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soldado de la mafia


[Anemona Hartocollis] Gángster recuerda sus días como soldado de la mafia de Gotti.
Un hombre que se describió a sí mismo como miembro de la organización criminal de John A. Gotti, dijo ayer en la corte que creció en un mundo en el que tuvo muchos trabajos en la construcción, pero que nunca trabajó realmente.
El mafioso, Joseph D’Angelo, 37, dijo que no había trabajado casi nunca en su vida, no tanto porque no quisiera sino porque no se esperaba que lo hiciera, ya que era un asociado y fue más tarde ‘hecho miembro’ de la familia de la mafia, Gambino.
Empezó a trabajar para la mafia, dijo, cuando tenía 16 años, inmediatamente después de que su padre fuera asesinado en un bar de Bensonhurst, Brooklyn, que era frecuentado por la mafia. Se convirtió en chofer del mejor amigo de su padre, Salvatore Gravano, entonces un importante miembro de la familia Gambino, conocido como Sammy el Toro, que llevaba a Gravano a reuniones con funcionarios del sindicato de los Teamsters que tenían conexiones con la mafia.
D’Angelo contó su historia como testigo de la acusación en el juicio de Gotti por extorsión en el Tribunal de Distrito Federal en Manhattan, donde los fiscales están tratando de probar que Gotti fue miembro de una empresa de crimen organizado que se dedicaba a las extorsiones desde los años ochenta.
Durante la construcción de una tienda de Ikea en Nueva Jersey, dijo, su trabajo como capataz consistía en leer los diarios en un tráiler y controlar que los "tipos del sindicato no molestaran a nadie’. En un trabajo de demolición en el distrito financiero de Manhattan, dijo, llegó a trabajar como obrero, sólo que el patrón, que estaba conectado con la mafia, le dijera: "Vete a casa, te enviaré el cheque".
El fiscal Joon Kim le preguntó: "¿Llegó a enterarse cómo sacaba dinero a los sindicatos la familia Gambino?"
D’Angelo replicó: "Ellos hacían lo que queríamos o sufrían las consecuencias".
D’Angelo, musculoso pero todavía atractivo y con cara de bebé, transmitió una melancólica ternura en el banquillo de los testigos. Contó una historia sobre un viaje de Gotti a una casa de campo en Milford, Pensilvania, donde todos cazaron, excepto D’Angelo. En lugar de eso, dijo, andaba en un carro de golf, tirándole manzanas a los ciervos, mientras Gotti le preguntaba si acaso estaba realmente preparado para ser miembro de la familia.
Pero de la misma suave manera, D’Angelo declaró que había cometido dos asesinatos. En un caso, él y otro gángster mataron a balazos a Ed Garofalo, un primo de un soldado de Gambino, porque Garofalo estaba robando dinero a la familia Colombo. D’Angelo recordó que su mentor, Gravano, le dijo: "Antes de que otra familia mate a uno de los nuestros, lo matamos nosotros mismos".
En el segundo caso, dijo D’Angelo, mató a un amigo suyo, James Gilbert, en 1992 o 1993. Gilbert, dijo, "era un niño de un vecindario que hizo algo a una niña, la golpeó o la violó". También se creía de Gilbert que estaba colaborando con el gobierno y que era un ladrón de coches que se había estado metiendo al bolsillo los pagos de los garajes clandestinos, dijo D’Angelo. La gente que pagaba "se quejó de que nuestro amigo estaba haciendo eso".
En junio de 1992, dijo D’Angelo, fue el conductor de un taxi robado en el que Curtis Sliwa, el presentador de radio y fundador de los Guardian Angels fue emboscado y herido gravemente a bala. Gotti está acusado de haber ordenado la agresión para vengarse de Sliwa, porque este había denunciado al padre de Gotti, el gambino don John Gotti, en su programa.
D’Angelo identificó a Gotti como la persona que convocó una reunión para planificar el ataque contra Sliwa. Después del ataque, dijo D’Angelo, fue llevado en un coche de escape a una casa en Canarsie, Brooklyn, donde alguien le ofreció pararle un taxi para que volviera a casa. "No quiero irme en taxi", dijo.
D’Angelo fue arrestado en el caso Sliwa en julio de 2004. Se declaró culpable de secuestro, homicidio y otros delitos antes de convertirse en testigo del estado, esperando que se le otorgue clemencia.
Dijo que había gastado unos 600 mil dólares en su vida como gángster, en "ropas, coches, cenas y bebidas". Después de su detención, dijo, él, su novia y su madre pagaron 212 mil dólares a un abogado que se negó a representarlo cuando empezó a colaborar con el gobierno. Se quedó con 259 dólares en su cuenta, dijo. Ahora lo defiende un abogado de oficio designado por el tribunal.

1 de marzo de 2006
©new york times
©traducción mQh
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queman a vagabundo en boston


[Maria Cramer] En un parque North End. Indignación en la ciudad.
Boston, Estados Unidos. Ayer en la madrugada un vagabundo que dormía en un parque de North End fue atacado, rociado con fluido de encendedor y quemado por dos hombres no identificados, informó la policía.
Funcionarios de la ciudad expresaron su indignación y advirtieron a otros vagabundos que se mantuvieran alertas mientras Scott Capella, 30, seguía estable en el Hospital General de Massachusetts ayer por la tarde.
Capella pudo desprenderse de sus ropas en llama, pero sufrió quemaduras en su pierna izquierda.
La policía dijo que el asalto ocurrió a la 1:53 de la mañana, en Langone Park, en Commercial Street.
El alcalde Thomas M. Menino dijo ayer que el Pine Street Inn, refugio para gente sin techo de Boston, enviaría dos furgonetas antes del horario normal para recoger a gente sin techo del área e informarles sobre el ataque.
Menino, dirigiéndose a periodistas frente al ayuntamiento, calificó de "cobardes" a los agresores y juró que serían capturados.
"Os encontraremos", dijo. "Os vamos a encerrar. Esperamos que el jurado y el juez os castiguen severamente".
Jim Greene, director suplente de la Comisión de Refugios de Emergencia de la ciudad, visitó a la víctima en el hospital ayer por la tarde.
"Está agitado, pero se pondrá bien", dijo Greene.
Greene dijo que la víctima le dijo que había llevado a su amiga al refugio, pero luego, incapaces de encontrar un lugar para sí mismo, se instaló cerca de un pino en Langone Park y se durmió.
Despertó cuando dos hombres le empezaron a dar patadas en el estómago y haciendo comentarios despectivos sobre él, dijeron Greene y Menino.
Los agresores se marcharon, y Capella volvió a dormirse, pero momentos después los dos hombres volvieron y empezaron a rociarlo con fluido de encendedor, dijero Greene y Menino.
Luego le prendieron fuego y huyeron hacia la North Washington Street, dijo la policía.
Capella se sacó rápidamente la ropa, impidiendo que las llamas se extendieran al resto de su cuerpo.
Para cuando la policía llegó al lugar de los hechos a la 1:53 de la mañana, las llamas de la ropa que se quemaba alcanzaban un metro y medio.
Los agentes encontraron a la víctima parcialmente vestida y tiritando a unos tres metros del fuego.
La víctima ha vivido intermitentemente en la calle durante los últimos tres años, dijo Greene.
"Es una persona cariñosa", dijo.
Capella durmió el viernes pasado en el Pine Street Inn, pero no había sido visto desde entonces, dijo Lyndia Downie, que gestiona el refugio.
La gente que usa el refugio expresaron preocupación ayer que de alguien pudiera estar atacando a la gente sin techo y pudiera atacar de nuevo, dijo.
El refugio planea permanecer abierto durante todo el día en caso de que la gente se sienta demasiado atemorizada como para estar en la calle, dijo Downie.
"Mucha de la gente con la que trabajamos son blancos fáciles", dijo. "Creo que a veces la gente piensa que como son sin techo, nadie se va a a preocupar. Es claramente un acto de violencia injustificada".
La víctima dijo no conocer a sus agresores ni el motivo de la agresión.
"Es simplemente un acto de agresión sin sentido", dijo Greene.
Ayer en el parque todo lo que quedaba de la quemazón era una enorme sección carbonizada que parecían desperdicios de gato.
Ben Hodgkins, 63, de North End, dijo que saca a pasear a su perro Sherman al parque todos los días. En las últimas semanas, había visto una bolsa llena de ropa, incluyendo una chaqueta y pantalones kaki.
En el verano, los vagabundos duermen debajo del pino en el parque, dijo. Pero durante el invierno el parque, que da a la dársena, es demasiado frío para ellos y se marchan a otro lugar.
Ayer, Hodgkins y su esposa, Sandra, 44, jugaron con Sherman en una cancha de béisbol a apenas unos metros de la ropa carbonizada.
"Nunca vi algo tan violento en este parque", dijo Hodgkins. "Es asombroso".
Los padres empujaban a sus hijos en los columpios y entusiastas de los ejercicios patinaban en el parque junto a la Commercial Street, una ajetreada zona de restaurantes, estacionamientos y edificios de apartamentos de ladrillos rojos.
"Es horrible", dijo George Mendoza, 38, que estaba sentado en un columpio junto a su hijo de ocho años. "Es una vergüenza que ocurra una cosa así... En esta zona no se patrulla".
Pero Roxanne Davenport, 40, de Roslindale, dijo que la agresión era un recordatorio de lo indefensa que es la gente sin techo y lo difícil que es protegerlos para el ayuntamiento.
"Siempre es terrible que pase una cosa así", dijo, sentada en un banco en el parque, acunando a su niña de dos años, durmiendo pegada a su pecho. "¿Qué puedes decir?... Es difícil proteger a alguien a las dos de la mañana".

