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tras los pasos de sam spade


[Scott Martelle] En las calles de San Francisco, un padre y un hijo entran en el mundo del detective del ‘Halcón maltés'.
Afuera hacía frío. La lluvia había parado, pero la humedad se filtraba en nuestros huesos con el frío de la muerte. Caminamos desde nuestro hotel, pasando por Tenderloin, una tierra de nadie de mendigos desesperados, hasta el John's Grill, donde ocupamos una mesa junto a la ventana en el segundo piso y pedimos chuletas, patatas fritas y rodajas de tomate.
Esta fue la cena que pidió Sam Spade en el duro clásico ‘El halcón maltés'. No tuvimos que pedirle al camarero que se apresurara, como hizo Spade. No teníamos otro lugar donde ir. Comimos, nos reclinamos y esperamos a ver si un "hombre todavía joven con una gorra a cuadros ladeada sobre unos ojos pálidos" se acercaba a decirnos que el coche estaba listo para salir hacia Burlingame para rescatar a Brigid O'Shaughnessy.
No apareció ningún hombre con gorra. Sin embargo, el momento fue divertido.
En los 75 años que han pasado desde que Dashiell Hammett hiciera recorrer a su detective privado Sam Spade las calles de San Francisco, esta ciudad ha cambiado. Pero no tanto como para que los fans del ‘Halcón' no puedan encontrar al fantasma del socio de Spade, Miles Archer, sobrevolando "donde la calle Bush tocaba Stockton antes de deslizarse hacia abajo hacia Chinatown" -el callejón donde O'Shaughnessy le pegó un tiro.
Parte de la diversión con ‘El halcón maltés' es el énfasis de Hammett en los lugares tanto como en el personaje, haciendo trasladarse a Spade por hoteles, restaurantes y edificios de apartamentos observados en las rondas del escritor en los años veinte.
Don Herron, taxista, escritor ocasional y fanático de Hammett, ha estado organizando giras por el corazón de San Francisco desde los años setenta, mostrando el pasado, tanto real como ficticio. Un viernes en la tarde a mediados de marzo, mi hijo de 14, Michael, y yo, reservamos un breve paseo. (La versión larga cubre 5 kilómetros en cuatro horas). La neblina habría aumentado la diversión -Spade despertó una noche con el solitario eco de la sirena de niebla de Alcatraz-, pero nos tocó lluvia.
Empezamos en el Flood Building, donde Hammett trabajó intermitentemente desde 1915 a 1921 como detective de la Agencia Pinkerton. Herron nos hizo pasar por una pequeña exposición en el vestíbulo y salimos por la calle Ellis hacia el John's Grill, marcado por una placa y la silueta de un halcón en su toldo. Es el único restaurante donde comió Spade que todavía existe.

Qué Es un Nombre
‘El halcón maltés' empieza cuando O'Shaughnessy -utilizando un nombre falso- contrata a Spade y Archer para encontrar a su hermana localizando a Floyd Thursby, del que ella había dicho que estaba ayudando a la niña. Es una trampa; O'Shaughnessy, Thursby y tres otros quieren el halcón maltés, un estatua invalorable cuya superficie incrustada de piedras preciosas la oculta una capa de esmalte negro. Thursby y Archer son asesinados, y la persecución de Spade de los asesinos -y el halcón- sostiene la trama.
Mientras caminábamos, Herron nos señalaba sitios claves y detalles nuevos para nosotros. Por razones que siguen siendo poco claras, Hammett utilizó restaurantes reales en sus libros, pero puso seudónimos a los hoteles. En una misteriosa argucia, identificó el Hotel Palace, porque Spade comía ahí, aunque ningún personaje durmió en él.
O'Shaughnessy alojó primero en el hotel St. Mark, que los lectores atentos de la novela creen que es Westin St. Francis, que da a la Plaza de la Unión, y luego se mudo al apartamento 1001 de Coronet esquina de calle California. Herron indicó lo que algunos fans del ‘Halcón maltés' creen que es su ejemplo, los Apartamentos Catedral, un edificio de 19 pisos de color de arenisca que se eleva sobre la esquina de las calles Jones y California. Debido a que el edificio fue inaugurado después de la publicación del libro, y Hammet describió una ruta que sugiere que el verdadero Coronet estaba más al oeste, lo que no nos convence.
El personaje de los bajos fondos, Kasper Gutman, y su pistolero, Wilmer Cook, alojaron en el Alexandria, cuyo modelo sigue siendo oscuro, pero la mejor suposición es que fue el Sir Francis Drake, donde los bedeles de uniforme todavía forcejean con los maleteros y llaman taxis. El desconfiado conspirador Joel Cairo alojó en el Belvedere, que se cree es el Bellevue (ahora el Mónaco); está justo algo más arriba que el Teatro Geary, en cuya acera Spade se reunió con Cairo observado por los vigilantes ojos de Cook.
Después del Geary, nuestra empapada excursión continuó hacia el oeste, pasando por la esquina de Leavenworth (donde mataron a Thursby) antes de llegar al número 891 de la calle Post, donde Hammett vivió de 1926 a 1929 y escribió ‘El halcón maltés' y otras dos novelas, ‘Cosecha roja' y ‘La maldición de los Dain'.
Herron y otros aficionados creen que Hammett vivió en un apartamento de esquina en el cuarto piso, aunque algunos dicen que fue el tercero. El sábado que estuvimos ahí, se agregó una placa a la fachada del edificio, marcándolo como un monumento literario. Un amigo de Herron ha alquilado el estudio del cuarto piso, de modo que es a menudo incluido en la caminata, como hoy. Casi en sus treinta, Hammett era casado y tenía dos hijos, pero había contraído tuberculosis. Alquiló este pequeño apartamento con una cama oculta para evitar contagiar a su familia. Los fans creen que también era el apartamento de Spade.
Es aquí donde Spade tuvo sus peleas con la policía, su encuentro romántico con O'Shaughnessy y su enfrentamiento con Gutman, Cook y Cairo. Y es donde, colocando la justicia por encima de los sentimientos, entregó a O'Shaughnessey a los polis.

Por Cuenta Propia
Empapados, nos descolgamos de la excursión de Herron y nos subimos a un taxi para llegar al hotel, el Holiday Inn Golden Gateway, al final de los funiculares.
Cerramos nuestros bolsos y subimos al funicular, nos bajamos en Stockton para llegar a la clave del escenario del ‘Halcón maltés': la calle Burritt, en realidad un callejón sin salida donde mataron a Archer, su cuerpo desplomándose colina abajo por el túnel de Stockton. Una placa conmemora el lugar, pero la cuesta donde murió Archer ha sido cubierta por otras construcciones. Ahora hay un salón de masajes.
Pero se puso a llover a cántaros y no teníamos paraguas. Un desvio hacia Chinatown resolvió el problema -dos por cinco dólares- y nos dirigimos al Pied Piper Bar en el Hotel Palace, el único otro edificio que aún existe donde comía Spade. Eran pasadas las 5 de la tarde y nos reuniríamos a cenar con unos parientes más tarde, así que pedí un par de cervezas y Michael pidió un chocolate caliente mientras nos secábamos y entrábamos en calor.
Las paredes son de madera oscura, y el alto techo contribuía a imbuir al vestíbulo de un aspecto de discreta opulencia. Todo lo que necesitaba para volver a los años 20 era agregar algunas cigarros y eliminar las televisiones. Casi podías ver a Spade, cuya cara en forma de V lo hacía parecer "más bien agradablemente, un demonio rubio", almorzando solo antes de reunirse con su abogado.
El sábado, después de hacer cosas turísticas más tradicionales -Chinatown y el Muelle del Pescador-, volvimos al corazón del San Francisco de Hammett, al John's Grill, para nuestra reserva de las 6:30 de la tarde.
Nos hicieron subir por una escalera en la parte de atrás hacia el Salón del Halcón Maltés, donde fotos de películas y otros recuerdos del Halcón cubren las paredes. Nuestra mesa de esquina junto a la ventana, con vistas a la calle Ellis, era a su vez vigilada por Archer mismo -una foto en blanco y negro del actor Jerome Cowan.
El restaurante da codazos en la cola que exagera la conexión con el ‘Halcón maltés'. El menú incluye el trago de vodka ‘Bloody Brigid' y, por supuesto, las ‘chuletas de cordero Sam Spade', con patatas fritas y rodajas de tomate, aunque Hammett nunca especificó si Spade comía cordero o cerdo. Disfrutar de la comida, como de la ficción, requiere una cierta suspensión del escepticismo.
Mientras comíamos un guitarrista tocaba un suave jazz. Había dos parejas junto a nosotros, y uno de la partida también pidió chuletas de Sam Spade, demostrando que el plato apela a más gente que sólo fanáticos del ‘Halcón'.
Así que ahí estábamos, padre e hijo, esperando que se apareciera un hombre con gorra a cuadros de franela, un poco como Vladimir y Estragón esperando a Godot.
"Sabes", dijo Michael, rompiendo un satisfecho silencio, "fue bueno que Spade pidiera chuletas. Son buenas. Imagínate que hubiera pedido bruselitas".
Sí, lo imagino.

