pasado esto cuando escribía el libro", dijo, "porque habría sido acosada por todas las facciones y sus puntos de vista. Yo soy una persona tranquila, no un político, así que no sé si hubiera incluso empezado a escribirla si sabía todos los problemas que se presentarían".
Durante una estadía de seis días que terminó el martes, Tuck visitó sitios turísticos en la capital, así como algunos campos de batalla de la Gran Guerra. Pero también visitó misiones jesuitas del siglo 17 y los Rápidos del Iguazú, el escenario de la película laureada con un Óscar, ‘La misión', y el Embakse de Itaipú, que según algunas mediciones es el proyecto hidroeléctrico más grande del mundo.
Por cuestiones de seguridad, Tuck fue acompañada durante sus viajes por un guardaespaldas policial. Pero una vez terminada la rueda de prensa inicial en la que le preguntaron sobre los hábitos sexuales de los soldados norteamericanos en Iraq y la brutalidad de la guerra allá, ella dijo que pensaba que el Paraguay real de hoy era mucho más gentil y amistoso que el imaginario que aparece en su novela.
"Todos han sido tan generosos, desde la camarera en el hotel que quería besar mi mano hasta gente en el gobierno, y estoy muy emocionada", dijo. "Solamente espero que pueda responder a sus expectativas".

17 de febrero de 2005
27 de febrero de 2005
©new york times
©traducción mQh

el novelista como forajido


[Gore Vidal] Sobre James Purdy.
Oí hablar por primera vez de James Purdy hace algo así como medio siglo un brillante día de primavera en Londres. Edith Sitwell me había invitado a almorzar. Bebimos unos martinis mientras ella le daba los retoques finales a una carta para el Times de Londres; la novela de D.H. Lawrence, ‘El amante de Lady Chaterley' estaba siendo atacada por obscenidad. Aunque Edith le tenía antipatía a Lawrence por haber, según pensaba, caricaturizado a su hermano Sir Osbert en la novela, a medida que el gin nos hacía efecto yo aseguré descaradamente que el libro injurioso no era en realidad de Lawrence, sino de Truman Capote. Los ojos con bordes rojos se asomaron achicándose por encima de una larga nariz gótica: "Ciertamente, las fechas no son las correctas".
"Capote", dije yo, "no llegará nunca a los noventa de nuevo".
Ella suspiró con satisfacción. "Eso explica ese horroroso estilo". Comenzó a escribir al editor del Times: "Estimado Señor, soy una niña de 72 años y según me dicen las más altas autoridades literarias..."
A medida que la fuente con martinis se vaciaba, puso la pluma en la mesa y declaró: "He descubierto a un verdadero genio literario. Desconocido en su país, me temo. Se llama James Purdy". Yo aduje ignorancia, pero sabía que Edith, a pesar de sus trajes con vueltas y anillos de jade del tamaño de una pieza de dominó, tenía un aguda percepción del genio literario, si no siempre del talento. Fue una de las primeras admiradoras de Dylan Thomas, y colocó a Purdy en la misma categoría, a pesar del hecho de que sus libros eran en esos días tan cuidadosamente ignorados por los comentaristas literarios estadounidenses como lo son hoy. El novelista Jerome Charyn lo describió como "el forajido de la narrativa estadounidense". Presumiblemente, eso hace a John Updike nuestro forajido supremo.