mcramer@globe.com
6 de marzo de 2006
©boston globe
©traducción mQh
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tortura y muerte en suburbio de parís


[Craig S. Smith] Aumentan temores de judíos en Francia.
Bagneux, Francia. Dos tiras rojiblancas de cintas policiales impiden el acceso al bajo cuarto de bombeo donde el joven judío, Ilan Halimi, pasó las últimas semanas de su vida, atormentado y torturado por sus secuestradores y finalmente rociado con ácido en un intento de borrar huellas de sus ADN.
En el suelo del cuarto de cemento, en el sótano del número 4, de la calle Serge-Prokofiev, no hay nada, excepto unos paquetes de veneno contra ratas, una mancha de humedad que se seca lentamente y una docena de pequeños círculos trazados y numerados con tiza blanca, marcando presumiblemente los lugares donde la policía recogió evidencias de los tormentos de Halimi.
Hamili, 23, murió el 23 de febrero poco después de ser encontrado por transeúntes cerca de una estación del metro, a 24 kilómetros de distancia del lugar, después de arrastrarse fuera del área boscosa donde fuera arrojado. Estaba desnudo y sangrando de al menos cuatro puñaladas en su garganta, tenía las manos amarradas y una cinta adhesiva cubría su boca y ojos. De acuerdo al informe inicial de la autopsia, el 60 por ciento de su cuerpo estaba cubierto por ácido.
"Sabía que tenían a alguien ahí abajo", dijo un joven francés-árabe, holgazaneando en el pasillo de un edificio adyacente al edificio donde fuera mantenido Halimi. Dijo que vive arriba del calabozo improvisado, pero no quiso dar su nombre ni decir si sabía o no entonces que el hombre era judío. "No sabía que lo estaban torturando", dijo. "De otro modo, habría llamado a la policía".
Pero está claro que un montón de gente sí sabía, tanto que Halimi estaba siendo torturado como que era judío. La policía, de acuerdo a abogados con acceso a la investigación, cree que al menos 20 personas participaron en su secuestro y posteriores y torpes negociaciones por su rescate. Sus secuestradores dijeron a su familia que si no tenían el dinero, deberían "ir a pedirlo a su sinagoga", y más tarde contaron a un rabí, diciéndole: "Tenemos a un judío".
La terrible muerte ha conmovido a Francia, que tiene las poblaciones musulmanas y judías más grandes de Europa. La semana pasada decenas de miles de personas marcharon contra el racismo y el antisemitismo en París, acompañadas por el ministro del Interior, Nicholas Sarkozy, y otras marchas más pequeñas tuvieron lugar en varias otras ciudades de Francia, incluyendo Marsella.
Tras las revueltas que estallaron en el otoño pasado en los suburbios de inmigrantes en París, el caso parece personificar los problemas sociales de la inmigración, raza y clase a los que Francia se ha enfrentado con tanta incertidumbre. Los detalles causan profundos temores sobre el virulento antisemitismo dentro del endurecimiento de la clase desprivilegiada, y señalan la decadencia del tejido social en el que vive esa clase.
Aquellos que la policía dice que secuestraron y mataron a Halimi se llamaban a sí mismos "los Bárbaros", e incluían a gente de diferentes orígenes: los hijos de negros del África sub-sahariana y del Caribe, de árabes del Norte de África, de al menos un persa de Irán, y de blancos de Portugal y Francia.
El cabecilla de la banda era un alto y carismático joven llamado Youssouf Fofana, 25, uno de cinco hijos nacidos en París de musulmanes nominales de Costa de Marfil. Cuando era adolescente, la familia se mudó a un deprimente vecindario de edificios de apartamentos de 12 pisos, donde estuvo secuestrado Halimi.
Los problemas empezaron antes. Estudió fontanería en una escuela vocacional local, pero a los 16 ya había tenido una serie de encontronazos con la policía, apuntando 13 detenciones por toda la gama de delitos entre robos y reducción de mercaderías robadas. En 1999, a los 19, robó un coche y golpeó al dueño portugués que trató de intervenir. Fue detenido y sentenciado a su única condena de prisión, cumpliendo dos años en cárceles de Nanterre y Fleury-Mérogis, no muy lejos de París.
Volvió al apartamento de su madre y utilizó las credenciales de la prisión para asumir el papel de matón entre los jóvenes, hombres y mujeres, ociosos de su vecindario. Abogados familiarizados con el caso sugieren que es entonces que se sembraron las semillas de ‘los Bárbaros’.
Hacia 2004, dice la policía, trató la extorsión, atacando a judíos franceses prominentes. Cuando eso fracasó, la banda aparentemente recurrió al secuestro, utilizando a mujeres jóvenes como anzuelo.
Se cree que ‘los Bárbaros’ son responsables de seis intentos de secuestro, cuatro de hombres judíos, antes de lograrlo con Halimi.
En un caso a principios de enero una mujer trató repetidas veces de citarse con un productor de música judío en las afueras de París, logrando finalmente convencer a su padre para que fuera a un estacionamiento en un suburbio de París con el pretexto de que tenía unos CDés de música que pertenecían a su hijo. En lugar de ella, varios hombres esperaban al padre, que fue golpeado hasta la inconciencia cuando resistió el intento de meterlo en su coche.
Mike Akiba trabajaba con Halimi en el Voltaire Phone, en París, una de una docena de pequeñas tiendas de celulares de propiedad judía a lo largo del Boulevard Voltaire en arrondissement número 11. Dijo que Halimi estaba solo en la tienda cuando una chica iraní-francesa de 17 entró a flirtear con él. Akiba dijo que ella puede haber pensado que Halimi, un hombre atractivo con penetrantes ojos marrones, era el propietario.
Halimi le habló a Akiba sobre ella al día siguiente y dijo que había quedado con ella el viernes noche en la Porte d’Orleans, un barrio en la parte sur de París. Akiba lo vio por última vez el viernes a las 10:30, el 20 de enero, cuando conducía desde el Boulevard Voltarie su Renault Twingo de color champagne.
Halimi aparentemente se reunió con la mujer, y luego se dirigieron hacia Sceaux, un suburbio cerca de Bagneux, donde sus secuestradores deben haberlo capturado. Su coche fue encontrado más tarde, abandonado en un aparcamiento allá.
Akiba dijo que los agentes de policía que investigan el caso descubrieron que la banda había aplicado la misma táctica con varios hombres en otras tiendas de teléfonos.

Halimi fue llevado al vecindario de viviendas sociales de Pierre-Plate en Bagneux, e inicialmente retenido en un apartamento vacío en el tercer piso en el número 1 de la calle Serge-Prokofiec, con la ayuda del conserje del edificio, de acuerdo a abogados que han consultado los documentos de la pesquisa. La banda cubrió sus ojos y boca con cinta adhesiva, dejando sólo un hoyo para meter una paja.
El primer contacto de la familia de Halimi con los secuestradores ocurrió la noche del sábado 21 de enero, cuando un miembro de la banda llamó a la novia de Halimi y la instruyó a consultar una cuenta de correo electrónico. Así empezó una serie de comunicaciones angustiantemente inconexas entre los secuestradores de Halimi, que incluyó cientos de llamadas telefónicas y mensajes de correo electrónico, y demandas de rescate que empezaron en medio millón de dólares y descendieron a cinco mil, dijo el abogado de la familia Francis Szpiner.
Después de unos días la banda se llevó a su prisionero a un cuarto de cemento de un sótano debajo de una parte del edificio. Lo raparon y rajaron sus mejillas con un cuchillo, lo fotografiaron con sangre corriendo por su cara y enviaron su foto por correo electrónico a la familia.
A medida que pasaban los días, sus secuestradores se volvieron crecientemente crueles, desnudándolo y golpeándolo, arañándolo y cortándolo. Le apretaron un cigarrillo encendido contra su frente.
La familia fue instruida para que enviaran el dinero del rescate a Costa de Marfil, a través de Western Union, y Fofana viajó a ese país al menos una vez a principios de febrero. De acuerdo a los informes después de su detención, fue después de que el rescate no llegara que comenzaron a torturar seriamente a Halimi.
La policía no conocía entonces las identidades de los miembros de la banda pero les estaba pisando los talones. Hacia el 10 de febrero, Fofana visitó brevemente un cibercafé en la Rue de la Fidelité en el décimo arrondissement, llevando un capuchón y un pañuelo que cubrían su boca y nariz. "Creo que ni siquiera se sacó los guantes", dijo el encargado el viernes. Quince minutos después, dijo, llegaron agentes de policía buscando a un hombre negro, con un esbozo generado por ordenador. Sacaron las huellas digitales del tablero que había usado Fofana y confiscaron el disco duro del ordenador y el billete de cinco euros con el que había pagado.
Halimi fue encontrado la tarde del 13 de febrero. No está claro todavía cuándo fue apuñalado o si sus secuestradores pensaron que estaba muerto cuando lo arrojaron entre los árboles detrás de la estación de trenes Ste.-Geneviève-des-Bois al sur de París.
Dos días después, cuando el caso empezaba a aparecer con conmovedores titulares de primera plana, Fofana viajó de vuelta a Costa de Marfil y pronto se lo vio moverse libremente en la ciudad con una amiga identificada por la prensa francesa como Mariam Cissé. Entretanto, la policía empezó a distribuir bosquejos de dos mujeres que habían servido como anzuelos de la banda, hechos a partir de informaciones de los otros hombres que habían sido aproximados.
Una era la chica francesa-iraní de 17 de la que se cree que sedujo a Halimi a su muerte. El bosquejo de la segunda mujer resultó ser especialmente preciso y cuando fue mostrado en televisión, mucha gente la reconoció como Audrey Lorleach, 24, dijeron abogados en el caso.
Temiendo que la capturaran, Lorleach se entregó voluntariamente y llevó a la policía hacia su novio, Jérôme Tony Ribeiro, un joven de origen portugués. Él dio a la policía el nombre de Fofana.
Fofana se enfureció cuando vio su nombre y fotografía en los diarios franceses al día siguiente, y llamó al padre de Halimi y a su amiga y a varios de sus cómplices de Abidjan en Francia, amenazándolos a todos, y confirmando su ubicación a la policía. Fue detenido el 22 de febrero. [Fofana fue devuelto a Francia el sábado después de ser entregado a las autoridades francesas por las autoridades de Costa de Marfil, informó la agencia France-Press].
De momento un total de 19 personas, de edades de 17 a 39, han sido detenidas en relación con el secuestro y muerte de Halimi, incluyendo a la mujer francesa-iraní cuyo nombre de pila es Yalda.
La policía encontró literatura islamita y documentos de apoyo a un grupo de ayuda a los palestinos en la casa de al menos una de las personas detenidas, pero los abogados involucrados en el caso rechazan que el extremismo musulmán haya sido un motivo, observando que mucha gente implicada en el caso no son musulmanes. El abogado de Halimi, Szpiner, negó los informes de la prensa francesa de que la banda había llamado a la familia de Halimi y recitado versos del Corán.
Fofana ha reconocido su participación. En una entrevista grabada por un periodista local en la comisaría de policía en Abidjan y emitida por la televisión francesa, un Fofana sonriente y relajado negó que hubiese matado a Halimi y rechazó que el secuestro fuera antisemita.
"Fue hecho por motivos económicos", dice en la grabación.
Parado en el pasillo de Bagneux cerca de donde fue retenido Halimi, el joven árabe-francés sonrió cuando se le preguntó sobre Fofana. "Era simpático, le agradaba a todo el mundo", dijo. "Si la policía lo trajera aquí, los tipos del barrio tratarían de liberarlo".

