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guía de las pachamamas


[Lisa Richardson] Publican guía de viajes para visitar lugares de culto de divinidades femeninas en el mundo, a través de la historia.
Entrar al apartamento de la autora Karen Tate, en Venice, es como descubrir una pirámide intacta. En las paredes, en gabinetes de curiosidades -en todas partes- hay artefactos de estilo egipcio y diosas grandes y pequeñas, con diademas y panes de oro. Una estatua de Sekmet de 1 metro 80 guarda la entrada (aunque Tate dice que la diosa con cabeza de león en el trono es provisional, y que pronto será trasladada a su jardín en el desierto).
Como defensora de la espiritualidad femenina, Tate ha viajado a gran parte del mundo, visitando lugares donde se veneraba a figuras de la mitología antigua, como Isis, Astarté, Artemis y Diana. Gran parte de sus objetos de arte provienen de esos viajes.
Ahora ha escrito un libro, ‘Sacred Places of Goddess: 108 Destinations’, para ayudar a los buscadores del ‘divino femenino’ en su viaje por los mismos senderos.
El interés en el divino femenino ha aumentado espectacularmente en tiempos modernos. Nadie lleva la cuenta de cuántos son los cultores de las divinidades femeninas en Estados Unidos, pero ha surgido toda una industria para satisfacer sus deseos. Hay libros y boletines sobre diosas, sitios en la red y tiendas especializadas. También hay un bullente negocio en viajes turísticos hacia las diosas.
El intenso interés, según cree Tate, se explica en parte porque el mundo ha perdido el equilibrio. Las guerras, la violencia y el desprecio por la naturaleza son el resultado del patriarcado que suprime los valores femeninos más espirituales relacionados con la curación, la nutrición y el sustento, dice.
La veneración de las diosas contribuye a restaurar el equilibrio que, escribe Tate, existía hace miles de años.
"Al principio, Dios era una mujer, y de su vientre creó todo lo que hay; así, ella es todas las cosas y todas las cosas son ella... Eso era verdad hace 30 mil años, y para millones de personas sigue siendo verdad hoy", escribe en su libro.
Sentada en su sillón con uno de sus dos gatos en el regazo, agrega: "Si crees en un dios que es alguien que da a luz, ¿no debería ser una mujer y no un hombre, no debería ser al menos, una pareja?"
Tate, que nació en Nueva Orleans, se llama a sí misma una católica desvinculada.
"Nunca me sentí realmente atraída por el catolicismo; no es una religión muy cálida ni muy acogedora -al menos, no como me lo enseñaron a mí", dice.
Se mudó a Los Angeles a los 30 y, por un capricho, tomó un curso en el Learning Annex, titulado ‘Encontrando el rostro femenino de Dios’. Fue toda una revelación.
"Me sentí enfadada", dice. "Sentí que me habían estado engañando durante treinta años".
Pero incluso antes de que empezara a estudiar la espiritualidad femenina, Tate se había sentido atraída por las imágenes de diosas. De niña, en lugar de leer los libros del doctor Seuss, hojeaba libros sobre mitología egipcia.
"Recuerdo que de niña me asombraban esas reliquias antiguas", dice.
‘Sacred Places’, publicado por el Consortium of Collective Consciousness, de San Francisco, es parte de una serie de guías de viajes que se especializan en rutas espirituales.
"La gente que viaja frecuentemente busca algo más en sus viajes, antes que pasárselo sentada en las piscinas sorbiendo mai tais", dice el fundador, Brad Olsen.
Su investigación de mercado mostró que la mayoría de los viajeros compran 2.4 libros por vacaciones: una guía de viaje general y un libro de arte o de historia del arte o alguna otra cosa.
"Eso significa que compran ‘Lonely Planet’ o’Let’s Go’, y luego algo más. Es a esa gente a la que queremos llegar", dice.
Lydia Ruile, de Goddess Tours en Denver lleva a grupos de diez a cuarenta personas a sitios en Inglaterra; a Florencia, Italia; a Turquía y otros países.
"Las mujeres están sedientas de historias diferentes y de modos de conectarse con lo espiritual", dice.
Ruile ha visitado muchos de los lugares que aparecen en el libro de Tate, como guía y como peregrina.
"Creo que ha hecho un gran trabajo contando las historias de esos sitios, y explicando cómo llegar a ellos y cómo comportarse en ellos", dice Ruile. "Es un buen libro de viaje".
‘Sacred Places’ empieza en Europa y Asia Menor y se traslada hacia las Américas.
Tate eligió los sitios basándose en su significado histórico, espiritual o cultural o por su riqueza material. El libro es una guía de fácil consulta que proporciona información de fondo sobre la importancia de los sitios, en la antigüedad o en tiempos modernos. Algunos capítulos tienen advertencias contra el deterioro de algunos sitios; los llama ‘alertas Gaya’, en homenaje a la diosa griega que personifica a la Tierra.
Algunas asociaciones son familiares -Chipre con Afrodita, el Partenón con Atenas y Egipto con Isis. Otros son sitios donde el cristianismo, el judaísmo o el islam han retomado lugares de cultos paganos y donde las divinidades femeninas han sido absorbidas o suplantadas por esas tradiciones, dice Tate.
"No es algo feminista, eso de que las mujeres quieran retomarlo todo", dice. "Se trata de que el mundo vuelva a estar equilibrado, porque lo femenino se ha perdido y ha sido subyugado. Si las mujeres fueran simplemente iguales, el mundo sería muy diferente".
El interés en las divinidades femeninas es el fruto de dos movimientos femeninos que recorrieron Estados Unidos, dice Sabina Magliocco, antropóloga y experta en folclore de Cal State Northridge.
El primero culminó a principios del siglo 20, cuando las mujeres lograron el sufragio, y el segundo surgió en los años sesenta y setenta, cuando las mujeres lucharon por la paridad política y económica con los hombres. La paridad espiritual es el siguiente paso lógico, dice, agregando que el movimiento no se limita a círculos paganos.
"Hay mujeres de las religiones convencionales. El catolicismo y el judaísmo, se están esforzando para que las religiones tradicionales abarquen tanto lo femenino como lo masculino. Es verdad que cuando se traduce la Biblia al inglés, Dios es un ‘él’", dice. "En hebreo no es ni una cosa ni la otra. Dios está más allá de la feminidad y la masculinidad".
La Reforma Protestante desalentó el culto de María y de las santas, dice Magliocco. "Pero la consecuencia fue que se desechó todo modo femenino de relacionarse con lo divino y se acopló con una filosofía teológica que reflejaba una sociedad centrada en lo masculino", dice.
El clamoroso bestseller de ‘El Código Da Vinci’ convirtió el aumento del interés en las divinidades femeninas en una marea con su teoría sobre la verdadera identidad de María Magdalena, dice.
Aunque llama al libro una "melancólica re-interpretación de la historia", demuestra sin embargo el fuerte anhelo de las divinidades femeninas, dice Magliocco.
Sin embargo, advierte contra la idea de identificar el culto de las divinidades femeninas con la paridad social de las mujeres.
"Tenemos montones de evidencias de sociedades en las que las divinidades femeninas eran adoradas al mismo tiempo que las mujeres eran excluidas del poder -como la India moderna, y Grecia y Roma de la época antigua".
Para Tate, la amplia observancia de la espiritualidad femenina restauraría la pieza perdida del puzzle teológico -no anulando las otras religiones, sino agregándose a ellas. Para ella, el culto de las diosas es arquetípico, no específico.
Así, en India se venera a Kali, de la tradición hindú, y en Irlanda Santa Brígida. Se venera a Isis, así como a la madre de Jesús, María. En realidad, escribe Tate, en algunos lugares las últimas dos imágenes se han fundido: En Francia, donde se encuentran Madonnas de varios siglos de antigüedad en algunas catedrales, las investigaciones de los iconos han demostrado que eran originalmente representaciones de Isis, remodeladas para acomodarse con el cristianismo.
Algunos sitios se encuentran en lugares inesperados, como el parque industrial en Irvine, hogar del Goddess Temple, en el condado de Orange. Fue fundado en 2002 con seis miembros, y ahora cuenta con cien, dice la fundadora Ava Park.
A los que dicen que el cristianismo, el judaísmo y el islam honran a las mujeres y que Dios no tiene género, Park replica que esas religiones están meramente apoyando de boquilla a las divinidades femeninas.
"Si haces de Dios un ‘el’ o ‘ella’ todo el tiempo, ¿cómo podrían sentir las mujeres la divinidad dentro de sí mismas cuando saben que no son hombres?"

11 de febrero de 2006

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traducción mQh

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muerte sin previo aviso


[Joanna Broder] Una apacible noche de febrero hace un año, dos estudiantes de la Universidad de Boston salieron de su residencia para hacer un misterioso paseo por las vías de un tren de cercanías. Qué estaban haciendo allá, y cómo y por qué murieron, sigue siendo un misterio para sus familiares y amigos.
Es poco después de la una de la mañana cuando, por las vías que unen a Worcester con Boston, el maquinista dirige hacia el este su tren de cercanías -siete vagones con apenas seis pasajeros. Pasa por la estación de Newtonville y se acerca a Back Bay. Es inusualmente templado para una noche de febrero -6 grados Celsius- y no hay neblina ni bruma. Pero, sin embargo, el maquinista sólo puede ver a treinta metros delante de él, porque, aunque el tren lleva sus focos encendidos, está obligado a atenuar sus luces para que no encandilen a los conductores que vienen por este lado de los rieles, a lo largo de Massachusetts Pike, Storrow Drive y el Nickerson Field, de la Universidad de Boston.
Una valla de metal destinada a separar las vías de los transeúntes está en mal estado, incluso torcida en algunas partes, lo que explica por qué las vías están llenas de vasos de café desechados, botellas de cerveza vacías y hojas de periódicos viejos -restos de las caminatas que hacen hasta aquí los estudiantes universitarios para pasear, o, como es a menudo el caso, fumarse un porro. La soledad es lo que atrae a un joven y una chica esta noche. Salen de Rich Hall, su residencia estudiantil, y pasan por detrás del número 100-120 de Ashford Street, una zona industrial del campus con callejones y estacionamientos públicos que hace que se vea inquietantemente desolada por las noches. Caminan hasta donde termina la Babcock Street, pasando en el trayecto por un estacionamiento vacío, el departamento de Atletismo, y el Centro de Educación Física Case, sede de la pista de patinaje en hielo de la universidad y una piscina. Pasan junto a un terreno de almacenamiento de propano y algunos contenedores de basura, oyendo el ruido industrial que proviene de una planta química cercana y los ruidos del tráfico del paso elevado de Pike.
Caminan junto a las vías.