En una de las solapas del último libro de Purdy lo saludo como "un auténtico genio americano", con énfasis en los dos adjetivos. La prosa de Purdy hace a menudo evocar el penúltimo siglo cuando se buscaban substantivos adecuados para servir como verbos, como en "divirtiéndose", sobre lo que un editor le dijo una vez a Purdy no que pertenecía a un habla americana auténtica, incluso si todo estudiante de las primeras películas de W.C. Fields sabe que es: "Sólo estaba bromeando, querida", dice Fields a la inimitable Gloria Jean. Purdy nació y se crió en el apéndice más auténtico de Nueva Inglaterra: la Reserva Occidental, cuya joya es el estado de Ohio, o, como lo dijo una vez, dramáticamente, Dawn Powell: "Todos los americanos provienen de Ohio originalmente, aunque sea brevemente". Y eso era, por supuesto. Desde entonces las fronteras se han cerrado, y el verdadero azul es a menudo confundido con el rojo de los últimos destellos del atardecer.
Carroll & Graf publica una novela y un tomo de los cuentos cortos de Purdy: ‘Eustace Chishol and the Works' (1967) y ‘Moe's Villa and Other Stories' (2003), con otra novela, ‘The House of the Solitary Maggot' (1974), que saldrá en mayo. Esta última es parte de un ciclo en curso o de una "novela continua", titulada ‘Sleepers in Moon-Crowned Valleys'. Afortunadamente para Purdy, nunco tuvo encima a un Maxwell Perkins rebanando su novela continua en ñascos comerciales, perdiendo en el proceso el flujo narrativo que tanto perdió Thomas Wolfe en su vida e, incluso peor, después de muerto, cuando los editores aserrucharon su vasta novela americana para hacer sus propias, disminuidas novelas convencionales (la biografía de David Herbert Donald, de Wolfe, describe en sangrientos detalles su enfoque de osario del grandioso texto original). Algo bueno acerca de ser un forajido es que Purdy ha sido capaz de hacer sus propias divisiones de toda su obra, y así cada novela se sostiene por sí misma mientras el todo espera la arqueología y la constitución de un trabajo que no se parece a ninguno.
La literatura ‘gay', particularmente por escritores todavía vivos, es un enorme cementerio donde se arroja a los escritores disimilares, excepto sus supuestos deseos sexuales, junto con un montón de trallados senderos de los valores familiares. James Purdy, que debería algún ser colocado junto a William Faulkner en el oscuro rincón gótico del cementerio de la literatura americana, en realidad está siendo desviado para yacer junto a no parientes.
Es interesante observar que en una época de renovado debate sobre asuntos sexuales (disfrazados torpemente de ‘valores morales'), esté James Purdy emergiendo desde las sombras. La primera sombra cayó sobre él con su primera novela, ‘63: Dream Palace' (1956), descrito por el editor como una novela que "gira sobre el amor obsesivo, la homosexualidad y la enajenación urbana", para terminar diciendo "con fratricidio... Purdy escribe sobre hombres que son incapaces de expresar su amor por otros hombres porque la homosexualidad les parece impensable". En realidad, como demuestra Purdy, todo el resto del mundo piensa que es posible. Él está solo en este camino; a veces tenebrosamente cómico, otras trágico como cuando se encuentra en su sendero boca abajo con los "simpáticos", el eufemismo griego para las Furias que persiguen siempre a la humanidad.
Los datos biográficos sobre Purdy son escasos. Nació en 1923, en Ohio, se mudó a Chicago cuando era adolescente, asistió a la Universidad de Chicago y la Universidad de Puebla en México. Entre 1949 y 1953 enseñó en el Lawrence College de Wisconsin, y luego vivió en el extranjero (¿dónde?). Ahora vive en Brooklyn. Aparentemente, empezó a publicar historias en revistas en los años cuarenta. En los cincuenta, trató sin éxito de encontrar un editor americano. Su primer libro fue publicado privadamente en su propio país, y luego por un importante editor en Inglaterra, donde tenía a muchos partidarios en el mundo literario, más especialmente Edith Sitwell y Angus Wilson.
Durante algunos años leí sus libros cuando pude encontrarlos. En un momento Edward Albee escribió una interesante pieza de teatro basándose en la novela ‘Malcolm' (1959), de Purdy. Pero las murallas de Jericó siguieron de pie y siguen todavía de pie hasta hoy a pesar de este único y variado corpus literario. Pero entonces algunos escritores simplemente no son admitidos porque, en algún nivel, causan genuina incomodidad, obligando a la Confederación de Zopencos a acarrear sus obras más vívidas como si fueran pilares de sal para ser instaladas en el mortífero desierto que separa nuestro Oz del mundo real.
‘Moe's Villa and Other Stories' es la última publicación de Purdy. Algunos de estos cuentos son cuentos de hadas, como ‘Kitty Blue', sobre un gato parlante que es amigo y musa de un gran cantante, mientras que la más elegante y extraña de estas historias es ‘Reaching Rose'. Aunque Purdy no abandona nunca sus personajes de ‘Malcolm' -esos dorados efebos perdidos o a la deriva en alguna ciudad extraña o caminando como sonámbulos en un campo coronado por la luna llena- mientras él mismo envejece, a menudo gira sobre viejos y a menudo desconcertantes ardides.