5 de marzo de 2006
©new york times
©traducción mQh
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enfermero condenado a perpetua


[John O’Neil] Mató a más de 40 pacientes.
Nueva Jersey, Estados Unidos. Charles Cullen, el enfermero que confesó haber matado a unos 40 pacientes de la unidad de cuidados intensivos colocándoles inyecciones fatales, fue sentenciado hoy en Nueva Jersey a pasar el resto de su vida en prisión sin posibilidad de libertad anticipada por la muerte de 22 víctimas.
Cullen, 46, se declaró culpable el año pasado después de admitir una serie de asesinatos en hospitales de Nueva Jersey y Pensilvania entre 1988 y 2003. Los fiscales han contado 29 muertes, siete de las cuales ocurrieron en Pensilvania, y seis intentos de homicidio.
La declaración de culpable permitió a Cullen evitar la pena de muerte. A cambio, proporcionó a los detectives con información sobre los asesinatos.
El juez Paul W. Parker, del Tribunal Superior del condado de Somerset, exoneró a Cullen por "los homicidios cobardes y crueles de inocentes y enfermos" antes de sentenciarlo a 11 sentencias perpetuas consecutivas, que entregan un período combinado de inelegibilidad para la libertad condicional de 397 años.
"La malvada dimensión de sus crímenes requiere la más completa medida de disuasión que permite la ley", dijo.
Cullen se mantuvo silencioso durante la lectura de la sentencia, mirando al suelo. Cuando en anteriores ocasiones se le dio la oportunidad de decir algo, dijo, con una voz apenas audible: "No tengo nada que decir".
"¿Por qué?", preguntó el juez Parker.
Cullen siguió en silencio, con los ojos clavados en la mesa frente a él.
"¿No me oye?", preguntó el juez. "¿Me quiere decir que prefiere no hablar?"
Cullen farfulló afirmativamente
Las vistas televisadas empezaron con declaraciones de familiares de las víctimas. Los familiares a menudo combinaron tristes recuerdos de las muertes con declaraciones de su odio por Cullen y rabia con los hospitales que lo contrataron sin chequear sus antecedentes. Cullen había sido hospitalizado por trastornos mentales varias veces y había intentado suicidarse en varias ocasiones, dijo el juez Parker.
Muchos dijeron que consideraban la cadena perpetua adecuada, incluyendo algunos que dijeron que sufriría más viviendo su vida en la cárcel que si fuera condenado a muerte. "Ya que ha intentado el suicidio, la pena de muerte no habría sido el castigo conveniente", dijo Melissa Strenko, cuyo hermano de 21 años, Michael, fue asesinado por Cullen con una inyección de norepinefrine mientras se recuperaba de la extirpación de su bazo. En lugar de eso, dijo, debería ser condenado a cadena perpetua por cada víctima, sin la posibilidad de salir de la cárcel, y mantenido en la población carcelaria general sin privilegios, ni aun en el caso de buena conducta.
Pero Deborah Yetter-Medina, la nieta de Mary Natoli, la segunda víctima de Cullen, dijo: "Quiero que muera mañana".
El caso ante el juez Parker implicó homicidios en cuatro condados que se consolidaron con la declaración de culpabilidad de Cullen. Los fiscales de cada condado pidieron al juez Parker que impusiera sentencias de vida consecutivas por cada víctima, incluso reconociendo que con dos sentencias de cadena perpetua, que eran posibles con la confesión inicial de Cullen sobre sus homicidios en el condado de Somerset, era suficiente para impedir que saliera de la cárcel antes de su muerte.
"Aquí hay un propósito más alto", dijo Tim Van Hise, del despacho del fiscal del condado de Somerset. "No sería apropiado que alguien creyera que la vida de una víctima en esta serie de homicidios sea menos valiosa que otras".
El juez Parker sentenció a Cullen a un total de nueve sentencias de por vida consecutivas, cada una con 30 años de inelegibilidad para la libertad anticipada, por homicidios en los condados de Warren, Hunterdon, y Essex, además de 127 años de inelegibilidad para la libertad condicional por las dos condenas perpetuas consecutivas por los homicidios en el condado de Somerset.
"La significación de estas sentencias es que usted pasará en prisión el resto de su vida natural", le dijo a Cullen.
Cullen será sentenciado más tarde por otros siete homicidios a los que ha sido vinculado en Pensilvania.
Cullen, que ha tratado de no salir durante las vistas, estaba sentado inexpresivamente en la atiborrada sala del tribunal durante todo el procedimiento, hasta que se le ordenó que se levantara para oír la sentencia. Durante gran parte del día pareció tener los ojos cerrados, un hecho que enfureció a varios de los familiares que hablaron. "¡Me estás oyendo!", le gritó uno.
Despertaba sólo cuando le hablaba su abogado, y respondía con movimientos de cabeza.
Después de meses de maniobras jurídicas, Cullen dejó caer abruptamente sus objeciones para asistir a las vistas. En respuesta, el juez Armstrong dijo que "estaba dispuesto" a ayudar a Cullen a cumplir con su deseo de donar un riñón a un amigo enfermo.
Durante la primera mitad de la vista en Somerville, los familires describieron a sus víctimas, sus vidas y legados, y su angustia y furia al enterarse de que sus muertes, que habían pensado que eran accidentales, eran de hecho actos premeditados.
Lucille Gall, hermana del reverendo Florian J. Gall, que fue asesinado en 2003, describió sus sentimientos durante el segundo entierro de su hermano, que había sido exhumado como parte de la pesquisa.
"Fue peor que la primera vez, porque sabíamos que había sido asesinado", dijo.
Gall, que dijo era es enfermera, fue uno de los muchos familiares que dijeron lo asombrados que estaban de que un miembro de la profesión médica hubiese usado su acceso a gente enferma para matarlos.
"Se nos enseña a cuidar de los otros, y usted violó esa confianza colocada en nuestra profesión", dijo.
Varios otros familiares hablaron sobre su pérdida de confianza en la profesión médica y su rabia con el Centro Médico de Somerset, donde ocurrieron muchos de los homicidios.
"No entendemos cómo ocurrió", dijo el padre de Michael Strenko, Thomas E. Strenko. "Estamos muy apenados por cómo el hospital contrató a Charles Cullen, que tenía un largo historial de problemas mentales, y lo colocaron en una posición tan delicada".
"Que alguien con esos problemas haya sido capaz de saltar de hospital en hospital durante 15 años desafía toda confianza", dijo. "Nos indigna que nadie haya impedido que Charles Cullen matara a mi hijo".
El hijo de Frances Agoada, que sobrevivió un intento de homicidio de Cullen, suplicó al ex enfermero que explicara cómo había sido capaz de cometer esos asesinatos y ocultarlos durante tanto tiempo.
"Todavía puedes hacer algo bueno con tu vida", dijo el hijo, que dijo que como médico sabe "cómo funcionan las cosas en los hospitales".
"Dínos como lo hiciste -a quién engañaste, quién hizo la vista gorda", dijo. "Nuestro sistema médico tiene una enfermedad, tú eres parte de ella".
Varios familiares llamaron hoy a que los hospitales adopten sistemas de chequeos de antecedentes obligatorios, que habrían detenido en una etapa temprana la serie de asesinatos de Cullen.
Varias familias de víctimas han presentado demandas civiles contra el Centro Médico de Somerset, aunque fue el hospital el que empezó la investigación al tomar contacto con la policía después de despedir de Cullen en 2003.
El fiscal general de Nueva Jersey, Peter C. Harvey, dijo que cree que los asesinatos no eran una "campaña publicitaria" y que Cullen creía que estaba "apresurando lo inevitable" en pacientes que debían soportar dolores y que iban a morir.
Pero muchos familiares dijeron hoy que las víctimas habían estado recuperándose, como Strenko, o tenían buenas prognosis. Otros dijeron que Cullen no había tenido contacto con las víctimas sino cuando entró a sus habitaciones a ponerles esas inyecciones fatales.
Sin embargo, otros se refirieron a la práctica de Cullen de visitar a los familiares cuando recibían la noticia de las muertes, que a veces entregaba él mismo.
"Este espantoso recuerdo se ha hecho todavía peor por el conocimiento de que Christopher Cullen rondaba en los pasillos de la unidad de cuidados intensivos observando el sufrimiento de los familiares de sus víctimas", dijo Annell Simco, cuyo marido, Melvin J. Simco, fue una de las víctimas de Cullen.
Thomas Strenko recordó cómo Cullen, al que no había encontrado nunca, le había dicho que su hijo estaba muriendo. Expresó su gratitud de que la vista de hoy daba "la oportunidad a Christopher Cullen de que se enfrentara una vez más a nuestro odio".
Otro pariente denunció a Cullen y sus abogados "por orquestar una bizarra versión del concurso de televisión ‘Hagamos un trato’ [Let’s Make a Deal]", regateando información sobre los pacientes que mató. Un fiscal del condado de Hunterdon, donde Cullen trabajó durante dos años a mediados de los años noventa, dijo al juez que Cullen había confesado haber cometido cinco asesinatos allá en 1996, sólo después de haber sido confrontado con pruebas que los detectives había reunido después de enterarse de las muertes en otros lugares.

