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fantasmas en la cámara


[Michael Kimmelman] Trucos de la cámara oscura.
Quién sabe qué se apoderó tan repentinamente del vizconde de Renneville en 1859, cuando él y un amigo visitaban el estudio en París del fotógrafo de sociedad André-Adolphe Eugène Disdéri, pero, bendito sea, estamos agradecidos de que el espíritu que lo movió, lo hiciera.
Después de que Disdéri tomara varias tomas de él posando para una tarjeta de visita con la levita negra y sombrero de copa de rigor, el vizconde decidió quitarse la ropa, excepto zapatos y calcetines, colocarse algo que se parece mucho a una bolsa de agua caliente en la cabeza, pero que de hecho era una especie de casco, coger un escudo y pretender que era un fantasma.
Su amigo (las cejas arqueadas, rascándose la frente con el dedo índica) actúa como si la aparición lo sorprendiese. (No parece ni la mitad de sorprendido). Disdéri también salpicó unos químicos sobre el negativo expuesto del vizconde desnudo para que la imagen pareciera menos corpórea.
Lo que siguió, obscureciendo ligeramente el cuerpo (del que el vizconde estaba sea peculiarmente orgulloso o, como un buen cómico, heroicamente descarado al servicio de una broma), lamentablemente, no es apropiado para un diario matutino.
Felizmente, la fotografía se encuentra en el Museo Metropolitano de Arte, en una exposición titulada ‘The Perfect Medium: Photography and the Occult'. Derechamente, es la exposición más divertida, para no decir la más encantadora, que ha hecho el museo en años. Como todos los grandes ejemplos de humor, en el fondo es también, a hurtadillas, un asunto serio. Su tema incluye la profundidad de la credibilidad humana y el poder evocador de la fotografía, cuya tecnología, de cuando no teníamos manipulación digital ni Photoshop, parecía insondable a tanta gente hace un siglo y más.
El tema más profundo de la exposición es el soñador que todos llevamos dentro. El arte en estas fotografías torpes de transparente engaño, es generalmente informal y místico. No quiero decir que las imágenes de espíritus y ectoplasmas y médiums elevando en el aire mesas de juegos sean creíbles (aunque supongo que lo son, si uno quiere creer en ellas). Quiero decir que inevitablemente se desvían de su objetivo primero, que es documentar lo increíble, y terminan en el reino de verdades más altas. Nos recuerdan que el arte es la rebelde lógica del asombro.
¿Cómo describir de otra manera, excepto en términos de estupor, la delicia de la inverosímil imagen de la médium francesa Marguerite Beuttinger, acompañada por su espíritu gemelo, un truco de exposición doble que evidentemente en algún momento engañó a alguien? Una borrosa Marguerite está parada detrás de una Marguerite sentada cuyo cuerpo es tan leve que la hace parecer su propia gemela enana. El efecto es maravilloso, como lo es la exposición múltiple del fantasma de Bernadette Soubirous, con túnica blanca, deslizándose debajo de un enrejado, evaporándose gradualmente a través de una pared de ladrillos.
Y luego están las fotografías de Eugénie Picquart, una médium que durante las sesiones caía en trance y encarnaba la voz y apariencia física de Sarah Bernhardt y Mefistófeles. En una película está haciendo lo que parece ser un frug; en otra, se chupa las mejillas, saca pecho y hace girar los ojos como un chiquilín con pataleta. Con ella compite en aparatosidad y puro atrevimiento una cierta señorita Wood, otra médium; se sacaba fotos de sí misma cuando sufría las transformaciones (evidentemente una cosa no impedía la otra), que son, con expresiones como de los Tres Chiflados, si no sobrenaturales, al menos ciertamente divinas.
Todo humor depende de la oportunidad, y esta exposición es sobrenatural en medio de un torrente de programas de televisión a horas de gran audiencia (‘Médium', ‘Supernatural' y ‘Ghost Whisperer') y películas de Hollywood (‘Ojalá Fuera Cierto' [Just Like Heaven]) sobre espíritus. Artistas contemporáneos más cultos, con un ojo puesto en la historia de la fotografía de espíritus, también han incursionado últimamente en la materia (Tony Oursler, Laura Larson y otros).
Pero el espiritualismo, aunque repentinamente chic, pertenece a una antigua tendencia de libertarismo americano. Cogió empuje durante la segunda mitad del siglo 19 cuando los afligidos sobrevivientes de la Guerra Civil anhelaban reunirse con sus familiares muertos. La electricidad, los rayos equis, la expansión de los experimentos de magnetismo, y el telégrafo, con su rat-tat-tat, en síncopa con los golpes de los fantasmas espiritualistas, reforzadas por la noción de que en el mundo operaban toda suerte de fuerzas invisibles.
Fue también la era de Barnum. El primer fotógrafo de espíritus, William H. Mumler, produjo para Mary Todd Lincoln una fotografía que muestra la fantasmal imagen de su marido muerto. La fotografía circuló ampliamente. Pero el hecho de que Mumler fuera procesado por fraude no disuadió a los fieles de seguir creyendo en lo que veían.
El equivalente francés de Mumler, Édouard Isidore Buguet, ejercía en París después de la Guerra de 1870. Procesado y corriendo el riesgo de ser encarcelado, Buguet admitió voluntariamente que sus fotografías eran falsas y renunció al equipo que había usado para producirlas, pero esto sólo provocó que los espiritualistas dijeran que era un mártir de la causa y un médium a pesar de sí mismo. Buguet, como todo buen vendedor de aceite de culebra, aprovechó la notoriedad y se dedicó a producir pruebas espiritualistas, engendrando una fresca industria de fotografías recreativas llenas de fantasmas. Eugène Thiébault produjo una foto particularmente lograda en el género, una toma publicitaria de Henri Robin, un ilusionista, en los brazos en un fantasmagórico esqueleto envuelto en una capa.
Organizado por Pierre Apraxine, el ex curador de la recientemente adquirida Colección Gilman del Metropolitano, de donde provienen muchas de esas fotografías, la exposición se niega curiosamente a identificar su tema como timos o a detenerse en cómo eran producidos. Esto lo convierte en un extraño catálogo, hablando en términos escolásticos. La exposición misma, dividida en tres partes no demasiado grandes, y con comentarios críticos mínimos, destaca fotografías que muestran a espíritus, como las de Mumler; fotografías de médiums en su oficio, como Wood; y fotografías de "fluidos vitales".
Estos últimos, inspirados por la idea de Mesmer sobre el "magnetismo animal" y otras atolondradas teorías de la época, explotaba la premisa de que había potencias invisibles que fluían por el cuerpo. Colocando las manos sobre láminas fotográficas sensibilizadas, los fotógrafos fluidos produjeron imágenes de aspecto misterioso de confusas huellas digitales que revelaban supuestamente a esas fuerzas en acción. Que las imágenes fueran en realidad la consecuencia mundana del sudor y calor humanos no debe cegarnos ante la accidental elocuencia de algunas de gemas semi-abstractas.
Como fotografías, vistas después de casi cien años de surrealismo, tuvieron éxito donde, digamos, las fotografías de hadas que Arthur Conan Doyle aceptó no lograron nada: la fabricación de las hadas era simplemente banal. En contraste, hay fabricación en una médium llamada Margery (nacida Mina Stinson), que colgó lo que se parece mucho a sucia estopilla a su nariz derecha y declaró que era un ectoplasma. O la médium Eva C., la que, superando a nuestro exhibicionista vizconde, posó enteramente desnuda (declaradamente para demostrar que no llevaba nada debajo de la manga) junto a un "espíritu" que se parecía a uno de esos maniquíes recortados en cartón de un chef con mostacho sosteniendo en sus manos el menú de precio fijo. A ese nivel, la farsa se convierte en un sublime camp.
Ilustra la crucial brecha entre la tecnología y el arte, otro subtexto de esta exposición, donde una fotografía que puede haber parecido sorprendente en algún momento, eventualmente nos parece ridícula. Hoy a los artistas les gusta Andreas Gursky, y la magnificencia de sus paisajes y paisajes urbanos manipulados digitalmente, que dependen de mantenerse más allá de la curva tecnológica, coqueteando con este problema de la obsolescencia -que se podría decir que es endémica al médium.
Lo que nos deja con el raro caso de Ted Serios. En los años sesenta, en connivencia con Jule Eisenbud, un psiquiatra e investigador psíquico de Denver, un operador de ascensor en Chicago que descubrió que bajo hipnosis y con unos tragos, podía proyectar imágenes desde su mente directamente a una película Polaroid, produjo miles de "fotografías del pensamiento". Son espeluznantes, borrosas, fotografías como hechas por una bruja de Blair patas arriba, de automóviles y hoteles y hombres tenebrosos en uniforme, que todavía tienen que ser explicadas de alguna manera.
En retrospectiva pueden parecerse algo a los ectoplasmas de Margery, pintorescos vestigios de nuestro propio eterno encantamiento con lo invisible. Y luego, ¿quién sabe? La vida, como el arte, también desafía a la lógica.

2 de octubre de 2005
©new york times
©traducción mQh

malos virtuales en la calle


[José Antonio Vargas] San Andreas GTA seduce a generación de las calles de los suburbios.
Uno es de McLean, el otro de South Central, y los dos son pandilleros.
Durante unas horas Robert ‘Tito' Ortiz se disfraza de gángster de gatillo rápido, ladrón de coches, vendedor de drogas y pandillero en el videojuego ‘Grand Theft Auto: San Andreas'. Lo mismo Brenden Golden. Durante unas horas, también Brendan asume ese rol.