Leí primero su 'Eustace Chisholm and the Works' hacia 1968, poco después de su publicación. Era una época importante en Bookchart Land. Tres escritores "respetables" publicarían tres llamados "libros sucios": Philip Roth, con ‘Portnoy's Complaint' (en 1969), John Updike con ‘Couples', y yo mismo con ‘Myra Breckinridge'. No recuerdo que nadie haya escrito sobre ninguno. ‘Eustace Chisholm' es como un sinvergüenza. Ahora lo he vuelto a leer y me sorprende todo lo que recuerdo después de tantos años.
El libro empieza en un Chicago dreiseriano: "Aquí, en medio del remolino industrial de la depresión económica americana, los desempleados, en pequeños indistintos ejércitos privados, con una generosa pizca de jóvenes blancos de pequeños pueblos y granjas y negros del Sur, hacían la cola de la seguridad social. Eustace Chisholm había quedado apresado en dos tragedias, la nacional del colapso económico de su país, y su fallido intento de combinar el matrimonio con la vocación de poeta narrativo. Se preguntaba si acaso era debido a su incapacidad de escribir un libro o simplemente al tenor general de la época que su esposa Carla, que lo mantuvo durante dos años, se fugara con un aprendiz de panadero unos seis meses después del inicio de esta historia". Está solo, "escribiendo como de costumbre en su largo poema sobre el ‘linaje original' de América", una combinación aparentemente ecléctica de indios, negros y reservistas occidentales. Tiene 29 años y escribe su poema con un trozo de carbón en las páginas de The Chicago Tribune.
Sin anunciarse, la esposa fugitiva, Carla, vuelve. Eustace no está convencido. Le dice que la acepta sólo como "sostén de la familia". Ella acepta el papel, marcada como está por la Letra Escarlata. La esposa convertida en sostén de la familia y el poeta del ‘linaje original' en América se cuentan cuentos de viejas mientras ella se readapta al apartamento y a la vida de su marido, también conocido como Ace.
Purdy, como un amable anfitrión, nos cuenta ahora algo sobre Eustace: "Después de que su padre fracasara en el negocio de los Rápidos de Michigan, y se disparara a sí mismo en la boca en la oficina de la fábrica conservera desde la que había dirigido sus asuntos durante 30 años, Eustace Chisholm se marchó a Chicago dos días después del funeral. Al otoño siguiente empezó a asistir a la universidad por un tiempo, y en realidad estuvo a punto de obtener la licenciatura. Salir al mundo a fines de la era de Hoover y al comienzo del período de Roosevelt, no pudo encontrar trabajo, excepto unos pocos trabajos temporales que no duraban: trabajó como cocinero de comida rápida en una cantina de un vagón Pullman, como recepcionista en una residencia para niños disminuidos psíquicos, como lector de un millonario ciego y en cualquier cosa que encontrara". En cierto sentido, esta es una entretenida parodia del estilo realista del día; en otro, nos cuenta lo que uno termina haciendo en una Depresión. (¿Volvemos a tener días felices?)
Mientras Carla prepara el almuerzo, Eustace entra al salón, donde debe recibir una clase de griego del adolescente Amos Ratcliffe. El dorado joven ha dejado la universidad a pesar del hecho de que es un prodigio. Es también una belleza clásica, la que, como su dominio del griego, conlleva un inusual peso para Eustace, que se pregunta si vivirá lo suficiente como para "leer a Píndaro".
"‘Usted debería avanzar hasta ‘La antología griega'", se atreve Amos Ratcliffe, alentando a su alumno con una bonita exhibición de dientes".
Interactúan varios personajes. Amos es vendido a un millonario. Eustace no aprende nunca como para leer a Píndaro; también abandona la poesía. La narrativa se concentra finalmente en Daniel Haws, un divino joven de complexión oscura (posiblemente en parte un indio americano) que ha servido en el Ejército. Cuando Amos, con un nuevo vestuario de su millonario caballero, sigue adelante a regañadientes, Daniel decide volver a alistarse.
"La vida de Daniel Haws había llegado a un callejón sin salida, casi a su fin, cuando fue separado en oscuras circunstancias del Ejército regular norteamericano. Desde entonces, todo para él ha sido ir de sonámnulo, de una manera u otra. Fueron las ceremonias y rutina del Ejército las que parecía volver a actualizar varias veces al día... desde el desayuno hasta la cuenta de la cama".
Ahora Daniel vuelve a alistarse y es asignado a un campo en Biloxi, Mississippi. "La primera noche de su llegada al campamento, caminó sonámbulo hasta la tienda del capitán Stadger. El oficial, todavía despierto a las 2:30 de la madrugada y golpeteando de vez en vez una polilla que volaba en torno a su única fuente de luz, una linterna, estaba ocupado echándose un ungüento en una tiña en su brazo. Levantó la vista incrédulo y sin embargo con una expresión de reconocimiento y esperanza cumplida a la vista del soldado que estaba parado desnudo y con ojos que no ven ante él.
"Levantándose, desviando el haz de la linterna de la cara del soldado hacia su cuerpo, el capitán lo miró y esperó. Luego, presintiendo lo que tenía entre manos, rápidamente miró el número en la placa del sonámbulo y con una hueca voz de mando, en estricta etiqueta militar, lo despidió, implicando que había sido el capitán quien lo había llamado desde su tienda y volvería a llamarle nuevamente. Obediente, Daniel saludó y, todavía sin ver, giró sobre sí mismo y con un firme paso volvió a su catre". El destino se había encargado de él.
La ingenuidad del capitán como torturador le habría ganado una hoja de oro en la clase de Abu Ghraib de nuestro país. Purdy describe despiadadamente la lenta muerte del cuerpo del guapo soldado, utilizando toda suerte de imágenes en la mente del lector, desde las de Billy Budd hasta las últimas, excepto una, y terribles historias de indios y puritanos destrozándose unos a otros mucho antes de que la Reserva Occidental fuera poblada por usurpadores. En un estallido de dolor y furia, los personajes, uno por uno, cesan de ser. Cuando Amos, Daniel y el capitán se transforman en fantasmas, Purdy cita la traducción de Dryden de Virgilio:

Te conozco, Amor, de los desiertos donde te criaste
Y de las ubres de donde se alimentaron los tigres salvajes;
Extranjero desde que naces, usurpador de las planicies.

Al final, Eustace, por accidente, quema su poema y se quema él mismo. Carla apaga el fuego que está consumiendo su bata. Así se libera de su propio engaño. "Ya ves lo tranquilo que estoy de quemar el poema. No soy escritor, esas son las noticias, nunca lo fui, y nunca lo seré".
"No me interesa si logras algo, lo que sea", le dice Carla. "Todo lo que me interesa eres tú".
"Luego, lentamente, como todos los sonámbulos del mundo", él "la llevó por el largo pasillo hacia su cama, la apretó contra sí, aceptó su frialdad inicial como ella había aceptado durante tanto tiempo la suya, y luego la acarició con una especie de delirante amor".
Sueñan que están despiertos.

27 de febrero de 2005
©new york times
©traducción mQh

recordando a gonzo thompson


[David Kelly] Vecinos recuerdan a Hunter S. Thompson. "Difícil de remplazar, y no estoy seguro de que quiera remplazarlo".
Woody Creek, Colorado, Estados Unidos. Dicen que la Woody Creek Tavern, con su alfombra de estampado de leopardo y cabinas cinceladas en madera, es el centro del universo de este villorrio a pocos picos de montaña de Aspen.
Para Hunter S. Thompson, era más que eso.
El defenfrenado periodista, que se suicidó el domingo pasado, mantuvo durante décadas corte en esta agradablemente cutre cantina. Prefería el taburete junto a la puerta, donde se refugiaba en las frías noches de invierno a beber Chivas Regal a grandes tragos y despotricar contra el mundo.
Ahora su mundo está despotricando de vuelta. Amigos del hombre que acuñó el término ‘periodismo gonzo' y escribió éxitos de venta como ‘Miedo y asco en Las Vegas', se reunieron en el bar el lunes, a tratar de imaginarse este último y conmovedor capítulo de una vida de por sí escandalosa.
"No sé por qué tenía que dejarnos así", dijo un enfadado Gaylord Guenin, un periodista de la localidad que fue amigo de Thompson durante 30 años. "Espero que haya sido un accidente. Me sentiría mejor así".
Steve Bennett, bartendero, miró el pez aguja embalsamado en la pared y pensó un momento. "Bueno, pudo haber sido un accidente; él andaba siempre con armas armadas", dijo Bennett. "Cualquiera que dispare a bidones de gas propano con una magnum .357 puede hacer algo así por accidente. Y si se le pasara una idea rara por la cabeza, lo haría sin pensarlo dos veces".
Thompson, 67, fue encontrado muerto el domingo noche en su cocina, con un impacto de bala en la cabeza. La comisaría de policía del condado de Pitkin declaró que su muerte fue un suicidio.
El lunes, sus amigos dijeron que no había observado nada fuera de lo habitual en Thompson -al menos, nada anormal en su mercurial conducta. Pero la salud de Thompson se había deteriorado. Se estaba quedando en casa más a menudo a casa de una operación a la espalda, el remplazo de una cadera y una pierna que se había quebrado recientemente.
"Lo vi la semana pasada, y no me pareció que se viera bien", dijo Bennett. "Parecía optimista, pero tenía tantos cambios de ánimo repentinos que es difícil saberlo con certeza. Él era un personaje excéntrico, que será difícil de remplazar, y no estoy seguro de que quiera remplazarlo".
Thompson llevaba una vida recluida en su propiedad junto a una carretera rural a un kilómetro y medio de la taberna. Sus amigos dijeron que le gustaba pasar el tiempo disparando sus armas automáticas, escribiendo y bebiendo duro. Despertaba normalmente a las cinco de la tarde, escribía toda la noche y dormía de día.
Su muerte parece haber dejado sin respiración a Woody Creek, un rico enclave a 1.600 kilómetros al noroeste de Aspen. Para algunos, Thompson era más que excéntrico: era un misterio. Podía ser rudo y grosero, y luego súbitamente dulce y cariñoso.
"Todos lo adoptamos y aceptamos como era", dijo Mary Harris, propietaria de la Woody Creek Tavern. "Yo vivía a su lado. Oía disparos que venían de su patio trasero. Pasábamos el tiempo juntos. Le gustaba venir cuando estábamos cerrados. Podía ser un pesado, o tu mejor amigo".
Thompson llegó a la región de Aspen a comienzo de los años sesenta. Tenía entonces un carácter hosco, que ahora ha sido remplazada por la riqueza y la nobleza. El príncipe saudí Bandar bin Sultan posee una enorme extensión arriba de la ciudad.
Guenin, que en el pasado editaba el ahora desaparecido Aspen Illustrated, recordó haber recibido delirantes cartas al diario del ácido Thompson, que firmaba "Adolf Eichmann".
"Todos sabíamos que era él, pero así era su estilo", dijo Guenin, 70, mientras chupaba una tableta de nicotina para evitar la ansiedad del cigarrillo. Como broma, Thompson una vez hizo explotar un petardo cerca de donde estaba trabajando Guenin.
"Me tomó un rato superar el shock de la explosión", dijo Guenin.
Algunos creen que las bromas de Thompson eran para consumo público más que otra cosa.
"Conocí a Hunter durante 25 años y creo de algunas de las cosas que hacía eran actuaciones", dijo Joel Lapin, bebiendo cerveza en la taberna. "Era un hombre muy inteligente. Daba vueltas por el pueblo con un trago en la mano, pero era su manera de ser, como Groucho Marx con el puro. Una vez llegó a una partida de golf con una escopeta. En realidad, no era más escandaloso con las armas de fuego que cualquiera de los que estamos aquí".
Los que lo conocían a menudo encontraban ininteligible su delirante estilo de conversación. "Yo nunca sabía de qué estaba hablando", dijo Don Collins, 50 plomero de 50 años, sentado a la barra. "Tú oías sus refunfuños y luego insultos. Podría estar diciendo cualquier cosa. Quizás me estaba diciendo: ‘¡Vete de mi casa o te mato!'"
Los aficionados acostumbraban visitar a Thompson en el bar. No le gustaban las invasiones de la intimidad y no hablaba con extraños, dijeron sus amigos.
Mientras la noticia del suicidio fue un shock para muchos, otros no estaban sorprendidos.
"Era previsible", dijo George Stranahan, empresario de la localidad. "Hunter estaba furiosamente decidido a determinar el curso de su propia vida. Era un hombre honesto. Yo digo: ¡El rey ha muerto, viva el rey!"

22 de febrero de 2005
26 de febrero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