2 de maro de 2006
©new york times
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cae banda de policías ladrones


[Scott Glover y Matt Lait] Algunos de ellos trabajaron como policías durante años y habían construido reputaciones como destacados agentes.
Diecinueve personas, incluyendo a cinco ex agentes de policía, han sido acusadas formalmente en conexión con una serie de atrevidos y a veces violentos atracos en California del Sur, que fueron montados para que parecieran allanamientos policiales, en los que los acusados usaron sus chapas y equipos policiales para engañar a las víctimas, dijeron el jueves las autoridades federales.
Aunque el alcance de casi cinco años de pesquisas fue hecho público por primera vez en 2004, nuevos detalles han emergido con las detenciones esta semana de un guardia de una prisión de California -detenido el jueves- y de ex agentes de policía de Los Angeles y Long Beach. Otros tres sospechosos siguen fugitivos, dijeron las autoridades.
El grupo cometió más de 20 atracos y robos en Los Angeles y comunidades adyacentes sobre un lapso de tiempo de dos años y medio, hasta que su cabecilla, un agente de la policía de Los Angeles, fue detenido en 2001 por cargos relacionados con el tráfico de drogas.
"Lo que hace de este caso un caso especialmente inquietante es que entre los acusados se encuentran cinco agentes de policía juramentados que abusaron de sus chapas, sus uniformes y sus juramentos para participar en conductas criminales bajo la pretensión de estar realizando operaciones policiales legítimas", dijo Thomas O’Brien, jefe de la división criminal del despacho del fiscal federal en Los Angeles. "Aunque esta historia suena como un guión de ‘Al margen de la ley’ [The Shield] o de ‘Día de entrenamiento’ [Training Day], ocurrió en realidad".
El jefe de la policía de Los Angeles, William J. Bratton, concentró sus comentarios sobre los tres ex agentes del Departamento de Policía de Los Angeles LAPD que eran presuntamente miembros de la banda. Los agentes, dijo, "han traicionado la placa que los hombres y mujeres de este departamento llevan con orgullo, han traicionado a sus colegas agentes y, todavía más importante, han traicionado al público".
La mayoría de los participantes se declararon culpables en secreto sobre su participación en la serie de delitos, que se extendieron de enero de 1999 a junio de 2001. Sus declaraciones, en las que acceden a colaborar con las autoridades, habían sido mantenidas confidenciales para proteger la investigación en curso.
El cerebro de la banda criminal, dijeron oficiales, fue el ex agente del LAPD, Rubén Palomares, 36, es boxeador de Guantes de Oro que entrenó con púgiles de primera clase, como Oscar de La Hoya y Shane Mosley. Sus cohortes eran amigos, colegas y parientes, dijeron las autoridades.
Un miembro era una mujer ex púgil que entrenaba con Palomares, dijeron.
Además de los cinco agentes juramentados implicados en la banda, al menos otros cuatro miembros de la banda tenían lazos con la policía. Dos eran graduados de un programa de adiestramiento policial en el Instituto Comunitario Río Hondo.
Otro trabajaba como agente de custodia civil en el Departamento de Policía de Garden Grove, y otro era un explorador del LAPD, que había pedido trabajo en el departamento pero fue rechazado.
Las autoridades dijeron que el equipo de Palomares era altamente sofisticado y organizado. Llevaban uniformes y placas de policía durante sus robos. Utilizaron patrulleros del LAPD y coches policiales sin matrícula durante algunos de los atracos, muestran las actas judiciales.
Durante la serie de delitos, robaron más de 317 kilos de marihuana y 50 kilos de cocaína a traficantes de drogas, que luego revendieron, dicen los documentos del tribunal. Además, robaron coches, dinero, armas de fuego y joyas. En un atraco particularmente osado los miembros de la banda se identificaron como agentes de policía mientras sacaban televisores de la parte de atrás de un camión en una calle de Montebello, muestran los documentos.
Algunos incidentes fueron violentos, y las víctimas fueron violentamente pateadas y golpeadas. Al menos una víctima fue herida por un balazo con una pistola eléctrica.
De acuerdo a las actas del tribunal los ladrones utilizaron tácticas policiales durante los robos. Algunos miembros de la banda tenían labores de vigilancia, observando a la policía y a potenciales testigos. Otros miembros -apodados el ‘equipo de entrada’- irrumpían en los locales. Las víctimas eran a menudo esposadas.
"Una vez dentro de un local, varios de los asaltantes atacaban y golpeaban a los ocupantes para obtener información, buscar drogas, dinero y otros bienes valiosos", dice la acusación, de 54 cargos, leída el jueves.
Las autoridades arrestaron esta semana a tres de los sospechosos restantes: el ex agente del LAPD, William Ferguson, 33, y su hermano, ex agente de la policía de Long Beach, Joseph Ferguson, 31, que fueron los dos arrestados el miércoles, y Rodrigo Durán, 35, ex sheriff del condado de Los Angeles, y ahora guardia en una prisión del estado.
La pesquisa federal de la banda criminal empezó el 8 de junio de 2001, cuando Palomares y otros cuatro hombres fueron detenidos en San Diego después de pagar 130 mil dólares a agentes encubiertos de la DEA por diez kilos de cocaína.
En esa época, las autoridades allanaron la casa de Palomares en Diamond Bar y requisaron 13 armas de fuego -incluyendo seis rifles de asalto semi-automáticos, 150 cajas de municiones y una máquina contadora de dinero.
Uno de los detenidos ese día, Alvin Moon, empezó inmediatamente a colaborar con las autoridades. Además de los robos, Moon dijo a las autoridades que había visto a Palomares y otro miembro de la banda asaltar a un joven después de una discusión en un restaurante.
Moon dijo que Palomares golpeó al hombre de 23 varias veces antes de que Óscar Loaiza lo apuñalara causándole la muerte. Fuentes cercanas a la investigación dijeron el jueves que habían corroborado la versión de Moon y que el caso sigue bajo investigación.
Poco después de las detenciones en San Diego, fuentes cercanas a la investigación dijeron que los detectives de asuntos internos del LAPD empezaron a seguir a William Ferguson. A los pocos días, cargó su bote y lo romolcó hacia San Diego, ostensiblemente para ir a pescar, dijeron las fuentes.
Sospechando sobre la coincidencia, los investigadores se preguntaron si acaso Ferguson estaba planeando arrojar al mar evidencias. Lo siguieron hasta el muelle, pero no lograron capturarlo en el mar. Agentes del Departamento de Estado de Pesca y Caza revisaron la lancha a petición de la policía cuando volvió a la costa, pero no encontraron nada.
Sintiendo la presión conjunta del FBI, el LAPD y la investigación del Departamento de Policía de Long Beach, otros miembros de la banda de Palomares empezaron a colaborar, con la esperanza de reducir su tiempo en la cárcel. Hace dos años, Palomares -que entonces había sido sentenciado a 15 años de cárcel por cargos de tráfico de drogas- accedió a declararse culpable y a cooperar con las autoridades. Aunque hace frente a una posible sentencia de cadena perpetua, espera que su cooperación resulte en una reducción de la pena.
Dos meses después de que Palomares empezara a colaborar, Jesse Moya, 29, otro ex agente del LAPD implicado en la banda criminal, se declaró culpable y accedió a cooperar.
Los hermanos Ferguson no han cerrado tratos. Incluso antes de incorporarse al LAPD, los archivos muestran que William Ferguson había sido detenido cinco veces por sospechas de robo y violación de morada.
Cuando estuvo en el LAPD fue acusado en numerosas ocasiones de mala conducta, incluyendo una queja de 1999 sobre un tiroteo en horas de servicio por el que fue finamente despedido. La ciudad pagó más tarde una compensación de 1.7 millones de dólares en una demanda de derechos civiles, alegando que el tiroteo era injustificado y que fue subsecuentemente encubierto.
Además de Palomares, Moya, Durán, Moon, Loaiza y los hermanos Ferguson, otros acusados son: Armando Contreras López, 35, de Paramount; Gabriel Loaiza, 30, de Montebello; Michelle Barajas, 38, de Paramount; David Barajas, 32, de Paramount; Jessica Treat, 31, de Whittier; Jesús Estrada Domínguez, 40; Pablo Estrada, 29, de La Puente; Manuel Hernández, 25, de Pico Rivera; Manuel Godinez Martínez, 25; Juan Mendoza, 29, de Muscoy en el condado de San Bernardino; Steve Quintero, 30, de Montebello; y Gerónimo Sevilla, 32, de Whittier.
Óscar Loaiza, Michelle Barajas y Contreras-López están fugitivos, dijeron las autoridades. Los abogados que representan a los acusados no devolvieron los llamados ni pudieron ser localizados.
Durante años Palomares gozó de una excelente reputación en el LAPD, recibiendo entusiastas reseñas de sus superiores.
"Un líder con una reputación de excelencia", escribió un capitán a mediados de los años noventa. "Otro año de servicio estelar", escribió otro capitán.
El primer indicio de que Palomares era un agente problemático provino de Rafael Pérez, el desacreditado ex agente cuyas denuncias de extendida corrupción y brutalidad lanzó el escándalo de Rampart de 1999.
Durante su declaraciones entonces secretas con investigadores, Pérez dijo que Palomares, que también había trabajado en Rampart, había intimado que había estado involucrado en un tiroteo ilegítimo en 1998 así como en otros casos de mala conducta.
"Yo investigaría todo lo que ha hecho Palomares", dijo Pérez a los investigadores. "Investigaría todas las detenciones que ha hecho".