Julia Collins vio a la joven debido a la americana que lucía en Rich Hall. La mujer tenía pelo castaño claro con flequillos a los lados. Vestía ropa clásica de color y un collar con un diamante M. La M colgaba torcida fuera de sus dientes. "Era muy elegante", dice Collins, ahora una estudiante de primer ciclo BU de 20. "Y tenía una cara muy dulce". Collins comentó sobre la chica guapa con Andrew ‘Drew’ Voluck, 20, su noviete desde hacía unos meses, y la pareja empezó pronto a referirse a ella como la "Chica de la Americana".
‘La Chica de la Americana’ era Molly Shattuck, 19, estudiante universitaria de primer año de Ipswich, que estaba matriculada en el Instituto de Estudios Generales, un programa preuniversitario de la Universidad de Boston. Tenía planes de estudiar arquitectura. "No le gustaba vestirse a la moda", dice su amiga Siv Lie. "Siempre encontraba su propio estilo y sus propias ideas, no le gustaba lo que le gustaba a todo el mundo". En la secundaria, Shattuck había trabajado como ayudante de camarera en The Grog, un restaurante de Newburyport que exigía que sus empleados vistieran enteramente de negro. Pero Shattuck siempre encontró maneras de esquivar el código del vestuario. Se ponía zapatos rojos, cintas para el pelo, cualquier cosa que la distinguiera del resto.
En los enclaustrados confines de la vida en una residencia universitaria, Shattuk no podía sino fijarse en Voluck, aunque estuviera ocupado. Voluck, un estudiante de segundo año que soñaba con entrar al mundo de la música, tenía anchas espaldas, el estampe esbelto, y el pelo negro y corto. Sus gafas de marco marrón oscuro cubrían sus cejas de oruga. Le gustaba llevar gorras, vaqueros Diesel, y las zapatillas Jack Purcell que le había regalado su padre. Creció en las afueras de Filadelfia y pasaba la mayor parte del tiempo con un grupo de amigos. En la residencia era conocido tanto por su personalidad extrovertida como por sus maneras amables. Siempre sostenía la puerta para sus compañeras. "Después de usted, señora", diría. Pero también tenía un lado terco, incluso agresivo. "Si estaba enojado por algo, se encargaba de que la gente lo supiera", dice su amigo Nick Nikaj.
Finalmente Voluck dio con la descripción de Shattuck en el popular sitio para estudiantes universitarios en la red, thefacebook.com y se enteró de que ella compartía su interés por un grupo de rock alternativo llamado Head Automatica. Le preguntó a su novieta si no le molestaría que enviara un mensaje a Shattuck. "Claro que no, en serio", le dijo Collins.
La música era una de las pasiones de Voluck. Tocaba la guitarra, el bajo, la batería y los tableros, y escuchaba a Nirvana, Silverchair, y 30 Seconds to Mars. "La música lo satisfacía de un modo diferente a todo lo demás", dijo Collins. "Cuando escuchaba algún álbum o cuando tocaba música... todo lo demás desaparecía".
El mensaje -"¡Los Head Automatica son chévere!"- apareció en la pantalla del ordenador de Shattuck, y pronto ella y Voluck empezaron a chatear online.

Los amigos de Voluck habían empezado a desperdigarse. Es la universidad. Suele ocurrir. Se sintió frustrado. Puso tensa su relación con Collins. "Si yo decía que quería salir con alguien", dice Collins, "no me dejaría". Los dos empezaron a alentarse a buscar nuevos amigos. "No es tan terrible como suena", dice Collins. "Estábamos profundamente enamorados... Ninguno de los dos tenía la intención de romper. Estábamos pensando qué hacer en el verano".
El 8 de febrero de 2005, Shattuck cenó con sus padres en el Bertucci’s, en Kenmore Square. Después ella volvió a Rich Hall, donde estudió con una amiga hasta más o menos las 9 de la noche. Voluck, después de comer con Collins y otro amigo, se marcharon al Festival de Cine de Redstone, donde los jóvenes estudiantes de dirección muestran sus trabajos. Él apoyó su cabeza en el hombro de Collins durante toda a velada. Después, Voluck y Collins, y otros dos amigos, caminaron alrededor de un kilómetro y medio hacia Rich Hall. Voluck y Collins a menudo hacían largas caminatas hacia Boston Common o al North End, llegando una vez a caminar durante horas por Newbury Street un gélido día de invierno. De vuelta en su cuarto en la residencia, Voluck y Collins ensayaron algunos canciones de Silverchair y Jimmy Eat World. Voluck acompañó a Collins con la guitarra. "Estaba muy entusiasmado con la idea de tocar en algún lugar", quizás en una noche de guitarra acústica, dice Collins.
Después de un rato, Collins salió del cuarto de Voluck para ir de compras a Shaw’s. Meses después, recordando, piensa su novio estaba deprimido, "cansado, frustrado y apático".
Lo que pasó esa noche más tarde hace que su estado de ánimo sea más significativo de lo que pareció entonces. "La gente establece una relación de causa entre las cosas que pasaron y las emociones normales de muchos estudiantes universitarios", dice.
Después de que Collins llegara a su cuarto en la residencia en la Commonwealh Avenue, ella y Voluck chatearon un largo rato por sus ordenadores. "Supongo que teníamos la sensación de que nuestra relación se había convertido en algo... no quisiera llamarlo aburrido, pero sí teníamos la sensación que tienes cuando estás como harto de tus amigos", dice Collins ahora. "Las circunstancias hacen que el hecho de que tuviéramos esa conversación sobre la relación suena terrible. Pero terminamos diciéndonos que nos queríamos".
Para entonces eran pasadas las doce. Collins asumió que Voluck se iría a dormir. Pero hacia la misma hora Shattuck estaba chateando online con una amiga y en un momento de la conversación, Shattuck le dijo a su amiga que volvería enseguida. Pero no volvió. A la una menos cuarto de la mañana, Voluck y Shattuck salieron juntos de la residencia.

"Él y yo habíamos tenido una larga conversación", dice Collins. "Si fuera yo, después de eso probablemente me habría gustado hablar con otra persona. Sabes, simplemente charlar un rato. Con cualquiera. Suena loco, pero... realmente creo que es así de simple".
Las vías donde aparecieron Voluck y Shattuck son bastante fáciles de alcanzar y son en general ignoradas por los polis, lo que explica por qué los estudiantes que fuman marihuana se reunen ahí. Pero los amigos de Voluck y Shattuck insisten en que no es por eso que estaban allí. "Puedo decir con absoluta certeza que Drew no fumó nunca marihuana", dice Collins. "Despreciaba ese estilo de vida". Las amigas de Shattuck se hacen eco de esa impresión. "No era para nada alcohólica ni usaba drogas", dice Lie. "Era una chica realmente buena".
Para Voluck, las vías del tren eran simplemente un lugar tranquilo donde meditar. Fue Collins quien le enseñó el lugar. Una noche cuando eran estudiantes novatos, ella enseñó las vías durante una caminata. La valla en mal estado permite que se acceda fácilmente. Desde entonces, Collins ha ido a las vías, sola, innumerables veces. A veces ha pasado un tren, dice Collins, pero no se asustaba porque se puede oír de lejos cuando se acerca. Se pegaba a la valla y esperaba. "En realidad, es excitante ver pasar un tren... Es como mirar una película".
De niña, Collins y su padre hacían largas caminatas a lo largo de las vías cuando iban de visita a Gales Ferry, Connecticut, a veces zigzagueando ahí donde las vías cruzan el cauce. "Para mí es una asociación nostálgica", dice Collins. "Las he encontrado siempre como una especie de... Las vías tienen algo que reconforta".
Collins llevó a Voluck a las vías poco después de conocerse. "La primera vez que lo llevé estaba muy nervioso... un poco por los trenes, pero mucho más por estar en la oscuridad y simplemente por todos esos ruiditos".
Philip Voluck sabe casi todo sobre su hijo. Él, o Stephanie, la madre de Voluck, lo llamaban, escribían por correo electrónico o le enviaban mensajes de texto todos los días. Philip comprendía la pasión de su hijo por subirse a un escenario, ("Fue roquero desde que nació") aunque lo orientó hacia una carrera más práctica el campo comercial de la industria musical. Drew Voluck llevaba un diario online en el que escribía y publicaba fotografías de sus amigos. Nikaj dice: "Nunca me di cuenta de lo cerca que estaba de su padre... su padre sabía un montón de cosas sobre nosotros cuando lo conocimos".
"Era un hijo maravilloso, hermano, nieto, primo, tío, amigo", dice Philip Voluck. "A veces no entendía el concepto de paternidad pragmática, pero creo que todo salió bastante bien".
Collins y Drew visitaron la zona de las vías unas doce veces. Dos veces caminaron por las vías, aunque de otro modo lo hacían siempre por el sendero junto a ellas. Al final del primer año, Voluck y Shattuck estuvieron debatiéndose sobre si llevar su relación al siguiente nivel. Voluck quería, pero Collins estaba saliendo con otro. Ella y Voluck decidieron ir a las vías a conversar.
Finalmente, sin embargo, la relación de Collins terminó, y ella y Voluck empezaron a salir. Las vías se convirtieron en su lugar de escape (de Voluck) cuando tenían discusiones. "Si él hubiese querido hacer algo esa noche", dice Collins, "ese era un lugar tranquilo donde llevar a una nueva amiga si pensaba que era simpática y simplemente para estar juntos".