Brendan estudia en la Escuela Secundaria Langley, del condado de Fairfax, una escuela de unos 2.000 alumnos, 75 por ciento blancos y 18 por ciento asiáticos, casi todos encaminados directamente a universidades de carreras de cuatro años. Los coches aparcados en el estacionamiento, del tamaño de una cancha de fútbol -entre ellos, BMWs, Infinitis y Benzes- son los que estarías robando si estuvieras jugando ‘San Andreas'.
Tito está en el Instituto Jefferson, en South Central Los Angeles, una escuela de unos 3.800 alumnos, 92 por ciento latinos y 8 por ciento negros, donde sólo un tercio de los nuevos estudiantes terminan sus estudios. La primavera pasada estallaron tres reyertas, y dos de ellas terminaron con la facultad cerrada.
La imaginaria ‘South Central Los Santos' -el gueto del juego ‘San Andreas'- fue modelada según el mundo de Tito.
Juegan al mismo juego, y eso los une. Pero lo que obtienen de él -la ‘experiencia de juego', se dice- depende de quién está sudando encima del controlador.
Donde Brendan ve un juego forjado por la fantasía, Tito ve uno que refleja su propia realidad. Y donde se encuentran la realidad y la fantasía, dos jugadores que no se han visto nunca, y que probablemente tampoco lo harán nunca

Chic de Gueto
Ahora un montón de nosotros pensamos que sabemos lo que es el gueto. No que lo conozcamos conozcamos, especialmente los que no hemos puesto nunca un pie en uno. Pero pensamos que lo conocemos porque escuchamos canciones hip-hop, miramos videos musicales, vamos al cine y ahora -más intensamente- jugamos videojuegos.
En los próximos meses llegará al mercado al menos una media docena de juegos escenificados en virtualmente arenosas y violentas calles del centro. ‘50 Cent: Bulletproof', que saldrá en noviembre, presenta a la superestrella del hip-hop, 50 Cent, en la orgía de balazos del tipo "del gueto a la gloria" de Terry Winters, escritor de la serie de la HBO -que recibió un Emmy- ‘Los Soprano'. ‘Fear & Respect', la muy publicitada colaboración entre el director de Hollywood, John Singleton (‘Los Chicos del Barrio' [Boyz N the Hood], ‘Cuatro Hermanos' [Four Brothers]) y el actor rapero Snoop Doog, sale dos meses después.
"Un montón de fabricantes de juegos están aprovechando que la actual generación de MTV está enganchada al hip-hop y a la cultura urbana", dice Dan Hsu, editor de Electronic Gaming Monthly. Esos concurrentes no ocultan su deseo de abollar el coche de ‘Grand Theft's'.
La franquicia GTA, de un valor aproximado de 1 billón de dólares en ventas solamente en Estados Unidos, ha sacado provecho de las fantasías sobre el sexo, las drogas y violencia de la vida en los barrios y ganándose el respeto en la calle. Para millones de jóvenes y hombres no tan jóvenes, es una particular experiencia de diversión, mucho más allá de cantar ‘Rebel Without a Pause' de Public Enemy. ("Vayas dónde vayas, yo vengo de vuelta"). Es completamente diferente ser un gángster causando estragos en ‘San Andreas' y escuchar la misma canción de Public Enemy en la radio del coche que acabas de robar.
El tercer juego de la serie, ‘Grand Theft Auto III', exploraba el mundo de la mafia de la Costa Este. ‘Vice City', la que siguió, se desvió hacia el sur, hacia el ambiente de ‘'Miami Vice' en los ochenta. ‘San Andreas', la quinta en la serie, la joya de la franquicia, trasladó la acción al oeste -con un toque de la escena hip-hop de la Costa Oeste hacia 1992.
‘San Andreas' fue el videojuego más vendido del año pasado, con más de 6.6 millones de copias a pesar o quizás debido al reciente escándalo sobre una escena sexual oculta. ‘Liberty City Stories', la última en la serie, estará disponible este próximo mes.
Para los gamers, la belleza de los títulos GTA residen en el asombroso alcance de sus ambientes meticulosamente detallados y abiertos. Cuando robas un coche caro, escuchas a Mozart en la radio. Cuando llueve, la pantalla se nubla y la calle por donde conduces se pone resbaladiza. Cuando golpeas a alguien con el bate de béisbol, la sangre brota con una asombrosa verosimilitud. En juegos más convencionales, tú sigues una ruta específica, niveles del 1 al 2 al 3, para completar la misión y derrotar al enemigo. Y terminas. En ‘Grand Theft Auto', como gángster, tienes la libertad de ir donde quieras y hacer lo que quieras.
Tito y Brendan son parte de la generación GTA -de 17 y 16 respectivamente, considerados demasiado jóvenes para jugar GTA por el Directorio de Clasificación del Software de Entretenimiento, pero son demasiado listos como para no hacerlo.
La diferencia es que South Central Los Angeles es donde ha crecido Tito, en una apretada cama que comparte con su hermano mayor. En su propio dormitorio en McLean, el imaginario ‘South Central Los Santos' es lo más cerca que Brendan puede imaginar a un lugar que la gente llama el gueto del centro.
En sus dormitorios, las manos en los controles, Tito juega un juego que refleja su vida y Brendan uno que no tiene nada que ver con él.

Todo Sobre C.J.
Cuando Tito empieza a hablar sobre Carl Johnson, mejor conocido como C.J., suena como si se estuviera refiriendo a un primo o a un vecino. "A su mamá la mataron en una balacera desde un coche", dice Tito, el pelo desordenado, los hombros encorvados, su voz ronca y arrastrada, casi rozando las palabras. "Tiene que arreglar las cuentas".
Pero C.J. es uno de los personajes principales de un videojuego, un matón negro en el centro mismo de ‘San Andreas'.
Son casi las 9:30 de la noche en South Central. Noche de escuela. Sentado al borde de su cama, Tito se levanta. Un largo día en la secundaria Jefferson. Larga noche en Foot Locker. Es un dependiente, y trabaja al menos 20 horas a la semana, los fines de semana y algunas noches. Su hermano mayor, Francisco ‘Cisco' Ortiz, 23, está desplomado en la otra cama, con la lengua afuera, el controlador en las manos. "¿Por qué estás peleando conmigo, perro?", grita Cisco a la gran pantalla de la televisión, como si el pandillero al que está apuñalando en la pantalla pudiera responder. Un amigo de infancia de la más abajo en la calle, Danny Ibarra, 23, está esperando ansiosamente. No importa el móvil de Tito, que suena sin cesar; simplemente quiere el controlador.
"Yo soy el siguiente", dice Tito a Danny.
Danny lo mira afirmativamente -la boca cerrada, las cejas fruncidas, los labios apretados. "No, no, yo soy el siguiente", dice finalmente Danny, que estudia administración de empresa en la Universidad del Estado de California en Los Angeles. Luego estalla en risas. "Es una broma, Tito. Una broma. Esta es tu casa".
Danny, Cisco y Tito, todos hijos de inmigrantes mexicanos que crecieron juntos en la Calle 47 West. ("Nosotros no decimos que somos de Los Angeles. Decimos que somos del South Central", dice Cisco).
Aunque la familia Ortiz -la mamá limpia casas, el papá recicla chatarra- vive en un proyecto de vivienda social, su apartamento de dos dormitorios tiene dos enormes pantallas de televisión. Hay una en la salita, con la mamá dormida en el sofá mientras cuida a dos bebés de una vecina. Hay otra en el cuarto de Cisco y Tito, con carteles de Tupac Shakur y de la película ‘Caracortada' [Scarface] decorando las paredes. Pero no hay un ordenador, ni un portátil ni conexión con internet. Simplemente un PlayStaion 2, algunos juegos y pilas y pilas de CDés, desde Biggie hasta Mos Def.
"Es un juego, simplemente un juego, ¿correcto? Pero al mismo tiempo es más que eso. Tiene realidad", dice Tito, saltando de la cama, sentado ahora con las piernas cruzadas en la alfombra.
¿Es un milagro, se pregunta, que la mayoría de los personajes en ‘San Andreas' -los pandilleros, los polis corruptos- sean negros y latinos?
¿Sorprende, se pregunta, que no veamos a blancos en el barrio, sea el ‘South Central' del juego o el ‘South Central' donde vive?
"Incluso hasta en el picado spanglish, las ‘orále, hombres', que dicen algunos de los gángsteres", dice Tito. "Es realista". Los tipos que no son de South Central "no lo entenderán completamente. Para ellos es sólo diversión".
Cisco, un técnico farmacéutico que perdió hace su poco su trabajo, interrumpe a Tito.
"El juego es violento. Es peligroso. Es un estereotipo", dice, sin dejar de mirar la pantalla de televisión.
Finalmente Cisco le entrega a Tito el controlador.
"Respeto. San Andreas gira sobre el respeto", dice Tito, todavía en el suelo, demasiado cerca de la pantalla de televisión. "Cuando empiezas, ellos te odian, te odian por tus tatuajes, te odian por tu ropa. Así es en la vida real".
Durante una hora o algo así, Tito, que será padre en julio, será C.J.

De McLean a Los Angeles
Así, ¿y si todo está bien en la tranquilo y radiante en McLean, por qué no entrar al mundo del juego de ‘San Andreas'?
Olvídate de que es una tarde húmeda, pegajosa, asoleada. Eso es afuera. Adentro es una historia diferente. Son las 10:29 de la mañana en la ruidosa, grosera y excitante ‘San Andreas' y Brendan -desgreñado, una apretada bola de energía- conduce sin objetivo preciso en el imaginario pueblo de Las Colinas. Ahora mismo, Brendan es C.J. Cada vez que roba un coche, después de disparar o golpear o apuñalar a su dueño, el nombre del coche resplandece en la pantalla.
Primero un coche llamado Willard, bajo en atractivo sexual pero dotado de una vertiginosa aceleración. Luego un coche llamado Cheetah. ("Les encanta a las minas. ¡No van a llegar demasiado lejos!", exclama un anuncio para una tienda que financia tu trayecto). Luego un coche llamado Flash, oscuro, pegado al suelo, y, sí, chillón.
"Se pueden hacer tantas cosas en ‘San Andreas'. Tanto", dice Brendan, sentado en el borde de la otra cama, con las manos en el controlador, los ojos fijos en la pantalla de la tele. "Tiene como 200 horas de juego. No termina nunca".
Su amigo Cyrus Movagharri (todos lo llaman Cy) está sentado en la silla del ordenador, mordisqueando Chips Ahoy, un poco aburrido. Están pasando el tiempo en el dormitorio de Brendan, con no menos de siete carteles de la banda de rock Motley Crue, en una casa de tres pisos de tres dormitorios tan grande que se empina por una colina en McLean. (La mamá trabaja en inversiones, el papá es abogado. Él es hijo único). Brendan trabaja media jornada en Safeway y ahorra sobre todo para su cuarto: PlayStation 2, Xbox, iPod. Su ordenador, un Mac, está tocando ‘Church', de la banda jam Galactic de Nueva Orleans.
Suena el teléfono de Brendan. Es su amigo Hon, pidiendo que lo vayan a recoger.
"Hon vive, digamos, a unos cinco segundos de tu casa", suspira Cy.
"Sabes, Hon", suspira Brendan de vuelta. "No le gusta caminar".
Pero están demasiado ocupados jugando como para ir a recogerlo.
Brendan, que se describe a sí mismo como un "chucho blanco" y Cy, que persa-americano, son alumnos de la Escuela Secundaria Langley, el tipo de santuario del logro que incluye no solamente un club de robótica sino también uno de filosofía. Cy, que es vice-presidente de la clase de 2007, describe a Langley rápidamente como "no demasiado lejos de la secundaria de ‘The O.C.', pero con menos minas". Repentinamente, mientras Brendan explora Las Colinas en su Hermnes, aparece un letrero. "Hay una chica cerca. Recógela". Brendan lo intenta. Pero no puede localizarla. "¿Dónde está la mina de la que están hablando?", pregunta.
Está en la pantalla de la televisión, en el videojuego, lo más lejos que puede haber de McLean.