3 de marzo de 2006
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sospechoso explica asesinato por televisión


[Doreen Carvajal] Principal sospechoso es entrevistado por televisión y niega participación en secuestro y asesinato de joven judío.

París, Francia. Youssouf Fofana, llamado el Cerebro de los Bárbaros por la prensa francesa por su supuesto rol en el secuestro y tortura de un vendedor de celulares judío en París, ofreció esta semana otro aspecto de su personalidad en una tranquila entrevista en la cárcel en Costa de Marfil que conmocionó a Francia.
Vestido con un chándal, con una compañía femenina a su lado, Fofana, 25, cenó sobre una silla de madera, sonriendo frecuentemente frente a una cámara de televisión y respondiendo calmamente a preguntas sobre el espeluznante asesinato del vendedor de 23 años, Ilan Halimi.
La entrevista fue realizada el viernes en Abidjan, donde Fofana fue detenido la semana pasada y donde está encarcelado mientras Francia pide su extradición. Emitida por el canal de televisión francés iTELE el lunes, se convirtió en el último giro en un caso que ha estado en primer plana durante dos semanas.
Políticos de todas las tendencias han intervenido. El presidente Jacques Chirac y otros funcionarios de gobierno asistieron al funeral de Halimi la semana pasada en la principal sinagoga de París.
Marine Le Pen, hija el líder de la extrema derecha Jean-Marie Le Pen, se unió a una protesta el domingo a la que asistieron miles de personas, incluyendo al líder del partido socialista, François Hollande.
El aumento del interés coincide con una aguda preocupación entre políticos de que este caso, que implica a las comunidades negras, musulmanas y judías de Francia, pueda encender el descontento étnico que estalló en todo el país en otoño pasado.
Halimi fue secuestrado y retenido durante tres semanas, dijeron investigadores, atraído por una chica francesa de origen iraní de 17 años que lo dejó en manos de un grupo multiétnico de inmigrantes que se llaman a sí mismos los Bárbaros y eran presuntamente dirigidos por Fofana.
Halimi, que fue dejado en la calle desnudo y cubierto de quemaduras de cigarrillos cerca de una estación del metro en las afueras de París murió cuando era trasladado al hospital el 13 de febrero.
"El secuestro se hizo con fines económicos", dijo Fofana, sonriendo. Interrogado sobre si tenía algo que decir a la familia de la víctima, dijo: "Yo no maté a ese niño".
Francis Szpiner, abogado de la familia de Halimi, dijo que se habían asombrado de ver la relajada aparición de Fofana en la entrevista.
"Fue repugnante ser a ese hombre comiendo, riendo y hablando de un crimen como quien habla del tiempo", dijo Szpiner en una entrevista telefónica. "Pero es muy interesante, porque podemos ver que este hombre carece de moral, no tiene ningún sentimiento de compasión o de humanidad".
De momento se han detenido a 18 personas, incluyendo a la joven que fue usada como anzuelo, que compareció el martes ante un tribunal parisino.
Al principio la policía desechó especulaciones de que el asesinato fuera motivado por el odio religioso o racial. Pero Nicolás Sarkozy, ministro del Interior, dijo que la banda había elegido a Halimi "porque tenían la creencia, y cito, de que los judíos tienen dinero".
Sarkozy y el ministro de Justicia Pascal Clément han dicho que el asesinato fue motivado en parte por el antisemitismo.
La muerte de Halimi ha provocado las condenas de una variedad de partidos y grupos políticos. Una asociación de musulmanes de los suburbios de St.-Denis, por ejemplo, expresó su solidaridad con la comunidad judía y su repulsa de los actos de barbarie.
Jean-Yves Camus, un cientista político que ha estudiado extensamente el racismo y el antisemitismo en Europa, dijo que mientras los políticos y líderes religiosos han sido lentos en reaccionar, muchos judíos están convencidos de que el crimen es de naturaleza antisemita debido a la hostilidad y acoso a los que hacen frente en sus propias vidas. Lo más inquietante, dijo, era la naturaleza del antisemitismo de los miembros de la banda.
"De acuerdo a ellos, todos los días son comerciantes y todos los comerciantes judíos son ricos", dijo. "Ese es un estereotipo que es aterrador y banal".

1 de marzo de 2006
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acusan de atraco a escritor pandillero