Cuando un tren atropella a un peatón, se lo llama, en el mundo ferroviario, un ‘atropello de intruso’, un término que no deja dudas sobre quién tiene la culpa del accidente. Normalmente, se lo considera como una categoría aparte de esas horrendas colisiones que ocurren en los pasos a nivel, que implican a trenes y coches. En los primeros meses de 2005, los trenes estadounidenses atropellaron y mataron a 412 intrusos y a 288 personas en pasos a nivel. California estuvo arriba en la lista, con 79 intrusos muertos, mientras que Massachusetts sólo tuvo cinco. Desde 2000 han habido 92 muertes en las vías de la Dirección de Transporte de la Bahía de Massachusetts [Massachusetts Bay Transportation Authority] MBTA en todo el estado, y sólo un puñado lo fueron de intrusos a pie. De esas 92 muertes, 49 por ciento fueron consideradas suicidios por el jefe forense del estado. El resto fueron declaradas accidentales o indeterminadas, pero el inspector de policía Mark Gillespie de la división de servicios de investigaciones de la Policía de Tránsito de la MBTA dice que cree que muchas de esas muertes pueden también ser suicidios.
Entender las muertes en los pasos a nivel es casi siempre más fácil que entender las muertes de intrusos. Se trata a menudo de un coche que trata de pasar rápido evitando una verja, porque el conductor no pensó que el tren llegaría tan pronto. Pero las muertes de intrusos son más complicadas. ¿Resbalaron simplemente las víctimas cuando venía el tren? ¿Saltaron? ¿Los empujaron? ¿No quisieron hacerse a un lado? Y está siempre la pregunta más difícil de todas: ¿No oyeron que se acercaba el tren?
Era justo después de la una de la mañana del 9 de febrero de 2005 cuando Voluck y Shattuck caminaban juntos, al lado este de las vías, probablemente dirigiéndose a casa después de haber paseado por el lado oeste. Daban la espalda al tren que venía traqueteando hacia ellos.
Dos semanas después de esa noche, hice el mismo trayecto junto a las vías en la esquina de las calles Ashford y Babcock. Esperé a que pasara el tren. Primero vi una luz tenue. Luego oí un ruido suave, como el del agua escurriéndose en el fregadero, seguido de un suave golpetazo. Los sonidos eran más apagados que el de los coches y camiones que pasaban por la cercana Massachusetts Pike. Luego oí una bocina, seguida por un timbre y el tren pasó escopetado. Cuando este tren de cercanías viaja de Boston a Worcester, lo conduce su locomotora, así que es más ruidoso. Pero cuando se dirige hacia el este, es empujado por la máquina, que viene detrás.
El maquinista opera un ‘vagón de control’ en la parte delantera del tren. Tiene un freno de válvula y uno de emergencia y un foco que ilumina las vías. Lo que contribuye a que el tren suene más suavemente son las vías mismas -hechas de rieles fundidos, un tipo nuevo instalado en los últimos 20 años que tienen muy pocas junturas y han ayudado a reducir el familiar ruido de traqueteo de los trenes.
Quizás se debió a que Voluck y Shattuck caminaban dando la espalda al tren, pero aparentemente nunca se dieron cuenta de la tenue luz que venía iluminando las vías. "No creo que haya habido demasiada iluminación", dijo el inspector de policía Mark Gillespie, de la MBTA. Los bancos de nieve junto a las vías pueden haber amortiguado el sonido del tren.
El maquinista del tren era Brian Fitzpatrick, que ha conducido trenes de cercanía durante 14 años (hizo saber por un colega que no quería hablar sobre esa noche), y su tren iba a la velocidad normal en ese área, a unos 77 kilómetros por hora, cuando de repente, a unos 15 metros, vio dos figuras caminando por las vías. Jaló del freno de emergencia. El tren se detuvo después de arrastrarse durante 500 metros. La conductora, Lawanda Cooley, oyó decir a Fitzpatrick a través de la radio: "Acabo de atropellar a dos personas".
En el tren había seis pasajeros, entre ellos Michael Donahue, que vive en Upton y viaja diariamente a Chelsea por su trabajo nocturno como vendedor de frutas. Sintió el frenazo, pero no sintió ningún impacto y no pensó demasiado en ello, debido a que se sintió como cuando "se bloque el freno mecánico", un sonido que conocía de antes.
Walter Nutter, un maquinista que ha pasado los últimos cinco años de su carrera de 33 años haciendo la misma ruta Worcester-Boston en horario diurno y ha atropellado y matado a tres personas en su carrera, dirige un grupo de apoyo para maquinistas cuyos trenes han atropellado a intrusos. Cuando un tren impacta a una persona, el maquinista se siente "muy impotente", dice Nutter. "Todo lo que puedes hacer es poner el pie en el freno", debido a que los accidentes ocurren muy rápidamente. "Cuando alguien es atropellado por un tren, lo que queda no es bonito".
"Este tipo de cosas se quedan grabadas en la mente del maquinista", dice Nutter. "Produce un pequeño video en tu cabeza".
Cada vez que se atropella a alguien, es responsabilidad del conductor bajarse del tren y comprobar si la víctima está viva, dice Nutter. Acatando ese protocolo, Fitzpatrick se quedó en su lugar mientras Cooley y el ayudante de maquinista Andrea Flattes se dirigió hacia la parte de atrás de la máquina, encendió los focos hacia el oeste y partió en búsqueda de las víctimas. Con linternas, recorrieron unos 15 metros hasta que vieron lo que creyeron que eran restos humanos. Las pruebas toxicológicas más tarde no mostraron ninguna evidencia de que Voluck o Shattuck hubiesen estado bebiendo alcohol o usando drogas y finalmente el despacho del médico forense declararía que murieron debido "a múltiples fracturas de hueso" y que sus muertes fueron accidentales.
"Esa ha sido una de las partes más confusas", dice Collins. "Cada vez que he ido allí, he oído acercarse al tren. Tienes suficiente tiempo para meterte al callejón o pegarte contra la valla y mirar pasar al tren.
"Después de la muerte de alguien", dice, "la gente examina todo lo que pasó antes buscando algún motivo. Si dices que dos personas tuvieron una pelea y que luego uno de ellas... murió, vas a pensar inmediatamente que, bueno, quizás se trató de un suicidio debido a la pelea. Tratas de encontrar una causa que quizás no exista o buscas respuestas y explicaciones inmediatas".
Al principio en el tren nadie dijo nada a los pasajeros. Después de algo así como media hora, se enteraron de que se había tratado de un accidente. Para cuando otro tren los recogió, la ambulancia ya se había marchado, la policía todavía estaba allí y en las vías no quedaba nada, excepto los vasos de café desechados, las botellas de cerveza vacías y las hojas de diarios viejos.

5 de febrero de 2006

©boston globe
©traducción mQh

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crisis en cementerio de poetas


[Elizabeth Rosenthal] El cementerio de los poetas extranjeros en Roma necesita urgentes reparaciones. Aquí yacen, entre muchos otros, Shelley y Gramsci.

Roma, Italia. Este diminuto cementerio general tiene posiblemente la más alta densidad de huesos de gente importante y famosa que cualquier lugar del mundo: el hacinado último descanso de poetas como Keats y Shelley, decenas de diplomáticos, la familia Bulgari, el hijo único de Goethe y Antonio Gramsci, el fundador del comunismo europeo, para mencionar sólo a algunos. El cementerio (en italiano, cimitero acattolico), conocido también ampliamente como el Cementerio Protestante, aunque contiene las tumbas de judíos y otros no cristianos, es el camposanto más antiguo todavía en uso en Europa, dicen los conservacionistas.
Más que eso, es difícil pensar en otro sitio urbano que sea tan célebre -cementerio o no- que, con sus altos cipreses protege un batiburrillo de elaboradas y eclécticas tumbas y monumentos anidados en una colina a la sombra de la Pirámide de Cestio (12 antes de Cristo) y una sección de la antigua muralla aureliana de la ciudad.
"Pensar que uno puede ser enterrado en un lugar tan dulce, hace que uno se enamore de la muerte", escribió Shelley varios años antes de que se ahogara y fuera enterrado aquí.
Pero hoy, este precioso retazo del paraíso se está desmoronando y atraviesa una crisis económica, aunque fue agregado recientemente a la lista del Fondo de Monumentos Históricos del Mundo de 2006, que agrupa a los cien sitios del planeta que corren más peligro. Muchos de sus importantes documentos se están desmoronando como las osamentas cuyo lugar de reposo deben señalar, erosionados por la polución y años de abandono arqueológico. El paisaje está cubierto de vegetación, anegado y con los desagües en mal estado.
"Se ve romántico y fino, pero las piedras se están deshaciendo", dice Valerie Magar, una especialista en conservación del Centro Internacional para el Estudio de la Preservación y Restauración de Bienes Culturales de Naciones Unidas, que realizó en el verano pasado una evaluación de diez semanas del cementerio.
"Es un sitio que exige un montón de tratamiento", dijo. "Se necesita hacer un montón de cosas, y el precio excede con mucho el presupuesto del cementerio".
Sin fuentes consistentes de apoyo económico general del gobierno italiano -o de cualquiera-, el cementerio privado hace frente a una interrogante sobre su liquidez que es común a muchos importantes y antiguos camposantos, dicen expertos. "El cementerio ha sobrevivido a muchas de las familias de la gente que está sepultada allá, que normalmente se preocuparían por el estado de los sitios", dijo John Stubbs, vice-presidente del fondo de monumentos. "Falta el dinero para el mantenimiento más elemental, así que cuando las estructuras envejecen, simplemente son olvidadas".
Parte del problema es que el cementerio, que fue fundado en 1734, ha sido siempre una suerte de paria en este país católico, donde el Vaticano subvenciona tradicionalmente la mayor parte de los costes de las obras públicas. Durante siglos fue el único lugar donde se podía sepultar legalmente a los no-católicos de Roma; el Vaticano le asignó terrenos fuera de las murallas de la ciudad, ya que los no creyentes no podían ser enterrados en las tierras consagradas de Roma.
Aunque cuenta ahora con cuatro mil tumbas, en esta ciudad llena a tope de reliquias antiguas el gobierno italiano no lo ha considerado nunca un sitio histórico merecedor de financiamiento público, en contraste con el Père-Lachaise de París.
Aunque deteriorado sigue siendo un testimonio único a la a veces inexplicable aventura amorosa que muchos extranjeros -artistas, filósofos, banqueros, diplomáticos, aristócratas caprichosos- han tenido con esta ciudad, donde cada uno de sus ajados monumentos es un declaración de alguien que eligió morir y ser enterrado aquí, antes que volver a casa.
Por esa razón, el sitio es actualmente gestionado por un comité de embajadores extranjeros voluntarios en Roma. Pero esta estructura ad hoc quiere decir que hay poco dinero que se destine para el mantenimiento general, y es vulnerable al movimiento de personal diplomático. Los últimos meses han sido particularmente inquietantes porque el embajador holandés, que presidió el comité durante largo tiempo, se jubiló, y el embajador danés, que lo sucedió, dejó Roma por otro trabajo.
"Es un cementerio bonito, pero necesita realmente un mejor sistema de dotaciones", dijo Stubbs. "Hay un amplio rango de piedras. Y hay una larga lista de cosas que deben ser hechas para preservarlo".
No hay letreros hacia el cementerio, cuya entrada es un camino estrecho, lleno de baches, al otro lado de unos talleres de mecánica y fábricas. Los visitantes pueden dejar una donación en una caja en la puerta. Pero al entrar por la puerta, se entra en un onírico batiburrillo de elaborados monumentos que parecen darse de codazos unos a otros peleando por el espacio en estas escarpadas y atiborradas colinas cubiertas de vegetación.
Dado que Roma ha sido durante largo tiempo un imán para atletas expatriados, no debería sorprender que los monumentos tiendan a ser exóticos: recargado de ángeles, adornados con laureles y cubiertos de palabras.
La tumba de Shelley, que se aferra a un pequeño hueco en la muralla aureliana, lleva una inscripción de ‘La tempestad’, de Shakespeare: "Nothing of Him that Doth Fade, But Doth Suffer a Sea Change, Into Something Rich and Strange" [Nada en él se deshará, pues el mar le cambia todo en un bien maravilloso].
Más abajo en la colina está la magnífica escultura ‘Angel of Grief’, del escultor estadounidense W.W. Story para la tumba de su esposa Emelyn. Un retrato icónico del pesar, describe a un esbelto ángel, con la cabeza y los brazos cubriendo la lápida. (Se erigió una réplica en la Universidad de Stanford como homenaje a las víctimas del terremoto de San Francisco de 1906).
"El cementerio está lleno de una bella escultura funeraria y tiene una gran concentración de artistas, escritores y diplomáticos de todos los países", dice Catherine Payling, directora de la Casa Keats-Shelley en Roma, recitando de un tirón una lista parcial de residentes interesantes:
Johan Ackerblad, el diplomático y arqueólogo sueco del siglo 18, que ayudó a descifrar la Piedra Rosetta; John Bell, un importante cirujano escocés del siglo 18; Josef Myslivecek, el compositor checo que inspiró a Mozart y de quien se dice que inventó el quinteto de cuerdas; Belinda Lee, una actriz británica que murió en un accidente automovilístico en el sur de California en 1961, a los 27; Karl Pavlovich Briullov, el primer pintor ruso de renombre internacional, que murió aquí en 1852; y Gregory Corso, el poeta americano de la generación beat.
Aunque muchas de las tumbas más famosas o más nuevas gozan de fondos privados o de fundaciones para su mantenimiento (la Casa Keats-Shelley sólo se ocupa de las de esos dos poetas), casi la mitad no reciben nada en absoluto, dijo Payling.
Y las tumbas arruinadas de los que han muerto hace mucho tiempo a menudo tienen las historias más misteriosas e interesantes: Está la sencilla tumba de William Harding, de Scarboro, que murió en 1821, a los 31, "mientras hacía un tour de Italia para admirar las curiosidades de su naturaleza y su arte, antiguo y moderno", explica su leyenda.
Está Elizabeth Phelps, una estadounidense que luchó por el sufragio femenino y la independencia de Cuba en el siglo 19, enterrada aquí porque quería estar cerca del poeta Shelley. Quizás lo más asombroso es el monumento que lleva un relieve de un ángel recogiendo a una niña adolescente, erigida por una madre apenada para albergar el cuerpo de su hija de 16 años, Rosa, y en honor de la memoria de su marido, Benjamin. Su ápice lo sostiene ahora un montón de cuerdas.
Rosa se ahogó a principios del siglo 19 mientras montaba su caballo en el Río Tevere durante una inundación repentina, "debido a la pendiente del crecido río y al estado encabritado del caballo", explica el monumento. Benjamin desapareció durante una "misión especial" en Viena.
"Al que se detenga para meditar sobre esta historia de pesares, que se asiente en su mente esta terrible lección la precariedad de la felicidad humana", advierte el monumento, en inglés e italiano.
Todo esto, y el cementerio tiene solo un conservador, y, ocasionalmente, un tallista. "Hay muchas lápidas que no han sido tratadas nunca, y corremos el riesgo de perderlas", dijo Magar.
Stubbs dijo que había una gran necesidad de revisión y conservación de las tumbas, de muchas de las cuales deben cerrarse sus junturas y repararse sus lápidas. Una muralla que divide al cementerio -construido por embajadas extranjeras en el siglo 19 para impedir que los fanáticos católicos profanaran las tumbas no católicas- debería probablemente ser removida, sugirió. Hasta 1870 las lápidas en el cementerio no podían llevar ningún símbolo religioso ni referencias a la redención, ya que ese era un sendero que sólo los católicos podían transitar.
Los conservadores esperan que la lista del Fondo de Monumentos del Mundo destine fondos de modo que se pueda reparar el cementerio, devolverle su antigua gloria y preservar los importantes monumentos en su interior.
Durante todo el siglo 19 y entrado el 20, el pequeño cementerio era casi un lugar de peregrinación, venerado por los escritores, dijo Payling. Daisy Miller, la heroína de la novela de Henry James, fue enterrada aquí. Después de una audiencia con el Papa Pío IX en 1877, Oscar Wilde visitó el cementerio, y lo proclamó "el sitio más sagrado de Roma".