el manuscrito voynich


[Marcelo Dos Santos] Con este libro estafaron a un rey.
Y a un sinnúmero de lingüistas, doctores, matemáticos… desde que fue escrito. Porque el enigmático manuscrito encontrado por el librero británico Voynich en 1912 no tiene significado, ni sus dibujos responden a nada real, ni su lenguaje es conocido. Su historia es fascinante, así como las hipótesis sobre quién lo creó: una dice que fueron dos eruditos granujas para engañar a un emperador; otra, que lo escribió el filósofo Roger Bacon; una tercera, que fue Leonardo da Vinci... El autor de un libro sobre este gran misterio cuenta el resultado de sus estudios. ¿Es un pufo o vale la fortuna que pagaron por él los buscadores de joyas literarias?
En 1912, un librero británico de origen lituano descubrió en un monasterio jesuita de Roma un extraño libro: estaba cubierto de textos escritos en un código incomprensible y contenía cientos de ilustraciones de plantas, mujeres desnudas, diagramas astrológicos y mapas estelares. Entre sus páginas se hallaba una carta fechada en 1666, en latín, por medio de la cual el entonces rector de la Universidad de Praga rogaba a un científico jesuita muy famoso en aquellos tiempos que estudiase el libro e intentara descifrarlo.
La sorpresa de Wilfred Voynich (que así se llamaba el librero) fue mayúscula: de inmediato hizo a los jesuitas una oferta por el libro y se lo llevó a Londres. Tomó multitud de fotografías del manuscrito y se las enseñó a expertos criptógrafos, lingüistas, historiadores y medievalistas. Ninguno fue capaz de identificar los extraños caracteres.
Para mayor perplejidad, analizado el Manuscrito Voynich (así se lo conoce actualmente) por expertos botánicos, quedó claro que, excepto dos o tres, ninguna de las plantas allí retratadas corresponde a especies reales, y algo muy similar ocurre con los diagramas de estrellas y constelaciones: con pocas excepciones, son inexistentes.
El libro misterioso comenzó, entonces, a preocupar a los científicos. Sin título, sin firma, sin indicación de fecha de composición, pronto se convirtió en la obsesión de su propietario.
A la falta de un método para traducir sus textos, se agregaba la circunstancia de que el libro había desaparecido durante 246 años, es decir, entre la fecha de la carta que lo acompañaba y su descubrimiento por Voynich. La única pieza de información histórica con que contaba éste era la propia carta, bautizada por los estudiosos como ‘La carta Marci'.
Johannes Marcus Marci de Cronland, autor de la misma, solicita al docto científico alemán Athanasius Kircher, como se ha dicho, que le descifre el manuscrito. Por lo que parece, no obtuvo respuesta y falleció pocos meses después. Lo importante, sin embargo, es que en su carta establece el lugar de origen del manuscrito y arriesga (citando opiniones de terceros) una hipótesis sobre su autor.
Dice Marci que el manuscrito provenía de la biblioteca personal del Sacro Emperador Romano en Praga, Rodolfo II, y que lo había comprado por una fuerte suma (600 ducados, aproximadamente 40.000 euros actuales). Manifiesta también que uno de los expertos de la corte y profesor de los hijos del emperador decía a quien quisiera escucharlo que el manuscrito era obra del inglés Roger Bacon, el celebérrimo teólogo, filósofo, fraile franciscano y científico del siglo XIII.