17 de abril de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

la muerte y stalin, el dictador


[Leon Aron] Stalin y sus verdugos.
Los canallas fascinan, y todavía más los criminales masivos. Desde Herodes hasta Pol Pot, de Gengis Kan a Hitler, de Iván el Terrible a Saddam Hussein, hemos sido arrastrados hasta el borde del abismo para dar una mirada en la insondable y fría oscuridad del Mal. ¿Para qué? ¿Para confirmar nuestra propia humanidad? ¿Para aprender, y precavernos, a leer los signos de una creciente barbarie?
Incluso en esta galería de mega-canallas, ocupa José Stalin un lugar destacado. Aunque por debajo de su imitador Mao Tse-Tung en números absolutos de compatriotas matados (abatidos, torturados hasta la muerte en cárceles, muertos de hambre en las aldeas, asesinados en campos de concentración) y de Pol Pot en el porcentaje de la población del país exterminado, Stalin no ha sido superado, al menos en tiempos modernos, por el número de personas afectadas por sus políticas -su impacto en el mundo contemporáneo.
Si no hubiese sido por esas políticas, promulgadas e implementadas por un Comintern completamente servil ante Moscú, la izquierda de la Alemania de Weimar no se habría dividido por los implacables ataques de los comunistas contra los social-demócratas (Stalin los llamaba "social-fascistas"). Los dos partidos, que juntos controlaban muchos más votos que los Nacional Socialistas de Hitler (e inicialmente también más poder en la calle), pudieron ciertamente haber impedido que Hitler subiera al poder y, con ello, la Segunda Guerra Mundial. Construido con especificaciones ideológicas estrictas, el estado totalitario -cuya construcción Stalin
completó y perfeccionó y que después de su muerte tomó casi cuatro décadas desmantelar -no podía ser sino agresivo y expansionista en su lucha hasta vencer o morir contra el "capitalismo mundial". De ahí la forzada y violenta sovietización de Europa del Este y Central, con su propio maremoto de muerte, destrucción, sufrimiento e indignidades diarias; la carrera de armas nucleares; la Guerra Fría global; y más muerte en guerras locales desde Corea y Vietnam hasta Afganistán y Nicaragua.
Dada la materia, uno duda en llamar la biografía de Robert Service un acto de amor, pero la expresión parece apropiada para los años (quizás décadas) que seguramente tomó producir el libro, escrito con una implacable y ardua búsqueda de hechos. Asociado de la Academia Británica y del St. Anthony's College de Oxford, y autor de una biografía anterior de Lenin, Service ha escrito un libro reposado, ricamente detallado y rigurosamente investigado, anclado en centenares de fuentes -un texto enorme, pero pulcramente estructurado, refinado, fluido y estimulante.
Como lo son a menudo las finas biografías de líderes políticos, esta también es una versión de un participante (como si fuera) de la gran historia, una nueva perspectiva sobre hechos bien conocidos y temas más amplios. En el caso de Stalin, esas piedras de toque comprenden muchos de los momentos definitorios del siglo 20: el surgimiento del bolchevismo; la Revolución de Octubre de 1917; la Guerra Civil y la fundación del estado soviético y el movimiento comunista mundial; la "revolución desde arriba" de 1928-32, que completó la construcción del primer estado totalitario moderno, industrializado y militarizado, robando y esclavizando a los campesinos que constituían hasta el 80 por ciento de la población de la Unión Soviética; y el Gran Terror de 1936-39, que dejó a Stalin en posesión del mayor poder -y ciertamente el menos amenazado- que cualquiera en la historia moderna.
Siguiendo su objetivo declarado de evitar los estereotipos y abordar su materia con frescura, Service nos presenta un retrato de un déspota paranoico y homicida, no el de un canalla de historieta unidimensional. En las canalladas de semejante escala no hay nunca una sola pistola humeante. Sin embargo, aunque no alcanza lo imposible -una explicación completa de la conducta del hombre en el origen de una de las catástrofes humanitarias más grandes de la historia-, Service hace progresar nuestra comprensión fusionando hábilmente la historia del hombre con la de la doctrina a la que adhirió fanáticamente y al etos y práctica del diminuto partido clandestino.
Iosif Dzhughashvili fue editor de Pravda en 1912 y cambió su alias de partido de ‘Koba' (por el legendario bandido del siglo 19 al que el joven Iosif emulaba), en georgiano, a ‘Stalin', u "hombre de hierro", una traducción de su apellido al ruso (dzhuga es acero en georgiano, stal en ruso). Era un hombre solitario y difícil, grosero y vulgar, cada vez más desequilibrado y desconfiado, pero también fuerte, determinado, capaz y eficiente, ansioso de conocimiento y muy culto. El único hijo sobreviviente de una adorable madre y un padre zapatero y borracho, que les golpeaba a ambos despiadadamente, Iosif creció en una soñolienta ciudad georgiana llamada Gori. Resentido por su defecto (su brazo izquierdo quedó permanente estropeado después de un accidente), era vengativo, y no olvidaba nunca (menos aun perdonaba) un desaire. De acuerdo a amigos de su infancia, Iosif "atesoraba los resquemores durante años", y, en palabras de Service, veía "la intervención maligna de seres humanos en todos los problemas personales o políticos que tenía". Se unió al joven partido a los 20, después de dejar el Seminario Teológico de Tiblisi unos meses antes de recibirse en 1899. Su primera esposa, Ketevan Stvanidze, murió en 1907, un año y cuatro meses después de que se casaran. Su segunda, Nadezhda Allilueva, se suicidó en 1932. Tuvo estuvo cerca de sus tres hijos.
Lo que Service nos dice sobre el hombre posiblemente explica la opción decidida e inquebrantable del joven Stalin por el bolchevismo de entre al menos media docena de partidos y movimientos de izquierda en la oposición anti-zarista. Del partido lo atrajo el celo conspirativo, la intolerancia de la disensión, la obsesión con el control y su combinación del dogmatismo doctrinal con flexibilidad táctica.
Stalin parece haber internalizado, luego personificado y construido sobre la base de los componentes más truculentos, despiadados y agresivos de Lenin. La conexión entre el bolchevismo y el estalinismo y entre Lenin y Stalin -la naturaleza y extensión de la cual era discutida acaloradamente por académicos y el mundo de la izquierda- emerge aquí como algo natural y orgánico. Aparte de Lenin, el único otro hombre del que se dice que Stalin había admirado genuinamente, era Hitler. "¡Qué gran tío!", le dijo Stalin a un colega miembro del Politburo después de enterarse de la purga de los camisas marrones nazis conocida como La Noche de los Cuchillos Largos: "¡Qué bien se sacó esto de encima!" (Cuando los dos éramos estudiantes universitarios en Moscú en los años setenta, el nieto de Krushev, Alexei Adzhubei, me habló de recuerdos de su abuelo sobre una delegación nazi de alto nivel que llegó a Moscú a fines de los años 30 para saber más sobre la instalación y administración de campos de concentración). Tres años más tarde, después de meticulosas preparaciones, Stalin lanzó su propia más abarcadora y sangrienta guerra interna por el control total. En dos años de lo que podría ser llamado el Gran Terror, al menos 1.5 millones de personas fueron detenidas y al menos la mitad de ellas ejecutadas -la mayoría de ellos líderes del partido y del estado, ingenieros, intelectuales y oficiales militares hasta nivel de regimiento.
Esta tasa de exterminio no se repetiría, pero el terror masivo y sistemático que comenzó con el nacimiento del estado soviético continuaría hasta la muerte de Stalin. Millones más fueron arrestados, encarcelados, atormentados en el gulag o fusilados. Tampoco fue el Gran Terror el único incidente de carnicería tan intensa en la historia soviética, como estima Donald Rayfield en ‘Stalin and His Hangmen' [Stalin y Sus Verdugos], su cauterizante y bellamente escrita crónica del crimen auspiciado por el estado. Esa macabra distinción pertenece al "holocausto campesino" de 1929-1932, cuando 7.2 y 10.8 millones de aldeanos murieron durante la ‘colectivización', o la eliminación de la propiedad personal de la tierra, las herramientas y el ganado y su concentración forzada en propiedades ‘colectivas' de hecho en poder del estado -un proceso dirigido en particular contra la clase de antiguos acomodados granjeros conocidos como kulaks. (Stalin le diría más tarde a Churchill que la colectivización costó 10 millones de vidas). Se arrestó a familias, que fueron hacinadas en vagones de animales para viajes de días sin agua o alimentos, luego arrojados en la congelada tundra o en pantanos y abandonados a su muerte sin refugio ni comida. Otros kulaks fueron simplemente expulsados de sus casas en mitad del invierno -hombres, mujeres, bebés- y echaron a caminar hasta que murieron de frío o de hambre, mientras se prohibía a todos, bajo pena de compartir su destino, darles una manta o un trozo de pan. La mayoría de las víctimas murieron en la hambruna que siguió a la requisición del trigo, para ser vendido en el extranjero.
Se conocen las etapas de este espantoso período: el ‘terror rojo' desatado después de un intento de asesinato de Lenin, en 1918; los asesinatos de la Guerra Civil, cuando oficiales ‘blancos' que lucharon contra los bolcheviques ‘rojos' fueron subidos a barcazas que luego fueron hundidas; la ‘pacificación' de los pueblos acusados de apoyar a los Blancos; el asesinato de los ‘enemigos de clase', sacados de la guía telefónica de Moscú (incluyendo a todos los Boy Scouts y el Lawn Tennis Club); los juicios falsos de los ‘enemigos' de la nueva sociedad, incluyendo a ingenieros, agrónomos, veterinarios e historiadores; el exterminio de los campesinos; las detenciones, ejecuciones y exilio masivo desde Leningrado tras la muerte del jefe del partido de Leningrado (y potencial rival de Stalin), Sergei Kirov en 1934; el Gran Terror; el asesinato en 1940 de unos 22.000 oficiales polacos en el bosque de Katyn; el exilio genocida de los ‘países traidores' (incluyendo a los chechenos) después de la Segunda Guerra Mundial; y, en los últimos meses de vida de Stalin, la ‘conspiración del doctor' que se rumoreaba fue el preludio de los ahorcamientos públicos en la Plaza Roja y un progrom antisemita en todo el país, que sería seguido por el exilio de más de 2 millones de judíos soviéticos al Lejano Oriente.
Sin embargo, mientras nos entrega detalles escalofriantes de estos tormentos y retratos de los hombres que lo idearon (empezando por los excelentes ensayos sobre Stalin y el fundador de la policía secreta, la Cheka, Feliks Dzierzynski, hijo de un aristócrata polaco, bolchevique fanático y asceta de mejillas ahuecadas que sobrevivía con una dieta de té y pan a la que se había acostumbrado cuando fue prisionero de cárceles zaristas), Rayfield, profesor de ruso y georgiano en la Universidad de Londres y autor de una fina biografía de Chejov, logra que este mal abstracto y a menudo inimaginable se sienta cercano y real. Con capas de historias menores y sorprendentes viñetas y poblada con las voces (tantos los gritos de piedad de las víctimas como las órdenes de ejecución de los comisarios), esta horrible saga adquiere textura, color y una urgencia que cautivará a los lectores incluso a pesar de sí mismos. Uno se sorprende con la fina maestría que ha que hecho de materiales implacablemente deprimentes y a menudo repugnantes, una historia tan irresistible.