8 de febrero de 2006

©new york times
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traducción mQh

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agresores sexuales sin tratamiento


[Jason Grotto] Una falla del sistema que facilita la delincuencia sexual.
John Archer dice que empezó a merodear niños de su propia edad cuando tenía 7 años.
Creció pero se siguió sintiendo atraído por ellos por razones que los médicos todavía no comprenden.

Dice que puede haber empezado cuando abusaron de él a los 4 años. También es posible que haya tenido un defecto cerebral al nacer.
Cualquiera que sea la razón, lo arrestaron por meter la mano dentro de los calzones de una niñita de 5 años durante una excursión de pesca en Holiday, Florida, en 1985.
Tenía 20 años.
Archer admitió haber abusado de la niña en otras ocasiones y le hizo una extraña solicitud al juez: que lo ayudaran con su enfermedad.
Se suponía que se iba a inscribir en un programa especial para delincuentes sexuales, uno de los primeros de su tipo en el país.
Inclusive el juez lo exhortó a buscar terapia en la cárcel, ``para que cuando salga pueda llevar una vida buena y fructífera’’.
Pero dos meses antes de entrar en el programa de tratamiento, el gobernador Bob Martínez y la legislatura estatal decidieron cancelarlo.
Veinte años más tarde, el balance de la vida de John Archer luce así: otras cuatro víctimas menores de 12 años, dos nuevas convicciones y casi 19 años tras las rejas. Ahora, con 47 años, es un residente del Florida Civil Commitment Center.
La falta de tratamiento en prisión para Archer y otros como él es una importante falla del sistema estatal de tratamiento de los delincuentes sexuales, los individuos que plantean la mayor amenaza para las mujeres y los niños, según ha descubierto una investigación del Miami Herald.
Expertos dijeron que la terapia para los depredadores necesita empezar en prisión, mucho antes de que los individuos sean considerados para la ley estatal de compromiso civil. Esto es así por varias razones:
A diferencia de los programas de compromiso civil, a los presos se les puede ordenar someterse a un asesoramiento como condición para su liberación anticipada.
Los estados tienen mejores posibilidades de seleccionar a los delincuentes que califiquen para el compromiso civil si ya han sido tratados y examinados en la cárcel.
El tratamiento en prisión garantiza que hasta los que no sean seleccionados para compromiso civil reciban algún tipo de terapia antes de salir de la cárcel. Numerosos estudios muestran que hasta un poco de asesoramiento disminuye los riesgos de cometer nuevos delitos sexuales.
Es más barato tratar hombres que ya están en prisión, en vez de pagar por años adicionales de confinamiento cuando cumplan sus condenas.
La mayoría de los 16 estados con programas de compromiso civil ofrecen extensos programas de tratamiento en prisión, incluyendo California, Washington, Wisconsin y Minnesota.
Pero en Florida, los más de 520 hombres en el centro estatal de tratamiento pasaron colectivamente más de 3.000 años en prisión con poco o ningún tratamiento antes de entrar en el centro.
’’Es una locura’’, dijo Ted Shaw, el psicólogo que dirigía el programa floridano de Delicuentes Sexuales Perturbados Mentalmente antes de que fuera cerrado. "Ya están (en prisión). El tratamiento sólo cuesta un poquito más que simplemente retenerlos".
 
El Castigo No Ayuda
Sin terapia disponible en la cárcel, el compromiso civil se convierte en el único lugar donde el estado puede tratar a los delincuentes sexuales mientras están en confinamiento.
Aunque los legisladores se concentran en las sanciones -- incluyendo restricciones sobre dónde vivir y condenas de cárcel más duras -- no hay pruebas de que las medidas punitivas realmente disuadan a los delincuentes sexuales de violar y molestar. La razón es que los peores depredadores sufren de perturbaciones mentales llamadas parafilias, que crean poderosos impulsos que son difíciles de controlar sin tratamiento, dicen los expertos.
"Los adultos que se sienten atraídos a los niños no han decidido eso’’, dijo Fred Berlin, un profesor asociado de psiquiatría de la Universidad John Hopkins y fundador del Instituto Nacional para el Estudio, Prevención y Tratamiento de Traumas Sexuales en Baltimore.
"Eso no significa que uno los vaya a excusar cuando violen la ley. Pero en el interés de proteger al público, tenemos que garantizar que a ese gente se les de tratamiento como si fueran un problema de salud pública".
Las herramientas usados por los clínicos: sesiones de terapia con nombres como Control de Excitación y Empatía con la Víctima, exámenes con detectores de mentiras, instrumentos que miden el flujo sanguíneo hacia los órganos sexuales y medicamentos que inhiben la libido.
Según docenas de entrevistas con expertos y estudios psicológicos, el uso de métodos y drogas disminuye el índice de reincidencia de los depredadores.
 
Expertos En Desacuerdo Con Premisa
Parte del problema con el programa floridano de compromiso civil puede rastrearse a la ley que lo creó, dicen los expertos. La Ley Jimmy Rice dice: "La prognosis para la rehabilitación de los depredadores sexuales violentos en prisión es pobre". Pero expertos nacionales, muchos estudios y hasta funcionarios de otros programas estatales no están de acuerdo.
En realidad, el tratamiento en prisión es la primera recomendación para las leyes de compromiso civil hecha por la Asociación para el Tratamiento de Abusadores Sexuales (ATSA), la mayor organización nacional de investigadores y terapeutas de los delincuentes sexuales.
Jill Levenson, una psicóloga floridana y miembro de la junta de la ATSA, dijo que el problema empieza con los legisladores.
"Los legisladores que redactan estas leyes no son los expertos", dijo. "Algunas veces buscan asesoría antes de redactar la ley pero generalmente no lo hacen".
No siempre ha sido así. Durante veinte años, la Florida fue pionera en el tratamiento de los delincuentes sexuales en prisión con lo que era conocido como el programa para Delicuentes Sexuales Mentalmente Perturbados.
Pero el gobernador Martínez y los legisladores estatales le retiraron los fondos al programa en 1989 para ahorrarle a los contribuyentes $7.3 millones anuales tras ajustar para la inflación. Esto es menos de un tercio de lo que ahora cuesta tratar a esos delincuentes más allá de sus condenas de cárcel.
Cuando estaba funcionando, los delincuentes recibían entre 20 y 30 horas de terapia intensiva a la semana.
En la actualidad, algunas prisiones de la Florida ofrecen una breve curso introductorio para delincuentes sexuales: una hora de tratamiento semanal durante 12 semanas. Pero eso es lo más que van a a recibir.
Cuando la legislatura redactó la ley de compromiso civil en 1998, el capítulo de la Florida de la ATSA exhortó a los legisladores a "considerar tomar medidas correctivas, preventivas ahora, re-instituyendo un programa de tratamiento basado en la prisión".

3 de febrero de 2006

©nuevo herald

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enganchados a los juegos de azar