Controlando
Rockstar Games, el editor de GTA se ha negado repetidas veces a comentar ‘San Andreas', diciendo solamente que "el juego habla por sí mismo".
Así que si ‘San Andreas' habla en realidad por sí mismo, ¿qué es lo que está diciendo?
"Mira, jugar ‘San Andreas' no es como escuchar un álbum rapero de Game o mirar una película como ‘Los Chicos del Barrio'", dice Kurt Squire, de la Universidad de Winsonsin-Madison, que está investigando cómo juegan ‘San Andreas' niños afro-americanos entre las edades de 10 a 14.
"Cuando juegas ‘San Andreas', tú controlas los símbolos que hay a tu alrededor, todos esos símbolos sobre los que pensamos cuando pensamos en el gueto -las pistolas, la violencia, las drogas, las bandas, las mujeres. Así que no estás solamente escuchando lo que pasa, no estás solamente mirando lo que pasa, sino que controlas lo que pasa. Esa es la gran diferencia".
"Convertirse, convertirse, convertirse. Esa es la clave aquí", dice David J. Leonard, de la Universidad Estatal de Washington. Un juego como ‘San Andreas', dice, puede relacionarse con la historia de trovadores, "de blancos personificando, tratando de convertirse en el otro", y con la época de los años veinte y treinta, cuando los blancos de Nueva York visitaban Harlem para oír jazz.
"Los videojuegos, a diferencia de otros medios, proporcionan una especie de experiencia donde uno se transporta desde su casa y entra a otro mundo construido por diseñadores de juegos. En ‘San Andreas', el patio de recreo es el gueto. Pero tú y yo sabemos que los guetos en el país claramente no son jardines".
Para Brendan, ‘San Andreas' es un patio de recreo fantástico, su modo de salir de los suburbios, una forma de escapismo. Pero ‘San Andreas' es como una divertida casa de espejos para Tito, una versión exagerada, pero sin embargo realista -las peleas entre las bandas, la tensión racial- de su vida de todos los días.
‘San Andreas' confunde sus expectativas con la realidad.
Tito está seguro de que ‘San Andreas' fue diseñado por "gringos". "¿No somos un montón de mexicanos a los que nos gusta apretar el gatillo? ¿No es eso lo que piensa la gente?", pregunta.
Brendan piensa que "un grupo diversos de tipos, blancos y negros y latinos ("y algunas chicas") inventaron ‘San Andreas'. Tiene que ser gente que sabe de qué están hablando, ¿ok?"
Con la ayuda de un artista del tatuaje, un guionista, un fotógrafo rapero de Los Angeles, ‘San Andreas' fue en realidad desarrollado en Escocia.

29 de septiembre de 2005
©washington post
©traducción mQh

evocando al rey del poker


[Alex Williams] Vida corta y rápida, se convertirá en mito de Hollywood. Uno de los mejores jugadores de poker de todos los tiempos.
Las Vegas, Estados Unidos. Stu, o Stuey the Kid [El Niño], Ungar era el enfant terrible de capa y espada del poker antes de que se convirtiera en una obsesión tradicional de los años noventa. El diminuto hijo de un corredor de apuestas del Lower East Side, ganó sin parar sus títulos de la Serie Mundial de Poker a la insólita edad de 27 y llegó a ganar, y perder, 30 millones de dólares según una estimación, antes de que su épico gusto por los excesos le causara la muerte en un barato motel de Las Vegas el 22 de noviembre de 1998, a los 45.
Una leyenda cuando vivía, Ungar dejó un legado que se ha dejado sentir en la Serie Mundial de Poker. [...] Su biografía ‘One of a Kind: The Rise and Fall of Stuey 'the Kid' Ungar, the World's Greatest Poker Player', de Nolan Dalla y Peter Alson, llegó a las librerías esta semana.
Para sus contemporáneos, Ungar sigue siendo la mejor historia aleccionadora del jugador, la personificación de un riesgo peligroso. Pero para una endeble nueva generación de jugadores, engalanados con gafas de sol de practicantes de snowboarding Oakley e iPods, instruidos en el poker de internet y esforzándose por conseguir el patrocinio de las empresas, Ungar es un genio renegado, el último y más indomable de una cepa de jugadores que aprendieron a jugar en los cuartos de atrás de clubes de juegos de cartas, que jugaba por la excitación con el abandono del rock'n'roll.
"Era completamente desprendido", dijo Adam Schoenfeld, un juvenil jugador de 41 de Brooklyn, con Pumas y un sombrero de camionero, que se considera miembro de la "secta de Stuey" y ha enmarcado la fotografía del joven Ungar en su apartamento. "Lo podría mirar todo el día", dijo. "Ahí se está echando hacia atrás. Tenía el virus. Se puede ver en su cara lo indiferente que lo deja todo".
Como dijo Alson, co-autor de la biografía de Ungar: "Era el Jim Morrison del poker".
Con sus mejillas ahuecadas y mala cara, Ungar era el personaje del rebelde romántico. Y habiéndose convertido en la mascota de la extensa familia mafiosa Genovese después de pulir sus habilidades en los oscuros salones de cartas de Nueva York de los años sesenta, como cuenta su biografía, se convirtió en un fanfarrón.
En Las Vegas, adonde se mudó a fines de los años setenta, empezó a asociarse con un tipo diferente de forajidos. Los tiburones del naipe reinantes en esa época era fundamentalmente ‘apostadores' de edad mediana que venían del Sur rural que habían perfeccionado sus juegos durante décadas, preferían los sombreros vaqueros Stetsons y se hacían llamar con nombres como Amarillo Slim Preston y Doyle Texas Dolly Brunson.
"En esa época se trataba de hombres del petróleo, gángsteres, traficantes de drogas", recordó Dalla. "Era el Salvaje Oeste. Ahora es un juego técnico. Los matemáticos se están apoderando del negocio".
Los jugadores más viejos se escosen ante el arrogante y abrasivo estilo de Ungar, pero no podían negar su talento.
"Su cabeza funcionaba un 99.999 por ciento más rápido que la del resto del mundo", recordó Mike Sexton, un prominente jugador que a menudo jugaba contra Urgan, desde fines de los años setenta.
Mientras los jóvenes campeones de hoy tienden a ser reservados en su osadía, Ungar, en contraste, era conocido por su suicida temeridad combinada con un olfato de cazador de la debilidad. "Recuerdo que me dijo: ‘Tengo que hacer que mi oponente me odie'", dijo Sexton, hablando sobre el estrépito como coro de grillos de miles de tintineantes fichas. "‘Simplemente quiero cercenarles las gargantas'".
Colocando las proezas de Ungar en perspectiva, Dalla, que es director de prensa de la Serie Mundial, señaló que Undar había ganado 10 de los 30 eventos importantes en los que participó, a pesar de perder muchos de sus mejores años consumiendo drogas. Este es un récord "asombroso", dijo. "Hay gente que ha ganado más de 10 veces torneos de 10.000 dólares, pero extendiéndose en 20 años, literalmente en cientos de torneos".
Pero para los que juegan a la sombra de Ungar, su auto-destrucción sigue siendo una parte indeleble de su encanto. "Es una leyenda", dijo Shane Schleger, 28, un jugador de Nueva York, haciendo una pausa de cigarrillo entre las partidas. "El tipo de personalidad que está encadenada a un estilo de vida que incluye un montón de vicios en tu vida. No es algo que desconozca".
"Digamos", agregó, "que Stuey murió por todos nuestros pecados".

Stuart Errol Ungar nació el 18 de septiembre de 1953 en Lower Manhattan. Su padre, Isidore Ungar, tenía un bar, pero su dinero lo ganaba con las apuestas en deportes. Cuando Stuey estaba todavía en la primaria, fue reclutado para que guardara las papeletas. Aprendió a jugar al naipe -especialmente qué no hacer- mirando por encima del hombro de su madre mientras jugaba a las cartas la noche de los domingos en los balnearios de verano de Catskills. Para cuando tenía 10, le estaba diciendo a su madre cómo jugar.
Resultó que el joven Ungar tenía el don de casi cualquier juego de cartas que intentara, y a la edad de 15 abandonó la secundaria para jugar gin rummy, ganando a menudo hasta 500 dólares en juegos en varios clubes de cartas de la ciudad. Fue en un club semejante que conoció a una sensual y rubia camarera de cócteles llamada Madeline Wheeler. De 1 metro 68 y vestido con el chillón poliéster de un capitán de la mafia de Brooklyn de los años cincuenta, Ungar era difícilmente un pretendiente ideal, pero su tenacidad y carisma finalmente le ganaron un cita -después de un año. Se casaron en 1982.
"Yo sabía en lo que me estaba metiendo", recordó la señora Ungar, ahora de 52, a principios de junio durante un almuerzo en Caesars Palace, donde trabaja en una boutique de ropa. "Sabía que serían las cartas".
En ese momento de la carrera de jugador de Ungar el poker era todavía algo secundario, y sus dones parecían bordear la magia, recuerdan sus amigos. Como chapero era un desastre, pero humillaba a jugador tras jugador". "Se desmoronaban frente a sus ojos", dijo a Dalla. "Tenían esa mirada como si supieran que no podían ganar. Era bonito".
Con el tiempo se le hizo imposible conseguir un juego. Así que una mañana de primavera, en 1978, se apareció en el juego de poker con las apuestas más altas de Las Vegas en esa época, el torneo sin límites de Texas en el casino de Dunes, arrojando un fajo de 20.000 dólares sobre la mesa. Desaparecieron en menos de 15 minutos, cuenta su biografía. Pero al final de 36 horas, Ungar había recuperado esa suma, más otros 27.000 dólares.
En 1980, cuando Ungar ganó su primera Serie Mundial, llevándose a casa 365.000 dólares, estaba viviendo en Las Vegas con Madeline y su hijo, Richard Wheeler, de un breve matrimonio de cuando tenía 18. Como marido tenía serios defectos, dijo Madeline Ungar. Desaparecía durante varios días, para dedicarse a jugar a las cartas y persiguir mujeres.
Entretanto, los rituales básicos de la vida cotidiana le eran un misterio. Nunca abrió una cuenta bancaria, dijo la señora Ungar, y hacía las compras en el 7-Eleven.
"En esa época llevaba dos o tres millones de dólares en sus bolsillos, pero le cortaban la luz porque no pagaba la cuenta", dijo Sexton.
Los apostadores altos tienen, como raza, una curiosa relación con el dinero. (¿Cómo podrías de otro modo arriesgar 20.000 dólares en un bluf?) Pero para Ungar, dicen los que le conocieron, el dinero no significaba nada, excepto como un modo de seguir ganando.
Mickey Appleman, otro jugador de Nueva York que conocía bien a Ungar, dijo que siempre hacía una corta lista mental de la gente que ‘jugaba de verdad' en Las Vegas. "Esos eran los jugadores que buscan la emoción, que no piensan en cosas como el IRA y ese tipo de sin sentidos". Appleman se incluía en la lista, pero Ungar, dijo, "más allá de todos los rankings".
En el Starbucks de Sahara Avenue, Stephanie, 22, hija de Ungar y que se describe a sí misma como cristiana, está estudiando psicología. Recordó hace poco que él dejaba propinas de 100 dólares de una cuenta de 50 dólares. "Le daría una propina de 20 dólares a un mozo solamente porque le retiraba el plato", dijo. Compró, y perdió, casas de estilo Tudor y Jaguares.
"Llevaba la apuesta dentro", dijo Sexton, que dijo que Ungar podía ganar decenas de miles de dólares en el poker, un juego en el que era un jugador de clase mundial, para perderlo todo en las carreras de galgos, un deporte sobre el que no sabía nada.
"Era el mejor jugador de poker que he conocido, y uno de los peores perdedores al poker", dijo Doyle Brunson, 71, con su arrastrado acento sureño, una leyenda del poker.
Para comenzar, Ungar era volátil, pero su coqueteo con la cocaína, que creció hasta transformarse en una profunda adicción en los años ochenta, fue catastrófica, dicen sus amigos. Él y Madeline se divorciaron en 1986; Ungar continuó deslizándose.