Libros reseñados:
Stalin. A Biography
Robert Service
Belknap/Harvard University
715 pp. $29.95

The Tyrant and Those Who Killed for Him
Donald Rayfield
Random House
541 pp. $29.95

Leon Aron es director de estudios rusos en el American Enterprise Institute.

17 de abril de 2005
©washington post
©traducción mQh

hablan disidentes católicos


[Alan Cooperman y Daniel Williams] Juan Pablo silenció a muchos, dicen sus críticos.
Ciudad del Vaticano. Algunas medidas cuantitativas del papado de Juan Pablo UII son bien conocidas: Visitó más países, nombró más santos y publicó más documentos doctrinarios que cualquier otro Papa. Pero hay otra estadística que es rara vez mencionada: Según algunas estimaciones, el Vaticano silenció o reprendió a más de 100 teólogos católicos durante el reinado de 26 años de Juan Pablo.
Mientras los 115 cardenales se preparan para entrar en cónclave este lunes y elegir al siguiente Papa, los disidentes están pidiendo una nueva apertura y la disposición a debatir tópicos tales como la ordenación de mujeres, el uso del condón para combatir el sida y la homosexualidad.
"La represión del pensamiento, la pérdida de ideas, la clausura de la discusión -esos no son actos de fe. Eso no es el Espíritu Santo", dijo Sor Joan Chittister, una monja benedictina de Erie, Pensilvania. "La unidad es buena, pero tiene un lado oscuro".
Chittister es uno de los varios críticos del legado de Juan Pablo que ha sido llevada a Roma por una red internacional de disidentes, Nosotros Somos la Iglesia, en un intento de ampliar el debate preliminar al cónclave. Sintiéndose excluidos de un intercambio normal con los líderes de la iglesia, están auspiciando una serie de ruedas de prensa, con la esperanza de causar algún impacto a través de los medios de comunicación.
Sus llamados a una mayor tolerancia de la disensión se hacen eco de teólogos como el Padre Hans Kung, de Alemania, y el Padre Charles E. Curran, de Estados Unidos, que fueron despojados de la autoridad de enseñar en universidades católicas durante el papado de Juan Pablo. Ni Kung ni Curran han ido a Roma, pero están hablando. "Ahora mucha gente espera un Papa que desbloquee seriamente las reformas" y "tenga el coraje de empezar de nuevo", dijo Kung en una declaración.
Defensores de las víctimas de abusos sexuales, feministas católicas y grupos que quieren un mayor papel para los laicos en el gobierno de la iglesia están también pidiendo un Papa que permita un debate más abierto. Giovanni Avena, editor del boletín católico Adista, dijo que Juan Pablo creó un "ambiente medieval" en el Vaticano al enfatizar el ritual para los fieles comunes y restringir la discusión de problemas importantes en su círculo íntimo. Dijo que la decisión de prohibir que el Colegio Cardenalicio hablara con la prensa después del funeral de Juan Pablo era una muestra de esa actitud.
"Quieren que todo el mundo observe los rituales. Así prohíben el acceso a la realidad", dijo Avena, un sacerdote que trabajó en campañas con jóvenes en Sicilia para apartarlos de la mafia. "No hay participación de verdad. Es por eso que en Italia las plazas están llenas de gente para este tipo de espectáculo, y las iglesias vacías. Los disidentes están simplemente pidiendo que se restaure la ciudadanía al pueblo de la iglesia, a la comunidad de creyentes".
Según todos los indicios los cardenales se concentrarán en una gama diferente de problemas. Antes de que dejaran de hablar con los periodistas el sábado, señalaron la difusión del islam, la decreciente vitalidad de la iglesia en Europa, el reto del pentecostalismo en América Latina y la rápida marcha de la biotecnología como sus prioridades más importantes.
Pero los disidentes se han animado con los comentarios de algunos cardenales sobre la importancia de la "colegialidad", que en la jerga de la iglesia se refiere al principio de que todos los obispos, no sólo el Papa, gobiernan la iglesia. En opinión de algunos prelados, Juan Pablo fue un gran evangelizador, pero un administrador descuidado que dejó demasiada autoridad en la curia, la burocracia del Vaticano. Al menos sobre este punto los disidentes están de acuerdo.
"Mientras empeoraba la salud del Papa se desvió mayor autoridad hacia los funcionarios del Vaticano", dijo Lavinia Byrne, comentarista británica sobre asuntos católicos. "El balance de poder se torció a medida que se retiraba el poder de los obispos y de las iglesias nacionales y locales y se investía en el centro". Byrne fue monja hasta 2000, cuando abandonó la orden, el [Instituto de la Santísima Virgen María], después de negarse a repudiar los argumentos a favor de la ordenación de las mujeres en su libro ‘Mujeres en el Vaticano'.
"Quiero que se reabra el debate", dijo. "Los argumentos contra la ordenación de mujeres no han sido nunca realmente explicitados. No es que crea que debe haber mujeres sacerdotes de la noche a la mañana, pero ¿por qué no podemos hablar sobre el tema?"
La respuesta de los funcionarios del Vaticano es que el asunto fue firmemente resuelto por Juan Pablo en 1994 en una breve carta en la que dice que Jesús había nombrado solamente a hombres como sus apóstoles y que la iglesia "no tenía ninguna autoridad" para ordenar a mujeres. Esa conclusión, agregó, "debe ser sostenida por todos los fieles de la iglesia".
Más ampliamente la iglesia católica, como todos los credos, debe definir y proteger su "verdadero tesoro", las doctrinas que considera esenciales, dijo el Padre Augustine DiNoia, un sacerdote estadounidense que es el segundo funcionario en importancia de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el departamento del Vaticano encargado de velar por la ortodoxia y de disciplinar a los teólogos que rompen filas.
"En teología como en softball", dijo DiNoia, "no puedes jugar si no aceptas las reglas".
Curran, que sigue siendo sacerdote, fue obligado a renunciar a su cátedra en la Universidad Católica de Washington en 1986 debido a que difería de la iglesia en cuanto a la contracepción, la esterilización, la homosexualidad y el divorcio. Esta semana, estuvo en desacuerdo con lo que llamó la "presuposición fundamental" en el enfoque de DiNoia -y en el del difunto Papa- de la disensión.
"La presuposición de Juan Pablo II era que la iglesia enseña la verdad sobre la humanidad", dijo Curran en una entrevista telefónica desde la Universidad Metodista del Sur, de Texas, donde es profesor. "Pero la tradición católica acepta que haya diferentes niveles de verdad, y más importantemente, la historia nos recuerda que la jerarquía de la iglesia necesita aprender la verdad antes de poder enseñarla".
Curran observó que la iglesia católica aceptó durante mucho tiempo la esclavitud, prohibió el cobro de intereses sobre las deudas, se opuso a la democracia y combatió la libertad de conciencia, que un Papa del siglo 19 llamó "la cloaca por donde escurre toda la basura".
"Juan Pablo II dijo que la esclavitud era intrínsecamente mala. Si es intrínsecamente mala, ¿por qué no la condenó la iglesia romana sino hasta fines del siglo 19?", dijo Curran. "El hecho de que hayamos cambiado nuestra doctrina sobre temas importantes como la esclavitud muestra que la jerarquía de la iglesia debe enseñar lo mismo que aprender -y por eso no puede estar absolutamente convencida de lo que enseña".
La represión de los teólogos por parte de Juan Pablo empezó con su primer viaje como Papa al extranjero. En 1979 viajó a México y puso fin al movimiento de la teología de la liberación, que se había organizado entre los pobres y que el pontífice consideraba que estaba contagiado con el marxismo. Entre los actos finales de su pontificado estuvo la notificación de la Congregación para la Doctrina de la Fe de que el Padre Roger Haight, un sacerdote jesuita de Nueva York, no podía enseñar teología en una universidad católica debido a los errores doctrinales en su libro ‘Jesus: Symbol of God' [Jesús, Símbolo de Dios].
El número exacto de teólogos castigados por el Vaticano es incierto, debido a que muchos casos fueron tratados privadamente, de acuerdo al Padre Thomas Reese, editor de la revista jesuita América. Pero dijo que teólogos católicos habían mencionado una cifra de 100 sacerdotes. "Una iglesia que no puede discutir abiertamente los problemas es una iglesia que se refugia en un gueto intelectual", escribió Reese en un editorial titulado ‘Sobre los retos del nuevo Papa'.
En 1998 Juan Pablo decretó que las conferencias nacionales de obispos no podían presentar doctrinas teológicas a menos que fueran unánimes o fuesen aprobadas previamente por Roma. Alentó los sínodos, masivas reuniones de obispos de varios países, pero bajo un férreo control. El Papa se reservaba el derecho se definir sus programas y escribir las conclusiones.
"Cuando tienes sínodos y les preguntan que compartan sus preocupaciones, pero luego les dicen que hay cosas que no pueden discutir, eso es una represión del pensamiento socava la creatividad de toda la iglesia", dijo Chittister.
Jason Berry, un periodista de New Orleans y co-autor de ‘Vows of Silence'‘ [Votos de Silencio], un libro publicado en 2004 sobre los abusos sexuales en la iglesia, dijo que cree que la experiencia de Juan Pablo en Polonia bajo el nazismo y el comunismo lo llevaron a "romantizar el sacerdocio como una casta caballeresca". Incluso enfrentado a abundantes pruebas de abusos sexuales, "el Papa que dijo: ‘No tengáis miedo', fue incapaz de una introspección sin temores del sacerdocio" y clausuró el debate sobre el celibato, la homosexualidad y la falta de sacerdotes, dijo.
En opinión de Berry el epítome de este enfoque de repliegue fue el sostenido rechazo del Vaticano a investigar las acusaciones de abusos sexuales por nueve hombres, incluyendo a dos sacerdotes, contra Marcial Maciel, el fundador mexicano de la Legión de Cristo, un movimiento de renovación dentro de la iglesia. Este año, un fiscal de la iglesia dijo que el caso había sido reabierto -un año después de ser presentado.
Como católico, dijo Berry, sentía un gran pesar por la muerte del Papa. Pero también dijo que estaba desalentado de la servil cobertura de prensa que no incluyó ninguna mención de los posibles defectos del Papa. "Con toda esa hagiografía por video que vemos, nadie quiere hablar sobre eso, pero creo que tenemos la obligación de ser honestos", dijo.
Muchos de los críticos de Juan Pablo dicen que fue sin embargo un gran Papa. Nosotros Somos la Iglesia, fundado en Roma en 1996, sacó una declaración alabando los intentos de Juan Pablo por liberar a Polonia y su renuncia al histórico anti-semitismo de la iglesia.
Curran dijo que admiraba las críticas del Papa al capitalismo y al excesivo individualismo, así como sus posiciones contra la guerra y la pena de muerte. "Estaba de acuerdo con él en casi todo, excepto cuando hablaba sobre la iglesia, las mujeres y el sexo", dijo.
Kung, un profesor nacido en Suiza de la Universidad de Tubingen, elogió la piedad personal de Juan Pablo y sus viajes a 130 países.
"Pero pronto las apariciones triunfales serán recuerdos desteñidos, y los discursos defendiendo los derechos humanos en el mundo serán palabras al viento", escribió Kung. "Entretanto, en la iglesia hay una crisis de esperanza y confianza".