A la luz de los conocimientos actuales, el extremo no es irracional, ya que Bacon, acorde con los conceptos de su tiempo, aseguraba que los conocimientos no debían ser del "dominio público", sino que debían estar en poder de una elite ilustrada. Para ello, preconizaba que los científicos y eruditos debían escribir sus libros en código (él mismo lo hizo muchas veces) para que solamente pudiesen leerlos los hombres intelectualmente merecedores de ello.
Sin embargo, los códigos baconianos se conocen perfectamente, y todos ellos fueron fácilmente descifrados en el siglo XIX. Además, quedaba la extraña circunstancia de que Roger Bacon estaba muerto desde 1292, esto es, 374 años antes de la fecha de La carta Marci. ¿Dónde había estado, entonces, el libro durante todos esos siglos? ¿Y cómo había pasado de Londres a Praga y luego a Roma? Varias teorías bastante singulares han cobrado fuerza a raíz de la difusión del origen baconiano del Manuscrito Voynich. En una de las secciones de éste se ven varios dibujos de objetos que parecen células, espermatozoides, etcétera. En la parte que podríamos llamar ‘astronómica' se encuentran ilustraciones que parecen –con gran similitud– galaxias espirales. Sin embargo, la célula fue descubierta por Robert Hooke en 1663, mientras que los espermatozoides lo fueron por Anton van Leeuwenhoek, en 1683. La estructura espiral de las galaxias como la nuestra fue descubierta a comienzos del siglo XX, con el advenimiento de los grandes telescopios astronómicos (1917). ¿Qué significaba esto, suponiendo que Bacon hubiese sido el autor del manuscrito? Si las ilustraciones son lo que parecen, entonces Bacon inventó el microscopio e hizo el descubrimiento de Hooke 375 años antes que él, descubrió los espermatozoides siglos antes que Leeuwenhoek y las galaxias espirales 700 años antes que Hubble.
Sin embargo, ¿se puede probar que esto haya sido así? Lamentablemente, no hay prueba a favor ni en contra que afirme o descarte tal posibilidad.
La autoría del Manuscrito Voynich, siendo un tópico que aún hoy está en discusión por multitud de científicos, ha sido atribuida también a otros hombres: el más conocido de ellos, sin duda, es Leonardo da Vinci. La investigadora Edith Sherwood destaca la similitud entre la caligrafía del Voynich y documentos del sabio florentino. Abona su hipótesis utilizando como prueba uno de los diagramas astrológicos del manuscrito. En él se ve el símbolo del signo de Aries (el Carnero) rodeado de 15 mujeres desnudas. Bajo el dibujo del animal puede leerse "ob.....l", lo cual Sherwood mira en un espejo y lee "Lionardo". Ésta es la grafía que Leonardo utilizaba para su propio nombre. El parecido de esta palabra con la firma de da Vinci en sus demás manuscritos es innegable. La doctora Sherwood afirma que el gráfico de Aries es, en realidad, una carta natal de alguien que nació un 15 de abril (15 ninfas junto a Aries, el mes de abril). Casualmente, Da Vinci nació el 15 de abril de 1452. ¿Y el año? Sobre una de las cisternas del dibujo, en la que se ve a una mujer con un bebé, puede leerse la cifra "1452", y en otra parte del mismo folio las palabras italianas "sabatto notto" (tal vez "sábado por la noche"). La estudiosa ha encontrado una nota autógrafa del abuelo de Da Vinci donde el anciano dice: "Nació un nieto mío, hijo de mi hijo Ser Piero. Fue a las tres de la noche del sábado 15 de abril".