En 1990, de acuerdo a su biografía, Billy Baxter, amigo de Ungar y también un gran jugador, apostó 10.000 dólares contra Ungar en la Serie Mundial. Al tercer día, después de ir ganando 70.000 dólares, Ungar no apareció de vuelta a la mesa y fue encontrado inconsciente, en ropa interior, en el suelo de su cuarto. Nunca volvió a la mesa en ese torneo, pero sus primeras partidas le obtuvieron el noveno lugar y un premio de 20.050 dólares.
A medida que la industria de los juegos de azar se iba convirtiendo en una empresa moderna, otros jugadores encontraron medios de apuntalar sus habilidades. Bobby Baldwin trabajó para Steve Wynn, operador de casinos, como un importante ejecutivo. Sexton se convirtió en comentador del World Poker Tour. Brunson y otros lanzaron salas de poker online. Entretando, Ungar seguía a la deriva.
Entonces, en 1997, llevando gafas de sol redondas de lentes azules ("para ocultar que su nariz se había desmoronado debido a la cocaína", explicó Alson) y pareciendo un "sin casa", de acuerdo a Dalla, que estaba allá, Ungar se sentó a jugar en la Serie Mundial y se fue a casa con el millón de dólares del primer premio. Dalla dijo que las ganancias, que eran repartidas con el patrocinador de Ungar, Baxter, desaparecieron en cuatro meses.
En ese momento, la hija de Ungar, que hablaba a menudo con él hasta cinco veces al día, dijo que le dijo: "No voy a volver a coger el teléfono hasta que no vea Montaña Vista en mi teléfono -el número del centro de rehabilitación".
Poco días después de esa conversación, Stu Ungar fue hallado muerto de un ataque al corazón, solo, en la cama de un motel en un extremo del Strip. Tenía 800 dólares en contante. Y aunque era conocido por ingerir grandes cantidades de drogas, el forense sólo encontró rastros en su sistema. Una ama de llaves lo vio en la cama, temblando, el día anterior.
La rápida y corta vida de Ungar ya ha inspirado una película, la poco vista ‘Stuey', con Michael Imperioli, en 2003. Graham King, productor de cine británico que respaldó ‘El Aviador' y ‘Traffic', compró los derechos de ‘One of a Kind'. Si Ungar estuviera vivo, dicen los amigos, no le sorprendería ver su vida convertida en un mito de Hollywood. De hecho, lo estaba esperando.
Sólo tenía un problema, dijo Mike Sexton: "Stuey siempre decía: ‘Sí, pero ¿hay tipos guapos que puedan hacer mi papel?'"

27 de septiembre de 200526 de junio de 2005
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"

paraíso artificial en irán


[Karl Vick] La desesperación empuja hacia arriba el consumo de drogas.
Teherán, Irán. Si pudiera pagarla, Ali Nariman bebería cerveza, dice. Pero como la mayoría de los iraníes, es pobre, así que se consuela con una pequeña bola gris de opio.
Ingerida entera para tener una absorción máxima, la bola sólo toma media hora en proporcionar el cálido, repentino alivio que los habitantes de la meseta persa han relacionado siempre con la vejez. Durante siglos en Irán el opio era considerado como un privilegio de los viejos, un desahogo en gran parte medicinal para los dolores y preocupaciones acumuladas durante una vida de trabajo.
Nariman tiene 18.
Y como cientos de miles de iraníes que se vuelcan hacia narcóticos cada vez más fuertes a edades más tiernas, considera las drogas como la única alternativa al trabajo.
"Deberíamos tener trabajo", dijo Nariman, parado en el inmenso cementerio en el lado sur de Teherán. En una rutina que se realiza todos los jueves, el día en que las familias visitan tradicionalmente el cementerio, dedicado en gran parte a los muertos en la guerra, los jóvenes adictos lo recorren después para recoger las golosinas y dátiles que quedan en las tumbas.
"A veces encuentro trabajo", dijo Nariman, "recogiendo mendrugos en el centro".
De acuerdo al Informe Mundial sobre las Drogas 2005 de Naciones Unidas, Irán tiene la proporción más alta de adictos en el mundo -2.8 por ciento de la población por sobre los 15 años. Sólo otros dos países -Mauricio y Kirguistán- superan la marca del 2 por ciento. Con una población de unos 70 millones de habitantes, y algunas agencias de gobierno calculan el número de usuarios regulares de drogas cerca de los 4 millones, Irán no tiene realmente competencia como líder mundial en la adicción per cápita a las opiatos, incluyendo la heroína.
Cuando un terremoto devastó la ciudad de Bam en 2003, entre los suministros de emergencia se incluyeron dosis de metadona, una droga sintética usada para tratar a los adictos a la heroína y morfina, para el 20 por ciento o más de la población que se cree que es adicta. Tantos iraníes dependen de los opiatos que un influyente analista de gobierno sugiere que el estado mismo debería cultivar la amapola.
"Sí", dijo Azarakhsh Mokri, director del Centro Nacional Iraquí para Estudios sobre la Adicción: "Una reserva estratégica de narcóticos".

Precios Más Baratos
Pero si el uso de narcóticos tiene su origen en la antigua cultura iraní, y los precios con descuento (cerca de 5 dólares por un gramo de heroína, de 50 por ciento de pureza) se derivan de la proximidad de las plantaciones de amapola en el vecino Afganistán, expertos, adictos y funcionarios de gobierno están de acuerdo que últimamente la adicción a las drogas ha emergido como un nuevo síntoma corrosivo del fracaso económico del país, un indicador de desesperación.
"No tienes trabajo. No tienes familia. No tienes con qué divertirte", dijo Amir Mohammadi, 30, que ha sido un adicto durante 10 años. "Durante unas horas te olvidas de todo".
La heroína, un potente derivado del opio, se está extendiendo entre los jóvenes cuyo camino hacia las drogas se deriva normalmente por las decepciones en el mercado de trabajo. Un sondeo del gobierno muestra que casi un 80 por ciento de los iraníes detectan una relación directa entre el desempleo y la drogadicción. El gobierno de Irán no ha logrado producir el millón de puestos de trabajo que se necesitan para acomodar a los nuevos trabajadores que entran a la fuerza de trabajo cada año de un boom de la natalidad que todavía está creciendo.
"Todavía no llegamos a la cima", dijo Roberto Arbitrio, director de la Oficina contra Drogas y Crimen de Naciones Unidas en Teherán. "Desgraciadamente, todavía puede subir".
Después de que el gobierno teocrático llegara al poder en 1979, desplegó tolerancia cero hacia las drogas, atiborrando las cárceles de presos. "Hemos pagado un alto precio", dijo Ali Hashemi, director de la Sede de Control de Drogas del gabinete.
Tras adoptar políticas más pragmáticas, Teherán ha proporcionado una sorprendente libertad para el tratamiento de desintoxicación, subsidiando el canje de jeringas y centros de metadona. El gobierno también ha fundado enérgicas campañas para restañar el flujo de opiatos en las rutas de narcotráfico en el país. En la última década, miles de soldados y agentes de policía iraníes han muerto peleando contra los contrabandistas, la mayoría a lo largo de las porosas fronteras con Afganistán y Pakistán.
"Nuestra gente en Irán han estado en la primera línea de esta guerra contra las drogas", dijo Hashemi. Sin embargo, a pesar de evidencias tan manchadas de sangre, las drogas son tan prominentes que muchos iraníes describen su disponibilidad como una conspiración del gobierno. Después de los motines estudiantiles en la Universidad de Teherán en 1999, los residentes de un dormitorio clausurado contó que se permitía que los vendedores de drogas distribuyeran gratuitamente sus narcóticos.
"Creo que es una medida del estado, hacer que la juventud se enganche a las drogas", dijo Hamid Motalebi, 22, agente de policía de servicio en un parque al sur de Teherán casi superado por jonquis que duermen en el césped o pasan tambaleando como zombis. "Es la falta de una política y de un programa. Si crearan suficientes trabajos, suficiente diversión, ¿se volvería la gente hacia las drogas?"
La Sociedad Aftab, un centro de rehabilitación, se encuentra junto a una ajetreada calle hacia el borde norte de la ciudad capital donde las fortunas tienden a conformarse a la geografía. Mientras más al norte vives, más rico eres. Los clientes de Aftab son suficientemente ricos como para pagar las camas en un pabellón de desintoxicación en el primer piso, en oficinas en las que los pacientes externos se reúnen dos veces a la semana para sesiones de terapia de grupo.
"Los que vienen acá son generalmente educados", dijo Nassrin Tehrani, un director de la Sociedad Aftab. "Ponte en su lugar. Si has estudiado, tienes altas expectativas. Cuando esas expectativas no se cumplen, la primera reacción es la depresión. Después de eso empieza el uso de drogas".
En una sesión vespertina, 18 hombres y mujeres asintieron mientras un hombre barbudo de edad mediana hacía la lista de los síntomas de abstinencia: dolor en las articulaciones, agresión, insomnio.
"Pero superé todo eso", dijo el hombre, "porque encontré un trabajo".
Unos kilómetros al sur, en las amplias calles del viejo centro de Teherán, los taxistas y otros adictos de clase trabajadora hacen cola para la distribución de metadona gratis en un imponente edificio del gobierno. El Centro Nacional de Estudios sobre la Adicción trata en general con adictos que han estado ingiriendo opio durante años mientras que funcionan esencialmente de manera normal. Mokri, el director del centro, compara este tipo de uso, llamado "uso instrumental", con la masticación de la hoja de coca en América del Sur o una fuerte adicción a la nicotina.
Pero para la sociedad iraquí el precio está subiendo. Mokri calcula que un 20 por ciento de la población adulta de Irán está "de algún modo involucrada en el abuso de drogas". El cálculo incluye a medio millón de vendedores, que venden cada uno a tres o cuatro personas, con un coste total de 3 a 5 billones de dólares al año. El problema ha alcanzado proporciones que sólo se pueden abordar en términos de gestión, dijo.
"Creo que el sistema de dependencia de los narcóticos se ha convertido en algo tan grande que deberíamos tratar de entrar en él antes que destruirlo", dijo Mokri. Este año lanzó un programa de entrega de tinturas de opio bajo la forma medicinal que prescribían los médicos hace un siglo, cuando Irán cultivaba sus propias amapolas. Dijo que el país debía considerar hacer eso de nuevo, bajo supervisión de Naciones Unidas, para prevenir una repetición de los acontecimientos de hace cinco años.
Mientras existió un suministro estable de opio, el problema de las drogas de Irán fue relativamente estable. Pero cuando el gobernante movimiento talibán de Afganistán redujo la producción de amapola en 2000 y 2001, los precios se fueron a las nubes. Muchos adictos se cambiaron a la heroína, que se convirtió en la alternativa pagable.
"Lo que pasó es que una sociedad más o menos acostumbrada a vérselas con el opio, de repente se vio inundada de opiatos, heroína, hachís", dijo Arbitrio, el funcionario de Naciones Unidas.