16 de abril de 2005
©washington post
©traducción mQh

telenovelas para adolescentes


[Monte Reel] En América Latina, adolescentes lloran con las novelas.
Punta del Este, Uruguay. El escenario de este festival parece sacado de una clásica telenovela latinoamericana: un hotel con casino en una de las playas más elegantes de América del Sur, en el que las mejores habitaciones cuestan 7.500 dólares por noche, donde la gente se ve demasiado atractiva y donde la discreción parece ser un riesgo que nadie se atreve a correr.
Pero el primer Festival de la Telenovela Latinoamericana pudo haber sido mejor representado por un lugar con un espacioso aparcadero de bicicletas y un salón de juegos de videos.
Después de años de disfrutar de un absurdo éxito entre audiencias adultas -atrapando a más del 90 por ciento de audiencia en hora punta en algunos países-, expandirse significa nuevas direcciones. Como hacia los jóvenes.
"La telenovela está cambiando, y la telenovela para adolescentes es la más importante nueva tendencia", dice Silvana D'Angelo, directora de ventas y distribución de la red Telefe de la televisión argentina. "En los últimos uno o dos años, los distribuidores en todo el mundo han empezado a buscar telenovelas para adolescentes por dos razones: Ese tipo de programas preparan a los espectadores para mirar telenovelas toda la vida, y pueden ser la base de montones de productos de franquicia como cedés de música, ropa y otros productos del programa".
Las telenovelas se derivan de las seriales estadounidenses, pero a diferencia de este formato, la telenovela tiene un tiempo más limitado, normalmente unos 150 episodios que se emiten cinco o seis días a la semana. La mayoría de las telenovelas para adolescentes empiezan a las 7 de la tarde.
Después de conquistar los mercados extranjeros en muchas partes de Europa, Asia y Oriente Medio, el vuelco del género hacia la juventud llamó la atención de los ejecutivos, actores, guionistas y directores de la industria en el festival antes este mes. Cuando le tocó a las compañías de televisión exhibir éxitos recientes con una serie de sinopsis promocionales, las luces disminuyeron y todos los ojos se concentraron en una pantalla que estaba llena de imágenes de trenzas y colores primarios.
Era un corto promocional de ‘Floricienta', una telenovela para adolescentes que ha penetrado Argentina y países vecinos de manera tan profunda que es prácticamente inevitable.
"Ella sólo sueña con cantar y ser feliz", empezó el narrador, mientras aparecían imágenes de una joven mirando anhelante al chico de sus sueños.
"Lucharán por la felicidad hasta la muerte", continuó la voz del comentador, mientras una mujer inconfundiblemente malvada, identificada solamente como "la calculadora madrastra", aparecía en la pantalla.
"No sólo querrás ser como Floricienta", dijo la voz. "También querrás cantar como ella".
El foco luego se desvió hacia dos cedés con música del programa, los que lograron recientemente ventas de doble platino en América Latina. Luego se deslizó hacia una serie de conciertos en vivo en 50 salas agotadas y una gira por Israel. Se publicó una revista semanal que se fanfarronea de tener un tiraje de 80.000, una línea de zapatos promovidos por Floricienta, videos musicales que se muestran frecuentemente en MTV de habla hispana, productos de cosmética, juegos y útiles escolares. Finalmente mostró el servicio de mensajes instantáneos de Floricienta para teléfonos celulares, que hace poco generaron más de un millón de mensajes en un mes.
Cuando volvieron las luces, estalló un generoso aplauso. Algunos dijeron que habían tenido una mirada en el futuro del género. No todos apreciaron lo que vieron.
Algunos ven un montón de luces y poca contenido, guiones que son interrumpidos abruptamente por canciones que se venden en las tiendas de discos. Ahora los actores no son los únicos que roban escena. También lo pueden hacer las colocaciones de productos.
"Me preocupa el futuro de la telenovela", dice Álvaro Cueva, un crítico de televisión de México y autor de una historia de las telenovelas en México. "En los últimos 10 años en México ha habido un surgimiento de telenovelas para niños con una estrategia que es completamente comercial y donde la historia no es lo más importante".
Dicho eso, las telenovelas dirigidas al público adolescente siguen las mismas fórmulas probadas por el tiempo y observadas estrictamente por sus predecesoras adultas. Las mismas presentaciones ofrecidas durante las mesas redondas del festival -"¿Con qué personajes se identifica la audiencia?" o "¿Dónde puedes vender tu programa?"- se utilizan en los programas con temas adolescentes. Los debates sobre si deberían ser subtituladas o dobladas, la incorporación de tendencias sociales en las historias, la telenovela como una herramienta educativa -son temas universales que unen a todos los productores del género.
"Una buena historia, bien contada -eso es lo que importa", dice Alberto Migre, escritor de telenovelas que empezó haciendo radionovelas, las precursoras de mediados del siglo 20 de la telenovela latinoamericana. "Puedes vender zapatos o lo que quieras, pero es la historia la que lo hace posible".
Floricienta es la clásica, descarada historia de la Cenicienta. Incorpora los elementos tradicionales -amantes desdichados que deben hacer frente a largos malentendidos, criados que saben más de lo que dicen y un final que, después de innumerable giros y rescates a último minuto, termina con todos los cabos sueltos pulcramente metidos en un fardo.
Telefe de Argentina ha producido tres telenovelas para adolescentes en los últimos tres años, y el éxito derivado de las líneas de productos relacionados ha proporcionado dividendos que exceden en cuatro o cinco veces los de la telenovela misma, dice D'Angelo. Eso ha permitido a la compañía irrumpir en el elusivo mercado francés, con detalles que incluyen los derechos de Floricienta y todos sus productos secundarios.
Algunos ejecutivos de la telenovela están ahora buscando modos de explotar de manera similar su programación adulta. El programa adulto más famoso de Argentina -‘Resistre', de 2003, un popular drama que gira en torno al tráfico de órganos que obtuvo un 71 por ciento de audiencia- ha presentado una banda sonora y una línea de cosmética. En cuanto a su final, los ejecutivos venden billetes para un área con pantalla gigante donde los fans pueden mirar la serie juntos.
La creciente influencia de las colocaciones de productos -tanto en telenovelas para adolescentes como para adultos- fue un tema muy debatido entre guionistas en el festival. Pero para un grupo acostumbrado a trabajar en un formato de arte popular con tantas restricciones como la poesía japonesa, las preocupaciones fueron tratadas a menudo, sólo para ser dejadas de lado. Incluso si las colocaciones de productos y los programas con temas adolescentes consiguen un hueco en el futuro, el éxito de las telenovelas tradicionales garantiza que no desaparecerán.
"No creo que las telenovelas cambien demasiado", dice Víctor Agu, guionista que ha escrito varios guiones para la compañía internacional Televisa. "Siempre vas a tener una heroína, un héroe, un canalla, una empleada doméstica con un secreto. Pero ahora el escritor debe tomar en cuenta escenas donde un personaje puede abrir la nevera y decir: ‘Creo que voy a beber esta marca de cerveza', o ‘¡Este diario es muy interesante!' Pero al final, el resultado será siempre el mismo: un final feliz".

16 de abril de 2005
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la niña que no hablaba