[John Pomfret] Miembro de la pandilla de los Crips. Amigo de Ice-T enfrenta ley de la tercera reincidencia.
Los Angeles, Estados Unidos. Marzo 2003 debería haber sido un buen mes para Colton Simpson. Se había codeado con estrellas del rap en Nueva York. Tenía un contrato con una editorial entre manos. Después de casi tres décadas de estar entrando y saliendo de reformatorios y cárceles, el ex O.G. (gángster original) de la temida pandilla de los Crips, de Los Angeles, parecía haber encontrado la senda de su vida.
Pero entonces el 17 de marzo tres hombres robaron un pendiente de diamantes de 800 dólares de una joyería al sur del condado de Riverside, a 97 kilómetros de Los Angeles. A las pocas semanas Simpson fue señalado como el conductor del coche usado en la fuga, acusado de atraco, y puede ser condenado a 25 años de cárcel o cadena perpetua -era su tercera reincidencia en el marco de la ley de California ‘la tercera reincidencia es la definitiva’.
Hoy, en lugar de estar en una gira de promoción de su libro, Simpson, 40, está en juicio. Y en una rara decisión, un juez de California permitió que el fiscal introdujera como prueba la autobiografía de Simpson, ‘Inside the Crips: Life Inside L.A.’s Most Notorious Gang’, publicada en agosto y aclamada por la crítica.
California del Sur es la capital de las pandillas de Estados Unidos; Los Angeles es el hogar de unas mil pandillas y cien mil recalcitrantes pandilleros. El departamento del sheriff del condado de Los Angeles estima que un 42 por ciento de todos los homicidios en su territorio tienen que ver con las pandillas.
Más allá de la violencia, las pandillas se han convertido en un fenómeno cultural. Las pandillas de Los Angeles han dado origen al gangsta rap, y a estrellas del hip hop como Easy-E,Dr. Dre, Ice Cube y Ice-T, la estrella de ‘Ley y Orden: Unidad de Víctimas’, de la NBC, que creció con Simpson y escribió el prefacio de su libro.
En los últimos años, miembros de pandillas, la mayoría de ellos de California del Sur, han escrito 27 autobiografías sobre su violento mundo. El fundador de los Crips, Stanley Tookie Williams, que fue ejecutado en California el 13 de diciembre por el asesinato de cuatro personas, escribió nueve libros para niños. Este año se publicaron ‘Monster: The Autobiography of an L.A. Gang Member’, de Sanyuka Shakyr, y ‘Home of the Body Bags’, de Terrill Wright. Pero la de Simpson es la primera autobiografía del nuevo género pandillero en ser admitida como evidencia contra su autor.
Simpson y su co-autora, Ann Pearlman, dice que ‘Inside the Crips’ es una historia de redención, la historia de un leal soldado que cambia de vida. "La escribí para tratar de hacer algo positivo en mi vida", dijo Simpson en una entrevista en el Centro de Detención Robert Presley en Riverside. "Era un modo de enderezar algunas de las cosas malas que he hecho".
Pero para Stephen Gallon, el fiscal de distrito del condado de Riverside que lleva el caso, el libro es un festival de fanfarronadas de un gángster con sangre fría que ha sido presentado como redención para meterlo en las estanterías de las librerías.
"Este libro habla supuestamente de una transformación y repudio del estilo de vida pandillero", escribió Gallon en una declaración jurada para incluir el libro como evidencia. "Este libro no es ni una cosa ni la otra. Es un vehículo para hacer dinero con la sangre y el terror de víctimas inocentes".
Colton Simpson es hijo de un jugador de béisbol y modelo profesional. Tiene el atractivo de su madre, el físico de atleta de su papá y el humor de perros de ambos. Para cuando tenía 5 años, sus padres se habían divorciado. Su madre ganó su tutoría.
En el libro, Simpson dice que en casa era maltratado regularmente. A los diez, había encontrado otra familia -los Crips- y se había unido a un grupo de la pandilla llamado Rollin’ 30s, que controlaba de 5 kilómetros cuadrados en South Central Los Angeles. El día después de incorporarse a la pandilla le pusieron a Simpson una pistola calibre 38 en la mano, que él vació en un ataque para vengarse de los miembros de una pandilla enemiga. Dos de sus balas dieron en el blanco, dice en el libro, y se quedó mirando su sangriento trabajo con estupefacta fascinación. Al día siguiente sintió algo de remordimiento, pero fue efímero. "Es como ser virgen", escribió. Simpson tomó el apodo de Lil Cee, cambiándolo después de Cee-Loc. ‘Loc’ por loco. Se marcó a sí mismo con tatuajes de los Crisps, haciéndose tatuar en su piel un "30", el símbolo de su pandilla, junto a su ojo derecho.
Cuando era adolescente, Simpson se estaba especializando en atracos a joyerías y son esos capítulos los que interesan al fiscal Gallon. Simpson rompía los expositores de joyas con martillos, llegando en un golpe a huir con mercaderías por un valor de 150 mil dólares y usando el dinero, como dice el libro, para "más coches, más trago, más ropa y más joyas de oro". "Me encantan los lamedores de joyas", escribió Simpson en un pasaje que Gallon ha introducido como evidencia en el caso. "Me encanta el poder que me da sobre los adultos".
Aunque la ley prohíbe la mención de condenas anteriores en un juicio por un nuevo delito, Gallon convenció al juez de que el libro de Simpson -sobre delitos que ocurrieron hace más de dos décadas- era relevante para el caso actual porque mostraba un patrón de conducta, dijo el fiscal.
Gallon dijo que tomó la decisión de utilizar la autobiografía porque Simpson en el libro no mostraba remordimientos ni por su peor crimen: haber disparado contra un hombre en febrero de 1986 cuando trató de impedir que Simpson robara un anillo de rubíes de 30 mil dólares de una joyería de Redondo Beach. Al hombre se le concedió la mención de ciudadano del año.
"Sí, vaya buen ciudadano", escribió Simpson. "Convirtió un simple robo en un atraco a mano armada con intento de homicidio... Gente estúpida que complica mi vida".
Gallon dijo: "Cuando leí cómo insulta al hombre contra el que disparó, no podía creerlo. Eso me descolocó".
La decisión del despacho del fiscal del distrito del condado de Riverside de pedir la aplicación de ley de la tercera reincidencia para Simpson no ha pasado inadvertida. Si el caso de Simpson estuviera siendo juzgado en el condado de Los Angeles, donde los fiscales en general restringen la ley de tres reincidencias a delitos violentos, estaría probablemente en libertad bajo fianza ahora, después de haber pasado más de un año en la cárcel esperando su juicio, dijeron los fiscales. Pero la ley no se aplica uniformemente en California, y los fiscales del condado de Riverside son los más agresivos del estado.
El libro de Simpson pinta un duro retrato de la vida en prisión en el que el conflicto entre los Crips y la banda rival de los Bloods, es agrandado por el encierro. Simpson apuñaló y fue apuñalado, fue apaleado y apaleó, mientras pasaba de penitenciaría en penitenciaría.
A mediados de los años noventa, Simpson escribió que había empezado a cuestionarse la vida como gangsta ayudado por dos series de insólitos mentores, dos panteras negras y varios pandilleros. Para cuando fue dejado en libertad condicional en 1998, juró que se reformaría.
Tras salir de la cárcel Simpson empezó a trabajar como asistente personal de Ice-T. Simpson también empezó a escribir su historia. Llevó su manuscrito a varios agentes. A uno le gustó y puso a Pearlman en el proyecto. Pearlman voló a Los Angeles a principios de 2003, y Simpson la llevó a varias joyerías para mostrarle cómo las había robado.
Pearlman presentó a Simpson a su familia, y trabó amistad con su hija.
"No ha traicionado nunca mi confianza’, dijo Pearlman. "Es abierto y es emocional. Sus temas son la lealtad y el amor".
David Brumble, profesor de inglés en la Universidad de Pittsburgh que ha leído las 27 autobiografías de pandilleros y está escribiendo un libro sobre el tema, dijo que los libros como los de Simpson son extraordinariamente similares a las autobiografías narradas de los jefes indios norteamericanos del siglo 19. Simpson y otros escritores, incluyendo a Tookie Williams, están obviamente "orgullos de lo que han hecho, incluso aunque el mensaje superficial sea ‘Evitad las pandillas’", dijo Brumble.
Como el guerrero indio Gerónimo, Simpson siente la necesidad de dar a conocer su historia para mostrar al mundo lo rudo que es. "No es suficiente con hacer lo que haces: los demás tienen que enterarse", dijo Brumble.
Aunque no se usaron armas en el atraco de la joyería en 2003, Gallon convenció al juez de que debía ser considerado un atraco, y no un robo, porque uno de los atracadores saltó por encima del mesón para amenazar al dependiente. Simpson supuestamente condujo el coche en que escaparon. Fue detenido después de que tres detectives descubrieran que su novia de entonces había alquilado el coche por él.
Al calificar el delito como atraco, Gallon dejó la puerta abierta para introducir el libro de Simpson -sobre atracos a joyerías- como evidencia porque, dijo, mostraba una intención premeditada. Colleen Lawler, una defensora pública que trabaja en el caso de Simpson, dijo que espera impugnar el cargo de atraco y excluir al libro como evidencia.
Lawler predijo que si el jurado oye todo sobre los atracos previos de Simpson, aunque el último haya ocurrido hace 22 años, ganar su caso "será una batalla cuesta arriba".
El padre de Simpson, Dick Simpson, que tuvo un promedio de .207 después de siete años en las ligas más importantes, dijo que estaba aburrido de oír malas noticias sobre su hijo.
"Te atormentas pensando en el asunto", dijo en una entrevista en un condominio donde se ha retirado en Los Angeles. "Es un tipo atractivo, listo y que tenía opciones. ¿Por qué tomó las opciones que tomó? No te lo puedes imaginar".
Para Pearlman, Colton Simpson salió derechamente de una tragedia griega. "Lo veo como un trágico", dijo. "Lo más positivo que ha hecho por sí mismo -su libro- está siendo usado para destruirlo".