[John M. Glionna] Líderes comunitarios y asistentes sociales están presionando a casinos y legisladores para ayudar los que enganchados a enfrentar sus problemas.
El padre de Bill Lee fue vendido cuando era niño para pagar una deuda por apuestas.
A principios del siglo 20, el abuelo de Lee perdió una apuesta en una tranca de juegos en China. No tenía más dinero para saldar las cuentas, y vendió a su hijo único.
La apuesta frustrada desató un legado de problemas con el juego en la familia Lee. Su padre se convirtió en un jugador obsesivo que no mencionó nunca que fue criado por un hombre que lo ganó en un juego de naipes. "Vi cómo el juego destruyó a mi padre", dijo Lee. "Parte de mí aprendió también: ‘Oh, así es como solucionas los conflictos; así es cómo se escapa uno’".
Durante años, los juegos de apuestas también dominaron la vida de Lee.
En su libro de 2005, ‘Born to Lose: Memoirs of a Compulsive Gambler’, Lee disecciona las actitudes culturales que dice que hacen que muchos inmigrantes asiáticos sean vulnerables a tener problemas con el juego.
En recuperación, el reclutador de alta tecnología de 51 años está al frente de una batalla de los asiático-americanos en California contra el juego descontrolado.
En las comunidades china, vietnamita, filipina, coreana y camboyana, asistentes sociales y líderes de la comunidad están ejerciendo presión sobre funcionarios y legisladores del estado para que se reconozca esta epidemia escondida.
"No es un grupo de interés especial inflando un problema", dijo Timothy Fong, co-director del Programa de Estudios sobre el Juego de la UCLA, que está realizando un estudio sobre el juego entre los asiáticos.
"Creemos que es un problema real".
Nadie sabe realmente qué lejos que llega el problema en las comunidades asiáticas, porque los asiáticos no se han destacado como grupo en los estudios nacionales o de California sobre el tema.
Pero un sondeo de 1999 en el barrio chino de San Francisco, encargado por una agencia de servicios sociales, constató que un 70 por ciento de 1.808 encuestados clasificaron el juego como el principal problema de su comunidad. En un sondeo de seguimiento, el 21 por ciento de los encuestados se consideraron a sí mismos como jugadores patológicos y un 16 por ciento más se clasificaron como jugadores problema -tasas significativamente más altas que en la población general.
Los datos actuales sugieren que un 1.6 por ciento de los estadounidenses pueden ser clasificados como jugadores patológicos, una condición reconocida por los psiquiatras como un trastorno psiquiátrico. Cerca de un 3 por ciento más son considerados jugadores problema.
El juego se ha convertido en el pasatiempo adulto americano por excelencia. Cada año se gasta más dinero en la industria del juego del país con sus 75 billones de dólares anuales, que en el cine, conciertos, eventos deportivos y parques de diversiones combinados.
Y en ningún lugar es el juego una apuesta más grande que en California, con casi 60 casinos indios, cientos de salones de juego, hipódromos y sitios de juegos en internet, así como una de las loterías del estado más lucrativas del país. Para 2010 los beneficios anuales de los juegos llegarán a los 10 billones de dólares, colocando a California por encima de Nevada como la principal destinación de juegos en el mundo, dicen expertos en juegos.
Los jugadores asiáticos juegan un papel clave en ese éxito. Aunque existen pocas estadísticas sobre su contribución al bote del estado, algunos casinos y salones de juego cerca de Los Angeles y San Francisco calculan que los asiáticos a menudo constituyen un 80 por ciento de sus clientes.
"Los asiáticos son un enorme mercado", dice Wendy Waldorf, portavoz del Casino de Cache Creek, al norte de San Francisco. "Son nuestros clientes".
Todos los días cientos de autobuses recogen a clientes asiáticos en San Gabriel, Monterey Park y en el barrio chino de San Francisco para viajes gratuitos a casinos indios y a Reno y Las Vegas.
Muchos casinos de Nevada también tienen negocios en Monterey Park, donde los anfitriones se mantienen en contacto regular con los grandes apostadores asiáticos. Para llegar a jugadores más corrientes, los casinos colocan anuncios en impresos en idiomas asiáticos y en emisoras y realizan campañas de publicidad directa a códigos postales con un alto número de residentes asiáticos.
La mayoría de los negocios de apuestas celebran los festivos asiáticos, contratan a personal bilingüe y presentan los últimos espectáculos de cabaret de Shanghai, Seúl y Manila.
El Casino de Cache Creek tiene un acuario con un popular pez dragón de 60 centímetros llamado Mr. Lucky. Los dragones son considerados como amuletos de la buena suerte por muchos jugadores chinos, que a menudo tocan el acuario para tener suerte.
La cultura es un tema recurrente en el libro de Lee, que describe que muchos asiáticos -especialmente chinos- consideran el juego como una práctica aceptable en casa y en eventos sociales, incluso entre los jóvenes. Jóvenes chinos a menudo apuestan dinero con sus tías, tíos y abuelos.
Cuando crecía en el barrio chino de San Francisco, Lee llevó las apuestas a un nivel absurdo -apostando sobre si el maestro les daría deberes para la casa. En los días lluviosos apostaba sobre qué gota llegaría primero abajo de la ventana del aula.
Muchos chinos se fascinan con las cualidades místicas de la suerte, el destino y el azar. El Año Nuevo chino -este año el 29 de enero- es una época de intensas apuestas, cuando la mala suerte del año viejo es desplazada por la buena del nuevo.
La numerología también juega un crucial papel en muchas culturas asiáticas. El número 8, por ejemplo, es considerado como muy afortunado por los chinos, mientras que el 4, cuando pronunciado en mandarín o cantonés, suena como la palabra muerte y es evitado.
Mientras los chinos creen intensamente en estos conceptos, otras culturas asiáticas, incluyendo la vietnamita, coreana y filipina, tienen creencias similares -dependiendo de la influencia política china en su historia o en la importancia de inmigración china allá.
Los expertos creen que los inmigrantes asiáticos recientes -gente que corre riesgos, dispuestos a abandonar la familiaridad de sus países natales- desarrollan estrategias de juego más agresivas que sus contrapartes nacidos en Estados Unidos.
Careciendo a menudo de habilidades lingüísticas y de educación avanzada, algunos gravitan hacia los casinos, donde las camareras proveen a los jugadores de bebidas y cigarrillos gratis. "Son tratados como clientes especiales, aunque tengan trabajos sin futuro, trabajos de salario mínimo", dice Tina Shum, asistente social en el barrio chino de San Francisco. "Eso es lo que anhelan".
Algunos eventualmente participan en estrategias de "ataque": apostando sumas que están más allá de sus medios en un ciego intento de hacerse con el sueño americano. "La experiencia del inmigrante es a menudo humillante", dice Shum. "Muchos se enceguecen con las luces de neón".
Pero esos hábitos de juego tienen un coste. Shum calcula que un cuarto de sus 150 casos de maltratos de pareja al año están relacionados con problemas con el juego.
"Una astronómica cantidad de dinero sale de la comunidad asiática hacia los cofres de la industria del juego de apuestas", dice Paul Osaki, miembro de un destacamento de juegos creado el año pasado por la Comisión de Asuntos Asiáticos y de las Islas del Pacífico [Commission on Asian and Pacific Islander Affairs] del estado. "No es de ninguna manera dinero discrecional. Es dinero que tiene que ver con la calidad de vida, con llevar comida a la mesa, con pagar las matrículas de las escuelas".
Osaki y otros activistas quieren más investigación y programas de tratamiento de la adicción al juego más centrados en la cultura para asiáticos, a menudo gente reservada, con problemas de juego -para quienes las estrategias occidentales como Jugadores Anónimos no son una opción razonable.
El destacamento también está pidiendo a los fiscales que exploren posibles conexiones entre las apuestas compulsivas y delitos como fraude y maltratos de pareja. Se han reunido con dueños de casinos, pidiéndoles que apoyen los programas de investigación y tratamiento.
Los cuatro millones de residentes asiáticos de California -13 por ciento de la población- deberían también ser desglosados como una categoría en los estudios de adicción al del juego, dicen los activistas.
Kent Woo, presidente de la coalición sanitaria basada en el barrio chino que realizó los sondeos sobre juegos, dijo que el mayor reto es convencer a la comunidad de que tienen un problema.
"Romper ese desconocimiento es la parte más difícil", dijo. "Para que la comunidad simplemente acepte que es terrible que alguien pierda su apartamento en un edificio o su negocio en un juego de apuestas -que hay algo terriblemente mal con eso".
Sin embargo, los activistas dicen que la Oficina de Problemas con el Juego de California está sub-financiada y desorganizada. El presupuesto de 3 millones de dólares de la agencia proviene de contribuciones de 26 casinos administrados por nativos americanos. Otros 30 casinos tribales no contribuyen. Tampoco lo hacen los salones de juego, hipódromos ni la lotería del estado.
En 2003 la oficina no gastó nada de su presupuesto.
"Ese primer año no teníamos personal; se necesita gente para gestionar un programa", dijo el director de la agencia Steve Hedrick. Dijo que su oficina está gastando 1.6 millones de dólares en un nuevo estudio sobre la adicción a los juegos de apuestas que será completado este año.
La oficina ha contactado a líderes asiático-americanos para pedir consejos sobre los programas.
Diane Ujiiye, que dirige el destacamento de jugadores problema, dijo que 3 millones de dólares no son suficientes para resolver el problema. "Es inaceptable", dijo. "¿Qué vas a hacer con tres millones? ¿Publicar unos folletos y abrir una línea telefónica?"
Los funcionarios dicen que la escasez de personal impidió gastar el dinero.
"Ese primer año no teníamos personal, y se necesita dinero para gestionar los programas", dijo el director de la agencia Steve Hedrick. Leo Chu, dueño del Casino Hollywood Park, dijo que no tenía objeciones para contribuir al fondo de los jugadores problema del estado. Chu dice que los casinos financian programas de auto-exclusión en los que los jugadores problema piden a los casinos que se nieguen a admitirlos.
Aunque Chu no juega, reconoce que muchos asiáticos tienen problemas. "Me gustaría que los clientes reconocieran su responsabilidad hacia sus familias tanto como las ganas de pasarlo bien", dijo. "Pero el sentido común no se puede convertir en ley".
Cuando Bill estaba apostando, no le importaba nada, excepto el juego, ni siquiera la familia. Lo sedujo el tratamiento VIP que se brinda a los jugadores que apuestan miles de dólares en los casinos: suites de hotel gratis, entradas para conciertos gratis, y que los gerentes del casino te conocen por tu nombre.
"Yo era un gran tipo", dice Lee, "mientras me durara el dinero".
Angela, 52, una guía turística del Valle de San Gabriel que a menudo acompaña a clientes asiáticos en viajes de juego a Las Vegas, dijo que en la mayoría de los viajes terminaba perdiendo de su propio dinero y empezó a jugar con los fondos de la compañía. Angela, que está ahora en tratamiento y pidió que no se mnencionara su apellido, dijo que una vez perdió 23 mil dólares en un solo día.
Dijo que trató de domeñar su pasión por el juego. En un viaje a Las Vegas le dio todas sus tarjetas de crédito a una amiga y le rogó que no se las devolviera, sin importar lo que dijera. Más tarde, después de perder todo el dinero en efectivo, Angela amenazó a su amiga con abofetearla si no le devolvía las tarjetas. "Ella las arrojó al suelo y yo me puse a recogerlas a cuatro patas sin sentir la menor vergüenza".
Angela conoció a un periodista en el Casino Commerce, donde pasaba numerosas noches antes de dejar de jugar en abril de 2000.
"Ah, me encanta", susurró, desviando la mirada de las mesas de poker, pai gow. "Todavía siento esa vieja pasión. El dinero está ahí para el que quiera llevárselo".
Angela ayudó a empezar uno de los pocos programas de tratamiento de jugadores problema en chino mandarín. Pero pronto se dio cuenta de una dura realidad: Admitir que se es adicto es algo difícil en cualquier cultura. Pero para michos asiáticos es especialmente difícil, particularmente para los hombres.
"Es una vergüenza ser emocionalmente débil", dijo Lee. "No es aceptable. Ciertamente no irás a desnudar tu alma frente a una sala llena de desconocidos".
Para salvar la cara entre los vecinos, muchas familias sacan de apuros a los jugadores adictos, pagando a los casinos y a los usureros, antes que buscar ayuda.
Abogados asiático-americanos están pidiendo a los casinos que distribuyan folletos en idiomas asiáticos ofreciendo ayuda a los jugadores problema.
Más ambiciosamente, quieren eliminar a los cajeros automáticos de los casinos y reducir las horas nocturnas para desalentar a los jugadores problema. También les gustaría que el estado exija de los negocios de juegos contribuyan a los programas de tratamiento.
Sin embargo el dueño de casinos Chu advirtió que "demasiadas restricciones podrían terminar con el negocio".
La familia de Lee ha roto el embrujo del juego. Él continúa en tratamiento, y sólo su hijo no juega. Pero Lee todavía siente la vergüenza que sintió su padre al ser vendido como mercadería. Fue la madre de Lee la que le contó la trágica infancia de su padre.
Y él sabe que jugar casi le llevó al mismo destino. Durante años, sus padres lucharon para vivir con los efectos de lo que ahora Lee reconoce como el hábito de su padre. Cuando Lee tenía 3 años, sus padres consideraron venderlo a una pareja de ancianos en Chinatown, planeando encubrir la transacción como una adopción.
El padre de Lee decidió finalmente que quería demasiado a su hijo como para separarse de él.