[Harriet Brown] El mutismo selectivo se confunde a menudo con el autismo.
Christine Stanley no olvidará nunca la llamada. Dos semanas después de que su hija Emily empezara a ir al kindergarten, la maestra telefoneó presa del pánico. Emily no coloreaba ni cantaba ni participaba en ninguna actividad escolar; de hecho, no hablaba con nadie.
No era la primera vez que Christine recibía una llamada semejante. Emily tampoco había hablado en la guardería. No hacía contacto visual con los dependientes de las tiendas ni hablaba con las enfermeras en el consultorio del pediatra. Se marchaba del jardín de juegos cuando se acercaba otro niño.
Stanley preguntó a su hermana, una maestra de educación especial, qué pensaba. Stanley tuvo que explicarle el problema porque en casa y con la familia, la conducta de Emily era perfectamente normal. Su hermana mencionó algo llamado mutismo selectivo, pero dijo rápidamente que no se aplicaba a Emily.
"Me dijo: ‘Esos niños están emocionalmente trastornados y han sido víctimas de abusos", dijo Stanley. Pero una vez que empezó a leer sobre el trastorno, dijo: "Sabía que era mutismo selectivo".
Los expertos dicen que la historia de Emily es típica de los niños con mutismo selectivo. En casa se comportan como cualquier niño, pero en situaciones sociales, especialmente en la escuela, son callados y retraídos. Pueden hablar con los abuelos, pero no con otros parientes; pueden hablar a susurros con otro niño, o no hablar con nadie. Otros indican con la cabeza, asienten o se comunican de otra manera.
Hace 15 años estos niños eran conocidos como mudos electivos, y su silencio era considerado voluntario y manipulador. "Si miras los libros de textos de psiquiatría de 1994", dijo el doctor Bruce Black, psiquiatra de Wellesley, Massachusetts, y un temprano investigador del mutismo selectivo, "leerás que se afirma como si fuera un hecho que estos niños eran testarudos y desafiantes, y que su rechazo a hablar era una manifestación de eso".
Otra creencia popular era que el mutismo selectivo era una forma de estrés post-traumática -lo que el doctor E. Steven Dummit, un psiquiatra de la Aldea Infantil de Dobbs Ferry, Nueva York, llama "la ópera de rock de Tommy" a la teoría del trastorno.
"Es una historia atrayente, que estos niños guardan un secreto sobre algo terrible que les ha pasado", dice. "Ninguno de los niños que yo he tratado se ha quedado callado debido a un trauma. Pero no puedo decir realmente cuántas familias me han dicho que fueron sospechados de abusar de sus hijos porque estos no hablaban en la escuela".
El diagnóstico fue cambiado a mutismo selectivo en la cuarta edición del manual de diagnósticos de la Asociación Americana de Psiquiatría. El cambio semántico revela un giro fundamental en cómo se percibe y trata ahora a estos niños.
Ahora la mayoría de los investigadores está de acuerdo en que el mutismo selectivo es más el resultado de influencias temperamentales que ambientales. A principios de los años noventa, dos estudios, uno del doctor Dummit y otro del doctor Black, mostraron que los niños que sufren este trastorno no eran simplemente tímidos; eran activamete ansiosos. "Terminamos concluyendo que esos niños tenían un trastorno de ansiedad social y que el mutismo selectivo era una manifestación de eso", dijo Black.
Todos sufrimos algún grado de ansiedad social, observó. "Yo me siento cómodo frente a un grupo", dijo Black. "Pero si voy a una fiesta llena de psiquiatras mayores y famosos, quizás me quede mirando mis zapatos cinco minutos antes de que empiece a hablar con alguien. Podría parecer que sufro de mutismo selectivo".
Hasta hace poco, el trastorno era considerado de ocurrencia extremadamente rara, afectando a cerca de un niño por cada mil. Pero en un estudio de 2002 en la Revista de la Academia Americana de Psiquiatría Infantil y Adolescente se atribuye la incidencia de mutismo selectivo más cercana a 7 niños de cada mil, casi dos veces tan común como el autismo.
El mutismo selectivo, dicen los expertos, representa probablemente el extremo de una gama de ansiedades sociales que incluye prácticamente todo, desde el temor a comer en público al miedo a la audiencia y agorafobia, el temor a los espacios públicos.
A pesar de su predominio, el mutismo selectivo es todavía en general mal comprendido y a menudo ignorado. Incluso después de darse cuenta de que Emily tenía el trastorno, Stanley no fue capaz de ayudar a su hija. Antes de que Emily empezara el kindergarten, le preguntó al director qué podía hacer, y este le dijo: "Muchos niños son tímidos; se le pasará".
Stanley dijo: "Pensábamos que estaba bien, que quizás no estaba tan mal como parecía". Pero a las dos semanas, la maestra de Emily en el kindergarten telefoneó. "Me dijo: ‘Emily no puede colorear ni hacer nada; simplemente se sienta y lee un libro'", dijo Stanley. "No tenía idea qué hacer. Nosotros tampoco".
Uno de los aspectos más intrigantes del mutismo selectivo es el hecho de que los niños guardan silencio incluso cuando las consecuencias del mutismo sean la vergüenza, el ostracismo social o incluso el castigo. Esta paradoja puede explicarse por el hecho de que en el centro del trastorno se encuentra el instinto de conservación, el impulso natural de evitar situaciones angustiantes.
"Evitan a toda costa las interacciones sociales", dijo la doctora Elisa Shipon-Blum, de Filadelfia, una médico que ha tratado a cientos de niños con la condición. "No saben cómo participar. Aprenden a evitar el contacto visual; aprender a volver sus cabezas. Aprenden a no comunicarse".
Los expertos dicen que es porque los niños están en un estado de defensa psicológica provocado por la percepción -real o imaginaria- de que están en peligro.
"Estos niños perciben señas en el ambiente que desencadenan una respuesta de adaptación que los coloca en una situación de sin salida o de mutismo", dijo el doctor Stephen Porges, director del Brain-Body Center de la Universidad de Illinois en Chicago. "Sus cuerpos les han dicho: ‘Este no es el lugar donde deberías estar'. Su conducta no es defectuosa, sino de adaptación de modo equivocado".
Pocos doctores están dispuestos a tratar el mutismo selectivo, y todavía más pocos obtienen resultados. Cuando la escuela de Emily insistió en un diagnóstico oficial, la familia terminó viajando de su casa en Atlanta a un médico en Connecticut. "Todos los psicólogos que llamé me dijeron que no habían trabajado nunca antes con una niña como ella o que no habían tenido éxito", dijo Stanley.
Cuando la escuela presionó a los Stanley para que hicieran algo más, el doctor de Connecticut recomendó anti-depresivos. A comienzos de los años noventa, Black hizo uno de los primeros estudios de Prozac para el mutismo selectivo, cuando era investigador en los Institutos Nacionales de Salud Mental. Fue un éxito.
Una paciente era una niña de séptimo que no había dicho nunca una palabra en la escuela. "El director la conocía ocho años y nunca había oído su voz". (Black dijo que él fue un consultor pagado para Eli Lilly, el inventor de Prozac, y para Smith-Kline Beecham, pero que la industria farmacéutica no ha financiado ninguna de sus investigaciones).
Muchos clínicos prescriben ahora fluoxetina, la versión genérica de Prozac, para el mutismo selectivo, usualmente en combinación con terapias cognitivas o conductistas.
Fluoxetina y otros anti-depresivos de la clase conocida como inhibidores selectivos de recaptación de serotonina, o SSRI, pueden aflojar las inhibiciones -un factor que explica su utilidad para la ansiedad social. Esto también significa que no sirven a todo el mundo. Después de empezar con anti-depresivos al final del kindergarten, Emily Stanley empezó a hablar en la escuela. Pero también comenzó a exhibir conductas inapropiadas, lo que terminó cuando se le retiró la medicación.
Las terapias cognitivas y conductistas que descansan en técnicas clásicas de desensibilización -exposición gradual a situaciones angustiantes, con un montón de refuerzos positivos- también pueden ser efectivas, solas o en combinación con antidepresivos.
"Todo el mundo dice a estos niños: ‘Despídete de tu maestra", dijo el doctor R. Lindsey Bergman, directora del Programa de OCD Infantil, Ansiedad y Manías de la Universidad de California en Los Angeles.
"Eso es demasiado para ser el primer paso", dijo Bergman. "Deberían empezar con algo no-verbal, o con hacer un sonido, y preparar encuentros cara a cara. Tengo un niño trabajando en decir "mmm-mmm" en lugar de asentir con la cabeza".
La mayoría de estas terapias exige una fuerte participación de los padres. Mary Egan-Long, analista financiero en el condado de Bergen, Nueva Jersey, tomó un permiso de un año de su trabajo para dedicarse a su hija de seis años.
"Expongo a Jackie a todas las actividades extracurriculares que puedo encontrar", dijo. "Vamos a la escuela dos mañanas temprano a la semana para que dé de comer a los animales, para que pueda relacionarse con la maestra de biología. Donde vaya, tengo que allanar el camino".
Los pediatras a menudo dicen a los padres que no se preocupen, que sus hijos superarán el problema. Esa confianza es bien intencionada, pero errónea.
"Si un niño todavía está en los 7, y tiene un mutismo relativamente grave, existe la posibilidad de que la condición dure toda la vida", dijo Sue Newman-Mercado de Fort Lauderdale, Florida, que también tiene hijas mellizas, de 23, con mutismo selectivo.
En 1991, Newman-Mercado y Carolyn Miller, de Charleston, Virginia del Oeste, fundaron la Fundación Mutismo Selectivo. Siguen siendo las co-directoras de la fundación.
De hecho, dice la mayoría de los expertos, cuanto antes la intervención, mejor los resultados. La familia de Robbie Fishman, ahora de 4, se enteró de que tenía mutismo selectivo justo antes de su tercer cumpleaños. El pediatra quería enviar a Robbie a un psiquiatra de niños, pero su madre, Anne Fishman, una profesora de lenguas de educación especial en Yardley, Pensilvania, se negó.
"Tenía el presentimiento de que le diagnosticarían autismo, y yo sabía que no era eso", dijo Fishman.
Robbie empezó sus visitas semanales a la doctora Shipon-Blum, de Filadelfia, que le recetó una baja dosis de antidepresivos. "Me dijo que buscara un compañero de juegos para Robbie", dijo Fishman. "Me dijo que necesitaba ayuda en clases. Le enseñamos a los maestros y al director no obligarlo a hablar, ni forzar un contacto visual. Estábamos haciendo todo mal. Yo estaba siempre obligándolo, y estaba empeorando su ansiedad".
Un año más tarde, Robbie ya no recibe medicación y funciona bien en la escuela.
"No es una Mariposa Social", dijo Fishman. "Pero al menos puede hacer contacto visual y responder al profesor. Antes, la gente pensaba que era autista. Ahora sólo piensan que es un poco tímido".