Huyendo de la Realidad
La heroína -y el modo en que hacía olvidar la ansiedad instantáneamente cuando se la inyectaba- se apoderó con especial ferocidad de los jóvenes, que constituyen la mayoría de los más de 200.000 adictos.
"El opio no nos dice nada. Es para la gente vieja", dijo Fariboorz Koocheki, 29, en el parque de los jonquis. "Para nosotros, la droga es la heroína. Y los más jóvenes usan crack y cristal", anfetamina en la jerga, las drogas sintéticas más comunes que se hacen populares en Irán.
"El opio es usado principalmente como analgésico o medicina", dijo Koocheki. "Pero la heroína ayuda a escaparte de la realidad, de los hechos. La juventud quiere algo que los ayude a escapar de la realidad de todos los días, y eso es la heroína".
Para mucha gente joven en Irán, una realidad de la vida cotidiana es el salvaje tedio. Aunque las reglas que imponen la tenida musulmana se han relajado en los últimos tres años, hay poco que hacer, incluso en una ciudad de unos 10 millones de habitantes. El silencio de una calle de Teherán un fin de semana es casi sepulcral.
"Aquí la gente no puede beber en un bar. La gente joven no puede ir a una discoteca", dijo Bijan Nasirimanesh, director de Persépolis, un centro de rehabilitación. "Lo paradójico en este país es que lo que viene desde dentro es totalmente religioso, y desde fuera, es MTV y la cultura occidental".
Ubicada en un callejón en el llano al sur de Teherán, Persépolis se ocupa de los adictos más recalcitrantes de la capital en su barrio más pobre, una conejera gris de tiendas, garajes y casas en hileras. Entre las docenas de ex adictos a la heroína dando vueltas en la recepción una mañana, estaba Davood Safdari, que dijo que antes vendía drogas.
"Nunca tenía que recurrir a nadie", dijo. "Todo el mundo llegaba a buscarme".
Bahman Akbarizadeh, 25, llevaba una camisa gris y una intensa mirada. "Creo que si la gente tuviera esperanzas y diversión en sus vidas, nunca usarían heroína, porque conocen los riesgos".
Un puñado de mujeres intercambiaban historias sobre hábitos que surgieron de matrimonios convenidos y de parejas adictas. Un ex levantador de pesas dijo que una dosis de heroína le cuesta menos que un bocadillo. Se hablaba de una nueva droga sintética llamada ‘Lágrima de Dios'.
"En la esfera social", dijo Mehdi Golpaygani, el médico general que examina a todos los nuevos clientes de Persépolis y constató que un 68 por ciento empezó a usar drogas antes de los 20, "estamos desesperados".
En el inmenso Cementerio de los Mártires, que está ubicado al lado sur de Teherán, Nariman culpó a la revolución de 1979 de que la mayoría de los enterrados en el cementerio murieran en la guerra de ocho años contra Iraq.
"Fue un disparate", dijo. Señaló hacia Nader Roosh, un niño de la calle de 15 años que duerme en las noches en el santuario del ayatollah Ruhollah Khomeini, el venerado clérigo que dirigió una rebelión anclada en la justicia social. Nariman dijo que no vio evidencias de esos cambios.
"Los chicos en el norte pueden beber alcohol. Tienen suficiente dinero", dijo. "Pero en el sur, sólo tenemos dinero para drogas".

24 de septiembre de 2005
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púgil muere tras match


[Steve Springer] Leavander Johnson, 35, fue operado tras derrumbarse a la puerta de su camerino después de una pelea por el título de peso ligero el sábado en Las Vegas.
El boxeador Leavander Johnson murió el jueves en la tarde en el Centro Médico Universitario de Las Vegas, cinco días después de sufrir una lesión cerebral mientras defendía su título de peso ligero contra Jesús Chávez en la MGM Grand Garden Arena.
Johnson, 35, nativo de Atlantic City y padre de cuatro, había salido del ring por sus propios medios pero se derrumbó a la puerta de su camerino. Llevado a toda prisa al hospital, donde le diagnosticaron un hematoma subdural, Johnson fue intervenido inmediatamente durante 90 minutos para disolver un enorme coágulo que presionaba sobre su cerebro.
"Era un chico maravilloso", dijo el promotor de Johnson, Lou DiBella, llorando mientras hablaba. "Un púgil de toda la vida. Por horrible que sea, el chico murió haciendo lo que le gustaba, murió como campeón. Los niños pobres pelean para salir de la pobreza. Este es un chico que pudo haber vivido en la calle, pudo haber muerto en la calle. Pero en lugar de eso murió después de realizar su sueño".
Las prospectivas de recuperación de Johnson subieron y bajaron según su condición. William Smith, el cirujano que operó al púgil, dijo que, luego de ser admitido Johnson en el hospital, "no creía que fuera a sobrevivir... Era un enorme coágulo".
La fuerza de los golpes habían movido el cerebro de Johnson de un lado de su cráneo a otro, de acuerdo a Smith. El cirujano dijo que la tasa de supervivencia de casos de esa naturaleza era de 15 por ciento.
Sin embargo, el domingo se constató una notable mejoría, de acuerdo a Smith. La hinchazón del cerebro de Johnson se había reducido dramáticamente. El púgil fue colocado en un coma inducido médicamente para minimizar los movimientos y maximizar la reducción de la hinchazón.
Pero a medida que pasaba la semana, la presión sobre el cerebro de Johnson fue muy inestable. Desarrolló problemas de riñón.
El jueves temprano, la familia de Johnson fue informada que la muerte podría sobrevenir en una hora.
Los Johnson se reunieron una vez más, y su condición se estabilizó.
Finalmente, a las 4 de la tarde, fue declarado muerto.
Chávez había enganchado 409 golpes en la pelea, incluyendo 229 golpes potentes antes de que el referí Tony Weeks interviniera y parara el match a los 38 segundos del onceavo asalto.
La médico de turno junto al ring, Margaret Goodman, subió al ring al final del décimo asalto para controlar el estado físico de Johnson, pero dijo que vio constató signos de que no debería continuar. El padre de Johnson, Bill, estaba en su esquina como su preparador y su hermano Craig, que hacía de agente, estaba junto al ring. Ambos dijeron que se preocuparon al principio de la pelea pero tomaron en cuenta la historia de Johnson como un camorrero que estaba siempre dispuesto a darse de puñetazos con sus rivales.
Aunque no hizo comentarios después de su muerte, antes en la semana Bill Johnson contó sobre una conversación que tuvo con su hijo durante la pelea.
"Después del octavo round", recordó Bill, "le dije: ‘Leavander, ¿qué está pasando? Te han dado unos golpes duros. ¿Quieres que pare la pelea?' Me dijo: ‘No, no, lo voy a cansar, me voy a acercar'. Le dije: ‘Bueno, tienes que mostrarme que puedes hacerlo, de otro modo voy a parar la pelea'".
Bill dijo que vio progresos. Fue sólo en el onceavo asalto, cuando vio a su hijo derrumbado contra las cuerdas y con las piernas doblándosele, que Bill se alarmó. Y para entonces, Weeks se acercaba a parar la pelea.
"Es una tragedia verse involucrado en algo como esto", dijo Richard Scheafer, que gestiona Golden Boy Promotions, que organizó el evento del sábado.
"Es muy triste. Esperábamos que ganara la pelea más importante, la pelea por su vida. Estaba en manos de Dios".
Cuando Schaefer recibió la llamada de DiBella informándole sobre la muerte de Johnson, DiBella tenía un mensaje para de Bill Johnson para Chávez, un púgil de Golden Boy.
"Quería que Jesús supiera", dijo Schaefer, "que no debería sentir que es culpa suya. Bill Johnson le dijo a Jesús que mantuviera la cabeza en alto, defendiera su título y fuera un buen y orgulloso campeón".Esas palabras no lograron consolar a Chávez, de acuerdo a Schaefer.
"Está destruido, devastado", dijo Schaefer. "Todos lo estamos. Es un sentimiento de increíble impotencia porque no hay nada que podamos hacer por Leavander".
Chávez no habló con la prensa el jueves. Óscar De La Hoya, presidente de Golden Boy, tenía gripe y no hizo comentarios.
Marc Ratner, presidente de la Comisión Atlética del Estado de Nevada, se enteró de la muerte del púgil cuando hacía una de sus visitas periódicas a Johnson, que había estado en cuidados intensivos desde su llegada al hospital.
"Mis condolencias para la familia", dijo Ratner. "Estamos todos devastados por su muerte. Yo estaba muy optimista con Leavander, pero con cautela. Esto rompe nuestros corazones. Es simplemente un shock. No debería estarlo, pero lo estoy".
Entonces Ratner intentó llamar a los cinco miembros de la comisión de Nevada para informarles de la muerte de Johnson.
Johnson, que subió al ring con un récord de 34-4-2 y 26 knockouts en una carrera que empezó en 1989, había peleado tres veces por un título importante y perdido las tres hasta que paró a Stefano Zoff en el séptimo asalto por knockout técnico en Milán, Italia, en junio, y ganó el campeonato vacante de peso ligero de la Federación Internacional de Boxeo.
El match contra Chávez era su primera defensa del título.
Johnson es la séptima víctima fatal en el boxeo en Nevada desde 1982, de acuerdo a Ratner. Dos de los casos más publicitados fueron las muertes de Duk-Koo Kim en un match en 1982 contra Ray ‘Boom Boom' Mancini y la de Jimmy García en una pelea en 1995 contra Gabriel Ruelas.
Johnson es el cuarto púgil este año que sufre un hematoma en el ring en Nevada. Martín Sánchez murió después de una pelea en julio. Otros dos sobrevivieron.
En mayo un match entre Brian Viloria y Rubén Contreras en Staples Center terminó con una grave lesión cerebral de Contreras.
Después de la operación de urgencia, cinco semanas en un hospital y cinco más en un centro de rehabilitación, Contreras ha recuperado gran parte de su lucidez y control muscular.
"Tendremos que ver si podemos hacer algo", dijo Scheafer. "Todos los promotores nos reuniremos para ver si hay avances médicos que permitan minimizar estas tragedias".
En una declaración DiBella dijo que "deben instituirse e implementarse regulaciones de seguridad y sanitarias uniformes y nacionales" para el boxeo.
DiBella está creando un fondo para los cuatro hijos del boxeador.