16 de enero de 2006

©los angeles times

©traducción mQh

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las opciones de maría 1


[Patricia Wen] Casi 18, y se siente vieja. Mientras su dispersa familia la tira de la manga, una adolescente madura a empujones en una familia adoptiva.
Dedham, Estados Unidos. Una fría mañana de verano, María Medina despertó después de alojar en casa de su mejor amiga y se entretuvo recogiendo su cepillo de dientes y su camisón. No tenía prisa.
Fue aquí, en este sombreado suburbio casas de dos pisos de Colonial que primero pensó que podría llegar a ser alguien en la vida. Durante los seis años que llevaba en Dedham como hija adoptiva, había conocido a compañeros de escuela que tenían familias estables y dinero para las compras. Sin ninguna pizca de amargura, los describe simplemente como "ricos y afortunados".
María trabajaba en una librería de la localidad y se unió al equipo de voleibol de la Escuela Secundaria de Dedham. Era la primera de su familia en terminar la escuela secundaria. Incluso después de mudarse el año pasado a una nueva familia adoptiva en Chelsea, seguía creyendo que podría hacer casi todo.
Pero ahora, a unas semanas de su cumpleaños número 18, creer en sus ilusiones se ha convertido en algo mucho más difícil de lo que imaginaba.
Casi de 18, María tiene dos padres y ocho hermanos, y el teléfono no cesa de sonar. La familia en la que nació está diseminada y es pobre, y María es constantemente arrastrada hacia sus vidas. Su padre, un ex convicto, quiere que ella lo escuche. Su madre le suplica que la perdone. Y justo cuando María está pensando en las lecturas de la escuela para el verano, llama su hermana de 19, con dos hijos y sin casa, pidiéndole que la ayude a cuidar a los niños.
A veces, dice, "me gustaría desconectar el teléfono".
María se siente jalada de tantas direcciones diferentes a la vez que está a punto de perder los únicos asideros que ha tenido. Cuando los niños adoptivos como María cumplen los 18, el gobierno ya no está obligado a seguir cuidando de ellos. Ahí terminan los deberes del estado.
En una decisión que ninguna de sus amigas tiene que tomar, María puede pedir al estado que le proporcione un apoyo temporal más allá de los 18, pero sólo si acepta condiciones estrictas. Los 550 dólares al mes que paga el Departamento de Servicios Sociales DSS a sus padres adoptivos pueden ser cortados si María abandona la escuela, debe conseguir un trabajo de media jornada, y reunirse regularmente con las asistentes sociales.
María también podría decidir que es hora de vivir por su cuenta. Pero para los niños adoptivos como ella, no hay padres en quienes apoyarse, ni cuartos de invitados, ni segundas oportunidades. Al contrario, es la familia de María la que se apoya en ella. Tiene miedo de que sus ilusiones se hundan tan rápidamente como han bajado sus notas.
"Ahora tengo casi 19", suspiró mientras se preparaba para volver a Chelsea. "Me siento vieja. Y tengo miedo".
 
Vieja
Puede parecer una violenta iniciación en la adultez para los 25 mil niños adoptivos del país que cumplen 18 todos los años, pero funcionarios oficiales dicen que hay límites a lo que pueden hacer ellos. Dieciocho años es la edad en que los niños adoptivos son legalmente libres, y muchos adolescentes están ansiosos de escapar de los toques de queda y reglamentos del gobierno. Además, los presupuestos del estado para la protección de la niñez sólo pueden sustentar a un número determinado de casos; los clientes de más edad deben apartarse para dejar lugar a los nuevos. Como lo dicen francamente los asistentes sociales, estos adolescentes son obligados a madurar.
Aunque puede haber sido verdad hace algunas generaciones, 18 años ya no es una edad en que la mayoría de la gente piense que los niños deban encargarse de sí mismos. La mayoría de los jóvenes adultos de hoy van a la universidad y no son económicamente independientes sino hasta entrados los 20. Muchos vuelven a casa de sus padres por diez o más años después de haberse convertido en adultos.
Debido a esta nueva norma, algunos defensores de los niños dicen que los niños adoptivos deberían tener derecho a alguna ayuda hasta su cumpleaños número 21. En la lotería de la infancia, dicen, los adoptivos más jóvenes salen perjudicados. Sus familias se han roto, sus pasados están llenos de dolor. Alcanzan la madurez con los mismos impulsos hormonales e intensa búsqueda de la identidad que otros adolescentes a los 18, pero tienen que buscar un lugar donde dormir. Un cese abrupto de la ayuda oficial coloca a muchos de ellos en la tenebrosa ruta hacia los asilos de sin techo, celdas de cárceles y pabellones de maternidad de indigentes.
"No podemos simplemente ponerlos en la calle", dice Julie Wilson, una investigadora de políticas sociales de Harvard que estudia el sistema de hogares adoptivos del país.
En los últimos años Massachusetts ha ampliado su programa, proporcionando a los adolescentes con la opción de seguir en un hogar de adopción pasados sus 18 años. Pero muchos rechazan las condiciones que se les imponen. De los 90 niños adoptivos del estado que cumplieron 18 el año pasado, dos de cada tres viven por su cuenta.
María, que accedió a hablar con un periodista de Globe durante un período de seis meses a medida que se acercaba a los 18, sabe sobre la vida de al menos dos adolescentes que dejaron sus hogares adoptivos.
Su hermana mayor, 20, deambula por Brockton sin un lugar fijo de residencia; su hermana de 19, en Boston, con un niño y un bebé, apenas sobrevive con cupones de alimentos y la seguridad social.
Estas han sido imágenes desalentadoras para María justo en los momentos en que debe tomar las decisiones correctas sobre su futuro.
 
Abandonada a los 11
Pero entonces es cuando tu familia te necesita.
Ese es el código según el cual ha vivido María cuando era la niña de primero básico y tenía que cambiar los pañales de sus hermanas, la niña de tercero que ayudaba a cocinar cuando su madre se marchaba a bailar salsa en su vecindario de Roxbury, y la niña de diez que se acurrucaba con su madre y hermanas en un refugio al oeste de Massachusetts.
La tercera de su familia, María era la tranquila, la dulce, la niña que siempre decía sí y gracias. Su madre siempre apreció la innata bondad de María. Así que cuando llegaba la época de salir de compras, María Boria le susurraba a su hija -la hija que también llevaba su primer nombre de pila: ‘Vamos’, y la complacía en su gusto por los anillos y todo lo que tuviera que ver el Ratón Micky. Su madre, originaria de Puerto Rico, la llamaba "gorda", porque María, con sus grandes ojos castaños y su ondulado pelo negro, era más bien rellenita.
Pero a medida que pasaba el tiempo, también se desvaneció en María la sensación de ser la hija mimada. Su padre estaba a menudo en prisión por tráfico de drogas. Su madre se emborrachaba a menudo, o simplemente no se aparecía. María y sus hermanas dormían durante meses de una vez en hogares adoptivos, esperando a que su madre volviera a estar sobria. Una vez, su madre las abandonó en una piscina.
"Mi madre verdadera, la que me tuvo, pero que nunca me cuidó, decía siempre que ella no podía funcionar sin un trago en el cuerpo", escribió María en un ensayo el año pasado.
Cuando María cumplió los 11, su madre, colocada con alcohol y drogas, perdió el poco control que tenía de las crecientes demandas de la familia, según muestran los archivos. En el otoño de 1998, su madre dejó a los ocho hijos en el apartamento de la familia de su amigo en Boston del Este y nunca volvió. Pronto las asistentes sociales golpearon a su puerta.
A los días el estado asignó a María y sus hermanas a diferentes hogares adoptivos, esta vez para siempre. María no podía creer que su madre volviera la espalda a sus hijos. María fue criada para cuidar a su familia. ¿Por qué no era su madre como ella?
María empacó silenciosamente sus pertenencias, incluyendo una pequeña muñeca de Mini Mouse que le había regalado su madre. Se aferró a la esperanza de que su madre volvería algún día.
 
Un Lugar Que Llamar Casa
Al principio, para María el hogar adoptivo significó estabilidad. Su madre adoptiva era Aída Rodríguez, una madre soltera de Puerto Rico. María pasó seis años en casa de Rodríguez, casi todos en una casa verde bifamiliar en Dedham. Fue ahí que María conoció por primera vez las comidas y horas de dormir regulares.
Cuando llegó, María era silenciosa, excepto que lloraba cuando su madre no se aparecía a las visitas. Un día la hija menor de Rodríguez, de 13, trató de consolar a María.
"Parece que tu madre siempre te deja de lado", le dijo Jessica a María, recordaron ambas más tarde.
En una conversación que no olvidaría, Jessica le dijo a María que mirara con más claridad a su madre -como una mujer que la quería pero que tenía demasiados problemas personales como para poder demostrárselo. Instó a María a que fuera más realista, y no una soñadora. María reconoció la cordura de las palabras de Jessica.
"Fue la primera persona que fue seria conmigo, y se sentó a hablar conmigo", recordó María más tarde.
María y Jessica se convirtieron en casi hermanas y compartían el dormitorio, salían juntas de compras, se pintaban las uñas mutuamente. María confió a Jessica sus enamoramientos. Las hacía reír la idea de que algún día, como adultas, llegaran a compartir un apartamento.
En Dedham, María vio por primera vez a adolescentes que llevaban normalmente ropa de marca o que conducían el coche de los padres a la escuela. Era una vida mejor que la suya, pero eso no la molestaba.
Muchas compañeras se acercaban a ella, la invitaban a fiestas, la saludaban cuando la veían en su trabajo en la librería Buck-a-Book.
Uno de los acontecimientos más destacados fue haber sido galardonada por su ensayo de sexto, ‘Mi heroína’, sobre su madre adoptiva. María recuerda que sus profesores fueron infaliblemente amables con ella, persuadiéndola de que mejorara sus notas más allá del promedio C. Para María, las notas eran importantes, pero con aprobar se sentía aliviada, porque había perdido demasiado cuando vivía con su madre.
Sin embargo, María odiaba los signos de fracaso. Cuando reprobó su examen de matemáticas en el séptimo, dijo, tomó un autobús a la escuela de verano todos los días. Estaba determinada a aprobar -y lo hizo, más tarde ese verano.
 