15 de abril de 2005
12 de abril de 2005
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©traducción mQh

caníbales del siglo 19


[Eric Bailey] Descendientes de los pioneros que perecieron en ese terrible invierno recurren a arqueólogos para claves frescas. Todavía faltan pruebas contundentes de canibalismo.
Truckee, California, Estados Unidos. Las huellas están ahora cubiertas por la nieve, a 158 inviernos de los sucesos que embrujan estas colinas y los libros de historia.
Antes de los ferrocarriles y las autopistas interestatales y los balnearios de ski, las familias de George y Jacon Donner llegaron aquí durante el terrible invierno de 1846-1847, aisladas por la nieve en un prado rodeado de pinos a unos kilómetros al norte de la vieja huella de los pioneros ahora flanqueada por casas de vacaciones.
Todos conocemos la historia de la Partida de Donner -al menos, es lo que creemos. Unos carromatos con 81 inmigrantes quedan atrapados en la sierra. Los desesperados intentos de rescate fracasan, muere casi la mitad y muchos sobrevivientes se comen a los muertos.
Pero el suelo todavía guarda secretos. Esas antiguas historias de canibalismo han perdurado durante generaciones sin contar con una prueba científica.
Determinados a sacar a la luz toda la verdad sobre la Partida de Donner, durante los dos últimos veranos un equipo de arqueólogos peinaron un terreno de 30 por 60 metros con el meticuloso cuidado de los detectives de homicidios.
Han utilizado un radar que penetra en la tierra y recurrido a análisis de ADN que son más comunes en casos de asesinatos. Perros rastreadores olfatearon el sitio.
Emergió un tesoro de evidencias, pequeños fragmentos que parecen inocuos al laico pero revelan antiguas historias a los arqueólogos. Desenterraron fragmentos de porcelana pintada de los años de 1840, antiguos botones y un pedazo de una pizarra para niños. Salió a superficie una cadenilla de oro de una mujer. También restos de un carro y balas de mosqueteros del tamaño de un guisante, algunas abolladas, como si mordisqueadas durante una cena.
También se encontraron huesos, miles de fragmentos beige no más grandes que la tapa de una botella, acechando entre las manchas de carbón de una antigua hoguera del campamento oculta por el tiempo y la tierra. Por supuesto, la pregunta es si son los huesos machacados de seres humanos.
Ese misterio, y más, sedujo a Julie Schablitsky y Kelly Dixon en este prístino prado junto al riachuelo de Alder.
Las dos arqueólogas, ambas en sus treinta, comparten el gusto por la caza -y una estudiada cautela sobre la mezcla de verdad y mito en torno al Viejo Oeste. La documentación histórica de la Partida de Donner es un objetivo excelente, embrollado por las conjeturas y los recuerdos contradictorios de los sobrevivientes.
Dicho simplemente, Schablitsky y Dixon esperan rehacer la Partida de Donner. El canibalismo ha dominado la historia desde los primeros escabrosos artículos de prensa de 1847. Aunque la búsqueda de una prueba irrefutable sigue siendo un objetivo central de las arqueólogas, su principal misión es ampliar la narrativa histórica de esos terribles cuatro meses en la nieve.
"Todo el mundo habla de canibalismo, una y otra vez", dijo Schablitsky, de la Universidad de Oregon. "Queremos que escuchen el resto de la historia'.
Observando desde los bordes de la ciencia hay alguien con un interés más personal.
Lochie Paige es la tataranieta de George Donner, el granjero de Springfield, Illinois, que dio su nombre a la desgraciada expedición. Aunque aceptó toda la vida los trágicos inicios de la familia en el Estado Dorado, Paige confiesa un sentimiento melancólico: que la arqueología moderna pruebe que sus ancestros no eran caníbales.
Hace pocos días a fines de invierno la sorprendió un ventisquero en el riachuelo de Alder. Este paisaje pintoresco, que en el pasado fue un lugar de hambre y muerte, es hoy una playa de picnic.
Con la helada tierra crujiendo debajo de sus pies, Paige miró el otro lado del prado que considera un lugar santo. No piensa en la muerte, sino en la supervivencia.
Dice simplemente: "Sé que aquí comenzó mi vida".
Los sobrevivientes y primeros descendientes soportaron burlas y evitaron mencionar la tragedia, pero el clan contemporáneo se ha quitado el velo de la vergüenza. En la última década se han reunido dos veces. Algunos incluso toleran bromas entre ellos (el precio de entrada, dijo un bromista, no incluía tetas de monja).
Paige se enfrenta al pasado en presentaciones ante cualquier audiencia que quiera escuchar, sean las Hijas del Estado Dorado o el curso de cuarto que la enfermera diplomada de 60 años ha adoptado cerca de su casa en Sacramento.
El principal error de sus ancestros, concuerdan Paige y los historiadores, fue haber tomado un atajo a través de las accidentadas montañas de Wasatch y el abrasante desierto de Salt Lake, que consumió valiosas semanas y dejó cinco muertos. Agotados y desmoralizados, el grupo de Donner llegó a la sierra cuando llegó el invierno.
Cuando se quebró el eje del carromato de George Donner, el clan se quedó atrás del resto de la pandilla. Una violenta tormenta inmovilizó a la mayoría del grupo -59 colonos pobres-, justo al oeste de Truckee, junto a lo que ahora es el Donner Lake. La historia está llena de informes sobre canibalismo a medida que el invierno se alargaba.
Nueve kilómetros detrás, George y Jacob Donner buscaron refugio para sus familias y contrataron peones que levantaron apresuradamente unos cobertizos de ramas de pino y lona junto al riachuelo de Alder. En total, 22 personas se enterraron en la nieve a medida que la nieve cubría el prado, convirtiendo su mundo en blanco y negro. Aunque sobrevivieron la mayoría de los niños, murió un adulto, y no se descubrieron diarios de vida. Se perdió gran parte de la historia de la vida y muerte junto al riachuelo de Alder.
La bisabuela de Paige, Elitha Donner, hablaba poco sobre ese invierno de hambruna que sobrevivió a los 14. Algunos otros sobrevivientes, ya adultos, insistieron en que en el riachuelo de Alder no se comieron a los muertos. Pero los historiadores dicen que esas afirmaciones son dudosas, dados los informes de rescate sobre cuerpos canibalizados en el recinto de la familia.
Lochie Paige piensa que la tierra finalmente resolverá el conflicto.
"Acepto el canibalismo como parte de la historia de mi familia", dijo. "Pero para ser honesta, espero que nunca se puede demostrar".
Así que cuando Schablitsky habla de excavar en el riachuelo de Alder, incluye un motivo a menudo reservado para gente como los detectives de homicidios: proporcionar una clausura a la familia de las víctimas.
"Lochie nos dio una razón para hacer esto -al menos, una parte", dijo.
Schablitsky es pequeña, de pelo castaño e intensa. Quería ser arqueóloga desde la escuela primaria. Sus amigas colgaban carteles de Billy Idol; Schabitsky colgaba carteles de Ramses II.
Dixon, profesora de antropología en la Universidad de Montana, es alta, rubia y despreocupada. Para ella, la arqueología es una ventana al pasado, "el medio más cercano para viajar en el tiempo".
El riachuelo de Alder fue una excavación diferente. El almuerzo de ese primer verano fue encargado por Discovery Channel, que proporcionó el financiamiento inicial para lanzar el proyecto. El interés era intenso; un visitante de Corea del Norte pasó una noche en el área de picnic para poder visitar a los arqueólogos.
El más ardiente fue Big Mike, un robusto aficionado de la expedición de Donner de 1.92 metros que pasaba los días observando a los científicos. Big Mike finalmente se derrumbó y le dejaron ayudar en tareas sencillas.
También hubo días malos. Un equipo de perros del Instituto Forense de Medicina Canina llegó a olfatear. Aunque encontraron restos que databan cientos de años, hacia mediodía el seco aire de montaña en el riachuelo de Alder puso a los detectives cuadrúpedos a descansar.
El césped fue señalado a principios de los años noventa por Don Hardesty, de la Universidad de Nevada, Reno. Halló intrigantes artefactos, pero nunca pudo resolver una pregunta persistente: ¿Pasó la familia Donner el invierno junto al riachuelo?
Dixon y Schablitsky volvieron al lugar determinadas a encontrar respuestas.
Como en toda excavación el equipo fijó la ubicación precisa de cada objeto. En arqueología, como en la vida, las relaciones importan. La proximidad de un trozo de hueso a un botón hecho en Inglaterra, la posición de restos de carbón en un antiguo fogón -casi todo tiene una historia que contar.
La profundidad de los hallazgos, a 30 centímetros debajo de la húmeda superficie del prado, sugirió una antigüedad de unos 150 años, así como los fragmentos de vajilla de arcilla pintada a mano con un motivo de ramito de esa época.
Una bala de mosquete aplastada junto a lo que parecía ser un fragmento de hueso intrigó a los científicos. ¿Alguno de los colonos cazó algún animal salvaje, lo asó en el fogón y luego le espetó otro resto de plomo?
Los pedazos de pizarra, estudiados para descubrir cualquier signo de escritura, igualmente conjuró imágenes para los arqueólogos. Tamzene Donner, la esposa del patriarca George Donner, era maestra. Quizás, dijo Schablitsky, rescató la pizarra en un esfuerzo por "normalizar la situación", para hacer olvidar el hambre a los niños recreando las cosas de todos los días, como ortografía y matemáticas.
Estudiando la distribución de huesos y artefactos, Schablitsky y Dixon observaron que los desechos terminaban abruptamente en una línea precisa, como si marcada con una regla. Su teoría es que estaba probablemente al borde del cerco de la familia.
La pieza más grande en el puzzle fue el descubrimiento de una fogata. En el curso de dos veranos, las científicas siguieron una capa de cenizas, el resultado probable de un derrame de nieve junto a una fogata de invierno. Finalmente encontraron un círculo de carbón y huesos. Schablitsky lo llama la "zona cero".
Analizando los tipos de huesos en las capas en torno a la fogata, el equipo intenta reconstruir la dieta de los Donner. ¿Empezaron con su último buey, quedando sus grandes huesos enterrados en lo más profundo, y luego comieron animales de caza o sus animales domésticos, y luego pequeños roedores y finalmente los muertos?
De momento, la interrogante sobre el canibalismo es un puzzle forense.
Todos los fragmentos de hueso fueron enviados primero a Guy Tasa, un osteólogo de la Universidad de Oregon. Tasa es el tipo al que el médico forense del condado de Lane llama con un imposible caso de identificación -un esqueleto en el bosque, un misterioso fragmento de cráneo en el patio de alguien.
Su laboratorio cerca del campus de Eugene está alojado en una renovada casa de campo de la Segunda Guerra Mundial que bulle con jóvenes científicos. Temerosos de cometer errores de aprendiz, Tasa está sorteando y analizando él mismo los fragmentos de hueso del riachuelo de Alder. Cree que el proyecto es un importante proyecto arqueológico, del orden del campo de batalla de Custer en Little Bighorn.
Después de horas limpiando y sorteando fragmentos de hueso con cribas de diferente tamaño: un cuarto de pulgada, media pulgada, Tasa ha determinado que gran parte de los huesos son de Clase 4 -gruesamente hablando del tamaño de los ciervos, antílopes y seres humanos. Se necesitan más análisis para sacar conclusiones definitivas. Tasa, en todo caso, no se sorprenderá si alguno de esos huesos son humanos.
Varias piezas están grabadas con claves. Las más sorprendentes se ven debajo del microscopio electrónico de Shannon Novak.
Antropóloga forense de la Universidad Estatal de Idaho, Novak pudo detectar diminutas marcas de tajos producidos probablemente por un cuchillo de carnicero o un cuchillo de cazador. Los tajos están descoloridos en los lugares donde se cortó carne, exponiendo el hueso a un daño térmico más intenso por medio de la cocción.
Varios tienen una apariencia pulida en un extremo. La llaman brillo de cacerola, que se produce derramando una caldera de hierro sobre un fuego. Los historiadores dicen que los sobrevivientes de Donner cocieron los huesos en una caldera para sacarles todo lo que tenían de alimento.
El gran paso adelante podría provenir de una técnica prestada directamente de la policía: análisis de ADN.
En Trace Genetics, un laboratorio del Área de la Bahía, están moliendo varios pedazos de hueso y sometiéndolos a análisis para recuperar su ADN. Si alguno de los materiales genéticos resulta ser humano, los científicos tratarán de alcanzar un verdadero logro multigeneracional de la medicina forense: determinar la identidad de una víctima antigua.
Los análisis de laboratorio implican fisgonear en el ADN mitocondrial, material genético transmitido por el lado materno, de madre a hija, a través de generaciones.
Esa tarea es todavía más desalentadora por la probabilidad de que las víctimas de canibalismo en Alder Creek fueran peones. Apodados "los del equipo", tres de los jóvenes murieron después de seis semanas de duro trabajo en la nieve. No se sabe que tuvieran hijos. Todos eran pobres. Uno era de Gran Bretaña. La tarea genealógica de encontrar parientes femeninos -cualquiera- podría terminar entre el tedio y lo imposible.
Trace Genetics accedió a realizar gratuitamente el trabajo inicial, pero Schablitsky dijo que análisis de ADN más profundo podrían costar hasta 30.000 dólares. Ese es un dinero que su equipo no tiene.
Dixon y Schablitsky quieren cerrar este asunto, tanto para la ciencia como para los descendientes de Lochie Paige.
Después de la excavación del último verano, Paige invitó a las arqueólogas a cenar en una posada de Donner Lake. Bebieron oporto y Paige compartió con ellos algunos viejos secretos de familia.
Por su parte, las arqueólogas hicieron una promesa. Si identifican restos humanos, los entregarán a los sobrevivientes. Todos los restos serán respetuosamente enterrados, los primeros y últimos ritos de la Partida de Donner.
Luego los arqueólogos tratarán de entregar un informe más matizado de la lucha de los colonos en la Sierra, reforzado por pruebas tangibles, susurros de la tierra.
"Queremos revisar la historia", dijo Dixon. "Queremos contar la historia de sus vidas durante esos últimos meses, no solamente el canibalismo. Queremos recuperar la humanidad de los miembros de esa partida -y de sus descendientes".