A pesar de todo, la mayor parte de las sospechas acerca de la autoría del manuscrito han recaído sobre John Dee y Edward Kelley, ambos ingleses. John Dee fue consejero de la corte de la reina Isabel de Inglaterra, posiblemente espía suyo, y una verdadera autoridad científica en su tiempo. Dee fue matemático, astrónomo, alquimista, místico y vidente. Kelley dedicó su vida a la alquimia y a la búsqueda de la transmutación de los metales. Suyo es el tratado ‘De Lapide Philosophorum', que trata acerca de la piedra filosofal. Antes de conocer a Dee, había sido notario en Londres y se había enriquecido falsificando en su beneficio escrituras ajenas. Fue capturado, preso y condenado a la amputación de las orejas. Kelley conoció a Dee, y pronto lo empujó a abandonar gran parte de sus estudios y a dedicarse, junto con él, a prácticas ‘espirituales' como ‘hablar con los ángeles' a través de una bola de cristal. Cada tanto, viajaban por Europa dando conferencias sobre la transformación del plomo en oro y asuntos similares. Ambos eran plebeyos y muy pobres, y, en la década de 1580, recalaron en la corte de Rodolfo II en Praga, el mismo emperador que se menciona en ‘La carta Marci' como propietario del Manuscrito Voynich.
¿Podrían estos dos hombres, uno de ellos dominado por el otro y este otro un falsificador convicto, haber pergeñado un engaño tal, y haber vendido el manuscrito al monarca? La respuesta a esta pregunta es sí. Se sabe que pudieron, y que Rodolfo poseía una biblioteca (la Kunstkammer) llena de volúmenes similares. Tal vez escribieron el libro con apuro (de ahí la poca calidad de las ilustraciones) y obtuvieron 600 ducados. Tuvieron la oportunidad, y lo que se discute hoy en la comunidad científica es si llegaron a tener los medios.
Rodolfo rogó a Kelley que le enseñara el secreto para transmutar el plomo en oro. Éste accedió, y el soberano lo hizo noble como contrapartida. Obviamente, el inglés no pudo ofrecerle la fórmula, por lo que fue encarcelado. Por su parte, Dee volvió a Inglaterra y murió espantosamente pobre, algo bastante inusual en un hombre que pudo haber obtenido 600 ducados por un manuscrito extraño.
Una de las circunstancias más extraordinarias alrededor del Manuscrito Voynich es, como se ha dicho, su desaparición entre 1666 y 1912. ¿Dónde estuvo durante todo ese tiempo? Todos los indicios apuntaban a la Compañía de Jesús. Marci era un conocido filojesuita, y Athanasius Kircher era un jesuita muy conocido. Voynich lo redescubrió en un monasterio jesuita casi dos siglos y medio más tarde. ¿Estuvo el libro en poder de la Compañía de Jesús durante ese periodo? Es muy posible. También es posible que la Compañía lo haya ocultado por temor a que el texto ilegible fuera herético, o para resguardarlo de los embargos y decomisos que la Orden sufrió bajo diversos papados. El periplo del libro en ese lapso puede rastrearse con mayor o menor precisión, pero falta aún mucha investigación para poder establecer su derrotero con certeza meridiana.
¿Y el texto? ¿Se podrá algún día descifrar su contenido? El libro imposible ha mantenido insomnes a los lingüistas desde que hizo su aparición en Praga. Y todos, renacentistas y contemporáneos, están de acuerdo en que sin establecer alguna teoría acerca de la naturaleza del texto en sí será imposible penetrar en sus secretos.
En la actualidad se consideran tres posibles explicaciones acerca del libro: la primera, como se indicó a propósito de Dee y Kelley, que no sea más que una estafa genial pergeñada por los dos truhanes para ganar los 600 ducados indicados en ‘La carta Marci'. La segunda hipótesis consiste en que el texto esté escrito en un código desconocido hasta el momento. Y la tercera hipótesis afirma que se trata, lisa y llanamente, de un texto escrito en una lengua desconocida... ¿Podría tratarse de una teoría válida?
El problema estriba en que los textos del Voynich, aunque incomprensibles, pueden ser estudiados matemáticamente. La frecuencia de aparición de palabras de distinto número de letras, el alto nivel de redundancia o repeticiones, todo en él se comporta de un modo radicalmente diferente a cualquier lengua conocida. Esto hace pensar a los lingüistas que el manuscrito no contiene en verdad ningún mensaje, sino que es sólo una muy bien diseñada jerigonza. Pero también esto hay que probarlo. Científicos británicos están intentando reproducir las características estadísticas del Voynich utilizando la tecnología disponible en el Renacimiento. Ya se han logrado apabullantes avances en este campo, y sólo falta poder recrear las peculiaridades más avanzadas.