24 de septiembre de 2005
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para qué sirve el orgasmo


[Dinitia Smith] Sin orgasmo, el hombre no eyacula. ¿Para qué sirve en las mujeres?
Los científicos evolucionistas no han tenido nunca dificultades a la hora de explicar el orgasmo masculino, estrechamente relacionado a la reproducción.
Pero la lógica darwiniana detrás del orgasmo femenino sigue siendo elusiva. Las mujeres pueden tener relaciones sexuales e incluso quedar embarazadas -haciendo su parte para la perpetuación de la especie- sin vivir un orgasmo. Así que, ¿cuál es su propósito en la evolución?

En las últimas cuatro décadas los científicos han presentado una variedad de teorías, diciendo, por ejemplo, que el orgasmo estimula a las mujeres a tener sexo y, por eso, a reproducirse o que lleva a las mujeres a preferir a hombres más fuertes y sanos, maximizando las posibilidades de supervivencia de los vástagos.
Pero en un nuevo libro, la doctora Elisabeth A. Lloyd, profesora de epistemología y biología en la Universidad de Indiana, analiza 20 teorías importantes y demuestra sus carencias. El orgasmo femenino, dice en el libro ‘El caso del orgasmo femenino: Prejuicios en la ciencia de la evolución' [The Case of the Female Orgasm: Bias in the Science of Evolution], no tiene ninguna función en absoluto en la evolución.
Más bien, Lloyd dice que la teoría más convincente fue propuesta en 1979 por el doctor Donald Symons, antropólogo.
Esa teoría sostiene que el orgasmo femenino es simplemente un artefacto -un subproducto del desarrollo paralelo de los embriones masculinos y femeninos en las primeras ocho o nueve semanas de vida.
En ese temprano período, los nervios y tejidos musculares se determinan para varios reflejos, incluyendo el orgasmo, dijo Lloyd. A medida que avanza el desarrollo, las hormonas masculinas saturan el embrión, y se define la sexualidad.
En los niños se desarrolla el pene con el potencial de tener orgasmos y eyacular, mientras que las "mujeres reciben sus tejidos nerviosos para el orgasmo inicialmente teniendo el mismo plan corporal".
Las tetillas de los hombres son igualmente vestigios, indicó Lloyd.
Mientras los pezones de las mujeres tienen un propósito, las tetillas de los hombres parecen simplemente ser residuos de una fase inicial del desarrollo del embrión.
El orgasmo femenino, dijo, "es para divertirse".
Lloyd dijo que los científicos habían insistido en encontrar una función evolutiva del orgasmo femenino en los humanos sea porque tenían intereses creados en creer que la sexualidad de las mujeres debía correr exactamente paralela a la de los hombres o porque estaban convencidos de que todas las características debían ser "adaptaciones", eso es, cumplir alguna función evolutiva.
Las teorías sobre el orgasmo femenino son significativas, agregó, porque "las expectativas de los hombres sobre la sexualidad normal de las mujeres, sobre cómo deben funcionar las mujeres, se construyen en torno a esas nociones".
"Y los hombres son los que responsabilizan inmediatamente a la mujer de su adecuación sexual", continuó Lloyd.
Fundamental para su tesis es el hecho de que las mujeres no tienen automáticamente orgasmos durante el intercurso sexual.
Ella estudió 32 estudios, realizados en un lapso de 74 años, sobre la frecuencia del orgasmo femenino durante la relación sexual.
Cuando la relación no era "asistida", esto es, no era acompañada de estimulación del clítoris, apenas un cuarto de las mujeres del estudio experimentaron orgasmos a menudo o muy a menudo durante el intercurso, concluyó.
Entre un 5 a 10 por ciento no tenía orgasmos. Sin embargo, muchas mujeres quedaron embarazadas.
Las cifras de Lloyd son más bajas que las del doctor Alfred A. Kinsey, que en su libro de 1953, ‘Conducta sexual de la mujer' [Sexual Behavior in the Human Female], halló que de 39 a 47 por ciento de las mujeres dijeron que ellas siempre, o casi siempre, experimentaban orgasmos durante el intercurso sexual.
Pero Kinsey, dijo Lloyd, incluía orgasmos que eran asistidos por estimulación del clítoris.
Lloyd dijo que no había ninguna duda para ella que el clítoris era una adaptación evolutiva, seleccionada para crear una excitación conducente a la relación sexual y a la reproducción.
Pero, "sin un vínculo con la fertilidad o la reproducción", dijo Lloyd, "el orgasmo no puede ser una adaptación".
No todo el mundo está de acuerdo. El doctor John Alcock, por ejemplo, profesor de biología en la Universidad del Estado de Arizona, criticó una versión anterior de la tesis de Lloyd, discutida en un artículo de 1987 de Stepehn Jay Gould en la revista Natural History.
En una entrevista telefónica, Alcock dijo que no había leído su nuevo libro, pero que todavía sostenía la hipótesis de que el hecho de que "no se experimentara un orgasmo cada vez que una mujer tiene una relación sexual no es evidencia de que no es una adaptación".
"Me pasma la noción de que el orgasmo tenga que ocurrir siempre para que sea una adaptación ", agregó.
Alcock postuló la teoría de que una mujer puede usar el orgasmo "como un modo inconsciente de evaluar la calidad del macho", su adecuación genética y así determinar su conveniencia como padre de sus hijos.
"Bajo esas circunstancias, no esperaríamos que ocurriera todo el tiempo", dijo Alcock.
Entre las teorías discutidas por Lloyd en su libro hay una propuesta en 1993 por los doctores R. Robin Baker y Mark A. Bellis, de la Universidad de Manchester en Inglaterra. En dos artículos publicados en la revista Animal Behaviour, argumentaron que el orgasmo femenino, al crear la succión en el útero, era un modo de manipular la retención de la esperma. Cuando una mujer experimenta un orgasmo antes de la eyaculación del hombre 45 minutos después, retiene más esperma, dijeron.
Además, adelantaron, cuando una mujer tiene una relación sexual con un hombre que no es su pareja habitual, es más probable que tenga un orgasmo en ese período inicial y así retener más esperma, haciendo que el embarazo sea más probable. Postulan que las mujeres buscan otras parejas sexuales para conseguir mejores genes para su descendencia.
Lloyd dijo que el argumento de Baker-Bellis estaba "distorsionado fatalmente porque su muestra es demasiado pequeña".
"En una tabla", dijo, "el 73 por ciento de los datos se basa en la experiencia de una persona".
Hace poco en un mensaje por correo electrónico, Baker escribió que el manuscrito de él y Bellis había "recibido una intensa apreciación de los colegas" antes de su publicación. Había sociólogos entre los lectores, dijo, y ellos observaron que algunas muestras eran pequeñas "pero consideraron que ninguna de esas cosas era fatal para nuestro artículo".
Lloyd dijo que los estudios ponían en entredicho la lógica de esas teorías. Una investigación del doctor Ludwig Wildt y sus colegas de la Universidad de Erlangen-Nuremberg en Alemania en 1998, por ejemplo, constató que en una mujer sana el útero sufre contracciones peristálticas durante el día en ausencia de relación sexual u orgasmo. Eso arroja duda, dice Lloyd, sobre la idea de que las contracciones del orgasmo afecten de algún modo la retención de esperma.
Otra hipótesis, propuesta en 1995 por el doctor Randy Thornhill, profesor de biología en la Universidad de Nuevo México y dos colegas, sostuvieron que era más probable que las mujeres tuvieran orgasmos durante una relación sexual con hombres con rasgos físicos asimétricos. Sobre la base de estudios previos sobre la atracción física, Thornhill dijo que la asimetría podía ser un indicador de adecuación genética.
Sin embargo, Lloyd dijo que esas conclusiones no eran viables porque "sólo cubren a una minoría de mujeres, el 45 por ciento, que dicen que, a veces sí, otras no, experimentan orgasmo durante la relación sexual".
"Excluye a las mujeres a los dos lados del espectro", dijo. "El 25 por ciento que dice que experimentan orgasmos en la relación sexual casi siempre y el 30 por ciento que dice que no lo experimentan nunca o rara vez bajo cualquier circunstancia".
En una entrevista telefónica, Thornbill dijo que no había leído el libro de Lloyd, pero que el hecho de que no todas las mujeres experimentaran orgasmo durante la relación sexual apoyaba su teoría. "Existen patrones del orgasmo diferentes con hombre preferidos y no preferidos", dijo.
lloyd también criticó el trabajo de Sarah Blaffer Hrdy, profesora emérita de antropología de la Universidad de California, en Davis, que estudia la conducta de los primates y las estrategias reproductivas de las hembras.
Los científicos han documentado que el orgasmo ocurre en algunas hembras primates; en otros mamíferos el orgasmo es una pregunta abierta.
En el libro de 1981 ‘La mujer que nunca evolucionó' [The Woman That Never Evolved], la doctora Hrdy sostiene que el orgasmo evolucionó en primates no humanos como un modo, de la hembra, de proteger a su descendencia de la depredación de los machos.
Señala que los monos langures tienen una alta tasa de mortalidad infantil, con un 30 por ciento de decesos debido a que los bebés son matados por los machos que no sus padres. Los machos langures, dice, no matan a los bebés de las hembras con las que han copulado.
En los macacos y los chimpancés, dijo, las hembras están condicionadas por las sensaciones placenteras de la estimulación del clítoris para copular con parejas múltiples hasta que experimentan un orgasmo. Así, los machos no saben qué crías son las suyas y cuáles no y no les atacan.
Hrdy también rechaza la idea de que el orgasmo femenino sea un artefacto del desarrollo temprano paralelo de los embriones masculinos y femeninos.
"Estoy convencida", dijo, "de que la selección del clítoris está separada de la del pene en los machos".
Al criticar la visión de Hrdy, Lloyd disputa la idea de que los períodos más largos de la relación sexual conducen a una mayor incidencia de orgasmos, algo que si es verdad, puede proporcionar una racional evolutiva para el orgasmo femenino.
Pero Hrdy dijo que su trabajo no implicaba nada en absoluto para el orgasmo femenino de los humanos. "Mi hipótesis es silenciosa", dijo.
Una posibilidad, dijo Hrdy, es que el orgasmo en las mujeres pueda haber tenido una función adaptativa en nuestros ancestros prehumanos.
"Pero nos separamos de nuestros ancestros primates comunes hace unos 7 millones de años", dijo.
"Quizás la razón por la que el orgasmo es tan errático es que se está acabando", dijo Hrdy. "Nuestros descendientes en las naves espaciales se preguntarán luego a cuento de qué venía todo el barullo".
La cultura occidental está imbuida de imágenes de la sexualidad femenina, de mujeres en los espasmos de la relación sexual y alcanzando aparentemente cumbres de placer que parecen raros, sino imposibles, para la mayoría de las mujeres en sus vidas día a día.
"Las versiones de nuestro pasado evolutivo nos dicen cómo funcionan las varias partes de nuestro cuerpo", dijo Lloyd.
Si a las mujeres, dijo, se les dice que es "natural" tener orgasmos toda vez que se tiene una relación sexual y que los orgasmos las ayudarán a quedar embarazadas, entonces se sentirán inadecuadas o inferiores o anormales cuando no lo experimentan.
"Poner de pie la teoría de la evolución acarrea potencialmente serias consecuencias sociales y políticas para las mujeres", dijo Lloyd. "E indirectamente para los hombres".