13 de abril de 2005
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el cocinero de la cia


[Emily Kaiser] Un chef encubierto. Como cocinero de la CIA, Fred DeFilippo encarga lo que quiere, pero necesita escolta.
Fred DeFilippo iba a dejar el oficio de cocinero cuando recibió una llamada telefónica.
Después de años de trabajar en hoteles y restaurantes en el norte de Nueva York, el cocinero estaba cansado de los largos horarios. Había oído hablar sobre los "trabajos de fantasía, de 9 a 5" -trabajo en instituciones donde los chefs son pagados generosamente para hacer el almuerzo de ejecutivos de alto nivel.
Consultó con su alma mater, el Instituto Culinario de América en Hyde Park, Nueva York -conocido en círculos culinarios como "la CIA"- sobre ese tipo de posiciones. Miembros de la oficina de ex alumnos pensaron que DeFilippo estaría perfecto para un trabajo en una institución en Virginia del Norte. No le dijeron qué empresa.
Se ofreció a viajar hacia el sur para una entrevista.
No tan rápido, le dijeron. Necesitaba ser chequeado. No tendría que cocinar para sus nuevos patrones potenciales, sino que sería sometido a una serie de exhaustivas revisiones.
Sólo después de obtener el trabajo se enteró de su título. Era el nuevo chef de la "otra CIA" -la Central de Inteligencia Americana en Langley.
"Fue una enorme sorpresa", dice DeFilippo. "Este lugar tiene historia. Venir aquí, ver el emblema, los monumentos: Fue emocionante".
Los comedores privados de la elite de gobierno están metidos entre los vestíbulos de mármol de edificios federales como el Departamento de Estado, la Reserva Federal y la Agencia de Seguridad Nacional. Sirven sólo a pocos afortunados y poderosos.
Entre los pasillos del Centro de Inteligencia George Bush en Langley, hay tres pequeños comedores, todos con abreviaturas.
El Comedor de la Agencia ADR 1 atiende a 90 personas al día. El ADR 2 es un salón de conferencias con capacidad para 50. Y el Comedor del Director DDR es para el DCI, el director de la Central de Inteligencia, Porter J. Goss -y sus invitados. Como jefe de cocina, DeFilippo cocina para los tres.
Al ADR 2 o el DDR se llega sólo por invitación. Pero el ADR 1 toma reservas del personal de la CIA. En cualquier otro ambiente, sería un restaurante corriente: Tiene manteles, sillas de mimbre, un menú estacional, un equipo de camareros y una vista sobre los árboles y el Río Potomac.
DeFilippo apenas presta atención. Lo novedoso se acabó, dice, un mes después de que empezara. Los detalles de trabajar para una agencia de espionaje se ha transformado en rutina.
El único recordatorio es su chapa, que dice: "Requiere Escolta". Debido a que DeFilippo no tiene permiso para consultar documentos clasificados, debe ser escoltado a todas partes fuera de la cocina.
La mayoría de los cocineros de gobierno han sido chequeados antes porque eran personal militar, dice Martin Saylor, chef del nuevo restaurante Juniper en el Lado Oeste de Washington y antiguo chef de la Reserva Federal y del ministerio de Hacienda.
Una vez su área de trabajo -que es poco usual para una cocina de restaurante porque las llamas abiertas están prohibidas y los artefactos son eléctricos, no a gas-, DeFilippo no está obligado a seguir normas de seguridad adicionales. Dice que no existe un equivalente moderno de los cortesanos que probaban la comida de los reyes para detectar los venenos. DeFilippo pide los ingredientes a abastecedores normales de restaurantes.
Para recibir pedidos de la CIA, los choferes de los camiones de distribución deben ser conducidos por ciudadanos estadounidenses con número de Seguridad Social, de modo de poder controlar sus antecedentes. Los camiones deben pasar por un edificio de rayos X y pueden ser controlados por una unidad canina. DeFilipp no sabe nada, y no le interesa demasiado.
Lo que todavía lo entusiasma es la calidad del trabajo mismo.
"Me siento como el niño al que le dieron la llave de la confitería", sonríe.
DeFilippo, 33, nació en Highland Falls, Nueva York, en una extensa familia italiana, y la mayoría de sus parientes tenían restaurantes. Su padre era un sastre en el cercano West Point.
Su padre hacía su propio vino, cazaba y pescaba, y cultivaba verduras en el jardín. Pero no quería llevar un restaurante. Era demasiado trabajo.
"Y tiene razón", ríe DeFilippo. Tiene los círculos negros debajo de los ojos que marcan su profesión, aunque ha estado trabajando según el relativamente tranquilo horario de la CIA durante un año.
Mientras que un cocinero típico trabaja hasta entrada la noche, especialmente los fines de semana, DeFilippo trabaja de 5 de la mañana a 3 de la tarde, de lunes a viernes.
Durante su primer año tuvo que empezar a levantarse temprano para llegar a tiempo al trabajo -llegar a las 4:45 para tener tiempo de ser escoltado a su puesto a las 5 de la mañana. Debido a que no había visitado nunca el área antes de ser contratado, alquiló un apartamento en Leesburg, pensando que estaba cerca de Langley. Se mudó a Alexandria el mes pasado.
Es soltero y dice que tener tardes y fines de semana libres es un privilegio escaso. "El sueño de un cocinero, de todas las maneras", dice. "Lo mejor que me pasó en la vida".
A DeFilippo también le gusta su relativa libertad sobre el menú -seis entradas hace poco. Debe cambiarlo todas las semanas y hacer todo fresco todos los días. Si sirve lasaña, debe amasar las placas de pasta en la mañana. "No puedes hacer trampas", dice.
"Si es un sorbete de melón, tiene que ser de melón. La calidad... es una parte importante del prestigio de un comedor ejecutivo".
Este énfasis significa que DeFilippo recibe un generoso presupuesto para la cocina. Sabe que no puede colocar foie gras o caviar en el menú todos los días, pero usa todos los tomates frescos y frutas maduras que necesita -ingredientes que eran impensables para él en otros trabajos porque sus versiones procesadas eran más baratas.
Para sus entradas, se inspira en sus raíces italianas, pero sirve platos de todo el mundo. La más popular de sus entradas en la CIA es ternera con melocotones e higos. También saca ideas de sus tres cocineros de línea.
Si el director de la CIA debe recibir invitados, a DeFilippo no le dicen quiénes son ni de dónde son, pero sí podrían pasarle una lista con restricciones dietéticas -nada de cerdo o alcohol, por ejemplo. En el menú se indican los gramos de grasa de todos los platos, pero eso no lo estorbaba.
"Yo soy de la escuela que dice, si es bueno cómelo", dice.
Y mientras la mayoría de los restaurantes tienen rápidos cambios de personal, los tres miembros del equipo de DeFilippo tienen las mismas autorizaciones que él, así que no es probable que se vayan. Además, se llevan bien. "Un chef es tan bueno como sus cocineros, y esos tíos pueden suplir cualquier vacío mío", dice.
Así, ¿cómo le va? Bueno, es un secreto. Goss volvió una vez a felicitarlo después de una cena -DeFilippo no puede decir qué se sirvió- y eso fue grandioso. Pero no sabe qué decir, realmente.
"Aquí no existen las buenas noticias. Yo miro los platos vacíos, las caras felices. Sabes, la mayor parte del tiempo para la gente que trabaja aquí el alimento es secundario".