Si esto se logra en un futuro próximo, el libro imposible, que resistió durante siglos a los esfuerzos de los expertos y estudiosos, habrá rendido su último secreto, descubriendo ante los hombres su real naturaleza de mentira que consiguió ocultarse durante casi 500 años, aparentando ser un texto relevante. Pero aún en este caso, no se podría probar a ciencia cierta que entre sus 40.000 palabras sin sentido no se oculten algunos renglones plenos de significado. Hay quienes se resisten a creer que una pieza tan bella, que un artefacto tan perfecto del ingenio humano, que un tan delicado juego intelectual, no transmita en verdad ningún mensaje.
El Manuscrito Voynich pasó, tras la muerte de su propietario, a la viuda de éste, que lo guardó durante 30 años hasta su propia muerte, en 1961. Quedó luego en poder de sus albaceas. Wilfred había dejado establecido en su testamento que sólo podía ser vendido si el comprador era aprobado por un comité de cinco personas: entre ellas se contaban su secretaria Anne Nill, uno de los estudiosos que intentó traducirlo y, por supuesto, su esposa Lily Boole, hija del filósofo George Simon Boole. Ella ya estaba muerta, por lo que debieron fallar los cuatro restantes.
El elegido fue el librero y coleccionista Hans P. Kraus. Sumamente ansioso, Kraus lo puso a la venta a su vez por la suma de 120.000 dólares, superior aún a la que se pagaría hoy día por un manuscrito medieval o renacentista de firma conocida. Pero Kraus, cansado y aburrido, donó finalmente en 1969 el manuscrito a la Universidad norteamericana de Yale, donde se encuentra hoy expuesto en su Biblioteca Beinecke de Manuscritos y Libros Raros. Sus páginas han sido digitalizadas y cualquiera puede acceder a copias de alta definición en el sitio web de la biblioteca.
Ahora duerme su sueño sin sueños una de las obras más elaboradas de la inteligencia humana, el manuscrito que lleva ya casi medio milenio conturbando y confundiendo a todos aquellos que lo observan.
¿Podremos descifrarlo alguna vez? Es posible. Guardamos íntimamente esa esperanza, porque, como ha escrito Octavio Paz, quien ha visto una esperanza jamás se olvida de ella.

23 de febrero de 2005
©el mundo