2 de marzo de 2006

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matones en hollywood


[Rachel Abramowitz y Robert Welkos] El vengativo detective privado arroja una sombra sobre Hollywood, donde ser rudo es un arte.
Anthony Pellicano es un personaje hecho para ‘L.A. Confidential’. Presta servicios de intimidación: el rudo detective tiene siempre su bate Louisville Slugger a la mano.
En el curso de sus 20 años en Los Angeles, también se las arregló para insinuarse a sí mismo en el Nuevo Hollywood: un lugar donde la ambición, las rivalidades y las tácticas duras son tanto un arte como un deporte de caza.
Los contornos de la larga sombra de Pellicano están recién emergiendo en una investigación federal aún en curso en la que el detective privado y otras doce personas han sido acusadas de varios cargos de interceptación de teléfono, sobornos y manipulación de declaraciones de testigos. El detective privado se ha declarado inocente y se la ha negado la posibilidad de salir en libertad bajo el pago de fianza.
A medida que emergen a superficie los nombres de los testigos del gran jurado, y de los que fueron supuestamente interceptados, la compleja red de los que fueron tocados por Pellicano conjuran un período no demasiado distante en el que Hollywood, que nunca fue un reino muy pacífico, estuvo enredado en disputas particularmente crueles.
Durante años, Pellicano fanfarroneó abiertamente sobre su enorme conocimiento de primera mano y esto le ayudó a convertirse en un participante directo de ese mundo. Él y el presidente de Universal Studios, Ron Meyer, cuya esposa trabajaba como secretaria del detective privado, conspiraban juntos, de acuerdo a una fuente cercana a Meyer. Meyer y su esposa se negaron a hacer declaraciones. El presidente de Paramount, Brad Grey, entonces un importante gerente cazatalentos, intentó elaborar con Pellicano un piloto de HBO sobre un detective de Hollywood, según varias fuente y un representante de Grey. Los paparazzi lo fotografiaban con estrellas y revistas y diarios, incluyendo este, escribieron coloridas historias sobre sus hazañas.
Es fácil ver porqué Pellicano, con su estilo alternativamente amenazador y resbaladizo, atraía a los hombres enamorados del poder. Y Pellicano mismo imitaba el imperioso estilo de Hollywood. Una fuente que conocía bien a Pellicano contó al Times que ella vio arrojar al detective privado un plato a través del comedor en el entonces concurrido restaurante Le Dome, porque el ajo de su plato de espinacas estaba picado en lugar de cortado. Pellicano insultó al chef, dijo la fuente, y luego dio al camarero una propina de 300 dólares.
Luego, en noviembre de 2002, Pellicano fue detenido y más tarde condenado por posesión ilegal de granadas y explosivos plásticos, y los fiscales federales empezaron a llamar a los pesos pesados de Hollywood.
El litigante de las estrellas, Bertram Fields, que se ha encargado de muchos de los famosos casos de Hollywood, fue entrevistado por el FBI y desde entonces está en el punto de mira de la agencia. Brian Sun, abogado de la firma Fields, dijo el viernes que los abogados de Fields y la firma han estado conversando con el gobierno "para despejar la sugerencia, lanzada en gran parte en la prensa, de que Bert u otro de la firma estuvieron implicados en conductas ilegales en sus tratos con Pellicano".
Grey y Meyer, junto con el fundador de la Creative Artists Agency CAA, Michael Ovitz, comparecieron como testigos ante el gran jurado. Se detuvo a un personaje de primera categoría: Terry N. Christensen, abogado durante 30 años del multimillonario Kirk Kerkorian, acusado de conspirar con Pellicano para interceptar a la ex mujer de Kerkorian durante una encarnizada riña por una tutoría. El martes se declaró inocente.
Sobre las conexiones de Pellicano en Hollywood, su abogado defensor, Steven Gruel, dijo: "Creo que tuvo mucho éxito como detective privado y, aparentemente, una clientela muy impresionante, y eso es todo lo que sé".
Pero la mayoría en el pueblo decidieron mantenerse a distancia de Pellicano, aunque Meyer visitó repetidas veces una cárcel federal cerca de Bakersfield para ver al desacreditado detective privado, de acuerdo a fuentes.
La acusación actual se centra en los años de 1997 a 2002, cuando Hollywood fue impactado por una serie de disputas particularmente violentas. Algunos de los que, según la acusación, tuvieron sus teléfonos interceptados o cuyos antecedentes fueron chequeados sin autorización estuvieron en esa época implicados en litigios con clientes de Field o de su bufete de abogados. Los avatares de la acusación federal contra Pellicano y las especulaciones sobre las posibles conexiones de los diferentes pleitos en la industria han consumido a los entendidos en Hollywood.
En seis pleitos, Fields y su bufete Century City -Greenberg Glusker Fields Claman Machtinger y Kinsella- estaban representando a varios clientes, incluyendo a Grey, contra personas a las que Pellicano supuestamente pinchó sus teléfonos y hizo chequeos no autorizados de antecedentes hacia la misma época. La compañía de Ovitz, Artists Management Group, había iniciado un litigio contra dos personas, y Ovitz estaba implicado en disputas públicas con otras cuatro personas que Pellicano supuestamente investigó impropiamente.
Tanto Grey como Ovitz, a través de sus abogados, han negado vehementemente haber participado en ninguna actividad ilegal con Pellicano. "Durante toda la investigación el gobierno ha asegurado repetidas veces a Grey que él no tiene ninguna implicación, excepto como testigo potencial", dijo la portavoz de Paramount, Janet Hill.
Del mismo modo, el abogado de Ovitz, James Ellis, dijo que Ovitz "fue informado que él es considerado como testigo en el proceso". Fields confirmó que los investigadores federales le han dicho que es un sujeto de interés en la investigación, y el socio de Greenberg Glusker, Norman Levine, agregó: "Algunos miembros de nuestra firma utilizaron a Anthony Pellicano como detective. Sin embargo, si Pellicano participó en alguna actividad ilegal, lo hizo así sin su conocimiento ni el de la firma".
De momento, el detective privado parece haber adoptado el código del silencio. En un retrato de Vanity Fair de 1993, Fields propugnó su fe en la lealtad de Pellicano: "Apostaría mi vida y la de mi hijo que Anthony no traicionaría nunca a sus clientes".
Irónicamente, parece que Pellicano ya lo había hecho.
Lo que sugiere la acusación de Christensen es que Pellicano pinchó no solamente a sus blancos, sino también a sus empleadores.

Un Racha de Suerte de 50 Años
Un anfitrión extraordinariamente encantador y, en sus horas libres, un erudito en Shakespeare con publicaciones a su haber, y autor de novelas de detective baratas bajo el seudónimo de D. Kincaid, Fields es conocido como el maestro de las cartas con amenazas, el abogado al que contratar cuando un cliente quiere lanzar un ataque de tierra abrasada.
A Fields le encanta fanfarronear que no ha perdido ningún caso desde 1956. Pellicano estuvo implicado en algunos casos muy publicitados. Cuando Fields estaba defendiendo a la estrella del pop Michael Jackson en 1993, durante la investigación de la primera acusación de abuso de menores, Pellicano difundió entre la prensa una grabación que dijo que mostraba que el padre del niño quería extorsionar a Jackson, una acusación que el padre ha negado repetidamente.
El abogado conoció a Pellicano a través de un amigo mutuo, el famoso libertino productor de ‘Ídolos del aire’ [Top Gun], Don Simpson, que murió por sobredosis. Pellicano excavó el pasado oscuro de una ayudante que entabló una demanda contra Simpson por tensión emocional por, entre otras cosas, haberla encargado que se ocupara de sus citas con prostitutas. Su caso fue desechado en 1992. Fields representó a Simpson.
Diez años después, la acusación dice que Pellicano investigó impropiamente a otros tres miembros de Hollywood -el actor de películas de acción Sylvester Stallone, el cómico Garry Shandling y el productor Bo Zenga- que tenían problemas legales con clientes representados por Fields hacia la misma época.
Stallone fue presuntamente interceptado por Pellicano en febrero de 2002, en torno a la época en que demandó a su antiguo representante Kenneth Starrr, por 17.3 millones de dólares. Algunos años antes, Stallone había empleado a Pellicano, pero tuvieron desavenencias, de acuerdo a varios informes de prensa.
En otro caso llevado por el bufete de Fields, el productor de Hollywood, Aaron Russo (‘Entre el pillos anda el juego’ [Trading Places]) fue demandado por el gerente de un fondo de inversiones, Adam Sender, un cliente de Greenberg Glusker.
Como lo cuenta Russo, se estaba cortando el pelo en Beverly Hills en 2001, cuando se acercaron a él dos mujeres con papeles. Russo salió como un rayo de la barbería, por la puerta de atrás hacia su coche mientras las dos mujeres lo perseguían. Una de las mujeres era Denise Ward, detective privado. La semana pasada Ward dijo a Los Angeles Times que ella estaba trabajando para Pellicano en esa época y había tratado de entregar a Russo la demanda de Sender.
Algunos meses después, Russo descubrió que se había entablado contra él una demanda por morosidad, y Greenberg Glusker también lo estaba acusando de transferir capitales a su ex esposa.
De acuerdo a la acusación, Pellicano había presuntamente interceptado el teléfono de Russo y chequeado los nombres de otros miembros de la familia en bancos de datos policiales hacia la misma época. Pellicano había hecho presuntamente un chequeo de antecedentes de Sender ese mismo año.
En 1998 y 2000 Fields representó a Grey en dos complicados pleitos. En esa época, Grey era un poderoso agente de talentos cuya firma, Brillstein-Grey, representaba Brad Pitt, al creador de ‘Sopranos’, David Chase y al ex alcalde de Nueva York, Rodulph W. Giuliani, entre otros.
Ahora presidente de Paramount Pictures, Grey había empezado como asistente del co-fundador de Miramax, Harvey Weinstein, cuando el rey del indie era todavía un organizador de conciertos. Más tarde unió fuerzas con el agente de John Belushi, Bernie Brillstein.
En su juventud, Grey era conocido en la ciudad como el ‘Little Ovitz’, un testimonio de su ambición y capacidad de formar redes -y de su ferocidad. Sus agresivas tácticas le ganaron la reputación de alguien que debía ser admirado y temido. Como dijo Brillstein, su ex socio: "Brad era muy listo e hizo un montón de pasta en el negocio. Sí, la gente se sentía intimidada por Brad, porque Brad no hablaba demasiado. Sólo hablaba cuando tenía algo que decir. En esta ciudad, eso da miedo".
En 1998, Grey fue demandado por Shandling, que había sido su cliente más distinguido durante dos décadas. Golpeó en el corazón de una relación a veces turbia entre el talento y sus agentes, planteando la cuestión de si un agente puede representar los intereses económicos de su cliente y de él mismo al mismo tiempo.
En la demanda Shandling acusaba a Grey de cobrar tarifas excesivas de su exitosa serie ‘The Larry Sanders Show’, incluyendo una tarifa de 45 mil dólares por episodio como productor ejecutivo y 50 por ciento de la propiedad de la serie de televisión. En su libro ‘Courting Justice’, el abogado de Shandlinh, David Boies (mejor conocido por representar al gobierno en su demanda anti-monopolio contra Microsoft y del candidato presidencial Al Gore para el recuento de Florida), también escribió que durante una investigación él y su equipo jurídico descubrieron al menos una cuenta en la que unos fondos de Shandling habían sido usados para pagar una deuda de Brillstein-Grey.
Grey, que fue representado por Fields, respondió con una demanda por 10 millones de dólares, lanzando lo que se convertiría en parte, en una guerra de relaciones públicas. Dijo que la conducta errática y abusiva de Shandling enajenaba a los escritores de ‘The Larry Sanders Show’, lo que costaba millones a la producción. Según sus documentos judiciales, es probable que cualquier litigio hubiese introducido los sucesos en torno a la demanda de acoso sexual de la actriz Linda Doucett, la ex novia de Shandling, que alegó que había sido despedida de la serie después de que habían roto.
En enero de 1999, de acuerdo a la acusación, Pellicano y una fuente policial, hicieron presuntamente un chequeo no autorizado de antecedentes de Shandling, y el 4 de marzo de 1999, hicieron lo mismo con Doucett. De acuerdo a la acusación, ese mismo día se hicieron chequeos no autorizados del cómico Kevin Nealon, que era otro cliente de Brillstein-Grey y amigo de Linda Nealon, y su ex esposa. (Kevin Nealon no quiso hacer comentarios. Pero en un artículo de opinión el miércoles en el New York Times, bromeó sobre la posibilidad de encontrarse en compañía tan elegante en la lista de la acusación de Pellicano: "Okey, nunca ni en mis más salvajes fantasías pensé que realmente que las palabras ‘Kevin Nealon’ e ‘interceptaciones’ iban a aparecer en una misma noticia, pero me pone eufórico ser parte del grupo. Me hace sentirme importante").
En vísperas del juicio de Shandling, Fields, que había estado amarrado representando al co-fundador de DreamWorks, Jeffrey Katzenberg, en una demanda contra Walt Disney Co., invitó a Boies a su oficina jurídica de Century City. Boies escribió en el libro que Fields cedió, aceptando que Grey devolviera a Shandling sus intereses de propiedad en ‘The Larry Sanders Show’ y de ‘It’s Garry Shandling’s Show’, así como a un acuerdo de dinero de ocho cifras. Según los informes de prensa, Grey obtuvo a cambio un pequeño porcentaje de la serie de televisión ‘News Radio’, que era propiedad de Shandling. Fields ha dicho públicamente que el monto del acuerdo fue mucho más bajo.
Entonces, en 2000, Zenga demandó a la firma de Grey, alegando que había sido reclutado para trabajar en el guión original de la exitosa película ‘Una película de miedo’ [Scary Movie], y que Brillstein-Grey había renegado de un acuerdo de palabra para otorgarle un crédito de productor y una participación en los beneficios por taquilla de la película. En 2002, Grey ganó la demanda fácilmente. Su equipo de abogados, dirigido por Fields, hizo pedazos la credibilidad de Zenga. El juez instructor desechó el caso, y el juez de la corte de apelaciones sostuvo la decisión.
De acuerdo a la acusación, entre febrero y abril de 2002 Pellicano interceptó el teléfono de Zenga y chequeó los nombres de sus familiares, sus asociados comerciales y su abogado en ordenadores de la policía. En 2004 Zenga dijo en una entrevista con Times que él había declarado ante un gran jurado sobre los efectos de esos pinchazos y las amenazas de Pellicano contra sus testigos en el litigio con Grey.