22 de septiembre de 2005
17 de mayo de 2005
©new york times
©traducción mQh

estacionamiento con sexo


[Corey Kilgannon] De camino a casa.
Hay un angosto estacionamiento en el Parque Cunningham en Queens rodeado de canchas de softball para adultos y fútbol y baloncesto juveniles. A un extremo del terreno, se reúnen los jubilados a practicar golf y madres en minifurgonetas esperan a sus pequeños deportistas.
El otro extremo es popular en otro círculo de perfil más bajo en este paisaje suburbano: homosexuales que buscan sexo. Su campo de acción es el estacionamiento mismo y el objetivo es un encuentro sexual, normalmente rápido y anónimo.

Manhattan puede tener sus bares gays y lugares de encuentro tradicionales como el bosque en el paseo arbolado [Ramble] en Central Park y los muelles del West Village. Pero en el clima menos que tolerante de los suburbios y los municipios fuera de Manhattan, los homosexuales a menudo recurren a cortejarse unos a otros en la relativa seguridad y privacidad de sus coches. Recorren aparcaderos alejados que se convierten en puntos de encuentro bien conocidos en círculos homosexuales, pero desconocidos por el público general.
Los sitios en Long Island incluyen la Two Mile Hollow Beach, en Hampton del Este, el estacionamiento Field 6 en Jones Beach, una parada de descanso cerca de la Salida 52 de la Autopista de Long Island y el aparcadero con transporte público en la Ruta 110 en Melville. Cada uno tiene sus propias normas y a menudo tienen su propio protocolo, desde la posición en el aparcadero hasta el encendido de los focos o intermitentes como llamadas de cortejo.
El estacionamiento en Queens parece especialmente popular entre hombres que llevan vidas ostensiblemente heterosexuales pero que visitan el lugar para tener sexo porque es rápido, fácil y secreto, dicen los habituales. El estacionamiento, junto a la Hollis Hills Terrace al sur de la Avenida 73 en Queens Village, está cerca de varias autopistas importantes y su ubicación ayuda a hacerlo popular entre hombres que viajan diariamente entre la Ciudad de Nueva York y los suburbios, donde a menudo poseen una casa, una hipoteca, una esposa e hijos.
"La gran mayoría de los hombres que vienen aquí son casados", dijo un usuario del estacionamiento de larga data que como otros hombres entrevistados allá recientemente no usaron sus nombres por temores que van desde la vergüenza hasta el miedo a ser agredido como homosexual.
"No creerías la cantidad de homos que hemos visto aquí con anillos de matrimonio, sillitas de bebé en el coche y todo tipo de juguetes en el coche. Van en camino a casa y no quieren verse envueltos en una relación o participar en círculos sociales homosexuales. No invitan a nadie en los bares ni visitan bares homosexuales. Simplemente le dicen a sus esposas: ‘Cariño, está noche volveré algo más tarde'".
Los parroquianos dicen que los hombres casados disfrutan del riesgo y descaro del sexo semi-público, que significa normalmente sexo oral en sus coches u otro tipo de encuentros sexuales en el bosque cercano.
"Algunos no tienen sexo en casa", agregó el hombre. "Algunos dicen: ‘Ni siquiera soy homo. Simplemente estoy aburrido'".
La escena es casi siempre la misma después de las 9 de la noche, cuando se cierra oficialmente el estacionamiento. El angosto espacio tiene dos largas hileras de plazas de aparcadero en los que los hombres estacionan hacia atrás, formando dos hileras de coches frente a frente con un paseo entre ellos.
Los recién llegados pasan por el paseo mientras los otros observan y escudriñan a los otros hombres en los coches, que pueden asomarse y mostrar interés o cerrar la ventana y desviar la vista. Luego, en un dramático parada, el conductor colocará su coche junto al del hombre que le agrada.
Tiene todo el aire de un posicionamiento deliberado, los movimientos y cambios de un juego de ajedrez. El estacionamiento es una pecera y la acción se desarrolla todos los días, como una telenovela. Algunos usuarios antiguos que son abiertamente homosexuales, disfrutan de reunirse a mirar y comentar las excursiones y súplicas que ocurren. El estacionamiento sirve a los solitarios igual que los lascivos, dicen, a buscar amistad y un lugar donde reunirse y socializar.
"Hay tanta soledad entre los homosexuales", dijo un parroquiano del aparcadero. "Un montón de tipo simplemente necesitan a alguien con quien hablar".
El uso del estacionamiento como un paseo homosexual se remonta a los años sesenta, dijeron varios hombres maduros. "Yo pasé aquí los días felices de mi juventud", dijo uno. "Entonces este lugar era un paraíso".
En cuanto el sexo, los habituales dicen que ellos prefieren el estacionamiento a los bares homosexuales porque allí no hay tantas drogas o alcohol y se es más honesto sobre las enfermedades transmitidas sexualmente. Muchos habituales dicen que ellos se marchan juntos o a un motel, porque la fuerte presencia policial hace que tener sexo en el coche o en el bosque sea demasiado arriesgado. Sin embargo, agregan que para algunos, este riesgo sólo aumenta la excitación y encanto del sexo en el lugar.
"No creerías si te digo qué tipos vienen aquí", dijo un hombre de 50, de Queens, que repara calderas y es un visitante habitual. "Vienen jueces, doctores, abogados, bomberos, polis, enfermeros. Son tíos con vidas completamente normales, casados, con buenos trabajos".
Otro grupo de usuarios del estacionamiento es mucho más reacio a hablar sobre el paseo. Estos hombres empiezan a llegar después de las 5 de la tarde, con camisa y corbata, en todoterrenos y elegantes coches deportivos. Tienden a ser un poco nerviosos. A veces sus coches tienen ventanas opacas. Por lo general, se niegan a hablar sobre el estacionamiento con periodistas o dicen simplemente que han venido a leer un libro o relajarse en sus coches.
Mientras que la mayoría de los lotes están alejados de la vista pública, el de Queens está oculto a plena vista. El estacionamiento puede ser encontrado en sitios en internet que publican listados de paseos gay, incluyendo uno que lo describe como un "estacionamiento crucero" que "parece lo suficientemente seguro y privado".
La actividad parece no ser advertida por los que no participan. Incluso los jugadores de softball que llegan después del trabajo y se cambian de camisa junto a sus coches parecen no darse cuenta de la maravillada audiencia que cautivan, ya que la mayoría de los hombres gay no se bajan de sus coches.
Cuando se le preguntó sobre el estacionamiento, el presidente de Amigos del Parque de Cunnigham, Marc A. Haken, dijo que no sabía "absolutamente nada" de que hubiera alguna actividad sexual allá.
Haken dijo que hace algunos años había un conocido punto de encuentro en otro estacionamiento, más adentro en el parque, y que muchos participantes a menudo se retiraban al bosque para sus encuentros sexuales.
"A veces veías a un tipo sentado en un coche y luego aparecía otra cabeza, o se veían en el bosque y tenían sexo allí", dijo. El estacionamiento fue reservado en los últimos años para vehículos oficiales, dijo, y agregó: "Supongo que fue entonces que ellos-odio decir ‘ellos', pero no sé cómo decirlo- se mudaron al otro".
Dijo que no han habido quejas de parte de usuarios del parque ni de residentes.
"Pero no creo que un niño que pase por el estacionamiento en camino a la cancha de fútbol deba ver a unos tipos teniendo sexo oral en un coche", dijo. Una noche reciente, una media docena de madres estaba allí charlando, mientras esperaban que sus hijos terminaran un partido de fútbol. A un tiro de piedra, un grupo de hombres gay comentaban el intento de un hombre recorriendo el estacionamiento en un sedán de color canela, de seducir al guapo del todoterrenos negro aparcado, con ventanas opacas, para que lo siguiera.
"El tipo en el coche marrón es un perro, está siempre por aquí", dijo uno. "Yo nunca vi antes el coche negro. Pero, espera, se va a parar junto a él a ver qué pasa". Poco después, el hombre del sedán color canela se metió al todoterrenos y se cerraron las ventanas.
"Uh, está entrando", dijo el narrador. "Allá vas, muchacha".
Mientras que las reuniones homosexuales adquieren muchas formas en un Queens tan diverso étnicamente, desde el ambiente en el Parque Astoria a los bares gay que atraen a sud- y centroamericanos en Jackson Heights, muchos grupos étnicos tienen severos tabúes contra la homosexualidad.
"La sociedad no nos acepta, y es difícil encontrar gente, sexual o socialmente", dijo un estudiante universitario de 42 años, de Queens, que visitaba el estacionamiento. "Sabes, no todos los homosexuales viven en Manhattan y corren en grupo como en ‘Queer Eye for the Straight Guy' [http://www.lavox.com/voxsex/07-16-2003.php].