Hora de Seguir
Cuando la vida de María alcanzaba algún orden, volvía a introducirse en su vida la caótica historia de su familia. A los 15 empezó a enterarse de los problemas de sus hermanas. Todas tenían la misma asistente social, Vickie Fielding, y María se enteró de que algunos de sus hermanos se escapaban de sus hogares adoptivos o habían tenido problemas con la policía. María quería ayudarlos.
A su madre adoptiva no le gustaba que María llamara por teléfono a sus hermanos y en particular no le gustaba la influencia de Aída, de acuerdo a María y sus asistentes sociales. Aída, un año mayor que María, había heredado de su madre la atracción del peligro, y, a los 17, estaba embarazada con su primer hijo.
Esperando mantener a María en el sendero correcto, Rodríguez empezó a aplicar más estrictamente los toques de queda de las noches y a limitar el tiempo en el teléfono. Estaba preocupada de su hija adoptiva estuviera faltando a clases y se quejó de que María "quiere hacer siempre lo que quiere, según muestran informes del DSS.
Sin embargo, María se veía a sí misma como una buena chica que merecía más libertad. Pronto empezó a guardarse algunos secretos, no contando a su madre adoptiva, por ejemplo, que estaba viendo a Aída. Y no se atrevió a contarle que ella -desesperada por evitar un embarazo- se había conseguido una receta de control de la natalidad con la ayuda de su asistente social.
Ahora el peso gravitacional de su familia se había convertido en algo inescapable. María no podía dar la espalda a su familia. Cuando el 1 de enero de 2004 su hermana dio a luz a una hija, María marchó de inmediato a verla al hospital. María la ayudó a cuidar a la bebita, mientras se ocupaba de sus deberes en casa. También empezó a darse cuenta de que Jessica se veía preocupada. Más tarde ese invierno, Jessica, entonces de 19, dio positivo en un test de embarazo.
Ahora parecía que todo el mundo necesitaba a María.
El Día de la Madre en 2004, María le dio un abrazo a su madre adoptiva. Luego llamó a Julie Muse, una mujer de Chelsea que había sido previamente madre adoptiva de Aída y a una de las hermanas menores de María.
Muse, 53, es según ella misma una antigua hippie que, después de criar a su hija única, tenía todavía "energía maternal" para adolescentes que la necesitaran.
Después de contarle a Muse sus problemas, María le hizo una pregunta de sopetón.
"¿Puedo venirme a vivir contigo?", preguntó María.
Después de una emotiva despedida en Dedham en julio pasado, María entró a la gris casa de Muse y se instaló en un amplio dormitorio con una cama con dosel.
Durante horas ordenó sus libreros con sus muñecos del Ratón Micky y de Mini y fotografías de sus hermanas y de Jessica. María se sentía feliz de tener todo ese espacio para ella sola.
 
Un Nuevo Comienzo
Diez meses más tarde, Hiram Ramos, 21, esperaba frente a la Escuela Secundaria de Chelsea, a la sombra del oxidado puente de la Ruta 1. Estaba ahí para recoger a María, su novieta fija en los últimos seis meses.
"Hola, cariño", le dijo ella esa tarde de mayo.
Se acurrucó junto a Hiram en el asiento de pasajeros y lo besó, aunque fugazmente. Le había dicho a Hiram que no quería verse como una de esas chicas que sólo ansían agradar a sus hombres.
María conoció a Hiram a los pocos meses de llegar a Chelsea. Él volvía a casa de su trabajo de 300 dólares a la semana en una agencia de alquiler de coches frente al Aeropuerto Logan, cuando vio pasar a María y una amiga. Conversaron y dentro de unas semanas ya la pasaba a recoger a la escuela. Hiram, que aspira a ser agente de policía, vive en casa de sus padres. Le contó a María que nunca había estado tan enamorado. La empezó a llamar su "esposita", y propuso que María podía vivir con él si quería dejar la casa adoptiva.
Recelosa de atarse demasiado a un hombre, María no quería enamorarse de él del modo que él estaba enamorado de ella. Lo respetaba como un hombre "tranquilo y calmado y que va al trabajo". Con sus modales cariñosos, ella no dudó ni un instante que el sexo sería parte de su relación. Ella creció creyendo que una relación íntima entre adolescentes maduros "no es algo malo mientras te protejas a ti misma".
María tenía miedo de quedar embarazada. Junto a su cama tiene un calendario de pared en el que ha trazado un círculo en torno a las fechas en que debe renovar su parche de control de la natalidad.
En Chelsea disfrutaba de la libertad de decidir cómo pasar su tiempo libre, siempre que hubiera terminado sus deberes. Admiraba a su nueva madre adoptiva. Por su parte, Muse pensaba que María era reflexiva y cariñosa, una niña adoptiva que fregaba voluntariamente los platos y doblaba el lavado. Muse le dijo a María que si se sacaba buenas notas, la llevaría a Disneyland.
En la Escuela Secundaria de Chelsea, María se encontró por primera vez en una escuela suburbana grande donde estudiantes hispanos como ella dominaban los pasillos. María se sentía más relajada a la hora de hablar sobre su pasado.
En las clases de inglés leyó en voz alta un poema que había escrito sobre su madre, una madre que había tratado en vano de reparar la relación con María a través de llamadas telefónicas.
Su profesor, Daniel Allen, se sorprendió del coraje de María para presentarlo.

Pienso en ti todos los días.
Te extraño tanto.
Te quiero.
No, también te odio
Por el todo el dolor que me causaste.
Eras mi alma,
Mi mundo.
Ahora no eres nada para mí
Sino una madre que dejó a su hija
Toda sola.

Cuando maría volvió a su pupitre, sus compañeros guardaron un respetuoso silencio, recordó su profesor.Crecientes Tensiones
María se veía tan contenta la mayor parte del tiempo que Muse se sorprendió cuando, en la primavera, descubrió que María había reprobado dos asignaturas. María también tenía numerosas ausencias sin justificativos. Muse estaba preocupada de cómo le iría a María en el test de MCAS, un examen del estado que tenía que aprobar para poder graduarse.
Las tensiones aumentaron entre María y su madre adoptiva. Muse estaba segura de que sus generosos privilegios del teléfono estaban siendo mal usados. María pasaba a menudo las últimas horas de la noche hablando por teléfono con su padre, que había salido hace poco de la cárcel y que había sufrido una conversión religiosa. Ella hablaba a menudo de Aída, que había tenido su segundo hijo en abril.
María también se enteró a través de sus parientes de que su madre había tenido una bebita con vestigios de cocaína en la sangre. El estado se hizo de inmediato cargo de la custodia del noveno hijo de su madre, según muestran documentos.
Entretanto, las presiones de su cumpleaños número 18 se le estaban echando encima a María. Quería dejar la casa adoptiva, pero ¿dónde iría? No quería vivir en casa de Hiram, por temor a que su relación cambiara. Su padre apenas sobrevivía en casa de su hermana. La única persona con la que María pensaba que podría vivir feliz era Jessica.
A fines de la primavera, María se levantaba a menudo con aspecto de cansada.
"Ya no hablo con nadie", dijo María una tarde. "No me doy la molestia. Simplemente me quedo en cama".
Muse empezó a buscar un terapeuta.

Vamos A Bailar
A fines de junio, el padre de María, Rubin Medina, fue por primera vez novio, y se comprometió con una mujer venezolana en una iglesia de Mattapan. Antes de la ceremonia el padre de María, 43, se acercó a Muse.
"Agradezco todo lo que ha hecho por mi hija", le dijo.
El último año María había empezado a perdonar a su padre por su antigua vida como delincuente.
Después de la ceremonia en la Iglesia Bautista Monte Sinaí, varios invitados se dirigieron al apartamento de la tía de María en Dorchester. Allá María corrió a la cocina como una ayudante para todo propósito. Preparaba la leche para la bebita de Aída al mismo tiempo que llevaba una cerveza a un invitado. Le preguntó a Jessica, que llegó con su novio, su acaso necesitaba comida.
Vio unas migas en la mesa de la cocina y María limpió la superficie. Segundos más tarde estaba en la salita controlando a Hiram, que hacía las veces de disc jockey.
Ese tarde, María alejó de sí las ansiedades sobre su futuro, incluyendo su informe escolar. Había sacado un F en geometría e historia y un D en español y biología. Sabía que con esas notas no llegaría a Disneyland.
Tenía casi 18. Las asistentes sociales fijaron una fecha para examinar la extensión de su período de adopción, siempre que ellas aceptaran las condiciones.
Cuando cortaron la tarta nupcial, María se dispuso a una noche de baile. Se centró en los alegres números de salsa. Cuando las parejas ocuparon el piso de parqué, María cogió de la mano a Aída.
"Vamos a bailar!", le gritó María, y las dos giraron y se contorsionaron como su madre les había enseñado tan bien.

Se puede escribir a la autora a: wen@globe.com.

25 de septiembre de 2005

©boston globe
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traducción mQh

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mesada de nobles imaginarios