13 de abril de 2005
©washington post
©traducción mQh

católicos de usa y el papa


[Dean E. Murphy y Neela Banerjee] Católicos en Estados Unidos mantienen la fe, pero viven con contradicciones.
Los Angeles, Estados Unidos. Lily Velázquez, que el jueves cumplió 18, es la sexta de 12 niños de inmigrantes mexicanos en un suburbio pobre de Los Angeles. Se considera a sí misma una devota católica y una irremediable pecadora.
Va a misa todos los domingos, pero es madre soltera de dos hijos. Cree que el aborto es un asesinato, pero la irrita la prohibición del Vaticano del control de natalidad. Lamenta la muerte del Papa Juan Pablo II, pero espera que su sucesor sea "nuevo y diferente".
"Mi mamá se enfada si no voy a la iglesia", dijo Velázquez, mientras su hija de 2 años, Emily, chupaba una botella de zumo frente a la Catedral de Nuestra Señora de Los Angeles, el centro oficial de la archidiócesis católica más grande del país. "En cuanto a mí, creo que he pecado muchas veces y si voy a la iglesia, mejor".
Velázquez fue una de las decenas de miles de católicos que visitaron esta semana la imponente catedral en el centro de Los Angeles para pagar los últimos respetos al Papa encendiendo una vela o arrodillándose ante su fotografía. Ella es también un vivo ejemplo de las contradicciones que viven los católicos estadounidenses mientras esperan con incertidumbre y algo de ansiedad la elección de un nuevo jefe espiritual en Roma.
Los católicos norteamericanos, sean latinos aquí o afro-americanos en Atlanta, o los de ancestros irlandeses, italianos o polacos en Boston y Baltimore, han llegado a aceptar que ser católico significa vivir con inconsistencia. Los casi 65 millones de católicos en Estados Unidos ya no tienen una identidad distintiva como hace una generación, y a medida que se han ido asimilando en la sociedad norteamericana, sus opiniones y problemas sociales y morales son los mismos que los de otros americanos.
"Los católicos como un todo están ahora en el centro de la vida americana, mientras que hace 50 o 60 años, todavía estaban en la periferia de la sociedad", dijo John Green, director del Instituto Ray C. Bliss de Política Aplicada de la Universidad de Akron en Ohio y experto en religión y política.
Como resultado, las enseñanzas del Vaticano sobre una serie de materias, incluyendo la contracepción, la ordenación de mujeres y la homosexualidad, están en desacuerdo con las creencias y estilos de vida de la mayoría de los católicos norteamericanos. Pero la mayoría de los norteamericanos encuentra un modo de seguir en su fe adhiriendo a los valores más importantes e ignorando discretamente aquellos con los que están en desacuerdo.
"Los católicos de ahora son á la carte" en la práctica de su religión, dijo Diana Gonya, 61, una agente de seguros jubilada en Baltimore cuyo matrimonio hace 36 años atrás fue oficiado por el Papa Pablo VI.
Ciertamente, hay problemas. En estos días, menos americanos envían a sus hijos a escuelas católicas. La asistencia a misa en Estados Unidos disminuyó durante el papado de Juan Pablo. La iglesia sufre de una aguda falta de sacerdotes. Y el escándalo por los abusos sexuales continúan enturbiando las diócesis en todo el país.
Mientras menos católicos norteamericanos dicen que no creen que cambie marcadamente la doctrina con el sucesor de Juan Pablo, la transición les ha permitido soñar un poco sobre cómo debería ser su iglesia. En general, dicen que les gustaría una iglesia que se incorpore con más comprensión a la modernidad. Para algunos, eso quiere decir que los sacerdotes puedan casarse. Para otros, la ordenación de mujeres como sacerdotes. Según muestran los sondeos, a la mayoría le gustaría ver un ablandamiento de la posición de la iglesia sobre el control de la natalidad. Después de años de escándalos por abusos sexuales, muchos quieren un Papa que declare una prioridad poner fin a esos abusos.
"Si quiere seguir siendo una de las religiones más importantes de este país, debe acoplarse a los tiempos y dejar que las mujeres sean sacerdotes", dijo Katie McDevitt, 20, estudiante de segundo año en el Boston College, una universidad jesuita. McDevitt dijo que ella va regularmente a la iglesia, y que asistió recientemente a una misa en memoria de Juan Pablo. "No debe ser tan sexista ni tan patriarcal. Hay un montón de énfasis en principios equivocados".
Los católicos norteamericanos atribularon a Juan Pablo, como hicieron sus hermanos en todo el mundo, pero un sondeo reciente de Gallup indicó que piensan que quién sea el nuevo Papa les importa menos que a los católicos de otros lugares, especialmente en África y América Latina, donde la iglesia ha crecido más vigorosamente en las últimas dos décadas. Entre los católicos de Estados Unidos existe una amplia aceptación de que pueden estar en desacuerdo con el Vaticano y seguir llamándose inequívocamente católicos.
Gonya dijo que su actitud hacia el Papa y la jerarquía de la iglesia era como lo que sentía sobre sus padres. "Los respetamos por lo que creen, pero tenemos información nuevas que nos llevan en diferentes direcciones", dijo.
Gonya y su marido, Gary, son entusiastas católicos de toda la vida. Gonya estudió en el seminario en los años sesenta. La pareja muestra orgullosamente fotos de su boda durante la visita del Papa Pablo VI al país nativo de Gonya, Colombia, en 1968, y de una audiencia en la que fueron recibidos por Juan Pablo en su casa de verano, Castel Gandolfo, para su aniversario 25.
Gonya, 62, dice que va a misa a dos iglesias todos los sábados: la cercena activista, liberal iglesia de San Vicente DePaul, que lo inspira con su liturgia y homilías, y la conservadora San Leo justo al otro lado de la calle en su casa en el barrio de la Pequeña Italia en Baltimore.
A pesar de su devoción, los Gonya difieren de la iglesia en la mayoría de las opiniones doctrinales. Dicen que les encantaría que se ordenara a mujeres. Si la iglesia aceptara a hombres casados, Gonya sería el primero de la cola, dijo su esposa.
"Roma es importante, pero no creo que el católico americano típico se apoye solamente en ella", dijo Gonya. "Nosotros seguimos explorando nuestras creencias en nuestra propia cultura".
Esa división entre doctrina y las creencias propias no alarma a los Gonya. "La posición del Papa nos hace pensar más sobre lo que creemos", dijo. "Es una invitación a pensar más profundamente sobre un problema".
La amplitud de prioridades que declara el catolicismo permite a la gente identificarse como católicos al mismo tiempo que están en desacuerdo con la doctrina, dijo el doctor Luis E. Lugo, director del Pew Forum on Religion and Public Life, con sede en Washington. La agenda del catolicismo abarca problemas de ética personal que los evangélicos también enfatizan, como la lucha contra el aborto, y los problemas sociales liberales que lideran importantes iglesias protestantes, como las campañas contra la pobreza. "En el catolicismo hay algo para todos", dijo Lugo.
Ciertamente hay tradicionalistas. "Si funciona, ¿para qué cambiarlo? Ha durado 2.000 años. ¿Para qué cambiarlo?", se pregunta Joseph M. Perry, 51, un mecánico de Reading, Massachusetts. Perry dice que no está de acuerdo con el aborto y cree que los sacerdotes deberían ser hombres y célibes.
Pero católicos más jóvenes dicen que ya no pueden vivir de acuerdo a la doctrina. Adam Williams, 17, va a misa en Mount Carmel, la escuela secundaria a la que asiste en Baltimore, pero de otro modo rara vez se acerca a la iglesia. Las prohibiciones de la iglesia "sobre casi todo lo que hacen los niños", dijo Adam, lo ha hecho más reluctante a identificarse como católico.
"En la escuela, nos enseñan enorme cantidad de gente en África que muere de sida", dijo Adam, en una pausa de su trabajo después de la escuela la semana pasada en Vaccaro's, una pastelería local. "Pero la iglesia no les deja usar condones. Creo que eso es estúpido".
El crecimiento de la iglesia católica en Estados Unidos desde 1960 se debe en gran parte a la llegada de latinos, de acuerdo a la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos. Ya casi un tercio de los católicos del país son hispanos, y el porcentaje sigue creciendo.
Aquí en la archidiócesis de Los Angeles, la generación más vieja de latinos sigue una tradición de obediencia. La madre de Velázquez, María, 48, de Compton, dijo que vio a Juan Pablo en sus sueños antes de que muriera. Apretando un crucifijo que colgaba de su cuello, dijo que no veía cómo cambiaría la iglesia.
Pero latinos más jóvenes, como Velázquez, han comenzado a parecerse a otros norteamericanos en lo que piensan sobre la doctrina católica. Velázquez dijo sin dudarlo que muchas católicas de su generación han abortado, usado el control de natalidad y generalmente llevan vidas que no sancionan las enseñanzas de la iglesia.
Un estudio de 2001 de Tomás Rivera, del Policy Institute de Los Angeles concluyó que sólo un 38 por ciento de la segunda generación de latinos en Estados Unidos descansaba "un montón" en la religión en su vida diaria, en comparación con el 53 por ciento de la generación de sus padres".
El único anhelo de María Velázquez del nuevo Papa es quizás que sea latinoamericano. "Entendería mejor nuestra cultura", dijo.
Un sondeo reciente de Gallup mostró que una mayoría abrumadora de los católicos encuestados encontraban aceptable que el nuevo Papa fuera latinoamericano o africano. Pero quien quiera que sea el nuevo Papa, se enfrentará a una iglesia americana en desacuerdo con la mayoría del resto del mundo, observaron católicos encuestados.
"Tengo miedo de que la iglesia como un todo esté llegando a un punto en que la talla única ya no le conviene", dijo Jack Scalione, 66, inspector de peaje, que estaba mirando el funeral del Papa en la televisión en la iglesia de Nuestra Señora del Monte Carmel, en Boston del Este. "Lo que es bueno para Europa, no es necesariamente bueno para Estados Unidos, y lo que es bueno para Estados Unidos no es necesariamente bueno para América Latina. Tienes que adaptarte a los deseos de la gente, porque la gente es la iglesia".

Dean E. Murphy dese Los Angeles, y Neela Banerjee desde Baltimore, Ariel Hart desde Atlanta, y Katie Zezima desde Boston contribuyeron a este reportaje.

12 de abril de 2005
9 de abril de 2005
©new york times
©traducción mQh