Guerra Territorial
Fields, 76, también tuvo una larga relación personal y profesional con Ovitz, y representó a CAA en varios asuntos durante el mandato de Ovitz. Ovizt había incluso hecho de casamentero, introduciendo a Fields con la consultora de arte Barbara Guggenheim. Y cuando el dúo eventualmente se enamoró, Ovitz, junto con su socio entonces en la CAA, Meyer, y el actor Warren Beatty, dio a la pareja una fiesta de compromiso en 1991.
En diciembre de 1998, Ovitz lanzó su propia agencia, Artists Management Group AMG, después de ser despedido como segundo al mando de Disney. Eso lo puso en competencia directa con Kevin Huvane y Bryan Lourd, sus antiguos protegidos de la CAA,* la superagencia que ayudó a fundar. Hacia 1999, entre AMG y CAA había estallado una guerra territorial, a medida que los clientes eran aproximados. Fue una guerra que se extendería en la próxima década.
En agosto 2001, Mark Arneson, un sargento del Departamento de Policía de Los Angeles, hizo presuntamente un chequeo no autorizado de los archivos DMV de Lourd y Huvane para Pellicano, de acuerdo a la acusación.
James Ellis, abogado de Ovitz, se negó a discutir la antigua relación del agente con Pellicano, pero dijo que "era el tema del interrogatorio de Ovitz por detectives federales". Agregó que "Michael niega categóricamente haber autorizado, o haber tenido conocimiento de cualquiera interceptación, chequeos ilegales de antecedentes u otros medios ilegales de recolección de información".
Innegablemente, el cambio de siglo fue el nadir de la carrera profesional de Ovitz. Se estimó ampliamente en la prensa que Ovitz perdió entre 100 a 200 millones de dólares a la AMG. En una publicitada entrevista con Vanity Fair en agosto de 2002, después de haber vendido la compañía, Ovitz se mostró alternativamente autocompasivo y venenoso con los que calificó de enemigos, desde magnates rivales que dijo que habían disuadido a los inversores de colocar dinero en la AMG, a sus antiguos protegidos en la CAA.
Otros blancos de la ira de Ovitz incluyeron al periodista del New York Times, Bernard Weinraub, del que Ovitz decía en Vanity Fair que estaba confabulado con el supuesto archienemigo de Ovitz y co-fundador de DreamWorks, David Geffen. En la primavera de 2002, justo cuando Ovitz estaba tratando de vender su compañía, Weinraub y la periodista Anita Busch escribieron una serie de artículos en el New York Times haciendo la crónica sobre el misterio de la compañía de Ovitz. Los artículos hicieron público el hecho de que Vivendi-Universal, cuya subsidiaria el Canal Plus tenía un fondo común de 4 millones de dólares para invertir en proyectos de AMG, había hecho una auditoría de los libros de Ovitz. En su entrevista en Vanity Fair, Ovitz dijo que solamente tenía que ver con un Rolex que él la había regalado a un abogado y regalos de Navidad para periodistas. La semana pasada, Ellis, su abogado, dijo sobre la auditoría que "no se encontraron incumplimientos de nuestro acuerdo ni impropiedades económicas". Fields representó a Ovitz en esa audición.
De cualquier modo, Canal Plus puso fin a su financiamiento de la compañía de Ovitz, y la atención de la prensa ayudó a reducir el precio de AMG. De acuerdo a la revista ‘New York’, Ovitz se quejó a gritos sobre Weinraub ante Joseph Lelyveld, entonces editor general de New York Times, diciendo: "¿Qué tiene el New York Times contra mí?" Weiraub se negó a hacer comentarios.
Ovitz no niega que se quejó ante el diario sobre la cobertura, aunque Ellis dijo: "No se trataba de ningún artículo o periodista... Ese malestar continúa hasta el día de hoy".
De acuerdo a la acusación, una fuente policial de Pellicano hizo un chequeo ilegal de los nombres de dos periodistas en una base de datos de la policía en mayo de 2002. En noviembre de ese año, Pellicano supuestamente empezó a pinchar el teléfono de Busch. Más tarde, cuando estaba haciendo investigación para un artículo de Los Angeles Times sobre los vínculos con la mafia del actor Steven Seagal, Alexander Proctor, que dijo a un informante de la policía, en una grabación, que había sido contratado por Pellicano, destrozó su parabrisas y dejó un pescado y una amenaza. Jan Handzlik, el abogado de Seagal, dijo que el despacho del fiscal ha determinado que Seagal no tenía conexiones con el incidente del pescado.
Este caso, sin embargo, llevó a investigadores federales a la oficina de Pellicano, donde encontraron miles de cintas y otros documentos, algunos de los cuales están siendo ahora tratados como evidencia en las actuales acusaciones contra Pellicano.
Ni Busch ni sus abogados devolvieron nuestras llamadas. Ella está ahora demandando al detective privado y a citado a Ovitz en su caso. Antes este mes, Ellis se negó a comentar sobre la citación de su cliente.
Además de su contenciosa relación con los periodistas, Ovitz también tuvo que lidiar con un número de quejas de ex empleados y socios: Arthur Bernier, un ex gerente de AMG, demandó a la firma en abril de 2002, alegando que el AMG le debía unos 200 mil dólares. James Casey, un agente de deportes independientes para jugadores de la NBA [National Basketball Association] que llevó a la estrella de Boston Celtic, Paul Pierce, al AMG, demandó en marzo de 2002 a la firma para que le pagara una tarifa de cazatalentos de 450 mil dólares. En documentos judiciales, los abogados de AMG niegan las acusaciones. El caso Bernier fue cerrado con un acuerdo de arbitraje de 2003, y Casey abandonó voluntariamente el caso en noviembre de 2003, aparentemente después de que las partes llegaran a un acuerdo.
De acuerdo a la acusación, Arneson hizo un chequeo de antecedentes de Bernier el 9 de mayo de 2002, y de Casey el 16 de mayo de 2002.
Bernier, que se especializa en márketing deportivo, dijo que nunca oyó hablar de Pellicano antes de la acusación. "Nunca oí clicks en mi teléfono. Nunca vi a tres tipos de impermeable caminando detrás de mi. Me sorprendió mucho descubrir que aparentemente mis libertades civiles estaban siendo violadas".
Se esperan más acusaciones federales en el caso de Pellicano, y Hollywood está esperando. Pocos recuerdan un caso transformado en tan llamativo por una investigación policial desde la detención en 1993 de la madama de clase alta Heidi Fleiss y la supuesta existencia de un pequeño libro negro con los nombres de ricos clientes puteros de Hollywood.
Siempre ansioso por chipar cámara, Pellicano se metió en medio de ese frenesí para anunciar públicamente que cierto ejecutivo de Columbia había negado haber contratado a alguna chica de Heidi. Eso fue considerado ampliamente como una metedura de pata, ya que lo único que hizo la declaración de Pellicano fue llamar la atención sobre su cliente.
Ahora el hombre al que le gustaba arrimarse a las celebridades y complacerse en el reflejo de su gloria, está recibiendo su parte de atención de la prensa. Sólo que no es el tipo de atención que él o sus clientes realmente esperan.
"Oh, los grandes también caen", dijo Fleiss en una entrevista hace poco. "Pellicano era un idiota, pero todos esos peces gordos lo contrataban... Se supone que yo no tengo moral... pero, bueno, creo que tengo más moral que todos ellos juntos".

Greg Krikorian y Shawn Hubler contribuyeron a este reportaje.

26 de febrero de 2006

©los angeles times
©traducción mQh

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