21 de septiembre de 2005
©new york times
©traducción mQh


simpática, lista, guapa


[Stephanie Rosenbloom] Esa chica te hace perder la cabeza.
La mujer de largo pelo negro sacudía su cara pálida mientras bailaba punk rock en el bar. Parecía ser el alma de la fiesta. No sabía que estaba causando un enamoramiento femenino. Susan Buice la estaba mirando, y estaba locamente prendida.
Buice, 26, y la bailarina (en realidad, una diseñadora de ropa) vivían casualmente en el mismo edificio de apartamentos de Brooklyn, de modo que Buice, cineasta, pudo más tarde absorber muchos otros aspectos del escurridizo, aunque femenino estilo de su vecina: sus collares de oro, sus chaquetas a medida, su gafas de sol oscuras y grandes, y su perfume Christian Dior.
"A su lado me pongo nerviosa inmediatamente", dijo Buice. "Empiezo a tartamudear, y es absolutamente porque pienso que es super simpática".
Buice, que vive con su novio, llama a su atracción un enamoramiento femenino, una frase que muchas mujeres en los veinte y treinta usan en la conversación, publican en bitácoras en internet y leen en revistas. Se refiere a esa ferviente infatuación que desarrolla una mujer heterosexual por otra que parece inverosímilmente sofisticada, talentosa, guapa o competente. Y mientras un enamoramiento femenino no es, en su definición informal, de naturaleza sexual, los sentimientos que desencadena -la excitación, nerviosismo, curiosidad- son muy parecidos a los que acompañan a los nuevos romances.
No es un fenómeno nuevo. Las mujeres, especialmente jóvenes, han tenido siempre esos sentimientos de admiración entre ellas. Los científicos sociales sospechan que esas emociones son parte de la naturaleza femenina, sentimientos que la evolución puede haber favorecido debido a que han contribuido a crear vínculos entre ellas y a trabajar en cooperación. Lo que es nuevo es la disposición de la actual generación a expresar su ardor francamente.
"Históricamente, hablar sobre ese tipo de sentimientos ha tenido altos y bajos", dice Paula J. Caplan, socióloga que este otoño enseñará sobre psicología del sexo y género en Harvard. Las mujeres no han sido tan francas en expresar sus enamoramientos durante varias generaciones, dijo Caplan.
El fenómeno no ha sido muy estudiado, pero algunos cientistas sociales dicen que están contentos de que ahora se discuta más, porque puede ser una ventana a la maduración emocional de la mujer.
"Es un poco como cuando estás en la escuela primaria, y te enamoras por primera vez de alguien", dice Leslie Hunt, 34, que dirige un programa de prácticas de arte en Nueva York y que una vez tuvo un arrebato tan fuerte con una mujer que se puso a sudar en su presencia.
Sin embargo, un enamoramiento es una forma relativamente suave de la infatuación. Hay gente que se ha matado por amor, dice Helen Fisher, antropóloga de la Universidad de Rutgers que escrito extensamente sobre el amor humano. Recordad Romeo y Julieta. Con un enamoramiento femenino, dijo Fischer, "no te matas porque no quiera saltar a la comba contigo". Por esa razón, los enamoramientos femeninos pueden proporcionar a las mujeres experiencias seguras y valiosas en las emociones amorosas.
Fisher, autora de ‘Why We Love: The Nature and Chemistry of Romantic Love', dijo que los enamoramientos femeninos son tan naturales como cualquier otro tipo de amor. Pero son románticos, sin ser sexuales. El amor y el deseo son impulsos distintos, dijo Fischer.
Este fue uno de los hallazgos que hicieron ella y sus colegas de Facultad de Medicina Albert Einstein y de la Universidad del Estado en Stony Brook cuando analizaron los escáneres cerebrales de personas entre los 18 y 26 años que estaban viviendo un nuevo romance. El amor y el deseo, se constató, se distribuyen en varias partes diferentes del cerebro.
"En el sistema cerebral el amor romántico está relacionado con la energía intensa, la energía focalizada, las cosas obsesivas -un puñado de características que puedes sentir no solamente hacia tu pareja", dijo Fischer, agregando que "hay muchas razones para pensar que las chicas se pueden enamorar de otras sin sentir nada sexual hacia ellas, sin la intención de casarse con ellas".
Wendy Lim, 26, estudiante de la Harvard Business School, tuvo esos sentimientos hace algo de un año cuando conoció a otra joven en un bar de Boston. La mujer era franca y extrovertida, y cuando terminó la noche, Lim quería desesperadamente volver a hablar con ella. "Recuerdo que al final de la noche le quería pedir su número de teléfono", dijo Lim, que se sentía cohibida de preguntárselo. "Yo no le pediría el número a un tipo".
Resultó que la mujer le pidió a Lim su número de teléfono. Las dos volvieron a verse y el enamoramiento de Lim floreció rápidamente en amistad, una amistad que las mujeres ahora valoran.
Los enamoramientos son normalmente efímeros, y a menudo la infatuación se convierte de este modo en amistad. Lisa Lerer, periodista, y Laila Hlass, estudiante de derecho, ambas de 25 y ambas de Nueva York, empezaron su amistad hace varios años con un enamoramiento mutuo. "Todavía estamos enamoradas", dijo Lerer, "pero el período de cortejo ya terminó".
Tammea Tyler, 28, subdirectora de los servicios de desarrollo infantil de la YMCA del Greater New York, tuvo un enamoramiento que parece como si pronto hará el cambio. El objeto de su infatuación es una colega, Denise Zimmer, alta personera de operaciones de gobierno, 48.
Tyler dijo que admira la inteligencia y entereza. "Conoce de verdad sus materias y hay algo casi sensual sobre eso", dijo Tyler. "Hay algo simplemente sensual y potente".
Zimmer, cuando una periodista le contó sobre los sentimientos de Tyler, dijo: "Yo estaba muy sorprendida. A veces, cuando no tienes una relación directa con alguien, realmente no sabes cómo te están mirando".
Y mientras Zimmer no dijo que hubiera un enamoramiento mutuo, dijo que piensa que Tyler es talentosa y experta y que "es excitante trabajar con alguien que tiene el mismo tipo de interés". Agregó: "Es respeto mutuo".
Una vez que se detecta el enamoramiento, puede cambiar la dinámica de la relación. "Creo que seré más sensible y más centrada en compartir cosas con ella de lo que la ayudaré a alcanzar algunas de sus metas", dijo Zimmer.
Sin embargo, a veces, un enamoramiento femenino es tan fuerte que transforma el objeto de afecto en algo incómodo, acabando con la posibilidad de la amistad.

Jane Weeks, 44, artista independiente y directora creativa de Trucktee, California, sabe lo que es ser el objeto de enamoramiento de otra mujer. Ha conocido a mujeres que han adoptado ansiosamente sus gustos en comidas y decoración interior, sus colores favoritos, hasta su peluquero. "Al principio es halagüeño que las inspires", dijo. "Pero cuando repiten como loros partes de ti misma, se convierte en extremadamente incómodo".
Weeks, una mujer de exteriores, ha caminado a través de los Andes desde Argentina a Chile, dijo que algunas mujeres están más enamoradas de lo que ella representa -"la elegancia del National Geographic"- que de ella misma. "Cuando estás en un pedestal, no hay otro camino que descender", dijo. "Y arriba es solitario. No puedes compartir tus flaquezas".
Pepper Schwartz, profesora de sociología en la Universidad de Washington y el experta en relaciones en PerfectMatch.com, dijo que había sido un objeto frecuente de enamoramientos -de sus estudiantes. Algunas lo dejan en evidencia llevando obsequios, incluyendo pendientes, flores e incluso poemas. Pero Schwartz no estimula a sus alumnas a que la miren con los ojos enturbiados. Preferiría que la pidieran ayuda sobre el desarrollo de sus carreras.
"Eres una heroína porque piensan que has hecho algo inimaginable, poderoso", dijo Schwartz. "Tu trabajo es mostrarles que ellos también poseen algo igualmente único".
Quizás la última vez que jóvenes mujeres estuvieron tan dispuestas a admitir su atracción por otras fue en el siglo 19. "Cuando Louisa May Alcott estaban escribiendo, las mujeres se escribían ese tipo de cartas", dijo Caplan. "Escribieron: ‘Te extraño desesperadamente. Me gustaría abrazarte y hablar contigo toda la noche'". Referirse a otra mujer como un enamoramiento femenino, dijo, es similar a la conducta de la gente en el siglo 19.
Pero esas expresiones apasionadas de afecto eran poco comunes, por ejemplo, en los años sesenta y setenta, cuando la homofobia era todavía más desatada que ahora, dijo Caplan. Las mujeres a menudo se mostraron incómodas a la hora de admitir los fuertes sentimientos que sentían por otras, temiendo que sus emociones fueran lésbicas, dijo. Y esas mismas mujeres, ahora mayores, todavía pueden sentir vergüenza de expresar sus emociones hacia otras. "Las mujeres de mi edad dirán más probablemente "yo adoro', o ‘aprecio', a mis amigas, no que estás enamoradas de una chica", dijo.
En cuanto a los hombres, en la medida en que sientan esas emociones entre ellos, Caplan dijo que es menos probable que los expresen que las mujeres. No son educados para mostrar sus emociones. "¿Un hombre hablando de emociones con otro hombre? Con eso se sonsacan los sentimientos homofóbicos de todo el mundo, y eso es porque no se supone que los hombres hablen de sentimientos en absoluto", dijo Caplan.
Susan Malsbury, 24, que vive en Brooklyn y es una agente de contrataciones para bandas, dijo que debido a que el enamoramiento femenino tiene el potencial se convertirse en una parte importante de una vida, no puede sino sentir un dejo de excitación cuando conoce a una mujer fascinante para agregar a su colección de enamoramientos.
"Son mejores que los enamoramientos masculinos", dijo Malsbury, con más de un dejo de malicia en sus palabras. "No tienes que romper con ellos después de dos semanas".

11 de agosto de 2005
©http://www.nytimes.com/2005/08/11/fashion/thursdaystyles/11CRUSH.html?8hpib=&pagewanted=all
©traducción mQh