[Henry Chu] La monarquía se marchó hace 117 años, pero una ciudad todavía paga hoy un tributo a los descendientes del último emperador por medio de un impuesto llamado laudemio.
Petrópolis, Brasil. Todos los veranos, cuando el agobiante calor tropical hacía que sombreros y corpiños fueran simplemente demasiado estorbo, el último emperador de Brasil, y su séquito, se retiraban a este retiro en las montañas en las afueras de Rio de Janeiro.
Establecían la corte en las majestuosas casonas que se erigían a lo largo de los amplios y frondosos paseos de Petrópolis. Festejaban con suntuosos banquetes y bailaban en las elegantes fiestas que ofrecía el palacio real. Presidiendo indulgentemente sobre todo esto estaba Pedro II, el último monarca de la única familia real en la historia moderna de América del Sur, cuya sólida corona de oro centellaba con 639 diamantes y 77 perlas.
Esos días de pompa y jolgorio terminaron en 1989, cuando Pedro fue depuesto en un incruento golpe republicano y enviado al exilio.
Pero más de un siglo después, los residentes de esta antigua guarida real todavía pagan -literalmente- por la antiguamente exaltada condición de su ciudad.
En ciertas partes de Petrópolis, todas las transacciones inmobiliarias están sujetas a un impuesto del 2.5 por ciento, cuya recaudación se destina directamente a los herederos de Pedro II. Su ilustre ancestro perdió el trono hace 117 años, Brasil es ahora una próspera democracia y la mayoría de los ciudadanos se burlan de la idea de restaurar la monarquía; pero todavía paga por tener sangre real.
Ese derecho engendra un ligero descontento entre las masas, especialmente entre los que acusan a la progenie de Pedro de dar a Petrópolis poco de vuelta, a pesar de que el continuo desarrollo y subdivisión de la propiedad significa potencialmente que ganan más dinero.
"Creo que es lamentable que en estos días todavía exista una fuente de ingreso para una minoría a la que nunca le preocupó dar alguna suerte compensación para mejorar el ambiente de la ciudad", dice Ricardo Barelli, presidente de una asociación local de ingenieros y arquitectos. "Las ventas de propiedad continúan, el impuesto sigue siendo cobrado, y mientras más se divide la tierra, más grandes son los beneficios".
Pero los herederos insisten en que la suma que reciben difícilmente les permitiría vivir como reyes.
"Todos piensan siempre que la familia real es muy rica, pero no es así", dijo Dom João Henrique de Orleans e Bragança, tataranieto del último emperador.
Cada uno de los alrededor de 40 descendientes de Pedro II recibe unos tres mil reais (unos 1350 dólares) al mes, del fondo que Dom João describió como una miseria, pero que es más o menos diez veces el salario mínimo de un trabajador. Dom João vendió hace quince años su parte en la compañía que administra el fondo a sus primos, para poder concentrarse en inversiones en propiedad inmobiliaria en otro lugar.
A los 51, Dom João es quizás el miembro más destacado de la antigua familia real brasileña, conocido como el ‘príncipe del surf’ en su juventud por su afición a esquivar las olas en lugares tan remotos como Indonesia. (Todavía lo hace).
Pero el clan que en el pasado gobernó al país más grande de América Latina ya no causa tantas salpicaduras en las noticias, condenados como están a llevar vidas más mundanas como profesionales, científicos, artistas y otras profesiones plebeyas. Aparte de unas riñas sobre la porcelana de la familia que resultó en algunas feas acusaciones de robo hace algunos años, los tufillos de escándalos son poco frecuentes, en parte debido a que a nadie le importa demasiado.
Pocos de los herederos reales viven en Petrópolis. El actual patriarca de la familia Dom Pedro Gastão de Orleans e Bragança, un personaje afable pero algo extravagante, vivió aquí durante décadas antes de retirarse hace poco, enfermo, a España.
Su esposa es tía del rey Juan Carlos.
Que Brasil tenga del todo su propia realeza es parcialmente el resultado de una disputa familiar.
En 1807, durante las Guerras Napoleónicas, la familia real de Portugal huyó a su colonia en Brasil, fijó la corte en Río y se quedaron tan encantados que el rey João VI se quedó para gobernar a su tierra natal desde América del Sur años después de que fuera seguro volver a Europa. Cuando finalmente volvió a Lisboa, su hijo rebelde, Pedro, declaró la independencia de Brasil y se coronó emperador en 1822. Su avergonzado padre accedió años más tarde, reluctantemente, a dividir el imperio.
La monarquía brasileña alcanzó su edad de oro durante Pedro II, cuyo nombre completo es casi tan largo de recitar como su reinado de 48 años (Pedro de Alcántara João Carlos Leopoldo Salvador Bibiano Francisco Xavier de Paula Leocadio Miguel Gabriel Rafael Gonzaga de Bragança). Los libros de historia describen al único monarca nacido en Brasil como un hombre bondadoso, progresista y culto al que le fascinaba la ciencia. Le encantó conocer al inventor Alexander Graham Bell cuando visitó Filadelfia.
Pedro II murió en el exilio en París en 1891, dos años después de su derrocamiento.
"Murió pobre, sin nada. Todo lo que tenemos son los muebles que subieron al barco cuando se marcharon al exilio", dijo Dom João, cuya ventilada casa en los suburbios de Río alberga algunos de esos muebles.
Sin embargo, las tierras de Petrópolis fueron declaradas más tarde un caso especial por el gobierno brasileño. Los funcionarios decidieron que los herederos del emperador conservaban un derecho residual a la tierra y por eso a reclamar la aplicación del tributo de 2.5 por ciento, conocido como laudemio, en todas las transacciones.
Los defensores del laudemio se molestan con las críticas de que se está subsidiando a una pandilla a expensas del pueblo. Observan que la antigua familia real no es la única institución que se beneficia de una práctica tan anacrónica. La marina brasileña impone un impuesto similar sobre la tierra a lo largo de la costa, y la iglesia católica también cobra un laudemio en algunas regiones.
Pero eso no para los refunfuños de algunos petropolitanos -o el asombro de los extraños que vienen aquí a comprar propiedades.
"Se sorprenden y quedan perplejos. ‘¿Todavía existe?’, preguntan", dijo Marcos Labanca, un corredor de bienes raíces local.
Cuando los residentes se unieron al resto del país al rechazar en una votación de 1993 reintroducir la monarquía, el alcalde en ese momento mencionó el disgusto sobre el impuesto como una de las razones. El referéndum preguntó a los votantes si preferían un sistema presidencial, parlamentario o monárquico. La opción principesca, que fue derrotada estrepitosamente, nunca tuvo realmente una oportunidad.
Dom João todavía cree en ella. En una entrevista con Times dijo que un monarca constitucional como jefe de estado podría servir como "estabilizador", alguien que mantenga la dignidad del país por encima del clamor de la conflictiva escena política de Brasil.
El juvenil y entusiasta Dom João se ha declarado en el pasado dispuesto a servir a su país como su soberano si lo llama el deber. Pero sabe que la posibilidad de una restauración de la monarquía es prácticamente nula.
Además, se mantiene ocupado con sus intereses en el mercado inmobiliario y la fotografía amateur -ha publicado varios libros de salas de espera. Y poco después de la entrevista viajó a Marruecos, todavía a la búsqueda de algo tan elusivo como una corona: la ola perfecta.

29 de enero de 2006

©los angeles times
©traducción mQh

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nuevas opciones de drogas


[Tracy Jan y Lisa Wangsness] Adolescentes se vuelcan hacia el consumo de fármacos.
Arlington, Virginia, Estados Unidos. Mientras las escuelas redoblan su control del consumo de alcohol entre los estudiantes, la policía y funcionarios de la salud dicen que más adolescentes se están colocando con fármacos, como la píldora antidepresiva Klonopin, que según familiares, ingirió una adolescente de Arlington antes de matarse la semana pasada.
La droga, distribuida bajo forma de pastilla y conocida por la gente joven como K-pin, es más difícil de detectar que el alcohol y se cree que es más segura que las drogas de la calle, como la heroína o cocaína. Klonopin se encuentra ampliamente disponible en los botiquines familiares y se puede comprar online en farmacias en el extranjero por un valor de entre dos y cinco dólares la dosis, dijeron doctores.
"Los profesores en las escuelas de toda la región han sido muy efectivos en reprimir el consumo de alcohol. Para contrarrestar esto, los chicos se han pasado ahora al uso de Klonopin como la droga preferida", dijo el jefe de policía de Arlington, Frederick Ryan, que planea tratar el tema de la nueva droga con jefes de policía de áreas en una reunión próxima.
Los adolescentes están experimentando con Klonopin y Vicodin incluso antes de tratar con drogas de entrada como el alcohol, tabaco y marihuana, dijo el doctor John Knight, director del Centro de Investigación sobre el Abuso de Drogas entre Adolescentes [Center for Adolescent Substance Abuse Research] del Hospital Pediátrico.
El suicidio de la popular estudiante Cameron O’Connor de la Escuela Secundaria de Arlington y la subsecuente detención de dos de sus compañeros de estudio por vender fármacos de prescripción, incluyendo Klonopin, han renovado el llamado a realizar controles aleatorios de drogas en algunas escuelas y a proporcionar más educación a los padres sobre las bezondiazepinas, el tipo de fármacos al que pertenecen Klonopin y Xanax, además de opiatos como OxyContin, Percocet y Vicodin.
Mientras algunos directores de escuela y superintendentes dijeron que no sabían nada del consumo de Klonopin entre los estudiantes, varios estudiantes de Belmont dijeron a sus padres el jueves pasado, en un foro anual sobre drogas y alcohol, que sus compañeros de estudio están consumiendo fármacos, dijo Jonathan Landman, el director de la Escuela Secundaria de Belmont.
"Ese es un tema que ninguno de nosotros observó en el panel del año pasado", dijo Landman, agregando que los estudiantes no mencionaron fármacos específicos. "Tenemos que enterarnos de todo y determinar si podemos hacer algo a nivel de escuelas".
En Arlington, la muerte de O’Connor ha impulsado a funcionarios de las escuelas a considerar la introducción de perros detectores de drogas para controlar los vestuarios y a los estudiantes, una rara medida en las escuelas de Massachusetts. Herb Levine, ex superintendente, cuyo hijo, Joel, fue consumidor de OxyContin hace tres años, dijo ayer que todas las escuelas del estado debían considerar la introducción de controles aleatorios de los estudiantes de las escuelas secundarias para detectar el consumo de drogas.
"Daría a los padres algo más de confianza", dijo Levine, que también fue durante 19 años director de una escuela secundaria. "Los padres no tienen ninguna pista. Si alguien tenía que saberlo, ese era yo. Sin embargo, durante bastante tiempo, mi hijo, cuando estuvo enganchado, nos engañó a mí y a mi mujer".
Sin embargo, los doctores han observado que los controles de drogas normales usados en las escuelas a menudo no detectan los fármacos de prescripción.
Las escuelas secundaria de New Bedford empezarán en marzo a controlar al azar a los estudiantes para detectar drogas, dijo Carl Alves, coordinador del programa de ayuda a los estudiantes para liberar a la ciudad de drogas. Los controles, a los que los padres inscribirán voluntariamente a sus hijos, detectarían los fármacos, incluyendo las benzodiazepinas, dijo.
"En los suburbios un montón de familias cuentan con buenas coberturas médicas y a veces tienen esos fármacos en sus botiquines", dijo Alves. "Con los niños, la disponibilidad y facilidad del uso son dos factores claves cuando los niños usan drogas. El Klonopin no huele, pero te coloca. Y si hay una red de gente vendiendo estas cosas, entonces el acceso es fácil".
Los adolescentes compararon colocarse con Klonopin con la sensación de borrachera, dijo la policía. El abuso del fármaco puede ser peligroso -y cuando se lo mezcla con el alcohol, puede ser fatal, dijo el doctor Michael W. Shannon, jefe del medicina de urgencias del Hospital Pediátrico.
"La gente lo describe como un colocón muy suave", dijo Shannon. "Si lo mezclas con algo como el alcohol, te emborracha... Afecta tus capacidades de discernimiento".
Shannon dijo que no quiere sacar conclusiones sobre el caso de O’Connor, pero dijo que particularmente cuando se lo combina con el alcohol, "hace que la gente haga cosas que de otro modo no harían, incluyendo el suicidio".
O’Connor probó el Klonopin por primera vez hace dos meses después de un baile semiformal en la escuela, dijo Joe Boike, tío de O’Connor y sargento de la Policía del Estado. Boike y los dos hermanos de O’Connor dijeron al Globe que la niña de 17 no estaba deprimida y que creen que el Klonopin la empujó al suicidio. La policía declaró que creen que O’Connor ingirió Klonopin antes de morir, pero los resultados toxicológicos todavía no están disponibles.
Shelley Rosenstock, portavoz de Roche Pharmaceuticals, de Suiza, fabricante de Klonopin, dijo que no sabía que los adolescentes lo usaron como droga y que el fármaco es seguro cuando se usa con consulta con doctores.
Un estudiante de la Escuela Secundaria de Arlington, que habló a condición de preservar su anonimato, dijo que los fármacos están aumentando en su escuela y otras. Dijo que la mayoría de los estudiantes que conoce que han ingerido K-pins las compran a estudiantes a quienes se les ha recetado el fármaco o que tienen acceso a gente con recetas médicas.
Cree que la razón por la que los fármacos son tan populares es porque los adolescentes tienen poco que hacer en Arlington. Los chicos se aburren de ir al cine o de salir a cenar, dijo.

tjan@globe.com
lwangsness@globe.com

29 de enero de 2006

©boston globe
©traducción mQh

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